“Únete al capitán Jonathan Archer y a la tripulación de la primera nave estelar warp 5, la Enterprise NX-01. En los primeros pasos de la humanidad por la galaxia”

Gene Rodenberry y Action Tales presentan: Star Trek Enterprise

Un Sol Olvidado Parte 8: A CONTRARRELOJ

Escrito por Sikileia / Portada: Rafa Navarro.

Esta saga esta situada durante la 4 temporada de la serie de TV

Anteriormente: Tras haber llegado a la lanzadera y contribuir a rescatar a gran parte de los expedicionarios, Shran y Archer continúan luchando con sus hombres por sus vidas en el planeta. Entretanto, la ayuda de la USS Columbia comandada por Erika Hernández  y de varias naves andorianas mandadas por el general Thebel resulta ser providencial para una desprotegida USS Enterprise

           

En la superficie de Baten Kaitos III, el tiempo iba contrarreloj para Shran y Archer. Las municiones se acababan y cruzar el claro de arenas movedizas era además el otro obstáculo a superar. Gracias a los sensores de campo que llevaban los andorianos los fugitivos podían tantear certeramente cada uno de sus pasos sin errar ninguno y acabar en la madriguera de las venenosas arañas-pulpo Kaitosianas.

Hayes junto a Tashur, Talas, Keval y el resto de soldados andorianos estaban a salvo en la roca que hacía de isla en ese mar arenoso.  En cambio, transportar del hombro a Tholos herido se estaba convirtiendo en una tarea muy complicada.

El sol comenzaba a descender por el horizonte y eso restaba puntos para una posible lucha por la supervivencia. Los porteadores de Tholos, Archer y Shran, descansaban sobre una roca aplanada que sobresalía de la arenisca. Desde ella la meta estaba más cercana.

El comandante de la Kumari subió a una roca y aseguró preocupado mirando su sensor:

-Capitán, detecto algo de actividad bajo nuestros pies… Al estar cayendo el sol, los Kho’Tor comienzan a salir a la superficie a la búsqueda de comida viva.

-Pues me niego a ser su cena esta noche. –Respondió en tono satírico. –Sólo nos queda 120 metros para llegar a esa colina, necesitamos un esfuerzo final.

-Tenemos que hacer un esfuerzo final, Archer. En otra situación ya estaríamos sobre esa colina pero con  el  peso de su cuerpo a cuestas no podemos andar despacio. Eso lo notan esos bichos. Son muy sensibles a las vibraciones fuertes.

-Lo sé, Shran… Fíjese cómo está Tholos, creo que está empezando a tener fiebre y el cuerpo paralizado, hay que sacarle de aquí lo antes posible.-Les ratificó Tashur.

-Si, pero ¿cómo? –inquirió Shran.

Archer se quedó mirando unos instantes el horizonte en silencio. Y se giró luego hacia los andorianos.

-Me voy a ofrecer como cebo de esos bichos… Correré de tal manera que llamaré su atención para que me persigan. Creo que seré el centro de interés de todos esos Kho’Tor… Mientras, usted llevará sobre sus hombros a Tholos y le conducirá hasta la colina.

-No entiendo a los humanos, de verdad ¿quiere jugarse así el pellejo?

-Un buen amigo se deja la vida por otro si fuera preciso… Sé que no lo entenderá desde su punto de vista andoriano. Pero somos así.

Shran sonrió y asintió con la cabeza.

-Bien. –Contestó el andoriano a regañadientes. –Que tenga buena suerte.

-Gracias por que la necesitaré.

Jonathan Archer descendió al claro de arena y caminó despacio hasta situarse en una zona más cercana a la colina que a la piedra en la que estaban descansando.

 Mientras, era guiado por Shran con su sensor y a través de intercomunicador. El humano desvió unos grados al oeste para poder permitir el paso en línea recta de Shran y Tholos.  A la señal del brazo en alto de su amigo, Archer comenzó a correr marcando con sus pies y presionando las pisadas de cada zancada.  La reacción de los arácnidos no se hizo esperar; a escasas decenas de  metros de él, un movimiento de onda en la arena indicaba que algo se movía bajo sus pies.

Shran calculó entonces la potencia y la velocidad que necesitaba para cubrir la distancia de más de 100 metros que le esperaba de la salvación. Su sensor le indicó la existencia de una estrecha banda libre por la que podría pasar y actividad prácticamente nula. Cargó pues a sus espaldas a su compañero, éste se quejó de dolor pero no se dio cuenta ya que estaba semiinconsciente.

Como en una recreación de las viejas carreras de atletismo de la Tierra, Shran, con un Tholos que le hacía de lastre,  corrió como nunca en su vida. Hayes y Tashur, que le veían venir,  bajaron arma en mano unas decenas de metros hasta donde se iniciaba el claro.   De pronto a lo lejos unas figuras parecieron moverse a la salida de la selva. Y ambos, terrestre y andoriano, dispararon hacia allá.

Shran entre tanto ya casi llegaba a la roca salvadora.

De repente, la alarma del sensor de Shran comenzó a sonar con un bip de alarma,  algo o alguien parecía ir en su búsqueda, notó que la tierra vibraba a sus pies…

Archer por su parte no paraba de dar vueltas, cuando vio a su amigo llegar hasta las faldas de la colina tomó dirección hacia allá.

Shran tropezó casi cuando estaba llegando.  Entonces Hayes le ayudó y se llevó a Tholos para ponerlo a salvo. Rápidamente, entre Talas y Tashur se hicieron cargo del malherido soldado.

Cuando Shran iba a saltar sobre las primeras piedras de la colina entre sus dos piernas se abrió la tierra y una ventosa negruzca emergió como una columna. Con un movimiento rápido controló sus piernas y fue a caer de lado. La extremidad-ventosa pasó a su lado muy verticalmente y volvió a desaparecer de improviso en el agujero de la arena. Mirando al hoyo formado sobre la arena, Shran suspiró de alivio.

Pero su amigo Archer lo estaba pasando mal. Faltaban también pocos metros para que se acercara a la colina. El capitán de la USS Enterprise sonrió de felicidad cuando vio que Shran y Tholos se habían protegido. Ahora era su turno, pero bajo sus pies toda una manada o marabunta de arañas-pulpo carnívoras estaban haciendo cola para el menú de aquella noche y los embates por debajo de la arena parecían intensificarse más y más.

Desde la orilla contraria, los andorianos y Hayes gritaban al capitán para animarle a que corriera y se pusiera a salvo. Animado por sus compañeros de aventura inició también la que pudiera perfectamente ser la carrera de su vida.

Pero cuando estaba a punto de llegar, Shran, sensor en mano, le advirtió que buscara el trecho por el que había venido y retrocediera.

El ojo avizor de Archer escrutó una roca que sobresalía muy cercana a la colina. Y corrió para subirse a ella desviándose de su camino pero súbitamente varios tentáculos le cerraron el camino como si de una Górgona [1] se tratara.

Justo cuando iba a subir a la roca notó uno de esos palpos, como una masa viscosa, le agarró, enrollándosele en el brazo derecho. Parecía un navío del s. XIX luchando contra uno de esos kraken [2] que aparecía en los antiguos grabados del Museo Smithsonian.

Percibió como algo se clavaba a su piel y le inoculaba una especie de líquido urticante que en segundos le dejó su brazo como entumecido, dormido. Dolorido, reunió fuerzas para poder dar al brazo un movimiento hacia atrás. Y logró su objetivo, al estar a gran altura y a su máxima largura el tentáculo acabó por desenroscarse del brazo del capitán y caer sobre la arena. 

Desde la colina, los disparos de Hayes y los andorianos impactaron de lleno sobre la gelatinosa piel del invertebrado acabando con su vida. Una masa negra parecida a tinta comenzó a mezclarse con la arena. Circunstancia que aprovecharon otros Kho’Tor para salir a la superficie y con sus extremidades abalanzarse sobre el sujeto herido y sumergirse con él en la arena, quien sabe si para comérselo.

Jonathan yacía boca arriba con el brazo dormido en cabestrillo. Cerró los ojos y los abrió de nuevo mirando al cielo. Miró las incipientes estrellas que aparecían sobre el cielo. Entre ellas las que formaban como una gran línea las que en la Tierra llamaban “Las Tres Marías” o el Cinturón de Orión.  Era la primera vez en días que podía gozar de un espectáculo tan bello y lleno de paz. Tras unos días de combates y huidas, el cielo parecía recordarle que podía encontrar la serenidad aunque fuera en medio del caos y la destrucción. Respiró hondamente, el aire perfumado de la noche y el propio agotamiento del cuerpo lo acabaron por  sumir en las redes de Morfeo.

Desde la colina, el resto del grupo miraban impotentes pero con alivio al capitán humano. Por ahora se hallaba a salvo pero Shran sabía que el veneno del Kho’Tor aunque lento podía ser mortal en dosis grandes. Pero no sabía la cantidad que había recibido. Cada latido del corazón de Archer era también una cuenta atrás de lucha por la vida.

El grupo restante se acomodó como pudo en el templo protoandoriano que presidía la colina.  Shran hizo un lecho de hojas de palma para que pudiera recostarse Tholos. Examinó la herida de su espalda, tenía muy mal aspecto y aunque había cicatrizado comenzaba a supurar. Tashur que estaba de pie se agachó junto a su comandante y le invitó a que se alejara. Sacó de su saco una inyección, puso un líquido anestesiante y se la aplicó a su compañero herido.

-Vaya a esos árboles y tráigame una hoja con agua de lluvia. Alguna habrá. Necesitaré desinfectar la herida de Tholos.

Shran hizo un cucurucho con una gran hoja y lo llenó con el agua que reposaba sobre los árboles y se lo llevó a su galeno. Éste le echó un poco sobre la herida y con un paño que sacó de su cartera médica se la secó muy despacio. De la herida manaba un líquido blancuzco que supuraba y que ayudó a expulsar apretando la piel de alrededor de la herida. El paciente se quejó cuando Tashur hizo un par de incisiones sobre la lesión para favorecer del drenaje con ayuda de un bisturí-láser. Por último, cogiendo un par de hojas le cubrió la herida y se la vendó alrededor del torso con un par de vueltas. Shran observó con detalle la operación de cura realizada por su médico.

Y se acordó de Jonathan Archer.

*****

En la nave capitana de Harar-Kas, la “Sor’khal” o Alfanje, el puente era un continuo movimiento de tripulantes de Orión y de Nausicaa. El virrey, sentado en su puente de mando miraba en silencio y con expresión seria en la pantalla principal la gran cantidad de naves que se le echaba encima acechándole.

Harar-Kas frunció el ceño y dando grandes voces ordenó a través del comunicador que las naves tomaran posiciones estratégicas alrededor de la órbita de Baten Kaitos III. 

Una nave quedó protegiendo la estación espacial, otra orbitando el planeta en litigio y las dos restantes escoltaban la Sor’Khal. Asimismo, numerosos cazas espaciales de Orión se quedaron escoltando los espacios entre las distintas nave nodriza.

 Era como una gran partida de ajedrez cósmica en la que se iba a dirimir las fuerzas en aquel cuadrante por lo menos de cara al resto de aquel s.XXII.

*****

En la enfermería de la Enterprise NX-01, T’Pol se despertó en la camilla boca abajo. Intentó levantarse pero Phlox se lo impidió con su habitual gran sonrisa:

-Séame buena, T’Pol y descanse, aún no la puedo considerar apta para el servicio. –argumentó mientras le cogía de los hombros y la apoyaba contra la camilla.

-Doctor, ¿quién está al mando de la nave? Me necesitan a bordo.

-Mire, jovencita. –intentó explicárselo como si le hablara a una cría. –Está con una herida aún sin cicatrizar y padece además un reblandecimiento mental vulcaniano por culpa de esa piedra que han traído a bordo. Con semejante historial clínico, ¿quiere escapárseme de la Enfermería? Pues la respuesta va a ser no, subcomandante. Y yo doy aquí abajo las órdenes.

Tras una cortina corrida, “Trip” yacía en una cama con su habitual muda color azul marino mientras su piel se hallaba recubierta de un extraño gel despigmentante que olía mal. Hacía ya una hora y media que Phlox le había devuelto a su estado normal, con su auténtica piel humana y eso le complacía enormemente.

Escuchó con una gran sonrisa la conversación ilógica que mantenían el doctor y la vulcaniana. Poco a poco le pareció que la nave volvía a su rutina habitual.

De pronto un golpe seco seguido de una oscilación se oyó en toda la nave, las luces pasaron de azul al tono característico de la alerta roja.

Una voz se oyó a través del comunicador. Era Malcolm Reed que estaba al mando:

-Dr. Phlox, estamos en combate. Tenga preparada su enfermería. Puede que la necesitemos.

-Sí, señor.

El denobulano comenzó a sacar de varios cajones una multitud de cilindros y jaulas en la que se encontraban toda una variedad de la fauna y flora de mundos cuyos nombres sonarían exóticos a los humanos pero para los que a Phlox eran ya familiares. En cuestión de minutos organizó todo un zoológico sobre las mesas del laboratorio.

Tucker rió al ver yendo y viniendo al doctor con todas esas cajas debajo de sus brazos. Entonces le dirigió la palabra con un cierto tono de sorna:

-¿Doctor, eso que lleva es su “botiquín”?

-Llámelo como quiera, comandante, pero todo este animalario ha salvado la vida decenas de veces a usted, al capitán y a la tripulación de la nave.

-Y cambiando de tema, doctor. ¿Me puedo quitar ya ese potingue que ha puesto? Porque apesta y me siento ya un poco una mofeta.

Phlox sonrió, y miró la mano de Charles Tucker:

-Sí, efectivamente lleva ya un rato… Déjeme ver. –Examinó su muñeca y la cotejó con una tabla de colores. –Ya casi ha recuperado su tono. Diez minutos más y podrá irse… como un humano.

-Muchas gracias, doctor, espero que no me ponga más este ungüento o yo no sé qué demonios es esta ‘cosa’.

-Si le dijera cuál es su procedencia no me hablaría más… Es un poco escatológico.

-Preferiría que no, pero ha reaccionado bien sobre mi piel.

Pasaron los 10 minutos y “Trip” marchó a una sala para darse una ducha y limpiarse de ese gel que le había puesto Phlox. Se colocó el uniforme habitual de trabajo y salió al encuentro del doctor. Por vez primera en varios días podría decir que era un ser humano al completo.

Se sentaron cada uno en una camilla frente a frente. Un bamboleo hizo vibrar levemente la sala de enfermería.

-Hum… por poco. Déjeme su mano de nuevo.

 El denobulano examinó repetidamente la muñeca del comandante Tucker y asintió con un gesto de aprobación.

-Ya hemos acabado, puede irse al puente.

-¿Y T’Pol? La necesitarían allá arriba más que a mí. Mi puesto de verdad está en Ingeniería.

-Por lo menos estará 48 horas más en observación. Más que por su herida temo más por su cabeza, por su estado mental.

-¿Por qué, doctor?

-Ha sufrido bastante psíquicamente desde el Síndrome de Pa’nar y no me haría gracia alguna que recayese.

-Y menos a mí.

Mientras hablaban “Trip” y el médico de Denóbula,  T’Pol llevaba ya dormida bastante rato, monitorizada por los ordenadores de la Enfermería.

Con el alta bajo el brazo, el Ingeniero subió al puente dispuesto a relevarle el mando a Reed. Mientras subía por el turboascensor otro balanceo lo zarandeó por todos los lados del habitáculo y casi lo hizo caer.

Cuando llegó al puente y las puertas se abrieron, observó a un par de tripulantes heridos que estaban siendo socorridos por otros compañeros. En la pantalla principal, se distinguía decenas de lanzaderas de ataque de Orión intentando dar caza a la nave. Reed gritaba desde el sillón de mando dando órdenes de maniobra todo el rato.

Tucker llegó como pudo hasta el sillón. La sorpresa del teniente comandante fue mayúscula al verle ya convertido en un ser humano, con su cabello y su tono de piel biológicos y  ello  le alegró enormemente.

-Informe, teniente comandante… ¿Cómo es que la nave está bajo ataque?

-Fue disolverse aquella nube iónica y estas naves aparecieron de la nada. Llevamos así casi una hora bajo sus ofensivas. –Contestó como pudo el oficial de seguridad.

-Bien, Malcolm, le relevo del mando y vaya a ocupar su puesto habitual. Voy a necesitar más que me afine esa puntería, Reed.

Cada uno tomó en segundos las posiciones asignadas. “Trip” giró su asiento a la estación científica.

-Informe de daños, oficial.

 -Señor, -aseveró preocupada la alférez Tutu desde su consola. –El casco está perdiendo integridad y resistencia; ¡estamos al 77%!

-Bien… Maldita la suerte.. ¡Ingeniería, aquí el Puente! –Ordenó llamando por el intercomunicador del asiento.-Necesito toda la potencia que puedan darnos para seguir polarizando la nave y mantener las pantallas de protección.

-Señor, -respondió  la voz de Hess por el altavoz. –Nuestras reservas de energía están disminuyendo. Si transferimos esa energía como dice podemos perder el soporte vital.    

En la pantalla como dos aspas de molino, dos cazas de Orión cruzaron de lado a lado pareciendo que por un momento chocaban contra la Enterprise. Travis, al timón, con un movimiento raudo las esquivó como pudo.

-¡Bien hecho, Travis! –Le felicitó el comandante.-Tutu, ¿puede darme un parte metereológico de la atmósfera de esta zona de Baten Kaitos en este momento.

-Un momento, señor, estoy recopilando datos con los sensores.

-¿Va a salir a dar un paseo, comandante? –le puntilleó Reed.

-Los paseos para cuando acabe esta historia y eso le vale también para usted, Malcolm. –Respondió con socarronería el comandante. –Hoshi, pase a visual completa en la pantalla del puente.

-Sí, señor.

En la pantalla se divisaba la incipiente oscuridad en el cielo de Baten Kaitos III. Algunas de las estrellas conocidas por los humanos desde hacía siglos también se desperdigaban por la noche alienígena dando como resultado un espectáculo majestuoso.  Había una parte despejada y otra nublada formada por unas enormes nubes violáceas  verticales que parecían los antiguos algodones dulces que antaño se tomaban en las antiguas ferias de atracciones terrestres. Entre ellas, pequeños relámpagos azules se entrelazaba entre la masa nubosa dando un aspecto sobrecogedor a lo que parecía ser un simple meteoro. Comparadas con aquella titánica pared nubosa, la Enterprise NX-01 se quedaba del tamaño de una hormiga.

La oficial  científica en funciones tras unos instantes recopilando la información  en la computadora miró a su monitor y añadió.

–Ya está, señor. Esas nubes son algunos mirancúmulonimbos en formación de más de 10 km de altitud. Este tipo de nubes se caracteriza por su rápido crecimiento vertical, fruto de fuertes corrientes ascendentes de aire. Son fácilmente reconocibles debido su gran desarrollo vertical. Y se están acercando a nuestras coordenadas. En una hora, habrá aquí una gran tormenta, señor.

-Ya veo que son verticales… ¿Suponen alguna amenaza o ventaja para nosotros?

-Tienen una gran carga de iones protónicos menos-delta.

La cara de “Trip” se transformó en una máscara de felicidad.

-¿Qué se le está ocurriendo, comandante? –Cortó extrañado Malcolm Reed. -¿Meternos de nuevo en otra nube?  Le recuerdo que el capitán, los Macos y nuestros aliados andorianos están ahí abajo.

-No se preocupe. Por supuesto que vamos a rescatarles, Reed. Lo que me preocupa es esa tormenta que se nos acerca. Con ella encima, no podremos siquiera poder transportar al capitán, caso de que nos necesitara. Dada la cercanía del Baten Kaitos a este planeta en esta época del año, los iones solares han magnetizado estas nubes. Aunque la composición de esos iones me está dando una gran idea…

-Entendido, señor. –Respondió resignado el oficial británico. –Pero le recuerdo, señor que detrás nuestro nos pisan los talones ciertos “amigos” de Orión a los que parece usted alterado tras su última visita a la Estación Espacial.

-No voy a tolerar esas palabras, Reed, pero suenan a insubordinación. Y por si no lo sabe, le repaso que estamos en ciernes de una invasión a mayor escala. Al otro lado del yermo, tenemos una Flota de naves de Orión y Nausicaa tres veces mayor que ésta, dispuesta a conquistar Baten Kaitos, Deneb y varios planetas de la Tierra Unida.

Travis interrumpió el diálogo de sus oficiales superiores.

-Señor, yo no sé cuál es el mejor o el peor de los peligros, si la tormenta magnética o los Oriones que se nos echan encima, pero creo que habría que dar prioridad en rescatar al capitán y a su grupo.

Reed y Tucker se miraron entre sí sin decir nada.

El sensor de Malcolm Reed comenzó a sonar con un tono diferente del habitual.

-¿Y bien, señor Reed?

-Se acercan dos naves pero no de Orión…

-¿Nausicaanas?

-No, señor… de Andoria.

El semblante de los tripulantes que formaban el puente se relajó y la gente comenzó a mirarse unos a otros sonriéndose. En el centro del puente, “Trip” Tucker suspiró aliviado y se retrepó aún más en el sillón de mando.

-Vaya a su encuentro, Travis. Un cuarto de impulso.

-Sí, señor.

-Hoshi, mándele nuestros saludos al oficial andoriano que esté al mando.

La nave USS Enterprise viró sobre sí misma y se alejó momentáneamente de la amenaza metereológica que les sobrevenía dejando detrás suyo un hermoso halo dorado en la noche de Baten Kaitos.

*****

Por unos instantes, Archer recuperó la consciencia y se reincorporó como pudo apoyándose en el brazo sano. Vio que en la otra orilla Shran no había dejado de velar por él. Hizo un gesto de asentimiento con la cabeza y Shran le saludó alzando su brazo derecho a modo de saludo.

La laguna arenosa de repente parecía haber cobrado vida.  Era como un mar de arena en continuo oleaje. A veces como si de monstruos del Lago Ness se trataran sacaban sus negros palpos o lomos a la superficie. Los Kho’Tor sin duda estaban rondando por las orillas a la espera de hacerse con alguna víctima. Sobre todo merodeaban entorno a la roca donde se guarecía Archer. Sin duda, el olor de la sangre de Archer que caía de la roca a la arena formando regueros las había atraído como abejas a un panal.

En la colina donde se alzaba el templo, Hayes y el resto del grupo  tomaban un merecido descanso. Tashur, por otro lado, logró estabilizar con sus cuidados médicos la gravedad de la herida de Tholos que se hallaba totalmente sedado.

En medio de esta tranquilidad aparente, Shran distinguió en el cielo dos brillantes puntos que se acercaban desde la constelación de Casiopea. El sensor de mano del andoriano detectó dos puntos luminosos y comenzó a hacer un extraño pitido. Sin duda eran dos naves hostiles.

-Señor, ¿lo ha visto? –Inquirió Talas nerviosa.

-¡A cubierto todo el mundo hasta que estemos seguros de sus intenciones…

Las naves desconocidas  se acercaron hasta tomar la forma de un perfil que asociaron en seguida.

Eran dos naves andorianas clase Kumari.

-No creo que haya falta averiguar sus intenciones… ¡Estamos a salvo, señor! –exclamó una exultante Talas.

-Vaya a comunicárselo al resto del grupo. Que se vayan despertando. Yo les enviaré con mi intercomunicador las coordinadas en las que estamos para que nos teletransporten. 

-¿Y Archer…?

-Quiero que sea el primero en ser transportado junto con Tholos a la Kumari. Gracias por recordármelo.

Al otro lado, Jonathan Archer se levantó como pudo poniéndose de pie con ayuda del único arbusto que crecía en el roquedal en el que se hallaba. Se sentía mareado. Su comunicador en ese momento sonó. Archer lo abrió y como pudo musió:

-Aquí Archer.

-Capitán, soy Shran, aguante un poco más y alégrese, han venido a salvarnos.

Poco después, los agotados miembros andorianos y terrestres que aún quedaban se levantaron y estaban preparados, en pie con sus impedimentas, en el umbral de aquel templo alienígena, mirando al cielo. A los pies de ellos yacía Tholos, arropado, bajo la atenta mirada de Tashur.

Un pitido del comunicador alertó a Shran. Éste abrió comunicaciones.

-Aquí, el comandante Shran de Andoria.

-¡Aquí el ingeniero B’Thephen, de la Kumari! Señor… ¡por fin le hemos localizado…!

-¡Loada sea el Ave K’Lass!

-Esperamos sus órdenes, señor. El transportador está a su disposición.

-Muy bien ingeniero, le voy a pasar unas coordenadas, quiero que dé prioridad a Tholos pero sobretodo al capitán Archer. Que un equipo médico los espere en la sala de transportación. Le envío las coordenadas en código de criptación Deshan-Kumari.

-Recibiendo datos, señor. Enseguida procedemos. B’Thephen fuera.

-Perfecto, corto y cambio. –Entonces Shran alzó la vista y gritó a Archer a través de su comunicador. –Prepárese, capitán.

-Instrucciones recibidas.-Respondió Archer mientras agitaba su brazo sano con el comunicador en su mano.

El dolor y entumecimiento del brazo de Archer comenzaron a ser sustituidos paulatinamente por un cosquilleo que nacía dentro de él.   Un zumbido armónico y unos leves parpadeos de luz azulada alrededor de él, le indicaron que comenzaba la transportación. Por primera vez, una gran sensación de paz y serenidad descendieron  a su mente y cerró los ojos.

*****

                                                                

A bordo de la Alfanje, los alienígenas de Orión se afanaban por apagar el fuego que se había liberado en la sala de motores de la nave. La acción conjunta de la USS Columbia junto a las naves andorianas para atosigar a la astronave de Orión estaba dando sus frutos.

Harar-Kas miraba cómo lanzaderas de asalto de Orión y nausicaanas  se entrecruzaban con las naves andorianas persiguiéndose unas a otras en medio de explosiones y ráfagas de plasma multicolores.

-Informe de daños, Hozhor. –Ordenó a un oficial que estaba en el puente en navegación.

-Integridad  del caso al 64%, señor.

-Toda la potencia a los cañones de plasma, oficial. Ábrase paso entre eses naves andorianas y diríjase a la superficie del planeta.

-Sí, señor.

La nave insignia de Orión disparó varias ráfagas en su avance que hicieron mella en el casco de varias  naves andorianas. Gracias a esta maniobra logró zafarse provisionalmente de sus más inmediatos perseguidores.

-Bien, bien… ¿Quieren jugar? ¡Pues les daremos un juego! Quiero que abra un canal con la Columbia, Hozhor.

-Canal abierto, señor.

En pantalla apareció en gran detalle el rostro de la terrícola que comenzaba a dar muestras de agotamiento tras varias horas de combates.

-Aquí la capitán Erika Hernández, del USS Columbia, de la Tierra Unida. ¿Qué deseaba, señor?

 

Harar-Kas la observó unos instantes en silencio. Su mente maquinaba sin duda lo que hubiera sido en el siglo XX una de las monedas de cambio de aquella época de barbarie y guerras.

*****

Archer abrió los ojos y vio que se hallaba boca arriba bajo una gran cúpula  transparente y  azulada, suspiró de alivio y ladeó su cabeza cerrando sus párpados.

-Veo que está mejor. Me alegro por usted, Archer. –Dijo una voz que le resultaba familiar. –Está a bordo de mi nave, capitán.

El terrestre volvió a abrir los ojos y vio quien era.

-¡Shran, gracias!  ¿Y Tholos?

-Me ha comentado Tashur que se recuperará en unos días. Le agradezco que se preocupe por mi oficial.

-¿Están todos a salvo?

-Sí, están ahora mismo descansando, Archer. Si hemos sobrevivido, se lo debemos todos a usted. Gracias de nuevo.

Archer se alegró como pudo.

Instantes después Shran estaba sentado en el puente de la Kumari dando órdenes tanto a su nave como a su nave hermana Fesoan que le hacía de escolta. B’Thephen había vuelto a su puesto habitual como ingeniero adjunto de la nave no sin ser recomendado en su informe a la Flota Imperial de Andor para un ascenso o medalla por el gran valor demostrado. 

Como además había pasado demasiado tiempo ausente de la nave, revisó el diario de a bordo que B’Thephen había ido anotando pacientemente hora por hora para ponerse al día. Supo que algunos kilómetros más arriba en el sector de Baten Kaitos III se estaba librando una gran batalla cósmica. Supo que el grueso de la Flota Imperial estaba ahí para arroparles y asistirles y que una vieja amiga de Archer estaba con ellos en esa lucha para defender los intereses comunes de aquel cuadrante del Universo.

Por enésima vez reflexionó lo que significaba la palabra cooperación y que su viejo aliado terrícola le recordaba una y otra vez cada ocasión que se encontraban. Evidentemente, este trabajo que estaban haciendo favorecía el conocimiento mutuo de  dos razas y dos culturas que durante decenios habían tratado de evitarse. Muchas cosas habían cambiado desde P’Jem.

-Oficial, -dijo a una joven andoriana que ocupaba una terminal trate de localizar la nave terrestre USS Enterprise.

-Señor, parece una casualidad. –respondió la joven girando su cabeza hacia su superior. –Pero ellos nos han localizado antes a nosotros y vienen directos hacia donde estamos.  Pero no están sólos… Les persigue una flotilla de tres lanzaderas de Orión.

-¡Buen trabajo, Thalan! –se alegró el comandante alienígena. –Trace una ruta de intercepción hasta ellos. Una décima de impulso.

-Sí, señor.

-Que todo el personal imprescindible estén a bordo de nuestras naves. Que vayan preparando escudos y defensas, tendremos que echarles una mano.

Las dos naves volaban a ras de la atmósfera del planeta como míticas dos aves Fénix a la búsqueda de un altar en el que inmolarse. Aunque esta vez no había altar sino toda una amenaza que provenía desde el otro lado de la frontera.

*****

 

En la enfermería, T’Pol comenzó a levantarse despacio de la camilla de monitorización. Miró a su alrededor. La sala esférica estaba vacía. Tan solo el lejano ulular de las alarmas rojas y de los aparatos de la enfermería aplacaban el silencio que se había apoderado de la sala médica.

En una sala contigua, la vulcaniana se vistió con su habitual mono ajustado. Notó un ligero escozor en su espalda, sin duda su herida no estaba curada del todo pero concentrándose logró mitigar el dolor hasta hacerlo insensible.

En ese momento llegó Phlox por la puerta trayendo entre sus manos una carpeta.

T’Pol se escondió tras una cortina y se abalanzó como un LeMatya [3] vulcano sobre él de espaldas. Con su mano izquierda dejó al descubierto el cuello del doctor y con la derecha colocó los dedos en las terminaciones nerviosas adecuadas para hacerle un pinzamiento vulcano.

Y surtió efecto. El buen médico cayó en el acto inconsciente en brazos de la subcomandante.  Cogiéndole por las axilas lo arrastró por el suelo hasta la sala del laboratorio y allí lo depositó subiéndole con cuidado a una camilla.

Un estruendo acompañado de un bamboleo hizo tambalear por unos instantes a la nave y de paso a T’Pol que se agarró como pudo a la camilla en la que yacía el inconsciente denobulano. Para asegurarse de que no se caería, le ató a su cuerpo los cinturones de la camilla.

T’Pol entonces abrió comunicaciones con el puente desde un altavoz cercano. En su mente se fraguó esa reacción ilógica que entre los humanos se llamaba “mentir”:

-Puente, aquí T’Pol, el Dr. Phlox me ha dado el alta. ¿Quién está al mando?

-Aquí el comandante Tucker, señor.

-¿Informe de daños?

-Estamos con la integridad del casco al 37%, el puente está ardiendo y está casi inutilizado y yo mismo estoy herido en el brazo.

-Bien, subo para allá arriba. Aguante lo que pueda, señor Tucker. Lo conseguiremos y haga las reparaciones de emergencia que crea más adecuadas.

-Si el Gran Pájaro de la Galaxia [4] nos oye y nos otorga antes un milagro.

*****

El escáner de largo alcance señalaba varios puntos rojos alrededor de un gran punto azul en el que había escritos caracteres andorianos. Shran permanecía de pie inmóvil en la terminal de Thalan viendo cómo esos puntos amenazantes cruzaban en aspa alrededor del punto principal.

-Oficial ¿cuán cerca estamos de nuestro objetivo?

La joven andoriana manipuló unos botones de su consola. La pantalla cambió de gráfica para mostrar el interior de la nave de Archer.

-La nave terrestre está al 33.8 % de la integridad de su casco. Escudos al límite así como sus cañones láser.

-Aumente la velocidad, Thar. –dijo Shran a su piloto. -Hemos de llegar a tiempo…

-Sí, señor.

-Comandante, están a 5’2 ya’shan de nosotros. –confirmó Thalan desde su postración táctica. –Y ya tenemos contacto visual con la USS Enterprise

-¡Bien hecho! Aumente a 100 dar’shan la visual en la pantalla principal.

           

Un cuadrado luminoso se dibujó en un ángulo de la pantalla de la Kumari y enfocó a la maltratada nave de su amigo Archer. La imagen se veía muy pequeña pero tras unos segundos se vio con todo su detalle como si estuviera justo en frente de las dos naves andorianas.

-Y ahora, fije nuestros cañones de plasma sobre las lanzaderas de Orión, máximo alcance. Pase la orden a la nave Fesoan.

-Señor, los de la Fesoan están listos para entrar en combate cuando usted se lo indique.

-Thalan, fije los blancos. Pase también esta orden a nuestra nave gemela.

-Blancos fijados.

-Perfecto. –sentenció el andoriano al mando mientras se dejaba caer en su sillón de mando. -¡Ahora!

La Fesoan y la Kumari se lanzaron raudas a las coordenadas de su nave aliada para encontrarse con ella.

Entonces lo siguiente que ocurrió fue digno de ser escrito en los anales cósmicos. Las dos naves andorianas rodearon a la feneciente Enterprise y se interpusieron a cada lado para protegerla y coordinando los disparos fueron haciendo blanco en las lanzaderas de Orión que fueron eliminadas o inutilizadas una por una, quedando unas a la deriva y otras estallando como supernovas.

-¡Espléndido, Thalan! ¡Abra rápido comunicaciones con la nave Enterprise!

-Comunicaciones abiertas, señor.

-Aquí la nave Kumari, les habla Shran. ¿Cómo está la situación a bordo?

Una T’Pol desencajada ocupando el sillón de mando de la nave apareció en la  pantalla. A su alrededor, lenguas de fuego hacían que el puente pareciera el Reino de Hades. La vulcaniana parecía la luciferina diosa Lilith sentada en su trono del Averno.

'Azati Prime' -Comandante Shran… Gracias por su asistencia. Ha sido verdaderamente providencial. Estábamos al 29’7% de nuestra integridad estructural y con nuestro armamento casi inutilizado… Y el soporte de vida funciona sólo con la energía auxiliar.

-Si precisan ayuda médica y de reparaciones, les puedo mandar un par de equipos a bordo.

-Si, opino que nos hará falta; el doctor Phlox ha quedado fuera de combate unos minutos aunque creo que se recuperará. –dijo mientras pensaba sin remordimientos lo que le había hecho en la Enfermería.

-Veo que usted se encuentra relativamente bien, subcomandante… Aunque al final sus amigos de Vulcano no han venido a socorrerle.

-Porque Vulcano está lejos de este cuadrante y éste no es un tema les afecte. ¿Y el capitán, sabe algo de él?

-Están todos sanos y salvos a bordo de la Kumari, T’Pol. Puede quedarse tranquila.

-Descuide, la impaciencia no es una cualidad propia de los vulcanianos.

-¿En serio? –se burló el andoriano. –Pues no lo parecía. Aunque no lo diga, usted es más humana que otros humanos que conozco. Y no vea esta opinión como una ofensa, sino como un cumplido. Y eso la hace única entre los de su pueblo.

-Se lo agradezco. Pero le recuerdo que siempre actúo guiada por la Lógica y pensando en mi pueblo como ahora lo hago en interés de esta nave.

-Comandante, necesito que nos ayude a patrullar estas coordenadas de Baten Kaitos III. ¿Cuál es la velocidad máxima que le permite su nave?

           

“Trip” que estaba sentado en una postración al lado de la vulcaniana se dirigió a Shran por la pantalla.

-Tenemos muy poca energía. Sólo podemos maniobrar a un cuarto de impulso y  con energía de emergencia. Aunque las reparaciones están progresando, en unas tres horas creo que nos habremos recuperado aunque sólo con un poco más de la mitad de nuestra capacidad.

-Está bien, continuaremos orbitando la superficie del planeta. Que su nave se sitúe al flanco nuestro; les volveremos a contactar en una hora. –comentó desde la pantalla del Enterprise el andoriano. –Hasta entonces, mucha suerte en sus reparaciones y espero que sus bajas se recuperen lo antes posible. Shran fuera.

La imagen con el comandante desapareció de la pantalla y sobre ésta se vio a las dos naves andorianas orbitando el planeta.

           

De improviso, unas voces se oyeron desde el interior del turbo-ascensor del puente.

-¡Allí, allí está!

Eran Phlox y dos oficiales de seguridad pistola láser en mano. La tripulación del puente comenzó a mirarse entre sí y algunos hicieron ademán de coger sus armas. La confusión se apoderó de sus rostros.

T’Pol giró su silla hacia la puerta del turboascensor y se dio cuenta de que su plan había fracasado al ver al médico y a los dos alférez de seguridad. Reaccionó buscando un arma inexistente.

 Se dio cuenta de que su lógica vulcaniana le había fallado e intentó abalanzarse de nuevo sobre el médico. Pero el disparo de una de las pistolas de los guardias la dio de lleno y cayó inconsciente sobre el suelo del puente al lado del sillón de mando.

-¿Qué pasa aquí, doctor? –inquirió el ingeniero. –No me dirá que estamos ante un motín.

-No, estése tranquilo, comandante Tucker. La que se amotinó y en Enfermería fue nuestra subcomandante… Me dejó K.O. en una camilla con uno de sus pinzamientos vulcanianos y desantendiendo mis órdenes médicas se dirigió al puente. Está aún enferma y no la había dado el alta.

-Ahora entiendo por qué ordenaba esquivar a las naves enemigas de esa manera… Un método un poco heterodoxo, pero que ha dado sus resultados.

-No está al cien por cien de sus capacidades mentales, entiéndanlo, señores.

-Comprendido, doctor. Y no se preocupe, creo que hizo lo correcto. –Le tranquilizó “Trip”.

           

La puerta se abrió y alguien trajo una camilla antigravitatoria en la que rápidamente los guardias de seguridad colocaron con delicadeza a la oficial vulcaniana. Phlox la monitorizó con su escáner médico y dijo:

-Aunque su caída ha sido aparatosa, no tiene ninguna secuela física u orgánica. Tan sólo el reblandecimiento cerebral vulcaniano ya diagnosticado que padece. Y ahora con su permiso me la llevo a la Enfermería.

-Espero que la próxima vez la ate bien a la camilla, doctor. No vaya a ser que el médico se convierta en paciente. –Dijo con un deje de burla Malcolm Reed desde su consola.

-¡Reed! –le llamó la atención el comandante Tucker. -¡Sus comentarios!

-Bueno, creo que a todos nos gusta tener a un oficial superior con la lógica en su sitio, señor…

-Ya he oído bastante, Reed.

Phlox, sonrió y añadió mediando en la conversación:

-Le recuerdo, Sr. Reed, que nuestra subcomandante está aún sufriendo las consecuencias del Síndrome de Pa’nar gracias a Tolaris y a la continua exposición a la Piedra de Shariel. Creo que tardará algún tiempo en recuperarse. Y obviamente no la puedo declarar “apta para el servicio”.

-Señores, siento interrumpir su conversación -comentó la alférez Tutu desde su puesto. –pero los sensores señalan una gran flotilla de lanzaderas de Orión que se dirigen hacia la capital colonial, Neápolis.

Tucker iba a abrir la boca cuando se le adelantó el médico de Denobula:

-Voy preparando la Enfermería por si tenemos zafarrancho de combate. Y si me permite una opinión médica, usted sigue al mando, sr. Tucker.

-Bueno… -rió sorprendido el comandante terrícola. –Creo que usted se lo ha dicho ya todo, ya sabe lo que tiene que hacer.

-Hasta luego y ya saben donde estaré si me necesitan… Como siempre.

Phlox salió por el turboascensor con sus asistentes y la camilla camino de la Enfermería.

Entretanto, Charles Tucker retomó el asiento del capitán en el puente y girándose con el sillón vio el estado del puente. Las lenguas de fuego ya habían sido apagadas por los asistentes de Ingeniería y decenas de hombres se hallaban afanados, unos tumbados bajo las consolas y otros llevando utillaje, en reparar lo poco que quedaba de reutilizable en el puente de la nave. Entonces abrió comunicaciones con Ingeniería.

-Puente a Ingeniería, aquí Tucker al mando. Pueden enviarme un informe de daños y estado de las reparaciones.

-Aquí Ingeniería, señor. Soy la teniente Hess. Hemos recuperado ya la energía principal aunque estamos con ella al 45%. Tenemos también velocidad de impulso completa. También hemos recuperado el control del soporte vital. En cuanto a daños, los escudos están muy afectados aunque hemos recuperado parcialmente en un 15% la capacidad de polarización del casco de la nave y en un 23.8% la capacidad de las baterías de plasma. Y todavía disponemos de tres torpedos cuánticos.

-¿Cuánto tiempo necesitaría para que la nave esté 100% a la capacidad de funcionamiento?

-Al menos requerirá unas reparaciones más serias en unos astilleros como los de Utopía Planitia. Pero para las funciones básicas en 48 horas puede estar a punto.

-No disponemos de 48 horas, teniente. Intente que sean 24 horas,

-Creo que lo haremos incluso en menos tiempo, veré lo que puedo hacer por aquí abajo, señor.

-Recibido, infórmeme si hay alguna novedad; gracias, Hess. Tucker fuera.

Reed desde su puesto había oído toda la conversación y se dio cuenta por el semblante de su compañero que las cosas no iban tan bien como lo deseaba.

-Si no recuerdo mal, Krem nos dijo cuando estuvimos en la Estación de Baten Kaitos que los colonos habían sido llevados como rehenes a cámaras subterráneas bajo Neápolis.

-Y hace rato, ¿no acaba de oír a la alférez Tutu que decenas de naves de Orión se estaban dirigiendo al espacio aéreo de Neápolis? –confirmo Malcolm Reed.

-Si… Todo empieza a encajar como en un maldito puzzle… -murmuró entre dientes “Trip”. -Avise a la nave Kumari de Shran, Sato.

-Comunicaciones abiertas, señor.

Tras unos instantes, el fondo estelar  de la pantalla se diluyó apareciendo el rostro de alguien que conocían muy bien y no el aliado andoriano habitual.

*****

Harar-Kas miró a la capitana de la USS Columbia con una sonrisa malvada y continuó:

-He leído mucho sobre la Historia Militar de su mundo… Realmente tuvieron grandes guerreros como Napoleón, Gengis Khan, Hitler, el coronel Green… Grandes personajes…

-Precisamente usted no ha ido a citar a los mejores personajes de la Historia de mi mundo, señor. Por fortuna para nosotros desaparecieron hace siglos…

-Aunque no para mí, fueron magníficos guerreros y sus ideas muy inspiradoras…

El jefecillo de Orión observó fijamente la expresión facial cada vez llena de malestar de Erika Hernández. Entonces la terrícola tomó la palabra:

-¿Inspiradoras?

 

-Las buenas ideas como siempre son perfectamente reutilizables al cabo de los siglos…

-¿Qué está tramando, Harar-Kas?

-Sí, comentarle a usted y a sus aliados andorianos de que si uno sólo de sus proyectiles impacta en mi nave o en alguna de mi flota tengo orden de comenzar a sacar a los colonos de su mundo y usarlos como escudos humanos?

-¿Es que no tiene ningún gramo de piedad? Es usted cruel e incivilizado.

           

Tras una sonora carcajada al oír aquello, el nativo de Orión continuó:

-¿De veras? Creo que es cómo les consideran a ustedes los vulcanianos… Mirad quién me lo ha ido a decir, alguien cuya raza amenaza con ser tutelada otros veinte años para salir al espacio…

Una sarta de carcajadas procedente del puente de la Alfanje inundó los altavoces de la USS Columbia. Erika Hernández dejó que su rival acabara de reír y continuó:

-No, Harar-Kas, la raza humana ha progresado y mucho. Que nos quede camino por recorrer no significa que seamos los bárbaros y crueles ejemplos de la Historia que usted antes me ha reseñado.

-Conquistar pueblos y someterlos ha sido una constante en toda esta Galaxia, qué más importa que seamos oriones, klingons o xindis, capitana. En esa lista cósmica también hemos de incluir a la raza humana y andoriana por supuesto  y deberían considerarlo un honor y no una deshonra…

-Una deshonra es lo que son ustedes en este momento para la Galaxia.  Sólo le digo que si uno sólo de nuestros colonos sufre un percance, usted será el responsable y pagará por ello.

El enemigo de Orión frunció el ceño y dijo en un tono que sonaba más a grito que a una afirmación:

-Ya he oído bastante, humana, o ustedes acatan mis exigencias o vayan preparándose para el horror.

-¡Nunca, Harar-Kas! ¡Le recuerdo que son ustedes los que han invadido este cuadrante nuestro!

-No se lo voy a decir dos veces, humana: Les doy una hora para que tomen la decisión de rendirse…

-¿Y si no lo hacemos?

-No les queda alternativa, o se rinden o no volverán a ver con vida a sus colonos… -repitió en un tono aún más fuerte el enemigo.  -Harar-Kas, fuera…

La pantalla se tornó oscura, con el fondo estelar lleno de naves a la deriva ardiendo. La capitana viró su asiento hacia la consola de Comunicaciones.

-Póngame con el General Thebek, alférez Martines. Y pásele en código cifrado la trascripción de mi conversación con Harar-Kas.

-Hecho, señor.

Tras unos instantes, en la pantalla apareció el aliado andoriano. Su rostro mostraba una visible preocupación.

-He recibido su mensaje, capitán Hernández.  La situación efectivamente ha dado un giro inesperado. Nuestro enemigo por desgracia conoce demasiado bien las debilidades humanas.

-Necesitaré su ayuda, me gustaría poder apresar a ese Harar-Kas. Creo que así sin una cabeza que les haga de guía, el ejército de mercenarios nausicaanos y de Orión se desmoralizará y desistirán de continuar con esta absurda campaña de conquista.

-¿Realmente lo cree así? No les conoce bien del todo…  -sonrió el andoriano maliciosamente. -Ellos van detrás del botín y de la rapiña, no creo que lleguen a usar a cientos de colonos como “escudos humanos”. Confíe en mi intuición andoriana, capitán, quizás los usen sí, pero a una parte, no a todos. Los necesitarán para venderlos en los mercados de esclavos como Rigel o Arek para sufragar esta maldita guerra galáctica. Y los esclavos humanos por desgracia se pagan muy bien desde hace siglos…

-¿Siglos?

-¿Recuerda lo que en su mundo llamaban abducciones…? Tal vez la clave esté ahí, pero dejemos ese tema no nos atañe…

Erika Hernández y Kelsus Elytis se miraron mutuamente con una cara de sorpresa.  La capitana bajó los escalones de su puesto y se acercó un poco más hasta la pantalla del puente de su nave.

-¿Qué me sugiere que hagamos, general? En la cadena de mando usted está en una escala superior y la veteranía además es un grado a su favor, Thebek.

-Ustedes disponen de estupendos soldados de asalto… Sus MACOs son ya míticos en todo este sector de la Galaxia.

-¿Y entonces, señor?

-Los colonos apresados son terrestres y alfacentaurianos. Creo que es mejor que los rescaten quienes les son más propios. Acuda en su liberación, vaya a las coordenadas en las que se encuentran la Kumari, la Fesoan y la Enterprise. Tal vez necesiten de su ayuda, y descuide, nosotros nos encargaremos de Harar-Kas y sus secuaces. Su nave está tan dañada que no podría escapar de aquí sin velocidad warp, sólo cuentan con velocidad de impulso.

-No lo sabía, Thebek.

-Cuando tengan sensores de mayor alcance lo averiguarán. –se alegró socarronamente el general. –Pero mientras tanto, Harar-Kas se ha comportado como un mal estratega, pero en el fondo ha estado interpretando el papel de malo a la perfección para que se lo creyera usted.

-¡Muy listo por su parte! –replicó Elytis en tono burlón.

Erika Hernández se giró sobre sí misma y miró con seriedad a su subordinado. Y de nuevo a la pantalla principal.

-De acuerdo, Thebek. Este sector de Baten Kaitos está en sus manos. Nosotros iremos al rescate de Archer y Shran. Comuníquelo a las naves de ambos, Martines.

-Si, señor…

-Gracias por su ayuda, general. Les estamos inmensamente agradecidos.

-Mucha suerte, capitán, como dicen en su mundo. Thebek, fuera.

La cara del andoriano desapareció y a través de la pantalla de la USS Columbia vieron cómo la nave andoriana insignia se lanzaba de nuevo en una maniobra envolvente contra la Alfanje de Harar-Kas seguida de otras de la misma flotilla andoriana de menor tamaño.

La nave terrestre giró sobre sí misma y se precipitó como un águila en busca de su presa, entre las nubes del planeta Baten Kaitos III a la búsqueda de su hermana gemela.

           

*****

La boca de Charles Tucker permanecía aún abierta ante la sorpresa de lo que veía en la pantalla del puente. Entonces, la figura le dirigió la palabra en tono informal.

           

-¿¡Caaaaapiiiitán?! ¿Qué hace ahí en una nave andoriana?

-¿De qué se sorprende, “Trip”? ¿De que esté de la Kumari? –respondió la imagen en la pantalla del Enterprise. –Para T’Pol esto sería ilógico pero los tiempos están cambiando, como decía la canción.

-Señor, -interrumpió una alborozada Hoshi Sato. –Nos comunican desde la USS Columbia que en 35 minutos van a alcanzar nuestras coordenadas. Vienen a ayudarnos…

           

-Bien… refuerzos… -suspiró aliviado Jonathan Archer.

–Señor, -continuó el Ingeniero Jefe dirigiéndose a Archer –deberíamos mandar un equipo de rescate a Neápolis para buscar a los colonos que están prisioneros.

-De acuerdo en cuanto llegue la Columbia planificamos el rescate. –sugirió el capitán de la USS Enterprise. –Y “Trip”, le pediría un pequeño favor.

-¿Sí, capitán?

-Si puede bajar a mi camarote y ver qué tal está Porthos. Le toca en este momento la hora de su comida…

La tripulación del puente rompió a reirse, aunque de manera contenida.

-Desde luego… -Titubeó  el comandante. -¿Algo más, señor?

-Sí, que se duche y que descanse, “Trip”, creo que lleva más de 10 horas en el puente a cargo de la nave, si mis cálculos no me fallan.

-Sí, señor.

-Pues ya sabe lo que debe de hacer, deje a Mayweather al mando temporalmente de la nave y haga lo que le he dicho. Es una orden. Nos vemos en media hora, Archer fuera.

           

El capitán había desaparecido de la pantalla que fue sustituida por la imagen que enfocaba a las dos naves andorianas aliadas.

Charles “Trip” Tucker y Travis Mayweather se miraron el uno al otro con cara de estupefacción y se encogieron de hombros riéndose. El Ingeniero se levantó del sillón de mando y con su cabeza le indicó a su joven alférez que ocupara el puesto de mando.

-Yo me voy a Ingeniería y estaré en mi camarote por si me necesitan. Si llega antes la USS Columbia  me lo hacen saber también.

-A sus órdenes, señor. –Respondió el alférez afroamericano mientras tomaba posesión del sillón. –Que tenga un buen descanso.

Próximo Número: Por la Gloria de Orión



[1] Aunque se suele mencionar a  Gorgona en singular, según  Hesiodo, las Gorgonas eran tres: Esteno, Euríale y Medusa. Las dos primeras inmortales  y la tercera mortal, hijas  todas ellas de dos divinidades marinas: Forcis y Ceto [1] , hijas a su vez de Ponto y Gea. Medusa es la única de las tres hermanas que tuvo descendencia. Poseidón se unió a ella y la hizo madre de Crisaor y del caballo alado  Pegaso.

Su leyenda la cuenta Ovidio en Las Metamorfosis, IV. Según esta historia, hubo un tiempo en que Medusa fue una joven bellísima y de espléndida cabellera, a la que deshonró Poseidón en un templo de Atenea y esta diosa virgen, horrorizada por el sacrilegio, convirtió a la infortunada mortal en un ser monstruoso con serpientes por cabellos, a la que mató Perseo sin mirarla, ya que tenía el poder de convertir en piedra a quien la mirase de frente. Su cabeza protectora figura en la égida de su enemiga Atenea, ya que como talismán, protege de los enemigos , por lo que es común en el escudo y pecho de los guerreros , en las corazas, para protegerlos de sus enemigos. Es el Gorgoneion.

[2] Calamares gigantes que según las leyendas marinas del s.XIX poblaban los océanos y  hacían hundir a los barcos. La ciencia del siglo XX y XXI descubrió que efectivamente existían pero en las zonas abisales de los océanos y  raramente salían a la superficie. Solían atacar incluso a ballenas y cachalotes pero nunca a hombre y menos a sus barcos.

[3] Tigre de Vulcano parecido a los extintos dientes de sable terrestres pero de mayor tamaño y fuerza y además venenosos. (TAS-“Yesteryear”)

[4] Sobrenombre por el que era conocido el creador de la serie, Gene Roddenberry.  Este sobrenombre dio paso a una divertida broma que se incluyó a modo de advocación religiosa o mitológica en uno de los diálogos de un episodio de TOS. Desde entonces, se usa en todas las novelas y cómics de ST a modo de interjección, sin remitirse en concreto a una religión.