“Únete al capitán Jonathan Archer
y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise
Este relato tiene lugar entre la segunda y tercera temporadas de ENT
Quimera Parte 3: TAL SHANAR
Escrito por Sikileia/ Portada: Edgar Rocha
-Experimentar. Sujeto Tres. –Percibió T’Pol como una voz inaudible en su cerebro.
Las paredes rocosas desaparecieron para dar paso a la inmensidad de las Montañas L-Langon [1] . T’Pol era unas décadas más joven, quizás el equivalente a unos 15 años terrestres.
El Sol de Vulcano, Epsilon Eridani, descendía sobre el horizonte escarpado mientras el frío comenzaba a cubrir con una extraña sensación la incipiente noche.
Eta Eridani fue la primera estrella en aparecer por el firmamento vulcaniano. En Vulcano equivalía a la Estrella Polar y marcaba el norte geográfico en aquel mundo.
T’Pol se miró a sí misma. Llevaba tan sólo una ropa sencillísima y burda: una saya con una túnica en la que había unos símbolos circulares toscamente bordados y unos pantalones negros bombachos. Sus pies calzaban un par de sandalias que iban anudadas alrededor de los tobillos. No llevaba nada más puesto y comenzaba a hacer un frío cada vez más helador. Oyó un aullido lejano, sin duda un Le-Matya o un Sehlat [2] en busca de su presa o reafirmando su soberanía biológica ante posibles rivales.
La joven no se amilanó y prosiguió su camino en busca de un refugio para pasar la noche que se avecinaba. Vio una cueva o más bien lo que parecía ser un recoveco en la roca; al menos allí, a unos metros bajo tierra había un poco más de calor.
Encendió como pudo un pequeño fuego haciendo chocar un par de piedras y con unas ramas de arbustos secas las avivó. La pequeña fogata le permitió calentarse un poco ante el extremo clima del exterior. Además se sintió, bastante reconfortada frente a las alimañas que acechaban en las sombras de la noche.
“Es la última noche del Kash-Wan [3] ” –Pensó para sí misma. Sonrió levemente pero era una sonrisa vulcaniana, sin emociones. Su maestro de Kir’shara [4] le había enseñado que debían de dominar sus pasiones y que el Kash-Wan era una especie de rito de paso de la infancia a la ida adulta. Aquí y en el futuro, la sonrisa no tendría cabida en la vida de T’Pol; tan sólo los Votosh Katar, los vulcanos “sin-emociones” tenían ese defecto y ellos eran marginados por la mayoría de los suyos, eran casi unos herejes y a menudos tachados de pro-romulanos. T’Pol conocía como muchos a varios de estos ‘proscritos emocionales’ pero debía mantener esa amistad de manera clandestina.
Estaba la joven a punto de dormir, cuando debajo de sus pies sintió un leve movimiento y un peculiar zumbido… Un kaloth…
Intentó moverse con cuidado, sigilosamente pero tropezó y cayó muy cerca del fuego… Entonces algo apareció debajo de la arena… Aquel extraño bicho… Una especie de gusano de las arenas y escorpión clavó su penetrante aguijón en su mano. Intentó gritar.
“¡No, los vulcanianos no gritan!” –reflexionó para sí. –“No Dolor. No reacción. Ninguna emoción.” Si el maestro de Kir’shara leyera su mente no superaría la prueba al encontrarse emociones residuales en su cabeza cuando le hicieran la fusión mental.
Notó cómo por las venas una especie de corriente, como un hervor recorría sus venas. Se hizo rápido un torniquete; sin embargo, el veneno poco a poco comenzaba a expandirse por todo el sistema circulatorio con cada latido del corazón. El veneno de kaloth era mortal pero no tenía un efecto inmediato. La muerte tardaría aún unas horas en aparecer.
Pasaron las horas… ¿Qué iba a hacer sola en un lugar tan inhóspito y tan aislado como aquel? La única solución: Esperar a que se hiciera de día e intentar de llegar al punto de encuentro pactado con el maestro de Kash-Wan.
“Despierta, tengo que estar despierta”. –Caviló para ella misma. Sin embargo, el veneno le fue sumiendo en una extraña somnolencia. Poco a poco, los párpados se le fueron cayendo y se le hicieron más y más pesados.
“Despierta. No dolor. No emociones.” –pensó una última vez antes de que el silencio y una negritud absolutas se apoderasen de su mente.
La cabeza de T’Pol cayó despacio sobre su hombro derecho.
-¡Padre, mira! ¡Un fuego! Tal vez nos puedan dar comida y cobijo. –Gritó una voz joven.
Dos figuras envueltas en capas miraban desde lo alto de la colina la fogata que T’Pol había encendido… Un pequeño faro en la noche.
Descendieron la montaña apoyándose en unos rudimentarios bastones que hicieron con unas ramas secas. El más joven se adelantó unos metros.
Recostada sobre la pared yacía la joven T’Pol, con la cara cada vez más pálida y las extremidades más hinchadas.
-Padre… ¡Es una joven como yo y está inconsciente!
-Hijo… ¡No la toques!.... ¿No ves que es una de las participantes del Kash-Wan? ¡Mira sus vestiduras!
El hijo miró al padre, parecía indeciso. Pero de repente, se agachó junto a la víctima y le tocó la cara.
-Pero… Está fría… y mira esa marca en su mano derecha. No podemos permitir dejarla morir aquí.
-El Kash-Wan es una prueba de supervivencia, hijo mío. Si ella se queda en el camino es voluntad de Surak y los Dioses. No podemos intervenir en lo que es inevitable.
-La ha picado algo…¡seguro! –Dijo el chico agarrando la mano de T’Pol mientras se la mostraba a su padre. –Un Le-Matya o un… kaloth.
-Está decidido, hijo mío, ella debe seguir su propio camino como nosotros el nuestro hacia Vulcano Regar [5] .
El joven muchacho se encaró entonces con su padre.
-Padre mío ¿Cómo pretendes que sea un buen curandero si no ayudamos a quienes realmente lo necesitan?
El padre elevó su ceja y se quedó en silencio mientras miraba a su vástago y a la inconsciente T’Pol. Entonces, sacó de su bandolera unas hojas secas y un pequeño cuenco de barro.
-Échame agua aquí y aviva el fuego.
Colocó las hojas dentro del agua y formó con ellas una tisana que puso a calentar en la fogata. Pasado un rato, el agua rompió a hervir, momento en el que el padre del chico retiró las hojas y con ayuda de una especie de cuchara que sacó de su zurrón removió el contenido del bebedizo.
-Ya está. Espero que estas hojas de I-Lanak puedan ayudarla. Efectivamente, es veneno de kaloth, vivirá si le damos esto y si con suerte no le ha llegado al corazón.
-Yo lo espero también. Fíjate, padre, tiene un torniquete.
Entre los dos extendieron en el suelo el cuerpo de la joven accidentada y apoyaron suavemente la cabeza en el zurrón que traía el padre.
-Hijo, déjale tu capa y arrópala. Ve dándole esta infusión poco a poco.
-De acuerdo.
A pesar de su inconsciencia, la joven discípula de Kash-Wan todavía respondía a varios estímulos involuntarios; entre ellos, el de los labios que se movían mientras el extraño bebedizo entraba en su boca.
En ese momento, T’Pol comenzó a toser y a sentir nauseas y abrió sus ojos muy despacio.
-Es buena señal, -dijo el hombre más mayor –las hojas I-Lanak están haciendo su efecto.
-¿Dónde estoy? –inquirió con voz débil la chica.
-Entre amigos. –Le respondió el chico. –Mi nombre es Tolaris, hijo de S’Tann.
-Gracias… Sornak… Tolaris…
-¿Cómo te llamas? –Preguntó S’Tann.
-T’Pol hija de T’Les.
-Larga y próspera vida, T’Pol. –Dijo con respeto Tolaris. –Ahora es mejor que descanses si quieres reponer fuerzas y sobrevivir al Kash-Wan-
-Mañana es ya el Gran Día… El Último… y justamente me ha tenido que ocurrir esto.
-Sí, lo sabemos. En los calendarios es el día del Tal-Shanar [6] . En dos días tú y los que hayáis superado las pruebas del Kash-Wan entraréis también en peregrinación en el Monte Seleya con vuestros guías espirituales.
Tolaris miró a su padre en silencio. Esté asintió, entonces Tolaris con voz suave dijo:
-T’Pol, tuviste suerte que los Dioses nos pusieran en tu camino. Un poco más, y no habrías vivido para contarlo.
-¿Has dicho “Dioses”?
-Sí, jovencita. –Explicó S’Tann- “Dioses”… Ellos deben ser propicios contigo y desearte que prosigas el largo camino de la Vida.
-Sólo los V’tosh Katur [7] atribuyen su suerte a los Dioses.
-¿Es eso importante? –Replicó Tolaris. –Para nosotros, todos los vulcanianos son iguales. Por eso te hemos ayudado y ahora estás viva.
T’Pol por un momento miró a las estrellas y de nuevo, hacia sus dos nuevos amigos.
-¿Conocéis la pena por estar en Vulcano?... Aquí nadie os quiere… sólo podéis elegir entre el destierro o la reclusión permanente.
-Por nuestras ideas, T’Pol. –Contestó S’Tann. -Hemos elegido efectivamente el destierro; pero allá arriba entre las estrellas, tenemos muchos amigos. –Miró a T’Pol sonriendo y continuó: -No le tenemos miedo al futuro.
-Algún día recorreré el espacio también… y conoceré muchos mundos. Eso es lo que dice mi madre.
-No dejes de visitar la Tierra, -prosiguió el hombre mayor. –Tras nuestros acólitos, sus habitantes son los más parecidos a nosotros. Es una raza fascinante.
-Lo que tenga que pasar, pasará. –Añadió Tolaris. –Pienso que deberías dormir un poco más de cara a mañana.
-Tomate todo el contenido del cuenco, T’Pol. Y ahora duérmete que lo necesitas más que nosotros.
El alba despuntó de nuevo. Las cenizas de la fogata habían quedado como el único recuerdo de la noche.
Cuando T’Pol se despertó, vio que estaba sola. A sus pies había una cantimplora de piel de sehlat y una capa. Se levantó e intentó localizar a sus dos amigos curanderos. No sabía si era real o era un sueño; se alejó unos metros buscándoles por los alrededores de la cueva, pero todo fue en vano.
Se acercó de nuevo hasta la cueva que le había servido de refugio y recogió los objetos que le habían dejado sus amigos. El cuerpo le dolía pero podía caminar y se puso en marcha de nuevo. Vio que su herida estaba cicatrizada aunque un gran hematoma cubría la palma de su mano.
Tras varias horas de camino, llegó al punto de encuentro; exhaustos y agotados habían otros discípulos del Kash-Wan esperando al Maestro-Guía.
T’Pol por fin había superado el ritual de paso y estaba entre los adultos.
Varios días después tras las festividades del Tal Shanar, T’Pol con su madre caminaba por las calles de la ciudad de Vulcana Regar. De pronto al doblar la esquina de una avenida principal vio como unos guardias de seguridad llevaban a un grupo de vulcanianos tratándoles casi como a animales. Los prisioneros estaban organizados en hileras de a dos y eran conducidos al interior de unas enormes lanzaderas. Entre ellos reconoció a Tolaris y S’Tann. Éstos intercambiaron unas miradas cómplices con la madre y la hija; Tolaris sonrió. La madre levantando una ceja, se percató de que algo extraño pasaba.
-Parece que te conocen, hija mía.-Dijo T’Les muy seriamente.
-No… No les he visto nunca… -fingió T’Pol ocultando sus emociones. ¿Quiénes son?
-¿No lo sabes, T’Pol? Te he hablado muchas veces de ellos. Son los proscritos, los que no tienen Lógica… Unos traidores a las ideas de Surak que corrompen a jóvenes como tú.
-Ellos… madre… Ellos me salvaron en el desierto… cuando el kaloth me picó. Si no fuera por ellos, habría muerto.
-Ellos… ¿Estás segura?
-Como la tierra que pisamos. ¿A dónde van, madre?
-Lo averiguaremos, T’Pol.
La madre se acercó hasta uno de los guardias. Éste llevaba una lir’pa en su mano.
-¿A dónde los llevan? –Inquirió T’Les.
-No es de su incumbencia, es alto secreto, señora. Y ahora váyase.
-Son V’tosh Katur, ¿verdad?
Ante la contundencia de la respuesta el guardia blandió su arma más amenazadoramente.
-¿No será uno de ellos? –Inquirió con voz agresiva y casi gritando.
-No, gracias a Surak, tanto yo y mi hija vamos por el Sendero Recto del Kir’shara.
El guardia suspiró y bajo su arma. Y mirándola fijamente le respondió:
-Por suerte para nuestro mundo, los estamos juntando a todos para expulsarlos lejos de Vulcano.
-¿Juntarlos?
-El Alto Consejo de Vulcano les ha cedido una nave, la Vahklas [8] , que partirá dentro de unos días.
-Gracias. Larga y próspera vida, guardia. –Dijo T’Les haciendo el saludo vulcano.
El soldado volvió con el resto del grupo y se perdió. Entonces T’Les llevó a
su hija hasta un pequeño jardín en un callejón adyacente. Entonces, miró en
silencio con semblante serio a su hija y se agachó hasta situarse a la altura
de la cabeza de T’Pol.
-Hija mía, por una vez en tu vida sigue tan sólo un consejo de tu madre… Cuando seas mayor, nunca trates con ellos… ¿Me entiendes? Te alejarán de la Lógica.
-Sí… -Balbuceó.
-Si quieres ver y decir adiós a tus amigos te llevaré a un sitio donde podrás ver. Pero no se lo cuentes a NADIE que te he llevado. O acabaríamos igual que ellos, proscritos.
-Sí, madre.
- Estos tiempos son difíciles para todos, hija mía, pero saldremos de ésta.
T’Pol vio desde una alta colina cómo partía hacia el espacio la última de las lanzaderas con el grupo de proscritos. Ésta al elevarse dejó una estela azul en el cielo dorado de Vulcano.
Entonces la joven hija dijo en voz baja:
-Lárga y próspera vida, amigos.
En su espalda, sin que su madre se diera cuenta, la mano derecha de T’Pol formó el saludo vulcaniano.
En el cielo del atardecer pudo distinguir la nave Vahklas que llevaría a sus amigos a las estrellas. Era una nueva Eta Eridani de color rojazo.
Cerró los ojos, la brisa calurosa de la tarde poco a poco empezó a remitir. Al abrirlos, vió que el cielo estaba completamente negro y orlado de estrellas.
De nuevo, la oscuridad y la bóveda tallada en la roca viva y los recuerdos esfumados como humo.
Continuará…
[1] Mencionado en TAS (“Yesteryear”)
[2] Animales carnivoros de gran envergadura mencionados en “Yesteryear” (TAS) y “Viaje a Babel” (TOS).
[3] Ritual de paso que todo vulcaniano debe afrontar llegada a la edad de 15 años terrestres (“Yesteryear”-TAS)
[4] Libro religioso de Vulcano que contiene las Enseñanzas de Surak (“Kir’shara”-ENT) y todas las disciplinas espirituales relacionadas con ella.
[5] Ciudad importante de Vulcano (TNG)
[6] Una ceremonia que se hace en ámbitos privados y que muy pocos han logrado ver salvo unos neófitos. (ENT: "Cold Front")
[7] Vulcanianos “sin lógica” (ENT)
[8] ENT – “Fusión”.