“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Veinte Años

Escrito por Marplanauta/ Portada: Javier Benítez Vera

Primera Parte: Tres Meses

Image:Nimbus3.jpg

El espacio de Nimbus 3 estaba rodeado por restos de decenas de naves Klingon y Romulanas. Pedazos de cascos y núcleos warp se atraían mutuamente en una danza macabra, mientras los pocos sobrevivientes continuaban disparando contra todo aquello que pareciese un blanco enemigo. Ese era solo el comienzo, un mero símbolo de lo que le esperaba al Imperio Klingon y al Imperio Romulano si continuaban con las hostilidades...pero ya no había escapatoria. La guerra se había extendido por el resto del cuadrante, encendiéndose como un reguero de pólvora. En todos lados había enfrentamientos y ya nadie podía considerarse neutral. La Federación había sido involucrada en el enfrentamiento y, al no tomar partido por ninguna de las fuerzas había sido considerada un potencial enemigo por ambas. El horizonte del Cuadrante Alfa aparecía oscuro. Lo que no habían podido lograr ni el Dominio ni los Borg, parecía estar ocurriendo por la propia mezquindad de las potencias... la esperanza solo estaba en un par de jóvenes oficiales de la flota, perdidos en el tiempo.

Mel Varad se limpió el sudor de su frente con los restos de su uniforme. Observó con atención los circuitos de su comunicador y dibujo unos cálculos en el suelo. Tal vez si creaba un puente hisolineal...no, eso ya lo había intentado. ¿Y si canalizaba el densador de potencia para modificar el continuo espacio-tiempo? Eso seria imposible sin un generador Hunman, que no seria inventado por lo menos en quince años más. El joven Bajorano, frustrado, pisoteo sus cálculos y miró al soleado cielo de Nimbus 3. Ya habían pasado 3 meses desde que se habían quedado varados allí, y no había sido capaz de poder comunicarse con el futuro. No era una tarea fácil, pero el siempre se había considerado bueno en Ingeniería.

- Creo que es suficiente por hoy ¿no?- dijo la joven Elina Vek acercándosele desde atrás.- Ya has trabajado bastante.-

- ¡No se como puedes estar tan tranquila mientras la mitad del Cuadrante puede estar desangrándose! -

- Simplemente porque miro las cosas con un poco mas de perspectiva científica. Eso aun no ocurrió.- respondió Elina Vek con una semi sonrisa.

- Puedes decir todo lo que quieras sobre líneas de tiempo y toda esa mierda, pero lo único que se es que en MI espacio tiempo eso es lo que esta pasando, y según mis percepciones, yo no estoy haciendo nada para evitarlo.-

- Tranquilo oficial Mel, el Embajador Aldouz se dará cuenta de su error y lo corregirá...tarde o temprano.-

A la oficial de Ciencias Elina Vek le causaban bastante gracia los juegos de palabras sobre su situación temporal. Si bien era su primera experiencia de viajes con el tiempo, estaba muy familiarizada con la mecánica temporal, y sabía bien como enfrentarse a este tipo de situaciones. Era evidente que para el alférez Mel Varad no era lo mismo. Elina Vek todavía creía que podrían volver, pero también sabía que en la infinidad del tiempo, una diferencia de un par de años era mínima, un simple margen de error. Podía tomarse mucho mejor la situación que su compañero. Al fin y al cabo, había poco que podrían hacer.

La vida en Nimbus 3 no era lo mejor a lo que cualquiera de los dos oficiales podía aspirar. El planeta estaba sumido en la anarquía, un símbolo de las luchas infructuosas entre las tres principales potencias. Mientras en el resto del Cuadrante la paz parecía estar recuperándose, gracias a la floreciente alianza entre la Federación y los Klingon, y a que los Romulanos se habían encerrado en su territorio, el planeta Nimbus 3 continuaba viviendo como si la guerra de todos contra todos nunca hubiese terminado. No había control político, ni seguridad ni abastecimientos ni nada en absoluto. Dos facciones principales, los Rebeldes y los Renegados, luchaban sin descanso por el control del planeta. A ese páramo intergaláctico habían sido transportados los dos oficiales, y desde allí querían comunicarse con el futuro. Sin recursos y con pocas esperanzas, pero con todo el tiempo del mundo.

Mel Varad no se daría por vencido. Tal vez si conseguía en Ciudad Paraíso un conflujador de densos y modificaba los circuitos del tricoder podría ser capaz de enviar una pequeña imagen suya al futuro. Había estado reuniendo partes de diferentes aparatos, gracias a que había trabajado reparando artefactos para los Renegados, que controlaban Ciudad Paraíso y con ellas había logrado construir un generador de energía suficiente como para crear la transmisión, pero aun le faltaban varias piezas.

Sin preocuparse por informarle a Elina Vek, comenzó a caminar hacia la ciudad, bajo el duro sol del sistema Nimbus. El joven Bajorano estaba semi desnudo, caminando con el torso al descubierto, y sus piernas cubiertas apenas por unos jirones de lo que solía ser su uniforme. Si lo hubiese visto algún superior se hubiese horrorizado. A pocos días de estar en ese planeta, habían tenido que cambiar su chaqueta y sus botas por un alquiler en la pequeña granja donde ahora vivían. Por suerte, desde allí podían garantizarse la no intervención en la línea de tiempo, como les había pedido Aldouz y cientos de profesores y oficiales de la Flota antes que él. Cualquier modificación en la línea del tiempo podría resultar desastrosa. Sin embargo, Mel no sabía cuanto aguantaría escondiéndose de todo conflicto.

Y ahora se iba a Ciudad Paraíso, la capital del descontrol, a buscar un conflujador de densos, un aparato sofisticado e incluso difícil de conseguir en su tiempo. Era un iluso. De repente, observó el horizonte y le pareció ver columnas de humo en la Ciudad. Tal vez los sanguinarios Rebeldes se habían hecho con el poder finalmente. Rebeldes y Renegados combatían día a día, a expensas de los pocos ciudadanos que aun vivían allí. Sintió el estruendo de bombas lejanas y maldijo en voz alta. Si los Rebeldes se habían hecho con el control de Ciudad Paraíso, esa noche saldrían por los alrededores a saquear las granjas. Él y Elina deberían proteger con uñas y dientes las pocas posesiones que habían logrado conseguir en ese tiempo.

Segunda Parte: Tres Meses y un día

La alférez Vek hacia guardia junto a la ventana de su precaria granja. Habían odio estruendos y disparos que se iban acercando a lo largo de la noche. Por la central de comunicaciones habían anunciado que los Rebeldes controlaban Ciudad Paraíso, y que los Renegados habían sido obligados a huir al continente sur. A la joven Cardassiana las facciones le daban lo mismo, sabia que debía defenderse de ambas. Era costumbre de esas bandas el recolectar “donaciones” por la causa entre los pobladores de cada Ciudad reconquistada, como si ellos les estuviesen haciendo un favor echando a los Renegados. Elina y Mel Varad ya habían pasado por eso, no solo en Nimbus 3, también en Bajor y en Cardassia, donde el Comando Central Cardassiano se había ocupado mas de una vez de oprimir a la población en los tiempos de guerra.

Los ruidos ahora estaban muy cerca, y Elina no tardó en ver las luces de los vehículos Rebeldes acercarse por el camino polvoriento. Era el turno de su granja. Antes de que pudiesen reaccionar, Mel Varad disparó al suelo frente a los vehículos Rebeldes, que se detuvieron en seco.

- Esta es propiedad privada.- exclamó el joven Bajorano, a pesar de que esas palabras significaban poco para los Rebeldes.

- Hemos dejado una generosa donación frente a la cerca.- intervino Elina Vek, un poco más diplomáticamente, mientras con la mirada le ordenaba a Mel Varad que se tranquilizase.

Un hombre con cinco brazos descendió de una de los vehículos y se acercó a los paquetes que los oficiales habían dejado junto a la puerta. Algunos frutos cultivados en la granja, un par de artefactos tecnológicos obsoletos y unas monedas ganadas por Mel Varad reparando electrónicos en Ciudad Paraíso.

- No es suficiente.- gritó el hombre, y se acercó al aparato que había en el parque...el transmisor en el que había estado trabajando Mel Varad. – Necesitamos mas para la causa Rebelde.-

- ¡No tenemos nada mas!- dijo Mel Varad, y desafortunadamente estaba en lo cierto.

El hombre de los cinco brazos levantó su rifle y disparó contra el transmisor, volándolo en mil pedazos, mientras sus compañeros pisotearon los pocos cultivos que Elina había logrado cosechar.

- Esto es un aviso.- dijo el Rebelde, mientras los oficiales de la Flota lamentaban no poder hacer mas para evitar esa situación.- En dos semanas volveremos y queremos que se esfuercen más por nuestra justa causa. Muchas gracias.-

Los vehículos Rebeldes dejaron una gran polvareda al atravesar el camino hacia Ciudad Paraíso. Mel Varad salió de la granja, observando los restos de su transmisor con desconsuelo. Ahora estaba mas perdido que al principio. Se arrodilló junto a los frutos pisoteados y por un instante se sintió un niño de 10 años, otra vez oprimido por los Cardassianos, otra vez sin futuro.

 

Tercera Parte: Dos Años

Image:Nimbus3Surface.jpg

El Alférez Mel acarició su barba incipiente, mientras caminaba por la calle principal de Ciudad Paraíso. A lo lejos pudo ver un grupo de Rebeldes correteando a una joven prostituta, mientras los lugareños trataban de no meterse en su camino. Ya se cumplían casi dos años de ocupación Rebelde y nada había cambiado en la ciudad. Todos los meses salían a recolectar su tributo entre las granjas, y todos los meses Mel Varad y Elina Vek veían que lo poco que habían conseguido se les esfumaba de las manos. Pero ya no estaba dispuesto a dejar las cosas así. Había aprendido lo suficiente de su madre como para dejarse oprimir de esa manera. Debía resistir, sin importar el costo. Ya había perdido casi toda esperanza de comunicarse con el futuro, y a decir verdad, ya poco le importaba. Con el correr de los meses se había habituado a su nueva vida en Nimbus 3, y ahora lo que mas le interesaba era conseguir vivir en paz. Algo que los Rebeldes se empeñaban en impedirle. Cruzó la calle y desde la ventana de un edificio semidestruido le hicieron una señal de luces. Ya era hora.

Mel se inclinó junto a la ventana de la cantina y saco un pequeño artefacto del bolsillo de su camisa. Con cuidado oprimió un par de botones y las luces del artefacto se encendieron. Sin que nadie notase su presencia, introdujo el artefacto en un repliegue de la ventana y se alejó caminando otra vez por la calle.

De repente, el joven Bajorano sintió un escalofrío. Caminando del lado contrario de la calle venia Cucman, el principal líder Rebelde en Ciudad Paraíso. Sus enormes cinco brazos se balanceaban amenazadoramente, y su figura ocultaba el duro sol de Nimbus 3. Casi sin mirarlo, Mel Varad siguió caminando y pudo ver con satisfacción como el cantinero le señalaba a Cucman con un ademán la mesa donde debía sentarse.

La mente de Mel Varad continuaba sin distracción con su cuenta regresiva. Cinco, cuatro, tres, dos, uno...La explosión fue tan grande que destruyó la mitad de la cantina. Los restos de Cucman eran casi irrecuperables. Otra victoria para la Resistencia.

Durante los últimos meses, habían logrado provocarles varios problemas a los Rebeldes. Bases de datos borradas, vehículos saboteados, pero nunca un golpe tan grande como el que Mel Varad acababa de conseguir. Lo había estado planeando junto a sus compañeros de la célula de Resistencia hasta el último detalle, y Cucman se había vuelto tan rutinario y confiado que no esperaba que lo golpeasen en su propia Ciudad. Su confianza había sido su tumba. Ahora los Rebeldes de Ciudad Paraíso estarían desorganizados. Corta la cabeza y la serpiente morirá. Había llegado el momento de la Rebelión Popular.

Cuarta Parte: Cuatro Años

Luego de la caída de los Rebeldes en Ciudad Paraíso, provocada por la insurrección de su población, los levantamientos se habían extendido por todo Nimbus 3, tanto en las regiones controladas por los Rebeldes como en aquellas controladas por los Renegados. Gobiernos Populares se habían instaurado en cada ciudad recuperada, y un Parlamento Popular Planetario no tardó en organizarse. Había sido necesario el valor de un pueblo para infligir fuerza en los corazones de todos los oprimidos del planeta.

El Gobierno Popular de Ciudad Paraíso había llamado a la intervención de las principales potencias del Cuadrante Alfa. Durante años, los Klingon, los Romulanos y la Federación le habían dado la espalda a ese pequeño planeta sumido en la anarquía, y ya era el momento de que tomasen cartas en el asunto, y asumiesen su responsabilidad. Al fin y al cabo ellos habían poblado el planeta en un primer momento. Con la legitimidad del Parlamento Popular, sumado al apoyo explícito de los tres Imperios, tal vez había un futuro de paz para Nimbus 3.

Elina Vek observó a su compañero de viaje Mel Varad, y le costó un poco reconocerlo. Los últimos 4 años en Nimbus 3 lo habían cambiado. Si bien en un primer momento ella había rechazado por completo su intervención en la Resistencia de Ciudad Paraíso, había tenido que aceptarlo al ver que era imposible cambiar su posición. Sin embargo, a medida que la participación de Mel Varad había ido incrementándose, Elina se había visto en la obligación de recordarle la Directiva Temporal Primaria. No debían modificar los hechos del pasado, porque las consecuencias podían ser nefastas.

- No estoy modificando el pasado.- le había contestado el Bajorano.- Solo estoy dándole a esta gente el pequeño empujón que necesitaban para valerse por si mismas.-

Y había estado en lo cierto. Los últimos cambios políticos en Nimbus 3, indudablemente influidos por los logros de la Resistencia, no podían ser más que favorables. Pero era el momento de dar un paso al costado. La joven Cardassiana intentó recordar como era Mel Varad en la Asimov, y le vinieron a la mente imágenes de un Bajorano demasiado formal, demasiado engreído y demasiado encerrado dentro de si mismo. Ahora, frente a ella, había otro Mel Varad. Más confiado, más curtido por las circunstancias, más responsable. El sol de Nimbus 3 había marcado su piel, y los trabajos en la granja habían modelado mejor sus músculos. Ahora Mel Varad parecía realmente un hombre. Ella también estaba diferente, sus años de alocada diversión ya habían terminado. Ahora estaba dispuesta a asumir una relación mas profunda.

En la pantalla de comunicaciones, la imagen del Triunvirato Klingon, Federal, Romulano asumiendo su cargo en el Ejecutivo se retransmitía una y otra vez, mientras Mel Varad no le sacaba los ojos de encima.

- Finalmente lo logramos.- dijo el joven Bajorano.

- Lo lograste querrás decir...nunca estuve de acuerdo con todo esto.- respondió Elina

- Pero es lo que debía pasar, es lo que dice la historia.- replicó.- Un tripartito debía hacerse cargo de Nimbus 3, y la paz se restablecería. No pasará mucho hasta que sea el Nimbus 3 que nosotros conocemos.-

- La historia no registra la intervención de ningún Bajorano...por lo menos nuestra historia. Sin embargo eso es diferente ahora.-

- Pero el resultado, al final, es el mismo. Además, la historia tampoco registra la intervención de ninguna Cardassiana, y sin embargo no puedo negar que si no fuera por ti nada de lo que la Resistencia logró hubiese sido posible.- dijo Mel Varad, observando a su compañera.

Los últimos 4 años, el joven Bajorano había estado demasiado involucrado en la vida política como para reparar en Elina, pero ahora que ya todo había terminado, podía reconocer el enorme apoyo que, a pesar de todo, ella le había brindado. Podía recordar como había estado junto a él en cada plan, en cada noche de incertidumbre. Cuando habían sido necesarios sus conocimientos científicos, ella no había dudado en proporcionárselos, sin importarle al Directiva Temporal Primaria. Cada vez que los Rebeldes pisoteaban sus terrenos, ella estaba ahí para volver a sembrarlos. Cada vez que un plan fallaba, o la sombra del fin de la Resistencia aparecía, ella estaba ahí para darle ánimos.

- Siempre estuviste a mi lado Elina, no se como agradecerte.- dijo Mel Varad, recordando el sentimiento que años atrás había intentado reprimir.

- No digas nada. Ya se lo que sientes.-

Elina se acercó a Varad y rodeó con fuerza su cuerpo. Sus bocas se unieron con pasión, en un beso que había sido reprimido más de cuatro años. El joven Bajorano recorrió el cuerpo de la Cardassiana con sus manos, confirmando con el tacto lo que había imaginado tantas veces antes. Mientras a cientos de años luz de allí, sus pueblos se enfrentaban en batallas de ocupación y resistencia, los dos jóvenes oficiales se dejaban llevar por el sentimiento que había florecido a lo largo del tiempo que habían pasado juntos. Las luces de los festejos en Ciudad Paraíso por el nuevo gobierno los descubrió abrazados, desnudos, durmiendo bajo la luna.

Quinta Parte: Diez Años

El pequeño estiró su brazo con la mayor fuerza posible, tratando de alcanzar la rama más alta del árbol del jardín. Desde que había aprendido a caminar había querido subir a los alto de ese árbol, sin poder lograrlo. Ahora, con casi cinco años, estaba a punto de llegar. Sus dedos regordetes rozaron la madera, sin poder conseguir aferrarse. Un poco mas y lo lograría. Estaba a punto de darse por vencido cuando sintió un fuerte empujón desde abajo. Perplejo, el pequeño movió su nariz arrugada en señal de desaprobación.

- ¡Quería hacerlo solo papá!- dijo.

Mel Varad se rascó su barba con la mano que le quedaba libre, un gesto que le había quedado de su tiempo en la Resistencia.

- Es solo un poco de ayuda Dante. Todavía no alcanzas esa rama.- le dijo.

El pequeño Mel Dante aprovecho la ayuda de su padre y escaló el resto del árbol hasta una de las ramas más altas, desde donde se sentía más cerca de las estrellas.

- ¿Y cuál es la estrella de mamá?- preguntó el pequeño.

- Mmm, bueno, ya te dijimos que es un poco difícil de ubicarla desde aquí....No le digas a mamá, pero el problema es que la estrella de Bajor es tan brillante que opaca la estrella de Cardassia.-

Mel Dante rió, arrugando las marcas Cardassianas de su frente, y continuó con sus preguntas.

- ¿Y como es Bajor?-

- Bajor es un planeta hermoso, lleno de valles y ríos, con paisajes asombrosos y cavernas de fuego que te dejan boquiabierto y...-

- ¿Cuándo iremos papá?-

- Por ahora no hijo, las cosas están un poco difíciles en Bajor.- respondió Mel Varad.

Si sus cálculos eran correctos, la Ocupación estaría entrando en una de sus últimas fases. Los Cardassianos, acorralados por la furia de la Resistencia, intentarían dar un golpe duro a los Bajoranos. Cientos de miembros de células terroristas serían ajusticiados en los próximos días en todo Bajor...entre ellos estaba su madre.

- Es hora de irse a dormir Dante. A decir verdad, hace una hora que es hora de irse a dormir.-

El pequeño saltó desde la rama del árbol directo a los brazos de su padre y luego correteó por el jardín hasta entrar en la casa. Mel Varad observó la estrella del Sistema Bajorano, casi en el horizonte nocturno de Nimbus 3. Su madre vivía allí. Todavía estaba viva. Y él, un pequeño niño de 13 años, no imaginaba que su vida estaba a punto de cambiar para siempre. Los últimos tiempos Mel Varad había estado pensando mucho en eso. Cada vez que veía a su hijo en los brazos de Elina recordaba la sensación de protección que le daba estar junto a su madre. Los Cardassianos les hacían la vida imposible, pero el sentía que su madre estaría allí siempre para cuidarlo. Y cuando ella lo necesitó, él no pudo hacer nada. ¿Podría acaso cambiar ese error? ¿Podría pagar la deuda que tenia con su pasado? En su conciencia, recordó la Primera Directiva Temporal...y se vio tentado a quebrantarla.

- ¿Otra vez mirando las estrellas Varad? – preguntó Elina Vek mientras corría un mechón de pelo de su rostro.

- No oí cuando te acercaste.-

- Es que estabas demasiado concentrado en tus pensamientos.- respondió Elina.- ¿Estas teniendo dudas de nuevo?-

- Es que es tan fácil sentir la tentación. Todavía siento el dolor de la muerte de mi madre como un puñal en mi corazón. Nunca pude superarlo del todo, e incluso no pude hablar con mi padre durante muchos años por ello. Bueno, ya conoces la historia...Y ahora, una simple comunicación subespacial podría significar la diferencia entre su vida y su muerte.-

- Y una clara violación a la Directiva Temporal. Imagínate las consecuencias de un acto como ese. No diría que tendría repercusiones galácticas, pero por ejemplo no estarías aquí, y Dante no existiría. ¿Qué pasaría si yo por ejemplo decido avisarles a mis padres sobre la bomba Maqui en su runabout? Puede que eso provoque que nunca ingrese en la Flota Estelar, que nunca me comisionen a la Asimov, que nunca nos conozcamos.- explicó la joven Cardassiana.

- No estas segura de eso. Nadie esta seguro de lo que puede suceder. Además es una falacia. Desde el primer segundo que pusimos un pie en este planeta hemos cambiado la línea del tiempo. ¡Es más! Toda nuestra misión consiste en cambiar la línea del tiempo y evitar el atentado en Ciudad Paraíso. Hemos pasado diez años aquí encerrados, sin poder salir del sistema solo para respetar la Directiva Temporal Primaria. ¿Con que nos han pagado? Hemos sido olvidados 20 años en el pasado a nuestra propia merced. Yo no estoy ahora tan seguro de que la Directiva Temporal Primaria me importe mucho.-

- Por favor Varad, ya hemos discutido esto miles de veces. No sabemos que podría pasar si cambias la historia, es verdad, pero justamente por eso no deberíamos hacerlo. Las posibilidades de un desastre pueden no ser altas, pero existen. Si hasta ahora continuamos aquí, quiere decir que la línea del tiempo no ha sido gravemente alterada. Todavía el futuro existe tal como lo conocemos, y los hechos que llevaron a Aldouz a traernos al pasado aun ocurrieron. Es nuestra obligación entonces que esto se mantenga así, a pesar de lo que a cualquiera de nosotros nos parezca.-

Mel Varad sabía que Elina tenía razón, pero luego de diez años viviendo por su cuenta le costaba mucho mantener su disciplina. Su vida había cambiado radicalmente desde que habían llegado a Ciudad Paraíso, y poco a poco había ido olvidando la importancia de su misión, para dedicarse a los problemas cotidianos. No era extraño que ahora se cuestionase una de las principales directivas de la flota, mas aun después de que, a pesar de haber intervenido en la línea del tiempo con sus actividades guerrilleras, nada parecía haber cambiado. Mientras observaba la estrella de Bajor, pudo ver como una estrella fugaz surcaba el horizonte. En Bajor, las estrellas fugaces eran considerados bendiciones de los Profetas. Cerró los ojos y deseo tener la templanza como para aguantar hasta que llegase el momento de cumplir su misión. Los brazos de Elina Vek lo rodearon, dándole el calor y la protección que no sentía desde que era pequeño, en su planeta natal, en los brazos de su madre, y sintió que podría lograrlo.

Sexta Parte: Diecisiete Años

Ciudad Paraíso estaba virtualmente irreconocible. Los edificios que otrora habían sido casi ruinas, ahora estaban completamente restaurados y llenos de vida. La ciudad había ido transformándose de a poco en un centro cosmopolita donde las potencias se reunían a realizar negociaciones que oscilaban desde tratados de comercio hasta acuerdos de desarme. La seguridad se había acrecentado, al igual que el bienestar general de la población, que ya casi no recordaba los años de anarquía que habían vivido. El respaldo de las tres potencias había sido esencial para el desarrollo de todo Nimbus 3 como verdadera sede de la paz galáctica. A su vez, a medida que el planeta se había ido abriendo al Cuadrante, Elina y Varad habían tenido que reforzar sus cuidados para evitar interrumpir la línea del tiempo. La hora cero se acercaba, y cualquier detalle descuidado podía resultar fatal. La Guerra del Dominio se había desatado, como ellos esperaban, y Elina había tenido que evitar circular por la ciudad. Ya había tenido que soportar la desconfianza de sus compañeros en la Tierra, cuando cursaba en la Academia, pero por lo menos allí estaba protegida por las leyes de la Federación. En Nimbus 3, si a alguien le resultase sospechosa la presencia de una Cardassiana podría pedir su encarcelamiento preventivo (una medida Klingon adoptada por el sistema judicial del planeta), lo que podría llevar a una contaminación temporal desastrosa.

Pero ahora, la Guerra del Dominio había finalmente llegado a su fin, y la gente festejaba enardecida. Las calles estaban atiborradas de diplomáticos y civiles, ondeando banderas de la Federación, el Imperio Klingon o el Imperio Estelar Romulano. Incluso había un par de Ferengi vendiendo símbolos de los Imperios a precios el triple de lo habitual. El patriotismo era bueno para los negocios. Elina y Varad caminaban abrazados por la calle principal mientras a unos pocos metros los seguía el pequeño Mel Dante. Elina había tomado la precaución de cubrir sus marcas Cardassianas con la ropa, aunque desde el fin de las hostilidades todo parecía estar mas tranquilo para ella. Los tres habían ido a Ciudad Paraíso a ver el desfile de festejo del fin de la guerra, que en ese instante cruzaba frente a ellos. Un grupo de oficiales de la Flota desfilaba enarbolando los estandartes de la Flota Estelar y de la Federación, saludando con sus brazos ante el aplauso y la admiración de los habitantes. Detrás de ellos desfilaba un grupo de Klingons, con aspecto amenazante y agresivo, dispuestos a la batalla en cualquier instante. Tropas Romulanas cerraban el grupo, avanzando a paso firme y constante, como si fuesen una pieza de relojería. Mel Dante nunca había visto nada igual, y se sintió realmente impresionado.

- Algún ida papá, cuando sea mayor, quiero ser un Klingon.- dijo admirando la firmeza de los guerreros.

El ya no tan joven Bajorano sonrió y continuó observando el espectáculo. Según su línea del tiempo, veinte años antes él estaba desfilando en la Tierra, enarbolando uno de los estandartes. Había sido uno de los días más importantes de su vida, y ahora estaba en condiciones de revivirlo, pero desde un punto de vista completamente diferente. De repente, Mel Varad empalideció. Un oficial de la Flota benzita había roto la formación y se acercaba hacia él, saludando enérgicamente. El oficial cruzó la barrera y abrazó con fuerza al Bajorano, que no salía de su asombro.

- ¡Cadete Mel, que gusto volver a verte!- exclamó el benzita entusiasmado.- Perdí completamente tu rastro luego de la batalla de Júpiter. Fui asignado a la Cairo y fuimos parte de la Flota de invasión a Cardassia Prime. Pero suficiente charla sobre mi... ¿qué paso contigo después de Júpiter? ¡¿Y, demonios, porque pareces tan avejentado?!-

Al ver lo que estaba sucediendo, Elina Vek tomo con fuerza el brazo de Mel Dante y lo alejó del rango de visión del benzita, intentando minimizar la contaminación temporal. Mel Varad balbuceó. Todos esos eventos eran recientes para el benzita, pero habían ocurrido hace años para el Bajorano. Recordaba levemente a Meeko, un compañero del Escuadrón Omega, su grupo de pilotaje cuando aun estaba en la Academia. Lo que no recordaba bien era cuando había sido la última vez que lo había visto. Poco antes de que fuese comisionado a la Asimov, Meeko le había enviado un mensaje subespacial codificado de felicitaciones bastante extraño...

- Eh, si, ejem.- continuó Mel Varad.- Es una historia larga, pero no puedo contártela ahora. Fui reclutado por Inteligencia de la Flota y en estos momentos estamos en una operación clase 5, ultra confidencial.-

- Ah, entiendo...varios siguieron ese camino. Bueno, no te distraigo mas, mi columna se esta alejando demasiado. Pero me interesa mantener el contacto, te enviare un mensaje subespacial en estos días, creo que tengo tu código de localización. ¡Adiós!.-

Mientras el benzita se alejaba y Elina volvía a acercársele, Varad respiró aliviado. Eso había estado cerca. Aun no sabia como se le había ocurrido esa historia de Inteligencia de la Flota, había sido una iluminación bastante oportuna, ya que Meeko podía ser muy inquisitivo si se lo proponía, y también bastante extraño. Mel Varad sonrió al recordar el mensaje que Meeko le había enviado desde la Cairo la última vez que había escuchado de él. De repente, en la mente de Mel Varad todo cayo en su sitio al recordar que el mensaje que Meeko le había enviado era para desearle suerte en su nuevo puesto en Inteligencia de la Flota y en su operación secreta. En aquel momento, Mel Varad no había entendido a que se estaba refiriendo el benzita, y lo había considerado alguna especie de broma entre ex colegas. Ahora el misterio se resolvía.

Antes de que pudiesen reaccionar, Mel tomó el brazo de su compañera y de su hijo y salieron de la multitud. Con velocidad caminaron por la calle principal en la dirección contraria a la gente que iba hacia el desfile. Si querían que su misión triunfase, deberían mantenerse ocultos en su granja la mayor parte del tiempo que les quedaba por esperar.

Séptima Parte: Diecinueve años y medio

Elina Vek se arrojó sobre la mullida cama de su habitación y le dio un dulce beso en los labios a su compañero Mel Varad. La luz ocre del otoño bañaba la habitación, dándole a la mañana de Nimbus 3 el color que tanto ella como Mel habían aprendido a adorar. Podían pasar horas recostados, simplemente viendo las hojas caer a través del ventanal. Mel Varad abrió los ojos, reaccionando ante el inesperado beso de su amada Cardassiana. Con dulzura la rodeó con sus brazos. Afuera, ajeno a todo, el joven Mel Dante inspeccionaba unas piezas electrónicas, como queriendo ensamblar alguna especie de aparato. Había heredado la curiosidad científica de su madre y la practicidad de su padre. No dudaban en que se convertiría en un gran hombre.

- Y pensar que allá afuera, en algún lugar del Cuadrante, estoy odiándote.- dijo Mel Varad.

- Nunca entendí como podías ser tan rencoroso. Ahora se que no eres así.-

- Eran otros tiempos, era otra vida.- respondió el Bajorano.- Nunca había estado con un Cardassiano desde que había huido de Bajor, y la idea de un Cardassiano que no fuese un torturador o un asesino era difícil de aceptar para mi. Estaba completamente equivocado.-

- ¿Han tenido que pasar veinte años para que supieses eso? – preguntó Elina mientras servia una taza de té de hojas rojas.

- No exactamente. Ya en la Asimov comenzaron a cambiar mis sentimientos por ti.-

- Eso es nuevo...- dijo Elina.- Siempre pensé que solo me odiabas. Cuando vivíamos juntos no hacías mas que hacerme la vida imposible, protestando cada noche por mis citas, quejándote de cada movimiento.-

- No puedo negar que eran en parte celos. Sentía una verdadera admiración por ti, por tus capacidades, pero esa admiración chocaba con el odio que sentía hacia tu raza, y se transformaba en una extraña forma de rechazo.-

- Ahora que lo recuerdo...hubo un momento en que sentí que podría haber algo más que hostilidad proviniendo de ti.- dijo Elina.- Fue luego de la misión en el territorio Klingon, cuando la Asimov fue capturada. Supe que tú fuiste el que cuido de mi cuando estaba inconsciente, e incluso que le pediste a los Profetas por mi bienestar. Aprecié mucho eso, y pude ver que detrás de esa fachada de dureza había una persona mucho más dulce. Detrás del Alférez Mel estaba el verdadero Varad. Incluso pensé en invitarte a salir...-

- ¿Cómo es eso?-

- Durante la exploración en un planeta, ya no recuerdo cual, junto con Aldouz poco antes de la explosión en Ciudad Paraíso. No se porque se me cruzó por la cabeza que tal vez podríamos divertirnos a pesar de las diferencias. No estaba muy equivocada.-

- En lo absoluto, me hubiese encantado.- respondió Mel Varad mientras le daba otro beso a su compañera desde hace mas de quince años.- Ahora el ida finalmente se acerca.-

- Si, veinte años aquí.-

- Pareciese que recién hubiésemos llegado. Pase la mitad de mi vida en este planeta, y ahora todo esta por cambiar otra vez.- reflexionó Varad.- ¿Nunca te preguntaste que pasará con nosotros si cambiamos la historia?-

- Cientos de veces. Si nuestra misión es exitosa, las teorías sobre nuestro destino son varias. O desaparecemos en un nudo temporal, debido a la irresolución de la paradoja de nuestra existencia, o creamos una línea del tiempo alterna donde nada es como parece, o sino... - comenzó Elina con su tono mas académico.

- Yo prefiero pensar que vamos a seguir existiendo aquí por siempre...prefiero pensar que estos veinte años serán eternos.- la interrumpió el Bajorano

- A su manera son una eternidad.-

- Una eternidad, y a la vez un parpadeo en el flujo del tiempo.-

Continuará…