“Únete al capitán Jonathan Archer
y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5,
Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise
Un Sol Olvidado
Parte 9: Por
Escrito por Sikileia / Portada: Edgar Rocha.
Esta saga esta situada durante la 4 temporada de la serie de TV
Anteriormente: Las Fuerzas Aliadas de Vulcano, Andor y
Las
naves de
El rostro ya curtido de mil batallas contra tholianos y klingons del virrey de Orión observaba en silencio la que sería la última de sus batallas, no solo en el espacio sino también contra sí mismo. Una derrota significaría la caída para él y todo su clan familiar y la única salida era o la victoria o la muerte. Hozhor, su segundo en la cadena de mando y piloto de la nave calculaba la distancia entre su Flota y la de Thebek con los sensores de la nave.
Sin embargo, tenía una última baza y de las más crueles: Los escudos humanos. En su mente se le cruzó el pensamiento de poner a prueba la lealtad de los andorianos hacia los humanos. Y dirigiéndose a su oficial ordenó:
-Póngame con Ursh’ol, Hozhor.
-Señor, comunicaciones abiertas.
Una figura corpulenta de Orión, con varios tatuajes en su calva y una placa metálica incrustada en el parietal derecho apareció en la pantalla. Con voz brusca preguntó.
-Aquí, Ursh’ol desde Neápolis. Que desea, señor.
-Active la malla alrededor del planeta y coloque a varios prisioneros de las galerías en lugares estratégicos.
-Si, señor.
-Quiero comentarle también que les hemos mandado refuerzos aéreos a su base de Neápolis. Que sus hombres desde tierra les asistan en caso necesario.
-Cuente con ellos, señor.
La voz de Harar-Kas se hizo más patriótica:
-Dame la victoria en este sistema, Ursh’ol, y tú serás el próximo gobernador de este mundo.
Los ojos de Ursh’ol se encendieron como dos teas. Y alzó el puño golpeándose contra el pecho y elevándolo luego hacia lo alto.
-Así será, señor. Por la gloria de Orión. Ursh’ol fuera.
La pantalla principal de
-¿Señor, le preocupa algo?
-¿Crees que sabrán que estamos con sólo la velocidad de impulso?
-No creo, usted ha estado magnífico.
Harar-Kas se alzó bruscamente de su asiento y agarró por el cuello a su primer oficial.
-¿Te burlas de mí, Hozhor?
El Orión estrangulado intentó hablar pero el puño que lo agarraba era como unas inmensas tenazas y apenas podía emitir unos cuantos sonidos guturales sin sentido.
-Tú lo sabes, Hozhor. Sólo tenemos la velocidad de impulso y esa capitana humana lo sabía. ¡¡Lo sabe, lo he visto en su mirada!!
Con el puño lanzó hacia delante a su subordinado que calló pesadamente en el pasillo que había entre la pantalla principal y el sillón de mando. De manera agresiva se sentó en su asiento y bufó entre dientes.
Hozhor en el suelo, le lanzó una mirada furibunda y de su espalda sacó un cuchillo de Orión que tenía escondido.
-¡Traidor…! –Gritó el ofendido oficial -Le has dado a ese renegado de Ursh’ol el puesto de gobernador que me prometiste. Después de lo que he padecido en ese asqueroso planeta.
Preso de la ira se abalanzó sobre su superior como una fiera. Harar-Kas reaccionó ágilmente y esquivó el golpe del cuchillo que fue a dar sobre el sillón de mando. Arrodillado sobre la tierra sacó su pistola láser y disparó sobre su atacante.
Hozhor cayó de espaldas mientras el efecto desintegrador lo difuminaba en mil puntitos brillantes.
Un grito ensordecedor hizo eco en todo el puente. El resto de la tripulación asistió atónita a la refriega. Harar-Kas se giró a sus hombres con los ojos inyectados en sangre y con la pistola aún humeante por el disparo aulló en voz alta:
-¿Alguien más pone en duda mi autoridad?
Semiescondidos tras sus consolas o en los rincones del puente, el resto de la tripulación miró a su líder en silencio y temblando de miedo.
-¡No decís nada, pandilla de cobardes! ¡Yo soy Harar-Kas, no lo olvidéis!
-Si… señor.-dijo un resignado oficial que llevaba un casco redondeado parecido a un antiguo bacinete medieval. –Hozhor era un cobarde, señor.
-¿Cómo te llamas, soldado?
-Koresh, señor.
-Bien, -contestó el jefe Orión. –Necesitaré a alguien que me hable con sinceridad y no sólo para adularme… Me gustaría que sustituyeras a Hozhor como primer oficial…
-¡Yo… Er… señor?
-¿No vas a aceptar semejante honor, Koresh?
-Sí…
-Y ahora, so cobardes… ¡Espabilad y activad la malla energética alrededor del planeta!
*****
Charles “Trip” Tucker descansaba a media luz en su litera cuando un leve pitido se oyó en el silencio del dormitorio.
-Trip, aquí Reed desde el puente.-Tenemos dos noticias una buena y otra mala.
-Un momento…
El ingeniero a cargo de la nave se desperezó en su cama y se fue a su lavabo a echarse agua sobre la cara. Vio se le habían formado dos bolsas debajo de los ojos. “Necesitaría dormir más, -pensó para sí mismo. –O el doctor Phlox me declarará no apto para el servicio.”
-Disculpe, teniente. Empiece por la noticia buena para que me vaya despertando y guárdeme el susto para después.
La voz de Reed se rió al otro lado de la línea y continuó:
-La buena es que ha llegado la nave de la capitana Hernández a nuestras coordenadas y la mala… Hemos detectado una ionización anormal del planeta en las capas superiores de la atmósfera.
-¿De nuevo…? ¿Es alguna consecuencia de la provocada por nosotros, Malcolm?
-No, señor, nuestra ionización fue provocada en
una pequeña parte del planeta pero a lo que me refiero a que está ocurriendo
a escala planetaria… y no somos nosotros. Le ruego que venga a
-Está bien. En unos minutos me tienen arriba en el puente.
*****
Harar-Kas contemplaba extasiado la representación tridimensional de la malla que envolvía al planeta. Una sonrisa impía se dibujó en sus labios mientras con los ojos seguía las cuadrículas que se formaban sobre una esfera de colores cambiantes en la que se representaba el planeta.
-Señor, los escáners de la nave indican una formación ordenada de naves andorianas acercándose a nuestras coordenadas.
-Bien, bien… Eso es lo que necesitaba, Koresh. Ordene al resto de la flota aliada que tome posiciones alrededor de nuestra nave capitana
-Sí, señor.
-¡Baten Kaitos será por fín dominio de Orión! –dijo con pasión el líder de ese pueblo mientras se alzaba y se giraba hacia los miembros del puente.
*****
Diario de a bordo de
Graba
Desde nuestra
llegada al planeta hará unas 28 horas locales, la situación es de un tenso compás
de espera. Hace unas cuatro horas solares hemos perdido contacto con el General
Thebek de
Estamos pues aquí aislados sin más refuerzos
que el depender de nosotros mismos en esta peligrosísima misión. Cuento sin
embargo con la inestimable ayuda del Capitán Archer y de su aliado Shran, con
sus dos naves de guerra Fesoan y Kumari. Por el contrario, la nave de Archer,
El comandante Charles Tucker, al mando temporal de dicha nave me ha mandado un informe en el que justifica la pérdida de las dos lanzaderas de su nave así como de la existencia de rehenes humanos en los subterráneos del Planeta.
Aislados, como
dice el dicho terrestre “me encuentro entre la espada y la pared” y no queda
más remedio que actuar por nuestra cuenta con el plan previsto. He ordenado
a los capitanes de las cuatro naves reunirnos en la sala de briefing de
-Computadora, Fin de diario, grabe los datos.
Un pitido melódico se oyó tras acabar la capitana
de grabar sus últimas líneas. Miró hacia arriba y vio en la pantalla principal
a
-Señor, -dijo la alférez Martines. –Me comunican desde Ingeniería que acaba de llegar la lanzadera andoriana con Shran y Archer. Y El señor Tucker llegó mientras usted estaba redactando su diario de a bordo.
-¿Cómo es que no se me avisó, alférez?
-Órdenes del Sr. Elytis, capitán…
-¿Elytis? ¡Ah, ya entiendo! –contestó Erika. –Siempre pensando en mí. Está bien, dígale que en media hora quiero verle en el puente. Y pase por favor a “Alerta Amarilla”.
-Sí, señor.
-Martines, asuma el mando hasta que llegue el oficial Elytis e infórmeme a la mínima novedad.
La capitana se dirigió a la puerta y entró en el turbo-ascensor. En su mente afloraron las que podrían ser las consecuencias de una derrota terrestre y andoriana en aquel cuadrante. Sin embargo, había que llevar a cabo una misión de última hora: Rescatar con vida a los posibles rehenes en manos de Orión.
La puerta del turbo-ascensor se abrió, y en ese
momento se encontró con un alférez con el que intercambió unos saludos. Acto
seguido, se encaminó a
Allí
esperándole estaban Archer, Shran y Tucker. Vio que la expresión de ambos aliados
denotaba cansancio aunque en sus ojos se notaba la fuerza interior que alimentaba
su resistencia física. Tucker, que había podido descansar un poco parecía más
fresco que sus otros dos aliados.
-Gracias, señores y bienvenidos a bordo de
Los tres oficiales saludaron con la cabeza.
La capitana de la nave se sentó presidiendo la mesa ante la mirada atenta de los tres oficiales superiores.
-Me alegro de verles y lamento que sea en circunstancias
tan adversas. Supongo que habrán visto la situación en la que nos encontramos…
atrapados como diríamos en
-Sí, -contestó el capitán de
-Buen trabajo, Shran. –Interrumpió Archer. –Lo veo lógico, es una zona llena de subterráneos de la antigua época protoandoriana y perfectamente podrían haber trasladado a allí a los colonos sin levantar sospechas.
-Sus escaneres, Shran… ¿No los nuestros…? –ironizó Tucker. -¿Y qué pruebas hay de que nos no están mintiendo… Que van detrás de esa Piedra de Shariel-
-“Trip”, hemos de aprender a confiar los unos de los otros. –medió en tono tranquilizador Archer. –Hasta ahora nos han ayudado, y créame que apoyo plenamente esa ayuda, si no quiere pasar a ser tutelizado por los vulcanos otra veintena de años.
-No, gracias, me da ya igual que tenga orejas de punta o antenas quien me ayude, pero 20 años como que no.
Archer sonrió y continuó:
-Ésta es una gran oportunidad para trabajar juntos y sentar las bases de un futuro mejor.
-A pesar de las diferencias con ustedes yo también quiero formar parte de ese futuro y por eso estoy aquí.-le rebatió el andoriano.
-Caballeros, les recuerdo que también estamos aquí por otro motivo. Si hay alguna oportunidad de poder salvar cuantas más vidas humanas y alfacentaurianas abajo yo no la desaprovecharía.
-¿Qué sugiere, capitana? –Inquirió Shran.
-Podríamos unir nuestras fuerzas de nuevo, nuestros MACOs con sus soldados andorianos, Shran, son perfectos tomando al asalto cualquier cosa.
-Cuente con ellos. –Confirmó el andoriano.
-Bien, -explicó Archer. –Hemos de coordinarnos.
-Sí, había pensado en ello, Jonathan. Por eso también les he traído y el plan que les he propuesto está en los PADDs que les hemos proporcionado.
*****
Neápolis no había sido hasta la invasión de los nausicaanos y oriones, la única ciudad en el planeta. Siglos atrás, los primeros andorianos que se aventuraron a navegar entre las estrellas habían dejado su impronta cultural. No sólo en aquellas majestuosas pirámides que miraban hacia el cielo sino en decenas de galerías subterráneas, muchas de ellas antiguos viajes de agua, que recorrían como hormigueros la ciudad y sus alrededores.
A varios metros bajo tierra, en una galería iluminada por luces verdes sin duda eléctricas, Ursh’ol caminaba escoltado por tres de sus soldados. Al final de su recorrido una puerta de piedra se abrió paso y los cuatro pasaron a una gran sala con una verja. Encerrados y vigilados bajo los ojos atentos de varios nausicaanos varias decenas colonos, andrajosos, sucios y hambrientos, se agolpaban entre sí buscando arroparse frente al frío.
La puerta de la verja metálica se abrió fortuitamente y Ursh’ol comenzó a buscar con la mirada a un individuo mayor que le resultaba familiar.
Un hombre anciano, de rostro demacrado y barba blanca, se levantó entre los humanos y gritó:
-¡Así no se trata a un gobernador colonial! Esto contraviene las normas galácticas sobre trato de prisioneros.
-Gobernador Amerise, yo no tengo un pacto firmado con su Tierra Unida ni con ninguno de sus aliados.
-¿Para qué se ha molestado en venir? Si me quiere matar, hágalo aquí y ahora. –contestó altivamente mientras le mostraba parte del cuello.
-No se preocupe, si desea ser un mártir ya le voy a ofrecer esa oportunidad. –dijo lanzándole una mirada furibunda. -¡Soldados, llevaos a él y a veinte más y encadenadlos a la plaza principal de Neápolis! Si quieren atacar, lo harán a los suyos.
Los mercenarios de Orión apuntaron al ex-gobernador que a pesar de encontrarse en aquella situación comprometida no perdió su orgullo de viejo jerarca. El terrícola levantó las manos a sus enemigos. Uno de ellos, de manera agresiva, le puso una especie de grilletes y le empujó fuera de la estancia. Ursh’ol complacido comentó:
-Así está mejor, mercenarios y ahora, cumplid mis órdenes.
*****
Era ya medianoche sobre Bidonville, a las afueras de Neápolis, y el aire comenzaba a golpear las chapas de lo que había sido la vieja ciudad colonial de decenios atrás.
El ladrido de un perro en lejanía era el único rastro
de vida en kilómetros a la redonda y así lo recogió el escáner de una de las
lanzaderas de
En total tres lanzaderas terrestres y dos andorianas descendieron a lo que fue el antiguo campo de rugby de la colonia. Las coordenadas habían sido calculadas milimétricamente con la ayuda de los equipos más sofisticados de los andorianos. Las cinco naves además llevaban un dispositivo energético –también de influencia andoriana- que impedía que cualquier localizador enemigo interceptara las naves de rescate.
Al cabo de un rato la portilla de cada nave se abrió
y salieron una veintena de MACOs y soldados de asalto andorianos que tomaron
posiciones. La propia capitana de
Por parte andoriana, Talas guiaba al contingente de soldados andorianos que luchaba como aliados de los terrestres. Ella se encargó de pasar a sus aliados los inhibidores de energía que les haría prácticamente invisibles ante cualquier amenaza.
En
el interior de una de las lanzaderas, la andoriana daba instrucciones sobre
el funcionamiento y uso de los dispositivos.
-Se trata de objetos muy valiosos, con que uno de ellos se pierda o caiga en manos enemigas nuestra misión corre el riesgo de ser un fracaso.
El aparato en cuestión era una especie de correa con un dispositivo rectangular ajustable con varios botones multicolores parecido a un antiguo reloj de pulsera terrestre.
-Descuide, Talas. Seguiremos sus instrucciones y si hay alguna duda, no se preocupe que la preguntaré.
-Confío en su experiencia, teniente. Estos dispositivos están aún en fase experimental aunque hasta la fecha no nos han dado problemas y sí muchas ventajas.
Erika Hernandez y J. Hayes escuchaban en silencio
las instrucciones de la andoriana; como lugarteniente de Shran no había duda
de que éste debía sentirse particularmente orgulloso de ella, pues había sido
su mejor pupila a bordo de
El escáner de uno de los oficiales andorianos comenzó a silbar y a parpadear.
-Señor, -dijo el joven mirando a Talas y a Erika. –Creo que tenemos compañía… Tres nativos de Orión y una veintena de humanos. A tres kilómetros suroeste de aquí.
-¡Bingo! –se alegró Malcolm Reed. -¿A qué estamos esperando para ir a por ellos…?
-Con cuidado, Reed, cuídese ese apasionamiento.
Ya entraremos en zafarrancho de combate pronto. –Le hizo entrar en razón la
capitana de
-Lo siento, señor, disculpe…yo…
–Hum, Malcolm… me recuerda a un niño que está esperando a la salida del colegio a los compañeros que le han pegado… ¿No será usted revanchista…?
-¡No, claro que no! –se defendió como pudo el oficial
de
-¡Bien y ahora en marcha! ¡Hayes, que tres de sus hombres se queden vigilando las lanzaderas para que nos avisen en caso de huída!
Las lanzaderas apagaron completamente sus luces y al amparo de la noche los soldados de asalto terrestres y andorianos se apresuraron a ir en pos de los enemigos.
*****
La nave Enterprise NX-01 poco a poco comenzaba a recuperar su rutina y las reparaciones iban progresando según los planes previstos. Había ya la posibilidad de llegar a warp 2. Tras el ataque las bajas habían sido pocas y a todas ellas el Dr. Phlox les dio el alta.
Hoshi Sato aprovechó este momento de relativa calma
para pasarse por
-Durante tres días evite el contacto con la luz solar. Recuérdeselo también a “Trip”.
-No se preocupe, doctor, seguiremos su consejo a rajatabla… ¿Pero por qué lo comenta?
-Al ponerle ese producto, Hoshi, su melanina ha reaccionado y se ha hecho más hipersensible. En tres días recuperará su funcionamiento dermatológico habitual. Y ahora puede volver al servicio.
-¡Gracias! ¡No vea lo renovada que me siento!
Phlox rió entre dientes.
-Me lo imagino. A nadie le gusta parecerse a ese
superhéroe suyo de
Hoshi se dio cuenta que el denobulano había metido la pata y le corrigió con en tono cariñoso:
-Doctor, querrá decir usted “
-Fue el comandante Tucker. Siempre tan ocurrente…
-Bueno, la próxima vez aprenda bien los conceptos, Phlox, porque al decirme la “Pasa” me estaba llamando “vieja con arrugas”…
-¡Oh, disculpe, alférez!
-No se preocupe, además también la pasa es un fruto de la uva macerado muy rico, ¿ha visto esas bolitas pequeñas arrugadas con las que aliño mi ensalada César…? Son “pasas de Corinto”…
-Hum, algún día he de probarlas.
-Le invitaré, no se preocupe… Lo que sí tendría ahora es irme porque me necesitan allá arriba.
-Muchas gracias, Hoshi. Recuerde que hemos de continuar
intercambiando las clases de denobulano por las de inglés federal. No vaya a
ser que me pase esto mismo su tuviera algún día que curar a algún dignatario
de
Hoshi Sato asintió y con el brazo hizo el gesto
del adiós saliendo por la puerta de
Entonces, el Dr. Phlox se acercó hasta donde estaba convaleciendo la vulcaniana.
La otra paciente de
Sobre su nuca notó cómo una especie de gelatina, viscosa y fría que recorría su piel.
-¡Fantástico! La babosa de Berengaria está haciendo su trabajo reparador.
-¿Qué tengo qué, doctor?
-Uno de mis bichos, subcomandante, una especie de sanguijuela que se está encargando de reparar su sistema nervioso recomponiendo las dentritas de sus neuronas y el cerebelo. El síndrome de reblandecimiento Vulcano ha sido más grave de lo que pensaba inicialmente.
-Tengo que levantarme, doctor… Me necesitan en el puente.-Comenzó a gritar intentando desatarse sus ligaduras.
-¿Para que me corretee por el puente? ¡No, eso sí que no! Y séame paciente, que ya casi el tratamiento está completo.
-¿Tal mal estaba?
-Eso se lo responderá usted misma si le enseño los registros de a bordo
*****
Encadenados como si fueran esclavos para ser vendidos en algún tugurio planetario, los prisioneros marchaban en fila india hacia un destino incierto. Les escoltaban dos soldados de Orión fuertemente armados y Ursh’ol quién con su rifle de plasma abría la marcha.
Estaban en medio de la ciudad de Neápolis, una de las ciudades coloniales más bonitas de aquel Cuadrante si no fuera porque era una ciudad fantasma, sin vida. Faltaban las luces en aquel lugar abandonado y la poca visibilidad que había era proporcionada por las dos lunas planetarias de Baten Kaitos III. Uno de los soldados encendió una especie de linterna al llegar a una calle prácticamente solitaria.
De pronto un gato negro cruzó la vía alertando súbitamente la atención de Ursh’ol. Su reacción fue disparar. Un rayo rojo iluminó instantáneamente la oscuridad que se agolpaba en la calle y el eco del zumbido del disparo duró un segundo. Por poco, el felino escapó de su fulminante muerte y siguió su camino amparado por la oscuridad. De pronto uno de los prisioneros rió a carcajadas a espaldas del líder de Orión. Se dio la vuelta y vio al gobernador Amerise, orgulloso y despreocupado burlándose de él.
-¡Así piensa gobernar este mundo el futuro Virrey de Orión? –replicó irónicamente Leonard Amerise.
La única respuesta que obtuvo el exgobernador colonial fue un golpe en el estómago con la culata de uno de los soldados de Orión.
-¡Sólo los cobardes se abusan de esta manera de los menos poderosos o de los caídos en desgracia!
El orgullo de Ursh’ol no podía consentir más semejantes palabras de burla. Su honor y su credibilidad estaban siendo puestas en entredicho por un vulgar prisionero humano. La ira comenzó a hacer en él tanta mella que sacó el cuchillo dispuesto a matar al gobernador legítimo de Neápolis.
-¿Va a matarme, Ursh’ol? Sólo me confirma una vez más lo cobarde que es usted.
-¡Se acabó, humano! ¿Cree que me apetece seguir escuchando su sarta de mentiras? El mejor humano es un humano callado…
-Veo que aprende con rapidez las citas de
-Es lo único de lo que debería estar orgulloso su mundo: de eso y de sus grandes líderes militares.
-En nuestro mundo menos mal que pasaron a
-Eso puede cambiarse, Amerise. ¿No ha oído decir
aquello de que
-¿Qué quiere decir con ello?
-Pues aquí estoy y aquí estamos, humano y no olvide
lo que le voy a decir porque será lo último que oiga… ¿Cree que estamos aquí
sólo para invadir este planetucho? ¡No, más allá de los Borderlands nos esperan
decenas de naves para invadir este cuadrante! Los klingons y
-Ahora empieza a encajar todo… Por eso habían tantas naves nausicaanas y de Orión aparentemente comerciales. En ellas iban los piratas y mercenarios que han invadido este pacífico mundo.
-Sí, veo es muy sagaz, Amerise, aunque no del todo…
¿No ha oído hablar de
-¿A qué piedra se refiere?
-La que confiere a su poseedor un poder inmenso, más del que uno imagina… Mis espías saben que la tienen sus compatriotas…
-Es la primera vez que oigo hablar de ella… No sé de lo que me está hablando, Ursh’ol…
-¡Mientes, se acabó ya el juego, gobernador! ¡¡Y ahora contra esa pared!! –Gritó mientras le amenazaba con su cuchillo. –¡Si tiene alguna deidad a la que rinda pleitesía hágalo ahora!
Entonces el líder de Orión ordenó a uno de sus secuaces que se pusiera al lado suyo.
Las armas de los dos enemigos se posicionaron para disparar. El gobernador terrícola se dio cuenta de que había llegado su hora final y cerró los ojos. En la oscuridad de su mirada los segundos iban pasando lentísimos y angustiosos. Oyó unos disparos que como un eco retumbaron en el silencio de la noche. Y cayó al suelo…
*****
A bordo del puente del USS Enterprise, Tucker firmaba desde su sillón de mando unos cuantos informes de daños de las cubiertas cuando en el puesto de Comunicaciones, Hoshi Sato se percató de que la estaban llamando por uno de los canales.
-Señor, son el capitán Archer y Shran, desde
-Páseme la comunicación a la pantalla principal.
-Sí, señor.
En la pantalla aparecieron ambos aliados. Por el rostro ambos parecían ya visiblemente más descansados. Entonces, Archer tomó la palabra:
-¿Saben algo de nuestros expedicionarios?
-No, señor. –Respondió Tucker. -¿Algún problema, capitán?
-A nosotros tampoco nos han contestado. Por cierto, que casi la olvidábamos… ¿Qué tal T’Pol?
-Según el último parte que me mandó el Dr. Phlox, descansando y recuperándose de su dolencia.
-Me gustaría tenerla a mi lado, “Trip”, aquí está faltando otra ayuda muy valiosa. La de los vulcanianos.
-¿Los vulcanianos, señor?
-Sí, “Trip”, los vulcanianos al fin y al cabo esa famosa Piedra de Shariel es de ellos.
-En este pastel galáctico en el que se está convirtiendo Baten Kaitos III, debe haber un pedazo de tarta también para ellos, comandante.
-Entendido, señor.
-En cuanto T’Pol se recupere necesito que redacte
una petición de ayuda para
-¿Tan mal están las cosas para nosotros, señor?
-Yo no sé arriba, Tucker, pero aquí sí. Y dependemos de los que han bajado…
-Mantendré los dedos cruzados…
-Y yo, Archer fuera.
*****
A pesar de los disparos, el gobernador notó que aún vivía, y abrió lentamente los ojos. A sus pies pudo ver a los dos Oriones que instantes antes le habían querido matar con esa forma primitiva de ejecución llamada fusilamiento. Ambos tenían los ojos abiertos y la cara descompuesta. Delante suyo vio un par de botas que caminaban hacia él.
-¿Está bien, gobernador Amerise?
El humano poco a poco levantó la vista y su sorpresa fue inmensa cuando vio a quien tenía delante de él.
-¿Una andoriana? ¿Qué hace aquí una andoriana?
-Es largo de explicar, mi nombre es Talas. Y hemos acudido en su ayuda. ¿Se encuentra bien, señor?
-Sí, creo que sí… -contestó palpándose el cuerpo y las extremidades. –Al menos estoy entero o eso lo parece.
Se levantó lentamente ayudado por la oficial de Shran. Vio que no estaba sola y que había humanos entre las fuerzas rescatadoras. Uno de ellos se acercó hasta su lado y le dijo:
-Mi nombre es Malcolm Reed, oficial de seguridad de la nave USS Enterprise. Es un honor conocerle, gobernador, y me disculpo que sea en estas circunstancias adversas.
-Creo que soy yo quien les debo una disculpa, caballeros. No impedimos a tiempo que esos malditos oriones y nausicaanos se apoderaran del planeta. Cuando menos los teníamos previsto fue cuando nos atacaron sin darnos tiempo a reaccionar. Intenté mandar un mensaje de auxilio pero esos bellacos me cogieron antes de poderlo mandar.
-Sí que enviaron uno… -Le cortó Talas. –Pero diciendo que éramos los andorianos los que les estábamos atacando. Reprogramaron su imagen y le pusieron en boca suya toda esa sarta de mentiras que se creyeron por desgracia Archer y sus hombres.
-¿Nos está llamando incrédulos, Talas? –le reprochó el oficial terrestre.
-No, desde luego que no, señor, pero admita que no se dieron cuenta hasta que llegamos nosotros.
-Creo que su amiga andoriana le está poniendo “verde” de vergüenza, señor Reed. No le quedará más remedio que aceptar lo que ella le dice.
-Bueno, -dijo Reed campeando como pudo los reproches. –Tenemos el tiempo en contra nuestra. Si al menos supiéramos como quitar esa maldita malla energética que está sobre nuestras cabezas.
-Creo que sí se cómo y dónde tendríamos que ir. Oí decir a Ursh’ol que había unos dispositivos camuflados alrededor del planeta que la producían y mencionó un centro de control creo que justo donde estábamos prisioneros. –Aseveró el antiguo gobernador
-¿Entonces a qué esperamos para ir? –repuso Talas. –Si el tiempo va en contra nuestra cada segundo es un poco más de oportunidades que perdemos.
Pero un mercenario de Orión aún quedaba en pie.
-¿Y qué hacemos con él? –inquirió Leonardo Amerise.
-¡Esto! –Respondió la andoriana mientras le disparaba con su pistola de plasma.
El enemigo cayó al suelo fulminado.
-¿Un método un poco salvaje? ¿No, Talas?
-¿Dónde está su sentido común, comandante? Si se escapa, avisaría a los demás y eso sería un desastre para nosotros. Y no se preocupe por él, está solo inconsciente aunque podría haberle matado.
-Luego dicen de los humanos, muchacha. –Le echó en cara el gobernador. –Pero los andorianos tampoco van mal encaminados.
-Somos un pueblo de guerreros, señor. Y eso no lo podemos cambiar después de varios siglos. Y ahora, tráiganme una liana larga y un trozo de tela, voy a atar y amordazar a este mercenario de Orión y ponerlo a la sombra durante un buen rato.
Entre Talas y Reed se encargaron del Orión y así maniatado y amordazado lo condujeron a uno de los sótanos de una casa abandonada.
Ya reunidos de nuevo, Talas sugirió:
-Los que hayan tenido alguna experiencia con armas, que cojan las de estos enemigos: rifles, pistolas de plasma, cuchillos los vamos a necesitar…
Varios de los humanos se armaron con los despojos de sus enemigos. Con estos nuevos refuerzos el total de hombres que iban a intentar liberar a los humanos y destruir el panel de control que controlaba la malla energética se había duplicado.
Talas cogió su sensor y monitorizó la zona durante unos minutos.
-La entrada de la base está a
-Buen trabajo, Talas, ya sabe lo que tiene que hacer… Guíenos.
Protegidos por la oscuridad de la medianoche el grupo de exprisioneros y soldados de asalto llegaron a través de las calles de Neapolis a un barrio pobre y vetusto a las afueras de la capital colonial.
Se detuvieron frente a una vieja casa de madera, con la pintura azul de las paredes ya desgastada por el tiempo. En el sensor de Talas, la luz comenzaba a parpadear con más intensidad. Con unos botones programó el aparato para que pudiera dar unas coordenadas más precisas. En segundos, en la pantalla de su escáner se formó en un diagrama bidimensional el plano de la casa. El nivel superior a nivel de suelo estaba representado por una línea azul en tanto que el del sótano venía representado por una línea verde. Un punto rojo intermitente les avisaba de que la entrada era ahí.
-No se lo van a creer. –Murmuró Talas. –Pero la entrada a la base esta camuflada tras esta vieja puerta de la alacena.
-“Bidonville”, aquí hace años se inició la vida de esta colonia… ¿Y todo para qué? -Se lamentó el gobernador
Reed se acercó silencioso al dignatario y puso su mano en el hombro diciéndole:
-En cuanto la hayamos liberado volverá a ser la de antes.
-Señor, -avisó Hayes. –Está llegando una patrulla de una docena de Oriones.
-Bueno, no nos queda más remedio que irnos abajo. ¿Está despejado el camino?
-El bioescáner no detecta nada, salvo unas lecturas muy difuminadas de señales biológicas… humanas.
-¡Bingo! –Se alegró el oficial de seguridad. –Es una buena pista, mayor Hayes. Y ahora bajemos. Les recuerdo a todos que según las órdenes acordadas arriba las pistolas y rifles de pulso o de plasma deben de ir en posición de aturdir. Al resto de hombres cuando los MACOS de Hayes y los soldados andorianos hayan tomado al asalto estas centrales les diremos cuándo actuar. ¿Entendido?
Un “SI” sonoro se escuchó entre el grupo de los exprisioneros.
-Está bien. Entonces… ¡A por ellos!
Y todos comenzaron a bajar las escaleras de la casa camino del sótano.
*****
En
Aunque había sido un gran refuerzo la ayuda de Shran, Erika Hernández y Thebek, Archer pensó que era la opción más lógica dada la situación de emergencia.
-¿Por qué yo? –preguntó con curiosidad la vulcaniana. -lo más lógico hubiera sido contactar con el embajador Soval.
-De todos los que estamos aquí, -le rebatió Tucker. –usted es la opción más lógica. Y además no creo que les haga gracia saber que una reliquia vulcaniana se halla en manos andorianas.
-Y además, -cortó Phlox. –Soval está en
Tras unos instantes mirando la pantalla de su PADD, T’Pol confirmó que estaba acabado el informe para Vulcano y se lo entregó a Tucker.
-Bien, espero que sus lógicos amigos entiendan la importancia de lo que se está cociendo aquí y salgamos de ésta.
-¿Cociendo? –dijo con extrañeza levantando su ceja derecha.
-Otra muestra más de nuestras absurdas expresiones gramaticales terrestres.
Aprovechando la distracción de la vulcaniana, Phlox la inyectó una solución relajante a través de un hipospray. T’Pol cayó en cuestión de minutos bajo los efectos de un sueño profundo.
-¿Por qué lo ha hecho? –Exclamó estupefacto el Ingeniero. -¿No parecía ya curada?
-¿Es usted médico, señor? –Se burló el denobulano. –No, no lo está. Todavía no está apta para el servicio. Y prefiero tenerla así, bajo control clínico, que correteando por toda la nave haciendo su pinza vulcaniana a tutiplén.
-Entiendo. –Dijo riéndose entre dientes. -Me voy arriba con esto a ver cómo se lo hacemos llegar a Thebek.
El Ingeniero jefe salió de enfermería rumbo al Puente. Travis estaba al mando del mismo cuando en ese instante llegó Tucker. Enseguida se relevaron en el mando. Una vez acomodado en su sillón de mando ordenó:
-Puente a Ingeniería. Quiero un análisis exhaustivo de la malla energética que recubre el planeta Baten Kaitos III. Composición y densidad.
-Aquí Ingeniería, soy la teniente Hess. En un par
de minutos le mandaremos los datos a
-Gracias, Hess. Puente fuera. Hoshi necesito que envíe en código cifrado este mensaje para Thebek. Necesito que me lo encripte lo más complejamente posible con el código que nos han pasado los andorianos.
-Crearé una matriz lingüística combinando de nuevo cada letra por números primos. Creo que les será difícil a los Oriones interceptar nuestro mensaje, caso de que nos lo interceptarán.
-Seguramente lo harán, Hoshi, pero tiene que resultarles crítico.
Un pitido se oyó a bordo en el sillón de mando de Tucker.
-Aquí Puente.
-Señor, aquí la teniente Hess desde Ingeniería. Se trata de una malla compuesta por taquiones de enlaces iónicos negativos, con una densidad épsilon-gamma muy compacta.
-¿Podríamos abrir una brecha en dicha malla?
-En teoría se podría si usáramos algo que la neutralizara momentáneamente como un rayo de plasma o de resonancia desde el deflector. ¿Para qué deseaba hacerlo, señor?
-Tenemos que hacer llegar un mensaje de auxilio
a la nave del general Thebek para que se la hagan llegar a
-Creo que podríamos hacer algo más, señor. Que el mismo rayo que abriera esa brecha hiciera de señal portadora de ese mensaje.
-Buen trabajo, pásele también a Hoshi la frecuencia de onda en cuanto la tenga. Ella está ahora trabajando en la encriptación del código.
Tras unos instantes, Hoshi comentó con una sonrisilla en los labios:
-Señor, ya tengo el mensaje codificado de la subcomandante T’Pol, en caso de que nos lo pillen los piratas de Orión les va a resultar todo un galimatías numérico.
-Buen trabajo, Hoshi. ¿Ingeniería?
-Señor ya tenemos casi calibrado el haz de plasma y listo para enviárselo al general Thebek a sus coordenadas. Está todo calculado.
-De acuerdo. Hess, que el personal esté atento en Ingeniería: les vamos a mandar el mensaje codificado. Hoshi, cuando quiera puede empezar a transmitir.
-Ahora señor. Iniciando transmisión.-confirmó la japonesa mientras miraba a su superior con el aparato de audio insertado en su oreja.
-Transmisión recibida y completada aquí abajo, señor. –respondió una voz a través del comunicador del sillón de mando. Lo haremos con un mismo haz a dos impulsos uno para abrir la malla y el otro para mandar el mensaje. No durará mucho señor debido a la densidad iónica pero sera lo suficiente como para que pueda pasar el mensaje encriptado.
–Travis, acérquese hasta donde pueda a esa malla–ordenó Tucker. -¡¡Y, ahora, Hess, es su turno!!
Aunque invisible la malla se encontraba ahí como
una tela de araña convirtiendo al planeta Baten Kaitos en una gran prisión mundial.
De pronto unos destellos se abrieron dejando un hueco en el que se entrelazaban
zarcillos multicolores. Entonces la nave Enterprise viró a una posición lo más
cercana de la malla y de la nave capitana de Thebek y por ese hueco un rayo
de color violáceo salió de la nave terrestre usando como reflejo el deflector
principal. El rayo pudo mantenerse durante unos segundos pero poco
a poco
fue perdiendo fuerza ante la presión de los enlaces moleculares de la malla
energética.
-¡Es más que suficiente, Ingeniería! –confirmó “Trip”. -¡Fantástico Hoshi y Hess! Han hecho un trabajo genial…
-¿Cree que lo habrán recibido, señor?
-Crucemos los dedos y espero que sí. Y ahora a esperar.
*****
En “Bidonville”, mientras, a la entrada al sótano de aquella casa que camuflaba la entrada principal a la base secreta de los Oriones y nausicaanos, los MACOs de J.Hayes tomaron posiciones en las diversas esquinas de la habitación.
El sensor de Talas encontró algo.
-¡Aquí, debajo de estas tablas! Hay un tercer nivel y una gran estructura metálica rectangular.
-Mis sensores también confirman lo mismo. –Añadió Malcolm Reed. –A ver, necesito unos cuantos voluntarios que me ayuden a levantar estas tablas.
-No creo que haga falta, mi sensor ha detectado también lo que parece ser un sistema de botones y displays de acceso. Y está justo ahí debajo de esa caja y esos escombros.
Talas se acercó y puso su sensor delante del lugar que le marcaba la pantalla. Retiró la vieja caja de madera que lo tapaba. Las sospechas se confirmaron en realidad: Un panel con varios botones multicolores que parpadeaban se hallaba justo debajo. Entonces ayudada de su aparato, la andoriana apretó un par de botones.
-¡Ahora, apártense!
-¡Ábrete Sésamo! –exclamó con ironía Reed.
El grupo se dividió en dos y se refugió en los laterales de la habitación. Del suelo se abrieron hacia arriba dos puertas de madera en donde antes había un suelo normal y el sonido de una puerta metálica que se abría.
Hayes con una linterna fue el primero en inspeccionar la entrada secreta.
-Hay unas escaleras que van hacia abajo que se pierden en la negritud de la galería.
-De acuerdo, bajaremos en tres grupos. –Sugirió Talas. –Los MACOs irán con Reed, los andorianos conmigo y los civiles armados con Hayes.
-¿Y por qué yo con mis MACOs y usted se queda con los civiles, Reed?
-¿Quiere hacerlo así, mayor? –Ironizó Reed. –Siempre tan lleno de prerrogativas.
-Para mí será mejor. Les entrené yo mismo y saben defenderse mejor en el terreno que con usted, señor.
-La próxima vez no será lo mismo, se lo aseguro.
-Caballeros, cálmense. –Medio el antiguo gobernador colonial. –Guarden sus energías para lo que verdaderamente vale.
-Está bien, -se resignó Reed. –lo hago por usted, señor. Pero me debe una, Hayes. Y ahora tomemos posiciones y descendamos. Yo me quedo aquí cubriendo la retaguardia.
Los MACOs de Hayes y los soldados andorianos de Talas precedidos por la luz de sus linternas descendieron a aquella especie de boca del infierno.
-¡De uno en uno! –estableció Hayes. -¡Vigilen su flanco! ¡No quiero tener bajas por un despiste! ¡Activen sus sensores!
-¡Vamos, vamos! –Apremió Talas a sus hombres.
Tras ella los hombres de Malcolm Reed, que además escoltaban al gobernador Amerise, comenzaron a bajar en silencio y en fila india.
La escalera terminaba en una ancha gruta que estaba excavada en la roca viva y se extendía infinita en una gran línea recta. En medio había una especie de canal por el que corría un pequeña corriente de agua. La galería estaba cruzada por otras galerías horizontales dando a los pasadizos un aspecto laberíntico.
Cual hilo de Ariadna, los sensores de los andorianos y terrestres iban señalando el camino a seguir. De pronto el sensor de Reed comenzó a parpadear. Atravesando una de las galerías perpendiculares a ellos un grupo de señales nausicaanas se acercaban peligrosamente.
Entonces, Hayes con su brazo ordenó a sus hombres que se parasen y se guarecieran. Detrás de un recoveco, buscando la protección de la oscuridad, los MACOs y andorianos se escondieron.
Poco a poco, vieron cómo unas luces de linternas y antorchas se iban acercando más y más hasta distinguirse como una Santa Compaña gallega la fila de los nausicaanos. En silencio, parapetados tras los salientes rocosos, aguantaban la respiración los rescatadores. Las luces y sus acompañantes iban paulatinamente perdiéndose en lontananza hasta perderse en la oscuridad.
Cuando los nausicaanos pasaron de largo, humanos y andorianos empezaron poco a poco a avanzar entre las galerías. Sin embargo, uno de los colonos tropezó con un saliente en la roca húmeda y cayó al canal. El ruido del humano cayendo al agua retumbó por doquier a lo largo y ancho de las galerías. De pronto en la galería contigua vieron cómo las figuras nausicaanas con sus antorchas y linternas volvían sobre sus pasos en dirección a ellos.
Una primera figura con una linterna se fue aproximando lentamente y de repente disparó hacia donde había escuchado el eco. Las ráfagas rectilíneas azuladas impactaron contra un cuerpo en la mitad de su trayecto allí donde tenían que haber pasado de largo.
De pronto un grito estremecedor cruzó todas las galerías: Uno de los colonos que guiaban Reed y Amerise resultó alcanzado de lleno en el corazón muriendo prácticamente en el acto.
Reed entonces ordenó que se alejaran y sugirió a Hayes y Talas que tomaran posiciones de defensa. Los nausicaanos entretanto se iban acercando peligrosamente cada vez más.
Entonces comenzaron los disparos de plasma y fásicos a cruzarse como las líneas discontinuas de una carretera. Los MACOS y soldados andorianos aprovechaban para acercarse más y más y a resguardarse en los numerosos salientes que ofrecía la piedra labrada. Mientras, los compañeros de atrás les cubrían. Poco a poco con esta técnica lograron acercarse lo suficiente como para tenerles a tiro y poder iniciar un combate cuerpo a cuerpo.
La lucha fue muy breve, superiores en número, las fuerzas humano-andorianas lograron reducir a sus enemigos y avanzar en su ataque.
El
tricorder de Talas señalaba que estaban cerca de unas inmensas galerías subterráneas,
a
-Creo que estamos llegando al final de nuestro camino, caballeros. –Habló en voz baja la oficial andoriana. A partir de aquí hay que andarse con mucho cuidado.
Siguieron por una galería descendente en la que
al fondo se divisaba una luz, una luz un poco más potente que las conocidas
habitualmente en
-Al fondo, las bioseñales humanas y alfacentaurianas se reflejan por docenas.
-Sí, señor Reed, creo que es aquí donde estuve prisionero. En este ala de la galería. Empiezo a reconocerlo.
-Gracias, Sr. Amerise, su vista de lince a pesar de su edad es realmente admirable.
Siguieron bajando de uno en uno hacia donde se veía aquella luz del fondo y poco a poco la claridad se fue haciendo casi como la del día. Bajo unas cúpulas de luz presumiblemente artificial varias celdas construidas toscamente contenían prisioneros y clasificados según edad y sexo a hombres, mujeres y a niños.
Cuando lo vio Malcolm Reed comentó:
-Esto es inhumano, totalmente inhumano.
De manera incomprensible, no había ninguna señal de Oriones o de nausicaanos. Con cautela poco a poco los hombres de Talas, Hayes y Reed se acercaban lentamente con sus armas en la mano; sin embargo, el grupo de colonos que estaba armados comenzaron a disparar sus pistolas y rifles de plasma contra las cerraduras de las improvisadas mazmorras logrando abrir varias de ellas.
Despavoridos sin saber hacia donde ir, los prisioneros supervivientes salieron corriendo hacia donde estaban sus rescatadores.
De pronto, por una de las galerías aparecieron varias patrullas de nausicaanos que comenzaron a disparar sobre los prisioneros fugitivos que huían por esa dirección.
-¡Hemos de ayudarles! ¡MACOs posicionaros en ese lado y cubrid a esos prisioneros! –ordenó Hayes mientras disparaba con su pistola de pulso.
Una mujer y un niño de unos dos años huían entre las ráfagas de los dos bandos contendientes cuando un nausicaano se apoderó de la mujer y la usó de escudo humano. En el suelo el crío lloraba mientras su madre se zafaba por separarse de su agresor. Malcolm Reed no se lo pensó dos veces y apuntó a la mano del alienígena que sostenía el arma. El disparo, certero, impactó en la pistola láser que llevaba y la hizo caer al suelo, momento que aprovechó Hayes para coger el arma del enemigo, cogerla a ella y a su hijo y llevarlos a un lugar seguro. Acto seguido, a uno de los civiles que se hallaba junto a él inerme le entregó la pistola quitada al nausicaano y le enseñó cómo se manejaba de manera rudimentaria.
Mientras por su cuenta Leonard Amerise incitó a sus colonos civiles a sublevarse contra los nausicaanos que los atacaban.
-Amigos, -dijo subido arriba de una mesa –ya hemos sufrido durante quince días la invasión de estos malnacidos. Ya va siendo hora de darles una lección de Historia de las que no se olvidan. Hemos de unirnos y vencer o morir en el intento. ¡Vayamos a demostrarles que queremos ser libres, elegir nuestro propio gobierno y nuestro futuro!
La multitud enardecida por las palabras de su antiguo gobernador profirió vivas y aplausos a su derrocado líder. Con las barras y armas que encontraron en el suelo de algunos enemigos y soldados aliados caídos formaron una tropa ciudadana irregular que transformada en una masa compacta se abrió paso contra los enemigos se que apostaban en los márgenes de la galería por donde aparecieron. Lo que al principio había sido una lucha a distancia se transformó en una lucha cuerpo a cuerpo en la que los nausicaanos salieron mal parados.
-Gobernador, -dijo Malcolm Reed a gritos. –Creo que hemos liberado a casi todos los prisioneros. –Le quería preguntar dónde está el panel de control para desactivar la malla energética. Le recuerdo que otra parte de la batalla se está librando arriba en los cielos del planeta.
-No me acordaba, discúlpeme, Reed.
-¿Nos acompañará?
-Sí, desde luego… Síganme por favor, caballeros.
Talas le trajo su escáner y le mostró la plantilla de las galerías. Al otro lado, tras una galería ascendente se encontraba una sala que el escáner señaló contenía una inmensa fuerte deutrónica, sin duda un complejo cerebro electrónico operaba desde allí. El gobernador al ver aquel mapa confirmó efectivamente que se trataba del control de mando de aquella base subterránea.
Reed también hizo una observación a lo que localizaba con su sensor:
-Efectivamente esta emanación energética coincide con la frecuencia de onda que emiten los enlaces iónicos de la malla energética que nos recubre. No hay duda que una y otra tienen que ver.
Mientras la batalla campal estaba casi llegando a su fín y en el suelo decenas de nausicaanos se encontraban heridos o muertos y otro grupo había sido desarmado. A este grupo superviviente de enemigos, los sublevados los metieron en una de las cárceles que habían ocupado.
Varias decenas de sublevados se metieron por las galerías a buscar a más colonos que estuvieran prisioneros de los Oriones y nausicaanos.
El gobernador cogió la linterna de un soldado caído y su arma y se volvió hacia Talas y Reed.
-Acompáñenme, yo les guiaré hasta allí. Confíen en mí y no en sus aparatos.
La andoriana le miró con desconfianza unos instantes pero se dejó guiar. Aparentemente el camino estaba despejado. Tras bajar un camino escalonado al fondo de la galería otra zona iluminada se divisó al fondo.
-¿Es esa sala de ahí al fondo? –inquirió Talas.
-Si, teniente.
Llegaron hasta el fondo de la gruta. Fue atravesar
el umbral de aquella sala iluminada cuando se encontraron con el más hermoso
de los espectáculos. Una gran estancia acondicionada en cuyas paredes decenas
de tubos con un líquido azulado y otro rojo fluían como si fuera el interior
de un gran cuerpo humano. Frente a ellos, inmensa mole,
-Con que es este el complejo desde dónde lo controlan todo… -Exclamó alucinado el oficial científico del USS Entrerprise.
El gobernador se dio la vuelta y dirigió su pistola contra el cuerpo del terrestre y la andoriana
-Sí… Y ahora que lo saben todo… Entréguenme sus armas.
*****
Thebek ordenó a sus naves diversos movimientos de maniobra alrededor de las lunas Enki A y Enki B para despistar a las naves scout de Orión que por docenas atacaban a las naves andorianas como si fueran tábanos.
-¿El mensaje de auxilio de T’Pol y Archer que recibimos
de
-Negativo, señor.
-La situación se está poniendo grave por momentos, no me imaginé de que iban a continuar llegándoles a estos de Orión más refuerzos.
-Es que llegan del otro lado de este cuadrante, Thavin.
Un disparo certero sacudió el casco de la nave de Thebek.
-Señor, -dijo el joven andoriano que estaba en navegación. –Otro disparo más y no lo contamos, el casco de la nave está al 24%.
Un pitido parecido al ronroneo de un tribble se oyó en el puesto del oficial de comunicaciones.
-Señor… Nos llaman… Es la nave vulcaniana D’Kyr.
El semblante del andoriano cambió y las antenas de la cabeza se levantaron hacia delante:
-¡Loada sea el Ave K’Lass! ¡En pantalla!
La figura de una mujer entrada en años y ropas elegantes parecidas a las de un kimono japonés apareció en la pantalla.
-Bienvenida… Percibo que le asombra vernos aquí.
La mujer de la pantalla levantó una ceja y prosiguió:
-Aquí, la comandante V’Ler de la nave D’Kyr. Me resulta intrigante que una nave andoriana haya hecho la petición de auxilio en nombre de una oficial vulcaniana.
-Soy el general Thebek, V’Ler pero creo que es una situación de emergencia la que nos trae aquí. Su oficial T’Pol con el beneplácito de su capitán es la que pide esa ayuda no nosotros.
-No me resulta lógica su actitud. Me disculpará si le digo que desconfío.
-Si le soy sincero, yo también desconfío de ustedes…
-Su oficial T’Pol no es precisamente una persona de gran credibilidad en mi mundo, se ha aferrado tanto a los humanos que es casi una V’tosh Ka’Tur [2] .
-Pero es una gran oficial que ha estado cumpliendo con su deber. Si el capitán Archer la considera como su mano derecha a mí me merece todos mis respetos.
La vulcaniana suspiró y miró a su enemigo andoriano.
-¿Y que ganará Vulcano si les ayudamos?
-Aquí hay en juego algo más que la posesión de un planeta. Es la seguridad de todo un cuadrante para los próximos decenios… Y luego que cada uno tenemos un interés en ese planeta: Para nosotros es un planeta sagrado, para los humanos una colonia y también ustedes tienen ahí parte de la historia de su mundo.
-¿A qué se refiere? –respondió seria la vulxaniana. –Séame más explícito.
-¿Ha oído hablar de
-¡Cómo sabe de la existencia de esa piedra? ¡Es un tema secreto en mi mundo!
-Pero no lo suficientemente secreto para generaciones de andorianos y para los Oriones y nausicaanos que andan detrás de ella.
-¿Dónde está?
-La tenemos a buen recaudo, no se preocupe. No caerá en manos inapropiadas. Le condiciono su entrega a que nos ayude.
-Lo tendré que comentar con mis superiores.
-Haga las consultas que crea pertinentes, yo mantendré las frecuencias abiertas con ustedes el tiempo que haga falta.
-Mientras vamos de camino, llegaremos en aproximadamente 100 minutos solares de Baten Kaitos III. En breve le daremos una respuesta.
*****
Escondidos detrás de uno de los cerebros electrónicos apareció Ursh’ol y varios de sus lugartenientes con armas en la mano.
-¿Menuda sorpresa, oficiales Talas y Reed? A qué no se lo esperaban? ¿Me daban por muerto?
-No es posible… ¡Les dejamos ahí inconscientes en Bidonville! –Balbuceó el oficial de seguridad.
-No se fíe de lo que vean sus ojos. Nosotros llevamos en nuestra sangre alguna de las capacidades protovulcanianas como la de controlar a voluntad el parar nuestro corazón. Por eso fingí o fingimos –dijo mirando a uno de sus oficiales. –nuestras muertes.
-Lo único que es un mal actor y patético.
-¿De verdad, Reed? Como dicen en su mundo siempre me guardo un as en la manga. ¡Ah y sería poco agradecido si no mencionara al señor Amerise, gracias por traérnoslos aquí!
-¡¡Traidor!! –gritó la andoriana.
-No me quedó más remedio si quería salvar a mi familia… -respondió el terrestre casi sollozando.
-El señor Amerise estuvo llevando en todo momento un dispositivo localizador, Sr. Reed. Sabíamos que iban a utilizar los famosos inhibidores de energía andorianos. Así que recurrimos a este sistema.
-¡No quería hacerlo, Malcolm, Talas, ellos me obligaron! ¡Me pusieron un implante en el cerebro! –dijo cayendo de rodillas.
-¿Qué?
-Ahora con ustedes en mi poder la batalla va a dar un giro radical.
-Y ahora lleváoslos a las mazmorras. Van a ser el gran regalo que pienso ofrecer a Harar-Kas cuando hayamos conquistado este cuadrante.
Ursh’ol se quedó hablando con un lugarteniente mientras que dos oficiales de Orión llevaban a Malcolm Reed, a Amerise y a Talas a su destino.
De pronto, Reed se paró y dijo que se sentía mal y cayó de rodillas al suelo. Cuando uno de los soldados fue a interesarse por él, el británico le propinó un puñetazo que le hizo ver las estrellas cayendo de espaldas. Entre tanto la andoriana se encargó de reducir al otro oficial cogiendo la pistola del que había derribado Reed. Con los dos enemigos fuera de combate fueron de nuevo hacia la sala donde estaba el Ordenador Central del planeta.
Cuando llegaron, los peores presagios se habían cumplido, Ursh’ol había escapado de sus perseguidores.
-Déjelo, créanme si les digo que estas galerías son como una ratonera. Hay que conocerlas bien para andar con paso seguro por ellas y Ursh’ol no creo que conozca ni la más mínima tercera parte de las mismas.
-¿Y cómo se desactiva el dispositivo?
-¿Y cómo se apagaba en el siglo pasado una luz, recuerda?
-Con un interruptor, me figuro.
-Pues lo mismo, déle a esa clavija –dijo señalando un display -y el ordenador central desactivara esa malla planetaria.
-¿Cómo es que conoce tan bien el sistema de defensa planetario?
-Cuando hicimos las obras de cimentación de la nueva capital colonial hallamos intacto este complejo electrónico. –Entonces con la mirada comenzó a recorrer cada esquina. -Por el estilo de construcción y tecnología presentíamos que sería protoandoriano. Pero lo que no nos imaginábamos es que nos hallábamos ante un dispositivo de defensa planetario construído 800 años atrás.
-¿Y a las arqueólogas que estaban excavando en las Pirámides no le comentaron nada?
-No, ni siquiera hablamos con ellas. Ha sido un secreto administrativo que lo hemos guardado al máximo nivel.
-Pero sí lo supieron los Oriones y nausicaanos como
para venir a invadir este cuadrante. Aunque no diría que vinieron expresamente
hasta aquí sino atraídos por
-¿Piedra de Shariel?
-Un arma psiónica vulcaniana aquí escondida hace siglos y que nuestras amigas arqueólogas hallaron casualmente. Parece que alguien les delató a esos de Orión el hallazgo que habían hecho.
-¿Un arma psionica?
-Un arma de los primeros tiempos de Vulcano, que se manejaba con la fuerza mental.
-No tenía ni idea…
-¿Pero cómo dieron los de Orión con este complejo?
-Lo descubrieron casualmente cuando asaltaron el edificio de Seguridad Colonial y se llevaron nuestros archivos; fue todo tan rápido… -rememoró Amerise en tono lamentoso. –La poca resistencia planetaria la mantuvimos allí pero fueron ellos capaces de sofocarla a un gran precio de vidas terrestres y alfacentaurianas.
-Sí, vimos la estela de destrucción que dejaron a su paso.
-Yo fui uno de los pocos supervivientes de aquel asalto; estábamos mandando un mensaje de auxilio cuando irrumpieron en la sala de control de Seguridad Colonial.
-Entiendo. –Reed se levantó y fue al panel de control antes señalado por el gobernador. –Y ahora, gobernador, ayúdeme a configurar estos botones.
Reed ayudado por el antiguo gobernador de Baten Kaitos III comenzó a apretar botones. En una pantalla negra apareció un diagrama con una circunferencia y en un lateral antiguos caracteres andorianos. Rodeando la circunferencia como una red de un antiguo balón de baloncesto estaba representada la malla energética.
A medida que Malcolm Reed y Leonard Amerise iban tocando y recalibrando botones con combinaciones y matrices se veía cómo poco a poco por cuadrículas iba desapareciendo de la superficie del planeta las redes energéticas que tenían al planeta Baten Kaitos III prisionero.
-¡Está surtiendo efecto, Malcolm! –se felicitó el gobernador.
Malcolm Reed miró su sensor y lo calibró para que pudiera recibir una lectura iónica de la malla energética que se estaba deshaciendo.
-La malla ya está inutilizada en un 64% de la superficie del planeta. Gobernador, yo sugeriría destruir los dispositivos para evitar que la reactiven desde otro lado.
-Malcolm, -protestó Talas. –Esos dispositivos en malas manos son un arma devastadora, pero no puede hacer eso: ¡Pertenece al pasado de mi pueblo!
-Teniente, ¿de verdad quiere correr la misma suerte que nuestros colonos? A veces para asegurarse el bienestar de la gente hay que hacer ciertos sacrificios.
En ese momento llegó Hayes acompañado por varios colonos rebeldes. Llevaban atados a Ursh’ol y a su ayudante Orión.
-¡Mire a qué par de piezas hemos atrapado cuando trataban de huir como ratones en una madriguera, señor!
-¡Enhorabuena, Hayes! Creo que le debo una disculpa cuando antes en las galerías le puse en evidencia delante de los soldados.
El mayor Hayes asintió y sonrió despacio. Ante su reacción, la frialdad del rostro de Reed se tornó también sonrisa.
Próximo Número: ARMAGEDÓN
[1] Batalla ocurrida en 2154 entre andorianos y vulcanos y en la que tuvo que mediar la nave de Archer. (Kir’shara)(ENT)
[2] Vulcanos con emociones que han elegido una vía alternativa a la de Surak.