“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Escrito por Marplanauta

Juegos, Trampas y Dos Prikmales Brillantes, Parte II

Primera Parte: la Cantina Athos

La Asimov estaba en órbita estacionaria alrededor del fronterizo planeta Parius. Si Cristaldi era un paraíso para los apostadores, Parius era un paraíso para asesinos y ladrones. La mayoría del crimen de todo el Cuadrante se concentraba en ese pequeño planeta, fuera del control de cualquier potencia. La escasa ley de Parius apenas era respetada por los miles de almas perdidas que rondaban sus calles. En cada esquina podía comprarse armas de todo tipo, drogas de los confines de la galaxia, información sobre tal o cual proyecto secreto, y hasta servicios varios de seres cambiaformas, a gusto y placer del consumidor.

A través de esas calles caminaban el comandante Lexx y el alférez Mel Varad, vestidos de civil. Siguiendo la pista de Oloap, habían descubierto que frecuentaba un pequeño bar en el sur de la capital de Parius. Los dos oficiales dieron vuelta en una esquina y se encontraron con la Cantina Athos , un reducto de mala muerte, con un enorme cartel semi derruido. En la puerta, un voluminoso alienígena los miró con cara de malos amigos mientras entraban. El interior de la cantina no era mucho mejor que su exterior. Una larga pasarela atravesaba el salón, y sobre ella, mujeres verdes de Orión bailaban sensualmente.

 Del techo colgaba una jaula y dentro una mujer klingon golpeaba las rejas mientras se arrancaba furiosamente la ropa. En las mesas, parias de todo el Cuadrante observaban a las mujeres mientras bebían tragos de colores y tamaños diversos. Una joven camarera con seis brazos repartía los pedidos entre las mesas, mientras soportaba los "halagos" de los desesperados clientes. Poco a poco y para el deleite de la multitud, las mujeres de Orión se fueron sacando mutuamente la ropa hasta quedar casi desnudas, bailando al ritmo de la frenética música. Un enorme klingon se abalanzo sobre una de las mujeres y tuvo que ser detenido por tres guardias, pero la mayoría de los otros clientes ni se inmutaron. La Cantina Athos era un verdadero cabaret intergaláctico, donde piratas de poca monta podían disfrutar, por un módico precio en lathinum, de la compañía que deseasen. El alférez Varad miraba a las mujeres de Orión con atención. Era la primera vez que veía una de ellas, pero su reputación de expertas en el arte del placer las antecedía. El comandante Lexx, con un poco mas de experiencia, no era tan fácil de impresionar. De un codazo llamo la atención del joven bajorano: en una mesa de la esquina, un pequeño dopterian disfrutaba de un extraño brebaje negro, mientras una mujer de Orión bailaba para el. Sin dudarlo, los oficiales se acercaron y se sentaron en su mesa.

- ¡¿Pero, quien se creen que son?!- comenzó indignado el dopterian, que no podía seguir viendo el sensual movimiento de la bailarina.

- ¿Es usted Oloap?- preguntó torpemente Mel Varad.

- No se de que me están hablando. No conozco a esa persona. ¡Ya no puede un hombre decente tomarse un trago en un bar sin que vengan a molestarlo!- gritó, mientras la mujer de Orión tomaba sus ropas y lentamente se iba hacia la otra esquina de la Cantina.

- Es una lastima que no lo conozca. Teníamos una propuesta de negocios para hacerle.- dijo Vreel Lexx.- Algo vinculado a un QKRSLE.-

El dopterian se calmo en seguida y presto inusitada atención.

- Entonces puede ser que lo conozca...- murmuró interesado.

Sin duda sabia de que estaban hablando, debía ser Oloap. Antes de que pudiera reaccionar, Vreel Lexx disparo su phaser, aturdiéndolo. En menos de diez segundos estaban otra vez en la Asimov. Al igual que cuando echaron al klingon, nadie reacciono en la Cantina Athos, y las mujeres de Orión continuaron bailando.

Segunda Parte: El interrogatorio

En la sala de interrogatorio de la Asimov estaba la ahora mujer andoriana Aldouz, la comandante M´Rel y la capitán Jefferson. Las tres mujeres observaban atentamente al pequeño dopterian que estaba en la celda de detención y que caminaba sin parar de una pared a la otra.

- ¡Esto es inaudito! Con que derecho me traen hasta aquí sin mi consentimiento, ¡esto es el colmo! Pero claro, como son federales piensan que pueden hacer lo que quieren. ¡No todo el cuadrante es el sector 001!- vociferaba Oloap.

- Señor Oloap, será mejor que se calme, o dejaremos de lado las costumbres federales y utilizaremos métodos un poco mas...Romulanos.- dijo la comandante M´Rel levantando una ceja.

Ante las palabras de la romulana, el prisionero bajo un poco su tono y prefirió callarse. No había dudas, si el dopterian hubiera sido prisionero de M´Rel, ya hubiera dicho todo lo que sabia y mas aun.

- Sabemos que usted tiene en su poder un mapa para encontrar el QKRSLE. Será mejor que confiese o pasara el resto de sus días en una prisión de la Federación. Eso si no lo extraditamos a Caradia, Q´o´nos o cualquiera de los otros 34 sistemas que desean su captura.- amenazó la capitán.

- No tengo idea de lo que están hablando...- continuó empecinado el dopterian.

En ese momento, la habitación se lleno de una radiante luz rojiza y un sonido estridente. El cuerpo andoriano de Aldouz desapareció y el Embajador disperso su ser por todos lados, invadiendo cada rincón de la sala. La figura era enorme y refulgente, a la vez amenazante y tranquila. El pequeño dopterian se refugio en una esquina, asustado por lo que estaba viendo. El Embajador iconiano estaba dando una pequeña demostración de su poder.

- ¡No juegue con nosotros Oloap!- dijo el iconiano con una gruesa e intimidante voz.- Yo soy Aldouz, embajador de Iconia, soy uno y todos los iconianos a la vez. No estoy aquí para soportar los trucos de un ser insignificante como usted.-

- Por favor, no quiero más, por favor. ¡Voy a confesar todo pero no quiero mas de esto!- gritó el pequeño dopterian.

Al parecer, Aldouz sabía como hacer hablar a un prisionero. En un abrir y cerrar de ojos, todo volvió a la normalidad. Entre llantos, Oloap confesó.

- Cuando robamos el tesoro de la Casa Real de Caradia, lo único que buscaba yo era ese mapa. Mi afición por la arqueología me había llevado en busca de esta joya desde hacia varios años. Se decía entre los arqueólogos que la casa de Caradia, una de las Casas Reales más antiguas del Cuadrante Alfa, poseía desde tiempos inmemorables el mapa para encontrar una joya de incalculable valor, pero nunca nadie se había ocupado de descifrar las coordenadas. Sin lugar a dudas era tentador para cualquier conocedor del

tema. Cuando me entere que el Sindicato estaba planeando un asalto al Tesoro Real, use todos mis contactos y cobre todos los favores necesarios como para participar en ese "trabajo". Cuando encontré el mapa no podía creer lo que estaba viendo. Según pude leer en la inscripción, que estaba traducida a varios idiomas de la antigüedad, si se descifraban las coordenadas, se descubriría el tesoro: dos prikmales entrelazados en una joya hermosa y de gran poder. Memorice el mapa y lo destruí.-

Ante estas palabras, Aldouz se horrorizó. Ese mapa era un vestigio más de su perdida civilización. Una prueba del poder que antiguamente habían tenido, extendiéndose por todos los rincones del Cuadrante, desde Romulus hasta Caradia. Y este ignorante dopterian lo había destruido.

- Desafortunadamente nunca pude descifrar el lenguaje de las coordenadas. Siguiendo mas o menos las estrellas reconocibles que figuraban en el mapa, y calculando la variación en la posición que hubo en estos cientos de miles de años, acorte la búsqueda a este sector, pero igualmente es un área tan grande que es imposible registrarla por completo en busca de una pequeña joya. Sin las coordenadas exactas estaba perdido. Y fue allí cuando llegaron ustedes...-

- Si dice que memorizo los datos del mapa, tal vez yo pueda calcular la ubicación exacta de la joya innombrable.- dijo Aldouz, aun indignado.-

Capitán, deje que Oloap ingrese la información en la computadora, haré lo posible por descifrar este misterio.-

En ese instante, Aldouz asumió su forma incorpórea y se introdujo en los circuitos de la Asimov, mientras el engañoso dopterian dictaba extraños y antiguos códigos iconianos a la computadora. Poco tiempo después, Aldouz reapareció y volvió a su forma andoriana.

- Capitán, según las coordenadas de Oloap y los datos de cartografía estelar, la joya debe estar en el Sistema Belg. Alrededor del sol órbita un cometa que sirve de refugio al viejo tesoro Iconiano. ¡No perdamos mas tiempo!-

En pocos minutos, la Asimov viajaba a toda velocidad hacia Belg.

Tercera Parte: Una visión

El Cometa era pequeño y casi sin fuerzas. Durante miles de años había girado alrededor del Sol de Belg, gastando poco a poco los hielos y minerales que lo conformaban. Pero en sus entrañas guardaba un secreto, escondido con recelo para evitar que caiga en manos equivocadas. El QRSLE latía en su interior, avivando el cometa en su eterno viaje. La Asimov alcanzó al cometa y transportó un equipo a su superficie, acompañado por Aldouz en su forma incorpórea. Utilizando meticulosas herramientas de excavación, abrieron un pequeño orificio en la cara este del Cometa, donde Aldouz decía que debía encontrarse la joya perdida. La teniente Elina Vek cuidaba que la integridad estructural del cometa no fuera afectada por su taladro láser, mientras cavaban cada vez mas profundo. De vez en cuando, alrededor del equipo surgían géisers de vapor, producto de la cercanía del cometa con el sol.

Pocos minutos después, la excavación llego a su destino, un pequeño cofre cristalino. Aldouz bajo volando hasta la ubicación del cofre y apoyo sobre el un amplificador de transporte, gracias al cual pudieron llevar la caja cristalina a la Asimov. El QRSLE había sido despertado de su sueño.

La capitán, M´Rel y Aldouz se encontraron en la bodega antitransporte de la Asimov, donde eran guardados los prikmales y a donde solo tenían acceso ellos tres. El embajador llevaba en su mano la pequeña caja cristalina, aun cubierta con restos del cometa de Belg. Ante los asombrados ojos de la humana y la romulana, Aldouz abrió la caja y una hermosa joya se descubrió.

Brillaba con una tenue luz y brindaba asombrosa paz a quien la observase. A diferencia de los prikmales que la Asimov había encontrado antes, estos dos parecían funcionar en conjunto. El primer prikmal que habían encontrado, el prikmal talismán de la Zona Neutral, brillaba con una luz azulada y daba especial fuerza y poder a quien lo poseía, mientras que el Prikmal de Morgouz brillaba tenuemente con luz blanquecina y daba gran poder sobre las mentes ajenas. La joya QRSLE en cambio, mezclaba y entrelazaba los colores turquesa y rosado de los dos prikmales, en una especie de poderosa trenza, y parecía otorgar calma y tranquilidad a quienes estuvieran cerca.

Mientras observaban la joya, la mente de la capitán Jefferson y M´Rel fueron invadidas por esa extraña paz y parecieron dejar sus cuerpos por un momento. Era como si sus mentes volaran mas allá del espacio, dispersándose por los confines de la galaxia. La Asimov parecía un pequeño punto perdido en las inmensidades del universo. Pero ese éxtasis no podía durar para siempre. La paz se interrumpió de repente, M´Rel y Jefferson pudieron sentir gracias a los prikmales que algo más estaba con ellos en el sistema Belg. No eran los únicos que habían ido en busca del QRSLE, y el peligro era

inminente. La comandante y la capitán despertaron de repente exaltadas.

- ¡Alerta Roja!- ordenó la capitán.

Pero ya era tarde, antes de que la computadora pudiera hacer algo, todos los sistemas de la Asimov se apagaron. Todas las puertas se abrieron, los turboascensores se detuvieron en medio del camino, y todo se volvió oscuro. La nave estaba a la deriva.

Cuarta Parte: Entre Maquillajes y Perfumes

Blue despertó de repente y para su asombro todavía estaba vivo. Junto a él, el teniente comandante Eneas Hayes yacía inconsciente. Miró a su alrededor y no comprendió bien donde estaba. Parecía una especie de vestuario. Había ropa de mujer, maquillajes varios y fuertes perfumes. Un enorme espejo frente suyo envolvía la habitación con reflejos de todos los rincones. De repente recordó todo. Al parecer, el ferengi Digon había simulado su propio asesinato para dar credibilidad a lo que estaba diciendo. La Asimov había seguido la pista de Digon en busca de Oloap, lo que seguramente era una trampa. Sin embargo no habían podido alertar a la nave debido a que misteriosamente, la chica Dabo Helga los había adormecido y de alguna manera los había llevado hasta allí. Mientras Blue se refregaba los ojos y recordaba lo sucedido, la puerta del camarín se abrió y apareció la voluptuosa Helga.

- ¡Oh! Al fin estas despierto mi amor. ¡Pensé que esta vez te había perdido para siempre!- la joven mujer se abalanzo sobre el boliano y lo abrazo fuertemente. - Pensé que había sido demasiado el somnífero que te di...ya pasaron varias horas desde que los rescate.-

El ingeniero Moss no entendía nada de lo que le estaba diciendo Helga. De un salto se incorporo y tras encontrar su phaser le apunto directamente a la mujer.

-¿Cuál es tu parte en este asunto? ¿Qué es lo que te hicieron? ¿Por qué trabajas con ellos?- inquirió Moss a la chica Dabo, que parecía genuinamente asustada.

- Blue, amor, no es lo que estas pensando. Yo nunca te traicionaría.-

El ingeniero Moss no tenía mucha paciencia y disparo contra el espejo, que se partió en miles de pedazos. El teniente Hayes comenzó a despertarse.

- No me engañes Helga. El Teniente Hayes y yo descubrimos que aquí hay mucho más de lo que se muestra. El mercenario nausicaano, el asesinato de Digon, el mapa del prikmal, tus besos y abrazos... ¡todo era falso!- grito Blue

- Por favor amor, no me digas eso.- sollozaba Helga.- Cuando vi que volvieron al Belvedere, decidí seguirlos para evitar que el Sindicato les hiciera algún daño. Yo sabía que ellos tienen cámaras por todo el lugar y que los tendrían vigilados, así que me ocupe de inhabilitar la vigilancia en las zonas por donde ustedes anduvieron. Mis años de trabajo aquí sumado a lo que me enseñaste cuando vivíamos juntos me han dado experiencia en ese tipo de artimañas técnicas...-

- No des mas vueltas... ¿por qué nos adormeciste y nos trajiste aquí? -

- Cuando los seguí, pude ver que entraban en la zona de exclusión, donde solo personal clasificado del casino puede entrar. Pocas veces ingresé allí y se que si algún intruso es descubierto, es asesinado inmediatamente. El Sindicato de Orión no permite que se inmiscuyan en sus asuntos. Con sigilo me acerque a ustedes y, como sabía que no querrían regresar conmigo al Salón, tuve que utilizar una de las armas de defensa que tenemos las chicas Dabo: el gas adormecedor. Después de que ambos cayeron, los traje hasta mi camarín, el único lugar donde podían estar aun a salvo. Sabía que si eran capturados iban a ser asesinados, y no podría soportar perderte para siempre Blue. Estos años que no te vi solo han conseguido aumentar lo que siento. Te amo, y todo lo que hago lo hago por eso...-

Blue Moss estaba furioso, pero a la vez desconcertado. Había creído que Helga los había traicionado, pero ahora no estaba seguro. Tal vez les había salvado la vida. Sin embargo, todo era muy sospechoso.

- No dude mas señor Moss, la señorita esta diciendo la verdad.- dijo el señor Hayes mientras se levantaba lentamente.- A veces sentimientos tan profundos pueden hacer que cometamos los errores mas estúpidos. Pude leer en su mente que el amor que siente es legítimo.-

- Gracias señor Hayes, nunca imagine que pensarían que los estaba traicionando.- exclamó Helga aun entre sollozos.

Blue Moss bajo su phaser y observo la situación, aun con desconfianza.

- Tenemos algo mas importante que hacer ahora Teniente: debemos rescatar a

la Asimov.- agregó Hayes mientras se preparaba para transportarse a la Nilo

Quinta Parte: Una ayuda mercenaria

La capitán Jefferson se deslizaba lentamente por un tubo Jefferies. Desde la bodega antitransporte hasta el puente había cerca de 10 cubiertas que, debido a que no había energía en la nave, tenia que recorrer a pie. Con mucho esfuerzo iba abriendo las compuertas que la separaban del puente, debía llegar al puente lo antes posible para alertarlos sobre la amenaza que cernía sobre ellos. No estaba segura quien era, pero el prikmal le había revelado que había alguien mas con ellos, y no era amistoso.

Para el embajador Aldouz en cambio, el trayecto hacia el puente le había resultado mas sencillo, allí se encontró con el comandante Lexx, quien intentaba poner un poco de orden en la nave tranquilizando a la tripulación.

Al parecer, habían sufrido un sobrecargamiento de energía que había hecho colapsar los sistemas, aunque afortunadamente el soporte de vida aun continuaba funcionando. Aun no estaban seguros si había sido un accidente o alguna especia de ataque. A falta de sensores, Aldouz decidió salir al espacio a investigar un poco por su cuenta.

Mientras tanto, la comandante M´Rel y un par de sus soldados romulanos custodiaban celosamente la bodega antitransporte, para evitar que cualquiera pudiese aprovechar la situación. M´Rel también había sentido esa presencia extraña, y no estaba dispuesta a dejares obtener el QRSLE, o por lo menos no sin pelea. Sus soldados estaban armados con disruptores de fisión romulanos, capaces de eliminar de un solo disparo a cualquier oponente.

Finalmente, la capitán Jefferson llego al puente. De un salto salió del tubo Jefferies y enderezó su uniforme.

- ¿Cuál es la situación Señor Lexx?-

- Sufrimos una sobrecarga extraña en nuestros sistemas. En un momento todo funcionaba correctamente, y al segundo siguiente todo estaba a oscuras. Fue instantáneo.-

- ¿Puede ser causado por algún arma desconocida?-

- No estamos seguros capitán.- continuó la alférez Elina Vek.- Sin embargo, poco antes de que todo se apague, pudimos detectar distorsiones gravimétricas a nuestro alrededor...como si fuera algún torpe sistema de ocultamiento.-

- Maldición, estamos siendo atacados. Además estamos incomunicados con el resto de la nave...- mascullo la capitana, furiosa por estar inhabilitada.

De repente, los circuitos comenzaron a funcionar. Las luces se encendieron y el ruido de los sistemas comenzó a sentirse otra vez.

- Tenemos energía, pero no podemos manejar el sistema de armas, ni de transporte ni de propulsión.- informó Elina Vek con frustración.

- Capitán.- dijo Mel Varad.- Detecto rastros de transporte en las cubiertas

10 y 7.-

- Eso es la celda y la bodega antitransporte.- exclamó el comandante Lexx

- Jefferson a M´Rel. Jefferson a celda 7. - dijo la capitana, presionando su comunicador.

No hubo respuesta. La capitana estaba azorada. Habían sido abordados por una fuerza invasora que posiblemente les había robado al QRSLE y habían liberado a su prisionero, sin que pudieran hacer nada para impedirlo. Según había podido sentir, esta fuerza era mucho más poderosa que ellos. Ni el Sindicato ni mucho menos Oloap solo podrían haber logrado inhabilitar a la Asimov.

Desde el espacio exterior surgió la forma incorpórea del embajador Aldouz.

- Capitán, estamos en problemas...- alcanzó a decir.

La pantalla de la Asimov se encendió y ante ellos apareció una enorme nave Clase Tanthor. Era la Wenethor. La imagen de la nave dio paso a una imagen aun peor. Ante ellos, un enorme iconiano con una horrible cicatriz en su frente se les apareció. Detrás de el, Oloap observaba todo regocijado, abrazándose a la caja cristalina del QRSLE.

- Nos encontramos de nuevo capitán Jefferson...Pero esta vez no se me escapara tan fácilmente.- era Morgouz Gorgoroth, Regente de Kalanul y líder de los Al Grekôr.

Sexta Parte: Traicionero, traicionado

- Maldito seas Morgouz. Maldito el día en que los Grandes te dejaron vivir.- exclamo Aldouz, embajador de Iconia.

- Ya saldare cuentas yo con los Grandes, por ahora, lo único que quiero es llegar a ser señor y gobernador de todo lo existente. Y parece que lo conseguí. La última vez que nos encontramos, ustedes me robaron a mí...Ya era hora de devolverles el favor.- dijo Morgouz con su grave voz.

Los Al Grekôr eran antiguos rebeldes iconianos, que habían sido despertados accidentalmente al destruirse el Planeta Santuario, que guardaba la energía para mantenerlos en éxtasis. Al despertarse, buscaron por toda la galaxia el último vestigio de sus eternos enemigos: el Embajador Aldouz. El poder de Morgouz solía estar en uno de los prikmales, que el llevaba incrustado en su frente y que Aldouz, en un acto heroico, había logrado extirparle. Ahora el objetivo de los Al Grekôr era obtener todos los prikmales y eliminar a Aldouz y a la Asimov en el camino. Esta vez. al parecer habían conseguido un aliado en el camino.

- Desde un principio estuvimos detrás de todo esto. Oloap fue nuestro señuelo para atraer a Aldouz y conseguir que nos de las coordenadas del QRSLE. Por supuesto, Oloap será bien recompensado por su tarea, al igual que sus compañeros en Cristaldi.- continuó Morgouz.- Ah, por cierto, Aldouz querido. Ni siquiera intentes desmaterializarte y materializarte aquí conmigo. Todas las armas de la Wenethor apuntan a la Asimov, y será inmediatamente destruida junto con los dos prikmales restantes...provocando un nuevo draknul. Supongo que eso no es lo que estas buscando.-

Aldouz observo con furia a su antiguo contrincante. No había nada que pudiera hacer para recuperar el QRSLE. Si Morgouz hacia estallar los prikmales que había en la Asimov, comenzaría la formación de otro protouniverso como el que accidentalmente se había formado en la Zona Neutral.

- ¡Oloap, vendiste tu vida solo por un poco de poder! Los Al Grekôr no hacen tratos con nadie, y mucho menos con un pirata de mala muerte.- le gritó el Comandante Lexx.

- Se equivoca.- comenzó Oloap.- No es un poco de poder lo que ganare con esto. Gracias al poder del QRSLE conseguiré llegar a ser el Presidente del Sindicato de Orión, y controlar desde las sombras toda la actividad del sector. Seré inmensamente rico y todos estarán a mis pies. Jamás volverán a reírse de mi a mis espaldas.- los ojos del dopterian brillaban con furia.

- Oloap, no hay nadie mas traicionero que Morgouz.- dijo Aldouz.

- No me importa, el ha cumplido con su parte del trato. El QRSLE esta en mi poder.- continuó el criminal.

- Suficiente charla. Ahora quiero esos prikmales en mis manos.- gritó

Morgouz con su imponente vozarrón.- Lamento decirle que Aldouz me conoce mas que usted...-

Morgouz tomo su látigo de iones y asesto un terrible golpe sobre el dopterian, quien, tomado de sorpresa cayó gravemente herido. Galuz, el ayudante de Morgouz tomo la caja cristalina y se la acerco a su amo.

- Por fin ha llegado el día. ¡Con estos prikmales y los de la Asimov volveré a gobernar la galaxia!- gritó Morgouz.

Séptima parte: David y Goliath

Pero la felicidad le duro poco. Un estruendoso estallido invadió el puente de la Wenethor. Mientras Morgouz hacia alarde de su megalomanía, una pequeña nave se había acercado al sistema Belg.

Era la Nilo, al mando del teniente comandante Hayes y el jefe Moss. Al ver que la Asimov estaba a merced del rayo inhabilitador de la Wenethor, los oficiales decidieron utilizar el ultimo recurso disponible.

Con toda la fuerza del pequeño runabout se abalanzaron disparando todo su arsenal sobre el sistema de armas de la Wenethor, antes de que la gigantesca nave pudiera reaccionar. En un ultimo arranque de destrucción y evitando los pocos disparos que la Wenethor podía asestarles, la Nilo fijo curso de colisión contra las barquillas warp de la nave Al Grekôr. La explosión fue terrible, inhabilitando completamente la propulsión de los Al Grekôr. El pequeño había derrotado al gigante. Hayes y Moss se materializaron directamente en el puente, desde donde pudieron ver que la Wenethor se balanceaba a la deriva, herida gravemente en su barquilla derecha.

- Bien hecho señor Hayes, estábamos esperando su llegada.- dijo la capitana.

- Disculpe la demora, tuvimos que resolver antes un par de...complicaciones.-

Mientras tanto, en la Wenethor reinaba la confusión. Morgouz, que había escuchado el estallido, no podía dejar de mirar con ambición los dos pequeños prikmales de la caja cristalina. Cerca suyo, el capitán Wolliuz bramaba órdenes para evitar que los daños se extiendan por el resto de la nave. No podía creer que no hubieran detectado a la pequeña runabout. Seguramente el defectuoso sistema de ocultamiento que habían obtenido del

Sindicato de Orión de alguna manera había limitado la capacidad de sus sensores de largo alcance.

En una esquina, en medio del caos, la pequeña figura malherida de Oloap se levantó. Con decisión fue acercándose cada vez mas a Morgouz, que estaba aún abstraído por el poder del QRSLE. En un acto de arrojo increíble para un dopterian, se abalanzo sobre le enorme figura del líder de los Al Grekôr. Durante toda su vida, Oloap había sido traicionado y tratado como un imbécil.

En el Sindicato nunca había sido tomado en serio, con su extraña afición a la arqueología y su pequeño y débil cuerpito. Ahora, había sido traicionado una vez más y no lo toleraría. Con furia movía sus brazos y piernas, clavando sus pezuñas en el peludo cuerpo del iconiano. Morgouz trataba de sacárselo de encima sin lograrlo, mientras su ayudante buscaba el látigo de iones. Oloap arañaba, mordía, pateaba y gritaba furiosamente. Estaba fuera de si. De un salto, dejo la espalda de Morgouz y tomo el QRSLE.

Morgouz y el ayudante Galuz corrieron tras el dopterian, que se escabullía entre los enormes soldados Al Grekôr gracias a su pequeño tamaño. Con toda rapidez, Oloap ingreso un par de datos en una de las consolas del puente...liberando completamente a la Asimov.

- Capitán, estamos libres.- informó la oficial de ciencias cardassiana.

- Rápido, fije las coordenadas del prikmal y transpórtelo hasta aquí.- ordenó la capitán Jefferson. En un instante, Oloap y el QRSLE estaban en la Asimov. El pequeño dopterian, viéndose a salvo, se desplomó sobre el piso, abrazado a la caja cristalina.

Estaba muerto, producto de las heridas del látigo de iones de Morgouz.

- Señor Varad, será mejor que salgamos de aquí. No será bueno estar cerca de

la Wenethor cuando recupere su poder de armas...- exclamó el Comandante

Vreel Lexx.

En un rayo de luz incandescente, la Asimov entro en warp, dejando a gran velocidad el sistema Belg. Otra vez habían logrado escapar de los Al Grekôr, pero la amenaza de Morgouz continuaba. La Wenethor era una sola nave, pero se las arreglaba para escapar a las patrullas de la Federación y ponerse siempre en el medio del camino entre la Asimov y los prikmales. No había dudas de que volverían a encontrarlos.

Octava Parte: Epilogo

La comandante M´Rel, que había sufrido un par de heridas en la incursión Al Grekôr a la Asimov, miro con satisfacción (o su equivalente romulano) a la capitán Jefferson, mientras guardaba el QRSLE en la bodega antitransporte de la Asimov. La capitana ingreso su código secreto, y lo mismo hizo el embajador y la romulana. Ahora los prikmales turquesa y rosado estarían seguros, solo faltaban seis prikmales para completar la búsqueda.

Mientras tanto, la Asimov, junto con un par de otras naves de la Federación orbitaban Cristaldi. Al estar en la frontera con la Alianza Ferengi, la Flota tenía jurisdicción compartida sobre Cristaldi, entonces podía arrestar a algunos de los culpables del complot contra la Asimov. El teniente comandante Hayes lideró el grupo que apresó a Digon y al mercenario nausicaano, junto con un par de miembros de segunda línea del Sindicato de Orión, acusados de fraude en el Casino Belvedere.

Pero no solo Hayes se transportó al planeta Casino. Blue Moss tenía todavía que encontrarse con alguien antes de volver a su trabajo en Ingeniería.

- ¿Podrás perdonarme...?- le preguntó el boliano a la joven chica Dabo Helga.

- No tienes nada que decir amor, esta todo claro.- respondió Helga, mientras le daba un apasionado beso en la boca a Blue.- Ahora tienes que irte, el deber llama.-

- Por favor Helga, no quiero separarme otra vez. Todo esto sirvió para darme cuenta de lo que perdí al dejarte aquí en Cristaldi. Hable con el encargado del "Agujero Negro", el bar de la Asimov. Dicen que hay una vacante como camarera, que podrían hacerte una prueba y tal vez...-

- No Blue, mi lugar esta aquí en Cristaldi. No fui hecha para volar en una nave espacial hacia extraños y nuevos mundos. Esta vez soy yo la que tengo que dejarte...- la mirada de la chica Dabo demostraba la profunda tristeza de su interior.

- Entonces, ¿esto es el fin?-

- Digamos que es solo un...hasta pronto.- dijo Helga, mientras caminaba sensualmente hacia una de las mesas de juego.

El Casino Belvedere estaba lleno de ruidos estridentes, música y sonidos extraños. En una mesa cercana, un grupo de benzitas gritaron ¡Dabo!

En la mente del señor Moss, solo resonaban las ultimas palabras de la mujer de su

vida.

Historias de la Guerra, Los Cadetes

Primera Parte: Introducción

Bitácora del embajador Aldouz: Los incidentes recientes en la búsqueda del QRSLE han provocado varios daños en la Asimov, por lo que tuvimos que regresar a la Base Estelar Earhart. Al parecer deberemos modificar los sistemas de la nave para intentar contrarrestar el arma que utilizaron los Al Grekôr. La tripulación mencionó varias veces la similitud entre este arma y otra utilizada por una raza desconocida por mí hasta el momento: los breen. Investigando un poco más, descubrí que fueron una facción importante durante la guerra del Dominio. Decidí entonces retomar mis crónicas de la Guerra, tratando de interiorizarme un poco más sobre breen. Fue entonces que la capitán me recomendó entrevistar a Mel Varad y a Elina Vek, al parecer ellos tenían una historia que contar al respecto. Fue fácil concertar una cita con el alférez Mel, sin embargo fue más difícil con la alférez Vek. Nunca tenía tiempo libre, hasta que pude lograr un encuentro entre su turno de trabajo en el puente y una cita ya concertada con el alférez Kaar para pasear por los canales venecianos en el holocubierta. Adjunto las transmisiones de ambos...que al final resultaron tener mucho mas en común de lo que esperaba...

Segunda Parte: Elina Vek cuenta su historia

Los recuerdos que tengo de la guerra no son realmente muy gratos. Será mejor comenzar desde un principio. Ingrese a la Academia gracias a la influencia que habían tenido mis padres como Embajadores de Cardassia en la Tierra. Su trabajo para acercar a nuestros pueblos fue asombroso, tratando de limar las asperezas provocadas por la vieja guerra entre nosotros. Mi ingreso a la Flota Estelar nunca fue bien visto por el Comando Central y mis padres fueron removidos de su cargo...pero esa es otra historia. Le estaba contando que ingrese a la Academia. Bueno, siempre fui una gran aficionada a las ciencias, por lo tanto, mi primera elección fue especializarme en esa área. Fui enviada entonces a las Facultad de ciencia y astrofísica de la Academia en Senegal, donde curse mi carrera. Recuerdo especialmente al profesor Gibbs, mi mentor y mi guía.

Los primeros años los cursé con naturalidad. La mayoría de mis compañeros se asombraba de que yo fuera cardassiana, pero sin embargo me integraban como una más. Siempre me gustaron mucho las fiestas, y no pasaba un fin de semana sin que me invitaran a alguna. Usted sabe Aldouz que la vida de un estudiante es difícil, pero siempre hay lugar para un poco de diversión.

Todo eso cambio cuando Cardassia se unió al Dominio. De repente, mis compañeros me comenzaron a ver con más desconfianza. Las invitaciones a fiestas fueron cada vez más esporádicas, y a medida que se intensificaron las hostilidades, fui quedando más y más aislada. Durante mis primeros años había estado a cargo de un equipo de investigación que analizaba las diferencias entre los sistemas de escudos de las naves klingon, romulanas y federales, buscando un escudo genérico para los tres. De un día para el otro, fui relevada de mi cargo. Al parecer ese no era un puesto que podía ocupar un “posible traidor”.

Ahora ya no era una compañera, era un enemigo. No podían entender que yo odiaba tanto a los cardassianos del Comando Central como ellos. Durante siglos habían mantenido sometida a su población, y encima ahora se entregaban así al Dominio. Pero sin embargo estaba sola, nadie confiaba en una Cardassiana.

Tercera Parte: Mel Varad cuenta su historia

Fueron años de gloria señor Aldouz, años que nunca olvidare. Desde que llegue a la Tierra, mi objetivo había sido convertirme en piloto reflota Estelar. Estudié con esmero en San Francisco y llegue a ser el mejor de mi clase. Nadie podía superarme en carrera de velocidad desde la Tierra a Mercurio, y mucho menos en pilotaje de precisión. Conocía todos los sistemas de naves de la Federación y podía manejar lo que pusieran ante mí. Era insuperable.

Todas las noches nos juntábamos con mis amigos en un bar cercano a los cuarteles centrales de la Federación, el Club 602, donde jugábamos un poco de domjot y buscábamos algunas chicas. Es una verdadera tradición de los pilotos de la Flota juntarse allí, y con los demás cadetes podíamos ver pasar a los pilotos mas reconocidos del Cuadrante. Una noche por ejemplo, pudimos ver a la comandante Shelby, famosa por su actuación durante el primer ataque borg a la Tierra. Fue allí también donde conocí a Furina. Ella era también cadete de la Academia, pero en el área de ingeniería. Provenía del planeta Andor, por lo tanto era bastante más alta que yo. Sin embargo, congeniamos bastante bien. Fuimos novios por dos años hasta que...

Bueno, no importa. Como le venia diciendo, fue en ese momento cuando llego la guerra contra Cardassia. Los malditos se habían unido al Dominio. No les había bastado con destruir Bajor, ahora querían entregar el Cuadrante Alfa. Pedí mas de una vez a mis superiores que me enviaran al frente de batalla, pero me lo negaron todas las veces...aun me faltaban dos años para egresar de la Academia y no estaba en condiciones de ser enviado a servicio.

Dos años estuve esperando un puesto, hasta que mi desempeño como piloto fue reconocido y fui asignado al escuadrón Omega, parte de la defensa de la Tierra. La guerra se estaba volviendo cada vez más intensa y los ataques del Dominio a mundos federales casi no podía ser retenidos. Todo empeoró aún más cuando los breen se unieron al Domino.

El ataque breen a la Tierra fue realmente sorpresivo. Las alarmas sonaron en el medio de la noche de San Francisco como no habían sonado desde el último ataque borg. Las bombas caían sobre los lugares por los que estaba acostumbrado a caminar tranquilamente todas las mañanas. Me transporté de inmediato a mi pequeña nave, y recibí las ordenes del almirantazgo. La flota breen había avanzado a través del espacio de la Federación aprovechando la distracción que habían provocado los ataques jem´haddar a la frontera. Tres naves breen consiguieron pasar las defensas de Júpiter y llegaron a la órbita terrestre. Pero nosotros no estábamos dispuestos a dejarlos atacar el paraíso tan fácilmente. Las naves caza de la Federación emergían sin detenerse de todos los puntos del planeta. Sin embargo, los breen contaban con un arma totalmente desconocida. De un solo disparo, podían inhabilitar todos los sistemas y dejar las naves a la deriva. Uno a uno los cazas iban cayendo. Llego mi turno de avanzar sobre las naves breen y logre esquivar varios de los disparos. A mi alrededor, numerosas naves atacaban a los breen desde varios flancos, sin poder detener el ataque a territorio terrestre.

 Con esfuerzo, logre acercarme lo mas posible a la nave que disparaba a la Tierra y de un golpe certero inhabilité sus escudos. Un segundo después fui alcanzado por el disipador de energía breen y mi nave quedo completamente inutilizada. Por la pantalla pude ver como las naves federales le disparaban más fácilmente ahora que no tenía escudos. No pude ver mucho más, un segundo disparo de los malditos breen hizo estallar en mil pedazos la consola que tenía frente a mí. Sentí un intenso dolor en el brazo derecho y caí inconsciente sobre el panel de mando.

Me desperté dos días mas tarde, otra vez en San Francisco. Los doctores me informaron que había sido rescatado casi muerto cuando la batalla ya había concluido. Los doctores habían podido curar casi todas mis heridas. Sin embargo, mi brazo derecho no había podido ser recuperado, y habían tenido que amputarlo. Desde ese momento tengo este implante biónico en su reemplazo. Así y todo, mi brazo no fue lo único que me quitaron los breen en ese ataque. Durante los bombardeos a San Francisco, Furina murió intentando poner a salvo a un grupo de civiles.

Cuarta Parte: Elina quiere ayudar

Los reportes sobre los daños a las naves en la órbita de la Tierra llegaron rápidamente a la Facultad de Ciencias en Senegal. Yo estaba furiosa. Ahora que tenía la oportunidad de ayudar a la Flota, era discriminada por problemas raciales. Yo entiendo que la guerra despierta los más bajos instintos en todos nosotros, pero no podía entender que me discriminaran solamente por ser Cardassiana. Tenía mucho para ofrecer...

Me encontré un par de días después del ataque con el profesor Gibbs en el comedor del campus. Me informó que la Flota había perdido el sistema Chintoka, el único puesto de avanzada en territorio del Dominio. Las posibilidades de ganar la guerra con esta nueva arma de los breen se estaban reduciendo. Me dijo también que estaban trabajando en una manera para contrarrestar el arma. Al parecer, en la defensa de Chintoka, una pequeña ave de presa klingon, la Ki´Tan, había resistido a los disipadores de energía. Según me dijo el profesor, había realizado modificaciones en el núcleo warp que le habían permitido ser inmune al ataque mientras todas las demás naves caían como hojas.

En ese momento, recordé el trabajo que había estado desarrollando con mi equipo de investigación durante tanto tiempo. En efecto, había estado analizando las posibilidades de incorporar tecnología klingon en los escudos de la Federación, haciéndolos mas resistentes. Le dije al profesor Gibbs que si me permitían colaborar con el equipo que intentaba contrarrestar el arma breen, podría ayudar mucho. Es mas, técnicamente tenía la mitad del trabajo hecho. Sin embargo, el profesor me dijo que no podía hacer nada por mí. Por más que él tuviese plena confianza en que yo no era una traidora, el alto mando de la Flota había dado ordenes específicas de que no se me de ningún trabajo delicado hasta que las hostilidades con Cardassia terminen.

Yo estaba realmente frustrada. Ni siquiera en esa situación, cuando estaban realmente desesperados y hasta Gul Damar había ordenado a todos los cardassianos que se rebelen contra los opresores del Dominio, eran capaces de confiar en mí. Pero yo no estaba dispuesta a darme por vencida. Continuaría con mi investigación aunque fuera lo ultimo que hiciera como cadete de la Academia.

Quinta Parte: Mel Varad quiere ser héroe

Maldición, odie esos días en ese horrible hospital. Las noticias del frente de batalla se sucedían continuamente, y los doctores ni siquiera dejaban que me levante de mi cama. No podía soportar estar ahí acostado mientras los demás se sacrificaban por mí. Mi doctor decía que debía esperar por lo menos una semana más para que mi cuerpo se acostumbrase al nuevo brazo. Sin embargo, yo sentía que ya podía ir otra vez a defender a la Federación. Una enfermera en un momento me preguntó porque estaba tan ansioso por ir a la batalla, si ni siquiera mi mundo natal pertenecía a la Federación. No dude en responderle que desde que había tenido que escapar de la ocupación en Bajor, la Federación me había protegido como a un miembro más, y me había dado todas las oportunidades como para llegar a ser quien era. Ahora que la paz federal estaba amenazada, y encima nada menos que por los cardassianos y sus aliados del Dominio, era mi obligación defenderla, por lo menos en retribución de todo lo que la Federación había hecho por mí.

Fue en ese momento que oí que los breen estaban por lanzar un segundo ataque sobre la Tierra y que la Flota necesitaba a todos los reclutas que pudiera obtener. No lo dudé más y abandoné el hospital contra todas las recomendaciones médicas. Fui directamente al centro de comando y me presenté a servicio. El brazo me dolía bastante, pero era mejor ese dolor que quedarse en el hospital esperando el ataque breen. El comandante a cargo de los reclutas me reconoció inmediatamente. Había sido profesor mío un año antes y conocía mis habilidades al mando de un caza. Sin dudarlo me envió al perímetro de defensa de Júpiter. Esta vez, sin importar lo que perdiésemos en la batalla, no íbamos a dejar que los breen se acercasen a la Tierra.

Llegué junto con el escuadrón Omega a la orbita de Júpiter y formamos una barrera contra cualquier avance. Junto a nosotros se encontraba la 2da Flota, bajo el mando del almirante Mostrodenis. Además, las defensas orbitales del planeta serían un refuerzo importante contra las naves atacantes. Estábamos mejor preparados que la última vez. Sin embargo, no sabíamos que también los breen venían mejor armados.

Sexta parte: Confrontación final

Vi desde mi pequeña nave como se acercaba la flota breen. Eran más de cien enormes naves, avanzando lenta pero imperiosamente. Nuestras órdenes eran esperar en la segunda línea de combate a que avancen la Segunda Flota , y luego, ante la señal del almirante Mostrodenis comenzaríamos nuestro ataque. Las enormes naves breen llegaron al punto de intersección. Ráfagas de pequeñas runabouts atacaban desde flancos diversos, sin poder provocar el más mínimo daño en los aparentemente imparables breen. Ante el ataque, los aliados del Dominio respondían con disparos certeros y poderosos, destruyendo las líneas de formación de un solo golpe. La segunda flota comenzó a avanzar.

Estaba sola en el laboratorio de la Facultad de Ciencias, analizando toda la información que habíamos obtenido en la investigación. Durante meses nos habíamos ocupado de comparar los métodos de defensa klingon, romulanos y de la Federación, buscando los puntos en común entre los tres tipos de escudos. Los sistemas klingon eran evidentemente mejor adaptables para resistir el ataque de los disipadores de energía breen. Tenía que encontrar la manera de adaptar rápidamente los equipos de la Federación. Parecía algo sencillo de hacer, pero sin embargo, los sistemas no eran tan fácilmente compatibles. Se basaban en la misma tecnología, pero años de desarrollo independiente habían logrado diferenciarlos lo suficiente como para que no pudiesen funcionar con los mismos algoritmos. Tal vez si lograba integrar en el escudo genérico que habíamos desarrollado las modificaciones que le habían hecho a la Ki´Tan poco antes de la batalla de Chintoka, podría obtener un escudo aplicable a las naves romulanas, klingon y Federales, que pudiera resistir el arma breen...

La segunda flota avanzo sobre las naves breen, mientras las defensas de Júpiter no paraban de disparar a nuestros adversarios. Fue realmente impresionante. Los disparos desde Júpiter lograron inhabilitar a más de una nave enemiga. La flota del almirante Mostrodenis se desplegó sobre los breen majestuosamente, en una maniobra sin igual, que hubiera destrozado cualquier otra flota del Dominio.

Pero esta no era cualquier otra flota del Dominio. Las naves breen sacaron su as de la manga y comenzaron a utilizar los disipadores de energía. Cuatro naves de la Segunda Flota fueron alcanzadas por el arma y vi como quedaban a la deriva, completamente inutilizadas. Un grupo de pequeñas naves jem´haddar las atacaron sin ellas poder defenderse. En menos de treinta segundos estaban destruidas. Mientras tanto, dos naves clase Akira se lanzaron al ataque de un grupo de naves breen, lanzando ráfagas intensas de torpedos quantum. Los daños fueron terribles y varias de las naves enemigas fueron destruidas. Pero detrás de ellas venían mas naves enemigas...eran interminables. Y cuando parecía que teníamos una oportunidad, el disipador de energía breen lograba otra vez destruir parte de la Segunda Flota. En ese momento, el almirante Mostrodenis se comunicó con el Escuadrón Omega y nos ordenó que atacáramos a discreción. Segundos después la nave de Mostrodenis estalló en mil pedazos. Era el momento de que nosotros entremos en acción...y realmente no estaba seguro de que tuviéramos una oportunidad.

Mis cálculos eran correctos. Si utilizábamos los algoritmos del escudo genérico que mi equipo de investigación había estado desarrollando, mas las pequeñas modificaciones que yo le había hecho con los datos de la Ki´Tan, podría contrarrestarse el efecto de los disipadores de energía. En ese instante escuche a través del servicio de información que la Flota había entrado en batalla en el perímetro de defensa de Júpiter. Corrí entonces a través del campus en aquella tarde calurosa de Senegal, hasta que llegué a la oficina del profesor Gibbs. Sabía que él era el único que podría ayudarme. Lo más rápido que pude, le informé lo que había estado haciendo en el laboratorio. El profesor conocía mis estudios sobre los escudos y no dudó ni un instante que mis cálculos eran correctos. A través de su computadora central se comunicó con el Comando de la Flota. Habíamos encontrado el sistema de defensa contra el arma breen.

Estábamos por avanzar sobre las naves breen cuando recibí una comunicación del Alto Mando de la Flota Estelar. Nos ordenaban modificar con unos extraños algoritmos los escudos de nuestras naves. Al parecer, si ingresábamos esos datos, los escudos podrían resistir más fácilmente a los disipadores de energía breen. Ingresé la información y avance junto con el Escuadrón Omega sobre las naves enemigas. Junto a nosotros, los restos de la segunda Flota atacaron también, mientras las ráfagas de las defensas de Júpiter reforzaban nuestro avance. Las naves breen disparaban sus disipadores de energía sobre nosotros sin que surtieran efecto. Sus disparos se diluían en nuestros escudos modificados. Ahora si estábamos en igualdad de condiciones. Las naves enemigas, debilitadas por los ataques anteriores, no pudieron resistir nuestro ultimo avance. Los cazas del Escuadrón Omega volaban entre la flota enemiga esquivando los disparos e inhabilitando sus sistemas estratégicos. Detrás nuestro, la Segunda Flota se ocupaba de dar el golpe de gracia a las naves del Dominio. Al parecer no esperaban que pudiésemos contrarrestar sus disipadores de energía y no estaban preparados para una batalla tan cruenta. Finalmente, las últimas naves breen huyeron del sector 001. Una vez más habíamos logrado defender la Tierra.

Séptima Parte: Consecuencias

El profesor Gibbs se ocupo de que todo el mundo se entere de lo que yo había hecho. Poco tiempo después recibí una medalla de honor de la Flota, pero lo más importante es que volví a ser respetada como me lo merecía. La próxima vez lo pensarían dos veces antes de prejuzgar a alguien de esa forma por ser cardassiana. Poco después egresé de la Academia con las mejores calificaciones, y pude elegir el puesto. La nave de la capitán Jefferson fue mi primer opción. Ya era una leyenda en ese momento. Se dice que luchó mano a mano con los jem´haddar para impedir que un cargamento de ketracel blanco llegue al frente de Betazed. Bueno, señor Aldouz, eso es todo, espero que le haya sido útil. Siento mucho no tener mas tiempo, me gustaría quedarme pero el alférez Kaar esta esperándome...

La guerra terminó poco después de la batalla de Júpiter. Los que sobrevivimos tuvimos realmente mucha suerte. Fueron muchos os que no pudieron volver a casa. El almirante Mostrodenis, por ejemplo, era un gran hombre, un talentoso estratega. Furina también era una gran chica. Perdimos bastante en toda esa guerra realmente, fue bueno que haya terminado. Espero que no volvamos a tener que sufrir una guerra de esa magnitud nunca más. Cada día que pasa agradezco a los Profetas por haberme dado el tiempo suficiente para que puedan enviarme los datos del escudo reforzado. Quienquiera que haya sido el que logró contrarrestar el arma breen salvó mi vida y la de miles de personas en la Tierra...

Epilogo

Bitacora del embajador Aldouz (suplemento): Estas historias son realmente interesantes. En la guerra, las vidas llegan a entrecruzarse de maneras extrañas. El impetuoso Mel Varad odia a los cardassianos, pero no sabe que fue una cardassiana quien le salvo su vida en la batalla de Júpiter. Por otro lado, la alférez Vek, con esa personalidad tan alegre y atrapante, superó todos los obstáculos de la discriminación para lograr salvar finalmente la vida de alguien que todavía no puede perdonarla por ser cardassiana. Tal vez si Mel Varad supiera quien salvo su vida, su actitud hacia los cardassianos no sería tan agresiva. Sin embargo, este tipo de odios no son fáciles de olvidar. A veces los rencores no pueden sanarse ni siquiera teniendo la evidencia enfrente de nuestros propios ojos. Si pudiéramos olvidarnos alguna vez de este tipo de prejuicios y rencores, tal vez las guerras como Gulas Wanthor o la Guerra del Dominio no serían tan frecuentes. (1)

Esta es sólo otra de las historias de la Guerra. Estuve también entrevistando al comandante Lexx y al teniente comandante Hayes, pero ya habrá tiempo para ellos. computadora, fin de la bitácora.

1) El ataque de los breen fue contado en la temporada 7 de Star Trek Espacio Profundo Nueve.