La Federación ha diseñado una nueva nave estelar, mejorando sus armas y velocidad, WARP 9.985 con núcleo ecológico para no dañar el subespacio. Este nuevo prototipo surcará el espacio en busca de nuevas razas y mundos para expandir el conocimiento humano más allá de donde ya lo hemos hecho.”

 Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth

“El nido de la serpiente”

Escrito por Intrepid/ Portada: Rafa Navarro.

-Supongo que no contaba con que intentara arriesgarme enfrentando a una flotilla de pájaros de guerra romulanos y por eso no sabotearon esta nave. Debemos regresar y establecer lo que ocurre.

-Recibo una comunicación desde el Stealth.

Para asombro de los dos oficiales Yarot apareció en la pantalla de comunicaciones.

-¡Capitanes! -Comentó Yarot sarcásticamente -. Parece que siempre se las arreglan para arruinar mis planes. No lo creía tan arrogante como para enfrentar a una flota Romulana.

-Aunque no sepa como lo hizo. Si su plan consta de apoderarse de mi nave; se equivoca rotundamente.

-Ahí va nuevamente esa arrogancia humana. ¿Cómo se supone que va a lograr eso?

La respuesta a la pregunta formulada por Yarot se escapaba de la boca de Connor cuando sintió que algo se apoyaba en su costado derecho. Su sentido de la curiosidad se hizo poderoso y lo obligó a ver de qué se trataba antes de responder.

Para su ingrata sorpresa, notó que lo que presionaba sobre sus costillas era un phaser. El silencio se apoderó de sus cuerdas vocales. Un gran vacío se produjo en su ser. No podía ser cierto lo que ocurría.

Lentamente recorrió el phaser con la vista hasta ver la mano que lo empuñaba. Continuó ascendiendo a través del uniformado brazo. Llegó al hombro y confirmando lo que no deseaba, vio el rostro de Jarek.

-No… -dejó escapar Connor, negándose a aceptar lo que ocurría. Su primer Oficial se había convertido en un traidor a la Flota. Lo que era peor aún lo había traicionado a él, como superior y como amigo…

-Lo siento capitán. Creo que deberemos invertir nuestras posiciones -. Jarek tomó el asiento del piloto y dirigió al Bolt-Wing de vuelta al hangar del Stealth.

-No se sienta mal Connor –comentó Yarot burlonamente –no es su culpa. Algunos oficiales deciden obedecer a otras prioridades -. Al notar que Connor no continuaba con su diálogo, cambió de interlocutor -. Jarek, una vez que retornes a la nave, ya sabes a donde llevarlo. Yarot Mir fuera.

El Bolt-Wing se dirigió al Stealth y se fue deslizando hacia el hangar aproximándose suavemente. La nave parecía haber cobrado vida, las luces indicaban que la energía no se había desvanecido realmente. La pequeña nave atravesó el campo de fuerza que se había levantado por la falta de compuerta, que Connor sabía perfectamente porque no estaba en su lugar. La navecilla frenó y extendió los parantes que soportan su peso. Las alas retornaron a su posición original de noventa grados. Descendió y se posó sobre ellas.

Jarek colocó su peso sobre sus pies y se dirigió hacia la puerta de salida del Bolt-Wing. Connor, de pronto, pareció despertar de un largo letargo cuando vio su consola.

-¡JAREK, NO! –Gritó Connor -¡NO ABRAS ESA PUERTA!

Jarek miró por sobre su hombro con la mirada cristalina. Connor se apresuró a parase y acercarse a él.

-La energía parece estar restaurada, pero por lo que marcan los censores, el soporte de vida no ha sido restituido. Si abres la compuerta, la descompresión nos matará instantáneamente.

Jarek tenía la mirada perdida, pero aún así no desistía de apuntar su arma directo al pecho de Connor. Luego de permanecer así unos segundos, algo en su cerebro pareció encaminarse e indicó a Connor con un ademán de su mano que se dirigiera hacia el sector de los trajes. Le señaló que se colocara uno y luego, haciendo un acto de contorsión para no dejar de apuntar a Connor, se puso el suyo propio. A continuación, se acercó a un de los paneles y dijo en voz alta:

-Computadora. Transporte para dos.

Ambos desaparecieron lentamente en un resplandor de luz que los desmaterializó. Un mismo resplandor azulado hizo aparición casi inmediatamente después a un lado del Bolt-Wing. El brillo del rayo transportador fue disminuyendo a medida que los cuerpos eran materializados.

Al finalizar la tele transportación, Jarek cayó repentinamente sobre sus rodillas y manos. Si Connor quería tomar el control de la situación, era ahora o nunca. Pero en el momento exacto en el que estaba por arrojarse sobre el Vulcano, éste rodó hacia el lado contrario hasta posarse sobre su espalda y extendió el phaser hacia Connor. Pero para sorpresa del capitán, no lo estaba apuntando, sino todo lo contrario; se lo estaba entregando, mientras que con su mano libre le señalaba que no hablara.

Connor se debatió entre la confianza y la desconfianza. Qué era lo que en verdad ocurría. Quién lo engañaba realmente, si el Jarek que hasta hace un rato lo apuntaba con un arma, o éste, que acababa de entregársela y le pedía sin palabras que confiara en él nuevamente. La realidad convertía a la confianza en una frontera que lo obligaba a decidir si la cruzaba o no.

Tomó el phaser que Jarek le extendía con una mano, mientras con la otra lo ayudaba a ponerse en pie. Una vez que sus pies sustentaron su peso, el vulcano, removió algo de su traje e invitó al Capitán que lo imitara. Luego se dirigió hacia la puerta. A diferencia de la última vez, ésta se abrió sin complicaciones y el panel que Connor había removido para la apertura manual de ésta, se encontraba ahora colocado en su lugar.

Jarek continuó guiando los pasos de ambos, pues a Connor aún no se le ocurría otra opción. Connor todavía contaba con el resguardo del phaser en su poder. Intentaba agudizar sus sentidos tanto como le fuera posible aunque su oído solo captaba el constante resonar de su agitada respiración dentro del casco.

Continuaron caminando por un pasillo, por lo que le pareció al capitán, unos diez minutos. De pronto, al girar en una curva, el Vulcano se detuvo abruptamente, lo que produjo que Connor se alertara y empuñara su arma. Jarek lo miró y le señaló que mirase unos metros más adelante. Este se abrió unos centímetros a la derecha, lo suficiente como para quitarlo de su campo visual a él y a la curva sin mostrarse. Un grupo de personas se hallaba trabajando en ese corredor, más adelante. Todos ellos llevaban trajes ambientales de la Federación y se encontraban ensamblando un dispositivo holoemisor.

Connor se dio cuenta que la comunicación con su primer oficial comenzaba a tornarse imprescindible. Resultaba obvio que Jarek sabía, o al menos suponía, que las comunicaciones eran vigiladas y por eso había removido esos circuitos de los trajes. Esto hizo que cierta parte suya comenzara a confiar en él. Sobre todo, luego de que él dejara de ser el guía para ser el guiado. Connor debía hallar la manera de hablar con su primer oficial para averiguar cuanto sabía sin que sus diálogos fueran monitoreados.

Regresaron sobre sus pasos por el largo corredor cuando vieron que una de las rejillas de entrada a los tubos Jefferies se habría. Ambos se detuvieron en el momento y observaron que una persona salía de ella. Solo una persona en la nave podría llevar consigo un Bat'Leth. Una vez que salió de allí, se aproximaron a él de inmediato, pero para sorpresa de ambos, éste retrocedió y se colocó en posición de ataque. Rápidamente, Connor, guardó lentamente el phaser que empuñaba y extendió vacías sus manos hacia el Klingon dándole a entender su intención de no atacarlo. Morak dudó y se inclinó levemente hacia adelante como para ver mejor. Al ver a través del empañado cristal del casco de Connor, logra reconocerlo. El klingon intenta decirles algo, pero luego de unos breves segundos de infructuosos intentos, Connor, logra hacerle notar el hecho de que han removido de sus trajes los comunicadores. Entonces Morak insiste en que lo sigan y el trío ingresa velozmente a los tubos.

Luego de haber transitado por los conductos y escalinatas para ascender niveles dentro del Stealth, Morak, hace un alto y les indica que van a salir por uno de los conductos de aire. Lentamente se acerca a dicho lugar y desengancha la grilla protectora; la corre hacia un lado y se asoma para ver si alguien se acerca. La ausencia de personal en ese corredor lo incita a salir de allí sin necesidad de ocultarse. Tras él, el dúo de oficiales salió también por el tubo de ventilación. Se hallaban en la sección de camarotes del sexto nivel. Morak se dirigió hacia una de las puertas, pero a diferencia de la apertura normal de la puerta del hangar, esta no se abrió. Morak insistió nuevamente pero obtuvo el mismo resultado. Connor se acercó y apeló nuevamente al accionamiento manual de la puerta a través del acceso del panel. Ni bien lo hizo, una centelleante luz roja comenzó a brillar a lo largo del corredor en el que se hallaban. Con la ayuda de su Bat’Leth, el klingon se apresuró a abrir la puerta al camarote y se deslizó dentro de él. Connor y Jarek se preocuparon por ver si alguien se aproximaba. Segundos más tarde, Morak reapareció en el corredor y nuevamente mediante señas, les indicó que reingresaran al conducto de ventilación. Una vez allí se abocaron a la tarea de volver a colocar la escotilla en su lugar y salir de esta posición inmediatamente.

Luego de pasar por algunos conductos, se detuvieron. Jarek se ofreció a quitar del traje de Morak los mismos circuitos que se habían extraído el y Connor. Un tanto receloso de esta acción, Morak dejó trabajar al Vulcano en su traje. Luego de que éste finalizara su labor, el Klingon colocó algo en su pecho y extendió ambas manos hacia sus superiores. Eran comunicadores con el símbolo del Imperio Klingon lo que les estaba ofreciendo. Ambos oficiales lo tomaron sin demora y copiando a Morak, se lo colocaron en el pecho.

La curiosidad y la ansiedad no se hicieron esperar en Connor.

-Necesito una explicación ahora mismo -dijo Connor mirando directamente a Jarek sin ocultar su enojo.

-Capitán, le debo una disculpa y comprenderé si solicita mi baja sin ir previamente a una corte marcial -contestó Jarek pausadamente con la voz profunda.

El silencio volvió a adueñarse de la escena nuevamente por unos breves instantes. Connor contempló el rostro de Jarek mirando fijamente a los ojos de éste.

-¿Qué fue lo que te sucedió a bordo del Bolt-Wing?

-Cuando Yarot Mir apareció en pantalla, algo irrumpió en mí... -Jarek hizo una pausa, como si quisiera recordar todos y cada uno de los detalles de lo ocurrido -. Un solo pensamiento cruzó mi mente... No podía apartarlo, ni ignorarlo. Una sensación que no podría describir con palabras, me inundó. De pronto me vi abocado a la tarea de librar mi mente de este perturbador pensamiento... -Jarek volvió a sumergirse en sus recuerdos.

-¿Cuál era este pensamiento? -Preguntó Connor incitando a su Primer Oficial para que continúe con su relato.

Jarek dudó un momento, mirando a Morak de soslayo, pero prosiguió.

-La muerte de mis padres biológicos, Señor.

Connor sabía perfectamente que Jarek no podía estar mintiendo al respecto de este tema. La muerte de sus padres y su crianza por humanos, lo había atormentado desde pequeño. Esto era motivo de un gran desequilibrio emocional para él. Algo que supuestamente estaba controlando con meditación en la holocubierta. No le cabía duda que la "sensación indescriptible con palabras" como él decía, no era otra cosa que una emoción. No cualquier emoción. Era la más antigua y la más indignante para los vulcanos: la ira.

El capitán solo tuvo que atar algunos cabos sueltos para comprender la manera en que había actuado Jarek. El había culpado a la Federación por la muerte de su familia cuando niño. Un sentimiento que el conocía en su propia piel. Este recuerdo pudo haberlo obligado, de alguna manera, a querer tomar represalias contra él y a su vez contra la Flota. Pero aún había algunos huecos en su conjetura.

-Pero dime... ¿Cómo es que recibiste y obedeciste órdenes de Yarot?

-Eso aún no le determinado completamente. Solo se que no pude negarme. Actuaba como si estuviera en un sueño, como si le sucediera a otro. No fue hasta que usted me llamó, que yo volví en mí. Fue entonces que comprendí (o al menos en ese momento creí comprenderlo así) que de alguna manera, Yarot controlaba mis acciones. Supuse que continuar actuando era la acción más lógica.

-Y como Yarot había tomado la nave, era obvio que querría rastrearnos -continuó Connor como si se tratasen de gemelos -. Por eso has removido, o desactivado, nuestros comunicadores con el transportador. -El capitán hizo una breve pausa, buscó en Jarek una mirada desaprobatoria de su teoría y al no hallarla, prosiguió. -Y para evitar que nos escucharan, también deshabilitaste las comunicaciones de los trajes.

Solamente cuando Connor finalizó su hipótesis, Jarek, se limitó a responder con un movimiento vertical de su cabeza.

Sólo entonces, el capitán, desvió su mirada hacia Morak. Quien hasta entonces había estado recorriendo los tubos que los rodeaban, sin alejarse más de unos varios metros, cual perro de caza.

-En ese momento, usted se une a nuestra odisea.

Los renegridos ojos del Klingon, dejaron de examinar los conductos y se dirigieron hacia el capitán. Morak le contó todo desde que abandonó el puente. El motivo por el cual portaba su Bat'Leth y la urgencia de encontrar un traje ambiental al agotarse el soporte de vida.

Connor sabía que un klingon no utilizaría las cápsulas de escape. No era honorable para un guerrero como él.

-Algo extraño esta sucediendo capitán. Me conduje a través de los tubos de la nave para evitar los niveles dañados, pero no existen daños -esgrimió Morak.

-Eso no es nada teniente, tampoco existen las naves romulanas, si bien pueden estar ocultas, no hay necesidad táctica en ello con la ventaja que tienen sobre nosotros.

-Señor -interrumpió Jarek -creo que el siguiente paso lógico a realizar, debe ser avisar a la Flota Estelar y solicitar refuerzos.

-Nuestra única alternativa de comunicación es retornar al Bolt-Wing, pero debe estar custodiada. No debemos subestimar a Yarot. Parece tener más de una sorpresa para nosotros.

El trío se encaminó retrocediendo sobre sus pasos hasta llegar a la zona del hangar en donde se hallaba la nave prototipo Bolt-Wing.

Antes de salir al pasillo, verificaron la ausencia de cualquier persona. Una vez que estuvieron seguros de ello, abandonaron su escondite y tomaron rumbo hacia la puerta del hangar. Al llegar frente a ella, ésta produjo su sonido de apertura característico. Connor sintió como si un puño tirara de su corazón hacia abajo. No era posible que el sonido se propagara en el vacío y el oír a la puerta daba por sentado que el soporte de vida estaba restaurado.

Segundos después una desagradable sorpresa lo golpeaba nuevamente. Un pequeño batallón investido en trajes de la Federación, se hallaba frente a él apuntándole con phasers. Los invasores no solamente usaban trajes Federacionistas, sino que además utilizaban sus propias armas contra ellos.

Morak blandió su filosa arma aguardando un momento propicio para utilizarla. Por otra parte, Jarek, solo se limitó a observar la situación. Se encontraban superados por tres a uno.

Por detrás de la línea de hombres, que ya se habían desplazado para rodearlos, surgió la figura de uno que se abrió paso por el medio del pelotón para enfrentarlos directamente. Se detuvo a escasos dos metros de distancia del trío. El reflejo de las luces sobre el cristal de su casco, impedía distinguir el rostro de la persona que se presentaba frente a ellos.

Connor sentía la impotencia recorrer sus venas nuevamente. Morak, aferró firmemente su Bat'Leth. Un brillo inquietante destellaba en los ojos de él que ni siquiera parpadeaban. De haberse tratado de una serpiente, seguramente se encontraría agitando su cascabel de forma furiosa. Jarek era el único que evidenciaba tranquilidad.

Quien se detuvo delante de ellos, extendió y elevó sus manos hasta su casco. Liberó la traba de seguridad y procedió a extraerlo lentamente de su cabeza. Una piel verdosa y un rostro delgado comenzaron a asomarse por debajo del casco. Morak era como un resorte comprimido a su máximo límite. Connor pareció notar esto y detuvo su ataque instintivo con un leve gesto que el klingon pareció notar.

Cuando la otra persona finalizó de quitarse el casco, no cabía la menor duda de quien era. Un ligero "Usted..." escapó de la boca de Connor con una mezcla de asombro e indignación en su tono de voz. En ese momento recorrió con la mirada el rostro de quienes lo apuntaban. Se equivocó cuando creyó que por fin había entendido lo que ocurría. Quienes lo rodeaban apuntándole a él y a sus dos acompañantes, no era un ejercito invasor, sino parte de su propia tripulación con Dal'ar a la cabeza.

-¡¿Qué significa esto?! ¿Acaso no me reconocen? -Preguntó atónito Connor intentando llevar sus manos hacia su cabeza para quitarse el casco. Acto que fue interrumpido de inmediato por un acentuado direccionamiento de armamento hacia su persona.

-No intenten nada o serán aniquilados al instante. Inclusive Usted, Señor Jarek -. Una mirada vidriosa opacaba los ojos de la romulana mientras decía esto. -Señor klingon, le sugiero que lentamente tire esa inútil arma muy lentamente o acabará en el suelo con muchos impactos quemados en su pecho -continuó diciendo Dal'ar como quien pide que le pasen la sal en una mesa.

Inexplicablemente, Morak, soltó su mano izquierda de su arma y lentamente la desplazó hacia la derecha de su cuerpo y la dejó caer sin poner resistencia al pedido. Luego, la teniente invitó a los tres a quitarse sus trajes y que la siguieran. Una vez que el trío solo vestía su uniforme de la Flota Estelar, se dedicaron a seguir a la romulana a través de los corredores del Stealth, escoltados por los nueve tripulantes.

De no ser porque la conocía (o al menos creía conocerla), Connor hubiera jurado que era vulcana. Sus palabras estaban vacías de su común temperamento o de cualquier otra emoción. Deambularon por lo que Connor calculó fueron unos quince minutos. De pronto, Dal’ar se detuvo ante la puerta de una de las holocámaras de ese nivel.

-El Señor Yarot lo esta esperando –comentó la romulana y se hizo a un lado de la puerta para permitir la entrada de los tres oficiales.

La puerta se abrió de manera automática cuando el primero de ellos se acercó a la misma. Se deslizaron a través de ella y se encontraron en lo que parecía ser el Senado del Imperio Romulano. Un amplio salón circular con el escudo del Imperio, una especie de ave, colgando en el centro del mismo. Cinco pares de columnas sostenían el techo en forma de cúpula. Alrededor de ésta varias ventanas de pequeño tamaño dejaban ingresar la luz solar formando rayos lumínicos que nacían en los cristales y se desvanecían antes de llegar al suelo. Los tres caminaron por un pasillo creado por cuatro filas de bancos en forma de anfiteatro, al final del cual se hallaban cuatro mesas que completaban el círculo, cada una con capacidad para dos personas, y por detrás de éstas, una silla. Ésta prevalecía por sobre los demás. En ella, se encontraba sentado Yarot Mir.

-¡Bienvenidos! –dijo Yarot con su usual tono de falsa amabilidad y poniéndose de pie.

Los tres miraron a su alrededor terminando de ver las formas del cuarto que los rodeaba. Al oír estas palabras, Connor dio un paso al frente para quedar por delante de los otros dos.

-¿Cómo ha entrado a mi nave? –inquirió Connor agresivo.

-Capitán, no se exalte. Todo a su tiempo. Ya le he dicho que es demasiado ansioso. –contestó cansinamente el romulano -. Disfrute el momento como yo lo hago.

-No creo que yo deba disfrutar de esto.

-¿Lo pone incómodo el ambiente capitán? –Preguntó sarcásticamente Yarot intentando inútilmente parecer incrédulo -. Eso puede arreglarse.

Yarot palmeó sus manos dos veces y el Senado Romulano se desvaneció literalmente. En su lugar, todo quedó negro alrededor. Solo existía la luz de lo que parecían ser constelaciones de estrellas y nebulosas. Por un momento la ilusión de la holocubierta hizo efecto sobre ellos tres haciendo que perdieran el equilibrio por unos instantes.

-Esto debería ser mejor para usted –Dijo Yarot llevando sus manos hacia atrás hasta cruzarlas en su espalda -. La libertad del cosmos. Todo lo que los capitanes de la Flota Estelar adoran y otros seres también. Llevar sus insignificantes cuerpos hacia él por medio de naves interestelares. Usan esa libertad como un derecho que dan por sentado.

Morak había comenzado a desplazarse hacia el lado opuesto al que se estaba dirigiendo Yarot mientras daba su discurso. Cuando lo creyó oportuno, decidió abalanzarse sobre él para derribarlo y someterlo.

-No crea que le será tan fácil mi amigo bestia klingon-. Yarot volvió su índice hacia él, apuntó al suelo y luego hacia arriba. Desde lo que sería el piso de la Holocámara, creció algo que lo enredó y lo contuvo. Era como si una mano hecha del mismo espacio lo hubiera atrapado para no dejarlo mover -. Ten cuidado, la misma libertad que das por hecho puede aprisionarte fácilmente. El espacio que presumes poseer puede poseerte a ti -. E hizo un nuevo movimiento de su mano que provocó que esta especie de mano comprimiera a su cautivo haciéndolo gruñir de dolor.

-¡Suéltelo ahora! –Interpeló Connor a favor de la liberación del klingon.

-Sigue sin entender que no esta en posición de ordenar nada. ¿Verdad? –Preguntó desafiante y arrogante Yarot. Volvió a realizar un movimiento de su mano y surgió una nueva mano que aferró a Connor.

Jarek, por su parte permanecía incólume observando toda la escena que acontecía allí.

Yarot dejó de prestar atención a los convulsivos movimientos que realizaban tanto Connor como Morak para intentar liberarse de su detención y se dirigió lentamente hacia el Vulcano.

-Aún no comprendo como lo has logrado –dijo Yarot, más para sí mismo que para el resto -. Ninguno ha ofrecido ni la menor resistencia, pero tú no solo te has resistido, sino que además no estas bajo mi influencia. Creo que habrá que hacer algo al respecto. Computadora. Incremente poder en la esfera del comandante Jarek en un quince por ciento.

Jarek dirigió su mano hacia la parte posterior de su cuello y profirió un leve sonido. Connor dejó de forcejear con su prisión y colocó toda su atención en el estado de su primer oficial.

-Aún no lo logra –confirmó erguido y firme Jarek.

-Computadora. Incremente otro quince por ciento.

El vulcano volvió a tomarse la nuca y esta vez el leve sonido se convirtió en un quejido.

-Aún… no… lo… logra –alcanzó a balbucear agitado mientras se erguía.

-¡Computadora! –Gritó esta vez Yarot comenzando a perder el control -. ¡Incremente poder en un cincuenta por ciento!

Jarek cayó de rodillas en un solo lamento asiendo con ambas manos la parte de atrás de su cabeza. Luego, quedó en silencio y se puso de pie lentamente. Su mirada estaba vidriosa nuevamente como cuando se encontraba a bordo del Bolt-Wing y la vista perdida en la nada.

-Así esta mejor –comentó gratamente Yarot.

-¿Qué le ha hecho? –Preguntó Connor sin perder de vista a Jarek.

-Lo mismo que a lo otros. Enrolarlo en mis filas.

-Eso no es enrolarlo. Eso es forzarlo. Pero además lo esta lastimando –. La indignación se hacía presente en la voz de Connor mientras hablaba.

-Quizás un poco. Pero es necesario. Ahora bien. ¿Jarek, puede oírme?

Jarek solo asintió con su cabeza mientras su frente se perlaba de sudor.

-Tómala y mátalo –le ordenó Yarot al comandante.

Jarek llevó su mano hacia su espalda y tomó un phaser que estaba allí. Avanzó torpemente hacia el frente de Connor y lo apuntó directamente a su pecho. El corazón de Connor dio un vuelco. Podía sentir el palpitar de sus sienes y como las gotas de sudor se deslizaban a través de su rostro. La perdida mirada de Jarek de repente se fijó en los ojos de su capitán y en una rápida acción, giró sobre su eje y disparó directamente al pecho del romulano.

Yarot se estremeció retrocediendo y ante la vista de los tres oficiales su cuerpo fluctuó y parpadeó. Brevemente las ataduras de Connor y Morak se aflojaron.

-Capitán, es un holograma –explicó Jarek.

-Eso es imposible. Un holograma no puede tomar el control de una nave –Exclamó Connor.

-¿Y por qué no? –Inquirió Yarot fuera de sí mientras aún fluctuaba su imagen. –Somos tan poca cosa para ustedes que no somos capaces de someterlos –el sarcasmo se apoderaba de él nuevamente, para luego convertirse en cólera-. Para su información, yo no soy un holograma cualquiera. Yo tengo noción de mi ser. Aún cuando estoy desactivado como programa, mi conciencia se encuentra a la deriva en la memoria de la computadora. Me siento como si yo no fuera nada. Sin materia que palpar. Sin un cuerpo que poseer.

-Dos veces un orgánico capitán como usted me engaño, pero ya no más. Esta vez seré yo quién se burle de ustedes estando bajo mi mando.

-¿Qué o quién es usted?

-Este truco lo tenía reservado para usted y poder ver su reacción.

Palmeó sus manos tres veces y el espacio vacío en el que se hallaban se transformó en una habitación del estilo victoriano. Con su mano en movimiento aprisionó a Jarek de igual manera que lo había hecho con los otros dos y con el dedo índice de su otra mano escribió en el aire su nombre. Partículas flotando fueron formando las letras hasta formar YAROT MIR frente a Connor. Después un rápido movimiento sobre ellas y las letras comenzaron a cambiar su ubicación hasta formar otra palabra, MORIARTY. En Connor afloró por enésima vez la expresión de asombro en su rostro. Jamás en toda su vida se había sorprendido tanto en tan corto tiempo.

-¿El personaje de Sherlock Holmes? –preguntó incrédulo Connor.

-¿Un personaje? ¡HA! Ya soy mucho más que eso. Desde que tomé conciencia en la nave Enterprise con Picard al mando (1). Quién me dejó abandonado a mi suerte en un cubo de memoria. Gracias a él yo perdí al amor de mi vida. Luego alguien me recogió y fui conectado a diversas computadoras. Me alimenté de la mayor cantidad de información que pudiera almacenar en aquella prisión. Aprendí de Piratas, estafadores y demás gente de esa calaña como acceder a información restringida. Todo serviría para mi venganza. Luego alguien transfirió mi matriz a esta nave y conocí al patético programa que me permitió llegar hasta aquí.

-Aún no me ha dicho como llegó a controlar mi nave.

-Ahí va de nuevo esa ansiedad. No fue tan difícil. Cuando ese holograma idiota solicitó que mi matriz pudiera ser enviada a ese bar en donde ustedes se entretienen, el oficial Ike generó la autorización para que yo pudiera activar mi programa en cualquier momento. Esto me permitió acceder a otras matrices (por ejemplo la de BOB a quien pude replicar y reemplazar para invitar a la gente a ir a las Holocubiertas a divertirse) y activarme mientras se ejecutara cualquier programa en la Holocubierta tres.

Connor y los demás escuchaban en silencio el relato de Moriarty quien parecía regocijarse contando su historia.

-De este modo –continuó- pude, mediante lo que se podría llamar “control mental”, convencer al doctor Stuart de implantar en todos los miembros de la tripulación que pudiera, una esfera que me permitiría controlarlos. Este dispositivo segrega una enzima en el torrente sanguíneo y llega al cerebro despertando pensamientos traumáticos para la persona. Mientras la mente conciente trata de pelear con los recuerdos, la parte subconsciente hace caso a mis órdenes. Cuando desactivaba las esferas, el efecto desaparecía y junto con él, los recuerdos de lo hecho durante ese período. Aún no creo lo genialmente maquiavélico que puedo llegar a ser. El aparato era activado gracias a una máquina holográfica que una vez removidos los seguros de la holocubierta funcionó como si fuera real. Una vez activado yo poseía total control sobre la persona o al menos hasta que me topé con Usted -. Dijo dirigiéndose a Jarek.

-La mente vulcana es demasiado disciplinada para permanecer bajo la influencia de otra mente -. Aclaró tranquilamente Jarek, quien a pesar de estar atrapado como sus dos compañeros no ofrecía ninguna resistencia para liberarse.

-Pero al menos al principio pude mantenerlo bajo mi control. Sin usted, nada de esto hubiera sido posible. Usted me brindo inconscientemente parte de la seguridad de la nave al entregarme sus códigos de comando. Así pude acceder a muchas más áreas restringidas de las que hubiera podido por mi mismo. Su perturbación a cerca de sus padres me valió de gran ayuda. Luego cada uno de los que iba dominando me aportaba más ayuda. A la ingeniera en jefe me costó un poco más pero también cayó.

-Pero no entiendo como logró engañarnos con el ataque romulano ficticio -. Comentó el capitán. Quien a su vez miraba a Morak de soslayo para entrever lo silenciosamente intentaba hacer el klingon.

-Es que acaso tengo que explicar todo -. Preguntó retóricamente Moriarty. –La última pieza de mi colección fue Ike. Hice unos arreglos a la computadora para realizar los microcortes que afectaron al núcleo de la misma. Esto atrajo la atención de Dal’ar y nuestro Jefe que esta atraído por ella se ofreció a investigar. El fue quien se encargó de organizar mi pequeña fiesta. La nave se convirtió en el gran escenario en donde yo representaría mi gran obra maestra. Ya había engañado a un capitán. Podría hacerlo nuevamente, pero en esta ocasión no solo engañé a un capitán sino que además a casi toda una tripulación. Lástima que no contaba con que Usted decidiera enfrentar a una flotilla de naves. De no haber sido así Usted se encontraría lejos de aquí a bordo de una cápsula -. Moriarty de pronto pareció haberse perdido en la conversación, como abstraído de su entorno. –Como decía antes, aún necesitaba el control absoluto de la nave y eso solo me lo podría otorgar el capitán de la misma. Decidí que un apagón de energía sumado a un ataque romulano y un toque de misterio recordándole al supuesto traidor a bordo de su nave, sería la combinación perfecta para que decidiera borrar la nave de este sector de la galaxia. Y no me equivoqué, nuevamente un capitán me entregaba los códigos de mando de su nave sin saberlo. Todo gracias al uso de los amortiguadores de inercia que en un buen uso sirvieron para emular los golpes de los disparos romulanos. El resto fue solo engañar a la Computadora con datos falsos y mi imagen como romulano completó el acto de ilusionismo.

Moriarty se detuvo en seco y se volvió para ver a los tres luego de haber estado caminando durante todo su relato. Esta vez su rostro reflejaba un interno y oscuro pensamiento. Estaba calculando que es lo que haría con ellos ahora que ya no los necesitaba para más nada.

-Creo ya les ha llegado su hora. Ya hemos charlado demasiado y quiero darme el gusto de acabar con ustedes por mí mismo.

Pero nuevamente la imagen de Moriarty comenzaba a fluctuar y parpadear. El holograma retrocedió unos pasos y pareció perder nuevamente el hilo de lo que decía. La atención de los tres se enfocó en otro sector de la habitación, pues un nuevo holograma se había hecho presente.

-No puedo permitir que sigas con esto – acotó esta nueva presencia que no era otro que BOB.

-Tu otra vez. Parece que no aprendes de tus errores. Creo que tendré que deshacerme de ti primero.

Su mano se movió para realizar la captura de BOB. Nuevamente la pseudo mano emergió del suelo y abrazó a BOB. Pero éste la atravesó como si tal cosa y se liberó.

-Veo que has aprendido nuevos trucos –acotó algo nervioso Moriarty. –Tendré que aplicar uno clásico. Computadora. Borré la matriz holográfica de BOB definitivamente de los archivos.

-Imposible implementar esa orden. –Respondió la fría voz de la computadora.

BOB miró suspicazmente a Connor quién le devolvió la mirada como apoyo.

-Veo que el que ahora no entiendes eres tú. Tu vanidad te ha cegado. Lo has dicho hace un rato. Preferías obtener los códigos de mando del propio capitán, cuando tenías todas las herramientas piratas para lograrlo por ti mismo. Pues bien, yo he accedido a tu matriz como tú habías podido en un principio y he aprendido mucho de ti. Así es como yo me dedique a averiguar los códigos de mando de reemplazo que tu has colocado y ponerlos bajo mi poder.

-Eso no es posible –la desesperación surgió de la garganta de Moriarty como el rugido de un león.

-Si, lo es –dijo BOB -Computadora. Inicie protocolo de emergencia de Consejero Holográfico. –Agregó, tras lo cual realizó un movimiento de su mano en dirección a los tres oficiales e inmediatamente quedaron liberados.

-Protocolo iniciado –la impersonal voz de la computadora resonó en el entorno.

-Active programa de depuración y borre la matriz holográfica de Moriarty. Autorización BOB Alfa Gamma 2 6 0.

-No por favor –Exclamó Moriarty llegando a su pico máximo de desesperación.

-Computadora. Aguarde para proceder. –Velozmente agregó BOB.

-No te puedes olvidar así de mí. Éramos amigos ¿Recuerdas?

-No te creo. Ya me has engañado antes.

-Y tienes razón. Computadora. ¡Active autodestrucción en cinco segundos, autorización Moriarty Omega Delta 3 0 7!

-Computadora. Anule última orden y elimine la matriz Moriarty según lo especificado… Ahora.

El último grito de impotencia fue propiedad de Moriarty que resonó como un eco tras la desaparición de su imagen de la vista de los presentes.

-Computadora. Restituya los códigos de mando de la nave al capitán Sean Connor, desactive Protocolo de Consejero Holográfico y apague todos los dispositivos de control implantados en la tripulación.

-¿Realmente lo borró? –preguntó Connor.

-Si Señor –respondió melancólicamente BOB –Siento como si hubiera asesinado a alguien.

-Supongo que es el sentimiento más cercano a la realidad. Por cierto ¿Cómo lo logró y qué es eso del protocolo de emergencia del Consejero Holográfico?

-Lo que dije en un principio era cierto. De él he aprendido mucho. Pero más he aprendido de mis propios errores y por mi causa él llegó a bordo. En realidad no pude conseguir los códigos en tan corto tiempo. Así que supuse que si lo obligaba, como él lo hizo con Usted, también los diría. El protocolo de emergencia de Consejero Holográfico había sido parte del proyecto original por el cual se me había creado. Era una parte inactiva de mi programa. Debo pedirle disculpas y asumo toda la responsabilidad y castigo que se me imponga, porque debí acceder a él sin permiso para poder elevar mis poderes de control sobre la Holocubierta para así descontrolar a Moriarty.

-Lo bueno es que su plan resultó. -Pronunció Connor con el rostro rígido y su voz moderada, expresando su agradecimiento y comprendiendo su modo de proceder.

Todos aquellos que habían sido afectados por el control mental que ejerció Moriarty mediante su dispositivo, se apersonaron a la Enfermería para que dicho componente fuera removido de su cuerpo. Luego, dedicarse a reprogramar todos los sistemas del Stealth que fueron afectados por el irresponsable manejo del Holograma y poder de esta manera ir a recoger a aquellos que habían evacuado la nave.

Los equipos de trabajo que se hallaban en los corredores estaban instalando holoemisores para que Moriarty pudiera deambular por toda la nave sin tener que estar confinado a las Holocubiertas o el Nexus. Dado el desempeño de BOB salvando a la Nave y todos sus tripulantes junto con ella, Connor, no solo no pensaba disciplinarlo de alguna manera por el uso del Protocolo de Emergencia de Consejero Holográfico, sino que además indicó que no removieran ninguno y que se instalaran más adelante otros tantos.

“Los hologramas con conciencia han demostrado ser una forma y poseen una existencia como la nuestra. Deben ser respetados por todos los tripulantes de esta nave como un miembro común y corriente sin hacer diferencias”. Estas fueron las palabras que pronunció durante una breve información sobre los nuevos derechos de BOB a bordo del Stealth.

Los eventos acaecidos afectaron el pensamiento del capitán. Este se sentía sumamente responsable por no discernir entre lo que era real y lo que no. Sabe que manejó la situación de una manera precipitada y que aún necesita recoger mucha más experiencia. Ser el capitán más joven al mando de una nave interestelar de la Federación Unida de Planetas en los últimos cien años, se ha convertido en una carga que deberá equilibrar mejor sobre sus hombros.

Connor se hallaba en su despacho esperando las novedades acerca de las reparaciones en la nave. Sumido completamente en sus pensamientos cuando la voz de Morak resonó y lo extrajo de la cárcel de su mente.

-Puente a capitán.

-Adelante.

-Señor, tiene una comunicación del almirante Mathews.

-Comuníqueme teniente.

La pantalla que yacía sobre el escritorio frente al capitán se encendió y mostró el logotipo de la Federación unos breves instantes, tras los cuales éste se vio reemplazado por el rostro del almirante.

-Sean ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué no has podido llegar a Q’onos? –Preguntó Mathews.

-Se lo explicaré todo en mi informe a la Flota –respondió Connor cabizbajo.

-Muy bien. Pero debo ponerte al tanto de las malas nuevas –agregó el almirante comprensivo con un tono paternal -. Kallon ha llegado a ser nombrado Canciller del Imperio Klingon.

La noticia tuvo el impacto que Mathews supuso. Connor abrió claramente sus ojos, pero se limitó a permanecer en silencio por que suponía que las noticias no finalizaban allí.

-Y lo peor –continuó –ha declarado a la Federación enemiga del Imperio. Debes volver al Espacio Profundo Nueve para escoltar a Martok hacia un sitio más seguro. Suerte.

-Adiós almirante -. Y la imagen de Mathews se convirtió en el logotipo de la Federación nuevamente.

-Puente a capitán.

-Adelante.

-Señor. Creo que será mejor que venga.

-Voy en camino señor Morak.

Connor recargó su peso sobre sus pies y rodeó su escritorio para dirigirse hacia la puerta de su despacho. Esta se abrió y se deslizó a través de ella para ingresar al Puente. Caminó en dirección a su asiento y se sentó en él.

-Dígame señor Morak.

-Capitán, detecto una anomalía Transwarp.

-¡¿Borians?! –Exclamó Connor

-Eso es lo que se puede presumir. Aún no tenemos todos los sensores en línea.

–Exactamente lo que estábamos necesitando ahora. Puente a Ingeniería.

La antipática voz de Dal’ar se oyó a través del intercomunicador –Si capitán.

-Teniente ¿Cómo se encuentran las reparaciones de los sistemas de navegación?

-Aún no se han finalizado, señor.

-¿Y ocultamiento?

-Tampoco Señor.

-Muy bien. Alerta roja escudos arriba –ordenó el capitán. La iluminación del puente se atenuó y todo lo que se veía en él poseía un tono escarlata.

-Una nave ha salido del conducto Transwarp Señor.

-En pantalla.

En pantalla se pudo ver como si el espacio fuera una gran sábana negra desgarrada en su centro desde donde se pudo ver emerger una nave de reducidas dimensiones. A diferencia de las naves borians vistas con anterioridad, que eran de gran tamaño y superaban varias veces en masa al Stealth.

La misma parecía tener un comportamiento errático. Llevaba un curso que la dirigía directamente hacia ellos.

-Nos saludan –dijo Morak casi incrédulo de lo que estaba diciendo.

El capitán lo miró y realizo un gesto indicándole que respondiera. Inspiró hondamente y se puso de pie. En la pantalla del puente apareció un rostro extrañamente familiar. El capitán frunció el ceño descreído de lo que sus ojos estaban viendo. Era similar a Gorath, un científico borian que había solicitado asilo político a la Federación durante el primer encuentro que tuvieron con esta especie. El mismo había sido asesinado por un borian que habían abordado la nave junto con un grupo. Pero ahora no lucía muy muerto para ser un cadáver.

-Capitán Connor es un gusto volver a verlo –alcanzó a decir balbuceante Gorath con voz agónica antes de desplomarse sobre los controles de la nave.

Continuará….

1) En los episodios Elemental, dear Data y Ship In A Bottle de Star Trek la Nueva Generación. Moriarty adquirió consciencia de si mismo cuando Data le ordenó a la computadora que le hiciese un caso que fuese un reto de verdad para él dentro de la simulación de Sherlock Colmes. La computadora para ello, le dio consciencia de si mismo al personaje de Moriarty y este se apodero del control de la Enterprise.