A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.”
Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
Enroque
Escrito por Marplanauta/ Portada: Rafa Navarro.
Primera Parte: Nervios en la madrugada
La flota de naves Klingon avanzaba rápidamente cruzando la frontera del Imperio Romulano. La resistencia era casi inexistente, y una marea de los guerreros de Kahless destruía todo a su paso, a medida que conquistaban en nombre de Qo´noS los planetas Romulanos. Los pueblos eran sangrientamente torturados y, cuando el festín había sido suficiente, los Klingon seguían su camino. Porque el objetivo primordial era otro. Confiados por la escasa resistencia Romulana, y convencidos de que los años de Guerra habían debilitado a su mortal enemigo, los Klingon se lanzaban sobre Romulus, en un ataque glorioso...
Pero los Romulanos los estaban esperando. A la enorme flota Klingon, el orgullo del Canciller, le había sido sencillo penetrar la red de defensa del sistema, y luego de una serie de bombardeos donde habían muerto cientos de miles, habían preparado el territorio para el descenso de tropas. Cada vez se acercaban más al Palacio del Senado, símbolo del Imperio, cuando de repente, el enorme halcón que decoraba la fachada del edificio del senado, abrió sus garras, y los dos globos que simbolizaban a Romulus y a Remus se estrellaron contra el suelo. Al estrellarse, los planetas dejaron al descubierto un extraño aparato que comenzó a girar a toda velocidad. Estaba transmitiendo un mensaje. Segundos después, una lluvia extraña cayó sobre todo Romulus, dejando a los Klingon y a toda la población del planeta petrificados, convertidos en estatuas de sal. En todos los planetas del Imperio Estelar Romulano se había activado la misma señal y la lluvia comenzó a bañar a los enemigos que habían osado cruzar la frontera. Arrinconado, el Pretor no había dudado en usar su mayor arma: la radiación Thalaron. La garra se había cerrado sobre los guerreros Klingon, pero al costo de que muriesen millones de inocentes. La lluvia quemaba la carne y deformaba los cuerpos hasta hacerlos irreconocibles, en una agonía desesperante e inevitable. La muerte de todos era horrorosa, y el llanto de dolor parecía poder escucharse en todos los rincones de la galaxia. Un llanto que podría haber sido evitado...
Mel Varad despertó con el cuerpo bañado en sudor. La imagen de los millones de cadáveres Romulanos y Klingon aun estaba grabada en su mente. No había tenido ese sueño en casi veinte años, pero ahora que se acercaba el día del atentado, todo había vuelto a surgir. Miró a su lado y pudo ver que Elina Vek descansaba apaciblemente. En ese momento envidió su tranquilidad y control mental Cardassianos. Él no era capaz de estar tan apacible cuando el futuro del cuadrante alfa parecía estar sobre sus hombros. Se levantó de la cama y caminó hacia la sala de su pequeña casa en Ciudad Paraíso. Casi instintivamente pidió un vaso de té de hojas rojas al replicador. Con los años había aprendido a apreciar el arte culinario Cardassiano, entre lo cual sus infusiones eran de lo mas reconocido. Saboreó el té mientras observaba desde la ventana de su casa, que daba al edificio de conferencias. Si todo continuaba sin que ellos hiciesen nada, ese edificio se vendría abajo en menos de una semana, derrumbándose sobre el Canciller Klingon, la Pretor Romulana y buena parte de la tripulación de la Asimov. A Mel Varad le costaba entender todavía, después de veinte años, quien podría haber sido el culpable del atentado. Antes de viajar al pasado, habían logrado averiguar que el Centurión Zek´Kinar había estado involucrado en el asunto, pero igual no comprendía. ¿Por qué Zek´Kinar querría asesinar a su propio Pretor? La respuesta a esto no era muy difícil. Los Romulanos eran famosos por ser traicioneros y por ganarse sus ascensos a fuerza de asesinatos. Pero todavía quedaban preguntas sin responder. ¿Qué ganaba Zek´kinar con el asesinato del Canciller Martok? Indudablemente en algo le beneficiaba a Zek´kinar que los Klingon y los Romulanos se destruyesen mutuamente en una guerra incontrolable. Durante veinte años había estado atando cabos, y ahora estaba casi seguro de que el Subcomandante D´Raen, que había secuestrado la Asimov y destruido los astilleros Klingon, debía haber estado trabajando secretamente para Zek´kinar. Pero aun no podía terminar de entender el móvil que llevaba a Zek´kinar a conspirar en contra de su propio pueblo y de la paz del Cuadrante Alfa. Además, para introducir esos explosivos en Ciudad Paraíso, también debería haber contado con alguna ayuda dentro de la Federación, sino no hubiese pasado los controles del tripartito. Zek´Kinar era la clave de este rompecabezas, y tanto Mel Varad como Elina estaban determinados a desenmascararlo. Ya no era suficiente con evitar el atentado, debían descubrir los motivos que había tenido el líder del Tal Shiar para incitar esta guerra.
Mel Varad oyó unos pasos detrás suyo y vio a su hijo acercándose. Tenía quince años y ya era más alto que él. Desde pequeño le había gustado escalar, y sus músculos se habían ido delineando gracias al ejercicio. Mel Varad sentía que estaba viendo una imagen de si mismo, muchos años antes, pero los rasgos de Mel Dante eran bastante diferentes. Tenía el pelo largo, a la usanza Cardassiana, pero era de color rubio, un poco mas claro que el de Mel Varad. En su frente se insinuaban los rasgos Cardassianos, que se fundían en el entrecejo con la inconfundible nariz Bajorana. El resultado era bastante armonioso, un símbolo de la relación que Elina Vek y Mel Varad habían conseguido durante esos años. Mel Dante notó que su padre estaba observando el edificio de conferencias y se paró junto a él.
- Ya esta todo preparado papá.- le dijo- Tus viejos amigos de la Resistencia han sabido colocar los dispositivos de monitoreo en las habitaciones, de manera que no será posible detectarlos. Estuvimos allí hace siete años papa, lo recuerdo casi como si fuera hoy. Estaban construyendo el edificio y te aseguraste de que, casi desde los cimientos, se instalasen cámaras en cada habitación, y micrófonos delusianos, imposibles de descubrirse ni siquiera hoy en día. Todo saldrá bien.-
- Ya lo se Dante, pero a medida que se acerca el día no puedo mas que preocuparme. Revisamos cada detalle y analizamos el plan cientos de veces, sin embargo siempre algo puede salir mal, y el costo puede ser altísimo.-
- Papá, no te preocupes. Aun si todo sale mal, si ese edificio explota en una semana, ustedes y el Embajador Aldouz sobrevivirán, y viajaran otra vez al pasado, donde tendrán otra oportunidad.- insistió el joven con una semisonrisa.
Mel Varad lo miró a los ojos y vio un destello de esa frialdad y control mental Cardassianos. Seguramente lo había heredado de su madre, y lo envidió a él también por esa bendición.
Segunda Parte: llegan la partes
Mel Varad se acariciaba su barba nervioso. Los preparativos para la ceremonia de paz entre el Imperio Klingon y el Imperio Romulano estaban en su apogeo, y él tenía una misión importante que cumplir. Estaba sentado en el hall del edificio de conferencias, donde debían llegar las comitivas de cada Imperio para la conferencia. Los Klingon se alojarían en el ala este, y los Romulanos en el ala oeste. Mel Varad los había visto cuando los Klingon se habían transportado al edificio. Un grupo de tres Klingon se materializaron en el medio del salón y avanzaron hacia sus habitaciones sin ningún protocolo. Sabían donde debían esperar el momento de la conferencia, y allí se prepararían. Mel Varad reconoció de inmediato al Canciller Martok. Era uno de los hombres más poderosos del Cuadrante, y sin embargo estaba allí, como uno más, casi sin escolta y por poco pasando desapercibido. A su lado, Mel Varad había reconocido también al otro Klingon, el General K´Bure, y un escalofrío había recorrido su cuerpo. Ese era un Klingon temible, capaz de desgarrarte el cuello de un zarpazo, o reducir tu espíritu con una sola mirada. Pero no era a ellos a quien Mel estaba esperando. Quería ver a Zek´kinar con sus propios ojos, saber contra quien se estaba enfrentando.
De repente, los rayos del transportador materializaron a un grupo de siete oficiales Romulanos portando disruptores. Los oficiales recorrieron minuciosamente el hall central del edificio revisando cada detalle. Segundos después, un Romulano alto y con rasgos angulosos se materializó entre los oficiales, que habían formado un circulo a su alrededor. El instinto de Mel le indicó que ese era su hombre. La Pretor Donatra no llegaría hasta un día mas tarde, lo que irritaría bastante a los Klingon, pero Zek´Kinar había llegado con anterioridad para asegurarse de que todo este seguro para la líder del Imperio Estelar Romulano. Sin detenerse a pensar en la ironía de esa situación, Mel presionó su comunicador e informó a Elina sobre la situación.
- El halcón ha llegado al nido.- le dijo.
- Todo listo.- respondió ella.
Los engranajes del plan elaborado durante años comenzaron a funcionar. Los transmisores instalados en las habitaciones del edificio de Ciudad Paraíso habían sido diseñados para retransmitir cualquier emisión que pasase por los intercomunicadores, encubriéndolas en ondas EM que serían reproducidas a unos cientos de metros de allí, en la pequeña casa de los dos oficiales de la Flota. Cualquier mensaje que Zek´kinar enviase seria recibido también por Elina. Los dos jóvenes confiaban en que Zek´Kinar informaría a sus cómplices sobre el desarrollo de su plan, y ellos serian capaces de obtener cierta información sobre quien mas formaba parte del complot. En caso de que Zek´Kinar no se comunicase con nadie, también habían instalado micrófonos delusianos que grabarían todas las conversaciones del edificio. No era una tarea fácil engañar al Tal Shiar, uno de los más peligrosos servicios secretos de todo el Cuadrante, pero ellos llevaban la ventaja de conocer el terreno y de haberse podido preparar para ocultar cada rastro de sus señales. Durante los años de la Resistencia, ambos habían mejorado sus capacidades de espionaje, y era el momento de ponerlas en práctica.
Tercera Parte: el gato y el ratón
Elina encendió los monitores y pudo ver a los oficiales Romulanos asegurando la habitación de Zek´Kinar. Todo estaba preparado para la Conferencia, salvo por la ausencia de la Pretor Donatra y el Embajador Aldouz que, se suponía, llegarían en cualquier momento. Los soldados movieron sus escáners frente a las cámaras de Elina, pero al parecer no detectaron las emisiones EM. Mel Varad había logrado, gracias a los contactos que poseía, que ubicaran al Centurión Zek´Kinar en una habitación cercana a la central de transmisiones del edificio de conferencias, por lo que cualquier emisión lograba camuflarse. Una vez que los soldados dieron por segura la habitación, Zek´Kinar se sentó en el escritorio y encendió la computadora. Era el momento de comunicarse con sus superiores. En el segundo monitor de Elina Vek apareció la pantalla de la computadora de Zek´Kinar. Todo estaba siendo grabado. Elina sentía que estaba jugando al gato y al ratón, solo que esta vez, los dos pequeños ratones estaban intentando atrapar al gato.
En la pantalla de Zek´kinar apareció el símbolo del halcón Romulano, y segundos después se comunicó con la Pretor Donatra.
- Estoy en posición. Todo parece marchar según lo previsto.- dijo el Centurión.
- Así me gusta Centurión Zek´Kinar. Asegúrese de que esos perros Klingon no estén planeando utilizar esta conferencia para atentar contra nosotros.-
- La Federación asegura tener todo bajo control, sin embargo nunca se puede confiar en sus laxos sistemas de seguridad. Ya tengo un equipo revisando el salón de conferencias. Todo estará bien antes de que usted llegue señora.-
- ¿Los Klingon ya están ahí?- preguntó Donatra.
- La comitiva Klingon ha llegado hace unas horas. Sus naves rodean todo el sector, pero no será difícil para nuestra flota llegar aquí. Recomiendo que incremente sus fuerzas en un 10%, así superara a las Klingon, si es que algo llegase a suceder...-
- Cumpla con su trabajo y no tendremos que preocuparnos por los Klingon. No olvide que esta Conferencia es muy importante para todos nosotros. Nos hemos retrasado un poco en los preparativos, así que estaremos allí en 20 horas. Tenga todo listo Zek´Kinar.-
La pantalla se oscureció y otra vez apareció el símbolo Romulano. Elina pudo ver como Zek´Kinar se quedaba pensativo en su silla, como si calculase el tiempo que le quedaba para cumplir su plan. Con un ademán, ordenó a los oficiales que aun estaban en la habitación que lo dejasen solo y extrajo de entre sus ropas un pequeño artefacto. Con tranquilidad conectó el artefacto a la computadora y la pantalla de Elina Vek se nubló de repente. Al parecer, era alguna especie de codificador de señal, que interfería con el transmisor de la habitación. Solo podía oír la comunicación del Centurión.
- Aquí Surak. ¿Esta línea es segura? - respondió una extraña voz.
- Aquí A-1. Obviamente es segura. Estoy hablando desde el edificio de conferencias, aquí ningún Romulano puede detectar nuestra comunicación.-
- ¿Cuál es su situación?-
- Estoy en Ciudad Paraíso. Las fichas, tal como anticipamos, se están moviendo. He logrado pasar los controles de seguridad tal como planeamos. Solo falta usted con los federales.-
- Muy bien A-1, esta cumpliendo su misión a la medida. Si todo sale bien, recibirá su paga como corresponde... ¿Romulus verdad?-
- Romulus y Remus. Solo eso me importa. Los Klingon ya están en posición.-
- Sobre eso quería hablarle A-1. Debe comunicarse en cinco horas con Kahless, él le informara los detalles sobre el operativo. ¿Conoce el código de acceso del intertrans?-
- Por supuesto. Nos veremos pronto. A-1 fuera.-
El Centurión desconectó su aparato, el intertrans, y la pantalla volvió a la normalidad. El Romulano se levantó de su silla y dejó la habitación. Sin dudas, Elina Vek tenía información como para entretenerse.
Cuarta Parte: la identidad de Kahless
Elina Vek intentaba limpiar la grabación, pero no podía obtener una imagen clara del rostro de Surak. La voz, a su vez, también había sido deformada por el intertrans, pero podía entenderse claramente lo que decían. Al parecer, como habían sospechado, había una conspiración que involucraba a Klingons, Romulanos y Federacionistas. O por lo menos eso podía deducirse de los nombres que estos conspiradores utilizaban. Surak y Kahless eran obvias referencias a los dioses de Vulcano y Qo´noS y, salvo que el intertrans fuese un aparato para comunicarse con el mas allá, los conspiradores no podían ser los verdaderos dioses.
Las cinco horas ordenadas por Surak se habían cumplido, y Zek´Kinar estaba otra vez en su oficina, activando el intertrans. Por más que Elina había intentado evitarlo, la señal volvió a interferirse y apenas pudo ver la imagen.
- Aquí A-1.- dijo Zek´kinar
- A-1, aquí Kahless ¿esta usted en posición?- en la imagen borrosa de Elina, pude ver los rasgos inconfundibles de un obeso Klingon.
- Si, todo esta en orden. Espero sus órdenes.-
Elina Vek oprimía botones incesantemente, debía lograr mejorar la imagen para desenmascarar a este Klingon.
- Muy bien, en una hora exactamente, deberá autorizar un transporte de una de las naves Klingon, leal a mi casa.- continuó Kahless.- Recibirá un padd modificado, programado para hacer volar todo ese edificio cuando usted lo ordene, pero hay un detalle que no quiero que olvide. En esa conferencia deberán morir todos.-
- No se preocupe Kahless, tengo todo bajo control.-
- El General K´Bure no debe salir vivo de esa conferencia, y tampoco el Canciller Martok. K´Bure sabe demasiado de lo que estuvimos haciendo para que esta guerra se pusiese en marcha, y no quiero dejar cabos sueltos que podrían perjudicarnos en el corto o en el largo plazo. Y usted mas que nadie sabe lo importante que es el apoyo de mi casa para nuestra misión A-1.-
- Sin los datos proporcionados por usted, nunca hubiese podido conseguir que D´Raen atravesase medio Imperio hasta los astilleros en Lupasa. Algún día será considerado un héroe Kahless. El responsable de liberar al Cuadrante Alfa de los Romulanos.- dijo extrañamente el Centurión, líder del Tal Shiar.
- No lo olvide A-1, no toleraremos ningún error de su parte. Tenemos información como para que usted caiga, y mientras más alto haya subido, mas larga es la caída.-
La transmisión se cortó pero en el último segundo, Elina logró mejorar la imagen de la transmisión. No podía arreglar lo que ya habían sido grabado, pero ese último segundo tal vez sería revelador. Ordenó a la computadora retroceder la grabación y la detuvo en el instante justo. La resolución no era muy buena, pero servía. Frente a ella, como ya había sospechado, estaba el obeso rostro de Kahless, también conocido como Korok, líder de una de las mas importantes casas del Imperio Klingon...y conspirador.
Quinta Parte: el intertrans
Elina Vek, Mel Varad y Mel Dante observaban la imagen congelada del Klingon, casi sin salir de su asombro. Nada menos que Korok, uno de los miembros más influyentes del Consejo Klingon, formaba parte de una conspiración para asesinar al Canciller. Era evidente que en la política Klingon el honor estaba siendo cada vez menos valorado. Korok había entregado la información para que se destruyesen los astilleros de Lupasa, donde miles de Klingon habían muerto. Por su culpa, la tripulación Romulana de la Asimov había sido encarcelada, y probablemente también había muerto. Pero lo peor de todo era que la destrucción de los astilleros había desencadenado una serie de eventos que había llevado a la Guerra entre los Imperios. Al parecer, por alguna extraña razón, Korok pensaba que eso era bueno para los Klingon. Que era bueno para él, de eso no había dudas: Korok era el primer candidato para suceder a Martok si algo le sucedía. Si Martok moría, él emergería como el líder que el Imperio necesitaba. Dejaría de lado las negociaciones con los Romulanos y avanzaría hacia la conquista de sus eternos enemigos y la gloria del Imperio. Pero Elina y Mel Varad no podían comprender porque Zek´Kinar, un miembro respetado de la burocracia Romulana, con un poder increíble, estaba contribuyendo de tal forma a la posible destrucción de sus compatriotas. Había una pieza que tal vez aclarase la situación...debían descubrir quien era Surak.
- Ya tenemos información suficiente como para detener este atentado, y hasta podemos desenmascarar a Korok y detener esta guerra.- dijo Mel Dante.
- Yo no estaría tan seguro hijo. Las grabaciones que tenemos no son pruebas suficientes como para convencer que uno de los Klingons mas respetados es un conspirador. Sin embargo, podemos influir en las decisiones del Canciller Martok. Toda esta información debe llegar a manos de la capitana Jefferson y del Almirante Setlek. Ellos sabrán que hacer.- respondió Elina.
- Pero en cuanto el atentado sea detenido, y Zek´Kinar encarcelado, nuestra oportunidad de descubrir la identidad del conspirador federal se desvanecerá. Con el entrenamiento que posee Zek´Kinar, debe ser casi imposible obtener información de él. Y no creo que Korok este dispuesto a colaborar.- agregó Mel Varad
- Pero ¿entonces?- preguntó Elina.- No estamos seguros de si Zek´Kinar volverá a comunicarse con Surak, por lo tanto no sabemos si tendremos la posibilidad de obtener una imagen limpia de él.-
- Solo hay una manera de conseguir la información que necesitamos. Debemos conseguir ese aparato que Zek´Kinar utiliza, el intertrans, y con él ponernos en contacto con Surak para desenmascararlo...- propuso Mel Dante, con sus ojos brillando por el entusiasmo.
- Eso es casi imposible Dante. ¡Este hombre es el líder del Tal Shiar! No podemos simplemente dejarlo inconsciente y robarle uno de sus artefactos secretos.- exclamó Elina.
- Pero Dante tiene razón en algo.- intervino Varad.- Es nuestra única oportunidad. Si no obtenemos el intertrans, no sabremos nunca quien es Surak. Podríamos esperar a que Zek´Kinar sea detenido antes del atentado, pero de esa forma los Romulanos guardarían el intertrans y toda su información. Nosotros podríamos utilizar los datos del intertrans como prueba en contra de Korok. Es ahora o nunca.-
Mel Varad miró a su mujer a los ojos, y ella comprendió. El Bajorano estaba dispuesto a sacrificar hasta su último aliento para descubrir quien estaba detrás de todo esto. Había perdido veinte años de su vida como oficial de la flota por esta misión, y no estaba dispuesto a que todo se fuera por la borda en el último segundo. Se jugarían todas sus cartas en esta mano y era muy probable que lo pagasen muy caro.
Sexta Parte: en busca del botín
Mel Varad se arrastraba por los conductos secretos del edificio de conferencias. Siete años habían pasado desde que había planificado junto a los arquitectos, ex miembros de la resistencia, la manera de entrar clandestinamente al edificio. Por alguna razón, las paredes húmedas del conducto le parecían ahora un poco más estrechas, y el camino más dificultoso. Ya no era un joven de veinte años, sino que hace poco había cumplido los 43. Las heridas obtenidas durante sus años de Resistencia comenzaban a pasar factura y cada paso costaba un poco más. Pero estaba cerca de la habitación de Zek´Kinar, y no había manera de que lo detectasen. Se había gastado muchas barras de lathinum en asegurar todos los detalles, y el esfuerzo estaba dando sus frutos. Verificó su posición con sus instrumentos, oprimió un pequeño botón y esperó...
A unos pocos metros de distancia, en el hall del edificio de conferencias, Mel Dante y Elina Vek esperaban la señal de Mel Varad: Si todo salía bien, el Bajoran atravesaría los túneles secretos del edificio que comunicaban con las habitaciones y desde allí podría entrar en la habitación cuando Zek´Kinar no estuviese allí. Era tarea de Elina Vek el distraerlo.
- ¿Cómo vas a hacer mamá? ¿Cómo atraerás la atención de Zek´Kinar?- preguntó el joven.
- No te preocupes hijo, todo estará bien.- respondió Elina, pero en su mirada se reflejaba la preocupación.
En el centro de transportación del hall de entrada, comenzaron a materializarse un par de figuras. Para sorpresa de Elina Vek, era la capitana Jefferson, el Almirante Setlek y el Teniente Hayes. Era la primera vez que los veía en veinte años, y le asombró como estaban exactamente iguales a la última vez que los había visto. El tiempo no había pasado para ellos, pero para Elina si. La Cardassiana observó las arrugas de sus manos y abrazó a su hijo. En ese momento Mel Dante supo que ella también estaba dispuesta a sacrificarse por su misión.
El transmisor comenzó a emitir un sonido repetitivo. Era la señal que indicaba que Varad estaba en posición. Con dulzura, Elina abrazó a Dante y le dio un beso en la frente.
- Debes cuidar que este todo bien. Te amo hijo. Si algo llega a sucedernos, ya sabes lo que debes hacer.-
Dante asintió y Elina comenzó a caminar hacia el ala este del edificio. Con decisión se acercó a uno de los oficiales que custodiaba la puerta de la oficina de Zek´Kinar. El oficial la observó y a medida que se acercaba se fue poniendo mas tenso.
- Debo hablar con el Centurión Zek´Kinar.- ordenó.
- El Centurión es un hombre ocupado Cardassiana.-
-Dígale que la vida de la Pretor Donatra corre peligro. Si le interesa en algo lo que digo, lo espero en el Salón de Conferencias.-
Dicho esto, Elina se alejó, dejando a los confusos guardias preguntándose que debían hacer.
Mel Varad observaba sus instrumentos. Aun había una forma de vida dentro de la habitación y pudo ver como ingresaba otra. Luego de unos minutos, ambos dejaban la habitación. Al parecer, Elina había logrado su objetivo. El transmisor comenzó a sonar, como era de esperarse, indicando que podía ingresar en la habitación. Mel Varad oprimió un par de códigos en sus instrumentos, y de repente, buena parte de la pared de la habitación se desvaneció, dejándolo al descubierto. Había sido una buena idea, aunque riesgosa, el construir las falsas paredes, pero había dado sus beneficios.
Había visto varias veces la filmación, y sabia donde guardaba el Romulano su intertrans. Con sigilo se acerco al escritorio y pudo ver la pequeña caja de seguridad. Había tomado la precaución de llevar su phaser y modificó la intensidad para poder hacer un hueco en la caja. Debía darse prisa ya que Zek´Kinar no tardaría en volver. Mientras abría el hueco, pensó en si Elina seria capaz de evitar las sospechas de Zek´Kinar. Su frialdad Cardassiana era perfecta como para engañarlo, pero el Romulano estaba entrenado como para detectar el más leve signo de nerviosismo. Con un golpe seco, la caja de seguridad quedo abierta, y dentro estaba la prueba que tanto estaban buscando. Cuidadosamente sacó el brillante aparato y lo observó por un segundo. Tenía una forma bastante extraña, con un mango ovalado y una forma esferoidal. Tomo el intertrans por el mango y una pequeña pantalla se activó pidiendo una clave de acceso. Estaba en problemas.
Elina vio a Zek´Kinar acercándose junto a dos guardias y recordó las horas de entrenamiento junto a su madre. Nada debía alterarla, ella debía ser una roca en medio del desierto.
- Gracias por escucharme Centurión, tengo algo muy importante que decirle.-
- No tengo mucho tiempo Cardassiana, hable rápido. Espero que sea como dice, sus declaraciones pueden ser consideradas una amenaza a la integridad de la Pretor.- respondió Zek´Kinar.
- Como debe saber, soy la dueña de la Cantina de calle 32. Allí suelen ir borrachos de todas las calañas a discutir sobre negocios y cargamentos. Muchas veces también puedo ver que se negocian algunas cositas ilegales, pero como buena comerciante, aprendí a mantener la boca cerrada. Uno nunca quiere ahuyentar a los clientes.- divagó Elina-
- Vaya al grano o me obligará a encarcelarla.- interrumpió impaciente Zek´Kinar.
- Le decía que a veces uno puede oír algunos negocios ilegales, que son tolerables, pero cuando la vida de alguien tan importante esta en juego, una se ve obligada a hacer algo. Esta mañana llegaron dos Yridian, que tomaron bastante, como de costumbre. Entre copa y copa podía ver que estaban bastante más preocupados que lo usual. Generalmente los Yridian son seres desconfiados y miedosos, pero estos dos parecían ser más exagerados, alterándose cada vez que alguien abría la puerta, o ante cada sonido extraño. Pude ver entonces que algo tenía entre manos...-
- ¡Si esto tiene algún sentido, deberá ser rápido Cardassiana! Pensé que...-
De repente, el rostro de Zek´Kinar se puso en blanco y su mirada comenzó a transformarse en una ira increíble. Con una velocidad sorprendente y antes de que Elina pudiese reaccionar, Zek´Kinar la tomó del brazo y la dejo inmovilizada.
- Ahora me contara otra historia. Me dirá quien esta en mi habitación.-
Mel Varad vio como el intertrans comenzó a emitir un sonido irritante. Parecía una especie de alarma, así que debía salir de allí lo antes posible. Tomó sus herramientas y comenzó a avanzar hacia el túnel secreto cuando otro mecanismo en el intertrans se activo. Desde dos de los lados del aparato surgieron unas brazos metálicos que se extendieron cerca de un metro. Uno de los brazos se alargó hasta el escritorio de Zek´Kinar y se clavó fuertemente en él, mientras el otro se aferraba a la muñeca de Mel Varad. Estaba atrapado. Con desesperación intentó zafarse, pero a medida que hacia más fuerza, la garra se apretaba más dentro de su carne.
Las puertas de la habitación se abrieron e ingresaron cinco oficiales Romulanos apuntándole con sus rifles disruptores, como para asegurarse que no saldría de allí. Detrás de ellos, moviéndose como un león confiado de tener a su presa a su merced, ingresó Zek´Kinar. El dolor de la garra en su muñeca era abrumador, pero cuando Mel Varad vio que Elina había sido atrapada, sintió que su vida se derrumbaba frente a sus ojos. La apuesta estaba perdida.
Séptima Parte: la caída
El Centurión Zek´Kinar, líder del Tal Shiar y brazo derecho de la Pretor Donatra, observaba a sus dos prisioneros con una extraña satisfacción. No sonreía, y nunca lo había hecho, pero en sus ojos podía vislumbrarse un dejo de sadismo que helaba la sangre.
- ¿Realmente creían que iban a salirse con la suya? Robar información directamente de la habitación del líder del Tal Shiar... ¿a quien se le ocurre esa locura?- repetía el Romulano.- Tengo aquí mismo el adn que confirma sus identidades, sin embargo, lo que veo es diferente a lo que esta información me dice. Elina Vek, oficial científica de la USS Asimov, graduada con honores de la Academia de la Flota...22 años.-
Mientras decía esto, Zek´kinar observaba el rostro de Elina cuidadosamente, analizando cada milímetro y comparándolo con la foto del archivo del Tal Shiar. Elina no disimulaba su desprecio, pero estaba amarrada a una silla y apenas podía moverse. Junto a ella estaba Mel Varad, pero además de ellos tres no había nadie en toda la habitación. Al parecer, solo los Romulanos se habían percatado del pequeño incidente, y Zek´Kinar parecía querer dejarlo así.
- Y usted, el ladronzuelo. Alférez Mel Varad, piloto de la USS Asimov y condecorado por sus hazañas durante la Guerra del Dominio...23 años. Realmente extraño. Pero eso no es lo más raro de todo. Pude ver que toda esta habitación ha estado siendo monitoreada sin que ni yo, ni mis incompetentes oficiales nos diésemos cuenta. ¿No es eso interesante?- el centurión rodeó a los dos oficiales de la flota, caminando despacio con sus manos detrás de la espalda.- Puedo suponer entonces que han oído algunas de mis...de mis conversaciones.-
- ¡Sabemos lo que esta planeando A-1! ¡No se saldrá con la suya!- gritó Mel Varad
- No me importa lo que usted diga señor Varad, si es que usted es Mel Varad, porque mi información dice que en este momento usted esta en busca de un prikmal, es decir, de lo que usted debería creer que es un prikmal. Todos estos datos me hacen suponer que por alguna razón, usted y su compañera han logrado viajar en el tiempo desde el futuro, y desean cambiar el curso de los hechos. Puedo suponer también entonces que he tenido éxito, y en unas cuantas horas este edificio ya no existirá. No se esfuercen en mentirme, podrán ver que los dispositivos que he activado en sus sienes le impiden faltar a la verdad. Ahora díganme, ¿hay algún otro oficial entrometido trabajando para ustedes?-
Dante sabia exactamente lo que debía hacer. Muchas veces antes lo había repasado junto a sus padres. Ante cualquier eventualidad, toda la información debía ser entregada a gente de confianza. Mientras ocultaba sus rastros, Mel Dante pudo ver a través de uno de los monitores de su casa como sus padres eran torturados en manos de Zek´Kinar, antes de que todas las pantallas se apagasen de repente. A pesar de lo que su instinto le decía, ya no podía hacer nada para salvarlos. O por lo menos no podía hacer nada solo. De momento, solo debía apresurarse. Tomo toda la información obtenida y la guardo en un padd de datos. La esperanza ahora estaba en él.
Los cinco oficiales Romulanos irrumpieron en la pequeña casa desde varios flancos. Uno de ellos derribó la puerta, mientras otros dos atravesaron las ventanas. Habían rastreado las emisiones EM hasta ese lugar y, a pesar de que los prisioneros habían dicho que ningún oficial trabajaba junto con ellos, esperaban encontrar algo de resistencia. Los oficiales apuntaron sus rifles disruptores hacia enemigos invisibles en todas las esquinas. La casa estaba completamente vacía, salvo por un par de viejos monitores amontonados en una pared, un completo desorden de cables y circuitos.
Octava Parte: el verdugo
- ¡Habías dicho que todo estaba seguro A-1!- exclamó Surak, casi mostrando sus emociones.
- Y eso pensaba. Estos dos oficiales nos llevaban años de ventaja, era lógico que estuviesen mejor preparados.-
- ¿Qué es lo que saben?-
- Según lo que pude sacarles, conocen la identidad de Kahless y saben sobre nuestros planes para la conferencia. Sin embargo, los hemos detenido antes de que utilizasen esa información, y al parecer trabajan solos.- informó Zek´Kinar.
- ¿Te parece o estas seguro? Tus pareceres no nos han llevado hasta un buen puerto últimamente.-
- Estoy seguro. Mis preguntas han sido directas, sus respuestas han sido claras. No hay ningún otro oficial trabajando en esto.- Zek´kinar estaba convencido de lo que decía.
- ¿Conocen mi identidad?- preguntó Surak
- No señor, no saben aun quien es usted.-
- Igualmente no me importa, esos dos oficiales están muertos.-
Los dos conspiradores abandonaron la oscuridad del cuarto en el que estaban e ingresaron en la sala donde yacían Mel Varad y Elina Vek. Habían sido torturados y golpeados duramente por los Romulanos, y apenas podían estar conscientes. Surak los observó con frialdad pero su rostro delató alguna especie de desprecio.
- Oficiales como ustedes son la vergüenza de la Federación.- comenzó a decir.- Su comportamiento no hace más que entorpecer el correcto camino de las cosas.-
Las palabras de Surak sacaron a Mel Varad de la semi inconsciencia y abrió los ojos lentamente. No podía ver muy bien quien le estaba hablando porque Surak se esforzaba en permanecer entre las sombras.
- Nuestro plan es por el bien de todos. Es un plan que llevará a la Federación a donde ningún otro poder del Cuadrante Alfa ha llegado antes. ¿Realmente desean ustedes que esto no se concrete?- decía Surak, mientras Elina Vek despertaba.- El destino de la Federación es prevalecer por sobre el Imperio Klingon y el Imperio Estelar Romulano. Esta guerra nos esta acercando a ese destino, y el poder de los prikmales nos permitirá dar el golpe definitivo. Todos nosotros, los mal llamados conspiradores, seremos los salvadores del Cuadrante Alfa. Tal vez se preguntarán porque Korok o Zek´Kinar desean ayudarnos. El viejo Klingon cree que el Imperio se ha descarriado, y que bajo su control podrá llevarlo otra vez a su camino de honor y grandeza. Será difícil una vez que, gracias a su ayuda, nosotros obtengamos los prikmales. Y por otra parte, Zek´Kinar no hace más que ayudar a su patria. Desde hace años el Centurión ha sido un miembro de nuestra fuerza, un oficial infiltrado en lo más profundo de la burocracia Romulana, minando desde adentro su integridad. Zek´Kinar es, como yo, un vulcano.-
Elina Vek y Mel Varad no podían creer lo que oían. La conspiración era realmente aterradora, y se había extendido por las entrañas de los tres poderes más importantes del Cuadrante Alfa. Por el poder de la Federación, estos seres estaban dispuestos a pisotear sus principios y sus valores, y habían logrado arrastrar con ellos, a fuerza de ambición, a cómplices insospechados. Desde las sombras, Surak explicaba cada detalle como queriendo excusar su abominable comportamiento ante los dos oficiales.
- La Federación ya no puede mantenerse a raya mientras los demás en el Cuadrante no hacen más que expandir su poder. No podemos sentarnos a esperar que las amenazas se sigan cerniendo sobre las cabezas de nuestros ciudadanos. Los Borg nos tomaron por sorpresa y casi somos destruidos; el Dominio casi destruye toda nuestra flota en su primer oleada de ataques...y eso es solo el principio. Nosotros lo único que deseamos es el bien de todos. El fin justifica los medios. Eso es simplemente lógico.-
Surak levantó un phaser y apuntó a Elina Vek, mientras Zek´Kinar apuntaba con su disruptor a Mel Varad.
- Son buenos oficiales, pero todo buen vulcano sabe que el bienestar de la mayoría prevalece por sobre el de la minoría, o el de uno.-
Mientras Surak pronunciaba estas palabras avanzó un paso hacia la luz, dejando al descubierto su verdadero rostro. Elina y Mel Varad pudieron ver quien era su verdugo, quien estaba detrás de la Conspiración de los Dioses. Frente a ellos, el Almirante Setlek apuntó y disparo sin piedad, con verdadera frialdad vulcana.
Novena Parte: el centro de la cinta de Moebius
La capitán Jefferson estaba sentada en una esquina de la mesa de negociaciones. A pesar de que los líderes ya estaban ubicados, las charlas aun no habían comenzado. El Almirante Setlek estaba en la Asimov ultimando los detalles de la propuesta de paz de la Federación, y el Embajador aun no había llegado. Frente a la capitana estaba sentado el gran Canciller Martok. Había escuchado hablar de él durante la Guerra del Dominio, y lo había visto en Qo´noS, pero al tenerlo cerca le pareció aun más intimidante. Junto a él había una figura que le causaba una sensación un poco más incómoda. Era el General K´Bure, que ahora acompañaba a Martok en las tratativas de paz...la casa de Korok debía ser muy poderosa.
En la otra esquina de la mesa estaba la comitiva Romulana. Ellos eran tres, uno más que los Klingon. En el centro estaba la Pretor Donatra. La hermosa figura de la Romulana emanaba una gracia que provocaba admiración. Era, al parecer, mucho mas joven que Martok, sin embargo, había logrado llegar a tener el mismo poder que él, salvo que en Imperios diferentes. Junto a ella, a la izquierda, había un rudo oficial que miraba a todos en la sala con desprecio. Debía ser el nuevo Centurión de la Guardia Imperial. Brittany Jefferson lamentaba la misteriosa muerte del Centurión Rumalak apenas comenzado el conflicto con los Klingon. Ella había tenido la oportunidad de luchar lado a lado con él durante la Guerra, y lo consideraba un oficial justo y honorable. El nuevo centurión era completamente desconocido para ella, pero no dudaba quien lo había ubicado en ese puesto. Justamente, la fuente de sus sospechas estaba parado a la derecha de Donatra. Era Zek´kinar, el también flamante líder del Tal Shiar. Jefferson había hablado con M´Rel sobre ese sujeto, y sabía que era capaz de cualquier cosa por un poco de poder. Al parecer, su influencia era evidente sobre Donatra. Entre Zek´kinar junto a la Pretor Romulana, y K´Bure junto al Canciller Klingon, las tratativas de paz no parecían muy prometedoras.
- Ustedes comenzaron esto...- dijo Martok sin esperar ninguna introducción.- Los Klingons tuvimos que defendernos luego de su ataque a nuestro territorio. Tenemos las pruebas otorgadas oportunamente por la aquí presente capitán Jefferson.-
Martok arrojó el padd que, semanas atrás, Brittany Jefferson había transportado a lo largo del territorio Klingon. K´Bure observó el padd con evidente odio. Había hecho lo imposible por evitar que esa información llegase a manos de Martok, pero no lo había logrado. Era una mancha en su historial. Donatra ni siquiera observó el padd que presentó Martok, se limitó a levantar una ceja y responder:
- Los Klingons son tan obtusos. Sabemos lo que sucedió en su territorio, pero no respondemos en nombre del oficial D´Raen. No actuaba bajo nuestras órdenes cuando llevo a cabo su atentado, y tampoco estaba a bordo de una de nuestras naves. Incluso condenamos sus acciones en su momento. Todos los oficiales que podrían estar involucrados ya han sido enjuiciados, cuestionablemente por cierto, en Qo´noS y hasta donde yo se están cumpliendo su condena. Ustedes en cambio amenazaron nuestro territorio en el sector Klagh, y no nos dejaron otra opción que defendernos. Y no contentos con ello, aun continuaron con sus hostilidades.-
-¡Ustedes atacaron primero en el sistema Klagh, y continuaron con los astilleros de K´mpec!- intervino K´Bure gruñendo.
Zek´kinar se acercó al oído de Donatra y le murmuró unas palabras. De inmediato, Donatra miró a la capitana Jefferson y dijo:
- No continuaremos con esta charla sin sentido a menos que nos encontremos ante los mediadores correspondientes. Demandamos la presencia del Embajador Aldouz.-
La capitana Jefferson se levantó de la mesa y se dirigió a una de las esquinas de la habitación, donde Eneas Hayes custodiaba junto a otros oficiales la salida. Las charlas evidentemente no parecían ir a ningún lado, y ella no podía cumplir el rol de Aldouz. Excepto el Teniente Hayes que estaba en la puerta, y el Comandante Lexx que estaba a su lado, ninguno le inspiraba confianza. Pero ya estaba alerta.
De repente, el Centurión Zek´kinar se acercó otra vez al oído de Donatra y le entregó un pequeño padd con algunos datos. Donatra asintió con la cabeza y Zek´kinar comenzó a avanzar hacia la salida de la habitación. Sin la necesidad de ninguna señal, Eneas Hayes le cortó el paso al Centurión Zek´Kinar.
- ¡Pero que es este ultraje!- dijo el Centurión.
- Hemos recibido información sobre un posible atentado. Nadie puede dejar esta habitación.- ordenó firmemente la capitán Jefferson
- ¿Cómo puede ser? ¡Esto es inaudito!- exclamó Donatra blandiendo el padd que Zek´Kinar le había entregado.
- Ese Romulano traidor quería dejar la habitación.- exclamó K´Bure.- Hay algo extraño en ese padd.-
Antes de que K´Bure pudiese hacer nada, la capitana Jefferson lo detuvo.
- No hay nada extraño en este padd, son solo anotaciones.- dijo la Pretor Donatra, oprimiendo un botón en el padd.
Cuando Donatra hizo esto, Zek´Kinar hizo un además, intentando tomar su disruptor, pero Eneas Hayes leyó sus pensamientos y se el anticipó. Pudo sentir un miedo muy reprimido dentro del Romulano, una represión casi vulcana. Mientras Eneas Hayes retenía al Centurión, el padd de Donatra comenzó a emitir un extraño mensaje.
“Aquí A-1.” decía la voz de Zek´Kinar “A-1, aquí Kahless ¿esta usted en posición?”. De inmediato, Martok y K´Bure reconocieron la voz de Korok.
-¿Qué es esto maldito sangre verde?- dijo K´Bure en un gruñido sobreponiéndose a la situación.- Debe ser un truco.-
Zek´kinar observó al Canciller Klingon con desprecio, un desprecio que reflejaba el odio que tenía hacia su raza. Pero no había nada que podía hacer, había sido descubierto.
Los asistentes a la reunión no salían del asombro con las grabaciones que habían surgido del padd. Al parecer, alguien había modificado el padd de Zek´Kinar para así poder incriminarlo enfrente de todos. La grabación era inconfundible: “El General K´Bure no debe salir vivo de esa conferencia, y tampoco el Canciller Martok. K´Bure sabe demasiado de lo que estuvimos haciendo para que esta guerra se pusiese en marcha, y no quiero dejar cabos sueltos que podrían perjudicarnos en el corto o en el largo plazo. Y usted mas que nadie sabe lo importante que es el apoyo de mi casa para nuestra misión A-1.”
Con un leve gesto, Donatra ordenó que se detuviese la grabación. Ya había escuchado lo suficiente.
- Me imagino que entenderán que esto cambia las cosas. Analizaremos la información y veremos si es pertinente continuar con estas negociaciones.-
Donatra y su comitiva abandonaron la sala de conferencias, llevándose consigo al conspirador desenmascarado. El castigo por traición en el Imperio Estelar Romulano era realmente terrible, y las pruebas contra Zek´Kinar eran contundentes. Martok, por su parte, también tenía algo que arreglar con Korok.
Décima parte: Resoluciones
Luego de lo ocurrido, fue imposible reiniciar las negociaciones de paz de Nimbus 3. Las pruebas que misteriosamente habían aparecido eran lo suficientemente graves como para que Zek´Kinar fuese acusado de conspirar en contra de Donatra. Sin embargo, a pesar del involucramiento de Korok en el asunto, los Klingon no dejaban de pensar que los Romulanos habían aprovechado la situación y debían pagar por ello. La guerra seguía su curso definitivo. Sin embargo, tal vez podía lograrse un poco de justicia.
- Canciller Martok, se que son tiempos difíciles para el Imperio, pero hay algo que debo pedirle.- exclamó la capitana Jefferson por la pantalla de la Asimov.
Desde su nave, Martok la observaba atentamente, pero en sus ojos podía verse que estaba pensando en algo mas, tal vez en el castigo que Korok y su casa merecían por tamaña traición.
- A la vista de las nuevas pruebas que han surgido, debo pedirle que revise las sentencias que pesan sobre los miembros Romulanos de mi tripulación que cumplen condena hoy en día en Rura Penthe. Ahora sabemos que no tenían parte en el asunto. D´Raen actuaba bajo las directas órdenes de Zek´Kinar, y con el aval de Korok, pero de ninguna manera con el apoyo de la Comandante M´Rel. Por favor Canciller, se que usted puede hacer algo por ellos.-
- Es difícil lo que me esta pidiendo Capitán Jefferson, pero de alguna manera debo recompensar el daño que la casa de Korok ha infligido sobre usted y su tripulación. La orden de liberación será emitida de inmediato, y los prisioneros podrán salir de Rura Penthe...si es que aun están con vida.-
Sin más, Martok cortó la comunicación y la flota Klingon comenzó lentamente a emprender la retirada del Sistema Nimbus.
La pequeña runabout Nilo maniobró en el hangar de la Asimov y aterrizó sin dificultades. El Embajador Aldouz ya se había reunido con la capitana y el Almirante Setlek para analizar lo sucedido, y era tarea del joven Mel Varad y de Elina Vek llevar la nave hasta la bahía de transbordadores y escribir el reporte sobre el señuelo que habían encontrado, sin dudas una obra de Zek´Kinar. Elina abrió la compuerta y descendió de la Nilo con las lecturas que habían obtenido. Mel Varad apagó los controles y se apuró por alcanzarla.
- ¿Fue un buen viaje verdad?- preguntó el Bajoran.
- Si, creo que marcaste un tiempo récord en llegar a Nimbus 3.- respondió sonriendo Elina.
- Es lo que me gusta hacer, por algo soy piloto.- el Bajoran parecía bastante nervioso al hablar con su compañera de habitación.
- Es verdad.- respondió la Cardassiana, mientras observaba sus movimientos nerviosos.- Tal vez deberíamos juntarnos en el Holodeck algún día. Es decir, me vendrían muy bien unas clases de pilotaje, y estoy seguro de que a ti también te vendrían bien un par de lecciones de astrofísica.-
- Er...eh, creo que es, er...una muy buena idea.- balbuceó Mel Varad.
- Esta bien, señor récord mundial, nos vemos entonces en el Holodeck 3 en una hora. ¡Es una cita!-
Elina Vek sonrió mientras se dirigía a su puesto para redactar el informe. Finalmente estaba consiguiendo acercarse a Mel Varad. Por más odioso que fuese, había algo en él que la atraía, algo instintivo, irracional, casi como si fuese parte de su destino.
En las arenas de Nimbus 3, un joven observaba el cielo. El día había terminado sin ninguna noticia, por lo tanto supuso que había cumplido con su misión. Pero el costo que había pagado era muy alto. Mel Dante se arrodilló en al suelo y lloró desconsolado. Por alguna extraña paradoja del tiempo, a pesar de que había evitado el mismo evento que había llevado a su nacimiento, él aun existía. Eso le hacia suponer que, tal vez, el peligro aún acechaba la galaxia. Mientras las lágrimas caían sobre sus mejillas pudo ver a las estrellas moviéndose. En una de ellas viajaban las personas que hubiesen sido sus padres, y también aquel que los habría asesinado. La paradoja era muy cruel, y el corazón del joven de quince años se enfrió pensando que debía descubrir quien era el culpable de ese dolor. Debía desenmascarar a Surak, aunque fuese lo último que hiciese antes de desaparecer de esa línea del tiempo.
A cientos de años luz de allí, una Flotilla Klingon avanzó sobre el territorio Romulano. Habían recibido órdenes explícitas de avanzar hacia Romulus y no detenerse antes de haber conquistado en nombre del Imperio todo el sistema gemelo central Romulano. A la cabeza de la Flota, en un Vor´Cha modificado, viajaba el obeso Korok. Cuando había recibido las órdenes de atacar Romulus supo que su misión había tenido éxito. Todavía no habían llegado los reportes sobre la muerte de Martok, pero sabía que no tomarían una decisión tan importante si no fuese por una causa grave como el magnicidio. Finalmente el Imperio estaba volviendo a lo que debía ser, una potencia expansiva y arrasadora. Las naves Klingon avanzaban como una mole indetenible tomando por sorpresa a los Romulanos. No destruían los sistemas fronterizos, todo el poder de fuego debía concentrarse en Romulus. Korok había planeado todo desde un principio, y sabiendo que buena parte de las defensas Romulanas serían enviadas a Nimbus 3, preparó un plan de ofensiva casi imposible de contrarrestar con la velocidad necesaria. Como era de esperarse, las pérdidas Klingon fueron escasas y la flota de Korok llego a Romulus casi intacta, como si la hubiesen dejado atravesar libremente por los territorios enemigos. Korok vio los dos planetas girando uno sobre el otro e imagino las canciones que se cantarían en su honor en Qo´noS. “Korok, conquistador de Romulus” ese sería su nuevo título. Era hora de dar el golpe final sobre el planeta. Si cortaba la cabeza, la serpiente Romulana caería detrás, tal como lo había planeado. Con un desgarrador grito de guerra, Korok ordenó a su flotilla que disparen contra Romulus...
Pero nadie respondió. La Vor´Cha disparó sobre el planeta, pero las otras naves, en lugar de acompañarlos en el ataque giraron en redondo y desaparecieron a máximo warp. La nave de Korok estaba sola, en medio del territorio enemigo. Desde todos los flancos pudo ver como comenzaron a aparecer cientos de naves Romulanas. Comprendió en ese momento que era el fin, ya no se cantarían canciones en su honor. De alguna manera su plan había sido desbaratado, pero a pesar de su traición, Martok le estaba dando una oportunidad de morir luchando con honor, como el Klingon que alguna vez había sido. Sobre la órbita de Romulus, la nave de Korok y su casa se fundieron en una lluvia de municiones, en un último viaje a StoVoKor.
Continuará...