“Únete al capitán Jonathan Archer
y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise
Este relato tiene lugar entre la segunda y tercera temporadas de ENT
Quimera Parte 6: Despertar de pesadilla
Escrito por Sikileia/ Portada: Abel García
Había pasado más de una hora. Reed, sentado en una escalinata del transportador, revisaba el diario de a bordo de las últimas horas y monitorizaba con el ordenador de a bordo algunos datos. El teniente se percató que era precipitado ir al planeta solo y esperó a que al menos los miembros fundamentales del puente estuvieran despiertos. En aquel momento comenzó a arreglarse para el viaje a la superficie.
Un Mayweather aún somnoliento se acercó hasta él cuando estaba acabando de ajustarse la cremallera de su mono azul. Intentó disimular un bostezo con su mano derecha, pero Reed se percató de ello y sonrió. Entonces, el joven afro-americano se dirigió a él con voz tímida y en tono avergonzado.
-Señor… las lecturas… que me pidió con el escáner. –Murmulló mientras le daba un notepadd. –He detectado unas coordenadas geográficas en las que las concentraciones energéticas son más fuertes que en el resto de la superficie planetaria.
-¿Concentraciones energéticas?
-Sí, teniente… Pensé que eran ondas sísmicas o algún fenómeno volcánico o atmosférico, pero hemos detectado flujos de gamma-electrones a intervalos regulares. Eso es lo más extraño.
-¿Gamma-electrones?
-Se trata de un tipo de partícula subatómica que correspondería al uso de algún dispositivo electrónico avanzado. Las emanaciones energéticas coinciden con los puntos de mayor actividad tectónica del “planeta”. Si es que podemos llamarlo así…
-¿Un falso planeta?
-Si, señor… Por lo visto ya había precedentes en los anales vulcanianos aunque no en nuestra cultura. La subcomandante T’Pol tenía en su banco de datos privado registrada esta anomalía que parece ser frecuente en dispositivos alienígenas de una raza conocida en su mundo como “Los-Sin Rostro”… Al menos es esa la traducción que me dado Hoshi Sato.
-¿Que ha hecho… qué? Esa información era confidencial y sólo la podía compartir nuestra oficial previa autorización de Vulcano.
-Señor, esta es una cuestión por la que sé que deberé ser penalizado, pero la situación obligaba… y por eso, le hackee a T’Pol esos archivos. –Respondió con pasión el joven alférez.
-Esta bien… Lo peor va a ser ver al capitán explicando a sus orejudos amigos qué ocurrió en el cuaderno de bitácora de esta misión.
-A no ser que le ponga un ‘parche’ en el software, señor. Eso sé hacerlo. Ya verá cómo nadie lo nota.
-Sé que lo ha hecho pensando en la gente de esta nave, Travis y se lo agradecemos. Pero ruege a su deidad que no le pillen con las manos en la masa llegado el momento.
-Es que ya esta puesto ese parche, señor…
-Así me gusta, Travis… Por cierto, qué supone que es a lo que nos estamos enfrentados… “Los-Sin-Rostro” o como quiera llamarlos… qué son realmente… porque parecen salidos de un mundo de pesadilla. De hecho, no sé a qué realidad hemos despertado…
-Que “esa cosa” de ahí fuera no es un planeta… Es cualquier cosa menos un planeta…
-¿Entiende que el rayo transportador puede atravesar la capa de ese planeta y depositarnos dentro de la oquedad?
-Creo que sí, teniente; hay como unas fluctuaciones electromagnéticas en el pulso de esos gamma-electrones que crean una especie de agujeros subatómicos, tal vez aprovechando alguno de ellos…
-No me diga que me va a colar por ahí…
-Sí, señor… Es la única opción… Además no creo que seamos detectados si lo hacemos como se lo digo.
-Buen trabajo. Pásele esas coordenadas a Masaro.
Pasadas unas horas, Phlox estaba reanimando a los últimos dormidos tripulantes de la nave. Mientras tanto la actividad en el puente y la sala de máquinas era frenética.
En el transportador, el alférez Masaro y el tripulante Fletcher terminaban de acomodar unas cajas en el transportador. Entre ellas había una especie de trasportín en el que estaba Porthos dando vueltas todo nervioso.
-Creo que está bien así. –dijo Reed mientras se colocaba una especie de gran mochila en el hombro. Necesitaremos saber exactamente qué está pasando ahí abajo.
-No se va precisamente a sacar de paseo al perro del capitán, teniente.
-Ya, ojalá fueran otras circunstancias… Todavía me acuerdo de aquel fallido paseo por ese planeta demoníaco hace cuatro años…
Un tripulante de pelo moreno se le acercó y le dio otra caja de color metalizado.
-Señor, aquí tiene las pistolas láser ajustadas a la frecuencia que me pidió.
-Gracias, Tunner. –Entonces, le miró fijamente. -Le veo un poco desmejorado… creo que necesitaría descansar un poco, ¿no cree?
-Seguiré al pie del cañón como se suele decir hasta que el capitán esté a bordo sano y salvo; entonces ya descansaré…
-Pero, lo necesita… Es una orden…
-Con el debido respeto, señor, creo que ya he dormido bastante gracias a esos aliens. Creo que estar despierto unas cuantas horas más hará bien a mi reloj biológico.
-Si usted lo dice…
-Lo dice mi cuerpo… Una pregunta, señor… ¿Es que va a ir sólo ahí abajo?
Reed sonrió levemente.
-Es la mejor de las opciones. Además un paseo con Porthos nos vendrá bien a él y a mí.
-Señor, me ofrezco voluntario para ir con usted… Además, soy de los que mejor porcentaje de tiro tenía en la Academia de la Flota.
-No hace falta que me lo recuerde, ya lo ha demostrado muchas veces. –afirmó Reed. –Venga, acomódese en el transportador.
Tunner buscó su sitio en la circunferencia del suelo. Malcolm Reed subió instantes después.
-Masaro, espero que “Trip” le haya enseñado a manejar este aparato.
-Haré lo que mejor pueda, señor.
-Diga que “lo que mejor sé”… Queda mucho mejor al oído y para su propia autoestima.
-Sí, señor.
-Y ahora… Energice, Masaro.
Un zumbido y un fulgor instantáneo inundaron por un momento la sala del transportador. En un abrir y cerrar de ojos ambos hombres, un perro y su precioso cargamento desparecieron ante la vista de todos.
*****
En el interior de la cueva cupular, Charles Tucker abrió de nuevo sus ojos; allí, en la esquina de un corredor vio varias siluetas indefinidas que se juntaban entre sí en parejas de dos o tres personas y se arremolinaban como si fueran hormigas comunicándose entre sí por medio de sus antenas. Tan sólo podía ver el extraño brillo fluorescente que emanaba de sus negras pupilas, como si fueran ojos de gato en la noche. Algo les tenía visiblemente nerviosos a los alienígenas.
*****
Continuará…