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Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth
“Un infierno de dos soles”
Escrito por Intrepid
Nota: Este número transcurre antes de los hechos narrados en el Star Trek Universe#6
Las puertas del Nexus se abrieron y la luz del pasillo iluminó gran parte de la entrada al lugar. Esto permitió al doctor Stuart ingresar, tras lo cual, las puertas se cerraron nuevamente dejándolo a oscuras.
Encandilado aún por las luces de afuera, estuvo a punto de solicitar el encendido de la iluminación del bar, pero algo llamó su atención…
Una tenue mancha luminosa alumbraba a una de las mesas del fondo. Reconoció inmediatamente al dueño de la recortada silueta que se encontraba allí sentado, quien parecía muy ensimismado en lo suyo.
Sus pasos lo llevaron en primera instancia hasta el replicador de alimentos empotrado en unas de las paredes. “Un vaso de leche tibia con miel”, le solicitó. Luego se dirigió hacia el ocupante.
El sonido de sus pasos arribando a la mesa, por fin tuvieron un efecto sobre el residente de la mancha luminosa haciendo que éste se volteara a verlo.
-Buenas noches, señor Gorath –dijo simplemente Stuart.
-Buenas noches, doctor –respondió el Borian con un dejo de nerviosismo a la vez que reparaba en el vaso de Stuart.
-Es una vieja receta para el insomnio –confesó este elevando un poco su bebida. –Debería probar…
Gorath suspiró, volvió su vista hacia el padd que tenía entre sus manos y giró nuevamente hacia su interlocutor.
-Si eso me ayudara a escribir mi reporte antes de las 1000 horas, encantado –señaló el borian dejando escapar un tono de esperanza y su mirada se perdió nuevamente.
-Hoy es la reunión con los enviados de
-Si, así es y solo he escrito esto… -lamentó Gorath al tiempo que extendía el padd hacia Stuart.
Este lo tomó y lo inspeccionó. Sus ojos lo recorrieron en todas direcciones hasta que el contador de palabras corroboraron los que había leído…sólo cuatro palabras: “Desperté en el cuarto”… y nuevamente miró a su propietario.
-No logro ordenar mis pensamientos…
-Hagamos una cosa –decidió Jonathan –acompáñeme
a
Ambos abandonaron la mesa y se dirigieron hacia la salida. Las puertas se abrieron ante su presencia haciendo que la luz los cegase momentáneamente.
Mientras caminaban, Stuart no pudo evitar pensar que un Vulcano sería quien mejor podría ser beneficioso que él en esta situación. Pero no sería él quien le pediría ayuda a Jarek. Aunque había más vulcanos a bordo, no sería idóneo comentar esta información con gente de bajo rango…
Ambos recorrieron la distancia hasta su destino sin mediar palabra alguna. Sus pensamientos los mantenían presos dentro de sus mentes. Uno, tratando de encontrarle un sentido a la vorágine de recuerdos que su memoria le planteaba… y el Borian, también.
-Siéntese aquí –le indicó Stuart, abriendo su boca por primera vez desde que abandonaron el bar.
Gorath asintió con la cabeza y se dirigió hacia una de las biocamas. El doctor en cambio, encaminó sus pasos hacia su oficina, tomó algo de su escritorio y emprendió el retorno.
-¿Qué es eso? –Preguntó el borian manteniendo su mirada en la mano del Doctor.
-Es solo un hipospray médico –respondió a la vez que sostenía al dispositivo con dos dedos, mostrándoselo a Gorath. –Solo le daré un sedante para que se tranquilice –y le inyectó una dosis en el cuello.
El borian respiró profundamente y se relajó visiblemente, aflojando la tensión de sus hombros.
-Recuéstese, estará más cómodo. Computadora. Inicie grabación.
-Bien… -comenzó diciendo Gorath algo laxo –recuerdo
haber despertado en
-Veo que finalmente lo hemos recuperado –me dijo el oficial médico –Tuvimos que inyectarle nanosondas en su torrente sanguíneo para poder reanimarlo. Por un momento creí que ya era demasiado tarde para Usted, ya habían transcurrido casi las cuatro horas de pérdida de signos vitales normales, cuando me dieron la orden de reanimarlo.
-¿Quién dio la orden? –pregunté a duras penas. Mi boca estaba seca y se me dificultaba poder hablar con claridad.
-Su hermano, Señor.
Y como si este comentario lo hubiera traído. Las puertas de la enfermería se abrieron de par en par para dejarlo pasar a él junto con dos guardias que se detuvieron ni bien ingresaron.
-Bueno, bueno… veo que ya te has repuesto –me dijo Gollarth, mientras que con una mano le ordenaba al médico retirarse.
-¿Por qué? ¿Por qué hiciste que me reanimaran?
-No pretenderás salir impune de tus crímenes ¿No es cierto?
Mi confusión debe haberse reflejado en mi rostro, ya que continuó con un tono catedrático…
-Has cometido Alta Traición hacia el Gran Concilio Borian, pero por sobre todo, hacia mi… -Y al decir esto, sus ojos adquirieron destello que me congeló el aliento.
Sabía muy bien como era castigada
“Juicio”… que hueca me sonaba esa palabra para las leyes borians.
-¿Cuándo se hará la farsa de mi juicio? –Quise saber.
-Digamos que no hubo tiempo para esas nimiedades. Ahora estamos rumbo a Golara I.
Si algo tenía claro en ese momento, fue el sádico motivo por el cual mi hermano me quería vivo y conciente. Golara I era un pequeño planeta atrapado en medio de la fuerza gravitacional de nuestros soles. Su superficie casi no mantiene formas de vida, pero algunas han logrado sobrevivir, aunque no es sabio querer conocerlas en persona… Por este motivo es que han convertido en una prisión con instalaciones subterráneas de la cual nadie ha podido escapar.
-Tu celda te esta esperando. Espero que me perdones por no poder despedirte en tu arribo, pero es que tengo una cita muy importante con unos nuevos… “amigos”… Si… Podría llamarlos así.
Cada palabra parecía tener impregnada más sarcasmo que la anterior.
-Llévenselo… -ordenó finalmente.
Ambos guardias me miraron mientras aún permanecía acostado. Intenté moverme y para mi sorpresa podía hacerlo casi normalmente. Me incliné lentamente sobre uno de los lados de la cama y apoyé mis pies. Evidentemente, me movía demasiado lento para su gusto, ya que los dos oficiales vinieron hacia mí y sin mediar palabra alguna, me tomaron por los brazos ayudándome a acelerar mi paso.
Esa fue la última vez que vi a mi hermano. Abandonamos al Enfermería y me llevaron a la zona de detención y al llegar me encerraron en una de las celdas.
No se cuánto tiempo transcurrió en compañía, únicamente, del zumbido del campo de fuerza, cuando el sonido de la puerta rompió la monotonía.
Dos soldados trasladaban “amablemente” a rastras a otro. Lo trajeron hasta la celda que yo ocupaba y lo introdujeron. El pobre venía aparentemente desmayado, con claras muestras de haber sido golpeado. Lo dejaron desplomarse por su propio peso. Cayó como una cadena pesada y ambos soldados desaparecieron en absoluto silencio.
Me acerqué hacia él y descubrí con asombro que se
trataba del segundo al mando de
Como pude lo recosté dejándolo boca arriba y limpié algo las heridas de su rostro.
Nuevamente me encontré a mi mismo en compañía de la soledad de silencio y el zumbido, cuando la nave se sacudió fuertemente. La alarma comenzó a sonar en el ambiente. Al parecer, la nave se hallaba bajo ataque. El campo de fuerza comenzó a fluctuar hasta que finalmente, se desactivó…
Miré una y otra vez hacia la puerta de la zona de detención pero nadie ingresaba. La tentación y el coraje aunaron fuerzas y salí de la celda. Fui inmediatamente hacia la consola que se hallaba en la habitación. Solo me tomó un minuto romper los sellos de seguridad… La pantalla me confirmó que estábamos bajo ataque, tres naves clase Gozer de menos envergadura que en la que íbamos, estaban causando graves daños. Pero el campo gravitacional de ambos soles estaba haciendo efecto sobre las mismas y sus disparos ya no eran tan eficientes. Igualmente, ya había deshabilitado armas, impulso y el escudo era completamente ineficiente, al parecer conocían su oscilación.
La pantalla comenzó a mostrarme algo ilógico… toda la energía de reserva estaba siendo redirigida hacia el núcleo WARP. Si realizaban lo que yo sospechaba, terminaríamos pulverizados… Y casi sucede…
Activaron WARP en dirección al planetoide prisión durante una fracción de segundo. Una arriesgada y desesperada maniobra que nos estrellaría contra la superficie de Golara I o nos desintegraría en la corola de una de las dos estrellas.
Por fortuna la nave tomó rumbo al planeta y entró en su delgada atmósfera. Casi no podía mantenerme en pie, la nave era sacudida como una lata vacía. El equilibrio finalmente me abandonó y fui lanzado hacia uno de los paneles y perdí el conocimiento…
Mi despertar no fue para nada agradable… Cuando terminé de abrir mis ojos, pude contemplar como Coiruth me tomaba con ambas manos por el frente de mi ropa y hacía que me pusiera de pie. Debilitado y todo por los golpes recibidos por los guardias, parecía ser mucho más fuerte que yo y me manejaba como si yo fuera un títere.
Pero lo que más me llamó la atención en él, fue la mirada iracunda que me dirigía y su odio no se hizo esperar mucho. En cuanto me elevó a la altura de su conveniencia, comenzó a golpearme. Solo me decía antes de cada golpe: “¡Es su culpa!” y su puño impactaba en algún lugar de mi cuerpo.
Mis torpes movimientos no lograban sacarme de encima a mi agresor. Hasta que me desplomé en el piso, ya sin fuerzas. Sólo entonces cesó su ataque y retrocedió hacia el lado opuesto, completamente agitado.
-Yo no hice nada –alcancé a articular como pude.
-Si no… fuera por… Usted… nada de esto… estaría pasando… -Dijo Coiruth entre resoplidos furiosos.
-¡No entiendo de que esta hablando! –Exclamé…
-De su pedido de asilo a esos Federales… Y su enfrentamiento contra nosotros… Si no lo hubiera hecho… ¡¡¡MI FAMILIA AÚN ESTARÍA CON VIDA!!! –Gritó desde su posición con un solo aliento.
Algunas piezas del rompecabezas cayeron en su posición. Él, al igual que yo, había sido acusado de traición. La pena era la reclusión en Golara I, pero además, recordé amargamente, que su familia debía morir…
Mi confusión aumentaba, ya fuera a causa de los golpes recibidos o porque todo me parecía un gran embrollo.
Algo no cuadraba. Su familia moriría (si es que ya no había sucedido…), pero no la mía. Es decir, mi hermano no lucía como un muerto, o menos aún, como alguien que fuera a ser ejecutado… Sin embargo Coiruth, había perdido a suya…
Un fuerte ruido a chisporroteos que provino desde el pasillo, hizo que Coiruth mirara hacia la puerta y perdiera todo interés en mí. Supongo que habrá pensado que más tarde podría continuar con mi golpiza…
Se dirigió sigilosamente hasta la salida, miró hacia ambos lados y se marchó. Yo no sabía que hacer. Podía quedarme a aguardar que algo sucediera o aventurarme tras él y tratar de escapar (y rogar porque no siguiera golpeándome…)
Opté por la que me pareció menos mala y lo seguí. Las luces en el corredor fluctuaban y varios paneles escupían chispas de manera intermitente.
Al llegar a una encrucijada, tuve el fuerte presentimiento que el tomó el camino inverso a las cápsulas de escape. Aún así, continué tras él. Al menos, no estaba armado como seguramente si lo estaban los oficiales de la nave. Pero al doblar en el siguiente pasaje tuve que desdecirme. Habíamos llegado al depósito de armas y no escatimó en tomar todas las que pudo.
Cuando se sació, giró sobre sus talones y me enfrentó. Yo me quedé de una sola pieza. Esperaba ver el cañón de una de sus armas abrir fuego contra mí… pero no. Algo en su mirada había cambiado. Pasó junto a mí en completo silencio.
Tardé unos segundos en recuperarme y volví a colocarme en su persecución. Perdí la cuenta de la cantidad de pasillos pos los que pasamos, hasta que noté que llegamos a estribor. Nuevamente me vi sorprendido. Estábamos sobre la superficie inconfundible de Golara…
-Nos estrellamos… -fue lo primero que se me ocurrió decir. Como si no fuera obvio.
Coiruth solo me devolvió una pragmática mirada y cabeceó.
Bueno, Ya era algo. Al menos no había obtenido un golpe como respuesta.
La caminata continuó. Nadie nos interceptaba. Ni siquiera había rastros de la tripulación. ¿Qué había sucedido? ¿Pidieron haber muerto todos en el aterrizaje? Si esto para mí era un misterio, lo que me llegaría como respuesta lo ahondaría aún más… La escena que nos ofreció el giro del siguiente corredor, fue atroz. Todo el pasillo estaba cubierto de sangre mezclada con arena y partes de cuerpos… Aparentemente, varios cuerpos habían sido desmembrados…
Un gélido sudor descendió por mi espalda y al parecer no fui el único. Mi compañero, tomó por primera vez una de las armas que poseía y la activó. Solo le escuché decir una sola palabra mientras pisaba el fluido vital que yacía en el piso: “mords”.
En nuestra lengua significa “Asesinos de arena”, son formas de vida que pueblan la superficie de Golara, una de las pocas que ha logrado adaptarse. Todo el que las ha visto de cerca, no ha sobrevivido. Cuando presté más atención, noté varias huellas sangrientas que se arrastraban hacia dentro de la nave.
Cruzamos el espantoso espectáculo y continuamos nuestro camino. Por donde las arenosas huellas no mostraban indicios de la masacre que causarían.
Luego de un giro, noté que el pasillo que se veía al fondo, estaba iluminado diferente. No era luz artificial la que lo inundaba, era la que provenía del planeta. Llegamos hasta él y un gran reguero de arena cubría el piso desde la escotilla que se encontraba abierta. El calor del planeta ya se estaba adentrando notablemente.
Tuvimos que retroceder hacia una de las cámaras y tomar trajes ambientales para poder salir. No había otra forma. Con ellos resistiríamos más horas a la intemperie, pero… ¿Adónde iríamos? No lo sabía…
Al volver al acceso, las radiantes arenas casi encandilaron mi visión. Tuve que activar el filtro para ver dónde ponía mis pies.
-Debemos llegar a aquellas elevaciones –indicó Coiruth –Tome, dispare a cualquier cosa que se mueva –agregó, mientras me extendía una de las armas.
La tomé sin saber muy bien qué hacer con ella, pero evidentemente comenzaba a ganar su confianza. O al menos eso parecía.
Comenzamos a caminar en la dirección indicada. Tras unos momentos, la arena debajo de mis pies, tomó vida y me envolvió el tobillo. Jaló de mí en dirección de vuelta hacia la nave. No había nada que yo pudiera hacer. Mis dedos se aferraban inútilmente a los granos de arena intentando detener el avance, pero era completamente inútil. Un disparo dio en la superficie junto a mi pierna y el jalón aflojó. La especie de tentáculo que me había sostenido se amputó de su dueño ante el disparo y asombrosamente se deshizo en una montaña de silicio al secarse. Retiré mi pierna de la ahora inanimada arena y me puse de pie urgente.
-¿Para qué demonios le he dado un arma? –Me increpó, giró sobre sus talones y prosiguió la marcha hacia nuestro destino sin decir otra cosa ni esperar mi respuesta.
Desde ese momento, transformé en algo así como su eco viviente. Me movía como él, pisaba donde él…
Bajo el oscuro visor del traje, parecía que todo el terreno a nuestro alrededor se movía o eso me hacía creer mi paranoia que se acrecentaba con cada minuto que transcurría.
Nuestro destino parecía cercano y a la vez inalcanzable. Mis gotas de sudor, comenzaban a hacerse más notables. Nunca me animé a ver la temperatura que marcaba el traje. En este caso, estar desinformado, me beneficiaba.
Luego de tanto caminar, mi mente comenzó a divagar. Quizás por el calor o la ansiedad, hicieron que mi mente comenzara a pensar en otra cosa que no fuera el entorno y sus habitantes. Vagas ideas y teorías invadían mis pensamientos y el silencio se hizo insoportable.
-¿Usted fue llevado a juicio? –le pregunté curioso.
-Si llama “juicio” a esa parodia que hicieron para
culparme de los incidentes contra esa nave de
Todo cerraba cada vez menos “Si ya había sido enjuiciado… ¿Por qué continuaba a bordo de la nave? ¿Por qué no fue llevado a Golara inmediatamente como es normal que hagan con otros prisioneros? ¿Por qué yo no había sido llevado a juicio? A esta altura, estaba obteniendo demasiadas preguntas pero ninguna respuesta.
-Su proceso fue en Boria Prime… -dije, esperando que mi interlocutor completara la frase y dándome otra respuesta… alguna pista…
-No… fue a bordo, en la sala holográfica –esta vez, el tono varió, se notó extrañado.
-Creo que estamos en el medio de un engaño
-Este maldito desierto no me parece ningún engaño –me ladró.
-Todo parece encajar ahora… Gollarth ha mantenido todo esto en secreto.
-No entiendo.
-¿Qué acaso no lo ve? –AL menos para mí estaba muy claro –La sala holográfica solo es usada para un litigio a bordo de una nave estelar, solo en casos de “urgencia”. Y Usted estuvo retenido y no fue llevado a la prisión como debería haber sucedido tras el cierre del caso. Además… ¿Por qué piensa que estoy yo aquí en este lugar sino es por su mismo “delito”? ¡Y mi hermano! Por si no lo sabía, sigue con vida…
No pude ver muy bien a través de su visor, pero juraría que lo ojos de Coiruth se iluminaron como lámparas.
La colina parecía estar cerca ya y un nuevo vigor pareció llenar a Coiruth. Su paso se aceleró. El sudor no solo me abarcaba a mí, sino también a mi traje. Las gotas condensadas en el visor de mi casco comenzaban a molestar mi visión y alimentaba mi paranoia. Cada movimiento de una gota deslizándose hacia abajo, era un mord que se acercaba…
Mi compañero había perdido todas las precauciones con las que había iniciado la travesía por la arena. Tal vez fuera por la breve charla, tal vez por llegar al oasis de sombra que esas grades rocas representaban o quizás porque solo nos quedaban 10 minutos de energía en los trajes, por lo que su refrigeración perdería totalmente su efecto…
Por suerte, pronto alcanzamos la sombra que tanto ansiábamos. Las enormes y áridas rocas elevadas hacia el cielo generaban un mínimo espacio de sombra inamovible a causa de la casi inalterable posición de ambos soles.
Cuando llegamos a la base propiamente dicha, un bajo y estrecho hueco llamó mi atención e inmediatamente me hinqué en la arena para examinarlo. Un frío se coló en mi traje ambiental… pero lejos estaba de ser agradable. La cavidad revelaba ante mí la amenaza de la que tanto nos preocupábamos. Miles de arenosos tentáculos se retorcían entre sí cuando contaron mi presencia, tratando de salir.
Al parecer era un nido. Mi agitado aliento no me permitía exhalar una sola palabra inteligible para advertir a Coiruth. Opté por acercarme a él, quien estaba doblado sobre sí mismo mostrando signos de cansancio también.
Cuando logré hacerme entender, ya sea gracias a mí o a que algunos ya habían logrado salir, me tomó de un brazo y de un solo aliento me dijo:
-Espero que no sepan trepar…
Las rodeamos como pudimos y nos subimos a la cara soleada de la roca. La erosión había hecho su trabajo a lo largo de los años, así que resultaba difícil asirse. Esos animales comenzaron a generar una especie de chillido y esta vez, no era mi imaginación, grandes sectores de arena comenzaron a brotar del suelo.
A cierta altura, Coiruth detuvo su marcha, congelado mirando el indicador de energía en su antebrazo. Hice lo propio y noté que solo nos quedaban unos segundos para perder la protección del traje ambiental…
Las criaturas rodeaban por completo al peñasco gigante al cual nos aferrábamos. Sus largos tentáculos golpeaban incesantemente apenas por debajo nuestro, dejando un rastro arenoso en cada golpe. Solo era cuestión de tiempo… nuestra muerte llegaría sin remedio… perderíamos el conocimiento a causa del calor y caeríamos a merced de los ya cientos de mords que nos esperaban…
La alarma de escasez de energía comenzó a sonar. Solo quedaban 10 segundos…
Mi aliento y mi sudor habían opacado al visor de mi casco. Al menos ya no tendría que ver nunca más a esos malditos seres…
La temperatura comenzó a tornarse insoportable y mientras luchaba por no perder la conciencia, un sonido particularmente conocido, me despabiló… ¡Estaba siendo transportado!
Tras mi recomposición celular, miré la sala de transportación a mí alrededor y pensé “Al menos no es una celda…” y caí desvanecido.
Cuando comencé a recuperar mi conciencia, noté que volvía a despertar en una Enfermería… ¡Otra vez! Intenté incorporarme, aún somnoliento, confundido y lamentablemente para mí, muy dolorido. Una mano se posó suavemente sobre mi hombro.
-Bienvenido –me dijo dulcemente.
Sabía que no era una nave de batalla borian. Ellas no llevaban personal femenino a bordo, e inmediatamente giré hacia mi izquierda para verla.
-¡Son’Ya! –Atiné a decir exaltado y dolorosamente quise volver a moverme.
-Si, soy yo. Discúlpame por no poder curar tus heridas por completo, pero es que no contamos con muchos recursos.
Mi pensamiento trajo rápidamente a otra persona a mi mente. Pero sin que dijera nada, ella señaló hacia mi derecha. Ahí vi a un sonriente Coiruth, rodeado por una bella mujer y tres niños (o más bien, dos niños y una niña).
-Ellos son…
-Su familia, si.
-Entonces yo tenía razón, ellos no habían sido asesinados… -solté –todo fue una farsa.
-Solo en un 50%. Su juicio existió, pero nosotros rescatamos a su familia antes que pudieran ser capturados.
-¿Ustedes? –Mi confusión solo crecía.
-Somos una especie de alianza rebelde. Gente que no esta para nada de acuerdo con el Concilio borian y como llevan a cargo las cosas. Tenemos gente en muchos puestos estratégicos. Coiruth, por ejemplo, es uno de los nuestros. Cuando nos entramos de su encierro, nos ocupamos de su familia de inmediato.
-Y de nuestra liberación…
-Si, y perdón por la tardanza, pero tuvimos que modificar los sensores para poder hallarlos y los transportadores para traerlos a bordo. Es bastante complicado atravesar la radiación que envuelve al planeta a causa de ambos soles. Nunca creímos que la nave realizaría esa loca maniobra para luego estrellarse…
-¿Cuando se organizaron?
-Hace mucho que se gestaba pero recién nos organizamos hace unos meses, cuando descubrimos a los nuevos aliados del Concilio.
Mi rostro solo reflejó desentendimiento. Esta situación ya estaba por comenzando a incomodarme, la cantidad de cosas que sucedían a mi alrededor que yo desconocía…
-Veo que ser un inteligente científico te ha convertido en una persona no muy… despierta. Las primeras incursiones al cuadrante alfa fueron secretas, tratando de conocer esa zona.
-Si, lo se. Yo fui parte de la quinta…
-No –me interrumpió ella –tu fuiste parte de la décima. Durante las primeras cinco conocieron a varias razas, entre las cuales estaban los klingons, una raza guerrera con la cual hicieron una alianza para enfrentar a otra facción, llamada: Federación Unida de Planetas.
-No lo puedo creer… -dije solamente –reía que solo queríamos expandir nuestro conocimiento a cerca de… tu sabes… nuestra enfermedad…
-Se muy bien que no fue una enfermedad o que afectó a esos soldados. Como sea –y ella chasqueó con su lengua –luego de “aliarnos” con los klingons, las misiones siguientes fueron calculadas.
-Debo informar a
-No tenemos mucho. No somos rivales para el Concilio. Saben que existimos y nos buscan. Y lo harán más aún luego de esto… Solo nos valemos de lo que podemos conseguir para que no puedan detectarnos.
-Tu sabes que lo que están haciendo esta mal –le
dije tomándola de los hombros –por eso estas aquí. Dame la posibilidad de encontrar
apoyo en
Son’Ya me miró durante un breve instante. Era como si me estuviera analizando. O tal vez analizaba sus propias ideas, no lo se. Entonces me dijo:
-A bordo tenemos un trasbordador modificado. Nos sirve cuando queremos viajar a transwarp para poder comerciar lejos de aquí sin ser detectados… Supongo que si pudimos construir este, podemos construir otro nuevo.
-¡Perfecto! –Dije mientras la abrazaba –Saldré de inmediato hacia el cuadrante Alfa.
-Pero aún te encuentras malherido.
-Si –dije casi atragantado mientras trataba de ponerme en pie –pero cuando Gollarth se entere de mi escape, me será difícil ocultarme sin exponerlos a Ustedes.
-Así fue como los abandoné y me enteré de todo lo
que les conté –dijo Gorath al tiempo que apoyaba un PAD sobre el escritorio
que tenía frente a él, del cual había estado leyendo y se quedó mirando al grupo
de representantes de
Afuera. Lo esperaba el doctor Stuart, sentado en
una de las consolas que se hallaban cerca de
Cuando las puertas de
-¿Y? –Preguntó éste escuetamente mientras caminaban hacia el turboascensor.
-Sigo opinando que los romulanos no son para nada agradables –respondió secamente Gorath –Debo agradecerle mucho, Doctor Stuart. Lo que sea que me haya dado anoche, aclaró mi memoria por completo.
-Solo le di lo que necesitaba, confianza…
-¿Y el medicamento del hipospray?
-Ah ¿Eso? Solo era un placebo…
Fin