“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Escrito por Marplanauta

Portada: Julio Nieto.

Temporada 1

Sentimientos

Primera Parte: Misión de Rescate

El U.S.S. Asimov seguía en su búsqueda de Los Diez Elementos. En ésta ocasión, Aldouz los guiaba hacia el imperio klingon, donde el canciller Martok había accedido a su visita y les había ofrecido toda la ayuda necesaria, con la única condición de que ningún romulano pisase suelo klingon. Mientras tanto, el comandante Vreel Lexx y la alférez Melisa Castillo, pasaban su tiempo libre en el holosección, y se habituaban a las costumbres del imperio con un programa de ópera klingon.

- Increíble que te guste esta música...- exclamó el comandante Lexx

- ¿Por qué?- preguntó la alférez Castillo mientras se arreglaba sensualmente el cabello.

- No sé, no conozco muchas mujeres, jóvenes y hermosas a las que le guste la ópera klingon...

- Gracias por el cumplido, Vreel... En realidad, hasta hace poco no tenía idea de lo hermosa que es esta música, pero hace algunos meses, acompañé a mi hermano, Sebastián, a un congreso de médicos en Qo’nos. Cuando estábamos allí recibimos una invitación para asistir a un concierto de ópera, donde mi hermano salvó la vida de siete klingons, al darles atención médica después de un accidente. Es más, mi hermano espera poder visitar a uno de esos klingon, el capitán Zhark en esta visita al Imperio. También en ese concierto, “descubrí” la ópera. Desde entonces es mi música favorita. Además, siento que tengo mucho en común con los klingon, a veces creo que soy demasiado impulsiva...

Vreel y Melisa se miraron uno al otro... Ella era de cabello castaño, de ojos celestes. Tenía un pequeño lunar en la comisura de los labios que le daba un toque sensual a su boca. Vreel pensó que era muy hermosa y sintió deseos de besarla, pero se contuvo, no quería apresurarla... intentando cambiar de tema y tratando de pensar en otra cosa, dijo...

- Con tu hermano son muy unidos... La verdad que Sebastián es muy agradable. A pesar de que a veces parece muy frío, como si sólo le importara su trabajo...

- Si, te entiendo... Él es así desde que... bueno, es una larga historia...- murmuró Melisa mirando tristemente hacia el suelo.

- No importa, quiero saber...- inquirió el comandante.

- Él era médico en una pequeña colonia terrestre en Nandrius 5 donde vivía con su hija y su esposa. La colonia sufrió una epidemia que Sebastián no pudo detener a tiempo. Para cuando encontró el antídoto, él estaba muy enfermo, y más de tres cuartos de la población colonial habían muerto, entre ellos su hija. Debido a esto, su esposa lo abandonó y él decidió enrolarse en la Flota Estelar para poder utilizar sus conocimientos médicos para ayudar a los demás, pero nunca pudo perdonarse la muerte de toda esa gente. Desde entonces se volvió muy dedicado a su trabajo, y parece que no le importara otra cosa...-

Mientras decía esto, el rostro de Melisa se llenaba de compasión hacia su hermano. Era evidente que realmente lo quería. En realidad, era casi lo único que le importaba, la única familia que ella tenia en todo el universo.

- Comandante, se lo necesita en el puente- La voz de la capitán Jefferson interrumpió la intimidad de ambos. Vreel terminó el programa y se disculpó con Melisa, el deber lo llamaba.

El comandante se encaminó al turboascensor y ordenó a la computadora que lo lleve al puente. Al llegar, solicitó un informe de la situación.

- Hemos recibido un llamado de auxilio de un carguero de la Federación que se encuentra en el sistema Briktan, en la frontera con los klingon. Al parecer transportan un mineral muy inestable, descubierto hace poco por un equipo explorador del Imperio, hacia los laboratorios de la Federación. Parte de la carga que llevaban sufrió una reacción, estallando y provocando serios daños a miembros de la tripulación y en el casco de la nave. Necesito que usted y un equipo de rescate se acerquen en un runabout al carguero y transporten a su tripulación para dejarlos a salvo. Iría con la Asimov, pero el acercarnos podría desencadenar otra reacción...- se lamentó la capitán. No le gustaba que otros hicieran el trabajo por ella.

- Entendido capitán, y no se preocupe, los traeremos a salvo. Alférez Mel, Teniente comandante castillo, los espero en la Bahía de Carga 3.- exclamó Lexx.

Una vez en el sistema Briktan, el pequeño equipo salió de la nave en el runabout Kala, bautizado así en nombre de un pequeño río de África. Al llegar al rango de transportación, Castillo se trasladó al carguero para darle atención primaria a los tripulantes heridos. Castillo se encaminaba ahora a la zona de la nave en la que había ocurrido la explosión. Según el tricorder, sólo quedaban tres formas de vida en la nave, él y dos tripulantes, y se encontraban en esa cubierta. Los otros diez tripulantes ya estaban en el Asimov, después de haber sido transportados por el runabout.

 

Sebastián penetró en la cubierta, y rápidamente se encaminó a socorrer a un joven de unos 20 años que estaba inconsciente, en el suelo. Según el tricorder su condición física era buena, no necesitaba atención inmediata.

- Castillo al Kala. Transporte para uno.

El penúltimo tripulante desapareció de poco, solo faltaba uno. Sebastián se acercó a la puerta y la abrió a la fuerza. Un hombre adulto, de unos 40 años lo miró con ojos desorbitados. La explosión había provocado que uno de los conductos del soporte de vida cayera sobre sus piernas, aprisionándolo.

Mientras tanto, en el Asimov, Elina Vek, que se encontraba al mando de los sensores que investigaban, todo el tiempo, la condición del carguero, se alarmó. Súbitamente la energía que tenía el carguero comenzó a aumentar...

- Capitán, los sensores marcan un aumento de energía en el carguero.

- ¿Tiene idea de que se trata?- preguntó la capitán.

- Tal vez una nueva reacción, puede ser que el resto del mineral esté por causar una nueva explosión.- exclamó la alférez Vek conteniendo la respiración.

- Avise al Kala, que saquen al tripulante y a nuestro oficial de ahí.

A través de la pared destruida del contenedor (la cual presentaba un campo de fuerza para que la radiación no penetrara en la nave), Sebastián vio como el mineral comenzaba a brillar, cada vez con mayor intensidad... El calor también aumentaba... Intentó mover los escombros que aprisionaban al tripulante, sin éxito.

- Castillo al Kala. Transporte para el tripulante. ¡Kala responda!

- La energía del mineral interfiere las comunicaciones. Sálvese. Es demasiado tarde para mí, pero usted aún se puede salvar. El mineral está por explotar de nuevo... póngase a salvo de la explosión, ¡¡¡rápido!!!- esas fueron las ultimas palabras del tripulante del carguero.

Muy a su pesar, Sebastián corrió hacia la puerta. Atravesó el pequeño cuarto hasta los controles, tenía una idea. Utilizando los códigos de seguridad de la flota, dio la orden a la computadora de que vaciara el contenedor en el espacio justo a tiempo. El extraño mineral explotó a unos metros del casco, dañándolo en parte. Debido a la gran explosión, el carguero federal cambió su curso, encaminándose directo a la atmósfera de Briktan III.

Segundo Parte: Rescate al rescatador

- Kala a Asimov. Lo siento, la orden llegó tarde. Hemos perdido al carguero. Al parecer se precipitó a la superficie de Briktan III, pero aún existe la posibilidad de que se encuentren con vida... Sí, Castillo se encuentra vivo. Según la computadora, un instante antes de que la nave ingresara en la atmósfera, los sensores detectaron una forma de vida aún en el carguero. Castillo debe estar en el planeta.- informó Lexx.

- Revise con los sensores la superficie de Briktan III, tal vez lo encontremos...- ordenó la capitán.

Tanto el U.S.S Asimov como el runabout Kala comenzaron a barrer la superficie del planeta con los sensores, sin éxito. Al parecer, la atmósfera del planeta causaba interferencia, mermando las posibilidades de hallar el carguero.

- ¿Alférez Vek, qué información tenemos del planeta Briktan III?

- Es un planeta muy extraño, se conocen pocos de este estilo.

- Explíquese...-ordenó Jefferson

- Algunas formas de vida, pueden sobrevivir en éste planeta, ya que poseen adaptaciones a la atmósfera que presenta éste lugar, incluso existe una civilización primitiva en el planeta. Pero un humano, que no posee éstas adaptaciones, en poco tiempo podría perecer a causa del envenenamiento. Debemos sacarlo de ahí cuanto antes.

- ¿Cuánto tiempo tenemos?- preguntó el comandante Lexx desde la lanzadera.

- Por el momento no hay peligro, la atmósfera tiene una fracción generosa de oxígeno, podrá respirar, y si los sacamos rápido el envenenamiento será leve y reversible. Pero si pasa más de siete horas en ese lugar, el efecto de los gases será mortal.

- ¿Podemos enviara al Kala a rescatarlo?.- preguntó la capitán.

- No podemos. Como le dije, una civilización primitiva con adaptaciones habita el planeta, los Kanies. El contacto es restringido.-respondió Vek

- ¿Que hay de los transportadores?- preguntó M´Rel, a quien toda la situación le molestaba.

- El cinturón de asteroides que rodea a Briktan III hace que cualquier intento de transporte sea inseguro, además, hasta que no sepamos dónde cayó, será imposible intentar cualquier cosa. Temo que la situación es extremadamente grave para el doctor.- se lamentó la cardassiana.

Castillo despertó en una zona árida, y desolada. Había grandes formaciones de nubes en el cielo, no se llegaba casi a apreciar la luz de la estrella binaria del sistema. A su alrededor todo era arenoso, desértico. Algunas elevaciones adornaban el horizonte, extendiéndose hasta donde él se encontraba. A través del pequeño valle se dibujaba un surco, tal vez un antiguo arroyo que pasara hace tiempo por ese lugar. A pocos metros de él aparecía el carguero, tenía una pequeña abertura en su lado, cicatriz dejada por la enorme explosión.

- Castillo a Asimov, ¿me escuchan? Castillo a U.S.S. Asimov, ¿alguien me escucha?.

Era inútil, de seguro la atmósfera del planeta interfería con los comunicadores. Pensó en el tripulante del carguero, la explosión lo había matado, él había perdido a otro paciente. Pero era tarde ya para lamentarse, ahora debía contactar al Asimov.

Decidió revisar su equipo, quería saber que daños la había causado el impacto. Su tricorder estaba dañado, pero su Phaser aún funcionaba. Se encaminó al carguero, tal vez había algo allí que le ayudara.

- Comunique a las naves klingon, que nos esperan para escoltarnos, que nos retrasaremos. comandante Lexx, quiero que usted y su equipo vuelvan a la nave. Enfermería, prepárese para recibir a los tripulantes heridos del carguero.- Luego de organizar su nave, la capitán Jefferson decidió llamar a una junta de oficiales. En menos de siete horas debían sacar a Sebastián del planeta.

Tan solo diez minutos después, todos los oficiales del Asimov se encontraban debatiendo sobre el curso de acción que tomarían.

- La situación es muy difícil... Si no sacamos a Castillo de Briktan III en siete horas, el daño a su sistema será irreversible. El planeta es habitado por una civilización primitiva, por lo tanto el contacto está restringido por las directivas federales. Es necesario rescatar a Castillo y recuperar los restos de la nave klingon para evitar un contacto con los Kanies. Debido al cinturón de asteroides que rodea al planeta los sensores son inútiles, al igual que los transportadores. Por lo tanto, si alguno de ustedes tiene alguna sugerencia, me gustaría escucharlos.- explicó Brittany Jefferson.

- Capitán, tengo una idea,- dijo, optimista, el Teniente Moss- Tal vez exista un modo de reconfigurar los sensores, aumentando su efectividad. El problema es que luego de las modificaciones, los sensores necesitarían más energía, tendremos que desactivar algunos de los sistemas de la nave.

- Estoy de acuerdo, siempre y cuando no afecte a los sistemas críticos. Comiencen con las modificaciones, tienen dos horas. Alférez Vek, ayude al Teniente en lo que necesite. Ahora ¿hay alguna manera de recuperar los restos de la nave?-

- Tal vez capitán, en una situación como esta es mejor destruir todo rastro de nuestro paso. Si conseguimos ubicar a Castillo, destruir los restos de la nave ya no será tan difícil.- explicó el teniente Hayes.

- Está bien, a trabajar, quiero resultados lo antes posible.-

De a uno los oficiales comenzaron a salir del cuarto de reunión. Elina y Blue seguían charlando acerca de los sensores a medida que se acercaban al turboascensor para ir a Ingeniería. El Alférez Mel y el Teniente Comandante Hayes, se encaminaron al puente para continuar con su tarea, mientras Aldouz y M´Rel murmuraban algo sobre el tiempo perdido en una causa sin esperanzas. Cuando Vreel decidió trasladarse al puente, Brittany lo detuvo, debía hablar con él.

- Comandante, aguarde. En los últimos días noté que usted comenzaba a llevarse bien con la Alférez Castillo. No puedo prohibirle que tenga una vida privada, pero espero que ésta relación no afecte su desempeño en la nave. Igualmente, creo que usted es el mas indicado para comunicarle a la Alférez la situación de su hermano.

- Descuide, yo lo haré.- una vez dicho esto, Lexx se encaminó hacia la Bahía de Carga 3, donde trabajaba Melisa Castillo, a cumplir con una de las peores tareas de un oficial superior.

Como era de suponerse, la computadora del carguero estaba destruida, no había forma de enviar un mensaje con ella al Asimov. Sebastián se encaminó al exterior, quería saber donde estaba. Comenzó a explorar el surco del antiguo arroyo, el cual atravesaba el pequeñísimo valle donde él se encontraba. Llevado por la curiosidad, siguió el cauce hasta llegar a un cráter en la superficie, de sólo cien metros de diámetro, el cual en el pasado debió ser una pequeña laguna alimentada por el arroyo. Sin embargo, el cráter no parecía natural, ya que tenía bordes demasiado perfectos. Intrigado, Castillo observó con mayor atención. En el fondo de la antigua laguna, había algo que brillaba.

Sebastián se valió de las plantas que crecían en las paredes de la laguna para descender hasta el lecho. Allí, escondido entre la tierra y los arbustos aparecía un conducto, al parecer, construido con alguna aleación metálica. Sin duda, alguien lo había puesto allí para conducir el agua que antes ocupaba la laguna hacia algún lugar. El planeta debía estar habitado. Obedeciendo las directivas federales, se decidió a no hacer contacto con quien viviera en el lugar.

Tercera Parte: Un acto impulsivo

- No puede ser que... ¿Por que mi hermano?...- Melisa estaba destruida, y Lexx sólo podía contenerla.

- Él se ofreció a ir al carguero, era su deber...-intento consolarla Vreel.

- Pero... ¿por qué no lo transportaste a tiempo?

- La orden llegó tarde, para cuando me dijeron, la carga ya estaba estallado.- la explicación no era suficiente para la alférez.

- ¿Y por que esperaste la orden? ¿no tienes criterio propio? ¿no podrías haberlo transportado cuando viste que la energía aumentaba?- Melisa estaba nerviosa, y Lexx la comprendía, pero debía terminar con sus acusaciones, por lo que impuso su autoridad.

- Creo que me estás acusando injustamente, lo que ocurrió fue inevitable. Yo entiendo lo triste que estás. Entiendo que quieras descargarte, pero no lo acepto. Más allá de nuestra amistad, yo soy tu superior y no te da derecho a hacer acusaciones falsas.

- Si Señor, como usted diga. Pero permítame decirle algo, ambos sabemos que si no lo encuentran los sensores, Jefferson lo abandonará en la superficie del planeta, lo dejará morir, todo por seguir reglas que ya tienen mas de un siglo. Yo no pienso permitirlo.- sollozó la alférez Castillo.

Muy adentro suyo, Melisa decidió que no podía quedarse sentada mientras su hermano se moría allá abajo. Estaba dispuesta a hacer lo que sea para salvarlo.

Sebastián comprendió que era peligroso dejar al carguero a la vista, no podía arriesgarse a que los habitantes del extraño planeta lo vieran. Castillo tomó su Phaser y apuntó a la elevación en cuya ladera se encontraba la nave. Con un pequeño disparo, se provocó un derrumbe, que levantó gran cantidad de polvo y tierra. El derrumbe enterró al carguero, dejándolo fuera de la vista de quien pasara por allí.

Sebastián comenzó a escalar las sierras que lo rodeaban. Tal vez en una altura mayor la interferencia no fuera tanta. Ya en la cima de la sierra intentó de nuevo comunicarse. Otra vez sin éxito. Sólo podía esperar que el Asimov lo encontrara. La luminosidad y el calor disminuían, estaba anocheciendo. Desde la sierra, Castillo pudo ver una especie de cueva que se dibujaba en una de las laderas, tal vez le sirviera como refugio para pasar la noche.

La cueva no era muy grande, tenía apenas unos cinco metros de profundidad, y estaba deshabitada. Sebastián tomó algunos helechos del suelo y con ellos se improvisó una almohada. Sobre uno de los rincones se acostó, y se dispuso a descansar. No tenía sueño, pero estaba agotado. Además, podía despreocuparse, confiaba planamente en que el Asimov lo encontraría.

Las modificaciones en los sensores ya estaban listas. El U.S.S. Asimov comenzó a explorar la superficie del planeta buscando al carguero, sin éxito.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué no funciona? alférez Vek...

- No entiendo, con las modificaciones que hicimos ya tendríamos que ser capaces de encontrarlo. Tal vez la nave se encuentra bajo tierra. La superficie de este planeta esta compuesta por el mismo material que el cinturón de asteroides por lo tanto también interfiere la señal. Si la nave estuviese al aire libre ya la habríamos hallado.-

- Continúen la búsqueda.- La capitán Jefferson estaba incómoda con esta situación, sabía que si los sensores no daban resultado, tendría que dar a Castillo por muerto, y continuar con su misión y eso no le agradaba. Pero la búsqueda de los prikmal era demasiado importante como para detenerla por una sola persona....

- Capitán, la bahía de carga 3 dio permiso a una lanzadera para salir.

- ¿Quién dio la orden?

- Los códigos de seguridad corresponden a la alférez encargada de la Bahía, Melisa Castillo.

- Comuníqueme con ella.- La capitán Jefferson estaba muy molesta. Una violación de los protocolos de seguridad era inadmisible, quien fuera el responsable lo pagaría.

- Buenos días, capitán, ¿que se le ofrece? ¿tal vez desee mandar a la muerte algún otro oficial?- Melisa respondió sarcásticamente al llamado.

- Esto es un desacato. Le ordeno que vuelva inmediatamente a la nave.

- No pienso ni puedo dejar que usted mate a mi hermano, y estoy dispuesta a bajar a ese maldito planeta y rescatarlo.

- Esa es una violación directa a mis ordenes y a la primera directiva. Supongo que tiene en cuenta que voy a hacer todo lo posible por detenerla.

- Lo tengo en cuenta, pero créame, yo también haré todo lo posible por que no lo logre. No podrá hacer mucho, excepto destruir la lanzadera. ¿Por qué no?. Si dejará morir a Sebastián por las directivas de la Federación, ¿por qué no matarme a mi?. Esa es la única alternativa que tiene para detenerme.- la alférez estaba completamente fuera de si, ya no era mas la dulce joven que había compartido la holosección con el comandante unas horas antes. Ahora parecía una fiera enjaulada tratando de sobrevivir.

- Su lanzadera no puede hacer nada en contra de mi nave, no tiene oportunidad. Ríndase y tal vez reconsidere la corte marcial.

- Estoy decidida, fin de la comunicación.- En la pantalla apareció otra vez la lanzadera, encaminándose a la atmósfera.

- Transpórtenla a bordo.

- No podemos, varió la frecuencia de los escudos y los tiene en alto, el rayo transportador no sirve.- contesto, rápidamente, el Jefe de seguridad Hayes.

- Fije el rayo tractor...- ordenó la capitana.

- El rayo tractor está fuera de línea por la variación de los sensores, pero permítame sugerir otra cosa...

- Dígame, Hayes, lo escucho...

- Podemos realizar algunos disparos con los Phasers a mínima potencia y bajar sus escudos, sin dañar la lanzadera. Con los escudos bajos la transportaremos.

- Hágalo, quiero que cuando la alférez llegue a la nave, un equipo de seguridad la esté esperando.

Una ráfaga de disparos Phaser comenzó a sacudir l lanzadera. De a poco los escudos comenzaron a fallar. Melisa se dio cuenta de la estrategia e intento evitar los rayos phaser escondiéndose en el cinturón de asteroides que rodeaba el planeta. Sin embargo, la lanzadera no era rival en absoluto para la Asimov. Sin problemas el timonel Mel Varad dirigió la nave cerca del cinturón de asteroides. El teniente Hayes disparó directamente a un asteroide de grandes dimensiones que se encontraba justo en frente  la lanzadera de la alférez Castillo. El asteroide se partió en mil pedazos que impactaron directamente con el escudo de la lanzadera, inhabilitándolo rápidamente. Los transportadores podían entonces fijar a la alférez y la transportaron inmediatamente. Apenas Melisa apareció en la nave, un grupo de seguridad la escoltó a una celda donde esperaría ser llevada a la Tierra para una corte marcial. Se sentía realmente decepcionada, ya que su plan no había llegado lejos. El hecho de que el Asimov la hubiera detenido la molestaba, sentía que odiaba a toda la nave. Poco tiempo después de que la detuvieran, Lexx intentó visitarla, pero ella no aceptó verlo. Realmente se sentía furiosa por su fracaso, y a la vez triste por su hermano. Ahora, si la Asimov fallaba, su hermano estaría muerto, y ella ya no podía hacer nada para evitarlo.

Ya habían pasado cuatro horas desde que Sebastián había caído en el planeta. Aturdido, se despertó en la absoluta oscuridad de la cueva. Afuera no se veían las estrellas, todo estaba oscuro. La cabeza le dolía y cada tanto le ardía el pecho. A pesar de que él no lo sabía, de a poco la atmósfera lo estaba envenenando, de a poco lo estaba matando.

Sebastián intentó ponerse de pié, pero se sentía mareado. Ayudándose con las paredes de la cueva se incorporó y comenzó a caminar lentamente hacia la salida de la cueva. Estaba cansado, dolorido. Se preguntaba que le pasaría, miles de cosas pasaban por su mente. Miles de enfermedades y diagnósticos. También pensaba por qué no lo habían encontrado... Tal vez creyeron que murió a causa de la explosión, y lo abandonaron... No podía saberlo. Con un último esfuerzo, miró al cielo desde la abertura de la caverna y cayó desmayado.

Cuarta Parte: Q´apla Dr. Castillo

- Capitán, podría hablar con usted, tengo una idea para salvar a Castillo.- le susurró el comandante Lexx a la capitán.

- Pase a mi despacho, comandante. Acompáñeme M´Rel, quiéralo o no es parte de esto. Mientras continúen la búsqueda. - ordenó la capitán Jefferson a los oficiales del puente.- Lo escucho Vreel, ¿qué tiene en mente?.

- En una charla con la hermana de Sebastián, me enteré que algunos klingons le debían la vida a nuestro oficial, y como es sabido, los klingon son gente honorable, y siempre están gustosos de devolver los favores.

- Vaya al grano.- dijo, impaciente, Brittany. Sentía que cada segundo valía oro.

- Investigué, y descubrí que uno de éstos klingon, que le deben la vida a Sebastián, es el Capitán de una de las naves que nos esperan en la frontera con el Imperio, el capitán Zhark. Tal vez él acceda a viajar hasta aquí, y ayudarnos.

-¿Cuánto tardaría en llegar?- preguntó Jefferson.

- Apenas una hora. Tendríamos tiempo suficiente.- respondió Vreel Lexx

- ¿Y que pretende que ellos hagan?- esta vez era M´Rel quien preguntaba.

- Pues, conozco casos en que los klingon han utilizado sus desfasadores dentro de la atmósfera de algunos planetas, para no ser detectados por sus habitantes. Tal vez accedan a bajar a la atmósfera de Briktan III y con sus sensores buscar a Castillo. Recuerde que para los klingon el honor lo es todo, y serían capaces de casarse con un romulano, si de devolver un favor se trata.

La comandante M´Rel, a quien toda esta situación le irritaba, lo miró con desprecio.

- Capitán, creo que estamos perdiendo un tiempo valioso en vano. Seguramente el señor Castillo ya esta muerto. En nombre del Imperio Romulano le exijo que continuemos con nuestra tarea.- exclamó M´Rel bastante furiosa.

- Disculpe comandante M´Rel, pero la vida de uno de mis hombres esta en juego. Tal vez sea practica común entre ustedes abandonar a sus oficiales cuando están en peligro. pero yo no lo dejaré hasta que se acaben todas las opciones.-respondió la capitana sin inmutarse.- ¿Esta seguro de que los klingon podrán hacerlo?-

- No estoy completamente seguro, pero vale la pena intentarlo.-exclamó Lexx orgulloso de su capitán.

- Su plan es interesante, tal vez funcione, será mejor que se comunique cuanto antes con el capitán Zhark.-

Lexx se encaminó a su despacho. Una vez allí se comunicó con el capitán Zhark. Era un klingon bastante mayor y con varias cicatrices en su rostro que denotaban la experiencia de incontables batallas.

- Capitán Zhark, le ofrezco mis saludos.-

- Q´apla, Comandante Lexx. ¿Por qué motivo se están retrasando tanto?.- grunó Zhark

- Confío en que tiene conocimiento de nuestra situación.-dijo Lexx

- Sé que un oficial suyo está varado en un planeta, a riesgo de su vida. Sería una muerte para nada honorable. Si es por eso, ya estoy informado, adiós.- el capitán estaba por interrumpir la comunicación.

- Espere, tal vez le interese saber que el oficial en el planeta es Sebastián Castillo, a quien usted debe su vida...- alcanzó a decir Vreel.

- No lo sabía...- murmuró consternado el klingon

- Ahora es Castillo quien necesita de su ayuda. Le quiero pedir un favor...

Una hora después, el capitán Zhark llegó al sistema Briktan dispuesto a saldar su deuda.

- Los klingons han llegado. Piden comunicarse.- informó Mel Varad.

- Abra un canal.

En la pantalla apareció el moreno rostro de Zhark, ya marcado por el paso del tiempo. Imponente pero respetuoso, el Klingon dio sus saludos.

- Yo soy Zhark hijo de Garl’n, la saludo en nombre del imperio, capitán Jefferson.

- Le ofrezco mis saludos, capitán Zhark, y le agradezco el favor que nos está haciendo.- respondió la capitana.

- No seria una persona honorable si rechazara la oportunidad de salvar la vida de quien lo merece. Usted sabe que los klingon nunca rechazamos una aventura.

- Siendo así, creo que no hay más que hablar. Si no le molesta, a Castillo le queda poco tiempo.

Segundos después, la nave desaparecía de los sensores de la Asimov, así como también de la vista de la tripulación. A pesar de que éstos no lo veían, la nave Klingon atravesó el cinturón de asteroides e ingresó en la atmósfera del planeta. Comenzó a sobrevolar Briktan III, pasando por sobre aldeas de Kanies que ni se imaginaban lo que inadvertidamente volaba sobre sus cabezas. Minutos después la interferencia de la atmósfera cesó, y los sensores comenzaron a trabajar. Débilmente, detectaban algo parecido al carguero, algunos kilómetros al Noroeste. También detectaban una forma de vida cerca del lugar, presentaba signos vitales muy débiles...

La nave se trasladó, invisible, hacia el lugar donde aparecían dichos signos. Sin duda, era un humano. Luego de que Zhark diera la orden, Castillo se materializó en el cuarto de transportación, aun vivo, pero inconsciente. La nave salió de la atmósfera y transportó a Castillo sano y salvo a la Asimov.

- Capitán, lo tengo.- comunicó el enfermero al puente. Valiéndose de los instrumentos analizó las condiciones de Castillo. El envenenamiento era leve, en algunas horas estaría como nuevo.

- Le agradecemos su colaboración, capitán Zhark.- exclamó Brittany Jefferson.

- No se preocupe capitán, y dígale a Castillo que no por esto se salvara de comer Gagh conmigo en Q´o´nos.

Castillo se recuperó a las pocas horas, mientras que a su hermana, Melisa, la enviaban a una corte marcial en la Tierra. Aunque había actuado bajo presión, por la situación de su hermano, Jefferson no podía perdonar sus actos, a pesar de la insistencia de Vreel de darle una sanción menor.

Junto con un equipo de seguridad, Melisa subió a la lanzadera que la transportaría a la Tierra. Antes de subir, se disculpó con Vreel por haber actuado como lo hizo, y por haberlo rechazado.

- Tal vez nos volvamos a ver, Lexx.- Se despidió Melisa, con un tono algo sensual en su voz. Sabía que la expulsarían de la Flota, pero eso no la incomodaba. Sentía que no perdía nada, excepto el placer de trabajar con su hermano, y por supuesto...a Vreel.

La lanzadera salió de la Bahía de carga, y con un suave movimiento entró en warp, alejando a Melisa de Lexx y de su hermano. Una vez solo en su habitación, Vreel ordenó a la computadora que toque la ópera klingon que había disfrutado anteriormente con Melisa Castillo. Por su ventana miró las estrellas que pasaban alrededor de la nave con honda tristeza. “Tal vez....” pensó, mientras se hundía en sus pensamientos. Al mismo tiempo, en el puente, Eneas Hayes sintió un gran dolor, una gran tristeza que provenía de algún lugar de la nave. No era la primera sensación que sentía, había sentido Amor, Tristeza, Odio, Desconfianza, Alegría, Decepción, todos esos sentimientos habían envuelto al Asimov durante ése día. Sin darle mayor importancia a sus percepciones, Hayes continuó su trabajo mientras la nave se internaba en el corazón del imperio klingon....

Pasado presente

Primera Parte: Viejos conflictos y nuevos destinos

El bajorano Mel Varad estaba desayunando en el “Agujero Negro” junto a un grupo de oficiales. Su caliente taza de raktajino, recién salida del replicador, humeaba considerablemente. Estaba festejando una broma de un compañero cuando de repente la sonrisa se borró de su rostro. Elina Vek había entrado al comedor. Sus ojos siguieron a la joven alférez, observándola con desprecio. A pesar de que ambos pertenecían ahora a Flota Estelar, Varad no podía olvidar el hecho de que ella era cardassiana y, como tal, culpable de masacrar a su raza.

Desde una mesa cercana, Eneas Hayes observaba la situación, atraído por los profundos sentimientos de Mel Varad, llenándose de odio hacia Cardassia. Esa clase de resentimientos no podían existir entre miembros de su tripulación. Sospechaba que algo malo podría a suceder, y el debía impedirlo.

Esa misma tarde, los oficiales se reunieron, como de costumbre, en la sala de conferencias de la U.S.S. Asimov. Sentada en la cabecera de la mesa estaba la capitán Jefferson, observando fría y pensativamente a los oficiales. A su derecha, Vreel Lexx conversaba con Castillo, y a su izquierda, el teniente Hayes analizaba unos reportes. Junto a él estaba sentada M´Rel que, al igual que la capitán, solamente observaba a los oficiales. Blue estaba sentado frente a ella, junto a los alférez Vek y Mel, que habían sido especialmente llamados para esa reunión. Solo faltaba que el embajador Aldouz apareciera, o mejor dicho, que su pantalla se activara. La reunión había sido convocada para designar el próximo destino de la Asimov, pero por alguna razón, Aldouz había pedido que se encuentren todos presentes. De repente, la pantalla del embajador se encendió, pero en lugar de aparecer el embajador, la pantalla comenzó a emanar una extraña luz. De los LCARS surgió una esfera luminosa que todos reconocieron como la forma original de Aldouz, pero la esfera se estiró y deformó, creando una forma humanoide. Un gran destello invadió la sala y justo en frente de todos los oficiales, el destello descubrió a una hermosa joven bajorana.

-Buenos días a todos, soy Aldouz, ¿ que opinan de mi nueva apariencia ? - exclamó la bajorana con una dulce voz.

Todos, especialmente Varad, quedaron atónitos observando a la joven. No podían creer que era el embajador (¿o embajadora ?) Aldouz.

-Estaba cansada de deambular por esos monótonos circuitos bioneurales de la computadora, así que decidí adoptar una forma humanoide.- dijo la embajadora mientras se sentaba en una silla libre, frente a la capitán.

-Discúlpeme Aldouz, pero yo siempre creí que usted, bueno, que usted era un hombre.- dijo el comandante Lexx.

-Ha cometido usted un error común jovencito, yo no soy un iconiano, yo soy todos los iconianos, y por lo tanto, soy tanto femenina como masculino, macho y hembra. Esta vez decidí usar mis poderes y adoptar una forma femenina. Si este cuerpo me resulta confortable, tal vez me quede así permanentemente, pero si no me gusta, simplemente lo cambiaré.-

-Todo esto es muy interesante embajadora, pero supongo que esta no es la verdadera razón por la que estamos reunidos.- exclamó la capitán, recobrando su seriedad luego de la sorpresa.- Por favor, ¿ podría informarnos sobre sus investigaciones acerca del paradero de los prikmal restantes ?.-

-Como usted desee capitán. Como verán ahora, no es casualidad que haya elegido la forma de una bajorana para esta misión, debido a que mis recientes análisis me han indicado que hay una fuerte probabilidad de que un prikmal este escondido en el sistema bajorano.-

Cuando dijo esto, Mel Varad se sobresaltó.

- Le aconsejo capitán - continuó Aldouz - que fije rumbo hacia lo que ustedes llaman...la Estación Espacio Profundo Nueve –

Segunda Parte: Lazos de sangre

Mel Varad estaba solo en su habitación, debido a que su compañero estaba en servicio. Una antigua música tradicional bajorana sonaba en todo el cuarto. Varad estaba frente a un pequeño altar, rodeado por velas y marcado con el símbolo de los Profetas. Estaba intentando meditar, pero una sola imagen se le aparecía al cerrar los ojos. Su madre. Durante la ocupación, ella había trabajado arduamente con la resistencia, y se había convertido en un miembro muy importante. Los cardassianos la localizaron y decidieron utilizarla como ejemplo para los otros terroristas. Fue asesinada en una plaza pública en frente a un grupo de bajoranos que observaban lamentándose, entre los cuáles estaba Varad y sus hermanos. Nunca pudo perdonarse haber dejado que eso sucediera, y tampoco pudo perdonar a su padre, el Vedek Mel Arol, por haber preferido utilizar métodos diplomáticos con seres que solo reaccionan ante la violencia. No le había vuelto a hablar a su padre desde que se escapó de Bajor para unirse a la Flota Estelar. Y ahora estaba volviendo a su tierra natal, por primera vez en más de 8 años.

La puerta sonó. Alguien quería entrar.

-Pase. - exclamó el alférez.

Frente a la puerta apareció el comandante Vreel Lexx.

-Buenos días alférez, pensé que necesitaría conversar con alguien. Sé lo difícil que debe ser para usted volver a Bajor después de tanto tiempo.-

El comandante había aprendido, a lo largo de tres vidas, a interpretar las emociones en los rostros ajenos. Y sabía que a Mel Varad no le agradaba mucho ir a Espacio Profundo Nueve. Sabía por los archivos lo que había sucedido con su madre y conocía la relación entre Mel Varad y su padre. El Vedek Mel Arol dirigía su propia Orden religiosa, y trataba todos los días con los problemas de la población, pero sin embargo, no era capaz de mejorar la relación con su hijo mayor.

-Usted no me entiende comandante, nadie me entiende.- susurró Varad - No me importa volver a Bajor, no me importa ver a mi padre de nuevo, mi verdadero temor esta aquí adentro, - se señaló la cabeza- y aquí dentro. -apoyó su mano en el corazón. - Son los recuerdos los que me atormentan, las memorias. Recuerdos de torturas en las calles, recuerdos de amigos asesinados por un trozo de pan, recuerdos de soldados burlándose de mi gente, recuerdos de mujeres violadas en frente de sus hijos. Pero todo eso ya no esta en Bajor, todo eso esta guardado en mí. -

-Entiendo Varad, pero los recuerdos son parte de uno, los recuerdos forman lo que somos ahora. Mi propia existencia se basa en los recuerdos de vidas pasadas, sin los cuáles yo no sería Vreel Lexx.-

-Pero los míos no son tan solo recuerdos, lo mío es una obsesión. No pasa un día sin que yo sueñe con lo sucedido durante la Ocupación, y no pasa un día sin que yo jure venganza a Cardassia.-

-Entonces debe enfrentarse a esos recuerdos, Varad, debe afrontar el presente. Bajor es un planeta próspero ahora, con mucho futuro, pero las heridas no sanan fácilmente. Usted puede contribuir a que su planeta renazca, se eleve por sobre  sus ruinas y recupere el fervor perdido. Y esa será la mejor manera de vengarse de Cardassia, demostrarles que pueden haber saqueado sus recursos y torturado a su gente, pero nunca pudieron obtener el tesoro mas preciado de Bajor : su dignidad. Piénselo alférez.-

El comandante Lexx giró sobre sus talones y dejó la habitación. Mel Varad se arrodilló sobre  las velas y continuó con su meditación, mientras que la U.S.S. Asimov se preparaba para amarrar en Espacio Profundo Nueve.

Tercera Parte: En donde menos lo esperaban

La U.S.S. Asimov estaba amarrada a uno de los pilones de la estación Espacio Profundo Nueve. Los tonos metálicos y grisáceos de la nave federal se contrastaban con los tonos de marrón del diseño cardassiano. Y no era la única nave atracada a la estación, pues muchos otros transportes se movían de un lado para otro. Sin lugar a dudas, DS9 era un sitio con atiborrado tráfico espacial. Comerciantes y contrabandistas, vendedores y ladrones, todo tipo de seres se reunían en la estación para hacer sus negocios. Pero esto no había sido siempre así, antes de la llegada de los federales y del descubrimiento, en el año 2369, del único agujero de gusano estable hacia el cuadrante gamma, Espacio Profundo Nueve poco tenía que ver con los negocios. Durante la Ocupación y bajo el nombre de Terok Nor, funcionaba como una estación minera cardassiana donde los bajoranos eran obligados a realizar trabajos forzados.

De repente, el agujero de gusano se abrió, y desde la ventana de la oficina de Brittany Jefferson en la Asimov, se pudo ver con todo su esplendor. Allí estaban reunidos el comandante Lexx, Eneas Hayes y la capitán.

-Debo insistir capitán en que los sentimientos del alférez Mel Varad hacia la alférez Vek son por demás peligrosos, - exclamó Hayes - y no pasará mucho tiempo para que den fruto a un incidente lamentable. Como Jefe de Seguridad, debo aconsejarle capitán que reasigne a alguno de los dos a otra nave, o sino pronto podrá ver las consecuencias.-

-Por otra parte, - interrumpió Lexx- tanto el alférez Mel como la alférez Vek son miembros importantes de la tripulación. Además, puede que Mel tenga resentimientos para con Vek o su raza, pero durante todo este tiempo ha sabido controlarlos. Nada indica que no pueda continuar así.-

La capitán escuchaba con atención ambos comentarios. Hayes continuó con su argumentación.

-Sin embargo comandante Lexx, la ausencia de pruebas no es prueba de ausencia, que no haya hecho nada hasta ahora no quiere decir que no lo hará ¡ y no podemos arriesgarnos a tener un incidente en nuestra nave !.-

Eneas Hayes levantó la voz, podía sentir la disconformidad de Lexx y no podía aceptarla. ¡ Como no era capaz de entender que Varad era un peligro inminente para la estabilidad y la seguridad de la nave !

-Señor Hayes, cálmese.- dijo la capitán. Conocía bien al betazoide y sabía como tratarlo.- Estoy segura de que hay alguna forma de llegar a una solución a este asunto. Déjeme pensarlo y cuando tome una decisión volveré a llamarlos. Muchas gracias y hasta luego.-

Ambos oficiales dejaron la oficina. La capitán se dejó caer sobre su silla, tenía tanto que hacer...

Una hora mas tarde, Aldouz y la capitán Jefferson estaban sentados en la oficina de la coronel Kira Nerys, discutiendo la situación. Kira Nerys era una persona muy segura de si misma, tomaba la mayoría de las cosas con calma y analizaba con profundidad las situaciones. Era el principal encargado de manejar las relaciones entre Bajor y el resto de la Federación.

-Tengo entendido que la Asimov ha sido asignada a la búsqueda de ciertos elementos que son importantes para la Federación.- dijo Kira

-Exacto, - comenzó Aldouz - los elementos originales, los diez prikmal. Y suponemos que uno de ellos esta aquí, en el sistema bajorano.-

La coronel observaba extrañada a Aldouz, sorprendida por su exacta apariencia bajorana y por saber que era en realidad una entidad no corpórea. Seguramente a Odo y a Dax les hubiera gustado conocer a la embajadora.

-El, quiero decir, la embajadora Aldouz puede detectar la presencia de los prikmal y, utilizando la computadora, localizar el sector en donde se encuentra. Pero generalmente los datos son muy vagos, y es difícil encontrar la localización exacta del prikmal. Hasta el momento, sólo poseemos el primero de los diez prikmal.- explicó la capitán Jefferson.

-Entiendo, entonces embajadora Aldouz, debe saber en que sector del sistema Bajoran puede estar este prikmal ¿no?.- preguntó Kira.

-Por supuesto, - exclamó Aldouz - mis lecturas indican que el prikmal esta en el cinturón Denorios, justo en el centro del agujero de gusano estable. ¡Coronel, que los Profetas nos guíen !.-

 

Cuarta Parte: La Orden del Real Camino

La coronel Kira estaba bastante nerviosa. Recientemente, la U.S.S. Asimov había llegado a la estación en su misión de buscar los diez prikmal, de entre su tripulación, una entidad no corpórea con un cuerpo que contradecía lo antedicho había llegado a su oficina clamando que dentro del agujero de gusano ellos hallarían uno de los elementos que estaban buscando. ¡ Justamente dentro de uno de los más importantes símbolos de su religión! Sin mencionar que es una de las mas importantes rutas de comercio e investigación de todo el cuadrante alfa. Las preparaciones para la incursión dentro del agujero de gusano estaban al máximo. Era necesario adaptar a la U.S.S. Asimov para que no sufriera desperfectos al permanecer dentro del agujero de gusano más tiempo del que regularmente cualquier nave permanecía. Además, los sensores debían reprogramarse para evitar confundir las señales normales internas del agujero de gusano con las del prikmal tan preciado. Y eso no era todo...

La Orden del Real Camino, una facción disidente y radical de religiosos bajoranos, proclamaban, por alguna extraña razón, que era totalmente inaceptable utilizar el Templo Celestial (tal el nombre que ellos le dan al agujero de gusano) para fines que no fueran estrictamente relacionados con la exploración del pagh (o alma). Como consecuencia, renegaban de la utilización del agujero de gusano como vía comercial, así como también de la creciente exploración del cuadrante gamma gracias al pasaje estable.  Y por alguna extraña casualidad, estos extremistas religiosos se habían enterado de la misión de la Asimov, y habían procurado enviar a un grupo de sus representantes para expresar su queja formal (y no tan formal) contra estas actividades. Y ni siquiera eso era todo...

Mel Varad estaba sentado en una mesa del Bar de Quark, el centro de recreación de la estación Espacio Profundo Nueve, atendido por un pequeño y avaro ferengi. Estaba solo, pues sus compañeros habían preferido ir a “charlar” con alguna de las chicas Dabo que rondaban el Bar. Recordaba los tiempos de la ocupación, Terok Nor orbitaba Bajor. Esa estación minera había significado la muerte para muchos de su gente. Pero sin embargo, ahora todos parecían divertirse. ¿Acaso nadie recordaba lo que había sucedido ? En una mesa de Dabo, algunos metros mas allá, Moss (también conocido como Blue), el Jefe de ingeniería boliano de la Asimov estaba entusiasmado apostando en el juego. De vez en cuando se escuchaban muchas voces gritando “¡Dabo!” al unísono, aunque la mayoría de las veces se oían expresiones de infortunio. Blue parecía estar perdiendo, pero sin embargo continuaba jugando. El alférez Mel lo observaba, sin poder comprenderlo. Quería volver ya a su habitación, pues había tenido suficientes memorias para un sólo día. De repente, oyó a sus espaldas otros gritos de entusiasmo. Se dio vuelta y observó lo que sucedía.

Al otro lado del Promenade, una multitud se amontonaba alrededor de una compuerta. La mayoría eran bajoranos, pero algunos otros humanoides, así como también varios miembros de Flota Estelar, se mezclaban entre los nativos. Mel Varad se paró y se acercó a la gente. Junto a él, un hombre bajorano sostenía a un pequeño sobre sus hombros. La multitud lo empujaba hacia adelante.

-Perdone, ¿sabe usted que hace toda esta gente aquí ?- le preguntó Varad

-Parece que una importante figura viene a la estación.- respondió el hombre -No se muy bien quien es, pero creo que es un miembro de la Orden del Real Camino.-

Varad parecía asombrado. Había oído hablar de la Orden, pero no podía creer que existían bajoranos que estaban en contra del uso del agujero de gusano, después de todo, gracias a él, el sistema se había convertido en el punto estratégico más importante del cuadrante alfa. ¿Quien podría ser tan extremadamente conservador para creer en eso ? ¡Y toda esa gente esperaba verlo ! Seguramente sería alguien bastante carismático. Su curiosidad aumentaba cada vez más. La gente continuaba arrastrándolo hacia el frente.

En ese mismo instante, la compuerta comenzó a abrirse. A raíz de los empujones, Mel Varad había terminado en primera fila, justo en frente de la compuerta. dos religiosos menores salieron, vestidos con túnicas que indicaban que todavía no habían terminado su preparación. Los dos acólitos se ubicaron uno a cada lado de la compuerta. De la misma, surgió un hombre de mediana edad. La multitud se agitó. Parecía ser quien estaban esperando. El hombre era corpulento y tenía puesta una túnica de Vedek. Saludó a la multitud con su mano derecha y avanzó por un camino que los dos acólitos habían logrado formar entre la gente, pero se detuvo justo delante de Mel Varad. El alférez no podía creer lo que veían sus ojos. Era prácticamente imposible, pero ahí estaba. El Vedek lo miró atentamente, ambos se habían reconocido.

-Bienvenido a casa hijo- exclamó el Vedek Mel Arol.

Quinta Parte: Frente a frente

La capitán Jefferson y la coronel Kira estaban reunidos en Ops, el centro de operaciones de la estación. Estaban discutiendo sobre la aparición de esta nueva Orden religiosa radical, que se oponía a sus actividades.

-Usted sabe bien, capitán Jefferson, que esta estación y este sistema pertenecen a los bajoranos, eso es algo que no podemos negar.-

-Lo que tampoco podemos negar es que la oposición a nuestra actividad es completamente irracional.- exclamó Brittany Jefferson

-No estoy de acuerdo con usted. El dogma de la religión bajorana se basa en la existencia de los Profetas, y nosotros creemos que los Profetas habitan el agujero de gusano. Es entendible que algunos no vean con buenos ojos la incursión de toda clase de seres en nuestro Templo Celestial.-

-Sin embargo, gracias a ese “Templo”, Bajor ha logrado encontrar su lugar en el mapa. Hace apenas cuatro años, nadie se ocupaba de este sector del espacio salvo la Federación, y hoy en día es el más codiciado por todos.-

-Quiéralo o no capitán Jefferson, lo que los bajoranos decidan, la Federación tendrá que aceptarlo. Es por eso capitán que tenemos que hacer lo posible por complacer a estos Vedek. Por si no lo sabe, son una pequeña fracción en el planeta, pero no nos convendría que se volvieran aún más importantes gracias a un escándalo provocado por nosotros.-

-Tiene mucha razón Kira. Debemos intentar que entiendan que nuestra misión es elemental, y que la utilización del agujero de gusano es puramente pacífica.- dijo la capitán - Es por eso que he decidido llevar al representante de esta Orden con nosotros en la expedición dentro del agujero de gusano.-

En otro lugar de la estación, en la habitación del Vedek Mel Arol, Mel Varad y su padre estaban reunidos. Al principio, el alférez no había querido hablar con su padre, pero recordó la charla que había tenido el día anterior con el Comandante Lexx y decidió enfrentarlo. Había sido toda una sorpresa para él encontrar a su padre en la estación, aunque el Vedek ya sabía que Varad estaría allí. El alférez se sirvió su taza de raktajino.

-Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos hijo.- exclamó Mel Arol- Por alguna razón, desde que escapaste de Bajor nunca volví a oír de ti.-

-Sabes muy bien porque decidí escaparme de Bajor, y también sabes muy bien porque nunca más te hablé.-

-La muerte de tu madre fue tan dura para ti como lo fue para mí, Varad.-

-Pero sin embargo, tu ni siquiera te esforzaste en impedirlo. Yo tenía apenas quince años cuando la asesinaron.-

-Varad, entiendo que tengas resentimientos, pero no debes culparme a mí por lo que sucedió. Yo...-

-No vengas con las historias de que intentaste solucionar todo pacíficamente porque eso no es mas que una excusa. ¡Los cardassianos nos invadieron, tomaron el planeta por la fuerza, robaron nuestros recursos, mataron a los nuestros sin escrúpulos, destruyeron todo lo que nos había costado tanto esfuerzo y ahora vienes con que querías solucionar todo por la vía pacífica! Por favor papá, ambos sabemos que eso era imposible.- Mel Varad le dio la espalda a su padre. Había comenzado a llorar. La imagen de su madre volvía a aparecer cuando cerraba los ojos.

-Pero también era imposible rescatarla de cualquier otra manera. Entiende Varad, yo amaba a tu madre, y aún la amo. Era una mujer extremadamente valiente que luchó por la libertad de nuestro planeta como nadie lo ha hecho. Y los cardassianos sabían eso. Tu madre era buscada por todas las patrullas anti-terroristas del planeta, y una vez que fue capturada, fue retenida bajo las más estrictas normas de seguridad hasta su ejecución. Hubiera sido imposible recuperarla.-

-Pero sin embargo,- le interrumpió Mel Varad.- sus compañeros de la célula de Resistencia lo intentaron. Pero tú ni siquiera eso.-

-Soy un hombre de fé Varad, no un guerrero, mi arma son los Profetas. Estaba convencido de que los cardassianos podrían llegar a entender.- una lágrima rodó por la mejilla del Vedek.-Por favor, hijo compréndeme.-

-No, papá, no puedo entenderte. Yo no sé si serás un hombre de fé o no, o si todos estos años han servido de algo para cambiarte. Lo único que sé es que yo si cambié, pero aún sigo creyendo que eres un cobarde.-

El alférez dejó su taza de raktajino y salió de la habitación. Mel Arol tomó su cabeza entre sus manos. Desde que Varad se había unido a Flota Estelar se había preparado para ese encuentro. Ahora sabía que todo estaba perdido. Pensó en su esposa y sollozó. En lo más profundo de su ser estaba arrepentido de como había actuado poco más de cinco años atrás, en lo más profundo de su ser, estaba de acuerdo con Varad. Y se odiaba por eso.

Sexta Parte: Dentro del Agujero de Gusano.

Un día después, los preparativos ya habían sido concluidos. La tripulación de la nave había regresado a sus puestos y se preparaban para el despegue. La capitán Jefferson ingresó en el puente con el Vedek Mel Arol. La embajadora de Iconia Aldouz se acercó para recibir al religioso.

-Es un honor tenerlo a bordo, mi nombre es Aldouz, emb...-pero antes de que termine la frase, el Vedek ya había tomado su oreja.

El tomar de la oreja era un saludo religioso bajorano, mediante el cuál un Vedek era capaz de examinar el pagh (alma) de otra persona. En el mismo momento en que Mel Arol tomó la oreja de Aldouz, sintió que una gran fuerza lo invadía. Se sintió pleno y lleno de una sobrecogedora energía. El pagh de Aldouz era increíblemente fuerte, casi como si fueran millones de almas en una. El Vedek, sorprendido, soltó la oreja de Aldouz, que lo miraba con extrañeza.

-Jovencita...¿que es usted ?.-exclamó

-Soy Aldouz, Embajadora de Iconia. Este no es mi estado natural, pero por el momento estoy tomando la forma de una bajorana, para hacer las cosas mas sencillas durante esta misión.-

-Por un momento creí que era usted un enviado de los Profetas...o un Profeta mismo.- Mel Arol observó la belleza de Aldouz, intrigado. Realmente parecía una bajorana, y una bajorana muy hermosa.

Todos ocuparon sus puestos en el puente. Junto a la capitán estaban la comandante M´Rel y el comandante Lexx. En el timón estaba Mel Varad, y en tácticas Eneas Hayes. Elina Vek ocupaba el puesto de ciencias, en la parte superior del puente. A unos pocos metros de Vek, el Vedek Mel Arol observaba todo atentamente.

-Alférez Varad, comience con las maniobras de despegue. Ponga curso luego hacia el cinturón Denorios.- ordenó la capitán.

La U.S.S. Asimov se separó del pilón superior de la Espacio Profundo Nueve y giró sobre su eje. Lentamente comenzó a avanzar, trazando una línea invisible hacia el Templo Celestial. La estación estaba ubicada a pocas unidades astronómicas de él, así que no le tomó mucho a la Asimov poder llegar. Un destello iluminó de repente el puente y el agujero de gusano se abrió ante los ojos de la tripulación. Todos observaban asombrados.

-Definitivamente es hermoso.- exclamó Vreel Lexx.

-Una maravillosa obra de ingeniería.- opinó Vek.

-Fascinante.- la romulana M´Rel no encontró un mejor adjetivo para describirlo.

-Vale la pena tener ojos para poder apreciarlo.- el comentario de Aldouz provocó una sonrisa en Hayes.

-Que los Profetas marquen nuestro camino.- dijo Varad, maravillado. Su padre no podía quitar los ojos del agujero de gusano. Nunca había visto el Templo Celestial, y era más impetuoso de lo que lo había imaginado.

La nave ingresó al pasadizo, envolviéndose con luz amarillenta y remolinos de color azulado. Dentro del agujero de gusano, la visión era aún mas estremecedora. Ribetes de todos los colores pasaban junto al casco de la Asimov. Grandes esferas giraban alrededor y ondas extrañas parecían rodear y delinear la nave. Todo se movía en una extraña danza que parecía incongruente pero a la vez daba la impresión de estar perfectamente planeada. Cada cosa en su exacto lugar, en su exacto momento. Y entre todos esos fenómenos extraños y elementos desconocidos, en algún lugar estaba el prikmal.

-Este es el hogar de los Profetas, es increíble.-Mel Arol apenas podía pronunciar unas palabras.

La nave se detuvo. Elina Vek examinó los datos del sensor principal, tratando de hallar alguna señal de lo que estaban buscando. Aldouz se levantó y comenzó a caminar hacia la pantalla principal, observando la sucesión de imágenes frente a ella. Giró en redondo y dijo :

-Puedo sentirlo, esta allí afuera.-

-Eso ya lo sabemos Aldouz, díganos algo que pueda llevarnos hacia él.-

-Solamente avancen, nos daremos cuenta cuando lo encontremos, el mismo se presentará.-

La capitán se asombró ante el comentario de Aldouz, por primera vez sintió temor por su nave.

Dentro del pasadizo la Asimov continuó avanzando lentamente. De repente, el panel de Elina comenzó a emitir un fuerte sonido. Había detectado el prikmal.

-Capitán, el sensor señala que hay un planeta justo aquí dentro.- informó Vek.

-El hogar de los Profetas.- susurró el Vedek Mel asombrado.

-¡ Y las señales del prikmal provienen de todo el planeta !.-

-Hemos encontrado el Prikmal.- exclamó Aldouz levantando sus brazos.

-Los Profetas son un...-comenzó a decir Mel Varad

Pero antes de que termine la frase, la nave se cubrió con una intensa luz blanca...

Séptima Parte: Iluminado

Mel Varad se encontró en un planeta inhóspito. Todo a su alrededor era lúgubre y tenebroso. Una terrible tormenta se cernía sobre el horizonte, y el suelo era rocoso y sin vida. Cualquiera en ese lugar se sentía solo y triste. Podría decirse que el planeta reflejaba su propia alma. Mel Varad se arrodilló y escondió la cabeza entre sus piernas. No quería ver lo que pasaba a su alrededor, tan sólo quería salir de allí. Escucho un llamado y alzó la vista. Estaba otra vez en Bajor, en la plaza pública. El día era soleado y hermoso. Una gran multitud ocupaba el lugar, pero nadie emitía ningún sonido. Había un solemne silencio. En el centro de la plaza se alzaba un escenario. Allí estaba su madre y dos cardassianos la sostenían. Uno de los cardassianos estaba leyendo los crímenes de los que su madre había sido acusada. Cuando hubo terminado, un tercer cardassiano se paró frente a ella. Tenía un rifle phaser en la mano. Mel Varad no entendía lo que estaba sucediendo. Parecía una extraña broma, una jugada del destino. Pero ¿y si no lo era ? ¿Y si era su madre la que estaba realmente ahí ? El alférez Mel comenzó a avanzar entre la gente y a gritar. No podía dejar que eso sucediera otra vez. El oficial con el rifle estaba a punto de disparar. Mel alcanzó con desesperación el escenario y subió de un salto. El cardassiano disparó. Mel Varad giró sobre sus talones. No quería volver a ver esa escena. Frente a él, un cardassiano lo miró con atención y se le acercó.

-Eres un ser lineal, como el Sisko ¿cuál es tu función ?-

Mel Varad no entendía lo que estaba sucediendo. Detrás de él, otra voz le habló. Al girar se dio cuenta de que era su madre. Era hermosa, tal como la recordaba, y estaba viva. Pero algo dentro suyo le dijo que en realidad no era ella completamente. Una lágrima rodó por su mejilla.

-¿Porque vuelves aquí ?, ¿porque existes en este tiempo ?- le preguntó su madre.

-Yo no existo aquí, esto es algo de mi vida. Un momento que quiero olvidar. Por favor sáquenme de aquí.- sollozó Varad. Los recuerdos invadían su mente.

-No somos nosotros los que controlamos esto. Tu existes aquí, y tu lo manejas.-

-Pero no entienden, ¡no quiero volver aquí !.- gritó.

El cardassiano le habló con voz inquisidora.

-El Sisko nos enseño que los recuerdos forman parte de sus vidas, existen en ellos, y según su tiempo lineal, no existe un hoy ni un mañana sin un ayer.-

-Pero este pasado es muy doloroso...-

-Pero no comprendo. Sin este pasado no existe este presente. Lo que eres hoy es una consecuencia de todo esto. Es por eso que existes aquí.¿o no? - su madre hablaba dulcemente.

Mel Varad miró hacia la multitud. Entre la gente reconoció a su padre. Parecía desconsolado, quebrado en mil partes. En sus ojos podía verse la terrible tristeza que lo apremiaba. Su mujer había muerto y él no había sido capaz de evitarlo. Pero Mel Arol se sobrepuso, se secó las lágrimas de su cara y comenzó a caminar, alejándose de la plaza y llevándose consigo a sus hijos. Caminaba con una gran dignidad. Y en ese mismo momento Varad lo entendió. Todos sus actos eran lo que formaban su ser. Mel Varad no era fruto de otra cosa más que de su propio pasado. Cada cosa que él hacía delineaban su comportamiento, la causa y la consecuencia le daban forma a su vida. Cada evento era una prueba que debía superar. Todo lo que le sucedía le servía como aprendizaje, y cada día que pasaba se volvía un ser más complejo, pero a la vez más perfecto.

Todo a su alrededor cambió de repente, imágenes variadas giraron a su alrededor. Una mujer bajorana sostenía a un pequeño entre sus brazos mientras un niño, el mismo Mel Varad, la abrazaba con dulzura. El alférez Varad escuchó una profunda  voz, que repetía palabras sin cesar. “Vive”, decía.

La imagen cambió de repente, Mel Varad volvió a verse a sí mismo, esta vez empapado bajo la lluvia, intentando conseguir un lugar en un carguero clandestino para escapar de su planeta. “Crece”, repetía la voz.

Mel Varad se encontraba ahora en la Tierra, en la Academia. Una bonita joven andoriana, vestida con un uniforme de cadete se le acercó corriendo y, entre risas, le dijo algo al oído. Mel Varad sonrió, la recordaba bien, se llamaba Furina. “Aprende”. La voz sonaba cada vez más fuerte.

Esta vez, todo se oscureció. Miró hacia su alrededor pero no había nada, ni una imagen, ni un sonido. De repente, en frente suyo le pareció ver a alguien. Observó mejor, mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad. Parecía estar ante un espejo pues, frente a él, Mel Varad lo miraba extrañado. Pero su reflejo no era igual a él. Era el mismo joven de quince años que había presenciado la muerte de su madre. Ambos levantaron sus manos, intentando tomarse. Sus manos se fundieron una en la otra, formando una sola. Sus cuerpos se juntaron pero no se encontraron, tan solo se unieron. Mel Varad formaba a Mel Varad, el pasado se unía con el presente. La voz volvió a hablar de la nada : “Evoluciona”

Octava Parte: Conclusiones inesperadas

De repente, Mel Varad se encontró otra vez en el puente, sentado en el timón. Parecía como si nada hubiera sucedido. Dentro del pasadizo la Asimov continuaba avanzando lentamente. De repente, el panel de Elina comenzó a emitir un fuerte sonido. Había detectado el prikmal.

-Capitán, el sensor señala que hay un planeta justo aquí dentro.- informó Vek.

-El hogar de los Profetas.- susurró el Vedek Mel asombrado.

Mel Varad estaba consternado, todo eso ya lo había vivido, sólo que esta vez, algo faltaba. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que Aldouz ya no estaba.

-Capitán, la señal del prikmal esta desapareciendo, se desvanece.-informó Vek

-Embajadora, podría decirn...-la Capitán Jefferson buscó a la Iconiana a su alrededor.

Todos se asombraron, pues nadie la había visto dejar el puente.

De repente, justo desde la pantalla principal, surgió una pequeña esfera de luz rojiza. Era Aldouz, otra vez en su forma original. Poco a poco volvió a su cuerpo Bajoran.

-Decidí salir a ver por mi misma que es lo que había en ese planeta, pero siento informarles que no es lo que buscamos. La señal que localizamos es una falsa alarma, producto de la mezcla de materiales ancestrales en ese pequeño planeta. Pero ya lo he solucionado. No tenemos nada más que hacer aquí.-exclamó Aldouz

-¿Está usted segura de lo que dice ?- preguntó M´Rel

-Por supuesto que si, quien podría estar más segura que una auténtica Iconiana. Volvamos a casa.-

Elina Vek confirmó lo que Aldouz había dicho. Los sensores ya no detectaban nada en el planeta ni en ningún otra parte del pasadizo. La Asimov giró en redondo y se preparó para salir del agujero de gusano Aldouz se acercó a Mel Varad, que estaba aún bastante confundido y le dijo al oído :

-Parece que tú y yo tenemos un pequeño secreto.-

-¿Eran esos los Profetas?.- preguntó Varad

-Si es así como los llaman ahora, entonces sí. Yo sólo los llamaría “viejos amigos”.-

-¿Y el prikmal ?-

-En ese planeta hay cosas que ustedes no están preparados para ver. Su raza todavía debe esperar.-

-Pero, ¿que es lo que sucedió conmigo ?.-

-A veces es mejor no preguntar, tan solo entender y aceptar...-

Otra vez en Espacio Profundo Nueve, Mel Varad tocó la puerta en la habitación de su padre. Tenían mucho de que hablar. El Vedek Mel había decidido dejar la Orden radical para llevar un camino más cercano a los Profetas. Después de haber visitado el Templo Celestial le era difícil seguir creyendo que toda esa magnitud estaba reservada sólo para los bajoranos. Pero Varad no había ido a hablar sobre religión, quería solamente tener una charla personal con su padre. El Vedek lo recibió gentilmente y hablaron durante horas. Sus diferencias no se habían solucionado, pero ambos estaban dispuestos a dejar atrás las discusiones. Mel Varad había comprendido la naturaleza de la vida, y había comprendido las acciones de su padre, mientras que Mel Arol supo entender el resentimiento de Varad y aceptó su propia falla, al no intentar al menos otras maneras de rescatar a su madre. Parecía que padre e hijo, luego de tantos años, habían sido capaces de reconciliarse, o por lo menos, de comenzar una nueva etapa a su relación. ¡Y tenían tanto que contarse !

En el Bar, Aldouz tenía algunos problemas con el mismísimo ferengi Quark, quien no perdía ocasión, cada vez que entablaba algún tipo de conversación con ella, de ponerle la mano justo sobre su pierna. Aldouz comenzaba a pensar que no había sido muy buena idea tomar la forma de un bajorano. Decidió entonces que tan pronto volviese a la Asimov, regresaría a su estado original. Por el momento aprovecharía un poco más los cinco sentidos. Ah, el olfato, el gusto, el tacto, todos ellos le ocasionaban tanto placer que era difícil dejarlos. Llamó a Quark, le pidió un programa de holosuite y abandonó el Bar para disfrutar de sus últimas percepciones sensoriales a gusto. Quien sabía que cuerpo decidiría tomar la próxima vez...

Mientras tanto, la capitán Jefferson conversaba con Eneas Hayes y Vreel Lexx en su despacho de la Asimov. Había llegado a una resolución sobre el asunto entre Elina Vek y Mel Varad.

-Señores, -comenzó la capitán.- Estamos en una nave civilizada, en la cuál todos somos iguales, sin importar la raza o el género. Debemos aceptar las diferencias de opiniones y comprender que no siempre podemos tener la razón. Pero sin embargo, pareciera como si este ideal no se cumpliera en mi nave, según el comentario del Jefe de Seguridad Hayes por los pensamientos del alférez Mel. Es nuestro deber, por lo tanto intentar que nuestros tripulantes solucionen sus diferencias por sí solos. No debemos, bajo ningún motivo, eludir el problema enviando a cualquiera de los involucrados a otra asignación. Eso sería inaceptable. Por lo tanto, he decidido que el señor Mel Varad debe aprender a aceptar a la alférez Elina Vek, a pesar de los problemas con su raza, y para hacer esto más sencillo, he decidido ubicarlos a ambos en la misma habitación. A partir de la próxima semana, el alférez Mel y la alférez Vek son compañeros de cuarto.-

La Asimov continuó amarrada a Espacio Profundo Nueve, esperando que su tripulación decida continuar con su búsqueda. La aventura había terminado por el momento, pero pronto emprenderían una nueva, viajando a otros lugares recónditos de la galaxia. Pronto dejarían el sistema bajorano y su estación y su pasadizo y su gente. Pronto dejarían a los Vedeks radicales, a los calmos oficiales Federales y a los ferengi. Pronto todo volvería a comenzar otra vez, y todas aquellas cosas no serían más que recuerdos...

Próximo episodio: Al Grekor parte I y II.