“A la tripulación de
Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek UNITY
Una luz al final del túnel
Escrito por Marplanauta
Primera Parte: El monstruo de piedra
El equipo de exploración de
El embajador Aldouz había detectado la existencia
del quinto prikmal en el sistema Lupasa apenas una semana atrás. No pasó mucho
tiempo antes de que supieran que el prikmal estaba escondido en el medio de
la selva tropical del planeta. El equipo había tenido que atravesar un gran
trayecto tratando de evitar los ataques de los animales salvajes locales y cualquier
contacto con las poblaciones primitivas del lugar. Ahora, parecían estar a solo
- Hacia allá.- indicó Elina señalando con su brazo izquierdo.
- Solo espero que esta no sea otra falsa alarma. Ya van tres veces que Aldouz confunde los datos creyendo encontrar un prikmal...- protestó el comandante Lexx.
- Yo solo quiero terminar con esto y volver rápido a la nave...- exclamó la cardassiana, no muy acostumbrada a las selvas.
“Seguramente quiere volver a la nave para seguir de fiesta...” Eneas Hayes no pudo evitar escuchar el pensamiento de Mel Varad. Desde que la capitana había ordenado al bajorano y a Elina Vek a vivir juntos, la situación solo había empeorado. El joven alférez sentía un gran odio racial hacia ella, y no se había reducido por el hecho de compartir su habitación. Por otro lado, Eneas Hayes había notado que sus maneras de comportarse eran diametralmente opuestas. Mientras la alférez Vek disfrutaba de su vida social y había tenido citas con varios tripulantes, el alférez Varad era bastante recluido. Podía sentir que el bajorano era muy ambicioso. Quería sobresalir a toda costa, y su carrera era lo primordial. Era por eso que su vida social era más bien escasa. Era el deber de Eneas controlar la seguridad de la nave, y seguía estando convencido de que la relación de estos dos tripulantes solo traería problemas.
Vreel Lexx apartó unas ramas que le impedían el
paso y apareció ante ellos una extraña estatua. Tenía unos
- Según los datos de mi tricoder,- exclamó Elina.- el prikmal esta dentro de la estatua.-
- El señor Aldouz nos dijo que tengamos especial cuidado con este prikmal.- indicó el teniente comandante Hayes.- Sin embargo no fue muy preciso sobre lo que podíamos encontrar.-
- No se preocupe señor Hayes, hasta ahora los prikmales que encontramos solamente tienen lucecitas brillantes.- agregó bromeando el comandante Lexx.-
Con cuidado, el comandante apuntó hacia el estómago del monstruo, desde donde provenían las señales. Disparo su phaser a mínima potencia y consiguió evaporizar la piedra. Ante ellos apareció la misteriosa joya. Era de color negro y opaca como el carbón. Definitivamente no era un prikmal más con lucecitas brillantes.
- Tomemos esto y volvamos a casa.- exclamó el trill mientras se acercaba al monstruo.
El comandante estiró su mano y un ardiente calor fue lo último que sintió. A su alrededor todo se volvió negro, tan negro como el quinto prikmal.
Segunda Parte: Gualda Lexx
Lexx despertó en una mullida cama. Miró a su alrededor y buscó el botón de encendido de las luces de la habitación. Al no encontrarlo dijo:
- Computadora, luces. ¿Ya es hora?-
- Su turno comienza en cinco minutos.-
- Computadora, recuérdame poner el despertador quince minutos antes mañana. Si llego tarde al trabajo otra vez el señor Scott me asesinará.-
La computadora no respondió. El joven Gualda Lexx se lavó la cara, tomó un refrigerio del duplicador de proteínas, se puso su uniforme rojo y corrió a través de los pasillos del Enterprise hacia la sección de Ingeniería. Tomó el turboascensor mas cercano pero a pesar de sus esfuerzos no pudo evitar llegar un par de minutos mas tarde de lo previsto. El jefe de ingeniería Montgomery Scott, lo miro de reojo.
- Va aprendiendo señor Lexx.- le dijo con su inconfundible acento escocés - A este paso tal vez en dos o tres vidas llegue a ser un buen oficial.
- Disculpe señor, hubo un problema con el...- quiso explicarse.
- No necesito excusas, lo único que necesito es que cumpla con sus obligaciones.-
- Si si señor, no volverá a ocurrir señor.-
- Eso dijo la última vez...-
Afortunadamente para el alférez Gualda Lexx, el sonido del intercomunicador interrumpió la reprimenda de Scotty.
- Aquí Ingeniería.-
- Señor Scott, hemos descubierto un planeta con posibles reservas de dilithium.- quien hablaba era nada menos que el capitán.- Prepare un equipo y encuéntrese conmigo en la sala de transportes.-
- Si señor, ya se exactamente a quien voy a llevar a excavar un par de minas.- respondió el escocés.
Gualda Lexx estaba emocionado. Era su primer misión en un planeta en varias semanas. La última vez que había dejado la nave había sido en la estación K-7, pero no era comparable con respirar aire puro otra vez, y poder contemplar el horizonte, aunque sea por un segundo. Junto a él iba el Alférez Rodríguez y el señor Scott. Gualda Lexx estaba ya en posición para transportarse cuando vio que la puerta de la sala de transportes se abría. A través de ella ingresaron el señor Spock, el capitán Kirk y el doctor McCoy. Lexx los observó con admiración. El capitán Kirk era su modelo a seguir. Estaba seguro de que algún día llegaría a ser una leyenda. A su vez, Spock y McCoy eran también oficiales admirables.
- Desconfío de cualquier civilización que no pueda entender un simple chiste.- venía diciendo McCoy.
- El humor es irrelevante doctor, no veo en que puede servirnos en una misión de búsqueda de dilithium.- respondió el primer oficial Spock.
- Yo si se para que me puede servir: así puedo tolerar esa amargura vulcana.- replicó el doctor mientras Spock levantaba inquisitivamente su ceja.
El haz amarillento del rayo transportador los rodeó, y cinco segundos después estaban en el planeta. Había rocas todo a su alrededor, y el cielo estaba teñido de un extraño color violeta. Algunas plantas desconocidas se esparcían entre las rocas, quebrando su monotonía.
- Según los datos del tricoder, el dilithium debe estar hacia allí. Será mejor dividirnos en grupos para ampliar el rango de la búsqueda.- dijo el señor Spock.
- Esta bien, señor Scott, usted vaya hacia el norte, con el doctor.- ordenó Kirk.- Spock y yo iremos hacia el Este, Rodríguez y Lexx buscaran hacia el oeste.-
Como había ordenado el capitán, Lexx comenzó la
búsqueda de los cristales de dilithium. Había algo en ese planeta que no le
terminaba de dar confianza. Sentía como si alguien los estuviese observando
todo el tiempo. Sin dudarlo, tomo su phaser y avanzó entre las rocas. Si había
alguien allí no lo encontraría desprevenido. Rodríguez avanzó unos metros delante
de él y saltó por sobre una roca. De repente, Lexx oyó como Rodríguez gritaba
desesperado. Corrió hacia su posición y vio como una extraña entidad gelatinosa
avanzaba sobre Rodríguez. Segundos después Rodríguez estaba muerto. Lexx apuntó
su phaser y disparó con todas sus fuerzas. Sin embargo, el rayo atravesó a la
entidad sin dañarla. En ese instante, el capitán Kirk llegó hasta donde ellos
estaban y se mostró casi tan asombrado como Gualda. El joven trill pudo ver
como la entidad gelatinosa comenzó a avanzar hacia el capitán, sin que Kirk
pudiera reaccionar. Al parecer, ejercía alguna especie de hipnosis sobre sus
presas. Gualda Lexx no podía permitir que Kirk corriese con la misma suerte
que Rodríguez. Tuvo deseos de salir corriendo de allí, pero los hizo a un lado
y volvió a disparar sobre la entidad, con los mismos resultados que antes. Fue
en ese momento que perdió todo su miedo. Era un miembro de
Tercera Parte: Sinapsis
El comandante Vreel Lexx fue transportado directamente a Enfermería. Había sufrido un extraño ataque proveniente del prikmal que habían estado buscando. En el instante mismo en que lo tocó se desmayó y no habían podido hacerlo volver en sí.
- Enfermera T´Lir, tricoder médico.- ordenó Sebastián Castillo.
El doctor había estado investigando la fisonomía
iconiana para un trabajo para
- Aplique 5 miligramos de fedrocaina.- le dijo a su enfermera vulcana.
- ¿Sabe que es lo que pasó doctor?- le preguntó
la capitán que acababa de entrar a
- Por ahora son pocos los datos que tenemos. Según los sensores, sufrió una especie de shock sináptico. Su cuerpo no reacciona pero su mente esta en completo funcionamiento. Intentaré hacerlo regresar con fedrocaína, pero no estoy seguro de lo que puede suceder.-
- Esta bien doctor, trabaje tranquilo.- dijo la capitana mientras se acercaba a Eneas Hayes para saber de primera mano lo que había sucedido en el planeta.
Sebastián Castillo continuó trabajando sobre el cuerpo inerte del comandante Lexx. Su experiencia con los trills era escasa, y menos aún con los trills unidos. Según tenía entendido, los simbiontes se alojaban en una cavidad especial en el vientre de los huéspedes y desde allí se formaba una unión sináptica entre ambos especimenes. El simbionte Lexx era bastante joven y fuerte, y había soportado el shock con bastante éxito. Sin embargo, el huésped Vreel no parecía estar reaccionando favorablemente. La fedrocaína no estaba haciendo efecto. “Maldición”, pensó “Vamos comandante, usted es un hombre fuerte”. Sebastián Castillo era sumamente responsable, ya había sufrido suficientes pérdidas frente a sus ojos como para dejarse vencer. En cada situación daba siempre lo mejor de sí. Su pasión por el trabajo le había costado el matrimonio, y ahora ayudar a los demás era lo único que le importaba.
La enfermera T´Lir le acercó los estimuladores neuronales y los ubicó en la frente del comandante, justo sobre la línea de manchas que atravesaban su sien. Los estimuladores deberían hacerlo reaccionar más que lo que había hecho la fedrocaína. Si eso ya no funcionaba, solo quedaba una salida posible.
Cuarta parte: Muad Lexx
El Sol del planeta Trill se estaba poniendo. Era principios del verano, y una familia descansaba en el parque de su casa. El viejo Muad Lexx estaba sentado en su sillón reclinable observando el jardín, donde sus dos pequeños nietos correteaban alegremente. Junto a él, su amada esposa Demora preparaba un té oriental, en base a la infusión que su padre le había enseñado a preparar muchos años antes.
Demora era humana, y Muad la había conocido durante un Congreso de Exobiología en Drylax. El flechazo había sido instantáneo, y desde ese momento habían sido inseparables. Habían tenido que afrontar numerosos desafíos, en especial mientras ella estuvo en Flota Estelar. A Muad nunca le había gustado dejar su mundo natal, por lo que se le hacía difícil acompañar a Demora en sus viajes intergalácticos. Para ser un exobiólogo, era bastante sedentario, prefería en lugar de viajar pasar sus días analizando muestras en el laboratorio. Había algo en los planetas desconocidos que no le inspiraba confianza. Fue por eso que cuando finalmente se jubiló, ambos decidieron establecerse en Trill.
Uno de los trabajos más importantes de su vida había
consistido en estudiar la fisonomía de los recientemente descubiertos cardassianos.
La nave donde servía su esposa Demora había hecho el primer contacto con los
cardassianos, y gracias a ello había podido obtener información de primera mano
sobre ellos. Ese trabajo le había valido el puesto de Decano en
Su pequeña nieta se acercó corriendo. Era de piel
bronceada, y sus ojos rasgados combinados con las manchas trill rodeando su
cara le daban un aire picaresco. Saltó sobre su falda y le dio un enorme abrazo.
En ese momento, Muad Lexx pensó que ni cualquier reconocimiento de los científicos
del Cuadrante ni cualquier puesto en
Muad saboreó el té que le había preparado Demora y la miró a los ojos. Habían pasado ochenta años desde la primera vez que la había visto, pero todavía le latía más fuerte el corazón cuando ella le sonreía. Había encontrado a la mujer perfecta, su mujer perfecta, y más allá de todos los conflictos y problemas que habían tenido, nunca había dudado ni por un segundo todo el amor que sentía por ella.
El sol finalmente se puso entre las colinas que podían verse desde el fondo de la casa del viejo trill. Su hija pasó a buscar a los niños y Muad subió a su habitación a descansar. Definitivamente ya no era tan joven como para resistir de la misma manera que sus nietos. Se recostó en su cama y cerró los ojos, pensando en su familia. Poco después de quedarse dormido su corazón dejó de latir.
Quinta parte: el huésped
- Doctor lo estamos perdiendo.- exclamó la enfermera T´Lir.
Rápidamente, el doctor Castillo incrementó la potencia de los estimuladores sinápticos. Sin embargo, sabía que no podría evadir la decisión final.
- Doctor, díganos lo que esta pensando.- exclamó el teniente Hayes luego de leer la mente de Castillo.- Si hay una solución alternativa debemos saberlo.-
- Existe una posibilidad de recuperar al comandante.- comenzó a decir Sebastián.- Los órganos de los huéspedes trill son muy delicados y debería hacerle cirugía mayor para poder contrarrestar los efectos del shock que recibió. Para esto debería aplicarle anestesia general. Desafortunadamente, los simbiontes trill no soportan este tipo de tratamientos. Si intentase realizar esa operación, Vreel podría sobrevivir, pero Lexx definitivamente moriría.-
- No podemos hacer eso Doctor.- intervino la capitana.- El simbionte Lexx es muy joven como para morir así, todavía debería tener muchísimos años de vida por delante.-
- Por eso le estoy ofreciendo la alternativa.-continuó el doctor.- Podríamos intentar realizar un trasplante. Si ubicásemos al simbionte trill en otro huésped mientras realizo la operación sobre el comandante, podría haber una posibilidad para ambos. Pero debo advertir que es un gran riesgo tanto para Vreel Lexx como para el huésped interino.-
- Debo hacerlo yo.- dijo sin dudarlo Eneas Hayes.- Yo estaba en la misión en el planeta, y fue culpa mía que el comandante haya recibido ese ataque. Como jefe de seguridad era mi responsabilidad.-
Eneas Hayes nunca había simpatizado mucho con el comandante Vreel Lexx. Era en realidad su completo opuesto. Mientras el betazoide desconfiaba de todo el mundo y evitaba hacer relaciones sociales, el comandante era amigable con todos y casi siempre era el centro de atención. En el Agujero Negro Hayes generalmente tomaba su raktajino a solas en una esquina, mientras que el Comandante siempre estaba bien acompañado, e incluso algunos oficiales se peleaban por tenerlo en su mesa. Por otra parte, encontraba difícil leer su mente. La cantidad confusa de emisiones electroneurales entre simbionte y el huésped hacían difícil distinguir un pensamiento concreto. A pesar de sus sentimientos de envidia y desconfianza, sabía que era un gran oficial, y le tenía mucho respeto. No podía dejar pasar la oportunidad para redimirse por su negligencia en Lupasa 5.
- Lo siento teniente Hayes.- exclamó el doctor Castillo.- Los betazoides no son compatibles con los simbiontes trill. Sería imposible realizar el trasplante con éxito.-
- Además Eneas, si alguien es responsable de la tripulación en esta nave, esa soy yo.- interrumpió Brittany Jefferson.- La principal misión de todo capitán es velar por la vida de sus oficiales. Si el Comandante esta en peligro y existe una posibilidad de salvar su vida, es mi deber hacer todo lo posible por lograrlo. Doctor, prepare sus equipos, la huésped interino seré yo.-
Sexta parte: Berenice Lexx
Una mujer trill de unos cuarenta años caminaba decidida entre la gente. Era muy atractiva, a pesar de su edad. Varios hombres no podían evitar seguirla con la mirada. Esa era realmente una fiesta impresionante. Miles de personas de todas las razas, colores y tamaños bailaban frenéticamente a la luz de las estrellas. Vega era el mejor lugar de la galaxia para estar de fiesta y eso era definitivamente lo que Berenice Lexx estaba buscando. Se acercó a la barra y le pidió un “llamarada solar” al barman. Con sus cinco brazos mezcló las bebidas creando un brebaje del exacto color de una estrella, y como toque final abrió su boca y de un soplido de fuego encendió la superficie del trago. “Nunca terminaré de asombrarme de los barman diloasianos, son los mejores” pensó.
Berenice Lexx disfrutaba realmente su vida. No tenía ningún compromiso con nadie en toda la galaxia. Era un alma libre siempre en busca de un poco de diversión. Durante años se había dedicado al comercio entre sistemas y había logrado hacerse medianamente conocida en el cuadrante. Todos sabían que para lograr un buen transporte de mercancías o para conseguir algo virtualmente inconseguible, deberían hablar con ella. Muchas veces había sido tentada con tener una vida un poco mas tranquila, pero ella siempre había elegido continuar vagando de un lado a otro, sin un destino fijo ni un propósito determinado. Su lema era: “vive esta vida como si fuera la última que vivirás”. Era gracias a ese sentimiento que podía estar en ese momento tomándose una “llamarada solar” en Vega.
Sin embargo, no había estado tan libre durante los
últimos tiempos. Poco antes había tenido una interesante experiencia con los
Piratas de Orión. Había sido contactada por ellos cerca de los límites de
El trabajo consistía en viajar a territorio klingon
y llevar un cargamento hasta un pequeño planeta en el sector Finnegan. Afortunadamente
las relaciones entre
No tardó mucho en llegar a Nueva Praxis. Allí, un enorme klingon se transportó a su nave y dejó el cargamento, no sin antes advertirle que debía llegar al sector Finnegan en menos de cuatro días. Era evidente que no era legal lo que estaban haciendo, pero a Berenice mucho no le importaba. Su vida era un constante vértigo, y no podía evitar arriesgarse a cada minuto. Esta era solo otra experiencia.
Los controles fronterizos fueron escasos gracias
a su permiso de libre tránsito, por lo que su trayecto fue más que tranquilo.
Sin embargo, la curiosidad era enorme. Quería saber que era lo que estaba contrabandeando.
Si por casualidad llegaban a ser armas, no dudaría en eliminarlas de inmediato.
Berenice era arriesgada, pero no era una asesina en lo absoluto, y no contribuiría
al comercio de armas. Con mucho cuidado abrió uno de los paquetes que el klingon
había guardado en la bodega de su nave y su asombro se transformó rápidamente
en satisfacción. En la caja había una gran cantidad de cargas para hipospray.
Eran de un color rojizo y con una pequeña inscripción en klingon que decía claramente
“kerogaina”. Berenice no era ninguna tonta y sabía perfectamente lo que era
la kerogaina. Durante años los klingon habían utilizado esa sustancia para intentar
alcanzar un estado de abstracción tal como para poder contactarse con Kahless
y pedirle su sabio consejo. Era también usada en los momentos de distensión
entre batallas, pero debido a sus efectos terminaba enfrentándose entre sí,
provocando daños aun mayores que los que habían tenido en la lucha contra el
enemigo. Tal vez por eso había sido prohibida en todo el territorio de
La fiesta seguía en Vega y Berenice disfrutaba de su trago. Varias personas se acercaron a saludarla, no era la primera vez que estaba en ese planeta. Terminó de beber y se dirigió lentamente hacia la pista de baile. A su alrededor las personas se movían frenéticamente. Miles de cuerpos se contorneaban, algunos semidesnudos. La fiesta poco a poco se fue calentando, y el baile se iba volviendo mas intimo. Las fiestas en Vega eran también conocidas por ser impredecibles. Berenice estaba realmente feliz. Metió la mano en el bolsillo izquierdo de su saco y extrajo un pequeño frasco con un líquido rojizo. Era kerogaina. Había transportado miles de dosis, era indudable que se guardaría una. Mientras bailaba puso la dosis en un pequeño hipospray y la aplicó sobre su cuello. Los efectos serían realmente inesperados.
La música de repente comenzó a sonar más grave y más lento. Las personas a su alrededor se multiplicaban y se movían en maneras extrañas. La kerogaina realmente estimulaba sus sentidos. Miró hacia el cielo y le pareció ver que las estrellas también bailaban al son de la música. Sintió como muchas manos la acariciaban, provocándole un placer intenso e increíble. Su corazón latía rápidamente mientras bailaba. Quería gritar y volar. Quería unirse a toda esa gente. De repente sintió que la multitud se fusionaba en un solo ser gigante, que se movía haciendo oleadas extrañas. Era como estar otra vez en aquel ser gelatinoso que le había quitado la vida muchos años antes. La emoción fue tan fuerte que Berenice no pudo soportarlo y cayó rendida en el medio de la multitud. Fue una suerte que pudieran salvar al simbionte.
Séptima parte: Brittany Lexx
La sala de operaciones estaba en un completo silencio. Sebastián Castillo había anestesiado a la capitana, y estaba a punto de extirpar el simbionte Lexx. Poco a poco fue sacando el extraño ser del cuerpo del Comandante, con sumo cuidado y evitando los movimientos bruscos. Era sabido que los simbiontes eran seres extremadamente delicados. Con precaución, ubicó a Lexx en un pequeño recipiente y se preparó para unirlo a la capitana. Debía darse prisa, ya que si el simbionte pasaba mucho tiempo sin unirse podría correr peligro. Apenas unos minutos mas tarde, la unión ya había sido concretada y podía continuar operando al Comandante sin preocuparse.
Brittany Jefferson sintió como la invadían miles de experiencias ajenas. De repente, le pareció haber vivido doscientos años. La unión con el simbionte Lexx no estaba completamente balanceada, por lo que oleadas de recuerdos llenaban su mente. Recordó por ejemplo haber conocido al mítico capitán Kirk, y haber enfrentado con el señor Scott a un grupo de klingons arrogantes en le estación K7. Le pareció también estar en una habitación oscura, junto a otras tres personas, besándose y acariciándose. Sintió también que nadaba en un mar rojizo, a la luz de un cinturón de asteroides.
Pero a la vez sentía que era ella. Sus memorias
estaban intactas. Recordaba las planicies marcianas y su infancia junto a su
padre. Recordaba
Sentía que podía conocer el universo sin moverse de su lugar. Había un universo nuevo dentro suyo, lleno de imágenes pasadas. Eran cosas que ella misma había vivido, pero aun antes de que Brittany Jefferson hubiera nacido. Era un viaje hacia adentro y hacia fuera.
Sebastián Castillo despertó a la capitana.
- La operación fue un éxito. El comandante esta a salvo y ha sido unido otra vez a su trill.- le dijo.
Brittany Jefferson intentó recordar otra vez lo que había estado sintiendo mientras estaba dormida. Lo único que puso sentir fue una gran soledad.
Octava parte: una nueva unión
El comandante Vreel Lexx ingresó a la oficina de la capitana. Había sido dado de alta pocas horas antes y ya estaba en condiciones de prestar servicio otra vez. Recordaba poco de lo que había sucedido en Lupasa 5, pero sin embargo contaba con numerosos recuerdos nuevos.
- Buenas tardes capitán Jefferson.-
- Me alegra verlo bien señor Lexx. Hubiera sido una pena perder a un oficial como usted.- le dijo la capitán
- Fue realmente algo inesperado...pero tenemos el prikmal ¿no?- preguntó el trill
- El Embajador aún esta determinando la autenticidad del prikmal, pero la perspectiva no parece muy alentadora. Al parecer las señales falsas que hemos estado encontrando han sido puestas allí deliberadamente. Tenemos razones para creer que alguien quiere evitar que tengamos éxito.-
- Solo espero que todo este esfuerzo haya valido la pena. ¿Hay alguna sospecha sobre alguien en especial?-
- Aún no, pero le aseguro que no nos detendremos hasta saber quien anda detrás de esto. Prometo mantenerlo informado comandante. – dijo la capitana mientras volvía a repasar los reportes.
El comandante Lexx miró la imagen detrás del escritorio de la capitana y sonrió.
- Los canales marcianos.- dijo.- Puedo sentir aun el vértigo de viajar a toda velocidad a través de ellos.-
- Cada vez que veo esa pintura tengo la misma sensación.- agregó la capitán mirando detenidamente al trill.
- Parece que ahora tenemos más en común. Capitán, hablando con franqueza, no puedo evitar sentir que usted es ahora casi como una hermana para mí.-
- Si es así, me alegra formar parte de la familia Lexx. En el poco tiempo en que estuve unida pude ver que es usted una persona realmente admirable Vreel, y me alegra tenerlo en mi tripulación.-
- Muchas gracias capitán...Brittany.- dijo el comandante mientras caminaba hacia la puerta.
- Y recuerde comandante...vive esta vida como si fuera la ultima que vivirás.- agregó la capitana.
- No se preocupe, eso es lo que he estado haciendo los últimos doscientos años.- dijo el comandante poco antes de que la puerta se cerrase.