“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

El Jaque de los Dioses

Escrito por Marplanauta. / Portada: Rafa Navarro.

 Nota: Esta historia esta situada antes de los acontecimientos que dieron con el exilio del canciller Martok en la serie StarTrek Stealh

Primera Parte: Comunicación Divina

La esbelta figura de la joven Zeus se acercó a Surak desde la esquina de la habitación. Afuera, la lluvia torrencial parecía cubrir todo el paisaje. La temperatura en la habitación era un poco superior a los 30 grados, y la joven estaba muy a gusto. Surak tenía varios años más que ella, tal vez más de cien, pero parecían llevarse muy bien.

- La comunicación deberá establecerse en un minuto.- dijo Surak

- No me siento muy tranquila hablando desde aquí.- respondió Zeus.

- Me extraña que digas eso. Hemos revisado las conexiones una y otra vez, la seguridad es inviolable. Además, quien se atrevería a espiarnos a nosotros. ¡Quien se atrevería a espiarte a ti! Simplemente no es lógico.-

Un pequeño sonido interrumpió su conversación. En la pantalla podía verse una luz tintineante. Surak oprimió un botón y la pantalla se dividió en 3 partes iguales. El Profeta, Kahless y Morgouz aparecieron ante ellos.

- ¿Por qué no nos reunimos como hicimos siempre? Esto no me gusta.- dijo Kahless

- Saben que las circunstancias no permiten que ninguno de nosotros deje sus mundos por el momento.- interrumpió Surak.- La Guerra es cada vez mas feroz.-

- Los planes van bien entonces.- intervino El Profeta.

- Muy bien. Mis operativos en Romulus lograron manejar la situación a la perfección, y gracias a la intervención de Kahless, el Imperio Romulano y el Imperio Klingon van camino a la autodestrucción.-

- Querrá decir que el Imperio Romulano va camino a la destrucción. Los Klingon seguiremos siendo poderosos aun después de tener todos los prikmales.- gruño Kahless

- Por supuesto Kahless, y no hay dudas de que usted será el máximo líder del Imperio, pero para eso es necesario que los Romulanos desaparezcan.- explicó Zeus.

- Al menos según parece ya no están involucrados en la búsqueda de los prikmales.-

- Exacto. La tripulación Romulana de la Asimov puede considerarse muerta.- añadió Kahless.

- Pero hay un pequeño problema.- intervino el Profeta.- Me han informado que hay intentos de la Federación de detener esta Guerra. Según me han dicho, equipos diplomáticos han sido despachados a Romulus y a Qo´noS para arreglar una Conferencia de Paz...Es mas, el Embajador Aldouz parece estar involucrado en todo esto.-

- ¡Maldito Martok! Esta dejando atrás la gloria del Imperio. ¡Conversaciones de paz con los Romulanos!-

- No se preocupen señores, estamos al tanto de todo esto...y podremos sacar provecho.- dijo Zeus con una semi sonrisa.

- Exactamente. Las conversaciones de paz a esta altura no son más que encuentros para medir la determinación del enemigo. Los Klingon y los Romulanos no llegarán a ningún acuerdo. Pero es una gran oportunidad para asegurarnos un mayor control de la situación.- explicó Zeus.- De una cosa estamos seguros. No habrá paz en mucho tiempo. Solo nuestro poder podrá detener esta cadena de eventos.-

- Espero que no nos defraude Zeus.- dijo Morgouz antes de que la comunicación se interrumpiese.

Surak miró a Zeus con su imperturbable tranquilidad. Sabían que ya todo estaba preparado para el jaque. Solo faltaba mover las fichas. Desde la ventana, la lluvia parecía estar deteniéndose y un pequeño transbordador atravesaba el cielo de San Francisco.

Segunda Parte: el Embajador, la capitán y el almirante

La USS Asimov viajaba hace un par de días en dirección a la Triple Frontera de la Federación, el Imperio Klingon y el Imperio Romulano. Había sido enviada primero en busca del Almirante Setlek, cuya nave, la USS Icarus, había sido severamente dañada en un enfrentamiento reciente y estaba en mantenimiento en la Tierra. El Almirante Setlek formaba parte de la comitiva de paz que intentaría llevar a dos de los mas importantes Imperios del Cuadrante a una convivencia pacifica. Pero el verdadero artífice de todo esto era el Embajador Aldouz. Desde que se habían desatado los enfrentamientos entre Klingons y Romulanos, Aldouz había estado intentando convencer a las partes para que organizasen una conferencia, donde podrían discutirse un plan de paz. Luego de varias semanas de negociaciones, el Canciller Martok y la Pretor Donatra habían aceptado la mediación del Iconiano. Y el lugar elegido para las conversaciones no podía ser otro que Ciudad Paraíso.

Después de varios intentos fallidos para una administración conjunta, Ciudad Paraíso, en el planeta Nimbus 3, finalmente había logrado desarrollarse como una verdadera sede de paz intergaláctica. Allí convivían seres de todos los extremos del Cuadrante, y era donde muchos de los tratados más importantes de los últimos tiempos habían sido firmados. El hecho de que el planeta se encontrase en el punto límite entre las tres potencias del Cuadrante Alfa lo hacía un caso único. Luego de varios años en que el planeta estuvo sumido en la más profunda anarquía, la administración finalmente se le había conferido a un triunvirato independiente, y podía ser considerada una especie de Suiza del siglo 24.

Hacia allí se dirigía la Asimov, ya reparada luego de los daños sufridos en el territorio Klingon. En la oficina del capitán, Brittany Jefferson, el embajador Aldouz, y el Almirante Setlek analizaban la situación. La capitán saboreaba una humeante taza de café, hecho con sus propias manos a partir de los granos de las plantaciones de Marte. Desde sus años de estudio en la Academia, el café marciano la había ayudado a pensar claro en situaciones conflictivas. El vulcano Setlek, por su parte, saboreaba un te de hojas rojas, mientras Aldouz, obviamente, solo los observaba desde su pantalla.

-¿Se ha complicado mucho la búsqueda de los prikmales por estos incidentes?- preguntó Setlek.

- Lamentablemente si Almirante.- explicó Aldouz.- El hecho de tener permiso por parte de las tres fuerzas para buscar en todo el territorio era muy favorable. Sin embargo, al estar dos de ellos enfrentados, cualquier accionar nuestro podría considerarse un favoritismo o un apoyo a alguna de las fuerzas. El territorio de exploración queda restringido a la Federación y a los Mundos No Alineados, que si bien es un espacio considerable, no es lo suficientemente grande como para que podamos hallar los 4 prikmales que aun necesitamos.-

- Es verdad, eso sin contar que hemos perdido a parte de la tripulación por este enfrentamiento.- explicó la capitana Jefferson.- Los oficiales Romulanos estaban incorporados en las tareas habituales de la nave, y luego de lo que lamentablemente ocurrió, hemos tenido que reasignar personal nuestro para cumplirlas. Además, la ayuda de la Comandante M ´Rel y la información de la base de datos Romulana mas de una vez habían resultado muy útiles.-

- Si, si, entiendo.- dijo Setlek.- Pero en estas circunstancias, como bien dicen ustedes, lo mas lógico es que la Federación no intervenga mas que para intentar llevar la paz. Me han informado que los oficiales Romulanos de su nave han sido juzgados y enviados a la prisión de Rura Penthe. Es posible que si todo este asunto es aclarado, los prisioneros sean liberados...

- Eso es parte de las condiciones que se van a discutir en la conferencia de Nimbus 3.- aclaró Aldouz.- Pero serán conversaciones muy difíciles.-

- No tengo dudas de ellos Embajador. El Imperio Klingon y el Imperio Estelar Romulano han estado enemistados por cientos de años. Ahora que están abrazados en batalla, será...improbable que dejen de luchar fácilmente.- mientras decía esto, el vulcano levantó una de sus cejas.- Según me han informado mis asesores, los klingons están reclamando posiciones que habían sido olvidadas hace mas de cien años, y los Romulanos no están dispuestos a dar el brazo a torcer. Lo peor de todo es que ninguno de los dos esta en condiciones de soportar una guerra a gran escala. Esta parece ser la ultima oportunidad para evitar un conflicto que podría desbalancear todo el cuadrante, e incluso perjudicar seriamente la posición de la Federación.- se lamentó Setlek.- Pero el hecho de que Martok y Donatra en persona hayan aceptado ir a la conferencia es un paso en la dirección correcta. Y un gran logro para usted Embajador Aldouz.-

Aldouz asintió y se quedó pensativo por un instante, recordando como Gulas Wanthor había provocado el fin del Imperio Iconiano. Esta vez no estaba dispuesto a que eso ocurriese. Él tenía en su mente los recuerdos de miles de Iconianos que habían luchado en la guerra, los recuerdos de los pacifistas que habían intentado evitarla e incluso de los diplomáticos que habían intentado detenerla. De algo le serviría toda esa información.

- Capitán, me gustaría felicitarla también por el operativo de rescate que realizó poco antes de que se desate la Guerra.- dijo Setlek, cambiando un poco de tema.

- ¿A que se refiere?- preguntó Jefferson, a quien cualquier cosa anterior a lo que había ocurrido en territorio Klingon le parecía muy lejano.

- Me refiero al rescate de los sobrevivientes del USS Excalibur y el USS Columbia. Mi sobrina viajaban en una de esas naves.-

- Solo hice lo que me ordenaron almirante. Y mi desempeño no se compara con las hazañas de la tripulación de la Excalibur. Lamentablemente sufrimos una baja en esa misión. El subteniente Guido Ramírez era muy apreciado por sus compañeros.- se lamentó Jefferson

El sonido de una comunicación desde el puente interrumpió la conversación.

- Capitán.- dijo la alférez Vek.- Estamos detectando una débil señal. Parece ser un prikmal.-

- Transfiera los datos al embajador Aldouz.- ordenó la capitana Jefferson.

Aldouz pareció ausente por un segundo, y en seguida volvió en si.

- Capitán, debo seguir esta pista. Puede ser uno de los prikmales que estamos buscando.- dijo.

- ¿Cuánto tiempo nos llevará ir hasta allí?- preguntó la capitana.

- Por lo menos doce horas.- dijo Aldouz.

- Imposible.- intervino Setlek- Tendrán que buscarlo después de la Conferencia, no podemos hacer esperar a los líderes de las potencias del Cuadrante.-

- Usted no entiende Almirante.- dijo Aldouz.- Si no seguimos esta pista ahora, la señal puede desaparecer o perderse entre los ecos subespaciales. Debo seguirla ahora. La Conferencia puede empezar sin mí, ya que las primeras conversaciones serán solo formalidades. Puedo tomar un runabout y un par de oficiales, analizar la señal y viajar a Nimbus 3 antes de que mis servicios sean necesarios.- dijo Aldouz.

El Almirante Setlek levantó una de sus cejas y asintió.

- Esta bien Embajador.- dijo Jefferson.- Tome el Nilo, pero necesitará dos buenos oficiales para esto. Le aconsejo que lleve a Mel Varad, es un muy buen piloto y necesitará alguien así para viajar a Nimbus 3 a tiempo.-

- Es verdad, pero también quisiera llevar a la alférez Vek , en las ultimas expediciones me ha resultado muy útil.- agregó Aldouz.

- No hay problema Embajador, espero que tenga suerte.

El Iconiano desapareció y solo quedaron Setlek y Brittany Jefferson. La capitana no pudo evitar ver en la fría expresión del vulcano un lejano dejo de preocupación.

Tercera Parte: Enterrados en Arena

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Habían pasado 10 horas y la Nilo ya estaba orbitando el planeta de donde provenía la señal del prikmal. Gracias a la habilidad de Mel Varad como piloto habían logrado reducir considerablemente el tiempo del viaje y ahora podían buscar el prikmal con tranquilidad. Al parecer, la señal provenía del primer planeta del sistema Pruit, una pequeña roca desértica casi sin atmósfera. En la superficie, cerca del Ecuador, los oficiales caminaban lentamente. Afortunadamente era de noche, ya que la cercanía de la estrella podría haber terminado calcinándolos, incluso con sus trajes ambientales. Avanzaban con dificultad debido a que, contra todo pronóstico, el suelo era muy arenoso.

- ¿Cómo puede ser que un planetoide como este tenga tanta arena?.- protestó Mel Varad.

- Las posibilidades son muchas.- comenzó Elina Vek.- Puede ser que la estrella haya sido mas pequeña en otra época, permitiendo que este planeta tenga atmósfera, agua e incluso vida. O puede ser que el planeta haya salido de su órbita y haya terminado aquí. O puede ser...-

- Ya entendí. Era una pregunta retórica.-

El joven Bajorano observó a la Cardassiana. Realmente admiraba sus conocimientos. Su fuerte nunca había sido la astronomía. En cambio, mientras estaba en la Academia, se había esforzado por ser el mejor de su clase en todo lo relacionado al pilotaje. Incluso era bastante bueno en Ingeniería. No tan bueno como el Teniente Moss, pero se las arreglaba. Elina giró su cabeza y sus ojos se encontraron fugazmente con los de Mel Varad. El joven Bajorano desvió la mirada hacia el cielo. Estaba mirando demasiado a su compañera de habitación. En la noche estrellada pudo distinguir un pequeño punto luminoso que se movía. Era su runabout.

- Nunca te agradecí lo que hiciste por mi...- comenzó la alférez Vek

- No entiendo.-

- Cuando fuimos capturados. Yo estuve inconsciente, sin embargo, supe que te preocupaste por mi.- continuó la Cardassiana.

Mel Varad miró hacia el suelo. Realmente había temido por la vida de su compañera de cuarto. Recién en ese momento se había dado cuenta de que no era simplemente odio lo que sentía por ella. Durante esos mese realmente había llegado a conocerla y apreciarla.

- Era mi obligación. Debemos cuidarnos siempre el uno al otro...entre oficiales digo.-

Elina miro al joven, sonrió y dijo:

- Tal vez un día de estos...-

No pudo terminar su frase. Aldouz, que estaba un poco más adelantado que ellos gracias a que no tenía que luchar con el suelo arenoso, los llamo con entusiasmo.

- Pueden corroborarlo con sus aparatos niños, pero la señal proviene justamente de aquí.- dijo el Embajador señalando el suelo.

- Si, es verdad, la señal es de aquí.- dijo Elina.- Pero no es lo único que señala mi tricoder. Detecto emisiones de energía y rastros varios. Al parecer alguien estuvo aquí hace poco tiempo.-

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- Pero el prikmal tiene que estar ahí.- dijo Mel Varad.- La señal es inconfundible.-

Los tres se miraron mutuamente, sospechando lo peor. En un instante, Aldouz cambio de forma y casi sin esfuerzo levantó la arena que rodeaba a la señal. Ante ellos apareció un pequeño aparato metálico.

-¿Qué es eso?.- preguntó el joven Bajorano.

- No es la primera vez que encontramos esto pequeño.- dijo Aldouz.

- Maldición. Es un señuelo. Otra vez. Alguien quiere desviar nuestra atención.- completó la Cardassiana.

- Pero, ¿quien?...¿y porque?- continuó Mel

- Mmmm, la última vez que encontramos uno de estos señuelos, algo muy malo sucedió. Es sospechoso que encontremos otro justo en el momento en que se están desarrollando las tratativas de paz...-

Aldouz se quedo pensativo. Tal vez había sido víctima de una trampa. No podía creer que otra vez habían sido capaces de engañarlo con un señuelo. Con un ademán les ordenó a los jóvenes que se transporten a la nave. Si alguien quería mantenerlo alejado de Nimbus 3, él no le daría el gusto. Aun tenían un par de horas de ventaja gracias al alférez Mel. Tal vez podrían aprovecharlas.

Cuarta Parte: Midiendo Fuerzas

La órbita de Nimbus 3 estaba atiborrada de naves Klingon. Desde un par de viejas K´Tinga hasta la Negh´Var del Canciller Martok, toda clase de naves circundaban el espacio. Los Klingon habían llegado puntualmente a la conferencia de paz, a diferencia de lo que muchos esperaban. La flota Klingon protegía al Canciller en los tiempos de Guerra, y eran por lo menos 80 naves. Sabían que estaban por encontrarse con los Romulanos, y no dejarían nada libre al azar.

De repente, el espacio pareció ondularse en frente a la flotilla Klingon. Una a una las naves Romulanas fueron saliendo de fase y mostrando sus dientes ante los Klingon. Los Romulanos habían sido astutos y habían esperado a ver las naves que llevaban los Klingon antes de darse a conocer. La nave de la Pretor Donatra coronaba una flotilla de 100 naves, entre D´eridex y Norexan. Después del incidente Reman, la Pretor había confiscado los diseños de la Scimitar, pero había ordenado la construcción de una nave similar en dimensiones, pero cuyo poderío no estuviese en conflicto con los acuerdos que el Imperio debía respetar. Los esquemas de la Scimitar eran bien resguardados por el Tal Shiar.

El espacio entre la flotilla Klingon y las naves Romulanas estaba obviamente vacío. Sin embargo, la tensión era tan grande que parecía poder cortarse el mismo espacio con un cuchillo. Los conflictos entre las dos potencias ya llevaban más de dos meses, y muchos oficiales habían muerto. Los Klingon no se habían detenido luego de anexar los primeros sistemas, y habían intentado seguir avanzando al interior del Imperio Estelar Romulano. Pero mientras hacían esto, los Romulanos atacaron los astilleros K´mpec, dejando fuera de servicio a por lo menos la mitad de los spacedocks. El abastecimiento de los Klingon en el sector había quedado seriamente reducido, ya que era el segundo astillero atacado. La escalada de enfrentamientos era cada vez más sangrienta. En las calles de Qo´noS y Romulus se podía sentir el rumor de los tambores de batalla. En cada hogar Romulano había un joven enlistándose para cumplir su obligación ante el Imperio, y al mismo tiempo, en cada hogar Klingon había alguna vieja cuenta que cobrar ante los Romulanos, ya sea de su primer traición, ya sea el orgullo herido en Khitomer... El odio entre ambos era casi ancestral y una vez comenzada la guerra parecía indetenible.

Sin embargo, en el Senado Romulano y en el Alto Concilio Klingon, los tambores de guerra no iban acompañados con tanto entusiasmo. El Alto Mando de los dos Imperios sabía que estaban en una encrucijada. Durante siglos ambos habían logrado sobrevivir gracias a que se había mantenido la paz, aunque fuera precaria. Todos los cálculos que los especialistas hacían, a un lado y al otro de la frontera daban los mismos resultados. En estas circunstancias, una guerra a gran escala entre Klingons y Romulanos solo provocaría una cosa: la mutua destrucción. Es por eso que, ante la posibilidad que había ofrecido el Embajador Aldouz como mediador imparcial, ambos gobiernos habían aceptado asistir a las conferencias de paz.

Y allí estaban ahora, midiendo sus fuerzas en la órbita de Nimbus 3. Cada uno sabía que debían hacer lo posible por regresar al estado de precaria paz que se había mantenido hasta entonces, pero ninguna de las dos potencias quería dar el brazo a torcer o renunciar a los objetivos ya ganados en el conflicto. Desarmar esa bomba de tiempo parecía una tarea imposible, pero el Embajador Aldouz se consideraba en condiciones de hacerlo. Las fichas ya estaban en su lugar, solo faltaba el Iconiano para comenzar el juego.

Quinta Parte: Jaque

La capitán Jefferson estaba sentada en una esquina de la mesa de negociaciones. A pesar de que los líderes ya estaban ubicados, las charlas aun no habían comenzado. El Almirante Setlek estaba en la Asimov ultimando los detalles de la propuesta de paz de la Federación, y el Embajador aun no había llegado. Frente a la capitana estaba sentado el gran Canciller Martok. Había escuchado hablar de él durante la Guerra del Dominio, y lo había visto en Qo´noS, pero al tenerlo cerca le pareció aun más intimidante. Junto a él había una figura que le causaba una sensación un poco mas incomoda. Era el General K´Bure, que evidentemente había tomado el puesto del fallecido Zhark en la casa de Korok. Ahora acompañaba a Martok en las tratativas de paz...la casa de Korok debía ser muy poderosa.

En la otra esquina de la mesa estaba la comitiva Romulana. Ellos eran tres, uno más que los Klingon. En el centro estaba la Pretor Donatra. La hermosa figura de la Romulana emanaba una gracia que provocaba admiración. Era, al parecer, mucho mas joven que Martok, sin embargo, había logrado llegar a tener el mismo poder que él, salvo que en Imperios diferentes. Junto a ella, a la izquierda, había un rudo oficial que miraba a todos en la sala con desprecio. Debía ser el nuevo Centurión de la Guardia Imperial. Brittany Jefferson lamentaba la misteriosa muerte del Centurión Rumalak apenas comenzado el conflicto con los Klingon. Ella había tenido la oportunidad de luchar lado a lado con él durante la Guerra, y lo consideraba un oficial justo y honorable. El nuevo centurión era completamente desconocido para ella, pero no dudaba quien lo había ubicado en ese puesto. Justamente, la fuente de sus sospechas estaba parado a la derecha de Donatra. Era Zek´kinar, el también flamante líder del Tal Shiar. Jefferson había hablado con M´Rel sobre ese sujeto, y sabía que era capaz de cualquier cosa por un poco de poder. Al parecer, su influencia era evidente sobre Donatra. Entre Zek´kinar junto a la Pretor Romulana , y K´Bure junto al Canciller Klingon, las tratativas de paz no parecían muy prometedoras.

- Ustedes comenzaron esto...- dijo Martok sin esperar ninguna introducción.- Los Klingons tuvimos que defendernos luego de su ataque a nuestro territorio. Tenemos las pruebas otorgadas oportunamente por la aquí presente capitán Jefferson.-

Martok arrojó el padd que, semanas atrás, Brittany Jefferson había transportado a lo largo del territorio Klingon. K´Bure observó el padd con evidente odio. Había hecho lo imposible por evitar que esa información llegase a manos de Martok, pero no lo había logrado. Era una mancha en su historial. Donatra ni siquiera observó el padd que presentó Martok, se limitó a levantar una ceja y responder:

- Los Klingons son tan obtusos. Sabemos lo que sucedió en su territorio, pero no respondemos en nombre del oficial D´Raen. No actuaba bajo nuestras órdenes cuando llevo a cabo su atentado, y tampoco estaba a bordo de una de nuestras naves. Incluso condenamos sus acciones en su momento. Todos los oficiales que podrían estar involucrados ya han sido enjuiciados, cuestionablemente por cierto, en Qo´noS y hasta donde yo se están cumpliendo su condena. Ustedes en cambio amenazaron nuestro territorio en el sector Klagh, y no nos dejaron otra opción que defendernos. Y no contentos con ello, aun continuaron con sus hostilidades.-

-¡Ustedes atacaron primero en el sistema Klagh, y continuaron con los astilleros de K´mpec!.- intervino K´Bure gruñendo.

Zek´kinar se acercó al oído de Donatra y le murmuró unas palabras. De inmediato, Donatra miró a la capitana Jefferson y dijo:

- No continuaremos con esta charla sin sentido a menos que nos encontremos ante los mediadores correspondientes. Demandamos la presencia del Embajador Aldouz.-

La capitana Jefferson se levantó de la mesa y se dirigió a una de las esquinas de la habitación, donde Eneas Hayes custodiaba junto a otros oficiales la salida. Las charlas evidentemente no parecían ir a ningún lado, y ella no podía cumplir el rol de Aldouz.

 

La Nilo viajaba a toda velocidad y ya estaba ingresando en el sistema Nimbus. Con asombro, los oficiales pudieron ver rodeando al planeta a las dos flotas enfrentadas. Parecían dos ejércitos de hombres a punto de entrar en batalla, esperando la señal de sus generales para lanzar la primer flecha. Era un escenario atemorizante.

Mel Varad envió los códigos de acceso correspondientes y pudo ingresar. Ninguna nave que no estuviese autorizada podría acceder al sistema Nimbus. Eran nada menos que el Canciller Martok y la Pretor Donatra los que estaban allí. La seguridad debía extremarse.

- Necesito hablar con la capitana Jefferson.- dijo Aldouz.

Mel Varad presionó un par de botones y estableció un puente con la Asimov que le permitió comunicarse con la capitana en la sala de conferencias.

- Capitán, este es el Embajador Aldouz.-

- Aquí Jefferson. Estábamos esperándolo Embajador. Su presencia es más que requerida aquí abajo.-

- Lo se capitán, estamos entrando en órbita. Pero hay algo que debo decirle. Tengo serias sospechas de que alguien intentará dar un golpe a las tratativas de paz, y debe estar por ocurrir. La señal del prikmal era un señuelo, por alguna razón me querían fuera de Nimbus 3...-

- Entendido, Jefferson fuera.-

El Embajador sabia que algo estaba por ocurrir, solo esperaba que pudiese llegar a tiempo, o que por lo menos la capitana fuese capaz de impedirlo.

 

En la sala de conferencias, el silencio era casi espectral. Jefferson observó atentamente a todos los presentes. Excepto el Teniente Hayes que estaba en la puerta, y el Comandante Lees que estaba a su lado, ninguno le inspiraba confianza. Pero ya estaba alerta.

De repente, el Centurión Zek´kinar se acercó otra vez al oído de Donatra y le entregó un pequeño padd con algunos datos. Donatra asintió con la cabeza y Zek´kinar comenzó a avanzar hacia la salida de la habitación. Tal vez era esa la señal que Brittany Jefferson estaba buscando. Con un ademán, la capitana le ordenó a Eneas Hayes que no dejase salir al Centurión.

- ¡Pero que es este ultraje!- dijo el Centurión.

- Hemos recibido información sobre un posible atentado. Nadie puede dejar esta habitación.- ordenó firmemente la capitán Jefferson

- ¿Cómo puede ser? ¡Esto es inaudito!.- exclamó Donatra blandiendo el padd que Zek´Kinar le había entregado.

- Ese Romulano traidor quería dejar la habitación.- exclamó K´Bure.- Hay algo extraño en ese padd.-

Y mientras decía esto, el General K´Bure avanzó sobre la pretor Donatra y le arrebató el padd de sus manos. Sin dudarlo, el Centurión que estaba a su izquierda sacó su disruptor, apuntó a K´Bure y disparó a quemarropa. Nadie podía acercarse así a la Pretor. El disparo fue directo y los presentes pudieron ver como el General K´Bure se iba quemando desde el interior, hasta convertirse en poco más que cenizas. El padd cayó ruidosamente al piso.

Nadie podía salir de su asombro. En unos segundos toda posibilidad de paz parecía haberse esfumado. Martok desenfundó su disruptor, tomó el padd que estaba en el suelo y se acercó a Zek´kinar.

- ¿Qué es esto maldito sangre verde?.- dijo en un gruñido sobreponiéndose a la situación.

Zek´kinar observó al Canciller Klingon con desprecio, un desprecio que reflejaba el odio que tenía hacia su raza. Levantó una de sus cejas y su boca dibujó una especie de sonrisa.

- Es tu fin, sucio Klingon.-

Martok emitió un grito terrible y se abalanzó sobre el Romulano, pero en ese instante, un extraño sonido comenzó a salir del padd. Eneas Hayes lo reconoció en el instante: era el sonido de un detonador Breen. A toda velocidad, el oficial betazoide se arrojó sobre el canciller Klingon y le arrebató el padd. Sin dudas era una bomba. Eneas lo levantó con su brazo derecho y en un último intento trato de arrojarlo fuera de la sala de conferencias. Ya era demasiado tarde.

 

La Nilo se acercaba lentamente a Ciudad Paraíso. Había atravesado el colchón de nubes y Mel Varad ahora maniobraba cerca del edificio donde se estaban llevando a cabo las charlas de paz. Nadie podía acercarse a menos de un kilómetro del edificio, por lo que intentarían transportarse hacia allí. La nave giró en redondo y estaba por bajar cuando una onda de choque empujo al pequeño runabout fuera de su línea de descenso. Mel Varad, Elina Vek y el Embajador Aldouz observaron a través de la pantalla como una enorme bola de fuego se alzaba en el edificio de conferencias. Inmediatamente después una columna de humo cubrió casi todo el horizonte. Ninguno de los tres pudo salir de su asombro.

Sexta Parte: El fuego y los escombros

El Doctor Sebastián Castillo escupía órdenes sin parar. Estaba al pie de los escombros del edificio de conferencias, completamente cubierto con polvo. Había corrido hacia allí apenas había escuchado la explosión, y pudo ver como el edificio se derrumbaba delante suyo. A su izquierda, el viejo Almirante Setlek removía los escombros con inusual fuerza. Al parecer había llegado segundos después de la explosión y tenia un golpe en la frente, pero no era nada grave. Castillo no tardó en encontrar algunos heridos e inmediatamente comenzó a tratarlos. Cerca suyo, un par de grupos de emergencia activaban los emisores remotos de EMH, que manejaban a los heridos leves. Castillo aun no salía de su asombro. Habían ido allí tratando de lograr la paz y todo estaba derrumbándose. Ahí adentro estaban varios de sus compañeros de la Asimov. Por lo menos, sabía que la capitana, el comandante Lexx y el Teniente Comandante Hayes debían estar en el salón de conferencias.

Setlek movió una gran piedra y descubrió al Comandante Lexx agonizante. Castillo dejo a su paciente en manos de un EMH y se acercó al trill.

- Sebastián....el simbionte.- dijo Vreel Lexx

El doctor analizo los datos de su tricoder con frialdad, miró a los ojos a su compañero y movió la cabeza negativamente.

- Fue un atentado, fue un golpe.- repetía el Comandante

- Tranquilo Vreel, todo va a salir bien.-

- Fue el Romulano...-

El tricoder comenzó a emitir un sonido monocorde. El Comandante estaba muriendo. Castillo se movió con velocidad, pero era poco lo que podía hacerse en esa situación. Lo más probable es que los que estaban en el epicentro de la explosión ni siquiera fuesen recuperados. El Comandante Lexx había sido afortunado.

A metros de allí, Elina Vek y Mel Varad observaban el desastre. Habían visto todo desde el runabout pero no se recuperaban del asombro. Alguien había tramado todo esto...¿pero quien? ¿Quién podría beneficiarse con tantos muertos? Y eso no era nada, lo más probable era que el atentado precipitase un conflicto a mayor escala entre los Imperios.

Como si el pensamiento de los alférez hubiese sido premonitorio, la noche de Ciudad Paraíso comenzó a brillar con las luces del cielo. Era un espectáculo asombroso que pocos notaron entre tanto horror. Eran las luces de la batalla.

 

En el espacio todos ya habían sacado sus conclusiones. La explosión había sido detectada por todas las naves de cada flotilla, y no habían tardado en acusarse mutuamente. La tregua había llegado a su fin. Las columnas de Norexan avanzaron sobre la flotilla Klingon , descargando una lluvia de phasers y torpedos de photon. Bandadas de Aves de Presa Klingon se desplegaron en alas incongruentes, rechazando el ataque Romulano. Las explosiones no tardaron en llegar. Tanto Klingons como Romulanos sabían que seria difícil salir con vida de allí, pero la muerte de sus líderes no quedaría sin venganza. La Negh´Var comenzó a avanzar lentamente, con un único objetivo, derribando a su paso los cazas Romulanos que se abalanzaban sobre ella. Mientras en el fondo, Vor´chas y D´eridex se abrazaban con ráfagas de fuego, la Negh´Var avanzaba en busca de la nueva Scimitar. Ambas naves sabían que solo eran rivales la una con la otra. Desde las torpederas la Scimitar comenzó a escupir todo su arsenal, debilitando los escudos de la Negh´Var. El enorme crucero Klingon maniobró en la órbita de Nimbus 3, volando todo lo que se cruzase en su paso. Su botín era uno solo.

En el medio del campo de batalla, una pequeña nave federal esquivaba los golpes. Era la USS Asimov. Los tripulantes estaban confundidos. De repente, todo se había vuelto un caos. Tratando de evitar ser víctima del fuego cruzado, el teniente Moss, al mando temporariamente de la nave, ordeno dejar la órbita de Nimbus 3 y dirigirse a otro de los planetas interiores del sistema. Desde allí intentarían un operativo de rescate para recuperar a su tripulación.

 

Aldouz no podía creer lo que estaba viendo, el trabajo de semanas se había desmoronado como un castillo de cartas. En todas las experiencias que su memoria conservaba, no recordaba un hecho tan cruel y terrible. Ya no había salida, no había escapatoria. Recordó como había detenido la batalla en el sistema Klagh, evitando muchas muertes inocentes. Sin embargo, esto era diferente. Ya el magnicidio había sido cometido y sería difícil, por mas que Aldouz pudiese detener esta batalla, desacelerar el ritmo de la guerra. Aunque tal vez había una posibilidad. Aldouz recordó el poder de los prikmales, que aun estaban guardados en la bodega de la Asimov. Si la nave no había sido derribada en la batalla, aun quedaba una esperanza.

Aldouz miró a su alrededor y vio a varios grupos de rescate trabajando entre el fuego y los escombros. Sabia que tenía que volver a la Asimov, pero lo que tenía planeado no podía hacerlo solo. Solo había una persona que podría llevarlo a través del campo de batalla a salvo hasta la Asimov. En un instante, Aldouz estaba parado junto a Mel Varad y Elina Vek, que removían los escombros del atentado.

- Alférez Varad, lo necesito. Vamos a casa.- dijo el Embajador ante el asombro del Bajorano.

- ¿Qué es lo que pasa?.- preguntó Elina Vek

- Será mejor que usted también venga pequeña, podemos necesitar sus servicios.-

Séptima Parte: La batalla

La pequeña Nilo esquivo una ráfaga de torpedos que iban dirigidos hacia una Norexan a apenas unos cientos de metros de distancia. Hacia cualquier lado que Mel Varad mirase, estaban rodeados por fuego cruzado. En el frente podía ver a una vieja K´Tinga partiéndose al medio como resultado de los disparos directos de un Pájaro de Guerra Romulano, mientras una Ave de Presa Klingon descargaba su fuerza sobre la nave Romulana. La ráfaga de torpedos que lograron esquivar dio directo en el blanco, y a sus espaldas la enorme Norexan estallo en mil pedazos.

- Escudos de popa al 60%.- dijo Elina Vek

- Hago lo posible, pero esto es un desastre.- dijo el Bajorano mientras daba un golpe de timón para esquivar los restos irreconocibles de un núcleo warp.

- No se preocupe señor Mel, se que puede hacerlo.- dijo el Iconiano.

La Asimov había logrado salir del campo de batalla y desde Nimbus 2 trataban de reorganizarse. Mientras tanto, la pequeña Nilo atravesaba el fuego enemigo. De repente, entre dos Vor´chas, Mel Varad pudo ver un claro. Podría salir por allí sin peligros. Estaba a punto de enfilar hacia el espacio libre cuando una enorme nave se cruzó en su camino. Era la Negh´Var. La pantalla de la Nilo quedo completamente cubierta por el gigantesco casco de la nave Klingon. Al parecer, avanzaba con un rumbo determinado. Elina Vek analizó las lecturas y pudo ver otra nave de dimensiones similares avanzando en dirección contraria. Los dos mastodontes se enfrentarían, y nadie podría hacer algo para evitarlo.

Mel Varad giró el runabout y avanzó en dirección vertical. No podía pasar a través de la Negh´Var, pero podría pasar sobre ella. Con un movimiento de tirabuzón, rodeó la nave y avanzó a toda velocidad pegándose a su casco para evitar que el fuego de la enorme nave los golpee. Una vez que logró rodearla, fijo rumbo otra vez hacia el claro que había visto y dejo el campo de batalla.

Y mientras la Nilo avanzaba hacia Nimbus 2, la Negh´Var encontró a su contrincante y el arsenal que surgió de ella parecía una lluvia de fuego y azufre. La Scimitar, por su parte, resistía dignamente el embate del orgullo del imperio Klingon, y contrarrestaba su ataque con golpes de timón y disparos desde todos los flancos. De repente. La enorme nave Romulana comenzó a entrar en fase, tratando de escapar el ataque enemigo. Como si la Negh´Var hubiera estado esperando ese momento, comenzó a disparar contra cada una de las subdivisiones de la nave intentando inhabilitar el dispositivo de encubrimiento. Ellos sabían que si la nave intentaba cubrirse estaría más desprotegida, por lo que ese era el momento justo para atacar. Los golpes fueron directos y la Scimitar no pudo encubrirse completamente, dejando partes de su casco a la vista de los Klingon. Desde los costados de la Negh´Var surgieron varias Aves de Presa que avanzaron sobre las partes aun desfasadas de la Scimitar. Al tener un dispositivo de ocultamiento por fases, las partes desfasadas no tenían escudos, mientras que las partes que aun estaban visibles marcaban la posición de la nave. Los golpes eran directos al casco, y las pequeñas naves mordían a su presa como pirañas. La Scimitar estaba agonizante. Una vez que los Aves de Presa habían hecho su trabajo, era el turno del matador. Desde el frente de la Negh´Var surgió una ráfaga de torpedos que golpeó directamente el centro de la Scimitar, haciéndola volar en mil pedazos en una explosión que iluminó el cielo de Ciudad Paraíso. Pero la explosión no había sido en vano. Los restos de la Scimitar golpearon los escudos de la Negh´Var, reduciéndolos al mínimo y dejando a la enorme nave presa de los ataques de las otras naves Romulanas. La batalla seguía igualada y el enorme mastodonte Klingon no tardaría en ser también derribado...

Octava Parte: una decisión desesperada

La Nilo atracó en la bahía de cargas de la Asimov, y el Embajador corrió junto con los dos jóvenes oficiales hacia la bodega antitransporte, donde estaban guardados los prikmales. Aldouz debía moverse con rapidez, o no podría lograr su cometido.

Una vez allí, utilizando sus claves de acceso abrió un pequeño compartimiento y un prikmal de color violáceo y verdoso se apareció ante ellos. Durante la misión en territorio Klingon, Aldouz había logrado encontrar un prikmal en el planeta Praxia. El Subcomandante D´Raen casi lo había robado, pero habían logrado recuperarlo. Era uno de los prikmales más poderosos, capaz de modificar el continuo espacio-tiempo. Y eso era precisamente lo que Aldouz quería lograr. No era una tarea fácil, y debía hacerse de inmediato, sin más tardanzas. Aldouz sabia que la capitana Jefferson estaba muy probablemente muerta, y no podía confiar en absolutamente nadie, salvo en las únicas dos personas que habían estado con él todo ese tiempo. Si debía darle a alguien la misión de modificar lo sucedido, esos debían ser Mel Varad y Elina Vek.

- Jovencitos, el futuro del Cuadrante depende de ustedes dos.- comenzó el Embajador.- Con este prikmal puedo hacerlos volver al pasado para así intentar evitar esta masacre que puede llegar a costar las vidas de millones de inocentes. Es nuestra última esperanza, pero es una decisión desesperada. Si me fuese posible, no dudaría en ser yo el que viaje en el tiempo. Desafortunadamente solo soy capaz de utilizar el poder del prikmal con entes corpóreos...-

- Pero, los viajes en el tiempo están severamente cuestionados por los reglamentos de la Federación.- dijo Mel Varad.

- Si dejamos que todo siga su curso, es posible que en el futuro ya no exista una Federación.- dijo dramáticamente el Embajador.- Pero deben ser cuidadosos. Voy a intentar llevarlos dos días atrás. Deben alertar a la capitana sobre el atentado, pero no deben intervenir mas en el espacio-tiempo, cualquier otro cambio puede tener consecuencias nefastas. Además, deben intentar que nadie los vea, no olviden que en el mismo continuo espacio-tiempo están ustedes mismos, buscando el prikmal en el sistema Pruit. Ya saben lo que deben hacer, son mi última esperanza.-

Elina Vek estaba realmente asustada, nunca había viajado en el tiempo, y tampoco confiaba en las posibilidades de esa pequeña joya de enviarla de manera segura al pasado. Pero no podía rechazar esta misión. Las vidas de millones estaban en juego. El Embajador Aldouz tomó su forma incorpórea y como por arte de magia atravesó el compartimiento del prikmal e ingresó en él. Desde adentro de la joya, la luz rojiza del Embajador Iconiano comenzó a mezclarse con el verde y el violeta del prikmal. Ante los ojos de los dos jóvenes oficiales, los colores fueron uniéndose en forma de espiral, conformando un cuarto color que iluminó toda la habitación. Mel Varad quiso continuar viendo, pero al luz era tan incandescente que tuvo que cubrirse los ojos con las manos.

Al descubrirse, la luz del sol dio sobre su rostro. Estaba parado en el medio de una calle de tierra, junto a Elina Vek. El joven Bajorano miró a su alrededor y pudo ver, a unos metros, una gran arcada con letras extrañas pero reconocibles. Decía “Ciudad Paraíso”.

- Parece que funcionó. Por lo menos aquí estamos.- le dijo Mel Varad a Elina, que examinaba su tricoder.

- El problema no es donde estamos...sino cuando.- exclamó la alférez Cardassiana.- Según las lecturas de mi tricoder, el Embajador Aldouz no nos envió dos días al pasado. Esto es Ciudad Paraíso...pero veinte años antes de nuestro tiempo.-

Mel Varad vio el rostro de su compañera y supo que hablaba en serio. Estaban perdidos en un planeta lejano, sumido en la anarquía, veinte años antes del momento en que debían cumplir su misión. Lo único que podían hacer era esperar.

Continuará…