“Únete al capitán Jonathan Archer y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5, la Enterprise NX-01. En los primeros pasos de la humanidad por la galaxia”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise

Un Sol Olvidado Parte 6: PERSECUCIÓN

Escrito por Sikileia

Esta saga esta situada durante la 4 temporada de la serie de TV

Anteriormente: Una lucha sin cuartel comienza en las selvas de Baten Kaitos III, mientras que en la estación espacial planetaria, Tucker y Hoshi Sato comienzan a reunir las pruebas de una gran amenaza para ese cuadrante de la Vía Láctea.

           

*****

En la Estación de Baten Kaitos III, Be’Kara y U’Kass se hallaban sentados tomando un par de vasos de cervezas de Rómulo en una especie de taberna llena de humanoides de numerosas razas. Las había de todas del cuadrante y más allá pero curiosamente ningún humano. Charles Tucker se dio cuenta de ese detalle y vio en ello otra prueba más del posible genocidio galáctico al que habían sido sometidos los humanos y alfacentaurianos de Baten Kaitos III.

-<<Para no ser mercaderes de Orión no hemos una mala venta. 1200 Talones de oro klingon ¡¡nada menos, Ukass!!>> (1)

-<<Bueno, al menos servirá para  sufragar los costes de la reparación de la lanzadera… El capitán me va a comer en cuanto vea el estado en el que le hemos dejado  la lanzadera…>>

-<<Peor que una nave vieja de los desguaces de Utopía Planitia(2).>>

-<<Un inciso, Be’Kara…habrá visto como yo que no hay ningún humano…  Parece como si en el juego de la creación se hubieran olvidado de nosotros.>>

-<<¿Y si están donde insinuó el controlador aquél?>>

-<<Es lo más probable, oficial. >>

-<<¿Qué alternativa nos queda?>>

-<<Aunque no le guste al capitán, deberemos de pedir ayuda a Andoria. –Dijo el ingeniero en un tono cada vez más serio.- La Tierra y la Flota Estelar están lejos bastantes años luz de nosotros.>>

-<<Sí, a dos días de radio subespacial a través de la Red Eco. Somos los únicos en todo este cuadrante.>>

En ese momento pasó a su lado un mercader klingon hablando con otro de Nausicaa  y de repente una extraña vibración movió el bolsillo delantero del traje de Sato.  El klingon lanzó una mirada furibunda a la joven japonesa quien se limitó a poner una sonrisa de circunstancias ante la cara de sorpresa de Charles Tucker.

-<<¿Puede explicarme que lleva ahí, alférez?>>

-<<Uno de esos tribbles, Ukass…>> -respondió mientras sacaba con disimulo un peludo pon-pón del tamaño de un huevo de avestruz.

-<<Pensé que los habíamos vendido todos…>>

-<<No, menos éste… Quería tenerlo de recuerdo…>>

-<<Cuando lleguemos a la nave ya hablaremos…  Estamos en una misión de salida de vital importancia para este cuadrante no en un safari. No sé si me he explicado bien, Be’Kara.>>

La oficial terrestre entornó los ojos. Sobre la mesa, sin embargo, el suave ronroneo acabó por apaciguar la cólera de Tucker quien acabó por acariciar aquel diminuto ser peludo ante la sonrisa de la japonesa.

-<<¿Ve como al final no muerde, Ukass? El Dr. Phlox los debería recetar como terapia anti-stress y no como alimento para sus bichitos.>>

Mientras en alguna sala secreta de otra parte de la Estación, en una pantalla ovalada, la imagen de Tucker y Hoshi Sato se veía en un primer gran plano destacada sobre la del resto de visitantes de la taberna. Entonces una voz áspera que arrastraba las consonantes silbantes comentó:

-¡Ve como hicimos bien en vigilarles, señor? Los sensores los han detectado como humanos.

-¡¡Humanos!! –Repitió con desprecio una segunda voz -Pues para serlo,  se han infiltrado muy bien como mercaderes de Orión.

-Y ahí no termina el engaño… Se hacen llamar Ukass y Be’Kara, dos mercaderes de Orión que están prisioneros de los humanos en una de sus colonias-asteroide penales.

-Así que dos impostores… Buen trabajo, controlador.

-Gracias, Gran Líder.

-Y ahora, no les deje salir con vida de esta estación, captúrelos si puede ser con vida, quiero saber qué están tramando.

-Sí, señor.

*****

T’Pol entreabrió los ojos lentamente y lo primero que vio fue sendos rostros humanos y  andoriano que la miraban fijamente con una gran sonrisa. Quiso hablar pero las palabras no salían de sus labios.

-¿Qué tal su viaje por el antiguo Vulcano? –dijo Archer mientras  acercaba a los resecos labios de su oficial una cantimplora llena de agua.

-Gracias…, capitán.-balbuceó la vulcaniana  -Hay… algo aquí que ha alterado mis facultades mentales… Algo anterior al Tiempo del Despertar…

-Lo sabemos, T’Pol… Créame que lo sabemos… En su delirio no ha hecho otra cosa que repetir nombres de la historia de Vulcano.

-Déjela descansar, -interrumpió Shran –Supongo que el esfuerzo mental de recibir la influencia de la piedra de Gol ha sido determinante.

-¿Piedra de Gol?

-Aquí la tiene. –comentó el andoriano mientras sacaba de un saquito enganchado a su cintura el preciado objeto. -Durante las excavaciones en lo que parecía ser una pirámide protoandoriana la hallaron sus arqueólogas terrestres. Aunque eso se lo explicarán mejor ellas.

Los ojos de Archer contemplaban fascinados aquel objeto que tenía sin duda decenas de miles de años. Con una extraña familiaridad y reverencia, su mano fue tocando las arrugas y líneas grabadas en la piedra. Al fin y al cabo, era uno de los objetos más preciados por los vulcanianos y él mismo lo sabía ya que durante unas horas fue el depositario del katra de Surak, el más grande de los sabios de Vulcano.  Entonces le devolvió al andoriano el objeto y  preguntó:

-¿Cómo es que ha acabado en este planeta? ¿O quién la trajo hasta aquí?

-Es una buena pregunta, Archer, pensé que su oficial tendría la respuesta.

De pronto, una ráfaga de disparos acompañada de numerosas explosiones puso punto y final a la tranquilidad de la aparente tregua. El Mayor Hayes llegó en ese momento acompañado de Tholos, Reed y de sus respectivos hombres.

-Los sensores indican que los nausicaanos nos han detectado y están enviando más tropas de refuerzo para rodearnos. Tenemos que salir de aquí lo antes posible, capitán. –sugirió J. Hayes.

-De acuerdo… Shran ¿cuán lejos estamos de la pirámide?

-Según mi escáner, ya a solo 200 metros, dirección Este.

-Bien, vayamos allí entonces.

Varios precisos disparos impactaron contra las ramas de los árboles sobre las cabezas de andorianos y humanos cayendo algunas ramas con los extremos chamuscados.

-Pues no creo que necesite un escáner, Hayes, para que mi intuición me diga que los tenemos ya casi encima sobre nosotros. –se burló de él Malcolm Reed.-

-Basta, Malcolm. –Medió entre ellos Archer.  -Mientras llevamos a T’Pol hacia  la pirámide, le pido que usted, Hayes y Tholos nos sigan y nos cubran en las posiciones de retaguardia.

-Sí, señor.-Respondió resignado el oficial de seguridad.

-¿Tiene aún los inhibidores energéticos, Shran, nos podrían ser ahora de gran ayuda?

-Sólo me queda uno casi agotado y de poca potencia. Los otros han consumido su energía y el que nos queda  no creo que nos sea ya de gran utilidad

-¡Maldición! Tendremos pues que apañárnoslas solos.

-Eso me temo, Archer.

-No es tiempo para quejarse, capitán. Hemos de salir de aquí. –puntualizó resignado el MACO a Archer.

Shran y Archer llevaron sobre sus hombros a la debilitada vulcaniana. Y a pesar de la aparente corta distancia ésta se hacía enorme a cada paso que daban. Atrás se podían oír a lo lejos las detonaciones de los fusiles de plasma y fásers que andorianos y humanos disparaban contra un enemigo común.

Entonces el ruido de una rama pisada alertó a ambos aliados y se pusieron cuerpo a tierra con sus armas dispuestas para atacar.

*****

Hoshi y Tucker se disponían a salir de la tasca alienígena cuando varios Oriones armados hasta los dientes les entorpecieron el camino. Uno de ellos, muy alto y  musculoso y lleno de piercings metálicos clavados en la cabeza le instó de manera violenta:

-¿A dónde vais, impostores?

-Volvemos a nuestra nave, ya hemos comerciado aquí. –intentó explicarse Tucker.

-No, vosotros no sois de Orión, vosotros sois humanos. Creéis que no os descubriríamos.  Dadnos vuestras armas y vuestro dinero… o mejor danos a esa esclava tuya y te dejaremos en paz.

-¡Que te crees eso tú! –protestó la oficial de comunicaciones mientras sacaba su fáser. -¡Como me toques un solo pelo te fulmino aquí mismo!

-¡Cálmate, Be’Kara!

-¡Hazle caso a tu… compañero, esclava! ¡Será mejor para ti!

Tucker comenzó a mirar a todos lados para intentar buscar un punto débil entre el corro de mercenarios de Orión que le rodeaban. Vio que encima de ellos había un entoldado mal ensamblado con hierros y palos. De repente, como una idea luminosa, recordó la leyenda de Sansón y las columnas.

No se lo pensó dos veces y apuntó con su fáser a una de las estructuras del entoldado donde coincidían varias vigas.  El rayo impactó y tuvo el efecto deseado por Tucker: un montón de palos, hierros y pesadas telas se separaron y se desplomaron sus enemigos.

“Trip” agarró fuertemente la mano de Hoshi y la sacó volando del corro. Ambos comenzaron a correr como si el mismísimo Diablo les persiguiera y lograron una buena distancia de sus perseguidores.

Mientras corrían los sorprendidos transeúntes iban abriéndoles el paso en abanico sin embargo todo fue fácil hasta que doblando una esquina se toparon con un grupo de klingons. Hoshi sin querer chocó contra uno de ellos.

-¿Otra vez, Terran’gan Kha’dibag(3)?

-Per..do..ne.. –tartamudeó Hoshi. -¿Decía? ¿Que si tengo un animal? No se referirá al que llevo contigo…

-Te vamos a dar una lección, humana… -dijo el klingon empujando a la  oficial rudamente.

-Ya  han oído a la señorita; -intercedió seriamente Tucker –Déjennos en paz y váyanse de aquí.

-¿De quién osas burlarte, Terran’gan? –le recriminó el alíen mientras cogía el cuello al humano.

De pronto, del bolsillo de Hoshi Shato comenzó a moverse algo y a producir chillidos estridentes que  comenzó a poner nerviosos a los klingons y a su cabecilla que estaba sujetando al ingeniero. Era el tribble que no había querido vender  y sin pensárselo dos veces se lo acercó a la  cara de su enemigo.

-Como no quites tus sucias manos de mi compañero, te juro que este encantador tribble lo mandaré teletransportar a vuestra nave. –El animalillo peludo comenzó a estremecerse aún más y su pelo se encrespó.

El klingon se echó para atrás. El sonido ronroneante del tribble le resultaba insoportable a sus oídos. Aflojó poco a poco su mano del cuello de Tucker y a regañadientes se apartó de su lado.

-Así está mejor… Y ahora nos dejaréis en paz.

De pronto una voz áspera se sintió detrás de los dos humanos. Era la de los Oriones que les perseguían.

-¡Allí, los dos! ¡No les dejéis escapar!

-¡Oh, no…Maldición! ¡Otra vez ellos! –se lamentó el ingeniero.

De pronto varios rayos amarillos se cruzaron en diagonal en la trayectoria de Hoshi y “Trip” mientras huían. Era  difícil esquivarlos en medio del gentío que además suponía también un obstáculo extra para nuestros fugitivos.

-¡Nos  están disparando! ¡Serán…! –protestó Hoshi.

-¡Menos protestas y más los pies en la realidad, Be’Kara…! ¡Hemos de llegar al hangar y escapar en la nave!

Los perseguidores estaban por darles alcance cuando una voz se oyó del interior de una especie de corredor o callejón oscuro.

-¡¡Por aquí!!

           

Hoshi y Tucker se metieron rápidamente en el callejón al amparo de la oscuridad. Se escondieron tras unos soportales. Los mercenarios de Orión que les acosaban pasaron de largo.

-Gracias. –dijo dibujando una sonrisa el ingeniero.

La figura, que iba embozada en una especie de capa con capucha, se quitó ésta y dando un paso adelante dejó entrever parte de su rostro, matizado de claroscuros, con unas prominentes orejas.

*****

Travis Mayweather estaba exultante ya que por vez primera desde que estaba en el servicio podía sentarse en el sillón de mando de la Enterprise NX-01. Tan sólo lo había hecho antes en algún simulador y en el vuelo de su examen de graduación como alférez. Sin embargo, esta vez no era un simple entrenamiento sino la mismísima realidad que estaba convirtiéndose en una de las páginas de la Historia del siglo XXII.

-Señor, -dijo una joven de color que ocupaba el puesto de T’Pol –Detecto cinco grandes naves de Orión aproximándose a Baten Kaitos III. Intercepción en 2.2 horas.

-Gracias, Alférez Tutu. Ramírez,  -dijo dirigiéndose a un joven de unos 20 años que ocupaba el puesto de Hoshi. –Póngame con la nave Kumari.

-Ya está, señor, frecuencias abiertas con código cifrado.

En pantalla apareció el ingeniero B’Thephen, que suplía a Tholos y Shran en sus funciones de mando. Era un andoriano joven, con una frente marcada sin duda por la dura vida a la que le sometían sus superiores.

-¿En qué les puedo ayudar?

-Necesitaremos su ayuda, ingeniero.  No sé si sus sensores las han detectado…

-Sí, las cinco naves de Orión que se acercan.

-Está bien. Comprendido, los “Caballos Zabathu llegarán en 3 días”. Mandaré ese mensaje a Andor.

-Gracias, señor.

El andoriano asintió y sonrió levemente.

-Cuando sea el momento, nos pondremos de nuevo en contacto. B’Thephen fuera.

 

El andoriano desapareció de la pantalla principal del puente de la Enterprise que dio paso al planeta Baten Kaitos III cubierto con su manto de estrellas. Travis abrió comunicaciones con Ingeniería.

-Aquí, Hess.

-Teniente, le necesito arriba  en el puente.

-Allá voy, Travis.

Pasados unos instantes la teniente estaba de pie junto a la silla de mando que ocupaba Travis Mayweather.

-¿Señor? –Preguntó la oficial.

-¿Recuerda los transpondedores subcutáneos que les puso a Hoshi y Tucker?

-Perfectamente.

-Quería preguntarle si los podemos activar desde aquí y traerles de vuelta. Hace más de 12 horas que no sabemos nada de ellos, teniente.

-En teoría deberían ser ellos mismos quienes lo activasen en caso de peligro. Pero en el peor de los casos a una distancia de 700 metros les podemos detectar y activárselos desde aquí.

-De acuerdo, vaya a Ingeniería y coordínese con el Dr. Phlox. Escanee la zona en busca de bioseñales humanas. De armamento, ¿cómo andamos, oficial?

-El oficial Reed incorporó algunas mejoras en la batería de fáseres y ha incorporado nuevos sensores a los torpedos. Creo que podríamos hacerles frente, al menos hasta que nos llegue ayuda.

-De acuerdo puede retirarse.

-Gracias, señor, ya sabe dónde estaré.

 La alférez Alice Tutu que había estado escuchando la conversación en silencio, giró su asiento y comentó:

-Espero que  esos “azules” nos echen una mano… parecemos colonos acorralados por los indios.

-Eso espero, que los “caballos zabathu” lleguen a tiempo… ¿cree que podemos aguantar tres horas, Tutu?

-Creo que sí, señor, si llegan en ese plazo de tiempo.

-Y por cierto, alférez, una llamada de atención.

-¿Señor?

-No les llame más “azules”. Son los amigos del capitán y si no fuera por ellos nuestra situación estaría más que perdida ¿me ha comprendido?

-Sí, señor, disculpe.

-No se preocupe. Es normal que nos cueste ver como a iguales a esta raza. Pero quizás con el tiempo lo logremos. Recuerde que nosotros los afroamericanos y africanos hemos tenido que luchar por nuestros derechos. Creo que usted y yo debemos ser los que más entendamos la situación de ser segregados. No ponga más fronteras lingüísticas entre ellos y nosotros.

 La oficial asintió en silencio y volvió a su puesto de oficial científico en funciones.

*****

El grupo alcanzó las escalinatas y entró por una de las galerías de entrada a la pirámide protoandoriana perseguido por una  andanada de disparos. Justo en la entrada, Karima y Amanda junto con otros colonos señalaban con sus gritos el camino a seguir.

Todo el mundo entró menos Malcolm Reed, Hayes, Romero y O’Malley que  se quedaron los últimos cubriéndolos con sus disparos antes de entrar para guarecer el acceso.

 Shran y Archer llevaban a T’Pol que poco a poco iba volviendo en sí. Amanda y Karima cogieron unas antorchas y a través de los corredores guiaron a los andorianos de Tholos y Shran hasta una sala que parecía segura.  Al amparo de la luz de las antorchas, Amanda pudo ver por vez primera y en un momento de relativa calma la cara del capitán del Enterprise NX-01.

-¡Cuánto tiempo y dónde nos volvemos a encontrar! ¿No, Jonnhy?

-Así que éste es el sitio que habéis estado excavando… -comentó Archer mientras con su cabeza iba mirando las inscripciones y grabados de las paredes y techos de la antiquísima construcción.

-Sí. Años de trabajo para que lleguen esos de Orión y nos lo arruinen.

-¿Qué ha pasado aquí exactamente, Amanda. Hemos estado tanto en Neápolis como en ese barrio de bajos fondos llamado “Bidonville” y no hemos encontrado a nadie. Parece como si se los hubiera tragado la Tierra.

-Yo tampoco sé nada, Archer. –respondió la arqueóloga con la máxima seriedad. –Perdimos el contacto con Neápolis hace casi un mes. Pensábamos que sería achacable a alguna avería, pero no, ya sabéis lo que está ocurriendo.

-Eso mismo consideró el gobierno de la Tierra Unida. Pero vinimos aquí engañados, mandados por un mensaje falso del Almirante Forrest.

Shran que había estado escuchando en silencio la conversación, confirmó:

-Un mensaje-trampa con el que quería engañarnos tanto a humanos como andorianos para que nos declarásemos la guerra entre nosotros.

-Y ellos conseguir el dominio de este planeta y sus recursos, mientras nosotros nos matábamos entre sí.

Mientras en otra esquina de la sala, T’Pol yacía sobre un jergón improvisado de hojas de palma y paja. Tashur se acercó con cuidado para examinarla; sabía que a los vulcanianos no les gustaban mucho ser tocados pero con ella hizo una excepción. Su sensor médico detectó una altísima presencia de serotoninas alucinógenas en la hipófisis de la vulcaniana. Sin duda, el contacto con la Piedra de Gol había generado tales compuestos.

           

Archer miraba desde lejos a su oficial vulcaniana.

-Confíe en mi médico, el sabe lo que hace. –Le tranquilizó el comandante andoriano.

-Desde luego…

Tashur comentó a ambos lo que estaba ocurriendo con T’Pol. Era necesario inyectarle un neuroestimulante para contrarrestar la influencia de esas serotoninas.

-Su oficial está padeciendo en su sistema neurológico algo parecido a lo que provoca la tropolisina. –dijo precupado. -Si dispusiera aquí de todo el equipo médico que tengo a bordo de la nave tal vez podría recetarle inaprovalina o sintentizar un sucedáneo pero aquí sin apenas medios no puedo(4).  

-¿No puede hacer nada? –inquirió un intranquilo Archer. – ¡La necesitamos y más en este momento!

-Capitán, le aseguro que mi médico conseguirá darle una cura pronto.-medió el comandante Shran.

-Archer, -inquirió el médico andoriano. – ¿Su oficial ha sufrido recientemente alguna dolencia de tipo neurológico?

-Sí, el Dr. Phlox  y el Dr. Yuris de Vulcano le detectaron el Síndrome de Pa’nar(5). Se consiguió darle un tratamiento que está siguiendo. [1] [34].

-Según creo entendido es una enfermedad que afecta más al sistema endocrino e inmunológico que al sistema nervioso, no creo que tenga nada que ver con ese Síndrome que me comenta.

-¿Entonces, doctor? –averiguó curioso Jonathan Archer.

-La pondré un neuro-sedante creo que será la mejor opción antes de tratarla con inaprovalina. Créame que le aliviará mucho esas patologías alucinatorias que está padeciendo.

-De acuerdo, proceda.

Tashur miró a Archer quien dio su asentimiento para inocular la sustancia en el cuerpo de T’Pol.

Tras preparar en uno el contenido de dos frascos, lo colocó en un hipospray y se lo administró al cuello de la vulcaniana. La subcomandante se quejó levemente y suspiró hondamente sobre el jergón levantando el pecho.         

Instantes después sus ojos comenzaron a abrirse muy lentamente.

*****

-¿¿!!Krem!!??-exclamó un incrédulo Tucker. 

-¿Quién es?

-Un viejo amigo del capitán Archer. Hoshi… ¿Recuerda cuando nos anestesiaron a todos?

-¡Sí, ya recuerdo! ¡Los piratas orejudos aquellos!

-¡Hoshi! –le llamó la atención “Trip”. –Modere ese vocabulario.

-Sí… Vosotros no hace falta que me indiquéis quienes sois y qué hacéis aquí disfrazados de esa guisa como Oriones. Sois de la nave Enterprise… ¿verdad?  Y respecto a lo de “piratas”, ya no lo soy, muchacha. Ahora soy un honrado mercader con su propia nave.

-Me alegro por usted…

-Gracias… Es un favor que le debo a su capitán. Y como estoy en deuda con él les  voy a ayudar a salir de aquí. Me imagino que es lo que desean.

-¿Y cómo estamos seguros que no nos va a traicionar, Krem?

-Ustedes necesitan escapar de aquí lo mismo yo que vender y negociar. Veo que los de Orión estaban muy interesados en ustedes ¿Por qué?

-Tenemos nuestras sospechas… ¿No le parece extraño que no haya ni un solo humano en la estación? Vemos mercaderes de todas las razas pero ningún humano.

-Y es que tampoco los va a ver en la superficie de Baten Kaitos.

-No me sea críptico, Krem.

-La información que tengo vale su peso en oro, si os la doy sabéis que puede afectar a mis negocios en este cuadrante.

           

Tucker sacó su saquito y comenzó a hacer ruido con él cerca de la oreja derecha del ferengi. Y le increpó en tono sugerente:

-Aquí hay 1500 Talones de oro klingon… que pueden ser tuyos si nos ayudas… Oro… Latinum… -concluyó haciendo sonar de nuevo el contenido del saco.

-De acuerdo…  Hace exactamente cosa de tres semanas la estación fue tomada por un grupo de piratas de Nausicaa y Orión. Primero comenzaron ocupando la Estación Espacial y después toda la colonia.

-¿Cómo es que no se enteraron en Seguridad Colonial de este ataque?

-Porque llegaron infiltrados en cargueros terrestres y alfacentaurianos. Cargueros que habían ido saqueando y capturando en sus correrías por este cuadrante… ¿Lo entiende ahora?

-¿Y qué ha sido de los colonos?

-No estoy seguro, pero se rumorea en toda la Estación que están prisioneros en las antiguas galerías subterráneas de Neápolis.

-¿Prisioneros? ¿Por quién? ¿Para qué?

-No lo sé… -dudó el ferengi. –Hay quien comenta que para venderlos como esclavos en los planetas de Orión para trabajar en las minas o  para sus casas… Otros dicen que para usarlos de moneda de cambio y los más, que para usarlos de escudos en caso de un ataque…

-¡Es terrible! –se sorprendió Hoshi Sato. -¡Tendríamos que avisar a la Flota Estelar!

-Eso no es lo peor, humano.

-¿Por qué lo dice, Krem? –Preguntó “Trip” intrigado.

-¿No lo imagina? Estamos al borde de una gran invasión a escala galáctica. Para el Sindicato de Orión, este cuadrante del yermo es un territorio muy apetecible. Y eso sí se lo puedo verificar.

-¿Entonces, esos mercaderes de Orión…?

-No son tales, son piratas, mercenarios, contrabandistas… a los que siguen tipos como nosotros.

-Me alegro que lo admita… -le echó en cara Hoshi.

Tucker no dijo nada pero notó por el ceño fruncido del ferengi que éste se había ofendido con el comentario.

De  pronto, comenzaron a oírse unas pisadas raudas que corrían hacia donde estaban ellos.

-Alguien les habrá avisado. Tenemos que huir de aquí… Krem, ¿cuál es el camino más corto hacia el hangar? Hemos de alcanzar nuestra nave.

-No se preocupen, cojan la mía. Está en un hangar mucho más próximo a éste. Aquí tienen la tarjeta de acceso.

-Pero… ¡Es su nave! –dijo una sorprendida Hoshi.

-Es un trueque, su  oro, su nave y ese peludo animalillo que lleva usted en su bolsillo, humana.

-¡Mi tribble…!

-¡Aaaaaaaah me encanta ese ronroneo que produce, es mejor que un oo-mox(6)!

-¿Qué? –flipó Tucker. -¡Es usted un gañán, sabe, Krem?

-No soy sólo un simple negociante. O toman mi oferta o la dejan. –dijo ofreciéndoles la tarjeta de la nave.

-Brrr… ¡Está bien! –protestó el ingeniero. –Usted gana… -se resignó mientras cogía la tarjeta.

-Venga, les acompañaré.

Krem les guió por una especie de tubo de ventilación que desembocaba hasta el hangar. Sin embargo, dos fornidos nativos de Orion vigilaban los accesos principales. Numerosas naves de diversos tipos estaban alineadas, y alguna parecía que la acababan de sacar del desguace de lo vieja que estaba.

-Yo me voy de aquí, ya he cumplido con mi palabra.

-Bueno, y cuál es su nave, Krem.

-Esa del final, con la raya azul.

-¡Dios mío, pero si es una tartana espacial! –exclamó perpleja Hoshi Sato.

-Nos has engañado, Krem… Tu nave era mucho más nueva cuando nos interceptasteis en el Enterprise.

-Pero tuve que cambiarla para mejorar el negocio… Esa es una nave Xan’thana que compré de segunda mano en uno de sus bazares flotantes.

-De acuerdo, espero que no nos deje tirados a mitad de camino… ¡Vete y espero que sea la última vez que nos veamos, so estafador! –dijo enfadado “Trip” mientras le zarandeaba por el cuello de la camisa.

Krem logró escapar del ingeniero y mientras desaparecía por el tubo de refrigeración volvió levemente la cabeza para dibujar una sonrisa y frotarse las manos.

-Bueno, ahora a ver cómo nos deshacemos de ese par de grandullones verdes. –Comentó el ingeniero. –Hoshi, ¿tiene su fáser?

-Sí, Ukass…

-No me llame más Ukass… Devuélvame mi nombre humano… “Trip”, mi nombre es “Trip”…

-Desde luego, “007”, “al servicio de Su Majestad”. –Bromeó la japonesa.

Charles Tucker sonrió sutilmente.

*****

           

En la galería, un corrillo de andorianos y terrestres, rodeaba a la yaciente vulcaniana.

-Ya se recupera. –Confirmó Tashur.

-Capitán… Shran… ¿Dónde estoy? –musitó débilmente T’Pol.

-Está a salvo, T’Pol, ahora descanse… -la tranquilizó Amanda Kelley

De repente unas detonaciones se oyeron fuera de la pirámide. Del techo comenzaron a desprenderse cascotes y polvo.

-Nos están bombardeando, -concluyó Archer –quieren obligarnos de nuevo a salir de aquí.

-Si no nos atrapan antes. Esto es como una jaula. –le replicó el andoriano.

-Capitán… -interrumpió T’Pol. –Quizás yo pueda hacer algo… Déjenme la Piedra de Gol.

-¿Qué va a hacer con ella, subcomandante?

-Déjenme levantarme. Esa piedra es una de las tres que antaño hubo en Vulcano antes del Tiempo del Despertar. Esa piedra es un arma psiónica.

-Como suele decir usted, usar esa piedra no es una opción muy lógica que digamos, T’Pol. –se burló Reed.

-Pero la más necesaria. Creo que sé como usar esto. En mis sueños o visiones, Surak me dio sus indicaciones.

Reed, Amanda y Archer se miraron entre sí sin entender nada.

Shran sacó de su saquito la preciada piedra mística. T’Pol cogió y la puso suavemente entre sus manos. Y la observó con mucho detalle. Era una especie de canto rodado partido por la mitad con tres partes diferentes talladas que terminaban en pico. En una aparecía la efigie del dios de la muerte, Shariel. Y en las otras dos partes, una especie de antiquísima caligrafía vulcaniana, que T’Pol interpretó como una invocación al dios para darle mayor poder al objeto.

-Ahora debo salir de la pirámide. Ustedes, Hayes y Archer me acompañarán fuera. Debo pedirles que se tapen los oídos y o que NO que dejen que las emociones les embarguen… Necesito un comunicador; cuando esté lista avisaremos al resto del grupo. Sigan con detalle por favor las instrucciones que les he dado.

-Descuide. –ratificó Shran.

-Yo les acompañaré, -se ofreció Karima. –Conozco mejor que nadie los entresijos de estas galerías. Yo la puedo indicar un lugar seguro y con cierta altura. ¿Le bastará?

-Es más que suficiente.

-Vamos entonces allá. –ordenó Archer. –Shran, tome el mando del grupo.

Los cuatro se encaminaron por unos pasadizos ascendentes escalonados de la pirámide a una especie de primer piso sobre el que había una derruida ventana desde la que se podían divisar los movimientos de los enemigos que poco a poco se acercaban.  T’Pol puso la piedra y sacó los brazos por la hendidura..

-Capitán, avíseles ya.

-De acuerdo. –accedió Archer mientras manipulaba unos mandos de su comunicador. –Ya está.

-Capitán… Karima… Malcolm, tápense ahora los oídos y por favor no piensen nada.

Caía la noche sobre Baten Kaitos III. El aire tenía un extraño perfume floral que se mezclaba con el olor a quemado. Sobre el cielo, como ejércitos al galope, las nubes blancas cubrían de tanto en tanto las dos lunas del planeta, con el vasto fondo estelar como techo.

T’Pol contempló el sereno paisaje y respiró profundamente cerrando los ojos y proyectó sus ondas mentales sobre el objeto que tenía entre sus manos. Trajo a su mente alguna de las escenas de barbarie de los Tiempos antes del Despertar que había presenciado en sus extrañas visiones. La vulcaniana notó cómo de sus extremidades comenzaba a manar una especie de energía mística que hacía temblar el objeto y a ella misma. Una especie de gran onda de choque ultrasónica comenzó a expandirse en un radio de circunferencia alrededor de la pirámide. De repente, las detonaciones pararon en seco. Y se hizo el más absoluto de los silencios.

Abajo comenzaron a oírse gritos desgarradores y voces suplicantes. Tras varios minutos en esa especie de estado mental de trance, T’Pol notó que comenzaban a fallarle sus fuerzas. Entonces gritó y proyectó la más honda de sus rabias. Una rabia aún más profunda que la experimentada en aquella fallida fusión mental con Tolaris. Se visualizó a sí misma frente a él, recriminándole su negligente actitud y el haberle transmitido aquella enfermedad de Pa’nar(7). Y experimentó el sentimiento del odio y el rencor, más intensos y más salvajes que las emociones de los primeros vulcanianos

-¡Ponfo miran! –gritó. -¡¡Ponfo miran, Tolaris’an!!(8)

Tras pronunciar aquellas antiquísimas frases en su lengua nativa, T’Pol sintió que dentro de ella una personalidad irracional e ilógica trataba de escapar y sobreponerse al control mental que se autoimponía ella. Entonces fue cuando se desplomó sobre sus rodillas y cayó al suelo semiinconsciente.

Archer se dio cuenta que su subcomandante estaba al límite de sus fuerzas psíquicas y fisiológicas y sin pensárselo dos veces le quitó el extraño objeto pétreo de sus manos y se lo guardó. T’Pol gimió en brazos de su superior.

Reed tomó su sensor. Vio cómo no había ninguna bioseñal, ni nausicaana ni de Orión.  En aquel momento, con Hayes salió a campo descubierto al amparo de la oscuridad.

Y allí los vieron, tendidos en el suelo, muertos sobre sus puestos de combate con sus armas aún entre sus brazos a decenas de nausicaanos y nativos de Orión. Éstos eran los que más cercanos estaban a la pirámide.

 Unos metros más allá, había armas y pertrechos militares abandonados de repente como si una plaga silenciosa los hubiera hecho correr hasta el fin del mundo. Por ahora estaba ganada la batalla, pero no la guerra que se intuía cercana.

El sensor de Reed continuaba dando lecturas negativas de bioseñales enemigas. “Al menos, es un momento de respiro. Por ahora.” Pensó para sí mientras volvía junto a Archer.

Entre los cuatro llevaron a la vulcaniana junto a Tashur. El médico andoriano pidió que dejaran descansar a T’Pol. Con su sensor médico detectó zonas neurológicamente sobreestimuladas.  Esta vez podía dormirse, y quizás ya para siempre.

*****

-Coja su fáser y póngalo en posición de aturdir. Yo me encargaré del más cercano y usted me cubrirá disparando al que está más allá. ¿Ha comprendido?

-Sí, señor… -titubeó una insegura Hoshi Sato.

-Sato, su rating de disparos no está nada mal aunque debería mejorarlos, lo sé.

-Señor, pero en el último examen de entrenamiento fui de las últimas en mi promoción. Con el debido respeto, comandante, no creo que pueda darle desde tan lejos.

-Bueno, se me acaba de ocurrir un plan B. Vaya primero hasta el Orión que está más alejado y comience a bailarle algo, distráigalo. Yo me encargaré del otro. Entonces aprovechará para dispararle y subirá rápido a la nave de Kreem. ¿Ha comprendido?

-Sí… Eso cambia las cosas.-respondió más aliviada la japonesa.

-De acuerdo, tome la tarjeta de la nave, y recuerde lo que le acabo de comentar.

Hoshi “Be’Kara” Sato, bajó por unas escalerillas de emergencia que comunicaba el tubo de refrigeración con el hangar. Entonces comenzó a interpretar su papel de esclava y bailarina de Orión y tal como había predicho su superior, los dos guardianes cayeron bajo el embrujo de la danza que interpretaba Hoshi.

-¡Eh, guapa! ¿Qué hace una esclava como tú en un sitio tan apartado como éste? ¿Quieres formar parte de mi harem?

-Eh, ShaT’Mass que yo la vi primero… ¡Déjamela!

Entonces uno de ellos comenzó a coger por la fuerza a la falsa esclava de Orión ante las risas del compañero. Momento de distracción que fue aprovechado por Charles Tucker para sacar su pistola y disparar contra el Orión que se reía. Éste cayó derribado con un ruido seco sobre la pista del hangar.

Hoshi aún cautiva entre los rudos brazos del otro Orión comenzó a forcejear. Entonces le mordió en el brazo. El fornido guardián soltó su extremidad de dolor y se lanzó contra la nipona.

 Hoshi, ya libre, esperó a que se acercara y le propinó una llave de aikido que acabó por inmovilizar en el suelo al alienígena. Entonces Tucker le disparó a la cabeza y quedó allí mismo inconsciente.

-Increíble, Hoshi… Mejor que nadie se meta contigo… Me has dejado sorprendido. 

-Sólo he aprovechado la fuerza del contrario para devolvérsela contra él. Esa es la filosofía del Aikido. Enseñar que la potencia bruta no lo es todo y hacer que el contrincante aprenda de su error de atacar.

-Bueno, no entiendo mucho de filosofía oriental. Pero no ha estado nada mal, Hoshi.  Creo que después de ese disparo se va a levantar con un buen dolor de cabeza. Y ahora subamos a la nave.

Ambos llegaron a la nave Xan’thana que les había indicado Krem. En efecto, la primera impresión de Hoshi se confirmó. Aquella nave parecía haber salido de un desguace. Estaba toda corroída y llena de abolladuras.

Metieron la tarjeta en la puerta de la nave y ésta efectivamente funcionó. El interior era un presagio aún peor de lo que se habían imaginado. Un montón de cables mal entrelazados y unos mandos arcaicos componían  lo que parecía ser un panel de control frente a dos sillones todos rotos.

-Bueno, espero que esta “tartana” como usted la llamó, Hoshi,  se mueva. Vamos allá.

           

Cuando la nave se puso en marcha, de repente comenzaron a sonar las alarmas y las compuertas de acceso al hangar de despresurización que comunicaba con el espacio exterior comenzaron a cerrarse. Eran una puerta vertical y otra horizontal que les cerraba el paso.

-¡Maldición! Y no conozco cómo funciona esta maldita nave…

-A ver… -Hoshi comenzó a leer como pudo las indicaciones en Xan’thano que venían sobre el panel de mando. –Ahí pone “fuego de mano”, creo. Ese signo quiere decir eso.

-Interpretémoslo como “Encendido de Motor de Ignición”. A ver si es correcto.

Tucker apretó ese botón y en efecto, ¡los motores de la nave comenzaron a funcionar!

La nave se elevó en vertical propulsada por el motor iónico unos metros del suelo y comenzó a desplazarse a lo largo del hangar.

Las puertas comenzaban a cerrarse lentamente.

-¡Agárrese, Hoshi!

Entonces con ayuda del control de mando, “Trip” ladeó la nave ligeramente y buscó un recoveco entre las compuertas que se cerraban. Calculó la velocidad y decidió apostar todo o nada en un intento por salir.  Justo quedaba un agujero central con forma rectangular que se iba haciendo más y más pequeño.

Entonces, el viejo módulo cruzó a  toda velocidad el hangar y en dos segundos estaba en el espacio exterior. Cuando llevaban una gran distancia, los sensores de la nave se dispararon. Hoshi confirmó que dos cazas de Orión como salidos de la nada les estaban persiguiendo. Una de las naves se adelantó a la otra y comenzó a disparar. Uno de los rayos dio en el motor principal de la nave.

-¡Diablos! ¡Nos han dado! Voy a pasar a motor auxiliar y a potencia manual.

-Estamos perdiendo velocidad, comandante.

-Hoshi, quizás sea un buen momento para establecer contacto con la nave Enterprise… ¿No le parece?

-De acuerdo, señor. Aquí nave Xan’thana a la nave Enterprise. Les habla Hoshi Sato. ¡Necesitamos urgentemente su ayuda!

Una voz familiar se oyó por el comunicador de la nave.

-Aquí, Travis.

-Travis, -cortó Tucker. –Necesitamos asistencia inmediata, nos vienen persiguiendo dos naves de Orión. Creo que han descubierto que nos hemos infiltrado.

-De acuerdo, vamos allá. En tres minutos llegamos.

-No tenemos 3 minutos, si puede llegar en uno mejor.-Ordenó enfadado el comandante.

Fuera de la nave Xan’thana, el caza de Orión más adelantado continuaba disparando sin piedad sobre ellos y dañando aún más el casco.

En el puente de la nave Enterprise, Travis Maywheather se afanaba por acercarse más a la nave atacada. Dejó momentáneamente su puesto en el sillón de mando y tomó el de navegación, relevando al joven oficial que se hallaba a cargo del mismo.

-Alferez Tutu, -dijo con los nervios a flor de pie a su oficial científica en funciones. –Necesito que active los transpondedores de Hoshi y Tucker. ¿Cuánto falta para los 700 metros?

-Medio minuto, señor.

-Mayweather a Ingeniería.

-Aquí Ingeniería.-respondió una voz femenina.

-Teniente Hess, active los transpondedores de Sato y Tucker en cuanto la alférez Tutu le comunique que estamos en su radio de alcance. Quiero que los transporte sanos y salvos a bordo. ¿Entendido?

-Sí, señor. Haré lo que pueda.

-No, “lo que pueda” no, “lo que deba.”

La frente de Travis sudaba la gota gorda. Se pasó la  palma de la ¿mano por la frente y ésta se le quedó mojada.

Dentro de la nave, mientras, las cosas no iban tan bien como lo deseaban Tucker y Sato.

-Estamos perdiendo potencia, nos van a interceptar.

-Eso si no se lo impedimos nosotros.

Las dos naves de Orión se pusieron alineada una junto a la otra intentando hacer una especie de maniobra de pinza sobre la lanzadera Xan’thana. Y ambas comenzaban a disparar impunemente sobre el casco de la nave fugitiva.

Una luz intermitente azulada apareció en el panel de mandos.

-¡Acaban de dañar la potencia principal! –gritó Hoshi.

-Se van a enterar ahora, Hoshi.

-¿Qué  pretende hacer, comandante?

-¿No hablaba usted antes de técnicas japonesas? Voy a usar con ellos la técnica del kamikaze.

-¿No lo dirá en serio?

-MUY EN SERIO, Alferez. –gritó excitado por la adrenalina del momento.

Entonces, Tucker le dio más velocidad a la nave Xan’thana, sacó algo de ventaja sobre sus perseguidores y viró ésta contra las dos naves de Orión.  Hoshi vió algo en la pantalla que la alegró sobremanera:

-¡Comandante! ¡Nos llaman desde el Enterprise!

La voz de Travis se volvió a oír en el interior de la nave.

-Activen si pueden sus traspondedores, vamos a sacarles de ahí.

Tucker programó un rumbo automatizado para que impactara en una de las naves que estaban casi encima de ellos. Súbitamente, ambos notaron un extraño cosquilleo en el cuerpo. Lo último que vieron en la pantalla era una nave de Orión que se precipitaba sobre ambos en un gran primer plano.

La fuerza del impacto con la nave Xan’thana fue brutal. La nave de Orión estalló en mil brillos cegadores y la fuerza de la onda de choque hizo que la otra nave quedara a la deriva, inutilizada.

Próximo número: EN ALGÚN LUGAR DEL PASADO…

           

1)En Orión.

2)Atarazana espacial situada en la órbita de Marte. En ella se construirán siglos más tarde alguna de las naves míticas en la historia de Star Trek como la ENTERPRISE-D (TNG y ST:Generations).

3) “Animal humano”, insulto klingon despectivo.

4) La tropolisina es una sustancia alucinógena causada por un polen. La inaprovalina es la sustancia médica que lo contrarrestra descubierta por el Dr.Phlox y que se encuentra en fase de investigación en el s.XXII para dolencias similares. (“Strange New Worlds”)(ENT)

5)  Enfermedad que afecta a las actividades sinápticas del cuerpo transmitida por una persona inexperta o poco dotada para la fusión mental vulcaniana.

6) Alusión a lo ocurrido  en “Estigma” (ENT)

7) Ritual ferengi de cortejo amoroso en el que la amante acaricia las orejas de su amado y que produce un  gran placer sensorial en el que lo recibe.

8) “Vete al infierno”, en vulcaniano. (ENT. “Broken Arrow”)