“Únete al capitán Jonathan Archer
y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise
Este relato tiene lugar entre la segunda y tercera temporadas de ENT
Quimera Parte 4 y 5
Escrito por Sikileia/ Portada: Jeff Hayes
EPISODIO 4: EL DESAFÍO
A bordo de la Enterprise NX-01, Mayweather estaba rodeado por varios ojos que le vigilaban detrás de sus hombros.
-Aísle la procedencia de esa señal. Ejecute un barrido en todas las frecuencias del escáner. –Ordenó Malcolm Reed.
-Es curioso, señor… Los continentes del planeta Hades… Cambian de forma cada 18.6 horas terrestres.
-¿Cómo lo sabe?
-He analizado estas dos fotos. Se las paso al visor principal.
Reed observaba con interés.
-Prosiga.
-Bien, no sé si ve esa especie de península. Ahora en esta foto tomada hace 6 horas terrestres no está, pero en las fotos de ayer sí.
-Sí, es un fenómeno realmente curioso, señor Travis- Siga escaneando este planeta. ¿Algún dato más de interés?
-También tengo otra sorpresa que le asombrará, señor. Me ha parecido ver ciudades o puntos de luz aglomerados que indican eso… pero en otras fotos éstos desaparecen.
******
En sus respectivas ‘celdas’, Archer y Trip se vieron sorprendidos por una luz cegadora que iluminó sus estancias. Las distintas paredes se movieron y se abrieron mostrando una especie de largo pasillo y al fondo, una estructura circular parecida a una pista de patinaje bajo una cúpula luminosa.
En sus mentes resonó la misma voz telepática que habían oído días atrás.
<<-Completar. Preparación. Sujetos 1 y 2.>>
De pronto un campo energético pareció envolver a cada uno de ellos. Ambos intentaron resistirse y echarse atrás pero el campo de fuerza les presionaba y los empujaba por la fuerza a la sala central con la cúpula.
Tucker fue el primero en avanzar por el extraño pasillo hasta llegar a la sala circular. Entre sus manos, de repente, se materializó, una extraña espada-hacha con una especie de media luna afilada. Cuando se dio cuenta, había perdido contacto visual con su capitán. Una pared rocosa y lisa le cerraba el paso a sus espaldas.
Algo similar le ocurrió al capitán del Enterprise. Jonathan Archer, vio como entre sus manos aparecía una lir’pa vulcaniana [1] , arma que él conocía muy bien por haberle enseñado su subcomandante los rudimentos de su uso. La lir’pa era un arma defensiva y ofensiva que todo vulcaniano debía de conocer desde su más tierna edad y entraba en la llamada disciplina del V’Asumi.
Charles Tucker se encontró frente a un klingon armado con un primitivo bat’leh y Jonathan Archer frente a un imponente rigeliano [2] .
Ambos contrincantes ignorando quién era quién comenzaron a librar un combate sin cuartel. El buen entrenamiento recibido por ambos en los días de la Academia garantizaba lo que podía ser un buen entretenimiento para los alienígenas que los manipulaban mentalmente.
Comenzó “Trip” moviendo su espada-hacha alien para intentar alejar a su enemigo
lo más atrás posible y ganar distancia frente al klingon, pero el crestado enemigo
se resistía defendiéndose con furia y blandiendo su primitivo bat-leh con la
fuerza de un targ [3]
de aquel mundo.
Con un movimiento inesperado, logró desarmar a su rival y fue cuando decidió usar la parte de hacha del de su arma a modo de maza. El klingon cayó al suelo. “Trip” Tucker no se reconocía a sí mismo por la fuerza bruta que estaba usando en ese momento; una ira desconocida emanaba desde su interior creándole una mezcla de emociones a cuál más negativa desde la sed de venganza a la agresividad más ciega.
El klingon se arrastraba sobre su espalda hasta que chocó contra una pared. No tenía escapatoria. El ingeniero del Enterprise estaba por asestarle el golpe definitivo cuando el rival le propinó una patada en la espinilla por sorpresa que casi le hizo desmayarse por el dolor.
El klingon se zafó como pudo y recuperó el arma que yacía unos metros más atrás en el suelo.
Mientras tanto, Archer había esquivado por poco el golpe de su rival; su lir’pa se había deslizado frente al garrote-hacha de su enemigo Rigeliano.
Los Rigelianos eran una raza localizada en el cinturón de Orión que se hallaba todavía en una fase de cultura preindustrial básica, casi medieval o incluso bárbara. Se organizaban en tribus y vivían en hermosos castillos que no tenían parangón con sus homólogos terrestres. Todavía después del primer contacto, algunos de los mundos de Rigel estaban inexplorados o eran abiertamente hostiles al hombre. Tan sólo Rigel X estaba civilizado y tecnificado y contaba con una base estelar para el comercio que algún día, cuando la exploración espacial expandiera sus horizontes, podría cumplir funciones más ambiciosas pero por ahora debía de ser una especie de fuerte en ese punto del far-west espacial.
Aquel rigeliano vivía todavía en lo que parecía ser una reserva planetaria y había llegado hasta allí traído por alguien. ¿Tal vez los mismos alienígenas que les mantenían prisioneros?
Y… ¡¡BLAM!! El filo del arma rigeliana casi le parte en dos la lir’pa que llevaba Jonathan Archer. Archer se echó hacia atrás para recuperar ventaja y entonces reflexionó para intentar cambiar de táctica de combate e intentar otro contraataque. Decidió entonces de usar una técnica que solía usar Porthos, su can, cuando perseguía los pajarillos en el bosque de Yosemite. Su táctica sería atacar haciendo círculos. A través de ella, intentaría dar con el punto debil de aquel gigantón rigeliano. Pero aquí no estaba ante los juegos perrunos de su mascota sino en la mismísima lucha por la supervivencia lo que estaba en liza.
El rigeliano le tiró un golpe con su arma a la cabeza de Archer que éste esquivó agachándose. Y Archer se abalanzó sobre aquel Goliat bárbaro sujetándole los pies y haciéndole caer de espaldas, dejándole inconsciente.
De repente, el capitán vio cómo aquel gigantón que casi le arrebataba la vida se transformaba en alguien que él conocía muy bien.
EPISODIO 5: Y LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON.
A bordo de la NX-01, las cosas en el puente no parecían evolucionar a mejor.
Reed se hallaba en la Enfermería sentado en una camilla con aspecto completamente agotado y desmejorado. Phlox se hallaba en uno de sus laboratorios extrayendo un líquido azulado de una especie de un renacuajo amarillo que se encontraba en el fondo de un pequeño terrario.
-Lo que usted sufre es stress y cansancio y pienso que debería irse yendo a dormir y dejar su turno a otro oficial. Lleva 26 horas metido en esa jaula que es el puente. –Dijo el médico denobulano dándose la vuelta y mirándole fijamente.
-Pero… el capitán… T’Pol… He de continuar en el puente, al mando.
-No, amigo. Debe descansar… Y ahora acérqueme su brazo y colabore conmigo para que le ponga este suero. Le ayudará a ralentizar sus funciones metabólicas y su reloj biológico. –Comentó mientras introducía la ampolla de líquido del renacuajo en un hipospray. –Ahora extiéndase en la camilla.
Después desinfectó uno de los brazos de Reed y le inóculo el hipospray. Éste se quejó brevemente.
-¿Qué? ¿Ve cómo no ha sido nada?
-¡Ay, qué me pasa…? ¡Me estoy durmiendo….
-No me sea tan quejica, Malcolm, este suero le hará descansar como si fuera un osito terrestre.
-¿Qué me ha hecho?
-Nada que vaya en contra del Juramente de Hipócrates, señor.
Malcolm Reed entró rápidamente en un sueño profundo. Sin embargo, era sólo el comienzo de un extraño despertar.
El oficial se levantó de la camilla en la que estaba yaciendo y salió de la Enfermería. No vio absolutamente a nadie y eso le extrañó.
Tras atravesar varias galerías de la nave vio que algunos miembros de la nave yacían en el suelo en posturas extrañas. Conforme fue avanzando por los corredores de la nave y por un par de cubiertas se encontraba una y otra vez con el mismo panorama. Desperdigados por doquier en toda la nave, decenas de tripulantes estaban tendidos y todos dormidos, como en un estado catatónico.
Llegó hasta la sala de reuniones de la nave, y de ahí a una pequeña sala que hacía de Biblioteca. Sobre una mesa estaba un joven oficial dormido cuya cabeza reposaba sobre un libro de fotografías abierto. Se acercó hasta él con sumo cuidado. Su uniforme no era el mono azul habitual entre los tripulantes sino el de los MACOS. Y vio su rostro.
“¡Romero!” –pensó.
Vio que la mano del durmiente señalaba hacia un lugar. Era la península de Yucatán y el Golfo de México…. La Tierra vista desde el espacio.
Cogió el libro y leyó el título que venía en la cubierta. “GRAN ATLAS DE LOS MUNDOS DE LA FEDERACIÓN” venía escrito. En la portada reconoció también una de las fotos.
Con el libro aún en la mano, ojeó unas cuantas páginas más. Entonces vio una foto que le dejó perplejo y le hizo caer hacia atrás tirando sin querer el atlas al suelo… ¡¡Esa foto la había visto también antes en las fotos de Mayweather!! No en un álbum precisamente, sino en las fotos del cambiante relieve de Hades III. Se dirigió al ordenador de a bordo y pidió copia de las últimas fotos que hiciera Travis. Especialmente llamativa era la de la península que cambiaba de forma.
Entonces cogió el libro y comparó la foto del Yucatán terrestre con la de la “península” de aquel planeta. Eran idénticas. Aquella península cambiante no era otra que la del Yucatán pero vista desde otra perspectiva.
De repente, un extraño escalofrío le sacudió la epidermis. Sintió que una presencia fría, de grandes ojos, le observaba. Miró hacia todos los lados pero no distinguió nada ni a nadie. Sin embargo su sexto sentido le decía que no estaba sólo.
Y esto se confirmó cuando vio una sombra detrás de la puerta que se iba haciendo tétricamente más grande como un nuevo Nosferatu en pos de su víctima.
*****
-¡¡ “Trip”!! –gritó un desesperado Archer arrojando al suelo su lir’pa mientras se arrodillaba a su lado. -¿Quién te ha hecho esto? ¿Quién nos está usando de conejillos de Indias?
De pronto, algo le empujó hacia atrás justo tras decir esa frase. La parte de suelo en la que yacía su compañero de a bordo se oscureció y desapareció delante de su vista quedando tan sólo iluminada la parte donde aún agachado se encontraba el capitán. Cuando se volvió a encender la parte oscurecida, Charles Tucker ya no estaba.
Entonces se dio cuenta que alguien estaba manipulando sus emociones. Cuando por un momento logró dejar inconsciente a Tucker, éste reapareció en su forma humana, real… Sin duda, alguien estaba manipulando sus recuerdos para crear con ellas unas quimeras, unas figuras terroríficas que antaño habrían llenado de pesadillas la mente de los hombres de la Antigüedad que aún vivían en la Era Mitológica.
“Emociones. Ésa es la clave”. –Pensó para sí mismo Archer. “Con ellas están construyendo estas alucinaciones o ensoñaciones para su divertimento.” De repente, creyó que había encontrado la solución final a lo que parecían ser una serie de torturas y experimentos oníricos hábilmente urdidos.
*****
“Trip” se despertó con un fuerte dolor de cabeza. Estaba en una especie de diván exótico, unas mujeres de Orión le ponían vendas frías en su cabeza de vez en cuando.
Llegó, pues, una mujer medio desnuda, delgada, de una finísima piel color aceituní que cubría sus partes pudendas con una especie de bikini de piel de felino.
-¿Dónde estoy? –Musitó Tucker en una voz casi inaudible.
-En Risa, ¿recuerdas? –Dijo la mujer con una voz suave y dulce, casi melódica. –Tuviste una reyerta con un par de piratas de Orión y nosotros te trajimos aquí.
-En Risa… -Repitió el ingeniero para sí. –Pero antes luchaba contra un klingon y éste me derribó.
-Lo soñaste todo, cariño mío. –Respondió la extraña mujer mientras le besaba en la frente.
-¿Cómo te llamas? No te conozco, mujer. No te he visto nunca.
-Dainai, y estoy aquí para cuidarte y darte el mejor regalo que un risano puede ofrecer: La hospitalidad.
Si Dainai estaba en lo cierto, en aquel momento el séptimo cielo existía.
*****
Reed giró sobre si mismo. Una extraña forma atravesó de lado a lado la puerta de salida. Entonces salió por ella y llegó al pasillo. Vio como la misma sombra doblaba una esquina y se acercó en silencio hasta ese lado de la nave. Sin duda, aquel ente o ser extraño podría conocer qué les había pasado al resto de compañeros que compartían con él la vida en la NX-O1.
Arrimado aún a la pared le vio doblando otra esquina más del pasillo. Se percató de que estaba tomando la dirección del transportador. Se acercó sigilosamente hasta la siguiente esquina, cuando miró…entonces lo vio… quedándose paralizado de horror.
Una figura monstruosa de grandes ojos negros le estaba observando fijamente. A pesar de que una parte de penumbra cubría la cara del intruso, éste podía ser perfectamente distinguible.
El corazón del terrícola casi se heló tras ver esa cara. Era como si Medusa se volviera a reencarnar en aquel ente. Aquellos ojos negros, no tenían pupilas, eran saltones y sobresalían en una faz ovalada, triangular, con una piel membranosa que parecía la de un reptil o la de un pescado.
Después el ingeniero intentó acercarse más pero una especie de campo de fuerza lo repelió violentamente hacia atrás, haciéndole caer de espaldas. Intentó levantarse pero algo le paralizaba.
La criatura le miró fijamente una vez más, sin inmutarse y se desmaterializó sin estar siquiera en la sala del transportador. Fue entonces cuando notó que el campo de fuerza había desaparecido y podía moverse sin problemas.
*****
Charles “Trip” Tucker se retrepó entre los cojines y se percibió enseguida del extraño parecido de la muchacha risana con T’Pol. Entonces, revisando sus recuerdos se dio cuenta de que esta escena NO la había vivido nunca en primera persona. Había tenido recuerdos eróticos, sueños similares, eso sí pero no formaban parte de su vida.
Aquellos extraños seres habían penetrado hasta las capas más profundas de la corteza cerebral: aquella en la que se guardan los recuerdos más subsconcientes.
La mujer alienígena se le acercó con una copa plateada bellamente tallada que tenía un líquido violeta.
-Ésta es una bebida con la que son agasajados sólo los ilustres invitados de Risa. Es vino de Andoria.
-Si dices conocerme bien, Dainai, sabrás entonces cuál es mi helado favorito.
-¿Helado, qué es eso?
-¡Qué extraño que alguien de Risa que está tan acostumbrado a tratar con los humanos no conozca lo que es un “helado”!
Cerró los ojos por un momento y vació su mente. “No más emociones. No más alucinaciones.” –Razonó. Se levantó y gritó con fuerza con los ojos aún cerrados.
-¿Me oís? Sé que nada de esto es real, dejad de experimentar con mis sentimientos. No pienso colaborar más ¿Lo entendéis?
Abrió de nuevo sus ojos y se encontró de nuevo tumbado en la misma habitación
rocosa cuadrada donde le alojaron nada más llegar. Lo que él y Archer estaban
empezando a denominar como ‘celda’. Movió su cabeza hacia un lado; una de las
esquinas estaba a oscuras y le pareció por un instante que dos enormes ojos
luminosos como de gato, le escudriñaban furtivamente.
Intentó levantarse pero no pudo, tan sólo podía mover un poco su cabeza. En otra ala de aquella sala vio tanto a T’Pol como a Archer inconscientes, sobre unas camas también de piedra.
*****
Malcolm Reed se encaminó de nuevo hacia la Enfermería de la nave. Allí tendido en una de las camas cerca de los laboratorios estaba el doctor Phlox. Se acordó entonces del suero que le había inoculado el denobulano y fue a por el preciado líquido al terrario en el que Phlox guardaba su “bicho”, un renacuajo de la selva de Aldebarán III.
Se quedó sorprendido cuando vio que el anfibio permanecía aún vivo. Al fin y al cabo, era una forma de vida, primaria, pero vida. A raíz de observarla, dedujo que sólo los seres sintientes o animales eran víctimas de algo, una especie de hipnosis colectiva habría causado que todos ellos cayeran en un estado de trance, semicataléptico.
Con la mano temblorosa, Reed aplicó una aguja sobre la viscosa piel del anfibio y le extrajo unas milésimas de suero con la jeringa. Colocó el líquido en un frasquito de hipospray y se lo inyectó en el brazo izquierdo de Phlox. Tras medio minuto, los miembros superiores e inferiores del denobulano se contorsionaron y permanecieron rígidos y después se relajaron. Por un momento, a Reed le pareció que se había pasado con la dosis pero respiró aliviado cuando vio los oscuros ojos alienígenas del doctor mirándole poco a poco.
-Bienvenido a bordo, doctor… o mejor dicho, a este lado de la realidad. –le saludó sonriendo Malcolm Reed.
-¿Dónde estoy?
-Me tiene que ayudar, doctor. Sólo estamos despiertos usted y yo.
-¿Despiertos?
-Phlox… todos… menos sus bichos… ejem… mascotas, están dormidos… alguien o algo les ha inducido a ese trance.
-¿Cómo es que yo estoy “despierto”? ¿No estaré soñando con usted y todo eso que me está contando?
Reed puso una mueca de resignación.
-¿Quiere otra dosis de esto, doctor? –se burló mientras le enseñaba ante sus ojos el frasquito con el líquido azul del renacuajo.
-¿Qué es lo que me ha inoculado, jovenzuelo?
-El mismo suero que me puso y que extrajo de ese renacuajo. ¿Lo recuerda ahora?
La cara de asombro del galeno denobulano se transformó en rabia.
-¿Es que quiere mandarme al manicomio o ponerme bajo una lápida? Ese “suero” de mi renacuajo se llama ESTIMUROL y lo que le puse antes era sólo un 1mg y usted pretendía ponerme nada menos que 10 mg.,
-Pues viendo esto, yo me habré puesto ahora unos 5 mg.
-Es un veneno que si no es tratado actúa lentamente. En dosis elevadas, causa alucinaciones y espasmos y en dosis extremas, la muerte.
Entonces Phlox se reincorporó y se sentó sobre la camilla.
-Estoy mucho mejor… créame, he dormido más y mejor que cuando hago mis hibernaciones allá en Denóbula.
-Doctor, necesito que haga la mayor cantidad de dosis posibles de “Estimurol” y que vaya despertando al personal imprescindible de la nave. Comience primero por el puente y después, Ingeniería. Cuénteles lo que está pasando y que estén en máxima alerta, con la nave en alerta roja.
-De acuerdo ¿Y usted, hacia dónde va, señor?
-Phlox, a la sala del transportador. Quiero que me ayude a teletransportarme a ese extraño planeta, Hades III. Que Mayweather detente el mando hasta que yo o el capitán hayamos vuelto.
-¿Alguna cosa más, teniente?
-Despierte también a Porthos, me lo llevaré de paseo también a Hades III.
-Descuide… y que tenga buena suerte, señor.
Continuará…
[1] Una especie de lanza con una media luna afilada usada por Spock en “Tiempo de Amok” (TOS)
[2] Un guerrero primitivo y alto, protovulcaniano, que salía en “The Cage”.
[3] Especie de jabalí cuya carne es muy apreciada entre los klingons.