la Federación ha diseñado una nueva nave estelar, mejorando sus armas y velocidad, WARP 9.985 con núcleo ecológico para no dañar el subespacio. Este nuevo prototipo surcará el espacio en busca de nuevas razas y mundos para expandir el conocimiento humano más allá de donde ya lo hemos hecho.” Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Stealth
Misión: DeLorean
Escrito por Intrepid.
En el puente del Stealth, el punto luminiscente en el tablero de T'Jor que representaba al trasbordador, desapareció.
-Capitán, el grupo de exploración ha desaparecido –informó T’Jor con un dejo de alarma en su tono de voz.
-¿Qué sucedió? –Respondió Connor de inmediato con un gesto de duda y a la vez disimulando su preocupación para mantener la compostura.
-Aún no lo se. Cuando entraron en la atmósfera baja del planeta evitaron la tormenta, pero esta cambió su curso y los atrapó.
-Intente comunicarse nuevamente con la base y avise al Jefe Ike que se reporte en el puente. En cuanto llegue, quiero ver a ambos en mi despacho.
* Bitácora del primer oficial de ingeniería; fecha estelar: 53504.1. Desde la activación de la holomatriz que me envió el dr. Bashir, BOB ha cambiado su comportamiento. Lejos de mejorar su interfaz, se ha comportado como si fuera “superior a los demás”; si bien, en ciertos aspectos lo es, no lo programé con ese comportamiento. Pero he debido dejar el diagnóstico de sus subrutinas para más adelante, ya que el capitán me ha puesto al corriente de la situación del grupo de exploración y que el objetivo principal es lograr que las comunicaciones puedan atravesar la tormenta, que es a lo que me he dedicado de lleno.
Las frondosas copas de los árboles que se entrelazaban entre sí, proyectaban amplias y frescas sombras sobre el verde suelo del planeta. El cielo quedaba oculto por el grueso follaje dejando pasar tenues rayos de luz solar. Entre los silvestres sonidos del bosque, se oían los golpes que resonaban en las mejillas de Dal'ar.
Poco a poco, los ojos de la romulana comenzaron a abrirse. Conforme se fueron abriendo, recuperaba la conciencia y al sentir los golpes en su cara, el nerviosismo acumulado en la última hora pasada hizo explosión contra la persona que la golpeaba.
El ruido seco de un cuerpo contra el piso, denotó que quien la cacheteaba, había caído producto del puñetazo propinado en el pecho por ella misma.
-Creo que fui lenta para separarme de usted cuando noté que volvía en sí -se apresuró a decir Lara en su defensa al notar que a la Teniente no apreció el método utilizado por ella para despertarla.
-¿Qué sucedió? -Preguntó a la alférez con tono de interrogatorio mientras se ponía en pie. -¿Dónde están los demás?
-Yo me encuentro bien, gracias -murmuró con sarcasmo mientras se ponía en pie y se sacudía el polvo del uniforme. -Al parecer la transportación de emergencia no ha tenido buenos resultados. Desperté a varios metros de aquí, sola. Comencé a caminar sin rumbo buscándola a usted y a los demás. Por suerte pude dar con usted rápidamente. La encontré desmayada aquí y el resto de la historia ya la conoce.
-¿Y su tricorder? -Su voz aún contenía un tono inquisitivo que aparentaba más, estar llevando a cabo un interrogatorio romulano, que una conversación.
-No funciona correctamente –respondió
pasando por alto el tono de voz utilizado por
La romulana tensó sus labios y entornó sus ojos formando un gesto de suspicacia, como no creyendo del todo lo que decía Lara. Su raza no se caracterizaba por creer todo lo que les decían.
-Pues realmente ha tenido suerte de encontrarme en el medio de este bosque.
-Deberíamos buscar a los demás y proseguir hacia la base.
Lara intentaba disimular su apuro, ya que a diferencia de lo que sintió para hallarla a ella, esta vez sentía que Jarek se encontraba “mal” (no encontraba otra palabra para describirlo), por lo que deseaba llegara él lo más rápido posible.
Tomó un rumbo y sostuvo el tricorder a la altura necesaria para mirarlo de vez en cuando para poder disimular que era lo que utilizaba para guiarse hacia el Comandante.
-¡Sígame! Creo que por aquí detecto algo –mintió Lara.
Dal’ar se encaminó hacia ella procurando seguirla velozmente ya que Lara daba grandes zancadas para acelerar su paso y así acortar el tiempo para encontrarlo.
Lara comenzó a gritar el nombre del vulcano en busca de un punto de referencia más exacto que el genérico proporcionado por su empatía. Salieron del frondoso bosque llegando a un claro, el cual presentaba una imagen desconcertante.
Una gran grieta en la tierra seccionaba
el claro en dos, era como si una inmensa hacha hubiera dado justo allí con gran
fuerza creando un surco de unos cien metros de largo por cinco de ancho y con
un fondo incierto. El presentimiento de Lara se acrecentó exponencialmente en
cuanto descubrió
Al llegar al borde, miraron hacia abajo y vieron a Jarek que yacía sobre un flojo terrón en una de las paredes de la grieta, golpeado. Al caer su pierna izquierda se había quebrado y no podía levantarse para salir de ese lugar. Afortunadamente el terrón no estaba hondo. Así, las dos se descolgaron hasta donde Jarek se encontraba y haciendo grandes esfuerzos lograron sacarlo, no sin evitar que ahogara gritos de dolor por la fractura de tibia que ahora lograban ver claramente. Purgar las emociones era una cosa, ignorar el dolor era algo muy diferente.
-¿Cómo se encuentra comandante? -Le preguntó Lara en cuanto lo depositaron contra el tronco de un árbol.
-Sólo me molesta la fractura de la pierna....
Hizo una breve pausa, durante la cual paseó su mirada por los alrededores, como si buscara algo, hasta que preguntó.
-¿Dónde esta el Señor Morak?
La romulana optó por quedarse en silencio a un lado, apoyada en otro árbol a la derecha de Jarek.
-Aún no lo se señor –respondió Lara.
Estaba siendo completamente sincera, ya que ni siquiera en forma empática sentía la presencia del klingon por ningún lado. Su empatía no era muy fuerte, solo podía percibir sensaciones o emociones a una corta distancia.
-Es lógico conjeturar que si nosotros hemos sobrevivido, el ha tenido las mismas oportunidades que nosotros.
Comentó seriamente mirando hacia los árboles que se hallaban del otro lado del espacio abierto, luego volvió la vista hacia Lara.
A su derecha, Dal’ar, que los miraba despectivamente desde el tronco en el que se encontraba apoyada, cambió la expresión de su cara, como deseando que las palabras que decía Jarek en ese momento, fueran erróneas.
-¿Qué fue lo que le sucedió a usted?
-Luego de ser transportado aquí, un temblor provocó que esta hendidura se formara bajo mis pies sin darme tiempo de reacción.
Al querer acomodarse en su sitio, el Vulcano expresó levemente un gesto de dolor causado por su fractura. Solamente pudieron hacer un entablillado con unas ramas de árboles y una especie de enredadera, que resultó bastante eficaz por ser resistente (o al menos de eso se dieron cuenta cuando intentaron cortarla).
-Esta oscureciendo. Debemos quedarnos aquí hasta mañana para después iniciar la caminata hasta la base –sugirió Jarek.
-¿No vamos a intentar buscar al teniente comandante Morak? -Quiso saber la joven alférez.
-No tenemos los recursos como para iniciar su búsqueda. Su tricorder no encuentra su señal y el estado de mi pierna solo será un impedimento.
Ninguna de las mujeres bajo su mando tuvo un comentario en contra de lo dicho por el dolorido vulcano.
El cielo estaba tomando un color morado del lado opuesto al crepúsculo. Muy pronto la noche vino sobre ellos y por suerte el clima era tan cálido como lo había sido el día. Ahora, con la ausencia de luz y estando en el borde del claro, podía verse netamente la bóveda celeste. Casi no había rastros de la tormenta, salvo por un grupo delgado de descuidadas nubes que se veían sobre ellos.
El alba llegó más temprano de lo que ellos hubieran deseado. Las alargadas sombras se dibujaban sobre el llano cuando se fueron despertando.
-He cambiado de opinión -dijo de pronto Jarek, cuando el sueño ya había abandonado sus rostros. -He decidido enviarla a Usted a buscar al Señor Morak –y al pronunciar estas palabras dirigió su mirada hacia Dal'ar.
Cuando la romulana pensó en objetar la orden de su superior, recordó la respuesta que recibió por parte del capitán la última vez y optó por callar, acatando la orden recibida.
-Si señor -dijo masticando la respuesta.
Procuraron orientarse calculando el curso que habían tomado luego de ingresar a la atmósfera y llegaron al acuerdo (no sin antes cruzar seriamente sus puntos de vista) de que la dirección que había que tomar, era hacia donde se agrupaban mayormente las extrañas nubes que cambiaban de forma constantemente y que cubrían el cielo como una fina sábana permitiendo que la luz pase a través de ellas. La base debía estar a unos quince kilómetros aproximadamente de su posición actual.
Entre ambas mujeres tuvieron que ayudar a Jarek a pararse y pasando su brazo por el hombro de Lara para sostenerse, recargó el peso de su cuerpo en su pierna sana.
Dal’ar, sin ocultar el enojo en la expresión de su cara, tomó el tricorder de Lara (quien dudo seriamente en entregárselo, ya que no sabía si realmente lo había reprogramado bien) e inició su búsqueda desandando los pasos que habían hecho junto con Lara. Pensó en primera instancia en desaparecer de la vista de los otros dos y comenzar a dirigirse hacia la base ella también por una ruta paralela para dar por muerto al insoportable klingon. Total, con algo de suerte, Morak podría haber corrido la misma suerte que Jarek y en este momento estaría tirado en el fondo de una grieta, en la cual moriría. Pero este último pensamiento la animó a buscarlo realmente, pues verlo muerto, o mejor aún, revolcándose de dolor, hacía que su mente se regocije.
En tanto que Lara se esforzaba por no flaquear ante el peso del cuerpo de Jarek recargado en ella.
-Estas nubes se parecen más a un enjambre que a otra cosa.
Comentó Lara entre jadeos señalando hacia el grupo nublado que utilizaban como brújula, luego de unos treinta minutos de caminata y ante el silencio reinante que solo se cortaba de tanto en tanto por un hondo suspiro del Vulcano, que demostraba, que aunque no quisiera hacerlo, sentía dolor.
Jarek alzó la vista y si bien no hizo ningún comentario al respecto, tuvo la impresión de que la Alférez no estaba tan equivocada en su apreciación. Las nubes mostraban un comportamiento errático, el movimiento de éstas no era homogéneo, sino más bien, daba la impresión de que no eran movidas por el viento sino que por el contrario, lo hacían por sí mismas.
En el Stealth, los intentos de Ike por encontrar la forma de penetrar la barrera que conformaba la tormenta, eran totalmente infructuosos. Tanto como se lo proponía, fracasaba. Habían pasado ya más de doce horas, en las cuales tenía toda la presión del capitán y sumada a ésta, el doctor mostraba signos de desesperación. Su comunicador había llamado rigurosamente cada veinte minutos, durante las últimas dos horas, repicando la pregunta por parte del galeno pidiendo novedades.
Decidido a resolverlo, notó casi por casualidad el extraño comportamiento del fenómeno al igual que lo había hecho Dawson. Optó entonces llevar a cabo análisis más puntuales sobre la tormenta y encontró algo fascinante.
En la enfermería, la escena era impactante. Todos los elementos que alguna vez se encontraron sobre el escritorio, ahora se hallaban regados por el piso y en su lugar, en el centro del mismo, había una fotografía de Lara y el doctor. En ella ambos aparecían felizmente abrazados y sonriendo a todo aquel que los viera. En contrapartida, sentado frente a la foto, se encontraba la silueta de un hombre, sentado y con su cabeza entre las manos. La cual levantaba de vez en cuando para contemplar la imagen y luego volvía a ahogarse en sus recuerdos. Estaba visiblemente demacrado, con la barba crecida de un día y sus ojos mostraban sendas ojeras. Luego de ponerse súbitamente en pie y haber caminado por todo el lugar, revisando todos los diagnósticos que había tenido pendiente, por octava vez. Se obligó a ir al Nexus a despejarse. El ingreso al bar, para su agrado, pasó desapercibido. No deseaba que nadie se le acercara con cara de “Pobre, debes estar sufriendo mucho”. Encaró la barra y se sentó. Al ver que el barman no aparecía, se decidió por llamarlo.
-¡Eh! BOB -dijo en un tono más alto de lo normal.
El holograma se apareció frente a él con cara de pocos amigos.
-¿Si? -Preguntó despectivamente BOB mirando al humano.
-Whisky doble… y déjame la botella -respondió el galeno de mal humor.
-¿Sólo para eso me molesta? Para eso están los replicadores -Le espetó, sin disimular el gesto de fastidio en su rostro.
Stuart se paro, tomó a BOB por el frente de su uniforme, se detuvo a escasos tres centímetros de su nariz y dijo con una voz amenazadoramente tranquila -no estoy de humor para soportarte ¿De acuerdo?
La imagen de BOB parpadeó haciéndose intangible para liberarse de las manos de Stuart.
-Lo siento si lo he ofendido doctor -dijo BOB cambiando notablemente su rostro y colocó la botella de bebida sobre la barra que tomó de un estante detrás de sí. -Lo noto muy alterado. Le recomiendo que pase por la holocubierta del nivel 3. Allí hay corriendo un programa que estará acorde a sus necesidades.
El médico en jefe optó solamente por mirarlo y dirigirse hacia la salida, abandonando al barman y a la botella en la barra.
El esfuerzo de la caminata había desgastado la energía de Jarek y Lara. La pierna herida del Primer Oficial provocaba que el paso fuera lento, por lo que la distancia recorrida no fue mucha. Entonces decidieron detenerse a la media sombra de los árboles viendo como los nubarrones se arremolinaban nuevamente. Jarek volvió la vista hacia Lara y vio como ésta clavaba fijamente la mirada en el fenómeno como cuando estuvo en la nave.
Dal'ar, por otro lado, comenzó a perder el entusiasmo en su búsqueda cuando todo comenzó a temblar. Rápidamente comenzó a correr en dirección a un claro que se hallaba a su derecha. Tras esquivar la caída de un gran árbol, llegó al claro y mirando al cielo, notó como las nubes, girando, comenzaron a descender. Sin darse cuenta, la tierra bajo sus pies empezó a aflojarse y en un parpadeo, una gran rajadura se abrió debajo de ella.
Abruptamente se deslizó hacia el hueco, no sin antes aferrarse al borde del incipiente precipicio. Su brazo izquierdo impacta de lleno con el saliente de una roca, dejándola colgada de una mano. Resignada al aflojarse el terruño al que estaba asida, enfrentándola con una caída de por lo menos veinte metros y sabiendo que su brazo izquierdo sólo le resultaba útil para sentir un candente dolor. Se dejó caer y todo se volvió negro.
Cuando volvió a abrir los ojos, todo se veía borroso. Notó figuras a su alrededor. Cuando pudo abrir los ojos por completo, se sorprendió al ver al capitán y al doctor (aún demacrado pero impecable) parados a su lado. Se hallaba acostada en una de las biocamas de la enfermería y una más allá, estaba Jarek sentado, ya liberado del entablillado de su pierna y recuperado, a juzgar por como podía ya moverla.
-Capitán –dijo Dal’ar, queriéndose incorporar y siendo frenada en su intento por el doctor.
-Descanse teniente. Ha sufrido un par de lesiones pero el doctor Stuart ya las ha curado.
-Pero… ¿Qué fue lo que sucedió? -Murmuró Dal’ar balbuceante -Sólo recuerdo el temblor… Yo estaba aferrada al borde…
-No se esfuerce. -Interrumpió Sean Connor serenamente -El señor Morak la vio justo a tiempo cuando usted perdía sus fuerzas y la sacó de ahí a tiempo.
La cara de la romulana pasó del asombro al desprecio. No podía ser, había sido salvada por él. Por un instante hubiera deseado morir en el fondo de esa grieta o ser torturada hasta la muerte antes de deberle la vida a un sucio klingon.
-Por otro lado –agregó el capitán -el señor Ike descubrió que la tormenta no era tal, sino que era un enjambre de formas de vida cristalinas. Las mismas se alimentan de energía, lo que produjo que el solo ingreso del trasbordador a la atmósfera, provocara que lo atacaran de inmediato para alimentarse.
-Perdón capitán interrumpió Jarek, quien había permanecido en silencio, casi pasando desapercibido -¿Cómo es que no se supo de esta especie con anterioridad?
-Aparentemente, según nos han contado los científicos de la base, esta especie se encontraba “hibernando” en las capas inferiores del planeta y cuando comenzaron las excavaciones en el planeta para estudiarlo, lentamente fueron “despertando”.
-Evidentemente no fueron detectados con anterioridad porque los sensores no podían detectarlos y este fue el mismo motivo por el que no hemos podido comunicarnos a través de ellos.
-Esa es una muy buena teoría Número
Uno y además, correcta. Cuando el señor Ike descubrió que eran el producto de
nuestra incomunicación y cuál es su alimento, dirigió un rayo de energía hacia
Dal’ar, que aún estaba absorta y ensimismada, parecía no haber prestado atención a nada de lo que ocurría. Solo repetía entre dientes –“¿Por qué tuvo que ser él…? ¿Por qué?”. Que aparentemente solo fue escuchada por el galeno.
-Descanse Teniente, después podrá agradecerle -dijo sarcásticamente Stuart mientras le inyectaba un tranquilizante con un hipospray. -Capitán… Comandante… -Interrumpió la conversación de ambos haciendo una breve pausa para llamar su atención. -Mi paciente debe descansar. Señor Jarek, por lo visto su pierna se ha recuperado -comentó al ver como éste se ponía de pie. -Voy a darle el alta, pero si siente alguna molestia venga a verme.
-Descuide doctor, ya nos vamos. -Y dirigiéndose hacia la puerta acompañado por el vulcano, se frena y girando sobre sus talones para encarar a Stuart, agrega. -Es bueno verlo más tranquilo.
El doctor habiendo advertido que el capitán supo de su comportamiento, murmuró -Capitán… Yo…
-Descuide, la situación ha sido comprensible y por esta vez no entrará en el informe.
-Le agradezco capitán.
Dicho esto, Connor vuelve a girar y junto con Jarek abandonan la enfermería.
Tiempo después, ya en sus habitaciones, tanto Lara como Jonathan, el doctor, se cambiaban para acostarse.
-Cuando tenga un tiempo libre, creo que seguiré el consejo de BOB. Según él, en la holocubierta del nivel tres hay un muy buen programa para distenderse.
-Eso sería una muy buena idea. Luego del día de hoy, necesito algo para aliviar mi cabeza -contestó mientras peinaba su cabello frente al espejo y, a la vez, era observada por su esposo.
-Ahora puedo asegurarte algo -dijo seriamente el doctor, haciendo una pausa de unos segundos que atrajo hacia sí la mirada de su mujer -“Corazonada” no es un término médico, pero al menos no estuve equivocado.
Lara, a pesar de su cansancio, ríe y lo abraza. Logrando así poder concretar el beso mal logrado de la última vez.
Próximo Número: El Encanto de la Serpiente.