“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Historias de Guerra: Eneas Hayes

Escrito por Marplanauta.

Primera Parte: Introducción

Bitácora del Embajador Aldouz: Durante los últimos tiempos, la búsqueda de los prikmales se ha complicado más y más. Viajamos miles de años luz siguiendo alguna pista que finalmente resulta ser falsa. Encontramos señuelos, prikmales falsos y señales que no llevan a ningún lado. Si resultaba difícil encontrar los prikmales antes, ahora la tarea es casi imposible. La moral de la tripulación de la U.S.S. Asimov esta por el suelo, necesitan un triunfo lo más rápido posible. Además, al parecer, la capitana sospecha que todas estas vueltas no fueron casuales, sino que fueron orquestadas por alguien, tal vez desde dentro de la Asimov.

Fue mientras la computadora corría un diagnóstico exhaustivo de la última joya que encontramos (que casi acabó con la vida del comandante Lexx y que finalmente resultó otro prikmal falso) que decidí continuar con la investigación antropológica de mis compañeros. Sus computadoras son bastante primitivas, pero gracias a ello puedo tener a veces cierto tiempo libre.

Desde hace mucho tiempo siento una especie de admiración por el teniente comandante Hayes. Recuerdo cuando heroicamente salvó a la tripulación y en especial a mí de las garras de Morgouz Gorgoroth, cuando las mentes de todos los demás habían sido controladas por el prikmal blanco. Mi respeto por este betazoide se incrementó aún más con su gran ayuda en la recuperación del QRSLE de manos otra vez del nefasto Morgouz. Para más información dirigirse a la bitácora 34/890.4

No fue fácil conseguir una entrevista con el señor Hayes. Es un hombre bastante esquivo, sin mucha vida social. Solamente lo he visto almorzando de vez en cuando con la capitán Según tengo entendido, tienen una relación profesional desde hace varios años, cuando servían juntos en otra nave. Eso fue poco antes de que el Señor Hayes fuera asignado a la U.S.S. Nabucodonosor, bajo el mando del capitán Kashnikov. Fue durante su servicio en esa nave cuando sobrevino la Guerra del Dominio.

El Señor Hayes es bastante reservado, pero cuando comenzó a contarme esta historia logró relajarse y dejarse llevar. Al parecer necesitaba hablar con alguien, y el hecho de no poder leer mi mente parece resultarle tranquilizador. He adjuntado a la entrevista información diversa que he logrado conseguir de la base de datos de la Asimov, como extractos de otras bitácoras o informes de prensa...

Segunda Parte: Maniobras equivocadas

Puede ser lo más importante que viví durante la Guerra del Dominio, o lo más importante que viví en mi vida. Poco tiempo había pasado desde que se había declarado la Guerra, cuando los Fundadores decidieron invadir alguno de los principales mundos de la Federación. El Alto Mando de la Flota sospechaba fuertemente que ese mundo sería Vulcano, por lo que la Segunda Flota del Almirante Mostrodenis fue enviada hacia allí para proteger el planeta. La Nabucodonosor no formaba parte de la Segunda Flota, y fue en cambio enviada a proteger el Sistema Betazed.

Mucho tiempo había pasado desde la última vez que había estado en casa. Fue frustrante llegar finalmente allí y encontrar al sistema tan desprotegido. El capitán Kashnikov (nota del compilador: puede notarse un dejo de tristeza cada vez que el señor Hayes nombra a su antiguo capitán, como si se arrepintiera de algo) decidió ordenar las fuerzas en el sector, en caso de que ocurriera lo peor. Logró aglutinar apenas treinta naves, y les ordenó reunirse en la órbita del noveno planeta del sistema Betazed, un gigante gaseoso. Era una cantidad magra para defender al Betazed Prime, si ocurría el ataque en poco tiempo esas defensas caerían como naipes. Kashnikov lo sabía, pero sus intentos de que el Alto Mando de la Flota le enviara refuerzos fueron en vano. Al parecer, el grueso de las naves estaba preparado para defender los mundos originarios de la Federación, es decir Vulcano, Andor, la Tierra, Tellar y Alfa Centauro. Inteligencia de la Flota no tenía idea de lo que estaba por suceder en Betazed. Fue en ese momento en que recibimos la comunicación del capitán Aldarion.

(nota del compilador: adjunto una trascripción del mensaje del capitán Aldarion. La comunicación original esta en un estado desastroso, por lo que hay extractos del mensaje que no pudieron ser descifrados. El mensaje termina aparentemente con una gran explosión.)

“A todos los capichiiiisiisi. Este es el U.S.S. Marduimkieieikkkkkkk. Estamos en el sector 456, hemos sido atacados por una gran fuerza de JemHadghhhhhhhhaashh. (...) hhshs,skks. Es una flota enorme, y parece dirigirse hacia el sector 15jjjjjjjjjjjjjjfffff. Repito, sector 154jkkkkksjs. Hicimos lo posible para detenerlos, pero sus fuerzas son enormmmaajjjjjjjj.”

El mensaje no era muy claro, pero parecía que la Flota podía estar dirigiéndose hacia el Sistema Betazed. De inmediato, Kashnikov ordenó la evacuación del planeta, y hacia allí fui enviado yo. El capitán esperaba lo peor, y lo peor sucedió.

Tercera Parte: La evacuación

Llegué finalmente a mi planeta. La última vez que había estado allí era apenas un adolescente, y todo estaba muy cambiado. Sin embargo, el planeta seguía siendo increíblemente hermoso. Pequeños arroyos atravesaban la capital Betazed Central, coloreando el paisaje urbano. Las calles seguían bordeadas con enormes árboles, cuyas flores también conseguían cortar la monotonía del metal y el cemento. Después de muchos años me sentí en casa. Sin embargo, no tarde en sentir las mentes de mis compatriotas, relampagueando en mi cerebro. Recordé en ese instante porque había abandonado Betazed. Mis poderes empáticos eran difíciles de controlar, lo que hacia imposible mi permanencia en un planeta donde las comunicaciones mentales estaban a la orden del día.

No tarde en sentir las mentes de miles de betazoides asustadas por lo que podía llegar a sucederles. Mensajes telepáticos me llegaban desde todos lados y tuve que concentrarme. En esa época, debo confesarlo señor Aldouz, mi adicción por los represores de empatía estaba al máximo. Sin dudarlo, tomé varias dosis para poder resistir la invasión de pensamientos. Una vez neutralizado, pude organizar la evacuación del planeta.

Poco a poco los civiles fueron siendo llevados a los transportes de Emergencia, que se dirigirían hacia espacio seguro. La población ya había sido informada sobre lo que debía hacer en caso de emergencia, por lo que la evacuación fue bastante ordenada.

Pasaron bastante tiempo hasta que finalmente la hora llegó. En la noche de Betazed pude ver las luces refulgentes de una batalla estelar. A miles de kilómetros de distancia, la pequeña flota del capitán Kashnikov se enfrentaba con el Dominio. La invasión era inminente.

(Nota del compilador: adjunto una trascripción del informe de Inteligencia de la Flota)

Informe 32 al Alto Mando: (...) fue evidente al momento de recibir la comunicación del capitán Aldarion que los cálculos habían sido errados. Podía preverse en ese momento que el ataque del enemigo no se daría en los planetas fundacionales sino en un sistema importante pero más bien fronterizo. Habíamos pensado que el dominio intentaría un ataque relámpago en el centro administrativo de la Federación para desmoralizarnos. Nunca imaginamos que intentarían invadir y mantenerse en un sistema como Betazed. El sistema estaba virtualmente indefenso, pero sin embargo, la actuación del capitán Kashnikov y una treintena de naves pudo evitar que la catástrofe fuera mayor. En retrospectiva, analizando la situación, los expertos de Inteligencia de la Flota sospechan que el Dominio esperaba antes de invadir el sistema unas naves de refuerzo que nunca llegaron, tal vez provenientes del Frente del Cuadrante Beta.. Gracias a ese par de horas en que el Dominio no ataco con todas sus fuerzas a la flotilla de Kashnikov, pudo lograrse con éxito la evacuación de Betazed Prime.

Cuarta Parte: Loanna Bau

Estaba amaneciendo ya en el planeta, y quedaba apenas una decena de personas para evacuar. Me encontraba yo en el Palacio Norte, evacuando a lo que quedaba de la aristocracia de Betazed. A diferencia de varios de los mundos que he visitado, los aristócratas de Betazed habían decidido quedarse hasta el último momento en el planeta. Estaban convencidos de que debían proteger a su pueblo aunque fuera lo último que hicieran. Pero ya era el momento de tomar las naves de escape.

Uno a uno fueron siendo transportados hasta que finalmente solo quedaba una jovencita y su enorme ayudante. Tendría unos 17 años y la reconocí de inmediato. Era Loanna Bau, hija de la Quinta Casa y la heredera del cáliz sagrado de Rixx y de los anillos sagrados de Betazed. Su familia era de la mayor nobleza y desde que había nacido había sido educada para cumplir con su rol aristocrático. Era una joven realmente hermosa, con un pelo rubio que le llegaba hasta la cintura y unos ojos negros profundos incluso para un betazoide. En ese instante lamenté no poder leer sus pensamientos. Con cuidado, le ayudé a subirse a la zona de transportación y esperamos a que el rayo la llevase lejos de allí. Pero eso nunca sucedió.

Un disparo de phaser me sacó de mi encantamiento. La Sala de Transportes del Palacio estaba siendo invadida por soldados Jem´Haddar. El disparo de phaser había asesinado en un instante al enorme ayudante de la joven heredera. Rápidamente baje a la señorita Bau del transportador y la puse a cubierto. Con mi phaser dispare contra la puerta del Salón, desde donde ingresaban un par de Jem´Haddar. Pude derribar algunos, pero continuaban entrando a través de la puerta sin detenerse, disparando contra mi posición. Los pocos oficiales que estaban conmigo cayeron también ante los disparos. Esperaba lo peor cuando de repente, un campo de fuerza se activó entre los Jem´Haddar y yo.

Había sido Loanna. Yo pensaba que estaba escondida detrás de mí, pero en cambio, había atravesado el fuego cruzado hasta un panel de seguridad, y había logrado activar el campo de fuerzas de protección del Salón Real. Definitivamente había subestimado a esa jovencita.

Ahora el tiempo apremiaba, debíamos salir de allí antes de que los Jem´Haddar lograsen atravesar el escudo. Mi propuesta fue correr escaleras abajo y salir a la calle, pero ella la rechazó de plano. Tomó mi mano, salió del Salón y corrió hacia el final del pasillo. Ante mi asombro, presionó un par de botones que yo hubiera confundido con ladrillos, y se abrió una puerta secreta. Otra vez la joven había logrado sorprenderme.

Quinta Parte: La invasión

La puerta daba a un oscuro pasadizo, dentro del cual estaríamos seguros por un tiempo. Según me informó Loanna, esos túneles habían sido construidos siglos atrás para que la aristocracia pudiese llegar, sin cruzarse con la plebe, hasta el Congreso de Betazed. Las bifurcaciones del túnel llevaban a las diferentes mansiones de los aristócratas. No tardamos en llegar hasta una salida, que resultó ser el hogar de la joven Bau. Al parecer, las fuerzas Jem´Haddar aún no habían llegado hasta allí. El lujo de esa mansión era increíble. Mientras atravesábamos los salones pude ver enormes cuadros de próceres de la historia betazoide, miembros de la familia de Loanna Bau. Ella por su parte, seguía aferrándose a mi mano y me empujó hasta la azotea del edificio. Desde allí, agazapados junto a una pequeña pared, pudimos ver el panorama. La imagen era realmente perturbadora.

En el amanecer de Betazed Prime podían verse columnas de humo subiendo desde los principales palacios de gobierno y administración de la ciudad. A apenas unos cien metros se divisaban las ruinas de lo que solía ser la Jefatura de la Flota en el sistema. Había un par de transbordadores estrellados en las esquinas y podía escucharse el estruendo de bombas y disparos todo alrededor. Varios cuerpos inertes de oficiales de la Flota completaban el paisaje de desolación. Evidentemente la flota de Kashnikov no había podido contener más al Dominio y habían logrado alcanzar el planeta principal del sistema. Me sentía realmente furioso, miles de oficiales habían muerto y mi planeta había sido invadido por la falta de previsión de algún burócrata en el Alto Mando. En la calle, el inconfundible color azulado de un rayo transportador escupía escuadrones de Jem´Haddar que comenzaban sin pausa a patrullar mi planeta natal. La invasión ya era un hecho...y estábamos solos.

Trascripción del Noticiero Interestelar.

Hoy es un día lamentable en las crónicas de Guerra. El enemigo ha logrado alcanzar Betazed, a pesar de los esfuerzos increíbles de la Flota Estelar para evitarlo. Al parecer, cientos de naves de la Federación no fueron suficientes para detener el avance del Dominio. Sin embargo, una fuente en Inteligencia de la Flota nos ha confirmado que este ataque no es más que un daño colateral. Al parecer, la previsión del Alto Mando logró que el planeta fuera evacuado antes de que el enemigo lo invadiese, siendo por lo tanto las bajas humanas y los daños materiales prácticamente nulos.

Sexta Parte: El generador de energía

El sonido de una explosión cercana me despertó. Miré hacia mi izquierda y pude ver el cuerpo de Loanna Bau descansando a mi lado. Estaba tranquila, como si nada sucediese a nuestro alrededor. Me daba pena despertarla pero debíamos seguir nuestro camino si no queríamos que las tropas Jem´Haddar nos descubriesen. Afortunadamente habíamos encontrado ese generador regional de energía que ocultaba nuestras emisiones infrarrojas y nos daba la protección suficiente como para descansar una hora. Pero el tiempo apremiaba.
Ya era casi otra vez de noche y debíamos seguir avanzando. El enemigo nos rodeaba dondequiera que fuéramos, pero Loanna había resultado ser una ayuda eficaz. Los efectos de los represores de empatía ya se habían disipado y nos comunicábamos mentalmente sin problemas. Era una pequeña realmente admirable, conocía pasajes secretos, atajos y desvíos de todo tipo. Pude sentir en su mente el deseo de la aventura, que muchas veces antes la había empujado fuera del palacio hacia los rincones ocultos de Betazed Central. Gracias a eso, ahora tenían una ventaja frente a los recién llegados.
El objetivo era claro: debíamos alcanzar los hangares de la Flota. Allí, si teníamos suerte, podríamos encontrar un transporte con la autonomía suficiente como para llevarnos lejos del sistema invadido. En el fondo sabia que era una misión casi imposible. Incluso si lográsemos llegar a los hangares y conseguir una nave, el sistema estaría infestado de naves enemigas que no dudarían en destruirnos en un instante. Sin embargo, no podíamos sentarnos allí a esperar que los soldados nos encuentren.
“Ya es hora”, le dije, o mas bien solo lo pensé, y ella despertó tranquilamente. Recuerdo cada palabra que dijo. “Estaba soñando. Era hermoso. El sol brillaba fuerte aquí en Betazed y los árboles ya estaban dando frutos. Estaba sola en el Palacio, pero de repente aparecía usted y me llevaba a recorrer el planeta. Es una pena que mi sueño no sea realidad, aunque estamos haciendo mas o menos lo mismo”. En ese momento lanzó una carcajada y yo no pude salir de mi asombro. Estábamos rodeados por soldados Jem´Haddar y ella aún tenía la capacidad de reírse. No pude evitar sonreír.
Salimos del generador regional y caminamos agazapados hacia la esquina. Desde allí pudimos ver a 200 metros a un escuadrón Jem´Haddar custodiando el paso. “No podemos salir por aquí” pensé. “No te preocupes Eneas, yo conozco el camino.” En ese momento dudé si era yo quien estaba rescatando a la joven heredera o si era ella quien me estaba rescatando a mí.

Séptima Parte: el sexto sentido

Loanna Bau caminaba decidida y sin preocuparse. Ambos podíamos sentir que no había Jem´Haddar cerca. Sin embargo, yo hubiera preferido que ella no fuera tan despreocupada. Evidentemente era una aventura para ella, como todo espíritu joven no le importaba que su vida estuviera en juego. Pero a mí si me importaba. Ella era parte del futuro de Betazed y debía preservarse. El gobierno en el exilio seguramente necesitaría miembros importantes para garantizar su legitimidad. Pero para Loanna todo era un juego.
Se había atado el pelo para lograr mayor comodidad y sus ropas ya no parecían tan solemnes como en el Palacio Norte. Ahora parecía una betazoide más, y eso la hacía más hermosa. Al notar que ella podría estar oyendo mis pensamientos me sonrojé. Al fin y al cabo era una aristócrata...¡y tenía 17 años! Ella me miró y dijo en voz alta. “Vamos Eneas, mas rápido, no me hagas pensar que ya estas viejo para estas cosas.”
Pocos minutos después llegamos al túnel. Eran las vías del magnetren, un medio de transporte suburbano muy común en los mundos de la Federación. Si seguíamos las vías llegaríamos hasta el lado este de la ciudad, donde según Loanna estaban los hangares de la Flota. Me resultaba bastante peligroso ir hacia allí porque, según había visto, las explosiones y disparos provenían desde el lado este. Tal vez el Dominio estaría destruyendo cualquier vía de escape de Betazed.
Avanzamos a través del túnel que poco a poco se fue poniendo mas oscuro hasta que no pude ver absolutamente nada. Solo podía sentir la mente de Loanna, pero las distancias no pueden medirse telepáticamente. Mis sentidos estaban neutralizados. “Bueno señor Hayes, parece asustado por primera vez desde que lo conozco” pensó Loanna. “No me gusta tener que confiar solamente en mi empatía” le confesé. “Si hubiera tenido que sufrir las horas de entrenamiento riguroso en empatía que tuve que sufrir yo, no pensaría lo mismo,” replicó ella. “A los herederos nos entrenan desde pequeños para ser los mejores en todo. Y las clases de control empático son lo peor durante horas nos tienen en salones completamente oscuros y sonoramente aislados, donde debemos aprender a focalizar nuestros poderes empíricos, a transmitir mensajes individualizados, a reconocer telepáticamente el territorio que nos rodea. ¿Y todo para que? Para vivir una vida palaciega y aburrida. Usted señor Hayes sin embargo, es un afortunado. Sus poderes telepáticos son realmente impresionantes y no necesita ese entrenamiento. Además, tiene una carrera en la Flota Estelar, donde debe vivir aventuras todos los días”. Estaba en realidad bastante desorientado, a pesar de mis sobredesarrollados poderes empíricos, no podía sentir de donde venían los pensamientos de Loanna. “Bueno, la vida en la Flota no es tampoco un paraíso señorita. Nosotros también debemos atravesar muchos exámenes antes de llegar a ser oficiales,” le dije. “Siempre quise conocer a un oficial de la Flota. Aunque estas circunstancias no son las mejores”. En ese momento pude sentir la respiración de la joven heredera a menos de diez centímetros mío. Las relaciones con las mujeres nunca fueron sencillas para mí. Me cuesta mucho confiar en alguien de quien se absolutamente todo lo que piensa. Sin embargo, esta joven era especial. No podía predecir en ningún momento sus acciones. Sentí que estaba a punto de besarme cuando un disparo Jem´Haddar iluminó el túnel.

Octava Parte: el túnel

Por primera vez en mucho tiempo estaba disfrutando de ese momento. Loanna Bau tenia una energía que me atraía muchísimo su cercanía me conmovía al punto de que ya casi no pensaba en los Jem´Haddar o en la invasión a Betazed. Pero inmediatamente, al sentir el disparo amenazante volví a entrar en razones. ¿Qué era lo que estaba haciendo? Loanna Bau tendría pro lo menos 15 años menos que yo. Además, estaban rodeados por fuerzas invasoras y definitivamente no era el mejor momento para flirteos. Esa no era la manera de comportarse de un oficial de la Flota.
Habíamo
s sido descubiertos. Al parecer, el haber estado preocupados en los pensamientos mutuos no nos había permitido sentir que un grupo de soldados Jem´Haddar se acercaba desde la entrada del túnel.

 Corrimos a toda velocidad en dirección a la salida del túnel, que se encontraba a unos 500 metros enfrente nuestro. Los disparos Jem´Haddar eran cada vez mas cercanos, y a cada disparo podía vislumbrar el rostro asustado de Loanna Bau. Al fin y al cabo, a pesar de sus intentos de parecer adulta, no era más que una jovencita.
En ese momento pensé que nuestra situación no podía ser peor. Un grupo de Jem´Haddar nos pisaban los talones, no había manera de hacerles frente y había una sola vía de escape. Pero me equivoqué. Nuestra situación si podía ser peor. Cuando restaban unos doscientos metros para alcanzar la salida del túnel, pude ver como un grupo de unos 10 Jem´Haddar se ubicaban en la salida. Ahora si que no había escapatoria.
Me detuve inmediatamente y pensé unos segundos. Jem´Haddar a la izquierda, Jem´Haddar a la derecha. ¿Qué hacer?. Si tan solo hubiera prestado más atención en lugar de distraerme con romantiqueos baratos. Me había dejado llevar por un impulso juvenil y ahora lo pagarían con nuestras vidas.
Los Jem´Haddar apostados en la salida comenzaron a avanzar, y los que los perseguían no estaban a más de 300 metros detrás suyo. Estaban perdidos, solo restaba rendirse ante las tropas y tal vez le tendrían piedad. Pero Eneas Hayes no estaba dispuesto a rendirse, y pudo sentir en los pensamientos de Loanna Bau que ella también estaba dispuesta a morir luchando contra los invasores.
Pero aun no todo estaba perdido. Justo cuando Eneas estaba por enfrentar a los 10 Jem´Haddar de la salida, pudo ver como aparecía desde detrás de los soldados un pequeño speeder de la Federación. Sobre el vehículo viajaban tres oficiales de la Flota que dispararon inmediatamente contra los soldados. Los Jem´Haddar se defendieron, pero los escudos del vehículo terrestre lo protegieron contra los disparos de phaser. Segundos después, los Jem´Haddar estaban liquidados. “Rápido, por aquí” me gritó el oficial a cargo del cañón del speeder. Sin dudarlo, corrí hacia ellos, mientras podía sentir los disparos de los Jem´Haddar que aun corrían hacia nosotros desde la entrada del túnel. Apenas subí a la pequeña camioneta, salimos a toda velocidad de allí.

Novena Parte: a través de la trinchera

Los tres jóvenes oficiales de la Flota miraron con asombro a Loanna Bau. No podían creer que la joven heredera aun estuviera en el planeta. Según se había informado, todas las familias aristocráticas habían sido evacuadas hacia Vulcano. Los oficiales, según me dijeron, estaban protegiendo el este de Betazed Central del avance de los Jem´Haddar. Habían sido descubiertos mientras limpiaban de toda información relevante el Ministerio de Defensa de Betazed y ya hacia más de 20 horas que estaban en batalla. Había sido una suerte que nos encontraran, ya que el túnel del magnetren delimitaban la frontera entre la trinchera federal y la trinchera del Dominio.
Mientras avanzábamos, pudimos ver otra vez la desolación en las calles. Transportes incendiados eran lo que mas abundaba. Las ruinas de edificios dificultaban el avance del pequeño jeep, pero sin embargo continuaba a paso veloz hacia las zonas protegidas de la ciudad. Poco a poco pude sentir las mentes de los soldados agazapados entre las ruinas de los edificios. Desde las terrazas disparaban hacia el oeste con morteros y rifles phasers. Las respuestas enemigas no se hacían esperar y yo podía oír el estruendo de las bombas enemigas a no menos de 500 metros. En menos de un día, el frente de batalla de la guerra del Dominio se había corrido hasta el centro de Betazed Central, y era ahora responsabilidad de este puñado de oficiales proteger lo poco que aun pertenecía a la Federación. Sin embargo, pude sentir cierta resignación en los oficiales que nos acompañaban en el jeep. Sabían que su causa estaba perdida. El ejercito de invasión del Dominio los superaba en 10 a 1 y por todo el sistema rondaban naves enemigas. Las posibilidades de que llegaran refuerzos de la Flota eran nulas. El tiempo que les quedaba de vida era solo una cuestión de resistencia física.
Pero no eran solo mentes de soldados lo que podía sentir a mí alrededor. A medida que nos acercábamos a un pequeño hangar, pude sentir decenas de mentes betazoides asustadas. Eran civiles. A pesar de nuestros esfuerzos de evacuación, muchas personas no habían logrado llegar hasta los transportes y habían quedado varadas en el planeta. Por lo menos, aquellas personas habían tenido la suerte de quedar del lado e la ciudad que aún protegía la Flota. Estaba seguro de que en el lado oeste muchos betazoides estaban cayendo prisioneros del enemigo.
“Debo dejarlos” me dijo el joven humano que manejaba el jeep. “Los refugiados deben quedarse aquí, hablen con el teniente comandante López.” En ese momento sentí que me invadía la irritación. Yo no estaba en el planeta para esconderme en un hangar con los civiles. Estaba allí para proteger con mi vida a la Federación, y eso estaba dispuesto a hacer. “Discúlpeme Teniente,” le dije, “pero preferiría una asignación en el frente de batalla, no estoy dispuesto a morir a escondidas.” El joven sonrió y pude sentir que estaba a punto de llevarme al frente con él, cuando sentí la mano de la joven Loanna Bau apretándose fuertemente junto a la mía. Yo estaba dispuesto a morir, pero ella hasta allí había llegado. Pude sentir el miedo en su mente, y al parecer el joven teniente también. Estaba asustada y quería estar junto a su familia, y en Betazed, lo más cercano a su familia en ese momento era yo. “Me parece señor, que sus servicios son requeridos aquí”, me dijo el joven humano. Sin otra alternativa, baje del jeep y pude ver como los tres jóvenes oficiales, abrumados por la responsabilidad, enfilaban a la trinchera. Fue la última vez que supe de ellos.

Décima Parte: el hangar

Ingresamos en el pequeño edificio de paredes metálicas. Al parecer, hasta un día antes, había funcionado como un edificio de oficinas.. Todavía podían verse escritorios con recuerdos familiares que no habían podido ser guardados antes de la evacuación, y paneles de información con trabajo a medio hacer. Todo parecía detenido en el tiempo, a la hora en que se había dado la señal de alarma. Pero además de los restos del antiguo edificio, ahora había también allí decenas de personas asustadas. Pude ver un gran salón donde los oficiales de la Flota habían improvisado camillas. Hacia allí eran dirigidos los heridos en el frente, ya sean civiles o oficiales de la Flota. Pude ver a un joven alférez dolorido tomar su pierna gravemente herida por muchas esquirlas. Era casi imposible que pudiera recuperarla. Junto al alférez, un pequeño niño betazoide me miraba tranquilamente, casi como si no notase el vendaje sangriento que cubría su frente. Después de años de batallas intergalácticas, por primera vez estaba viendo los efectos directos de la Guerra sobre la población. La mayoría de los heridos en ese edificio no sabía quien era el Dominio ni porque los estaba atacando. Ellos vivían su vida tranquila en la sagrada Federación, tal vez oyendo noticias de guerras lejanas, pero nunca habían pensado que les tocaría sufrirla en carne propia. Las vueltas de la vida y de la guerra son imprevisibles.
Pude ver a un hombre de mediana edad acercarse hacia nosotros. El también, de inmediato reconoció a Loanna Bau, que no soltaba mi mano en ningún momento. “Mi nombre es Jorel Uri, soy el médico a cargo de este... ejem, hospital de campaña. No se si decir que es un honor tenerla aquí señorita.” dijo el hombre. “Yo tampoco se si es un honor, pero puedo decir que yo si me siento honrada de estar junto a los verdaderos héroes de esta Guerra” Loanna solo tuvo que pensar eso para que el medico betazoide se ruborizase. “Pero este no es lugar para una heredera, debemos encontrar la manera de sacarla de este infierno.” continuó. En ese momento, quien debía ser el Teniente Comandante López se nos acercó también. Jorel Uri y López estaban de acuerdo, debían sacar a Loanna de allí. Al parecer, junto al pequeño hangar había un pequeño runabout de la Federación con el cual un par de horas antes les habían alcanzado suministros médicos y refuerzos civiles. Iban a utilizarlo en caso de que tuvieran que evacuar de emergencia el hangar, pero la presencia de Loanna Bau allí había modificado los planes. Inmediatamente, el Teniente Comandante López se ofreció para atravesar el frente de batalla del Sistema Betazed y llevar a la joven hasta Vulcano. Sin embargo, pude sentir la negativa de la joven heredera de la Quinta Casa. No iría a ningún lado si yo no iba con ella.

Onceava Parte: carrera hacia Betazed 9

El runabout estaba en perfecto estado, a pesar de que había recibido un par de disparos de phaser en el camino hacia el hangar. Loanna y yo nos ubicamos en la cabina de control. No estábamos seguros de si lograríamos llegar a Vulcano, pero deberíamos intentarlo. La muerte era casi segura en Betazed para un miembro de la aristocracia, y por lo menos tendríamos una oportunidad si intentábamos salir de allí.
No paso mucho más de un minuto desde que despegamos con el runabout cuando comenzamos a recibir disparos desde la tierra. Desde alto podía verse claramente la división entre las defensas de la Flota y el avance del Dominio. Una sensación de terror me invadió en ese momento pero me controlé, ya que no debía permitir que Loanna Bau se sintiera insegura. Sin embargo, era difícil ocultarlo. Desde allí podía verse lo peligrosamente cerca del frente de batalla que se encontraba el hospital de campaña. También podía verse la línea de batalla. Donde los oficiales de la Flota peleaban heroicamente. Frente a ellos, a poco mas de 400 metros, los Jem´Haddar avanzaban lentamente pero sin pausa. Eran muchísimos soldados enemigos, era solo cuestión de tiempo antes de que lograsen sobrepasarlos.
Antes de que los disparos de phaser provocaran algún daño importante en el runabout enfile hacia el espacio, dejando atrás a mi planeta natal, y a sus defensores, deseando poder haber dado mi vida junto a ellos. Una parte de mi, igualmente, sabía que lo que estaba haciendo era casi tan importante como lo que hacían los soldados en la trinchera al este de Betazed Central. Una vez en órbita, todo se envolvió con la paz del espacio exterior...hasta que los disparos comenzaron otra vez, pero esta vez provenían de las naves enemigas. La flota que rodeaba el planeta era realmente imponente. Enormes naves del Dominio liberaban sin detenimiento bugs que se iban alineando cerca de la luna de Betazed. Desde allí, tres naves se nos habían acercado, decididas a detener nuestra hui
da.


Yo sabía que las oportunidades de un runabout eran nulas frente a los bugs del Dominio, por lo que no dudé en poner máximo warp de inmediato. Debía llegar hasta el noveno planeta, donde tal vez encontraría la ayuda de alguna nave de la flotilla del Capitán Kashnikov. Era un viaje de 5 minutos, pero lo sufrí enormemente. Detrás nuestro, los tres bugs Jem´Haddar nos perseguían. Afortunadamente no consideraron que sería necesaria una mayor cantidad de naves para vencernos. Podía sentir los golpes de mi corazón aún más fuertes que las sacudidas de los disparos enemigos. Junto a mí, la heredera observaba la pantalla con solemnidad. Ahora parecía haber perdido todo el miedo que la había invadido en el planeta. Ahora era otra vez una digna miembro de la Quinta Casa, heredera del cáliz sagrado de Rixx. Estaba dispuesta a enfrentar su destino y ese aire de inmortalidad exaltaba su belleza juvenil.
Un panel estalló a mi derecha y un enorme tubo comenzó a despedir gas. Debíamos bajar la velocidad o nos destruiríamos nosotros mismos. Baje a máximo impulso y pude ver el gigante gaseoso. No había nadie esperándonos allí.

Doceava parte: el cinturón de la muerte

Otra vez estábamos perdidos. Como en el túnel del magnetren, la única posibilidad que quedaba era enfrentar al enemigo y morir, como diría un klingon, con honor. Pude ver en los alrededores del planeta los restos de la batalla que menos de un día antes había tenido lugar allí. La atracción gravitatoria del noveno planeta empujaba hacia si los enormes pedazos de metal retorcido por las explosiones. Por el grado de destrucción, no podía distinguir los restos de las naves del Dominio de los de las naves de la Federación. En la muerte todos eran iguales. Pude ver, en ese terrible instante, los restos del platillo de una nave, tal vez una clase Akira, tal vez una Norway, cayendo sin alternativa hacia el olvido de Betazed 9. Me pregunté por un segundo si aquel había sido el destino del capitán Kashnikov, quedar perdido en un cementerio con forma de anillo.
Pero a su vez, podía ser que ese cementerio fuera nuestra salvación. Antes de que los Jem´Haddar nos dieran el golpe de gracia, dirigí el runabout hacia al tétrico cinturón. Mientras maniobraba entre los restos, esquivando los disparos del enemigo, le daba instrucciones a Loanna sobre como intentar reparar los daños que no nos permitían entrar en warp. Por más que la joven aristócrata tuviera las mejores intenciones, no podía adquirir en esos segundos la experiencia que un oficial de la Flota tiene. El runabout herido sin embargo, aun tenía mucho para dar. Con agilidad se movía entre nacelles quebradas y cascos retorcidos. Los torbellinos gravitatorios que tamaña cantidad de restos provocaban, le daban al runabout una mayor posibilidad de esquivar a nuestros perseguidores. Pero otra vez era cuestión de tiempo antes de que lograsen alcanzarnos.
Y fue en ese instante crucial, en que la muerte parecía estar sobre nosotros, en que me sentí libre. Por primera vez sentí la vida fluir por mis venas. Estaba vivo, y quería continuar así. El destino estaba por jugar su última carta. Desde las profundidades abismales del gigante gaseoso pude ver emergiendo el platillo de una nave de la Flota. Por un momento pensé que eran más restos a la deriva por los torbellinos gravitatorios, pero inmediatamente pude ver que esa nave se movía por su cuenta. Era la U.S.S. Nabucodonosor que emergía en el amanecer de Betazed 9 como un ángel salvador. Con una agilidad sorprendente para una nave tan severamente dañada como parecía estar esa pequeña clase Intrepid, giró sobre si misma y disparó los phasers ventrales sobre los bugs Jem´Haddar. Una de las pequeñas naves, sin poder reaccionar a tiempo, fue alcanzada directamente y explotó, empujando lejos de si fragmentos del cinturón, que se abalanzaron sobre nosotros. Con una peligrosa maniobra pude evitar que uno de esos fragmentos golpease la barquilla warp del runabout, pero una de las naves del Dominio no logró esquivarlos. El golpe dejo a la nave enemiga casi sin defensas, por lo que pude aprovecharme de la situación, descargando sobre ella todo el arsenal que tenía el runabout. Mientras tanto, la Nabucodonosor se ocupaba del tercer bug, destruyéndolo casi sin esfuerzo. Estábamos fuera de peligro...por el momento.
Con alegría pude oír cuando el capitán Kashnikov se comunicaba con nosotros, proponiéndonos que nos acoplemos a su bahía de carga. Con la mayor velocidad posible, ingresé otra vez en la Nabucodonosor y pude sentirme otra vez a salvo. La nave, según supe después, había sufridos terribles daños en la batalla del día anterior. Un torpedo de photon había inhabilitado su timón, dejándolos a la deriva y casi sin soporte de vida. El gigante Betazed 9 los había atraído hacia su interior, protegiéndolos de los disparos del Dominio pero condenándolos a una muerte lenta si no lograban reparar sus daños. Las reparaciones habían llevado su tiempo, pero ahora estaban otra vez con capacidad warp y soporte de vida estable.
Cuando baje del runabout pude sentir bajo mis pies la vibración de la Nabucodonosor cuando entraba en warp hacia Vulcano. Pero esa vibración no me sorprendió tanto como la sensación de los labios de Loanna Bau junto a los míos, cuando la joven heredera me regaló un beso en señal de agradecimiento, admiración y, tal vez, amor. Una vez más había logrado sorprenderme.

Epílogo

Bitácora del Embajador Aldouz (suplemento): Fue realmente impresionante ver como el Teniente Comandante Hayes liberó sus emociones al hablar sobre los hechos durante la invasión a Betazed. Es indudable que lo que vivió ha marcado sus experiencias con fuego. Pude notar, sin embargo, que a pesar de lo que vivió con la joven Loanna Bau, el señor Hayes no ha sabido relacionarse con otras mujeres. Lo noto siempre distante y desconfiado, tal vez porque nadie puede igualar en su corazón a aquella intrépida señorita.
Por otro lado, pude ver también en sus ojos el dolor al recordar las calles de su planeta invadidas por soldados enemigos. No creo que haya sensación peor en una guerra que ver nuestros santuarios profanados. Tal vez Hayes y algunos otros salieron victoriosos y honrados luego de esto, pero el precio para mi amigo betazoide parece ser más de lo que hubiera estado dispuesto a pagar. Muchos murieron en este evento de la Guerra del Dominio, y todas esas muertes valen más que cualquier honra.

Trascripción del Noticiero Interestelar

Esta mañana han sido glorificados con la Medalla de Honor y la Orden Gris de Betazed el recientemente ascendido Almirante Kashnikov, firme candidato para un puesto en el Alto Mando de la Flota cuando esta Guerra llegue finalmente a su fin, y el también ascendido Teniente Comandante Eneas Hayes. La condecoración fue entregada de las manos de la prominente miembro del gobierno betazoide en el exilio, señorita Loanna Bau, quien fuera rescatada de Betazed por las fuerzas conjuntas de la Flota al mando del entonces capitán Kashnikov y por las tropas de defensa lideradas heroicamente por el Teniente Hayes. La Nabucodonosor, nave insignia de la Flota de protección de Betazed, sirvió de escenario para esta ceremonia, a pocos días de que la nave sea reasignada al Almirante Ross. Las hazañas de estos héroes han escrito su página en la historia y serán recordadas hasta el final de los días...