“Únete al capitán Jonathan Archer y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5, la Enterprise NX-01. En los primeros pasos de la humanidad por la galaxia”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise

Un Sol Olvidado Parte 3: Neápolis

Escrito por Sikileia

Esta saga esta situada durante la 4 temporada de la serie de TV

Anteriormente: Andorianos y terrestres, sabedores que el mensaje de auxilio era un señuelo, unen sus esfuerzos para rescatar al equipo de arqueólogos aislado y asediado en una de las ruinas de Baten Kaitos III. Mientras, llegan a la vacía capital colonial, Neápolis, para descubrir una desagradable sorpresa.

Una luz cada vez más grande iluminó por unos instantes el amplio espaciopuerto de Neápolis. Naves de varios mundos se hallaban  estacionadas en filas. Ninguna actividad. Sólo el silencio.

Malcolm Reed conducía el vehículo espacial mientras Archer ocupaba el asiento del copiloto y T’Pol  desde su asiento manipulaba su escáner científico.

-¿Alguna bioseñal  o movimientos a la redonda, T’Pol?

-Nada, señor. Salvo formas de vida inferiores, nada de vida humanoide…

-¿”Vidas inferiores”? ¿Se refiere a nosotros, T’Pol? –se burló Reed. –Entonces ¿qué somos para ustedes los humanos? ¿Especimenes de parque zoológico?

-Su pregunta es irrelevante, Reed.

-¡Déjelo,  es una orden…! –medió Archer. – Reed, ¿Puede abrir frecuencias y canales a ver si hay algún tipo de actividad?

-Lo intentaré señor…

Reed comenzó a manipular teclas y botones ante la atenta mirada de su capitán.

-¿Y bien?

-Nada, señor… El silencio absoluto, señor… Parece que se los ha tragado la tierra.

-Es extraño… -dijo volviéndose a Tholos. –Alguna sugerencia, comandante…

-Que bajemos a averiguarlo por nosotros mismos, capitán.

-Conforme. –T’Pol, Hayes y Tholos vendrán conmigo. Le dejo el mando de la lanzadera, Reed… A la menor señal de ataque, nos cubrirá.

-Sí, señor.

-Cojan esos fásers de ahí, T’Pol y Hayes… Puede que nos hagan falta. Póngalos en modo de aturdir. Tholos, si desea que le demos una de nuestras armas…

-No se preocupe, capitán, nada como una buena arma andoriana, rápida y precisa…

El viento rozaba contra las chapas de metal de las construcciones del Espacio-puerto de Neápolis y el casco de la lanzadera. La compuerta se abrió y lentamente descendieron los tres a campo abierto.  En el cielo estrellado, las lunas Enki A y Enki B desaparecían momentáneamente tras las nubes en movimiento.

-Vayamos a la torre de comunicaciones. Justo ahí delante, 300 metros en dirección noroeste.

El grupo de descenso corrió hasta llegar a una torre con forma de hongo hecha de hormigón y cristal. A pie de suelo una puerta entreabierta se abría y se cerraba sola por efecto del viento. El silencio y la oscuridad eran penetrantes.

-Entraremos ahí, en silencio y de uno en uno… -Ordenó Archer. –Hayes y T’Pol, cubran  nuestras espaldas.

A una señal del capitán, el oficial MACO y la vulcaniana se acercaron hasta la puerta de la torreta y abrieron la puerta. Tras asegurarse con el tricorder de T’Pol que no había ninguna amenaza, Hayes movió el brazo para señalarles que la vía estaba despejada. Archer y Tholos corrieron rápido y se metieron con los otros dos oficiales de la Enterprise en la torre.

Una escalera metálica en forma de caracol subía hasta la parte más elevada del edificio. En el interior, acaso por efecto del aire la estructura metálica crujía y retumbaba disipándose en un sonido de eco. La oscuridad lo invadía todo.

-Subamos. Con cuidado…-dijo Archer mientras coronaba despacio los primeros escalones. –Usen sus linternas.

Los cuatro ascendieron lentamente tanteando con sus pies los pasos que daban e intentando como podían iluminarse con sus linternas. Ya casi estaban en la parte superior del edificio. La puerta que comunicaba la plataforma superior con las escaleras metálicas estaba cerrada, como incrustada en su dintel.

A pesar de los intentos de los cuatro, individual o colectivamente, por abrirla el resultado fue inútil.

-Alguien ha debido de sellar a propósito esta puerta… -dijo T’Pol –El escáner detecta compuestos sílico-plásticos en varios puntos de la plancha de hierro…

-Buen trabajo, T’Pol –cumplimentó Archer. -Sólo hay una manera de romper esto. Hayes, ¿recuerda cómo abrían en el Oeste las puertas? Cuando cuente tres a mi señal, ponga su fáser a máxima potencia y dispare conmigo.

-Sí, señor.

-Los demás, póngase a reparo de nosotros. ¡Ahora a mi señal, mayor! En esa juntura de la izquierda.

Un rayo amarillo anaranjado salió de sus armas e impactó sobre una de las esquinas del acceso. El dintel cedió. Entonces, Archer propinó una patada a la plancha metálica que hacía de puerta y ésta cayó pesadamente hacia dentro de la sala como si fuera la puerta de un antiguo puente levadizo medieval.

-¡Ahora! ¡Entremos! –Gritó el capitán terrestre. -¡Despacio!

Hayes entró el primero y se detuvo ante lo que parecía ser la antesala del infierno. Con su linterna enfocó hacia el interior de la sala. Vio que ésta se dividía en dos pisos. Un ligero ulular electrónico sonaba del interior de la sala.

Era una especie de gran estación de operaciones. Todavía había partes que funcionaban pero el resto estaba apagado.

-¡Oh Dios mío…! ¿Y este hedor? –dijo asqueado Hayes tapándose la nariz.

Archer, Tholos y T’Pol entraron en silencio y se reunieron con Hayes. Con sus linternas comenzaron a iluminar las paredes y el piso superior de la Torre de Operaciones. Una de las linternas, la de T’Pol, enfocó en la pared un impacto negruzco.

-Un disparo de rifle de plasma, capitán Archer. –Sugirió Hayes.

-Sin duda, ha habido aquí una situación de violencia.

-Pero… ¿Y este hedor? ¿Es que no lo notan?

-Mejor que usted, oficial Hayes. Huele como a carne podrida.-sentenció la nativa de Vulcano.

-A Porthos le ha salido competencia… Además del oído su olfato es impecable.-respondió con sorna Jonathan Archer.

-No me compare con su perro, capitán. Yo no tengo nada que ver con su… mascota…

-¿En serio? ¡Claro que tienen un punto en común…! ¡Eso! –dijo Archer mirándole las orejas. –Y no se lo tome a mal, T’Pol, es un elogio y lo que le he comentado era una broma.

-El humor es un concepto ilógico que desconozco, capitán.

-No lo dudo…-rió Hayes.

-Bien, T’Pol, se lo explicaré más tarde… Sigamos con nuestra investigación…

Tholos se adelantó con su linterna unos pasos a la izquierda y sus pies tropezaron con algo alargado parecido a un tronco.

-¡Aquí, Archer!

La vulcaniana y los dos terrestres se unieron a Tholos.

La linterna del andoriano enfocó más nítidamente el bulto en cuestión: eran unas piernas que vestían unos pantalones grises y botas negras. El foco circular de luz continuó enfocando partes de lo que sin duda era el cuerpo de un humanoide muerto. Un jersey azul claro con una chupa vaquera cubrían el torso del cadáver. Un impacto negro parecido al de la pared se veía a la altura de lo que era su pecho y había quemado parte del tejido.

Al final la luz iluminó una cabeza cuyo rostro era ya casi una calavera y estaba contorsionado.

-¡Oh, Dios mío! ¿T’Pol?

La subcomandante activó su escáner y sondeó con él aquel cuerpo sin vida.

-Por la composición de su ADN es humano, capitán y debe llevar muerto unos 15 días.

Archer y Hayes bajaron la cabeza y T’Pol prosiguió mientras con su linterna iluminaba un rincón de la Sala de Operaciones de Baten Kaitos.

-No ha sido la única desdichada víctima… ¡Miren allá!

Sentados sobre su silla y con la cabeza y el cuerpo echados sobre sus consolas yacían tres o cuatro cuerpos, todos ellos con impactos. Un par de ellos también estaban caídos en el suelo. De repente, el aparato de T’Pol  comenzó a pitar de una manera diferente justo al aproximarse a un cuerpo de menor estatura que estaba debajo de otro de apariencia humana.

-¡Capitán! Este cadáver no es humano…

-¿Cómo? –inquirió el terrestre.

-Es un nativo de Orión. También lleva muerto una quincena de días.

Tholos se acercó a Archer.

-¿Necesitaba más pruebas, capitán? –le reprochó el andoriano. –Shran en todo momento le ha tratado de ayudar… Aunque muchos de nosotros no simpatizábamos con ustedes.

-Entiendo… Disculpe por dudar de ustedes, Tholos.

-No se preocupe, Archer, es normal. Estamos en una Galaxia en la que todos luchamos entre sí en vez de ayudarnos mutuamente.-replicó mientras miraba seriamente a T’Pol.

-Algún día eso cambiará… -Respondió esperanzado el capitán.

Mientras Hayes. Acompañado por T’pol, daba una vuelta alrededor de la Sala. Encontraron una especie de panel cuyos cables habían sido arrancados como de cuajo y  muchas de las pantallas y consolas de la Sala estaban rotas y desmontadas.

-Me gustaría poder acceder al ordenador principal de esta Torre de Operaciones. Tal vez daríamos con la causa de la masacre que se ha perpetrado aquí.-sugirió Hayes.

-Todavía recuerdo el mensaje que me mandó desde la Flota Estelar el almirante Forrest… Hablaba de algo así como que estaban bajo la amenaza de una nave…

-Mensaje que ha resultado ser falso. -Le recordó Tholos.

-Capitán, -interrumpió la oficial científica. -todos los aparatos de comunicaciones están inutilizados así como el ordenador central. Pero he logrado encontrar estos discos de memoria que parecen intactos. Estaban en la mano de uno de los cadáveres que operaban  los paneles.

-Recalíbrelo, T’Pol, y averigüe si podemos obtener algún dato que nos sirva para esclarecer qué está pasando aquí.

T’Pol insertó un disco de memoria azul a una especie de adaptador que conectó a su escáner. Del aparato salió la imagen holográfica de un hombre canoso, barbudo y entrado en años. Tenía unas pronunciadas arrugas en la frente y en la comisura de los labios y unos bellos ojos azules.

La imagen se alargó hasta tener la altura de de un ser humano.

-Fascinante, capitán. Creo que ya hemos dado con la clave.

-Escuchémosle, T’Pol. Active el holograma.

La imagen virtual del anciano adquirió una luminosidad y un relieve tridimensional y comenzó a hablar:

-“Soy el gobernador Leonard Amerise, de la Colonia Terrestre Unida de Baten Kaitos III. Este es un mensaje de emergencia destinado a la Flota Estelar. Nuestros detectores planetarios han detectado una gran flota de naves desconocidas que se aproxima a nuestro sector. Hace media hora  toda comunicación con la estación la boya espacial Eko 10 ha sido infructuosa. Y me temo lo peor.  He ordenado evacuar a nuestros 500 colonos a las antiguas galerías protoandorianas. Espero que alguien pueda leer nuestro mensaje y ayudarnos… Están ya llegando… Están ya…”.

De pronto, se oyeron de fondo en la frecuencia de banda, gritos y disparos de fáser. La figura holográfica se giró sobre sí misma y elevó sus manos cruzándolas delante de su rostro. Una especie de destello impactó sobre él borrando la imagen que se condensó en un destello.

-Eso es todo lo que he podido recuperar, capitán. –Confirmó impasible T’Pol.

-¿¡Quiénes están o estaban  llegando?! –inquirió en voz alta Jonathan Archer.

-La respuesta que busca la tiene a sus pies. Es una prueba más que irrefutable. ¿No le parece? –Sentenció Tholos.

-Eso no es suficiente.

-Deberá serlo, capitán. Le recuerdo que cuanto más nos detengamos aquí en esta Torre de Operaciones más los suyos y los míos estarán en apuros.

-¿Tiene las coordenadas de la última posición de Shran?

-Sí. Esperaba ansioso que me lo mencionara, Archer.

-Pues a qué espera, Tholos, guíenos.

                                                                *****

Sobre la camilla de la enfermería del Enterprise, Phlox acababa de monitorizar en sus camillas a una pareja de seres verdes que parecían provenir de Orión.

-Ya se despiertan, enfermera Gómez. Déjeles cinco minutos más de descanso. El postoperatorio ha ido bien.

El ser masculino comenzó lentamente a abrir los ojos y la primera figura que vio fue la del denobulano del Enterprise.

-¡Ajá, aquí les tenemos a los dos!

-Phlox… -sonrió el ser de verde. -¿Ha pasado ya todo?

- Si… Pero, ¿Se puede saber por qué me ha pedido que les alterase quirúrgicamente a usted y a la oficial Sato como Oriones, señor Tucker?

-Hemos de subir hasta la estación espacial de Baten Kaitos y averiguar qué está pasando por el bien del capitán.

-Y va a hacerle caso a ese… tío azul con antenas…

-Ese “tío con antenas” tiene la clave de lo que está ocurriendo… Y créame era más fácil para nosotros parecer Oriones que a los andorianos.

-No me extraña… A ver quién les corta esas antenas…

-¿Tiene por ahí un espejo, doctor? Quiero saber qué tal ha quedado su trabajo…

Plox acercó a “Trip” un gran espejo y se lo puso en el pecho para que se viera.

-¡Aquí tiene! ¡Espejo, espejito… como dicen en su mundo!

La  cara del ingeniero no daba crédito ante la imagen que se reflejaba frente a él.

-¡Increíble! ¡Si parezco al tipo ese de “ La Masa!.. ¡Buen trabajo, Phlox!

-¿ La Masa?

-Un superhéroe de mi juventud… Salía en los cómics que leía en la Biblioteca Municipal que estaba al lado de mi casa.

Un gemido de mujer interrumpió a paciente y médico. En una camilla contigua, una irreconocible Hoshi Sato comenzaba a despertarse de los efectos de la anestesia.

-¿Ya pasó todo?

-Sí, -la confortó Phlox. –Créame si le digo que está guapísima.

-Si lo dice usted, doctor, lo tendré que asumir…  Seguro que es una de sus técnicas psicológicas para que no me asuste por lo que voy a ver…

-No, en serio…

-Todavía no estoy muy convencido de que su plan sea un éxito, comandante.-dudó el denobulano.

-Entiendo su temor a que todo salga mal, Phlox, pero usted simplemente limítese a cumplir con sus órdenes y no estará desobedeciendo a nadie…

-No será por mí, será también por el capitán cuando se entere de lo que le va a hacer a la lanzadera que nos queda…

-Eso déjelo en manos de Ingeniería, Phlox. Los chicos de mi sección nos la van a devolver sana y salva.

El medico puso la mejor de sus sonrisas y continuó:

-Bueno, como ya veo que están bien, les doy el alta. Ahí pueden correr las cortinillas y cambiarse. Yo me voy al laboratorio con mis animalitos… Si me necesitan ahí estaré.

Sato y Tucker, ahora convertidos en Oriones, se miraron fijamente unos instantes y empezaron a reírse a carcajadas.

                                                           *****

Se iniciaba la alborada en Baiten Kaitos III. El sol comenzaba a aparecer tibiamente por el horizonte.

 Los primeros rayos se reflejaron sobre el casco de titanio de la lanzadera dándola un aspecto sobrenatural. La nave estaba en ese momento sobrevolando las espesas florestas tropicales del planeta camino de su destino.

 Este era el panorama que podía divisarse desde la pantalla principal del mando de la lanzadera que era controlada hábilmente por Malcolm Reed.

-Estamos casi llegando a nuestro destino, capitán. En diez minutos ya podemos tomar tierra.-comentó el andoriano rompiendo el silencio.

-Confirmado.-Añadió T’Pol.- Sugiero que aterricemos en ese claro.

-Deberíamos camuflar bien la lanzadera. Los sensores de la nave están detectando decenas de señales de vida, posiblemente Nausicaanas y… no se lo van a creer, Oriones.

-No me extraño, Reed. Los dominios del Sindicato de Orión están a un tiro de piedra de aquí.

-No sabía que estuviesen tan cerca, capitán. –objetó ingenuamente la oficial vulcaniana mientras levantaba una de sus cejas.

Reed y Archer rieron a gusto la reacción de la vulcaniana.

-No, T’Pol, es una manera terrestre de decir que están cerca de nuestras colonias, galácticamente hablando. –Aclaró Archer.

-Su lenguaje a veces me suena muy raro.

-Digamos que es una lengua muy rica en matices. No me dirá que la lengua vulcaniana no tiene estos giros y estas expresiones idiomáticas.-Le reprochó Reed.

-No, teniente, nuestra lengua es lógica. La palabra justa para cada situación.

-Me parece interesantísimo su debate dialéctico. –se entrometió Archer.-pero tenemos una misión importante que cumplir abajo.

-Sí, señor. Procedo a hacer aterrizar la nave. Prepárense.

-Tholos ¿Cree que nos habrán detectado? –curioseó dubitativo el capitán de la USS ENTERPRISE.

-No creo, Archer; nuestro inhibidor energético creo que está cumpliendo y bien su misión. Ya lo vieron ustedes antes de asaltarnos allí en ese pueblo.

La lanzadera dio un giro en el aire y se posó muy lentamente en el centro del claro levantando una leve polvareda.

-Ya está, un aterrizaje suave, capitán. –dijo sonriendo el oficial de seguridad.

-De acuerdo. T’Pol ¿Los sensores de su escáner detectan alguna señal de vida de origen humano, alfacentauriano o andoriano?

-Negativo, capitán. Las mismas que le he comentado antes.

-Eso significa que estamos en territorio enemigo y tendremos que ir con cuidado…

-Tholos, ¿está seguro que Shran se teletransportó a este lugar?

-Sí, capitán. A mi me extraña como a usted que no les pueda localizar.

-Tenemos otra opción, Tholos, dirigirnos a pie hasta el campamento de los arqueólogos. Ésa es la única pista fiable que tenemos de ellos ¿Cuán lejos estamos de él, T’Pol?

-Unos dos kilómetros y medio hablando en medidas Standard terrestres. En dirección Sur.

-¿Podremos recorrerla sin tener problemas de encontrarnos con los Oriones y los Nausicaanos?

-Creo que sí. –Asintió la oficial científica.-Creo además que los dispositivos andorianos podrán sernos de gran ayuda.

-Interesante, vulcaniana. Le agradezco que haya apreciado nuestra rudimentaria tecnología  en estas circunstancias adversas. –interrumpió Tholos.

Malcolm Reed permanecía ajeno a la conversación mirando a través de unas pantallas circulares de la lanzadera. Su cara denotaba una expresión de preocupación.

-Teniente, ¿pasa algo?

-Capitán, los sensores de la lanzadera están detectando explosiones de plasma una de  las coordenadas cercanas al campamento. En una de las esquinas de las pirámides.

-¡Bingo! Creo que están ahí.-dijo Archer mientras cerraba su puño en señal de aprobación.

-Vamos allá… Reed coja los fásers que pueda. ¿Tholos, están listos sus hombres?

-Sí, Archer.

-De acuerdo. Hayes ¿usted y su oficial?

-Sí, señor.

-¿T’Pol? ¿Usted…?

-Creo que sí, capitán… Aunque no sé… Vuelvo a sentir esa sensación rara en mi interior… como cuando estuvimos en  “Bidonville”.

-¿Capitán? –inquirió Reed.

-Por favor, vayan saliendo de la lanzadera, necesito estar un momento a solas con T’Pol.

-Sí, señor.

Los oficiales terrestres y andorianos abrieron la compuerta y salieron de uno en uno de la lanzadera dejándola vacía. Antes de salir, Malcolm Reed cogió un buen cargamento de munición y armas

-Capitán, puedo hablar libremente…

-Sí, subcomandante.

-No me veo capacitada para seguir en esta misión, Jonathan; dentro de mí.. Siento… un montón de emociones negativas… Son emociones primitivas, primigenias… como las que debieron sentir mis antepasados en Vulcano.

-T’Pol… -dijo seriamente el capitán.-La necesito a usted con el cien por cien de su capacidad. Sé lo que la está costando encontrar un remedio a su Síndrome de Pa’nar, sé lo que cuesta recuperarse de aquella adicción al Trillium-D.

-Capitán… No es nada de lo que usted menciona… Usted no lo entiende… Lo que me ocurre va más allá de toda lógica… Un vulcaniano sí lo entendería pero su mente humana es demasiado básica como para comprendernos.

-Pues precisamente mi humana mente básica me dice que T’Pol cuando ha querido ha pasado por alto muchas situaciones peor que ésta gracias a la Lógica. Yo necesito a esa T’Pol ¿me entiende? No nos puede fallar ¡y menos ahora, subcomandante, es una orden!

-Está bien… -Se resignó la vulcaniana. –Si usted lo proclama como una orden, entonces lo acataré…

-No es una orden, T’Pol… Vale, sí… Pero la necesito a mi lado… ¿Me va ayudar…?

-Sí, capitán…

-Así está mejor. Y ahora, vayamos a echarle una mano a Reed y a Tholos.

                                                         *****

En los hangares, un grupo de mecánicos habían comenzado a dejar la reluciente chapa de la shuttlepod[1]  toda abollada y oxidada como si fuera la de un viejo carguero espacial. Todo distintivo perteneciente a la Enterprise NX-01 había desaparecido. Mientras veían cómo avanzaban las reformas sobre la shuttlepod, el asombro y la incredulidad de Phlox crecía por momentos.

-Al capitán no le va a hacer ni pizca de gracia su plan, comandante.

-Lo sé, Phlox, pero dígame otra manera de entrar en la estación espacial sin ser vistos…

-Le recuerdo que usted sólo está cumpliendo mis órdenes, doctor… ¿y por cierto han preparado a esas criaturitas peludas para su transporte?

-¡Ah se refiere a los… tribbles[2]…?

-Sí, tenemos que ofrecer algo original que le pueda interesar a esos contrabandistas a parte de una esclava de Orión…

-A mí no me mires, “Trip”… ¿Eh? -dijo la exolingüista japonesa.

-Espero que su plan tenga éxito ¿sabe que a mis mascotas les quitará durante semanas unos manjares exquisitos?

-No se preocupe: como a la vuelta el plan de vuelo es pasar por Iota Geminorum ¡ya tendrá ocasión de proveerse de ellos! Y, mientras, les sintetizaremos algún sucedáneo que sea de su gusto en el resecuenciador de proteínas. Con su permiso, doctor, me llaman.

Uno de los mecánicos, la teniente Hess, se dirigió a Tucker que se acercaba a observar mejor los progresos de su trabajo.

-Señor, ya hemos acabado, cuando quieran podemos ir cargando a bordo a esos triplos del doctor…

-Gracias, Hess.  ¡Ah… Se dice “tribbles”, cadete, no “triplos”!

-¡Ah, gracias, señor! Lo tendré en cuenta… Señor, los transpondedores que pidió, quizás le pueda ser de ayuda. –añadió el mecánico mientras le entregaba un par de piezas parecidas a chips.

-Muy bien. ¿Hoshi? ¡Phlox! ¡Vengan acá! -El doctor y la lingüista japonesa se acercaron y el ingeniero pegó uno de los chips al hombro de Sato.- Estos son dos chips que nos pueden de gran utilidad para tenernos localizados en caso de apuro y teletransportarnos, ¿entendido, ingeniera?

-Sí, señor.

-¿Y cuál es su plan de vuelo? –inquirió un curioso Phlox.

-Intentar averiguar que se cuece dentro de la estación espacial. Desde la Kumari nos han advertido de una presencia inusual de naves de comercio Orión en los alrededores de la base.

-Hoshi, vámonos a la Base Estelar. ¿Ha hecho las maletas?

-Pues casi, señor.

-Está  bien… -Tucker se aproximó hasta un intercomunicador próximo a él y abrió comunicaciones: -Tucker a puente, ¿Mayweather?

-¿Sí, señor?

-Le dejo al mando hasta que vuelva de la Estación. Intente localizar lo antes posible al capitán y al equipo de descenso. Y lleve la nave a la cara oculta de Enki B, vamos a soltar la lanzadera desde ahí.

-De acuerdo, señor ¿Algo más?

-Sí, fije la señal de los transpondedores de Sato y el mío. A la mínima señal de peligro, su orden es transportarnos sanos y salvos a la nave. La lanzadera es sacrificable, pero nuestras vidas no ¿entendido? Y a partir de ahora, silencio subespacial y espacial en todas las frecuencias y actividad mínima de la nave, no vaya a ser que seamos detectados por los Klingons o los Oriones.

-Si, señor.

La nave viró en un giro. En ese momento los rayos de la estrella Baten Kaitos se reflejaron como en un espejo en el casco de la nave. Mayweather guió eficazmente la nave hasta situarla a la sombra de Enki B, la mayor de las lunas.

De la panza de la Enterprise NX-01 se abrieron unas compuertas metálicas a través de la cual descendió sujeta por un brazo mecánico la Shuttlepod 2 que conducía Tucker. Ésta se separó de su nave nodriza y en un trazo diagonal se encaminó a la Estación Espacial de Baten kaitos III.

                                                                        *****

La situación en el interior de la pirámide era angustiosa por momentos. Shran ordenó a un par de sus hombres que subieran al piso superior  de la galería en la que se encontraban y tomasen posiciones de tiro.

-Si quieren que salgamos, saldremos. Pero no por donde ellos se esperan, ya que han bloqueado la entrada principal.

-¿Y qué se le está ocurriendo ahora? ¿No dijo antes que era mejor quedarse aquí?

-Si y no, Amanda, saldremos por su retaguardia. Me dijo antes que conocía los Corredores de los Espíritus de esta pirámide como la palma de su mano.

-Tanto como eso no, pero sí, estoy familiarizada con su recorrido.

-Bien, necesitamos que varios de sus hombres nos preparen varias de esas botellas incendiarias. Son un poco primitivas pero parecen eficaces.

-Se llaman cócteles-molotov, y desde luego le aseguro que es más explosivo que su cóctel de cerveza andoriana.

-Está bien,  Amanda; elija a unos cinco de sus hombres, y cuando estén listos nos uniremos a mis dos soldados que están arriba, pero saldremos por el otro lado de la pirámide. Seguro que no se lo van a esperar.

Amanda hizo un gesto con la cabeza a Karima que sólo había estado escuchando la conversación. Karima escogió a unos seis hombres, cuatro alfacentaurianos y dos terrestres. Entre todos prepararon  una docena de cócteles-molotov, dos por persona. Shran miraba la operación fascinado ante lo rudimentario del método de fabricación.

-¿Qué, le parece extraño? –Se burló Karima .-Tal vez no sean tan sofisticados como sus rayos láser pero son tan o más mortíferos.

Shran sonrió levemente y sonrió aún más cuando vio que su oficial Talas estaba de pie a su lado, plenamente restablecida.

-<<Pido permiso para unirme a usted, Shran. Tashur ya me ha dado el alta médica.>> [3]

-<<Desde luego y le agradezco que se una a nosotros y más en ese momento.>>

-<<¿Y el humano qué tal se encuentra?>>

-<<Está mejor, pero necesita mucho reposo. Es extraño, comandante, nunca le había visto preocuparse por uno de ellos…>>

-<<Quizás porque es en situaciones como ésta  cuando es necesario contar con quien pueda ser tu aliado, más allá de si somos andorianos o terrestres. El capitán Archer me lo ha enseñado muchas veces. Todavía me queda entenderles y me cuesta, créame.>>

-<<Le comprendo, y a mí me queda mucho más camino que el suyo para entenderles.>>

En ese momento llegaron Amanda y Karima y su grupo, armados con sus molotov y  algunos con sus rudimentarias pistolas  y rifles de plasma.

-Cuando quiera estamos a su disposición. –dijo Amanda con determinación.

-De acuerdo. Talas, acompañará a los nuestros que están en la galería de arriba en tanto que nosotros nos introduciremos por los corredores y saldremos por la parte de atrás.

-Si, señor.

-Detecta su sensor algún movimiento en los alrededores de la pirámide.

-Bastantes señales de vida tanto nausicaanas como de Orión… Oh, un momento… -musitó Talas mientras sus antenas se volvían hacia delante.-A un kilómetro de aquí detecto… una vulcaniana y un grupo de humanos y andorianos… y un grupo de Oriones y Nausicaanos  que se dirigen contra ellos… Señor… ¿No serán…?

-¡Archer!

-Cambio de planes… -ordenó Shran. –Talas, quizás no seamos nosotros los que necesitemos ayuda si no ellos… ¿Hay alguna manera de podernos comunicar con ellos?

-Señor, podríamos pero descubrirían nuestra posición con total precisión para atacarnos. Sugiero ir a su encuentro aunque para eso debamos descender de nuevo a la selva; con nuestros sensores podríamos localizarles con un margen muy alto de aciertos.

-Entonces, a qué espera Talas, vayamos a socorrerles. Tashur y  Karima, quédense al mando de los que no tengan armas aquí dentro de la pirámide, así además cuidarán sus hallazgos arqueológicos.

-Si, señor.-Respondió el médico andoriano.

-Amanda, usted y sus hombres quedarán cubriéndonos en las proximidades de la pirámide. Aquí, les doy un sensor. En caso de que se vean amenazados activen este botón y nosotros con nuestro escáner lo rastrearemos… Y quería pedirle algo más…

-¿El qué? –preguntó una reticente Amanda.

-Que llevara consigo esa piedra maligna…

-Pensé que le disgustaba tenerla cerca.

-Nos será de gran utilidad porque sé quien podría usarla.

-Espero que esté en lo cierto, comandante Shran.

Próximo Número: Un Sol Olvidado 4 Parte: Vientos de Guerra



[1] Tipo de lanzadera de las usadas en la serie ENT.

[2] Animalitos peludos y pequeños cuyo ronroneo tiene efectos terapéuticos en todas las razas menos en la de los klingons. Se encuentran en Iota Geminorum, constelación de Géminis. Hacia 2150 ya eran conocidos por los humanos. ENT (“The Breach”)

[3] El diálogo entre plicas va en andoriano.