“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Escrito por Marplanauta

Portada: Rafa Navarro e ilustración de Eneas Hayes.

Al Grekôr

 

Primera Parte: Un vuelco en la historia

La U.S.S. Asimov viajaba a warp 7 por espacio de la Federación. Poco antes, la capitán había recibido el llamado del almirante Kashnikov para hacer una revisión de los últimos hallazgos con respecto a los prikmal, y se dirigían a Risa a encontrarse con él. Estaba bastante molesta porque sabía que el almirante Kashnikov era un crítico de la búsqueda de los Elementos Originales y podría complicarles la misión.

Mientras tanto, en el “Agujero Negro”, Aldouz charlaba con algunos miembros de la tripulación. Esta vez, el Embajador había decidido tomar la forma de un hombre Iconiano. Los iconianos eran generalmente más altos y fuertes que el promedio de los humanoides. Aldouz era ahora un iconiano bastante portentoso y algo en su apariencia daba un aspecto salvaje. Parte de su cabeza estaba cubierta por una melena negra y sus ojos eran de un amarillo profundo, con una mirada que contrastaba con el salvajismo de su aspecto, denotando una gran sabiduría interna. Las orejas de Aldouz se perdían en su oscuro cabello, y sus dientes, a pesar de no verse demasiado, eran bastante provocadores. Unas pequeñas manchas bajaban de sus ojos hasta su boca, de labios carnosos. Aldouz vestía un traje iconiano que, según dijo, solían usar los científicos. Era de un color violáceo y se asemejaba a una gran túnica, adornada con símbolos de variados colores.

Junto al Embajador, un grupo de jóvenes alférez lo escuchaban atentamente. Entre ellos, Mel Varad estaba sentado muy cerca. Luego del reciente incidente vivido en su tierra, le había tomado un gran respeto a Aldouz y sabía que había mucho que podía aprender de él. Detrás de los jóvenes, Eneas Hayes observaba todo atentamente sin perder detalle alguno. A pesar de que ya hacía varios meses que Aldouz estaba entre la tripulación, el Jefe de Seguridad todavía no confiaba en él. Sus continuos cambios de apariencia, sus evasivas respuestas y su aparente poder ilimitado eran suficientes como para que el betazoide lo tenga en la mira, junto con la comandante M´Rel y sus compatriotas.

Aldouz había tomado la apariencia de los extintos iconianos para ilustrar mejor su charla, que justamente se trataba de su raza. Entre comentarios y gestos, introducía a la tripulación en las antiguas historias de su gente.

-Los iconianos éramos una raza científica, ocupada principalmente en la exploración y la investigación del Universo. A lo largo de nuestra existencia llegamos a comprender el funcionamiento de la mayoría de los designios de la naturaleza. La pugna por el conocimiento impulsaba a mi gente cada vez más adentro en nuestra galaxia, y los viajes se hicieron cada vez más difíciles. El Imperio fue creciendo sobre una multitud de mundos donde la vida inteligente aun no se había desarrollado. El poderío militar de Iconia era también tremendo, las naves clase Thantor se ocupaban de defender el Imperio. Sin embargo, su vasta extensión lo hacía igualmente muy débil, blanco fácil para cualquier ataque externo. Fue en esa época que los Grandes desarrollaron la tecnología de los Portales iconianos, puertas por los cuáles podía viajarse miles de años luz en un solo paso. Así, el Imperio se fortaleció y sobrevivió por muchos años, gobernado desde dos puntos extremos de la galaxia: Iconia y Gulak Iconia, ambas exactamente iguales. Sólo los Grandes conocían el funcionamiento de los Portales, cuya base hoy sabemos que eran los diez elementos originales, almacenados en ambos planetas, separados por  miles de años luz. Desafortunadamente, nuevos intereses llenaron las mentes de algunos de los nuestros, y el Imperio sucumbió. La localización exacta de Gulak Iconia se perdió para siempre. El Imperio cayó, sumido en un silencio eterno, y mi civilización se destruyó, quedando solo yo para atestiguar nuestra decadencia. Solo un pobre vestigio de nuestro antiguo esplendor.-

Aldouz observaba el infinito con sus ojos amarillentos, recordando los tiempos de grandeza de su gente. Varios en el “Agujero Negro” aclamaron la historia de Aldouz, emocionados por la profundidad y el sentimiento de sus palabras. Aldouz agradeció poder gozar de los sentidos en su forma humanoide para poder apreciar el fervor de su público. Iba a comenzar de nuevo su charla, pero en ese momento se activó la alerta roja, y la voz de la capitana lo llamó. Aldouz regresó rápidamente a su forma no corpórea y atravesó los muros de la nave, llegando al puente mucho antes que Eneas Hayes. Allí la escena era desconcertante.

En el centro del puente, justo frente a la silla de la capitán, se había abierto una puerta interdimensional, y los lugares a donde se dirigía cambiaban constantemente. Ciudad Tycho, un bosque tupido, Vulcano, un océano. Las imágenes se intercalaban incesantemente.

-¿Es esto lo que yo creo que es Embajador Aldouz?- preguntó la capitán.

-Pues si, mi querida, parece que es una puerta iconiana.- Aldouz estaba más sorprendido que sus compañeros.- Y es una puerta de llegada...-

De repente, un fulgor rojo rellenó el portal y un ser salió de él, cerrando la puerta tras de sí. Era alto y corpulento. Una melena rubia cubría su cabeza y las manchas de su rostro hacían imposible la confusión...era un iconiano.

Segunda Parte: De vuelta a casa

La capitán Jefferson estaba en su oficina junto a Aldouz, M´Rel y el joven iconiano recién llegado. La habitación era bastante grande y cómoda. En una pared estaba el escritorio de la capitana y a su espalda se podían ver las estrellas, a la derecha del escritorio, un cuadro mostraba la colonia al pie del Monte del Olimpo, en Marte, el lugar donde había vivido su infancia. Sobre una pequeña repisa había un antiguo violín terrestre, debido al interés de Brittany Jefferson por la música clásica y en especial por Mozart. La capitán estaba desconcertada por esta visita, pero sus ojos no lo demostraban, pues miraba seriamente a Aldouz y al invitado.

-¿Podría explicarnos quien es usted?.- preguntó al fin la capitana.

-Nos haría un gran favor a todos nosotros jovencito, es obvio que esto debe ser alguna clase de truco...Todo el mundo sabe que el único iconiano que queda en la galaxia soy yo.- exclamó el Embajador irritado.

-Soy Xeluz, enviado especial de Kalanul, el planeta sin tiempo. Fui enviado en busca del Embajador y único heredero de Iconia, Aldouz.-

-¿Podría explicarnos de que está hablando? ¿Y porque no tengo conocimiento de este extraño planeta?- dijo Aldouz, asombrado al descubrir un detalle en la historia iconiana que no conocía.

-Yo le explicaré.-dijo Xeluz.- En tiempos de la decadencia del Imperio, los Grandes lo crearon a usted, Aldouz, para mantener la esencia de todos nosotros los iconianos y así perdurar en el tiempo. Pero algunos de los Grandes no se conformaron sólo con mantener su esencia e idearon Kalanul, el planeta sin tiempo. Allí se almacenó en una especie de criogenia a una colonia de iconianos, que guardarían la materia iconiana hasta el día del despertar. La ubicación de Kalanul era estrictamente secreta, y el día del despertar fue programado para milenios después de la caída del Imperio. Ese día no llegaría hasta dentro de varios años pero no fue así. Kalanul se encuentra a miles de años luz de Iconia y Gulak Iconia, casi en el borde estelar de la galaxia conocida, pero aún allí su energía provenía de los prikmal de Iconia. Hace pocos años, por alguna extraña razón, los prikmal de Iconia dejaron de enviar su energía a las máquinas criogénicas de Kalanul, y entonces despertamos. Desde ese momento hemos estado intentando encontrar nuestro pasado, debido a que quedaban pocos rastros del sitio exacto donde quedaban Iconia o Gulak Iconia. Utilizando los saltos interdimensionales logramos que esta búsqueda fuera menos ardua, pero al llegar al sitio donde solía estar Iconia, la encontramos destruida, y a Drakontos profanado. Al ver que tampoco se encontraba Aldouz, decidimos continuar con la búsqueda. Desafortunadamente, los saltos interdimensionales también funcionan con la energía de los prikmal, y poco a poco tuvimos que racionar la energía. Ahora que por fin te he encontrado, soy el único que sigue buscando, pues la energía que queda solamente alcanza para un par de saltos más...-

-Capitán, sabe lo que esto significa,-comenzó Aldouz.-el planeta Kalanul podría guardar más detalles sobre el paradero de los prikmal restantes. ¡Hasta podría estar la localización exacta de Gulak Iconia, y así reduciría nuestra tarea a un solo viaje!.-

-Creo que según las circunstancias deberíamos emprender el viaje hacia este lugar.-opinó M´Rel.

-Pues entonces no dudemos más, pongámonos en marcha hacia Kalanul.- ordenó al fin la capitán.

- El problema capitán es que para llegar a Kalanul es necesario utilizar una puerta interdimensional.- explicó Xeluz- Creo que soy capaz de modificar los sistemas de la nave para poder crear una puerta y llegar al planeta sin tiempo.-

- Esta bien, trabaje con nuestro jefe de ingeniería y manténgame informada.-

Xeluz y el teniente Moss pusieron manos a la obre de inmediato. Las reparaciones tomarían unos días así que la capitana le otorgó al visitante una habitación en la nave. Aldouz estaba muy entusiasmado por haber encontrado este rastro de su historiaPor fin podía hablar con alguien más acerca de la historia iconiana! Sin embargo, Xeluz no parecía tan impresionado como Aldouz, a pesar de que supuestamente lo había estado buscando durante todo ese tiempo. En cambio, Xeluz pasaba la mayor parte de su tiempo libre solo en el comedor de la nave. Allí fue donde Eneas Hayes lo vio por primera vez, y como era su costumbre no le agradó. El Jefe de Seguridad estaba examinando unos reportes cuando el iconiano llegó al salón. De repente, una oleada de extrañas emociones lo invadieron, pero era incapaz de poder descifrarlas. Tal vez era excitación, tal vez era miedo, no, tampoco era eso, nerviosismo, no, no. Lo único seguro era que no se trataba de una sensación agradable. Odiaba no poder entender que era lo que Xeluz sentía en ese momento. Su mente estaba acostumbrada a tratar con cualquier clase de forma de vida, aún desconocida, pero este iconiano lo confundía mucho. Y obviamente no le inspiraba la menor confianza. En realidad nadie en la nave, excepto la capitana (a quien conocía muy bien) le inspiraba confianza. Tal vez por eso era tan buen jefe de seguridad, porque podía ver el engaño donde otros estaban ciegos, y sentir la mentira gracias a sus exageradas aptitudes betazoides. Desafortunadamente, su creciente adicción a los represores de empatía estaba limitando cada vez más su habilidad.

Hayes observó fijamente a Xeluz, que se encontraba de espaldas en la barra del comedor, mientras trataba de descifrar sus pensamientos. Lentamente, el iconiano giró sobre si mismo y miró a Eneas Hayes directo a los ojos. El betazoide no pudo soportar esa mirada y se apartó. De repente se sintió cansado, los efectos de los represores de empatía se desvanecieron en un instante. Quizás ya era hora de regresar a su habitación en busca de otra dosis. Eneas se levantó de la mesa y comenzó a caminar hacia la puerta mientras el iconiano lo seguía atentamente con la mirada. Eneas Hayes sentía que las voces en su mente se incrementaban más y más hasta que millones de murmullos invadieron su conciencia. Los pensamientos de todo el Universo parecían convergir en su mente y no lo pudo aguantar. El jefe de seguridad se desplomó inconciente sobre el suelo del comedor, ante el asombro de todos los presentes.

Tercera Parte: Sospechas confirmadas

Eneas Hayes despertó en la Enfermería. Sebastián Castillo y Vreel Lexx estaban junto a la cama, observándolo. Su cabeza le dolía bastante, y apenas podía moverse. Al verlos, tuvo el impulso de decirles algo, algo que era tremendamente importante, pero las palabras no salieron de su boca. Trató de recordar que le había sucedido, pero su mente estaba totalmente en blanco. Lo último que recordaba era haber estado examinando unos reportes de Seguridad en el Agujero Negro, y luego...no lo sabía. Y esa extraña sensación de inseguridad reinaba en toda su mente, como si estuviera fallando en su tarea de proteger el orden en la nave.

-Buenos días, señor Hayes. Por fin lo veo otra vez despierto.-exclamó Castillo sonriendo. Habían pasado cinco horas desde su desvanecimiento.

-¿Qué me pasó?.-preguntó el betazoide.

-Según mis análisis, usted ha sufrido su primer colapso emocional. Como ya sabrá,-siguió el doctor.- los betazoides al llegar a cierta edad comienzan a tener problemas con sus sentidos empáticos, y como usted tiene su empatía más desarrollada de lo normal, parece que el efecto fue grave...-

Eneas Hayes no podía creer lo que escuchaba, era imposible que haya sufrido un colapso. En su planeta, estos síntomas denotaban la llegada a una edad muy mayor, y él no era tan viejo.

-Bueno señor Hayes, me alegro de que este otra vez bien, ahora debo volver al puente porque ya estamos por viajar a Kalanul.-exclamó el Primer Oficial Lexx golpeando el hombro del betazoide.

Las palabras de Lexx resonaron en la mente de Hayes. Había algo que debía recordar, un peligro inminente, pero cada vez que intentaba hacer memoria lo único que aparecía en su mente era un par de ojos que lo miraban profundamente. ¿De quien eran esos ojos? ¿Qué pasaba con su mente? Quiso levantarse pero el doctor lo detuvo.

-¿A dónde cree que va? Acaba de estar inconciente por más de cinco horas y pretende irse como si nada hubiera pasado.-

- Señor Castillo, usted sabe que mi lugar esta en el puente.- objetó el paciente.

-Y usted también sabe, oficial Hayes, que si no hace lo que le digo por las buenas tendrá que hacerlo por las malas.-insistió el doctor. El jefe de seguridad sintió que lo decía realmente en serio.

Mientras tanto, en el puente, la capitana observaba atentamente la pantalla mientras la nave ingresaba a impulso total en el portal interdimensional iconiano. De inmediato, el espacio alrededor de la nave cambió y las coordenadas fluctuaron rápidamente. En un solo instante, la Asimov viajo miles de años luz, a los confines de la galaxia, en la frontera entre el Cuadrante Gamma y el Cuadrante Delta. La nave estaba ingresando en el área de influencia de Kalanul.

La capitán Jefferson sintió que una gran calma y confianza la invadía completamente. El comandante ingresó por el turbolift y ocupó su asiento. Sentado junto a la capitán estaba Aldouz, en su forma iconiana, esperando ansioso el contacto con sus “ancestros”, y a su lado estaba Xeluz. M´Rel observaba cuidadosamente todo lo que sucedía. Sabía que este primer contacto sería importante, y debía cuidar todos los detalles para que su pueblo quedara bien parado ante esta nueva gente. Sin embargo, estaba despreocupada, tenía un presentimiento, una sensación en su interior de que todo saldría como debía salir. En realidad, todos en la nave esperaban ansiosamente el contacto con los iconianos. Tal vez demasiado ansiosamente, tanto que ya podía parecer sospechoso.

Una enorme nave apareció en la pantalla. Sus dimensiones sobrepasaban varias veces a las de la Asimov y su forma era bastante extraña, como una gran garra. A medida que se fue acercando, fue cubriendo toda la pantalla, hasta que no podía verse nada más que la nave. En el frente, podía divisarse el símbolo iconiano. La pantalla cambió, y en su lugar apareció otro iconiano.

-Soy el General Wolliuz, en representación del Regente de Kalanul. Bajen sus escudos y prepárense para ser abordados.- el tono del iconiano era tremendamente imperativo.

-Haga lo que el señor  Wolliuz ordena, alférez.- dijo asombrosamente la capitán a Mel Varad, cediendo la nave a estos extraños.

-Con todo gusto capitán.-exclamó el joven bajorano.

Nadie parecía sorprendido por lo extraño de la situación. Sin embargo, Aldouz miró con extrañeza a la capitán.

-Le agradezco la confianza que tiene por mis hermanos iconianos, a pesar de sus rudos modales.-

-No se preocupe embajador, su gente es por demás encantadora.- la capitana miró a Aldouz y sonrió. Era la primera vez que el embajador iconiano veía sonreír a la capitán, y había un brillo extraño en sus ojos...un brillo que Aldouz creía recordar.

-Un momento...-exclamó el iconiano levantándose de su asiento.

Pero ya era demasiado tarde. Xeluz, antes de que Aldouz pudiera volver a su estado natural, lo tomó por el cuello y le puso un extraño collar. Aldouz quiso transformarse y dejar su estado corpóreo, pero no pudo. El collar lo inhabilitaba por completo.

Los rayos transportadores materializaron en el puente a un grupo de iconianos muy bien armados. No sobrepasaban en número a los miembros de la tripulación que estaban en el puente, pero por alguna razón nadie quiso defenderse salvo Aldouz, pero Xeluz ya lo apuntaba directamente a la cabeza con un arma, y Aldouz sabía que en ese estado podía vaporizarlo. No podía arriesgar al último vestigio de su civilización de esa manera.

-Bienvenidos a la Asimov.-dijo la capitán extrañamente cordial.-¿Gustarían algo de beber?.-

-Muévase.-exclamó el General Wolliuz.

La capitán dejó su asiento tranquilamente. Todos en el puente observaban a los intrusos sonriendo, como si esa invasión fuera lo más normal del mundo.

-Que tiemble el Universo, los Al Grekôr hemos regresado a reclamar lo nuestro. – gritó Wolliuz

Y en ese mismo instante, demasiado tarde para hacer algo, Eneas Hayes recordó que era lo que debía decir.

Cuarta Parte: Viejas enemistades

Una sombra se deslizaba por los tubos Jefferies (1) de la USS Asimov. Avanzaba lentamente para evitar provocar cualquier sonido sospechoso. La sombra llegó hasta una abertura y miró con cuidado a través de ella. Luego de cerciorarse que nadie lo vería, empujó la abertura y salió de los tubos Jefferies. Era el jefe de seguridad Eneas Hayes y estaba en su oficina. Sigilosamente, el betazoide se acercó al escritorio y abrió un compartimento. Allí dentro encontró un par de comunicadores personales que habían sido modificados por él. Su excesiva paranoia lo había llevado a arreglar estos comunicadores para que funcionaran en un circuito cerrado y aislado, y ésta era la primera ocasión que tenía para probarlos. Estaba muy preocupado por la situación en su nave. Recordaba que, mientras estaba en Enfermería haciendo unos estudios, escuchó el comunicado de un iconiano que se hacía llamar Wolliuz, y que decía haber tomado la nave. Por alguna razón, todos los oficiales en la enfermería parecían estar conformes y hasta contentos con esa noticia. Recordaba que el doctor Castillo le había comentado algo acerca de lo bueno que sería estar bajo el mando de los Al Grekôr, según se hacían llamar y también recordaba que en ese momento no sintió realmente su mente, sino una gran mente que predominaba sobre la mente individual del doctor. Aquella misma tarde había sentido algo parecido poco antes de su colapso emocional. Esa mente colectiva parecía controlar la voluntad de todos sus compañeros. Al notar esto, supo que debía hacer algo y la única salida de Enfermería fueron los tubos Jefferies, por los que se escabulló a pesar de los gritos de alarma de Castillo. Ahora, había conseguido obtener su primer ventaja, había llegado a su oficina.

Del mismo compartimento tomó un phaser de mano y volvió lentamente a los tubos Jefferies. Estaba seguro de que había alguien que podría ayudarlo, alguien sin cuerpo ni mente que pudieran ser controlados...

El Embajador Aldouz estaba doblemente encerrado. El collar que tenía en su cuello lo retenía en forma corpórea, tan limitada y frágil. Por otro lado, estaba encerrado dentro de una habitación. Por alguna razón, los Al Grekôr habían preferido dejarlo en una habitación antes que llevarlo a una celda. Tal vez todavía tenían algún respeto por los iconianos. Aldouz estaba desconcertado, pero casi entendía lo que estaba sucediendo. Kalanul, los Al Grekôr, el brillo que vio en los ojos de la capitana, todo cerraba. La puerta se abrió de repente y Wolliuz entró.

-Es un placer conocerlo Sr. Aldouz. He esperado mucho para tenerle frente a mí. A decir verdad, todos hemos esperado miles de años...-.

El iconiano era alto y fornido y su mirada era fría. Su vestimenta militar denotaba su rango General. Se notaba que era un ser ambicioso y calculador, era seguro que no pretendía quedarse en ese puesto para siempre.

-Ningún Al Grekôr recibirá de mí el favor de ser respetado. Por parte mía y en representación de los Grandes, les comunico mi eterno desprecio.- exclamó el Embajador.

-Veo que nos recuerda, y que los rencores aún se mantienen.-

-Guardo en mi memoria los recuerdos de todos los iconianos, y muchos lo recuerdan a usted como un despiadado capitán durante Gulas Wanthor.-la mirada de Aldouz denotaba odio.

Gulas Wanthor fue la guerra que precipitó la caída del antiguo Imperio Iconiano. Durante siglos, Iconia había gobernado en paz, bajo el mando de los llamados Grandes. Pero uno de ellos llamado Morgouz creía que había llegado la hora de que el Imperio dominara por sobre todo lo existente principalmente bajo un gobierno de terror. Desafortunadamente, Morgouz tenía un gran apoyo por parte de los más jóvenes, quienes creían que el Imperio estaba estancado y que él ofrecía un nuevo futuro. Esta facción se autodenominó los Al Grekôr, los revolucionarios, y eran terriblemente despiadados. La guerra civil, Gulas Wanthor, fue furiosa, y llevó a las ruinas al Imperio. Como ya sabemos, los Grandes decidieron conservar la esencia y la materia de los iconianos, y para esto crearon dos planetas santuario: Drakontos, donde Aldouz fue encontrado, y Kalanul, hacia donde en tiempos inmemoriales partió una colonia de célebres iconianos para ser mantenidos en criogenia hasta la llegada del tiempo del renacimiento. Pero de alguna manera, los Al Grekôr habían logrado ocupar los lugares de estos Iconianos.

-Fue glorioso cuando atacamos el convoy que viajaba hacia Kalanul.-decía Wolliuz.- Nos habíamos enterado por un informante en Iconia de su plan, y decidimos que el lugar en ese planeta nos pertenecía, y así era.-una sonrisa maléfica cubrió su rostro.- Nuestra pequeña flota de Thanthors era la única que quedaba entre los Al Grekôr, pero fue suficiente. Ningún iconiano sobrevivió a nuestro embate. Por alguna estúpida razón los Grandes habían enviado solamente científicos y bohemios para ocupar los lugares en Kalanul, y la invasión fue sencilla. Así, el Regente Morgouz y un ejército de Al Grekôr sobrevivimos hasta el día del despertar.-

-¡Morgouz esta aún con vida!.-exclamó Aldouz en un tono que podría considerarse como asustado.

-Así es, y ahora mismo vamos hacia Kalanul para verlo. Parece que el Grande tiene un plan para usted y sus amigos.- exclamó Wolliuz.

Aldouz tomó su cabeza entre sus manos, en expresión de desesperación. Se sentía terriblemente impotente, atrapado sin poder utilizar sus facultades. El peor enemigo de su pueblo amenazaba ahora otra vez con destruir todo lo existente, y él no era capaz de hacer nada. Estaba solo en un tiempo ajeno, incapaz de reivindicar el nombre de su gente y vengarse.

Desde una rendija de la habitación, Eneas Hayes había observado toda la conversación, había sentido la ambición y la furia en la mente del General Wolliuz, y tuvo el presentimiento de que esta vez, el final feliz iba a ser muy difícil.

Quinta Parte: Frente a frente

Wolliuz había abandonado la habitación de Aldouz al recibir el llamado de Mel Varad, informándole que ya estaban por entrar en la órbita de Kalanul. Eneas Hayes, aprovechando ese momento, abrió la reja del tubo Jefferies e ingresó en la habitación, ante el asombro del Embajador Iconiano.

-¡Oh, gracias a los Grandes que todavía hay alguien conciente en esta nave!-exclamó.

-Así es señor Aldouz, al parecer las facultades empáticas de mi raza impidieron que los Al Grekôr controlen mi mente.-

-No son los Al Grekôr los que controlan la mente de la tripulación sino uno de los Prikmales.-informó el iconiano.- Si no me equivoco, Morgouz tiene en su poder uno de los elementos originales desde la época de Gulas Wanthor. Gracias a él, es capaz de manipular las frágiles conciencias de la mayoría de los humanoides. Es imperativo detenerlo.-

-En lo que a mi respecta, creo que lo imperativo es intentar pedir auxilio a la Flota.- opinó el jefe de seguridad.

-Es correcto, pero estamos a miles de años luz del espacio de la Federación.-

- Tal vez pueda utilizar las modificaciones de la Asimov para abrir una puerta interdimensional y enviar un mensaje.- explicó el Teniente Hayes.

 

- Perfecto, mientras yo aprovecharé la oportunidad que tengo al poder entrevistarme con Morgouz para ver si es posible anular el efecto del prikmal, aunque sea por un momento...-

-Afortunadamente estoy preparado para una situación de este estilo.-exclamó Eneas Hayes entregándole uno de los comunicadores modificados.

-Parece que no hay manera de vencerlo Señor...¿cómo era su nombre?-preguntó Aldouz

-Jefe de seguridad Eneas Hayes.-

-Ahora lo recuerdo, es que usted es tan silencioso y aislado que casi no lo he visto en lo que lleva de mi estadía en la Asimov. Pero dejémonos de rodeos y ocúpese de su parte del plan. Buena suerte.- el Embajador se despidió a la manera Iconiana.

El betazoide volvió a su lugar en los tubos Jefferies. Poco a poco le iba cayendo un poco mejor el Embajador. Sentía que podía hablar con él sin sentirse restringido por los pensamientos ajenos. El hecho de que Aldouz no poseía pensamientos (por lo menos en la manera convencional), le llamaba bastante la atención. Comenzó lentamente a arrastrarse hacia su próximo destino. Tenia una misión, e iba a cumplirla a la perfección. Es más, ya tenía un plan preparado.

Aldouz experimentó por primera vez en su larga vida un viaje en transportador. Molécula tras molécula de su cuerpo artificial se disolvieron una a una y volvieron a formarse a cientos de kilómetros de la Asimov, en el salón privado del Regente de Kalanul. Para el iconiano fue una experiencia desgarradora, ni siquiera el cambiar entre forma corpórea y no corpórea era tan molesto. Junto con él estaban el General Wolliuz y la capitán Brittany Jefferson, al igual que un par de guardias. La sala era enorme y bien ambientada aunque todo era lúgubre y tenebroso, digno de una mente enferma como la de Morgouz. En las paredes colgaban viejas armas de guerra, algunas de las cuales tal vez habían sido utilizadas en Gulas Wanthor. Un débil haz de luz ingresaba por una pequeña ventana ubicada en el techo de la sala, a varios metros de distancia. En el centro había un gran trono, ocupado por una figura enorme y misteriosa. A un lado del trono había dos enormes obeliscos, símbolo religioso de los iconianos. Desde la posición de Aldouz no podían divisarse los rasgos de quien estaba sentado en el trono, solamente una brillante luz blanquecina que surgía de la frente del individuo y que impedía poder observarle el rostro. Aldouz sabía que era Morgouz.

-Bienvenido a mi humilde morada, Embajador y único heredero de la raza iconiana. Supongo que sabrá que ese título ya no puede considerarse vigente.- la fuerte voz del Regente de Kalanul resonaba en toda la habitación.

- No me interesan sus discusiones nominales, Morgouz. Usted no es mas que un traidor. – gritó Aldouz

-Parece que todos estos años no le sirvieron a los Grandes para olvidar el pasado, pero eso ya no me importa. El pasado ya no existe pero el futuro esta por formarse, y según lo veo yo, pertenece a los Al Grekôr.-

-¿Entonces cuál es el sentido de retenerme con vida? Encuentro muy difícil aceptar que le ha invadido un sentimiento de nostalgia por su pueblo y quiere cuidar la integridad de la esencia iconiana.- reprochó Aldouz

-Mas vale que aprendas a respetarme o me veré obligado a olvidar mi misericordia y partirte pedazos. ¡Así te será mas fácil ser todos los iconianos!- la carcajada maléfica del jefe de los Al Grekôr invadió el salón.

Morgouz levantó un brazo y pudo verse que tenía un látigo. Con un rápido movimiento azotó el instrumento y golpeó fuertemente al embajador, desgarrando sus ropas. Era la primera vez que Aldouz sentía el dolor físico, y definitivamente no era capaz de soportarlo. Aldouz gimió y cayó de rodillas.

-No me gusta tu actitud iconiano, así que más vale que optes por tratarme con el respeto que merezco por ser el Amo y Señor de toda esta Galaxia. Como Jefe de los Al Grekôr reclamaré el territorio que solía pertenecer al Imperio.- Morgouz se fue acercando más y más a Aldouz.- Con la energía de este prikmal.-dijo señalándose la frente- y los nueve restantes, seré capaz de recuperar algo del poder perdido. Pero necesito de tu ayuda Embajador Aldouz. Juntos encontraremos los prikmal restantes y así, una vez más Iconia gobernará sobre todo.-

Morgouz estaba ahora lo suficientemente cerca como para que Aldouz pueda verlo, pero ningún rasgo del pasado quedaba en él. Llevaba el prikmal de alguna forma incrustado en su frente y por eso su cara se había deformado terriblemente. Era un monstruo deformado por la avaricia.

-¿Me esta pidiendo que le ayude a buscar los Diez Elementos Originales por todo el Universo?.-

-¡No idiota! La tarea es mucho más sencilla. Con los datos almacenados en Kalanul y la energía aún restante para un par de saltos más, seré capaz de encontrar y viajar a Gulak Iconia. ¡Seré entonces el ser más poderoso de la Galaxia!.-

Sexta Parte: En busca de ayuda

Eneas Hayes estaba atrapado y solo en la U.S.S. Asimov. El poder del prikmal que poseía el Regente de Kalanul dominaba las mentes de todos sus amigos y él era el único, o casi el único, que podía salvarlos. Y allí estaba, escondido en un tubo Jefferies. Su mente estaba haciendo un trabajo terrible y se sentía cansado. A pesar de haber evitado ser dominado por Morgouz, le resultaba muy difícil poder contenerse. Debía formar una especie de barrera mental gracias a la cuál su individualidad permanecía intacta. Pero eso le costaba mucho esfuerzo y ya estaba cansado. Además, sentía la abstinencia de sus dosis de represores de empatía. No podía tomarlos porque eso implicaría que las barreras contra el dominio de Morgouz caerían. Como si esto fuera poco, sus antiguos subordinados de seguridad estaban buscándolo por toda la nave, debido a que al escapar de Enfermería había hecho pública su situación. Había llegado arrastrándose hasta donde estaba Aldouz y juntos habían concretado una especie de plan. Ahora, el betazoide estaba fuera del tubo Jefferies y  frente a la central de comunicaciones de la nave. Su conocimiento sobre mensajes subespaciales era escaso, y debía intentar abrir un portal interdimensional para comunicarse con el comando de la Flota sin que nadie en la nave lo notara, una tarea casi imposible.

Se acercó al panel donde había varios chips isolineares uniendo y transmitiendo información. Apenas recordaba lo básico sobre comunicaciones y ahora el futuro del Universo dependía de ello. Junto a la central había un panel de LCARS que parecía ser lo que Hayes estaba buscando.

-¡Malditas sean estos nuevos sistemas!.- masculló el betazoide.- Todo era mucho más sencillo en mis tiempos en el Nabucodonosor.-

Afortunadamente, sus conocimientos como jefe de Seguridad le permitían ocultar su señal. Ingresó en los comandos centrales de ingeniería y ordenó a la nave que utilice los recursos que Xeluz les había otorgado para abrir un portal interdimensional diminuto. A través de el podría enviar el mensaje que necesitaba. Presionó una interface del Lcars y otras opciones aparecieron en la pantalla. Entre ellas se leía la opción de “Mensaje subespacial en canal privado”. Sin pensarlo dos veces, Hayes oprimió el LCARS y una alarma de emergencia comenzó a sonar en toda la nave.

-¡Maldición! Hasta un klingon podría haberse dado cuenta de que era una trampa.-gruño el Jefe de Seguridad al notar que había caído en un viejo truco.

Sin embargo, la opción de enviar el mensaje seguía en el panel. Eneas Hayes estaba en un dilema. Sabía que tenía la posibilidad de enviar el mensaje al Alto Mando pero no sabía si tenía el tiempo suficiente. La puerta se abrió y apareció el alférez de seguridad Villalba. De inmediato, el joven levantó su phaser y le disparó. Afortunadamente Eneas Hayes se corrió a tiempo y el disparo no dio en el blanco. Antes de que Villalba pudiera volver a intentarlo, el betazoide lo golpeó con todas sus fuerzas, dejándolo inconciente. Cuando la puerta se cerró, puso su phaser al máximo y la selló. Eso le daría los minutos suficientes como para enviar el mensaje.

-Es una pena, el alférez Villalba siempre me cayó bastante bien.-

Mientras tanto, en Kalanul, Aldouz analizaba con detalle los archivos almacenados en la base de datos del segundo planeta santuario. Allí estaba explicada con detalle la localización supuesta de Gulak Iconia. Mientras analizaba esta información, el Embajador Iconiano buscaba una manera de anular el poder que el prikmal ejercía sobre los humanoides, y creía haber encontrado una manera, aunque no sabía si era capaz de llevarla a cabo. La capitana Jefferson estaba a cargo de su custodia y le apuntaba con un phaser. Mientras tanto, Morgouz hablaba con uno de sus ayudantes. Era un Al Grekôr diferente a lo usual, más bien pequeño y encorvado. En el lugar donde debería estar su mano, el asistente tenía un pequeño garfio. Era como un Al Grekor de segunda clase, sin los mismos derechos que los demás. Todos lo miraban con desprecio y lo trataban cruelmente, en especial Morgouz, que parecía divertirse humillándolo.

-Ni siquiera todos estos años sirvieron para que mejores en algo, Galuz.- exclamó el Grande con su voz gruesa y profunda.

-Mi señor y gobernador de todo lo existente, esta pobre criatura hace lo posible por complacerle.-la voz de Galuz mas bien parecía el graznido de un pájaro.

En ese momento, la mano derecha de Morgouz, el General Wolliuz, se materializó en la sala. Una vez allí, Wolliuz giró en redondo dándole la espalda al Regente. Para los Al Grekôr era inconcebible que se hablara o mirara a Morgouz sin su permiso.

-Puede darse vuelta capitán. ¿Cómo van las cosas en la pequeña navecita?.-

-Estamos seguros que será de utilidad para nuestra flota, mi señor. Su tecnología y su armamento son avanzados y su pequeño tamaño podría ser una ventaja táctica contra nuestras naves clase Tanthor.-exclamó Wolliuz.

Las enormes naves clase Tanthor, semejantes en tamaño a 10 veces la Asimov, habían sido utilizadas por los Al Grekôr durante Gulas Wanthor y habían arrastrado con casi todo a su paso. Pero habían pasado muchos años desde Gulas Wanthor, y la tecnologia de esas naves amenazaba con quedar obsoleta. Pero a pesar de su antigüedad seguían siendo imponentes.

-Mas allá de eso, un tripulante nos está dando algunos problemas. Parece ser que su control mental no funciona en él, señor.-

-Pues entonces captúrelo, elimínelo. Ahora desaparezca de mi vista y no vuelva si no tiene la cabeza de ese tripulante en sus manos.- gritó Morgouz.

Wolliuz se desvaneció, pero antes de desaparecer se pudo ver una mirada de desprecio hacia Morgouz en sus ojos. Aldouz se levantó de donde estaba y miró al Regente directamente a su cara, en señal de desafío, demostrando una vez más su valor.

-He encontrado lo que estabas buscando Morgouz, ya podemos localizar a Gulak Iconia.-

Mientras tanto, en la Central de Comunicaciones, Eneas Hayes continuaba tratando de comunicarse con el comando de la Flota mientras afuera intentaban atravesar la puerta sellada. Ya había establecido el contacto pero por alguna razón la señal parecía haberse cortado. Afuera se oía la voz de Xeluz y Vreel Lexx entre otros al igual que sus continuos golpes y disparos contra la puerta, que parecía resistir arduamente.

De repente, los gritos y los golpes cesaron. Eneas Hayes no entendía lo que sucedía, pero en ese mismo instante se estableció la comunicación con la Flota y el reacio almirante vulcano Setlek apareció en pantalla.

-A que se debe esta urgencia. Espero que el mensaje sea de importancia relevante.-

- La Asimov y su poderoso cargamento han sido capturados. Estas son nuestras últimas coordenadas y nuestra ubicación actual.-

- Nuestro último informe decía que se dirigían hacia una colonia de iconianos perdidos. Según estas coordenadas están en el otro lado de la galaxia. ¡Ese es espacio nunca explorado por la Federación!-

- Almirante, diríjase a nuestras ultimas coordenadas en el Cuadrante Alfa, intentaré mantener abierta la puerta interdimensional por el mayor tiempo posible....-

Eneas Hayes estaba ingresando los comandos en la computadora cuando tres haces de transportador aparecieron en la sala y materializaron a Xeluz, Vreel Lexx y el Ingeniero Blue. Con su último esfuerzo ingreso su código de seguridad, y antes de que el betazoide pudiera pronunciar palabra se desvaneció, desmayado por los efectos del disparo de un phaser.

Séptima Parte: Con la muerte ante los ojos

Gulak Iconia estaba ubicada en un sector completamente desconocido. Durante los años de gloria del gran Imperio Iconiano, Gulak Iconia e Iconia funcionaron como los pilares del control político del Imperio. Cada cual era el eje del gobierno del Imperio, y ambas funcionaban como grupo. De allí, toda la simbología Iconiana se expresaba en pares. Iconia y Gulak Iconia, Kalanul y Drakontos. El símbolo religioso que predominaba en los santuarios eran dos obeliscos (recordemos que en dos obeliscos era donde estaba guardado Aldouz), latiendo y emitiendo luz simultáneamente, en un orden representativo o alegórico a la estabilidad del Imperio. Y por pares habían sido guardados también los Diez Elementos Originales, un ejemplar intacto de cada uno en ambas Iconias. Pero los prikmal de la Iconia de la zona neutral fueron destruidos, generando de su propia destrucción el terrible Draknul, fuente y origen del posible fin del Universo. Y que cada día se expandía más. El poder de los Diez Elementos Originales es ilimitado y a su vez, la única fuerza capaz de detener y revertir el Draknul. Y estos prikmal, en su estado natural, aún continuaban almacenados en el núcleo vital de Gulak Iconia. Pero nadie sabía el paradero de Gulak Iconia, hasta el descubrimiento de los escritos de Kalanul, a los cuáles Aldouz había tenido acceso.

Pero ahora, el futuro del Universo volvía a estar en peligro, amenazado por la ambición de un Grande que no debería considerarse como tal. Morgouz, líder de los disidentes Al Grekôr, pretendía obtener los Diez Elementos Originales, y así recuperar el poderío de su raza, perdido siglos atrás. Y es más, el Regente ya poseía un prikmal, y con ese poder había sido capaz de desarrollar su terrible plan. Aldouz no había tenido más remedio que complacerle, siguiendo las directivas de aquellos que lo habían creado, pero aún así había sido capaz de idear un plan.

Morgouz el Grande estaba en su salón real. Su figura predominaba por sobre todo lo demás, y el brillo del prikmal incrustado en su frente iluminaba la habitación entera, pero escondía su cara. La capitán Jefferson había sido regresada a su nave luego de un exhaustivo interrogatorio. Detrás de la gran figura del Gobernador de Kalanul se escondía un repugnante ser, un pequeño Iconiano de ojos saltones y garfio en lugar de mano. Era Galuz, asistente del Regente, que observaba con miedo al Iconiano que tenía frente a él. El Embajador Aldouz lo miraba con desprecio. Nunca había entendido la naturaleza de esos seres deformes y abstraídos, cuya única expectativa en la vida era convertirse en esclavos.

Aldouz había programado la puerta Iconiana entre los dos obeliscos junto al trono de Morgouz. El poder que había mantenido activas esas puertas durante todos esos años se había acabado con la destrucción de los prikmal de Iconia, y ahora solo quedaba la energía almacenada en la Asimov, que había permitido que ellos lleguen a Kalanul, y la energía necesaria para el salto a Gulak Iconia.

El Regente de Kalanul estaba ansioso. En unos momentos, su pasaje a la gloria eterna estaría abierto, y ya nadie sería capaz de detenerlo. Su gran mano tomó el látigo junto a su trono y se esforzó por no azotar a Aldouz. ¿Por qué diablos tardaba tanto en programar esa máquina?

Por fin, Aldouz había terminado. Luego de un gesto simbólico de Morgouz, Aldouz oprimió un botón y la puerta se activó...

Imágenes de sitios remotos titilaban en la pantalla, y a veces parecían desvanecerse. La energía era escasa, pero el portal parecía seguro. Las imágenes se intercalaron hasta que de repente, el constante cambio se detuvo. Lo que se veía a través del portal era extraño, una especie de planeta congelado. La nieve cubría todo el horizonte, pero a una corta distancia podían divisarse la punta de dos obeliscos, y en el centro una torreta donde estaba grabado el inconfundible símbolo Iconiano. Ya no quedaba duda que esa era Gulak Iconia...

Eneas Hayes despertó aturdido otra vez. Pero esta vez no estaba en Enfermería sino en el puente, y las miradas a su alrededor no eran tan cordiales. Pero en su mente aún predominaba esa sensación de estar tratando con una gran mente colectiva. Frente a él, la romulana M´Rel lo miraba con ironía en su rostro. Parecía sonreír, pero Hayes sabía que ni el más poderoso control psíquico hubiera hecho que esa sangre verde sonriese. La capitán, en cambio, lo miraba con desprecio, al igual que la gran mayoría a su alrededor. Xeluz, que estaba entre ellos, tomó la palabra.

-Este insignificante betazoide ha osado intentar detener el camino correcto de las cosas. Este ser, casi destruye el sueño que hemos estado intentando conseguir durante todo este tiempo. Para él, todo nuestro esfuerzo no vale la pena.- Xeluz caminaba lentamente, mirando insistentemente a Hayes.- Solamente el egoísmo predomina en esa pequeña cabecita, y ese egoísmo lo ha llevado a cometer el más alto de los crímenes entre los Al Grekôr: la traición. Ha logrado enviar un mensaje a sus superiores, pero ellos están demasiado lejos como para poder ayudarlo. Inocentemente abrió un portal hacia el Cuadrante Alfa, pero lo cerramos antes de que cualquier nave pudiera atravesarlo. Traicionar a Morgouz, señor y gobernador de todo lo existente merece una pena no menor a la muerte.-

Eneas Hayes miraba con furia a Xeluz, mientras intentaba desesperadamente liberarse. Pocos iconianos estaban en el puente, pero la mayoría de los oficiales estaban presentes. El jefe de seguridad no veía escapatoria a ese asunto, pero aún poseía una pizca de esperanza.

-Y como alto criminal que es, deberá recibir el castigo que se merece, que es la ejecución..- Xeluz tomó su phaser y se lo entregó a la capitán Brittany Jefferson.- Capitán, es su derecho terminar con esta escoria.-

Jefferson tomó el arma con cuidado, y con el mismo cuidado la cargó al máximo. El brillo extraño aún estaba en sus ojos, denotando el poder de Morgouz sobre ella. Lentamente y ante los ojos de toda su tripulación, la capitana levantó su rayo phaser y apuntó directamente hacia la frente de Eneas Hayes. El dedo de Brittany Jefferson se acercó al gatillo. En ese momento, miles de imágenes invadieron la mente de Hayes, bombardeado por los recuerdos. El betazoide observó directamente a los ojos de la capitán, su vieja compañera, donde el brillo maligno aún prevalecía, y supo que había llegado su fin.

Octava Parte: El poder de la ambición

Antes de que Eneas Hayes despertara de su desmayo por el disparo phaser, Morgouz observaba la puerta interdimensional con entusiasmo. Ése era su  pasaje hacia el dominio y control de toda la galaxia. En aquella torreta, que desde su salón real en Kalanul y a través de la puerta parecía estar a apenas unos cuantos metros de distancia, en realidad se encontraba muy lejos. Ésa torreta estaba en Gulak Iconia, y almacenaba en sus entrañas a los diez prikmales en su estado natural. Diez elementos originales guardados por milenios y alejados de cualquier actividad útil. Su poder debía ser increíblemente inmenso.

Detrás de Morgouz, Galuz saltaba visiblemente excitado. Movía su garfio de un lado a otro mientras que jugueteaba con su otra mano. Ahora Wolliuz también estaba entre ellos, pues había llegado para informarle al Regente sobre la reciente captura de Eneas Hayes. El asombro y entusiasmo eran visibles en sus ojos amarillentos. Ese planeta nevado y aparentemente sin importancia ni historia era Gulak Iconia, uno de los pilares de su pasado. ¿Cuántas veces había intentado él localizar su posición durante la guerra de Gulas Wanthor y había fallado? Pero ahora estaba finalmente frente a sus ojos. La escena era hasta cómica: Aldouz observaba casi sin importarle lo que sucedía, mientras que los tres Al Grekôr no podían desviar su mirada. La figura enorme de Morgouz predominaba sobre los otros dos, pero Wolliuz era también bastante alto y su mirada ambiciosa causaba escalofríos, mientras Galuz se movía incesantemente. Ninguno parecía decidirse a atravesar el portal.

-Apresúrense, - dijo Aldouz.- el poder que queda para mantener abierta esta puerta no es mucho.-

Si Aldouz hubiera podido ser capaz de ver a través del brillo de prikmal en la frente de Morgouz, lo hubiera visto sonreír con malicia. El tiempo de su dominio se acercaba. Mientras tanto en la Asimov, Eneas Hayes ya había despertado, había sido sometido a un juicio instantáneo y su sentencia estaba a punto de ser cumplida por las manos de la propia capitán Jefferson.

Morgouz avanzó lentamente hacia el Portal. Su enorme y negra mano cruzó la puerta interdimensional y sintió el frío de Gulak Iconia. Un paso más y estaría allí. Sin dudarlo dio ese último paso. En ese mismo instante un terrible dolor invadió su mente, como si algo hubiera estallado en mil pedazos dentro suyo. Desesperado, el Regente de Kalanul retrocedió. Su cuerpo se estremecía con pánico y sus manos se tomaban la cabeza fuertemente. Morgouz gritó con todas sus fuerzas y su grito pudo oírse en todo Kalanul. Aldouz observaba sonriendo como el brillo del prikmal en su frente disminuía.

En la U.S.S. Asimov, Brittany Jefferson estaba a punto de ejecutar a su jefe de seguridad cuando se oyó (o tal vez se sintió en la mente de cada uno de los miembros de la tripulación), el terrible grito de Morgouz. La capitán soltó el arma y se cubrió los oídos llorando, al igual que todos los demás excepto Xeluz. El Al Grekôr, que no entendía lo que sucedía, se quedó visiblemente asombrado. Eneas Hayes, al verse libre de los oficiales que lo retenían y aprovechando el desconcierto de Xeluz, tomó el arma de la capitana y se arrojó hacia un rincón del puente. Xeluz intentó tomar su arma y disparar al betazoide, pero antes de que fuera capaz de hacerlo, el disparo del phaser de Hayes lo fulminó. Viéndose solos y desconcertados, los pocos Al Grekôr que había en la nave desaparecieron dejando atrás el rastro de su transportador personal.

En Kalanul, Wolliuz tampoco entendía lo que sucedía. Al parecer, cuando Morgouz había intentado atravesar la puerta interdimensional con el prikmal incrustado en su frente, se había provocado una reacción en cadena que provocó un colapso en el portal y en el portador del prikmal. Aldouz había conseguido modificar el portal interdimensional para que fuera imposible atravesar un prikmal a través de el. El líder de los Al Grekôr, tan enorme e impetuoso, se revolcaba ahora por el piso, intentando extraer el elemento original de su rostro. El poder del prikmal parecía estar disminuyendo, y también sus efectos. Aldouz, al igual que Hayes (con quien había estado en comunicación durante todo ese tiempo), tampoco perdió su tiempo. Con toda la agilidad posible que le otorgaba su cuerpo de Iconiano, dio un enorme salto y tomó a Galuz del cuello. El capitán Wolliuz, que parecía disfrutar de la imagen de su líder humillándose en el suelo del salón real no cayó en cuenta de lo que hacia Aldouz. Galuz intentaba desesperadamente liberarse, pero  Aldouz era más grande y ágil. Con su otra mano, el Embajador de Iconia tomó el garfio del bufón y con destreza se arrancó el collar que le impedía poder transformarse. De inmediato adoptó su forma no corpórea, era otra vez libre.

Ante el grito de auxilio de Galuz, Wolliuz giró en redondo, pero lo único que fue capaz de ver fue una esfera luminosa rojiza atravesando el salón real. Aldouz  avanzó hacia Morgouz que se revolcaba en el piso. Utilizando su poder, arrancó el prikmal de su frente y escapó de Kalanul. Morgouz ya no iba a ser una amenaza inminente.

De inmediato Wolliuz se transportó junto con Gorgoroth y Galuz a Wenethor la nave insignia de su flotilla Tanthor. No iba a dejar que la Asimov se le escapase del territorio de Kalanul.

Mientras tanto, Eneas Hayes había tomado el mando en el puente de la Asimov. La tripulación estaba empezando a recuperarse, pero todavía debían escapar del sistema de Kalanul. Sin demora, utilizó la última energía guardada en la nave para abrir un portal interdimensional hacia el Cuadrante Alfa. Eneas Hayes comenzaba a sentir poco a poco la individualidad en cada uno de los tripulantes. Era como si despertaran de un sueño. Aldouz, en su estado natural, apareció de repente en el puente.

-Es bueno verlo otra vez embajador. -

-No sabe cuanto he extrañado no tener cuerpo. Debemos escapar de aquí cuanto antes señor Hayes, nosotros dos no somos rival suficiente para la flotilla de Wolliuz.-

Pero ya era demasiado tarde. Justo frente a la Asimov apareció Wenethor, la enorme nave de Wolliuz, que le impedía el paso hacia el portal.

-Ríndase Aldouz,- exclamó Wolliuz a través de la pantalla principal.- Esta vez no hay escapatoria, y usted sabe que tan bueno soy yo para las batallas...-

-Prefiero morir antes que entregar mi nave a ustedes.-exclamó Eneas Hayes con furia.

Mel Varad ya había ocupado su lugar en el timón y a la orden de Hayes hizo que la Asimov girara en redondo. La Wenethor comenzó a disparar contra la nave, pero los escudos resistían.

-Lamento decirle señor Hayes que los escudos no aguantarán mucho.- exclamó Aldouz, haciendo uso del conocimiento que había adquirido en los últimos tiempos. La suerte de la Asimov parecía haber terminado y temblaba a cada golpe de la Wenethor.

-No resistiremos mucho más, la nave esta bastante dañada.-

-Entonces deberemos darle pelea.- exclamó el jefe de seguridad.

La Asimov disparó todo su arsenal a la nave de Wolliuz, poniéndola , y consiguió atravesar el portal interdimensional y llegar al Cuadrante Alfa. La nave de Wolliuz siguió a la Asimov a través del portal hacia el otro extremo de la galaxia. Los disparos continuaban contra la Asimov, provocando cada vez mayores daños. Debido a estos continuos disparos, la nave no pudo mantener abierto el portal interdimensional, que colapsó en un instante. El último portal iconiano había sido cerrado.

Justo cuando parecía ser el final para la Asimov, desde detrás de la Wenethor surgió una gran nave clase Prometheus, seguida de una clase Intrepid y un par de Nebulas que se unieron al fuego, protegiendo a la Asimov de los disparos de Wolliuz. Estaban ahora en territorio de la Federación.  En la pantalla principal de la Asimov apareció el almirante Setlek, llamando desde el U.S.S. Icarus.

-Parecía usted bastante preocupado en su comunicación señor Hayes. Conseguimos sus coordenadas justo a tiempo.- exclamó el vulcano salvador.

Con gran destreza, la U.S.S. Icarus, clase Prometheus, inició el Modo de Ataque Multi Vector, mientras  que la U.S.S. Belerofonte protegía a la Asimov de los disparos. La Prometheus separada en tres módulos y las dos Nebulas disparaban contra la Wenethor desde flancos distintos. Dentro de la nave todo era confusión.

- Capitán Wolliuz, estamos sufriendo muchos daños. No podremos resistir.- exclamó Galuz mientras protegía a Morgouz, casi inconsciente por la reacción del prikmal.

- Ya lo sé. Timonel, sáquenos de aquí lo mas rápido posible.- grito frustrado el rebelde iconiano.

La enorme nave clase Tanthor, incapaz de enfrentar a la agilidad de las naves federales, desapareció en un haz de luz sin dejar rastros. La tecnología iconiana aún era sorprendente.

Más tarde, la tripulación ya se había recuperado del control mental de Gorgoroth, y estaban reunidos en el Agujero Negro escuchando el relato de Aldouz sobre lo que había sucedido. Eneas Hayes estaba sentado en su mesa habitual, saboreando su café humeante replicado (no tan perfecto como el original), y observando cuantos adjetivos exagerados incorporaba el embajador iconiano. Sentía otra vez las mentes de sus compañeros y estaba contento por ello. Hasta estaba feliz de poder percibir las rebuscadas ideas del jefe de ingeniería Blue. Al que no era capaz de percibir, ni nunca había podido hacerlo, era a Aldouz, pero por alguna razón extraña, para Eneas Hayes el embajador ya era de confianza.

-Y con mi incomparable astucia- decía Aldouz – logré modificar el portal para que el sólo hecho de intentar atravesar el portal interdimensional con el prikmal provoque terribles consecuencias. Y aún ahora Morgouz debe estarse lamentando por eso. En un instante recuperé el prikmal robado a mis ancestros por los Al Grekör y lo traje a la nave. Por fortuna, solo la nave Wenethor y sus tripulantes lograron llegar al Cuadrante Alfa, y los portales se han cerrado y no volverán a abrirse. Pero no olvidemos la indispensable participación del señor Hayes, sin cuya ayuda yo nunca...-

El embajador continuó con su cuento, y la Asimov siguió avanzando hacia su próximo destino. Sin pretenderlo, habían logrado obtener un segundo prikmal directamente de la cara de su enemigo. Pero Morgouz, si es que lograba  sobrevivir, junto con sus Al Grekôr no cesarían hasta atrapar a Aldouz y conseguir los diez prikmales. Esta aventura había terminado bien, pero habían ganado un poderoso enemigo en el camino....

Próximo Episodio: La Uss Asimos regresa a la Tierra ,  Eneas Hayes se enfrenta a una dura decisión y la capitán Jefferson comparece ante los almirantes de la Flota.

 

1)      Tubos Jefferies: Conductos que recorren gran parte de las naves e instalaciones de la Flota Estelar. Se llaman así en homenaje al inventor y diseñador de la nave Enterprise para la serie original de Star Trek en los años 60.

2)      la Prometheus es una nave estelar con nada  menos que tres secciones separables, todas ellas fuertemente armadas y con capacidad de curvatura. De esta forma se conseguía que un diseño de parecido tamaño a la clase Intrepid contara con una capacidad de ataque y defensa unas diez veces superior. Tanto la maniobrabilidad como la posibilidad de ejecutar fuego desde distintas posiciones supuso un avance en materia táctica tal que permitía a estas naves enfrentarse a cualquier adversario con posibilidades de victoria. De hecho tanto los bancos de fasers, los lanzatorpedos y los sistemas generadores de escudos provienen de naves tan poderosas como las clase Sovereign, Intrepid o Defiant.