La Federación ha diseñado una nueva nave estelar, mejorando sus armas y velocidad, WARP 9.985 con núcleo ecológico para no dañar el subespacio. Este nuevo prototipo surcará el espacio en busca de nuevas razas y mundos para expandir el conocimiento humano más allá de donde ya lo hemos hecho.”

 Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth

“Fusión”

Escrito por Intrepid/ Portada: Rafa Navarro.

Dos personas se hallaban dentro de una habitación que podría describirse como un laboratorio.

-¿Lo has logrado al fin? -Increpó uno de ellos al otro. Era alto y delgado. Hablaba con una voz gélida, insensible.

-Creo que si. Me ha costado mucho reprogramarlas. Pero ahora si, creo que están listas.

-Contestó el segundo con voz entusiasta pero sumisa, que no era otro que el mismo Gorath. Presumiblemente hace varios años atrás.

-¡Entonces ya estamos listos para dar comienzo a la fase final! -Comentó el primero con aire triunfal y ceremonioso -. Hay que comenzar la inoculación del primer batallón de inmediato.

-No creo que sea prudente Gollarth. No deseo que ocurra una catástrofe como la última vez. Quisiera continuar con mis estudios hasta tener la certeza absoluta que esta vez son completamente seguras...

-¿¡Acaso estas loco!? -Preguntó exaltado Gollarth interrumpiendo en forma tajante -Como guardián supremo de Boria y único representante de El Gran Concilio, me veo presionado por ellos, hermano -agregó suavizando su tono de voz.

-Debemos ser cautos. Dame sólo un mes más para chequearlas. Existen ciertos puntos que necesito comprobar antes de usarlas a gran escala.

-¿Un mes? –exclamó Gollarth -Imposible. No hay más tiempo que perder. Debemos hallar a los desertores al Concilio y exterminarlos. En nuestro último enfrentamiento hemos perdido muchos soldados y mejoran con cada enfrentamiento -éste último comentario fue más bien para sí mismo -. Para mañana quiero que prepares todo para la inoculación.

-Pero...

-He dicho para mañana -dijo cortante Gollarth y agregó en tono amenazante -no querrás que olvide que somos hermanos ¿Verdad?

La visión del laboratorio se desvaneció, como una voluta de humo, para quedar todo a oscuras. Luego, imágenes como destellos comenzaron a componer otra borrosa visión en la mente inconsciente de Gorath.

La escena presentaba nuevamente al laboratorio, pero en esta ocasión era distinto. Toda la habitación se hallaba abarrotada de borians tendidos sobre camillas e incluso en improvisadas camas sobre el suelo. Todo era caos y desesperación.

Las puertas del laboratorio se abrieron y por ellas ingresó Gollarth. Se dirigió directamente hacia la posición de Gorath, quién se hallaba extrayendo una muestra de sangre a uno de los soldados que se encontraba acostado.

-¿Ya tienes alguna idea? –Inquirió Gollarth de mal modo.

-No. Aún no –el tono de desahucio se hizo claro en la voz de Gorath.

-Esto es un desastre –comentó Gollarth con evidente nerviosismo y caminando de un lado hacia otro –nuestros soldados están cayendo uno a uno. Esto es una masacre. Esto es peor que el primer experimento de nanites y todo por tu culpa.

-¡Eso no es verdad y tú lo sabes! –Respondió Gorath exaltado dejando caer la muestra de sangre recién extraída -. Yo te advertí…

-¡No! Tu dijiste que las nanosondas estaban ya listas, que las habías reprogramado. –La angustia y la desesperación se agolpaban en la garganta de Gollarth, mientras caminaba ansiosamente de un lado hacia otro refregando sus manos histéricamente-. Ahora el gran Concilio esta detrás de mí, presionándome, acosándome. Pero yo no voy a caer solo. No señor. Tú caerás como responsable también junto conmigo.

Las imágenes en la confusa mente de Gorath volvieron a desaparecer para quedar nuevamente a oscuras. Luego de un breve lapso, un asomo de luz volvió a aparecer ante él. Esta vez se hallaba mirando hacia el techo de donde fuera que se encontrara, notó que se localizaba acostado y una figura estaba de pie a su lado. Lentamente sus ojos se fueron adaptando a la luminosidad del ambiente y pudo ver mejor a esa figura. Se trataba del médico de la USS Stealth, Jonathan Stuart.

-Bienvenido de vuelta –esbozó tímidamente Stuart al recién despierto. -Es bueno tenerlo de regreso a bordo –continuó -¿Señor Gorath?

El borian, con el ceño fruncido a causa de la luz que aún le molestaba, se incorporó lentamente en la camilla en que se encontraba, algo aturdido aún y ciertamente dolorido, para responder a su interlocutor.

- Doctor. Se que deben estar confundidos por mi presencia, pero sí, soy Gorath, la misma persona que conocieron con anterioridad.

Throne for a Loss

-Creo que tengo muchas preguntas para hacerle. Como Usted bien ha dicho, estamos un poco confundidos. Le avisaré al capitán de su recuperación para que venga a verlo. Por el momento descanse. Yo estaré en mi oficina revisando unas muestras.

El borian se relajó sobre su espalda y vio como Stuart se dirigía hacia su despacho para después sentarse ante su escritorio.

El médico en jefe de la nave tomó un pad de su escritorio y lo ojeó durante un largo rato. Su vista parecía desvariar entre las líneas de texto de la pequeña pantalla. La noche anterior no había descansado bien debido a su preocupación por la primera clase de control mental de su esposa con Jarek. Pero era un profesional y no debía dejarse llevar tanto por su nerviosismo. Así que intentó concentrarse en su lectura y prosiguió.

 

Las llamas de decenas de velas iluminaban precariamente las rocas que formaban la caverna en la que se hallaban sentados el comandante Jarek y el alférez Dawson. Uno frente al otro, arrodillados, apoyándose sobre sus talones.

La caverna se hallaba en completa quietud. Sólo el leve resonar de la respiración reverberaba en el ambiente.

-Debe aprender a relajarse –comentó Jarek con sus ojos cerrados y en voz baja, como si no quisiera perturbar el mutismo del recinto –, a entrar en contacto con usted misma. Debe ser una con sus pensamientos.

Lara, quien mal logradamente intentaba respirar con la misma paz que lo hacía el vulcano, entreabría sus ojos de vez en cuando para ver que es lo que sucedía a su alrededor.

-Estos ejercicios de respiración que intento enseñarle, son muy importantes para lograr un estado de paz interior y de control emocional. Esto le permitirá contener pensamientos y sensaciones impulsivas o indeseables. Pero si no lo hace como corresponde, los resultados no se darán en un corto plazo, así que por favor cierre sus ojos y respire como yo lo hago.

El efecto de estas últimas palabras, ruborizaron el rostro de Lara quien no se podía explicar cómo sabía lo que ella estaba haciendo si él, Jarek, ni siquiera había abierto los ojos en ningún momento.

-¿Ha tomado hoy sus supresores empáticos? -Preguntó Jarek con el mismo tono inalterable.

-Si... -contestó Lara de manera entrecorta -¿No debí haberlo hecho, verdad?

-No se preocupe alférez, yo tampoco le había dicho lo contrario. Pero debe tener en cuenta que ellos no son bien vistos por los médicos. El hecho de que su esposo lo sea ha atenuado la situación.

Lara exhaló el aire de sus pulmones como si lo hubiera retenido durante horas, al escuchar tan aliviadoras palabras.

-Si no le incomoda, podríamos llevar a cabo una fusión mental vulcana -propuso Jarek calmadamente -. ¿Sabe lo que es?

-Si, por supuesto. Aunque nunca lo hice -respondió ella más calmada.

El vulcano se despegó de sus talones, recargó su peso sobre sus rodillas y dirigió sus manos hacia la clara piel del rostro de Lara. Colocó su mano derecha sobre la mejilla izquierda de la muchacha. El pulgar se detuvo en su maxilar inferior, el índice en su pómulo y el mayor en su sien...

-Mi mente en su mente. Sus pensamientos en mis pensamientos -dijo Jarek al cabo de colocar su mano en la posición correcta.

La alférez sintió como si algo hubiera desconectado sus sentidos del resto de su cerebro. Era como flotar por el aire. Sentía como si su esencia hubiera abandonado su cuerpo y volara libremente por el éter. La sensación de ingravidez le provocaba temor a caer al vacío, pero no había hacia donde caer. No distinguía ni arriba ni abajo. Todo se hallaba envuelto en espesas tinieblas que ocultaban lo que sea que hubiese más allá.

De pronto, la blanca niebla comenzó a despejarse. Lentamente empezó a sentir su cuerpo nuevamente y cómo este posaba sus pies en un suelo firme. Una silueta se dibujó detrás de la nebulosa cortina que continuaba dispersándose. "Totó, creo que ya no estamos en Kansas", pensó. Cuando la niebla se había despejado casi por completo, notó que ya no se encontraba donde antes. La silueta se había convertido en un joven vulcano que se hallaba en posición de meditación. La cueva en la que se encontraba antes había desaparecido para dar lugar a una amplia habitación sin ventanas e igualmente iluminada por velas. Varios muebles y aparadores ocupaban las paredes. Por detrás del muchacho, había una puerta doble de madera labrada con inscripciones vulcanas.

-Bienvenida -dijo el joven abriendo sus ojos lentamente para mirarla -. Este es un recuerdo mío de cuando yo me encontraba en el santuario Jor'el.

-¿Comandante Jarek? -preguntó Lara totalmente incrédula de lo que veía.

-Si, así es alférez -contestó éste sin dar importancia al asombro de la muchacha -. Al realizar la fusión la he traído a éste recuerdo. Fue aquí, a esta altura de mi vida que comencé a meditar y controlar mis emociones. Las enseñanzas recibidas en este lugar le serán de suma utilidad como lo fueron para mí.

Lara no dejaba de mirar a Jarek como pasmada. Incluso, aún mantenía la boca abierta. Jarek se percató del detalle y no necesitó más para saber el motivo.

-Mi apariencia se debe a que en mi memoria yo tenía el equivalente a la edad terrestre de 16 años durante el lapso de este recuerdo –le aclaró el vulcano.

-Oh, ya entiendo –respondió Lara algo incómoda por sentirse tan asombrada.

Durante varios minutos el vulcano fue drenado su inalterable paciencia intentando explicar a la joven las técnicas necesarias para llegar a la relajación necesaria de este primer ejercicio. Inútilmente seguía perseverando Jarek cambiando la forma de mostrarle el arte vulcano de la meditación.

-¡No! alférez, así no –gritó Jarek mostrándose por primera vez impaciente.

De pronto, las puertas dobles de madera se abrieron de para en par y por ella les llegó un destello cegador. Lara quedó encandilada por la luz proveniente de la puerta. Pensó que se trataba de la luz del día queriéndose colar dentro de la sombría habitación. Pero pronto se dio cuenta que avanzaba lentamente hacia ella mientras Jarek había vuelto a su posición inicial pero con una respiración agitada. Ante su inalterable posición, supuso que esto no acarreaba peligro para ella, por lo que también espero la llegada de la luz.

Así fue como todo quedó envuelto por la claridad. Parecía que estuviera en un cuarto sin paredes. Todo era de un color blanco deslumbrante. Miró en todas direcciones y todo era igual. El universo se reducía a una inmensa esfera incolora. Cuando no pudo contener más la curiosidad, quiso preguntarle al comandante qué era lo que sucedía, pero ya no se hallaba allí. Un temor creciente se adueñaba de su ser. La soledad era un sentimiento y una emoción que ella se resistía a aceptar.

La luminiscencia se fue atenuando y comenzó a divisar lo que parecía ser un pálido bosque que surgía ante su atónita mirada. Oyó voces que provenían de algún lugar. El entorno se hizo cada vez más claro hasta notar que realmente se encontraba en el claro de un bosque en dónde había tres adolescentes. Dos de pie y uno caído. Los dos parados, merodeaban al que estaba en el suelo como fieras salvajes.

-¡Hey orejotas! –Le gritaba uno de ellos -. Tu lógica te prohíbe atacarnos ¿Verdad?

-¿Que pasa idiota? –Gritó el segundo -¿No somos lo suficientemente buenos para ti?

Lara no tardó en comprender quién era el muchacho que se encontraba tendido en el suelo. Se aproximó rápidamente hacia ellos para evitar que lo lastimaran…

Uno de ellos dirigió un puntapié hacia Jarek, pero este lo frenó al instante con su mano derecha. Jaló de su pierna y lo tiró a unos dos metros de su posición. Jarek levantó su mirada hacia el otro quien intentó inmediatamente lanzarle un golpe obteniendo el mismo resultado que su compañero. Luego Jarek se puso en pie y se dirigió hacia donde ambos estaban derribados. Su rostro estaba desdibujado por la ira y cerraba sus manos en sendos puños.

Ante esta nueva situación, Lara se detuvo. Estaba estupefacta por la reacción de Jarek. Nunca había visto a un vulcano perder los estribos. Jarek estaba completamente fuera de sí. Ambos muchachos intentaban ponerse en pie desesperadamente mientras Jarek se encaminaba hacia ellos lenta y amenazadoramente iracundo. Cuando al fin pudieron pararse, no perdieron ni un segundo en intentar comprender lo que sucedía. Nunca hubieran imaginado que un vulcano tuviera una reacción semejante. Sabiendo su desventaja en fuerza, aunque fueran dos contra uno, decidieron huir corriendo en forma despavorida antes que enfrentar en combate a Jarek en aquel estado.

Lejos de tranquilizarse tras la huida de sus agresores, el joven comandante, giró su mirada hacia la ubicación de Lara y se encaminó hacia ella. En su rostro aún conservaba su expresión de enfado. Impotente, la alférez, intentó comunicarse:

-Comandante... soy yo... la alférez Dawson -dijo Lara entrecortadamente para darse a conocer. Pero el vulcano no respondía. Se encontraba a 10 Metros de ella... 9... 8... Sabía que debía hacer algo pronto, pero no podía moverse. Su cuerpo se hallaba paralizado por algún motivo ajeno a ella. Jarek seguía, 6 metros... 5... 4... Su rostro estaba desencajado por la furia. 3 metros... 2... 1... Lara vio claramente los ojos desorbitados de Jarek y extendió sus brazos instintivamente para frenar su avance. Jarek salió despedido hacia atrás como si un invisible cable hubiera halado de él. En un ataque de pánico, Lara, gritó con todas las fuerzas que pudo. El bosque y el claro desaparecieron. De la envolvente luz blanca a la oscuridad; de la espesa neblina a la sensación de ingravidez; todo se volvió a hacer presente pero esta vez de una manera vertiginosa. Cuando nuevamente sintió su cuerpo, había retornado a la caverna.

Sintió el frío suelo de piedra haciendo contacto con su rostro. Su cuerpo estaba completamente entumecido. Sentía que su cabeza estaba a punto de estallar a causa del dolor. Totalmente aturdida como se encontraba, intentó ponerse en pie. Moverse resultaba casi imposible. Era como si cada parte del cuerpo que deseara mover pesara una tonelada. Se obligó a mover sus brazos para impulsarse y así erguir su cabeza, que aún le dolía y le daba vueltas. Abrió sus ojos y sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo... Jarek yacía inconsciente sobre su espalda a tres metros de su posición original y un verde hilo de sangre, brotaba de su nariz.

Tambaleándose, Lara se incorporó como pudo...

-Computadora. Finalice el programa. –Dijo con voz dolorida debido al golpe dado contra el piso.

La cueva en la que se hallaban desapareció dando lugar a una amplia y clara habitación. La alférez llevó su mano hasta su intercomunicador y lo presionó.

-Dawson a enfermería -clamó desesperada.

Solo el silencio respondió a su pedido de auxilio. Agudizó su oído y pudo sentir un sonido de alerta familiar. Desorientada aún, se dirigió hacia el arco de la holocubierta. Las puertas de la misma se abrieron ante su presencia. Las tenues luces rojas del pasillo confirmaban sus sospechas. La Stealth había entrado en alerta roja por algún motivo.

Una punzada de dolor la desenvolvió de sus pensamientos. Debía atender médicamente a Jarek y averiguar que sucedía en el proceso.

Volvió sobre sus pasos hasta acercarse al vulcano. Menuda como es, se le dificultó levantarlo desde la fría superficie de la holocubierta y rápidamente abandonó la idea de cargarlo hasta donde pudieran darle atención médica. Un veloz y sencillo pensamiento surcó su mente “¡Transportarlo directamente!”.

-Computadora. Transporte de emergencia a la enfermería –ordenó sin pensarlo dos veces.

-Transportadores fuera línea –respondió fríamente la máquina.

-¿Qué demonios esta sucediendo? –se dijo. Entonces pensó que lo mejor sería buscar ayuda y traerla hasta aquí.

Se dirigió por el corredor hasta el turboascensor más cercano. Todo estaba desierto. Era evidente que lo que estaba sucediendo a bordo de la nave no era nada bueno. El elevador ascendía velozmente hacia la cubierta de la enfermería. Al abrirse las puertas notó sobre los paneles laterales del pasillo disparos de phasers. Definitivamente no le agradaba lo que acontecía.

Para ella no habían pasado más de unos minutos desde que habían realizado la fusión mental con el comandante. Pero pensó “… no pudo pasar todo esto en este tiempo…”. Debieron haberse encontrado con alguna fuerza hostil y por lo que parecía el Stealth no resistió lo suficiente y fue abordado. No quería ni imaginar lo que le hubiere pasado a la tripulación.

Debía hallar a alguien pronto que ayudara a Jarek y esperaba no encontrarse frente a quienes tomaron la nave.

Se maldijo por haber tomado los represores de empatía mientras se asomaba a cada vuelta de esquina. Llegó a la puerta de la enfermería y las puertas se abrieron de par en par, revelando el desagradable panorama que el lugar contenía.

El teniente Castle yacía cruzado sobre una de las camillas y dos oficiales más estaban desperdigados por el suelo. Todos, a juzgar por las heridas de phaser en sus cuerpos, parecían estar muertos. Se acercó al primero y corroboró que así era. Con menos esperanza se acercó a los otros dos y los reconoció. La alférez Betiel, quién había egresado de la Academia de la Flota junto con ella, y el teniente Daemon, a quien solía ver en el Nexus. Ambos yacían muertos, también, a causa de disparos.

Frenéticamente se dirigió a la oficina del doctor. Pero allí no había nadie. “Afortunadamente Jonathan debía haber escapado antes que las fuerzas invasoras llegaran”, pensó. “O pudo haber sido capturado”. Este nuevo pensamiento hizo que le corriera un escalofrío por su espalda.

Buscó indicios de los hechos en la computadora del escritorio de Stuart.

Intentó una y otra vez. Los códigos de acceso habían sido alterados y todo intento por obtener información era en vano. Esto se estaba poniendo cada vez más extraño.

De pronto sintió voces en el pasillo. Solo oía los rumores, pero no podía entender lo que hablaban.

No lograría salir de allí por el mismo lugar que entró sin que la vieran y no podía arriesgarse a quedarse pues la encontrarían a corto plazo.

Sentía que se encontraba en un callejón sin salida cuando miró hacia arriba y vio un acceso a una toma de aire. Tomó uno de los tricorders médicos y lo guardó pensando en Jarek, y ágilmente subió al escritorio de un solo salto y empujó con ambas manos la escotilla. Se aferró con ambas manos a los bordes y se impulsó hacia arriba. Uno de los Pads que se hallaban sobre la mesa cayó estrepitosamente luego de ser golpeado accidentalmente por uno de sus pies.

Pudo sentir como las voces que fueron rumores se transformaron en gritos de alerta y el sonido de pasos que se acercaban corriendo, crecía. Afanosamente, Lara luchaba por subirse a la toma de aire. En cuanto lo logró, colocó nuevamente la escotilla silenciosamente justo para cuando un grupo de cinco soldados borians armados, llegaban al despacho.

Decidió no quedarse para averiguar lo que harían y sigilosamente se marchó por el conducto. Se deslizó gateando por él hasta la encrucijada con uno de los tubos Jefferies. Pensó en Jarek que aún debía estar en la holocubierta a merced de aquel que lo encontrase. Además de ser la única persona perteneciente a la tripulación que, según sabía, aún no había sido capturada o escapado. La decisión estaba tomada, buscaría al comandante e intentarían juntos recuperar el control del USS Stealth.

Accionó varas veces la palanca de mando para abrir manualmente la escotilla de descenso. Se aferró a los peldaños de la escalera y comenzó a descender por ella en una loca carrera contra el tiempo para intentar llegar hasta el holocubierta antes de que el comandante Jarek sea descubierto.

Una tras otra fueron las cubiertas por las cuales descendió hasta llegar a la correcta. Se desplazó hacia una compuerta que daba al pasillo. Al no oír nada, se apresuró a abrirla y a traspasarla para salir. Una vez afuera se dirigió hacia el holocubierta e ingresó. Por suerte, o no, el Vulcano aún se hallaba recostado sobre su espalda en la habitación.

Tomó el tricorder médico y lo analizó. Descubrió para su alivio que tenía una contusión en su cabeza y solo eso ocasionaba su inconsciencia.

Lo llamó repetidas veces sin hacer mucho escándalo. Lo que menos necesitaba ahora, era que la descubrieran. Por alguna razón aún no habían inspeccionado aquella cubierta y era mejor que así se mantuviera.

Calculó aproximadamente el tiempo desde que había tomado los supresores empáticos y dedujo que ya deberían estar disipándose los efectos. Eso sería de gran utilidad, dado que con Jarek presente le sería más fácil de controlar su empatía y esta se volvería una herramienta en lugar de un problema.

El vulcano lentamente comenzó a reaccionar a los llamados de la joven.

-¿Qué sucedió? –Preguntó Jarek casi quejumbroso.

-Aún no lo se con seguridad, comandante. Pero por lo que pude descubrir hasta ahora, la nave ha sido abordada y controlada por borians, señor –contó Lara.

La alférez puso al tanto de todo lo que había sucedido desde que salió de la holocubierta, pasando por su macabro descubrimiento en enfermería y como había regresado por él.

-Muy bien –dijo Jarek poniéndose en pie vacilante mientras limpiaba la sangre de su nariz. –Esto es lo que haremos. Debemos intentar llegar hasta el puente de la nave y averiguar qué es lo que esta ocurriendo con exactitud y en dónde se hallan todos los demás.

-Me parece un plan perfecto –respondió la joven con un renovado aire de esperanza -¿Pero como lo lograremos?

-Todo a su debido tiempo. Debe aprender a tener paciencia.

Silenciosamente abandonaron el holocubierta y se dirigieron hacia la escotilla por donde minutos antes había egresado Lara. La atravesaron y una vez dentro, volvieron a tapar la abertura. Enfilaron directamente hacia el tubo Jefferies por donde se llegaba hasta el puente y comenzaron la ardua tarea de escalarlo.

Lara no recordaba desde el entrenamiento en la Academia de la Flota haber ejercitado tanto en tan poco tiempo. Sus piernas ya comenzaban a temblar por subir y bajar las escaleras. Pero un fuerte pensamiento pasaba por su cabeza “Stuart debe estar en algún lado de esta nave, y debe necesitar de mi ayuda”, “¿por qué no logro percibir la presencia de los demás en esta nave?”. Los pensamientos acosaban la mente de Lara como un enjambre de abejas enfurecidas.

Solo faltaban un par de cubiertas para llegar al Puente cuando Lara se detuvo en seco por detrás del comandante Jarek.

-Señor, estoy percibiendo algo. Es como… si, son borians. Son solo dos y están en el Puente –comentó Lara con la voz entrecortada a causa de la agitación.

-Veo que esta comenzando a enfocar sus pensamientos en la dirección correcta.

Lara no estaba tan segura. Las cosas no pasaban como de costumbre. Normalmente ella sentía la presencia de otras formas de vida y a la vez sentir sus mentes en relación con la suya. Ahora era como si los pensamientos llegasen directamente a su mente, no podía describirlo con claridad, pero de algo estaba segura, no estaba acostumbrada a esta nueva forma de empatía.

-Y también veo que pierde el foco fácilmente –agregó el comandante en tono severo.

Se acercaron por el angosto conducto de llevaba hasta el puente y vislumbraron a través de la escotilla el interior del Puente. Tenían una vista superior desde la cual podían ver a los dos borians en el puente. De pronto, como un deseo hecho realidad, ambos soldados recibieron la orden de dirigirse a la bodega número 3 para un relevo de guardia de los prisioneros.

-Bueno, ya sabemos a donde tienen a la tripulación restante –comentó Lara angustiada.

Sin mediar palabra, Jarek desencajó la escotilla y descolgó hacia el interior del Puente.

Lara lo siguió y ambos buscaron obtener información de las distintas consolas.

-Todo acceso está restringido comandante –dijo la Alférez frustrada al frente de la consola de Ops.

-Ya lo he notado- comentó parcamente el Vulcano.

De pronto y sin previo aviso, las puertas del turbo ascensor se abrieron dejando entrar a tres soldados borians armados con lo que parecían ser rifles de asalto.

Esta situación tomó a ambos oficiales completamente por sorpresa. Jarek permaneció en su sitio. Solo se limitó a mirar al enemigo arqueando una ceja, como estudiándolo. Pero Lara, sobresaltada y confundida por no haber presentido la llegada del escuadrón, se puso de pie en un acto reflejo. Sin dudarlo ni un segundo uno de los soldados abrió fuego sobre la joven, quien fue arrojada por encima de la estación debido al impacto del phaser que impactó directamente en medio de su pecho y cayó inconsciente.

Lara abrió sus ojos desesperada y para su sorpresa, se hallaba en la holocubierta junto con Jarek. Lentamente intentó reponerse y sintió un fuerte dolor en la parte posterior de su cabeza.

-¿Se encuentra Usted bien? –Preguntó el vulcano.

-¿Qué sucedió? –Preguntó Lara completamente desorientada.

-Durante la fusión, hubo algo que cortó la conexión que teníamos y usted cayó desmayada. Desde entonces he tratado de despertarla.

-¿Cuánto tiempo estuve desmayada?

-Aproximadamente, unos 5 minutos.

Lara sentía que había vivido lo último que recordaba, no podía tratarse de un sueño simplemente; él desmayado, los borians, la nave desierta. Quizás el estrés y los nervios le habían jugado una mala pasada.

Jarek le ayudó a la joven a ponerse en pie y salieron al corredor.

-Creo que será mejor que se dirija hacia la Enfermería –sentenció el Vulcano.

Ambos salieron al corredor de la nave que conducía al turboascensort. Esta imagen era como un deja vú para ella. Al girar en una curva, las luces del pasillo se tornaron carmesí y la alarma comenzó a sonar anunciando el estado de Alerta Roja en toda la nave.

Frente a ellos se materializaron en una transportación el mismo escuadrón que Lara había en el Puente de su sueño. El trío cargaba consigo el mismo armamento que no dudaron en apuntarlos hacia ellos dos.

De pronto, tan súbitamente como todo había comenzado, los tres borians desaparecieron y todo volvió a la normalidad.

-¿Qué esta ocurriendo? –Pregunto la alférez atemorizada a Jarek. Pero éste no le respondía. Permaneció con la vista fija hacia el final del corredor. Ella siguió la mirada de su superior y se encontró más desconcertada que antes. Desde el final del pasillo, avanzando hacia su posición, se dirigía un segundo Jarek.

-Alférez, debe comprender que todo esto esta ocurriendo en su mente –dijo el segundo Vulcano parsimoniosamente –Usted se halla en la Enfermería de la nave y debe despertar por sí misma.

-No le haga caso –respondió el primero de los comandantes –obviamente esto es una especie de trampa de los borians para confundirla.

La mirada de la consternada joven se paseaba del rostro de uno al otro sin saber como reaccionar. Era indudable que algo extraño estaba ocurriendo. Parecía como si fuera otro sueño. La situación se volvía cada vez más y más estresante. Un dolor fuertísimo se apoderó de su cabeza la cual asió fuertemente con ambas manos y sintió flaquear sus piernas sin poder detenerse hasta el suelo. Antes de desvanecerse llegó a juntar toda la fuerza que pudo en su garganta y estalló en un grito llamando a su esposo.

-Jonathan –dijo la voz -¡Jonathan! –Repitió.

El doctor se sobresaltó. Se halló a sí mismo recostado sobre su propio escritorio de la enfermería, sudado.

-Parece que te has quedado dormido –se oyó la misma voz.

Atónito y confundido, Stuart, alzo la vista y para su sorpresa, a su lado se hallaba Lara de pie hablándole.

-Y obviamente has tenido una pesadilla. Tienes un estado desastroso –exclamó Lara jocosamente.

-Eh, sí, creo que si. He tenido un sueño realmente extraño.

-Deberías asearte un poco. Cuando deje al comandante Jarek y me dirigía hacia aquí escuché que el capitán lo buscaba para que se encontrara con él y luego vendrían para acá –le informó la joven.

-¿Cómo te ha ido con tu clase? –Quiso saber Jonathan.

-¡Perfecto! He aprendido mucho a pesar de haber sido una clase corta -respondió ella entusiasta. –Inclusive, gracias a una fusión mental que hemos hecho, he conocido un templo vulcano de meditación.

-¿Qué curioso? –Dijo el galeno expresando en voz alta sus pensamientos.

-¿Qué es lo curioso, amor?

-No, nada –respondió Jonathan. –Voy a asearme antes de que llegue el capitán –se apresuró a agregar para desviar el tema.

-Muy bien. Yo voy al Puente. Nos vemos más tarde.

Ambos abandonaron la enfermería y tomaron por distintos caminos.

Stuart se caminó presuroso sin poder quitar de su mente la confusión de su sueño. Ahora que estaba despierto podía darse cuenta de algunos detalles extraños. De pronto estas palabras parecieron reverberar dentro de su cabeza: “Ahora que estaba «despierto» podía darse cuenta de algunos detalles extraños…”; Miró a su alrededor como esperando algo. ¿Realmente había despertado?

Continuará….