Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth

Ángel caído”

Escrito por Intrepid/ Portada: Juan Andrés Campos

Nota: Esta saga esta situada cronológicamente después de la saga La Espiral Descendente de la serie Star Trek Voyager.

En el capítulo anterior de Stealth…

El USS Stealth y el USS Enterprise habían sido atacados por naves Klingon bajo el comando de Borians, donde Connor y Martok fueron tomados como prisioneros; pero la intervención del Imperio Estelar Romulano inclinó la balanza en contra de los Borians. La nave que contenía a los prisioneros intentó escapar pero fue alcanzada por un oportuno disparo de unas de las Pájaros de Guerra Romulanas, provocando que la nave Klingon tuviera que salir de Warp antes de lo previsto debido a los daños. Esto fue aprovechado por parte de ambos cautivos para escapar en un pequeño trasbordador de corto alcance teniendo que aterrizar de manera forzosa en un planeta de clase L.

Continuación…

Una robusta figura se ocultaba detrás de unas grandes plantas de gruesas y amplias hojas; Miraba hacia una casa que se emplazaba más allá de los límites del bosque en el cual se hallaba. Se encontraba expectante, como intentando ver algo o alguien a través de una de las ventanas.

El horizonte ocultaba la mitad del astro que descendía lenta y paulatinamente, provocando que el cielo se tornase de un tono magenta y el bosque se sumiera en una creciente oscuridad.

El precario escondite mejoró con la llegada de la noche. Los habitantes del planeta eran muy susceptibles a la presencia Klingon debido a los abusos que ésta raza había cometido en contra de su pueblo en el pasado y aún hoy en día de vez en cuando. Si bien los nativos no eran una amenaza para él (podría enfrentar a una decena a la vez y reducirlos a todos sin problemas), decidió que no era honorable enfrentarlos; Mucho menos si esta acción ponía en peligro la vida de su amigo.

Cuando las luces de la casa se encendieron, pudo estar seguro que su compañero de viaje aún se encontraba con vida, o al menos había una posibilidad más amplia de que así fuera. Pudo ver como una hembra Dromaxiana atendía a alguien que se hallaba acostado.

El hombre que habitaba la misma casa, acababa de retirarse del lugar. Por la ventana de otra de las habitaciones vio a un niño y, por lo que él había podido observar en todo este tiempo, no existía otro ocupante en la vivienda más que el Capitán Connor.

Todos en la nave estaban ocupados en algo que tuviera que ver con la reparación de la misma. En Ingeniería trabajaban turnos dobles; inclusive la Teniente Dal'ar no dormía hacía más de 24 horas. Ella nunca lo admitiría abiertamente, pero algo en su Capitán le inspiraba respeto y no permitiría que por incapacidad en su desempeño le ocurriera algo... a un oficial superior.

Este sería un comportamiento normal en cualquier oficial de la Flota Estelar, pero ella no lo era, al menos no había egresado de la Academia de la Flota y se hallaba confundida con este nuevo aspecto de sus emociones Romulanas.

En la Enfermería sólo permanecían aquellos que debían ser revisados por unas horas más para cumplir con su jornada de observación clínica. El Doctor Stuart y su cuerpo médico habían llevado a cabo un trabajo excelente durante el ataque Borian y ahora, su preocupación era otra… Morak le había facilitado un “informe” conteniendo datos del sistema Drelios (lugar de la posible ubicación, según les informaron los Romulanos, del Capitán y Martok).

Si realmente se habían dirigido hacia allí, el único planeta "habitable" no resultaba amigable para muchas razas del cuadrante. Su radiación provocaba que la vida alienígena no perdurara en su superficie por mucho tiempo. Lo máximo que había soportado viva una incauta raza, fue de tres días y la más desafortunada, sólo unas pocas horas. Sin embargo, el planeta no estaba muerto. Por el contrario, alojaba a una sociedad rudimentaria y poco avanzada. Y además, poseía el yacimiento mineral de Deratium más grande del imperio Klingon. Quienes casualmente tampoco eran afectados por la radiación emanada por el planeta. La ironía era que los habitantes los aborrecían tanto como les temían. Pero gracias a la mediación de la Federación, el gobierno Klingon accedió a firmar un tratado de no interferencia en la cultura pre warp existente en el lugar. Pero así y todo, hubo ingresos furtivos para extraer Deratium por parte de grupos ajenos al Imperio (o al menos esas eran las declaraciones ofrecidas).

Algo que el Doctor Stuart leyó del informe otorgado por Morak, llamó su atención: "...La mediación por parte de la Federación, fue solicitada por el gobierno uno de los países del continente más prolifero del planeta..."; volvió a leerlo más de una vez y siempre comprendía lo mismo.

¿Cómo pudo haber sucedido esto si se trataba de una sociedad pre warp?, podría suponerse que no conocían culturas ajenas a su sistema solar. Pero resultaba algo evidente que la incursión de los Klingons en el lugar, encendió la chispa de la curiosidad de algunos sectores del poder hasta el resto del universo. Pero... ¿Cómo mantener el secreto hacia el resto de la población...?

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de la soledad de sus pensamientos. A través de ella surgió la esbelta figura de la Alférez Lara Dawson, su esposa. Su rostro mostraba preocupación como la mayor parte de la tripulación. Pero ella no era como el resto, era especial.

-¿Todo en orden? -Atinó simplemente a preguntar él.

-Eso quisiera -respondió ella hundiéndose en la silla frente al escritorio.

-Imagino que con todo el stress acumulado en el puente no has podido meditar con el Comandante. ¿Quieres que te ayude en algo? -Preguntó distraídamente deseando que su respuesta no fuera la necesidad de un supresor de empatía.

-Por el contrario. El Comandante ha dicho que mi entrenamiento es muy importante y que no debe ser descuidado.

-Entonces...

-Me ha dicho que yo debería bajar al planeta como parte del grupo de rescate. -Soltó ella en un solo respiro, evitando así ser interrumpida.

Él supo la razón de inmediato, pero su mente no quería aceptarlo.

-¿Pero, por qué? –Preguntó rogando que la respuesta no fuera la obvia.

-Los sensores de la nave apenas pueden traspasar la nociva atmósfera del planeta y los tricorders resultan inútiles allí por el mismo motivo...

-¡Por eso cree que puede llevarte a ti como una herramienta de rastreo así como así!

-¿Pero acaso no piensas en el rescate del Capitán?

-Si, si lo hago, pero también pienso en tu seguridad ¡Ese planeta es un riesgo para ti! Además ¿Cómo crees que podrá eludir las preguntas al respecto de la elección sobre ti?

-¿Qué quieres decir con eso? ¿Acaso yo no puedo ser seleccionada para una misión de rescate que no sea por mi empatía?

-No es eso… -Intentó disculparse Stuart.

-¿Y qué es entonces? –Lo interrumpió Lara iracunda con voz contenida a sabiendas de que había pacientes que podían oír la conversación -¿Tienes idea de lo que es sentir que por primera vez siento que este algo que tengo es realmente útil y que es valorado por alguien?

Pero ella no esperó obtener una respuesta y salió del lugar corriendo.

El niño no juntaba el coraje para estar en presencia del Capitán. Cuando él se percató de esto, sin saber por qué, algo lo llevó a tratar de entablar una conversación con el niño y así mitigar el nerviosismo de ambos.

-¿Hace mucho que viven aquí? –Dijo Connor para romper el hielo.

El niño amplió sus ojos. Su mirada era una mezcla de sorpresa y temor. Sus pies se removieron en el piso con la intención de correr alejándose de aquel lugar, pero el resto de su cuerpo pareció decidir lo contrario. Resultó evidente que la curiosidad fue más fuerte que el deseo de abandonar su sitio. Entonces, su cabeza se sacudió afirmativamente.

-Ya veo… -respondió el oficial con un tono relajante –supongo que viven aquí desde que haz nacido.

Un sonoro trago de saliva pasó por la pequeña garganta y un súbito y temeroso “no” salió de la boca del chico.

-¿Cómo te llamas?

El pequeño cuello volvió a ensancharse aunque esta vez de manera silenciosa y dejó escapar un “Q’rbal”.

-Yo te diría mi nombre, si tan solo pudiera saberlo…

Q’rbal abandonó por primera vez la seguridad que le brindaba la pared para pararse en el dintel de la puerta. Su rostro ya no mostraba miedo o temor alguno, sino más bien, todo lo contrario. El diminuto diálogo parecía haberlo hecho tomar una decisión. Inundó sus pulmones de aire y habló:

-¿Es usted un ángel? –Y tan pronto como dijo la última palabra, su cara perdió la seguridad para volver a verse asustado.

Connor fue visiblemente impactado por la pregunta, sin entender el motivo. Su mente hurgó en los rincones buscando una respuesta que negara o ratificara aquella interrogante… pero nada halló.

-No lo se… Pero ¿Por qué supones que lo soy?

-Mi madre dice que usted es un ángel.

-¿Qué le hace creer eso? –Volvió a preguntar el Capitán. Estaba cada vez más confundido.

-Su ropa es casi igual a la descripta por nuestras sagradas escrituras. En ella se haba también de cómo ustedes intercedieron por nosotros contra los demonios de crestas. Ellos siguen atacando a nuestro pueblo. Aunque no tan seguido como antes.

Estas últimas palabras fueron un aporte más a su total confusión. Una brecha de su pasado se abría a través de su mente, encabezado por la ropa que yacía junto a la cama. Pero todo era turbulento y borroso. Deseó tomar más fuerza como para poder ponerse en pie y salir a ver lo que había más allá de las paredes del cuarto para tratar si eso le despejaba un poco.

De pronto, el ruidoso abrir de una puerta, lo sacó de sus pensamientos. El nene, sobresaltado, salió corriendo. Pudo oír voces que provenían desde otra habitación, pero no lograba entender lo que decían.

Un sonido metálico retumbó por toda la habitación. Miró en todas direcciones y no había nadie. De hecho, era la primera vez, según el recordaba, que se hallaba solo allí dentro.

-¡Capitán! –Gruño una voz que parecía provenir de ningún lugar.

-Capitán ¿Puede Usted escucharme? –Volvió a susurrar la incorpórea voz. Pero esta vez, le pareció que emanaba del piso.

-Capitán Connor, no hay mucho tiempo. Simplemente lleve su mano derecha hasta su cabeza y con eso sabré que me oye… -creyendo que alucinaba, se encontró a sí mismo colocando su mano en la cabeza, como si quisiera acomodar su peinado, tal y como lo había pedido ese gruñido. Luego, volteó lentamente su mirada hacia el suelo, al lado de la cama, como esperando ver a alguien allí agazapado.

Para su sorpresa, allí no había nadie. Pero el metálico sonido que precedió al monólogo de la áspera voz que oyó, volvió a reverberar en el lugar y esta vez no tuvo dudas. Surgía de la insignia que estaba adosada a su ropa. Un pensamiento se distinguió por sobre los demás: “si me pidieron que moviera mi brazo, es porque están observándome” y raudamente giró sus ojos hacia la ventana y hubiera jurado que alguien o algo se movió entre la vegetación que había afuera. ¿Era la escasa luz del atardecer o su cansancio que le estaba jugando una mala pasada, o realmente alguien estaba queriendo hacer contacto con él?

Escuchó que las voces se acercaban y junto con ellas, un andar pesado. Pronto, el hombre joven que había abandonado la casa ingresó en el cuarto y otro hombre detrás del primero. Era un anciano. Caminaba despacio y pesadamente, apoyado en un bastón de lo que parecía ser madera. Su cabello era escaso, pero sorprendentemente largo. Su rostro estaba poblado de arrugas y con una gran barba blanca como la nieve, casi tan larga como su cabello. Su mirada era dura e intimidante. La cual, prontamente cambió al ver acostado al Capitán Sean Connor. Se tambaleó en el lugar y susurró: “Es un humano…”.

En el despacho del Capitán del USS Stealth, una nerviosa figura deambulaba por todo el lugar, completamente solo.

Un metálico sonido le advirtió que ingresaba una comunicación. Se detuvo en seco. Fue como si se hubiera convertido en otra persona. Su semblante se endureció, se irguió en toda su altura y acomodó su uniforme. Y solo carraspeó un poco antes de hablar con una voz firme y calmada.

-Adelante.

-Almirante, el Capitán Picard quiere hablar con Usted –indicó una etérea voz a través del intercomunicador de la nave.

Pásela aquí –ordenó este.

Dirigió sus pasos hacia el escritorio y miró como la imagen del Capitán del USS Enterprise aparecía en el monitor que se hallaba sobre el mismo.

-William, hemos recibido una señal de ayuda en otro sector. Es la Voyager. Ha sufrido un ataque por parte de una nave desconocida, según me ha comentado la Almirante Janeway… –comentó Picard esperando una respuesta por parte de Mathews.

-Lo se –se limitó a responder el Almirante de manera taciturna. –Nosotros también la hemos recibido, aunque no se ha comunicado conmigo la Almirante… -e hizo una pequeña pausa buscando las mejores palabras para comunicar lo que pensaba hacer -…pero nosotros solo estamos esperando que el equipo de Ingeniería concluya con la reparación del dispositivo de ocultamiento y las armas para estar listos para internarnos en territorio Klingon.

-Comprendo… -solo dijo el Capitán Picard. El haría lo mismo por un miembro de su tripulación, sobre todo si éste se tratara de su propio hijo. –Y creo que no me equivoco al pensar que sabes lo que implica esta misión… más allá de los riegos ya implícitos…

-Si. Violaré la Directiva Primaria de la Federación Unida de Planetas. Sin mencionar que una incursión en territorio hostil en estos momentos puede, y seguramente lo será, interpretado como un acto de guerra contra el Imperio Klingon.

-Lo supuse… por eso, la USS Titán esta en camino hacia este sector. Nos reuniremos con ellos aquí, y dado que nosotros carecemos de ocultamiento, esperaremos su retorno en estas coordenadas, por si requieren nuestra asistencia. –Y sin esperar que su superior dijera algo, agregó –De todos modos, ustedes tienen una emergencia también, y el Voyager se encuentra cerca de la Espacio Profundo 9. Ellos llegaran antes que nuestra nave –sentenció finalmente.

-Muchas gracias, Jean Luc. Pero no puedo entrometerlos en esto.

-William, con todo respeto. Si tú puedes romper la Directriz Primaria, yo puedo desobedecer el abandonar este sector. Además, conozco muy bien al Capitán de la Titán y estará completamente de acuerdo conmigo.

-Correcto, muy bien… solo necesitaba asegurarme que no tuvieras dudas con respecto a esta decisión que has tomado. En cuanto estemos listos, les avisaremos.

-Muy bien. Picard fuera.

El Almirante Mathews se puso de pie y se encaminó hacia la salida del despacho que comunica con el Puente de la nave. Fue directo hacia la silla de mando y miró al Primer Oficial, quien se hallaba sentado en el asiento contiguo.

-¿Alguna novedad, Comandante? –Inquirió Mathews al tiempo que tomaba asiento.

-El tiempo solicitado por la Teniente Dal’ar estaba por expirar, por lo que me encontraba a punto de solicitarle un reporte –respondió el Vulcano impasible –¿Se encuentra Usted bien? –Agregó. El semblante de su superior había cambiado notablemente con respecto al momento en que ingresó al despacho, por lo que le resultaba lógico que la comunicación que acababa de recibir, había mejorado su “humor”.

-Mejor que bien, Comandante, mejor que bien. Luego lo pongo al corriente, Señor Jarek –agregó rápidamente antes que la curiosidad inquisitiva vulcana se apoderara del momento –Puente a Ingeniería, reporte.

-Acabamos de poner en línea los sistemas prioritarios que nos ordenó, Almirante. Además, el núcleo Warp se encuentra completamente operacional.

-Buen trabajo, Teniente. Ahora veo porque el Capitán Connor confía tanto en su capacidad –Dando Mathews su visto bueno a la Romulana. -Señor Tol Jorem, avise al Enterprise que en cuanto el personal de su tripulación retorne, emprenderemos nuestra misión.

Todos y cada uno de los integrantes del grupo de ingenieros que vinieron, regresaron a su nave tras ayudar en las reparaciones de la Stealth. Ya que de las dos naves, ésta era la que se había llevado la mayor parte de los daños. De hecho, si no hubiera sido por la asistencia brindada por los Romulanos, la nave hubiera caído ante el ataque Borian.

El Almirante también había dado permiso para que todo aquel tripulante perteneciente al USS Stealth que quisiera abandonar la nave en este momento, pudiera hacerlo con la promesa de su parte de no haber ningún tipo de represalia y que no pasaría a formar parte de su expediente. Habiéndoseles comunicado esto y el fin de la misión, ningún miembro de la tripulación abandonó la nave.

Cuando el último contingente del Enterprise abandonó al Stealth, el Capitán Jean Luc Picard, fue saludado por el Almirante.

-Capitán Picard, le debo una –dijo simplemente a la imagen empotrada en la pantalla principal del Puente.

-El señor Laforge se ha encargado de transmitirles, por un canal seguro, la frecuencia sub espacial que estaremos monitoreando a la espera de sus novedades –respondió firmemente el Capitán del USS Enterprise, reafirmando lo que habían hablado antes en privado.

-Gracias –Dijo Mathews mirando directamente a los ojos de su interlocutor –Stealth fuera.

La imagen de uno de los oficiales más famosos de la Flota Estelar fue reemplazada por la imponente envergadura de la nave clase Sovereign a la vez que el Almirante se reacomodó en su asiento.

-Alférez Dawson, fije rumbo al sistema Drelios, Warp máximo. Ingeniería, activen ocultamiento… Adelante –ordenó finalmente.

La nave giró lentamente sobre su eje en dirección hacia territorio del Imperio Klingon mientras se desvanecía para terminar desapareciendo y dejar una casi imperceptible distorsión donde normalmente aparecía la estela Warp.

Tanto el joven muchacho como la mujer, se acercaron velozmente hasta el anciano para brindarle sustentación para que no cayera al piso. Pero este pareció salir prontamente de su consternación.

-Esto no puede ser posible. Ellos no pueden venir aquí. Ellos tenían prohibido venir aquí. –Parecía estar hablando consigo mismo y no con quienes lo rodeaban -¿Dónde dices que lo has encontrado? –Dijo de pronto, dirigiéndose a Sqart, el joven Dromaxiano, de mal modo.

-No muy lejos de aquí, en el bosque. Estaba inconsciente y malherido –replicó el joven con tono de culpa, como si hubiera cometido un terrible error. –No podía dejarlo allí… -agregó mirando la punta de sus zapatos.

La mirada de Connor se paseaba del rostro de uno al otro de quienes hablaban frente a él. Ninguno de ambos lo miraba y si bien él no recordaba quien era, tampoco sentía ser parte de la decoración.

El viejo masticó algo inteligible. Mientras tanto, la pareja se mantuvo callada y el niño, a quien le prestaba atención por primera vez desde el arribo del anciano, se encontraba aferrado a la pierna de su madre, mirando al viejo con una mezcla de temor, respeto y asombro.

-¡Eso es! –Exclamó el anciano y su rostro mostró optimismo por vez primera –Rápido, debemos llevarlo al templo y orar para que puedan venir a recogerlo.

-Pero entonces… -dijo ella -¿Es él un integrante del ejército de Dios?

Anzimie, el viejo Dromaxiano, volvió a mirar al Capitán del Stealth y se dirigió hacia él:

-¿Sabes tú de dónde has venido? –Temiendo su respuesta…

-No, señor –se sinceró Connor –Lo poco que recuerdo es haber despertado aquí –pero por alguna razón, desconocida para él mismo, no comentó nada al respecto de la voz que acababa de oír hacía unos instantes, cuando se encontraba a solas.

-Es natural en aquellos que han caído desde los cielos –comentó el anciano como quien enseña a niños de corta edad. –Debemos llevarlo de inmediato. Antes que se enteren los demonios de cresta –agregó con tono lúgubre.

Sqart, el joven Dromaxiano, se acercó hasta la cama y tendió una mano hacia el humano. Este la aferró, pero no tuvo las fuerzas necesarias para sentarse en ella.

-Nuestro aire lo esta matando. El no esta preparado para soportar vivir entre nosotros. Rápido, no hay tiempo que perder –dijo presuroso, encarando hacia la salida. El caminar era pronunciado, debido a que intentaba apresurar su cansino paso. – no olviden sus cosas… agregó.

Apresurados, ayudaron a Connor a ponerse en pie y salir de allí. Él no recordaba nada que no fuera la habitación. Todo le parecía nuevo. Al salir de la casa, notó que la oscuridad de la noche ya lo había cubierto todo. Una fresca brisa golpeó su cara y sintió un enorme deseo de inundar sus pulmones con ella. Pero en cuanto tomó la primera bocanada, sintió que los mismos ardían como el fuego y se derrumbó en un ataque de tos. Xrial, cruzó su brazo por su espalda y el calor del cuerpo de la joven Dromaxiana, pareció devolverlo a este mundo. Contuvo el ataque a duras penas y trató de erguirse, para finalmente desvanecerse.

Continuará…

Autor: Intrepid

Revisión: Mistery