“Únete al capitán Jonathan Archer y a la
tripulación de la primera nave estelar warp 5,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise
Un
Sol Olvidado Parte 5:
Escrito por Sikileia / Portada: Enzo G. Severini
Esta saga esta situada durante la 4 temporada de la serie de TV
Anteriormente: Tras reencontrarse Shran y Archer y recuperar un extraño objeto pétreo, T’Pol entra en un estado alterado de conciencia abriendo su mente a una época lejana de su mundo natal, Vulcano.
*****
La noche había descendido sobre Vulcano. La estrella Epsilon Eridani, de magnitud similar al Sol terrestre, había desaparecido tras los montes de Seleya. Y las primeras estrellas empezaban a ocupar su puesto en el firmamento constelado de astros.
Los ojos de T’Pol comenzaron
poco a poco a abrirse y se despertó en un lugar desértico, lunar y extrañamente
familiar. Un fuerte viento lleno de arena del desierto le golpeaba los ojos
dificultando la visión. Con la ancha manga de su túnica se protegió como pudo
la vista y fue cuando se dio cuenta de que no llevaba el uniforme de diario a
bordo de
Se incorporó y encontró a su lado una especie de hatillo listo para usar así como un bastón de madera largo. Instintivamente sin pensárselo se puso en bandolera la impedimentilla y se levantó apoyándose en el bastón. Un fuerte dolor de cabeza martilleaba los temporales de su cráneo como si fuera el ruido de un metal trabajado sobre un yunque.
T’Pol se hallaba en lo alto de una montaña; mirando abajo, en una especie de desfiladero pudo escudriñar a una larga fila de peregrinos o penitentes que parecía ir salmodiando unas letanías, que reconoció estaban cantadas en vulcaniano antiguo. Descendió rápidamente por una especie de camino que serpenteaba el borde de la montaña en la que se encontraba camino del desfiladero.
Se percató entonces de que no era la única. Otros vulcanianos vestidos como ella, solitarios o en grupo, se dirigían en bandada hacia esa especie de caravana de peregrinos haciéndola más y más grande. T’Pol estaba por llegar al desfiladero cuando se cruzaron en su camino un hombre mayor y su hijo vestidos a la misma usanza que ella.
-Larga y próspera vida, compañera…Somos Sovok y T’Klass.[2] ¿Vas también con nosotros al gran Santuario de T’Karath?
-Igualmente a ambos… Mi nombre es T’Pol… Y sí, justamente, iba hacia allí… Pero ¿por qué hay tanta gente?
-¿No te has enterado…? Hay un nuevo maestro, un sabio al que llaman Surak. Vamos con este grupo a verle…
-Y toda esta gente ¿también?
-Sí… Del lugar de donde procedo se hablaba muchísimo de él. El trajo la paz a tantos años de guerra. –Añadió el más joven que atendía al nombre T’Klass.
-Surak es ya mayor, a causa de las guerras del Tiempo de Despertar y está enfermo. El Mal Silencioso de las guerras de antaño ha acabado con él.
T’Pol se dio cuenta al oír este comentario de su compañero de viaje que
no estaba en el siglo XXII sino que con su mente o en sueños había retrocedido
siglos atrás hasta el equivalente de siglo IV en
La comitiva caminó millas y millas iluminándose con antorchas bajo la serena luz de las estrellas de la constelación de Erídanus. Era como un gran río de luz que serpenteaba por el desfiladero buscando una salida. T’Pol observaba con curiosidad a sus compañeros de viaje así como las letanías que entonaban y que alguna vez había oído en el monasterio de P’Jem. La gente permanecía en una especie de éxtasis, absorta en mirar siempre adelante.
De repente, la profunda garganta se abrió en forma de abanico y en lontananza, T’Pol pudo distinguir recortadas entre las siluetas de las montañas de T’Karath unas enormes estatuas hechas en piedra que llevaban lir’pas[3], antiguas armas ofensivas-defensivas de tiempos más anteriores al Gran Despertar.
En lo alto de la montaña, un monje con la cabeza calva hacía sonar una especie de gong de manera pausada. En ese momento, el sol comenzó a salir por el horizonte, empañando el cielo de Vulcano de un rojizo dorado. Algunas nubes iriscentes de color dorado atravesaban de este a oeste el cielo del planeta como si fueran las llamaradas de un mítico dragón celeste.
La multitud de peregrinos se detuvo. Y T’Pol con ellos.
De pronto un gran viento comenzó a soplar de poniente. T’Pol cerró los ojos y se resguardó tras el saliente de una roca. Cuando abrió los ojos vio que la multitud de peregrinos había desaparecido. De pronto, algunos pedazos de roca cayeron tras ella. Tuvo el suficiente reflejo como para retirarse a tiempo antes de que alguna de ellas le impactara en la cabeza.
En ese momento vio como la estatua que tenía tras de ella, posiblemente la de un semidiós, comenzó a resquebrajarse. Pero no para destruirse sino que debajo de ella apareció lo que parecía ser otra estatua de oro. De pronto en las otras estatuas de roca, comenzó a ocurrir lo mismo. T’Pol no salía de su asombro. Las estatuas estaban resquebrajándose pero no se destruían, seguían en pie. Presa de una sensación confusa de emociones, se escondió entre unas rocas.
Poco a poco, la costra de roca que cubría las estatuas sagradas comenzó
a deshacerse y a caer hasta que todas las estatuas adquirieron un tono
metálico, de oro. Una de ellas comenzó a abrir sus ojos y a moverse. Era el
Dios de
De sus ojos emanaron dos rayos verdes que iluminaban el extraño paisaje alienígena de T’Karath. Shariel caminó hasta una meseta y subió a lo alto de ella. Y desde allí gritó hacia el cielo blandiendo su lir’pa en actitud desafiante
Las otras dos estatuas vivientes, que T’Pol identificó como el Dios de
Sobre la montaña los tres dioses entablaron un combate cósmico con las lir’pas que llevaban. Cada golpe de la maza impactaba el suelo y lo resquebrajaba como si fuera un terremoto. La tierra retumbaba a cada golpe y a cada paso de los tres dioses. Sin embargo, tras varias horas de combate, los tres aún tenían fuerza para darse golpes con el arma vulcaniana y permanecían de pie.
Entonces el Dios de
-Júntate a mí en esta lucha y juntos dominaremos este mundo. Yo soy el
Dios de
-De acuerdo.
Entonces, la última fase del combate fue escrita con letras de
traición. Los dos dioses, de
Fue en ese instante en el que Shariel iba a rematar al extenuado y herido dios, cuando una voz de hombre, gritó desde lo alto de una de las colinas de T’Karath.
-¡¡Parad, parad este ilógico combate!!
La silueta de un humanoide cuya capa era levantada por el viento se recortaba contra el Sol de Vulcano, Epsilon Erídano.
T’Pol puso su mano en la frente para poder mejor la figura de aquel extraño ser ya que el sol daba contra su cara. Vio como aquel hombre bajaba poco a poco la cumbre de aquella montaña y se acercaba a la llanura de T’Karath. T’Pol le siguió con la mirada y aprovechó para ocultarse aún más en su escondrijo. A medida de que aquel hombre se iba acercando se percató de que le era muy familiar. Sus ojos, el corte del cabello, sus vestiduras. Tenía una mano levantada que hacía el característico saludo en V de los vulcanianos.
Un dejà vu atravesó como un relámpago iluminador su mente. Tenía la sensación de haberlo visto antes.
-¿¿Surak?? –exclamó la vulcaniana toda confundida. – ¡Surak de Vulcano!
La figura avanzó solemne entre las rocas hasta alcanzar la llanura con el brazo en alto haciendo el saludo vulcaniano y se puso en medio de los beligerantes. Entonces el reformador de Vulcano alzó sus brazos y entre sus manos comenzó a condensarse un gran halo ovalado, parecido a un gran sol, del que comenzó a partir en todas direcciones rayos multicolores.
Entonces un rayo luminoso cegó momentáneamente los ojos de T’Pol, quien se protegió poniendo su brazo y la capa. Cuando se recuperó, pudo distinguir que los tres dioses y Surak tenían la misma altura.
-¡¡Es tiempo de que dejéis vuestras luchas fraticidas, Dioses de Vulcano!! –Les increpó Surak. –Un nuevo orden está por llegar. El viejo orden ha muerto. Es Tiempo de despertar.
Entonces T’Pol vio que Surak, cayó de rodillas y comenzaba a quejarse de dolor. Pero tuvo fuerzas para levantarse y continuó:
-Es ilógico tener dolor. El dolor sólo existe en la mente.
Entonces con paso lento pero decidido volvió a interponerse entre los tres dioses.
-Hace mucho tiempo, antes del Despertar, el fuego y la destrucción recorrieron el planeta y se usaron en vuestro nombre como armas las Piedras de Gol. Éstas han estado demasiado tiempo en manos indignas. Ahora es tiempo de Paz; entregádmelas en señal de esa paz que está por venir.
Los tres dioses sacaron de sus bolsas tres piedras con incisiones con
forma de huevo. Cada una de ellas, llevaba el retrato, toscamente tallado de
Shariel, del dios de
T’Pol se dio cuenta entonces de la escena. Formaba parte de una de las múltiples leyendas que se habían contado de padres a hijos sobre el creador de la lógica vulcaniana. En ellas, la figura de un simple vulcaniano de carne y hueso, se había exagerado y mitificado hasta ponerla a la altura de los Dioses del panteón de Vulcano. Por otro lado, hasta el redescubrimiento del Kir’shara[4], lo que se conocía de las escrituras de Surak era fragmentario y estaba mal traducido.
De repente una extraña brisa levantó una polvareda que sumergió la llanura en una misteriosa neblina anaranjada. Tanto Surak como los tres Dioses de Vulcano desaparecieron bajo el espeso manto de niebla.
-Fascinante… -musitó una cada vez admirada subcomandante mientras un extraño sopor se apoderaba de su cuerpo.
T’Pol volvió en sí. Estaba acostada boca arriba. Lo primero que vio fue las caras de Sovok y S’Lakk y un vulcaniano cuya cara desconocía. Alzó su mano, se tocó la frente y vio que tenía la cabeza vendada.
-¡No te toques! ¡Tranquila! –le increpó Sovok apartándole la mano a T’Pol.
-¿Te encuentras ya mejor, hermana? –Le preguntó, T’Klass. –Te has pasado medio día inconsciente tras tu caída.
-¿Mi caí...da…? –balbuceó la tripulante del USS Enterprise. -¿Qué… ha pasado?
-Nos atacó la caravana un Le-Matya[5]… En tu huida, tropezaste con una roca que sobresalía y caíste por un terraplén de cabeza. Menos mal que estaba con nosotros, V’Lor el famoso médico de Shi’Khar y pudo curar tus heridas.
T’Pol y V’Lor, se miraron fijamente unos instantes y el médico sonrió levemente.
-Le doy las gracias por ayudarme, V’Lor…
-No hay por qué. –Respondió entre serio y amable el vulcaniano.-Era la opción más lógica.
Sovok se colocó al lado de V’Lor y añadió:
-Aquí tienes al médico personal de Surak. Por desgracia, él no tendrá tanta suerte como tú, pequeña.
-¿Y eso?
-La radiación de los tiempos anteriores al Despertar, ha hecho mella en su cuerpo, aunque no en su alma que es inquebrantable. –confirmó el médico.
-Sólo una cosa… ¿Están a salvo las piedras de Gol? –dijo rápidamente antes de volver a caer en su estado de ensueño.
-Hace décadas que están a buen recaudo en ese eremitorio que ves hacia el Este, en las llanuras de T’Karath. –le confirmó Sovok. –Pero, ¿por qué lo preguntas…?
T’Pol volvió a cerrar los ojos y se sumió en un estado de duermevela. V’Lor ordenó a Sovok y T’Klass que la dejaran reposar.
Sin embargo, algo en el cerebro de T’Pol permanecía activo y despierto e hizo que de nuevo la subcomandante de Archer volviera a abrir los ojos y tras un fogonazo que cubrió su mente se vio a sí misma con una armadura, un casco y una especie de alabarda o lanza en su mano.
Ahora se encontraba frente a la antigua ciudad de Gol. Ésta era una gran ciudad presidida por una acrópolis en la que se hallaba un gran templo dedicado a Shariel y la fortaleza del rey, con sus casas blancas y sus templos y construida en medio de una llanura a la que rodeaba una alta gran muralla de piedra rojiza de origen volcánico. Alrededor de la ciudad, silentes vigilaban las estatuas de antiguos dioses y héroes de Vulcano.
Era una noche cerrada y sin nubes. El cielo estaba tenuemente iluminado por el claro de la gran luna T’Khut que estaba en su fase creciente, que en tamaño era casi un planeta gemelo a Vulcano y estaba clasificado como un planeta H. Frente a las puertas de la gran ciudad de Gol, algunos soldados hacían guardia alrededor de una hoguera en un campamento improvisado en el que se levantaba un par de chamizos.
Protegiendo la puerta principal había más guardianes con sus lir’pas. Entre ellos, el que hacía de vigía, Nirak.
Nirak era un corpulento soldado de unos 60 años vulcanianos, de ojos y larga cabellera y desde lo alto de una torre de vigilancia contemplaba el vasto paisaje desértico que se extendía fuera de las puertas de la ciudad. De pronto, una suave brisa meció su larga cabellera negra y en lontananza divisó una polvareda que se comenzaba
a elevar hacia el cielo como el humo de una imaginaria hoguera. Sus ojos se crecieron más cuando se percató que la polvareda se acercaba con gran rapidez a la ciudad.
-¡Una tormenta de arena! –gritó desde lo alto al resto de la guarnición. -¡Se acerca una gran tormenta de arena!
Abajo, en el campamento, las risas de los compañeros de Nirak se escucharon en el silencio de la noche.
-¡Nirak! ¿No será otra de tus bromas? –dijo uno de los soldados visiblemente bebido.
Los compañeros de armas de Nirak comenzaron a reírse a carcajadas ante la impotencia del vigía.
-¡¡No lo veis!! ¡¡Por Shariel el Terrible, que hay una gran tormenta de arena que se acerca!!
Nirak bajó hasta la puerta para a encararse con sus compañeros y tratar de hacerles creer que lo que pasaba era cierto. Sólo dos o tres entre los que se encontraba T’Pol le hicieron caso y corrieron a guarecerse tras la puerta de la ciudad.
De pronto, varias figuras embozadas salieron de su escondite y con cerbatanas arrojaron dardos venenosos a los soldados que quedaban en el campamento los cuales comenzaron a caer muertos sin apenas poder reaccionar y defenderse con sus armas.
Los embozados rápidamente se apoderaron de las armas de los caídos y con ellas en sus manos fueron a atacar la puerta.
Cuando los defensores estaban a punto de cerrar el paso a los atacantes, un fogonazo que procedía del interior de la llanura cruzó todo el cielo y fue a impactar sobre la puerta que estalló entre llamaradas. Varios de los defensores cayeron muertos en el acto, lo que obligó a retroceder hasta la acrópolis de la ciudad al resto de los soldados golianos.
Entonces comenzó impunemente el asalto de la ciudad.
La ahora soldado T’Pol se defendió como pudo. Pudo contener con su lanza a dos de los asaltantes, atravesándole a uno y haciéndole el pinchazo vulcaniano a otro. Y corrió a avisar a los habitantes de Gol que buscaran refugio en lo alto de la fortaleza ya que estaban siendo atacados por un gran ejército.
Fuera en la puerta, Nirak se defendió como pudo, pero los soldados atacantes le superaban en fuerzas. Al final acabó hecho prisionero amenazado con una lir’pa en su garganta.
Montando una especie de caballo, un hombre que llevaba casco, escudo y unas ricas vestiduras se detuvo frente al prisionero reducido por sus soldados.
-¡¡Dejadle en paz!!
El soldado apartó lentamente la afilada lama sobre la garganta de Nirak.
-Eres Sumal, el rey de Shi’Khahr… ¿verdad? Que sepas que mi pueblo no se rendirá tan fácilmente ante ti.
Aún en tierra, Nirak no perdió su orgullo y se alzó hasta arrodillarse. El rey enemigo espoleó a su montura cerca del prisionero, quien ni se inmutó.
-¿Eso crees, soldado? Nunca una conquista había sido tan fácil. Gracias por devolver a la capital de mi imperio el dominio de esta ciudad y sus piedras.
-Yo no te he hecho ningún favor, rey. –respondió con desprecio Nirak. –Ni lo pienso hacer aunque me ofrezcas agua, oro o alguna de esas piedras. Antes puedes matarme. –concluyó mientras se rasgaba las vestiduras y señalaba su pecho.
Uno de los soldados embozados de Sumal se acercó a su señor y le susurró algo a su oído. El semblante de Sumal cambió; su expresión de majestuosa seriedad se mudó en una mueca de burla y se dirigió de nuevo a Nirak:
-Me han dicho que nos has confundido con una tormenta de arena y que tus compañeros no te hicieron caso. Hay que ser desdichado como tú.
-Ha sido una mala suerte, rey. Si me hubieran creído, vos estaríais ahora en mi lugar.
-Aunque accidental, nos has hecho un buen servicio, soldado. Te compensaré con la vida, considérate afortunado.
Sumal espoleó a su animal que llevó a su jinete a galope tendido al interior de la ciudad.
Nirak permaneció en el suelo sin decir nada mirando fijamente a su adversario que se retiraba en lontananza. Los ojos estaban inyectados en odio.
-¡¡Ya has oído al rey!! ¡¡Vete y desaparece de nuestra vista antes de que cambiemos de opinión, si no quieres acabar como tus compañeros colgados de las almenas!!
Uno de los soldados le dio una cabalgadura y algo de víveres y agua. Nirak montó a regañadientes amenazado por las lir’pas y lanzas de sus enemigos. El mismo soldado que le habló dio una palmada al lomo del caballo que salió galopando hacia las llanuras al amparo de la oscuridad.
Dentro de la ciudad, todo era caos y gritos. Multitud de golianos yacían por las calles y otros centenares más eran llevados maniatados hacia fuera de la ciudad escoltados por la guardia del rey de Shi’Kahr. Muchos de los tejados de la casas de Gol se eran pasto de las llamas. Aquello parecía la antesala del infierno.
T’Pol junto con algunos soldados más y decenas de ciudadanos
supervivientes llegaron como pudieron hasta
De repente varias flechas incendiarias surcaron el cielo y certeras buscaron cuerpos y objetos para clavarse en ellos.
Dos flechas hirieron a T’Pol en el hombre que cayó de rodillas consumida por el dolor. Uno de los soldados de Gol que intentaba ayudarla a incorporarse cayó atravesado por varias flechas incendiarias convertido en una tea humana.
Pero ya era demasiado tarde, superiores en número, los soldados de Shi’Khahr con el rey Sumal a la cabeza entraron a saco en la ciudadela haciendo retroceder a los defensores.
T’Pol tendida en el suelo intentó incorporarse pero no pudo. Consciente aún vio como los atacantes entraban para desvalijar el Templo del dios Shariel. Tras entrar en su interior, varios soldados salieron por la puerta principal llevando entre sus manos cofres enteros con los valiosos exvotos dejados por los fieles durante siglos. Pero uno de ellos, llevaba un gran de madera que presentó rápidamente al rey Sumal. El rey abrió la caja y en su interior estaba una gran piedra de forma ovalada con una especie de jeroglíficos extraños.
-¡Por fin
Los soldados comenzaron a gritar exaltados levantando sus armas y rodeando a su rey, cuando de repente la cabalgadura real se encabritó y lanzó al rey sobre su grupa que cayó de espaldas.
El fuerte golpe de su cabeza contra la dura piedra del pavimento partió el cráneo a Sumal que murió en el acto. Inútiles resultaron los esfuerzos de los hombres de Sumal por hacerlo revivir. La mirada yerta hacia el infinito del rey así como una mueca de terror confirmaron lo peor.
T’Pol, dolorida por las dos flechas clavadas en su hombro, comenzó a perder la consciencia. Los ojos poco a poco fueron cerrándosele y al fondo de una especie de túnel vio como una cortina de nubes sobre la que brillaban luces multicolores. Notó que flotaba plácidamente, sin ataduras corporales, y al atravesar aquella pared gaseosa una luminosidad la cubrió con un manto de tranquilidad y paz. Increíblemente, el dolor de la espalda había desaparecido y por primera vez se sintió renovada.
Al final de su viaje espiritual, pudo reconocer una figura que le resultó familiar. Tan sólo distinguía de ella su perfil recortado en la luz.
Era Surak que le extendía su mano derecha sosteniendo la piedra de Shariel. Con una voz suave y que reverberaba en un largo eco le dijo:
-T’Pol, hija de T’Les.
-¿Surak?
-Llámame como quieras…
-¿Qué quieres de mí?
-Toma esta piedra y guárdala de los que la quieren robar y usar para fines ilógicos. Nos veremos pronto, T’Pol.
T’Pol alzó su brazo para recibir el preciado objeto. En ese momento, la imagen de Surak comenzó a desvanecerse entre la niebla.
Próximo Capítulo: PERSECUCIÓN
[1] Animal felino parecido a un oso con colmillos. Fue mascota de Spock a sus 7 años un siglo más tarde (“Yesteryear”) (TAS)
[2] Discípulo de Surak (ENT)
[3] Arma vulcaniana usada desde antiguo que consta de un bastón con dos extremos: una especie de hacha cortante y una especie maza de impacto. Fue usada por Archer (ENT) y Spock (“Amok Time” (TOS))
[4] Urna antiquísima en forma piramidal que contenía las enseñanzas completas de Surak. (ENT. “Kir’shara”)
[5] Especie de tigre dientes de sable vulcaniano.