“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

El Lobo

Escrito por Marplanauta/ Portada: Antonio Cabañas

Primera Parte: una carnada y un buen trofeo

La pequeña Brittany tomó la carnada y la ajustó bien en el anzuelo. Era su primer día de pesca en los canales Schiaparelli, y había estado esperando ese momento casi todo el año. Desde que su padre le había prometido ese campamento no había dejado de pensar en ello. Con un movimiento fuerte del brazo, lanzó la tanza hacia las aguas del canal marciano. Había pasado toda la mañana alisando una rama para usarla como caña, y ahora estaba por ver los frutos de su trabajo. A su padre no le gustaba utilizar la tecnología en esos campamentos, trataban de sobrevivir como lo habían hecho los antiguos nativos de la Tierra, más de 600 años antes. No tardó mucho antes de que la tanza se pusiera tiesa. Algo estaba picando. Brittany tiró con fuerza de la caña, que se curvó peligrosamente, como si estuviera por quebrarse.

- No tan fuerte Tany.- le dijo su padre mientras se acercaba.- El pez esta luchando por su vida, y hará cualquier cosa por escapar.-

- Pero esta tirando mucho.- protestó la pequeña en un gruñido

- Entonces, deberás superar su fuerza con tu astucia.- aconsejó el padre.

Brittany observó la situación. El pez era tal vez la mitad de su tamaño y sería imposible levantarlo desde esa distancia. Rápidamente, buscó una grieta en el rojo suelo de Marte y ajustó la caña, impidiendo que el pez se le escapase. Se acercó a la orilla del canal y tomo el extremo de la caña mientras con la otra mano sujetó con fuerza la tanza. A esa corta distancia, la pequeña podría equiparar la fuerza del pez y lo podría levantar con más facilidad. Minutos después el pez ya estaba fuera del agua, listo para ser preparado para el fuego. Tany lo observó con satisfacción, era su primer trofeo...

La capitana del U.S.S. Asimov despertó de su sueño sobresaltada y recordó al instante donde estaban. La onda expansiva de la explosión del astillero la había arrojado fuera de su silla y se había golpeado fuertemente la sien. Junto a ella, en el piso del puente, el timonel Mel Varad todavía estaba inconsciente. Jefferson se levantó con cuidado, tratando de sentir si alguno de sus huesos estaba roto. Afortunadamente solo tenía un par de moretones y rasguños, pero el puente estaba severamente dañado. Un panel se había desprendido del techo y salía humo y chispas constantemente. Vreel Lexx estaba incorporándose junto a la silla del capitán, que se había desprendido con el golpe. Elina Vek estaba recostada sobre su panel de controles, con una gran herida que le atravesaba la frente.

- Jefferson a Enfermería, necesitamos que venga para aquí doctor Castillo.-

- jjkggggggjkk.- la interferencia dificultaba la transmisión.- Iré en cuanto pueda capitjjjjjkk, la Enfermería esta atestada.- respondió el joven médico.

La capitana se acercó hasta los controles y encendió la pantalla. Debía saber cual era la situación de la IKS Azetbur. Sospechaba que no estaría ni remotamente tan dañada como la Asimov, debido a que los escudos de la nave klingon estaban funcionando a un 100% en el momento de la explosión, pero era su deber comunicarse con sus aliados. La imagen de la pantalla comenzó a aclararse y, para el horror de la capitana, pudo ver al menos 50 naves klingon rodeando a la Asimov. Los controles le mostraban que estaban todas dispuestas a disparar ante el menor movimiento suyo.

- Asimov a Azetbur, ¿cuál es su situación?- preguntó la capitán

La pantalla cambió de repente y apareció ante ellos la imagen desconcertada del general Zhark.

- U.S.S. Asimov, han sido declarados enemigos mortales del Imperio. Prepárense para ser abordados.- dijo antes de cortar abruptamente la comunicación.

Un grupo de klingons se materializó en el puente de la nave y de un golpe, la capitana y el primer oficial volvieron a quedar inconscientes.

Segunda Parte: Mostrando los dientes

Castillo remojó la frente de la capitán Jefferson con cuidado. Era la primer ración de agua que los klingon le daban, y era mejor no desperdiciarla. La capitán abrió lentamente los ojos y pudo ver que ya no estaban en el puente. La iluminación era escasa y el olor era realmente intenso. Era olor a klingon, y evidentemente estaba en una prisión.

- No se mueva mucho capitán, tiene una herida fuerte en la ceja.- le recomendó el doctor.

- No se preocupe Sebastián, me siento bastante bien.- dijo la capitana apretando el paño húmedo contra su herida.- ¿Dónde estamos?-

- Poco después de que se comunicó conmigo en la Asimov, un grupo de klingons aparecieron en la Enfermería y nos tomaron a todos prisioneros. Había heridos de gravedad y no tuvieron ni la menos piedad. No se si habrán sobrevivido a un traslado y sin atención médica. ¡Bárbaros klingon!- murmuró tratando de que el guardia apostado a unos metros de distancia no los oyese.- Según pude oír, fuimos transportados a la Azetbur, y nos envían directamente a prisión por traición al Imperio. ¿Acaso no hay juicios entre los klingon? -

- Pareciera que las pruebas en nuestra contra son suficientes como para saltearnos esa formalidad. Sin embargo, nosotros no somos responsables por esto. Debe haber una manera de aclarar nuestra situación. Solo espero que no terminemos en Rura Penthe.-

- ¿Rura Penthe?- preguntó Sebastián Castillo.

- Una famosa prisión klingon, donde suelen enviar a los presos políticos y de donde pocos han logrado salir.-

- Pero debemos hacer algo capitán. Conozco a Zhark y es un hombre razonable. Debemos hablar con él.- el joven humano comenzó a gritar.- ¡Ey, carcelero! ¡Llame a su oficial superior, tengo que hablar con Zhark!-

En ese momento, la puerta de la prisión se abrió, y un fornido klingon ingresó a paso firme. Se acercó hasta la celda de Castillo y Jefferson y observó con detenimiento a los prisioneros. Podía verse una furia ciega en sus ojos, un odio intenso hacia los que consideraba culpables de la masacre de cientos de guerreros. Abrió la boca y mostró sus afilados dientes, amenazando a los prisioneros como un lobo amenaza a su presa.

- Sentirán la furia del Imperio en sus débiles cuerpos.- gruñó.

- No me dan miedo sus amenazas.- dijo Castillo.

El joven doctor estaba más allá del bien y del mal. Había sufrido bastante durante los primeros años de su vida, y no estaba dispuesto a pasar el resto encerrado en una prisión klingon. Era un hombre valiente, y dispuesto a luchar por lo que creía, en especial por la salud de sus pacientes.

- Soy ciudadano de la Federación, demando un juicio justo, y atención médica para los tripulantes de la nave.-

- No esta en situación de demandar nada p´tahk. Se pudrirá en la cárcel.- dijo el klingon, acercando su peluda cara hacia la del doctor.

La capitán Jefferson notó que era momento de intervenir, antes de que el doctor empeorase aún más su situación.

- Si mal no recuerdo, usted es K´Bure, primer oficial de la Azetbur.- dijo la capitana, y el klingon asintió con un gruñido.- Necesitamos hablar con el General Zhark, explicarle la situación. No somos enemigos del Imperio ni mucho menos.-

- Eso ya esta decidido y no hay nada que hablar. El general tiene asuntos más importantes que atender, no puede venir a ver a un par de prisioneros. Ya hizo suficiente permitiendo que ocupen una mejor celda que los otros.-

- Pero debemos hablar con él. Debemos probar nuestra inocencia.- intervino otra vez Castillo.

- Aquí, lo único que resta saber, es si su destino serán los trabajos forzados en Rura Penthe o terminar evaporados en el espacio.- exclamó el klingon y estalló en una furiosa carcajada.

Sin que pudieran decir mucho más los oficiales, K´Bure giró sobre sus talones y salió de la prisión. El futuro de la tripulación de la Asimov parecía bastante oscuro.

Tercera Parte: El Cuadrante Alfa en jaque

Aldouz atravesó el espacio a gran velocidad, siguiendo su instinto y los rastros dejados por la Asimov. Estaba desesperado. No entendía como lo habían dejado abandonado en aquel planeta de Praxia. Evidentemente algo había sucedido, y no debía ser bueno. Recordó las sospechas de la capitán sobre un posible traidor en la tripulación, y un escalofrío lo invadió. ¿Y si el traidor había logrado robar los prikmales? El poder de los elementos originales era enorme, y muy peligroso si era utilizado por las manos equivocadas.

La esfera rojiza iconiana solo había logrado llegar al final del sector de Praxia, cuando una pequeña nave se cruzó en su camino. Era un carguero apenas armado, pero con suficiente poder como para llevarlo hasta donde necesitaba. Un segundo después estaba en el puente de la nave, controlado por un grupo de galamites, reconocidos comerciantes del imperio. Antes de que los galamites pudieran reaccionar, el embajador iconiano cobró fuerza y tamaño e inundó el puente con su luz rojiza. Los débiles galamites cayeron rendidos a los pies de Aldouz, deslumbrados por su poder y dispuestos a hacer cualquier cosa que él ordenase.

Mientras tanto, en la Tierra, las noticias de la fallida misión de la Asimov ya habían llegado, y el Alto Mando de la Flota Estelar se había reunido de emergencia.

- ¿Cómo puede ser que esto haya sucedido?- exclamó indignado el almirante Setlek

Desde una pantalla cercana, la pretor Donatra, líder del Imperio Estelar Romulano, analizaba la situación. Era joven, pero ya tenía bastante experiencia con crisis de Estado, en especial luego de haber tenido que detener a su propio líder megalómano Shinzon. Donatra se había ganado el respeto de todas las fuerzas romulanas luego del incidente con los remanos, y ante el vacío de poder provocado por el asesinato de todo el Senado, su figura emergió como un héroe capaz de llevar al Imperio otra vez por la senda del éxito. Y hasta el momento lo había logrado. A su izquierda, la figura sombría del centurión Zek´Kinar observaba la situación. Zek´Kinar ocupaba el lugar que unas horas antes había ocupado T´San. El antiguo líder del Tal Shiar había muerto esa mañana misteriosamente. En los pasillos del Senado se rumoreaba que Zek´Kinar podría ser designado finalmente como nuevo líder de la fuerza secreta romulana, y su presencia junto a la Pretor Donatra parecía confirmarlo. A la derecha de Donatra estaba el centurión Rumalak, líder de la Guardia Imperial.

- La situación es complicada almirante Setlek. La Asimov no solo llevaba a siete romulanos con ella, sino que también poseía una carga mucho más valiosa. Los prikmales no deben caer en manos de los klingon.- dijo Donatra con aire de gravedad.

- Estamos conscientes de ello Pretor.- intervino la almirante Brand.- Pero como usted misma dijo, es una situación complicada. Los klingon, quiéralo usted o no, son aliados de la Federación. No podemos violar su territorio.-

- Sin embargo ellos tienen en sus manos una de las naves mas avanzadas de la Flota, una tripulación eficiente prisionera y por lo menos 5 prikmales.- esta vez Donatra parecía mas decidida.- No tendremos otra opción más que reforzar nuestra posición militar ante la amenaza de los klingon.-

Las antenas del almirante andoriano Thea se tensaron, reflejando la posición de todo el Alto Mando ante las palabras de la pretor romulana. Era una situación crítica que podría llevar a la guerra, y ninguna de las fuerzas estaba capacitada como para enfrentarse entre sí, por lo menos no después de las enormes bajas que todos habían sufrido luego de la Guerra del Dominio.

- No olvide, - intervino el Benzita Brmpo.- que la tripulación ha sido acusada de traición al Imperio. Los astilleros de Lupasa han sido destruidos, y son un punto estratégico de los klingon. Es imprescindible que esta situación deba aclararse por las vías diplomáticas antes de que cualquier acción bélica sea tomada en cuenta.- el Benzita inhaló fuertemente el gas que emanaba su respirador.

- El Imperio Estelar Romulano no confía tanto como ustedes en los beneficios de la diplomacia. Por lo menos no en lo que respecta a los klingon. Pero debido a que un tratado nos vincula a la Federación, estamos dispuestos a esperar hasta que ustedes intenten resolver la situación a su manera. Estaremos a la espera de sus resultados para intervenir cuando sea necesario con todas nuestras fuerzas.- dijo severamente la Pretor Donatra.

La comunicación con Romulus se dio por terminada y el símbolo del halcón Imperial ocupó la pantalla. El silencio cubría la cámara del Alto Mando de la Flota. Habían logrado posponer el avance de la flota romulana, sin embargo, sabían que con la poca información que tenían sería muy difícil evitar que la tripulación de la Asimov fuera encarcelada y su mercancía confiscada. La guerra se cernía otra vez sobre el Cuadrante Alfa.

Cuarta Parte: La Asimov no se da por vencida

Vreel Lexx tomó la cabeza de Elina Vek y ajustó la venda que cubría su frente. Estaba sangrando mucho y parecía estar delirando. El golpe que se había dado en la frente era profundo, y no estaba cicatrizando. Estaban en una celda comunal, con la mayoría de la tripulación de la nave, aunque en realidad parecía más una bahía de carga, modificada para albergar a todos estos prisioneros. Por alguna razón, los Romulanos habían sido separados, al igual que la capitán Jefferson y el doctor Castillo. Era una lástima, porque los servicios del doctor eran realmente necesarios. Casi todos los tripulantes tenían alguna herida, y los klingon no ayudaban demasiado. Mel Varad se acercó y, con preocupación, le preguntó al Comandante sobre la situación de la Alférez Vek. A pesar de que no se llevaba muy bien con su compañera de habitación, en ningún momento el alférez Mel le habría deseado la muerte. Sabía que era una buena oficial, y lamentaría su pérdida.

En una esquina, Eneas Hayes y el teniente Moss ya estaban planeando el escape. Con una pequeña pieza de metal habían logrado sacar un panel de la pared, y el Ingeniero intentaba ahora sobrecargar los circuitos para bajar el campo de energía que rodeaba la celda. Mientras tanto, Hayes vigilaba mentalmente el pasillo, tratando de prevenir la llegada de algún guardia. Sin embargo, los esfuerzos de Moss eran en vano. Los circuitos estaban muy bien sellados, y no lograría más que llamar la atención de los klingon. Estaban encerrados.

Una pequeña esfera rojiza recorría los pasillos de la U.S.S. Asimov. Era el Embajador Aldouz, que por fin había logrado encontrar su vieja nave. El carguero galamite lo había alcanzado hasta las fronteras el sistema Lupasa, donde una barrera de naves klingon les cerró el paso. Al parecer, algo grave había ocurrido allí y el sistema estaba vedado. De allí en más, Aldouz recorrió el camino solo.

Un par de guardias klingon avanzaron por el pasillo de la nave, por lo que el Embajador tuvo que esconderse rápidamente en una de las habitaciones. Para su sorpresa, era la oficina de Eneas Hayes, desde donde el paranoico betazoide controlaba todo lo que sucedía en la nave. El embajador Aldouz elogió su buena suerte, había llegado al lugar indicado. Con velocidad ingresó en la computadora y examinó los datos de las últimas horas. Descubrió con asombro como D´Raen había saboteado los sistemas para dejarlo varado y robar la nave. Pudo ver también su escape y su horrible vuelo kamikaze contra el astillero de Lupasa. Comprendió entonces la reacción klingon ante ese terrible ataque. Sin embargo, era evidente que la tripulación de la Asimov, incluso M´Rel, habían hecho lo imposible para detener al traidor. Esas pruebas debían llegar al Canciller del Imperio klingon y tal vez podría cambiarse el curso de la situación.

En ese momento, Aldouz pudo sentir como la Asimov comenzaba a moverse. Con velocidad, grabó en su mente los datos que incriminaban a D´Raen y volvió a salir al espacio exterior. Desde allí, pudo ver como la enorme IKS Azetbur arrastraba con el rayo tractor a la Asimov. Al parecer, eran llevados hacia su condena. Aldouz debía hacer algo de inmediato.

Quinta Parte: los Dioses y sus súbditos

La Pretor Donatra observaba la pantalla enfrente suyo. Era el mapa de la frontera entre los romulanos y los klingons. Era una frontera extensa, que había sido establecida luego de duras batallas entre ambos poderes. Durante años, esa frontera había sido respetada por ambos bandos, sin que ninguno se arriesgase a un enfrentamiento. Sin embargo, ahora esa frontera podría convertirse en un nuevo frente de batalla. Donatra sabía que las fuerzas romulanas estaban debilitadas. La intervención en la Guerra del Dominio, aunque tardía, les había provocados serias bajas entre sus fuerzas. Los capitanes experimentados eran pocos, y el número de naves hacía recordar con nostalgia mejores tiempos del Imperio. Sin embargo, ni ella ni ningún senador estaría dispuesta a que los klingon tengan el poder de los prikmales. M´Rel le había estado informando durante los últimos tiempos sobre la capacidad de estos elementos originales y sabía que los klingon los utilizarían solamente para la conquista. Y no quedaban dudas de que el primer objetivo serían sus eternos enemigos Romulanos.

- Debemos reforzar nuestra posición en la frontera Pretor.- murmuró Zek´kinar, con una voz suave y seductora, como si sus palabras no incitaran a la guerra.- Las maniobras dilatorias de la Federación solo nos pondrán en una situación de mayor debilidad ante sus “amigos” klingon. En estas condiciones, los klingon podrían invadir los sistemas fronterizos Nilio y Etipieus sin que pudiéramos hacer nada al respecto.-

El centurión Zek´Kinar pensó que sería sencillo convencer a Donatra. El cargo que ocupaba superaba ampliamente sus capacidades, y era obvio que había llegado hasta allí solamente gracias a la crisis institucional que había sufrido el Imperio. Pero tal vez alguien más le opondría resistencia. Alguien como Rulamak, líder de la Guardia Imperial. El experimentado centurión observaba con odio como Zek´kinar arengaba a la Pretor. Él conocía muy bien las capacidades de la flota romulana, y dudaba sobre su posible victoria ante un ataque klingon a gran escala.

- Fuertemente recomiendo que se evite a toda costa el enfrentamiento armado. Somos mucho mas fuertes que los klingon en la arena diplomática.- exclamó Rulamak.- Mas allá de lo que el centurión Zek´kinar pretenda hacernos creer.-

El desprecio entre los líderes de las dos garras del Imperio era evidente. Solo la joven Donatra, abrumada por la responsabilidad, era quien debía decidir el futuro del Imperio. Era claro que los sistemas que mencionaba Zek´Kinar estaban desprotegidos, pero el precio que deberían pagar por protegerlos sería tal vez la muerte de muchos más compatriotas. Sin embargo, eran ciudadanos romulanos los que habitaban esos sistemas, y no podía dejarlos a merced de un ataque klingon. El efecto sobre la moral del resto del Imperio seria devastador.

- Prepare sus mejores naves Rumalak. Es hora de defender al Imperio.- dijo Donatra, y su voz reflejó la tristeza de su alma.

Sin más órdenes que dar por el momento, la Pretor comenzó a prepararse para hablar ante el Senado. Era hora de informarle al pueblo la situación. Rumalak salió del salón sabiendo que había hecho lo posible por evitar el peor escenario. Detrás suyo, Zek´Kinar sonrió mientras caminaba entre los guardias pretorianos que custodiaban el salón de Donatra.

La computadora del primer oficial K´Bure hizo un extraño ruido al establecer la comunicación con Qo´noS, la capital del Imperio Klingon. El oficial de la Azetbur se acercó a la pantalla y pudo ver a través de ella a un obeso klingon. Era Korok, líder de la casa a la cual pertenecían Zhark y K´Bure. K´Bure lo reverenció a la distancia.

-¿Cuál es la situación K´Bure?- preguntó el miembro del Alto Concilio.

- Tenemos en nuestro poder a la tripulación de la nave, y estamos llevando la carga a su destino.- respondió K´Bure.

- No quiero que olvide sus órdenes. No debe quedar ninguno vivo. Son colaboradores de los romulanos y eso los hace enemigos del Imperio.- Korok hizo un extraño ruido mientras masticaba.- La carga de la Asimov debe por otra parte, llegar hasta aquí intacta. Su poder llevará a los klingon al lugar que se merecen hace siglos. Debe hacer lo que sea necesario para que estas órdenes se cumplan. ¡Qaplá!.-

La comunicación con la Azetbur se cortó y el enorme klingon Korok se relajó sobre la silla, distribuyendo sus decenas de kilos uniformemente. Con una sonrisa, tomo el gagh de su plato y lo mató al primer mordisco.

 Era un buen momento para festejar. En una pequeña repisa de la sala, la pequeña escultura de Kahless luchando con su hermano parecía observar toda la situación.

Sexta Parte: Beneficiados y Perjudicados

El Embajador Aldouz volaba ahora entre los pasillos oscuros de la Azetbur, evadiendo a toda costa los numerosos klingons que los transitaban. Sabía que en las mazmorras de esa nave deberían estar los tripulantes de la Asimov. Los oficiales Klingon iban y venía, y pudo escuchar como uno de ellos protestaba porque debería ir a cubrir la guardia con los prisioneros humanos. Sin dudarlo, Aldouz siguió al joven klingon y llegó finalmente a la prisión. Pudo ver con terror como la capitana y Sebastián Castillo estaban encerrados en una tenebrosa celda. Sin que aun pudieran detectarlo los carceleros, Aldouz ingresó en la computadora de la Azetbur. Los circuitos y comandos no diferían mucho de la Asimov, y fue fácil para el iconiano provocar una fuerte descarga sobre el klingon encargado de los campos de seguridad de las celdas. Rápidamente, el joven klingon recién llegado corrió a ayudar a su compañero electrocutado. El Embajador iconiano entonces dejó la computadora y se materializó junto al joven, tomando la forma del enorme klingon K´Bure. De un certero golpe en la nuca, el joven carcelero quedó inconsciente. Aldouz se mantuvo en su nueva forma klingon e ingresó los comandos en la computadora, dejando a Castillo y a Jefferson en libertad.

Los oficiales de la Federación no entendían lo que estaban viendo. De repente, K´Bure se había puesto en su favor.

- Supongo que estaban esperando que llegara para empezar la fiesta, jovencitos. ¿Les parece bien dejar a un viejo como yo varado en un planeta aburrido?- las palabras de Aldouz parecían aun más extrañas saliendo del cuerpo de K´Bure.

- Es un gusto volver a verlo embajador, creía que íbamos a terminar excavando dilithium por el resto de nuestras vidas.- exclamó la capitana mientras dejaba la celda.

Sebastián Castillo se agachó a recoger uno de los rifles disruptores que los carceleros llevaban consigo cuando Brittany Jefferson lo detuvo.

- Es nuestra obligación que los klingon vuelvan a confiar en nosotros. No creo que comenzar a disparar dentro de su nave sea la mejor manera de conseguirlo.-

- Pero capitán...- protestó Castillo, ansioso por ver el estado en que se encontraban sus pacientes.

- Nuestra misión es encontrar a Zhark y convencerlo de nuestra inocencia.-

- Bueno, entonces supongo que esto les servirá- exclamó Aldouz.

El iconiano vestido de Klingon tomó un pequeño pad y comenzó a ingresar a una velocidad extraordinaria miles de datos. Segundos después. la capitán pudo ver las imágenes del registro de la Asimov, que incriminaban seriamente a D´Raen.

- Esto es justo lo que necesitamos. Tenemos que encontrar a Zhark.-

Vreel Lexx caminaba nerviosamente por la bahía de carga que hacia las veces de celda. Odiaba estar encerrado, y la moral de la tripulación estaba por el suelo. Incluso Moss, que desde el primer momento había estado intentando buscar la manera de escapar junto con Hayes, parecía estar ahora derrotado. El agua escaseaba, y la comida no era más que un recuerdo. Mel Varad ahora cuidaba a su compañera de cuarto. Al ver esa actitud del joven bajorano, el comandante volvió a tener una luz de esperanza. La federación se caracterizaba por la confianza y la buena voluntad, y estaba seguro que de alguna manera triunfarían sobre la injusticia que los tenía encerrados. Sin embargo, la salud de muchos de ellos empeoraba. Si la Federación triunfaría, sería mejor que lo hiciera más rápido.

La situación no era mucho mejor unas cuantas cubiertas más arriba. La sala de torturas estaba ocupada por los seis Romulanos, y los klingon no les habían entregado no agua ni comida en todo ese tiempo. Pero estaban acostumbrados a resistir esa clase de trato. Habían sido entrenados en la mayor rigidez, y no serían amedrentados fácilmente. La comandante M´Rel había sido duramente golpeada. K´Bure había aprovechado la situación para cobrarse un par de deudas con sus antiguos enemigos de sangre verde. M´Rel sin embargo, soportaba todas las agresiones con orgullo. Si algo podía hacer aún, era evitar que los klingon la vieran quebrarse.

Séptima parte: El Honor de un viejo Klingon

El K´Bure iconiano caminaba con seriedad por la Azetbur, saludando a sus supuestos subalternos al pasar. Llevaba consigo a los dos prisioneros humanos, esposados por la espalda. Su objetivo era el puente, pero más de una vez tomó una curva equivocada y debió corregir su camino. El Embajador no estaba familiarizado con la Azetbur y, por más que había visto los diseños dentro de la computadora, no estaba seguro sobre el camino que los llevaría hasta el puente. Sin embargo, luego de un par de errores llegaron hasta la cubierta 02. Con previsión, oprimieron el intercomunicador de la nave y llamaron al primer oficial K´Bure hacia Ingeniería. No podían correr el riesgo de encontrarse con el peligroso klingon en el puente. Una vez seguros de que K´Bure había bajado a Ingeniería, Aldouz, Jefferson y Castillo subieron hacia la cubierta 01, el puente.

Allí, la atmósfera estaba aun mas viciada que en las mazmorras. El fuerte olor de los klingon impregnaba toda la sala, y la poca luz volvía al puente aún más tenebroso. En la pantalla podía verse a la Asimov siendo arrastrada por el rayo tractor. La sección del platillo de la nave estaba seriamente dañado, e incluso podía verse el agujero que D´Raen había dejado en la bahía de carga. El General Zhark giró y se asombró al ver a su primer oficial con los prisioneros humanos.

- ¿Qué es esto K´Bure?- preguntó

- Será mejor que lo hablemos en privado señor.-

Una vez en el cuarto del general, el embajador Aldouz recuperó su forma original y liberó a los prisioneros, ante el asombro de Zhark. Sin que el klingon pudiera reaccionar, Aldouz se abalanzó sobre él, impidiendo que llame a los guardias. Ahora debía escuchar.

Castillo se adelantó y comenzó a hablarle a su viejo amigo.

- Zhark, nos conocemos hace años y sabes que no te mentiría. Salvaste mi vida y te debo por eso. Debes escucharnos, nosotros no somos los culpables de esta masacre. Como bien sabes, parte de nuestra tripulación es romulana. Muchos de ellos son buenos oficiales, pero hay uno que no dudó en traicionarnos a la primera oportunidad que tuvo, y estamos pagando el precio por ello. Si aún queda algo de confianza hacia mí, después de todos estos años de amistad, solo observa las imágenes de este pad.- el doctor le alcanzó las pruebas al viejo general.

Las imágenes del sabotaje de D´Raen se sucedieron ante los ojos de Zhark, que no podía creer lo que veía. La tripulación había sido superada por un solo hombre con el poder de uno de los prikmales. Era algo realmente increíble.

- ¿Nos cree entonces general? Debemos impedir todo este proceso.- dijo Jefferson

- Parece ser verdad todo lo que dicen, pero por más que yo quisiera, no estaría en condiciones de dejar en libertad a aquellos que están acusados de traicionar al Imperio. Simplemente esta fuera de mi alcance.- se lamentó Zhark.

- ¡Pero entonces llévenos con quien sea capaz de revertir este error!- exclamó la capitán casi desesperada.

- Nuestras órdenes son claras y directas. El Alto Concilio me ha ordenado personalmente que los lleve hasta Rura Penthe, donde los federales cumplirán su condena y los romulanos serán exterminados. No puedo contradecir al Alto Concilio. Además, hay algo aún más importante. Luego de dejar Rura Penthe, debemos llevar a los prikmales hasta el sector Klagh, en donde se reunirá una flota encargada de llevar a cabo la represalia contra el Imperio Romulano. La decisión de contraatacar ya esta tomada.-

El general Zhark era un Klingon honorable, pero atado a las costumbres arcaicas del imperio. No podía contradecir una orden de sus superiores, por más que fuera una orden injusta. Su canciller le había ordenado llevar a la Asimov hasta su destino, y eso es lo que haría, por más que eso le costase al Imperio una guerra. Solo había una salida. El viejo general miró resignado a Sebastián Castillo y le dijo:

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- En virtud de los años que hemos pasado juntos Sebastián, y de las posibles consecuencias de todo esto, estoy dispuesto a hacer una excepción. No puedo cambiar el rumbo de la Azetbur y viajar a Qo´noS, pero voy a dejar que uno de ustedes vaya hacia allí con estas pruebas y las presente ante el Alto Concilio. Yo mismo me comunicaré con el líder de mi casa y le informaré sobre esta nueva situación. Si logra llegar a salvo ante el Canciller, y restituir su honor, es muy probable que sean liberados.-

- Yo iré.- exclamó decidida Brittany Jefferson, antes de que cualquiera de los otros pudiera ofrecerse.- Es mi obligación como capitán de la Asimov y oficial de la Federación.-

- Solo hay una condición.- agregó Zhark.- El embajador iconiano deberá quedarse aquí y ocupar una celda junto a los demás. Sus poderes son más de lo que imaginé, y no confió en él.-

Al parecer, el hecho de haber sido derribado había herido el orgullo del klingon, y no estaba dispuesto a hacer las mismas concesiones con el iconiano que con los humanos. Un klingon nunca perdona y nunca olvida su orgullo de guerrero herido.

Octava Parte: La sangre púrpura

La pequeña nave dejó la Azetbur bajo las órdenes del General Zhark. Llevaba consigo la información necesaria para evitar que los tripulantes de la Asimov fueran enjuiciados injustamente. El camino a Qo´noS era largo, pero Brittany Jefferson tenía la esperanza de llegar a tiempo para evitar lo peor.

A millones de kilómetros de distancia, una gran flota de naves romulanas avanzaban hacia los sistemas Nilio y Etipieus. Los oficiales estaban dispuestos a defender su territorio hasta morir, sin importar cuan fuerte fuera el enemigo. Solo a un par de años luz de distancia, cruzando la frontera, estaba el sector Klagh. Por el momento, había poca presencia klingon en el sector, pero unas horas mas tarde, estaría infestado con naves llenas de guerreros sedientos de sangre verde. Muchos de ellos recordaban la traición de Khitomer, y esta nueva herida en su orgullo era imperdonable. Ambos bandos sabían que la batalla sería dura, pero estaban dispuestos a pelearla. Y el motivo de los dos era legítimo.

El oficial K´Bure ingresó furioso en el puente de la Azetbur. Había descubierto que la capitán de la Asimov había dejado la nave, y no podía creerlo.

- Jefferson abandonó la nave. ¡Debemos ir tras ella!- gruñó el enorme klingon.

- Nuestras órdenes son otras K´Bure, debemos llevar los prisioneros a Rura Penthe.-

- ¡Pero ella es la responsable de todo esto, no podemos dejarla escapar! ¡Korok no lo toleraría!- el oficial golpeó con fuerza el panel que tenía frente suyo.

El general Zhark se levantó de su silla y se acercó a su subalterno.

- ¿Cree usted que yo no se lo que es mejor para el Imperio?- exclamó Zhark.- Le sorprendería saber lo equivocado que esta K´Bure. Además, soy el que esta al mando y quien toma las decisiones en esta nave. ¿Esta claro?-

Los dos oficiales klingon estaban frente a frente, mirándose con la furia de los guerreros.

- No esta nada claro. Usted no es más que un cobarde.- dijo K´Bure.

Ambos oficiales comprendieron que el combate era inevitable. Nadie llama a un klingon cobarde sin ganarse una pelea a muerte. Zhark tomó el d´k´tagh de su cinturón y K´Bure hizo lo mismo. Los oficiales observaron todo con atención, pues de ese combate cuerpo a cuerpo surgiría su siguiente comandante. Zhark avanzó ágilmente con su daga, cortando el aire a su paso, pero K´Bure era también muy rápido, y logró esquivarlo. Los ojos de ambos emanaban fuego y odio, pero ambos sonreían. Su honor estaba en disputa, y la batalla por el honor es el combustible que mantiene los corazones de un Klingon funcionando. K´Bure se abalanzó con todo su peso sobre Zhark, quien tuvo que usar toda su fuerza para evitar el golpe directo del joven oficial. Mientras lo esquivaba, Zhark giró el d´k´tagh en su mano y la clavó sobre el omoplato de su enemigo. K´Bure apenas soltó un quejido. Estaba acostumbrado a las heridas. El viejo general Zhark tenía muchas peleas detrás suyo, y no sería vencido fácilmente por un principiante como K´Bure. Sin embargo, el primer oficial era realmente muy fuerte, incluso para un klingon. Sus músculos se movían con rapidez y podía verse en sus ojos las ansias de sangre. Una y otra vez K´Bure avanzó sobre Zhark, y el general lograba evitar sus puñaladas. Pero ya estaba viejo, y el cansancio lo invadía. Los golpes que K´Bure había conseguido darle se sentían con fuerza y no estaba seguro si lograría resistir mucho más. Pero tampoco le importaba. Su honor valía más que su vida y estaba dispuesto a demostrarlo. En un último intento de contraataque, el viejo general se arrojó con todas sus fuerzas sobre K´Bure, quien usó su daga como protección y derribó a Zhark. En el piso, el General estaba indefenso y golpeado. Sin la menor piedad, K´Bure clavó su d´k´tagh en el pecho de Zhark, en el único punto vulnerable del esqueleto klingon. La sangre púrpura manchó las manos y la cara de K´Bure. La escena era espeluznante, el joven klingon parecía otra vez un lobo al fin asesinando a su presa prometida, y mostraba sus dientes manchados de sangre púrpura, feliz por la cacería. El general Zhark finalmente estaba muerto. Con solemnidad, todos los oficiales del puente, incluyendo a K´Bure, rodearon el cuerpo del viejo klingon, y en un único aullido de lamento acompañaron su alma hacia Sto-Vo-Kor.

Sin perder más tiempo, K´Bure eligió a dos de sus mejores oficiales y tomó un trasbordador similar al que había tomado media hora antes la capitán Jefferson. Rápidamente dejaron la Azetbur, que siguió camino hacia Rura Penthe. Ahora el lobo tenía una nueva presa, y con el mismo odio que había demostrado mientras asesinaba a su superior, K´Bure fijo el rumbo y prometió:

- Por el Imperio y por la casa de Korok, esa mujer no llegará viva a Qo´noS.-

Continuará…

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- Por el Imperio y por la casa de Korok, esa mujer no llegará viva a Qo´noS.-

Continuará…