Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth
“Escape de Dromax”
Escrito por Intrepid
Nota: Esta saga esta situada cronológicamente
después de la saga
En el capítulo anterior de Stealth…
La salud del Capitán Connor está siendo seriamente afectada por la radiación del planeta Dromax (planeta en el cual cayeron luego de escapar de la nave Klingon que los había capturado tanto a él como el ex Canciller Martok). Pronto, se descubre a sí mismo rescatado por una familia de nativos y sin memoria de su pasado. Imposibilitado de saber quién es en verdad, averigua que los habitantes del planeta lo ven como una deidad. Por este motivo, llaman a una autoridad religiosa en busca de consejo. Pero detrás de la religión local, se esconde una verdad enteramente oscura.
A Continuación:
El USS Stealth, aún encubierta, salió de Warp al ingresar al sistema Drelios, donde se hallaban Connor y Martok. Todos los sistemas se hallaban operables al cien por ciento de su capacidad.
Desplazándose a medio impulso, se acercó hasta el planeta. Dentro, el equipo de rescate se disponía a abordar uno de los trasbordadores para dirigirse al planeta. La radiación emanada por el Deratium no permitía ningún tipo de teletransportación hasta la superficie. El Almirante deseaba rescatar a su hijo más que nada. Pero no podía olvidarse que también poseía un alto rango en la Flota Estelar. Ya le parecía demasiado riesgo haber traído a la nave y toda su tripulación a bordo como para arriesgar más gente y por este motivo designó solo a tres miembros de la nave: El Comandante Jarek, su fisiología Vulcana era mucho más resistente que la humana y esperaban que así lo fuera también en este ambiente.
Por pedido del mismo Comandante, la Alférez Dawson, según sus palabras, ella resultó de gran ayuda en el rescate en De Lorean IV, aunque su expediente no revelaba nada al respecto de tener aptitudes de exploración en sus registros de la Academia cuando el Almirante quiso informarse.
Y por último, El Doctor Stuart, por la naturaleza misma de la misión. Estar atento a la evolución del inhibidor de la radiación que había sintetizado por él para tratar de retardar los efectos nocivos de la atmósfera del planeta sobre sus compañeros de equipo y por sobretodo, para brindarle atención inmediata a Connor en cuanto lo hallaran.
-Almirante, he localizado los restos de lo que podría haber sido una nave Klingon estrellada en la superficie –informó Tol Jorem desde la consola de OPS. –Por lo que los sensores alcanzan a escanear, podría tratarse de un trasbordador y no parece haber explotado al chocar contra la superficie. –Pero también podría tratarse de un gran pedazo del fuselaje de un ave de rapiña Klingon o algo mayor, aunque prefirió dar un informe más optimista.
-Fije una órbita estacionaria sobre los restos y avise al equipo –ordenó el Almirante con el rostro tenso.
Una vez a bordo de la diminuta nave, el grupo abandonó el encubrimiento que le brindaba el Stealth. Los Klingons y los Borians no tardarían en averiguar en donde hallar a Connor y Martok. Por este motivo, debía moverse velozmente hacia la superficie.
Tenían, además, que aprovechar el camuflaje brindado por la noche, pues si bien estaban dispuestos a violar la directiva primaria, tratarían que fuera el último recurso. Así fue como silenciosamente el trasbordador ingresó en la atmósfera del planeta y se perdió en la oscuridad de la noche local.
Los tres integrantes del equipo salieron de la nave tras haber aterrizado, junto a los restos encontrados por los sensores del Stealth. Debido a que el tiempo apremiaba y que la noche local los ayudaría a pasar desapercibidos, no tuvieron que modificar su fisiología quirúrgicamente.
-Para su suerte Comandante, no tuve que modificar quirúrgicamente sus orejas –comentó socarronamente el Doctor luego de poner la última rama sobre la pequeña nave para tratar de ocultarla de la vista de los nativos.
El Vulcano arqueó una ceja y sin más gesto que este en su rostro, le respondió.
-Si bien me gusta la fisonomía de mi cuerpo tal y como nací, yo no extrañaría nada.
-Sólo intentó ser un chiste –comentó Lara tratando de explicar lo obvio.
-Estoy familiarizado con el concepto, Alférez. No olvide que mis padres adoptivos fueron humanos –dijo Jarek sin alterar su tono. –Aunque nunca comprendí esa necesidad de hacer comentarios graciosos en circunstancias como estas.
-Esa “necesidad”, como Usted lo llama, proviene de la ansiedad que provocan estos momentos en individuos con emociones –replicó el Doctor de manera tajante a la vez que escaneaba a ambos con su tricorder y finalmente, a si mismo.
La situación se volvió tensa más pronto de lo que Lara hubiera sospechado.
-¿Cómo esta funcionando el inhibidor, Jonathan? –Preguntó la joven para tratar de cambiar el ángulo de la conversación. En los pocos años que llevaba de casada con el Doctor, jamás lo había visto tan celoso como lo estaba desde que ella había comenzado a tomar clases de autocontrol para manejar su poder mental.
-No tan bien como esperaba. Me temo que nuestro tiempo inicial se ha reducido drásticamente –respondió el galeno de manera pesimista, sin quitar su dura mirada del Vulcano.
-Pues entonces, a trabajar –dijo ella sin más preámbulos y comenzó a mirar en todas direcciones, como si esperara que algo emergiera de entre los árboles.
Pasaron varios minutos sin que ninguno de ellos dijeran ni una sola palabra. Jarek, la miraba pacíficamente mientras el Doctor no dejaba de moverse alrededor de ambos con el tricorder médico en continuo escaneo.
-En esa dirección hay un gran cúmulo de gente, podría ser una aldea –dijo la Alférez de pronto, rompiendo el silencio, mientras señalaba hacia el norte. –Pero no logro concentrarme como para individualizar a la gente –agregó mirando al sonoro dispositivo que se encontraba en manos de Stuart.
-Lo siento –dijo el Doctor con tono de culpabilidad –No puedo evitarlo.
Jarek se acercó hasta la joven y tomó sus manos con las suyas.
El estómago de Stuart dio un vuelco y su corazón parecía que quería huir de su pecho a todo galope. Pero mordió su lengua para no decir nada y dirigió su mirada hacia su tricorder.
-Alférez –dijo Jarek mirando a los ojos de Lara, completamente ajeno a las emociones del médico del equipo –recuerde nuestros ejercicios. Respire lentamente. Concéntrese sólo en el sonido de su respiración y mantenga los ojos cerrados.
Ella así lo hizo. Empeñó cada fibra de su ser para concentrarse. Un desfile incesante y aglomerado de voces ingresaron en su mente. Eran como un torbellino. Un tornado de palabras y sensaciones… la voz el Vulcano sonaba como una inexpresiva melodía; profunda, casi cavernosa. –Solo debe buscar un solo pensamiento útil y descartar los demás.
El ruido dentro de la cabeza de la muchacha comenzó a menguar. Se imaginó a sí misma ante la puerta de un salón. Dudaba si podría abrir esa puerta y ser abrumada nuevamente por ese bullicioso pelotón de pensamientos alienígenas. El sudor perlaba su frente y su ceño se hallaba fruncido., mostrando de esta manera el gran esfuerzo que llevaba a cabo.
Juntó todo el valor que pudo, llevó su mano hacia el picaporte virtual que la separaba del mar de pensamientos, lo giró lentamente hasta que la puerta quedó liberada para su apertura; contó hasta tres para auto imponerse un límite y la abrió. Esta vez, la sensación fue completamente distinta. Las esencias mentales no venían a embestirla sino que más bien, estaban allí, como libros en una biblioteca listos para ser leídos por quien lo quisiera.
Tomó uno al azar y sintió como si se teletransportase. Pero en realidad se encontraba volando o más bien flotando por sobre un gran bosque. Podía oler las flores de los árboles que estaban debajo, y cómo el viento rozaba su cara. Tan súbitamente como se halló flotando, se vio cayendo desesperadamente hacia el suelo., pero antes de golpearlo, se notó sentada en la cama de una habitación iluminada por una tenue luz y con la respiración sumamente agitada. Extendió sus manos hacia delante, vio que eran pequeñas y comprendió que era un niño, por lo que abandonó la mente de él, volviendo a ser ella misma.
Tomó otro, y esta vez, se sintió profundamente agotada y hambrienta. Parada frente a una puerta de madera con una pequeña ventana de cristal. Miró el reflejo que esta le devolvía y advirtió que era un hombre de mediana edad. Su rostro estaba demacrado y le costaba mucho trabajo mantener los párpados arriba. Miró sus manos. En la izquierda tenía un bolso y en la derecha llevaba un manojo de llaves, en donde una se destacaba. Instintivamente la llevó a la cerradura y la giró, para luego abrir la puerta. Dentro, todo se encontraba a oscuras, lo que le llevó a pensar que su Capitán no estaría allí y desechó los pensamientos de este individuo.
Uno tras otro fue tomando y desechando pensamientos. Ya había perdido la cuenta. Le pareció que fueron cientos y llevaba horas haciéndolo. Su mente comenzaba a agotarse. No sabía cuanto tiempo más podría mantener el control de la situación. “Una más”, se dijo a sí misma, dándose aliento. Tomó otro pensamiento. Rápidamente sintió un gran peso sobre su hombro. Cuando miró sobre él, casi lo suelta debido a su asombro. Era el Capitán Connor. Finalmente, lo había hallado. Miró frenéticamente a su alrededor para tratar de ubicar a Martok en las inmediaciones, pero no había rastros de él. La euforia hizo que bajara las barreras mentales que había construido y pronto e encontró nuevamente nadando en un océano de pensamientos y emociones.
Abrió los ojos y vio a Jarek parado justo frente a ella.
-Lo he… encontrado –balbuceó Lara agotada –Al norte de… la… aldea. Hay u… una… especie de… templo –y eso fue lo último que dijo antes de desplomarse sobre el Comandante.
-Xrial ¿Te encuentras bien? -Preguntó Sqart al verla desorientada.
-¿Qué? –Respondió la joven Dromaxiana algo desorientada –No… no lo sé…
-¡Apresúrense! –Exclamó el anciano desde las puertas del templo, mirando hacia todos lados. –Debemos apurarnos, no hay tiempo que perder.
El muchacho y la joven, cargaban con el peso inconsciente del Capitán del USS Stealth sobre sus hombros. Cuando ingresaron al edificio, el humano abrió sus ojos, tratando de volver en sí. Vio como lo llevaban a través de un largo corredor, en cuyas paredes se hallaban pinturas colgando. Las mismas mostraban horribles imágenes de personas vestidas de negro, largas cabelleras y prominentes crestas en sus frentes Sus trajes tenía metales incrustados a modo de armaduras que cubrían ciertas partes de su cuerpo y blandían cuchillos o espadas con las cuales atacaban a los nativos profiriéndoles profundas heridas, incluso mortales. En otra, vio a los lugareños trabajar en minas, como si fueran esclavos mientras los otros se burlaban de ellos a la vez que otro grupo parece que estuviera cantando y brindando con grandes jarras rebosantes de un líquido rojo oscuro.
Cuando Xrial se percató de su estado de semiconsciencia, se frenó y por algún motivo le comentó:
-Estas pinturas muestran el período oscuro que ha vivido nuestro pueblo en manos de los Klingons.
Esa palabra resonó en la mente de Connor y la imagen de un enorme Klingon, surgió en ella. Era corpulento. Su negra cabellera era larga y rizada como los de las pinturas. Una enorme cicatriz cruzaba su ojo izquierdo, por lo que lo llevaba cerrado.
-Así le llamamos a los demonios que hoy le mencionó mi hijo, Q'rbal. –Continuó ella, sacándolo de sus pensamientos.
-Debemos continuar –dijo Sqart.
Prosiguieron avanzando. Cuadro tras cuadro continuaba viendo como los demonios de crestas habían hecho sufrir a los nativos, pero al llegar a la mitad del recorrido, las imágenes cambiaron. Un grupo de hombres se encontraban en la escena, entre los Klingons y este pueblo. Lucían ropas que le parecían familiares, como así también un emblema que se hallaba en la decoración del fondo.
Muy debilitado como estaba, lo llevaron hasta una habitación, lo recostaron en la cama que allí había y volvieron en busca de Anzimie.
Amparado por la oscuridad de la noche, Martok había tratado de seguir al carro en que habían llegado hasta el templo, Connor y los nativos. Para su suerte, el trayecto era relativamente corto y el vehículo, increíblemente lento. Parecía que su utilidad era la fuerza, más no la velocidad. Cuando llegó al santuario, se asombró al ver un antiguo emblema de la Federación esculpido en el frente. Aunque tenía ciertas diferencias, le resultaba difícil pensar que fuera otra cosa.
Miró en todas direcciones. Las calles estaban tan desiertas como enlutadas. Tomó impulso y rápidamente ingresó en los amplios terrenos que rodeaban al sagrado edificio. Se pegó a una de las paredes laterales y caminó lentamente hacia el fondo, buscando una ventana l algo que le diera noticias de lo que sucedía en el interior.
La primera que encontró, daba a un amplio salón. Parecía un biblioteca por la cantidad de libros (o al meno a eso se asemejaban) que había en ella. Oyó una voz insultar y toser a la vez, desde las sombras. Luego, vio al anciano asomarse, llevando un aparato en sus manos. Rápidamente, Martok se hecho hacia atrás para no ser visto.
-¡Espero que este vejestorio aún funcione! –Dijo Anzimie al tiempo que apoyaba el dispositivo en lo que bien podría llamarse escritorio.
El Klingon hubiera jurado que se trataba de un viejo transmisor subespacial. Pero qué hacía en manos de una civilización tan primitiva. Sabía que la Federación había intercedido entre ellos para que su pueblo no esclavizara más a éste otro, pero no sabía que les habían dado tecnología. Al menos, los L-CARS eran federacionistas.
Entre tanto, el viejo Dromaxiano había logrado hacer funcionar el transmisor. Sus luces centellaban indicando que cumplía con su función: enviar un mensaje fijo hacia algún lado a través del subespacio.
El noble guerrero optó por por no seguir perdiendo su tiempo y continuó con su búsqueda. Debía encontrar al Capitán Connor y ver como estaba. Sabía que su salud corría peligro y algo no anduvo bien cuando lo contactó más temprano. Sigilosamente, prosiguió buscándolo con una inusitada tranquilidad para tratarse de un Klingon.
Al final de la edificación, luego de haber visto varias ventanas a oscuras, halló la que albergaba al humano. Para su suerte, estaba solo y la ventana, abierta.
Ingresó a través de ella de un solo impulso. Connor parecía dormir. Se acercó hasta él en silencio y tocó suavemente su hombro, quien entreabrió sus ojos y giró muy lentamente en busca de quien llamaba su atención. Al ver al fiero Klingon de pie junto a la cama, su rostro se desdibujó en una mueca de profundo terror. En ese momento, la puerta de la habitación se abrió y la incauta figura de Xrial, ingresó. Un profundo e incontrolable grito de horror brotó de su garganta al ver a Martok. El Capitán del Stealth sacó fuerzas y coraje de su debilidad y aprovechó el desconcierto del Klingon para arrojársele encima. El avezado guerrero, instintivamente se deshizo de Connor y lo arrojó contra la pared provocando que este se diera un fuerte golpe en la cabeza y cayera al piso.
Sqart llegó prontamente, alertado por los grito de la Dromaxiana.
-¡El Templo ha sido profanado! –Gritó iracundo y sin dudarlo se lanzó contra Martok.
Nuevamente, y de manera sencilla, éste se encargó de su nuevo oponente con un par de rápidos movimientos a pesar de su avanzada edad. La basta experiencia en combate poseída por Martok, era abrumadora. La diferencia era abismal. Por este motivo había permanecido oculto, ya que esta palea le resultaba poco honorable.
El joven Dromaxiano volvió a ponerse en pie para volver al ataque mientras Connor también lo intentaba, pero estaba muy débil. La pesada figura del anciano se sumó en el cuarto y la mirada del Klingon se fijó en él durante el tiempo suficiente como para que Sqart volviera a intentar una embestida. El guerrero se percató del movimiento por el rabillo del ojo y para cuando el nativo llegó hasta él, ya estaba listo para defenderse. Con una ágil finta esquivó el ataque y quedó parado junto a Connor, quien apenas pudo moverse, pero con la suficiente eficacia como para tomar el disruptor que colgaba de la cintura del Klingon.
-¡Usted es un monstruo! –Gritó el Capitán -¡Usted y los suyos han hecho sufrir a este pueblo! –Agregó apuntando a Martok con el arma que acababa de arrebatarle.
-Usted no quiere hacer esto, Capitán –gruñó el Klingon, deseando no tener que desarmarlo.
-¡Debe pagar! –Sentenció Connor tambaleándose, dispuesto a disparar.
-¡NO! –Retumbó una voz dentro de su cabeza y todo se volvió oscuro.
Desorientado, Connor intentó buscar a tientas un indicio que le dijera lo que estaba sucediendo. De pronto, una joven humana se presentó ante él.
-Lo siento, Capitán –dijo Lara culposamente.
-¿Quién es Usted y dónde nos encontramos?
-Esta es su mente, Señor.
-¿Mi mente? –Preguntó él, incrédulo -¿Y a qué se debe la oscuridad?
-Aparentemente, a su amnesia –aclaró Lara, sin estar completamente segura –Y ahora, voy a intentar ayudarlo…
Tras decir esto, la Alférez se acercó hasta su superior y puso su mano en la frente de él. Éste ahogó un grito de dolor y pronto el entorno comenzó a iluminarse.
Abrumado y aturdido, comenzó a volver en sí. Se encontraba recostado contra una de las paredes. Perimero, vio al Doctor Stuart. Estaba hincado cerca de él y lo escaneaba. Su rostro mostraba mucha preocupación. Más allá, pudo ver a la Alférez Lara Dawson, conteniendo a Xrial y al Comandante Jarek, haciendo un enlace mental con Sqart, que yacía desmayado en el suelo. Giró un poco más su cabeza y vio a Martok, increpando a Anzimie al respecto de dónde había conseguido el dispositivo de comunicaciones de la Federación.
-¿Qué… qué pasó? –Balbuceó Connor.
Creí que Usted podría decírmelo a mi –respondió el Médico con tono de preocupación –Por lo pronto, lo que si se, es que esta sufriendo envenenamiento, causado por la atmósfera de este planeta. En cuanto logre estabilizar sus signos vitales, volveremos a la nave de inmediato.
-¿Qué ha hecho el Comandante Jarek?
-Supongo que un enlace mental Vulcano. No se con qué propósito. Pero el muchacho estaba muy alterado cuando llegamos en contra del Canciller Martok… -Stuart hizo una breve pausa buscando las palabras -…incluso Usted lo estaba apuntando con un arma…
La consternación se dibujó en la cara del Oficial. Su mente era un torbellino de imágenes. Los recuerdos de las últimas horas le resultaban confusos. Sobre todo, la “visita” de la Alférez Dawson dentro de su mente. Si bien nunca había tenido una fusión mental Vulcana, si esto había sido real, lo hubiera esperado de Jarek, no de ella.
-Es mejor que ahora descanse, Capitán –Dijo Stuart aprovechándose de su confusión. Sabía que las acciones de su esposa habían superado todo límite. Sólo quedaba mentirle a su oficial superior y esperar que todo el asunto quedara sepultado. Suponía que Jarek aportaría lo suyo. Haber reducido al Dromaxiano, era lógico para detener su accionar contra Martok, pero no había explicación que se le ocurriera para excusar la fusión mental que estaba llevando acabo ahora. Tomó un hipospray y le aplicó el inhibidor y un sedante que lo dejó dormido de inmediato.
-¡Señores, debemos volver ahora mismo a la nave o perderemos al Capitán en cualquier momento! –Alertó con urgencia Stuart.
-¿Quiénes son estas personas? ¿Por qué le llaman Capitán a él y dónde dicen que lo quieren llevar? –Preguntó Xrial zafándose de Lara pero sin acercársele, debido a su proximidad al ex canciller.
El anciano ignoró de plano al Klingon y se dirigió hasta su nieta.
-No puedo explicártelo todo ahora, debes confiar en mí y en estas personas. –Aclaró el viejo Dromaxiano habiéndose percatado de quienes se trataban lo extraños por la tecnología que poseían y arriesgándose a equivocarse.
-¡¡Pero son amigos de este DEMONIO!! –Exclamó ella.
-Será muy complicado de entender por ti, hija mía. Y este no es el momento, ni el lugar... -Dijo el sacerdote Dromaxiano calmadamente.
Jarek se irguió en toda su altura, dejando reposado en el piso a Sqart, aun inconsciente. Se acercó hasta Xrial tranquilamente, ofreciendo un clima de paz con su rostro carente de emociones. La muchacha quedó calmada de pronto, como si estuviera fascinada, incluso, habiendo visto lo que le había hecho a Sqart.
"Es necesario que olvide todo este episodio...", era el pensamiento que surcaba la mente del Vulcano cuando se dirigía hacia la joven Dromaxiana.
-Mi mente a su mente -dijo el Comandante a la vez que colocaba su mano en el rostro de la chica.
Connor estuvo a punto de detenerlo. Ella lo había cuidado con tanta dedicación… o solo lo había soñado... Confiaba plenamente en su Primer Oficial y sabía que sus decisiones no eran tomadas a la ligera. Un claro pensamiento llegó a él por primera vez desde que recuperó la memoria., este pueblo era primitivo y su presencia aquí quebraba una de las leyes más importantes de la Federación Unida de Planetas: la Directiva Primaria. Realmente era necesario que esta gente olvidara su presencia aquí, o al menos, el encuentro en este templo…
-Yo también quiero olvidarlo todo –solicitó Anzimie apesadumbrado -esta reunión me ha recordado cuanto tiempo he vivido mintiendo a mi pueblo. Han sido más de 300 años manteniendo esta mentira… -y la tristeza se hizo presente en los ojos del anciano. –Cuando fuimos ayudados por los humanos para liberarnos de los Klingons, quienes no estuvieron presentes vieron a los salvadores de la opresión como seres angelicales que alejaron a los demonios. Muchos libros fueron escritos y comenzaron a adorarlos, fundando así una religión para venerarlos… Desde entonces he estado al frente de este templo y no podré sostener más esto al menos que olvide todo lo vivido hoy… -y su mirada cayó hasta sus pies.
Jarek dejó a la joven Dromaxiana igual que al muchacho y se dirigió hacia el abatido anciano.
-Aún no me ha dicho quienes le entregaron ese transmisor –gruño Martok con increíble curiosidad.
-Ese aparato nos fue entregado por un grupo de humanos. Nos lo entregaron varios años después de la firma del acuerdo.
-Eso va en contra de las leyes de la Federación –acotó Lara y callándose después de darse cuenta de la ironía de su frase en la actual situación.
-Ahora que lo menciona –dijo el sacerdote como si hubiera visto algo por primera vez –estas personas, quienes nos dieron este dispositivo, no vestían uniformes como los de ustedes, sino que vestían completamente de negro y nos pidieron que los alertemos si volvíamos a ser invadidos masivamente.
-Eso es más extraño aun… -dijo balbuceante Connor.
-Comandante, haga lo que tenga que hacer y larguémonos de aquí –alertó el Doctor –debemos abandonar esta atmósfera por el bien de todos y sobretodo, por el bien del Capitán.
Jarek así lo hizo y el grupo abandonó el edificio raudamente. El Capitán era cargado por el Vulcano y el Klingon. Lara vigilaba que nadie los viera. Y por su parte, el Doctor, trataba de escanearlos a todos. Cobijados aun por la noche llegaron hasta el lugar en donde habían abandonado el trasbordador.
-Espero que para la próxima vez, el trasbordador también sea equipado con un dispositivo de ocultamiento –comentó agitada Lara, al tiempo que quitaba denodadamente las ramas que cubrían al transporte.
-Espero que no haya una próxima vez –le respondió tajante el Doctor Stuart.
Pero Connor, se mantenía ajeno a esta conversación. Un pensamiento asaltaba su turbada mente. “Había una persona más que sabía de su presencia en el planeta”… pero ya no tenía fuerzas, ni siquiera para hablar. Intentó hablar con Stuart, pero este no lograba oírlo.
Aquel, era solo un niño. Pero los mayores de su familia no tendrían recuerdos ¿Qué harían con él? ¿Qué le pasaría? En una época oscura de la tierra, quien decía que hablaba con ángeles, eran acusados de brujería y quemados en la hoguera… Pero su mente no pudo darle las respuestas que buscaba, cayó inconsciente en la camilla improvisada del trasbordador.
El Comandante tomó los controles de la pequeña nave y de inmediato le dio la orden de emprender el regreso. Las pocas ramas que quedaban del pobre pero eficiente camuflaje, salieron desperdigadas.
Rápidamente se elevó y se dirigió hacia el espacio, cubierto por la ausencia de luz natural. Tan pronto como abandonaron la atmósfera, buscaron las coordenadas en donde habían dejado al USS Stealth por última vez.
Una pequeña porción del espacio pareció moverse para darle paso al hangar de la oculta nave. Pero antes de que el trasbordador ingresara, dos naves Klingon se descubrieron e iniciaron fuego sobre ambas naves federales.
-¡Retiren el ocultamiento y suban los escudos! –Ordenó el Almirante Mathews desde el Puente del Stealth mientras la nave era sacudida por los disparos recibidos. –Reporte.
-Ocultamiento retirado, escudos al 100%, impactos en las cubiertas 5 y 6. Todos los sistemas funcionando.
-¿El equipo de rescate, ya regresó?
-Aun no, Señor. Los estoy tratando de fijarlos con el rayo transportador. Pero no puedo transportarlos. Los escudos del trasbordador parecen haber sido afectados de alguna manera y no puedo fijarlos bien a través de ellos hasta que los bajen.
-No deje de intentarlo –pidió Mathews.
Las aves de presa Klingons disparaban sin cesar. El diminuto vehículo de la Federación debió desviar su curso para evitar ser alcanzado por el fuego enemigo. Lara debió tomar los controles para incrementar la maniobrabilidad del mismo con su pericia.
Una de las naves enemigas dirigió su batería completa de disruptores al trasbordador que ágilmente eludió todos y cada uno de los disparos, pero uno de los de la segunda ráfaga impactó de pleno en los motores dejándolos a la deriva.
El momento no fue desaprovechado por los Klingons y volvieron a embestir con todo su arsenal disponible contra la pequeña e indefensa nave. Los primeros impactos se encargaron de hacer desaparecer los ya debilitados escudos, mientras que los siguientes impactaron sobre el casco directamente, lo que provocaron que esta estalle en miles de pedazos.
La imagen fue vista en la pantalla principal del Puente del USS Stealth. Mathews, inmediatamente, giró su cabeza en busca de Tol Jorem, encargado de OPS.
-El equipo fue transportado con éxito a Enfermería –informó éste de manera satisfactoria, estando completamente seguro que ésta era la información que necesitaba su superior.
Un mensaje en la pantalla de la consola de operaciones indicó el ingreso de una comunicación por parte de una de las naves Klingon.
-Señor, una de las naves quiere comunicarse con nosotros.
-En pantalla –solicitó el Almirante al tiempo que se ponía de pie y endurecía su rostro olvidando por un momento las buenas noticias que había oído antes.
-Soy el General M'kegh del IKS B’reel K’reem. ¡Ustedes no solo están transportando a un desertor, sino que además están invadiendo territorio del Imperio Klingon y esto es considerado como un acto de guerra deliberado! –Gruñó de muy mal genio –Bajen sus escudos. Serán abordados y detenidos para ser llevados como prisioneros ante la justicia…
Tanto la imagen como la comunicación fueron interrumpidas abruptamente tras la orden que el Almirante había dado con un mero gesto al Teniente Comandante Bajorano al mando de OPS.
-No tenemos tiempo para esto –comentó Mathews a la vez que volvía a sentarse en su silla. –Timonel, fije rumbo a las coordenadas de encuentro con el Enterprise y el Titán, Warp máximo.
La nave giró sobre su propio eje y se encendieron las barquillas para iniciar la burbuja Warp dejando tras de sí solo una estela multicolor. Pero el disparo de una de las aves de presa impactó de pleno en una de ellas. Como si los escudos no estuvieran en línea…
-Señor, no se cómo, pero han averiguado la frecuencia de nuestros escudos.
-Hágalos variar con un coeficiente al azar en un rango de cinco milisegundos –Ordenó Jarek atravesando las puertas abiertas del turbo ascensor.
-Ingeniería, Informe –pidió el Almirante
-Señor, el núcleo Warp esta en línea y funcionando, pero la barquilla de babor esta completamente inutilizada –notificó la Teniente Dal’ar, Jefe de ingenieros.
-Pues bien, abran un conducto transwarp de inmediato.
-Si… Señor.
-Almirante, no creo que sea la opción más segura, aunque debo aceptar que es la más lógica.
-Comentario anotado, Comandante. Pero no podemos quedarnos a pelear y mucho menos intentar huir a velocidad de impulso. Estas dos naves solo son una patrulla y ya deben haber informado de nuestra posición, en un par de minutos habrá aquí suficientes aves de presa como para que nuestros restos sean solo polvo estelar –sentenció Mathews sin lugar a réplicas.
Las naves Klingon continuaron atacando y girando alrededor de la USS Stealth cual buitres esperando la muerte de su presa. Por su parte la nave federal intentaba evadir la mayor cantidad de impactos posibles.
Tres nuevas naves enemigas emergieron del subespacio y se dispusieron a atacar.
-Lamentablemente no podemos fijar un punto en donde crearlo –informó Gorath, el científico Borian asilado por la Federación, desde Ingeniería. –Debemos detenernos al menos un breve tiempo.
-Tiene solo un minuto. Alférez, detenga la nave.
-¡Señor, seremos un blanco seguro! –Exclamó Tol Jorem.
-No quería hacerlo para no dañar aun más las charlas diplomáticas, pero no hay alternativa… -murmuró Mathews para si mismo –Devuelva el fuego, apunte a sus conjuntos de armas.
El deflector de la nave emitió un pulso hacia el espacio y un vórtice apareció de la nada para luego fijar rumbo hacia él. Las aves de presa Klingon, no le perdían el paso y sus disruptores eran descargados sobre ellos de manera incesante. Con inusitada agilidad, el USS Stealth eludía tantos como podía y los que no, ponían a prueba los escudos fluctuantes.
Lento, pero sin pausa, la nave de la Federación Unida de Planetas se dirigía hacia su escape, y no había nada que las naves enemigas pudieran hacer para impedirlo. Los escudos disminuían con cada impacto que lograban asestar, pero aun así, soportaban las embestidas, que una tras otra, enviaban los Klingons.
Cuando las defensas de las naves estaban a punto de desaparecer, comenzaron a ingresar en el pasadizo transwarp y tan pronto como lo traspusieron, se cerró sin darle posibilidad a sus perseguidores de ingresar.
Tras su cierre, uno nuevo se abrió en otras coordenadas y dos inmensas naves Borians brotaron de él.
-¿Dónde esta la nave? –Preguntó un Borian en la pantalla principal de la IKS B’reel K’reem.
-Acaban de escapar a través de un portal transwarp –gruño el General M'kegh –¡No sabíamos que esos Petaj tenían esa tecnología!
El Borian no dijo nada, solo hizo un gesto y dos ráfagas de phasers salieron despedidas hacia la ahora indefensa ave de rapiña para después destruirse en un estallido.
-Comuníqueme con la IKS Ampara.
La imagen de un confundido Klingon apareció en pantalla.
-Acaba de ser ascendido a General –le anunció un calmado Gollarth –ya le llegará el comunicado de parte del Concilio. Espero que la próxima vez, Usted sepa hacer un mejor uso de la información brindada…
-Si, Señor –masticó el Klingon no muy convencido de estar conforme con lo dicho o con lo acontecido.
El Stealth estaba siendo sacudido como un bote en el océano en medio de una tormenta. Las chispas en el Puente asemejaban a una cascada multicolor.
-Reporte de daños –requirió el Almirante Mathews aferrado a su silla para no ser despedido de ella y desparramado por todo el lugar.
-¡Hemos perdido los escudos! –Notificó el Teniente Comandante Tol Jorem.
-¡Almirante! –Resonó la voz de Gorath -¡Debemos abandonar el vórtice lo antes posible, estamos cruzando el umbral crítico de 0.03 del flujo!
-Si lo abandonamos ahora, quedaremos atrapados dentro del territorio Klingon. Debemos soportar un poco más. Tenemos refuerzos esperándonos.
-Acabamos de sobrepasarlo, Almirante… No se qué consecuencias puede traer…
-Tendremos que correr el riesgo…
-Treinta segundos para salir del pasadizo…
El tiempo parecía eterno, no transcurría con toda normalidad… La nave parecía que se desintegraría de un momento a otro. Oficiales del Puente eran despedidos de sus puestos por culpa de las grandes descargas que despedían las consolas.
-Quince segundos… -Informaron nuevamente.
Las fracturas en el casco no se hicieron esperar… Los sistemas automáticos de la nave aun funcionaban y fueron sellando las despresurizaciones con campos de fuerza.
-Cinco segundos.
En la pantalla pudo observarse la salida del torbellino transwarp. Con el último esfuerzo, la nave logró traspasarlo sin sucumbir dentro.
El Stealth quedó en completa oscuridad y a la deriva en el espacio normal. Lentamente, una a una se fueron encendiendo las luces del Puente y las pantallas comenzaron a mostrar su información habitual.
Algunos chisporroteos eventuales recordaban lo que acababa de ocurrir hasta momentos antes. Humo y cables colgando por doquier cumplían con la misma misión.
-Informe –pidió un exhausto Mathews, reacomodándose en su asiento.
-Los sistemas vitales se encuentran en línea. Los secundarios se encuentran reiniciándose. Escudos fuera de línea, al igual que el conjunto de armas y el ocultamiento.
-¿Hay novedades del Enterprise o el Titán?
-No señor… pero al parecer el conducto nos ha traído hasta otro sector del cuadrante…
-Especifique –requirió el oficial a cargo de la nave, algo consternado por la noticia.
-Estamos próximos a la frontera con Cardassia… -soltó el Bajoran sin terminar de estar seguro y volviendo a revisar los datos arrojados por su estación de trabajo.
-Envíe un mensaje a ambas naves para informarles nuestra situación a través del canal que están monitoreando. Deben abandonar su posición lo antes posible. Señor Jarek, tiene el Puente, estaré en la Enfermería.
Y de esta manera, el Almirante abandonó el Puente ascendiendo al Turbo ascensor.
-Ingeniería a Puente –resonó la lúgubre voz de Gorath
-Adelante.
–Comandante, se que puede sonar extraño, pero según parece, y mis cálculos lo respaldan, hemos retrocedido en el tiempo.
Una alerta en la pantalla del oficial táctico llamó la atención de éste. Con renovado desconcierto, verificó en más de una oportunidad las lecturas de los sensores de larga distancia de la nave antes de dar una información equivocada.
-Y eso no es todo, Señor. Los sensores detectan miles de naves del Dominio a las afueras de este sector, dentro del territorio Cardasiano… -informó Tol Jorem con voz preocupada.
Continuará…
Autor: Intrepid
Revisión: Mistery