“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Historias de Guerra: M´Rel

Escrito por Marplanauta.

Portada: Edgar Rocha

Primera Parte: Ojos helados

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M´Rel avanzaba con esfuerzo a través de la nieve. Estaba atada a un torpe yridiano que no paraba de resbalarse y caerse, haciendo que su marcha fuera el doble de trabajosa. Mientras tanto, un enorme klingon la golpeaba cada vez que se retrasaban. Ya estaba bastante acostumbrada a los golpes, y casi no sentía el dolor. Los años de entrenamiento en Sardaukaria estaban finalmente dando sus frutos. Miro a su alrededor, apenas abriendo los ojos para evitar que la nieve la lastime aún más. Un recuerdo invadió su mente. Rura Penthe era muy parecido a Corellia...

Bitácora del Embajador Aldouz: Ya paso un mes de nuestra estadía en el Espacio Profundo 7. Los informes de la frontera klingon- romulana no son muy alentadores, al parecer las hostilidades continúan, a pesar de los esfuerzos de la Federación por intentar detenerlas. Los klingon parecen haber estado buscando enfrentar a los romulanos desde hace años, y esta es su oportunidad. Tampoco hemos sabido nada de los oficiales romulanos encerrados desde que escuchamos las transmisiones de su juicio. Habían sido acusados de alta traición al Imperio Klingon, y se salvaron de la ejecución solo gracias al pedido explícito de la capitana Jefferson. Según me dicen, tal vez la muerte hubiera sido mejor que una vida extrayendo dilithium en Rura Penthe.

Las reparaciones en la nave están por terminarse, pero la tripulación sigue con el ánimo por el suelo. Nadie se había relacionado mucho con los oficiales romulanos en la Asimov, pero su ausencia se siente bastante, y el hecho de pensar lo que pueden estar sufriendo en estos momentos es bastante tortuoso. Entre mis grabaciones, rescate la entrevista que le hice a M´Rel hace poco más de dos meses, como parte de mi investigación sobre la Guerra del Dominio. Tal vez escuchando a la comandante pueda mitigar un poco el dolor de no haber podido rescatarla:

Durante la Guerra, servía como comandante en la Szahna, bajo el mando del capitán Poltek. Los romulanos intervinimos en la Guerra cuando las hostilidades estaban bastante avanzadas. Creíamos que nuestra intervención inclinaría la balanza a favor de las fuerzas del Cuadrante Alfa. Sin embargo, el Dominio no tardo en encontrar nuevos aliados de este lado del pasadizo, y las fuerzas otra vez se equilibraron. La guerra parecía estar empantanada, y las bajas en ambos bandos se contaban por miles cada día. La Szahna formaba parte de una pequeña flota de avanzada, que custodiaba la frontera romulana lindante con el territorio breen. Los malditos breen se habían unido al Dominio poco tiempo antes y nos habían obligado a reforzar sectores que anteriormente parecían estar bien protegidos.

Estábamos en eso cuando el capitán Poltek recibió una comunicación de prioridad alfa proveniente de Romulus. Al parecer, la Inteligencia de la Federación había detectado actividad inusual por parte del Dominio en el sistema corelliano y éramos las únicas naves a disposición como para ir a investigar. El centurión le dijo a Poltek que enviaría refuerzos en cuanto fuera posible, pero que si detectábamos actividad del Dominio no dudásemos en atacarlos. No tuvimos que esperar mucho para encontrarlos.

Segunda parte: La ayuda del hermano

Poco antes de llegar al sistema corelliano, en la triple frontera Federal, romulana-breen, un grupo de naves del Dominio nos atacó. No parecían ser rival para nuestra flotilla de Pájaros de Guerra, sin embargo los subestimamos. La Szahna disparaba contra los pequeños bugs del Dominio y los destrozaba sin mucho esfuerzo, pero eran interminables. Cuando parecía que estábamos ganando, un nuevo grupo de naves del Dominio salía de warp y nos atacaba desde otros flancos. Las otras Pájaros de Guerra intentaban maniobrar entre los enjambres de navecitas del Dominio, pero más de una no pudo evitar las maniobras suicidas de los Jem´Haddar. En poco tiempo comenzamos a ver como varias de nuestras naves estallaban en pedazos. Y esa era solo la avanzada. Junto con las pequeñas naves aparecieron de repente tres Cruceros de Batalla del Dominio y dos enormes naves Breen. Al parecer, esto no era solo “actividad inusual”. El Dominio había enviado toda una flota al sistema corelliano por alguna razón. Eran cinco naves grandes y unos quince bugs contra la Szahna y otros dos Pájaros de Guerra, sobrevivientes de una flota de siete Pájaros de Guerra. Al parecer, la suerte no estaba de nuestro lado.

Poltek reflexionó un segundo, en el calor de la batalla. Si seguía enfrentándolos seguramente sería derrotado. Si se rendía, sería capturado y junto con él muchos otros soldados valiosos para el Imperio. Me miró con seriedad y le dijo al timonel:

-Avance sobre estos bastardos, vamos a hacerles lamentar haberse cruzado con la Szahna.-

Nuestra nave avanzo a máxima velocidad contra las enormes naves del Dominio. Los bugs se abalanzaron sobre nosotros, revoloteando a nuestra alrededor y escupiendo su lluvia de phasers. La Szahna parecía estar viajando hacia su propia perdición...pero la última carta no estaba echada. Desde el vector z, sobre las naves del Dominio, otro grupo de 7 Pájaros de Guerra se materializo y comenzó a dispararles. Los pequeños bugs Jem´Haddar se dispersaron como moscas. Mientras los Pájaros de Guerra disparaban contra los cruceros de batalla. Ahora la superioridad era nuestra, 10 naves contra cinco. Los grandes naves del Dominio ya estaban bastante dañadas por nuestros disparos, por lo que no tardaron en caer a los pies de los nuevos Pájaros de Guerra. Mientras, los sobrevivientes de la flotilla de Poltek nos ocupamos de cazar los pequeños bugs Jem´Haddar. Unos minutos después, el sector estaba libre de fuerzas enemigas.

-Comuníqueme con el líder de esta flotilla.- dijo Poltek. - Se merece una buena cerveza.-

El oficial de comunicaciones hizo contacto con la nave insignia compatriota y en la pantalla apareció el oscuro puente del Pájaro de Guerra.

-¿A quien tengo que agradecerle tan oportuna intervención?- preguntó Poltek.

Desde el fondo del puente avanzo una figura entre las tinieblas. Un haz de luz iluminó su cara y todos pudimos verlo. Era un humano.

-Mi nombre es Shinzon.- dijo. - Shinzon de Remo.-

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Tercera Parte: Midiendo fuerzas

M´Rel abrió los ojos y estaba en su catre. Tal vez había logrado dormir una hora, con mucha suerte. En la cama cruzando el pasillo, una mujer pakled gritaba y llamaba al guardia. Dos enormes klingon se acercaron y sin dudarlo clavaron un d´k´tagh en su pecho. La vida y la muerte en ese lugar estaban separadas por una línea muy fina, y ella como romulana debería cuidarse el doble.

Ya habíamos escuchado hablar bastante de este personaje, Shinzon de Remo. Sus historias recorrían todo el Imperio Estelar. Al parecer, era un humano que había sido criado por los remanos, en el planeta hermano de Romulus. Sus hazañas y su frialdad en la batalla precedían su nombre. Pero por alguna razón, ninguno esperaba cruzarse con él en aquel olvidado sistema fronterizo.

Entonces muchas gracias Shinzon de Remo. No olvidaré anotar en mi informe su valiosa ayuda.- dijo el capitán.

-No se apresure tanto romulano. Aún no ha terminado esta misión.- dijo Shinzon, con una voz melodiosa, pero con evidente desprecio. -¿Acaso no se pregunta porque había tantas naves aquí?-

Poltek iba a contestarle pero Shinzon continuó:

-Hace más de una semana que monitoreamos las actividades del Dominio en el sistema corelliano. Era una misión secreta de alta prioridad. Nos habían ordenado observar, informar y, en el último momento, atacar. Sin embargo, por alguna razón ustedes vinieron aquí a arruinarnos todo el trabajo.-

-Fuimos enviados con órdenes expresas desde Romulo.- dijo Poltek

-Rómulo esta en decadencia capitán. Es necesario que alguien ponga un poco de orden a las cosas- los ojos de Shinzon brillaron tan ambiciosamente que desde mi puesto junto a Poltek pude verlo.- Pero no importa, tal vez su intervención sea necesaria. Hay un grupo de Jem´Haddar trabajando en Corellia 9. Las naves que destruimos custodiaban su actividad. Ahora están solos. Debemos bajar allí y averiguar que están haciendo.-

-Un momento...humano.- dijo Poltek. - Si alguien debe dar las órdenes aquí, ese soy yo. Ya le he agradecido su ayuda en la batalla, pero no debo recordarle le cadena de mando del Imperio. Esa es una nave romulana, y ningún remano, y mucho menos un humano, va a decirnos que hacer. Iremos a Corellia 9, pero seguirán mis órdenes.-

Shinzon de Remus cortó la comunicación antes de que Poltek hubiera terminado. Por la pantalla pudimos ver como su nave ponía rumbo a Corellia 9. La Szahna la siguió desde cerca. Poltek era un hombre muy obstinado y su ambición no tenía nada que envidiarle a la que parecía tener Shinzon. No le gustaba ser mandado por nadie, y no dejaría que ese humano se llevase el crédito por lo que sea que hubiera en Corellia 9. En ese momento, sentí que estaba en medio de un juego de ambiciones entre dos megalómanos. Poltek era un buen capitán, pero cuando había un buen botín en juego perdía el raciocinio...no tardaría en comprobarlo en el planeta Drakontos. Y Shinzon de Remus por su parte, era un hombre temible, secundado por los despreciables remanos. Tampoco habría que esperar mucho para conocer hasta donde era capaz de llegar su ambición.

Cuarta Parte: puños y disruptores

La mina de dilithium de Rura Penthe no era mucho mejor que la superficie. Especimenes de todas las razas iban y venían, cubriéndose con unos harapos para evitar congelarse.

Algunos pocos afortunados tenían el cuerpo cubierto con pelos, pero ese no era el caso de M´Rel. La comandante romulana había perdido el rastro de sus compañeros poco después del juicio, y mientras realizaba los trabajos en Rura Penthe buscaba con sus ojos indicios de alguno de ellos. No había ningún romulano en los alrededores. M´Rel pensó que no sería extraño que hubieran sido víctimas de sádicos juegos klingon. Por un segundo, se consideró afortunada de estar viva, aunque estuviera enterrada en las profundidades de esa mina. El golpe de uno de los guardias la sacó de su abstracción. Debía seguir excavando. A pocos metros de ella, un breen amontonaba piedras. El desprecio la invadió, todavía recordaba su misión en Corellia.

Finalmente nos transportamos a Corellia 9...y era un verdadero páramo. Hacia cualquier lado que mirásemos solo había nieve y mas nieve. Según me habían dicho, ese planeta solía ser casi tropical. Sin embargo, la explosión de una estrella cercana había modificado el balance gravitatorio del sistema y había empujado al planeta a una órbita mucho más alejada del sol Corelliano, convirtiéndolo en una esfera helada. Era casi de noche, y la penumbra no ayudaba mucho a la visibilidad. Junto a mi estaba el capitán Poltek y un grupo de 5 oficiales romulanos. A unos cuantos metros estaba Shinzon de Remus, escoltado por diez remanos. Era más alto de lo que me lo había imaginado, y su cabeza calva era bastante atractiva. No había hombres calvos en Rómulo, y eso le daba un aire exótico muy atractivo. Los remanos por su parte, eran verdaderamente desagradables. Sus uñas y dientes afiladas parecían amenazarnos. Eran seres despreciables, y merecían vivir su vida ocultos en Remo. Al parecer, la luz los afectaba bastante, por lo que tuvimos que evitar apuntarles con nuestras pequeñas linternas.

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Uno de los remanos levanto su cabeza y olfateó el aire como un animal. Con su huesuda mano apuntó hacia el norte. “Allí están” dijo en un gemido. Inmediatamente, los diez remanos avanzaron, mientras Shinzon se quedó en la retaguardia. Subimos una pequeña colina y desde la cima pudimos ver lo que el Reman había detectado: a unos 100 metros había una pequeña construcción, custodiada por un par de soldados Jem´Haddar, ajenos al frío que los rodeaba. Saqué mi analizador y detecté 20 formas de vida en la construcción, 15 Jem´Haddar, 4 Breen y un Vorta.

Poltek me miró de reojo. Pude ver que sus intenciones eran llamar refuerzos de la Szahna y organizar una emboscada. Estaba a punto de decirle eso a Shinzon cuando vimos con asombro como los remanos avanzaban sobre la construcción. Sin importarles nada su vida, los horribles seres atacaron a los Jem´Haddar con sus disruptores, iluminando la noche de Corellia. Ninguno de nosotros daba crédito a nuestros ojos. Desde dentro de la construcción comenzaron a salir los otros soldados. La batalla era ahora mano a mano. Sin perder tiempo, bajamos por la pendiente y nos enfrentamos otra vez a nuestro destino. Los Jem´Haddar eran soldados impresionantes, y mis oportunidades de vencerlos eran mínimas. Sin embargo, los remanos parecían enfrentarlos de igual a igual. Mientras yo disparaba mi disruptor contra las fuerzas enemigas, los remanos se abrazaban en lucha con los soldados del Dominio, clavando uñas y dientes sin piedad. Eran soldados desesperados...tanto unos como los otros. Mi oportunidad era otra con los breen. De un golpe, uno de ellos me arrancó el disruptor. Logré agacharme y esquivar su golpe. Con todas la fuerza de mi puño golpeé su pierna derecha, obligando al soldado a caer de bruces contra el suelo. A pocos centímetros mío había un Jem´Haddar muerto. De un salto rápido tome su espada corta y avancé sobre el breen. Pero él también era rápido y mi golpe dio contra la nieve. Con los restos de su disruptor, el breen comenzó a dar golpes, mientras yo los resistía con la espada Jem´Haddar. Con fuerza logré empujarlo lejos de allí, y su desequilibrio bastó para que le asestara un revés en su cabeza. La máscara se partió al medio, liberando un extraño gas que derritió la nieve. Estaba muerto.

A mi alrededor, la pelea continuaba. Los remanos parecían estar logrando controlar a los Jem´Haddar, pero las pérdidas eran varias. Poltek y los demás romulanos también disparaban a diestra y siniestra, ocultos tras algunas piedras. Con terror, pude ver como un Jem´Haddar avanzaba hacia Shinzon, que observaba todo desde arriba de la pendiente. Tomé el disruptor del breen caído y apunté casi sin pensar. Fue un disparo certero y el Jem´Haddar cayó a los pies de Shinzon. El joven humano miró hacia mi dirección, buscando a quien había salvado su vida. Nuestras miradas se cruzaron y un escalofrío recorrió mi espalda. Nunca me había sentido intimidada por un humano antes. Pocos minutos después la batalla había terminado y solo quedaba en pie el pequeño Vorta, aferrado a su maletín de ketracel blanco, mirando a todos con un miedo casi palpable.

Quinta Parte: El trofeo

M´Rel caminaba sola a través de uno de los cientos de conductos de Rura Penthe cuando oyó unos pasos detrás de ella. Giró en redondo y no había nadie en el pasillo. Siguió caminando, acelerando un poco el paso, pero no logró hacer más de cinco metros cuando sintió un enorme cuerpo abalanzándose sobre ella. Era uno de los guardias klingon.

- Maldita romulana. Mis padres fueron asesinados en Narendra III. Toda la vida espere este momento para vengarme de tu raza. Puedes gritar todo lo que quieras. Quiero escucharte cuando vayas al Infierno.- dijo el klingon, con los ojos rojos de ira, mientras levantaba su daga.

M´Rel trató de defenderse pero el Klingon era más del doble de su tamaño. Además, después de varios días de trabajos forzados y mala alimentación, apenas podía mantenerse en pie. La comandante vio como el klingon alzaba su d´k´tagh brillante y pensó que su hora había llegado. Después de años de servicio y dedicación al Imperio Estelar Romulano, moriría a manos de un viejo klingon en las profundidades de Rura Penthe. De repente, una luz rojiza invadió la cueva. M´Rel sintió un viento caluroso todo alrededor suyo y pudo sentir como desaparecía el peso del guardia klingon. El golpe que había recibido era fuerte y sintió que estaba por perder el conocimiento. Lo ultimo que vio antes de desvanecerse fue al klingon golpeándose a si mismo, clavando su propio d´k´tagh en el pecho.

Shinzon de Remo se acercó hasta el Vorta y lo miró directamente a los ojos. De su cinturón extrajo un puñal parecido a un d´k´tagh klingon y lo apoyó sobre el cuello del Vorta.

-¿Que hay ahí dentro?- preguntó.

- Es solo un grupo de investigación, estamos tratando de desarrollar mejores trajes ambientales- respondió el Vorta.

- ¿Acaso cree que vamos a creer que este planeta esta tan fuertemente custodiado por sus fuerzas, solo porque están haciendo investigaciones ambientales?- intervino Poltek, tratando de no quedar fuera de la acción.

Antes de que el Vorta pudiese responder, Shinzon cruzó la afilada daga por su cuello, y la oscura sangre del Vorta brotó copiosamente. Al caer en la nieve, los copos fueron tiñéndose de rojo todo a su alrededor, mezclándose con la sangre de los otros soldados muertos.

- No me gustan las vueltas- dijo Shinzon.

De un golpe abrió la puerta del edificio e ingresó, seguido muy de cerca por uno de los remanos, que se hacia llamar Vkruk. Inmediatamente detrás de ellos ingresamos Poltek y yo, mientras el único soldado romulano que había sobrevivido y los otros remanos custodiaban la puerta. La habitación estaba llena de equipos sofisticados. Shinzon oprimió uno de los botones y la luz de allí dentro se redujo a la mitad. En las esquinas, grandes consolas iluminadas se encendían y apagaban, obligando a Shinzon y a Vkruk a cubrirse los ojos con las manos. Me acerqué con cuidado a una de las consolas que parecía sostener alguna especie de equipo, cuando salté asombrada. Un brazo humano colgaba de una de las extensiones metálicas de las consolas. Pero no era sólo el brazo. A unos pocos metros había un torso con la inscripción B4, una pierna y el otro brazo. No tardamos mucho en descubrir la cabeza. Era una cabeza de androide positrónico. Habíamos escuchado algunos reportes sobre estos androides en la federación, pero yo nunca había visto uno. De repente, la cabeza abrió los ojos, nos miró y preguntó: “¿Por qué tienen las orejas puntiagudas?”

Sexta Parte: fuego cruzado

La comandante despertó en una camilla. Miró a su alrededor y pudo ver que estaba en la enfermería. Una mujer klingon preparaba un hipospray a unos metros de ella. A su alrededor, varios animales se arrastraban en pequeñas jaulas. Recordaba muy poco de lo que había sucedido, y aún le dolía mucho la cabeza. Sintió una voz en su interior que la calmó. Una voz familiar. “Debes descansar”, le repetía. M´Rel cerró los ojos y siguió durmiendo.

Poltek observaba la cabeza del androide con asombro. Los androides tipo Soong eran reconocidos en todo el cuadrante. Se sabía que Noonien Soongh había sido el único capaz de lograr una matriz positrónica estable. Sin embargo, se sabía de la existencia de solo uno de sus androides, a bordo de la nave insignia de la Flota Estelar. Así y todo, frente a ellos estaba otra de las creaciones del reconocido doctor.

Si Poltek estaba asombrado, Shinzon estaba exaltado. Caminaba de un lado a otro de la sala, como pensativo y a la vez entusiasmado.

- Debemos llevarnos al androide de aquí- le dijo de repente a Vkruk.

Pero Poltek no estaba dispuesto a dejarlo así de fácil. El capitán miró al humano severamente y le dijo:

- ¿No pensará que lo dejaré irse así de fácil con este hallazgo? El crédito es tanto suyo como mío.-

Poltek se acercó a la cabeza positrónica, pero Vkruk dio un saltó y, mostrando sus dientes afilados amenazó a mi capitán. No podía dejar que eso sucediera, tomé mi disruptor y apunté directamente a la cabeza del remano. Poltek tenía la cabeza del androide B4 en sus manos, mientras Vkruk lo amenazaba con sus dientes, yo apuntaba al Reman y Shinzon tenía preparado el puñal, aun rojo con sangre Vorta. Cualquier movimiento en falso y todos podíamos terminar muertos.

“¿Quién es este monstruo?” preguntó el androide, refiriéndose a Vkruk. Fue el tiempo suficiente como para que el remano se distrajese. Giré a toda velocidad, antes de que Shinzon pudiese atacarme y elevé la intensidad de la luz de la habitación. Instintivamente, Shinzon y Vkruk se cubrieron la cara con las manos, protegiéndose de la luz intensa. Poltek se aferró a la cabeza positrónica y oprimió su comunicador. Segundos después la Szanha nos había sacado fuera de allí, mientras el androide se asombraba por las luces de colores todo a su alrededor.

Séptima Parte: Sueños de libertad

- Sáquenos fuera de aquí timonel- gritó Poltek una vez en el puente de la Szahna.

La nave comenzó a girar sobre si misma y a su lado, los otros dos Pájaros de Guerra Romulanos la acompañaron. Sin embargo, las naves remanas nos superaban en número. Antes de que pudiéramos escapar, la flotilla Reman avanzó sobre nosotros en formación de pinza, impidiéndonos maniobrar con facilidad.

-No es momento para demostrar su valentía capitán, sabemos bien de que son capaz los Reman- le dije.

- No se preocupe comandante, se muy bien lo que estoy haciendo- me respondió.

Poltek movió al timonel de su posición y comenzó a manipular él mismo los controles. La Pájaro de Guerra continuó avanzando, a pesar de que una de las naves amigas estaba a apenas unos metros nuestra. El ala izquierda de la Szahna parecía estar a punto de rozar el otro Pájaro de Guerra cuando Poltek dio un giro en el timón y la nave enfiló hacia abajo, perpendicularmente a las naves remanas. Pero a pesar de los intentos de Poltek, no íbamos a salir de allí tan fácilmente. Los Pájaros de Guerra remanos comenzaron a disparar todos juntos sobre nosotros. Sabían perfectamente el rango de modulación de los escudos, y tras un par de golpes, los disruptores atravesaban nuestros escudos como si no existiesen. En unos segundos, las tres naves romulanas tenían inhabilitado el motor warp.

- ¡Capitán!- insistí. -¿Vale ese androide la vida de sus oficiales?-

Y como si quisieran reforzar mi posición, las siete naves Remanas dispararon al unísono contra una de nuestras naves. La pantalla se iluminó de repente y Shinzon de Remo apareció ante nosotros.

-Despierte capitán.- comenzó el humano con su melodiosa voz. -Si hay algún motivo por el cuál sus naves aún no han sido destruidas es porque le debo la vida a su comandante. Si no fuera por ella, usted ya sería polvo espacial-

En ese instante recordé la escena en el planeta, cuando un certero disparo de phaser salvó la vida de Shinzon. En ese preciso instante me alegré de haberlo hecho. Meses después me arrepentí terriblemente.

- Humano, reclamó este hallazgo en nombre del Imperio Estelar Romulano. Ninguno de ustedes tiene el poder como para contradecir mis órdenes.- insistió Poltek, cegado por la ambición de llevar ese trofeo ante el Senado Romulano. Tal vez así conseguiría su puesto como Centurión.

- Mire a su alrededor Poltek. No veo muchos romulanos aquí. Puede que en Romulus usted sea una autoridad, pero aquí en la frontera, es el más fuerte el que manda. Y ese no es precisamente usted. Somos remanos y no nos gustan los juegos. Dénos ese androide o lo lamentará. Recuerde quien lo sacó del aprieto apenas hace unas horas. Recuerde lo que mis naves y mis hombres son capaces de hacer. Tiene 1 minuto.-

Me acerqué al capitán Poltek y lo miré a los ojos. Sabía que estaba perdido. Había sido enviado allí a investigar y había sido derrotado por las naves del Dominio. Shinzon lo había ayudado, pero ya desde ese momento había sentido el fracaso. Una vez en el planeta, sintió que tal vez si descubría lo que el Dominio tramaba, podría reivindicarse por sus fallas en el campo de batalla. Durante años había sido relegado, y ahora estaba entre sus manos su oportunidad. Y sin embargo, había fracasado otra vez. Ahora Shinzon lo superaba en número y amenazaba con destruirlo. No podía fallar otra vez, pero eso estaba sucediendo. Miró por una última vez al androide y ordenó al oficial de comunicaciones que transmita las coordenadas para el transporte. Segundos después, B4 estaba en manos de Shinzon.

Nunca más volví a ver a Shinzon de Remo después de eso. Un tiempo después de finalizada la guerra del Dominio, aquel seductor humano organizó un golpe de Estado contra el Senado y logró posicionarse como Pretor, llevando a los remanos a lo más alto de la política romulana (1). No fue por mucho tiempo. Poltek y toda la tripulación de la Szanha fuimos reasignados a patrullar la zona neutral, hasta que encontramos el draknul. Lo demás es historia conocida.

Epílogo

Bitácora del Embajador Aldouz: Pude notar en los comentarios de la comandante un enorme respeto hacia la figura de su capitán, el temible Poltek. A pesar de todo lo que sucedió después, M´Rel sigue considerándolo uno de sus mentores y casi como un padre.

Durante su estadía en la Asimov, la comandante M´Rel demostró tener una integridad más allá de sus diferencias culturales. Era una mujer honorable, que sabía muy bien cuales eran sus principios y no dudaba en seguirlos hasta el último momento. Eso fue lo que hizo allá en Corellia 9, y eso fue lo que la llevó también ahora a Rura Penthe. ¿Qué podríamos hacer para sacarla de allí? ¿Cuándo volveremos a verla?

 

M´Rel despertó sobresaltada en su catre. Al parecer la habían sacado de la Enfermería. Miró a su alrededor y no había nadie. Debía ser horario de trabajo. Levanto su mano y acarició su nuca, recordando el golpe que había recibido. Y mientras se tocaba la cabeza, todo volvió a su mente. La luz rojiza y el calor repentino. El guardia enloquecido apuñalándose. La voz calmándola en la Enfermería.

-¿Dónde estas?- preguntó la romulana.- Sé que estas aquí.-

Otra vez pudo sentir el calor rodeándola, a pesar de que la temperatura debía estar por debajo de las –5 grados centígrados.

- Me alegra que no te hayas olvidado de mi M´Rel. Yo nunca me olvidé de ti. He venido a ayudarte.-

La voz era inconfundible. La luz rojiza invadió toda la habitación y se concentró en un único punto frente a M´Rel. La Comandante sonrió...ya no estaba sola.

Continuará…

1) En  la película Star Trek Nemesis.