“A la tripulación de
Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
El Jaque de los Dioses
Escrito por Marplanauta. / Portada: Rafa Navarro.
Nota: Esta historia esta situada antes de los acontecimientos que dieron con el exilio del canciller Martok en la serie StarTrek Stealh
Primera Parte: Comunicación Divina
La esbelta figura de la joven Zeus se acercó a Surak desde la esquina de la habitación. Afuera, la lluvia torrencial parecía cubrir todo el paisaje. La temperatura en la habitación era un poco superior a los 30 grados, y la joven estaba muy a gusto. Surak tenía varios años más que ella, tal vez más de cien, pero parecían llevarse muy bien.
- La comunicación deberá establecerse en un minuto.- dijo Surak
- No me siento muy tranquila hablando desde aquí.- respondió Zeus.
- Me extraña que digas eso. Hemos revisado las conexiones una y otra vez, la seguridad es inviolable. Además, quien se atrevería a espiarnos a nosotros. ¡Quien se atrevería a espiarte a ti! Simplemente no es lógico.-
Un pequeño sonido interrumpió su conversación. En la pantalla podía verse una luz tintineante. Surak oprimió un botón y la pantalla se dividió en 3 partes iguales. El Profeta, Kahless y Morgouz aparecieron ante ellos.
- ¿Por qué no nos reunimos como hicimos siempre? Esto no me gusta.- dijo Kahless
- Saben que las circunstancias no permiten que ninguno
de nosotros deje sus mundos por el momento.- interrumpió Surak.-
- Los planes van bien entonces.- intervino El Profeta.
- Muy bien. Mis operativos en Romulus lograron manejar la situación a la perfección, y gracias a la intervención de Kahless, el Imperio Romulano y el Imperio Klingon van camino a la autodestrucción.-
- Querrá decir que el Imperio Romulano va camino a la destrucción. Los Klingon seguiremos siendo poderosos aun después de tener todos los prikmales.- gruño Kahless
- Por supuesto Kahless, y no hay dudas de que usted será el máximo líder del Imperio, pero para eso es necesario que los Romulanos desaparezcan.- explicó Zeus.
- Al menos según parece ya no están involucrados en la búsqueda de los prikmales.-
- Exacto. La tripulación Romulana de
- Pero hay un pequeño problema.- intervino el Profeta.-
Me han informado que hay intentos de
- ¡Maldito Martok! Esta dejando atrás la gloria del Imperio. ¡Conversaciones de paz con los Romulanos!-
- No se preocupen señores, estamos al tanto de todo esto...y podremos sacar provecho.- dijo Zeus con una semi sonrisa.
- Exactamente. Las conversaciones de paz a esta altura no son más que encuentros para medir la determinación del enemigo. Los Klingon y los Romulanos no llegarán a ningún acuerdo. Pero es una gran oportunidad para asegurarnos un mayor control de la situación.- explicó Zeus.- De una cosa estamos seguros. No habrá paz en mucho tiempo. Solo nuestro poder podrá detener esta cadena de eventos.-
- Espero que no nos defraude Zeus.- dijo Morgouz antes de que la comunicación se interrumpiese.
Surak miró a Zeus con su imperturbable tranquilidad. Sabían que ya todo estaba preparado para el jaque. Solo faltaba mover las fichas. Desde la ventana, la lluvia parecía estar deteniéndose y un pequeño transbordador atravesaba el cielo de San Francisco.
Segunda Parte: el Embajador, la capitán y el almirante
Después de varios intentos fallidos para una administración conjunta, Ciudad Paraíso, en el planeta Nimbus 3, finalmente había logrado desarrollarse como una verdadera sede de paz intergaláctica. Allí convivían seres de todos los extremos del Cuadrante, y era donde muchos de los tratados más importantes de los últimos tiempos habían sido firmados. El hecho de que el planeta se encontrase en el punto límite entre las tres potencias del Cuadrante Alfa lo hacía un caso único. Luego de varios años en que el planeta estuvo sumido en la más profunda anarquía, la administración finalmente se le había conferido a un triunvirato independiente, y podía ser considerada una especie de Suiza del siglo 24.
Hacia allí se dirigía
-¿Se ha complicado mucho la búsqueda de los prikmales por estos incidentes?- preguntó Setlek.
- Lamentablemente si Almirante.- explicó Aldouz.-
El hecho de tener permiso por parte de las tres fuerzas para buscar en todo
el territorio era muy favorable. Sin embargo, al estar dos de ellos enfrentados,
cualquier accionar nuestro podría considerarse un favoritismo o un apoyo a alguna
de las fuerzas. El territorio de exploración queda restringido a
- Es verdad, eso sin contar que hemos perdido a
parte de la tripulación por este enfrentamiento.- explicó la capitana Jefferson.-
Los oficiales Romulanos estaban incorporados en las tareas habituales de la
nave, y luego de lo que lamentablemente ocurrió, hemos tenido que reasignar
personal nuestro para cumplirlas. Además, la ayuda de
- Si, si, entiendo.- dijo Setlek.- Pero en estas
circunstancias, como bien dicen ustedes, lo mas lógico es que
- Eso es parte de las condiciones que se van a discutir en la conferencia de Nimbus 3.- aclaró Aldouz.- Pero serán conversaciones muy difíciles.-
- No tengo dudas de ellos Embajador. El Imperio
Klingon y el Imperio Estelar Romulano han estado enemistados por cientos de
años. Ahora que están abrazados en batalla, será...improbable que dejen de luchar
fácilmente.- mientras decía esto, el vulcano levantó una de sus cejas.- Según
me han informado mis asesores, los klingons están reclamando posiciones que
habían sido olvidadas hace mas de cien años, y los Romulanos no están dispuestos
a dar el brazo a torcer. Lo peor de todo es que ninguno de los dos esta en condiciones
de soportar una guerra a gran escala. Esta parece ser la ultima oportunidad
para evitar un conflicto que podría desbalancear todo el cuadrante, e incluso
perjudicar seriamente la posición de
Aldouz asintió y se quedó pensativo por un instante, recordando como Gulas Wanthor había provocado el fin del Imperio Iconiano. Esta vez no estaba dispuesto a que eso ocurriese. Él tenía en su mente los recuerdos de miles de Iconianos que habían luchado en la guerra, los recuerdos de los pacifistas que habían intentado evitarla e incluso de los diplomáticos que habían intentado detenerla. De algo le serviría toda esa información.
- Capitán, me gustaría felicitarla también por el
operativo de rescate que realizó poco antes de que se desate
- ¿A que se refiere?- preguntó Jefferson, a quien cualquier cosa anterior a lo que había ocurrido en territorio Klingon le parecía muy lejano.
- Me refiero al rescate de los sobrevivientes del USS Excalibur y el USS Columbia. Mi sobrina viajaban en una de esas naves.-
- Solo hice lo que me ordenaron almirante. Y mi
desempeño no se compara con las hazañas de la tripulación de
El sonido de una comunicación desde el puente interrumpió la conversación.
- Capitán.- dijo la alférez Vek.- Estamos detectando una débil señal. Parece ser un prikmal.-
- Transfiera los datos al embajador Aldouz.- ordenó la capitana Jefferson.
Aldouz pareció ausente por un segundo, y en seguida volvió en si.
- Capitán, debo seguir esta pista. Puede ser uno de los prikmales que estamos buscando.- dijo.
- ¿Cuánto tiempo nos llevará ir hasta allí?- preguntó la capitana.
- Por lo menos doce horas.- dijo Aldouz.
- Imposible.- intervino Setlek- Tendrán que buscarlo
después de
- Usted no entiende Almirante.- dijo Aldouz.- Si
no seguimos esta pista ahora, la señal puede desaparecer o perderse entre los
ecos subespaciales. Debo seguirla ahora.
El Almirante Setlek levantó una de sus cejas y asintió.
- Esta bien Embajador.- dijo Jefferson.- Tome el
Nilo, pero necesitará dos buenos oficiales para esto. Le aconsejo que lleve
a Mel Varad, es un muy buen piloto y necesitará alguien así para viajar a Nimbus
- Es verdad, pero también quisiera llevar a la alférez Vek , en las ultimas expediciones me ha resultado muy útil.- agregó Aldouz.
- No hay problema Embajador, espero que tenga suerte.
El Iconiano desapareció y solo quedaron Setlek y Brittany Jefferson. La capitana no pudo evitar ver en la fría expresión del vulcano un lejano dejo de preocupación.
Tercera Parte: Enterrados en Arena
Habían pasado 10 horas y
- ¿Cómo puede ser que un planetoide como este tenga tanta arena?.- protestó Mel Varad.
- Las posibilidades son muchas.- comenzó Elina Vek.- Puede ser que la estrella haya sido mas pequeña en otra época, permitiendo que este planeta tenga atmósfera, agua e incluso vida. O puede ser que el planeta haya salido de su órbita y haya terminado aquí. O puede ser...-
- Ya entendí. Era una pregunta retórica.-
El joven Bajorano observó a
- Nunca te agradecí lo que hiciste por mi...- comenzó la alférez Vek
- No entiendo.-
- Cuando fuimos capturados. Yo estuve inconsciente,
sin embargo, supe que te preocupaste por mi.- continuó
Mel Varad miró hacia el suelo. Realmente había temido por la vida de su compañera de cuarto. Recién en ese momento se había dado cuenta de que no era simplemente odio lo que sentía por ella. Durante esos mese realmente había llegado a conocerla y apreciarla.
- Era mi obligación. Debemos cuidarnos siempre el uno al otro...entre oficiales digo.-
Elina miro al joven, sonrió y dijo:
- Tal vez un día de estos...-
No pudo terminar su frase. Aldouz, que estaba un poco más adelantado que ellos gracias a que no tenía que luchar con el suelo arenoso, los llamo con entusiasmo.
- Pueden corroborarlo con sus aparatos niños, pero la señal proviene justamente de aquí.- dijo el Embajador señalando el suelo.
- Si, es verdad, la señal es de aquí.- dijo Elina.- Pero no es lo único que señala mi tricoder. Detecto emisiones de energía y rastros varios. Al parecer alguien estuvo aquí hace poco tiempo.-
- Pero el prikmal tiene que estar ahí.- dijo Mel Varad.- La señal es inconfundible.-
Los tres se miraron mutuamente, sospechando lo peor. En un instante, Aldouz cambio de forma y casi sin esfuerzo levantó la arena que rodeaba a la señal. Ante ellos apareció un pequeño aparato metálico.
-¿Qué es eso?.- preguntó el joven Bajorano.
- No es la primera vez que encontramos esto pequeño.- dijo Aldouz.
- Maldición. Es un señuelo. Otra vez. Alguien quiere
desviar nuestra atención.- completó
- Pero, ¿quien?...¿y porque?- continuó Mel
- Mmmm, la última vez que encontramos uno de estos señuelos, algo muy malo sucedió. Es sospechoso que encontremos otro justo en el momento en que se están desarrollando las tratativas de paz...-
Aldouz se quedo pensativo. Tal vez había sido víctima de una trampa. No podía creer que otra vez habían sido capaces de engañarlo con un señuelo. Con un ademán les ordenó a los jóvenes que se transporten a la nave. Si alguien quería mantenerlo alejado de Nimbus 3, él no le daría el gusto. Aun tenían un par de horas de ventaja gracias al alférez Mel. Tal vez podrían aprovecharlas.
Cuarta Parte: Midiendo Fuerzas
La órbita de Nimbus 3 estaba atiborrada de naves
Klingon. Desde un par de viejas K´Tinga hasta
De repente, el espacio pareció ondularse en frente
a la flotilla Klingon. Una a una las naves Romulanas fueron saliendo de fase
y mostrando sus dientes ante los Klingon. Los Romulanos habían sido astutos
y habían esperado a ver las naves que llevaban los Klingon antes de darse a
conocer. La nave de
El espacio entre la flotilla Klingon y las naves Romulanas estaba obviamente vacío. Sin embargo, la tensión era tan grande que parecía poder cortarse el mismo espacio con un cuchillo. Los conflictos entre las dos potencias ya llevaban más de dos meses, y muchos oficiales habían muerto. Los Klingon no se habían detenido luego de anexar los primeros sistemas, y habían intentado seguir avanzando al interior del Imperio Estelar Romulano. Pero mientras hacían esto, los Romulanos atacaron los astilleros K´mpec, dejando fuera de servicio a por lo menos la mitad de los spacedocks. El abastecimiento de los Klingon en el sector había quedado seriamente reducido, ya que era el segundo astillero atacado. La escalada de enfrentamientos era cada vez más sangrienta. En las calles de Qo´noS y Romulus se podía sentir el rumor de los tambores de batalla. En cada hogar Romulano había un joven enlistándose para cumplir su obligación ante el Imperio, y al mismo tiempo, en cada hogar Klingon había alguna vieja cuenta que cobrar ante los Romulanos, ya sea de su primer traición, ya sea el orgullo herido en Khitomer... El odio entre ambos era casi ancestral y una vez comenzada la guerra parecía indetenible.
Sin embargo, en el Senado Romulano y en el Alto Concilio Klingon, los tambores de guerra no iban acompañados con tanto entusiasmo. El Alto Mando de los dos Imperios sabía que estaban en una encrucijada. Durante siglos ambos habían logrado sobrevivir gracias a que se había mantenido la paz, aunque fuera precaria. Todos los cálculos que los especialistas hacían, a un lado y al otro de la frontera daban los mismos resultados. En estas circunstancias, una guerra a gran escala entre Klingons y Romulanos solo provocaría una cosa: la mutua destrucción. Es por eso que, ante la posibilidad que había ofrecido el Embajador Aldouz como mediador imparcial, ambos gobiernos habían aceptado asistir a las conferencias de paz.
Y allí estaban ahora, midiendo sus fuerzas en la órbita de Nimbus 3. Cada uno sabía que debían hacer lo posible por regresar al estado de precaria paz que se había mantenido hasta entonces, pero ninguna de las dos potencias quería dar el brazo a torcer o renunciar a los objetivos ya ganados en el conflicto. Desarmar esa bomba de tiempo parecía una tarea imposible, pero el Embajador Aldouz se consideraba en condiciones de hacerlo. Las fichas ya estaban en su lugar, solo faltaba el Iconiano para comenzar el juego.
Quinta Parte: Jaque
La capitán Jefferson estaba sentada en una esquina
de la mesa de negociaciones. A pesar de que los líderes ya estaban ubicados,
las charlas aun no habían comenzado. El Almirante Setlek estaba en
En la otra esquina de la mesa estaba la comitiva
Romulana. Ellos eran tres, uno más que los Klingon. En el centro estaba
- Ustedes comenzaron esto...- dijo Martok sin esperar ninguna introducción.- Los Klingons tuvimos que defendernos luego de su ataque a nuestro territorio. Tenemos las pruebas otorgadas oportunamente por la aquí presente capitán Jefferson.-
Martok arrojó el padd que, semanas atrás, Brittany Jefferson había transportado a lo largo del territorio Klingon. K´Bure observó el padd con evidente odio. Había hecho lo imposible por evitar que esa información llegase a manos de Martok, pero no lo había logrado. Era una mancha en su historial. Donatra ni siquiera observó el padd que presentó Martok, se limitó a levantar una ceja y responder:
- Los Klingons son tan obtusos. Sabemos lo que sucedió en su territorio, pero no respondemos en nombre del oficial D´Raen. No actuaba bajo nuestras órdenes cuando llevo a cabo su atentado, y tampoco estaba a bordo de una de nuestras naves. Incluso condenamos sus acciones en su momento. Todos los oficiales que podrían estar involucrados ya han sido enjuiciados, cuestionablemente por cierto, en Qo´noS y hasta donde yo se están cumpliendo su condena. Ustedes en cambio amenazaron nuestro territorio en el sector Klagh, y no nos dejaron otra opción que defendernos. Y no contentos con ello, aun continuaron con sus hostilidades.-
-¡Ustedes atacaron primero en el sistema Klagh, y continuaron con los astilleros de K´mpec!.- intervino K´Bure gruñendo.
Zek´kinar se acercó al oído de Donatra y le murmuró unas palabras. De inmediato, Donatra miró a la capitana Jefferson y dijo:
- No continuaremos con esta charla sin sentido a menos que nos encontremos ante los mediadores correspondientes. Demandamos la presencia del Embajador Aldouz.-
La capitana Jefferson se levantó de la mesa y se dirigió a una de las esquinas de la habitación, donde Eneas Hayes custodiaba junto a otros oficiales la salida. Las charlas evidentemente no parecían ir a ningún lado, y ella no podía cumplir el rol de Aldouz.
Mel Varad envió los códigos de acceso correspondientes
y pudo ingresar. Ninguna nave que no estuviese autorizada podría acceder al
sistema Nimbus. Eran nada menos que el Canciller Martok y
- Necesito hablar con la capitana Jefferson.- dijo Aldouz.
Mel Varad presionó un par de botones y estableció
un puente con
- Capitán, este es el Embajador Aldouz.-
- Aquí Jefferson. Estábamos esperándolo Embajador. Su presencia es más que requerida aquí abajo.-
- Lo se capitán, estamos entrando en órbita. Pero hay algo que debo decirle. Tengo serias sospechas de que alguien intentará dar un golpe a las tratativas de paz, y debe estar por ocurrir. La señal del prikmal era un señuelo, por alguna razón me querían fuera de Nimbus 3...-
- Entendido, Jefferson fuera.-
El Embajador sabia que algo estaba por ocurrir, solo esperaba que pudiese llegar a tiempo, o que por lo menos la capitana fuese capaz de impedirlo.
En la sala de conferencias, el silencio era casi espectral. Jefferson observó atentamente a todos los presentes. Excepto el Teniente Hayes que estaba en la puerta, y el Comandante Lees que estaba a su lado, ninguno le inspiraba confianza. Pero ya estaba alerta.
De repente, el Centurión Zek´kinar se acercó otra vez al oído de Donatra y le entregó un pequeño padd con algunos datos. Donatra asintió con la cabeza y Zek´kinar comenzó a avanzar hacia la salida de la habitación. Tal vez era esa la señal que Brittany Jefferson estaba buscando. Con un ademán, la capitana le ordenó a Eneas Hayes que no dejase salir al Centurión.
- ¡Pero que es este ultraje!- dijo el Centurión.
- Hemos recibido información sobre un posible atentado. Nadie puede dejar esta habitación.- ordenó firmemente la capitán Jefferson
- ¿Cómo puede ser? ¡Esto es inaudito!.- exclamó Donatra blandiendo el padd que Zek´Kinar le había entregado.
- Ese Romulano traidor quería dejar la habitación.- exclamó K´Bure.- Hay algo extraño en ese padd.-
Y mientras decía esto, el General K´Bure avanzó
sobre la pretor Donatra y le arrebató el padd de sus manos. Sin dudarlo, el
Centurión que estaba a su izquierda sacó su disruptor, apuntó a K´Bure y disparó
a quemarropa. Nadie podía acercarse así a
Nadie podía salir de su asombro. En unos segundos toda posibilidad de paz parecía haberse esfumado. Martok desenfundó su disruptor, tomó el padd que estaba en el suelo y se acercó a Zek´kinar.
- ¿Qué es esto maldito sangre verde?.- dijo en un gruñido sobreponiéndose a la situación.
Zek´kinar observó al Canciller Klingon con desprecio, un desprecio que reflejaba el odio que tenía hacia su raza. Levantó una de sus cejas y su boca dibujó una especie de sonrisa.
- Es tu fin, sucio Klingon.-
Martok emitió un grito terrible y se abalanzó sobre el Romulano, pero en ese instante, un extraño sonido comenzó a salir del padd. Eneas Hayes lo reconoció en el instante: era el sonido de un detonador Breen. A toda velocidad, el oficial betazoide se arrojó sobre el canciller Klingon y le arrebató el padd. Sin dudas era una bomba. Eneas lo levantó con su brazo derecho y en un último intento trato de arrojarlo fuera de la sala de conferencias. Ya era demasiado tarde.
Sexta Parte: El fuego y los escombros
El Doctor Sebastián Castillo escupía órdenes sin
parar. Estaba al pie de los escombros del edificio de conferencias, completamente
cubierto con polvo. Había corrido hacia allí apenas había escuchado la explosión,
y pudo ver como el edificio se derrumbaba delante suyo. A su izquierda, el viejo
Almirante Setlek removía los escombros con inusual fuerza. Al parecer había
llegado segundos después de la explosión y tenia un golpe en la frente, pero
no era nada grave. Castillo no tardó en encontrar algunos heridos e inmediatamente
comenzó a tratarlos. Cerca suyo, un par de grupos de emergencia activaban los
emisores remotos de EMH, que manejaban a los heridos leves. Castillo aun no
salía de su asombro. Habían ido allí tratando de lograr la paz y todo estaba
derrumbándose. Ahí adentro estaban varios de sus compañeros de
Setlek movió una gran piedra y descubrió al Comandante Lexx agonizante. Castillo dejo a su paciente en manos de un EMH y se acercó al trill.
- Sebastián....el simbionte.- dijo Vreel Lexx
El doctor analizo los datos de su tricoder con frialdad, miró a los ojos a su compañero y movió la cabeza negativamente.
- Fue un atentado, fue un golpe.- repetía el Comandante
- Tranquilo Vreel, todo va a salir bien.-
- Fue el Romulano...-
El tricoder comenzó a emitir un sonido monocorde. El Comandante estaba muriendo. Castillo se movió con velocidad, pero era poco lo que podía hacerse en esa situación. Lo más probable es que los que estaban en el epicentro de la explosión ni siquiera fuesen recuperados. El Comandante Lexx había sido afortunado.
A metros de allí, Elina Vek y Mel Varad observaban el desastre. Habían visto todo desde el runabout pero no se recuperaban del asombro. Alguien había tramado todo esto...¿pero quien? ¿Quién podría beneficiarse con tantos muertos? Y eso no era nada, lo más probable era que el atentado precipitase un conflicto a mayor escala entre los Imperios.
Como si el pensamiento de los alférez hubiese sido premonitorio, la noche de Ciudad Paraíso comenzó a brillar con las luces del cielo. Era un espectáculo asombroso que pocos notaron entre tanto horror. Eran las luces de la batalla.
En el espacio todos ya habían sacado sus conclusiones.
La explosión había sido detectada por todas las naves de cada flotilla, y no
habían tardado en acusarse mutuamente. La tregua había llegado a su fin. Las
columnas de Norexan avanzaron sobre la flotilla Klingon , descargando una lluvia
de phasers y torpedos de photon. Bandadas de Aves de Presa Klingon se desplegaron
en alas incongruentes, rechazando el ataque Romulano. Las explosiones no tardaron
en llegar. Tanto Klingons como Romulanos sabían que seria difícil salir con
vida de allí, pero la muerte de sus líderes no quedaría sin venganza.
En el medio del campo de batalla, una pequeña nave
federal esquivaba los golpes. Era
Aldouz no podía creer lo que estaba viendo, el trabajo
de semanas se había desmoronado como un castillo de cartas. En todas las experiencias
que su memoria conservaba, no recordaba un hecho tan cruel y terrible. Ya no
había salida, no había escapatoria. Recordó como había detenido la batalla en
el sistema Klagh, evitando muchas muertes inocentes. Sin embargo, esto era diferente.
Ya el magnicidio había sido cometido y sería difícil, por mas que Aldouz pudiese
detener esta batalla, desacelerar el ritmo de la guerra. Aunque tal vez había
una posibilidad. Aldouz recordó el poder de los prikmales, que aun estaban guardados
en la bodega de
Aldouz miró a su alrededor y vio a varios grupos
de rescate trabajando entre el fuego y los escombros. Sabia que tenía que volver
a
- Alférez Varad, lo necesito. Vamos a casa.- dijo el Embajador ante el asombro del Bajorano.
- ¿Qué es lo que pasa?.- preguntó Elina Vek
- Será mejor que usted también venga pequeña, podemos necesitar sus servicios.-
Séptima Parte: La batalla
La pequeña Nilo esquivo una ráfaga de torpedos que iban dirigidos hacia una Norexan a apenas unos cientos de metros de distancia. Hacia cualquier lado que Mel Varad mirase, estaban rodeados por fuego cruzado. En el frente podía ver a una vieja K´Tinga partiéndose al medio como resultado de los disparos directos de un Pájaro de Guerra Romulano, mientras una Ave de Presa Klingon descargaba su fuerza sobre la nave Romulana. La ráfaga de torpedos que lograron esquivar dio directo en el blanco, y a sus espaldas la enorme Norexan estallo en mil pedazos.
- Escudos de popa al 60%.- dijo Elina Vek
- Hago lo posible, pero esto es un desastre.- dijo el Bajorano mientras daba un golpe de timón para esquivar los restos irreconocibles de un núcleo warp.
- No se preocupe señor Mel, se que puede hacerlo.- dijo el Iconiano.
Mel Varad giró el runabout y avanzó en dirección
vertical. No podía pasar a través de
Y mientras
Octava Parte: una decisión desesperada
Una vez allí, utilizando sus claves de acceso abrió un pequeño compartimiento y un prikmal de color violáceo y verdoso se apareció ante ellos. Durante la misión en territorio Klingon, Aldouz había logrado encontrar un prikmal en el planeta Praxia. El Subcomandante D´Raen casi lo había robado, pero habían logrado recuperarlo. Era uno de los prikmales más poderosos, capaz de modificar el continuo espacio-tiempo. Y eso era precisamente lo que Aldouz quería lograr. No era una tarea fácil, y debía hacerse de inmediato, sin más tardanzas. Aldouz sabia que la capitana Jefferson estaba muy probablemente muerta, y no podía confiar en absolutamente nadie, salvo en las únicas dos personas que habían estado con él todo ese tiempo. Si debía darle a alguien la misión de modificar lo sucedido, esos debían ser Mel Varad y Elina Vek.
- Jovencitos, el futuro del Cuadrante depende de ustedes dos.- comenzó el Embajador.- Con este prikmal puedo hacerlos volver al pasado para así intentar evitar esta masacre que puede llegar a costar las vidas de millones de inocentes. Es nuestra última esperanza, pero es una decisión desesperada. Si me fuese posible, no dudaría en ser yo el que viaje en el tiempo. Desafortunadamente solo soy capaz de utilizar el poder del prikmal con entes corpóreos...-
- Pero, los viajes en el tiempo están severamente
cuestionados por los reglamentos de
- Si dejamos que todo siga su curso, es posible que en el futuro ya no exista una Federación.- dijo dramáticamente el Embajador.- Pero deben ser cuidadosos. Voy a intentar llevarlos dos días atrás. Deben alertar a la capitana sobre el atentado, pero no deben intervenir mas en el espacio-tiempo, cualquier otro cambio puede tener consecuencias nefastas. Además, deben intentar que nadie los vea, no olviden que en el mismo continuo espacio-tiempo están ustedes mismos, buscando el prikmal en el sistema Pruit. Ya saben lo que deben hacer, son mi última esperanza.-
Elina Vek estaba realmente asustada, nunca había viajado en el tiempo, y tampoco confiaba en las posibilidades de esa pequeña joya de enviarla de manera segura al pasado. Pero no podía rechazar esta misión. Las vidas de millones estaban en juego. El Embajador Aldouz tomó su forma incorpórea y como por arte de magia atravesó el compartimiento del prikmal e ingresó en él. Desde adentro de la joya, la luz rojiza del Embajador Iconiano comenzó a mezclarse con el verde y el violeta del prikmal. Ante los ojos de los dos jóvenes oficiales, los colores fueron uniéndose en forma de espiral, conformando un cuarto color que iluminó toda la habitación. Mel Varad quiso continuar viendo, pero al luz era tan incandescente que tuvo que cubrirse los ojos con las manos.
Al descubrirse, la luz del sol dio sobre su rostro. Estaba parado en el medio de una calle de tierra, junto a Elina Vek. El joven Bajorano miró a su alrededor y pudo ver, a unos metros, una gran arcada con letras extrañas pero reconocibles. Decía “Ciudad Paraíso”.
- Parece que funcionó. Por lo menos aquí estamos.- le dijo Mel Varad a Elina, que examinaba su tricoder.
- El problema no es donde estamos...sino cuando.- exclamó la alférez Cardassiana.- Según las lecturas de mi tricoder, el Embajador Aldouz no nos envió dos días al pasado. Esto es Ciudad Paraíso...pero veinte años antes de nuestro tiempo.-
Mel Varad vio el rostro de su compañera y supo que hablaba en serio. Estaban perdidos en un planeta lejano, sumido en la anarquía, veinte años antes del momento en que debían cumplir su misión. Lo único que podían hacer era esperar.
Continuará…