“Únete al capitán Jonathan Archer y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5, la Enterprise NX-01. En los primeros pasos de la humanidad por la galaxia”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise

Este relato tiene lugar entre la segunda y tercera temporadas de ENT

Quimera Parte 2: En brazos de Hypnos

Escrito por Sikileia

En el episodio anterior:

Una extraña fuerza alienígena retiene en unas cavidades a Tucker, Archer y T’Pol. Mientras a bordo del Enterprise, Reed trata de localizarlos, los extraños seres ‘experimentan’  ahora con Charles Tucker adentrándole en una de sus más traumáticas experiencias: Su primer entrenamiento Omega.

“Trip” Tucker se despertó boca abajo;  vio una potente luz que lo cegaba. Se levantó como pudo. Notó que sus músculos estaban como cansados, entumecidos. Pero se irguió.

           

De pronto la luz desapareció y las paredes rocosas desaparecieron para dar lugar a unas paredes de factura humana.

           

Frente a él estaba Jonathan Archer, varios años más joven junto a otros cadetes de la Flota Estelar. Era el año 2147.

-Póngase su traje espacial, Tucker. ¿A qué está esperando? ¡Levántese!  No podemos tardar en nuestra misión de entrenamiento Omega [1] .

-Sí… Señor.

           

El joven oficial se dio cuenta que estaba en un planeta que le resultaba extrañamente familiar. A través de una cúpula pudo ver unas nubes rojizas que se elevaban en el cielo y que corrían también como una niebla amarillenta a ras del suelo. Algunas nubes dejaban ver cachos de cielo estrellado pero sobre todo unos hermosos anillos planetarios que comenzaban a amanecer dando un extraño brillo anaranjado sobre la cúpula del edificio que los cobijaba.

Aquel Charles Tucker que tendría sobre 25 años miraba ensimismado aquel espectáculo celeste.

-¡Es…Titán! ¡Y esos… anillos… Saturno!

-¡Claro que es Titán! –Se rió un compañero de la misma edad mientras le daba unas palmaditas en la espalda. ¿Dónde crees que estamos? ¿En Vulcano? Y tenemos suerte de no salir ahí, cualquiera que se encuentre fuera sería achicharrado por la lluvia de metano de esas nubes.

-No… Perdona, Andrew… Ha sido un lapsus.

-Ándate con ojos, novato. No vaya a ser que te achicharres.-Le reprendió con ironía el compañero.

-¿Están preparados, caballeros? –Preguntó Archer mientras se acercaba a los dos.

-Sí, señor. Tan sólo me hace falta ponerme la escafandra.

-Espera que te ayudo, novato. –Apuntó Andrew.

           

Cuando Andrew hubo ayudado a Tucker acompañaron al comandante Archer hasta una plataforma espacial.

-¡¡Plataforma despresurizada!! –Dijo una voz metálica de computadora nada más abrirse la puerta del hangar.

-¡Asegúrense que sus trajes están bien presurizados y con el suficiente oxígeno, caballeros!

-¡Hecho, señor! –Respondieron los dos jóvenes oficiales.

-Bien, nos han asignado como lanzadera de entrenamiento  a la Prometeo… Además de sus primeras prácticas de vuelo harán su primera salida al espacio con la EV.

           

Los tres se encaminaron a la lanzadera y una vez dentro tomaron  diferentes puestos en su interior. Archer se encargaba de manejar la navecilla espacial mientras que a cargo de los escáneres y de la telemetría de la nave se encargaban los dos discípulos.

La lanzadera sobrevoló las nubes de metano a velocidad de impulso, fuera del satélite hasta situarse en una órbita paralela entre el satélite y Saturno.  El joven Charles Tucker contempló por primera vez en su vida el gran espectáculo de los anillos de Saturno amaneciendo sobre el satélite Titán.

Image:Saturn rings and Titan.jpg

           

-¡Qué bonito! –Titubeó Tucker.

-Disfruto el que le guste mucho, Trip… Pero aquí no estamos de  turismo espacial, tiene un vuelo de entrenamiento, recuerde. –Bromeó Archer.

-¡Sí, señor!

-Vayan comprobando la presión de sus trajes espaciales y la cantidad de oxígeno que tienen en sus reservas. Les dará para 15 minutos de autonomía en espacio abierto.

           

La nave se acercó hasta Quirón, un asteroide plano y sin aristas, que orbitaba en torno al gran gigante gaseoso.

-Para ser el primer día de entrenamiento Omega pienso que Quirón es el mejor sitio para lo que necesitamos. Por aquí harán su primer paseo espacial y recogerán algunas muestras minerales para analizarlas.

           

Andrew comenzó a reírse.

-¿Le parece chistoso, Martini?

-Es que parece una patata, señor…

-Bueno, no  dejaremos sola a esta patata caliente, en cinco minutos les quiero ver dando sus primeros saltitos por su superficie. Comuníquense con la lanzadera cada 5 minutos ¿De acuerdo?

-Sí, señor.

Archer despresurizó una de las cabinas estancas de la lanzadera y abrió una de las portillas para que saltaran al espacio los dos jóvenes oficiales. Andrew botó  el primero y Charles Tucker lo hizo un minuto después.

Al principio el miedo se apoderó de él pero después del impulso comenzó a flotar. Era como estar en un inmenso útero espacial.

Entonces, sintió dentro de él una extraña sensación de unidad con el Universo que le rodeaba, nunca había estado tan cerca de tocar una estrella o un planeta y aquello le entusiasmaba.

A unos 500 metros estaba el QUIRÓN, un extraño asteroide agujereado en parte pero liso por otra.  A mitad de camino ambos  oficiales encendieron sus dispositivos de ignición para darse impulso y llegar más rápido en el vacío espacial.

Por fín llegaron hasta el asteroide;  los pies al aterrizar formaron algo de polvareda que rápidamente se dispersó.

           

Tras varios minutos de paseo espacial, Charles Tucker se dio cuenta que algo no iba bien en su traje. El aire aparentemente funcionaba pero llegaba escaso y los bio-sensores detectaron unos índices de nitrógeno y anhídrido carbónico que comenzaban a ser alarmantes.

El dispositivo EV estaba empezándose a congelar.

           

Andrew estaba a unos cientos de metros por delante de él. Entonces accionó la alarma. Pero sus brazos no le respondían. Comenzó poco a poco a sentir nauseas y que la cabeza le daba vueltas.

“Contrólate”, pensó para sí mismo Charles Tucker. “Es  sólo un simulacro”.

Pero un frío seco comenzó a extenderse dentro del traje y comenzaba a entumecerle manos y pies.

La respiración se hacía más y más entrecortada, casi jadeante.

*****

La cara de Archer denotaba preocupación.

-Archer a Tucker, responda por favor. –gritaba una voz a través del intercomunicador. –Han pasado más de siete minutos, ¿sucede algo?

La mano temblorosa de “Trip” intentó alcanzar el comunicador pero se quedó a mitad de camino.

-Capitán… -Musitaron unos labios doloridos. Se dio cuenta que su EV estaba defectuoso.

Sus ojos se cerraron.

Los volvió a abrir con dificultad. Apenas podía ver a través de la escafandra. También le costaba respirar. La escafandra estaba llena de anhídrido carbónico. Su mente comenzó a dar vueltas. O abría la escafandra o se moría por respirar aquel gas venenoso. Daba igual ya, porque ambas eran formas de morir.

Inerte como un muñeco quedó Charles Tucker en la inmensidad del espacio. La fuerza de inercia de su movimiento inicial proseguía. Una deriva que le acercaba peligrosamente para estrellarse contra el asteroide.

Archer mientras tanto monitorizaba las constantes vitales de su pupilo desde la lanzadera. Vio que éstas iban peligrosamente hacia 0.

Abrió entonces comunicaciones con el otro oficial.

-Andrew, diríjase a las coordenadas que le voy a pasar. Creo que su compañero Tucker está en una situación comprometida.

-Sí, señor. –Respondió la voz de Andrew a través del comunicador. –Allá voy, corto.

El joven arrogante activó sus retropropulsores para ir más rápido y localizar  a su compañero.

 “¡Novatos! ¡Siempre dando problemas!” Pensó una vez más con desprecio hacia su acompañante accidentado.

Mientras tanto, Tucker apenas podía respirar. Cada respiración era un esfuerzo aun mayor para el joven oficial.

“Éste es el fin…” –dijo mientras notaba cómo sus párpados se hacían más y más pesados… “Adiós, Elizabeth… Adiós, mamá… papá…”

Poco a poco el cuerpo quedó inerte, como un muñeco. El frío del vacío estelar había calado hondo en sus huesos y el anhídrido carbónico lo meció en brazos de Hipnos.

Dentro de la escafandra, un somnoliento Charles Tucker trataba de permanecer despierto. Mientras, pudo distinguir cómo el asteroide comenzada a aumentar más y más de tamaño.

Entonces, hizo un último sobreesfuerzo,  se dio cuenta del arpón de amarre que los trajes tenían para adherirse a las naves y lanzaderas en los paseos espaciales.

Más y más el asteroide se acercaba, como una antigua piedra medieval lanzada por una catapulta.


Una mano temblorosa, se dirigió al cuadro de botones del traje. El dolor dentro de su cuerpo era insoportable, un dolor frío, punzante, una picazón como de mil abejas dentro de su piel.

Hizo un primer intento pero no llegó.

“Otro más” pensó.  Su vida dependía de una simple cuerda metálica.

La mano volvió a moverse hacia el botón. “Espero que funcione mejor que el EV”, añadió “Trip”.

Y lo logró. Una especie de cuerda larga salió del traje del joven oficial. Mientras se alargaba por un instante volteó violentamente a Tucker. Mientras tanto, peligrosamente se acercaba el asteroide.

Por un momento, la fuerza de la sacudida, despertó momentáneamente los sentidos del ya moribundo oficial.

Y ¡¡ZAS!! El anclaje se enganchó perfectamente a uno de los salientes rocosos del objeto espacial. De nuevo, otra violenta sacudida.

El asteroide estaba encima sobre él

Tucker pensó que iba a chocar contra él pero por unos metros el encontronazo no se produjo. Entonces, dio por seguro que se iba a morir en la deriva del espacio.

Pero la cuerda, le detuvo en su caída. Ahora resulta que estaba colgado del asteroide como el capitán Ahab entre los arpones, a lomos de su enemigo, la Ballena Blanca.

“Salgo de la boca del tiburón y me meto en las fauces de un león”, pensó. Pero por lo menos estaba ya más localizable y no se perdería en la oscuridad del espacio.

El sobreesfuerzo le había agotado; en condiciones normales, esto habría sido un juego de niños, pero faltando oxígeno y con el cuerpo al límite de sus fuerzas, era peor que un tormento de la Inquisición.

Entonces, Hypnos volvió a susurrar en su cerebro y comenzó a sentirse mareado y adormilado. Y de repente sintió ganas de quitarse el caso. El aire estaba tan viciado que le pareció estar en una vieja cámara de gas.

           

-¡Capitán, no aguanto más! –Gritó con todas sus fuerzas mientras apretaba su comunicador. -¡No puedo respi… raar!! ¡¡Me voy a quitar el casco!!

Entonces, una voz se oyó en el comunicador del accidentado.

-¡Tucker, no lo haga o el vacío le destrozará vivo!

-Señor…¡No soporto más esto!

-Ya vienen a buscarle… Sólo unos segundos más.

-Ya le veo, señor… Que se dé prisa.

-Está llegando, “Trip”… Unos segundos más de paciencia y esto habrá acabado.

Veía borroso.  Loúltimo que vio antes de caer inconsciente fue una extraña forma acercándose hasta él.

*****

-Capitán Archer, veo al oficial Tucker.

-Bien hecho, Martini. Vaya hasta él, en medio minuto llego.

-Sí, señor.

*****

La oscuridad era total. Trip se encontraba  en un gran vacío, una especie de túnel. Al fondo se veía una extraña luz. “¿Estaré todavía en el espacio?”, pensó. Sin embargo, el frío y la sensación de entumecimiento corporal habían desaparecido. Ahora estaba en un hábitat mucho más reconfortante, más cálido.

Poco a poco, la luz del fondo fue transformándose en formas materiales, multicolores. Una extraña forma redondeada y alargada, parecida a los maniquíes de De Chirico, se acercó frente a su área de visión.

-Bienvenido de nuevo a la vida, “Trip”. –Dijo una voz que le resultó familiar. –No intente ahora hablar, descanse todo lo que pueda y luego le explicamos.

Tucker poco a poco pudo abrir los ojos, la borrosa figura fue tomando forma hasta adquirir la apariencia de Jonathan Archer. Tucker, sonrió, por lo menos no estaba en el cielo y ello era buena señal. Miró levemente a su capitán.

Se oyó el sonido de un hypospray.

De nuevo vino Hypnos a buscarle, pero esta vez eran unos brazos más amorosos.

*****

Pasaron varios días,  y Charles Tucker  Tucker ya estaba plenamente consciente.

En ese momento acababa de desayunar cuando entró Jonathan Archer por la puerta llevando un paquete en su mano izquierda.

-Señor… ¡qué sorpresa!

-¿Qué tal se encuentra hoy?

-Mejor, capitán. Ya empiezo a ingerir alimentos sólidos y eso según el Doctor Alex McCoy [2] es una buena señal.

-Bueno, deseo que las instalaciones sanitarias de Titán le parezcan algo más que un dispensario…  Obviamente las de la estación orbital terrestre o las de la Luna serían mejores pero estando tan lejos de nuestro mundo, éstas son igualmente óptimas para lo que necesitaba.

-¡Oh, sí... Desde luego! –Titubeó el joven cadete.

-Por cierto, tenga esto; espero que le guste… -Dijo Archer mostrándole el paquete y dándoselo. –Ábralo… Espero haber acertado.

“Trip” estaba intrigado y sonrió. Desenvolvió rápidamente el papel que recubría la caja y sonrió más ampliamente cuando abrió la caja y vio contenido.

-¡Oh, señor! No lo merecía… es un maravilloso detalle.

-Espero que le guste, un pajarito me dijo que es uno de sus favoritos.

-Pues ese pajarito le ha informado bien, señor.  -Charles “Trip” Tucker sonrió una vez más mientras sostenía entre sus manos un viejo muñeco de plástico de Frankenstein [3] . Lo miraba una y otra vez fijándose hasta en el más mínimo detalle. Se dio cuenta de que era una reliquia de otros tiempos, seguramente tendría 150 años o más. -¡Gracias, señor!

-No se merecen, y tengo que darle unas buenas noticias más acerca de su entrenamiento Omega.

-¡Señor… sé que he suspendido el examen! ¡Lo siento, no se volverá a repetir! Me aplicaré la próxima vez, se lo aseguro.

-No hace falta que ni se disculpe ni que estudie más, Tucker… Ha aprobado el examen y además el consejo escolar de la Academia de la Flota Terrestre le ha concedido una medalla especial como el estudiante del mes.

-Yo… ¿Por qué, señor?

-Por su instinto de supervivencia, el suyo ha rebasado todo límite humano, “Trip”. Además, ellos han estimado que su iniciativa de amarrarse al asteroide Quirón fue una idea única. Ellos lo llaman “pensamiento original” y por ello merece una matrícula de honor.

-Señor… Creo que Martini merece tal honor… Él me rescató… aunque se lo debo también a usted, señor, si hubiera llegado a quitarme la escafandra.

-No pasa nada, Charles… Y en cuanto a Andrew… Claro que le rescató… Pero mintió. El fue diciendo en su informe que le ayudó a poner ese arpón de seguridad sobre Quirón tras haberlo rescatado ya casi inconsciente en el vacío espacial.

-No es verdad, señor. –Refunfuñó Tucker.

-Lo sé. Y por eso pedí una investigación y hemos determinado que Andrew quiso buscarse la gloria personal a costa de su desgracia, cadete.

-No es justo… ¿Martini?

-No me gustaba como le trataba a usted y a sus otros compañeros. Era un tipo manipulador y engreído. Y solo necesitaba tropezar una vez para demostrarlo. La primera y la última.

Archer sacó una pequeña caja de plástico con el logo de la Academia y la abrió revelando su contenido.

-Y aquí está su medalla, enhorabuena, Charles Tucker III.

Continuará…



[1] Misión de entrenamiento que en el siglo XXII  llevan a cabo en Titán los oficiales de la Flota Terrestre. (ENT: "Strange New World")

[2] Una pequeña licencia biográfica a modo de homenaje a uno de los mejores doctores de la ciencia-ficción (Nota de la Autora)