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Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth
“Con piel de cordero” Parte III
Escrito por Intrepid/ Portada: Rafa Navarro.
Nota: Este número transcurre antes de los hechos narrados en el Star Trek Universe#6
Para cuando comenzó nuevamente la audiencia a las 1500 horas, se había agregado un integrante más. Detrás de la defensa se encontraba ahora también, el doctor Julián Bashir.
En el momento que estuvo todo listo para comenzar, Phillips dijo:
-Ya puede llamar a su primer testigo.
-Gracias, Su Señoría. Llamo al estrado al señor Kholer.
El aludido miró sorprendido a Barel, quien a su vez le devolvió la mirada con el mismo mensaje.
Cuando ya se hubo hallado en su ubicación de interrogado, Connor lanzó el cuestionario.
-Señor Kholer, según su declaración al comienzo de la audiencia, Usted estaba muy apegado a su hermana ¿No es así?
-Eso es verdad –respondió algo compungido.
-Tengo entendido que era menor que Usted ¿Podría decirse que ella era su protegida?
-Bueno… podría decirse así, si –titubeó el tagraliano.
-Según testigos que he entrevistado, Usted ha mantenido ciertas discusiones con su hermana.
-Era algo común entre nosotros –respondió el testigo con nerviosismo, como tratando de minimizar lo recién expuesto –Siempre enfrentábamos nuestros puntos de vista.
-Si, lo entiendo. Dijeron que ella era algo independiente para su… como decía ella “gusto sobre protector”.
Connor hablaba como si frente a él estuviera una multitud oyéndolo atentamente. Se tomaba pausas al finalizar cada pregunta ordenando sus pensamientos para realizar la siguiente. Esto ponía a Kholer, cada vez más nervioso.
-Sobretodo –continuó –cuando se trataba de alguna relación amorosa.
-No quería que la lastimaran, eso es todo.
-No quería que la lastimaran –repitió Sean. –Es
irónico que en pos de evitar que la lastimen, Usted la haya amenazado con matarla
durante su última discusión que mantuvieron en
Las palabras de Connor se clavaron como aguijones en Kholer, cuyo corazón pegó un salto.
Sin dejarle decir palabra alguna giró sobre sus talones y se dirigió hacia su escritorio en donde se hallaba otro PAD.
-Su Señoría, cuento con un informe del doctor Julián Bashir, quien además se encuentra en la sala y puede atestiguar, en donde él afirma haber descubierto el origen de los rastros encontrados en el cuerpo de la víctima. –El defensor ya se había acercado al estrado y le entregó su PAD al capitán Phillips –Es un virus que ataca a las células directamente en su núcleo provocando que las mismas se degraden aceleradamente. Es decir, que si no hubiera recibido el disparo del phaser, igualmente hubiera muerto horas después.
-Usted no pudo soportar la última bocanada de independencia que su hermana quiso exhalar –dijo Connor enérgico al tagraliano –cuando ella le comunicó su decisión de irse a vivir sola.
Kholer solo atinaba a negar con la cabeza mientras su boca estaba completamente abierta demostrando su asombro.
Connor fue nuevamente hasta su escritorio y tomó el último PAD que le restaba y se lo entregó a Phillips.
-Este, es el informe presentado por la teniente
Dal’ar. Muestra las partes encriptadas de la memoria de BOB. Las mismas, detallan
el registro de haber recibido una transferencia de datos mientras era transferido
de la nave a
El capitán del Stealth parecía casi exultante. Aunque trataba de mantener el tono de su voz a raya, su júbilo podía apreciarse.
-Los datos recibidos, fueron subrutinas de comportamiento que alteraron su programación original y lograron que tuviera el comportamiento demostrado en la holocubierta.
En ese mismo momento, las puertas de la corte se abrieron y mostraron al hombre que causó su apertura. Era el jefe O’Brien el que llegó al lugar e inmediatamente buscó la posición de Sean. Este ya se encontraba mirándolo con cierta ansiedad. Le había encomendado una búsqueda en secreto luego de que Dal’ar le entregara su propio informe. Desde entonces, tenía la esperanza que Miles lo consiguiera a tiempo.
Cuando sus miradas se cruzaron, el ingeniero solo balanceó la cabeza positivamente y se sentó. Era toda la respuesta que necesitaba.
-Su Señoría, no tengo más preguntas –dicho esto, miró a Barel para saber su siguiente movimiento.
-Yo tampoco tengo preguntas –dijo él tranquilamente sintiéndose aludido por la mirada.
-Entonces, –dijo casi sin esperar que el fiscal termine su frase o incluso que Kholer tuviera tiempo de salir del lugar donde atestiguaba -llamo como siguiente testigo Llamo como testigo al señor Miles O’Brien –informó Sean Connor casi sin darle tiempo a Kholer de salir.
O’Brien ocupo el lugar donde antes estaba el tagraliano y posó su mano en el escáner para su identificación. Una vez ocurrido esto, Connor inició su cuestionario.
-Señor O’Brien, como pudimos oír, usted se desempeña
como ingeniero en
-Si, Señor. Había sido borrada pero se ha podido recuperar.
-¿Estamos en condiciones de poder escucharlas?
-¡OBJECIÓN, SU SEÑORÍA! –Gritó Barel desmedido –Es un ultraje a la privacidad de la víctima.
-Su Señoría, es evidencia primordial –argumentó Connor.
-No ha lugar. Proceda, capitán.
-Computadora –ordenó el ingeniero, -reproduzca bitácora de la subteniente Gacziel, índice de tiempo 62578 marca 6.
El sonido de la orden ejecutada por la computadora precedió a una suave y dulce voz femenina. En la pantalla de la sala, apareció el rostro de una mujer tagraliana. Tenía su pelo de color rojo como las llamas del fuego, recogido en un rodete detrás de su cabeza. En su frente tenía una gran protuberancia y sus ojos eran como dos esmeraldas incrustadas en su cara escamosa y remataba en una protuberancia en su frente. Connor quedó ensimismado mirando esos hipnóticos ojos. Quizás le recordaron demasiado a otra persona ya ausente.
-“…Bitácora personal de la subteniente Gacziel; fecha estelar 53512.2. Estoy muy feliz. Kholer al fin ha aceptado el hecho de que quiera irme a vivir sola. Incluso hemos convenido en juntarnos mañana por la mañana para ir al bar de Quark…” –el sonido de la puerta anunciando a alguien resonó por su habitación interrumpiéndola. Sin detener la grabación, ella se puso de pie y se dirigió hacia la puerta. –“…¡¡Otra vez TU!! ¿Qué es lo que quieres ahora? ¿No te basta con estar acosándome y espiándome a escondidas, que ahora vienes a molestarme a mi camarote? Ya te he dicho que esto no lo toleraré más. Informaré a mis superiores para que resuelvan esta situación de una vez por todas. ¡OUCH!...” –se oyó un quejido por parte de ella –“… ¿Qué me has hecho?...”
-“…Darte mi despedida…” –respondió por primera vez su interlocutor con una voz indiferente, carente de emoción.
La última frase oída produjo en la sala un silencio sepulcral. Todos quedaron helados y boquiabiertos. El inconfundible tono de esa voz produjo que todos dejaran de mirar a Kholer para centrarse en otro objetivo: Rem Barel.
-¡Es imposible! ¡Esto es una trampa! –Exclamó el jefe de seguridad de Espacio Profundo Nueve al tiempo que se ponía de pie catapultado de su silla – ¡Miles, diles que es una equivocación, por favor!
-Señor O’Brien –se apresuró a continuar Sean -¿Qué códigos de autorización fueron utilizados para desactivar los protocolos de seguridad de la holocubierta? ¿Y los de quién para ocultar la transmisión que afectó al Señor BOB? ¿Y los de quién para ingresar ilegalmente al camarote del señor Kholer? ¿Y los que intentaron eliminar el rastro del borrado de las bitácoras?
Connor parecía una ametralladora de preguntas. Estaba decidido a no dejar espacio para las dudas. Mientras Barel miraba con un aspecto de tensa calma que parecía tenerlo anclado al piso sin saber a qué atenerse.
O’Brien tragó saliva. Miró a Rem Barel, quien había
sido compañero suyo durante casi dos años en
-Señor O’Brien, estamos esperando su respuesta –dijo el capitán Phillips, quien estaba tan ansioso por oírla como todos los demás.
Miles se aclaró la garganta y se decidió por fin a hablar.
-Todas las autorizaciones de seguridad eran del condestable Rem Barel, Jefe de Seguridad –inmediatamente miró a los ojos del bajorano y sus labios dibujaron un “lo siento”.
El rostro de Barel se desdibujó por completo. Las caras acusadoras de los presentes apuntaban hacia él. Miró sobre su hombro y miró a aquel que hasta recién era su representado. Este estaba abstraído sentado a su lado. El tiempo pareció congelarse. Hasta que en Kholer pareció desvanecerse el gesto de asombro para convertirse en furia. Una furia incontenible. Llevó su mano hasta casi la altura de su tobillo derecho y extrajo un pequeño dispositivo de la bocamanga del pantalón.
La experiencia militar del hasta ahora jefe de seguridad, le decía que lo que acababa de extraer el tagraliano de sus ropas no era un radio transmisor. Con un rápido movimiento de sus manos y el pivoteo de su cuerpo, se hizo con el arma a la vez que su ex portador era desparramado por el piso.
De un rápido vistazo al aparato corroboró sus sospechas. Era una de las armas favoritas que lo klingons sabían ocultar muy bien en su uniforme. Era un pequeño disruptor que almacenaba solo una carga, pero con la suficiente potencia como para evaporar al que recibiera el disparo.
-¡Yo no quise hacerlo! ¡Ella me obligó! –Gritó desquiciado al tiempo que apuntaba alternadamente a cada persona en la sala y retrocedía hacia la puerta. -¡Se lo merecía! Ella no tenía porque haberme abandonado. Ella nunca quiso que nadie se entere de nuestra relación. Y luego me dejó. Merecía morir. Todo habría salido bien si Usted no se hubiera metido –le gritaba ahora a Connor balanceando el pequeño disruptor peligrosamente -¡Tenía que salvar al maldito holograma! Sino, todo hubiera pasado como un maldito problema de holocámara, como los que siempre suceden. Pero no importa, ahora lo pagará –y su voz se oyó tan fría como se había oído en la grabación. Estiró el brazo que portaba el arma por completo, apuntó al Capitán del Stealth y el tiempo pareció volver a congelarse.
Una verde descarga salió disparada hacia Sean Connor surcando el aire de la sala. Una enajenada cara de éxtasis se plasmó en el rostro de Barel. El capitán del Stealth vio el verde resplandor venir hacia sí y de pronto ya no lo vio. Alguien se había colocado delante de él a la vez que eran empujados fuertemente hacia atrás por un fuerte golpe.
La luminosa descarga había impactado de lleno en la espalda de quien se había interpuesto en el camino del rayo. Increíblemente, el disparo del disruptor había rebotado en dirección a su origen. Todos vieron atónitos como el disparo impactaba en el pecho del bajorano y su cuerpo se iba desintegrando desde el punto de impacto hacia el resto de su cuerpo con un brillo verdoso hasta que el vacío ocupó su espacio.
Connor, que yacía en el piso completamente confundido, intentó ponerse en pie pero no lo lograba. El golpe que lo había tumbado fue el cuerpo de la persona que había evitado que el disruptor hiciera blanco en él. ¿Pero qué había sucedido que su salvador no se había evaporado?
Tardó solo unos segundos en percatarse que el cuerpo que aún se hallaba encima de él, estaba parpadeando y que sus esfuerzos por levantarse también eran infructuosos.
Varios brazos se tendieron con dos direcciones. Unos ayudaron al fluctuante cuerpo de BOB y los otros al capitán Connor. Este último volteó inmediatamente para ver a su protector y notó que su espalda había desaparecido. Pudo entonces contemplar como un enorme vacío llenaba el cuerpo de BOB.
Así y todo, BOB, solo se preocupó por la salud de su capitán, preguntándoselo a Ike, que era quien lo ayudó a sentarse porque no podía mantenerse en pie.
-Has hecho un gran trabajo –le dijo Takeshi –pero tu matriz esta muy inestable y debo apagarte temporalmente para que no te perdamos.
El holograma solo asintió con la cabeza y desapareció tras la orden de Ike a la computadora para que apagara el programa.
Connor prácticamente lanzó a Bashir cuando vio desvanecerse a BOB para ir en dirección del Jefe.
-¿Qué le sucedió? –Fue la escueta pregunta del capitán que se tomaba la parte posterior de su cabeza con gesto de dolor.
-Su matriz esta inestable –dijo Takeshi presuroso –debo conectarlo inmediatamente a la consola que tengo en mi camarote para resguardar su programa o lo perderemos.
Connor giró bruscamente su cuello en busca de Phillips, hecho que causó que apretara más la mano en su nuca. Este, completamente atento al diálogo y como si hubiera leído su mente, sentenció:
-Ante los hechos ocurridos, debo sobreseer al acusado y ponerlo en libertad.
Ike no necesitó más palabras. Desconectó el cubo de memoria que contenía al holograma, solicitó un transporte de emergencia directo a su habitación y desapareció desmaterializado por el rayo transportador.
El capitán Phillips se disculpó, tomó del hombro a Kholer quien aún parecía no haber salido de su estado de shock y lo guió hacia la salida para explicarle los pasos a seguir.
Por su parte, Sean Connor, se vio nuevamente rodeado por los presentes restantes. Miles O’Brien y Julián Bashir. Sobretodo, acosado por este último que estaba empecinado en revisarlo. Recomendó incluso que fueran hasta la enfermería para poder hacerle otros estudios más profundos. Así fue como salieron caminando de la sala con ese destino.
La curiosidad pudo más que el asombro y el jefe O’Brien rompió el silencio.
-Perdón, capitán –dijo, tratando de atraer su atención –me preguntaba… ¿Cómo supo que había sido Barel?
Connor consideró la pregunta durante unos segundos. Pero al fin y al cabo, lo sucedido no era un secreto profesional que debiera ser celosamente guardado. Además, le serviría para aflojar las tensiones vividas.
-Lo supe en cuanto mi jefe de ingenieros, la teniente Dal’ar desencriptó la memoria de BOB y me trajo su informe durante la audiencia.
Sean se dio el lujo, una vez que todo ya había terminado, para reír en sus pensamientos recordando la cara del capitán Phillips cuando ella entró en la sala.
-¿La romulana? –Preguntó O’Brien con una mezcla de asombro y escepticismo, extrayendo al capitán del Stealth de su mundo mental.
-Si, ella misma –respondió tajante el capitán, a quien le pareció inapropiado referirse a ella de esa manera. Supuso que su buen desempeño del día, había ganado algo de su respeto. –La teniente Dal’ar logró en pocas horas lo que un experto en hologramas no logró en dos días. Encontró la punta del ovillo en medio de una maraña de información. En las subrutinas que le fueron implantadas a BOB durante su transferencia, estaban incluidos los códigos de autorización para desactivar los protocolos de seguridad de la holosuite. No lo podía creer cuando vi de quien eran esos códigos.
-Pero entonces ¿Por qué acusar a Kholer de asesinar a su propia hermana? ¿Por qué en ese momento no acusar a Rem?
-Porque aún faltaban pruebas y un motivo.
-BOB no tenía motivo.
-No, pero se lo intentó atribuir a un mal funcionamiento.
Sin embargo, todavía me faltaban piezas para completar el rompecabezas. Durante
el breve receso, fui al bar de
Connor hizo una breve pausa para reordenar sus pensamientos. Los últimos días habían sido muy tensos y el hablar con dos oficiales que no fueran de su tripulación, realmente le estaba ayudando a relajarse. Tomó una gran bocanada de aire y continuó.
-Cuando Usted –le dijo a Bashir –me confirmó que ella había sido infectada con un virus previamente a su muerte, debía averiguar cómo Barel había conseguido un virus tan raro. Para estos momentos, la “punta del ovillo” era demasiado clara. Fue cuando lo contacté a Usted –le dijo entonces al jefe O’Brien. –Supuse que la arrogancia y la confianza que Rem tenía en su plan, le jugaría en su contra y Usted me lo confirmó con su muy buen trabajo al encontrar todo lo que se había perdido de las bitácoras y qué códigos de autorización se habían utilizado para que esto ocurra.
-En realidad… yo no hice mucho –dijo humildemente Miles –fue como si todo hubiera surgido solo delante de mí.
-No sea modesto. De regreso al bar, para tratar de almorzar, oí una conversación en donde decían que cualquier cosa que se necesite, el ferengi del bar lo podía conseguir. Hablé con el cantinero y luego de convencerlo de que hable o haría clausurar el lugar por interferir con la justicia, accedió a hablar (no sin antes despotricar contra mis métodos de persuasión y decir que esto era un chantaje) y contarme que le había preguntado a él como conseguir un virus con ciertas características, pero que el no traficaba esas “Puedo ser muchas cosas”, me dijo el ferengi, “Pero soy un comerciante y no me dedico a matar personas. Además, un cliente muerto no trae ganancias”, agregó. Pero que si lo había estado viendo entrevistarse con un mismo hombre durante toda la semana previa a la muerte de la subteniente.
-El tiempo finalmente se agotó y tuve que volver a la sala para continuar con la audiencia. Cómo todavía no tenía evidencias para enfrentar a Rem Barel, decidí obviar algunas pruebas temporalmente y usar lo que si tenía como para no despertar sospechas en él y así ganar tiempo.
El silencio cayó sobre los tres mientras continuaban
caminando por los corredores de
-Nunca creía que Barel fuera a reaccionar así –comentó reflexivo O’Brien.
-Es cierto –apoyó Bashir –no había llegado a conocerlo en profundidad. Siempre fue muy cerrado. Casi peor que Worf –exclamó.
-Si. Hasta peor que Odo. Sin embargo, parece que el amor lo trastornó.
Connor se mantuvo callado durante el breve diálogo que mantuvieron ambos amigos. De pronto, una leve puntada en su cabeza, le recordó el grave estado de BOB.
-Señores, debo abandonarlos. Necesito saber el estado de un miembro de mi tripulación –exclamó algo urgido.
Julián Bashir estuvo a punto de acotar algo y Connor, como leyéndole el pensamiento, agregó.
-Lo juro solemnemente. En cuanto pueda, iré a la enfermería del Stealth y me haré revisar por el doctor Stuart.
-Me parece muy bien, capitán –dijo Julián algo suspicaz –pero yo en realidad solo iba a decirle, que esperaba que BOB tuviera una recuperación funcional satisfactoria.
-Gracias –dijo Connor y procedió a abandonar el lugar con rumbo a su nave.
* Bitácora del Capitán. Suplemento. La matriz holográfica
de BOB ha sido recuperada en un 97%. Solo se han perdido sus registros de la
última semana. No tiene recuerdos de haber visitado
La señal sonora de la puerta anunció que alguien deseaba ingresar en su despacho.
-Adelante –solicitó Connor y la puerta abrió con un silbido.
La teniente Dal’ar entró y se frenó delante del escritorio del capitán en posición firme. La relación entre ambos no era la mejor, pero Connor tuvo que reconocer las dotes técnicas de la romulana y decidió intentar limar asperezas. Se puso de pie manteniéndose detrás del mueble.
-Teniente, puede descansar. La he llamado para felicitarla –dijo el capitán con tono solemne al tiempo que extendía su mano hacia ella para estrechar la suya.
Ella miró extrañada el gesto de Connor y se percató de qué se trataba. Estaba saludándola. Parcamente extendió la suya y para su sorpresa, tomó su mano y no su antebrazo como lo hacen los klingons.
-Sólo he cumplido con mi trabajo, Señor –dijo ella manteniendo la misma parquedad.
-No sea modesta. Teniente. Ha logrado en un par de horas lo que un experto en hologramas no pudo en días.
-Sinceramente, capitán. La tarea era bastante difícil. Los algoritmos de encriptación eran muy sofisticados. Jamás había visto algo así. Pero de repente… -ella hizo una pausa, lo que estaba por decir hería lo más profundo de su orgullo. –Todo se volvió muy claro. Fue como si todo hubiera surgido solo delante de mí. Como si los algoritmos hubieran cambiado por si solos.
-Fue como si todo hubiera surgido solo delante de
mí –repitió Connor. Esto parecía el eco de la frase dicha por O’Brien en
Rápidamente Connor salió disparado hacia el Puente y detrás, completamente desconcertada, lo siguió Dal’ar.
-Abra un canal a
En la pantalla principal apareció la imagen de una mujer. Era la coronel Kira Nerys quien estaba en primer plano.
-Si, capitán ¿Qué necesita?
-¿Se encuentra el señor Kholer aún abordo de
Kira ordenó con la mirada al ocupante de OPS que verificara la petición del capitán.
-Según nuestros registros, ha abandonado la estación hace unos 40 minutos –fue lo que se oyó desde dicho puesto.
-Muchas gracias, coronel. Solo era un presentimiento.
En ese momento, fuera del espacio bajorano, una pequeña nave salía de Warp.
-Llegamos a las coordenadas –dijo Kholer en voz más que alta dentro de la solitaria cabina de mando.
Se estiró en su asiento como sacándose la pereza. Ya relajado, comenzó a trabajar sobre una consola que tenía a su izquierda.
-¡Oye! Debo reconocer que al final tuviste suerte. Tomaron la degradación celular de la clonación como un virus.
-Eso, no fue suerte –dijo una fría voz femenina desde el fondo de la cabina. –Ya contaba que fuera así. Por eso es que nuestro común amigo se hizo pasar por un mercader y le entregó el falso virus a Barel. Además, tengo demasiadas alteraciones genéticas como para que un clon mío no sufra una degradación celular a gran escala. Las necesito para que no puedan rastrearme de ninguna forma.
-¿Demasiadas alteraciones genéticas? –Repitió Kholer confundido mientras continuó con su labor. –A propósito ¿Estas segura que estas son las coordenadas? –Preguntó mientras revisaba las lecturas de los sensores –No encuentro ninguna nave, ni rastros de alguna en todo el sector.
-No te preocupes. El ya debe estar aquí, solo que no puedes encontrarlo. Sabe ocultarse muy bien al igual que a su rastro…
La mujer que había hablado ingresó a la cabina por detrás del tagraliano. Este se volteó y la vio. Era una mujer humana, curvilíneamente muy bien formada. Vestía un traje negro muy ajustado al cuerpo que realzaba aún mucho más su figura. Tenía una cabellera pelirroja y ondulada. La que llevaba suelta y caía más allá de sus hombros. Sus ojos, verdes como esmeraldas, miraban directamente a Kholer quien la miraba absorto.
Pero lo que realmente lo había dejado en este estado, no era su belleza, sino el arma que sostenía en su mano apuntándolo directamente.
-Pero…
Fue lo último que dijo Kholer. El disparo del phaser que ella sostenía, impactó de pleno en su pecho y lo lanzó sobre la consola de pilotaje que se hallaba a sus espaldas.
-Lo siento Kholer –dijo ella fríamente –pero
Dicho esto, un rayo transportador la envolvió y la trasportó fuera de allí. Solo un intermitente sonido interrumpía el lúgubre silencio. Y luego, la nave se esparció en millones de pedazos tras una brillante y gigantesca explosión.
¿Fin?