“Únete al capitán Jonathan Archer
y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise
Un Sol Olvidado Parte 7: EN ALGÚN LUGAR DEL PASADO…
Escrito por Sikileia
Esta saga esta situada durante la 4 temporada de la serie de TV
Anteriormente: Tucker y Sato están ya
a salvo en su nave y han completado con éxito su misión en
En la superficie de Baten Kaitos III, parte de una batalla se había ganado, aunque ahora se necesitaba ganar la guerra. Archer intuía que al usar el comunicador las fuerzas de Orión y de Nausicaa podrían sacar ventaja de ello. Mientras podía, aprovechaba las escasas horas de tranquilidad para tomar un sueño reparador lo mismo que el resto de los humanos de la expedición. Ninguno de los terrestres había dormido más de dos horas completas desde la reanudación de los ataques indiscriminados contra la pirámide. Y eso comenzaba a hacer mella en los defensores. Había pues que recuperar fuerzas.
Los andorianos con Tholos y Talas al frente, acostumbrados tanto a trabajar de noche como de día, se encargaron de hacer guardia por las entradas potencialmente accesibles para sus enemigos.
Y mientras, T’Pol, volvió de nuevo a una época y a un espacio perdidos en la historia de Baten Kaitos III.
Las nubes comenzaban a disiparse en el horizonte cuando las primeras brumas de la mañana inundaron el Valle de las Pirámides. Entonces la selva estaba alejada de las zonas urbanas y el suelo que cubría las calles era de un mármol blanco como la luz de las estrellas. T’Pol caminaba desapercibida para el resto de los transeúntes.
Vio que todos ellos eran andorianos y aenar [1] . Sus vestiduras eran
amplias túnicas blancas o telas de colores terrosos. T’Pol se percató que estaba
en una época que más o menos se correspondería con el siglo IX de
Miró al cielo, estaba surcado por naves de un diseño mucho más antiguo que la nave Kumari de Shran, que iban y venían dejando estelas.
Continuó caminando unos metros cuando vio una gran multitud apostada en una especie de pista de aterrizaje. Una especie de carguero comenzó a descender en vertical lentamente mientras un humo salía de las toberas y se estrellaba contra el pavimento. La curiosidad de T’Pol hizo que se acercara a ver qué pasaba.
El humo de pronto dejó de salir por las toberas de la nave y una especie de escalerilla se abrió de lo que sería el vientre del carguero.
Los
primeros en bajar fueron dos andorianos fuertemente armados hasta el final de
la escalerilla. Ambos se quedaron haciendo guardia mientras blandían sus armas
y miraban de manera despectiva a la multitud.
Entonces escoltados por otro andoriano armado, allí los vio: Cinco o seis vulcanianos con blancas túnicas bajaban maniatados en fila india. La expresión inmutable de la cara de T’Pol se transformó en asombro y se acercó más a ver en detalle quiénes eran. Se dio cuenta que sus caras estaban todas magulladas, con heridas y que parte de sus vestiduras estaban rasgadas y manchadas de verde, la sangre vulcaniana a base de cobre. Un último vulcaniano, que parecía ser el más joven iba solo llevando entre sus manos una especie de arca kátrica sobre el que habían grabados símbolos curvilíneos. Otros dos andorianos armados iban cerrando aquella comitiva de prisioneros.
La multitud de curiosos se abrió en abanico y los prisioneros y sus captores cruzaron a través de ella. Cuando pasaron de largo, la multitud volvió a compactarse y siguió a la comitiva hasta una gran pirámide que destacaba por su altura y por lo trabajado de su construcción.
Se oyó un gong. Del interior de ella un viejo andoriano apoyado en un bastón ritual, envuelto en su manto blanco y con una cinta de oro anudada a la cabeza descendió solemnemente las escalinatas de la pirámide y se situó frente a frente del que parecía ser el líder o capitán andoriano del carguero espacial.
-¿Qué te trae por aquí, Thesaan hijo de Thakann?
-Ofrecer a los dioses de nuestro pueblo como tributo la vida de estos enemigos y su piedra maldita.
-De acuerdo, llevadlos al interior de nuestro templo y preparadlos para el sacrificio. Los dioses apreciarán mucho tu sacrificio.
-Gracias,
Una voz joven inesperadamente interrumpió la orden dada por el sumo sacerdote. Un joven vestido ricamente aenar montado sobre un zabathu enjaezado se abrió paso entre la gente hasta llegar a la altura del Sumo Sacerdote.
-Los dioses no aceptarán este tributo de sangre, Gran Sacerdote.
-¿Quién te crees que eres como para poner en duda mi autoridad, joven?
- Soy B’Thikal hijo del rey de Fesoan [2] . En nuestro mundo natal ya hace dos años que no se sacrifican prisioneros.
-Aquí estamos en B’Taa’S’Lek, el Hogar-Nido del Ave Kh’lass, ¿o no lo recuerdas, joven B’Thikal? Los dioses necesitan la sangre de esta gente como savia para regenerar esta tierra sagrada. ¡Y ahora vete!
-Este es un planeta fértil de por sí, no la morada de ningún dios.
-¡Libéralos, Gran Sacerdote! ¡Y deja que vuelvan a su mundo! Creo que la piedra maldita es botín más que suficiente para que el ansia de los dioses esté pagada.
-¡Sacrílego, sacrílego! –comenzó la gente a increpar al joven príncipe.
-¿Sabes qué te estas diciendo, B’Thikal? Lo lamentarás. –Le amenazó el piadoso hombre.
-Sí. Y lo asumo.
Entonces uno de los andorianos que acompañaba a Thesaan disparó su arma contra el joven aenar que cayó de espaldas desde el lomo de su zabathu.
-Bien hecho, mercenario, los dioses sabrán recompensarte. La apostasía debe ser exterminada de este mundo puro.
-Gracias, Gran Sacerdote. –dijo el andoriano armado mientras hacía una reverencia al religioso.-Y llevaros a este hereje con el resto de prisioneros. Mañana al alba los sacrificaremos a todos juntos como ofrenda.
Pasaron las horas en el interior de una lóbrega mazmorra rematada en una especie de claraboya con una reja a través de la cual se filtraba el claro lunar de Enki A y Enki B llegaba hasta el suelo. Uno de los prisioneros vulcanianos se levantó y miró hacia el firmamento. Notó que sus horas se acababan y comenzó a despedirse de sus compañeros.
-Que Surak nos saque de este trance. Larga y próspera vida, amigos.
-Lástima que aún no hayamos dominado las emociones, -replicó el más joven de los vulcanianos. –Si no lo habría afrontado con lógica.
-Nosotros, los V’tosh Ka’tur no tenemos
esa suerte. Hemos elegido una vía intermedia entre Surak y las emociones de
nuestros antepasados de antes del Despertar. Siento, hijo mío, que estas circunstancias
nos pasen justo cuando tú estabas en el Despertar a
-Díselo a este joven andoriano… Por ayudarnos está en la misma situación que nosotros.
-Hijo, es ley de vida… Cuando dejamos Gol y embarcamos a las estrellas ¿crees que no nos costó hacerlo, que no costó renunciar a cuanto teníamos en nuestro mundo? Y todo porque hacíamos aquello en lo que creíamos. Como lo ha pagado este joven andoriano, por decir aquello en lo que creía.
Las puertas de la mazmorra se abrieron bruscamente. Varios guardias fuertemente armados entraron en la prisión y se llevaron a todos menos al vulcaniano más joven y al aenar.
-¡Adiós, hijo mío! ¡Que vivas larga y prósperamente!
-¡Larga y próspera vida, padre! –se despidió mientras hacía el saludo vulcaniano.
La puerta de nuevo se cerró bruscamente tras
ellos. Y las horas pasaban lentas como las estrellas en su retorta. De vez
en cuando, una rejilla se abría y una mano les pasaba un cuenco sucio con comida
y agua. El joven vulcaniano pasó horas y horas sumido en un total abatimiento.
El aenar estaba cada vez más débil y se quejaba constantemente. El joven v’tosh ka’tur le acercó un poco de agua a sus resecos labios y lo recostó en un jergón.
Pasaron más y más largas las horas. De improviso, en el exterior, comenzaron a oírse disparos que provenían del cielo. Gritos. Gente que corría en todas direcciones. Una especie de detonación hizo estallar la claraboya que cerraba el techo de la prisión. En el interior del edificio sonaron varios disparos y se oyeron gritos de todo tipo.
El joven vulcaniano se temió lo peor y se acurrucó en una esquina temblando de miedo. Oyó por el pasillo hablar en una lengua que él reconocía y unos metros atrás, varios pasos que se acercaban cada vez más a la puerta.
La enorme puerta de piedra se abrió de golpe y proyectadas contra los rayos del sol que descendían inclinados hacia el suelo, varias figuras entraron despacio.
-Estás libre, compañero.-Dijo la voz de un hombre.
*****
En la pantalla la explosión de la nave Xan’thana deslumbró instantáneamente los ojos de los tripulantes del puente.
Mayweather estaba sudando y los nervios los podía sentir a flor de piel.
-Ingeniería, informe. –Gritó por el altavoz.
Un silencio espeso se apoderó de comunicaciones. Repentinamente se oyó, la voz de una mujer.
-Señor, ya los tengo. -Comunicó la alférez Hess a través del comunicador del sillón de mando. –Están perfectamente y a salvo.
Travis dio un suspiro muy sonoro de alivio que hizo que todas las caras se volvieran hacia él.
-¡¡Bien, gracias al cielo!! ¡¡Buen trabajo, Hess!! –se levantó de su sillón y le dijo a su alférez Tutu. –Tome el mando del puente. Voy a ingeniería.
Travis entró corriendo en el turboascensor. Dentro de sí, la impaciencia y los nervios pugnaban por salir, pero se sentía aliviado. El indicador señaló que estaba ya en la sección de Ingeniería. Las puertas del ascensor se abrieron y frente a él aparecieron Hoshi y Tucker sonrientes. La sorpresa fue tan mayúscula que Travis se quedó sin habla y lo primero que hizo fue abrazarlos todo emocionado, saltándose todos los protocolos de la cadena de mando. “Trip” sonrió con curiosidad ante la reacción de su suboficial.
-Por los pelos, señor. –Dijo el chico afroamericano. –Ha sido un milagro.
-Desde luego no serán por los míos, Travis… Un buen Orión macho los no tiene.
Travis miró la verde calva llena de piercings falsos, lisa como un guisante mientras que el ingeniero soltaba una carcajada. Toda la tripulación de la sala de Transportación rió con Tucker mientras en la cara del muchacho aparecían todas las variedades del rojo.
-Bien, Hoshi. –atajó “Trip”. –Vayamos a enfermería, tengo ganas de que el doctor me devuelva mi color carne.
*****
“El vulcaniano liberador dio unos pasos hacia delante y se situó justo en medio de la luz de la claraboya que detrás suyo creó como una especie de halo divino. El joven discípulo, arrodillado al lado del aenar, apartó su mirada con la mano deslumbrado por estar su vista habituada a la oscuridad. Entonces el joven se dio cuenta que se hallaba ante un guerrero de su planeta natal, con su casco esférico y sus protecciones. En su mano llevaba una lir’pa.
-¿Shariel? –exclamó sin vencido por el agotamiento…
-No, lo que dices no es lógico.
-Lo siento, llevo aquí bastante tiempo, gracias por ayudarnos.
-No tienes nada que temer. Venimos a ayudaros.
Nos manda el Prefecto de Gol en vuestro rescate y en el de
-Gracias a los dioses que habéis venido. Sólo quedo yo del grupo que íbamos en la nave. Nosotros íbamos a ser los siguientes.
-¿‘Nosotros’, dices?
-Este andoriano que tengo a mi lado.
-¿Qué hace un exterior contigo, no es lógico?
-Intercedió por nosotros ante el Gran Sacerdote de este pueblo. Y ahora está ahí, desfalleciendo.
-Es una lástima, alguien tan joven…
Una figura idéntica a la del guerrero pero más baja en estatura apareció en la puerta, se acercó al guerrero, le susurró algo al oído y se fue por la misma puerta.
-Me acaban de decir que han encontrado muertos a tus compañeros de la nave. Lo lamento mucho, joven.
-Lo presuponía.
-Vayámonos de aquí. Nos espera la lanzadera.
-No, aún no.-protestó el joven vulcaniano. – ¿Y este aenar?
-No nos lo podemos llevar.
El joven se acercó hasta su aliado pero se dio cuenta de no respiraba ya. Había fallecido y con su mano derecha apoyada en el pecho hacía el saludo vulcaniano. El capitán goliano se limitó a alzar una ceja mientras miraba en silencio al chico superviviente.
-¿Y bien? –preguntó con ironía el joven. –Quizás no nos lo podamos llevar, pero he aquí a un hombre que trató de hallar una unidad a pesar de nuestra diversidad. Idic. Ha asimilado las enseñanzas del Kir’shara de Surak sin él saberlo.
-Estimo que se merece ser enterrado con los nuestros. Dada la capacidad pequeña de la nave no los podemos llevar a Vulcano.
-Déjanos a solas un momento, capitán. Quiero entonar una oración de Surak por su katra. Y de paso preparar su cuerpo según nuestra usanza. No tardaré mucho
-Esta bien, cinco minutos y ni uno más, no vaya
a ser que vengan las naves de
El guardia se marchó a regañadientes, momento que aprovechó el joven vulcaniano para entonar algo en voz baja mientras cerraba los ojos. Entonces de su túnica sacó un objeto ovalado. Lo miro fijamente unos segundos y se lo puso en el pecho de su amigo andoriano. En el interior de su ropa. Atándolo bien con un trozo de la ropa del aenar se aseguró que estuviera lo suficientemente apretado a su cuerpo. Cruzó después sobre el pecho la mano que hacía el saludo de Surak junto con la otra y con la raída sábana que cubría el jergón envolvió el ahora cadáver del andoriano a modo de sudario. Entonces se levantó de pie y llamó al capitán de Gol.
Éste volvió a entrar acompañado de dos guardianes que con cuidado levantaron el cadáver amortajado del aenar. El joven v’tosh ka’tur los siguió en silencio a través de las calles de la colonia andoriana. Observó que toda la ciudad estaba en llamas y por las calles yacían por decenas los cadáveres de andorianos y de seres de otras razas. Una desilusión se apoderó del joven que por vez primera en su vida se avergonzó de ser nativo de Vulcano. Él nunca habría usado la violencia y sin embargo estos guerreros lo habían hecho,
Llegaron a una especie de plaza sobre la que se levantaban varias pirámides escalonadas. Allí esperaban decenas de guerreros de Gol con armas láser en sus manos y lir’pas.
Junto a ellos amortajados en filas los cadáveres de los vulcanianos con las sábanas manchadas de sangre verde. Al lado de ellos unos soldados estaban terminando de excavar una gran fosa rectangular.
Y amontonados cerca de la pirámide, los cadáveres de decenas de andorianos que por sus vestiduras parecían ser los principales del lugar. El chico reconoció entre ellos el del Gran Sacerdote.
-No te preocupes, monje, -comentó el que parecía ser un oficial superior.-les hemos ejecutado mediante el Tal-Shaya [3] , no han sufrido.
Entonces el joven sin apaciguar su ira gritó:
-¿Qué habéis hecho, soldados? ¿Y os consideráis dignos de consideraros vulcanianos?
-Eso pregúntatelo a ti mismo, muchacho. Érais V’tor ka’tush ¿no? Los ‘Sin-Emoción’.
-Sí. Y a mucha honra, y más ahora.
-¿Así nos agradeces qué os hayamos salvado?
-Déjale, Sylas. –intercedió el capitán que lo había liberado de la prisión. –Y ahora empezad a enterrarlos. Empezad por colocar a éste. –Dijo señalando al andoriano amortajado. -Ha muerto mientras estaba en la prisión.
Entonces los dos guardianes que acompañaban el cuerpo del andoriano lo colocaron esmeradamente en el lecho del foso e hicieron lo mismo con el de los vulcanianos que habían sido sacrificados.
El joven salmodió en voz alta unas frases del libro de Kir’shara:
Y al final de todo, cuando tiempo y espacio se desvanezcan
Una luz admirable cubrirá todo el horizonte
Y en el silencio
brillará perpetua
-Unos versos fascinantes. –opinó el capitán de Gol que lo liberó. –¿Realmente son de Surak?
-Si, de lo poco que conservamos ya de él. De lo poco que queda en los monasterios.
-Es una pena. Un pueblo sin cultura es como un cuerpo sin alma. –dijo el capitán. –Lástima que sea guerrero…
El joven monje miró a su alrededor y después fijamente al militar:
-¿Realmente hacía falta tanta sangre? Nos llamáis ‘Los Sin-Emoción’ y en cambio, ni yo ni los míos habríamos sido capaces de esto.
-Tienes razón, muchacho. Pero la sed de venganza
pudo más que los dictados de
-Matar sin motivo, no es lógico, capitán…
Un soldado se acercó hasta su superior.
-Señor ya hemos acabado, están todos ya enterrados y nos comunican de la nave que se acercan a este sector tres naves acorazadas andorianas.
-¿Soldado, han encontrado al final
-No, señor. A pesar de haber saqueado la ciudad, no hemos encontrado nada.
-Gracias, que vayan preparándose para partir. En 10 minutos.
El capitán volvió su mirada al joven vulcaniano.
-La piedra de Gol… Sabemos que la llevabais… Tú no sabrás dónde está…
-Se la quitó de sus manos a mi superior un sacerdote andoriano. Después no la he vuelto a ver. Piense que he estado todo el rato en la prisión y que a ellos se los han llevado.
-Si, es verdad, chico. Esa piedra lo es todo… Quien la tuviera en sus manos, sería el Amo del Universo.
-Quizás esté en el fondo de algún río o mar. Los andorianos tienen la curiosa costumbre de ofrendar a sus dioses tirando objetos valiosos al agua.
-Espero que respeten la tumba de nuestros compatriotas.
-Lo harán. En eso son muy supersticiosos y si la abrieran imaginan que los katras saldrán a perseguirlos. Aunque fueran tumbas de sus enemigos.
Unos soldados empezaron a hacer gestos a su capitán. Éste levantó su mano en señal de aprobación.
-Bien, hemos de irnos. ¿Deseas que te llevemos de nuevo a Vulcano o a alguna otra parte?
-Yo soy aprendiz de monje, señor. No sé, tal vez el monasterio de P’Jem, me han hablado bastante bien de él.
-De acuerdo. Vayamos a la lanzadera. Nos están esperando, muchacho.
-¿Y qué pasará con los cuerpos de los andorianos?
-Que se encarguen sus compaisanos. Llegarán en breve.
Ambos subieron las escalerillas de la lanzadera. El último en subir fue el joven novicio que giró su cabeza hacia donde estaba la tumba del andoriano y los vulcanianos juntos. Esbozó con la comisura de sus labios una leve sonrisa, no sólo por su aliado aenar, sino de triunfo. La piedra de Gol estaba a salvo en el lugar donde menos imaginarían andorianos y vulcanianos que la podrían encontrar.”
T’Pol poco a poco sintió que desconectaba de ese tiempo y ese espacio. Su katra o ella, no supo qué, atravesaron un espacio con forma de camino de luz sobre el que se divisaba al final un mar azulísimo. Sin embargo notaba que cuando intentaba llegar a su desfallecía y se hundía en una especie de arenas movedizas luminosas.
Entonces vio una figura familiar que se acercaba hasta ella y le tendía la mano. Era Surak de Vulcano. Cuando las fuerzas de T’Pol estaban flaqueando y las arenas la habían engullido hasta las axilas la mano recia del padre de la lógica la sacó con todas sus fuerzas hacia arriba. Ella apoyó sus dos manos en él y salió del pozo por su propio pie.
-Has confiado en mí, pequeña. Eso es lógico. –dijo con paternal amabilidad el metafísico. –Desde ahora, el Kir’shara y el Idic ya no tienen misterios para ti. Y ahora sal de aquí. –terminó mientras señalaba con su mano extendida el océano.
-Gracias, maestro. –respondió inclinando la cabeza y cerrando los ojos. –Ha sido todo un honor, Surak.
-Y ahora vete, tus amigos te esperan. –finalizó mientras cruzaba los brazos y desaparecía por el camino en el que venían.
T’Pol caminó hasta el límite en donde el camino luminoso se acababa. Se quedó mirando extasiada la vastedad del océano que se mezclaba con la maravillosa profundidad de un cielo al mediodía.
Entonces vio correteando por la playa todos los personajes andorianos, vulcanianos y de otras razas que había visto en su viaje al inframundo, si se podía llamar de alguna manera al fenómeno que ella estaba experimentando.
Respiró profundamente, un aire puro, transparente y limpio perfumado a mar inundaron sus pulmones dándola rápidamente una sensación de serenidad como nunca había sentido en su vida. Notó que la mente se abría hasta límites insospechados.
-Ve ¡Sumérgete ahora en ese océano, T’Pol! –ordenó una voz que le era familiar. –No es aún tiempo de que te quedes aquí.
T’Pol se sumergió muy despacio, casi solemnemente; de pronto se vio rodeada por unas enormes olas que la hicieron hundirse a pesar de sus intentos por nadar y bucear. Se notó que entraba en una especie de remolino que la absorbía hacia abajo sin que ella pudiera hacer nada. De pronto dejó de respirar y cerró los ojos.
*****
De repente se oyó una explosión seguida de un bamboleo en toda la nave. En la sala de transportación la fuerza del impacto había hecho caer a todos los allí presentes. Charles Tucker se levantó como pudo y encendiendo el intercomunicador, abrió línea con el Puente.
-¿Qué pasa ahí arriba, alférez Tutu?
-Señor, los cinco acorazados de Orión, han mandado algunos de sus cazas para interceptarnos. Y nos están disparando.
-Bien, pase a alarma roja en todas las secciones.
Ahora subo. –Entonces se giró y se dirigió a Travis y Sato que se levantaban.
–Acompáñenme al puente. Y en cuanto a usted, Dr. Phlox, ponga
-Descuide, comandante. Y en cuanto a… -concluyó sin poder acabar la frase mientras señalaba su piel verde.
-No se preocupe, deje la medicina estética para otro momento, Phlox.
Los tres se metieron en el turboascensor rumbo al Puente de Mando. Las alarmas con sus focos rojos comenzaron a encenderse y a sonar en cada esquina de la nave. Otro oscilo se sintió en el casco de la nave justo en el momento de abrirse las puertas del ascensor y llegar al puente.
Los tripulantes que estaban allí se quedaron de piedra al ver entrar a dos Oriones nada menos que en su puente de mando. La alférez africana que ocupaba el sillón de mando se quedó con la boca abierta. “Trip” sonrió ante su reacción.
Pero la cruda realidad le devolvió pronto a la seriedad habitual de esos momentos de peligro.
-Alférez Alice, lo crea o no soy su oficial superior, Charles Tucker III, y ahora vuelva a su puesto, asumo de nuevo el mando de la nave. –Ordenó mientras se sentaba en el sillón del capitán. -Hoshi y Travis, ocupen de inmediato sus puestos.
-¡Sí, señor! –dijeron ambos jóvenes mientras se sentaban en sus puestos de comunicaciones y navegación.
-Travis, en pantalla. Visual completa. Quiero ver quiénes nos están atacando.
-Sí, comandante. Visual completa.
Casi una decena de cazas rodeaban a la nave Enterprise. No se podían distinguir bien ya que sólo dejaban una estela alargada como la de un cometa.
-Son naves suicidas, comandante. –confirmó con preocupación el piloto. –Conozco esos modelos, muchos de ellos se estrellaban contra el motor de los cargueros para dejarlos inutilizados. No me extrañaría que usaran de nuevo esa técnica contra nuestra nave, señor.
-Gracias por su consejo, Mayweather.
-Hoshi ¿Podríamos de alguna manera contactar con la nave Kumari? Necesitaríamos su ayuda inmediata. Use los códigos cifrados si es preciso.
De repente, el escáner de largo alcance comenzó a pitar con su alarma particular.
-Señor, -interrumpió Travis. –Las cinco naves de Orión nos interceptarán en media hora.
-¿Y la nave Kumari, Hoshi?
-Señor, he intentado establecer comunicación con ellos en todas las frecuencias y canales y no nos responden.
-¡Maldición! –protestó el ingeniero mientras se mordía el labio inferior. – ¡Nos han dejado solos! ¡Si estuviera aquí el capitán Archer!
-Señor ¿puedo hablar? –interrumpió Travis.
-Proceda.
-Cuando ustedes estaban de misión, señor, acordé
con el tripulante al mando de su nave que pedirían refuerzos a
-¿Ahora resulta que el 7º de Caballería nos va a ayudar, Mayweather? –se burló el comandante.
-Casi, señor, usamos este código: “Los Caballos Zabathu llegarán en 3 días”.
-¡¿Tres días?!
-Tres horas, señor.
-Convertir las horas en días, una estrategia impecable, Travis, le felicito.
-Como sabía que nos estarían monitorizando las comunicaciones decidí usar esa clave.
-¡Señor, las naves de Orión nos tienen en su posición de tiro!
-Está bien, navegante, inicie maniobra evasiva hasta posicionar la nave entre las dos lunas Enki A y Enki B. Usaremos las dos lunas como escudo.
-Sí, señor.
-Hoshi, siga llamando a
Un pitido se sintió en la consola de comunicaciones.
-Señor, nos llaman…
-¿
-No precisamente, comandante.
-¿Entonces?
-Es la nave insignia de los acorazados de Orión.
Aquella afirmación le sintió a Charles Tucker como una doble bofetada en su cara. Se quedó paralizado sin decir nada mirando a la pantalla principal mientras en el puente se hacía un espeso silencio.
*****
T’Pol volvió a abrir sus enormes ojos almendrados. Distinguió unas figuras borrosas que rodeaban su radio de visión. Poco a poco las siluetas comenzaron a tomar forma y vio la cabeza del capitán Jonathan Archer que se acercaba hasta su cabecera.
-Con una lección de historia así, los críos en
-Capitán… -murmuró con voz débil. – ¿Lo han visto todo?
-Alto y claro, T’Pol, -cortó la conversación Amanda Kelley. –Hablaba en sueños. Usted nos ha dado una completísima explicación a todo ese misterio de los cuerpos andorianos y vulcanianos y a por qué encontramos ahí esa Piedra de Gol. Y mejor que ningún astroarqueólogo.
-¿Y
-Está a salvo conmigo, subcomandante. Shran me la ha dado a mí.
-Creo que no puede estar en mejores manos, señor. Es la opción más lógica.
-La opción más lógica en mi opinión, T’Pol es que ahora descanse y recupere fuerzas.
-De acuerdo, capitán.
Tashur puso en su hypospray unos cuantos miligramos de una sustancia tranquilizante que aplicó con el aparato al cuello de la vulcaniana. En cuestión de segundos, T’Pol quedó profundamente dormida.
Shran se dirigió al capitán con una mirada seria.
-Así que los que causaron la destrucción de esta colonia fueron vulcanianos.
-O v’tor ka’tush, recuerde la descripción que ha hecho de ellos como violentos. Aunque no lo veo del todo claro… Tampoco unos “Sin-emoción” actuarían tan salvajemente como estos, comandante.
Amanda Kelley medió entre ambos.
-El capitán Archer por una vez tiene razón, Shran. A mitad del siglo IX, Vulcano era un caos y los mercenarios proliferaron por doquier tanto entre los andorianos como entre los vulcanianos.
-Sí, algo sé sobre ellos, los llamaban los Piratas de T’Khasi…
-Aquellos vulcanianos piratas eran gente inculta,
violenta, que no seguía los dictados de
-Me resulta curiosa la reacción que ha ejercido en el cerebro de T’Pol. Más que acentuar su violencia, ha estimulado sus facultades psi. –conjeturó Tashur. –Quizás de alguna manera contactó con su subconsciente, Archer, con su mente cuando albergó el katra de Surak.
-No entiendo ni quiero entender la mística de Vulcano, capitán. Pero su explicación me parece coherente. -Asintió Amanda Kelley. –Y la pienso poner en mi informe arqueológico final.
-Para mí, también lo es. –Finalizó Shran. –Aunque cuando lo cuente en Fesoan no me van a creer.
-Deberán hacerlo. –contestó Archer. –Se lo crean en su mundo o no, Shran, es una parte de su historia.
-Propondré al gobierno de Tierra Unida que este lugar sea compartido tanto por andorianos como vulcanianos. Quizás algún día, todos podamos convivir juntos bajo una misma bandera sin necesidad de disputas planetarias.
-Debería construirse aquí un Museo de
-Lo veo una idea fantástica. –apoyó el capitán.
–Ahora dudo mucho que esos burócratas calientasillas de
-Tenga fe, capitán. Algún día se hará… -concluyó Amanda Kelley.
Unas explosiones se oyeron en lontananza. Reed se acercó corriendo hasta donde estaba T’Pol y el resto del grupo.
-Capitán, no se cómo pero unos cazas de Orión nos han localizado y están tratando de destruir la pirámide.
-¿Otra vez? –confesó un molesto Archer.
-No cesarán hasta capturarnos y de paso capturar
Malcolm tomó en sus manos el sensor científico de T’Pol. En la pantalla se veía una docena de bioseñales nausiacaanas acercándose por las galerías.
-¡Soldados de asalto nausiacaanos! ¡Hemos de salir de aquí! Créanme si les digo que no tendrán piedad de nosotros si nos capturan. –se sinceró Shran.
-Podríamos ir hasta la lanzadera. -sugirió Archer. -Cabemos todos perfectamente.
-No es mala idea, Archer. Es el único vehículo que tenemos a cerca de aquí para escapar.
-Bien. Vayan recogiendo las cosas. Y en cuanto a ti, Amanda, siento decírtelo pero no podéis llevaros con vosotras vuestros hallazgos. Sería demasiado peso para cargar.
-¡Es el trabajo de tres años! ¡No lo podemos dejar aquí a merced de unos contrabandistas!
-¡No son contrabandistas! –se irritó Shran. –Son asesinos, y muy despiadados, se lo aseguro. Han hecho estragos en mi mundo también.
-De todos modos, ya ha oído la historia que nos ha relatado T’Pol. Esos bienes arqueológicos deben quedarse aquí. Usted misma lo ha dicho.
-Si, disculpe… es verdad… Pero al menos llévense
-Descuide, Amanda, lo haremos –le tranquilizó el
capitán de
-Sí, a uno punto tres grados de aquí, en dirección
oeste. Distancia:
-Muy astutos esos nausicaanos.
-Capitán, -sugirió Shran. –Si lo desea, le sugiero que me adelante con mis hombres para otear el terreno. En cuanto veamos que está libre les mandamos una señal a su comunicador. Reed, cúbranos.
-De acuerdo.-respondió el oficial de seguridad sacando su fáser y recargándolo. –Estoy listo. Cuando quieran.
Entonces Shran reunió a Tholos y a Talas y junto con los otros soldados de su guardia salieron de las galerías a la espesura de la selva. Fueron tomando posiciones tomando los anchos troncos de los árboles de la jungla como parapetos. De pronto, unos gritos primitivos, tribales, rodearon a los expedicionarios andorianos. Varios nausicaanos armados de largos cuchillos les habían tendido una emboscada y se enfrascaron con los extraterrestres azulados en una feroz lucha cuerpo a cuerpo.
Malcolm Reed protegido por las piedras de la base de la pirámide comenzó a disparar –en modo aturdir- contra algunos de los nausicaanos atacantes. Dio de lleno en dos de ellos que se desplomaron como sacos de patatas al suelo.
Shran apenas podía cubrirse de dos enemigos que se habían abalanzado sobre él, pero con un movimiento rápido del antiguo arte marcial de Andor logró reducir a uno y con el arma que tenía en su mano el oponente aporreó al otro que quedaba aún de pie.
Reed y Hayes salieron más a campo abierto y continuaron disparando sobre algunos enemigos más abatiendo a varios de ellos. Por su parte, la fuerza de los andorianos había podido también reducir a otros tantos, pero aún se hallaban en apuros aunque en numero andorianos y terrestres les superaban.
Metros atrás, el equipo de arqueólogos al completo escoltados por los miembros armados del grupo, los dos MACOs y Archer –que llevaba de su hombro a T’Pol- comenzó su largo periplo camino de la lanzadera del Enterprise NX-01.
Sin embargo, nadie se percató de que desde las alturas, varios ojos les miraban sigilosos amparándose en los claroscuros de la jungla. Y desde las ramas más altas comenzaron a llover unas detonaciones sobre los fugitivos.
-Ahora entiendo el porqué de tanto silencio. –gritó Reed a Acher.
Reed afinó su puntería y disparó hacia unas figuras que se movían entre las copas más altas de los árboles. Disparó un par de veces y de pronto, se oyó un grito agudo y una gran masa voluminosa de color verde fue a caer al suelo.
-¡Un Orión! –gritó de nuevo el oficial de seguridad. –Lo tenían bien planeado.
Los andorianos que se habían librado de sus enemigos nausiacaanos se unieron a Malcolm Reed en tirar a los Oriones apostados en las ramas de los árboles.
Varios de ellos, tocados por los rayos, cayeron al suelo desde una considerable altura.
-Shran, -ordenó el terrestre.-¿Podría ir hasta la lanzadera y entretener un poco a los nausiacaanos que están reteniendo nuestra lanzadera?
-Será un placer…
-Buena suerte, Shran. –El andoriano sonrió levemente.
Shran, Tholos, Talas y los soldados andorianos se replegaron y con ayuda de las coordenadas del tricorder se encaminaron hasta el punto en el que se encontraba la lanzadera. El comandante andoriano ordenó a sus dos oficiales que fueran cada uno por su lado y tomaran posiciones de tiro. Por otro lado, el grupo formado por los arqueólogos, T’Pol, Archer y los dos Macos se acercaba cada vez más a la lanzadera. Aunque la distancia era relativamente corta, el trayecto se estaba convirtiendo en un auténtico calvario para sus transeúntes.
-Romero, -dijo Jonathan Archer mientras echaba un vistazo a su sensor. –A nuestros amigos andorianos no les vendría mal nuestra ayuda nuestra.
Un disparo certero impactó en el tronco muy cerca de la frente de Archer.
-Creo que los que necesitaremos ayuda seremos nosotros, alférez Romero. –ironizó Archer.
Un nausicaano altísimo y corpulento se dirigió contra la espalda de Archer cuchillo y pistola láser en mano. Entonces un rayo amarillo impactó en la espalda del agresor, que cayó hacia delante.
Todas las miradas se dirigieron hacia donde venía el disparo. Entre dos árboles, T’Pol sujetaba el aún humeante fáser.
-Gracias, oficial. ¿Se encuentra bien?
-Usted mismo lo puede ver, capitán. –Respondió con su habitual altanería la vulcaniana.
-Esa es
-¿Familia? –inquirió mientras levantaba una ceja.
- Déjelo, oficial, que se lo explique Sato y además, ahora no es el mejor de los momentos.
*****
-Señor, nos siguen llamando. –dijo una tensa Hoshi Sato.
-Disculpen, estaba meditando lo que íbamos a hacer, oficial. Pásemelo a la pantalla principal.
La oronda cara de un Orión entrado en años se asomó por la pantalla del puente. Su cara y su cabeza calva estaban también llenas de piercings y colgantes. Un grueso collar de hierro rodeaba el cuello del enemigo. Y por ropa llevaba un chaleco hecho con la piel de algún reptil, dejando al descubierto parte del torso desnudo. Su sorpresa fue considerable cuando vio que lo que tendría que ser su oponente humano en realidad era otro nativo de su misma raza.
-Soy Harar-Kas, virrey, jefe o como lo quiera llamar de este cuadrante de las Colonias de Orión. Venimos a reclamar lo que es nuestro por derecho.
-Yo soy Charles Tucker, oficial al mando de esta nave. Y le aseguro, Harar-Kas que su presencia en este sector se considera un acto de guerra.
-¿Un orión al mando de una nave humana? Ya sabía que las colonias terrestres eran un semillero de traidores a Orión.
-No se preocupe, -dijo Tucker para romper el hielo. –Aunque me vea Orión en realidad soy tan humano como todos los que estamos en el Puente de esta nave.
-Humm, y esa muchacha esclava de Orión ¿qué?
-Me extraña que con todo ese cabezón que tiene sobre sus hombros tenga el cerebro del tamaño de un tribble, Harar-Kas, somos los dos espías de su estación espacial. ¿O no le han informado?
El Orión se enfadó y cortó bruscamente las comunicaciones. De nuevo apareció en pantalla la esfera flotante del planeta Baten Kaitos III.
-Con el debido respeto, señor. –interrumpió Hoshi Sato. –No cabe duda que lo ha enfadado.
-A eso se le llama “diplomacia persuasiva”.-añadió Mayweather.
-Ahórrense los comentarios, hagan el favor. Y a lo hecho, pecho.
-¡Señor, las naves de Orión se dirigen contra nosotros… ¡En rumbo de colisión! –comentó Travis.
-¡Maniobra evasiva! ¡Marcación 1.324! ¡Y a mi señal,
disparen torpedos 1 y
La nave de Archer viró sobre sí misma e hizo un giro envolvente alrededor de la nave de Harar-Kas. Dos ráfagas fueron a impactar en diferentes puntos de la nave del virrey de Orión. De pronto las otras naves comenzaron a disparar y a hacer malla en el casco de la nave que guiaba “Trip”.
La
nave se mecía para todos lados, zarandeada por la fuerza del golpe. “Trip” se
agarró a la silla como pudo.
-Señor, las pantallas protectoras están al 73’2%, -dijo la alférez Tutu. –Y el casco pierde polarización por segundos.
-De acuerdo, navegante, vuelva a las lunas de Baten Kaitos. Las aprovecharemos de escudo. Así las tendremos de resguardo.
-Si, señor.
La táctica de Tucker hizo efecto, algunos disparos
de láser impactaron sobre el casco de
Travis comenzó a gritar de tensión a todo el puente:
-Señor, las cinco naves nos están rodeando, si seguimos aquí nos van a cazar como a ratones.
-¿Sugerencias, alférez?
-Salir de aquí mientras podamos.
Tucker se quedó en silencio unos segundos mirando el planeta Baten Kaitos que se divisaba en lontananza como una pelota verdeazulada flotando en el espacio. Entonces como inspirado, reaccionó con energías renovadas y ordenó a su piloto:
-Travis, lleve la nave hasta la órbita de Baten Kaitos…
-Pero señor…
-¡Es una orden! ¡Hágame caso y siga mis instrucciones atentamente!
-De acuerdo.
La nave Enterprise NX-01 bordeó el satélite y aprovechando un hueco se acercó hasta la superficie de Baten Kaitos III. Varias lanzaderas de Orión y una nave acorazada fueron en su persecución.
Bajo los tiros de las naves perseguidoras, la nave terrestre apenas podía defenderse con sus cañones láser de estribor.
Cuando llegaron a la órbita del planeta, “Trip” ordenó:
-Mantenga órbita ecuatorial, Travis.
-Si, señor.
-Y ahora dispare contra la atmósfera del planeta a las coordenadas que le voy a indicar, alférez, si mis cálculos son correctos la atmósfera se ionizará durante un par de horas. Con suerte, tres.
De la nave salieron como rayos enviados por Zeus varias andanadas láser que impactaron sobre las nubes altas de la atmósfera del planeta. En cuestión de minutos comenzaron a verse relámpagos en la superficie nublada, pequeñas chispas de luz que salpicaban las algodonosas masas de agua.
-Y ahora, entre con la nave bajo esas nubes ionizadas.
-¡Pero señor…!
-Travis, sé que éste no es el procedimiento habitual, pero hágalo… velocidad de impulso 0.10…
-A sus órdenes.
-Hoshi, abra todas las frecuencias que pueda, a ver si podemos localizar al capitán.
-Si, señor.
-Travis, escanée toda esta zona y busque bioseñales humanas, andorianas o alfacentaurianas. Sin duda serán las personas que buscamos.
Los ojos de Travis Mayweather se hicieron uno con las líneas multicolores de la pantalla del sensor de largo alcance. El joven piloto ajustó los controles para afinar aún más la precisión de los sensores. Entonces pudo detectar unos puntos multicolores que se movían en una misma dirección y por dos lados pareciendo confluir como dos ríos en un mismo lugar. Tras unos instantes manejando gráficos y visuales, el joven afroamericano exclamó de alegría:
-¡Bravo!
*****
Entretanto, en la superficie de Baten Kaitos III la lucha por la supervivencia proseguía. El grupo de soldados andorianos encabezados por Shran cubrían al grupo de Archer en la retaguardia y apenas podían defenderse desde sus posiciones de las ráfagas de disparos láser que les llegaba de todos lados.
Por otro lado, Archer, T’Pol, los terrestres y los
alfacentaurianos lograban llegar no sin esquivar algún que otro disparo a las
coordenadas de la lanzadera de
Sin embargo, vieron que los tres nausicaanos que habían detectado con los sensores seguían vigilando como férreos guardianes de un castillo el acceso a la lanzadera. Archer entonces ordenó a los civiles que se colocaran cuerpo a tierra mientras que T’Pol y él se encargarían de uno y Reed, Hayes, de otro y los dos MACOs restantes del que quedaba tras lo cual el capitán acordó con su grupo un plan de ataque:
-Que cada uno lleve un sensor, les mandaré una señal silenciosa y luminosa que será la que inicie el principio de la emboscada. Y ahora tomen posiciones.
El grupo se replegó por parejas en los lugares asignados. En ese momento activó la señal silenciosa y una luz intermitente comenzó a parpadear en cada uno de los sensores. En cuestión de segundos, los MACOs y Reed con su compañero atacaron con disparos de fáser a sus respectivas dianas que cayeron inconscientes a tierra.
Sin embargo, el enemigo asignado para T’Pol y Archer reaccionó refugiándose tras la lanzadera. Archer pudo disparar pero T’Pol erró el tiro momento que aprovechó el nausicaano superviviente para disparar en un costado a la subcomandante vulcaniana que cayó al suelo con una gran herida de la que manaba su sangre verdosa rica en cobre.
Entonces cuando se disponía a disparar otra vez, Hayes se acercó al tronco de un árbol cercano y disparó certeramente a la espalda del alienígena que cayó chocando con la cabeza contra el casco de la shuttlepod y después torpemente al suelo.
El capitán llevaba sobre sus brazos a la malherida T’Pol que estaba medio inconsciente por el efecto aturdidor del disparo. Archer se la entregó luego a Reed que la puso suavemente en tierra.
El resto del grupo de civiles y militares ya había llegado junto a la nave terrícola y esperaban órdenes del capitán.
-¡Le felicito,
mayor Hayes, un tiro impecable!
-¡Gracias, señor!
-Reed, necesito que evacue a este grupo a la nave, es la única vía de salvación que tienen para salir de aquí.
-De acuerdo.
Todo el grupo de civiles y militares subió a la lanzadera y se acomodaron como pudieron en su interior. Entre Reed, Hayes y Archer subieron a la vulcaniana.
De pronto el comunicador de Archer sonó. El capitán abrió la carcasa y una voz conocida se oyó a través del aparato:
-¡Señor, por fin ya le hemos localizado! ¡Nos ha costado mucho atravesar las interferencias de comunicación de los oriones, pero lo hemos conseguido!
-¡”Trip”! ¡Qué alegría oírle! ¿Dónde está?
-Aunque no se lo crea, sobrevolando sus cabezas, señor…
-De acuerdo, ya me lo explicará mejor en su informe. Y ahora prepárense, sube la lanzadera con Reed, los MACO’s y el equipo de arqueólogos…y T’Pol. Que Phlox prepare un equipo de emergencia médica. La subcomandante está herida.
-Si, señor. Pero ¿usted?
-Yo me quedaré con Hayes. Hemos de ayudar a Shran y a sus hombres.
-Entendido, señor.
-Nos volvemos a comunicar en un día y medio. Por código cifrado.
-Eeeeh ¡…Día y medio, señor! –titubeó unos segundos el ingeniero. -Comprendido. Que tengan mucha suerte ahí abajo.
-Gracias, “Trip”. Archer, fuera.
La portilla de la lanzadera se cerró y ésta se elevó verticalmente conducida por las manos expertas de Malcolm Reed. Cuando cogió una cierta altura por encima de los árboles más altos de la selva se perdió en el cielo como un reflejo luminoso en el agua.
Archer siguió con la mirada el vuelo de su nave, cerró los ojos brevemente y sonrió aliviado. De nuevo el capitán terrícola volvía a recuperar la confianza de la diosa Fortuna.
*****
-¡Señor, señor…! La lanzadera viene hacia aquí. Tiempo de contacto en tres minutos.
-Bien, Travis, inicie las maniobras de acoplamiento con la lanzadera. Comience a bajar el brazo mecánico.
-¡Si, comandante!
Como una cría al encuentro de su madre, la lanzadera cruzó grandes áreas de la selva de Baten Kaitos y alcanzó una altura que rozaba ya con el espacio exterior. En los sensores de la pequeña nave un punto grande indicaba la proximidad con la nave nodriza.
Reed situó la nave debajo del brazo y le imprimió un ligero movimiento vertical. Como una mano gigante, el tubo de amarre capturó la navecilla como si fuera una nuez y desapareció dentro de la nave.
En su puesto de navegación, Travis gritó alborozado:
-¡Señor! ¡Ya están a bordo, sanos y salvos!
-Le dejo al mando, Mayweather, bajo a Ingeniería a recibirles.
En el puente, la sensación de alivio era total.
*****
Mientras tanto, en la superficie de Baten Kaitos III, en un claro de la floresta, Hayes y Archer hicieron acopio de fuerzas. Comieron algunas frutas de exótico aspecto que encontraron en los árboles cercanos y que previamente habían analizado con el sensor para saber si eran compatibles con sus enzimas y ADN. Tras mucho esfuerzo y tensión, aquel breve tiempo de reposo le pareció a Jonathan Archer el más dulce de los momentos, el reposo del guerrero.
De improviso un crujir de ramas tras alertó a los dos humanos. Ambos sacaron sus fasers y se escondieron detrás de un tronco a esperar a un enemigo que seguro les acechaba. Cuando menos se lo esperaban, de la espesura del bosque salieron al claro Shran, Tholos, Talas y los guardias andorianos.
-Son ellos, Hayes…. –cuchicheó Archer en el oído de su oficial MACO.
Entonces, el capitán de
Shran vio a su amigo humano y ordenó a sus hombres que marcharan junto a los dos terrícolas. En un movimiento rápido, todos estaban a cubierto cuerpo a tierra con Archer y Hayes.
-Nos vienen persiguiendo todo un escuadrón de nausiacaanos y oriones. Casi estaban por alcanzarnos hasta que les hemos visto a usted.
-No se preocupe, la nave Enterprise ha contactado con nosotros, Shran, nos podrían echar una mano ahí si yo se lo indicara.
Shran miró el cielo, aunque estaba despejado, en un sector las nubes se habían acumulado y entre ellas se veían relámpagos azulados y violáceos.
-El cielo… ¿No está un poco raro, Archer?
-Puede que se vaya a levantar alguna tormenta magnética, si es así ya podemos ir buscando refugio.
-La única opción es volver de nuevo a la pirámide… Era el único lugar donde creo que podríamos estar a cobijo de nuestros enemigos…
Tholos en ese momento llegó hasta donde estaban los tres oficiales conversando con una cara que denotaba preocupación.
-Señor, nuestros enemigos… Nos están rodeando…
-¿Qué esta diciendo, Tholos?
-NO tenemos escapatoria, ni siquiera para huir hasta la pirámide… Acaban de ocuparla.
-Entonces estamos perdidos, Archer. Tendremos que resistir hasta que nos ayuden o morir en el intento.
-Hoy para mí no es un buen día para morir, Shran. Intentaré sobrevivir… Eso espero.
-Para nosotros los andorianos, morir aquí en B’Taa’S’Lek , el Hogar-Nido del Ave Kh’lass, es todo un honor.
-¿Be..Taa..See.. Lek? –balbuceó como pudo sílaba por sílaba.
La carcajada de Shran fue sonora.
-Déjelo, su pronunciación es desastrosa, Archer y no diga eso nunca porque le estaría llamando a este planeta la “Casa del hielo retorcido”.
Hayes se rió a carcajadas por la respuesta de Shran. Archer sonrió y acabó por reírse. De pronto varios gritos acallaron las risas de los humanos y se hizo el silencio y de todas partes comenzaron a cruzarse ráfagas multicolores láser.
-¡A cubierto! -ordenó Archer. –Formando un círculo.
Terrestres y andorianos tomaron posiciones y comenzaron a responder con sus armas a los tiros de sus enemigos.
-¡Qué poco sentido del humor tienen estos nausicaanos y oriones! –satirizó Hayes que estaba tumbado boca abajo parapetado tras una roca.
-No me hable de humor en este momento, Mayor.
*****
Había pasado
casi una hora y media a bordo de
En enfermería quedaba T’Pol al cuidado diligente del Dr. Phlox que era también acompañada por Charles Tucker III.
Reed se incorporó a su puesto de Operaciones Tácticas en el Puente de Mando. Todavía estaba Mayweather en el sillón de mando cuando en ese momento entró Tucker.
-Vuelva a su puesto, Travis. Gracias.
El joven afroamericano se sentó en su consola de navegación y esperó órdenes del ingeniero.
-Mantenga velocidad de impulso, alférez.
-Si, señor.
-Tucker, -interrumpió un preocupado Malcolm Reed. -Mis sensores detectan numerosos disparos en la zona de la que partimos con la lanzadera.
-Sin duda los oriones y los nausicaanos han localizado a Shran o al capitán. Reed, Si disparamos una andanada de misiles o con las baterías lásers a esta zona, ¿qué pasaría?
-Nuestras armas tienen tal potencia destructiva como para devastar grandes áreas y seguro que morirían. No veo otra alternativa que sacarles de ahí usando el transportador o de nuevo la lanzadera.
Trip se quedó inmóvil mientras de nuevo las neuronas de su cerebro comenzaban a funcionar para tratar de encontrar una solución airosa a la situación desesperada de Shran y Archer.
-Señor… Perdone que les interrumpa. –cortó una sonriente Hoshi Sato. –Estoy recibiendo una llamada en código cifrado.
-No me dirá de nuevo que es nuestro amigo Harar-Kas. Ya bastante nos está dando la plasta.
-No se lo va a creer, señor. Es
-¡Rayos,
-Y aún hay más… Parece que han venido con todas
las naves de
-Entendido… -asintió el ingeniero. -¿No será por un casual… Erika Hernández?
-La misma, señor… Y nos está llamando.
Charles Trucker III enarcó las cejas de asombro, sonrió levemente y continuó mientras se levantaba del asiento y se colocaba junto a su oficial japonesa:
-Pásemela a la pantalla principal, Sato.
En la pantalla apareció una mujer que apenas había sobrepasado
la treintena de años, de brillantes cabellos y ojos negros y marcados rasgos
hispánicos. Su cara devino sorpresa al ver que Archer no estaba en su puesto.
-Aquí la nave USS Columbia. Capitana Erika Hernández al mando. ¿Quién está a cargo del Enterprise?
-Comandante Charles Tucker, señor.
La capitana casi se desmayó al ver las caras de Tucker y Hoshi Sato transformadas en oriones.
-¿Qué…! ¿Qué les ha pasado, comandante? –preguntó Erika Hernández toda perpleja.
-Es una larga historia, señor…
-Bueno… eso me lo explica después y ahora, vayamos al grano, ¿y el capitán Jonathan Archer?
-Está en la superficie de Baten Kaitos III con Hayes, Shran y sus hombres y nos tememos que en una situación un tanto apurada.
-De acuerdo. Si no le importa como oficial superior,
señor Tucker, asumo el mando también de su nave hasta que regrese su capitán
de acuerdo a las normas de
-Comprendido, señor.
-Sé que le parecerá esto un tanto irregular, comandante, pero he hablado con el Almirante Forrest sobre la crisis creada en Baten Kaitos III y tenemos su aprobación para ayudarles a ustedes y a los colonos.
-Por mi parte ninguna objeción, señor. Es más su ayuda es toda una bendición.
-Agradézcaselo a los andorianos. Ellos fueron quienes nos avisaron.
-El mérito no fue mío sino de Mayweather, señor… Le prepararé un informe rápido y actualizado con todo lo ocurrido desde nuestra llegada al sistema.
-Déjelo para más tarde, Tucker. Ahora hemos de rescatar
a su capitán y como verá, no vengo sola: Una buena parte de
-Y supongo que desean como nosotros en salvar a su capitán y a sus oficiales superiores…
-Capitana, sugiero también que enviemos una fuerza a la capital colonial, Neápolis. Los oriones tienen a toda la población superviviente hecha prisionera en unas galerías de la ciudad y creo que lista para ser deportada y vendida en las colonias de Orión.
-Anoto su sugerencia, comandante. Se lo comunicaré
al Alto Mando de
-Cuente con ello.
-De acuerdo, le mando en su ayuda a las naves andorianas Kumari y Fesoan. Cuando tomen contacto con usted, llámenme. Hernández fuera.
*****
Era mediodía y el sol de Baten Kaitos III estaba en su cénit. Una ligera bruma mañanera recorría el cielo como en un campo de algodón.
El jefe nausicaano avanzaba sigilosamente unos metros más delante de su grupo arma en mano. Detrás, sus hombres replegados en V rastreaban y se abrían paso entre la maraña de lianas y hojas en medio de la selva. De improviso, el cabecilla se paró. Divisó en la lejanía una oquedad rectangular formada con piedras enormes. Alzó la vista y vio una imponente pirámide escalonada cuya cúspide llegaba hasta el cielo y se perdía en la bruma selvática.
-¡Allí, allí está la entrada de la galería!
-Señor.- Le respondió una voz a espaldas suyas. –Los enemigos han huido. El camino está despejado según mi sondeador.
-Bien…Bien… A ver si encontramos esa Piedra maldita. Nuestro rey nos recompensaría generosamente. ¡Entremos!
Los guerreros del equipo de avanzada entraron de uno en uno a través de la puerta de la pirámide. Uno de los soldados encendió una especie de antorcha. De improviso, algo chocó contra su cara haciéndole caer al suelo.
De la oscuridad aparecieron unas extrañas aves con cuerpo alargado que escaparon al exterior en una gran bandada que se perdió en el tupido bosque.
-¡No es nada, sólo unos pajarracos! ¡Sigamos adelante! –les reprochó su jefe.
Después llegaron a través de unos corredores a una
gran sala de columnas en la que altos guardianes de piedra andorianos velaban
-Allí, capitán Nesh…
-Estupendo, soldado, le recomendaré para que el rey le recompense como es debido.
Los soldados se abalanzaron a saco sobre los fardos. Con ayuda de unos cuchillos de hoja irregular cortaron las cuerdas que aseguraban que los bultos estuvieran bien envueltos y protegidos.
Cuando abrieron las tapas vieron multitud de objetos arqueológicos de diversas procedencias envueltos cuidadosamente en un material blando ordenados y etiquetados cuidadosamente. La mayoría eran estatuillas proto-andorianas, joyas y vasijas de barro.
Los guerreros nausicaanos miraron en silencio a Nesh esperando sus órdenes:
-¡Buscad esa maldita piedra! –les conminó el líder del grupo. –No os quedéis ahí parados.
Entonces fue los asaltantes comenzaron a volcar las cajas que esparcieron por doquier su valiosísimo contenido. De uno en uno iban revisando los objetos mientras los desembalaban. Los que no interesaban los iban apilando y los tiraban sin importarles en demasía el valor histórico de la cosa examinada. Algunos hallazgos al caer sobre la pila de objetos llegaban rotos al suelo.
Cuando se iban ya por la última caja, Nesh se dio
cuenta de que
Sin embargo, se percató de que había objetos valiosísimos hechos de plata, oro, platino y piedras preciosas que merecía la pena vender en algún Bazar Espacial.
Uno de los guerreros se alzó y se vistió con un enorme pectoral de oro y un casco en el que se veían claramente de influencia andoriana y comenzó a usar su daga de hoja irregular simulando movimientos de esgrima contra un enemigo invisible.
Los soldados que le acompañaban comenzaron a reírse mientras coreaban viejas canciones de pirata espacial.
Mientras sus solados se entretenían, Nesh recorrió en silencio la sala. Era la misma en la que días antes habían estado las arqueólogas y su equipo junto con los tripulantes de Shran. Vio restos de comida al lado de una pared y varios jergones hechos con ramas entrelazadas. Cogió una antorcha encendida y guiándose con su luz, llegó hasta una pared en la que estaban esculpidos los antiguos dioses de piedra andorianos.
Un temblor recorrió la espalda del alienígena mientras miraba a los imponentes titanes de piedra. Los ojos de las estatuas tenían una mirada extraña, de hecho sus pupilas estaban hechas de granates de Spica [4] engarzados a la roca y que con los rayos del sol adquirían un reflejo sobrenatural.
Las risas de sus soldados esparcidas por el eco le devolvieron a la realidad. Nesh salió corriendo hasta donde se hallaban sus hombres repartiéndose el cuantioso botín. Cogió a uno de ellos, presa de una rabia incontenida y con los ojos salidos de sus órbitas.
-¡Vamonos de aquí, pandilla de holgazanes! –le recriminó apresándole por los hombros y sacudiéndole.
El resto de los soldados asistían atónitos a la extraña reacción de su jefe.
Nesh arrojó al suelo a su chivo expiatorio que cayó rodando por el suelo. Entonces con cuidado y ante la mirada inquisitorial de su jefe, los mercenarios comenzaron a recomponer las cosas y en un saco guardaron copas, platos, vasijas, collares, estatuillas…
El legado de toda una cultura había acabado en un saco de tela para ser vendido...
De repente Nesh comenzó a reír como un poseso ante la incredulidad de sus hombres y comentó con voz irónica:
-No habremos encontrado
Cuando
se disponían a salir, Nesh vio unas botellas transparentes llenas de un líquido
que se apilaban cerca de la salida.
-Jo’SH, mira a ver qué es…-dijo a uno de sus soldados que era más joven y bajo en estatura. El ser se acercó hasta las botellas, con cuidado abrió una y la olió. Después probó su contenido y lo saboreó con su lengua; su sabor pareció gustarle.
-Señor, es una especie de aguardiente, algo graso pero bueno.
-¡Aguardiente! ¡Eso es mejor que buscar esa piedra maldita! –gritó en voz alta otro de los soldados.
-¡¡Celebremos este botín que nos llevamos, nos vamos a hacer ricos en los bazares de Khesa, compañeros!!
Ante la pasividad de su líder, todos los nausicaanos se precipitaron a por las botellas y se enzarzaron en una pugna a ver quien conseguía más de éstas y en una orgía de alcohol de alta graduación comenzaron a beber del contenido de las botellas.
Borrachos y con deseos de más licor se precipitaron sobre las escasas botellas que aún quedaban intactas. Uno de ellos, ciego de alcohol, arrojó a la cabeza de otro nausicaano una botella. El alien esquivó la botella lanzada que fue a parar a la altura de un pedestal en el que había una antorcha encendida.
Por ironías del Destino, se había iniciado un efecto mariposa: El líquido se escurrió por la pared hasta caer sobre la antorcha y hacer reacción con el fuego del hachón.
Una explosión detonó y estalló con su furia demoledora por todas las galerías de la vieja pirámide devastando todo lo que encontraba a su paso. Las llamaradas y las detonaciones salieron al exterior del edificio que desde fuera parecía un gran volcán artificial. En el interior varios niveles y columnas cedieron por la fuerza de la detonación sepultando con ella todo cuanto encontró a su paso, incluyendo a los invasores de Nausicaa.
Cuando Nesh se dió cuenta ya era tarde.
Sólo permanecieron en su pared, las esculturas de los Dioses de Fesoan, que en su silencio pétreo se habían vengado de sus salteadores.
*****
Archer se hallaba tras el grueso tronco de un árbol intentando proveer de más munición a su pistola láser. Fue a su canana y vio que sólo le quedaba un cartucho para recargar.
Hayes observó esto y se arrastró hasta el capitán como una serpiente.
-¿Qué pasa, capitán?
-Mayor, me queda sólo una recarga, como máximo puedo hacer diez tiros.
-Hmm, es preocupante, señor. Yo estoy ahora agotando el que me queda.
-No sé como estarán de munición nuestros amigos andorianos, pero creo que deben estar casi en las mismas.
Mientras hablaban, los hombres de Shran se defendían a duras penas de los atacantes. El comandante de Andor que estaba al lado del capitán se acercó agachado hasta él.
Una ráfaga de rayo láser disparada desde lo alto casi le dio en su cabeza. Hayes tomó posiciones y disparo con su fáser varias veces hacia el lugar de origen del disparo. Dos seres verdosos, sin duda oriones cayeron hasta el suelo con sus armas aún humeantes pendiendo de sus cuerpos.
-Gracias, mayor… -dijo Shran agradecido. -¿Qué deseaba, capitán Archer?
-¿Cómo va de municiones, Shran…? A nosotros se nos está acabando.
-Nosotros estamos igual. Las baterías de nuestras armas durarán máximo un par de horas más y después estaremos indefensos.
-¡Esa sí que es una buena suerte! Ellos tienen las baterías agotadas y nosotros tiros que se cuentan con los dedos. –ironizó el MACO.
Archer sonrió unos instantes. Y miró a los dos Oriones caídos.
-Shran, sus sensores… ¿Qué le indican en esa dirección?
-El camino está despejado pero hay arenas movedizas pobladas de Kho’Tors.
-¿El qué…?
-Las criaturas pulpo… ¿recuerda?
El semblante del capitán terrestre se tornó más serio y pensativo por unos momentos. Y Jonathan Archer prosiguió:
-No me agradaría acabar de aperitivo de una de esas cosas con tentáculos.
-Ni yo tampoco, capitán, ya con uno de mis hombres han tenido suficiente.
-Pero nos guste o no hemos de ir en esa dirección, Shran. Es nuestra única oportunidad para escapar y que nos localicen los nuestros.
En ese momento un gran hongo de fuego se elevó hacia arriba seguido por un gran estruendo. Tras las líneas de ataque, los atacantes oriones y nausicaanos se replegaron pensando que estaban siendo agredidos por la retaguardia. Esto se reflejó en el sensor de Shran que vio en su pantalla cómo diversas bioseñales se alejaban hacia el lugar de la deflagración.
La cara del andoriano se tornó apesadumbrada.
-La pirámide de nuestros dioses… han profanado la pirámide de nuestros ancestros… Debemos vengarles…
-¡Shran… No…! –le exhortó Archer. –Hemos de estar unidos…
-Capitán… Usted no lo entiende… ¿Verdad? Uno de nuestros lugares más santos ha sido destruido.
-Sí le entiendo, Shran. –Le increpó mirándole fijamente
a sus ojos. -En
Shran observó inmutablemente al humano y bajó la cabeza. Con ella, las antenas se encorvaron hacia adelante.
-Y piense en su soldado muerto por ese bicho kaitosiano cómo-se-llame. –Reflexionó Hayes. -Su muerte no debe ser en balde y si están aquí ayudándonos es porque muchas cosas han cambiado desde P’Jem, no sólo por que éste sea un lugar sagrado.
-La vida también es sagrada, Shran y esa es la mejor ofrenda que pudo hacer a sus antepasados.-Le hizo entrar en razón Jonathan Archer.
Shran cerró los ojos y asintió cabizbajo:
-De acuerdo, seguiremos su plan. Huiremos por esa zona.
Archer puso su mano derecha en el hombro de su aliado andoriano y habló:
-No se trata sólo de eso, Shran. No se sienta obligado…
El andoriano se alegró maliciosamente y contestó:
-De acuerdo, estoy listo y espero sus instrucciones, capitán.
Archer cogió su sensor y le enseñó en la pantalla un mapa orográfico a color en 3-D de la zona.
-Nosotros estamos aquí, Shran. Y a
Al lado de la meseta en mitad del camino, aparecía rodeando el boscaje por un gran anillo amarillo en la pantalla. Shran rápidamente reconoció ésta formación orográfica.
-Esas son las arenas movedizas de los Kho’Tors. Ya hemos pasado antes por ellas pero cruzándolas por otro lado.
Archer miró la pantalla brevemente mientras con su mano se rascaba la barbilla.
-Se me está ocurriendo un plan. De paso sus animalitos de las arenas nos echarán una mano.
-Dígame, capitán…
-A mi señal, avise a sus hombres para que sigan al mayor Hayes hasta el siguiente claro del bosque y de paso cojanle a esos dos oriones que hemos eliminado sus armas, nos serán de gran ayuda. Usted, Shran, se quedará conmigo. Necesito a mi lado a alguien que conozca esta zona.
-De acuerdo, Archer. Voy a comentarle al resto de mis hombres cuáles son sus intenciones y enseguida estoy con usted.
-Hayes, tenga el sensor y lléveselo consigo. Ya sabe lo que tiene que hacer
Shran volvió
a su antigua posición de tiro junto a los suyos. Entonces, J. Hayes salió corriendo
en dirección a los dos oriones caídos. Algunas ráfagas de láser le persiguieron
y Hayes las esquivó dando una voltereta en el suelo.
En un movimiento rápido el oficial de élite se apoderó de las armas y de la munición de los dos enemigos caídos y se las colocó por el tiracol en bandolera al hombro. Se apostó detrás de un árbol de tronco grueso y comenzó a disparar con su fáser protegiendo a la siguiente tanda de fugitivos andorianos que escapaban con Talas, Tashur y Tholos a la cabeza.
Unos cuantos disparos sin duda nausicaanos volvieron a escucharse detrás de los fugitivos. Uno de ellos impactó en la espalda de Tholos que cayó a tierra quedándose rezagado.
Entonces los andorianos y Hayes tomaron posiciones y comenzaron a tirar de nuevo a sus atacantes para cubrir a los que escapaban ahora. En ese momento era el turno de Jonathan Archer y Shran. En medio de un fuego cruzado, los dos aliados corrieron hasta el lugar en el que estaba Tholos malherido.
Y raudamente, Shran lo cogió con su fuerza cinco veces superior a la humana y lo cargó sobre sus espaldas hasta donde estaba Hayes. En tanto, Archer parapetado tras un saliente de piedra, disparaba los tiros que le quedaban de su fáser cubriendo a su amigo de Andor.
Ya reunido en uno el grupo, con el sensor en la mano de Hayes, cruzaron sin novedad el boscaje. Llegaron hasta un claro en el que aparecía en medio una pequeña colina rocosa a cuyos pies yacían más ruinas protoandorianas, columnas y estatuas de titanes. Rodeando la masa pétrea, una gran extensión de arena amarilla que cambiaba de tonalidad y brillaba con múltiples reflejos dorados, sin duda por la alta concentración de cristales de litio y cuarzo.
-¡Silencio! –les exhortó Shran a los miembros del grupo. -Para llegar hasta esa colina hemos de cruzar estas arenas que son la morada de los Kho’Tors. Para ello hemos de ir en silencio y pisando muy suavemente sobre la tierra. Cualquier movimiento brusco podría atraer a los Kho’Tor y...
-De acuerdo. Adelante, Shran. Que Hayes y sus hombres vayan adelante, nosotros dos nos quedaremos vigilando y nos llevaremos a Tholos.
*****
En el puente de
Una voz gangosa a espaldas suyas le sacó de su pausa gastronómica.
-¿No cree que debería tomarse un descanso y comer más despacio, comandante? A este paso, con tanto stress va a criar en su estómago una buena úlcera sangrante.
-Déjeme de dar consejos, Mayweather, parece el plasta del Dr. Phlox.
El ingeniero giró su silla para ver quién era. Cuando reparó que era la cara del denobulano casi se cayó de su puesto.
-¡Oh, Phlox! ¡Disculpe!
-¡Hum, con que plasta! ¿eh? Encima que soy la voz de su conciencia...
-Perdóneme, es que estoy tan concentrado que me estoy aquí volviendo loco, doctor.
-Por cierto, ¿qué tal se encuentra T’Pol?
-Aquí tiene el informe, –dijo mientras le entregaba un PADD. –el disparo casi le dio en el corazón. Pero no ha sido grave, la he tenido que operar y saldrá de ésta-
-Me alegro por ella, Phlox…
-Ahora en serio, “Trip”, siga por una vez mis consejos; tómese un descanso, que su cabeza y su cuerpo se lo van a agradecer de veras. Lleva ya ahí pegado a su sillón de mando 14 horas y no ha dormido desde entonces.
-De acuerdo, doctor.
-Además, le tengo que quitar su pigmento verde o prefiere estar toda la vida llevando esos piercings de Orión.
-¡No, no...! Reed, tome el mando de la nave. Voy a tomarme un descanso. Le sustituiré en el turno siguiente.
-¿Y yo? –inquirió una envidiosa Sato. -¿Creen que me gusta ir así de verde?
-Por ahora no… Ya después, tenga paciencia. –indicó el denobulano mientras desaparecía por la puerta del puente con el comandante.
Malcolm Reed tomó el sillón de mando de Archer y se sentó despacio.
-Hoshi, no se ofenda… Pero está guapísima con ese tono de piel… Nos está dejando a muchos de nosotros… verdes de envidia…
-Ni me lo recuerde, teniente… -refunfuñó mientras resoplaba con su boca hacia el negro flequillo de su cabellera que le caía sobre la frente. –Creo que soy la que me estoy quedando verde… pero de vergüenza.
Travis Mayweather estaba acabando de hacer unos cálculos sobre la desintegración del manto de nubes ionizadas que les hacía de pantalla protectora.
-Señor, tengo los datos sobre la nube que me pidió el comandante Tucker.
-Pásemelos a mi Terminal.
-Sí, señor.
-Tenemos que movernos en un cuarto de hora… La nube está desapareciendo. ¿Y las naves andorianas?
-En media hora tomarán contacto con nosotros. Las tengo localizadas con el escáner de proa.
Reed dirigió su mirada hacia el puesto científico en el que solía sentarse T’Pol y que estaba siendo ocupado en funciones por la alférez Alice Tutu.
-¿Tutu, ha podido localizar al capitán y a su grupo?
-Hay unas cuantas bioseñales acercándose a una meseta. Creo que son ellos, señor, aunque el efecto de la ionización en el que estamos me impide determinar si son humanos, andorianos o de otra raza. No obtengo una lectura fiable.
-De acuerdo, alférez, pase a navegación esas coordenadas. Travis, trace un rumbo a esos ejes y sitúese en una órbita paralela.
-Señor, sabe que seremos vulnerables a los ataques de los oriones o nausicaanos.
-Lo sé, Travis. Pase la nave a alerta amarilla y polarice el casco con las pantallas protectoras.
-Sí, señor.
*****
La capitana de
-Comandante, ¿y esas naves de Orión?
-En rumbo de intercepción hacia nosotros. Estamos a cinco minutos de ellas a velocidad de impulso, capitana.
-Demasiado cerca ya… Se nos echan encima como leones.
Alférez Missia Martínes, -ordenó a una joven que hacía de oficial de comunicaciones.
–Mande un mensaje cifrado a las naves andorianas: necesito que tres o cuatro
vayan a bloquear la estación espacial y que el resto se acerquen hasta nosotros
en bloque, vamos a atacar a
-Sí, señor.
-Capitana, ¿sin haber rescatado antes a la nave del capitán Archer? –aseveró el greco-marciano con tono de preocupación
-De eso ya se encargarán las dos naves andorianas que han acudido en su ayuda, Elytis, ya verá cómo se las arreglan.
-Pues entonces que tengan mucha suerte… Porque a nosotros nos hará falta aquí.
-La tendrán… Alférez Martines, necesito que me
llame al responsable de
-Ya está, señor.
Una cara azul y pelo amarillento, sin duda mayor,
apareció en la pantalla del puente de
-Soy el general Thebek, de
-Erika Hernández, señor, capitana del USS Columbia
de
-Es un gran honor ser sus aliados.
-Agradezco su auxilio, señor. ¿Le han pasado nuestro plan de ataque, Thebek?
-Sí, ha sido un poco complejo de descifrar al principio pero lo hemos entendido a la perfección. Cuente con nuestra ayuda.
-Está bien, éste es el plan: su astronave y cuatro más nos precipitaremos sobre la nave capitana de Harar-Kas, disparando a sus motores de plasma. Hemos de dejarla inutilizada y si es posible capturarla junto con su líder. Creo que así conseguiremos que se rindan.
-Sugiero una maniobra orbital alrededor de esa nave Orión, capitana Hernández.
-Bien, usted guiará a su nave, nosotros les cubriremos y nos incorporaremos en cuanto empiecen a disparar.
El terminal de Kelsus Elytis comenzó a producir un pitido característico.
-Capitana, un minuto para la interceptación.
-Magnífico, que se preparen nuestros amigos andorianos. Y a mi orden que se inicie el ataque.
-A sus órdenes.
Las naves andorianas junto con la terrestre se pusieron en formación: Parecían un enjambre de abejas dirigiendo un ataque contra el oso agresor de una colmena, solo que esta vez el oso era mucho más grande y más poderoso e iba acorazado.
Próximo Número: A CONTRARRELOJ
[1] Andorianos albinos y de tez blanca, casi ciegos. (ENT. “The Aenar”)
[2] Nombre en andoriano del planeta natal de estos seres.
[3] Antigua forma de ejecutar desnucando, considerada piadosa en Vulcano (“Journey to Babel” (TOS))
[4] Spica, estrella de la constelación de Virgo, famosa por sus granates de brillo de fuego. (The Troubbles with Tribbles”)(TOS)