”Explora todos los rincones del mayor universo de ciencia ficción de todos los tiempos, su pasado, presente y su futuro.
Bienvenido al mañana...”
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Universe
Redención Parte 1 Val Shan
Escrito por Escrito por Diego E. Gualda
( www.joven-argentino.com.ar )
Diecinueve años. Habían pasado diecinueve años. Y todo por una rebanada de pan. Pero Val Shan no estaba arrepentido. Su hermana y sus sobrinos pasaban hambre, más o menos como todos los bajoranos durante la ocupación cardassiana y, cuando la única opción fue salir a robar para alimentar a los suyos, no lo dudó.
El episodio duró diecinueve segundos, o quizás menos.
Arrojar una piedra contra la ventana, tomar el pan, correr y ser atrapado por
tres fornidos oficiales del ejército de ocupación. Diecinueve segundos que,
según la justicia cardassiana, se traducían en diecinueve años de condena a
trabajos forzados; en diecinueve años de recibir las feroces golpizas del más
despiadado de todos los carceleros de la Unión: Gul J'Vert.
- ¡Prisionero 24601! - bramó J'Vert
- Mi nombre es Val Shan - respondió el reo con mala cara
- Ud. no tiene nombre, 24601. Ud. es sólo escoria bajoran. Ud. no tiene derecho a un nombre. No tiene derecho a nada. Y, sin embargo, muy a mi pesar, la ley me obliga a dejarlo ir. Su condena está cumplida. Es Ud. un hombre libre, pero recuerde que según la ley cardassiana, su libertad es sólo condicional y tiene terminantemente prohibido abandonar el planeta Bajor, 24601.
- ¡Mi nombre es Val Shan! - repitió el prisionero, visiblemente irritado.
- Y el mío es J'Vert. Recuerde ese nombre, 24601. Algún día, lo volveré a encontrar, y ese día...
Para ser una noche de primavera, hacía frío. Val Shan, harapiento y demacrado, había deambulado todo el día por la ciudad buscando empleo infructuosamente. Cuando la luz empezó a escasear y la calle se volvió un tanto solitaria, buscó un rincón en el parque donde dormir. Empezaba a conciliar el sueño cuando una anciana se le acercó suavemente.
- El parque no es buen lugar para pasar la noche, buen hombre - le dijo - hace frío.
- Todas las puertas están cerradas para mí, Señora - respondió Val Shan - soy un ex convicto.
- ¿Todas las puertas? ¿Acaso ha golpeado Ud. cada puerta del cuadrante?
- No, pero he golpeado cada puerta de esta ciudad y nadie ha querido abrirme.
- Estoy segura de que no ha golpeado esa puerta - contestó la anciana con una sonrisa, al tiempo que señalaba una casa modesta, una de las pocas que aún tenía la luz encendida.
Val Shan se puso de pie, caminó unos pasos hasta el lugar indicado y golpeó. Una dama baja y regordeta abrió la puerta. "¡Kayla, un plato más a la mesa!", gritó la mujer mirando hacia el interior de la casa, "tenemos un invitado a cenar".
La comida servida en la mesa presentaba un contraste por lo menos curioso a los ojos de Val Shan: una sopa modesta, típica de la miseria de los tiempos de la ocupación, servida en unas fastuosas cazuelas de oro, resabio quizás de un tiempo de gloria previo al dominio cardassiano.
Pese a los esfuerzos de su anfitriona por entablar una conversación, Val Shan se mostró huraño durante la cena y a duras penas habló. Comió vorazmente y en ningún momento dejó de observar la lujosa vajilla.
"No me parece que nuestro invitado sea un caballero confiable", protestó Kayla ante la dueña de casa inmediatamente después de haberle mostrado a Val Shan el cuarto de huéspedes. "No podría estar más de acuerdo, mi querida Kayla", dijo la señora con su tono amable y su amplia sonrisa, "pero jamás se le cierra la puerta a un hermano".
Era la primera vez en casi dos décadas que el ex prisionero se acostaba sobre una cama de verdad. Estaba demasiado cómodo. No podía conciliar el sueño. Pero a la vez estaba incómodo con la idea de robar la platería de su generosa anfitriona y comenzar una vida nueva a expensas de ese botín.
Kayla se despertó sobresaltada. Tal como había presentido, el invitado había huido con las cazuelas de oro. En mitad de su enérgica protesta, alguien golpeó a la puerta. Al abrirla, dos enormes soldados cardassianos escoltaban a Val Shan. "Buenos días, Cai Leela", saludó uno de ellos. Val Shan no salía de su sorpresa. La amable dama a la que él había robado era ni más ni menos que la máxima autoridad espiritual de su planeta. Sintió la vergüenza como un fuego.
- Atrapamos a este desgraciado, Señora - explicó el otro cardassiano - Robó sus tesoros.
- De ninguna manera, mi estimado oficial - la sonrisa eterna de la Cai se dejaba ver otra vez- Yo le regalé mi platería al caballero. Y Ud., mi hermano Val Shan ¿Por qué se fue tan temprano? ¿Por qué tan aprisa? ¡En el apuro, olvidó el más importante de mis obsequios!
Y, al tiempo que decía esto, entregó a Val Shan dos enormes candelabros dorados. Los cardassianos, desconcertados y tras las disculpas del caso, se retiraron, dejando a la religiosa a solas con el reo.
"Ahora, hermano, quiero que escuches esto", increpó la Cai, cuyo gesto se había vuelto adusto por primera vez, "los eventos de hoy son un mensaje de los Profetas; debes usar estos metales preciosos para iniciar una nueva vida, una vida de hombre honesto... En nombre de los profetas, he comprado tu alma".
Continuará …
O´Brien
Escrito por Spapak
Tsartas III, el último lugar en el Universo en donde alguien como O´Brien se sentiría a disgusto.
Poblado por griegos de los tiempos de Parménides, con tecnología pre-Warp, en fin, lo que se puede llamar un planeta de paso.
Los griegos no se distinguían ni por su amabilidad, ni por su paciencia, ni desde luego por su generosidad, a pesar de lo cual era el planeta en el que se fabricaban los mejores componentes de ordenador de todo el Cuadrante, y había que ceder, ceder mucho.
La Enterprise D estaba varada, materialmente parada en la órbita de Tsartas.
- Comandante, hay noticias de O´Brien?
- No señor, al menos desde hace tres minutos, cuando lo preguntó antes.
- Ya..., bien..., esperaremos.
Mientras, en el planeta, ocurrían dos cosas; un O´Brien muy furioso intentaba que la aduana le permitiese el paso con sus componentes, y en tiempo casi paralelo, un grupo paramilitar de Tsartas III gestaba un audaz robo en el principal banco de la ciudad.
Los dos sucesos no tenían por qué coincidir en absoluto, pero las circunstancias estaban en su contra, y los acontecimientos ibas conduciendo la situación hacia una probabilidad, mas que cierta, de coincidir.
- Pero vamos a ver, he pagado las tasas, he firmado las cinco copias de los formularios de salida, he comprado y utilizado los sellos que me pidieron, me han sellado las copias tres veces...., ¿Qué mas tengo que hacer para salir del planeta?....
- Verá Sr. O´Brien, todo lo que dice es cierto, pero le recuerdo que fue usted el que vino a comprar a nuestra casa, y como comprador, tiene que estar sujeto a las leyes del planeta...
- Que he cumplido religiosamente tal como ustedes me han exigido.
- Si, lo cierto es que estamos muy satisfechos, y se lo agradecemos..., pero. Verá, esos componentes que ha comprado....
- Si, ¿qué ocurre con ellos?
- Nada..., nada..., pero..., bueno...., nos gustaría saber para qué los necesita, cual es su destino.
- Lo he repetido cientos de veces, nuestra nave tiene un problema, el ordenador ha fallado, necesitábamos unos diodos leptoespásticos, que solo podíamos encontrar aquí, bajé, los compré legalmente, y aquí estoy.
El segundo acontecimiento se encontraba a poca distancia. Habían robado la suficiente cantidad de Schraak para dejar adormecido a un planeta pequeño, y eso era precisamente lo que pretendían.
Solo que había un par de pequeños problemas. El primero, que el planeta a dormir era en el que estaban, por lo que necesitaban desplazarse al espacio, y el segundo es que no tenían una nave para cumplir sus planes...
Tanto uno como otro tenían solución, gracias a un elemento infiltrado en Aduanas, que estaba reteniendo a un extranjero que aseguraba disponer de una nave, estaba averiada, pero eso era igual, estaba sobre el planeta...
Mientras O´Brien explicaba por enésima vez su idea, el segundo acontecimiento apareció. Tres personas de aspecto humanoide, con una caja no mayor que una pastilla de chocolate mediana.
La situación era tensa.
- Señor, querríamos subir a su nave
- Yo no tengo capacidad para decidir eso, y de cualquier forma.....
Aparecieron tres armas en sus manos.
- Pues tendrá que tenerla
- Debería llamar a mi Capitán.
- Hágalo, pero minimice la situación, recuerde que hay otras naves, pero que usted no tiene otras copias.
O´Brien pensó en un nanosegundo y abrió el comunicador.
- Si Sr O´Brien
- Por favor. Páseme con el Capitán Wesley
- Con el Capit....?
- No discuta, páseme con el Capitán Wesley.
Picard hizo una seña en el puente y apareció Wesley.
- Si Sr O´Brien
- Capitán, tengo que subir los componentes, y son muchos, necesitaré la ayuda de tres nativos.
- Necesitaremos sus signaturas, ya sabe que el transportador es selectivo
- Si, señor.
Se volvió hacia los terroristas
- Ya lo han oído, necesito sus signaturas.
- Pero..., nosotros no tenemos signaturas
- No se preocupen, solo necesito una gota de sangre para verificar su ADN
- ¡¡¡ Sangre¡¡¡??
. Bueno...., un cabello también serviría...
- Ah.., bueno..., tómelo, con cuidado.
O´Brien, conteniendo la risa le cogió un cabello a cada uno.
- Señor, tengo las signaturas.
- Bien, envíelas y en un momento estaremos preparados.
- Les estoy mandando las coordenadas en donde están los componentes, y de paso le envío las signaturas, los componentes son extremadamente delicados, y convendría ponerlos en una jaula de éxtasis.
- Si, de acuerdo.
- Bien, señor.
Los tres terroristas subieron con una sonrisa al transportador, sus armas apuntaban a O´Brien, y sus planes funcionaban con precisión milimétrica.
En un rielar de moléculas se encontraron en el Enterprise, en donde cinco guardias de Seguridad les apuntaban, la caja, junto a las armas, estaban en un campo de éxtasis, O´Brien sonreía junto a un oficial con el rango de Capitán, y no podían moverse porque estaban prisioneros en un campo de contención.
- Señores, las Autoridades ya están informadas, su plan no tendrá éxito.
- Capitán Wesley, nuestros ideales son tan altos que....
- Por favor..., los ideales que pasan por dormir a todo un planeta no es que sean muy altos, deberían pensar en las consecuencias de su acto, y no en unos ideales, posiblemente trasnochados, que no les convierten en idealistas, sino en terroristas de las mas baja calaña. Ah ¡y mi nombre es Picard, Jean Luc Picard!, Wesley es una Alférez en prácticas.
En otra parte de la nave O´Brien hablaba con Wesley
- Signaturas...?
- Cabellos...?
Las carcajadas se oían por toda la nave.
FIN