“Únete al capitán Jonathan Archer y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5, la Enterprise NX-01. En los primeros pasos de la humanidad por la galaxia”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise

Un Sol Olvidado Parte 10: ARMAGEDÓN

Escrito por Sikileia

Esta saga esta situada durante la 4 temporada de la serie de TV

Anteriormente: La lucha por Baten Kaitos entra en su fase final. Harar-Kas juega su última baza a todo o a nada.

           

Sentada en el puente de su sillón de mando, la capitana Erika Hernández se alegraba aliviada al oír las noticias que llegaban de Baten Kaitos III.

-La malla energética tan sólo recubre el 32% de la superficie del planeta y sigue reduciéndose. La única secuela será que durante varios días tendrán un fenómeno atmosférico mezcla de relámpago y aurora boreal, pero nada más. –confirmó desde su puesto su segundo de a bordo, Kelsus Elitys.

-Señor, nos comentan desde la Enterprise que han capturado a Ursh’ol y a decenas de soldados nausicaanos y de Orión. –Añadió la alférez de comunicaciones.

           

-Son muy buenas noticias, comandante. Alférez Martines. Quién me preocupa es la situación de la Flota Imperial Andoriana; póngame con el almirante Thebek y dígale si necesita nuestra asistencia.

-Frecuencia abierta por todos los canales.

-Aquí la capitana Erika, de la USS Columbia, quería preguntarles si necesitan nuestra ayuda, general Thebek.

-Señor, nos llaman.

-Pase la señal a la pantalla principal.

La imagen del general andoriano ocupó gran parte de la pantalla de la nave terrestre. Detrás de él se veían varios tripulantes de Andor intentando reparar varios paneles descompuestos y llenos de cables rotos y pequeñas llamaradas que parecían no afectar al resto del funcionamiento de su puente.

-¡Capitana! Su oferta es de verdad providencial… Pues sí, necesitamos su ayuda y si es posible la de la nave Fesoan. Que la Kumari y la Enterprise se queden en la atmósfera del planeta por si los de Orión quisieran atacar de nuevo el planeta.

-De acuerdo. ¿Cómo llevan la situación ahí arriba, señor?

-Nuestra nave aguanta y bien los embates de la nave capitana de Harar-Kas. No sé quién les habrá suministrado esa tecnología, capitana, pero nunca había visto nada igual. Sus escudos prácticamente son inexpugnables. Del resto de la flota enemiga, las naves o han quedado inutilizadas o destruidas.

-¿Y la Estación Espacial de Baten Kaitos?

-Se ha rendido hace unas tres horas pero a causa de nuestros disparos ha quedado parcialmente destruida, no s

           

Un pitido se oyó en el puente de la nave andoriana y a través de la pantalla de la USS Columbia NX-02. Un andoriano que estaba en el puesto de comunicaciones dijo:

-Señor, la ayuda vulcaniana ha llegado… Nos han mandado dos cruceros de la Flota Vulcaniana.

-Esto cambia el orden de las cosas… Y capitana, le espero en nuestras coordenadas lo antes posible.

-Descuide, señor. Allí estaremos, la “fiesta puede esperar por nosotros”.

-¿Cómo dice?

-Déjelo, general, es un viejo dicho terrestre. Enseguida acudimos en su ayuda.

*****

En la sala de reuniones de la Enterprise, Shran contemplaba un mapa del cuadrante de los Borderlands. Las decenas de puntos rojos que indicaban a las naves de Nausicaa y Orión y que se agolpaban en el sistema estelar de  Sayph,  la estrella de Orión más cercana al cuadrante que pertenecía a la Tierra Unida, habían ido poco a poco despareciendo alrededor de la citada estrella. Quedando tan sólo el espacio con sus estrellas y planetas.

-Una gran victoria, Archer. Están huyendo en desbandada.

Jonathan Archer, que miraba la pantalla desde detrás del hombro del andoriano, sonrió ampliamente.

-Nuestra victoria, Shran… Nuestra victoria.

Horas antes, la situación  estaba claramente en su contra pero la eliminación de la malla energética había supuesto ahora que la suerte jugase a favor de los aliados terrestres y andorianos.

           

Ahora quedaba tan sólo ir apagando los focos de resistencia de mercenarios de Orión y de Nausicaa que se habían refugiado en las montañas y en las junglas inaccesibles del planeta. Ya no eran tropas regulares bien entrenadas en tácticas de guerrilla sino piratas y mercenarios mal armados y pertrechados a quienes no les quedaban más opción que sobrevivir o rendirse. Y éstos eran perfectamente localizables desde los sensores de la  Kumari y la USS Enterprise. Aunque quedarían focos irreductibles de enemigos refugiados en las galerías y en la Zona de las Pirámides que tardarían algún tiempo en ser pacificados.

La capital colonial, Neápolis, se hallaba ocupada por los Macos y los soldados de asalto de Talas y poco a poco los recién liberados cautivos comenzaban a regresar a sus casas. Había que empezar a reconstruir todo desde cero en muchas de ellas ya que los Nausicaanos y Oriones las habían saqueado y quemado.

El capitán Archer había vuelto a su nave y había relevado en el mando a Charles “Trip” Tucker que volvió a Ingeniería a seguir supervisando las reparaciones de los motores y de las pantallas protectoras de la nave.

           

Archer miraba por la cristalera el planeta verde-azulado. Desde el espacio la visión de aquella esfera verde-azulada producía en el espectador un efecto tranquilizador. Desde que había llegado apenas había tenido tiempo de gozar de su belleza. Sin que él se percatara, Shran se había acercado a su lado y contemplaba el mismo paisaje cósmico.

-¿Entiende ahora por qué para los andorianos este planeta es sagrado? Es uno de los planetas-nido donde de surgió la vida que conocemos.

-Sí, me da pena que tras tanta belleza haya también dolor. No es justo. –Se quejó el capitán de la Enterprise.

-Capitán, -dijo Hoshi Sato desde el fondo del puente. –Nos llaman, señor. Es la nave vulcaniana D’Kyr.

-Voy ahora.

Jonathan Archer se encaminó hacia su sillón de mando. Pero no se sentó. Activó el comunicador de su sillón de mando y se puso de pie al lado del asiento vacío.

-Hoshi, en pantalla.

Una mujer entrada en años que sin duda para su edad vulcaniana superaba el siglo de edad apareció en la pantalla.

-Capitán Archer… De nuevo le vemos en una situación de combate.

-V’Ler, lo mismo me pregunto. Le agradezco que esté aquí.

-Recibimos un informe de su subcomandante T’Pol a través del general andoriano Thebek y queríamos verificar su autenticidad con usted y con ella, capitán.

-Lo escribió de su puño y letra, comandante. Mi ingeniero y mi médico fueron testigos de ello y se lo pueden confirmar si así lo desea.

-¿Y T’Pol? ¿Cómo es que no la veo aquí en el puente?

-Está convaleciendo, V’Ler. Sufre un reblandecimiento cerebral vulcaniano según mi médico de a bordo.

-¿Cómo?

-Estuvo expuesta durante mucho tiempo a los efectos de la Piedra de Shariel. Las radiaciones psiónicas de esa piedra alteraron su estado emocional. Además hace tiempo le recuerdo que contrajo el Síndrome de Pa’nar. Todo ello ha hecho que los síntomas de esa dolencia se le agudicen.

-¿Cómo es que no se me ha comunicado? A bordo de la D’Kyr disponíamos del equipamiento para ayudarla así como nuestras técnicas mentales controladas.

-Le agradezco su oferta, comandante. Pero primero ella no está en su nave y segundo, es mi oficial. Yo como superior suyo he de decidir por ella, caso de que no pueda valerse por sí misma.

-De acuerdo, si así lo desea lo dejamos estar pero de lo que la ocurra tendrá que responder ante el Alto Consejo de Vulcano.

-Lo asumiré, V’Ler, como asumo que mi médico de la nave es tan competente como los suyos de Vulcano y le aseguro que en mejores manos no puede estar. Y volviendo a su presencia en Baten Kaitos III ¿Van a ayudarnos o se van a quedar de brazos cruzados viendo como les damos una lección de lo que llaman ustedes de “incivilización”?

La pregunta irónica de Archer hizo que durante unos instantes la vulcaniana que comandaba la D’Kyr se quedara boquiabierta y levantara una ceja y continuó:

-He hablado con el Alto Consejo, Archer. T’Pau le da el beneplácito para que cuenten con dos de nuestras naves para la defensa de su colonia. T’Pau le tiene en alta estima desde que la ayudó en Vulcano.

-Se lo agradezco personalmente a usted y a ella. Le sugiero que se coordinen con la USS Columbia de la capitana Erika Hernández y con el  general Thebek. Aunque él sea andoriano, hemos de saber colaborar para detener la última de las grandes amenazas en este cuadrante: La Alfanje de Harar-Kas.

-¿No necesitan ahí nuestra ayuda, capitán?

-No, pero gracias. La necesitan allá fuera, señor.

-Corto y cierro, Archer. Ya hablamos luego.

-Cuando quiera, V’Ler. Archer fuera.

*****

En el interior de la nave Alfanje, Harar-Kas resistía como  podía. Medio puente había sido destruido y estaba ardiendo y muchos de sus hombres estaban heridos o muertos. Incluso los aliados nausicaanos se había replegado o habían sido hechos prisioneros dejando a las tropas mercenarias de Orión a merced de la gran coalición terrícola-andoriano-vulcaniana. La flota del virrey de Orión había quedado reducida a menos de su décima parte. Unas cuantas naves scout y cazas que apenas podían defender a la nave nodriza se afanaban como podían en repeler los ataques organizados por oleadas de las naves andorianas.

-Señor, -dijo un preocupado Koresh –les han llegado refuerzos a la Flota Andoriana. Se acercan una de las naves terrestres y dos naves clase D’Kyr de Vulcano.

           

         

El semblante aunque lleno de pavor hasta ahora contenido de Harar-Kas se transformó en una explosión de rabia. Se levantó de pie y miró a Koresh con gesto iracundo.

-Necesito ideas, Koresh. Dame ideas y si he de morir que sea llevándome a mis enemigos por delante.

-Señor, podríamos replegarnos, estamos a tiempo de poder alcanzar nuestro cuadrante antes de que lleguen esas tres naves. Después ya no tendremos posibilidades…

-¿…de escapar? ¡No, eso no! ¡Nunca! ¿Pretendes que me caiga la deshonra para mí y mi clan, Koresh? No lo voy a consentir.

-Otra opción es ir al cinturón de asteroides entre Baten Kaitos III y IV y minar esa zona. Y esperar allí.

-Buena idea. Timonel, vaya a esas coordenadas. Y necesitaré mientras su ayuda, Koresh, que vayan preparando las minas. Les esperará a esos renegados una gran sorpresa final.

*****

A mitad de camino en su encuentro con Thebek, la nave USS Columbia interceptó a las dos naves vulcanianas clase D’Kyr. La nave terrestre se quedaba pequeña al lado de la majestuosidad de las otras dos naves que la escoltaban. Los vulcanianos hacía siglos que habían alcanzado la velocidad warp y además sus naves eran más sofisticadas tanto en velocidad de crucero como en potencial armamentístico. La Fesoan que había salido antes hacia el encuentro con sus naves hermanas había casi llegado a su destino.

Desde el sillón de mando de su nave, Erika Hernández era consciente de la pequeñez de su vehículo espacial comparado con el de las dos naves. Kelsus Elytis desde su puesto de Operaciones comentó:

-Veo que no deja de observar a las dos naves vulcanianas, señor. ¿Les tiene envidia sana a nuestros orejudos amigos?

-En el fondo sí, Kelsus, envidia sana; ojala algún día pudiéramos compartir esa tecnología para usarla en beneficio de todos.

-Hum, señor, -le bromeó extrañado el primer oficial. –Habla casi como el capitán Jonathan Archer.

-Creo que los humanos le debemos mucho, Kelsus. Nos ha abierto las puertas de la Galaxia y le ha hecho decir a la raza humana delante de sus vecinos cósmicos, “aquí estamos”.

-Que no las abra mucho, porque en la Tierra hay gente como ese colectivo de Terra Primera [1] que no quieren para nada la injerencia de los Vulcanianos en nuestra vida planetaria.

-Tendrán que cambiar de mentalidad, Kelsus. Les guste o no, ya no hay vuelta de hoja.

-Creo que no le vendría mal a usted y a esos de Terra Primera leerse cierto libro de Arthur C. Clarke…

-¿Cuál?

-El “Fin de la infancia”. Creo que nosotros ya hemos superado esa primera etapa de balbuceos galácticos y ahora estamos entrando en la edad del pavo… y eso a mamá y papá  vulcanianos no le gusta. Ha llegado la hora de irse de casa, comandante.

Desde su consola de comunicaciones, la alférez Martines interrumpió la conversación con una tos disimulada. Ambos oficiales superiores la miraron sin decir nada mientras la oficial brasileña les hacía gestos con la cabeza para que miraran a la pantalla del puente. Su sorpresa fue mayúscula cuando se encontraron la cara gigante de Thebek en la pantalla.

-Con que irse de casa, -rió entre dientes el alienígena azul. –No creo que les haga gracia a sus amigos de Vulcano oír eso…

-Tendrá que ser así, general, les guste o no a nuestros lógicos amigos.

-Capitana, ya me he puesto en contacto con V’Ler y ahora lo hago con usted, necesito que con sus armas abran fuego sobre la nave de Harar-Kas. Les vamos a dar el honor de ser los primeros que ataquen.

-¿Y eso, señor?

-Su nave es muy maniobrable en espacio profundo y podrá atacar puntos a los que no lleguen los fásers de los Vulcanos y en el caso de las naves D’Kyr estamos hablando de uno de los mejores acorazados de la Galaxia.

-De acuerdo.

-Mi nave está muy dañada, aunque contamos todavía con suficiente arsenal y energía en nuestros bancos de plasma. Podemos atacar pero si recibiéramos otro impacto sería fatal para nuestra maniobrabilidad y nuestro soporte vital.

-¿Sabe algo de la nave de Harar-Kas?

-Se ha  refugiado en el cinturón de asteroides de este sistema solar. Creo que planea algún tipo de contraataque desde allí. Yo ya voy de camino hacia allí con mis naves.

-Nosotros también. Nos vemos en las coordenadas asignadas. Buena suerte, Thebek.

-Eso mismo le deseo y a nuestros amigos lógicos, aunque les da igual que les feliciten.

Tras una hora de viaje interplanetario, las naves andorianas de clase Kumari con la Fesoan al frente fueron las primeras en alcanzar el cinturón de asteroides. La astronave capitana de Thebek ya había tomado contacto visual con las dos naves vulcanianas y la USS Columbia de la capitana Erika Hernández. En una primera tanda las naves se pusieron en formación de V y comenzaron a aproximarse a los primeros asteroides. Los cazas supervivientes de Orión escoltaban como guerreros griegos a su gran reina estelar y comenzaron a maniobrar evitando abiertamente los asteroides.

 Sin embargo dos asteroides inexplicablemente se desplazaron como dos bólidos contra una nave andoriana haciéndola estallar por dos puntos. ´

Desde su pantalla de su nave, Thebek vio la escena y se mordió los labios de la impotencia. Entonces fue cuando desde la nave vulcaniana le hicieron una llamada. Era V’Ler, quien desde su sillón de mando habló al general andoriano:

-He abierto frecuencias porque debería saber que los Oriones han minado gran parte de los asteroides. Nuestros sensores han detectado entre los compuestos minerales habituales en estos cuerpos, una gran cantidad inusual de borocarbono en algunos de los asteroides. Sin duda, los han minado; una “grata” sorpresa para que se activaran cuando ustedes disparasen sus baterías de plasma.

-¡Maldición!- se enfadó el general andoriano. -Le agradezco su ayuda, V’Ler. ¿Qué me aconseja que haga?

-Esperen en la retaguardia y ordene un repliegue temporal de sus naves y la de la capitana Hernández. Nosotros tenemos ya individualizados estos asteroides minados y los haremos explosionar con nuestros torpedos fotónicos. Aunque estallarán igual, la explosión no será tan devastadora para nuestras fuerzas… aliadas.

Thebek sonrió levemente y asintió la cabeza. En su mente la palabra “aliadas” sonaba como el principio de un camino nuevo. Un camino que ya se inició entre Archer y  Shran.

-Gracias, comandante.

-Estamos en contacto… Buena suerte, señor.

En un movimiento rápido de honda las naves andorianas se replegaron hasta  guardar una buena distancia con el cinturón de asteroides. Entonces fue cuando las dos naves D’Kyr entraron en acción disparando sus cohetes fotónicos. Uno por uno los asteroides minados fueron estallando como en una gran traca cósmica. Entonces aprovechando el hueco dejado por los asteroides estallados las dos naves vulcanas comenzaron a atacar a la Alfanje de Harar-Kas.

En la pantalla de la nave insignia andoriana volvió a aparecer el rostro serio de V’Ler.

-Cuando quiera, general.-Dijo en tono altanero.

-Gracias de nuevo por su ayuda, avisaremos al resto de las naves y a la capitana Hernández.

-No hace falta que nos las dé, es la opción más lógica dada la situación. V’Ler fuera.

La pantalla principal del puente quedó en negro y Thebek, comprometido ante la respuesta de la vulcaniana, miró a su alrededor. Un joven oficial en navegación estaba riéndose entre dientes.

-¿Thamon?

-Disculpe, señor. Ya conoce el por qué del dicho humano “Nunca des las gracias a un vulcaniano.”

El andoriano sintió dentro de sí una especie de ira pero otra parte de él más luminosa se impuso y comenzó a reírse a carcajadas.

-Sí, Thamon, lo conocía… Es un viejo dicho terrestre de la época de su Primer Contacto [2] , allá por el siglo pasado si no recuerdo mal. Aunque es una cosa que se la tengo que preguntar a Jonathan Archer, es el que de los no-vulcanianos se ha hecho más a ellos. Y ahora póngame con la nave de Erika Hernández, quiero pasarle la conversación que he mantenido conV’Ler.

*****

En la nave Shor’Khal, el Alfanje de Orión, Harar-Kas veía como sus posibilidades de victoria iban menguando minuto tras minuto. Abandonado a su suerte por sus ex aliados Nausicaanos y con la Flota de Orión diezmada había la posibilidad  de pactar una rendición honrosa, pero el concepto de la rendición no existía en el pueblo de Orión y la única alternativa era o vencer o morir.

-Señor, dijo Koresh. –Recibo un mensaje desde Neápolis, del planeta Baten Kaitos III.

-¿De Ursh’ol? ¡Ese cobarde me va a oír por no dar señales de vida! Es la última esperanza a la que aferrarnos para ganar esta batalla…

-No, señor…

-¿Entonces quién?

-Del capitán Archer, de la USS Enterprise, Gran Líder…

-Páselo a la pantalla principal.

La cara sonriente del capitán humano ocupó gran parte de la pantalla de su rival. Harar-Kas tuvo que contenerse del enfado y odio que sentía contra aquel humano.

-Soy el capitán Jonathan Archer, de la Tierra Unida. Hablo, supongo con Harar-Kas.

-El mismo que está a bordo y suerte que no le tenga a mi lado porque sino ya no estaría con vida, capitán.

-No se preocupe, no me pondría a su lado ni auque me regalaran latinum. Veo ya por su reacción que soy persona “non grata” para usted… ¿Tantas ganas de matarme tiene?

-¿Qué quiere, capitán, que le colme de rubíes de Spica [3] ?

-Primero darle otro motivo más para que tenga ganas de matarme y es que Ursh’ol no va a acudir en su ayuda. Le hemos capturado a él y a decenas de soldados y mercenarios nausicaanos y de su mundo natal., Harar…

Los ojos del nativo de Orión adquirieron un brillo sanguinolento y de su boca salió un grito desgarrador.

-…Todavía no he acabado, señor. La segunda razón es para que se rinda, Harar-Kas. Todo está en su contra y puedo confirmarle que usted ya no tiene nada que hacer en Baten Kaitos III. El planeta ha sido liberado de su malla energética y de sus invasores.

-¡Eso no, nunca, Archer! –respondió con agresividad Harar-Kas cerrando su verde puño derecho. -¡Yo siempre he coqueteado con la muerte! ¡Ya va siendo hora de que me una a ella!… ¡La rendición nunca y si he de morir lo haré  combatiendo!

-Le ofrezco vivir y salir con honra de esto.

-¿Qué me va a ofrecer, una condena en un apartado planeta presidio con la bandera de  su Tierra Unida? No, Archer, usted no conoce a los Oriones, para nosotros la muerte es la única libertad.

-¡Piénseselo!

-¡¡Jamás!! ¡¡Y ahora, déjeme!! ¡Corte la comunicación, Koresh!!

-Sí, señor.

Archer desapareció bruscamente de la pantalla. En su interior sabia que era el todo o nada. Entonces se levantó y se dirigió al resto de sus hombres:

-¡Si hemos de morir, hagámoslo como héroes para que se nos recuerde en Rigel y Arek! ¡Ataque total suicida, Koresh!

-¡Sí, señor! –contestaron al unísono los tripulantes en el Puente.

-¡Y ahora… a la inmortalidad! ¡Por la Gloria de Orión!

La Alfanje salió como una bestia herida de muerte del cubil en el que se había refugiado. Era un dragón de Orión en llamas acompañado por sus rémoras dispuesto a llevarse por delante suyo a quien fuera. En una línea en diagonal que buscaba a propósito la nave de Thebek cruzó los asteroides.

Thebek intuyó ese movimiento extraño y amenazante de su nave contrincante y ordenó al resto de las naves que se abrieran en abanico y atacaran a los flancos a la Alfanje. Mientras tanto, la nave de Erika Hernández cruzaba por debajo del coloso espacial y abría con sus torpedos nucleares algunas brechas en el casco de la nave agonizante. A pesar de las andanadas de cohetes y baterías de plasma la nave proseguía en llamas su dirección contra la nave de Thebek.

 Las dos naves de Vulcano que habían visto la escena volvieron a actuar y con sus torpedos fotónicos lograron lo que parecía imposible.

Harar-Kas desde el puente vio por última vez las estrellas en la pantalla y en fracción de segundos él y su nave se fundieron con ellas en una llamarada inmortal de tonos naranjas y amarillos.

EPÍLOGO

Lamento por Baten Kaitos

Habían pasado varias semanas y los últimos focos de resistencia Nausicaana y de Orión habían caído. Centenares de prisioneros de guerra se agolpaban en las mismas prisiones que habían servido para amontonar a los colonos del planeta. Al menos se les trataba con la dignidad adecuada aplicando el código ético interespecies aprobado meses antes entre Andoria, la Tierra Unida y Vulcano.

Era media noche en la capital, Neápolis. La ciudad se había engalanado para recibir a los héroes de la que empezaba a ser considerada en los anales galácticos como Batalla de Baten Kaitos. Grandes guinarldas y luminarias  adornaban las calles creando un ambiente mágico que recordaba a la Navidad.

Sin embargo, alegría había poca ya que las estimaciones de la Tierra Unida hablaban de un 10% de la población colonial del planeta muerta o desaparecida. Además, la pérdida para el patrimonio cultural  había sido enorme, tras la invasión. Varias de las  construcciones protoandorianas entre templos, ciudades y sobre todo varias de las famosas “Pirámides que miran el cielo” bautizadas así por los locales  se habían perdido para siempre. Dos siglos antes habían sido Sarajevo y la ciudad antigua de Babylón, cerca de Bagdad; ahora lo era todo un planeta y su cultura.

En medio de la plaza, iluminada por pebeteros de fuego, una larga alfombra roja terminaba en una especie de palco atoldado sobre el que el gobernador Leonard Amerise, ya repuesto de su intervención quirúrgica para quitarle el localizador implantado, presidía la ceremonia de gratitud a la que fueron invitadas delegaciones de Andoria, Vulcano y la Tierra Unida.

Poco a poco fueron llegando los invitados: por la parte vulcaniana, el embajador Soval, T’Pol  y V’Ler. Por Andoria, Shran y Thebek y por la parte terrestre, los capitanes Erika Hernández y Jonathan Archer y el Almirante Forrest y a la astroaequeóloga Amanda Kelley

En la parte central del palco, desde un atril situado en un escenario más pequeño, el gobernador Amerise dedicó las primeras palabras de agradecimiento.

-Señoras y señores, dignatarios de la Tierra, Vulcano y Andoria, antes que nada sean bienvenidos a este sector del universo, a “este sol olvidado”, como diría  Dante, en una de las fronteras estelares más movidas de la Galaxia. Una época que en la época medieval terrestre vivió uno de sus episodios históricos más tristes en el que se vieron involucrados los mismos mundos que ahora han unido sus esfuerzos en una ayuda mutua casi un milenio después.

Desde hace décadas, Baten Kaitos III acogió a través del comercio y el trueque los primeros intentos de convivencia  entre culturas.

Sin embargo, hace casi un mes nuestro pequeño asentamiento sufrió una de sus peores invasiones de las que fuimos víctimas los ciudadanos y colonos pacíficos de este hermoso planeta, conmigo a la cabeza. Invasión que ha causado un número considerable de bajas no sólo entre la población local sino entre los que han venido a socorrernos.

Querría de corazón que esta alianza temporal sea el principio de la reconciliación histórica entre dos pueblos, Vulcano y Andoria, antes enemigos para que desde los valores de la lógica, la tolerancia y la fe en el futuro se trabaje en beneficio de las especies. A muchos kilómetros de aquí, un equipo de arqueólogos encontró enterrados juntos los restos de andorianos y vulcanianos en una época en la que jamás se hubiera hecho esto y en la que vuestros pueblos estaban en guerra. En ese enterramiento encontramos una Piedra, llamada popularmente de Shariel o de Gol, que está a cargo del capitán Archer y que queremos sea devuelta a sus legítimos dueños.

Sé que cada uno de los aquí presentes tiene este planeta un trozo de su memoria histórica: Para los andorianos éste es un planeta sagrado, origen de su creación. Para los vulcanianos, el lugar donde se encontró una de sus reliquias y para nosotros, humanos y alfacentaurianos, es el lugar de nuestro nuevo hogar. Quiero por ello  proponer hacer aquí en este planeta un gran monumento –aseveró Leonard Amerise. –Un gran Memorial de las Culturas.

Entonces comenzó el ceremonial. El gobernador fue colocando a cada uno de los asistentes una banda plateada en la que se hallaba bordada una larga rama de laurel. Después hizo un gesto hacia el capitán de la Enterprise.

Archer se levantó y cogió de una mesa cercana una urna y bajó con la capitana Erika hasta el centro de la plaza caminando por la alfombra roja. Detrás de ellos, la delegación vulcaniana, con sus trajes de gala tipo kimono y un pectoral de platino con sus nombres grabados en la circular caligrafía en vulcaniano antiguo, se paró hasta casi llegar a los humanos. Entonces, Archer acercó hasta Soval la urna y la abrió. Soval asintió, cogió la caja y la cerró dándosela a V’Ler. Hecha esta entrega los participantes volvieron a ocupar sus sitios en el palco.

El público asistente aplaudió. Entonces el gobernador pidió silencio al respetable:

-Lo que van a oír es una pieza de música expresamente compuesta para la ocasión por uno de nuestros jóvenes colonos. Se llama “Lamento por Baten Kaitos”, es un lamento por los que se fueron ayer y por los que nos han dejado ahora, por todas las víctimas inocentes de ese absurdo concepto de la Humanidad llamado “guerra”. Para todos ellos va esta composición. Pido pues el más respetuoso de los silencios.

 Desde un escenario a parte, en otro lado de la plaza, un joven alfacentauriano, vestido con túnicas blancas se encontraba frente a una especie de estrado con sintetizadores láser y teclados antiguos. Junto a él, una mujer de raza vulcaniana vestida con un túnica parecida a la de los dignatarios de su mundo pero más elegante tocaba el arpa típica de su mundo y otra andoriana que era una especie de cantante de ópera.

El público hizo un silencio y de repente las imágenes de los dos solistas adquirieron proporciones gigantescas gracias a un reflector tridimensional.  El “Lamento” comenzó con un sólo de arpa y con la voz solista de la mujer andoriana acompañando en un efecto melódico de eco y reverberado los primeros acordes de la vulcaniana.

Después el joven comenzó a tocar unas notas con sus teclados, y lo que comenzó como un arpegio acompañado por una voz solista comenzó a adquirir un tono orquestal en el que ficticios músicos tocaban pizzicatos de violas y violines y una ficticia masa coral respondía a la llamada de los instrumentos.

Después entraron en escena electrónicas percusiones e instrumentos de viento que rasgaron el aire de la noche en Baten Kaitos III mientras a cierta altura una especie de holograma reproducía el sistema estelar.

Tras llegar a su punto culminante, el “Lamento por Baten Kaitos” entró en su “coda” y las percusiones, instrumentos de viento y cuerda dieron paso a una masa coral electrónica que respondía a la voz solista de la artista andoriana y al arpa de Vulcano. Las notas finales las cerró la joven vulcaniana con su instrumento.

Cuando la última nota acabó, las luces se apagaron y en el cielo efectos holográficos y  de pirotecnia completaron el resto del espectáculo. 

El público irrumpió en un estruendoso aplauso lo mismo que los invitados del palco. Tan sólo los vulcanianos permanecían ajenos a los aplausos mirando lo que les parecía el ilógico gesto de sacudir las manos en señal de aprobación.

           

Entonces, Shran y Erika Hernández sonrientes cruzaron sendas miradas con el embajador Soval que tan sólo se limitó a levantar una ceja.

Cuando los invitados se iban, Amanda Kelley y Karima al-Kattani llamaron a Archer por su nombre propio. Éste se giró.

-Capitán, mi compañera y yo queríamos solamente darle las gracias por su ayuda, nos ha salvado la vida y ese es el más importante de los tesoros que tenemos, más que la Piedra de Shariel y más que el más rico de nuestros hallazgos arqueológicos.

-Era mi deber, Amanda. ¿Qué van a hacer mañana? Se han quedado sin trabajo…Saben que disponen de un sitio a bordo de mi nave o de la Columbia si quieren volver a la Tierra

-No, Archer, nos quedamos aquí… Además el Gobernador Amerise nos ha ofrecido la posibilidad de convertirnos en una especie de Ministras de Cultura coloniales. Nos encargaremos de investigar el complejo electrónico y de restaurar el patrimonio que haya quedado en pie. Así que trabajo y una vida nueva aquí no nos falta.

-¿Ah, sí? Me alegro, por ustedes, cuídense…

-Yo más por ti, Johnny… Cuídate.

El capitán asintió con la cabeza y se giró. Lo que nadie vio fue la lágrima que se le formó en el ojo.

*****

Mientras, al día siguiente, arriba en la Enfermería de la  nave, Hoshi Sato acababa de pasar una revisión dermatológica por parte del Dr. Phlox.

-Los índices de su melanina ya son normales, ya puede tomar el sol cuando y cómo quiera.

Un ruido parecido a un ronroneo comenzó a oírse en el bolsillo de la oficial de comunicaciones.  Phlox miró de nuevo el bolsillo del uniforme de la oficial, ahora comenzaba a moverse algo en su interior.

Hoshi intento disimular pero la curiosidad del denobulano pudo más que la del gato.

-¿Qué lleva ahí, Hoshi?

-Se lo acabo de coger de su contenedor de alimentos, doctor… -titubeó la japonesa al ser descubierta. –No quería que una criatura tan delicada acabara en el estómago de uno de sus bichos.

 -Veamos… ¿No les di un montón de ellos cuando se infiltraron en la estación espacial, Hoshi?

-Todos demás se vendieron. Se los llevaron casi todos unos Mazaritas y ese bajito de orejas grandes llamado Krem.

-Pues ese me lo devuelve, lo guardaba escondido para mi mascota…

 Doctor, usted se lo ha dicho todo: la gente tiene mascotas y usted mismo convive con sus animales. Y el capitán ¿acaso no tiene a Porthos, su perro?

-Sí, no veo nada que le impida tenerlo, además por lo que he investigado sus ronroneos tienen un efecto calmante en la corteza cerebral.

-Sólo le pido una condición: que a partir de ahora no los use de comida para sus “bichos”, doctor.

-Descuide, a mi me están empezando a caer bien. Se lo prometo, ya les obligaré a comer aunque sea sucedáneo a base de algas.

Y como si el tribble hubiera alegrado de tener un nuevo amo, ronroneó aún más fuerte en la mano extendida de Hoshi Sato.

Abajo en el espaciopuerto de Neápolis, T’Pol fue la más madrugadora en esperar al resto del grupo para coger la shuttlepod.

 Justo antes de subir a la vehículo espacial que les llevaría de vuelta a la nave Enterprise,  Archer llegó y saludó a T’Pol quien levemente asintió con la cabeza y cerró los ojos. 

-¿Qué tal se encuentra esta mañana,…comandante?

-Bien, Jonathan… Por usar un concepto humano…-respondió con su habitual seriedad y acto seguido levantó una ceja mientras decía:

- ¿Comandante?

-Sí, ¿no se lo han comunicado? Acaba de ser ascendida, me lo ha confirmado hoy el Almirante Forrest.

-Interesante… Se lo agradezco.

-Al fín, la Piedra de Shariel vuelve a su verdadero hogar…

-¿Cree que Vulcano debe ser el hogar de un objeto que se usó para matar en los Tiempos Antiguos? Surak no lo habría permitido.

-Es una reliquia de su ayer, T’Pol. “Los pueblos que pierden su pasado están condenados a revivirlo”, dijo un sabio de la Tierra.

-Yo ya he revivido demasiado el pasado con esa “reliquia”, capitán. Si no fuera por los diligentes cuidados del Dr. Phlox habría acabado como Tolaris. Creo que es justo que se quede a buen recaudo en este planeta, tal como lo quiso aquel joven aprendiz de monje.

-Se la llevarán finalmente a Vulcano, lo ha decidido así Soval.

-Soval es Soval. –indicó con su seriedad la vulcaniana. –Pero yo soy como pienso y yo pienso como T’Pol, señor. –acabó la frase mientras levantaba una ceja.

 

Archer sonrió y percibió por vez primera que quizás estaba cerrando una etapa en su vida. Su manera de pensar y sentir había cambiado hasta hacerse más “lógica” y tocar la parte más noble de lo que se entendía como “humanidad”. En cambio, T’Pol, tras los eventos vividos en Baten Kaitos III, se había acercado al concepto de “lo humano” más que nadie, incluyendo un descenso a las sombras de las emociones, más que los “V’tosh Ka’Tur” y eso la enorgullecía pero por otro lado la aterrorizaba. Sin embargo, por primera vez ambos sentían que un brillante futuro se abría delante de ellos.

FIN



[1] Movimiento nacionalista planetario que rechazaba la presencia de los Vulcanianos y otras especies en la Tierra así como todo contacto con seres alienígenas. (ENT)

[2] Referencia al primer contacto en 2063 en la Tierra con los vulcanianos ese año por parte de Zefram Cochrane (“Metamorfosis-TOS”)(Film “Primer Contacto”)

[3] Alusión en “The Trouble of Tribales” (TOS)