Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
Historias de Guerra: Eneas Hayes
Escrito por Marplanauta.
Primera Parte: Introducción
Bitácora del Embajador
Aldouz: Durante los últimos tiempos, la búsqueda de los prikmales se ha complicado
más y más. Viajamos miles de años luz siguiendo alguna pista que finalmente
resulta ser falsa. Encontramos señuelos, prikmales falsos y señales que no llevan
a ningún lado. Si resultaba difícil encontrar los prikmales antes, ahora la
tarea es casi imposible. La moral de la tripulación de
Fue mientras la computadora corría un diagnóstico exhaustivo de la última joya que encontramos (que casi acabó con la vida del comandante Lexx y que finalmente resultó otro prikmal falso) que decidí continuar con la investigación antropológica de mis compañeros. Sus computadoras son bastante primitivas, pero gracias a ello puedo tener a veces cierto tiempo libre.
Desde hace mucho tiempo siento una especie de admiración por el teniente comandante Hayes. Recuerdo cuando heroicamente salvó a la tripulación y en especial a mí de las garras de Morgouz Gorgoroth, cuando las mentes de todos los demás habían sido controladas por el prikmal blanco. Mi respeto por este betazoide se incrementó aún más con su gran ayuda en la recuperación del QRSLE de manos otra vez del nefasto Morgouz. Para más información dirigirse a la bitácora 34/890.4
No fue fácil conseguir
una entrevista con el señor Hayes. Es un hombre bastante esquivo, sin mucha
vida social. Solamente lo he visto almorzando de vez en cuando con la capitán
Según tengo entendido, tienen una relación profesional desde hace varios años,
cuando servían juntos en otra nave. Eso fue poco antes de que el Señor Hayes
fuera asignado a
El Señor Hayes es
bastante reservado, pero cuando comenzó a contarme esta historia logró relajarse
y dejarse llevar. Al parecer necesitaba hablar con alguien, y el hecho de no
poder leer mi mente parece resultarle tranquilizador. He adjuntado a la entrevista
información diversa que he logrado conseguir de la base de datos de
Segunda Parte: Maniobras equivocadas
Puede ser lo más
importante que viví durante
Mucho tiempo había
pasado desde la última vez que había estado en casa. Fue frustrante llegar finalmente
allí y encontrar al sistema tan desprotegido. El capitán Kashnikov (nota del
compilador: puede notarse un dejo de tristeza cada vez que el señor Hayes nombra
a su antiguo capitán, como si se arrepintiera de algo) decidió ordenar las fuerzas
en el sector, en caso de que ocurriera lo peor. Logró aglutinar apenas treinta
naves, y les ordenó reunirse en la órbita del noveno planeta del sistema Betazed,
un gigante gaseoso. Era una cantidad magra para defender al Betazed Prime, si
ocurría el ataque en poco tiempo esas defensas caerían como naipes. Kashnikov
lo sabía, pero sus intentos de que el Alto Mando de
(nota del compilador: adjunto una trascripción del mensaje del capitán Aldarion. La comunicación original esta en un estado desastroso, por lo que hay extractos del mensaje que no pudieron ser descifrados. El mensaje termina aparentemente con una gran explosión.)
“A todos los capichiiiisiisi. Este es el U.S.S. Marduimkieieikkkkkkk. Estamos en el sector 456, hemos sido atacados por una gran fuerza de JemHadghhhhhhhhaashh. (...) hhshs,skks. Es una flota enorme, y parece dirigirse hacia el sector 15jjjjjjjjjjjjjjfffff. Repito, sector 154jkkkkksjs. Hicimos lo posible para detenerlos, pero sus fuerzas son enormmmaajjjjjjjj.”
El mensaje no era
muy claro, pero parecía que
Tercera Parte: La evacuación
Llegué finalmente a mi planeta. La última vez que había estado allí era apenas un adolescente, y todo estaba muy cambiado. Sin embargo, el planeta seguía siendo increíblemente hermoso. Pequeños arroyos atravesaban la capital Betazed Central, coloreando el paisaje urbano. Las calles seguían bordeadas con enormes árboles, cuyas flores también conseguían cortar la monotonía del metal y el cemento. Después de muchos años me sentí en casa. Sin embargo, no tarde en sentir las mentes de mis compatriotas, relampagueando en mi cerebro. Recordé en ese instante porque había abandonado Betazed. Mis poderes empáticos eran difíciles de controlar, lo que hacia imposible mi permanencia en un planeta donde las comunicaciones mentales estaban a la orden del día.
No tarde en sentir las mentes de miles de betazoides asustadas por lo que podía llegar a sucederles. Mensajes telepáticos me llegaban desde todos lados y tuve que concentrarme. En esa época, debo confesarlo señor Aldouz, mi adicción por los represores de empatía estaba al máximo. Sin dudarlo, tomé varias dosis para poder resistir la invasión de pensamientos. Una vez neutralizado, pude organizar la evacuación del planeta.
Poco a poco los civiles fueron siendo llevados a los transportes de Emergencia, que se dirigirían hacia espacio seguro. La población ya había sido informada sobre lo que debía hacer en caso de emergencia, por lo que la evacuación fue bastante ordenada.
Pasaron bastante tiempo hasta que finalmente la hora llegó. En la noche de Betazed pude ver las luces refulgentes de una batalla estelar. A miles de kilómetros de distancia, la pequeña flota del capitán Kashnikov se enfrentaba con el Dominio. La invasión era inminente.
(Nota del compilador:
adjunto una trascripción del informe de Inteligencia de
Informe 32 al Alto
Mando: (...) fue evidente al momento de recibir la comunicación del capitán
Aldarion que los cálculos habían sido errados. Podía preverse en ese momento
que el ataque del enemigo no se daría en los planetas fundacionales sino en
un sistema importante pero más bien fronterizo. Habíamos pensado que el dominio
intentaría un ataque relámpago en el centro administrativo de
Cuarta Parte: Loanna Bau
Estaba amaneciendo ya en el planeta, y quedaba apenas una decena de personas para evacuar. Me encontraba yo en el Palacio Norte, evacuando a lo que quedaba de la aristocracia de Betazed. A diferencia de varios de los mundos que he visitado, los aristócratas de Betazed habían decidido quedarse hasta el último momento en el planeta. Estaban convencidos de que debían proteger a su pueblo aunque fuera lo último que hicieran. Pero ya era el momento de tomar las naves de escape.
Uno a uno fueron
siendo transportados hasta que finalmente solo quedaba una jovencita y su enorme
ayudante. Tendría unos 17 años y la reconocí de inmediato. Era Loanna Bau, hija
de
Un disparo de phaser
me sacó de mi encantamiento.
Había sido Loanna. Yo pensaba que estaba escondida detrás de mí, pero en cambio, había atravesado el fuego cruzado hasta un panel de seguridad, y había logrado activar el campo de fuerzas de protección del Salón Real. Definitivamente había subestimado a esa jovencita.
Ahora el tiempo apremiaba, debíamos salir de allí antes de que los Jem´Haddar lograsen atravesar el escudo. Mi propuesta fue correr escaleras abajo y salir a la calle, pero ella la rechazó de plano. Tomó mi mano, salió del Salón y corrió hacia el final del pasillo. Ante mi asombro, presionó un par de botones que yo hubiera confundido con ladrillos, y se abrió una puerta secreta. Otra vez la joven había logrado sorprenderme.
Quinta Parte: La invasión
La puerta daba a un oscuro pasadizo, dentro del cual estaríamos seguros por un tiempo. Según me informó Loanna, esos túneles habían sido construidos siglos atrás para que la aristocracia pudiese llegar, sin cruzarse con la plebe, hasta el Congreso de Betazed. Las bifurcaciones del túnel llevaban a las diferentes mansiones de los aristócratas. No tardamos en llegar hasta una salida, que resultó ser el hogar de la joven Bau. Al parecer, las fuerzas Jem´Haddar aún no habían llegado hasta allí. El lujo de esa mansión era increíble. Mientras atravesábamos los salones pude ver enormes cuadros de próceres de la historia betazoide, miembros de la familia de Loanna Bau. Ella por su parte, seguía aferrándose a mi mano y me empujó hasta la azotea del edificio. Desde allí, agazapados junto a una pequeña pared, pudimos ver el panorama. La imagen era realmente perturbadora.
En el amanecer de
Betazed Prime podían verse columnas de humo subiendo desde los principales palacios
de gobierno y administración de la ciudad. A apenas unos cien metros se divisaban
las ruinas de lo que solía ser
Trascripción del Noticiero Interestelar.
Hoy es un día lamentable
en las crónicas de Guerra. El enemigo ha logrado alcanzar Betazed, a pesar de
los esfuerzos increíbles de
Sexta Parte: El generador de energía
El sonido de una explosión cercana me despertó.
Miré hacia mi izquierda y pude ver el cuerpo de Loanna Bau descansando a mi
lado. Estaba tranquila, como si nada sucediese a nuestro alrededor. Me daba
pena despertarla pero debíamos seguir nuestro camino si no queríamos que las
tropas Jem´Haddar nos descubriesen. Afortunadamente habíamos encontrado ese
generador regional de energía que ocultaba nuestras emisiones infrarrojas y
nos daba la protección suficiente como para descansar una hora. Pero el tiempo
apremiaba.
Ya era casi otra vez de noche y debíamos seguir avanzando. El enemigo nos rodeaba
dondequiera que fuéramos, pero Loanna había resultado ser una ayuda eficaz.
Los efectos de los represores de empatía ya se habían disipado y nos comunicábamos
mentalmente sin problemas. Era una pequeña realmente admirable, conocía pasajes
secretos, atajos y desvíos de todo tipo. Pude sentir en su mente el deseo de
la aventura, que muchas veces antes la había empujado fuera del palacio hacia
los rincones ocultos de Betazed Central. Gracias a eso, ahora tenían una ventaja
frente a los recién llegados.
El objetivo era claro: debíamos alcanzar los hangares de
“Ya es hora”, le dije, o mas bien solo lo pensé, y ella despertó tranquilamente.
Recuerdo cada palabra que dijo. “Estaba soñando. Era hermoso. El sol brillaba
fuerte aquí en Betazed y los árboles ya estaban dando frutos. Estaba sola en
el Palacio, pero de repente aparecía usted y me llevaba a recorrer el planeta.
Es una pena que mi sueño no sea realidad, aunque estamos haciendo mas o menos
lo mismo”. En ese momento lanzó una carcajada y yo no pude salir de mi asombro.
Estábamos rodeados por soldados Jem´Haddar y ella aún tenía la capacidad de
reírse. No pude evitar sonreír.
Salimos del generador regional y caminamos agazapados hacia la esquina. Desde
allí pudimos ver a
Séptima Parte: el sexto sentido
Loanna Bau caminaba decidida y sin preocuparse.
Ambos podíamos sentir que no había Jem´Haddar cerca. Sin embargo, yo hubiera
preferido que ella no fuera tan despreocupada. Evidentemente era una aventura
para ella, como todo espíritu joven no le importaba que su vida estuviera en
juego. Pero a mí si me importaba. Ella era parte del futuro de Betazed y debía
preservarse. El gobierno en el exilio seguramente necesitaría miembros importantes
para garantizar su legitimidad. Pero para Loanna todo era un juego.
Se había atado el pelo para lograr mayor comodidad y sus ropas ya no parecían
tan solemnes como en el Palacio Norte. Ahora parecía una betazoide más, y eso
la hacía más hermosa. Al notar que ella podría estar oyendo mis pensamientos
me sonrojé. Al fin y al cabo era una aristócrata...¡y tenía 17 años! Ella me
miró y dijo en voz alta. “Vamos Eneas, mas rápido, no me hagas pensar que ya
estas viejo para estas cosas.”
Pocos minutos después llegamos al túnel. Eran las vías del magnetren, un medio
de transporte suburbano muy común en los mundos de
Avanzamos a través del túnel que poco a poco se fue poniendo mas oscuro hasta
que no pude ver absolutamente nada. Solo podía sentir la mente de Loanna, pero
las distancias no pueden medirse telepáticamente. Mis sentidos estaban neutralizados.
“Bueno señor Hayes, parece asustado por primera vez desde que lo conozco” pensó
Loanna. “No me gusta tener que confiar solamente en mi empatía” le confesé.
“Si hubiera tenido que sufrir las horas de entrenamiento riguroso en empatía
que tuve que sufrir yo, no pensaría lo mismo,” replicó ella. “A los herederos
nos entrenan desde pequeños para ser los mejores en todo. Y las clases de control
empático son lo peor durante horas nos tienen en salones completamente oscuros
y sonoramente aislados, donde debemos aprender a focalizar nuestros poderes
empíricos, a transmitir mensajes individualizados, a reconocer telepáticamente
el territorio que nos rodea. ¿Y todo para que? Para vivir una vida palaciega
y aburrida. Usted señor Hayes sin embargo, es un afortunado. Sus poderes telepáticos
son realmente impresionantes y no necesita ese entrenamiento. Además, tiene
una carrera en
Octava Parte: el túnel
Por primera vez en mucho tiempo estaba disfrutando
de ese momento. Loanna Bau tenia una energía que me atraía muchísimo su cercanía
me conmovía al punto de que ya casi no pensaba en los Jem´Haddar o en la invasión
a Betazed. Pero inmediatamente, al sentir el disparo amenazante volví a entrar
en razones. ¿Qué era lo que estaba haciendo? Loanna Bau tendría pro lo menos
15 años menos que yo. Además, estaban rodeados por fuerzas invasoras y definitivamente
no era el mejor momento para flirteos. Esa no era la manera de comportarse de
un oficial de
Habíamo
Corrimos a toda velocidad en dirección a la salida del túnel,
que se encontraba a unos
En ese momento pensé que nuestra situación no podía ser peor. Un grupo de Jem´Haddar
nos pisaban los talones, no había manera de hacerles frente y había una sola
vía de escape. Pero me equivoqué. Nuestra situación si podía ser peor. Cuando
restaban unos doscientos metros para alcanzar la salida del túnel, pude ver
como un grupo de unos 10 Jem´Haddar se ubicaban en la salida. Ahora si que no
había escapatoria.
Me detuve inmediatamente y pensé unos segundos. Jem´Haddar a la izquierda, Jem´Haddar
a la derecha. ¿Qué hacer?. Si tan solo hubiera prestado más atención en lugar
de distraerme con romantiqueos baratos. Me había dejado llevar por un impulso
juvenil y ahora lo pagarían con nuestras vidas.
Los Jem´Haddar apostados en la salida comenzaron a avanzar, y los que los perseguían
no estaban a más de
Pero aun no todo estaba perdido. Justo cuando Eneas estaba por enfrentar a los
10 Jem´Haddar de la salida, pudo ver como aparecía desde detrás de los soldados
un pequeño speeder de
Novena Parte: a través de la trinchera
Los tres jóvenes oficiales de
Mientras avanzábamos, pudimos ver otra vez la desolación en las calles. Transportes
incendiados eran lo que mas abundaba. Las ruinas de edificios dificultaban el
avance del pequeño jeep, pero sin embargo continuaba a paso veloz hacia las
zonas protegidas de la ciudad. Poco a poco pude sentir las mentes de los soldados
agazapados entre las ruinas de los edificios. Desde las terrazas disparaban
hacia el oeste con morteros y rifles phasers. Las respuestas enemigas no se
hacían esperar y yo podía oír el estruendo de las bombas enemigas a no menos
de
Pero no eran solo mentes de soldados lo que podía sentir a mí alrededor. A medida
que nos acercábamos a un pequeño hangar, pude sentir decenas de mentes betazoides
asustadas. Eran civiles. A pesar de nuestros esfuerzos de evacuación, muchas
personas no habían logrado llegar hasta los transportes y habían quedado varadas
en el planeta. Por lo menos, aquellas personas habían tenido la suerte de quedar
del lado e la ciudad que aún protegía
“Debo dejarlos” me dijo el joven humano que manejaba el jeep. “Los refugiados
deben quedarse aquí, hablen con el teniente comandante López.” En ese momento
sentí que me invadía la irritación. Yo no estaba en el planeta para esconderme
en un hangar con los civiles. Estaba allí para proteger con mi vida a
Décima Parte: el hangar
Ingresamos en el
pequeño edificio de paredes metálicas. Al parecer, hasta un día antes, había
funcionado como un edificio de oficinas.. Todavía podían verse escritorios con
recuerdos familiares que no habían podido ser guardados antes de la evacuación,
y paneles de información con trabajo a medio hacer. Todo parecía detenido en
el tiempo, a la hora en que se había dado la señal de alarma. Pero además de
los restos del antiguo edificio, ahora había también allí decenas de personas
asustadas. Pude ver un gran salón donde los oficiales de
Pude ver a un hombre de mediana edad acercarse hacia nosotros. El también, de
inmediato reconoció a Loanna Bau, que no soltaba mi mano en ningún momento.
“Mi nombre es Jorel Uri, soy el médico a cargo de este... ejem, hospital de
campaña. No se si decir que es un honor tenerla aquí señorita.” dijo el hombre.
“Yo tampoco se si es un honor, pero puedo decir que yo si me siento honrada
de estar junto a los verdaderos héroes de esta Guerra” Loanna solo tuvo que
pensar eso para que el medico betazoide se ruborizase. “Pero este no es lugar
para una heredera, debemos encontrar la manera de sacarla de este infierno.”
continuó. En ese momento, quien debía ser el Teniente Comandante López se nos
acercó también. Jorel Uri y López estaban de acuerdo, debían sacar a Loanna
de allí. Al parecer, junto al pequeño hangar había un pequeño runabout de
Onceava Parte: carrera hacia Betazed 9
El runabout estaba en perfecto estado, a pesar
de que había recibido un par de disparos de phaser en el camino hacia el hangar.
Loanna y yo nos ubicamos en la cabina de control. No estábamos seguros de si
lograríamos llegar a Vulcano, pero deberíamos intentarlo. La muerte era casi
segura en Betazed para un miembro de la aristocracia, y por lo menos tendríamos
una oportunidad si intentábamos salir de allí.
No paso mucho más de un minuto desde que despegamos con el runabout cuando comenzamos
a recibir disparos desde la tierra. Desde alto podía verse claramente la división
entre las defensas de
Antes de que los disparos de phaser provocaran algún daño importante en el runabout
enfile hacia el espacio, dejando atrás a mi planeta natal, y a sus defensores,
deseando poder haber dado mi vida junto a ellos. Una parte de mi, igualmente,
sabía que lo que estaba haciendo era casi tan importante como lo que hacían
los soldados en la trinchera al este de Betazed Central. Una vez en órbita,
todo se envolvió con la paz del espacio exterior...hasta que los disparos comenzaron
otra vez, pero esta vez provenían de las naves enemigas. La flota que rodeaba
el planeta era realmente imponente. Enormes naves del Dominio liberaban sin
detenimiento bugs que se iban alineando cerca de la luna de Betazed. Desde allí,
tres naves se nos habían acercado, decididas a detener nuestra hui da.
Yo sabía que las oportunidades de un runabout eran nulas frente a los bugs del
Dominio, por lo que no dudé en poner máximo warp de inmediato. Debía llegar
hasta el noveno planeta, donde tal vez encontraría la ayuda de alguna nave de
la flotilla del Capitán Kashnikov. Era un viaje de 5 minutos, pero lo sufrí
enormemente. Detrás nuestro, los tres bugs Jem´Haddar nos perseguían. Afortunadamente
no consideraron que sería necesaria una mayor cantidad de naves para vencernos.
Podía sentir los golpes de mi corazón aún más fuertes que las sacudidas de los
disparos enemigos. Junto a mí, la heredera observaba la pantalla con solemnidad.
Ahora parecía haber perdido todo el miedo que la había invadido en el planeta.
Ahora era otra vez una digna miembro de
Un panel estalló a mi derecha y un enorme tubo comenzó a despedir gas. Debíamos
bajar la velocidad o nos destruiríamos nosotros mismos. Baje a máximo impulso
y pude ver el gigante gaseoso. No había nadie esperándonos allí.
Doceava parte: el cinturón de la muerte
Otra vez estábamos perdidos. Como en el túnel
del magnetren, la única posibilidad que quedaba era enfrentar al enemigo y morir,
como diría un klingon, con honor. Pude ver en los alrededores del planeta los
restos de la batalla que menos de un día antes había tenido lugar allí. La atracción
gravitatoria del noveno planeta empujaba hacia si los enormes pedazos de metal
retorcido por las explosiones. Por el grado de destrucción, no podía distinguir
los restos de las naves del Dominio de los de las naves de
Pero a su vez, podía ser que ese cementerio fuera nuestra salvación. Antes de
que los Jem´Haddar nos dieran el golpe de gracia, dirigí el runabout hacia al
tétrico cinturón. Mientras maniobraba entre los restos, esquivando los disparos
del enemigo, le daba instrucciones a Loanna sobre como intentar reparar los
daños que no nos permitían entrar en warp. Por más que la joven aristócrata
tuviera las mejores intenciones, no podía adquirir en esos segundos la experiencia
que un oficial de
Y fue en ese instante crucial, en que la muerte parecía estar sobre nosotros,
en que me sentí libre. Por primera vez sentí la vida fluir por mis venas. Estaba
vivo, y quería continuar así. El destino estaba por jugar su última carta. Desde
las profundidades abismales del gigante gaseoso pude ver emergiendo el platillo
de una nave de
Con alegría pude oír cuando el capitán Kashnikov se comunicaba con nosotros,
proponiéndonos que nos acoplemos a su bahía de carga. Con la mayor velocidad
posible, ingresé otra vez en
Cuando baje del runabout pude sentir bajo mis pies la vibración de
Epílogo
Bitácora del Embajador Aldouz (suplemento):
Fue realmente impresionante ver como el Teniente Comandante Hayes liberó sus
emociones al hablar sobre los hechos durante la invasión a Betazed. Es indudable
que lo que vivió ha marcado sus experiencias con fuego. Pude notar, sin embargo,
que a pesar de lo que vivió con la joven Loanna Bau, el señor Hayes no ha sabido
relacionarse con otras mujeres. Lo noto siempre distante y desconfiado, tal
vez porque nadie puede igualar en su corazón a aquella intrépida señorita.
Por otro lado, pude ver también en sus ojos el dolor al recordar las calles
de su planeta invadidas por soldados enemigos. No creo que haya sensación peor
en una guerra que ver nuestros santuarios profanados. Tal vez Hayes y algunos
otros salieron victoriosos y honrados luego de esto, pero el precio para mi
amigo betazoide parece ser más de lo que hubiera estado dispuesto a pagar. Muchos
murieron en este evento de
Trascripción del Noticiero Interestelar
Esta mañana han sido glorificados con