“A la tripulación de la USS Asimov le es encomendada una importante misión, encontrar los 10 elementos básicos del universo, sin los cuales dejará de existir todo tal cual lo conocemos. Con la ayuda del embajador Aldouz, y la representante romulana M´Rel, deberán abrirse camino para cumplir su importante misión.

Gene Rodenberry y Action Tales presenta: Star Trek  UNITY

Escrito por Marplanauta

Portada: Julio Nieto.

Temporada 1

Nota del editor :

Como hay mucho material acumulado de la serie, durante unos números, se editaran dos historias por números.

Espero que disfrutéis de las aventuras de la Uss Asimov y su misión.

“Al principio, solo había oscuridad...”

Primera Parte: Cambio de rumbo

Federación Unida de Planetas. Sector 001. San Francisco

La capitán Brittany Jefferson recorría los amplios pasillos del Comando de la Flota Estelar con su firmeza característica. Su rostro no otorgaba ningún vislumbre de lo que ella pudiese estar pensando. Había sido recientemente decomisionada de su capitanía en el U.S.S. Hope y ahora se dirigía a un encuentro con los principales almirantes de la Federación. Definitivamente toda esta situación le intrigaba, pero su temple no dejaba que aquellos que la observaran vieran la inseguridad que le causaba el desconocimiento de lo que estaba por suceder. Era alta y rubia, con una mirada fría en sus ojos, casi tan dura como el resto de su rostro. Muchos en la Flota creían que por su tarea en el Cuadrante Beta con la Hope, durante la crisis por la caída del Imperio Thallolian, era merecedora de una gran admiración. Ella había demostrado rudeza y determinación donde muchos habían sido débiles, llevando al conflicto a un final pacífico. Además, durante la guerra del Dominio, la U.S.S. Hope había logrado mantener la seguridad en la zona, defendiendo el sector de los continuos ataques Jem´Haddar.

Jefferson giró sobre sus talones y una puerta se abrió rápidamente. Ante ella, sentados frente a una mesa de forma ovalada, se encontraban el almirante Setlek y la almirante Brand.

-Por favor, siéntese- exclamó la almirante Brand, una eminencia entre los de mayor rango en la Flota. - Me imagino que se estará preguntando para que la hemos llamado.

-De hecho, me asombré bastante al enterarme que mi capitanía en la Hope había llegado a su fin...y definitivamente aún no entiendo la causa de mi decomisión.

-Estoy seguro de que comenzará a entender en un momento capitán, la paciencia es un árbol de raíces amargas pero de dulces frutos. - el vulcano Setlek se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia la capitán Jefferson. - Supongo que estará al tanto de que las relaciones actuales entre el Imperio Romulano y la Federación siguen siendo de desconfianza, a pesar del acercamiento posterior al incidente remano. (1)

-Sé que hubo algunos encuentros no muy agradables en el sector de la zona neutral, pero no tengo conocimiento de que alguno de ellos haya llegado a nada serio.- respondió Jefferson sin inmutarse ante el irritante carácter vulcano de Setlek. - Tengo entendido que los Romulanos respetan el Tratado de Algerón al pie de la letra, mas ahora que la Pretor Donatra esta a cargo del Imperio.

-Debo decirle que la realidad parece ser un poco mas adversa capitán Jefferson. La Federación cuenta con una base de estudios astronómicos cerca de la zona neutral, la base Musso III. La rutina de esta base le obliga a su tripulación a enviarnos reportes cada semana, pero las transmisiones se detuvieron hace poco más de un mes. Las naves  cercanas que enviamos a investigar corrieron con la misma suerte. Las comunicaciones enviadas por estas naves antes de desaparecer llegan a nosotros solamente como una especie de estática. Nuestros oficiales tácticos creen que los romulanos podrían haber desarrollado alguna nueva clase de tecnología que le otorgase el poder suficiente para silenciar a nuestras naves, por no decir para destruirlas. -

-Si los romulanos obtuvieron tecnología capaz de destruir una base Federal sin llamar la atención, creo que estamos ante un grave problema.- señaló Jefferson.

-Es por eso que la llamamos a usted, capitán. Creemos que ya está capacitada para realizar tareas más importantes que el mero análisis de nebulosas y cometas. Es por eso que ha sido asignada para comandar en esta misión la nave más nueva y mejor equipada de la Federación, la U.S.S. Asimov.

Segunda Parte: Despegue de Utopía Planitia

 

La U.S.S. Asimov se encontraba orbitando alrededor de Marte. Casi no había sido utilizada, pues había sido construida en Utopía Planitia y sólo la habían probado alrededor del Sistema Solar  Era una nave clase Verne, originalmente ideada para la exploración espacial, pero ampliamente modificada en lo referente a armamento, luego del incidente con los borg y la guerra del Dominio.  Era capaz de alcanzar una velocidad máxima de warp 9.975, con una velocidad crucero normal de 8.1. Sus 35 cubiertas se repartían entre los 110 metros de altura, 349 metros de largo y 215 metros de ancho, que albergaban a una tripulación de alrededor de 300 personas. Su puente era amplio y confortable, con la silla del capitán ubicada en el centro, rodeada por la del comandante y un panel de control. Frente a la misma, las estaciones del timonel y la artillería nacían desde el suelo con un fulgor mecánico para terminar artísticamente en los paneles de LCARS(2). Las estaciones científicas se hallaban detrás del puesto del capitán, en el primer nivel del puente. El techo estaba recubierto con aluminio transparente que permitía ver el exterior de la nave. Una puerta lateral del puente llevaba al turbolift, mientras que la opuesta se dirigía a la oficina del capitán y la Sala de Conferencias.

El comandante Vreel Lexx se encontraba revisando los registros de la tripulación en su puesto. Habían pasado pocas horas desde que la capitán había abordado y la tripulación comenzaba poco a poco a aclimatarse con la nave. De repente, una voz lo distrajo de su trabajo.

-Alférez Elina Vek presentándose en servicio, señor.

El comandante Lexx levantó los ojos del panel que estaba analizando y observó con asombro a la nueva tripulante. Frente a él se erguía una joven y bella cardassiana. Sus ojos brillaban con entusiasmo pero su cuerpo y su cara estaban firmes. Era de mediana estatura y con rasgos suaves, que hacían resaltar mas sus ojos grises. Elina Vek era la primera de su especie en graduarse en la Flota Estelart, y lo había hecho con honores, ganándose el respeto de muchos que creían que no lo iba a lograr. Las nuevas relaciones con el Imperio Cardassiano, luego de su derrota en la guerra, hacían que el interés de Starfleet por Elina fuese especial. Poseía la inteligencia y la facilidad de aprendizaje características de los cardassianos, lo que la hacía también un valioso miembro de cualquier tripulación.

-Estaba esperando conocerla, alférez, he oído hablar mucho de usted.- exclamó el comandante Vreel Lexx mientras la observaba detenidamente.

A pesar de que era un trill y que a lo largo de sus tres vidas anteriores había aprendido a evitar los prejuicios, Lexx no pudo resistir un dejo de impresión al ver a la cardassiana vistiendo el traje color azulado de la Federación.

-Espero que los comentarios que ha recibido sean favorables.- dijo Vek

-Puede estar segura de ello alférez, por cierto, tengo su registro. Dice aquí que sus padres eran embajadores en la Tierra: ¿es por eso que decidió ingresar a Flota Estelar?

Elina Vek se disponía a responder cuando, las puertas de la habitación del capitán se abrieron. De su interior surgió Brittany Jefferson, con la misma mirada inflexible y firmeza al caminar. La partida de la Asimov había sido programada para algunas horas mas tarde, pero la capitán había recibido un mensaje de emergencia de la Tierra que parecía cambiar los planes.

-Alférez, - exclamó dirigiéndose al joven bajorano que ocupaba la estación del timonel - fije rumbo a la zona neutral romulana, coordenadas 7365 marca 4. Warp máximo.

-¿Que sucede, capitán?- preguntó Lexx

-La Flota me ha informado que han detectado cierta actividad inusual del lado romulano, principalmente en el sector donde solía estar la base Musso III. Debemos acudir para defender las colonias federales cercanas en caso de haber algún tipo de problema, pero nuestra misión principal es averiguar lo sucedido con las naves desaparecidas y con la estación.

Ella no lo dijo, pero su experiencia con los romulanos le indicaba que esta actitud era por demás extraña. No era común que los romulanos comenzaran los conflictos, generalmente esperaban que su contraparte actúe antes que ellos. Había algo más allí, algo que todavía no podían ver y que provocaba esta actitud extraña.

La U.S.S. Asimov giró en redondo y comenzó a avanzar, dejando la orbita donde había estado en construcción los últimos meses. Con un rayo de luz entró en warp y desapareció en el horizonte lejano. No lo sabían, pero lo que les esperaba en la zona neutral era mucho mayor de lo que se imaginaban, algo que definiría el rumbo de su futuro.

Tercera Parte: Empatía paranoica

Después de varias horas de viaje, la esplendorosa Asimov se acercaba a la Zona Neutral. El jefe de seguridad betazoide Eneas Hayes se encontraba revisando los reportes de la tripulación en el “Agujero Negro”, el bar de la U.S.S. Asimov. Estaba degustando su café Tamarian replicado que, para variar, difería mucho del original. La mayoría de las personas no encontraba diferencia entre la comida replicada y la real, pero a él le parecían completamente distintas. Tal vez esto era una consecuencia de su excesivo perfeccionismo. Estaba solo, y así lo había estado durante todo el viaje hacia la Zona Neutral, pero ya estaba acostumbrado a estar así. Pocas personas (especialmente escasas las del sexo femenino) podían aceptar que él, mientras entablaba una amena conversación, pudiera estar leyendo tranquilamente sus mas profundos pensamientos. Desde pequeño, en Betazed, Eneas había tenido dificultad en controlar sus crecientes habilidades empáticas. Mientras la mayoría de los betazoides aprenden a mantener aparte los pensamientos ajenos, él nunca pudo lograr reprimirlos. A lo largo de los años fue aprendiendo a vivir en soledad, puesto que, al saber todo lo que los otros piensan, las relaciones de amistad llegaban a ser por demás incómodas, tanto para Eneas como para los demás. Todo esto hacía de él un betazoide aislado, a diferencia de la mayoría de los de su raza que generalmente eran aceptados por la gente. Y los mas irónico era que al mismo tiempo que estaba solo, sentía los pensamientos de cientos a su alrededor. Mientras tomaba otro sorbo de su café Tamarian, Eneas analizaba las emociones de los otros tripulantes de la nave, un arte que había desarrollado ampliamente a lo largo de sus treinta años de servicio en la Flota. Notaba un creciente nerviosismo entre la tripulación. Obviamente la incertidumbre de no saber que los esperaba en la zona neutral provocaba una gran tensión.

La nave se sacudió de repente, provocando la caída estruendosa de su taza de café. Las luces de la alerta Roja se encendieron, acrecentando el nerviosismo entre los presentes en el bar. Eneas Hayes no lo dudó un instante más, su lugar estaba en el puente. Cruzó rápidamente el pasillo y se dirigió hasta las puertas del turbolift. Las sensaciones de nerviosismo lo invadían a medida que se acercaba a la cubierta 1. Cualquier betazoide podría haber sufrido un colapso emocional si se tomaban las magnitudes de las emociones que estaba absorbiendo, pero Eneas Hayes ya estaba acostumbrado a esto y podía soportarlo sin ningún problema.

Las puertas se abrieron mostrándole una escena por demás desconcertante. Mientras subía por el turbolift había imaginado lo que podría estar sucediendo, pero nada lo había preparado para lo que ahora veían sus ojos. El puente estaba completamente vacío.

Cuarta Parte: Destino incierto

Eneas Hayes se encontraba ahora al mando de la nave. Estaba desconcertado porque todos los oficiales del puente habían desaparecido sin dejar rastro. Afortunadamente los sensores funcionaban, por lo que pudo identificar su situación, y otra vez se sorprendió.

La U.S.S. Asimov, según los datos de los LCARS, se encontraba en el borde federal de la zona neutral, muy cerca de donde solía ubicarse la base Musso III. Pero los instrumentos no detectaban nada a su alrededor, ni siquiera la mas pequeña partícula. Parecían encontrarse en un tipo de "espacio sin estrellas", un fenómeno casi inexistente en el universo. El timón de la nave no respondía, pero sin embargo la Asimov avanzaba con un rumbo fijo, como impulsada por alguna fuerza extraña. Eneas se comunicó con el jefe de ingeniería, para saber si podían detenerse los motores.

- Aquí Moss- exclamó el oficial a toda voz.

Moss (conocido por la tripulación como Blue) era un boliano bastante especial. Los bolianos se caracterizaban por su excesiva comunicación, y este boliano ya era conocido como alguien muy charlatán en su propio planeta natal. Varias de las cosas que Blue decía eran sensatas, pero otras tantas veces no podía con su naturaleza y se iba por las ramas, llevando hasta el hartazgo a sus compañeros.

-Sr. Moss, necesito saber si hay alguna forma de detener las máquinas- preguntó el betazoide.

-Perdone señor, pero la nave se encuentra ahora en un alto total, no entiendo que es lo que me quiere decir. Las maquinas están completamente detenidas.- replicó Blue.

El betazoide, como si hubiera estado esperando esa respuesta exclamó:

-Entonces vea si puede ponerlas en funcionamiento, pero dese prisa, debemos hallar a los oficiales cuanto antes-

El boliano comenzó a activar el núcleo warp, que se había detenido en el mismo momento en que la Asimov había sido golpeada. Pero a pesar de sus esfuerzos, los paneles no le respondían, era imposible activar la reacción materia-antimateria.

-Moss a Hayes. Lo siento señor, la nave no me obedece, estamos a la deriva.

La Asimov avanzaba lentamente por aquel espacio extraño, con un rumbo aparentemente predeterminado, como si el destino de la tripulación ya hubiera sido decidido por alguna fuerza superior.

Quinta Parte: Misión involuntaria

Una gran mancha oscura se cernía sobre aquel sector de la zona neutral. Como si fuera tinta, poco a poco iba tragándose cada átomo de materia que encontraba. Sus dimensiones no eran grandes, apenas unas cuantas medidas astronómicas, pero era imposible de detectar con los sensores, por lo cuál cualquier nave podía chocarse con ella, y ser atrapada. Así se encontraba ahora la U.S.S. Asimov. Si alguien alguna vez hubiese estudiado la mancha, podría haberse dado cuenta de su naturaleza. Era una grieta en el universo, un agujero que llevaba a ninguna parte. Dentro de esa grieta, no había absolutamente nada, solamente aquello que la mancha había absorbido. Podríamos, tal vez, compararla con una especie de agujero negro, pero con dimensiones muchísimo más pequeñas y gravedades menos intensas, aunque con el mismo terrible final.

 

Los ojos del timonel bajorano Mel Varad se abrieron de par en par. Estaba tirado en un suelo polvoriento.

 

Miró  a su alrededor, para reconocer el territorio. Se hallaba en una especie de planeta (o tal vez luna o asteroide), la atmósfera era, obviamente, respirable, pero ningún tipo de vegetación parecía vivir allí. El suelo era rocoso y polvoriento, y el cielo estaba cubierto de negras nubes. La oscuridad reinaba, solamente interrumpida por los frecuentes relámpagos que se cernían sobre el planetoide. A lo lejos se divisaba una especie de cadena montañosa de altura considerable. Unos cuantos metros hacia el este, parecía haber una pequeña edificación, una especie de templo rústico.

Su cabeza le dolía pero aún así se esforzó por recordar lo que había sucedido. Recordaba que habían reducido la velocidad porque se estaban acercando a la zona neutral cuando de repente, una nave romulana entró en fase. Antes de que pudieran hacer nada, los romulanos les dispararon. Pero de algún modo habían logrado esquivar el disparo, sintiendo en cambio un brusco choque. No recordaba nada mas.

Mel Varad comenzó a caminar lentamente hacía el templo. Poco antes de llegar halló en el suelo al comandante Vreel Lexx, al parecer, recién entrando en conciencia. A su lado se encontraba, aún inconsciente la oficial científico cardassiana Elina Vek, a quien Varad miró con desprecio. Unos pocos metros más allá, la capitán Jefferson se estaba levantando.

- Alguno de ustedes sabe donde nos encontramos- preguntó el joven alférez.

-Lo último que recuerdo es haber sido atacado por los romulanos- replicó el comandante Lexx mientras ayudaba a Elina Vek a levantarse. La oficial miró a su alrededor y dijo:

-Parece que estamos en un planetoide clase L, con atmósfera respirable pero incapaz de sostener vida. Estoy en condiciones de suponer que las nubes sobre nosotros son de alguna especie de ácido. Creo que deberíamos encontrar un refugio antes de que comience a llover, porque la experiencia no será muy agradable-

-Muy bien, vamos hacia esa construcción- ordenó la capitán señalando el templo.

El interior de la edificación no difería mucho de su exterior. Las paredes eran de piedra y, afuera, parecían haber sido erosionadas por la acción del viento y la lluvia ácida. El templo debía haber sido construido hacía millones de años, debido a que en las mismas paredes podían verse restos vegetales fosilizados, develando el pasado fértil del planeta. En el centro del salón había dos grandes obeliscos, cada uno adornado con inscripciones extrañas. Elina Vek se acercó a estos obeliscos y los rodeó, observándolos de arriba a abajo.

-No hay duda de que fueron construidos hace mucho tiempo por alguna especie de civilización. Esta civilización debe haberse extinguido o emigrado debido a la creciente hostilidad climática del planeta.

Vek acercó su mano a un orificio en uno de los obeliscos. De repente, la roca que parecía formar el monumento comenzó a brillar con una luz incandescente, a intervalos constantes.

-Asombroso, parece como si la roca se alimentara de mi propia energía.- exclamó la cardassiana.

El comandante trill se acercó al otro obelisco y colocó su mano en el orificio gemelo. Simultáneamente ambos monumentos comenzaron a brillar, como si fueran dos faros emitiendo una señal. Poco a poco fueron aumentando la frecuencia hasta que la luz generada impedía que los oficiales pudieran ver nada en absoluto. La luz invadía el templo y llenaba de energía las rocas de las paredes. Haces de luz comenzaron a surgir de todas las direcciones, enfocándose en el centro del salón, justo entre los dos obeliscos, generando una luz rojiza. Las manos de los oficiales se mantenían firmes en los orificios, y ambos observaban maravillados el espectáculo, sin prestarle atención a nada más. Parecía como si no tuvieran conciencia de sus propios actos, como si fueran manejados por el templo mismo.

-Comandante Lexx, alférez Vek, retírense de allí inmediatamente- gritó la capitán.

Pero los oficiales no respondían. Rápidamente, el alférez Mel tomó de la cintura al comandante y tiró fuertemente en dirección opuesta a los obeliscos, al igual que la capitán hizo con Vek. Con una gran fuerza, los cuatro fueron arrojados contra el muro. Se sintió un gran estallido seguido de un silencio completo. Las luces se habían detenido. En su lugar, una pequeña esfera de luz roja brillaba en el centro del salón, allí donde se concentraba anteriormente la energía.

El día ha llegado al fin- se oyó a su alrededor- los he estado esperando.- la fuerte voz parecía provenir de la pequeña esfera roja.

Sexta Parte: Tanteando lo desconocido

El oficial médico en jefe de la U.S.S. Asimov Sebastián Castillo trabajaba en la enfermería de la nave. El “ataque” los había tomado por sorpresa y varias personas estaban heridas. Las heridas no eran graves pero Castillo, como de costumbre, no se permitía ningún retraso, y apenas dejaba que su enfermera lo ayudase. Se movía de un lado a otro de enfermería sin descanso. Era extremadamente dedicado en su trabajo, y no se distraía por ningún motivo. Nada lo distraía cuando estaba atendiendo a sus pacientes, era su obsesión, su vida.

Mientras tanto, Eneas Hayes estaba en el puente, con una gran frustración. La nave estaba fuera de su control. Avanzaba en línea recta, sin detenerse ni reducir la velocidad. La Asimov se movía con una energía que no producían sus máquinas sino que se generaba en el exterior, en alguna parte de aquel espacio oscuro. El betazoide había ordenado a la computadora que busque en sus archivos algún hecho similar en la historia, pero solo encontró ciertos episodios aislados como el “espacio sin estrellas” hallado por el U.S.S. Enterprise, bajo el mando de James Kirk, y por la U.S.S. Voyager en el cuadrante delta.

La mente de Hayes buscaba arduamente una solución a este problema. Lo mismo sucedía en Ingeniería, donde el ingeniero Blue trabajaba sin parar para poder poner en marcha las máquinas. Pero a pesar de sus esfuerzos no podía encontrar la manera de encender la reacción de materia-antimateria. La situación era desesperante, tanto como para que Eneas Hayes considere la posibilidad de encender el núcleo warp manualmente, lo que sería muy peligroso para cualquier ingeniero y podría disparar una ruptura del núcleo.

De un salto, el betazoide se levantó de la silla del capitán donde había estado sentado. La computadora había detectado un objeto celeste delante de la Asimov. Era pequeño a primera vista, pero parecía una isla desierta en medio del océano. Y la nave se dirigía directamente hacia él.

-Alférez, amplíe la imagen y analice.-

En la pantalla apareció un planeta. La superficie no estaba visible, ya que el planeta estaba cubierto por densas nubes. Parecía como si estuviera siendo abatido por constantes tormentas eléctricas. En su órbita  había un pequeño satélite natural, más parecido a un asteroide que a una luna.

-Los sensores indican que el planeta es clase L. La atmósfera esta compuesta por altos niveles de oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono, pero las nubes son de lluvia ácida. El planeta es incapaz de sostener vida, pero su atmósfera es, aunque parezca increíble, respirable. Parece ser que la fuerza que nos impulsa proviene de algún sector del hemisferio norte del planeta.

-¿Algún indicio de la capitán y los demás oficiales?

-Los sensores no detectan ninguna forma de vida sobre el planeta, pero las tormentas pueden estar engañando a los sistemas. Debo aclararle señor que ningún tipo de transporte es recomendable en estas condiciones.- exclamó el alférez.

-¿En cuánto tiempo estaremos en al alcance?- preguntó el teniente comandante Hayes

-A este paso, en cerca de 20 minutos estándar.

-Veremos entonces que es lo que esta sucediendo allí- dijo frustrado el betazoide, que no tenía otra opción mas que esperar

Séptima Parte: Un poco de historia

Millones de años antes que la Federación naciera, milenios antes de que los primeros vulcanos decidieran  avanzar por el camino de la lógica, o que el primer humano se irguiese sobre la Tierra, una civilización había prosperado en aquel sector de la galaxia hasta alcanzar el viaje interplanetario. Esta civilización era la Iconiana, una civilización con una cultura floreciente y llena de grandes logros, cuya música y arte eran inspiradores. Su viaje interestelar no era como el que nosotros conocemos. La tecnología de transporte Iconiana se basaba en cierta especie de puertas que atravesaban el espacio, permitiendo que una persona o un equipo viaje de un lugar a otro de la galaxia dando un solo paso. Así, la civilización Iconiana había sembrado su conocimiento desde su planeta natal Iconia a toda la galaxia, convirtiéndose en el ancestro original de muchas razas. Pero una gran guerra abatió el poderío Iconiano y poco a poco fueron desapareciendo, fruto del miedo de otras razas o de su propia dispersión por el espacio, convirtiéndose en una leyenda. Lo único que quedaba ahora de los Iconianos era su planeta santuario Drakontos, muy cerca de donde solía estar Iconia, donde yacían los restos de toda su civilización. El sector donde se ubicaban estos dos planetas era un sector conflictivo, disputado entre dos potencias, y conocido como la zona neutral. Drakontos era el planeta hacía donde la Asimov se dirigía inevitablemente.

Algunos años antes de que la Asimov fuera botada, otra nave federal había encontrado Iconia. Esta nave era la U.S.S. Enterprise-D, bajo el mando de Jean-Luc Picard. El capitán Picard y su tripulación habían corrido un gran riesgo al ingresar en la zona neutral en busca de la mitológica Iconia, pero este riesgo no fue en vano(3). Iconia fue hallada y su tecnología aún existente fue descubierta, pero para evitar que fuera mal utilizada, la central del viaje Iconiana fue destruida por el mismísimo Picard, quien no se imaginó las terribles consecuencias de sus actos. La fuente de energía de la central Iconiana era muy compleja, producto del vasto conocimiento de los científicos de Iconia, creada con la materia prima del universo. Al destruirse, todos los materiales que habían estado contenidos por centurias fueron liberados, mezclándose y extendiéndose lentamente por toda Iconia. Los elementos básicos de la vida y la existencia se encontraron juntos, como no lo habían estado desde la gran explosión, un pequeño nuevo universo comenzó a formarse, y se extendió como una mancha oscura por el espacio.

-¿Quién, o debería decir qué, es usted?- preguntó la capitán Jefferson a la pequeña esfera luminosa en el centro del templo.

-Buenos días, querida. Soy Aldouz, único descendiente y heredero de la civilización de Iconia- exclamó la voz grave y profunda.

-¿Se refiere acaso a la Iconia de los cuentos para niños?- preguntó el alférez Mel.

-¡Que blasfemias estoy oyendo! ¡Acaso este joven ignorante ha rebajado a mi gran pueblo al nivel de una fábula para niños! Cuidado con lo que dice jovencito, los iconianos no somos una leyenda, y por mucho menos de lo que acaba de decir otros la han pagado caro. Mas ahora no hay tiempo que perder, la gran búsqueda debe comenzarse antes de que todo esté perdido.-

-Perdón, ¿podría explicarnos que es lo que esta sucediendo aquí? ¿Es usted realmente un iconiano?- exclamó la alférez Vek

-No soy tan sólo un iconiano, soy todos los iconianos. Mi civilización desapareció hace ya mucho tiempo, pero los grandes se dieron cuenta de la decadencia de mi gran Imperio y decidieron prevenirse antes de que nos convirtiésemos en un mito (algo que desafortunadamente parece que igualmente ocurrió). Fue entonces cuando yo fui creado, o debería decir recolectado y almacenado. Soy la esencia misma de la civilización Iconiana, todos en uno. La vida y experiencia de cada iconiano que ha existido alguna vez fue almacenada y convertida en lo que soy ahora. Así también, los Grandes prefirieron crearme como una entidad no corpórea para que así yo pudiera perdurar más en el tiempo y transmitir el mensaje que ellos deseaban que transmita. Fui guardado aquí, en Drakontos, el planeta sagrado para que ustedes me encuentren al fin.-

-Todo eso es muy interesante, pero ¿cuál es nuestro papel en esta historia?- preguntó impaciente el comandante Lexx.

-Al parecer, hace algunos años ciertos seres llegaron a Iconia y se atrevieron a usurpar el gran Templo (hogar de los grandes). Allí era desde donde todo el Imperio era manejado, y donde eran guardados los Prikmal, o los Diez Elementos Originales. Estos Prikmal eran la semilla de la vida, y fueron liberados, provocando la formación de un pequeño génesis, un nuevo universo, y es dentro de ese protouniverso donde estamos ahora. Pero los Prikmal no fueron mezclados ordenadamente, y este nuevo universo es incorrecto. Los Grandes lo denominaban el Draknul. No debe existir aquí y ahora. Si se lo deja crecer, atrapará a todo lo existente y provocará el fin de toda la vida. Debe ser detenido lo más pronto posible o todo desaparecerá. Durante estos años he estado inspeccionando, con el gran poder de Drakontos, todo el cuadrante en busca de los seres que serían capaces de cargar con la responsabilidad de detener al Draknul, y ustedes fueron los elegidos.-

-¿Y como es que puede detenerse este Draknul?- preguntó la capitán Jefferson.

-Todos los Prikmal deben ser reunidos otra vez. Deben encontrarse los Diez Elementos Originales y realizar el Pakmara, la Ceremonia Secreta Iconiana, lo cuál neutralizará al nuevo Draknul y podré descansar otra vez en paz. Pero los Prikmal ya no son tan accesibles como en mis tiempos. Han evolucionado en todas las cosas que hoy conocemos, por lo cuál encontrar un Prikmal puro y original es muy difícil, una tarea muy peligrosa y complicada que solo un experimentado Iconiano podría realizar. Además, cada Elemento Original posee un poder enorme. Recuerdo que una muestra del Primer Elemento, el Prikmal más poderoso, era guardada aquí en Drakontos, en forma de talismán. El primer Elemento otorga a quien lo encuentra de una gran fuerza interna, casi tan grande como la que el mismo planeta sagrado posee.-

- Entonces debemos hallarlo lo más pronto posible, y así comenzar la búsqueda de los otros 9 Prikmal.- exclamó entusiasta Mel Varad.

-No tan rápido, joven bajorano.- esta vez no era Aldouz el que había hablado, la voz venía de atrás.

Todos giraron en redondo y encontraron a un romulano parado en la puerta del templo. La expresión en su rostro denotaba la frialdad característica de los romulanos, pero también una satisfacción poco común. Su mirada irradiaba un orgullo maligno, antinatural. En su mano tenía un disruptor, apuntando al centro del templo, mas precisamente a Aldouz. Y de su cuello colgaba un talismán que irradiaba una luz rojiza...

Octava Parte: Invitados inesperados

- Ya estamos en órbita, señor.- informó el joven alférez a Eneas Hayes.

- Infórmeme sobre las condiciones para transportación.-

- Según los sensores, sería muy peligroso intentar transportarse, y aún más enviar una nave.-

- No importa, correré el riesgo yo mismo, algo está sucediendo en ese planeta y es mi responsabilidad averiguarlo.- exclamó decidido el betazoide.

Hayes se encaminaba hacia el turbolift cuando el alférez en los sensores lo detuvo.

- Señor, detecto una anomalía extraña justo en frente de nosotros.

Todos en el puente observaron la pantalla. Poco a poco una figura fue apareciendo de la nada, tomando una forma ya conocida por todos ellos. Era una nave romulana que había permanecido oculta durante todo ese tiempo.

- Alerta roja, levanten escudos, preparen armas.-

- Señor, los romulanos nos están llamando.-

- Abran canales.-

En la pantalla, una romulana apareció. Era de piel bronceada y, como todo romulano, de mirada seria y fría, pero igualmente era muy bonita. Parecía como si tuviera un completo control de la situación, como si supiera exactamente lo que sucedía.

- Soy la Comandante M´Rel, exijo que deje en libertad nuestra nave.

- Lo siento comandante, pero parece que ambos estamos en la misma situación.

- ¿Quiere decir que no es usted quien nos ha traído aquí?- preguntó la romulana

Star Trek: The Magazine March 2000

- Absolutamente no, al igual que ustedes, estamos varados, creo que...- pero antes de que termine la frase, la nave romulana cortó la comunicación.

- Como de costumbre, los modales romulanos dejan mucho que desear.

El sonido característico de la insignia se escucho en el puente.

- Moss a Hayes, hemos recuperado el control del timón de la nave, teniente.

- Perfecto, prepararemos un equipo para ir al planeta.

Mientras tanto, en la nave romulana, la comandante M´Rel se preguntaba que es lo que podía estar sucediendo. Ella estaba al mando de la nave debido a que el capitán Poltek había desaparecido. Los sensores del pájaro de guerra podían detectar levemente algunas formas de vida sobre el planeta, una de ellas romulana, pero M´Rel no sabía si debía arriesgarse a una transportación. Estaba muy desconcertada. Su nave había sido enviada a patrullar la zona neutral y de repente se había visto envuelta en este problema. ¿Que debía hacer, confiar en lo que los federales le decían o obligarlos a decirle la verdad? ¿Transportar un equipo al planeta o directamente traer las formas de vida a la nave? ¿O tal vez solamente salir de allí, ahora que había recuperado el control de la nave? Para ser su primera experiencia al mando, era una experiencia bastante complicada.

- Bueno, bueno, esta situación es muy interesante.- exclamó el romulano mientras apuntaba su disruptor directamente a Aldouz. - Parece ser que estamos todos atrapados aquí en esta, como dijo que se llamaba...Draknul, y la única manera de salir es mediante mis recientemente adquiridos poderes o utilizando la fuerza de este planeta. Eso me pone a mí, Mirannis Poltek, en una posición bastante respetable ¿no?- en el rostro del romulano se dibujaba una sonrisa maliciosa

- Por favor, devuelva el Primer Prikmal, no sabe con lo que se está metiendo, usted ya no controla sus impulsos.- la voz de Aldouz parecía desesperada.

- Y que sabes de impulsos si ni siquiera tienes cuerpo.

- El Primer Prikmal le da poderes extraordinarios pero también lo despoja de toda su voluntad. No es usted el que está hablando, es el amuleto. Él lo controla.

- No me importa lo que digas, ahora yo manejo todo este poder y ni tú ni nadie podrá sacármelo jamás.

Mientras Poltek y Aldouz discutían, Mel Varad se había estado acercando poco a poco al romulano. Estaba a punto de saltar sobre él cuando Poltek se dio vuelta y observó fijamente a Varad. Su mirada irradiaba una furia incandescente, azulada como el talismán que colgaba sobre su pecho. De sus propios ojos surgió una fuerza que elevó al alférez Mel por sobre su cabeza y lo arrojó fuertemente contra un muro, dejándolo inconsciente.

- Nadie se atreva a cometer semejante estupidez nuevamente.- gritó Poltek, su voz cada vez más grave y gutural. Se veía que el talismán iba aumentando el control que tenía sobre él.

- Señor Poltek, quisiera que lleguemos a un acuerdo.- comenzó la capitán Jefferson.- El Prikmal que usted posee es parte de una colección que debe ser recuperada, sino, todo el universo está en peligro, incluso usted.

- Eso ya lo sé, mujer federal, y es por eso que no se los entrego, el poder que este amuleto me da es mayor de lo que usted se imagina, con él, podré controlar todo el Cuadrante y más. Podré convertirme en la mayor potencia de toda la Galaxia. Y eso supera cualquier peligro al que pueda estar enfrentando. Acaso no lo entiende, siendo yo quien controla la Galaxia, nada podrá detenerme, ni siquiera este Draknul. Pero sólo hay una cosa que impide que yo lleve a cabo mis planes, y eso es este maldito Drakontos y su embajador Aldouz. Solo ellos pueden llegar a contrarrestar mi potencia. Pero el planeta no puede funcionar sin Aldouz, y es por eso que pienso destruirlo.- el romulano apuntó el disruptor directamente a la esfera rojiza.

Novena parte: Conclusión y comienzo

El capitán romulano estaba a punto de eliminar a Aldouz cuando  de repente a su derecha los rayos de un transportador comenzaron a delimitar una forma humanoide. Alguien intentaba transportarse al planeta a través de las densas tormentas de ácido. La atención de Poltek se vio distraída por una fracción de segundo, el tiempo justo como para que Vreel Lexx se arrojara sobre él. Pero Lexx no se ocupó de derribar al romulano, sabía que el poder radicaba en el talismán. Sus manos rodearon el objeto y lo arrancaron del cuello de Poltek. Pero el romulano tampoco se dejaba arrebatar el poder así de fácil. Con una mano se aferró del amuleto en manos del trill y con la otra tomó su cuello, intentando estrangularlo. El talismán brillaba entre los dedos de ambos con mayor fuerza que hasta ese momento. Inesperadamente, un estruendoso estallido invadió la sala, paralizando a Elina Vek y la capitán que iban en ayuda de Lexx. El amuleto se había dividido en dos partes. El gran impulso liberado arrojó a Poltek y a Lexx a las esquinas opuestas del templo. Mientras tanto, el rayo transportador había terminado de materializar a la comandante M´Rel en el planetoide, quien se dirigió directamente a donde Poltek había caído, pero antes de que pudiera acercarse, una gran luz rodeó al romulano y desapareció.

A su vez, otro rayo transportador apareció en la sala. Era Hayes y su grupo de rescate, llegando un poco tarde para la acción. Vreel Lexx se incorporó lentamente, con la mitad del talismán entre sus manos.

- Rápido,- exclamó Aldouz.- Poltek se ha escapado, debemos hacer algo.

- Pero tu eres el ser omnipotente, haz algo.

- Mi poder no es tan grande como parece, no tanto como el poder del Primer Prikmal, además, es necesario que el planeta y yo interactuemos de una manera especial para que...

En el medio de la explicación de Aldouz, se oyeron unos estallidos cerca del templo.

- Teniente Hayes, la nave romulana ha comenzado a disparar contra el planeta.- el alférez se estaba comunicando desde la Asimov al equipo.

- Habla la capitán. ¡Deténgalos!- respondió Jefferson.

Las órdenes del capitán fueron recibidas por los oficiales en la Asimov. Desde el arsenal de la nave surgieron tres torpedos que estallaron en la nave romulana. Pero los pájaros de guerra habían sido diseñados para resistir más que tres torpedos de photon, además, la nave parecía estar protegida por algo más especial que un simple escudo y continuaba disparando a Drakontos, intentando destruir el planeta mismo.

- Váyanse de aquí humanoides, yo intentaré detener a Poltek.- exclamó Aldouz a viva voz.

- M´Rel a pájaro de guerra, transpórteme.- la joven romulana intentaba desesperadamente ser transportada nuevamente a su nave.

Pero los romulanos parecían no tener otro objetivo más que la destrucción de Drakontos. Los disparos se volvían cada vez mas frecuentes y la estabilidad del planeta cada vez mas frágil.

- Jefferson a Asimov, prepare transportación para el equipo y una romulana. Energice.-

El rayo transportador invadió los cuerpos del equipo, separando molécula por molécula y volviéndolos a depositar a salvo en la Asimov. Una vez en la nave, un equipo de seguridad acompañó a M´Rel a una habitación, mientras que la capitán y sus oficiales se dirigieron directamente al puente, desde donde continuaban intentando detener al warbird.

- Señor, los torpedos de photon no parecen dañar la nave.- informó Elina Vek desde su puesto.

- Prepare los torpedos quantum y dispare.- ordenó la capitán.

El torpedo quantum atravesó la extraña coraza que cubría la nave romulana e impactó sobre ella, causándole un gran daño estructural. Los disparos se detuvieron.

- Parece que lo logramos, capitán.- exclamó Vreel Lexx, que se había ocupado de mantener el amuleto en su poder pero con cuidado para evitar que la codicia lo invada.

Pero sin embargo, Poltek parecía obsesionado con cumplir con su objetivo. Con el poco poder que el pájaro de guerra aún tenía, la nave comenzó a avanzar directamente hacia el planeta, en una maniobra kami-kaze. Antes que la Asimov pudiera detenerlo, el pájaro de guerra ingresó en la atmósfera, enfilando al sector donde se ubicaba el templo de Aldouz. Como un asteroide, la nave se fue desmembrando por la fricción a medida que atravesaba las capas atmosféricas. Con una extraordinaria explosión, el pájaro de guerra impacto contra Drakontos, que apenas había podido resistir el ataque anterior, provocando una serie de explosiones e implosiones sobre el planeta. La magnitud del estallido fue tal que empujó a la U. S.S. Asimov fuera de la órbita, arrojando a los tripulantes al piso. Drakontos explotó en mil pedazos, iluminando el espacio sin estrellas del Draknul, destruyendo la última esperanza de escape de la U.S.S. Asimov.

-Que los Profetas nos ayuden...- rogó Mel Varad.

En ese instante una pequeña luz apareció en el espacio. De entre los restos de la explosión de Drakontos surgió la entidad que los había llevado hasta ese lugar, y se dirigió al puente de la Asimov. El último iconiano y todos los iconianos a la vez. Era la salvación de la tripulación de la U.S.S. Asimov: Aldouz, descendiente, único heredero y embajador de la civilización de Iconia.

- Capitán, debo tristemente informarle que mi planeta ha sido destruido, al igual que todo lo que queda del Antiguo Imperio (salvo yo), pero creo que los Grandes sabían que esto iba a ocurrir algún día. Jovencita, me veo obligado a pedirle asilo. Según veo, su nave posee una computadora un poco primitiva pero capaz de albergarme en alguno de sus circuitos.

- Embajador Aldouz, será un placer para mí y para toda la Federación Unida de Planetas el aceptarlo a usted momentáneamente como parte de mi tripulación. Su ayuda será muy necesaria cuando comencemos la búsqueda de los nueve Prikmal restantes.

- Pero debo informarle señorita, que a pesar de que la nave romulana se destruyó con Drakontos, la amenaza de Poltek continúa en pie, debido a que pudo escapar gracias al poder del Primer Elemento Original. Afortunadamente, como puedo ver el amuleto fue partido en dos, por lo cuál el poder de Poltek ha disminuido a la mitad, aunque continúa siendo una amenaza para todos nosotros.-

- Creo que por ahora no nos traerá muchos problemas. Ahora si es usted tan amable, puede sacarnos a nosotros y a los restos de la estación Musso III fuera de este Draknul.-

- Con todo gusto, ya casi había olvidado a esa pequeña estación espacial. Fue un buen anzuelo ¿verdad?

Una vez liberados del Draknul la Asimov se comunicó con el sector 001, informándoles la situación y requiriendo nuevas órdenes. La Federación Unida de Planetas y el Imperio Romulano debían decidir que iba a hacerse, ya que el Draknul se había formado en la zona neutral. Luego de algunas charlas diplomáticas (durante las cuáles uno de los temas tratados fue la sospechosa destrucción del pájaro de guerra), decidieron que la tripulación de la U.S.S. Asimov era la indicada para realizar la búsqueda de los Nueve Elementos Originales restantes y poder concretar el Pakmara. La única condición que pusieron los romulanos en el acuerdo era que un representante de su gobierno participe en la búsqueda como parte de la tripulación. Debido a su intervención en el asunto  la elegida para esta tarea fue la comandante M´Rel.

 Para poder alcanzar ese objetivo y mantener bien observados a los humanoides, el Embajador de Iconia Aldouz decidió permanecer en la nave, albergado por las conexiones bioneurales de la computadora. Su tarea consistiría en encaminar a la U.S.S. Asimov en la búsqueda, ya que era el único que podía reconocer un Prikmal al verlo y el único que sabía donde podían llegar a encontrarse.

Pero la búsqueda iba a ser muy difícil, llena de problemas y complicaciones. Los Elementos Originales estaban perdidos en la inmensidad del Universo, casi extintos, y les llevaría mucho tiempo poder encontrados. Esa era la misión de la tripulación de la más nueva y mejor equipada nave de la Federación. Y estaban seguros de que iban a ser capaces de conseguirlo.

Sangre roja o sangre verde

           

Primera Parte: Sangre roja

      

El teniente Hayes iba camino a sus habitaciones, luego de haber terminado su turno. Estaba agotado, ya que con la llegada y permanente estadía de la comandante romulana M’Rel había habido mucho movimiento. Como si eso fuera poco, la nueva configuración de la computadora central para el embajador Iconiano Aldouz le había tomado muchísimo tiempo. Además, había tenido que asistir a una reunión del personal de puente sobre los planes de sondeo para el Proyecto Unity. El Almirantazgo había bautizado así a la búsqueda de los Prikmales, y el betazoide se preguntó porque a veces tenían esa irremediable necesidad de ponerle nombres estúpidos a cada misión.

Casi llegando, pasó por la habitación de la romulana. En la puerta había dos guardias, un arreglo que realmente le disgustaba, pero era una decisión de los altos mandos y él nada podía hacer. Había en total siete romulanos en la nave: la comandante M´Rel, el subcomandante D´Raen y cinco guardias. Al menos se las arreglaría para mantenerlos distanciados, aunque no creía que la idea de los verdosos fuera hacer sociales. Él y la capitán Jefferson pensaban igual de esos tipos; eran soberbios, desconfiados hasta los extremos y engañosos. Lo último con lo que uno quisiera convivir en una nave estelar. Las puertas de su habitación se abrieron.

-Luces- ordenó a la computadora

Las luces se prendieron inmediatamente. Caminó hacia el centro y miró para todos los lugares, como si alguien pudiese estar esperándolo para sorprenderlo distraído. “Uno nunca sabe”- siempre se repetía - “Y más con los verdosos en la nave”. Una vez que se aseguró que no había ningún “intruso”, se agachó y tanteó bajo su cama hasta encontrar la caja carmesí. La abrió (no sin antes volver a asegurarse de que no había nadie) y sacó el valioso tesoro: un hipospray y su tan atesorada carga. Casi sin mirar cargó el hipospray, lo colocó sobre su cuello y presionó. Se recostó y todo fue paz. “Estás tan solo, Eneas” - se dijo a si mismo -, y antes de dormirse, una lágrima se deslizó por la mejilla del jefe de seguridad.

La capitán Jefferson se dirigió a la puerta de la comandante M’Rel. Los guardias romulanos no se molestaron ni siquiera en mirarla, un gesto por demás soberbio y desinteresado. “¿Cómo pueden existir seres tan desapasionados?”- se preguntó

-Entre - se escuchó desde el interior de la habitación.

Las puertas se abrieron, y la capitán entró cautelosamente, sintiéndose incómoda. Le molestaban los romulanos, pero debía obedecer órdenes, y eso era exactamente lo que iba a hacer.

- Buenas noches, comandante. ¿La interrumpo?

- No- dijo fríamente la romulana - ¿cuál es su problema?

- Ninguno...

-¿Entonces?- interrumpió fríamente la romulana.

- Quería aclarar algunos puntos sobre su estadía- explicó Jefferson -Usted y sus hombres podrán circular por la nave excepto en Ingeniería, la bahía de transporte, cualquier área que tenga que ver con los sistemas críticos de la nave y podrán tener acceso limitado a los archivos de la Federación. Usted tendrá un lugar en el puente y se le considerará una oficial mayor dentro y fuera de la nave, para toda mi tripulación sin excepciones.-

M’Rel respondió sin inmutarse:

-Todos los puntos que me acaba de aclarar ya habían sido anteriormente estipulados en el manifiesto del tratado del Imperio Romulano y la Federación, y por si fuera poco fueron aclarados en la reunión de esta tarde. Dígame realmente por que está aquí.-

La capitán la miró fijo por unos segundos, luego se acercó mientras decía:

-Yo no le agrado y usted no me agrada, M’Rel. Sépalo. Sépalo bien. Porque la voy a vigilar muy de cerca, a usted y a sus gorilas; y si llego a descubrir que han tratado de engañar, sabotear o lo que sea que siquiera roce alguna regla o norma de mi nave, yo misma los pondré en un torpedo quantum  y los enviaré de regreso a Romulus, y créame que cuando digo esto lo digo muy en serio.

La habitación quedó en completo silencio, cargada de tensión y nerviosismo.

-¿Es una amenaza o un desesperado intento por querer mostrar una autoridad que no tiene? Porque admítalo capitán Jefferson, cuando le asignaron esta misión usted no esperaba tal responsabilidad y sinceramente usted no está preparada para usar esos pins en su cuello y mucho menos salvar el universo con este Proyecto Unity. ¡Que diablos, usted no podría cuidarse ni a sí misma!

Por primera vez la romulana levantó la voz.

- Créame,- dijo totalmente enfurecida la capitán - la única razón porque ahora mismo no está fuera de esta nave flotando en el espacio es por el trato entre la Federación y su gente. Pero en cuanto tenga la oportunidad de hacerlo, ¡se va usted y toda su comitiva al infierno!

- No creo que tenga esa oportunidad, capitán. Y de haber algún problema, ¿adivine quién terminaría flotando allí afuera?

Las dos se quedaron mirándose fijamente. Finalmente, la capitán comenzó a caminar hacia la puerta y antes de irse, le dijo sin mirarla:

-A las 0700 horas habrá una reunión de oficiales mayores.

Luego se alejó rápidamente de aquel lugar, con la intención de no tener que volver nunca más. M’Rel se sentó en su sillón y pronunció para sí un insulto en romulano intraducible, aunque la traducción era innecesaria.

Segunda Parte: Tras la pista del primer Prikmal

Al día siguiente, los oficiales superiores asistieron a la reunión en la sala de conferencias. Allí estaban Aldouz, M´Rel, el comandante Lexx, la alférez de ciencias Elina Vek, y el jefe de ingeniería Moss.

- Bien, comencemos. - ordenó la capitán - Con la ayuda del embajador Aldouz, hemos sido capaces de detectar lo que posiblemente sea la primera pista hacia uno de estos elementos. El problema es que parece encontrarse en un planeta afuera del territorio de la Federación. De hecho, no está dentro de ningún espacio especial. Es tierra de nadie.

- ¿Cuál es el problema? – preguntó el comandante Lexx -Si es tierra de nadie entonces debería ser fácil de conseguir.

-El problema, comandante, es que en ese planeta hay una civilización primitiva y por lo tanto el contacto está restringido. Debemos idear una forma de tomar el Prikmal sin tener ningún tipo de contacto con esa especie. ¿Sr. Moss?

El boliano se puso de pie y caminó hacia una de las pantallas de la sala de juntas. La otra pantalla estaba siendo “ocupada” por Aldouz, ya que al ser energía pura, era retenido ahora en los circuitos de la computadora del U.S.S. Asimov. El jefe de ingeniería activó la pantalla, donde la imagen se fue acercando desde la posición de la Asimos hasta el planeta en cuestión, que fue agrandándose, mostrando en color rojo los asentamientos. En la parte superior izquierda del mapa, había un pequeño punto centelleante.

- Aquí podemos ver un mapa de Anglox. Su atmósfera está formada en gran parte por hidrógeno y helio, con un porcentaje menor de oxígeno y dióxido de carbono. La señal del artefacto parece provenir de varios kilómetros bajo tierra. El problema es que por alguna razón desconocida no podemos transportar el Prikmal directamente a la nave. Parece como si interviniese con la señal del transportador, por lo tanto tendrá  que bajar un equipo para recogerlo. Y para un equipo, transportarse a tanta profundidad puede ser peligroso.

- ¿Embajador Aldouz? - preguntó la capitán girando su silla hacia atrás donde se ubicaba la pantalla - ¿Alguna idea de porque no es posible transportar el Prikmal?-

- Bien capitán, sí.- la voz artificial sonaba mecánica, pero aún así con un estilo único y pomposo- He estado estudiando sus sistemas de transporte y sinceramente son muy primitivos.-

El teniente Moss hizo un gesto de desagrado.

-Es por esa razón que los Prikmal siempre interferirán con su señal. Además debe tener cuidado dado que algunos de ellos pueden resultar dañinos para su tripulación.-

- Bien, gracias.- respondió la capitán – Habrá que arriesgarse enviando un equipo, pero extremaremos las medidas de seguridad. ¿Alguna otra sugerencia?- preguntó girando nuevamente su silla hacia el resto de los oficiales. -¿Comandante M’Rel?

- No tengo nada que agregar.- dijo la romulana secamente.

-Bien, entonces será hasta dentro de 12 horas. Teniente Hayes, usted se hará cargo del equipo explorador.

El betazoide pareció no haber escuchado, como si estuviese a millones de años luz de la sala de reunión. La capitán Jefferson y el comandante Lexx intercambiaron miradas de incertidumbre.

-¿Señor Hayes, hay algún problema?

El jefe de seguridad pareció volver en sí.

-¿Qué...eh...? Oh, disculpe capitana, estaba distraído. Claro que lo haré.

- Se ve usted cansado.- dijo el comandante - Descanse. Lo necesitaremos para cuando baje.

- Bien, eso es todo. Hasta dentro de 12 horas.

Todos se retiraron. Todos menos el teniente Hayes, quien se quedó un rato mirando el planeta girando en el espacio. Luego salió y se dirigió hacia su cuarto. 

      

La comandante M’Rel entró a la sala de transportación. Era la única que faltaba del grupo explorador. El teniente Hayes, el Jefe de ingeniería Moss y la alférez Vek ya estaban listos para ser transportados. La romulana se ubicó en su lugar dentro del centro de transportación. El teniente Hayes miró al oficial que estaba manejando la consola del transportador.

-Listos para transportar.

El oficial activó los controles y el grupo explorador se desvaneció en destellos azules. El equipo explorador se rematerializó en unas cuevas subterráneas.

La alférez cardassiana activó su tricorder.

-La señal parece provenir de unos veinte metros hacia el sur, aunque no podría decirlo con seguridad.

- Bien- dijo el teniente Hayes- Mantengan los ojos abiertos. No sabemos con que nos podemos llegar a encontrar.

El grupo comenzó a avanzar lentamente mientras vigilaban todo a su alrededor. Al frente iba el jefe de seguridad, seguido por la alférez Vek y el boliano Moss. M’Rel iba última. Mientras avanzaban por el terreno irregular, a la romulana le pareció oír unos pasos. Inmediatamente se volvió apuntando con su disruptor hacia la oscuridad. Verificó el lugar con su linterna de mano. Al no ver nada, continuó su camino. “M’Rel”. La comandante se detuvo como si hubiese recordado algo terrible. La voz le parecía conocida. Miró hacia todos los ángulos frenéticamente, mientras el resto del grupo se alejaba.

-¿Quién llama?- preguntó débilmente.

El silencio parecía eterno. “¿Acaso no me reconoces?” La voz parecía provenir distorsionada de su propia cabeza. “Soy yo.” Entonces M’Rel se dio cuenta.

-Poltek- dijo casi como sin poder creerse a ella misma - No puede ser.-

Tercera Parte: Lealtades divididas

“Ah, si que lo es, mi querida M’Rel. Yo te he estado observando, y he visto como has tenido que aceptar la convivencia entre esos Federacionistas que te miran con desprecio. Yo te ofrezco la oportunidad de unírteme y así conquistar este poder para el Imperio.”M’Rel miró fríamente al vacío.

-¿Por qué estarías interesado en mí? Ese poder podría ser tuyo, sin necesidad de alianzas. Además, el Imperio Romulano aceptó esta alianza temporal con la Federación, y tus acciones son consideradas una traición hacia nuestra raza. Pusiste en peligro nuestros destinos, por lo tanto no creo en nada de lo que me digas.-

El silencio nuevamente envolvió el lugar, haciéndose casi sofocante. “M’Rel, no te pido que me entiendas, pero si es verdad lo que dices de mí, ni siquiera debería estar hablándote ahora. Quiero que pruebes algo de lo que te ofrezco.” Un destello iluminó la oscuridad, y se dirigió hacia M’Rel.

El resto del equipo explorador había llegado finalmente al lugar donde estaba el Prikmal. Éste brillaba, despidiendo una luz anaranjada-rojiza.

-No hay niveles de radiación peligrosos- confirmó Moss. -Podemos tomarlo.

La alférez Vek se dirigía ha tomarlo cuando el teniente Hayes alarmado preguntó:

-¿Dónde está la comandante M’Rel?

Todos se miraron atónitos. Ninguno se había dado cuenta de su desaparición. Finalmente el teniente Hayes miró a sus oficiales.

-Moss, usted vendrá conmigo. Alférez Vek, informe a la nave sobre lo sucedido. En cuanto hayamos recuperado a la comandante M’Rel, volveremos.

La alférez cardassiana presionó su comunicador.

-Vek a la Asimov.

Nadie respondió al llamado de la joven cardassiana. La alférez volvió a intentarlo pero nuevamente nada sucedió.

-No podrán hacerlo.- dijo una voz proveniente de la nada. -Ahora yo tengo el control de la situación.

Una fuerza invisible derribó a la joven cardassiana, y el Prikmal desapareció.

-Era un señuelo- exclamó Moss.

Una figura se descubrió en la oscuridad. Era M´Rel.

-¿Sorprendido, teniente?- preguntó

-¿Qué diablos está haciendo? ¿De donde sacó esa... fuerza?

Una nueva figura apareció junto a M´Rel. Era el centurión Poltek.

-Creo que yo puedo responder a eso.

En el puente de la Asimov, la capitán Jefferson se paseaba nerviosa en su habitación. Ni siquiera la melodía de Mozart lograba calmarla. Era su primera misión en busca de un Prikmal y quería que todo saliese bien. En eso sonó el comunicador y la tranquila voz del comandante Lexx le pidió que fuera al puente de inmediato. La capitán se dirigió allí con toda velocidad.

-¿Qué sucede?- preguntó ansiosamente.

El comandante la guió hacia una consola.

-Hace dos minutos recibimos una llamada de la alférez Vek pero la señal se perdió abruptamente, y ya no pudimos volver a ubicarla.-

La capitán verificó los gráficos de los sensores.

-¿Podrá tener que ver con la interferencia del Prikmal?

-Al principio pensamos lo mismo,- explicó Lexx -pero luego de hacer los ajustes necesarios, la señal seguía perdida. Y algo aún más extraño fue este campo de energía que se formó allá abajo. El patrón de energía concuerda con el tipo de energía que había en el planeta donde encontramos a Aldouz.

La capitán inmediatamente se dirigió a la consola donde se encontraba el representante de la extinguida civilización Iconiana.

-¿Tiene alguna explicación para esto, Embajador?

La voz artificial respondió:

-Creo que la hay, y si estoy acertado, estamos en un grave peligro. 

Cuarta Parte: Engaños y lamentos

Poltek. El teniente Hayes casi no podía creer lo que veía. Había estudiado toda la información relacionada con el centurión Poltek que el Imperio Estelar Romulano les había proporcionado luego del incidente en Drakontos. Sabia que su codicia lo había llevado a avanzar mas y mas en la carrera militar en Romulus hasta que perdió la oportunidad de conseguir un cargo en el Senado  en manos de un joven acomodado. Sabia también que este joven Senador, al ver en Poltek una amenaza a su puesto lo había enviado a la fatídica misión en la Zona Neutral. Allí Poltek vio en el Primer Prikmal una oportunidad para alcanzar el poder que siempre había codiciado.

-¿Qué hace usted aquí?- preguntó ingenuamente.

-Teniente, - respondió el Romulano despectivamente - yo soy el que hace las preguntas, y usted el que las responde.

Al mismo tiempo que decía esto levantó una mano y el teniente Hayes salió despedido hacia una pared de la caverna, golpeándose duramente contra la rocosa superficie. Inmediatamente los otros dos oficiales, la alférez Vek y el teniente Moss, fueron a socorrerlo.

-Él está inconsciente, pero vivirá.- aseguró Poltek - en cuanto a ustedes dos... tengo planes muy importantes para el futuro. Claro, ¡para MI futuro!

La risa siniestra del romulano se desplazó por toda la cueva, como un eco aterrador, y en ese momento hasta M’Rel tuvo miedo.

-¿Qué quiere decir con que estamos en problemas? - preguntó la capitán Jefferson más que preocupada a la imagen en la pantalla donde se encontraba el Embajador Aldouz - ¿Otro problema más que el de perder a miembros de mi tripulación en un mundo desconocido y potencialmente peligroso?

La voz del monitor le respondió fríamente:

-Así es. El hecho de que hayan detectado el mismo tipo de energía quiere decir que la otra mitad del talismán está allí abajo, y por lo tanto...

Aldouz no había terminado de hablar cuando Lexx lo interrumpió.

-...eso significa que el centurión Poltek ha matado o capturado a los nuestros, y que nosotros somos los siguientes en su lista.

Aldouz comenzó nuevamente:

- Así es, comandante. Pero dudo que los haya matado. Los debe tener de rehenes para forzarnos a entregarle la otra mitad del talismán. Capitán, no podemos correr ese riesgo. Medio Prikmal es peligroso, un Prikmal entero, es una catástrofe.

La capitán meditó pausadamente. El comandante Lexx se le acercó y le dijo casi en secreto:

-No podemos abandonar a nuestros hombres. Tenemos que traerlos de vuelta.

-Sí, pero también hay que pensar en el resto de la galaxia. Embajador, ¿este talismán le da el poder a Poltek para llegar a nuestra nave?

-No. Es por eso que quiere conseguir nuestra mitad. Al hacerlo, tendría la capacidad de sumar a su poder el de los posibles Prikmales a encontrar, lo cual sería nuestra perdición.

En ese mismo momento, el alférez Varad se dirigió al comandante Lexx.

-Comandante, estoy recibiendo una señal. Creo que es de uno de los comunicadores.-

-Deje que escuchemos, alférez.

El alférez tecleó unos comandos y la señal salió al aire.

-Aquí la alférez Vek. ¿Pueden oírme?

La capitán respondió:

-La escuchamos alto y claro. ¿Qué sucedió? Los perdimos como por una hora. ¿Están todos bien?

Hubo una pausa. Luego la voz de la alférez cardassiana volvió al aire.

-Fuimos atacados por Poltek. Logramos escondernos en un pequeño refugio natural, pero la señal del comunicador no llegaba bien. El teniente Hayes fue golpeado y está inconsciente. Poltek nos esta buscando, pero por ahora parecemos estar a salvo.

La capitán suspiró aliviada.

-Bien, prepárense a ser transportados.- Luego oprimió su comunicador y dijo - Jefferson a enfermería.

-Aquí Castillo.

-Doctor, prepárese para recibir a un tripulante herido.

 

Aldouz la interrumpió:

-Recuerde capitán que todo puede ser una trampa de Poltek.

-No se preocupe Aldouz, esta todo bajo control.

Quinta Parte: Sangre verde

El transportador se activó, y el teniente Hayes, sostenido en brazos por el oficial Moss y la alférez Vek, se rematerializaron en la U.S.S. Asimov. La capitán Jefferson y el Comandante Lexx estaban observando.

-¿Dónde está la comandante M’Rel?- Preguntó el trill. Los recién transportados no respondieron.

-¿Le sucedió algo malo?- volvió a preguntar el comandante impacientemente.

En ese momento, un halo de energía rodeó a los cuerpos de los oficiales. Estos se desplomaron inconscientes, y de la nada se formaron dos figuras hasta hacerse sólidas. Eran Poltek y M’Rel. Poltek en seguida derribó a los que allí se encontraban. Luego escapó por los pasillos de la nave con M’Rel como guía.

-¿Dónde esta la otra mitad?- preguntó casi gritando.

-Está en una habitación especial en la cubierta 8. Está siempre vigilada.

Poltek hizo una mueca que emulaba una sonrisa:

-Eso no es problema.

Al mismo tiempo, la capitán y el comandante se recuperaban.

-Jefferson a seguridad. Los intrusos se dirigen a la cubierta 8. Son un hombre y una mujer Romulana. Deténganlos a toda costa.

En la nave, los equipos de seguridad activaron los campos de fuerza y se ubicaron en los pasillos de la cubierta 8. Había un grupo de cinco defendiendo la entrada al turboascensor y diez protegiendo la puerta y sus alrededores. El clima era muy tenso, porque todos sabían lo que Poltek era capaz de hacer. En ese mismo instante, la puerta del turboascensor se abrió  y todos apuntaron hacia allí con sus rifles phasers. Pero para la sorpresa de todos, estaba vacío. Dos guardias entraron a chequear el interior del mismo, cuando dos halos de energía se “introdujeron” en ellos. Se dieron vuelta hacia donde estaba el resto de los guardias y comenzaron a disparar. Esta acción totalmente inesperada tomó por sorpresa a los guardias, quienes cayeron abatidos por los disparos en unos segundos. Los que quedaron de pie fueron lanzados hacia los costados por el cuerpo poseído por Poltek. El centurión romulano avanzó hasta la entrada a la Bahia antitransportes, donde estaba almacenado el medio talismán. Con un movimiento abandonó el cuerpo del oficial y atravesó la puerta junto con M´Rel. Dentro, un campo de fuerza cubría al pequeño medio Prikmal.

-Al fin. Ahora todo el poder será mío.

M’Rel lo miró inquisitivamente.

-Querrás decir nuestro.

Poltek, que le estaba dando la espalda, rió.

-¿Pensaste realmente que compartiría el poder? ¿Qué realmente te necesitaba? Estúpida, nada más te utilicé para entrar a la nave y para que me guiases. Ya no te necesito más.

Con otro gesto, drenó la energía que le había brindado parcialmente a M’Rel, quien como todo el resto, cayo desplomada, no sin antes maldecirlo y maldecirse a ella misma por haber sido tan crédula.

-Y ahora - dijo Poltek – finalmente lo que he estado esperando.

Tomó las dos partes del talismán y las unió. Pero nada sucedió.

-¿Qué pasa? ¿Qué está mal?

De pronto, de la oscuridad del cuarto, una pantalla se activó y de ella salió una voz que le respondió secamente:

-Te equivocaste al haber intentado robar el talismán en primer lugar, y al haber venido aquí en segundo lugar. Aunque no te puedo culpar, porque después de todo sólo eres un ser débil e ignorante. Pero ya es hora de que pagues todo el mal que has hecho.

Poltek se enfureció, y comenzó a gritar y a insultar a Aldouz, mientras amenazaba con romper la pantalla.

-Acaso crees que no pensé que intentarían detenerme.- gritó Poltek.

Con toda su furia contenida apunto sus manos hacia la consola donde estaba Aldouz. De sus manos surgieron rayos luminosos rojizos que interfirieron la señal del embajador. La voz del iconiano se hacia imperceptible.

-Ya veras lo que les sucede a quienes se oponen al poder de Poltek.

En ese momento, M´Rel se incorporó y avanzó hacia Poltek, y con su ultimo esfuerzo antes de caer rendida al suelo se interpuso entre Poltek y la computadora de Aldouz. En esos segundos, el Embajador pudo recuperar el control.

-Computadora, ejecute Aldouz Alfa.

Entonces, un sonido casi imperceptible, pero aún más poderoso que el ultrasonido inundó la habitación, que al mismo tiempo fue sellada con un campo de contención. Poltek se tapó las orejas, pero el dolor lo penetraba como un aguijón. Con desesperación comenzó a golpearse la cabeza y el pecho, hasta que de repente, en un estallido incandescente se desvaneció sin dejar rastro.

-Computadora - ordenó el Embajador iconiano - termine programa.

La habitación quedó en silencio, y en medio de la oscuridad, la falsa mitad del Primer Prikmal relampagueaba con los restos de energía dejados por Poltek al desaparecer.

Una hora después, todos estaban en la enfermería. El doctor Castillo nunca se imaginó que iba a tener tanto trabajo. Dirigiéndose a la capitán, le informó:

-Todos están bien. No hay ningún muerto. El teniente Hayes tuvo una contusión leve. Los agentes de seguridad tuvieron suerte de que los phasers estuvieran ajustados para aturdir. En cuanto a usted y los otros, sólo fueron debilitados por algún tipo de choque eléctrico. La comandante M’Rel fue la más afectada, ya que ella estuvo más tiempo sometida a ese tipo de energía. Parece que no recuerda nada de lo sucedido, como si su voluntad hubiera sido vulnerada todo este tiempo. Pero estará del todo bien dentro de unos días, sólo necesita descansar. Lo que me recuerda que deben desalojar la enfermería. Todavía hay algunos a los que tratar.

La capitán asintió y dejó el lugar. Se dirigió a su habitación y acceso el programa de Aldouz.

-¿Que puedo hacer por usted, capitán?

- Quería darle las gracias por lo que hizo. Nos salvó a todos nosotros, a la nave y probablemente a la galaxia. ¿Pero cómo lo hizo?

Aldouz dijo con tono orgulloso:

-Bien, por empezar su desventaja son esos frágiles cuerpos. Poltek podía contra todos ustedes, pero yo no soy lo que se puede considerar como a alguien común y corriente. Calculé que una banda sonora de cierta potencia anularía el control de Poltek sobre la energía del talismán. El buen centurión necesita mucha concentración para poder manejar semejante fuerza, y por suerte recién estaba aprendiendo a hacerlo. Fue una gran idea suya el poner una réplica de la mitad del talismán, sino no se que hubiera sucedido. Aun así, el centurión Poltek se resistió y casi impide que pueda activar el programa de detención. Fue M´Rel quien finalmente lo detuvo.

- ¿Y que paso con Poltek? ¿Esta muerto?- preguntó la capitán

- No, simplemente esta retraído en algún lugar, tal vez repensando contra quien se enfrenta. Por ahora no creo que Poltek sea un problema, el aturdimiento le durara bastante tiempo. Aunque nunca se sabe, todavía posee la mitad del Primer Prikmal.- dijo sombríamente Aldouz.

 

A la mañana siguiente, todo empezaba a volver lentamente a la normalidad en la Asimov. M’Rel estaba sola sentada en el “Agujero Negro”, donde todos charlaban y reían, pero no había nada de felicidad en la romulana. Estaba reflexionando sobre lo ocurrido y como había fracasado en su primera misión, cuando alguien se sentó enfrente de ella. Levantó su vista y para su sorpresa vio a la capitán Jefferson. “Justo lo que necesitaba”, pensó la Romulana.

-Comandante.- saludó la capitán fríamente.-Tenemos mucho de que hablar.

La romulana resignada contestó:

-Mire capitán, no estoy de ánimo para discutir. El doctor me permitió salir de la enfermería, pero todavía me zumba la cabeza. Sé lo que va a decir y tiene razón. Me iré de la nave en cuanto sea posible. Ya he hecho la carta que le enviaré a mi gobierno solicitando un reemplazo. Sólo falta que usted la firme.-

La romulana tomó un poco más de su bebida. Era amarga, como sus sentimientos en ese momento.

-No lo haré.- dijo la capitán ante la mirada atónita de M´Rel. -Entiendo lo que usted hizo, y se merece un castigo. Pero el hecho de que lo reconozca y que se arrepienta de ello es un punto a su favor, y según Aldouz, usted ayudo a detener a Poltek. Además, la necesitamos. En mi informe puse que usted fue forzada a hacer lo que hizo, es lo máximo que obtendrá de mi. Ante el mínimo error, no temeré en dejarla a la deriva, como le advertí. En dos horas deberá presentarse en el puente.-

La capitán se levantó y se dirigió hacia la salida.

-Capitán... - dijo M’Rel - gracias.-

La capitán asintió, haciéndole saber que aceptaba su agradecimiento. Mientras entraba al turboascensor, Brittany Jefferson sonrió y pensó “Que extraño, viniendo de una romulana, debe ser el mejor cumplido que recibí en mi vida.” La puerta se cerró y el turboascensor subió hacia el puente. Mientras, en el “Agujero Negro”, sólo las estrellas fueron testigos de la confusa felicidad de la romulana, quién no se había sentido bien hacía mucho tiempo. Tal vez su estancia en la Asimos no fuese tan terrible.

Próximo número: Una misión cerca del imperio Klingon pone en riesgo la vida del doctor Castillo.

1)      Como se pudo ver en Star Trek Nemesis.

2)      LCARS es el termino con el que se denominan a los controles de los paneles y consolas de las naves estelares.

3)      En el episodio de Star Trek La Nueva Generación de la 2 temporada llamado “Contagion”