“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.”

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

El Escorpión

Escrito por Marplanauta.

Primera Parte: Reunión en el medio del mar

La lluvia caía torrencialmente en Goratra 5. Era una lluvia constante y fuerte, que impedía a cualquier nave una visión más allá de un kilómetro. Goratra estaba cubierto en casi su totalidad por un océano de un líquido casi igual al agua. Criaturas de enorme tamaño vivían en el interior de sus océanos, acostumbradas a no recibir luz solar debido a las eternas nubes que cubrían la atmósfera. En el ecuador del planeta, donde el clima era un poco menos adverso, una línea de plataformas de excavación atravesaban el océano. Eran excavadores de combustible líquido, una forma de energía que la Federación había dejado atrás muchos años antes. Sin embargo, los habitantes del planeta cercano Goratra 2 aún la utilizaban. Durante esa etapa del año, los goratranos permanecían en estado de hibernación, por lo que la línea de plataformas estaba virtualmente abandonada hasta el verano.

Era allí donde se había reunido esta vez la Conspiración de los Dioses. Morgouz Gorgoroth había llegado con dificultad, tratando de evadir los puestos de la Flota Estelar, que no dudarían en detenerlo a simple vista. Su nave clase Tanthor no era muy fácil de ocultar, aunque gracias al dispositivo de camuflaje que había obtenido de Oloap, le resultaba un poco mas sencillo escabullirse por el Cuadrante. La esbelta figura de Zeus se recortaba delante de una de las ventanas que daban al exterior. Morgouz se preguntó si tal vez aquella persona se había puesto el nombre de un dios masculino para que parezca más fuerte su posición. Zeus era una mujer, hermosa por cierto, pero a pesar de su apariencia frágil, Morgouz no querría tenerla de enemiga. Junto a ella estaba Surak, mirando también pensativamente el horizonte. Ambos eran un eje fuerte dentro de la Conspiración. Mas allá de lo que Kahless, el Profeta o él pensaran, las verdaderas decisiones eran tomadas por ellos dos. Mientras Morgouz los miraba, Zeus giró sobre sus talones y dijo:

- Es hora de comenzar la reunión. No hay más tiempo que perder. Es inevitable que redoblemos los esfuerzos para obtener los prikmales que tienen en la Asimov y la información del embajador iconiano. Sin ello, nuestra misión no tendrá sentido.-

- Al parecer, el alto mando de la Flota Estelar le da todo su apoyo a la misión.- continuó Surak.- Pero no creo que los otros poderes estén tan de acuerdo. Tengo infiltrados en lo mas alto del Tal Shiar romulano. Me informan que el senado no esta muy conforme con el hecho de trabajar junto a la Federación y que preferirían que esta investigación se realice por su cuenta. De más esta decir que mis operativos responden directamente a mis órdenes.-

Junto a Surak, un transmisor holográfico subespacial proyectaba dificultosamente la imagen de un enorme klingon obeso. La imagen era borrosa y fluctuaba cada vez que un rayo iluminaba el cielo de Goratra 5. Era evidente que la distancia y las múltiples medidas de seguridad complicaban la transmisión.

- El Imperio tampoco ve con buenos ojos esta situación.- agregó Kahless.- Me he ocupado de que la mayoría del alto consejo sospeche de la relación cercana entre la Federación y el Imperio Estelar Romulano. Sin embargo, el Canciller Kallon es un hueso duro de roer y no tomará ninguna decisión a la ligera.-

- Entonces es necesario que nosotros lo ayudemos a tomar esa decisión.- intervino el Profeta, un misterioso bajorano que pocas veces tomaba la palabra.

En ese instante, un rayo iluminó la habitación, dejando al descubierto los rostros de cada uno de los Dioses, que se miraron fijamente. Ninguno podía confiar plenamente en el otro, pero estaban juntos en este asunto y conseguirían su objetivo a cualquier costo.

Segunda Parte: la jungla

Brittany Jefferson se ocultó detrás de un pequeño arbusto y apretó el rifle phaser junto a su pecho. Estaba exhausta y cubierta de barro. Junto a ella, Eneas Hayes escrudiñaba los alrededores. Estaban en una frondosa jungla tropical donde el sol apenas podía escabullirse entre las enormes hojas de los árboles. Los gritos de animales extraños le daban a la atmósfera un aire más tenebroso aún.

- Creo sentir su presencia cinco metros a la derecha.- susurró el betazoide.

- Silencio Eneas, sabes que eso ya lo sabía.- respondió la capitán.

Jefferson y Eneas Hayes se conocían hace por lo menos 5 años, desde que el teniente comandante había sido asignado a la USS Hope, luego de su ascenso por la defensa de Betazed. Durante su servicio en la Hope, el teniente Hayes había aprendido a respetar a la capitán Jefferson. Era una mujer dura y directa. El betazoide comprobaba cada vez que conversaban que era tremendamente honesta, y llevaba esa honestidad hasta las últimas consecuencias. Hasta el momento, esa parecía haber sido una buena estrategia.

Brittany Jefferson le hizo una señal a Hayes y ambos giraron rápidamente. De un salto, Hayes cubrió los tres metros que lo separaban de un enorme tronco de árbol, donde volvió a cubrirse. Disparos de phaser acompañaron su trayecto, y Hayes no tardó en responderlos. Mientras, la capitán rodó hacia una roca cubierta de musgo, desde donde tenía un blanco directo. Los disparos de phaser iban y venían, pero la capitana estaba dispuesta a terminar con todo en ese instante. Aprovechando la distracción que el señor Hayes conseguía con su gran puntería, Jefferson se incorporó de un salto y disparo a las ramas superiores que cubrían a sus enemigos. El árbol crujió y una enorme rama cayó sobre uno de ellos. Antes de que pudiera reaccionar, Brittany Jefferson saltó desde su ubicación y tomo por detrás al enemigo que restaba, apoyando una amenazante daga en su cuello.

- Supongo que este es el fin.- susurró Jefferson.

La comandante M´Rel apenas podía mover su cabeza.

- Supone bien capitán, pero no olvide que yo aún tengo un phaser al máximo apuntándole.- dijo la romulana, mientras apuntaba con su arma a la pierna de la capitán.

- Deberé recordar eso la próxima vez.- dijo sonriendo mientras dejaba en libertad a M´Rel.- Computadora, termine programa.-

De repente, la selva entera desapareció, dejando al descubierto a Eneas Hayes, que aún estaba detrás de aquel árbol, y al subcomandante D´Raen, que se levantó rápidamente del suelo.

- Han sido unos buenos contrincantes.- opinó Hayes.

- Debo decir que estos entrenamientos me están siendo muy útiles.- agregó la capitán mientras dejaban la holocubierta, dejando manchas de barro a su paso.

- Aun esta por aclararse quien ganó, yo aún estaba en condiciones de derribarlos.- gruñó el subcomandante D´Raen, en camino al turboascensor.

- La cita se mantiene para la próxima semana capitán.- agregó M´Rel- Pero aún no entiendo como estos entrenamientos pueden ser efectivos si mantienen encendidos los protocolos de seguridad.-

Jefferson sonrió ante el comentario de la oficial mientras tomaba el turboascensor hacia sus habitaciones. Mientras tanto, la Asimov surcaba el espacio que los separaba del Imperio Klingon. Unos meses antes, la Asimov había pedido permiso para ingresar en el espacio klingon en busca de un prikmal en el sector de Praxia. Sin embargo, había habido muchas oposiciones dentro del alto consejo acerca del ingreso de romulanos en su territorio. La enemistad entre klingons y romulanos llevaba siglos, y era mas fuerte que cualquier influencia que Brittany Jefferson, el embajador Aldouz o el almirante Setlek pudieran tener. Finalmente y a regañadientes, el Alto Concilio había accedido al ingreso de la Asimov, pero bajo la estricta condición de que serían acompañados por un Crucero Vor´cha durante todo el trayecto. Afortunadamente para la Asimov, al mando de su escolta estaba el general Zhark.

Tercera Parte: Cortesía en Klingon

En una de sus primeras misiones, la Asimov había tenido que rescatar al doctor Castillo de un planeta con altos niveles de radiación. Fue gracias a la intervención del entonces capitán Zhark que habían logrado rescatarlo. Zhark era un klingon sumamente honorable y respetado. Era miembro de la importante casa de Korok, que según habían oído, había sido la que mas se había opuesto al ingreso de romulanos al territorio klingon. Al parecer, Korok, había sido uno de los sobrevivientes de la masacre de Khitomer, y su odio a los romulanos no había hecho más que crecer desde entonces. Sin embargo, de momento, el nuevo canciller Kallon no quería causar un conflicto, por lo que había servido de apoyo a la misión de la Asimov.

La capitán ingresó en el puente de su nave y alisó su uniforme mientras pedía un reporte. Como había ordenado, una taza de humeante café la esperaba junto a la silla del capitán. A la izquierda, como de costumbre, estaba sentada M´Rel, y a la derecha, el comandante Lexx.

- Estamos en las coordenadas que nos indicaron capitán, y la IKS Azetbur acaba de llegar.- informó Mel Varad.

- Comuníqueme.- dijo la capitán. Segundos después estaba hablando con Zhark.

- Zhark, hijo de Garl´n, de la casa de Korok, la saluda en nombre del Imperio, capitán Jefferson. Es un honor volver a encontrarla. Espero que su misión sea un éxito, así tendremos una buena excusa para compartir historias mientras bebemos un poco de vino de sangre.-

El comandante Vreel Lexx sonrió, anticipando ya ese momento.

- Muchas gracias general Zhark, le tomo esa promesa.- respondió Jefferson

- A propósito capitán, me gustaría poder hablar en el camino con mi viejo amigo Sebastián Castillo. Supongo que no será una molestia.-

- Por supuesto que no general, las puertas de mi nave están abiertas.-

La comandante M´Rel levantó la ceja, ante la proposición de la capitán, mientras el rostro cubierto de cicatrices del enorme Klingon desaparecía de la pantalla.

En la IKS Azetbur no todo era tan amigable. El calor era bastante intenso y las luces en cambio apenas iluminaban sectores esenciales. Pero esa era la manera klingon de hacer las cosas. Apenas se cortó la comunicación, un musculoso oficial avanzó sobre el general Zhark, sentado en el centro del puente.

- ¡Romulanos!- gruño el oficial.- ¡Estamos ayudando a los romulanos!-

- ¡Silencio K´Bure!- gritó Zhark.- ¡Ya hemos tenido esta discusión!-

- Pero no puedo entender como debemos ser tan amigables con esos sangre verde sin honor.- y mientras dijo esto, dio un puñetazo contra el panel que tenía enfrente suyo.

- Son las órdenes del alto consejo, y esas órdenes debemos cumplir.-

El primer oficial K´Bure no estaba en absoluto conforme con esas órdenes, y sabía que el líder de su casa tampoco lo estaba. Envuelto en furia se levantó y dejo el puente, mientras la nave escoltaba a la Asimov hacia Praxia.

Cuarta Parte: el gran sol del horizonte

Las dos naves salieron al unísono del warp, dejando una estela de color azulado y rojizo detrás suyo. Frente a ellos, el enorme sol de Praxia los iluminaba. Con cuidado, los timoneles de las naves pusieron a las dos naves en órbita junto al pequeño planeta que giraba alrededor de la estrella. Podía verse que esa estrella estaba entrando en sus últimos miles de años de vida. Tal vez pronto se volvería una gigante roja, deglutiendo a su paso el primer planeta, y el prikmal junto con él. Afortunadamente, la Asimov y la Azetbur no corrían peligro por el momento.

El equipo de exploración junto con el embajador Aldouz se materializaron en el planeta. Llevaban los trajes ambientales y los protectores solares, ya que el planeta no poseía atmósfera y la cercanía al sol lo hacia muy peligroso. El embajador Iconiano, en cambio, caminaba junto a ellos sin preocuparse. Estaba experimentando con una nueva forma humanoide, esta vez la de un deltano, y su cabeza calva enfrentaba desafiante al sol praxiano. Elina Vek caminaba adelante, indicando el camino con su tricoder. Detrás suyo, el subcomandante D´Raen examinaba el territorio, y por último, M´Rel y Vreel Lexx completaban el equipo. Pocos minutos después, el tricoder detectó el origen de las señales del prikmal. Estaba unos metros bajo tierra, por lo que D´Raen armó la excavadora y comenzaron a extraer de las entrañas de Praxia el elemento original. Aldouz observaba todo cuidadosamente. El proceso de obtener el prikmal debía realizarse con sumo cuidado para evitar que fuera dañado. Si sus cálculos eran correctos, el prikmal que obtendrían era uno de los más poderosos, con capacidad de modificar el continuo espacio-tiempo si se deseaba.

Afortunadamente, la extracción fue exitosa, y poco después, D´Raen tenía en sus manos el nuevo prikmal. Su brillo verdoso estaba opacado por los restos de arcilla del planeta, pero podía verse que estaba en muy buen estado. Todo marchaba sobre ruedas.

Sin perder más tiempo, el equipo se comunicó con la Asimov y se preparó para transportarse, mientras observaban por última vez, a través del filtro del casco, la enorme estrella Praxia cubriendo casi todo el horizonte. El haz del rayo transportador cambió el panorama que tenían frente a ellos, y un segundo después estaban otra vez en la nave, a kilómetros de distancia. Pero algo andaba mal.

- Alférez Muñoz, ¿Dónde esta el subcomandante D´Raen? ¿Dónde esta el embajador Aldouz? ¿Dónde esta el prikmal?- preguntó Eneas Hayes desesperado.

Quinta Parte: la acción

El embajador Aldouz giró su calva cabeza y vio que a su alrededor no había nadie. Frente a él, el sol de Praxia aun iluminaba el planeta y el desierto se extendía hasta el horizonte. Evidentemente había habido algún problema de transportación. Intentó comunicarse con la nave, pero al buscar su comunicador en el pecho notó que ya no estaba. Al parecer, había sido filtrado en la fallida transportación. Eran demasiadas coincidencias juntas. Sin dudarlo volvió a su estado original, una pequeña esfera luminosa, y emprendió a la mayor velocidad posible el camino de regreso a la Asimov. A esa velocidad, le tomaría por lo menos 5 minutos alcanzar la nave en órbita.

El subcomandante D´Raen tenía entre sus manos el poderoso prikmal, pero en realidad mucho no le importaba. Había logrado a medias su misión y todavía faltaba la mitad más importante. El programa que había insertado en el transportador había funcionado correctamente y había redirigido su rayo hasta Ingeniería, a la vez que había dejado al peligroso embajador iconiano a una distancia prudencial. Antes de que el ingeniero boliano pudiera reaccionar, D´Raen le disparó directamente al pecho, dejándolo inconsciente. Mientas tanto, el jefe de seguridad de la nave, Eneas Hayes, se comunicó con la capitán Jefferson informándole lo sucedido. Al parecer, el embajador no había sido transportado a la nave, y según la computadora, D´Raen estaba en Ingeniería y no respondía a los llamados. La computadora también había detectado disparos de phaser allí. En ese instante, la capitán recordó la habilidad de D´Raen en sus maniobras de entrenamiento y sabía que en Ingeniería no serían capaces de detenerlo. Sin dudarlo más, comenzó a ingresar datos en la computadora en el brazo de su silla. Estaba intentando encriptar la computadora central para evitar que fuera accedida desde Ingeniería...pero ya era demasiado tarde. En un instante, D´Raen, entrenado por los mejores maestros del Tal Shiar, había logrado reducir a los oficiales y acceder a la computadora central.

Durante esos meses en la Asimov, el subcomandante D´Raen había estado planeando este gran golpe. El Tal Shiar, o por lo menos algunos de sus directivos, le habían proporcionado programas capaces de anular los comandos del puente en un instante. Estando en Ingeniería, conseguir el control total de los motores de la nave no fue difícil. Su verdadero jefe no era M´Rel, ni el Pretor, ni siquiera T´San, el líder del Tal Shiar. D´Raen respondía directamente a Zek´Kinar, la mano derecha de T´San, cualquiera sean sus verdaderas intenciones. Y aunque D´raen no lo sabía, Zek´kinar era un espía de Surak. Ahora, sus órdenes eran claras y precisas, y estaba dispuesto a cumplirlas.

El teniente comandante Eneas Hayes corrió junto a su equipo de oficiales a través de los pasillos de la nave hacia Ingeniería. Aun no estaba seguro de lo que estaba sucediendo, pero tenía la sospecha de que no era nada bueno. Desde el primer momento le había disgustado la idea de tener oficiales romulanos dentro de la Asimov, pero el Alto Mando de la Flota le había ordenado respetarlos por el bien de la misión, y eso había hecho todo ese tiempo. Pero no por eso dejaría de lado sus obligaciones como jefe de seguridad. Durante el último mes, a raíz de las sospechas de la capitana sobre un infiltrado en la nave, había redoblado su control sobre los oficiales romulanos. Sin embargo, no había sospechado que el culpable era D´Raen. Era increíble la capacidad que tenía para ocultar sus verdaderas intenciones. En ese momento, Eneas Hayes supo que el Tal Shiar estaba detrás de esto, solo ellos podrían entrenar a alguien tan eficazmente. Llegó finalmente a la puerta de Ingeniería y su primer impulso fue intentar abrirla, a pesar de que ya sabía que no podría. Obviamente D´Raen había sellado todos los ingresos a esa sección. Estaba a punto de disparar contra la puerta cuando sintió el inconfundible sonido de los motores entrando en warp. Estaban yéndose de Praxia.

Sexta Parte: la reacción

En el IKS Azetbur, la confusión era casi tan grande como en la Asimov. De repente, la nave que custodiaban había entrado en warp y no respondía a sus llamados. El general Zhark no entendía lo que estaba sucediendo, pero K´Bure no dejaba de dar sus apreciaciones al respecto.

- ¡Sabía que no podíamos confiar en esos malditos romulanos!-

- No es una nave romulana la que estamos persiguiendo K´Bure, es una nave de la Federación, y no necesito recordarle que son nuestros aliados. ¡Le debo mi vida a un oficial de esa nave!- gritó el general Zhark.

- Siempre donde hay romulanos es de esperarse una traición.- respondió K´Bure, una frase que en el idioma Klingon sonó muy parecido a un gruñido de odio.

La IKS Azetbur intentaba una y otra vez comunicarse con la Asimov, sin que la nave de la Federación respondiese. Al general Zhark no le quedaban muchas opciones.

- Disparen phasers a sus motores.- ordenó

La clase Vor´cha se abalanzó sobre la nave federal y disparó contra sus turbinas warp.

En comparación, la Asimov parecía mucho más pequeña que la Azetbur. Las maniobras evasivas fueron rápidas, pero no lograron evitar los disparos. A pesar de ello, siguió avanzando rápidamente a través del espacio klingon. Si esa situación continuaba así, el general Zhark debería destruir la nave, o enfrentar en cambio un motín dentro de la suya.

Mientras tanto, aún en Praxia, el embajador Aldouz estaba sumamente desconcertado. En un segundo, todo lo que había obtenido en esos meses se había esfumado. La Asimov lo había dejado varado en un planeta olvidado del Imperio Klingon. Debía haber una explicación para todo eso, pero el no se quedaría allí para buscarla. La pequeña esfera roja dejó el planeta, en busca de algún transporte warp que lo lleve tras el camino de la Asimov.

La Asimov se movía de un lado hacia otro, intentando esquivar los disparos de la Azetbur. Mientras, en su interior, Eneas Hayes estaba llevando a cabo uno de sus planes de eventualidad. La computadora de su habitación se abastecía de una central independiente, por lo que, utilizando los comandos correctos, podría llegar a tener acceso a los transportadores de los runabout en la bahía de carga, desde donde podría redirigir el rayo hacia Ingeniería. Era una maniobra sumamente peligrosa, pero las otras opciones eran que D´Raen consiguiera su objetivo o que la Azetbur terminase destruyéndolos.

En el puente, la confusión no era menor. Elina Vek intentaba comunicarse con la Azetbur, mientras que Mel Varad trataba desesperadamente de recuperar el timón. Brittany Jefferson había enviado a sus oficiales de seguridad a detener a todos los romulanos en la nave. En esa situación, cualquier signo de confianza que podría haberse desarrollado en ese primer año de exploración mutua parecía haberse esfumado. Por un instante, la capitán recordó la vieja fábula del escorpión que no era capaz de trascender su propia naturaleza asesina y se preguntó si los romulanos eran así. En ese momento, todos los oficiales del puente pudieron ver como la Asimov salía de warp y frente a ellos aparecía un enorme astillero klingon, orbitando un planeta azulado. Brittany Jefferson se horrorizó de solo imaginar que ese era el objetivo de D´Raen.

Séptima Parte: el escorpión acorralado

Eneas Hayes logró por fin obtener el acceso a la computadora de un runabout en la bahía de carga cuando vio por la ventana de su habitación el astillero klingon. En ese instante, sintió los golpes de los torpedos klingon impactando contra el escudo de la nave. Era evidente que no los dejarían permanecer allí por mucho tiempo. Debería actuar rápido o serían destruidos. Ingresó las coordenadas en la computadora, y el haz de luz del transportador remoto lo cubrió por completo, rematerializándolo en Ingeniería.

El betazoide pudo ver frente a él al subcomandante D´Raen ingresando unos datos en la computadora. Junto al romulano yacía el cuerpo inerte de Blue Moss, el ingeniero. D´Raen parecía tranquilo, como si su plan estuviese funcionando a la perfección. Pero allí estaba el betazoide para aguarle los planes. Levantó su phaser y apuntó con cuidado. No podía perder la oportunidad de dejar fuera de combate al traidor. Sin dejar que pase un segundo más disparó.

Pero en ese momento, otro haz de transportación cubrió por completo a D´Raen, llevándoselo lejos del preciso disparo de Hayes. Otra vez había logrado escabullírsele entre los dedos. Eneas se acercó a la computadora que D´Raen había estado usando y pudo ver la cuenta regresiva de la autodestrucción. Desesperado, el Teniente comandante intentó detener la secuencia, pero su fuerte definitivamente no era la computación. Abrió las puertas de Ingeniería y un equipo de ingenieros calificados ingresaron. Él por su parte debía encontrar a D´Raen, y ya sabía hacia donde se había dirigido.

Accediendo a la misma computadora, Eneas Hayes utilizó las coordenadas de D´Raen y volvió a transportarse...esta vez a la Bahía de Carga desde donde había logrado transportarse la primera vez. Ante sí. La imagen era bastante diferente que en Ingeniería. Eneas Hayes pudo ver que D´Raen aún tenía el prikmal en su poder, y frente a él, la comandante M´Rel le apuntaba con un disruptor. Al parecer, la superior romulana había anticipado las intenciones de su subalterno y había ido hasta allí a detenerlo.

-¿Cómo pudiste traicionarme así?- preguntó.- ¿Para quién trabajas? ¿Para T´San?-

- Trabajo por mi mismo, nadie me da órdenes.-

- Yo te tenía confianza, salvaste mi vida más de una vez. No entiendo.- M´Rel estaba realmente compungida. No era la primera vez que la traicionaban.

- El interés del Imperio esta por sobre las lealtades y por sobre las vidas de todos nosotros.-

- ¡El interés del Imperio no es la guerra con la Federación o los Klingon!-

- No es facultad de un oficial el cuestionar las decisiones de sus superiores.-

D´Raen no se dejaría convencer tan fácilmente. De un solo movimiento, soltó el prikmal verdoso sobre la romulana, dejándola totalmente desconcertada. Mientras Ella intentaba evitar que el prikmal se destruya. D´Raen ingresó en uno de los runabout. Eneas Hayes disparó su phaser contra el romulano, pero no pudo evitar que cierre la compuerta y quede a salvo dentro del runabout Kala. El runabout se encendió y se elevó por sobre la superficie de la bahía de carga. Sin intentar otra opción, D´Raen disparó contra las compuertas del hangar dejando una abertura lo suficientemente grande como para que pudiera salir al espacio exterior. Por un segundo, M´Rel y Hayes fueron atraídos por la diferencia de presión, pero instantáneamente los dispositivos de seguridad se activaron, evitando que los oficiales muriesen por descompresión, y permitiéndoles observar como el Kala dejaba la Asimov.

Octava Parte: el espacio iluminado

En la Azetbur no daban crédito a sus ojos. La Asimov se había detenido en seco frente a los astilleros de Lupasa, pero contra todo pronóstico, no había intentado atacar. Ahora, la nave solo parecía estar descansando luego de su acelerada carrera. No se movía ni respondía los comunicados. Antes de que volvieran a intentar algo, Zhark ordenó a sus oficiales dejar fuera de funcionamiento las barquillas warp. Con dos disparos efectivos, la Asimov estaba varada en el espacio klingon. Pero no por eso dejaría de sorprenderlos. Antes de que pudieran organizar un abordaje, el general Zhark pudo ver como una pequeña runabout era escupida violentamente desde los hangares de la nave.

Frente a ellos estaban los astilleros de Lupasa, una de las principales instalaciones de investigación militar y de construcción del Imperio. Desde allí se había desarrollado el proyecto Negh´Var, que había dado forma a una de las naves mas fuertes de la Flota klingon. Escondido en las entrañas el imperio y fuertemente protegido, el astillero parecía inalcanzable. Y sin embargo allí estaba, una pequeña nave de la federación, evadiendo los puestos de seguridad con una maniobrabilidad digna del mejor piloto. Dejando atrás una estela de plasma producto de los golpes y disparos que las defensas del astillero no dejaban de darle, el objetivo del Kala parecía ser uno solo y definitivo.

La pequeña runabout bajo el mando de D´Raen, atravesó casi destruida los escudos de los astilleros Lupasa. En una bola de plasma incandescente golpeó el frente externo de las instalaciones orbitales, y la explosión se expandió a gran velocidad. Los estallidos eran increíbles, como si D´Raen hubiera conocido el punto exacto donde debía golpear. Uno a uno los brazos del astillero estallaron en pedazos y golpearon a su paso nuevas secciones originalmente intactas. El efecto en cadena fue instantáneo. Pequeñas explosiones podían verse brotar de varios sectores, como si los prototipos de naves dentro del astillero estallaran sobre si mismos.

En los puentes de la Azetbur y la Asimov, nadie lograba creer lo que estaba sucediendo. El insecto había herido de muerte al gigante. Desde la bahía de carga, a través del agujero dejado por D´Raen, M´Rel y Eneas Hayes observaban inmutables. Y de pronto, en un último estallido gigantesco, el núcleo de poder del astillero colapsó. La explosión fue tan grande, que el oscuro espacio se iluminó por completo. La U.S.S. Asimov y la IKS Azetbur fueron arrastradas por la onda expansiva como si fueran naves hechas de papel. Dentro de cada nave, los oficiales intentaron aferrarse de lo primero que pudieron, hasta que todo se volvió otra vez oscuro...

Continuará…