“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Juegos, Trampas y Dos Prikmales Brillantes Parte 1

Escrito por Marplanauta

Primera Parte: Malas Compañías

La sección de Ingeniería de la U.S.S. Asimov estaba desbordada con trabajo. La nave se había detenido para reabastecerse en la Estación Espacial Earhart, y los transportadores llevaban y traían suministros. Los amortiguadores de inercia estaban siendo realineados, el colector Bussard estaba siendo limpiado a fondo de todas las impurezas, el deflector principal estaba siendo puesto al día con las recientes tecnologías incorporadas a la flota y los cristales de dilithium estaban siendo recalibrados.

Era un día duro para el Jefe de Ingeniería Moss. El boliano subía y bajaba las escaleras de los dos niveles de Ingeniería parloteando órdenes a sus subalternos. Movía artefactos extraños de un lado a otro en un aparente desorden, pero sin embargo sabia exactamente donde estaba cada cosa si se le preguntaba. Durante años había trabajado en el Cuerpo de Ingeniería de la Flota Estelar, mas precisamente en el U.S.S. Da Vinci. Las naves del Cuerpo de Ingeniería de la Flota se ocupaban de auxiliar a otras naves averiadas en el espacio de la Federación. La Da Vinci era la nave insignia de la Flota de Ingenieros, y el había sido el segundo al mando. Gracias a su indudable habilidad había sido convocado por el almirante Setlek para liderar el grupo de Ingenieros de la Asimov. Estaba ingresando unos datos en la computadora mientras murmuraba insultos en boliano cuando su comunicador resonó.

- Jefferson a teniente Moss.-

- Adelante capitán.- respondió Moss, guardándose para si los insultos.

- Jefe, necesito saber cuanto tiempo mas necesita en la estación.-

- Digamos que unas 8 horas para tener todo listo y ajustado.- respondió.

- Tiene 2 horas teniente. Lo espero en mi oficina a las 1500.- ordenó la capitán.

Moss sonrió. Tal vez no todo estaría perfecto en 2 horas, pero estaba seguro de que podría terminar a tiempo con lo necesario. Había aprendido bien durante sus años en la Academia lo que muchos ingenieros informalmente llamaban “la doctrina Scotty”: multiplicar siempre por cuatro el tiempo mínimo necesario para cualquier tarea de ingeniería.

A las 1500 horas en punto el Jefe de Ingenieros “Blue” Moss llamo a la puerta de la oficina del capitán. La puerta se abrió y dentro pudo ver a Brittany Jefferson, a la comandante M´Rel y al embajador Aldouz. Durante los últimos tiempos el embajador había tomado la forma de una mujer andoriana extremadamente alta, por lo que su silueta resaltaba bastante junto a la pequeña oficial romulana. La capitán estaba sentada junto a su escritorio y detrás de ella, a través de la ventana, podía observarse claramente el interior de la estación espacial M-33. Tan cerca estaba la Asimov de las paredes de la estación que incluso podía verse a la gente caminando por los pasillos, observando asombrados los novedosos diseños de la Clase Verne. Pocas veces había estado Moss en la oficina de la capitán, y observó todo con atención. Brittany Jefferson era muy ordenada, una virtud que el teniente Moss no poseía. Todo en la oficina parecía estar en su lugar: el violín cuidadosamente ubicado detrás de una vitrina, el modelo de la U.S.S. Hope apoyado sobre el escritorio, el cuadro del monte Olimpo paralelo a la ventana. Todo ordenado y limpio.

- Es bueno ver que algunos de los federales aun son puntuales.- murmuró la comandante Romulana.

- Buenas tardes a usted también comandante.- respondió sonriendo el boliano.- Acabo de terminar con el reordenamiento de los sistemas de seguridad. Con eso creo que estaremos listos para partir. Aunque hubiera sido mejor tener un poco mas de tiempo ya que las nacelles realmente necesitaban un poco más de trabajo. Sin embargo, luego del control que le hicimos al núcleo warp parece que todo seguirá en orden. Bah, eso es lo que esperamos ya que todos estos trabajos siempre llevan mas tiempo del que uno tiene, y siempre surge algo una vez que uno deja la estación. Recuerdo aquella ocasión con la Da Vinci...- el parloteo era genético en los bolianos.

- Señor Moss, no lo llame aquí para que me de los detalles de las reparaciones, confío en usted y se que todo estará en orden.- lo interrumpió la capitana.- Lo he convocado porque hemos recibido información sobre el posible paradero de un nuevo prikmal. Al parecer, Inteligencia de la Flota recibió un mensaje encriptado de parte de un soplón en el Sindicato de Orión. Este soplón asegura que la información es de primera mano y nos llevará directamente a lo que buscamos.-

- Esta claro, pero no entiendo muy bien donde encajo yo en todo esto.- Moss estaba confundido, hasta el momento solo habían necesitado sus habilidades como ingeniero en la búsqueda de los prikmales.

- Blue, esto es un poco más personal.- dijo Aldouz.- Al parecer, el soplón te conoce y reclamo tu presencia para poder hacer la “transacción”. Su nombre es Digan.-

El nombre resonó en la mente del boliano. Digon era un viejo conocido, un ferengi buscavidas. Hace algunos años Blue se había tomado un tiempo fuera de la Flota para recorrer la galaxia. Un desencanto amoroso lo había dejado bastante mal y se había refugiado en el juego. No había casino en el Cuadrante Alfa que “Blue” Moss dejase sin visitar. Sus conocimientos de Ingeniería y Matemática le daban una pequeña ventaja que utilizaba para no irse nunca perdedor. En uno de sus viajes había conocido a Digon, quien lo había estafado vilmente debido a su increíble habilidad con las manos. En pocas horas perdió todos los créditos que había ganado en un año de juegos y tuvo que volver a la Tierra. Fue allí cuando fue convocado para la Da Vinci, pero nunca pudo olvidar al prestidigitador ferengi que le había hecho perder su pequeña fortuna.

- No tenía idea de que Digon formaba parte del Sindicato...- dijo Blue

- Al parecer así es, la información indica que deberemos encontrarnos con el en Cristaldi, dentro de 32 horas terrestres.- agregó la comandante M´Rel...- Supongo que conoce Cristaldi.-

- Es el Planeta Casino, en el borde de la Frontera entre la Federación y la Alianza Ferengi. Es un verdadero paraíso para apostadores y pendencieros.-

- Hacia allí vamos, esperamos que no nos defraude y consiga la información que necesitamos. Y recuerde, es vital que este ferengi no pierda la confianza que tiene por usted.

Blue asintió y dejó la oficina de la capitán. Al fin tendría la oportunidad de arreglar la cuenta pendiente con ese apestoso ferengi.

Segunda Parte: El Planeta Casino

La U.S.S. Asimov adoptó una órbita regular alrededor del planeta Cristaldi. Desde las ventanas del Agujero Negro podían verse las luces del pequeño planeta que centelleaban más que las estrellas del centro de la galaxia. En el hangar de la Asimov, el Teniente Moss esperaba al resto del equipo. Estaba vestido de civil, para no llamar la atención una vez mezclados con los jugadores de Cristaldi. Poco después llegó el Tte. Cte. Eneas Hayes, acompañado del comandante Lexx, ambos vestidos con trajes de gala a la última moda de la Federación. Solo faltaba un miembro en su equipo. Mientras subían a la runabout Nilo, la puerta de entrada al hangar se abrió y los tres hombres no dieron crédito a sus ojos. La comandante M´Rel ingresó al hangar con un asombroso vestido de fiesta romulano. El cuello era alto, pero el entallado permitía distinguir claramente la silueta de la esquiva comandante, y la falda larga se abría en el costado derecho, dejando entrever las piernas. Los tres hombres, a pesar del asombro, prefirieron evitar cualquier comentario y continuaron preparando la nave. Un par de minutos mas tarde ya habían dejado la Asimov con rumbo a la superficie del planeta.

A medida que se acercaban comenzaron a aparecer variados carteles publicitarios. “Visite Ciudad Perdida”, “Venga al Casino Pompidou” rezaban las luces de colores refulgentes. Desde uno de los carteles surgió un enorme ferengi holográfico sobre cuya frente giraban números de coordenadas hacia donde dirigirse para ganar miles de barras de lathinium. Cristaldi estaba lleno de Casinos y salas de apuestas de todo tipo. Todos los juegos conocidos podían jugarse allí, desde Al Marin hasta Kadiskot, de Blackjack a Póker Klingon. El comandante Lexx observaba todo con admiración. Era su primera vez en Cristaldi, en las tres vidas que había vivido.

- Ninguno de mis huéspedes fue amante del juego.- se lamento el trill.

- La verdad no se lo recomiendo comandante, es un problema difícil de superar. Uno siempre piensa que no volverá a caer, sin embargo no puede controlar su propio cuerpo. Es un instinto que te llama a jugar, por más que las probabilidades siempre estén en tu contra. Uno siempre piensa que puede ganarle a la suerte.- murmuró el teniente boliano, tratando de alejar la mirada de los carteles publicitarios.

Las palabras del boliano resonaron en la mente de Eneas Hayes, quien aun sufría los efectos colaterales de su adicción a los represores de empatía. El teniente comandante Hayes sentía la inseguridad de Moss, lo que potenciaba sus propios deseos de caer en la tentación.

- El juego es una muestra de inferioridad. Mi raza abandono estas trivialidades hace cientos de años.- agregó M´Rel.

- Entonces no hay duda de que soy un ser sumamente inferior...- completó “Blue”.

La Nilo se posó en un complejo de estacionamiento enorme. Al salir de la nave fueron recibidos por un joven de extremidades enormes que les entregó un padd con la ubicación de la nave y los acompañó hasta una cabina de transportación punto a punto. En un segundo los cinco estaban dentro de la sala de juegos del Casino Belvedere, el mayor casino de Cristaldi.

Las ordenes habían sido claras, debían contactarse con Digon y volver con el a la nave para otorgarle protección del Sindicato de Orión. El punto de encuentro era la cuarta mesa de Tongo del Salón Principal del Belvedere. Disimuladamente se fueron acercando a la mesa. El Teniente Moss reconoció al ferengi al instante. Seguía teniendo la misma cara de ladrón que siempre había tenido. Sentados en la mesa de Tongo con él había un Pakled que parecía extremadamente nervioso, un joven civil humano y un pequeño tellarita. El croupier Digon movía las cartas con velocidad y hacia girar la rueda de Tongo antes de que cualquiera pudiera pensar la movida siguiente. Moss sabía que en el momento menos pensado, el ferengi cantaría “consorcio completo” y todos sus oponentes quedarían en la ruina. Era simplemente imbatible, y por eso había sido contratado por el Casino Belvedere.

Digon noto la presencia de Moss y mezclo nerviosamente las cartas. Incomodo se removió en la silla y dijo:

- Última mano de esta mesa.-

Repartió las cartas de Tongo y en menos de un minuto logró sacarle el poco dinero que les quedaba a los pobres jugadores. El pakled insultó a su compañero por insistirle en jugar Tongo, el civil humano se fue hacia las mesas de Dabo y el tellarita persiguió a una mesera en busca de un trago. Era el momento de acercarse a Digon. M´Rel, Lexx, Hayes y Moss se sentaron a la mesa y pretendieron jugar Tongo.

Tercera Parte: Juego de manos, juego de villanos

- Creo que me recuerdas...- comenzó Blue Moss

- Han pasado varios años, pero siempre supe que podría cobrar el favor que te hice aquella vez al no dejarte completamente en la ruina.- respondió el ferengi mientras mezclaba las cartas y preparaba la ruleta del Tongo.

- Creo que tiene algo interesante para contarnos señor Digon...- interrumpió Hayes, mientras recibía las cartas.- Nuestra parte del trato esta cumplida, trajimos al señor Moss para que vea que nuestras intenciones son buenas. Le prometemos protección del Sindicato en instalaciones de la Federación...ahora es su turno. Evado.- Hayes giró la rueda de Tongo, pasando la mano al siguiente jugador.

- Esta bien...hace poco regresé de un “trabajo” que me encomendó el Sindicato. Deben saber que Caradia tuvo serios problemas políticos últimamente. Al morir el último miembro de la Casa Real, las facciones dominantes comenzaron una guerra civil. En ese ámbito turbulento, los tesoros de la Casa Real estaban tentadoramente al alcance de la mano. Debido a mí...ejem...facilidad con las manos, fui asignado al trabajo junto a un dopterian llamado Oloap. Desde un primer momento le tuve desconfianza. Actuaba muy nerviosamente, como si temiera que el Presidente del Sindicato lo estuviese oyendo en todo minuto. Compro.- El ferengi giro la rueda, era el turno de M´Rel.- La cuestión es que pudimos robar el tesoro de Caradia tranquilamente. El botín estaba formado por varias joyas de todo tipo, un cofre lleno de barras de lathinum y un extraño mapa. En un primer momento no le di importancia al mapa, pero al notar que el nerviosismo de Oloap crecía al verlo, no pude más que interesarme. Parecía un mapa muy viejo, escrito en una lengua que me fue imposible leer. Solo pude distinguir una palabra, al parecer escrita en varios idiomas, creo recordar que era QKRSLE.- Digon miro a su alrededor, comenzaba a ponerse nervioso.

- Evado. ¿Qué sucedió con ese mapa? - dijo M´Rel mientras giraba la rueda.

- Estábamos regresando a Cristaldi cuando nuestra nave sufrió un desperfecto en el medio de la nada. Nos habíamos quedado inexplicablemente sin sistema warp. Quise acercarme al motor para intentar repararlo pero Oloap me aturdió con su phaser. Me desperté poco después y el miserable había desaparecido. Lo extraño es que no había ninguna nave alrededor, fue como si se hubiera esfumado en el medio del aire...y obviamente se llevo el mapa consigo. Se han escuchado varios rumores sobre Oloap últimamente aquí en Cristaldi. Algunos dicen que venia hablando desde hace meses sobre un tesoro de valor incalculable. Una fuente confiable me dijo que ese tesoro seria un prikmal, y que tanto la Federación como los romulanos estarían muy interesados en obtenerlo.-

- ¿Hay algún indicio de donde puede estar Oloap ahora?- dijo Moss mientras reacomodaba sus cartas emocionado. Tenia “Consorcio Completo”.

- La misma fuente me dijo que fue visto por ultima vez en Parius, dicen que...-

Digon no termino su frase y levantó nerviosamente la mirada. Antes de que Hayes o Lexx o cualquiera pudiera hacer algo, un disparo de disruptor hizo que Digon se vaporizara por completo.

Eneas Hayes giro sobre sus talones. En el tumulto de mentes conmocionadas por el asesinato y mentes indiferentes por todo lo que no tuviera que ver con su juego distinguió una mente extraña, calculadora, amenazante hacia sus vidas, pero no podía detectar exactamente donde estaba. Comenzó a correr desconcertado tras el asesino, siguiendo la pista de sus pensamientos. Lexx corría cerca de el, atravesando entre la multitud de jugadores. Eneas se concentro y enfoco toda su empatía en esa única individualidad. No podía dejar que el asesino se le escapara. Podía sentir que estaba cerca, pero no sabia donde. Era una suerte que ya no usara los represores de empatía, su mente actuaba rápidamente, discriminando los pensamientos que no le interesaban y aislando la mente del asesino. Entre las otras mentes distinguió un pensamiento, una emoción de terror: alguien había visto al asesino. Eneas Hayes corrió hacia donde venia ese pensamiento, junto a las mesas de Dabo. Una mujer Denobulana se tapaba la boca con horror.

-¿Qué es lo que vio señora?- le pregunto Hayes mientras el comandante Lexx lo alcanzaba.

- Aquel hombre, ese hombre tiene un disruptor, vi como disparaba desde aquí...- la mujer señalaba a un gran nausicaano que corría hacia la puerta del Casino.

Lexx y Hayes estaban cerca, podrían atraparlo. Cruzaron la Sala de Dabo y atravesaron la puerta segundos después del nausicaano. La puerta daba a una pequeña oficina, pero allí no había nadie. Lexx escudriño el lugar buscando alguna otra salida pero no había nada. El betazoide rastreo con su mente, pero ya no era capaz de distinguir ningún pensamiento del asesino. Se les había escapado de entre los dedos.

Cuarta Parte: Fracaso a medias

Los oficiales estaban en la oficina de la capitán Jefferson. Habían sido asignados a una misión de vital importancia para la búsqueda de los prikmales y habían fracasado. Sin embargo, había logrado obtener información bastante interesante.

- Debían haber estado vigilando a Digon desde hace un tiempo, y al verlo hablando con nosotros tal vez confirmaron que era un soplón. El Sindicato siempre sabe cuando alguien comercia con su información...- dijo el comandante Lexx.

- Y realmente la muerte de Digon no es una gran pérdida para la galaxia.- agregó M´Rel.

- Puede que los romulanos actúen distinto, pero la Federación suele proteger a sus informantes.- dijo furiosa la capitán.- Ahora cualquier arrepentido dentro del Sindicato de Orión lo pensara dos veces antes de darnos información.-

- Capitán, quiero decirle que hicimos lo posible por atrapar al asesino, pero misteriosamente se nos escapó...- comenzó otra vez Lexx.

- Es verdad, no puedo mas que suponer que hay alguien en el Casino Belvedere que lo ayudo a escaparse. Tal vez con un poco de tiempo sea capaz de hallar la conexión.- dijo Eneas Hayes, frustrado por no haber atrapado al nausicaano.

- Esta bien, pero es mas importante saber la información que obtuvieron sobre los prikmales.- esta vez era el embajador Aldouz, en su cuerpo andoriano, el que interrumpió.

- Al parecer, un desertor del Sindicato llamado Oloap robo un mapa con el cual se podía encontrar un QKRSLE.-

En ese momento, el embajador iconiano exhalo un fuerte grito, llenando la oficina de la capitán de un sonido extraño pero a la vez hermoso. Era como un grito producido por un coro de miles de tenores.

- ¿Qué es lo que pasa señor Aldouz?- pregunto Brittany Jefferson.

- Esa palabra no debe ser pronunciada, es un nombre sagrado para los iconianos. El QKRSLE es una joya religiosa de enorme valor, que encierra en su interior no uno, sino dos prikmales. Los iconianos la consideraron perdida durante la Gulas Wanthor, la Guerra Civil. Si conseguimos esa joya, habremos avanzado dos pasos en nuestra búsqueda. No hay ninguna duda, Oloap esta tras la pista correcta.-

- Solo nos resta encontrarlo...Señor Hayes, usted y el señor Moss bajaran otra vez con la Nilo a Cristaldi y trataran de encontrar a este asesino, para saber porque estaba tan interesado en que Digon no nos informe sobre este extraño mapa. Mientras tanto, iremos nosotros con la Asimov hacia donde dicen que fue visto por última vez Oloap.- dijo la capitán Jefferson. Si todo salía bien, tal vez aun podrían encontrar la extraña joya.

Quinta Parte: Amistades peligrosas

Hayes y Blue Moss caminaban tranquilamente entre las mesas de juego de Cristaldi. Parecían dos apostadores mas, tirando su lathinum a la suerte. Sin dudas a Moss le hubiera gustado dejar a un lado la investigación y apostar unos cuantos créditos federales en el domjot. Sin embargo, eran oficiales de la Flota, y debían descubrir a un asesino. Hayes estaba seguro de que el nausicaano había recibido ayuda de alguien mas en el Belvedere, de otra forma no hubiera podido escapársele tan fácilmente. En sus años de Oficial de Seguridad nunca le había sucedido eso, y su frustración solo acentuaba su capacidad de deducción. Blue Moss conocía el Casino Belvedere pero, por lo menos en apariencia, el Casino no estaba involucrado con ninguna organización en particular y mucho menos el Sindicato de Orión. Los dos oficiales se acercaban a la oficina donde el nausicaano había desaparecido cuando de repente, una hermosa mujer se les cruzo en el camino. Era una chica Dabo.

- No puedo creer lo que estoy viendo... ¿Blue?- dijo la joven mujer.

- Helga, no tenia idea de que aun trabajabas aquí...- exclamo emocionado el boliano mientras abrazaba a la mujer.

Hayes parecía sorprendido, tal vez esta chica Dabo pudiese ayudarlos, por lo menos sus pensamientos parecían honestos. Los tres se dirigieron al bar del Casino, aprovechando que Helga tenía un tiempo libre. Allí, el betazoide se entero que, durante su “año sabático”, el señor Moss había estado viviendo un tiempo con la escultural chica Dabo, y que cuando tuvo que regresar a la Tierra había tenido que dejarla. Según pudo ver el betazoide, la mujer aun estaba muy enamorada del Ingeniero Moss.

- Necesitamos tu ayuda Helga.- dijo Blue casi en secreto.

- Haré todo lo que pueda.-

- Estamos investigando un asesinato, debes haber escuchado algo. Necesitamos descubrir quien fue el que asesino al ferengi Digon ayer por la tarde.- dijo el Tte. comandante Hayes.

La cara de la joven empalideció. Era como si la hubieran amenazado de muerte en ese mismo instante. Sin decir nada se levanto de la mesa y comenzó a caminar hacia su lugar de trabajo. El teniente Moss, asombrado, la alcanzo.

- ¿Que es lo que pasa Helga? ¿Por qué estas tan asustada?- le preguntó

- Blue, puedes pedirme cualquier cosa, pero no puedo hablar de eso.-

- Por favor Helga, el futuro de la galaxia esta en juego, y sabes que no me gusta perder.-

- No puedo hablar mas, ellos deben estar observando todo. No me había dado cuenta de que en realidad lo que esta en juego es mi vida.-

-¿Quiénes observan todo?- insistió Moss

- No me hagas esto. Lo único que puedo decirte es que abandones el sector de inmediato, sino puedes terminar como Digon.- la chica Dabo se perdió luego en la multitud.

- No se preocupe señor Moss.- dijo sonriente el betazoide- Todo lo que ella no dijo lo pensó. Al parecer, el Sindicato de Orión no solo controla el Casino Belvedere, sino que controla todo el planeta Cristaldi. Nada sucede aquí sin que el Sindicato este al tanto. Probablemente sepan que nosotros somos de la Federación, pero por alguna razón no les incomoda que estemos aquí investigando...-

Sexta Parte: Elemental, Moss

Caía la tarde en Cristaldi y Hayes y Moss ya habían recorrido casi todo el planeta en busca de pistas. Habían hablado con la policía de Cristaldi y con los oficiales de seguridad del Casino, pero ninguno les había dado más información sobre el desaparecido nausicaano. Habían consultado en la Aduana, pero era imposible saber si había dejado el planeta, debido a que Cristaldi era un planeta libre, y las naves no podían ser registradas. Habían analizado el registro de transportes, para ver si alguien había sido transportado del Casino Belvedere a alguna nave en órbita, sin ningún resultado. Parecían estar en un callejón sin salida, pero Eneas Hayes no se daría por vencido.

Mientras volvían de la jefatura de Cristaldi, el betazoide quiso inspeccionar nuevamente el Casino Belvedere. Era imposible que se hubiera esfumado en el aire, sin embargo el nausicaano había desaparecido delante de sus narices. Eneas Hayes comenzó a inspeccionar palmo a palmo de la pequeña oficina, acercando su oído en cada centímetro del suelo y de las paredes. Si no había sido transportado, entonces tal vez el nausicaano conociera alguna otra salida de esa oficina. Estaba a punto de darse por vencido cuando en una esquina noto algo extraño. Era una pequeño esfera de 3 cm de diámetro adherida al suelo. Era casi del mismo color que el piso, y podía pasar desapercibido si no se observaba el lugar con detenimiento.

-¿Qué es esto señor Moss?- preguntó Hayes.

Cuando Blue Moss vio el pequeño artefacto no dio crédito a sus ojos.

- Señor Hayes, esta es una esfera holográfica cardassiana. Es capaz amplificar una señal holográfica para...-

Blue no termino de decir esto antes de que Hayes aplaste la pequeña esfera con su pie. En ese mismo instante, una de las paredes de la oficina desapareció, dejando en su lugar un largo y oscuro pasillo.

- Ahora si parece que estamos ganando señor Hayes.- dijo Blue.

Ambos oficiales extrajeron sus phasers e ingresaron lentamente en el pasillo. Las paredes estaban revestidas en duranium, que aislaba perfectamente el sonido y reprimía los poderes empáticos. Hayes debía confiar en sus otros cinco sentidos. Siguieron caminando lentamente por el pasillo y llegaron hasta una bifurcación que se dividía e cuatro corredores. Al parecer había una gran instalación secreta dentro del Casino Belvedere. Caminando por el corredor podían observar a través de extrañas ventanas lo que sucedía en el Salón Principal. La gente apostaba sin saber que detrás de las paredes holográficas los estaban observando. De repente escucharon que alguien se acercaba. Los oficiales atravesaron una puerta para esconderse y se encontraron en una especie de sala de control, donde había cientos de pantallas. A la derecha podía verse cada una de las mesas de Dabo, y la computadora manejaban los números que iban a salir, impidiendo así que los jugadores ganen. A la izquierda las pantallas mostraban diferentes sectores del Casino, incluso dentro de los pasillos secretos.

- ¡Maldición debí suponerlo!- dijo el boliano.

- ¿Acaso pensabas que un casino dirigido por el Sindicato de Orión seria honesto?-

Una de las pequeñas pantallas llamó la atención del teniente Hayes. En ella podía observarse como un gran nausicaano charlaba con un pequeño hombrecito.

- ¡Ese es nuestro hombre! ¡Sabia que no había dejado Cristaldi! Debemos encontrarlo.-

- Espero un segundo señor Hayes, tal vez no tengamos de que acusarlo...-

Blue Moss señalaba la pequeña pantalla, donde podía verse claramente al nausicaano, al hombre y a un demasiado saludable Digon...

- Entonces todo fue planeado por el Sindicato. Vamonos de aquí teniente Moss.- dijo Hayes

Pero al darse vuelta, vio como Blue caía adormecido. Helga estaba junto a ellos con una mascara de protección y había lanzado un gas somnífero en el aire. Lo ultimo que pensó Hayes antes de adormecerse fue que la Asimov estaba yendo directamente hacia una trampa y el no podría hacer nada para impedirlo...

Continuará…