“A la tripulación de
Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
Rura Penthe
Escrito por Marplanauta/ Portada: David Benzal
Primera Parte: la Gre´thor
K´Bure caminaba furiosamente por los pasillos de su nueva Ave de Presa, la Gre´thor. Nueva en realidad era un eufemismo, la nave apenas podía mantenerse en una pieza. Los eventos en Nimbus 3 habían afectado gravemente su reputación. La casa de Korok había caído en desgracia y él, como uno de sus miembros, había sido desplazado de ser un General influyente a ser un simple capitán de un Ave de Rapiña. Y eso no era lo peor. La Ave de Presa atravesaba el territorio Klingon con destino a Rura Penthe, y con ellos viajaba la capitán Brittany Jefferson de la USS Asimov. K´Bure no sabía si odiar a esa mujer o deberle la vida. Sus obligaciones lo habían puesto alternativamente como su captor, su perseguidor...y ahora su chofer. K´Bure estaba seguro de que ella había tenido algo que ver con el descubrimiento del plan de asesinato del centurión Zek´Kinar en Nimbus 3. Sin embargo, sabia que el destino que le esperaba no albergaba la gloria que hubiese significado morir junto al Canciller Martok en aquel planeta. Mientras K´Bure se acercaba al puente, no pudo evitar pensar las huestes de Klingons que se hubiesen abalanzado sobre el territorio Romulano en busca de venganza. Él hubiese pasado a la historia. En cambio, ahora viajaba a Rura Penthe, a reemplazar temporalmente al Comandante de la Prisión. El nombre de su nueva nave no podía ser más acertado, su nuevo puesto era un infierno. Ciertamente no era el destino honorable que le correspondía.
K´Bure ingresó en el vetusto puente de la Gre´thor justo cuando la nave entraba en órbita de Rura Penthe. Por la pantalla pudo ver la superficie completamente congelada del planeta prisión. El ciclo de invierno estaba llegando a su fin, y podrían restablecerse las comunicaciones. Durante 9 meses, la temperatura era tan baja en el planeta que se interrumpían todas las comunicaciones al exterior debido a la interferencia de tormentas de hielo iónico, solo algunos cargueros podían atravesar esas tormentas. Al pasar esos 9 meses, debía reabastecerse la prisión y recolectar el dilithium que los prisioneros habían excavado. Con poco entusiasmo K´Bure vio como la capitana Jefferson ingresaba en el puente y gruño una maldición en Klingon. El oficial de comunicaciones presionó con fuerza un botón e intentó establecer una comunicación con el planeta.
- Rura Penthe, aquí la IKS Gre´thor. Traemos provisiones y nuevos prisioneros. Transfieran las coordenadas de transporte.-
El oficial recibió una horrible interferencia como respuesta, al parecer las comunicaciones aun no estaban restablecidas. Cualquier intento de transporte seria peligroso, por lo que K´Bure no tuvo otra opción que ordenar el descenso en un transbordador. Dio un par de órdenes en Klingon y abandonó el puente.
Brittany Jefferson sabia que no era muy bien recibida. Durante todo el viaje había sido confinada a su habitación, con esporádicas visitas al salón comedor, donde los Klingon cantaban canciones y golpeaban sus cabezas. Más de una vez había tenido que gruñirle a algún oficial para que le tuviesen respeto. Ahora, K´Bure estaba por bajar a la superficie y ni siquiera se había molestado en informarle. Afortunadamente, la capitana sabía hablar Klingon a la perfección y había comprendido las órdenes de K´Bure. Unos minutos después estaba en la lanzadera junto a siete oficiales Klingon y tres prisioneros, dos de ellos Yridian y uno Camarian. Sin ningún otro retraso, el transbordador dejo la Gre´thor y descendió a las heladas planicies de Rura Penthe.
Segunda Parte: Temperatura en descenso
La lanzadera Klingon se tambaleó al atravesar las
tormentas de hielo, y Brittany Jefferson se vio empujada una y otra vez contra
los enormes cuerpos de los soldados Klingon. Luego de dos semanas en la Gre´thor
ya se había acostumbrado a su trato y hasta estaba acostumbrándose a su olor.
Llevaba la misma ropa sucia hacia por lo menos cinco días, pero se sentía en
ambiente. Por fin había llegado el momento de recuperar a su tripulación. Si
bien nunca había aceptado del todo a los Romulanos como miembros de la Asimov,
había llegado a valorar sus aportes, en especial el de M´Rel. Nunca le había
tenido una completa confianza, pero sabía que no merecía estar en Rura Penthe.
Jefferson pensaba que cargaba con un poco de culpa, al fin y al cabo M´Rel estaba
bajo su mando cuando fueron capturados.
Mientras pensaba esto, sintió el golpe seco que significaba que habían aterrizado. Ajusto su traje de piel de bohre y salió a la superficie del planeta. Si bien estaba equipada con los mejores trajes de la Flota para protegerse del frío, pudo sentir la corriente helada filtrándose hasta sus huesos. No había manera de protegerse del frío de Rura Penthe. Los Klingon, en cambio, apenas cargaban unas pieles sobre sus armaduras tradicionales. La capitán no pudo mas que asombrarse de la resistencia de los guerreros. Detrás de ellos, los dos Yridian y el Camarian no tenían la misma suerte, y parecían a punto de desmayarse por el frío y la mala alimentación.
K´Bure avanzó entre la nieve y distinguió la señal que indicaba la entrada a las instalaciones. Oprimió un botón y espero. Una luz mortecina pudo verse a través de la capa de nieve que la cubría y pocos segundos después emergió una especie de ascensor desde el suelo. El contingente se subió al ascensor y comenzaron a bajar hacia la Prisión.
A Jefferson todo le pareció muy extraño. Nadie los había recibido en órbita, ni habían podido comunicarse con los Guardias. Ningún Klingon los había estado esperando afuera, ni tampoco había subido junto al ascensor para recibirlos. Con la mano limpió la nieve del traje de piel y descartó sus sospechas. Los Klingon eran bastante excéntricos, y esta podía ser solo una mas de sus excentricidades.
Cuando el ascensor finalmente se detuvo, las sospechas de la capitana se fortalecieron. Ante ellos se extendía un pasillo desierto, iluminado apenas por unas luces rojizas que indicaban el camino a seguir. No había ningún oficial aguardándoles. Al parecer, o era la única con sospechas, porque K´Bure sacó su disruptor y con una señal ordenó a sus oficiales que estuviesen en guardia. Lentamente salieron del ascensor, que se cerró automáticamente cuando el último Yridian estuvo fuera. El ruido del ascensor volviendo a subir inundó el pasillo. La capitana oprimió el botón junto a la compuerta, pero el ascensor no se detuvo ni reaccionó de manera alguna. Al parecer estaban encerrados ahí abajo.
Mientras el contingente avanzaba por uno de los pasillos, Jefferson tomó su phaser de mano y extrajo el tricoder de uno de los bolsillos de su traje de piel. Apenas pudo creer lo que las lecturas indicaban. Avanzó unos pasos para alcanzar a K´Bure y le mostró su tricoder. En las gigantescas instalaciones subterráneas de Rura Penthe, donde estaban prisioneros varios cientos de criminales, custodiados por decenas de Klingon, no había absolutamente nadie.
Tercera parte: la oficina de Tor´Als
Brittany Jefferson se había separado de los oficiales Klingon, que habían comenzado a levantar una especie de campamento en el hall central de la prisión. K´Bure no parecía estar nervioso, pero si bastante desconcertado. Hacia varios meses que no tenían información de Rura Penthe, desde que había llegado el contingente de prisioneros que había llevado a los Romulanos, pero no se le había ocurrido sospechar que algo malo pudiese estar sucediendo en la prisión. Rura Penthe era famosa porque en sus cientos de años de historia, los prisioneros que habían logrado escapar se contaban con los dedos de la mano. Una fuga de todos los prisioneros de la prisión no hubiese pasado desapercibida. O por lo menos eso creía. El Klingon le ordenó a cuatro de sus oficiales que inspeccionen los pasillos de la prisión en busca de otro ascensor, mientras otro intentaba recuperar el control del ascensor que ellos habían utilizado. En el peor de los casos, los oficiales en la Gre´thor volverían a buscarlos al notar su ausencia.
La capitán caminaba lentamente por los pasillos, tratando de reconocer lo que pisaba con la poca luz roja de las instalaciones. Al parecer, si había habido una fuga, no debía haber sido mucho tiempo antes. La central de energía parecía funcionar a la perfección, lo que era realmente una suerte para ellos. Si la central de energía no funcionase, no lograrían soportar el frío poco más de una hora. La capitana dobló en una esquina y llegó finalmente a lo que parecía ser una oficina. Con cuidado empujo la puerta oxidada e ingresó.
La oficina estaba muy desordenada, como si alguien hubiese estado buscando algo nerviosamente. En la pared podía distinguirse un estante donde solía estar colgado un Bat´telh. Ahora solo quedaba una marca oscura. Sobre el escritorio, entre un puñado de padds, una pequeña estatua de bronce de Kahless estaba quebrada, mostrando al mayor héroe de la historia Klingon como un idolo decapitado. Brittany Jefferson reconoció el nombre de M´Rel en uno de los padds, fechado apenas unas semanas antes y lo leyó:
“Informe del Comandante Tor´Als. La situación en la prisión continúa con normalidad. A esta velocidad, es posible que la cuota de dilithium del ciclo de invierno sea cubierta con creces. Algunos oficiales se han enfermado, probablemente por los targs en mal estado que nos enviaron en el último contingente. A decir verdad, no solo nos enviaron targs en mal estado, sino que también nos enviaron sucios Romulanos. ¡Como si no tuviésemos suficiente escoria! Desafortunadamente, un par de esos prisioneros murieron en el camino hacia la prisión. Las causas son desconocidas, aunque no me extrañaría pensar que fueron ajusticiados por algún honorable guerrero. No es fácil contener a mis oficiales, especialmente cuando tenemos a esta Romulana M´Rel entre los prisioneros. Es tranquila, y trabaja duro, pero sigue siendo una Romulana. Justamente ayer hubo un extraño incidente. Uno de los guardias menores la atacó en el acceso J3. Al parecer la maldita sabe defenderse. El guardia era el doble de su tamaño pero fue encontrado muerto, con heridas de d´k´tagh en todo su cuerpo. Ahora tendremos que agregar otro cargo al historial de la Romulana. Sin embargo, no la culpo por haberse intentado defender, ese viejo Klingon no tenia honor. La Romulana por ahora se esta recuperando en la Enfermería, pero ha perdido uno de sus ojos. Estará otra vez en las minas cuanto antes...aunque no estoy seguro por cuanto tiempo. Alguien querrá vengar la muerte del guardia.”
El informe terminaba ahí. Jefferson se lamentó por la muerte de algunos de los oficiales Romulanos y temió lo peor. Si M´Rel había asesinado a un guardia, era difícil que ella también hubiese sobrevivido. Jefferson tomó los padds que quedaban sobre la mesa y se dirigió a la Enfermería, tal vez pudiese encontrar alguna pista por allí.
Cuarta Parte: el ascenso de un líder
La capitana caminaba con cuidado por los pasillos de Rura Penthe. Sentía el frío calándole los huesos, la temperatura no debía estar a más de cinco grados bajo cero. En cada esquina tomaba una mayor precaución, ya que aun no estaba completamente segura de que allí no hubiese nadie. Mientras seguía las indicaciones hacia la Enfermería, tomo el siguiente de los padds. En ese instante, sintió que alguien la estaba observando. Giró en redondo y apuntó con su phaser al fondo del pasillo. No había nadie allí. Agudizó la vista, tratando de distinguir un poco más en la oscuridad, pero solo pudo ver la roca negra donde habían cavado el pasillo. Sin embargo, sintió una brisa caliente proviniendo desde el fondo, y todo su cuerpo se erizó al sentir el calor atravesándola. Fue un instante, un segundo, pero todos sus sentidos de alarma se activaron. Con desconfianza, siguió caminando hacia la Enfermería, mientas leía otro informe de Tor´Als:
“Han pasado apenas unos días desde mi último informe, sin embargo ya no puedo decir que todo esta tan tranquilo. La mugre Romulana dejo la Enfermería, pero algo ha cambiado. Tuvieron que ponerle un parche en su ojo izquierdo, porque lo perdió en el ataque. La misma noche que dejó la Enfermería fue atacada por varios de mis guardias, como era de esperarse. Sin embargo, logró salir ilesa del ataque. Pero eso no es lo mas extraño. Al consultar a los guardias sobre lo sucedido, ninguno quiso darme explicaciones, ni comentar nada de lo que habían visto. Era como si un terror los hubiese invadido. Nadie quería acercarse a la maldita. Nunca había visto miedo en los ojos de mis guardias hasta ese momento.
Y eso no es todo. La noticia de que había asesinado a uno de los guardias se difundió rápidamente por toda la prisión. Ahora, en los comedores y en las minas de dilithium la tratan como si fuese una especie de líder. Hemos tratado de reprimir todas estos extraños gestos, pero es casi imposible. Cuando castigamos a los que hacen el trabajo por ella, surgen otros dispuestos a hacerlo. Estuve pensando en ordenar su ejecución, pero no estoy seguro de si eso no terminará complicando aun mas las cosas.
Esta mañana fui yo mismo a verla. Los rumores sobre su apariencia no podían dejarse de lado. Al parecer, la Romulana tenía una actitud sobrenatural, como si no estuviese sufriendo los castigos de Rura Penthe. Lo que vi fue espeluznante. Alrededor de su litera había ofrendas de comida y abrigo, muestras de respeto de otros presos. Ella estaba sentada sobre su cama, con su único ojo cerrado. Me acerqué y la tomé del brazo. Estaba dispuesto a enseñarle quien es el líder en esta prisión. Ella abrió su ojo y me miró fijamente. Lo que sentí en ese momento no puedo explicarlo. Se que puede parecer deshonroso decir que tuve miedo, pero el honor no se pierde si uno acepta que hay algo que esta más allá de nuestras capacidades. Esta Romulana esta maldita, y no creo que tenga el poder para detenerla. Sin pensarlo mas, le ordené a mis mejores guardias que la lleven al pozo, allí podré mantenerla alejada del resto de los reclusos y evitar que esta especie de culto se extienda. Intente enviar un mensaje de apoyo a Qo´noS, pero las tormentas están en su peor momento. Falta poco menos de un mes para el próximo reemplazo. Espero que ese día llegue rápido”.
La preocupación de Brittany Jefferson se incrementaba exponencialmente con cada palabra que leía. Esa no parecía ser la M´Rel que conocía. Era una excelente soldado pero no hubiese sido capaz de vencer a varios guardias Klingon, mejor armados y mejor alimentados que ella. Además estaba todo eso del misticismo, que bien podía ser un invento de la mente de Tor´Als, pero que sonaba realmente preocupante.
La capitana ingresó en la Enfermería y pudo ver las pequeñas jaulas alrededor de las camillas. Miró en su interior, pero solo pudo distinguir los cadáveres de algunos animales. Abrió un pequeño armario y pudo ver diferentes vestimentas en su interior, al parecer confiscadas para que fuesen utilizadas como vendas si era necesario. Revolvió entre las prendas hasta que reconoció una parte del traje negro de M´Rel. Era una manga, o por lo menos eso parecía. La capitán observó el paño de tela con mas detalle y pudo distinguir manchas verdosas de sangre todo a lo largo. M´Rel había sido gravemente herida.
Estaba analizando esto cuando un aullido de furia Klingon a poca distancia de allí la sobresaltó Tomó su phaser y con velocidad salió de la Enfermería. El aullido inundaba los pasillos, como un llanto de odio, no de miedo ni dolor. Brittany dio vuelta una esquina y se encontró con lo peor. Frente a ella, uno de los oficiales de K´Bure estaba arrodillado, con su cabeza alzada al cielo, profiriendo el horrible aullido. A su alrededor, cientos de cadáveres se amontonaban en cada esquina. Los cuerpos mutilados y despedazados hacían a la escena más infernal. Las manchas de sangre coagulada atravesaban las paredes, interrumpidas por arañazos profundos. Todos los muertos eran Klingon.
Quinta Parte: la revuelta de Rura Penthe
K´Bure no podía contener la furia. Parecía una fiera enjaulada caminando de un lado a otro. No habían podido comunicarse con la Ghetor ni encontrar otra salida. Y ahora la amenaza era más palpable. Los cadáveres estaban apilados como si fuesen leña, y en evidente señal de desafío habían sido puestos boca abajo, de manera que su alma no pudiese viajar a StoVoKor. La mayoría de ellos parecía haber muerto en batalla, pero algunos mostraban rasgos perturbadores. Era como si hubiesen explotado desde adentro. Los siete oficiales estaban junto a él, y los tres nuevos prisioneros estaban siendo obligados a ayudar a reacomodar los cadáveres. Debían devolverle el honor a los muertos.
Brittany Jefferson no podía observar la escena. Toda esa muerte estaba fuera de la imaginación de cualquier humano. No era capaz de entender quien podría hacer algo tan horrible. Otra vez en la Enfermería y tratando de mantener la calma, tomó uno de los padds, buscando una respuesta:
“...y la situación es critica. Los reclusos han tomado la sección 4 y 5 y parecen indetenibles. Los últimos informes que recibí de la revuelta dicen que la turba de presos avanza hacia esta sección. Al parecer quieren llegar al pozo. Sabia que esta mujer tenía influencia sobre ellos, pero no entiendo como despertó esta clase de fanatismo. He visto a presos débiles luchar contra mis guardias con una furia descontrolada. Los presos de Rura Penthe siempre han sido rebeldes sin respeto a nada ni a nadie, pero ahora parecen tener una razón para luchar. Kahless lo dijo, no hay nada más temible que un guerrero fanático.
Con algunos de mis mejores hombres hemos logrado llegar hasta aquí, pero ya no hay salida. El acceso a las naves de escape ha sido cortado. Quise activar la señal subespacial para dar la alarma del motín en Qo´noS, pero era demasiado tarde. Los sistemas también han sido desactivados. He venido aquí a buscar mi bat´telh, y aprovecho mi último aliento para dejar un registro de lo que sucedió. La locura se ha adueñado de rura Penthe, y ni el mejor de los Comandantes hubiese sido capaz de evitarlo. A esta altura ya habrán liberado a M´Rel, pero no creo que se detengan allí. Ya vienen por mí pero los estoy esperando junto a mis guerreros. Podemos sentir el rumor de los presos avanzando hacia aquí. Son los tambores de guerra que nos llaman. Les haremos ver como muere un verdadero Klingon. ¡Por Kahless!”
Era la última línea de la bitácora. Solo en ese momento, la capitana pudo ver que el revés del padd estaba manchado con sangre. Y la luz de toda la prisión se apagó de repente.
Sexta Parte: Poseídos
La capitán tanteó a su alrededor en busca de la salida. La oscuridad era total y ella se aferraba a su phaser como su única defensa ante lo desconocido. Con su mano siguió la línea fría de la pared de roca hasta encontrar la puerta. Empujo con fuerza para salir de la Enfermería, pero al ver lo que la esperaba prefirió haberse quedado dentro.
A unos metros de ella, donde habían sido descubiertos los Klingon masacrados, Jefferson pudo ver a los oficiales de K´Bure luchando entre si. Era como si estuviesen poseídos por una fuerza sobrenatural. Los disparos de los disruptores y las chispas de las filosas armas chocando entre si iluminaban espasmódicamente la escena, y a cada golpe era un reguero de sangre todo a su alrededor. Los tres prisioneros, tan sorprendidos como ella, corrieron aterrorizados a través de uno de los pasillos. K´Bure, en una esquina, tampoco parecía entender lo que sucedía. Gritaba órdenes en Klingon e intentaba detenerlos, pero era en vano. Cada oficial golpeaba a sus compañeros como si fuesen el peor enemigo. Uno en especial atravesó con su daga los cuellos de dos de sus compañeros, casi sin esfuerzo. K´Bure, antes de que la masacre continúe, tomó su disruptor y disparó contra el oficial descontrolado. Pero no se detenían. Antes de que pudiese hacer algo más, los siete oficiales estaban muertos, despedazados entre sí, engrosando las pilas de cadáveres.
K´Bure no salía de su asombro, sus oficiales se habían vuelto locos de repente. Ahora solo quedaba él, la mujer humana y tres prisioneros asustadizos para enfrentar a lo que sea que estaba sucediendo allí. Jefferson a su vez, no bajaba su phaser, apuntando al pecho de K´Bure. No estaba segura si él estaba poseído o no, pero no se iba a arriesgar. K´Bure era casi el triple de su tamaño, y podía despedazarla en un segundo si lo deseaba. La luz volvió de repente.
- No se preocupe capitán.- dijo K´Bure, visiblemente nervioso.- Creo que dadas las circunstancias, a quien menos debe temer es a mi.-
- Yo creo tener una idea de quien esta detrás de todo esto. Pero aun no comprendo del todo.- dijo la capitana, sin por eso dejar de apuntar al Klingon.- ¡M´Rel! Se que estas ahí, he venido a buscarte.- gritó.
Apenas Jefferson dijo esto, una luz rojiza invadió el recinto, reflejándose en las manchas de sangre púrpura. Era como la materialización de Aldouz, pero solo que en ese escenario aparecía como mucho más espectral y tenebrosa. Ante ellos apareció M´Rel. Su traje estaba desgarrado en el centro, dejando su vientre al descubierto. Las manchas de sangre Romulanas se mezclaban con restos de sangre Klingon. En su cara, un parche cubría el ojo izquierdo y una cicatriz atravesaba su mentón. Su mirada demostraba una frialdad que no había tenido nunca antes. Como si no le importasen en absoluto las vidas de todos esos Klingon que habían sido asesinados. Y en su cuello colgaba medio talismán, el origen de la luz rojiza.
- Bienvenida capitán. La estaba esperando hace tiempo.- dijo M´Rel.
Séptima Parte: la nueva M´Rel
Brittany Jefferson apenas la pudo reconocer, pero al ver el talismán colgando sobre su cuello, todo encajó. La capitana recordó a Poltek, el viejo capitán de M´Rel, que había logrado huir con la mitad de uno de los prikmales. Había jurado venganza a M´Rel, pero al parecer había vuelto para rescatarla de Rura Penthe...o para hundirla aun más en su tragedia. Los poderes del prikmal de Poltek eran limitados, pero al parecer habían sido suficientes para provocar la revuelta de Rura Penthe y sus cientos de muertos. Ahora M´Rel parecía estar poseída por el poder de su viejo Capitán.
- Debe saber que fue muy duro estar aquí capitán. Nunca me sentí tan abandonada. Eso fue una verdadera decepción.- dijo M´Rel mientras se acercaba.
- No puedo ni siquiera imaginar por lo que has pasado M´Rel, pero puedo decirte que hice todo lo que estaba a mi alcance para evitar que termines aquí. Hice lo que pude por que recuperes tu libertad.- dijo la capitán, ahora parada lado a lado con K´Bure.
- Ya lo sé capitán, no se preocupe. La Federación nunca fue buena en asignar sus prioridades. Usted hizo todo lo que estaba a su alcance, pero la que perdió fui yo. Solo por el hecho de haberme tenido en cuenta, podrá conservar su vida. Igualmente no era sucompleta obligación defenderme. Fue mi país el que me defraudó. Dediqué toda mi vida a servir al Imperio Estelar Romulano, y en el momento en que los necesito me dan la espalda, preocupados por luchas de poder. Solo una persona estuvo siempre allí conmigo, a pesar de haberlo traicionado. Esa persona es Poltek. Cuando creí que todo estaba perdido, él me ayudó y me defendió como nadie. Ahora Poltek y yo somos uno solo. Estamos unidos para siempre, gracias al poder del prikmal.-
Apenas dijo esto, K´Bure pegó un enorme salto, con su d´k´tagh en alto dispuesto a clavarlo en el cuello de la aparentemente frágil Romulana. Con un simple movimiento de su mano, M´Rel detuvo al enorme Klingon en el aire. Como si no le costase ningún esfuerzo, mantuvo al Klingon desconcertado unos segundos en el aire y luego lo arrojó contra una de las paredes del pasillo.
- No abuses de tu suerte Klingon. La única razón por la que aun estas vivo es para poder informarle a tus superiores lo que ha sucedido aquí.- dijo M´Rel, pero esta vez la capitán pareció oír a Poltek hablando a través de ella.
- ¿Por qué haces esto M´Rel? ¿Qué culpa tienen todos estos Klingon que asesinaste?- preguntó la capitana Jefferson
- En primer lugar capitán, no fui yo quien los asesinó. Mis poderes pueden parecer grandes, pero en realidad no lo son tanto. Fueron los reclusos los que hicieron el verdadero trabajo. Esta prisión era una bomba de tiempo a punto de estallar. Los peores criminales de todo el Cuadrante estaban encerrados aquí dentro, esperando que les den una motivación por la cual buscar la libertad. Y resulta que esa motivación fui yo. Cuando vieron lo que una simple Romulana era capaz de hacer, no dudaron en convencerse de que escapar de aquí era posible. La revuelta se volvió inevitable, y yo me convertí en un símbolo. A veces no hacen falta superpoderes para lograr lo que uno quiere. Los reclusos tomaron la prisión y poco después se fueron en pequeñas naves de escape. Solo quedaron algunos de ellos, los mas fieles a mi, que tienen ahora una causa por la cual luchar.-
- Pero aun no entiendo porque estas haciendo esto. Yo ya tenía resuelta tu libertad M´Rel. El Canciller Martok te había perdonado. Hemos descubierto que había una conspiración entre el Consejero Korok y el Canciller Zek´Kinar para provocar esta guerra. Pero ahora...-
- Ya no me importa capitán. Perdí un ojo, pero gracias a Poltek he ganado el poder de ver más allá. Desde el momento de unirme a Poltek ya fui libre. Pero mi libertad no implica justicia capitán, y es justicia lo que estoy buscando. Quería saber cuales son mis motivos, y ese es el único que mueve mi existencia ahora. Justicia. Justicia para castigar a los que me trajeron aquí y a los que me dejaron caer en este agujero. Hay algo oscuro detrás de la búsqueda de los prikmales capitán Jefferson, algo muy oscuro, y lo que yo sufrí es solo un eslabón en la cadena de eventos terribles que pueden sucederse.-
- Sabemos que hay alguien que busca que fallemos, pero nuestra obligación es con los millones de habitantes de esta galaxia...- intentó decir la capitana Jefferson.
- Es ese idealismo lo que la hace un blanco débil capitán. Los poderes del cuadrante, incluidos los Al Grekôr, se están alineando en su contra, justo enfrente de sus narices, y ni usted ni el Embajador Aldouz son capaces de verlo. El poder de los prikmales es inconmensurable, es un tesoro que todos quieren obtener. Pero Poltek y yo ya lo hemos tenido...y sabemos lo que significa. Si la Conspiración logra obtener este poder, nada volverá a ser normal en este Cuadrante. Usted no tiene el poder para detenerlos, y Aldouz no tiene la determinación. Solo nosotros podemos evitar que ese poder caiga en las manos equivocadas y a la vez ajusticiar a los verdaderos culpables de lo que me ha sucedido. Lamentablemente capitán, lo único que podemos hacer para evitar esto es destruir los prikmales. Y es ahí donde usted esta en el medio. Se que busca detener el protouniverso que esta surgiendo en la Zona Neutral, pero el peligro es demasiado. Nuestros intereses son contradictorios en alguna forma. Así que le pido capitán, por favor, no se cruce en mi camino.-
La capitana Jefferson estaba a punto de decir algo cuando M´Rel se transformó otra vez en un haz de luz y todo se volvió otra vez negro.
Octava Parte: una competencia y una ventaja
La capitana abrió lentamente los ojos. Se sentía mareada, tal vez porque se había golpeado la cabeza contra el suelo rocoso de Rura Penthe. Miró a su alrededor y pudo ver que estaba en la Ge´thor, en su habitación. Apenas recordaba lo que había sucedió. Casi inconsciente todavía, se levantó y miró a través de la ventana, pero no logró distinguir donde estaban. Sintió un extraño calor a sus espaldas y antes de poder reaccionar, cayo otra vez inconsciente.
Al despertarse otra vez, la capitana sintió las oleadas gravitatorias revolviendo su estómago. Con dificultad intentó levantarse y distinguió los cuerpos inconscientes de K´Bure y los tres prisioneros. Estaban en una cápsula de escape Klingon, navegando a la deriva. Se arrastró hasta el panel de comunicaciones y abrió un canal de auxilio. Una vez que estuvo segura de que alguien los había oído se desplomó contra una de las paredes.
La capitana Jefferson analizaba su reporte en la oficina de la Asimov. Había transcripto todas y cada una de las palabras que M´Rel le había dicho, pero sabía que al Comando Central de la Flota les costaría creerlas. Todavía le dolía un poco el golpe en la nuca, pero el doctor Castillo le había reducido la contusión. Los últimos informes que había recibido desde el Imperio Klingon no eran muy favorables. Al parecer, la nave de K´Bure había sido secuestrada, y ella sabia exactamente quien estaba ahora al mando de la Ge´thor. M´Rel ya tenía una nave y una tripulación para cumplir con su objetivo. Por otra parte, K´Bure había sido finalmente deshonrado. Martok no había aceptado una nueva decepción de su parte y le había quitado los pocos privilegios que le quedaban. Ahora, el otrora temible Klingon, no era más que un renegado.
Mientras la capitana pensaba en todo esto, el primer oficial Vreel Lexx y el Embajador Iconiano Aldouz trataban de analizar la situación.
- Tengo la sensación de que estas palabras son ciertas.- los interrumpió la capitán.
- Es probable capitán, pero recuerde con quien estamos tratando. Es Poltek, ya una vez quiso apoderarse de los prikmales, y con objetivos mucho menos dignos.- replicó Lexx.
- Comandante Lexx, el poder de los prikmales es misterioso.- intervino Aldouz.- Si bien puede despertar una codicia increíble, también puede despertar temor y hasta lealtad. La misión de toda esta nave es un ejemplo de eso. Tenemos seis de esos poderosos prikmales en nuestra bodega, pero a ninguno de vosotros se les ocurriría nunca utilizarlos en su beneficio. Sin embargo, una Conspiración de poderosos para obtenerlos no me parece una idea descabellada.-
- Y nosotros que pensábamos que solo eran Korok y Zek´Kinar.- dijo Lexx
- Era evidente que habia algo mas detrás de todo esto Vreel. La supuesta Conspiración, de la cual solo sabemos que forman parte los Al Grekôr, desea obtener los prikmales, vaya uno a saber por cuales motivos ocultos. Hasta donde sabemos, bien podría haber miembros de la Federación implicados. Por otra parte, Poltek o mejor dicho M´Rel y Poltek, quieren detenerlos pero ponen en juego el futuro de la galaxia. Y nosotros estamos en el medio, tratando de obtener los prikmales para salvar a la galaxia y, al mismo tiempo, evitar que se apoderen de ellos ni la Conspiración ni M´Rel y Poltek. La situación de seguridad es tan crítica que estamos virtualmente solos en esto.- dijo la capitana, en un tono de preocupación.
- Pero eso no es todo capitán, desafortunadamente.- dijo Aldouz.- La última vez que encontramos a Poltek, pensé que habíamos logrado detenerlos. Pensé realmente que se ocultaría en algún rincón de la galaxia, asustado por los extraños poderes de su medio prikmal. Sin embargo, es mas fuerte de lo que creía y, como vemos, esta utilizando esos poderes. Pero los prikmales no pueden ser manipulados por cualquiera, ni de cualquier manera. Las consecuencias cósmicas pueden ser desastrosas. Lo que quiero decir es que cada vez que Poltek utiliza los poderes de su prikmal, el draknul en la Zona Neutral acelera su paso. Es posible que hasta aumente su tamaño exponencialmente y se desequilibre. Estos nuevos hechos hacen a nuestra misión aun más apremiante. Debemos encontrar los cuatro prikmales que nos faltan antes de que el draknul entre en su etapa final.-
Brittany Jefferson se sintió agobiada, pero no estaba dispuesta a dar el brazo a torcer. Le habían confiado esta misión y la cumpliría, contra viento y marea. Ya habían encontrado seis prikmales y aunque ahora las amenazas se multiplicaban y las personas en quien podía confiar se reducían, no perdía las esperanzas. Observó otra vez el reporte, donde informaba al Comando Central sobre esta Conspiración en su contra. Era demasiada información. Sin dudarlo más, oprimió un botón y borró la bitácora. Si alguien estaba pisándole los talones, no estaba dispuesta a perder la ventaja, pero estaba dispuesta a dar pelea.