“Únete al capitán Jonathan Archer
y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise
Este relato tiene lugar entre la segunda y tercera temporadas de ENT
Quimera Parte 7: Descenso al hades
Escrito por Sikileia/ Portada: Jaime Martinez Rodriguez
El viento mecía suavemente las ramas de unos árboles que parecían prehistóricos cuando un relámpago iluminó brevemente la incipiente noche en Hades III. Reed y Tunner se materializaban poco a poco con su cargamento de cajas y el transportín de Porthos.
Frente a ellos estaba lo que parecía ser la entrada de una cueva.
El oficial de seguridad sacó su aparato telesensor y comenzó a explorar en todas direcciones posibles girándose a su alrededor.
-Los gamma-electrones provienen de esta oquedad.
-Mi sensor da lecturas similares, señor.
-Entonces vamos por el buen camino. Y ahora, señor Tunner, ayúdeme a montar la sonda, necesitamos saber con más precisión qué es este planeta y ante qué nos estamos enfrentando.
Tras organizar y montar los dispositivos, excavaron en la tierra éstos a una profundidad de media pierna más o menos. Tan sólo sobresalía una especie de antena circular que disimularon con ramas y piedras.
-¿De dónde ha salido eso, señor’? –Preguntó intrigado el oficial acompañante.
-Esta sonda estaba en fase experimental; era una sonda ECHO modificada y programada para escanear la posición del capitán, nuestro ingeniero y T’Pol en el interior de la nave… Nos será de gran utilidad en caso de que tengamos que salir de aquí… teletransportándonos.
Pero una de las cajas aún no estaba vacía…
-¿Y esto? Aún no lo hemos abierto.
-Un reflector de disparo, aumenta la potencia del cañón y da mayor precisión al disparo. –Dijo cogiendo algunas piezas de la caja mientras las ensamblaba. Es como una antena portátil y necesitaré que usted me la lleve todo el rato.
-¿Yo… Señor? ¿Ese armatoste?
-Ese armatoste nos puede salvar la vida en un momento dado. Además, usted se ofreció voluntario para esta misión así que le ha tocado a Ud. –Dijo Malcolm Reed con ironía- Tenga esta mochila y llévela ahí -dijo mientras sacaba una de una de las cajas.
Porthos estaba nervioso y jadeando en su jaula, entonces Reed abrió la compuerta del compartimento y el chucho salió corriendo alrededor de los árboles olisqueándolos y dejando algún que otro ‘recuerdo’ canino alrededor de éstos.
Entonces cuando vio que el beagle estaba lo suficientemente descansado y familiarizado con el terreno, Reed lo llamó y le puso la correa.
-Tenga, Tunner. Sujéteme a la mascota del capitán.
Los dos oficiales de la Enterprise NX-01 se internaron al interior de la cueva, avanzando sigilosamente como si fueran dos topos a través de su madriguera. Era una especie de descenso al reino del Inframundo. Estalactitas y estalagmitas formaban una extraña catedral de arabescos y churriguerescos imposibles tenuamente iluminados por una luz azulada que dotaban a la cueva de un aura de misterio.
Para no levantar sospechas iban casi a ciegas por las galerías precedidos por el ratreo-hormiga [1] de Porthos, éste jadeaba y movía la cola visiblemente nervioso.
Repentinamente oyeron como unos sonidos extraños como de campanillas de viento. A lo lejos, unas extrañas sombras se movían en lo que parecían unas grutas más alejadas. Porthos comenzó a ladrar y a correr hacia las sombras fantasmagóricas. Reed se dejó llevar por el impulso perruno del animal. De pronto, el perro se paró y comenzó a ladrar con la cabeza vuelta hacia abajo. Malcolm se acercó hasta el animal, había un enorme abismo bajo el cual había una especie de desfiladero que se perdía en la lejanía a ambos lados. Se tumbó en el suelo boca abajo y mientras miraba el inmenso desfiladero. Giró su cabeza y mirando a su acompañante le hizo señas para que agachara y se acercara a su vera.
Serpenteando con su carga a cuestas cual caracol, Tunner se arrimó hasta donde estaba Malcolm Reed.
Continuara…
[1] Rastreo típico de perros de caza como el cocker o el beagle en el que pegan el hocico al suelo para seguir un rastro.