“A la tripulación de
Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
Punto...
Escrito por Marplanauta/ Portada: Edgar Rocha
Primera Parte: un vaso de infusión de Dahkur
La joven Bajorana despertó entre las sabanas de seda Tholiana que cubrían su cuerpo desnudo. Con cansancio refregó sus ojos, habrían pasado unas 3 horas desde que se había quedado dormida. Miró a través de la ventana y se maravilló por el paisaje. Estaba en el último piso de la torre Belvedere, y desde allí podía verse todo el centro de Cristaldi. Los anuncios luminosos de los casinos se superponían, moviéndose al ritmo de sus anunciantes holográficos y creando una mezcla extraña de colores. Cientos de enormes edificios se erigían a los pies de ella, a través del gigantesco ventanal que rodeaba toda la habitación. La torre Belvedere era la mas alta en todo el Planeta Casino, y los transbordadores de los jugadores compulsivos corrían para un lado y para el otro a velocidades asombrosas. Era una escena impresionante.
Con cuidado tomó una de las batas junto a la cama y cubrió su escultural cuerpo. A pesar de que allí afuera millones de personas apostaban su lathinum, ella estaba completamente sola en la habitación. Su compañero de cama parecía haberla dejado abandonada luego de satisfacer sus deseos. Ella no solía ofrecer ese tipo de “servicios”, pero si él lo pedía, no podía negarse. Se sentía horrible cada vez que lo hacia, pero por ahora no tenia otra opción mas que mantenerse en su trabajo. Ser una chica Dabo tenía sus costos.
Con sus pies desnudos pisando la alfombra, descendió por una escalera en caracol al nivel inferior. Casi no había paredes en todo el departamento, solo gruesos ventanales desde el suelo hasta el techo. Era un piso enorme, decorado con un minimalismo y una atención al detalle de gran calidad. Cada accesorio debía costar cientos de barras de lathinum. Caminó lentamente hasta el replicador. No era la primera vez que tenía que “atender” a su jefe, así que sabia bien donde estaba cada cosa. Mientras caminaba observó los cuadros antiguos que colgaban de las paredes. Desde Andoria hasta Qo´NoS, toda la cultura del cuadrante parecía estar representada. Un enorme trasbordador Rigeliano pasó cerca del ventanal e iluminó toda la sala, transformando el color de todas las cosas. La joven Bajorana ordenó un vaso de infusión de Dahkur y estaba por volver a la cama cuando escuchó un sonido proveniente de la oficina de su jefe. Era muy tarde, pero era probable que estuviese trabajando. Los horarios del casino no eran los mismos que los de cualquier otro trabajo.
Con sigilo se acercó hacia la puerta, le causaba mucha curiosidad ver lo que hacia su jefe cuando nadie lo observaba. La puerta de la oficina no se había cerrado, así que podía verlo claramente. Estaba de espaldas frente a las enormes pantallas que mostraban todo lo que ocurría en el Casino. Pero una de las pantallas era diferente. Estaba dividida en dos partes, donde había unas siluetas que ella no pudo distinguir claramente.
- Las cosas no están saliendo como lo esperábamos.- dijo una de las siluetas.- Ya ha pasado mucho tiempo desde su fecha límite.-
- Surak tiene razón, no podemos esperarlo mas Profeta.- esta vez era una voz femenina.
- Ha pasado un poco de tiempo, pero yo tampoco he visto ninguna ganancia. Las promesas suyas parecen cada vez más…imposibles de cumplir. No estoy seguro de que este trato me convenga.- respondió el hombre en su habitación.
- Su identidad esta a salvo Profeta.- continuó Surak.- Tuvimos que deshacernos de Korok y de Zek´Kinar por su propia ineptitud. Usted nos ha sido muy útil hasta ahora. No nos conviene que se salga de la sociedad ahora…y mucho menos le conviene a usted. Estamos cerca de conseguir lo que buscamos. Pero debe cumplir con su parte.-
- Solo por curiosidad… ¿recuerdan cuales son mis exigencias?- preguntó El Profeta
- Por supuesto, apenas tengamos los prikmales, usted podrá controlar todo el sector a su gusto. Los planetas no alineados no nos interesan.- respondió la mujer.
- Está bien, entonces tengo que informarles algo. Mis hombres han terminado su exploración en el cinturón de Lema. Parece que obtuvieron lo que buscábamos.-
- Necesitamos pruebas. - pidió Surak.
- Sabia que iba a decir eso.- respondió El Profeta.
Con cuidado, el hombre abrió un cajón de su escritorio y sacó una caja cubierta con terciopelo negro. Ante la pantalla, El profeta abrió la caja y una luz violácea invadió la sala. Los dos interlocutores parecían absortos ante lo que les estaban mostrando. Pero de repente, algo los sacó de su asombro. Era el ruido de un vaso estrellándose contra el suelo.
El Profeta cortó la comunicación y salió de su oficina, pisando los restos de vidrio e infusión de Dahkur. La diferencia de luz con la oscuridad de la sala lo dejó momentáneamente encandilado. Apenas podía distinguir lo que había delante de él. Otro carguero Rigeliano cruzó el ventanal e iluminó la sala, dejando a la joven Bajorana al descubierto. Estaba desesperada junto a una computadora, oprimiendo botones sin cesar.
-¡Oh por los profetas! ¡NO!- gritó la joven.
El Profeta se abalanzó sobre ella, la tomó del brazo y la arrojó a varios metros.
- No recuerdo que espiar fuese parte de tu trabajo. Ahora sabrás que no conviene meterse en los asuntos del presidente del Sindicato de Orión.-
Segunda Parte: Artak
La pequeña nave volaba tranquilamente a través del espacio, flotando por la intersección de las fuerzas de gravedad de los dos soles del sistema Elutian. Avanzaba despacio pero perseverantemente hacia su destino. A unos cuantos miles de kilómetros se erguía brillante la U.S.S. Asimov, clase Verne. El enorme platillo de la nave de la Federación parecía estar a punto de engullirse el pequeño trasbordador civil.
Un chirrido invadió la tranquilidad de la cabina del trasbordador. Dentro, un Ferengi se arrastraba intentando alcanzar la consola. Uno de sus brazos estaba herido, y parecía no haber comido ni bebido en días. Con esfuerzo alcanzó la consola y oprimió el botón de comunicación…estaba a salvo.
- Nave no identificada, esta es la U.S.S. Asimov, de la Federación. Al parecer su soporte de vida apenas esta funcionando, ¿podemos ayudarle en algo?-
- Necesito…a…Moss-
Esas fueron las últimas palabras del Ferengi antes de desvanecerse.
El Doctor Castillo inyectó su hipospray sobre el Ferengi mal herido, que despertó sobresaltado. Su brazo ya se estaba curando, y había sido alimentado correctamente. Frente a él, observándolo con atención, estaba la capitana Jefferson y el Ingeniero Blue Moss.
- Por fin despierta.- dijo la capitana.- Ha estado en la Enfermería por 7 horas.-
- Moss… ¿es usted Blue Moss?- dijo desesperado el Ferengi.
- Si, la última vez que chequee ese era mi nombre.- respondió aun asombrado el Boliano.- ¿Quién es usted?-
- Mi nombre es Artak, soy croupier en el Bevedere. He oído hablar maravillas de usted.-
- ¿Qué es lo que pasó? ¿Por qué me buscaba con tanta insistencia?- preguntó el ingeniero desconcertado.
El Ferengi tosió un poco antes de continuar. Se golpeó un poco la cabeza y examinó su oído derecho, con sumo cuidado. Lentamente comenzó a sacar un chip isolinear de unos 5 centímetros y se lo entregó al Boliado, quien lo tomó con un poco de asco.
- Es un mensaje de Helga para usted. Esta en serios problemas.-
Blue Moss estaba parado, nervioso, ante el escritorio del capitán Jefferson. Junto a ella estaban el Embajador Aldouz, el Consejero Mulath, y la Comandante Teelis. El mensaje de su ex novia Helga era corto y bastante shockeante. La joven Bajorana parecía estar escondida, susurrando de frente a la pantalla.
- No tengo tiempo, mi vida corre peligro…por favor, contacta a Blue Moss de la USS Asimov, el sabrá que hacer con esto…Blue, mi jefe tiene uno de esos artefactos de los que me hablaste…creo que es un prikmal. No se que es lo que puede llegar a suceder… ¡Oh por los profetas! ¡NO!.- y el mensaje se cortaba abruptamente.
La capitán Jefferson oprimió un botón en su computadora y miró a su ingeniero.
- ¿Usted supone que hay un prikmal en todo esto?- preguntó.
- No lo se, pero es bastante sospechoso. Artak me dijo que recibió este mensaje encriptado en su computadora personal en el medio de la noche. Tuvo que cobrar varios favores para salir de Cristaldi y traérmelo, y como pudieron ver casi no lo logra. La nave en la que viajaba fue atacada y el soporte de vida apenas funcionaba cuando lo encontramos.-
- ¿Quién es el jefe de esta señorita?- preguntó Mulath
- Helga trabaja en el mayor casino de todo Cristaldi, el Casino Belvedere. Su jefe es Bel Veder, un Bajorana muy temido en el bajo mundo. Entre los rumores que circulan en Cristaldi, se dice que mató a su propio padre para asumir el control del Imperio Belvedere, y se supone que tiene algo que ver con el Sindicato de Orión. Nada sucede en Cristaldi sin que él se entere, y no hay nada que tenga que ver con lo ilegal, donde él no este entrometido. Es famoso en varios sectores a la redonda, es una leyenda del crimen. Incluso se dice que…- antes de que continuase, Teelis lo interrumpió.
- A ver si entiendo bien… ¿quiere que nos mezclemos con alguien de esa calaña, por un video de mala calidad proveniente de una prostituta?- preguntó la Comandante Romulana Teelis, arqueando la ceja.
El Boliano miró a la Embajadora Romulana con su mejor cara de póquer, tratando de no demostrar lo que realmente estaba pensando.
- Em…quisiera decir algo a favor del señor Moss.- interrumpió Aldouz.- La comunicación con esta joven Bajorana puede no parecerles confiable, pero tengo dos cosas que aclarar. Si existe aunque sea la más mínima sospecha de que este señor puede tener en su poder un prikmal, no podemos ser tan irresponsables como para dejarlo pasar. Los prikmales son algo muy delicado que no puede caer en las manos equivocadas.-
- Estoy de acuerdo. Además, no seria honorable dejar a esta pobre mujer sola.- agregó Mulath.
- Esta bien, será mejor que investiguemos esto.- dijo decidida la capitana- Pero si este hombre es tan influyente como usted dice señor Moss, no nos conviene entrar en el sistema con la Asimov. Tendremos que usar el nuevo runabout, el Paraná. Y no quiero que vaya solo. La última vez que estuvimos en Cristaldi lo acompañó el señor Hayes, será mejor que él vaya con usted.-
- Muchas gracias capitán, espero no defraudarla.-
- Yo también.- respondió la comandante Teelis mientras miraba al Boliano con su peor mirada de Romulana.
Tercera Parte: de vuelta entre el vicio
La USS Paraná giró en la órbita del planeta Cristaldi sin problemas. Miles de naves circulaban por el sistema. Cargueros llenos de apostadores turistas en busca de unos días de relax y, si era posible, un poco de ganancia; buscavidas persiguiendo la fortuna esquiva; apostadores compulsivos atraídos a Cristaldi como un hierro al imán…y por supuesto embaucadores de todos los tamaños y colores. La nave descendió y los avisos publicitarios la rodearon. Una vez que habían atravesado la atmósfera ingresaron en la jungla de cemento de la ciudad capital de Cristaldi. Los edificios parecían surgir de la nada y cada uno aparentaba ser mucho más alto que el anterior. El runabout navegó entre los edificios iluminados de todos los colores y llegó a la enorme playa de estacionamiento del Belvedere, un claro entre los enormes árboles de hierro y cemento.
Eneas Hayes escrutó los alrededores, desconfiando de todo lo que veía. La última vez que habían estado ahí, casi habían sido asesinados por un Nausicaan, y había sido aturdido por una chica Dabo. Esta vez esperaba tener un poco más de suerte, al fin y al cabo eso era lo que todos iban a buscar allí. Artak caminó semi oculto hacia la cabina de transportación punto a punto. Había salido del planeta a escondidas, y su regreso no podía ser de otra manera. Blue Moss los seguía de cerca, observando la enorme Torre Cristaldi. Helga estaba ahí dentro y tenía que encontrarla. Su vida estaba en juego.
Los tres hombres ingresaron en la sala y nadie les prestó la más mínima atención. Todos estaban absortos en su juego, y el ruido y la música parecían llenar el ambiente. Eneas sentía miles de mentes, pero un pensamiento abundaba: “quiero ganar más”. Los oficiales siguieron al croupier Ferengi hasta una puerta de servicio, junto a la cuál un gran cartel rezaba en 5 idiomas que estaba prohibido el paso a cualquier persona ajena al personal. Artak sacó una tarjeta que proyectó una llave holográfica y abrió la puerta de servicio. Ya estaban adentro.
Blue Moss sintió un escalofrío correr por su espalda. Menos de un año antes habían estado en un lugar muy similar, mientras investigaban el asesinato del Ferengi Digón. Las paredes estaban cubiertas de duranium, y sabía que Hayes no podría usar sus poderes de empatía. Una vez detrás de las paredes del Casino, el silencio era casi absoluto. El contraste de los pasillos internos, silenciosos y vacíos, con el gran salón lleno de gente ruidosa era impresionante. Los pasos de los tres hombres resonaban en todo el lugar, como anunciándolos a todos.
- Ya estamos cerca. Si seguimos por aquí llegaremos al ascensor de servicio.- dijo Artak mientras avanzaba varios metros por delante de ellos.
Hayes y Moss le seguían el paso, pero los pasillos daban varias vueltas, y les costaba mantenerse al ritmo del ágil Ferengi. Recorrieron varios metros hasta que la velocidad del Ferengi casi los obligaba a correr. Algo no andaba bien. Artak iba demasiado rápido, como queriéndose escapar…y en todo ese tiempo no se habían cruzado ni con una persona. Los dos oficiales giraron en una curva y se detuvieron en seco. Frente a ellos había una pared de enormes soldados de Orión. Los musculosos cuerpos verdes de los Oriones apenas permitían ver al pequeño Ferengi ocultándose detrás de ellos, sonriendo.
Cuarta Parte: Bel Veder
Eneas Hayes maldijo al cielo. Él sabia que algo andaba mal desde el mismo momento en que la capitana le había informado sobre la situación. Sabía muy bien quien era Bel Veder, y si estaba involucrado en esto no era posible engañarlo. No podía leer la mente de los Ferengis, pero debería haber investigado un poco más a Artak. Al fin y al cabo, dependían de él para entrar en la fortaleza del líder del crimen de todo el sector. Y había fallado. Volvió a maldecir al cielo, pero esta vez también se maldijo a si mismo.
Blue recorrió con la mirada la pequeña celda donde estaban encerrados. Marcos de aleación de tritanium, ventilas autosellables, pared de energía marca 5. Una verdadera obra de arte en seguridad. Fuera de la celda, un Orión cuidaba la puerta de salida, armado con un rifle de pulso. Les sería casi imposible escapar de allí. Casi.
De repente, la puerta se abrió y el enorme guardia saludo con un gesto respetuoso al hombre que entró. Era un Bajorana de mediana edad. Estaba vestido muy formalmente, con ropa muy elegante. El aro que colgaba de su oreja tenía varios brillantes que reflejaban la luz de la celda. Y había algo mas que lo identificaba. Un tatuaje parecía subir desde sus hombros por todo su cuello hasta el nacimiento de su mejilla derecha. Las líneas azuladas formaban un extraño dibujo, tal vez una inscripción en Bajorana antiguo. El hombre se acercó hasta unos centímetros de la pared de energía. Sus ojos brillaban con una suspicacia evidente.
- Buenas noches señores. Permítanme presentarme. Soy Bel Veder…su anfitrión.- dijo abriendo sus brazos de par en par.- Bienvenidos a mi Casino.-
- Muchas gracias señor, creo que hay un error…-comenzó a decir Moss.- Nosotros solo vinimos a apostar, desde muy lejos, usted sabe lo lejos que esta Bolarus de aquí. El Ferengi nos trajo prometiéndonos una mesa de Dabo para apostadores de grandes sumas, pero todo lo que encontramos fueron estos grandes hombres verdes que no parecen tener muchas ganas de jugar y…-
- Silencio señor Moss…se muy bien quien es usted. Se muy bien también a quien vino a buscar. No se preocupe, ella esta siendo muy bien cuidada.- la cara de Bel Veder se había transformado de la de un anfitrión amable a un monstruo furioso.- Ahora, deberán ayudarme si quieren que ella y ustedes sigan con vida… ¿Dónde esta la Asimov?-
- Teniente Eneas Hayes, oficial de seguridad de la Flota Estelar, número de registro 3428745.- dijo el betazoide, poniéndose firme y mirando hacia el frente.
- Esta bien, no me importa si no quieren colaborar. Tengo un... ¿como le dicen ustedes?... un prikmal. Tal vez sea hora de probar los poderes que tiene, ¿no les parece? Tal vez sea buena idea probarlos con esa chica Dabo que tanto aprecian, tiene un cuerpo muy hermoso, seria una pena arruinarlo, pero negocios son negocios. No puedo entregar el prikmal sin antes probar su calidad.-
- No le haga daño Bel Veder, si la toca me las pagará.- gritó el Boliano.
- No se preocupe señor Moss, ya me he cansado de tocarla. Es hora de que mis muchachos se diviertan un poco. Y si ustedes no colaboran, me servirán bien igualmente. Conozco algunas personas muy interesadas en un par de oficiales de la Asimov.-
- ¡Trabaja para alguien!- dijo Moss- ¿A quien nos quiere vender? ¿A los Al Grekôr? Sucio mercenario…-
- Llámeme lo que quiera señor Moss, pero han caído en mi trampa y ahora están en mi poder.- dijo el Bajorana acercándose tanto a la celda que podía sentirse su perfume caro a través de la pared de energía.- Me pagarán bien por ustedes y el prikmal, todo tiene su precio. Su moral puede ser muy interesante, pero ahora las probabilidades están de mi lado. Yo soy la banca en este juego…y la banca nunca pierde.-
Continuará