“A la tripulación de
Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
El Zorro
Escrito por Marplanauta/ Portada: Rafa Navarro.
Nota: Esta historia esta situada antes de los acontecimientos que dieron con el exilio del canciller Martok en la serie StarTrek Stealh
Primera Parte: a ciegas en territorio enemigo
Brittany Jefferson viajaba ansiosa a bordo del pequeño runabout klingon. Cada minuto de ese viaje valía oro para el futuro de su tripulación y de la paz en el Cuadrante Alfa. Según había dicho Zhark, los klingon habían sido enviados a defender el sector Klagh. Si sus cálculos eran correctos, eso no quedaba a más de un par de años luz de territorio Romulano. El roce con los viejos contrincantes sería inevitable. Si los klingon utilizaban los prikmales para su beneficio, las consecuencias podrían ser terribles. Afortunadamente el general Zhark había sido razonable y había entendido que tanto ella como su tripulación eran víctimas de una traición. Si lograba hacerle entender lo mismo al alto consejo klingon, tal vez podía recuperar su libertad.
Mientras viajaba hacia Qo´noS observó la pequeña
nave. Era bastante sencilla y, como toda nave klingon, sucia y oscura. El olor
de los klingon cubría todo pero ya se estaba acostumbrando a él. Se levantó
de su asiento y caminó un poco por el pequeño puente. Sin lujos ni grandezas,
la nave ni siquiera tenía un replicador. El sistema de escudos era bastante
débil y el sistema de armas solo contaba con viejos phasers. Se ve que Zhark
no había querido invertir mucho en esta misión. No llegaría muy lejos si entraba
en batalla con alguien. Sin embargo, no esperaba cruzarse con ningún enemigo
camino a la capital del imperio. Brittany abrió un pequeño compartimiento y
pudo ver dentro varios trajes. Al parecer habían quedado allí desde la última
vez que la nave se había utilizado. Observó la extraña vestimenta klingon y
de una ojeada la comparó con su uniforme de
Brittany Jefferson estaba a poco tiempo de cumplir
40 años, y sin embargo estaba en muy buena forma. Los años de entrenamiento
militar en
Y como si hubiera sido una profecía, mientras la capitán pensaba en la posibilidad de encontrar algún peligro en el camino, la nave se sacudió con fuerza.
- Humana, entregue la nave o será destruida.-
Era la voz del siniestro klingon K´Bure. Jefferson se estremeció por la sorpresa. Por alguna razón la había seguido hasta allí para intentar detenerla. Solo había una explicación posible: Zhark estaba muerto. Pero ella no estaba dispuesta a dejarse atrapar tan fácilmente. La nave de K´Bure era un poco mas grande, pero bastante similar a la de Jefferson. Todavía estaban a un par de horas de Qo´noS, pero sabiendo que las posibilidades de terminar hecha pedazos eran mucho mas altas en warp, la capitana bajó la velocidad. Dirigió entonces la pequeña nave a través del eje z de las coordenadas, esquivando el avance de su perseguidor. Pero los klingon no eran idiotas, y no tardaron en seguir su rumbo. Los disparos rozaban la nave, que se movía intentando distraer su atención. Era inevitable que la superasen, debía buscar un plan alternativo. Jefferson no conocía el sector, debido a que los Klingon nunca habían compartido los detalles de su territorio con sus aliados, pero pudo distinguir un planeta habitable en el sistema planetario mas cercano. Navegando entre numerosos planetoides, la pequeña nave logró un poco de ventaja ante su enemigo, pero K´Bure estaba determinado a impedir que lograse escapar con vida. El transbordador de Jefferson había logrado ponerse en órbita apenas unos segundos antes cuando la nave de K´Bure disparó un torpedo que la destruyó por completo.
Segunda Parte: la emboscada
Como había podido ver la capitana mientras se alejaba,
El rayo tractor de la nave klingon la arrastraba
a través del espacio, llevando su sagrado cargamento hasta el sector Klagh,
donde aparentemente sería utilizado para el triunfo final de los klingon sobre
los romulanos. Sin embargo, había una parada antes del sector Klagh.
En una oscura sala de torturas, M´Rel evocaba los
años de entrenamiento en
En la bahía de carga modificada, el comandante trill Vreel Lexx trataba de pensar con calma. El hambre lo estaba invadiendo, pero no podía darse el lujo de pensar en comer en ese momento. Era imprescindible tratar de escapar de allí. Estaba sentado, con los brazos cruzados y las manos sosteniendo su barbilla, mientras miraba el suelo. Pudo ver en ese momento un par de zapatos exageradamente lustrados que invadían su espacio de visión.
- Se lo que esta pensando comandante.- dijo el teniente comandante Hayes.- Y le aseguro que tengo la misma obsesión que usted. No sabemos donde estamos ni dónde vamos. Pero no hay dudas de que los klingon querrán que paguemos por la destrucción de aquel astillero.-
- Debe haber alguna manera de salir...-
- El teniente Moss y yo intentamos todo lo que posible técnicamente. Los conductos de aire están sellados, los circuitos son inaccesibles, no tenemos ningún medio electrónico como para sobrecargar los sistemas. Estamos realmente aislados. Aunque aun hay algo que podemos hacer...- dijo el betazoide.
- Ya lo sé teniente, la única opción que nos queda es atacar a quien sea que nos traiga alimento o bebida, o simular un accidente para llamar su atención. ¿Pero que pasa si no nos traen comida ni agua hasta que lleguemos a nuestro destino? ¿Y que pasa si no les importa si simulamos un accidente? No olvidemos que ya más de la mitad de nosotros esta herido, y sin embargo no parece haberles importado en absoluto atendernos. Solo mire a la alférez Vek y comprenderá.-
Lexx señaló a la joven cardassiana, recostada en una esquina de la bahía. La herida no parecía estar sanando, y sin dudas era quien mas peligraba. Junto a ella, el Alférez Varad tenía sus dedos cruzados, en actitud de plegaria. Parecía estar invocando a sus amados Profetas para que ayudasen a quien, hasta unas pocas horas atrás, solía ser su mayor enemiga en la nave.
Pero la esperanza era lo último que el comandante
Lexx estaba dispuesto a perder. Mientras decía esto, un sacudón hizo que el
teniente Hayes tuviera que apoyarse contra la pared para evitar caerse. La nave
parecía estar siendo atacada. Si Lexx hubiera podido volar hacia el espacio
como el embajador Aldouz, hubiera visto que un escuadrón de avanzada de naves
romulanas había interceptado a
En la bahía de carga solo había confusión. Nada
sabían los tripulantes de
Vreel Lexx observó la luz intermitente y calculó con su mente el patrón. Tenía una única oportunidad de lograrlo, y no podía equivocarse. Eneas Hayes leía la mente del comandante y corroboraba los cálculos al mismo tiempo. Un solo pensamiento lo invadió: “¡Ahora!”. Los oficiales saltaron a través del escudo.
Tercera Parte: Man´ulokianuimonikakiajl
El rayo rojo del transportador materializó la esbelta
figura de la capitana Jefferson en la superficie del planeta. El transporte
de emergencia había sido exitoso. Estaba en medio de un frondoso bosque, pero
a unos metros de distancia había un camino. Debía buscar una manera de obtener
otra nave para seguir camino a Qo´noS. Además, seguramente K´Bure detectaría
sus bioseñales humanas y la perseguiría hasta allí, por lo que debía esconderse
en algún lugar bien poblado. De repente sintió el sonido de un carruaje cruzando
el camino. Debía apresurarse. Olvidando, ante la emergencia, las obligaciones
de
- ¡Klingons!- protestó.- No saben nunca como pedir amablemente las cosas.-
- Necesito que me lleve al pueblo mas cercano.-
- Voy hacia la ciudad de Marxia, a vender un par de tarloks en el mercado. No me tiene que amenazar con ese disruptor para que la lleve conmigo.- dijo el viejo.
Brittany bajo el arma. Por alguna razón, el viejo le inspiraba confianza. Se acomodó junto al conductor y arrancaron hacia la ciudad. Tal vez allí podía conseguir un transporte hacia Qo´noS.
- Mi nombre es Man´ulokianuimonikakiajl. Pero puede llamarme solo Manoloki. Por mas que usted tenga esa ropa, no es más klingon que yo, ¿verdad?-
- Soy humana, en viaje de negocios hacia Qo´noS.- respondió la capitán, tratando de evitar darle muchos datos a Manoloki.
- ¿Y entre los humanos es costumbre amenazar a los transeúntes para viajar gratis?-
- Solo en algunas partes. ¿Qué planeta es este?- preguntó Jefferson
- Para ser negociante no parece estar muy bien informada. Estamos en Leninia, planeta anexado al Imperio Klingon hace mas de 200 años.-
- Entonces, de alguna manera, además de ser leniniano, usted también es Klingon.- reflexionó la capitán.
Mientras la carreta avanzaba a una velocidad sorprendente para los estándares terrestres de tracción a sangre, Manoloki suspiró resignado.
- Como bien debe saber usted, el Imperio Klingon
esta formado por miles de mundos sometidos a la ley de Qo´noS.
- No parece estar muy feliz con ese trato.-
- Tengo más años de vida de los que aparento señorita, y le aseguro que en los 200 años de dominio klingon no hemos tenido mas seguridad y tranquilidad que cuando vivíamos libres e independientes. Pero así es la política.- el viejo Manoloki parecía estar resignado, sus años de esplendor habían pasado hace mucho.
- No debería hablar tan abiertamente. No sabe cuales son mis ideas políticas y podía terminar mal.- advirtió la capitana.- A ningún Klingon le debe gustar escuchar esa clase de opiniones.-
- No se preocupe señorita, se reconocer muy bien cuando puedo hablar y cuando no.- los ojos del viejo brillaron en actitud cómplice.
Mientras la carreta de Manoloki viajaba a gran velocidad hacia la ciudad, el rayo transportador materializó a K´Bure y los otros dos klingon. Como sospechó la capitán, no habían tardado en detectar sus signos humanos, pero los sensores no podían darles la ubicación exacta.
- La mujer tendrá que venir hacia aquí General K´Bure. No se nos podrá escapar.- le dijo uno de sus oficiales.
K´Bure se sintió satisfecho al escuchar su nuevo rango. Hacia mucho tiempo que se merecía el cargo de General, y ahora por fin lo había obtenido, asesinando al traidor de Zhark en el camino. Solo quedaba el inconveniente de la humana. Era muy improbable que lograse escapar de Leninia, pero mientras pensaba eso, recordó una frase de las sagradas escrituras de Kahless.
- qaStaHvIS wa´ram loS SaD Hugh SijlaH qetbogh Ilod.- exclamó.
“Cuatrocientas gargantas pueden ser cortadas en una noche por un hombre acorralado.”
Cuarta Parte: El camino a casa
Aldouz atravesó sin problemas el intermitente escudo
que aun cubría la celda. No podían darse el lujo de cumplir la promesa de mantenerse
encerrado cuando
Los klingons corrían de un lado al otro, excitados
por la batalla. La nave parecía estar dañada y a la deriva, pero la sola idea
de estar peleando por sus vidas les provocaba un sentimiento de energía por
todo el cuerpo. Aldouz y Castillo cruzaron los pasillos tratando de evitar que
los klingons los descubriesen. Intentarían llegar a una sala de transportación
y desde allí tratarían de llegar a
Desde la otra punta de la nave, el objetivo de Vreel
Lexx y Eneas Hayes era también salir de
Eneas Hayes se puso tenso de repente: sintió una mente detrás suyo. Lentamente los oficiales giraron sobre sus talones y pudieron ver a un enorme Klingon apuntándoles con su disruptor.
- Me parece que se equivocaron de bahía de carga...la escoria federal se almacena un par de puertas mas allá.-
Los oficiales lo miraron con desprecio. No permitirían que un klingon los insultase de esa manera, por más que hubiese un disruptor separándolos. El betazoide leyó la intención en la mente del comandante Lexx. Las posibilidades de vencer a ese contrincante eran escasas, pero eran mejores que volver a la bahía de carga. La decisión estaba tomada y estaban a punto de saltar sobre el Klingon, enfrentando su destino, cuando un rayo transportador los cubrió, dejando al desconcertado guerrero sin sus prisioneros.
Aldouz y Castillo estaban resignados. Habían tenido suerte en dejar la celda, pero era imposible que lograsen cruzar toda la nave sin ser descubiertos. Los klingon podían estar entretenidos con la batalla, pero no los dejarían escapar tan fácilmente.
- No podremos llegar a los transportadores. Es hora de aprovechar mis cualidades no corpóreas.- exclamó Aldouz, sonriendo aún con su forma Klingon.
- Esta bien,
- Buen punto jovencito, pero la frecuencia de escudos es un dato fácil de obtener, más aún si tienes la capacidad de ingresar materialmente dentro de la computadora.-
El embajador Iconiano guiñó su ojo en señal de confianza. Parecía como si toda esa situación no fuera más que un poco de diversión para él. De un giro se transformó en la tradicional esfera rojiza y atravesó las paredes de la nave como si no existieran. Segundos después estaba en el espacio, con los datos necesarios para transportar a sus viejos amigos fuera de la nave.
Desde el espacio, el Embajador pudo apreciar la
escena dantesca.
Aldouz atravesó el casco de la nave federal e ingresó
en los circuitos de la computadora. Estaba por fin otra vez en casa. Con facilidad
acceso los comandos y localizó las formas de vida klingon en su interior. Eran
siete, ubicados en el puente. Sin dudarlo transportó a los guerreros a
Vreel Lexx y Eneas Hayes, mientras tanto, no entendían
lo que estaba sucediendo. Un segundo estaban a punto de abalanzarse sobre un
Klingon y al segundo siguiente estaban otra vez a salvo en el puente de
Quinta Parte: el callejón
Marxia era un mercado gigante y bullicioso. De todas partes aparecían Leninianos ofreciendo mercancías a precios que Brittany Jefferson no podía entender. A primera vista, los Leninianos parecían bastante pobres. Al parecer, estaban en una etapa tecnológica preindustrial, lo que hacía mas sencillo para los Klingon el mantenerlos controlados. Podían verse a Leninianos negociando precios con otros comerciantes, transportando mercancía de un puesto a otro o solamente gritando los beneficios de sus productos. Entre los mercaderes circulaban algunos oficiales Klingon, aparentemente aburridos por su tedioso trabajo. La capitán intentaba que los Klingon no la viesen en la carreta de Manoloki. Tal vez K´Bure les había advertido sobre su presencia.
- Bueno, estamos en Marxia.- exclamó Manoloki, deteniendo su carreta.- Me vas a decir finalmente cual es tu verdadera misión aquí. No he visto nunca un humano en viaje de negocios en Leninia.-
La capitán dudó por unos momentos. Era en verdad riesgoso confesarle su situación a Manoloki, sin embargo, debía obtener una nave, y sin ayuda sería casi imposible.
- En realidad, necesito salir de aquí lo antes posible. Necesito una nave para viajar a Qo´noS.-
- Ah, una nave warp...difícil para un pobre planeta como Leninia. Todo tiene precio- dijo Manoloki.
- Pero es muy importante que llegue a Qo´noS. Tal vez el futuro de la galaxia este en juego. - dijo la capitana, pensando en las posibles consecuencias de la guerra entre las potencias.
No terminó de decir esto cuando sintió un grito de alarma a unos cuantos metros suyo. Una mujer leniniana la señalaba mientras gritaba desesperadamente en su idioma. Había sido descubierta. Desde la carreta, Jefferson pudo ver a un Klingon avanzando dificultosamente entre los vendedores. De un salto bajo del transporte y miró hacia los dos costados, buscando una salida.
- Debes correr hacia allá.- dijo Manoloki.- Confía en mi, conozco algunas personas aquí, trataré de ayudarte.-
El viejo leniniano señalaba una oscura callejuela
a su derecha. La capitana miró a los ojos escamados del viejo y no dudó. Ella
también sabia en quien confiar. Atravesó la calle principal y comenzó a correr
a través de la callejuela. El piso estaba muy embarrado y se le dificultaba
correr a más velocidad. A los costados de la calle se levantaban las paredes
de las casas hechas con ladrillos de barro, que apenas alcanzaban las dos plantas.
La capitana corría lo más rápido posible, pero ya hacía mas de dos días que
no comía, y si no fuera porque Manoloki le había ofrecido bebida, estaría también
deshidratada. A su espalda sintió los pasos del Klingon persiguiéndola. No debía
estar a mas de
Brittany Jefferson giró sobre si misma y vio la sombra del Klingon acercándose. Miró hacia arriba, tratando de encontrar una manera de escalar la pared para escapar de su perseguidos, pero las grietas eran escasas, y no estaba segura de que soportarían su peso. De un salto intentó agarrarse de una abertura a unos tres metros sobre el suelo, pero sus dedos la rozaron. Sin poder aferrarse. Era imposible. Mientras buscaba una grieta en la pared, pudo sentir que la textura cambiaba en una de las esquinas. Golpeó con suavidad y sintió que era hueco. Del otro lado debía haber una habitación. Golpeó con fuerza la puerta escondida, tratando de derribarla pero tampoco lo consiguió. Estaba fuertemente cerrada y revestida. Segundos después, un enorme guerrero Klingon estaba frente a ella. Debía medir el doble que la capitán, y su fuerza tal vez triplicaba la de ella.
- No creí que nuestra presa fuera tan pequeña. K´Bure me ascenderá a Capitán solo por llevarle su cabeza.- exclamó el Klingon, sonriendo.
- Bueno, parece que ya das por hecho que me atraparás.-
- Olvídelo humana. No tiene oportunidad frente a mi.- dijo el guerrero, sacando su d´k´tagh de su cinturón.
Jefferson recordó que aún tenía el disruptor. Con rapidez lo tomó de su cinturón e intento disparar contra su enemigo. Con horror, la capitana vio como el disruptor no disparaba. Como todo en la nave que Zhark le había dado, el disruptor no funcionaba. El Klingon estalló en una carcajada. Y volvió a amenazarla con su daga.
- No tiene otra opción más que pelear mano a mano conmigo p´tahk.-
En ese instante, Jefferson recordó los consejos de su padre. “Deberás superar su fuerza con tu astucia.” Lentamente se movió hasta quedar en la esquina del callejón, frente a la puerta escondida. El zorro enfrentaba al lobo.
- No esperarás que yo ataque primero, Klingon cobarde.- arengó Jefferson
El guerrero Klingon gruño furioso. Había llegado el momento de la verdad. Con todas sus fuerzas avanzó con su daga, apuntando al cuello de la capitana Jefferson. Nadie lo llamaría cobarde, y mucho menos esa hembra humana. La fuerza y la determinación del Klingon eran enormes, por lo que la capitán solo tendría una oportunidad. Espero inmóvil mientras el guerrero avanzaba cada vez a mayor velocidad contra ella, y una fracción de segundo antes de que la golpeara dio un pequeño salto a su izquierda. Con toda la fuerza de uno de sus brazos empujo la filosa daga, mientras que con el otro apoyó todo su peso sobre la espalda del Klingon. Había logrado esquivar el golpe, y el guerrero en lugar de descargar todo su peso sobre ella, había golpeado con fuerza la puerta de madera que la capitana había intentado abrir sin éxito. Ahora, el enorme Klingon yacía inmóvil, atravesando la puerta de madera y con su propia daga clavada en el cuello. La capitana había utilizado la propia fuerza del Klingon para darle su golpe, y había aprovechado también para abrir la puerta de escape fuera de ese callejón. Un oscuro túnel se extendía detrás de la puerta.
- Uf, parece que tuvo un poco de acción.-
Brittany Jefferson escuchó la voz de Manoloki saliendo desde el túnel.
- Nunca pensé que me enviaría a un callejón sin salida. ¿Qué hace allí dentro?- preguntó la humana.
- Bueno, es mi casa. La otra entrada estaba cubierta por oficiales Klingons, pero esta casi siempre esta libre. Nunca pensé que este maloliente la perseguiría hasta aquí. Aunque no parece haber tenido problemas con él.- dijo el leniniano, sonriendo.
La capitán respiró aliviada. Había logrado escapar de esa encrucijada, pero era muy probable que el Klingon hubiera advertido a sus compañeros. Debía salir de allí lo antes posible. Otra vez sin saber si estaba haciendo lo correcto, atravesó la puerta rota e ingresó en la casa de Manoloki.
- Sabe algo señorita. Esa puerta me la deberán pagar estos Klingons sucios, si señor.- dijo el viejo mientras arrastraba el cuerpo del Klingon fuera de su casa.
Sexta Parte: los tambores de guerra
En Romulus,
- Las cosas no se ven bien en el frente Centurión Zek´Kinar.- murmuró.
- Una guerra nunca se ve bien Pretor, pero las consecuencias de la inacción serían mucho peores. El Imperio Estelar Romulano no puede torcer su brazo ante los Klingon.-
Donatra estaba agobiada por la responsabilidad. Sola en el salón pretoriano, rodeada por los bustos de los famosos líderes que la habían precedido, los consejos de Zek´Kinar retumbaban en su mente.
- ¿Qué paso con la emboscada? ¿Pudieron liberarse los prisioneros?- preguntó Donatra
- Ese fue un gran riesgo Pretor. Sabe que no estaba de acuerdo con esa incursión dentro del territorio Klingon. No era más que una provocación.-
- ¡No le pedí su opinión Zek´Kinar! ¡Dígame si tuvo
éxito!- gritó
- Los últimos reportes informan que la escuadra
de ataque no logró liberar a
La mente de Donatra se nubló con odio. Su última esperanza de triunfo sin llegar a la guerra había sido terriblemente derrotada. Ahora solo quedaba dar el golpe final, y la guerra contra los klingons comenzaría. Donatra sabía que seria una guerra dura y sangrienta, pero el dejarle a los klingon el poder de los prikmales era un riesgo que no podía correr.
- Si queremos ganar esta batalla debemos atacar.- murmuró Zek´kinar.- No podemos esperar a que los klingon sigan reagrupándose.-
En esa hora oscura. Los consejos venenosos de Zek´Kinar parecían razonables para Donatra. La orden estaba dada. El golpe sería preventivo.
El Alto Concilio estaba reunido en Qo´noS, analizando
la situación. La última reunión de emergencia que habían tenido había sido el
día anterior, cuando se habían enterado del golpe a los astilleros de Lupasa.
Martok estaba sentado en la silla consejo, no le gustaba la idea de ir a una
guerra con
- El Imperio debe golpear con fuerza a los traidores. No podemos darnos el lujo de dar una imagen débil a nuestros enemigos. Si no vengamos este acto de guerra, le daríamos luz verde a todos los que odian al Imperio. ¡Debemos defender a muerte nuestro honor!-
El consejero Mulath observaba a Korok desde la otra esquina del Alto Concilio. Él, como muchos otros Klingons, estaban dispuestos a dar su vida por el Imperio. Pero no estaba seguros de que las únicas intenciones de Korok fueran defender el honor Klingon.
- Consejero Korok, déjeme preguntarle algo.- interrumpió
Mulath.- Hace unos días
-
- Estaría en mejores manos si la carga estuviera
a disposición del Alto Concilio, y no solo de
- ¡Esta dudando de mi honor Mulath!- gritó Korok ofendido.
Mulath observó al obeso Klingon. Podría atravesar su garganta antes de que pudiera levantarse de su silla de consejero. Martok observaba la escena con preocupación. El poder de los prikmales parecía estar corrompiendo a los Consejeros. Pero había algo más importante que tratar en ese momento.
- ¡Consejeros! No es momento de enfrentarnos entre nosotros. La defensa del Imperio es lo que importa ahora.- Martok se levantó de su silla y camino hasta el medio del Salón.- Es la hora de la batalla. Hemos soportado los ataques Romulanos por demasiado tiempo, pero este acto de guerra no puede ser perdonado. Las naves ya están allí, ordénenle a sus guerreros que siembren el camino a Sto-Vo-Kor con sangre verde romulana.-
Dicho esto, Martok volvió a sentarse en su sillón. Korok podía ser un Klingon despreciable, pero tenía razón en el hecho de que un golpe al corazón del Imperio Klingon no podía darse sin represalia. Los Romulanos pagarían con los sistemas Nilio y Etipieus. Por ahora.
Séptima Parte: el mercado
- Ves allí, sobre la colina detrás del mercado. En ese hangar podrás encontrar la nave que necesitas.-
Manoloki señalaba a través de la ventana a un pequeño hangar de madera.
- ¿Como conseguiste una nave aquí Manoloki?- preguntó la capitana.
- Digamos que hay mucha gente influyente a quienes le gusta tan poco como a mi el tener a los Klingon en nuestro planeta, y que haría cualquier cosa por perjudicarlos.- respondió el viejo.
- No se como agradecerle.-
- Solo recuerde este planeta perdido cuando vuelva
a
Manoloki abrió la puerta de su casa y Brittany Jefferson
salió al exterior. El sol golpeaba fuerte en el mediodía de Leninia. Lo más
rápido posible atravesó la calle y estaba a punto de ingresar en el gigantesco
mercado al aire libre cuando sintió que una daga rozaba su rostro y se clavaba
en una viga a pocos centímetros suyo. La capitana giró y vio que del otro lado
de la calle estaba el general K´Bure. La había descubierto y ahora solo un par
de metros los separaban. Los ojos de K´Bure echaban fuego, aún más que la última
vez que se habían encontrado, en las mazmorras de
Jefferson se apresuró e ingresó en el mercado. Apenas atravesó la entrada, un joven leniniano se le interpuso en el camino ofreciéndole su mercancía a un precio excepcional. Jefferson lo esquivó y tomó una callejuela adyacente al pasillo central del mercado. Se agachó por debajo de los puestos y comenzó a avanzar entre los pies de los lugareños. Solo debía atravesar el mercado, que tendría aproximadamente unos doscientos metros, para llegar al hangar y volar fuera de Leninia.
Manoloki había observado toda la situación. Su corazón se había paralizado al ver a K´Bure lanzando su d´k´tagh contra la capitán y avanzando detrás suyo hacia el mercado. De repente, una idea iluminó su mente. Cruzó con velocidad la calle y se acercó al primer vendedor que encontró. Con ademanes y exclamaciones le dijo un par de frases en Leniniano al mercader, que en seguida la transmitió a otro comerciante a unos metros suyo. Cada uno señalaba a su vez al general K´Bure.
K´Bure avanzaba en el pasillo central, buscando en cada metro a la mujer humana. No la dejaría salir de allí, mucho menos ahora que la tenía tan cerca. La muy cobarde se escondía, no era capaz de enfrentar una pelea. Eso demostraba que no era un rival honorable, y no merecía la menor piedad. Extendió su brazo sobre su espalda y tomó su bat´telh. Muchos enemigos habían muerto con el filo de esa espada, y el honor del Imperio había sido saldado otras tantas veces. Esta era otra ocasión para cumplir su razón de existencia. K´Bure sonrió. A pocos metros pudo ver la cabellera rizada de la p´tagh, escabulléndose entre los puestos de los mercaderes. Decidido, K´Bure intentó avanzar hacia ella, pero una multitud de mercaderes le cerró el paso.
- Pruebe estos Targs señor, son de lo mejor.- gritaba uno
- Este guante permite un mejor manejo del d´k´tagh, no encontrara ninguno así en todo el sector.- ofrecía otro
- No hay nada mejor que estos frutos de micayah, oh, gran señor.- prometía un tercero.
Alrededor del General K´Bure se aglutinaron muchos leninianos ofreciendo sus productos. Al parecer, Manoloki les había dicho que K´Bure era un comerciante adinerado en busca de los mejores productos de Marxia, para comprar toda la producción. No tardaron en rodear al general, abrumándolo con ofertas tentadoras e impidiéndole avanzar a través del mercado. La población de Marxia estaba realmente empobrecida, y la sola idea de vender toda su mercancía de un solo golpe despertaba su ambición.
Jefferson, alertada de que había sido descubierta, aceleró el paso entre los Leninianos desesperados por obtener la atención del Klingon. El General K´Bure se enfureció al ver que la humana estaba a punto de escapar. De un golpe, empujó al leniniano que tenía justo frente suyo. Con toda su enorme fuerza tomó el cuello de otro leniniano a su izquierda y lo lanzó sobre los aires. Sin importarle las consecuencias tomó el bat´telh y abrió el vientre de un comerciante de sandalias que le cubría el paso. Ante esa imagen, los Leninianos se desesperaron. Corriendo de un lado al otro, el mercado se volvió un verdadero caos. Ahora todos querían salir de allí, y le cerraban aun mas el paso al General K´Bure. El enorme Klingon tomaba a los leninianos por la espalda y los lanzaba fuera de su camino.
Mucho mas adelante, la capitana Jefferson había salido del mercado e ingresaba en el hangar de madera que le había señalado Manoloki. Dentro, la capitana pudo ver un pequeño transbordador, pero en mucho mejor estado que el que le había dado el general Zhark. Sin perder tiempo ingresó en la nave y encendió los motores de impulso. La nave se levantó sobre el suelo del hangar, provocando un huracán que hacía volar todo a su alrededor. Jefferson fijo rumbo y atravesó el techo, justo cuando el General K´Bure ingresaba en el hangar. Debía aprovechar cada segundo, porque K´Bure no tardaría en transportarse a su transbordador. La nave dejó la órbita de Leninia y continuó su camino hacia Qo´noS. Pero esta vez estaría mas protegida. Para sorpresa de la capitana, la nave de Manoloki contaba con un dispositivo de ocultamiento. Ahora el camino hasta la capital estaba asegurado.
Octava Parte: el ataque preventivo
El warbird Hiren, bajo el mando del Centurión Rumalak,
lideraba la flota romulana camuflada. Los sistemas Nilio y Etipieus habían sido
evacuados lo mas rápido posible, tratando de minimizar los daños del posible
ataque klingon. Rumalak observaba el territorio que separaba los sistemas del
sector Klagh, y trataba de no pensar que poco tiempo después ese territorio
estaría cubierto con restos de naves. Su Pretor había sido clara, debían atacar
primero. Sabía que había sido una mala idea dejarla sola en Romulus, a merced
de la lengua venenosa de Zek´kinar, pero no había tenido otra opción. Él era
el líder de
Los cruceros de batalla klingon estaban alineados en la frontera, esperando la indicación para avanzar sobre los sistemas Romulanos, cuando de repente cientos de naves enemigas entraron en fase frente a ellos. Las alas de ataque Romulanas se desplegaban sobre los klingon, descargando su munición gruesa de un solo golpe, y volviendo a entrar en fase segundos después. Detrás de ella, los enormes warbirds maniobraban avanzando sobre los cientos de Vor´Chas, K´Tinga y Aves de Rapiña.
La respuesta klingon no se hizo esperar. Las aves de rapiña, volando en grupos de tres, atravesaban el frente enemigo e iban directamente contra los warbirds, que no podían hacerles frente con precisión. Mientras tanto, las otras naves se desplegaban en las tres dimensiones del escenario, tratando de cubrir el mayor espacio posible y evitar así que los romulanos quiebren su resistencia.
Los Klingon habían estado esperando esa batalla por mas de un día, invocando al sagrado Kahless para que les permita tener una muerte honorable. Como les había pedido su Canciller, la sangre de los Romulanos inundaría todo el sector.
Desde
- Esto es increíble.- dijo Aldouz.- Han pasado miles de años y todo sigue igual.-
- Y podrán pasar otros mil sin que nada cambie.- profetizó amargamente el teniente Hayes.
- Entonces es nuestra responsabilidad impedirlo.- dijo Aldouz, y de un golpe dejó el puente de la nave, misteriosamente.
Novena Parte: el Palacio del Alto Concilio
Varias horas habían pasado desde que Jefferson dejó
Leninia, y en el horizonte podía divisarse el planeta Qo´noS. La capitán fijo
una órbita estacionaria alrededor del planeta y se preparó para transportarse.
Tenía en sus manos el pad con la información que exoneraría a la tripulación
de
El tráfico en Qo´noS era bastante agitado, por lo que no le fue difícil salir del camuflaje y ocultarse entre un par de cargueros galamites. Ingresó las coordenadas en el transportador y segundos después estaba en las escalinatas del Palacio del Alto Concilio. No podía creer que ya había llegado. La atmósfera en Qo´noS estaba muy viciada, con un fuerte olor a azufre, y el cielo estaba oscuro y tormentoso. A los lados del palacio había dos enormes hogueras que, según tenía entendido, honraban al Emperador Kahless y a Morath, héroes de la historia klingon. Sin distraerse más, ingreso en el enorme palacio.
Adentro, el ambiente no era mucho mas acogedor, el techo era muy alto, sostenido por columnas de un material similar al mármol. Al final de ese salón podía verse una gran puerta, donde estaba grabada la imagen de Kahless erguido señalando con su bat´telh hacia Sto-Vo-Kor y con su mano izquierda hacia Gre´thor, el infierno. A cada lado de la enorme puerta, un guerrero Klingon la custodiaba.
- ¿Qué asunto trae a una mujer humana al Palacio del Concilio?- preguntó uno.
- Necesito hablar con Martok, es preciso que me escuche.- dijo la capitán
- Nos habían advertido que vendría. Espere aquí.-
El oficial Klingon golpeó su brazo con su mano derecha, apretando su comunicador. Segundos después la puerta se entreabrió, y un obeso Klingon salió del Salón del Alto Concilio, donde al parecer las discusiones continuaban. Era Korok, pero no estaba solo. Detrás del gigantesco consejero Klingon, una figura conocida por la capitana emergió. Era el general K´Bure. Sabían que su destino era el palacio del consejo, y lo único que habían hecho era dirigirse hasta allí para esperarla. Habían sido mas astutos que ella.
- Llega tarde capitán.- exclamó K´Bure.- La guerra ya ha comenzado.-
- Pero nunca es tarde para demostrar mi inocencia.-
K´Bure soltó una carcajada que retumbó en toda la antesala.
- Esas frases lo único que conseguirán será darme más satisfacción a la hora de degollarla.- el enorme Klingon se acercó y apoyó su sucia mano en la barbilla de la capitana, que lo miró con desprecio. La ambición en los ojos del Klingon le confirmó que había asesinado a Zhark.
- K´Bure, despacio. No queremos importunar a nuestra...”invitada”.- dijo Korok
- Lo único que necesito es hablar con Martok, el sabrá reconocer la verdad.-
- ¿Acaso esta olvidando capitán, que ya fue declarada
enemiga del Imperio?- preguntó Korok.- ningún enemigo del Imperio puede entrar
en
- ¿Acaso le teme a la verdad Korok? ¿Cuál es su beneficio en todo esto? ¿Qué es lo que gana con la guerra contra los romulanos?- preguntó la valiente mujer humana.
- Suficiente...llévenla a las mazmorras.- ordenó Korok, levantando su grasiento brazo.
- Un momento.- ordenó una voz detrás de Korok.- Creo que no es decisión suya consejero Korok.-
Era el consejero Mulath, que parecía haber estado escuchando todo. Nunca había confiado en Korok, y el hecho de estar tan ansioso por ocultar la información de Jefferson había despertado su curiosidad.
- Creo que es decisión de Martok el escuchar o no a esta mujer.-
Décima Parte: una decisión salomónica
Aldouz ingresó en la bodega antitransporte de
- No podemos permitir que se continúe con esta sangría.- dijo el Embajador.
- Lamentablemente no podemos intervenir en los conflictos entre otras razas. No es nuestra jurisdicción.- se lamentó el Comandante.
- Bueno, sea o no sea nuestra jurisdicción, yo intervendré igual. De alguna manera siento que todo esto es culpa nuestra, y haré lo imposible por detenerlo. Le aconsejo que no intente ponerse en mi camino Comandante Lexx...-
El Embajador Iconiano parecía estar hablando muy seriamente, por lo que el trill prefirió evitar enfrentársele. Ya habían visto antes los poderes de Aldouz, y podían ser muy convincentes.
Martok recibió delante del Alto Concilio a la capitana
Jefferson. En una esquina, observando todo con el mayor de los desprecios, se
encontraban el consejero Korok y el General K´Bure. Martok había estado analizando
las lecturas que llegaban desde el campo de batalla, pero al ser informado sobre
la presencia de la capitana Jefferson, no dudó en atenderla. Todo ese conflicto
se había originado con la incursión de
La capitán se inclinó ante Martok en señal de respeto, un gesto que al viejo Klingon nunca le había agradado.
- Fue muy valiente en venir hasta aquí capitán Jefferson.- dijo Martok.- Incluso se ha escabullido de las manos de uno de nuestros mejores oficiales.-
- Vine hasta aquí con el consentimiento del general Zhark, quien vio las pruebas que aquí presento y consideró que eran justas.-
- La traición al imperio es un crimen grave capitán, perdonarla sería algo excepcional.- intervino Mulath.
- Yo no pido un perdón señor. Yo vengo a decir que tanto yo como mi tripulación somos inocentes, y estas grabaciones pueden probarlo.-
La capitana avanzó hasta el sillón de Martok y
le entregó el pad con la información obtenida de
- Esta información es realmente elocuente capitán.- dijo Martok.- Es increíble que no se haya presentado en el momento en que se la acuso de traición.-
- No se nos dio la oportunidad de defendernos, y
- ¡Esta diciendo que somos engañosos como los Romulanos! ¡Esto es inaudito!- exclamó Korok.
- ¡Silencio!- gritó Martok, que ya conocía las maniobras de Korok.- Puedo darle el perdón capitán, pero ya no puedo detener la batalla. Fueron ellos los que la comenzaron. Puede ser que su tripulación sea inocente, pero los hechos ya han transcendido su esfera de influencia. El avance Klingon sobre el territorio enemigo es un hecho.-
En el sector Klagh, la batalla estaba en su apogeo. Las naves Klingon avanzaban de a decenas, superando ampliamente el ataque de los Romulanos. Los klingon habían esperado vengarse de los romulanos desde la época de la batalla de Khitomer, y esta era una excusa perfecta para conseguirlo. Naves que parecían estar destruidas se recuperaban rápidamente y continuaban su ataque, mientras los Romulanos no podían hacer otra cosa mas que retroceder. El territorio que habían ganado al golpear primero estaba siendo perdido a una velocidad asombrosa. En las naves Romulanas que se quedaban sin escudos, grupos de abordaje Klingon eran transportados y la masacre continuaba en el interior. Los klingon disparaban sus disruptores y avanzaban con bat´telhs y dagas asesinando a todos a su paso. Poco tiempo después habían cruzado ya la frontera que separaba los Imperios y se lanzaban hambrientos sobre la presa de los sistemas Nilio y Etipieus. El error de cálculo de los Romulanos era evidente.
Quedaban unos cientos de naves Romulanas defendiendo
los sistemas, entre ellas
Aldouz había utilizado el poder conjunto de los
prikmales para detener la batalla. Utilizando sus conocimientos Iconianos había
aprovechado los cinco elementos originales que
Pero era un esfuerzo extraordinario, incluso para el Embajador Iconiano. De repente, la esfera rojiza comenzó a girar sobre si misma, difuminando su poder a través de los sistemas planetarios. Con gran precisión, cada nave Romulana fue separada de las naves Klingon. Aldouz transportó las naves Romulanas al sistema Nilio, y las naves Klingon al sistema Etipieus. La batalla llegaría así a su forzado final. Nadie mas moriría allí por culpa de los prikmales. El territorio sería nuevamente dividido.
Undécima parte: las muertes Romulanas
El Centurión Rumalak atravesó furioso el pasillo
hacia el Salón Pretoriano. Cientos de naves habían sido perdidas en el frente
de batalla contra los Klingons, y no iba a dejar que Zek´Kinar saliese sin responsabilidad.
El había sido el que había recomendado reforzar los sistemas Nilio y Etipieus,
desafiando a los Klingon, y el había sido el que había ordenado atacar preventivamente,
engrosando así el número de bajas. Rumalak pasó entre los Guardias Pretorianos
y se enfrentó a
- ¡El Imperio ha sufrido su mas terrible derrota en años!.- exclamó Rumalak.- Y todo por culpa de usted Zek´Kinar.-
- Típica actitud del derrotado.- murmuró Zek´Kinar.- Culpar a los demás de su ineptitud.-
- ¡Es usted quien tiene la culpa de todo esto! Miles de guerreros perdieron la vida por su ambición.-
- ¡Se olvida delante de quien esta hablando Centurión Rumalak!.- intervino Donatra.- Si hay alguien que ordenó el avance fui yo.-
- ¡Pues entonces debe reconsiderar a quien tiene a su lado dándole consejos!- dijo Rumalak, en un estallido de ira.
El viejo Centurión dio media vuelta y salió del
Salón Pretoriano, aún furioso por la inútil derrota que había sufrido y por
la falta de atención de
- Esta ha sido una actitud por demás desafiante Pretor. ¿Esta segura de que quiere a alguien tan...insidioso al mando de su Guardia Imperial?- susurró.
Donatra escuchó las palabras de Zek´Kinar y reflexionó. Ese era un día negro para Romulus, y no necesitaba que un mísero oficial se lo hiciera ver. Con un además llamó a su guardia pretoriana. Rumalak no llegaría vivo a la salida.
Martok caminaba junto a la capitana Jefferson por
los pasillos del palacio del Alto Concilio. La batalla del sector Klagh había
terminado, gracias a la inesperada intervención del Embajador Aldouz. Sin embargo,
el Imperio Klingon había avanzado varios años luz dentro del Imperio Romulano,
anexando para si el sistema Etipieus. Muchas vidas habían sido perdidas, y el
rencor entre ambas razas se había profundizado. Ese hecho parecía ser solo el
comienzo de una serie de hostilidades entre las potencias. La única esperanza
para evitar que se extendiese la guerra era la intervención diplomática de
- Martok, le agradezco una vez más el haberme dejado presentar mi evidencia.-
- No se preocupe capitán. Durante
- Exactamente. Pudo ver según la información que
le di que somos inocentes de traicionar al Imperio. Sin embargo, a pesar de
que todos los tripulantes de
- Ni las tendrá capitán. Después de lo que ha sucedido,
las relaciones con el Imperio Estelar Romulano se han complicado. El Subcomandante
D´Raen era romulano, así como
La capitana escuchó con dolor la sentencia del klingon. Le había costado mucho obtener el perdón para sus oficiales, y sin embargo no había podido lograr que liberasen a los Romulanos. Las minas de Rura Penthe serían casi como la muerte para los oficiales, no podía permitirlo. Pero ya no había nada que pudiera hacer. Romulus había decidido atacar a su viejo enemigo, y debería pagar las consecuencias.
El klingon volvió al Salón del Alto Concilio y se
despidió de la capitana. Con resignación, Brittany Jefferson se subió a su transbordador
y emprendió rumbo hacia el sector Klagh, donde se encontraría con
Continuará …