“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.”

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY

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Los Juegos del Destino

Escrito por Marplanauta

Primera Parte: Una Cena Interrumpida

El mar Mediterráneo rugió a los pies de Elina Vek. Tenía poco más de 16 años y su alma estaba embravecida como el mar que tenía delante suyo. Las olas venían una detrás de la otra golpeando contra la costa cubierta de piedras, incansable y eterna. El sol de Marruecos le daba en su espalda escamosa, calentando todo su cuerpo y haciéndola sentir un poco más cerca de su mundo natal. En el horizonte, un pequeño velero luchaba contra el oleaje. Las correntadas lo arrastraban como si fuese hecho de espuma. La pequeña embarcación apenas podía marcar su camino entre las corrientes enfrentadas que se disputaban su dominio. Elina se sentía también en el medio de dos mundos, sin poder elegir su camino. Una mano tierna aferro la suya. Era su madre.

 - Es hora de irnos Eli.- le dijo con una voz suave que apenas superaba el rugido de las olas.

 Elina observó el velero y vio como el navegante con decisión lograba dominar la vela y encarar hacia la orilla. Respiró profundo y encaró a su madre.

 -Yo no voy con ustedes. Me quedaré en la Tierra.-

El estruendo de los fuegos de artificio trajo a Elina otra vez al presente. Habían pasado varios años desde ese momento, pero cada vez que Elina veía el mar le volvían a la mente esos recuerdos. Enfrente suyo estaba ahora el Mar de la Gratitud, uno de los más grandes de todo Bajor. Estaba al borde del balcón de una mansión que debía tener por lo menos 300 años de antigüedad, desde donde podían observarse en todo su esplendor las celebraciones del ingreso de Bajor en la Federación. La Asimov había sido convocada para los festejos y Mel Varad le había pedido que lo acompañase a visitar a su padre. Elina sospechaba que buena parte de ese pedido había sido simple rebeldía, para ver que decía el conservador Vedek Mel Arol sobre llevar a su casa a una Cardassiana. Para Elina no era fácil ir a Bajor, debido a la historia de ambos pueblos, pero siendo coherente con su filosofía despreocupada, decidió arriesgarse. Al fin y al cabo habían pasado más de 10 años desde el fin de la Ocupación y Bajor y Cardassia tenían varios tratados de cooperación. Incluso sus padres habían ayudado a reunir a ambos pueblos cuando estaban vivos.

 La casa de la familia Mel era un palacete en las afueras de la capital de Bajor, rodeado de parques y jardines y bordeando la costa. Según Mel Varad le había contado, durante los años de la Ocupación había sido expropiada y utilizada por uno de los lugartenientes de Gul Dukat como residencia personal. La familia Mel había logrado recuperarla luego de vivir varios años como refugiados. El ala oeste de la enorme mansión parecía haber sido reconstruido recientemente. En los últimos tiempos de la Ocupación los Cardassianos habían adoptado como entretenimiento la costumbre de destruir el legado arquitectónico Bajorano, y por esto el palacete había sido seriamente afectado. Mel Varad estaba parado junto a ella, casi sin salir de su asombro. Finalmente, luego de años de negociaciones, su mundo se unía a la Federación. Ya no sería más un extranjero en la Flota Estelar.

 El espectáculo terminó y Mel Varad llevó a Elina hasta el comedor, donde la cena ya estaba servida. En la cabecera estaba sentado el Vedek, meditando mientras los esperaba. Elina se sentó en su lugar casi sin hacer ruido. En el tiempo que llevaba en la casa apenas se había cruzado con el padre de Varad. Luego de que hubiesen dicho sus oraciones comenzaron a comer. La joven Cardassiana saboreó un poco del estofado y trató de disimular su desagrado. Estaba muy salado, pero no podía dejar que su anfitrión lo notase. Si había algo que definitivamente diferenciaba a Bajoranos y Cardassianos era el arte culinario. La cocina Cardassiana era renombrada en todo el cuadrante por sus sabores definidos y sus aromas envolventes. En cambio, para Elina, la cocina Bajorano dejaba mucho que desear. No sin esfuerzo, masticó otro bocado y bebió un poco mas de agua. Frente a ella, el Vedek Mel Arol se servía un segundo plato.

- La capitana Jefferson realmente parece una oficial respetable.- le comentó el Vedek a su hijo, sentado a su derecha.

 - No solo lo parece, lo es. Su misión es difícil y sabe hacer muy bien su trabajo.- respondió Mel Varad.

 La relación entre Mel Varad y Mel Arol no era muy buena, pero estaba mejorando con el tiempo. Lo mismo sucedía con su relación con Elina Vek. Finalmente había aprendido a valorar a su compañera de cuarto, y era la persona más cercana a él en toda la Asimov. Ante la mirada casi desesperada de Elina, Mel Varad se levantó y fue hacia la cocina, dejándola sola con el imponente Vedek. A Elina no le gustaba quedarse a solas con Mel Arol. Desde que habían llegado de la Asimov solo le había dirigido la palabra para darle los saludos de cortesía. El gran comedor se inundó con silencio, solo interrumpido por el ruido de los fuegos artificiales y de los cubiertos de Mel Arol contra la vajilla. El Vedek se servía una y otra vez, sin prestarle atención. Elina se fijó en sus manos fuertes, y le llamó la atención el hecho de que en su mano izquierda le faltaba el dedo índice. Debía ser otro terrible recuerdo de la Ocupación y prefirió no preguntar. Elina pensó que debía decir algo, no le gustaban los silencios incómodos. Como si estuviese leyendo sus pensamientos, Mel Arol comenzó a hablarle, sin levantar la vista y llenando el comedor con su voz profunda:

 - Tengo entendido que sus padres eran diplomáticos.-

 - Emm si, si. Eran embajadores de Cardassia en la Tierra.- tartamudeó Elina.

 - Según me comentó Varad, ellos negociaron un tratado entre Cardassia y Bajor.-

 - Emm, si, en realidad no fueron solo ellos. El trabajo más arduo fue realizado por Vedek Bareil. Mis padres negociaron con él en la Tierra, pero murieron antes de su firma en el 2371. Luego de la guerra del Dominio, el tratado volvió a estar en vigencia y rige hoy en día entre Bajor y Cardassia.-

 - Conozco la historia querida, más aún la historia reciente. El Tratado de Paz entre nuestros pueblos fue uno de los tantos errores del Gobierno Provisional Bajoriano y de la Administración Winn.- dijo secamente Vedek Mel.

 - Tengo entendido que, hasta que Cardassia se unió al Dominio, el Tratado sirvió de marco para la cooperación mutua y…-

Mel Arol la interrumpió con una fuerte risa.

 - Claro querida, eso es lo que dice Cardassia. Ese Tratado lo único que hizo fue reabrir las puertas de Bajor a los ocupantes. Como si no alcanzase con la Federación, tuvimos que tratar también con Cardassia, los responsables de la muerte de millones de Bajoranos por más de 50 años. Los mismos que invadieron y saquearon nuestro mundo ahora tenían las puertas abiertas para seguir saqueando. Ese tratado fue la institucionalización del colaboracionismo, lo que no es extraño, sabiendo que Vedek Bareil era un conocido colaboracionista durante la Ocupación. Realmente lamentable.-

 Elina Vek se sentía bastante incómoda. El Vedek Mel Arol era el líder de la Orden del Real Camino, una facción xenófoba Bajoranoa que había ido perdiendo poder ante el inminente ingreso de Bajor en la Federación. Sin embargo, Mel Arol no parecía haber perdido sus ideales. Quería a Bajor para los Bajoranos. Elina sentía la mirada punzante de Mel Arol, mientras intentaba encontrar las palabras para responderle. En ese momento, Mel Varad regresó de la cocina y notó el denso ambiente del comedor.

 - Papá, prometiste que ibas a tratarla bien.- dijo mientras se sentaba.

 - Estoy tratándola bien, solo estamos discutiendo política.- respondió el Vedek mientras bebía otro sorbo de vino.

 - No pasa nada Varad, son solo diferencias de opinión.- agregó la joven Cardassiana.

 - En eso tampoco estamos de acuerdo querida.- continuó Mel Arol.- No creo que este bien decir que la Ocupación de Bajor sea una cuestión de opinión. Como tampoco podemos decir que es una cuestión de opinión el hecho de que la expansiva Federación siga ampliando sus tentáculos en su invasivo intento de ocupar todo el Cuadrante. Hoy es un terrible día para Bajor. Hoy es el día en que perdemos nuestra soberanía y se la entregamos a los burócratas de la Tierra.- Mel Varad intentó interrumpirlo, pero su padre siguió con su discurso.- Ellos dicen que nos darán protección y nos asegurarán la autodeterminación, pero no tardará mucho antes de que esto se convierta en una nueva Ocupación. Mi Orden no puede hacer nada en contra de la decisión del Gobierno y el pueblo, pero no lo duden: sus naves cubrirán nuestro cielo, sus tropas invadirán nuestras calles y no tardará mucho tampoco para que sus hombres terminen en esta misma casa, como hicieron antes de ellos los Cardassianos.-

 Apenas terminó de decir eso, un haz de transportador comenzó a materializar un grupo de personas junto a Mel Arol. Los dos jóvenes alférez no entendían lo que estaba sucediendo. Cuatro oficiales de seguridad de la Flota apuntaban directamente al Vedek Mel Arol, como si fuese un criminal. Mel Varad se levantó de un salto y gritó:

 - ¿Qué es todo esto? ¿Qué hacen en nuestra casa?-

 El más alto de los oficiales se acercó y le mostró un padd.

 - Seguridad de la Flota.- dijo casi sin emoción.- Venimos a llevarnos detenido a Mel Arol. Está acusado de complot y terrorismo por el atentado ocurrido hace unas horas en Espacio Profundo Nueve. Debe acompañarnos.-

 Mel Arol no se inmutó. Con toda tranquilidad terminó de masticar su estofado, tomó un sorbo de vino y se puso a disposición de las autoridades. Elina Vek y Mel Varad, parados al borde de la mesa donde el estofado aun humeaba, no creían lo que veían sus ojos. Mientras el haz del transportador cubría al prisionero, Elina podría haber jurado que lo había visto sonreír, como si estuviese feliz de que se hubiese confirmado su elocuente discurso. A través de la ventana, los fuegos artificiales iluminaban el Mar de la Gratitud.

Segunda Parte: Encuentro en la Noche

Elina Vek estaba sentada en una oficina de Seguridad de la Flota. En el ambiente podía sentirse el aroma a nuevo, las paredes estaban recién pintadas, el escritorio que tenía enfrente suyo parecía no haberse utilizado nunca y la alfombra no mostraba ni un signo de desgaste. Era evidente que Seguridad de la Flota se había instalado en esos días en Bajor, tal vez mudándose desde DS9 al planeta. Llevaba ahí poco más de 15 minutos. Luego de que los oficiales se habían llevado a Mel Arol, ella y Varad habían contactado a la Asimov para saber que había sucedido. Al parecer, alguien había atentado contra la vida de la Consejera de DS9. Elina recordó que la consejera Trill era una vieja amiga de Vreel Lexx, y deseó que estuviese bien. Luego de averiguar lo sucedido, la capitán Jefferson les había pedido que se encontrasen con ella en la oficina de Seguridad de la Flota, y hacia allí se habían dirigido. Mel Varad estaba bastante nervioso, pero estaba convencido de que debía haber un error. Su padre no era un hombre violento y por más que la Orden del Real Camino se había vuelto un poco extremista, no creía que pudiesen llegar a tanto. Elina, por su parte, no estaba tan segura. No conocía mucho a Mel Arol, pero no le caía bien en lo absoluto. Había algo siniestro en ese hombre. Sin embargo, eran pocos los Bajorano que lograban superar su racismo hacia los Cardassianos.

 La puerta se abrió y la capitana Jefferson ingresó en la oficina. Estaba acompañada por un hombre de mediana edad pero con incipientes canas en sus sienes. Vestía el uniforme mostaza de la Flota Estelar, con el rango de Comandante. Elina se levantó y ambos oficiales la saludaron cortésmente.

 - Soy el Comandante Godric, estoy a cargo de la investigación.- dijo el hombre mientras se sentaba detrás de su escritorio.

 - ¿Mel Arol esta acusado por este atentado?- preguntó Elina, sin entender del todo la situación.

 - Estamos investigando a la Orden del Real Camino hace tiempo.- continuó el Comandante Godric.- En los últimos meses han ido radicalizándose más, reclutando fieles entre aquellos que no desean que Bajor pase a formar parte de la Federación. Ha pasado de ser una simple Orden religiosa con ideas un poco extremas, a ser una incubadora de terroristas. Y las consecuencias las tenemos hoy en día enfrente nuestro.-

 - Afortunadamente la Alférez Dax esta recuperándose.- continuó la capitana.- Pero debe entender señorita Vek, que es necesario llegar al fondo de este asunto.-

 - El Vedek Mel Arol es la cabeza visible de la Orden del Real Camino, y por eso ha sido detenido para ser interrogado. Sin embargo, no tenemos manera de relacionarlo directamente con este atentado, a pesar de que estamos casi completamente seguros de que es el autor intelectual. Ahí es donde entra usted en juego.- dijo Godric juntando las manos.

 Elina no entendía y estaba poniéndose cada vez más nerviosa. De repente, parecía estar envuelta en una intriga de atentados terroristas e investigaciones. Por un segundo hasta deseó estar todavía comiendo ese horrible estofado en la mansión, sin que hubiese ocurrido nada de todo esto. El comandante continuó:

 - Sabemos que en los últimos días usted estuvo en la mansión Mel. Sabemos también que algunos miembros de la Orden visitaron la mansión y es inevitable que haya habido algún planeamiento de este atentado, y posiblemente también de otros atentados para el futuro cercano. Debemos saber si usted ha visto o escuchado algo que pueda sernos útil...-

 Elina intentó recordar todos los detalles de los últimos dos días. La memoria Cardassiana era sorprendente. Eran capaces de recordar durante años hasta el más mínimo detalle de situaciones que en su momento podrían haber resultado banales. La joven alférez recordó cuando conoció al Vedek, su cara de evidente rechazo, su primera cena, las sabanas limpias en su habitación, la incómoda cena…nada era sospechoso. Por más que quisiera haber visto algo que pudiese servirle al oficial para desenmascarar a Mel Arol, ella no había visto nada. Si en verdad era el autor intelectual del atentado, había sido muy cuidadoso.

 - Lo lamento, no recuerdo nada en particular.- dijo finalmente Elina.

 - ¿Esta completamente segura alférez?- preguntó Jefferson.

 - Absolutamente. El Vedek no salió de su habitación o de su oficina, no vi a nadie más que nosotros tres en la mansión. Nada sospechoso.-

 El Comandante Godric se mordió ligeramente el labio inferior, en señal de intranquilidad. Finalmente, luego de meses, tenía la oportunidad de capturar a Mel Arol y se le estaba esfumando entre las manos. No tenía ninguna prueba firme. Sin decir más, se levantó de su asiento, extendió su mano a la alférez y se despidió cortésmente.

Elina se apoyó contra la pared del edificio de la Flota Estelar en Bajor. Había salido a la calle a tomar un poco de aire, porque toda esta situación la sofocaba. Los edificios a su alrededor eran amplios y adornados con simbología Bajorano. La calle apenas estaba transitada, ya que era bastante tarde en la noche. Cada Bajorano que pasaba enfrente suyo la miraba con extrañeza. No debía ser una imagen muy común ver a un Cardassiano en Bajor, mucho menos a uno con uniforme de la Flota Estelar. Elina se acomodó el cuello, como sintiendo que el uniforme la sofocaba un poco.

 - Debería hacerse ver ese cuello.- dijo una voz a su izquierda.

 Elina se dio vuelta para ver a un Cardassiano parado al lado suyo. Tenía ojos saltones y una sonrisa extraña en su rostro. Se había acercado sin que ella lo hubiese notado, tal vez estaba demasiado preocupada por lo que pasaba. El hombre estaba vestido con ropa de corte Cardassiano que daba la impresión de ser de gran calidad.

 -¿Disculpe?- preguntó Elina, aun sorprendida de ver otro Cardassiano en las calles de Bajor.

 - Digo, debería hacerse ver ese cuello por un buen sastre. Conozco algunos para recomendarle.- el hombre sonrió y bajo su cabeza saludándola.- Mi nombre es Garak. Simplemente Garak.-

 Había algo siniestro pero a la vez cautivador en la mirada de ese hombre. Elina respondió el saludó y miró a su alrededor. No había nadie más en la calle.

 - ¿Lo conozco?- preguntó.

 - No creo. Soy parte de la comitiva Cardassiana invitada a los festejos. Los Bajorano parecen disfrutar demostrarnos a los Cardassianos todo lo que lograron sin nosotros. Mucho más ahora que Cardassia apenas se esta recuperando. ¿Usted es…?-

 - Alférez Elina Vek, de la U.S.S. Asimov.-

 - Ohhh, la famosa alférez Vek.- dijo Garak, esbozando otra sonrisa.- Se cuentan historias sobre usted en Cardassia. La hija pródiga que se unió a la Flota Estelar. No era muy buena propaganda en los años de la Guerra, se lo aseguro.-

 Elina comenzaba a sentirse incómoda. No le gustaba que otros Cardassianos la considerasen una traidora o algo por el estilo. Garak pareció sentir esa incomodidad.

 - No se preocupe alférez Vek. Yo mismo estuve buena parte de mi vida exiliado de Cardassia. Algunos incluso hoy en día me consideran un paria. Por lo menos eso tenemos en común. Nada mejor para dos parias Cardassianas que encontrarse en las calles de Bajor, donde son menos bienvenidos que en cualquier otro lugar de la galaxia-

 - Creo que es hora de volver. Fue un gusto señor Garak.- dijo Elina

 Mientras giraba para reingresar al edificio de la Flota, Garak la tomó fuertemente del brazo y le habló despacio, mirándola fijamente a los ojos.

 - Alférez Vek, fíjese bien con quien se esta juntando. No son buenas amistades. No hablo de la Federación. Ni siquiera de la Flota Estelar o la Asimov, y mucho menos de su amiguito Bajorano. Hablo del Vedek Mel Arol. No querría ayudar a un asesino.-

 - ¿De qué me esta hablando?- la intriga de Elina podía más que sus ganas de golpear al Cardassiano para que la soltase.

 - Yo diría que antes de seguir hablando con Seguridad de la Flota, investigue un poco la relación entre Mel Arol y una vieja sospechosa Maqui llamada T´Clauk.-

Garak soltó el brazo de Elina le entregó un padd donde podía leerse claramente en letras Cardassianas: “Prisionero 303”. Un trasbordador cruzó el cielo nocturno e iluminó por un instante la calle donde ambos Cardassianos se habían encontrado. Elina quiso preguntar qué era eso, pero antes de poder decir nada Garak había desaparecido en la oscuridad del callejón.

Tercera Parte: Una piedra contra el Mar

El sonido de las olas golpeando contra las rocas del Mar de la Gratitud era tranquilizador. Una y otra vez las olas volvían a insistir en su eterna lucha contra el continente, una batalla que era inevitable que ganasen. El agua había cavado profundas cavernas en los acantilados y había ido comiéndose las playas lentamente a lo largo de los milenios. Solo quedaba una pequeña franja de arena entre el mar y la gran capital de Bajor. Las luces de los edificios se reflejaban en las olas y parecían adornarlas. En el horizonte, una de las lunas del planeta comenzaba a aparecer, iluminando la playa donde Elina Vek estaba sentada. Aun tenía un día libre, y no quería volver a la Asimov. Tampoco deseaba estar en la mansión Mel, ahora que todo se había vuelto más complicado. Sabía que también corría un riesgo al estar sola en una playa Bajorano, y había tomado el resguardo de llevar un phaser. Pero en ese momento todo eso no le importaba. La imagen de Garak no podía abandonar su mente…y el nombre de T´Clauk resonaba en sus oídos. Sabía perfectamente quien era. Tenía el padd que Garak le había entregado, pero aun no lo había leído. No estaba segura de querer saber la información que contenía.

 - ¿Puedo sentarme?-

 Elina se sobresaltó. Era la segunda vez en una noche que la sorprendían. Debía estar realmente distraída. Miró hacia su derecha y pudo ver a Mel Varad acomodándose en la arena fría. La luz de la luna remarcaba sus ojos marrones y Elina se sintió de repente un poco más tranquila. Le gustaba estar junto a Mel Varad, tal vez más que estar con cualquier otro amigo…

- Claro que si. ¿Qué pasó?- preguntó Elina, quien se había ido de Seguridad de la Flota sin saber el destino de Mel Arol.

 - Papá esta en la casa de playa. Los oficiales lo dejaron ir y me dijo que quería estar solo. En realidad no sé porque lo capturaron en primer lugar. Solo porque un loco en Espacio Profundo Nueve dijo estar relacionado con él…-

Elina no quería pensar en eso. Las palabras acusatorias de Garak volvieron a sonar en su mente. Había algo que aun no le encajaba en toda esta situación, pero no se sentía cómoda enfrentándolo. Los oficiales de la Flota podrían tener sus sospechas, pero Mel Arol era inocente, por lo menos hasta que se demuestre lo contrario, y ella no iba a hacer nada para cambiar esa situación. Intentó cambiar el tema.

 - Tu planeta es realmente hermoso Varad.-

 - Y aun no conoces lo mejor. Las montañas de Higa son impresionantes. Es una pena que ahora no podamos ir a conocerlas.- dijo el joven decepcionado.

 - No me importa, me gusta mucho más el mar. De alguna forma, me recuerda a mis padres. Toda esta situación ha hecho que los tenga muy presentes en estos días.-

 - En todo este tiempo…nunca me hablaste de tus padres.- murmuró Mel Varad.- Y nunca me animé a preguntar mucho. Sé que…se que están muertos.-

 - Mis padres eran embajadores en la Tierra, en la Embajada Cardassiana en Marruecos. Eran civiles, designados por el Consejo Detepa. Desde la Tierra y con la ayuda de la Federación como intermediaria, negociaron buena parte del tratado Bareil. Pero cuando viajaban hacia aquí a terminar las negociaciones, la nave fue emboscada por raiders Maqui y destruida. Fue algo extraño, porque la nave en que viajaban era un crucero Bajoriano. Los Maqui tenían que conocer la ruta y la nave en que viajaban, y esa era información confidencial. La investigación descubrió eventualmente que una reconocida Vulcana Maqui llamada T´Clauk estaba vinculada con el atentado. Jamás pudieron encontrarla, pero se sospecha que fue asesinada por fuerzas Jem´Haddar, cuando Cardassia erradico a los Maqui de la Zona Desmilitarizada.-

 Elina tomó una pequeña piedra y la lanzó con fuerza hacia el mar, enfocando toda su frustración. Habían pasado muchos años pero ese recuerdo siempre la angustiaba. Cada vez que le volvía a la memoria sus últimos momentos con sus padres, intentaba no pensar en ello. Se había salvado casi por casualidad de morir junto a ellos, y ni siquiera había podido vengar su muerte.

 - Lo siento mucho.- dijo Mel Varad.- Sobre mi padre, quería decirte algo…Nuestros pueblos, tienen su historia.- Varad no era muy elocuente con sus discursos.- Lo que quiero decir es que, siempre van a surgir roces, como la discusión entre ustedes dos. Yo mismo he sido bastante…idiota al tratarte. Por eso, te pido disculpas. No te puedo hacer responsable de algo que haya hecho tu raza, como no puedo yo ser responsable de cualquier cosa que haga mi padre. En fin, la idea es que no quisiera que nada que pase se interponga en nuestra…amistad.-

Elina sonrió, y abrazó fuertemente a su compañero de habitación. Ella había comprendido desde un principio que no debía guiarse por los prejuicios, pero era bueno pensar que había logrado desbancar el prejuicio de Mel contra ella.

 - Bueno Eli, ahora tengo que irme.- agregó el joven Bajorano mientras se levantaba.- No te quedes mucho tiempo aquí afuera.-

 Varad se despidió con su mano y comenzó a caminar otra vez hacia la casa de playa a unos cientos de metros de donde estaban sentados. Mel Arol debía estar ahí, descansando después de un día realmente agotador. A cada paso que daba iba dejando su marca en la arena, reflejando el camino que había dejado al venir. Elina lo observó en la distancia y otra vez volvió a sentir el rugido del mar…

 …y los recuerdos volvieron a invadirla.

Estaba en la plataforma de despegue de la Embajada Cardassiana en la Tierra. A Elina le era extraño ver ahí al crucero Bajorano de mediano tamaño, era un signo de que los tiempos de hostilidades entre Bajoranos y Cardassianos estaban llegando a su fin. Su madre estaba despidiéndose mientras su padre terminaba de cargar todo su equipaje en el crucero. Viajarían hasta el sector Bajorano solo acompañados por su piloto. Elina sintió la mano de su madre recorriendo su pelo y acariciando las escamas de su cuello.

 - Estarás sola aquí hasta que volvamos. Por favor, avisa al cónsul a donde vayas. No dejes la Embajada sin avisar. La Tierra es un planeta seguro y cosmopolita, pero cualquier cosa puede pasar. No olvides que…- como toda madre, tenía mil recomendaciones que hacer antes de dejar sola a su hija.

 - Ya es hora de irnos.- dijo su padre a la distancia con su profundo vozarrón.

 El Embajador Vek se acercó a su hija y la abrazó. El día anterior les había informado que deseaba unirse a la Flota Estelar. La noticia no les había caído del todo bien, pero sabiendo cómo estaban las cosas en Cardassia, tal vez no era tan mala idea. Los militares estaban en el poder desde hacía décadas, y si bien había signos de debilitamiento, no parecían querer dejar el poder en el futuro cercano. Por más que le doliese en lo profundo de su corazón y en su orgullo Cardassiano, Elina tenía buenas razones para quedarse en la Tierra. Además, había vivido buena parte de su vida allí y había asimilado los usos y las costumbres federales. Sería muy difícil que se habituase a las rígidas costumbres de Cardassia. Por algo él había pedido que le asignasen la Embajada de la Tierra. Ya había sufrido lo suficiente cuando le había tocado la supervisión civil de la Ocupación. Incluso, tal vez en el futuro, Elina podría serle útil en la Flota Estelar.

 El Embajador puso su brazo alrededor de su esposa y juntos caminaron por la plataforma hacia el crucero Bajorano. En la distancia, su hija los observó mientras subían a la nave. Cerca de ellos, el piloto Bajorano chequeaba que la nave estuviese en óptimas condiciones para el vuelo, revisando el casco cuidadosamente. Elina lo observó al pasar, casi sin fijarse en él. El Bajorano la miró también con unos ojos oscuros y penetrantes e inclinó la cabeza saludándola. Elina devolvió el saludo, y vio como el hombre revisaba lentamente el casco, dejando al descubierto su mano izquierda, a la cual le faltaba uno de sus dedos…

Elina apretó la arena que tenía en su puño, sin poder creer lo que acababa de recordar. Todos esos años había reprimido ese recuerdo, y ahora todos y cada uno de los detalles le venían a la mente. Ahora comprendía lo que Garak le había dicho, y porque toda esta situación le resultaba tan inconfortable. Mel Arol había estado allí el día que sus padres habían dejado la Tierra. Su memoria no estaba fallando, no tenía ninguna duda: él había sido el piloto del crucero Bajorano que había llevado a sus padres en una ruta hacia su muerte. Ella estaba ayudando al asesino de sus padres.

Cuarta Parte: Lluvia

El padd que tenía entre sus manos y que se había negado a leer, se había transformado ahora en una fuente de evidencias incontrastable. Allí podía leerse la confesión de la Maqui T´Clauk. Al parecer, durante el tiempo en que Cardassia era parte del Dominio, T´Clauk había caído prisionera en las Tierras Baldías. El padd contenía toda la confesión de T´Clauk ante las autoridades judiciales Cardassianas. En el planeta de Elina, cuando un prisionero era sometido a juicio, ya se conocía el resultado de antemano: siempre eran culpables. El sistema judicial Cardassiano nunca se equivocaba, y mediante métodos especiales lograba que sus acusados confesasen sus crímenes. Y allí tenía Elina la confesión:

 Prisionero 303. Sujeto: Vulcano. Sexo: Femenino. Designación: T´Clauk. Crímenes cometidos: terrorismo, asesinato múltiple. Archivo molar: XTRMBZ

 El sujeto ha sido interrogado por 20 horas consecutivas. Recién ahora parece estar dispuesta a confesar sus crímenes. El sujeto no presenta ningún tipo de emoción, algo característico en seres de su raza. Tampoco da muestras de arrepentimiento. La terrorista confiesa ser parte de los autodenominados Maqui, y confiesa haber llevado a cabo múltiples atentados contra intereses Cardassianos en la Zona Desmilitarizada y en nuestro propio territorio. Confiesa haber puesto una bomba en el carguero Bok´Nor, que explotó en Terok Nor. Se archiva esta confesión para su juicio. Confiesa además lo que ya ha sido confirmado por las fuerzas de investigación. El sujeto es responsable del asesinato del Embajador Thilmus Vek y su esposa, en un ataque con naves Maqui cuando el Embajador se dirigía a una conferencia de paz con los Bajorano. El sujeto confiesa también la colaboración de terroristas Bajorianos en este atentado. Dice haber obtenido la información de ruta del Embajador en manos de un tal Mel Arol, quien al parecer ofició de entregador. Se archiva la información para su investigación correspondiente. El sujeto presenta secuelas del interrogatorio. Se interrumpe por el momento hasta nuevas indicaciones.

 Actualización: El sujeto ha fallecido. Se adjunta la confesión como prueba para su juicio post mortem.

 Era tan asombroso el desempeño de las fuerzas Cardassianas en su obtención de información, o debería decirse simplemente en la tortura, que habían logrado que una vulcana dijese todo lo que sabía, sin ocultarse los más mínimos detalles. Al parecer, los Maquis habían recibido la información de que los Embajadores Cardassianos en la Tierra viajarían en un crucero Bajorano casi sin tripulación y sin defensas, y los habían asesinado a sangre fría. A Elina no le quedaban dudas de que había sido Mel Arol el que había dirigido la nave hacia su muerte, los había asesinado y no entendía por qué. Todos estos años había creído que solo los Maqui habían sido responsables, y ahora se enteraba que había habido un complot mucho mayor para asesinar a sus padres. Un complot que involucraba a un alto funcionario religioso Bajorano.

Elina llego a la puerta de la casa de playa de la familia Mel. Una pequeña escalera llevaba desde la playa hasta la puerta, detrás de la cual se veían luces. Pocas veces en su vida había sentido tanta furia como en el momento. Y como si todo el planeta sintiese su dolor, las nubes sobre su cabeza se arremolinaron y un relámpago iluminó el horizonte. La lluvia comenzó a caer sobre la joven alférez Bajorano, que sostenía su phaser con firmeza. En un instante, la playa quedo cubierta con una sabana de gruesa lluvia.

 La puerta de la casa de playa se abrió repentinamente. Era el Vedek Mel Arol. Desde el zaguán observó a Elina, quien ya le apuntaba con su phaser. La cara del Bajorano estaba completamente impasiva, como si nada sucediese. En cambio, el rostro de Elina era puro odio.

 - ¿Viene a llevarme otra vez preso, señorita Vek?- preguntó mientras daba un paso hacia el exterior de la casa de playa.

 - No se acerque ni un centímetro más.- gritó Elina.- Sé quién es usted.-

 - No recuerdo haber ocultado nunca mi identidad.-

 - ¡Sé quien es realmente! Un asesino. Un asesino a sangre fría.- gritó ella, mientras las gotas chorreaban por su rostro.

 El vedek comenzó a reírse a carcajadas, inundando la playa con una risa macabra e invasiva. Elina se sentía realmente indignada.

 - “Y llegará el día en que las ratas acusarán a los cerdos de ser impulcros”.- dijo Mel Arol, con una sonrisa en su rostro.- Deberías leer las escrituras querida.-

 El Vedek bajo un par de escalones y la lluvia lo cubría también por completo, empapando sus vestiduras religiosas. Elina disparó su phaser sobre la cabeza del Vedek, cuidándose de no acertar.

 - No se acerque más y basta de vueltas. Ya sé que usted fue quien llevo a mis padres a su propia muerte. Usted estaba ahí, en la Tierra el día que partieron. Usted piloteó su nave y los dejo a merced de los Maqui.-

 En ese momento, la puerta de la casa de playa volvió a abrirse, y un asombrado Mel Varad salió de la casa. No podía creer lo que estaba oyendo. Frente suyo, la escena era espeluznante. Su propia amiga, a quien el mismo había llevado a su casa de invitada, estaba apuntando a la cabeza de su padre, amenazándolo de muerte. No solo eso, había logrado oír lo que Elina había dicho y no era capaz de comprender del todo la acusación.

 - ¿Qué esta pasando Elina? ¿Qué estás haciendo?-

 - Varad, esto es entre tu padre y yo.- dijo la joven Cardassiana, ciega de furia. - O si lo deseas, ¿porque no le preguntas que hacia piloteando la nave que llevo a mis padres a la muerte? O mejor… ¿Por qué figura en una confesión hecha por una Maqui, como parte esencial del complot para asesinarlos?-

 Mel Varad salió de la casa y la lluvia y la confusión lo rodearon.

- Elina, conozco a mi padre.- dijo acercándose.- Durante muchos años estuve distanciado de él. Siempre pensé que había que tomar un camino más drástico en contra de la Ocupación, y él siempre prefirió la paz. Eso nos mantuvo separados, hasta que finalmente comprendí sus motivos. No siempre se puede estar en pie de guerra…y no todos los Cardassianos son nuestros enemigos. Me enseñaste eso Elina, aunque me costó mucho aprenderlo. No puedo creer que ahora prejuzgues ciegamente a mi padre.-

 El vedek observaba la situación sin decir palabra, mientras su hijo se paraba en la línea de fuego entre él y Elina. La lluvia no les daba tregua y los empapaba, camuflándolos con la humedad del ambiente. Como si la lluvia no fuese suficiente, el rostro de Elina estaba cubierto de lágrimas y sus manos temblaban.

 - No debes sacar conclusiones apresuradas Elina, no debes prejuzgar. Hace apenas unos minutos hablamos de que no íbamos a dejar que la historia de nuestros pueblos ponga en peligro nuestra amistad…Por favor Elina, no cometas una locura. - continuó Varad.

 - No es la historia de Bajor o Cardassia lo que me importa. Es mi historia.- dijo Elina entre sollozos.- Es la historia de mi familia. Mi familia fue destruida sin razón. Mis padres eran inocentes.-

 La joven Cardassiana, visiblemente conmovida, comenzó a bajar su phaser cuando finalmente, Mel Arol intervino.

 - Nadie es inocente en la guerra. Y nuestros pueblos siempre estarán en guerra Elina Vek, hija de Thilmus Vek.- dijo, mientras volvía a ponerse en la línea de fuego.- Y yo tampoco soy inocente.-

 Mel Varad giró sobre sus talones para mirar ahora a su padre. Un segundo antes, hubiese jurado que no era el responsable de la muerte de los padres de Elina, pero algo en el tono de la voz de su padre le había causado escalofríos. De repente, ya no estaba tan seguro si su padre era el pacifista que siempre había creído que era.

 - Hijo, Elina tiene razón.- continuó el vedek.- Yo soy el responsable de la muerte de sus padres. Y no solo eso, también ayude a que asesinasen a dos soldados Cardassianos en el sistema Dulana, y hubiese asesinado a Gul Dukat si hubiese tenido la oportunidad. Soy el responsable de eso y no me arrepiento, porque ninguna de esas personas a quien ayude a asesinar, eran personas inocentes.-

 Elina Vek no sabía cómo reaccionar. Todo en su mundo giraba. Creía que la muerte de sus padres era algo que había superado hacía mucho tiempo, pero allí estaba, enfrentándose cara a cara a su verdugo, apuntándolo con un phaser. Y sin embargo, por más que todo en su cuerpo la llamaba a apretar el gatillo, algo en su interior se lo impedía. Podría ser la culpa, o tal vez sus sentimientos hacia Mel Varad. Pero si bien ella no era capaz de presionar el gatillo, nada le impedía continuar escuchando lo que Mel Arol tenía para decir.

 - Tal vez sea bueno comenzar a exponer las culpas. Tal vez sea bueno sacar la verdad a la luz de una vez por todas. Porque la verdad, como suele decirse, nos hace libres. Y he estado preso demasiados años.- continuó Mel Arol, quien parecía no notar la lluvia cubriéndolo por completo.- Y ustedes dos también han estado presos de la mentira todo este tiempo. Son hijos de la tragedia, y como tal, son parte de ella. Porque yo puedo ser el asesino de sus padres, señorita Vek, pero no fueron blancos al azar. Fueron ajusticiados, por ser responsables de una masacre. Una masacre que también arruinó mi vida. Su padre, Thilmus Vek, no fue siempre un Embajador en la Tierra. Estuvo aquí, en este planeta, y fue el responsable de firmar las órdenes para más de 300 ejecuciones.-

 Mel Varad y Elina Vek no podían creer lo que estaban oyendo, porque ambos sabían bien lo que Mel Arol estaba por decir. La historia de Bajor y Cardassia volvía a atormentarlos de la manera más terrible.

 - Su padre Elina Vek, fue el responsable del asesinato de mi esposa, el responsable de que Mel Varad resultase huérfano.-

 La luz de un relámpago iluminó la playa en ese mismo momento, como si los Profetas hubiesen oído lo que acababa de decirse. Los tres protagonistas de esta historia estaban allí, frente a frente, escupiendo la verdad. Pero no estaban solos. En la oscuridad había alguien más que había escuchado todo, y al terminar Mel Arol su confesión, determinó que había llegado el momento final de la justicia. Un disparo atravesó la sábana de lluvia y dio en su objetivo. El Vedek Mel Arol cayó en la arena empapada. Estaba muerto, pero Elina no había disparado.

 Mel Varad gritó desesperado y abrazó el cuerpo inerte de su padre. La joven Cardassiana se arrodilló y lloró, sin poder moverse, sin entender la situación. La figura oscura escapó a través de la playa. Otra vez estaban solos, los tres protagonistas. Tres vidas cruzadas. Tres víctimas de la historia trágica de dos pueblos.

Quinta Parte: Última Confesión

Había pasado ya un día de lo ocurrido en la playa, y Elina todavía estaba en las oficinas de Seguridad de la Flota. El Comandante Godric estaba a cargo de la investigación, y luego de tomarle declaración, la había eximido de toda culpa. A decir verdad, era muy probable que Godric nunca encontrase al responsable de la muerte de Mel Arol. El Vedek era una figura pública con muchos enemigos, y la lluvia había borrado la mayor parte de los rastros. El arma que se había utilizado para su asesinato era un disruptor klingon, fácilmente obtenible en el mercado negro. Casi no había pistas para seguir. Y a decir verdad, Godric tampoco tenía muchos incentivos para buscar al responsable. La muerte de un extremista como Mel Arol no era algo que lo afectaba mucho en realidad.

 Elina se refregó los ojos mientras veía pasar a los Bajoranos en la puerta del edificio de la Flota. Definitivamente esas oficinas la ponían nerviosa, y otra vez había tenido que salir a tomar aire. Las personas iban y venían, casi sin preocupaciones. Pero Elina apenas les prestaba atención. Finalmente el responsable directo de la muerte de sus padres había sido encontrado, pero el desenlace de la historia había sido dramático. No se sentía bien en lo absoluto.

 - Cada cual recibe lo que se merece.-

 Al escuchar la voz de Garak otra vez, Elina dio un salto. Desde el momento que había visto el cuerpo inerte de Mel Arol, sabía que él había sido el responsable. Pero no le había dicho nada al Comandante Godric…

- Fue usted…- alcanzó a decir Elina.

 - Oh no querida, mis días de verdugo han pasado hace mucho. Solo digo que uno cosecha lo que siembra.-

 - ¿Por qué tanta dedicación por este caso? ¿Por qué me dio esa información?- Elina tenía cientos de preguntas, pero otra vez no estaba segura de querer saber las respuestas.

 - Su padre señorita Vek, fue un hombre honrado. Durante sus años de servicio hizo mucho por la Unión Cardassiana…y por la Orden Obsidiana. Era nuestro principal operativo en la Tierra. Su muerte fue un verdadero golpe.-

 - Mi padre…trabajaba para la Orden…- Elina sentía que su estómago se revolvía.

 Garak observó a la joven y miró su uniforme gris de la Flota Estelar.

 - Es una verdadera pena que ya tengas un buen trabajo…pero quisiera decirte que siempre hay un lugar para un Vek en la Nueva Orden.-

Elina Vek sintió la mirada punzante de Garak sobre ella. Ese hombre representaba en carne y hueso los fantasmas del pasado. Sin decir una palabra giró sobre si y volvió a ingresar en el edificio de la Flota. En ese momento, las insípidas oficinas de la Federación parecían mucho más acogedoras.

En las afueras de la capital de Bajor, buena parte de la tripulación de la Asimov se había reunido para acompañar a Mel Varad en el entierro de su padre. Junto a ellos, toda la Orden del Real Camino se había congregado para despedir a su líder. Todos reunidos, no parecían una fuerza tan amenazadora como el Comandante Godric los había pintado. Solo eran una consecuencia de los tiempos cambiantes en Bajor. Un resquicio del pasado que, ahora sin su líder, no tardaría en desaparecer.

 Mel Varad estaba de pie junto a la capitán, conteniendo sus lágrimas. Por lo menos, había podido estar junto a su padre durante el último tiempo, y había llegado a comprenderlo. Nunca hubiese imaginado que era capaz de hacer lo que había hecho, pero realmente lo comprendía. Acorralado por la injusticia, había decidido actuar por su cuenta. Al fin y al cabo, su padre tenía más valor que lo que Mel Varad siempre había creído. Los monjes comenzaron a cantar el salmo de despedida, y el alférez ya no pudo contener su llanto. Pero al llorar no estaba solo, sintió un abrazo rodeándolo con fuerza. Era Elina Vek, que había estado a su lado todo este tiempo y lloraba también. La suerte había hecho que se juntasen, aunque sin que ellos lo supiesen, la historia ya los había unido antes de conocerse. Bajor y Cardassia podrían estar en conflicto por siempre, pero a pesar de ello, a pesar de que las víctimas directas e indirectas seguían incrementándose, había una luz de esperanza. Un abrazo que parecía demostrar que podían enfrentarse al odio y la tragedia, y construir un nuevo destino juntos.