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Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth
“Territorio Enemigo”
Escrito por Intrepid/ Portada: Edgar Rocha
Nota: Esta saga esta situada cronológicamente
después de la saga
Luego de haber transportado fuera de la nave a Martok
y Connor. Las cuatro naves que rodeaban a las de
Las aves de presa se dividieron en dos grupos de igual cantidad de naves y se repartieron los dos objetivos. El enorme tamaño que posee el USS Enterprise, parecía no molestarle para nada a su maniobrabilidad. Pero las naves klingon estaban mejor dotadas de agilidad y podían esquivar muy fácilmente las ráfagas de phasers y torpedos fotón que les eran enviadas.
Por su parte, el USS Stealth, ya sin escudos, intentaba sortear las embestidas de los disruptores klingon sobre su casco. Las armas fueron inutilizadas en pocos minutos y más pronto que tarde se habían convertido en un blanco muy fácil. Aunque no por ello, habían dejado de pelear por sus vidas.
Los dedos de la alférez Lara Dawson parecían bailar sobre la consola de manejo en el puente del Stealth. Tenía una enorme pericia pilotando naves estelares que era casi tan grande como su poder de percibir los disparos antes de que estos ocurrieran. Aún no terminaba de comprender sus poderes, pero las clases con el comandante Jarek parecían haberle sido muy útiles. Casi inconscientemente trazaba un mapa en su mente como si un juego de ajedrez se tratase. Adelantando las posibles jugadas de sus enemigos y superponiendo las suyas, con la sutil diferencia que ella estaba atinando a la gran mayoría de sus presunciones. La nave subía, bajaba, zigzagueaba y giraba en tirabuzón exigiendo a los amortiguadores de inercia al máximo de su capacidad como así también a la tripulación. En el Puente estaban todos aferrados a las consolas o a sus asientos según podían.
En la enfermería, el doctor Stuart y sus ayudantes trataban de curar las heridas de decenas de tripulantes que llegaban al lugar producto de los ataques. Los ocupantes de las biocamas, que eran quienes estaban en peor estado de salud, debieron ser sujetos a ellas con campos de fuerza para evitar que se lastimaran aún más. Improperios en más de un idioma reverberaban dentro de la habitación, ya fueran de dolor o de otras índoles.
El casco no aguantaría mucho más en soportar los abruptos giros o los disparos que comenzaban a impactar más a menudo debido al cansancio que empezaba a sufrir la piloto. El Enterprise trató de ir en su rescate en más de una ocasión, pero su batalla no estaba resultando mejor. Si bien había bajado los escudos de una de las naves klingon al 50% y al 40% los de la otra, los suyos propios habían alcanzado el 20%.
Parecía que el fin de estas dos naves de
La superioridad de las tres colosales naves se hizo notar de manera inmediata inclinando la balanza de manera increíble. Solo bastaron un par de disparos de éstas para dejar fuera de combate a tres aves de presa klingon, pero aún así no se detuvieron hasta destruirlas.
El Ave de Presa conteniendo a los dos prisioneros
dio un abrupto giro y trató de emprender la retirada. Aunque tenían la seguridad
de que no serían destruidas debido a su “cargamento”, no tardarían mucho en
reducirlos y recobrar a quienes habían secuestrado. Pero
Lamentablemente, no lograron evitar que esta desapareciera en un destello.
-Nos saludan -avisó Worf.
-En pantalla -ordenó Mathews, en medio de una nube de humo desprendido de las diferentes consolas, quien tomó el comando de la nave tras el secuestro de su hijo.
La fluctuante imagen de un despreciativo romulano apareció en el también dañado display.
-Al parecer no se han desecho de toda la escoria klingon que tenían a bordo -expresó altanero el Centurión Tebok.
Worf sintió el impulso de insultar e increpar al
Centurión. Pero los años de experiencia que tenía sirviendo a
-Estaba seguro que usted ya conocía al comandante Worf -respondió el almirante con cara de pocos amigos.
-No se equivoca, hablaba del... -respondió petulante y haciendo una pausa como buscando una palabra -...otro. No me extraña que hayan sido tan fácilmente derrotados con una tripulación que posee gente así.
El almirante hizo gala de sus mejores tácticas de
relajación antes de responder. Conocía a Tebok desde la reunión virtual que
había tenido con él y otros almirantes para entrevistar a Gorath tras su retorno.
Sabía que como todo romulano, resultaba ser intratable, pero tenía gestos como
el que acababa de realizar, salvándole la vida a la tripulación de dos naves
de
Pero también hay que tener en cuenta que para ellos, cualquier excusa es siempre buena para atacar y destruir naves del Imperio Klingon.
-Quiero agradecerle el habernos liberado de este aprieto...
-No ha sido nada, eran solo cuatro insignificantes naves -soltó el Centurión despreocupado. -Por cierto... -agregó -la nave conteniendo al capitán Connor creo que no llegará muy lejos, puesto que hemos dañado su núcleo warp y no se que tan avezados son los borians con naves klingon...
Esta frase no tomó de sorpresa del todo al almirante.
Primero, porque en cuanto pudieron, tanto Morak como T'Jor, informaron la anormalidad
de que los grupos de asalto que abordaron al Stealth eran integrados por borians.
Y segundo, porque más allá de que Tebok fuera exasperante, tenía integridad
y además, no era tan tonto como para destruir una nave que contenía como prisionero
a un Capitán de
-Ya veremos qué haremos en cuanto reparemos nuestros sistemas, gracias por el dato.
La pantalla cambió su aspecto. Dejó de mostrar el rostro del Centurión para mostrar el campo de escombros dejado por las naves klingon destruidas.
Mathews giró sobre sus talones y sin dudarlo ni por un solo segundo, tomó asiento en el lugar de su hijo.
-Ingeniería, quiero los sensores de largo alcance y propulsión de inmediato -ordenó sabiendo que el canal con esa área estaba aún abierto -y ya pueden cerrar el canal. Señor Jarek, el Puente es suyo, yo estaré en el despacho del capitán.
Esta última frase le movió hasta la última fibra
de su ser. Podría ser un almirante de
Se sentó frente al escritorio y solicitó al Enterprise una comunicación privada con el capitán Picard.
Tras unos momentos, una señal audible le anunció que Picard estaba respondiendo a su llamado.
-Jean Luc -comenzó Mathews -los borians se han llevado a mi hijo y a Martok -continuó sin demostrar en lo más mínimo el nudo que insistía en hospedarse en su garganta.
-Lo se, una de las naves romulanas nos dio la noticia hace unos momentos -respondió el capitán del USS Enterprise. -Lo que no comprendo, es porque el escuadrón de naves klingon estaban tripuladas solo por borians...
-Deben pensar que aún no sabemos de su alianza. No encuentro otra explicación en este momento. Por cierto -agregó Mathews de repente. -Diré al Señor Worf que vaya para el Enterprise.
-Casi lo olvido yo también. Pero por el bien del orgullo de un guerrero klingon, no le digamos de esto a él -comentó de manera cómplice, Picard.
Una lluvia de chispas bañaba la cubierta de Ingeniería
en el Ave de presa. El núcleo estaba a punto de colapsar y no lograban expulsarlo
mecánicamente. Era irónico. Hace un tiempo atrás, los borians lograron que
La puerta de la sala de calabozos se abrió en todo su ancho para dejar pasar la oblonga figura de un borian. Un feo implante cibernético cubría el lugar donde otros de su raza tenían el pabellón auricular derecho.
El calor era agobiante, inclusive para el captor. Resultaba evidente que estas naves no contemplaban, dentro de los sistemas de control ambiental, la posibilidad de reducir la temperatura.
El guardia ingresó con cautela mirando fijamente a ambos prisioneros. Se acercó hasta la consola que permitía la apertura de las celdas y antes de abrir la que requería, desenfundó su arma y apuntó hacia los detenidos. El campo de fuerza que los mantenía encerrados, cayó. Ambos se quedaron inmóviles aguardando los movimientos de su captor. Éste, sin mediar palabra alguna, les hizo seña para que abandonaran la celda, cuidándose en todo momento de no perderlos de vista y por sobre todo, de no dejar de apuntarlos.
Un fuerte sacudón de la nave provocó que el borian se desestabilizara. Connor quiso sacar provecho de la situación, pero Martok fue más rápido. Con un solo movimiento desarmó a su oponente para luego lanzarlo contra la pared opuesta de la sala.
Otra sacudida de la nave, aún más fuerte que la anterior, generó la rotura de un conducto de plasma, inundando el lugar con el tóxico componente.
El ex canciller klingon, tomó de un brazo a Connor y lo condujo hasta la puerta.
-Debemos alcanzar la bahía de carga antes de que sea tarde. Si los conductos de plasma comenzaron a colapsar, el núcleo warp no tardará en hacer lo mismo –concluyó Martok casi como si se hablara a sí mismo.
-No podemos dejarlo allí –comentó el capitán de
-Ellos no durarían en dejarnos pudrir allí –repuso el klingon de mal humor.
Connor no se detuvo a discutir. Giró sobre sus talones y reingresó en la sala de detención. Tras unos breves segundos, volvió a salir de allí trayendo en andas a un desmayado borian. Martok le dirigió una mirada con mezclas de incredulidad y resignación. “¡Federales! ¡Toman demasiada cerveza de raíz!” gruñó casi de manera inentendible y ayudó al capitán a cargar al borian. El tóxico material que arrojaban los conductos de plasma a lo largo de aquella sección comenzaba a tornarse cada vez más peligroso.
Anduvieron los pasillos del ave de presa. Al parecer la tripulación no era abundante, la estabilización del núcleo warp se estaba llevando toda la atención o muchos ya habían huido. Sea cual fuera la verdad, era que esto los estaba favoreciendo. No estaban en posición de poder enfrentarse a guardias que muy probablemente estarían armados. No tardarían mucho en averiguar que el guardia al que llevaban a la rastra había fallado en su misión y enviarían a otros a buscarlos.
Al llegar a la bahía de carga, dos pequeños trasbordadores estaban allí esperando para ser usados. Subieron al primero y depositaron al borian en él. Martok se puso firme en no llevarlo junto con ellos. Lo programó para que los propulsores se activaran dentro de unos minutos a velocidad baja para alejarse de la nave. Si ésta explotaba, estaría a salvo y sino, lo rescatarían.
Rápidamente, abordaron el restante. Ni bien estuvieron en posición, se hicieron cargo de la desaparición de la compuerta. El trasbordador tomó una leve distancia del piso y se dirigió hacia la salida, no sin antes activar el rayo tractor para sacar al que contenía al aún presuntamente desmayado Borian.
La imagen brindada por la nave klingon era impactante.
A pesar de haber recibido solo dos disparos de
-Perdimos capacidad warp –informó Martok en medio de un baldazo de chispas.
-No muy lejos de aquí hay un pequeño planeta clase M –le respondió Connor soportando los sacudones que daba el trasbordador.
Martok sostuvo un significante silencio. Las buenas noticias eran que los sistemas solares de este sector no eran significativos para el Imperio Klingon, lo que los hacía un buen lugar para esconderse hasta que los pudieran rescatar. Las malas, muchos de los planetas eran culturas prewarp y nunca habían tenido contacto con ellos. Y como si esto fuera poco, no estaba seguro de cuánto soportaría el trasbordador un ingreso a la atmósfera de un planeta.
Luego de informarle esto a Connor, fijo rumbo hacia uno de ellos y se dirigieron hacia allí.
El intercomunicador del despacho del capitán le anunció a Mathews que lo estaban solicitando.
-Adelante –respondió simplemente.
-Lo están llamando desde
-Derívelo aquí, por favor.
La pantalla situada sobre el escritorio le mostró
el poco amigable rostro del Centurión Tebok. Tenía una sonrisa perspicaz, irónica
hasta podría decirse. Le resultó obvio a Mathews que el romulano nuevamente
poseía información que,
-Le tengo buenas noticias –comenzó diciendo Tebok sin perder la desdeñosa sonrisa de su cara –he recibido un informe del Tal’Shi’Ar acerca de una nave que poco después de haber salido de warp, estalló en un sector no muy lejos de aquí, dentro de territorio klingon. Esta nave coincide con los parámetros de tiempo por lo que presumo, es la que llevaba a bordo a su hijo y al klingon.
El almirante se mordió el labio para no decir las groserías que rondaban su mente. Luego reparó en el detalle de la sonrisa de Tebok. Aún continuaba instalada en su cara. Eso significaba una cosa. Su informe aún no concluía. Y así resultaba ser…
-También me han informado, que solo dos trasbordadores han logrado huir de ella, aunque no han logrado precisar quienes iban en cada nave, si me han dicho que una de ellas fue recapturada por una nave borian unas horas después y la otra se dirigió hacia el sistema Drelios.
-Le agradezco que me haya brindado esta información, Centurión Tebok. –dijo Mathews a regaña dientes. Aunque sabía que esto podría salvar la vida de su hijo, no soportaba darle al romulano que figuraba en su pantalla el placer de que se sintiera superior. -Las reparaciones de los sistemas principales de la nave están casi terminadas. Podremos partir hacia allí dentro de poco.
-No es nada… ¿Para qué están los amigos? –Ironizó Tebok antes de cortar la comunicación.
Q’onos estaba orbitada por una gran flota de naves borians. En una de ellas, la principal y más grande, se encontraba Gollarth a solas en una habitación. Frente a él había un monitor que estaba dividido en dos partes. Del lado izquierdo, una figura humanoide no reconocible. Al otro lado, Kallon, el nuevo Canciller klingon y era precisamente éste quien tenía la palabra.
-Bueno, al parecer, con ésta, ya son dos las misiones en las que ha fracasado…
-No ha sido nuestro error, alguien advirtió a los romulanos de nuestro plan –devolvió Gollarth completamente enfurecido mirando hacia el lado izquierdo de la pantalla.
-Puedo asegurar que no ha hecho falta que dijera
nada en lo absoluto –respondió el humanoide tranquilamente –lo extraño es que
no lo hayan prevenido llevando más naves. Hasta
Repentinamente, Kallon pareció distraído, luego dirigió su mirada hacia uno de los lados de manera furibunda para nuevamente volver su mirada hacia su pantalla.
Había algo que no encajaba, pensó Gollarth, si bien su conocimiento sobre la cultura klingon no era extensa, el comportamiento que acaba de ver lo dejó bastante confundido.
-No estamos ahora para echar culpas. Debemos buscar a Martok y al capitán Connor… o, al menos, indicios claros de su muerte –respondió el klingon casi midiendo sus palabras. –Hay varias naves patrullando la zona en donde la nave explotó, el problema es que aún no hemos encontrado ningún sobreviviente. En cuanto haya alguna novedad, volveremos a reunirnos.
Tras decir esto, la comunicación se cortó y la pantalla se apagó. Gollarth, por primera vez desde que habían comenzado esta unión con los klingon para dominar al cuadrante alfa, dudó de sus aliados. Quizás los había subestimado, quizás su sentido del honor no era tan profundo como para no traicionar a un aliado…
Por otro lado, el aliado que tenían infiltrado en
Al parecer debería pensar en un plan alternativo, solo por si resultaba más difícil conquistar su imperio de lo que había pensado en un principio…
Un sonido llamó su atención, trayéndolo de sus pensamientos.
-Adelante.
Su pantalla volvió a resplandecer y el rostro de otro borian apareció en ella.
-Señor, una de las naves de reconocimiento ha encontrado un trasbordador con uno de los tripulantes sobrevivientes. Él nos ha confirmado que ambos prisioneros habrían sobrevivido y que de hecho es muy posible que hayan sido ellos quienes le salvaron la vida.
Era extraño, a pesar de que los klingon eran sus
aliados, su relación empeoraba. Por otro lado,
-Señor…
-Si, lo estoy escuchando –respondió Gollarth de mala manera.
-Disculpe, decía que hemos trazado un perímetro de búsqueda y en él hay al menos cuatro sistemas solares. Tres de ellos son comerciantes y el restante es un insignificante sistema en donde solo uno de los planetas esta habitado por una raza prewarp.
-Es muy posible que se encuentren allí.
-No lo creo, Señor. Este planeta posee un alto grado de radiación y a cierto plazo podría matar a un ser humano, no así a un klingon. Pero también he hallado en la base de datos klingon que ellos han estado saqueando su planeta y los tienen como si fueran demonios de los cielos…
-Muy bien, muy bien, -dijo Gollarth ya fastidiado interrumpiendo a su interlocutor -entonces envíe naves a los otros tres sistemas y solo un pequeño comando de reconocimiento a este planeta.
Una fuerte luz cegaba sus ojos desde el mismo momento en que comenzó a abrirlos. Los oídos le zumbaban y se encontraba completamente desorientado.
-¡Mami, Mami, esta despertando! –Gritó un niño alejándose del lugar en donde se encontraba tendido. Segundos después, notaría que se trataba de una cama ubicada en una humilde habitación cuando comenzó a mejorar su visión.
-Buenos días –lo saludó una dulce y femenina voz desde lo que pudo reconocer como el umbral de una puerta. Junto a ella, tomándola de una pierna, había un niño. Su cabello era largo, negro y enmarañado. En su frente había una extraña protuberancia que ocupaba casi todo el ancho de la misma y en su pera tenía unas extensiones de su propia piel que hacía que parecer que tuviera una barba de tres gruesos pelos. Muy probablemente, había sido él quien salió corriendo al ver que despertaba.
Intentó incorporarse, pero un dolor generalizado en todo su cuerpo no se lo permitió, haciendo que cayera nuevamente sobre su espalda.
La mujer apresuró sus pasos hasta llegar a su lado. Fue allí cuando notó por primera vez el destello de temor en su mirada. Ella llevó sus manos hasta los vendajes que llevaba en su cabeza lentamente, pero con convicción, sin dejar de mirarlo directo a los ojos.
No entendía porque ella desconfiaba de él al atenderlo. Comenzó a recorrer su rostro con la mirada y vio un negro y largo cabello enmarcando su cara, una amplia frente y en ella tenía varias protuberancias pero pequeñas. Sus ojos eran oscuros y profundos. Su nariz era delgada y de amplias fosas. Su boca estaba formada por finos labios. Al contrario del niño, ella no tenía nada en su pera. Su expresión en conjunto, al contrario de su mirada, era adusta y no reflejaba miedo en lo más mínimo.
La curación hizo que él tuviera que volver su cabeza hacia la puerta de la habitación. Fue entonces que recordó al niño. Lo vio escondiéndose tras la pared y asomando apenas su cabeza por la puerta.
-¿Cómo se encuentra? –Dijo ella finalmente retrocediendo un poco.
-Algo aturdido y confuso –respondió él -¿Qué sucedió?
-Eso era exactamente lo que yo estaba a punto de preguntarle a usted –aseguró ella con suspicacia –Mobryn lo ha encontrado cerca de aquí, muy mal herido, como si hubiera logrado escapar con suerte de un gran accidente…
-No logro recordar nada de ello –dijo él aún confundido. Tras destaparse, intentó nuevamente incorporarse, lentamente en esta oportunidad, pero de nuevo se vio impedido de hacerlo, pero no por sus heridas, sino por su ropa, o más bien, por la falta de ella. Completamente ruborizado volvió a taparse casi hasta su propia cara -¿Dónde esta mi ropa? –Exclamó con algo de desesperación.
-Esta aquí –dijo ella, señalando hacia al lado de la cama. Asombrosamente, sin estar ruborizada en lo más mínimo ni habiéndose girado para no verlo.
Una vez superado el pequeño sofocón, miró en busca de su ropa y allí la vio. Un traje negro con los hombros grises, un par de botas de media caña y otra prenda de color bordó con cuatro botones metálicos incrustados en el cuello y un dispositivo con una forma que no logró reconocer…
Continuará…