“A la tripulación de
Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
... y Banca
Escrito por Marplanauta/ Portada: Edgar Rocha
Episodio
Primera Parte: prikmal numero 7
El Profeta se sentó en su enorme sillón, de cara a los cientos de pantallas que mostraban cada rincón del Belvedere. Así, sin necesidad de estar recorriendo su casino, podía controlar todo lo que sucedía. Un chip neural se conectaba en su nuca, y desde allí podía modificar los ángulos de cada cámara robótica, acercándose a cada croupier y a cada apostador que le interesase. Sin embargo, esa noche no estaba de humor como para ponerse a monitorear las salas de apuestas. Había capturado a dos oficiales de la Flota, y tenerlos en su celda no le causaba mucha gracia. El Sindicato de Orión tenia una relación bastante tirante con la Flota, y era mejor mantenerlos alejados. Sin embargo, los dos oficiales se habían entrometido en sus asuntos, así que ellos se la habían buscado. Tal vez su “visita” fuese ventajosa al fin y al cabo. Los Dioses se comunicarían con él para arreglar el traspaso del prikmal y podría conseguir alguna otra ventaja teniendo a estos dos oficiales en su poder.
Desde el primer momento, había sospechado de sus socios. Había sido contactado por un extraño hombre vestido con las mejores ropas del cuadrante, y le habían ofrecido un trato que no podía rechazar. Las auditorias de la Federación en el Belvedere serían evitadas si aceptaba tener una reunión secreta con un grupo de extraños. Había dudado, pero el negociador consiguió evitar las auditorias casi sin esfuerzo, y ante esa muestra de influencias, Bel Veder se sintió intrigado. No le afectaría en nada tener una reunión con estas personas. El primer encuentro fue en B3586, en el cinturón de asteroides Rakeshi. Ninguno de los otros Dioses quería dar la cara, y él tampoco estaba muy interesado en darse a conocer. Lo único que todos sabían era que sus intereses confluían en un punto: los prikmales. Bel Veder había oído hablar de estos objetos, sus informantes en el bajo mundo le habían dicho que los Romulanos y la Federación estaban muy interesados en cualquier información sobre ellos. Y ahí estaba, con un grupo de personas que deseaban ganarle de mano a dos de los mayores imperios del Cuadrante. Sacarle los prikmales a estas dos potencias no sería tarea fácil, pero la recompensa parecía ser invaluable.
Cada uno de los Dioses parecía tener un beneficio diferente en el asunto, y para Bel Veder, la ganancia era evidente. La zona de influencia del Sindicato de Orión, se había ido reduciendo con los años. De ser una gran potencia regional limitando con el Imperio Klingon en el siglo 22 había pasado a ser una mera organización criminal, filtrada por los organismos de Inteligencia de casi todos los gobiernos. Los continuos embates de la Federación para ampliar su territorio a los mundos no alineados minaban la influencia del Sindicato. Los planetas que deseaban unirse a la Federación presionaban a sus fuerzas de seguridad para eliminar la criminalidad, e incluso antiguos paraísos del hampa como Parius parecían convertirse lentamente en planetas ordenados y civilizados. Y en Cristaldi, donde el control conjunto de la Flota y la Alianza Ferengi hacían que las exigencias fueran bastante laxas, también estaban cambiando de aires, con auditorias sorpresivas de la ACF cada seis meses y redadas de la Flota bastante selectivas. Ante ese panorama, el poder darle un golpe a la Federación y ganar el poder completo en los mundos no alineados era una perspectiva mas que interesante para el Profeta.
Y sin embargo, había algo que todavía no terminaba de cerrarle. Si bien sus ganancias podrían ser muy buenas en términos absolutos, las ganancias relativas no lo dejaban dormir. Según su acuerdo con los Dioses, tenía que conseguir un prikmal, aparentemente escondido en su zona de influencia, y así obtendría el control del sector. ¿Pero que ganaban los otros? ¿Qué beneficios obtenían Zeus y Surak de su cooperación? Ahora que Kahless parecía estar fuera de juego, solo había cuatro participantes entre los dioses. Los intereses de los Al Grekôr eran transparentes, pura y simple venganza, pero los otros dos debían tener grandes ganancias si estaban dispuestos a poner en riesgo su posición de poder por ello. Y Bel Veder no estaba seguro de que saldría beneficiado si Surak y Zeus conseguían lo que buscaban.
Mientras pensaba, acariciaba lentamente su tatuaje. Los grandes caracteres Bajoranos que cubrían su pecho y subían hasta su cuello, simbolizaban el duro camino que había recorrido desde las minas de procesamiento de Terok Nor hasta la cima del control del aun poderoso Sindicato. Así nunca olvidaría todo lo que había sufrido y lo que había resignado por ese poder. Y nadie se lo arrebataría de la noche a la mañana. Miraba el reflejo de su imagen en la pantalla cuando vio un resplandor violáceo a sus espaldas. Giró sobre su silla rápidamente, pero la luz parecía haber desaparecido…aunque el Profeta sabía bien de donde venía. Abrió con cuidado el cajón y el terciopelo negro que cubría el prikmal parecía haberse vuelto transparente. Solo la luz violeta se distinguía. Varios de sus hombres habían muerto por conseguir ese prikmal, y ahora estaba por entregarlo. Cuando abrió la caja, la luz por fin liberada lo invadió todo, llenando la habitación. Era una joya hermosa, pero el Profeta no entendía donde radicaba su poder ni porque tantos deseaban obtenerla. La tomó entre sus manos y sintió que era fría como el hielo. Un escalofrío atravesó su cuerpo y su sangre parecía estar congelándose de a poco, como si la frialdad del prikmal lo invadiese. Una sensación de poder lo llenó por completo, y se sintió un verdadero Dios, grande como una montaña, poderoso como una avalancha, omnipresente como un vendaval. Lentamente el prikmal se deslizó entre sus manos y cayó al suelo cubierto por la alfombra. Bel Veder se desplomó sobre su asiento exhausto y observó a su alrededor. Todos los objetos de la oficina estaban revueltos como si un viento huracanado los hubiese arrastrado, los vidrios de las pantallas estaban completamente empañados, como si el aire se hubiese condensado por el calor a su alrededor, mientras en otra esquina parecían crecer estalagmitas de hielo.
Segunda parte: eclipse de sol
La USS Asimov flotaba en el espacio limitado que el cráter de la luna de Cristaldi les ofrecía. El alférez Varad había maniobrado con la nave sin que la Asimov sufriera ni un rasguño y desde allí podrían monitorear lo que sucedía en el planeta sin que el Sindicato de Orión notase su presencia. Las enormes paredes lunares rodeaban la nave, y todas las ventanas parecían selladas por muros de roca infranqueables. Era casi inevitable sentir cierta claustrofobia al mirar hacia fuera desde el Agujero Negro. Tanto tiempo en la libertad del espacio hacia que ese gigantesco cráter lunar pareciese una pequeña jaula.
La capitana Jefferson ingresó en el puente. Estaba nerviosa, pero su rostro, como era costumbre, apenas dejaba entrever sus emociones. Un Vulcano hubiese parecido más emocionado. Tranquilamente se sentó en su silla luego de saludar con un ademán a los Embajadores Mulath, Teelis y Aldouz.
- Reporte.- le dijo a Elina Vek.
- Desde hace dos horas no recibimos ninguna señal proveniente de las insignias del Teniente Comandante Hayes y el Teniente Moss. Es difícil definir que es lo que paso con ellos, porque toda la construcción del Belvedere esta hecha con aleación de tritanio, que altera las lecturas de los sensores.-
La capitana sospechaba lo peor, no era de extrañarse que Bel Veder se hubiese enterado de que sus dos oficiales estaban en su búsqueda.
- ¿Qué paso con nuestros otros oficiales?- preguntó
- El Comandante Lexx se reportó hace 2 minutos. Perdieron de vista a Hayes y Moss por unos minutos y no volvieron a encontrarlos. Continúan buscándolos entre los jugadores.- respondió la Cardassiana.
A Brittany Jefferson nunca le había parecido de fiar el Ferengi Artak, y había decidido enviar a otro grupo de oficiales para darles soporte sin que el Ferengi lo supiera. Por lo menos sabía que no estaba sentada de brazos cruzados esperando que Bel Veder los atrapase. Si no tenían información en una hora más, utilizaría todos sus recursos para buscar a sus oficiales y al posible prikmal.
- Capitán…detecto una firma warp familiar. Una nave esta ingresando al sistema.- dijo Mel Varad.
- En pantalla.-
La capitana observó la pantalla con preocupación ante la imagen que apareció. Desde los circuitos de la Asimov, el Embajador Aldouz apenas pudo pronunciar palabra, mientras la Romulana y el Klingon fruncían el entrecejo. Frente a ellos, una enorme nave de color oscuro cubría, desde su perspectiva, casi todo el continente norte de Cristaldi. Era una nave monumental, formada por cientos de paneles superpuestos que se asemejaban a una serie de escamas de reptil, brillando con colores diversos ante el reflejo solar. La nave tenía la forma de una garra de seis dedos orientada hacia abajo. Seis puntas de tamaños crecientes hacia el centro hacían dar esta impresión. Tendría por lo menos diez veces el tamaño de la Asimov. La capitán tragó saliva ante tal espectáculo, pero no sintió temor. No era la primera vez que se encontraban con esa nave, y otras veces habían salido airosos. Era la Wenethor, la nave de los Al Grekôr, bajo el mando del capitán Wolliuz. El líder de los Iconianos rebeldes, Morgouz Gorgoroth había quedado varado en el Cuadrante Alfa luego de que el último portal Iconiano se había cerrado, y había jurado venganza contra Aldouz y la Asimov. Ahora estaban seguros de que Bel Veder tenía un prikmal en su poder.
Tercera Parte: frente de tormenta
Bel Veder tomó su pequeño vaso con brandy sauriano y lo batió con su mano derecha. Llevaba el prikmal en el bolsillo de su chaleco, y sentía el frío cubriendo su pecho. Suavemente sopló dentro del brandy y la bebida se enfrió hasta adquirir la temperatura justa. Ahora si estaba todo a la perfección. Se sentó en el sillón predilecto de su sala, de cara al horizonte iluminado de la ciudad capital de Cristaldi, e ingresó en el canal secreto. Los Dioses no tardaron en contestar.
- Llega tarde Profeta.- dijo Surak, levantando su ceja Vulcana.
- Estaba ocupado.- respondió Bel Veder, tomando un sorbo de su congelado brandy.
- Hace más de una hora que estamos esperando, si no fuera porque prometió darnos el prikmal…- comenzó a decir Zeus.
- Vayamos paso por paso querida Zeus.- interrumpió El Profeta.- No me gustaría que nuestras relaciones se…congelen.-
- Hemos enviado a los Al Grekôr al sistema. Deberían llegar en cualquier momento.- dijo Zeus, tratando de evitar cualquier comentario de Zeus – Sus órdenes son encontrarse con Morgouz y entregarle el prikmal.-
El Profeta tenía el poder en ese momento, y sabía bastante bien como usarlo. Era el presidente del Sindicato al fin y al cabo…pero sus socios no eran ningunos inocentes.
- No recuerdo que usted tenga la capacidad de darme órdenes a mi, Surak.- el Bajorano comenzó a caminar por la habitación mientras una pequeña cámara holorobótica lo seguía.- La última vez que me fije, yo no era un cadete de la Flota bajo su mando…es más, si mal no recuerdo, sigo siendo el líder del crimen, y ustedes todavía me necesitan.-
- ¿Qué es lo que quiere Profeta? Hable ahora, no queremos juegos.- replicó Zeus, evidentemente enfurecida.
- Visto y considerando que el prikmal es mas poderoso de lo que pensaba, desearía una parte mas suculenta de las ganancias. Digamos, si un prikmal es parte de una decena, sería justo que me correspondiese un 10 % de los beneficios. Un 10% del territorio del cuadrante bajo el poder del Sindicato suena coherente.-
- Usted esta loco, extender ese territorio de influencia implicaría invadir parte del territorio Klingon.- respondió Zeus.
- Exactamente, y dado que Korok ya no es parte de nuestro trato, no veo porque deberíamos considerar los intereses de los Klingon en nuestra negociación. Además, podríamos considerarlo una especie de resarcimiento. Solo pido que el Sindicato de Orión recupere el territorio perdido a manos de los Klingon durante los últimos dos siglos.-
- Supongo que lo que pide es…lógico.- intervino Surak.- El territorio Klingon será repartido entre las fuerzas al fin y al cabo. Cuando todo esto termine, no creo que sean una amenaza a la seguridad del Cuadrante. Podemos llegar a un acuerdo que cumpla con sus requisitos Profeta.-
- Me parece excelente que haya alguien razonable en esta sociedad.- dijo irónicamente el Bajorano.- Después de todo hasta el momento he cumplido con todo lo que me han pedido sin decir ni media palabra nunca, era hora de que viese un poco de ganancias. Nuestra sociedad ha sido en partes exitosa y en partes desastrosa…creo fervientemente que puedo ayudar a que lleguemos todos a buen puerto.- mientras decía esto, la voz del Profeta parecía subir y bajar de tono, acentuando ciertas partes para que los Dioses no pudiesen discernir si los estaba insultando o los estaba halagando.- Solo un detalle más, para terminar. Hasta que no hayamos cumplido con nuestra “misión”, o sea, hasta que todos los prikmales no estén en poder de los Dioses…no dejaré que se lleven el mío.-
Bel Veder terminó de un sorbo lo que quedaba de brandy y cortó la comunicación antes de que Zeus y Surak pudiesen contestar. Había demarcado su territorio y había señalado sus exigencias. Ahora solo restaba demostrar hasta donde era capaz de llegar, y nada mejor que sus prisioneros federales para dar una demostración de poder. Mientras el Bajorano observaba el paisaje, sus ojos se cubrieron por una neblina fría y maligna.
Cuarta Parte: cinco cartas
Blue Moss se sentó en el borde de su silla, mirando desconfiadamente a su alrededor. Había sido mandado a llamar por Bel Veder y ahora estaba en la cima de la torre del Casino, rodeado de lujos, cuando minutos antes había estado en una mazmorra en el más bajo subsuelo del edificio. Frente a él, una pequeña mesa redonda marcaba el territorio de juego clásico. Un mazo de naipes terrestres franceses cerrado ocupaba el centro de la mesa, a la espera de cumplir con el objetivo de su vida lúdica. Mil pensamientos pasaban por la mente del Boliano, recordando las horas pasadas frente a mesas similares, en incontables casinos de todo el Cuadrante. Un año había estado así, perdido en el juego, olvidando un viejo amor…solo para reemplazarlo por un amor nuevo. La puerta se abrió a las espaldas de Blue, y al ver quien ingresaba su corazón le dio un vuelco. Era Helga, vestida como nunca la había visto. La joven Bajorano llevaba un vestido de gala hecho con seda Tholiana, bordado a mano en las cavernas heladas de Andoria. Solo había un par de vestidos como ese, reservados para la más alta alcurnia. Pero para Blue, el vestido no importaba, sus ojos solo podían ver a Helga, hermosa como siempre. Y detrás de ella, cruzando su brazo por la cintura, estaba Bel Veder.
- Veo que ya está cómodo señor Moss, bienvenido a mi hogar.- dijo el presidente del Sindicato.
- ¿A que estamos jugando Bel Veder?- preguntó Moss indignado.
- Todavía a nada amigo mío, todavía a nada… ¿puedo ofrecerle algo para beber?-
Blue lo pensó por un segundo, era probable que el Bajorano quisiera asesinarlo, así que no estaría mal aprovechar una última bebida.
- Quiero un Supernova Helado…batido, no revuelto.-
Bel Veder sonrió ante las exigencias del Boliano. El Supernova era uno de los tragos mas complicados de preparar. Mientras Helga se acomodaba en un sillón en una esquina de la sala, tomó una coctelera sónica y mezcló los ingredientes con cuidado. Una vez mezclados a la frecuencia justa, lo sirvió en un vaso de aluminio transparente y golpeó el borde, provocando una reacción lumínica en cadena a través de todo el cocktail. Era un Supernova perfecto…y no revuelto.
- Ahora que ya estamos bien atendidos, vayamos a lo nuestro señor Moss…- comenzó a decir Bel Veder.- Supongo que ya sabrá que Helga y yo tenemos una “relación” bastante especial. Digamos que es mi juguete favorito.-
Los dos hombres miraron a la pobre chica Dabo, incómoda por la situación que tenía que vivir.
- Algo he sospechado.- respondió Blue
- Bueno, es evidente que aquí hay un conflicto de intereses. Al parecer, ella confía mucho en usted. Incluso fue la primera persona a la que acudió cuando pensó que necesitaba ayuda. Desde aquella misma consola intentó contactarlo desesperada hace un par de noches. Por más que yo quiera, Helga solo tiene corazón para usted Blue.-
El Boliano sintió un sabor amargo en su boca. Después de haber estado juntos durante su año sabático, él la había dejado para volver a su carrera en la Flota. Su relación había tenido idas y vueltas desde ese momento.
- Pero eso no es algo que a mi me deje muy contento.- continuó Bel Veder.- La mujer que yo, el Presidente del Sindicato de Orión, elijo como compañía entre las miles de mujeres que tengo a mi disposición, me traiciona a manos de un…de un…Boliano gordo. No, no voy a permitirlo. Esto solo puede solucionarse de una manera. Es usted contra mí, y el premio es ella.-dijo el Bajorano, enfervorizado.
Blue no entendía mucho lo que sucedía. De ser un prisionero había pasado a ser una especie de rival para este hombre tan poderoso. Y tampoco entendía que era lo que tenia que hacer. Mientras tanto, Bel Veder se sentó a la mesa cubierta de franela verde justo frente a él.
- Son cinco cartas para cada uno, podrá cambiar hasta tres de ellas. Una mano a muerte. Supongo que conoce el póquer.- dijo Bel Veder mientras abría el mazo de cartas que estaba en el centro de la mesa.
- Una mano sola. Si gano, me quedo con Helga y puedo irme de aquí…- susurró Blue tratando de entender las reglas.
- Una mano sola. Se va de aquí con ella. Pero si pierde, ella morirá junto con usted y su amigo.- la frialdad con que el Bajorano dijo esto hizo que Helga y Blue se quedaran sin aliento.- Y no intenten nada extraño. Mis Oriones están observando todo a través de las cámaras robóticas. Un movimiento en falso y son polvo estelar.-
Los naipes se deslizaron a través del aire, cortando la atmósfera tensa que separaba a los rivales. Cinco cartas una tras otra, diez cartas en total, definían el destino de tres personas, su vida o su muerte. Las cartas bailaban por la franela, casi con vida propia, hasta caer a milímetros de los azulados dedos de Blue. El Ingeniero no estaba nervioso, conocía el juego y había jugado muchas veces, aunque nunca la apuesta había sido tan grande. Tomó su primera mano y trató de que ningún gesto se filtrase hacia su rostro. Solo tenía un par de cartas del mismo número, un tres de diamantes y un tres de corazones. Bajo las tres cartas que le sobraban, y Bel Veder solo cambio una de su mano. Los dos hombres se miraban mutuamente a los ojos, tratando de vislumbrar su suerte, pero ambos eran jugadores experimentados y sabían ocultar bien su mano. Blue levantó sus tres cartas nuevas y sonrió ante Bel Veder. Como si no hubiese demasiado en juego, tomó un sorbo del Supernova y le dijo:
- Hagamos esto un poco más interesante. Si yo gano, me quedo con la chica y me voy de aquí caminando, sin que ninguno de sus monos verdes me moleste, eso ya lo sabemos. Pero no quiero solo eso. Salgo de aquí con mi compañero, los tres…y nos llevamos el prikmal con nosotros.-
Bel Veder parecía no creer lo que oía. El muy maldito estaba doblando la apuesta y quería llevarse no solo a su mujer sino también a la fuente de su poder. Pero estaban jugando, y él no era un cobarde que se dejaba amedrentar por un Boliano charlatán. Y tampoco tenía una mala mano.
- Esta bien federacionista. Lo vamos a hacer como te guste. Cualquier cosa es buena para poder ver la expresión de tu rostro cuando pierdas todo.-
Bel Veder se levantó de su silla y caminó hasta su oficina. Al volver, traía consigo la pequeña caja de terciopelo negro y al abrirlo pudieron ver una piedra resplandeciente. Helga los miró y se removió en su sillón. Se sentía un objeto en disputa entre dos hombres, solo un premio, no más que eso. Tenia la certeza de que Bel Veder la consideraba así, pero ver a Blue apostando sobre su vida como si fuera lathinum no le parecía muy reconfortante.
- Es su vida, la de ellos y este prikmal Señor Moss. Muéstreme sus cartas.- dijo el Bajorano acariciando su tatuaje.
Blue soltó las cinco cartas sobre la franela verde de la mesa. El par de tres se había convertido en una pierna de tres, con la ayuda de un tres de diamantes…y había conseguido un par de reinas, formando un full. Bel Veder observó el full y su cara se desfiguró. Una a una fue soltando sus cartas sobre la mesa. Un rey, otro rey, otro rey y un par de 10. El Bajorano había ganado y soltó una carcajada maléfica que podía haberse escuchado desde la celda de Eneas.
- Ahora son completamente míos.- dijo mientras sacaba un disruptor de un bolsillo interno de su chaleco.- Me pregunto si disfrutaré más matando al Boliano mientras la traidora mira, o matándola a ella mientras él mira…-
El hombre apuntaba a cada uno sucesivamente, mientras Blue y Helga no podían hacer más que quedarse esperando su final. La luz de la enorme luna iluminaba el rostro tatuado de Bel Veder a través del ventanal, dándole un aspecto aun más tétrico. Las luces de Cristaldi invadían la habitación en una danza macabra. Blue no podía creer que esos eran sus últimos segundos. La ciudad que le había quitado tanto, ahora le quitaría la vida. Miró a las luces de Cristaldi una vez más y la maldijo…pero vio algo más.
Mientras Bel Veder los apuntaba, un trasbordador apareció en el ventanal del departamento, tapando la luna detrás de él. Era de un color marrón que lo hacia parecer oxidado, y a sus costados dos enormes cañones phaser apuntaban hacia ellos. Sin pensarlo ni un segundo, Blue se arrojó sobre Helga, dando vuelta el sillón donde estaba sentada, mientras una ráfaga de disparos destruía los ventanales de la habitación, llenando todo de vidrio. Los disparos rodearon a Blue y Helga, que intentaron cubrirse. De los dos lados de la habitación salieron tres guardias Oriones gigantescos, disparando sus disruptores hacia el trasbordador. Blue no entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero aprovechando la confusión tomó a Helga de la mano y corrieron hacia el turboascensor, con los disparos silbando a su alrededor. Lo último que vieron antes de que las puertas se cerrasen fue al trasbordador flotando en el aire de Cristaldi, disparando a través de los vidrios rotos del ventanal contra los guardias. Todo el detalle y el lujo de minutos antes eran poco más que escombro.
Quinta Parte: corazón Klingon
La Asimov seguía flotando en el cráter de la luna de Cristaldi, a la espera de lo que sucedía con la Wenethor. Habían estado monitoreando la nave de los Al Grekôr por varias horas, y solo habían detectado un transbordador bajando hacia la superficie. A Brittany Jefferson no le gustaba esperar. Tenia claro que ese transbordador podía haber ido a buscar el prikmal a Cristaldi, y estaba preparada para dar pelea por él. Si sus oficiales no habían podido conseguirlo a tiempo, ella lo haría. Morgouz no se quedaría con un prikmal, de eso no había duda.
- Capitán, el transbordador esta volviendo desde el planeta.- informó Mel Varad.
- ¿Que dicen los sensores?-
- Hay dos formas de vida dentro, muy posiblemente Iconianos. Detecto fluctuaciones de energía…puede ser un prikmal.- agregó Elina.
- Capitán, me gustaría asegurarle algo…pero no hay manera de saber si es un prikmal o no. Ya hemos encontrado señales falsas antes.- intervino Aldouz.- Quiero decir querida que eso puede ser cualquier cosa.-
- No pienso correr el riesgo.- decidió Brittany Jefferson.- Señor Varad, ya tiene sus órdenes.-
El pequeño transbordador Al Grekôr salió de la atmósfera y se preparaba a atracar en la Wenethor cuando la Asimov emergió a máximo impulso del cráter de la luna. Maniobrando desde detrás de la Wenethor, disparó sobre el transbordador y fijo sobre él un rayo tractor antes de que pudiesen hacer nada. La Wenethor comenzó a disparar contra la Asimov, que tenia poca maniobrabilidad por el rayo. Mel Varad apagó el rayo tractor y el trasbordador salió despedido por la inercia. Antes de que pudieran escapar, la Asimov dio un giro esquivando los disparos de la Wenethor, abrió las compuertas de su bahía de carga y atrapó el transbordador Al Grekôr. Teelis y Mulath observaron asombrados el gran desempeño de la nave y en especial de Mel Varad. Había sido una maniobra impecable.
- Quieren comunicarse.- dijo Elina mientras la capitana asentía.
- Capitán Jefferson, volvemos a encontrarnos.- gruñó Morgouz
El gran Iconiano estaba sentado en una especie de trono en el medio del puente, con su bufón a sus pies y el capitán Wolliuz manejando los controles. La marca del prikmal en su frente podía distinguirse con claridad.
- Me parece que tiene algo que es mío.- agregó.
- Esta vez me toco a mi sorprenderlo Morgouz.- dijo la capitana.- Su transbordador tiene señales sospechosas…podría ser un prikmal.-
- ¿Y desde cuando la Federación es dueña de todos los prikmales que puedan encontrarse?- replicó Morgouz
- Desde que tienen el potencial de destruir el Universo…o de darle poder a un megalómano maniático.-
- Me estoy cansando de esto humana. Soy el Regente, no me gustan las vueltas. Déme lo que es mío o sufrirán las consecuencias. Estoy dispuesto a destruir su nave e iniciar un nuevo draknul si es necesario.- Morgouz sonaba realmente furioso, otra vez Jefferson estaba a punto de sacarle un prikmal de entre sus dedos.
- Señor Morgouz…le diría que lo intente si puede. Le devolveremos su nave una vez que haya sido registrada. Al fin y al cabo Cristaldi es jurisdicción federal.-
El capitán Wolliuz de la Wenethor sonrió ante las agallas de la capitana Jefferson. Pocas personas se habían animado a replicarle de esa forma a Morgouz Gorgoroth. Pero la capitana ya se había enfrentado antes a la Wenethor, y la diferencia de tamaño entre las naves no la amedrentaba. La comunicación se cortó bruscamente.
- Señor Varad, alerta roja. A las estaciones de batalla.- ordenó Jefferson.
La Wenethor comenzó a moverse lentamente. Su enorme masa la hacia parecer un elefante enfrentándose a un ratón. Si en el espacio hubiese sonido, se hubiese oído el chirrido del metal de la nave, desplegando sus alas. Desde los lados, la nave fue extendiéndose como un escarabajo abriéndose para volar. Cada una de estas alas tenía una serie de cañones phaser y lanzaderas de torpedos. Eran en total 6 alas diferentes, que le daban a la nave ese aspecto de garra. Si disparaban todas juntas, la Asimov seria golpeada inevitablemente. Las múltiples escamas de la Wenethor se abrieron como un animal con su pelo erizado, preparado para pelear.
- Están dispuestos a todo.- dijo Aldouz.- Las naves clase Thantor son realmente poderosas. Tenga cuidado capitán.-
- Nuestra carga es preciada. Creo que seria mejor llamar a refuerzos federales.- dijo Teelis.
- Los refuerzos llegarán, pero hasta ese momento, aquí solo hay una pareja de baile.-
El Klingon Mulath lanzó una buena risotada, estaba ansioso por un poco de acción. Miró a la capitana y dijo:
- Usted si tiene corazón Klingon. Creo que hoy es un buen día para…-
- …enseñarle a este Iconiano quien manda.- completó Brittany Jefferson.
Sexta Parte: apagado, encendido, apagado
El turboascensor se detuvo en el subsuelo y las puertas se abrieron de par en par. No había nadie en todo el pasillo que llevaba hacia las celdas. Helga y Blue salieron, desconfiando ante la escasez de guardias. Una luz anaranjada titilaba, en el piso, tal vez alguna especie de alerta. Los dos corrieron de la mano a través del pasillo y llegaron a la celda donde Eneas Hayes estaba encerrado.
- Al fin…ya estaba desesperándome.- dijo Eneas al verlos.
- ¿Dónde están los guardias?- preguntó Helga.
- Comenzó a sonar una alerta, se encendieron las luces naranjas y todos salieron corriendo. Parecían bastante nerviosos. ¿Cómo salgo de aquí?-
- Supongo que no habrán tenido la decencia de dejarnos la clave de acceso.- dijo Blue.- Marcos de aleación de tritanium, ventilas autosellables, pared de energía marca 5, si mal no recuerdo. Pan comido.-
Blue se acercó a un panel junto a la celda y lo abrió. Dentro, varios circuitos luminosos se entrecruzaban en una especie de nudo de energía. Cientos de lucecitas se encendían y apagaban, cada una con una función especifica. Había que ser un verdadero genio para entender esos circuitos, pero Moss los leía como si fuese un libro. Murmuraba palabras extrañas y hacia cálculos, mientras Helga y Eneas Hayes lo observaban sin entender lo que hacia. No se oía otro sonido mas que el de la alerta roja, a pesar de que a unos metros cientos de personas gritaban y festejaban en la sala de juegos, y varios pisos mas arriba los Oriones y los Al Grekôr se disparaban mutuamente. Blue desconectó un chip isolinear, enganchó un cable luminoso en otro circuito y de repente la pared de energía comenzó a fluctuar. Se encendía y se apagaba en segundos, sin un patrón especifico.
- Es lo mejor que puedo hacer sin que el sistema me detecte. Vas a tener que saltar.- dijo Blue.
Eneas Hayes le sonrió al Boliano, al menos tenia una oportunidad. Observó la pared de energía fluctuando frente a sus narices. Tres segundos encendida, dos segundos apagada, un segundo encendida, tres segundos apagada, dos segundos encendida, un segundo apagada…y saltó. Casi todo el cuerpo del Betazoide logró atravesar la pared de energía, pero en el último instante antes de que pudiese estar libre, su pierna quedo atrapada. Su reacción instintiva fue sacar la pierna de inmediato, y la energía de la celda fue quemándola mientras la sacaba, dejándola en carne viva y con un dolor inmenso. Estaba libre, pero gravemente herido. Con su mayor esfuerzo contuvo el grito, mordiendo sus dientes, y Helga gritó por él. El dolor era insoportable.
- Debemos sacarte de aquí cuanto antes.- dijo Blue.
- No, tenemos que buscar el prikmal…no podemos…dejarlo en manos del Profeta…- dijo Eneas entre lamentos.
- Esa ya no es tu obligación, debes volver al Paraná.- dijo Blue.
Sin dudarlo, corrió hasta una de las consolas de la celda. Utilizando todos sus conocimientos logró acceder al sistema de comunicación y fijo las coordenadas del señor Hayes en el rayo transportador de su runabout.
- Le ordeno…que no lo haga señor Moss.- dijo Hayes, pero el rayo transportador ya lo envolvía.
- Ahora es tu turno.- le dijo Blue a Helga.
- Yo tampoco quiero irme, no vas a encontrar el camino si no voy contigo.-
- No puedo dejar que corras ese riesgo.- respondió Blue.
- No es tu decisión…es hora de que me cobre todos estos años de abuso.-
Blue vio los ojos de Helga y supo que hablaba en serio. Años trabajando como chica Dabo y sufriendo los acosos de Bel Veder, satisfaciendo todos sus deseos como si fuese un objeto o una meretriz holográfica, habían cultivado un odio contenido, que se había liberado al verse capaz de por fin vengarse.
- Esta bien…vamos.- se resignó el Boliano.
Salieron de la celda otra vez al pasillo iluminado por las luces de la alerta y se detuvieron en seco. Frente a ellos, con el cuerpo visiblemente quemado y magullado, con sus lujosas ropas hechas harapos, estaba Bel Veder.
Séptima Parte: nuevos invitados
La pequeña Asimov maniobraba entre los disparos de la Wenethor, que no lograba acertar. Mel Varad lograba manejar la nave como si fuese un simple runabout. Las series de disparos de la Wenethor, entre las diferentes alas, no eran lo suficientemente rápidos como para contrarrestar la maniobrabilidad de la Asimov. La clase Verne era una de las mejores de la Flota, y en momentos como ese podía notarse. Si bien su armamento era limitado a comparación con otras naves más orientadas hacia la guerra, sabía defenderse muy bien. La Wenethor, al ser mucho más antigua, tenía que fijar sus disparos con cierta antelación, y con los movimientos de la Asimov se lo hacía muy difícil. Sin embargo, el poder de fuego de la nave de los Al Grekôr era tan grande que lograba darle un par de golpes a la pequeña nave Federal.
- Los escudos resisten, pero no se cuanto podremos esquivar estos disparos.-
- Esa nave es demasiado lenta para nosotros…pero no podemos deshabilitarla, tenemos que aguantar.- dijo Jefferson.
- Capitán, recomendaría que salgamos del sistema, tal vez tengamos mejor oportunidad en otro escenario.- opinó Teelis.
- ¡Romulanos! Nunca disfrutan de una buena batalla.- gruñó Mulath.- Lo esta haciendo muy bien Jefferson…para ser humana.-
Apenas dijo esto, la Asimov recibió tres golpes de torpedo en su frente dorsal, reduciendo los escudos considerablemente.
- Las naves de la Federación se aproximan…ETA, 5 minutos.- dijo Elina.
- Es bastante, espero que podamos resistir.-
- Creo que podría hacerlo capitán…- dijo Mulath.- pero como ya sabe, no podemos poner en riesgo a los prikmales.-
Apenas dijo esto, oprimió el comunicador en su brazo izquierdo y pronunció unas órdenes en Klingon. Inmediatamente frente a ellos se materializaron 3 naves del Imperio. Una clase Negh´Var se ubicó frente a la Asimov y dos Aves de Presa se posicionaron a sus costados, defendiéndola. Desde todos los sistemas de armas dispararon contra la mole Al Grekôr, que recibió todos los golpes de frente, sorprendidos por los nuevos contrincantes. Los disparos parecieron abrir una brecha en el casco de la Wenethor, cuyas alas de la izquierda ya no disparaban. Morgouz abrió un canal de comunicación hacia la Asimov:
- Esta vez escapa gracias a la ayuda de los Klingon…pero la próxima no le será tan fácil capitán Jefferson.-
Apenas dijo esto, la Wenethor comenzó a girar y entró en warp, perdiéndose en el horizonte del espacio. La capitana Jefferson se relajó en su silla, pero nadie se percató de la diferencia.
- ¿De donde salieron esas naves Mulath?- increpó la Comandante Teelis.
- Soy miembro del Alto Concilio Klingon y jefe de una de las principales Casas del Imperio… ¿Realmente pensaba que iba a venir a esta nave sin ninguna protección?-
- ¿Esas naves han estado siempre ahí ocultas?- preguntó asombrada la capitán.
- Mi nave insignia, la nueva IKS Lukara, la segunda nave clase Negh´Var es un orgullo para la flota, y las dos Aves de Presa siempre son un buen refuerzo.- dijo Mulath con una sonrisa que mostraba sus dientes afilados.
- La Pretor Donatra no estará muy contenta con esto Mulath.- dijo Teelis
- Dígale que si le molesta, que hable conmigo personalmente.- respondió Mulath.
- Creo que no es momento para disputas entre nosotros.- intervino Aldouz.- Hay algo mas importante de que ocuparse.-
- ¿Qué sucede?- preguntó Jefferson, aliviada al no tener que mediar otra vez entre los Embajadores.
- Mientras toda esta linda batalla se llevaba a cabo, baje hasta la bahía de carga.- dijo el Iconiano, a quien poco le costaba atravesar la nave en segundos.- Ese transbordador no lleva ningún prikmal, solo un estuche de terciopelo vacío.-
Octava Parte: el premio mayor
Bel Veder escupió al piso y dejo una horrible mancha de sangre. Apenas podía mantenerse en pie. Blue se acercó hasta el Bajorano y lo ayudó a sentarse en el piso del pasillo. Helga en cambio prefirió mantenerse a una distancia segura.
- Malditos…son unos malditos.- atinó a decir muy malherido.- Envidian mi poder.-
- ¿Qué paso Bel Veder? ¿Quiénes dispararon?- preguntó Blue
- Son…los Dioses. Quieren los…prikmales. Pero no los conseguirán. Me han traicionado y no perdono…la traición.- el Bajorano tosió sangre otra vez y mancho el uniforme de Blue.
- ¿Qué hacemos ahora? Ya tienen el prikmal en su poder.-
Bel Veder movió su mano y la metió en el bolsillo interno de lo que quedaba de su chaleco. Con esfuerzo tomó su contenido y se lo mostró a Blue. Era el séptimo prikmal, envuelto en su halo violeta.
- No se lo llevarán tan…fácilmente. Yo podré morir, pero ellos no conseguirán salirse con la suya a mis expensas. Ahora…el prikmal se lo lleva la Federación. No es tan fácil ganarle…al presidente del Sindicato.-
Blue tomó el prikmal y sintió el frío en sus manos. No quiso dejarse llevar y lo guardó en su bolsillo de ingeniero.
- Escucho disparos. ¿Qué pasa?- preguntó Helga.
- Mis Oriones están combatiendo a algunos Al Grekôr…vienen hacia aquí. Hay que escapar.- dijo Bel Veder.
Apenas dijo esto, un disparo de phaser rozó el hombro de Blue. Detrás de ellos tres enormes Iconianos avanzaban por el pasillo.
- Al fondo…a la izquierda…saldrán al salón del casino. Yo me quedo aquí, sabrán como combate un Bajorano.-
Helga y Blue le hicieron caso y huyeron de allí, inesperadamente ayudados por quien había intentado matarlos poco tiempo antes. Mientras atravesaban la puerta hacia la sala de apuestas, sintieron los disparos de phaser y los últimos gritos del Presidente del Sindicato de Orión.
Blue Moss tenía el uniforme manchado con sangre, estaba sucio, transpirado y nervioso, pero nadie parecía darse cuenta en la sala del casino. A su lado, la hermosa Helga seguía despampanante con su vestido de seda Tholiana. La tomó de la mano e intentaron perderse entre la multitud, pero los Al Grekôr no tardaron en salir de los pasillos internos del Belvedere. Atropellándose a los incautos jugadores, la pareja continuó avanzando entre mesas de Dabo y tragalingotes de lathinum, pero los Iconianos sobrepasaban en altura a la mayoría y en cualquier momento los encontrarían. Blue tomo a Helga y la escondió bajo una mesa de Dabo, donde una compañera disimuló su presencia. Mientras tanto, Blue se apoyó junto a un tragalingotes y abrió uno de sus paneles. Otra vez sus conocimientos de Ingeniería se ponían a prueba. Sabía que no podría pelear contra esos Al Grekôr, él no era un hombre de acción, así que debería evitar a toda costa que se acercasen. Con rapidez localizó los circuitos de control interno del Casino y entrecruzó los cables. Si recordaba bien su tiempo en Cristaldi, el cruzar esos cables podría salvarlos.
Blue se levantó y vio que a menos de 15 metros uno de los Al Grekôr lo había detectado. Con sus dientes a la vista, el enorme Iconiano avanzaba hacia él cuando de repente un pakled se cruzó en su camino. Estaba festejando descontrolado porque el tragalathinum le estaba dando el premio mayor. El Al Grekôr lo corrió del medio, pero otro jugador se le interpuso. Una a una todas las máquinas comenzaron a escupir barras de lathinum descontroladamente. Los jugadores se desesperaron intentando atrapar el dinero que salía de las máquinas, sin importar a quien aplastaban en el camino. El Al Grekôr intentó evitar la marea de personas, pero era imposible. El caos invadió toda la sala y los gritos de alegría se fundieron con las campanas de las maquinas y el ruido de barras de lathinum entrechocándose, mientras Blue y Helga escapaban a salvo hacia el mundo exterior.
Novena Parte: flores y bombones
El Teniente Blue Moss estaba parado en la sala de conferencias de la Asimov. Frente a él estaba la capitana Jefferson, y los tres Embajadores, junto con Vreel Lexx y Eneas Hayes. Ya había pasado mas de una hora informándoles sobre lo que había sucedido en Cristaldi. Afortunadamente habían logrado salir con vida del Belvedere y habían llegado al Paraná, donde Eneas Hayes estaba siendo atendido por Vreel Lexx y el otro equipo que había bajado a Cristaldi. Una vez en el runabout todo había sido más fácil.
- Señor Moss, lo que usted ha hecho merece una medalla.- dijo la capitana Jefferson.- Y me ocuparé de que la reciba.-
Blue se sentía orgulloso, era la primera vez que la capitán lo trataba con tanto respeto.
- Es verdad, es usted un guerrero honorable…debe ser el único de color azul.- dijo Mulath entre carcajadas.
- Gracias a usted, estamos un paso más cerca de nuestro objetivo. Iconia y el universo lo saludan.- agregó Aldouz.
- Y yo le debo la vida.- concluyó Eneas Hayes.
Blue agradeció a todos por tantas atenciones. No entendía mucho, al fin y al cabo solo había hecho su trabajo. Un poco de astucia y un poco de conocimiento mecánico, las principales características de todo buen ingeniero. Pero en realidad poco le importaban toda esta burocracia. Blue solo quería volver a su habitación, donde Helga lo estaba esperando. Una vez concluidas las formalidades, Blue salió del salón y caminó apresurado por los pasillos de la Asimov. Quería decirle a Helga que esta vez tenía que quedarse en la Asimov. La vida en la nave podía ser peligrosa, pero nunca más peligrosa que volver a Cristaldi, más ahora que Bel Veder estaba muerto. Es más, estaba incluso pensando proponerle formar una familia juntos, al fin y al cabo ella había estado con él en sus peores momentos y siempre lo había apoyado. Pasó por el Agujero Negro y replicó un ramo de flores y una caja de bombones de chocolate tarkassian, así la sorprendería.
El Ingeniero llegó a su habitación y abrió la puerta, esperando encontrar a su enamorada…pero no había nadie. Las luces estaban apagadas y el brillo de las estrellas le daba un aire mortecino. Blue entró y prendió las luces. Buscó a Helga en el otro cuarto pero tampoco había nadie.
- Computadora, ¿Dónde esta Helga?- preguntó inocentemente.
- La señorita Helga no esta en la nave.-
- ¿Cómo? ¿Qué paso?-
- Ha dejado la nave a las 1400 horas.-
Blue dejo caer las flores al piso y recién ahí notó un padd sobre la mesa. Lo tomó casi sin querer leerlo. Era de ella.
“Amor: No puedo seguir aquí. Tu vida esta encaminada y yo solo puedo traerte más confusión y más problemas. Sería solo un recuerdo de una vida que ya no tienes, de un hombre que ya no quieres ser. Te amo con locura, pero no soy suficiente mujer para darte todo lo que te mereces. Tal vez algún día volvamos a vernos.”
Blue se desplomó en una silla, pisando sin querer las flores que había replicado. Otra vez se quedaba sin la mujer que quería. Tal vez no era el mejor ejemplo de mujer, pero él la amaba así como era, con sus errores y sus pecados. Lo peor de todo era que cuando ella había querido compartir su vida con él la había rechazado y ahora parecía que nunca podría volver a tenerla. Abrió la caja de bombones y comenzó a comerlos solo, uno por uno. Podía ser un héroe, pero igualmente tenia el corazón roto.