Recopilación de los diferentes relatos editados durante el año 2006 en AT Visions

Flash: Hoy es el Fin del Mundo

Escrito por Jerónimo Thompson.

Su nombre es Wally West (ya sabes, Flash) y podría extenderme un buen rato sobre el hecho de que es el hombre más rápido del mundo, que lleva puesto un uniforme rojo y amarillo que rinde tributo al que vistiera su tío Barry Allen durante muchos años, o que es el héroe de Keystone y Central City, las Ciudades Gemelas situadas a ambos lados del río Missouri.

Sin embargo, no tengo tiempo para detenerme en ninguno de estos detalles, puesto que los Estados Unidos de América, el planeta Tierra, y cómo no, ¡el universo entero!, se encuentran hoy amenazados por la locura desatada de... ¡T.O. Morrow!

¿Cómo? ¿Que no conoces a este supervillano? Amigo mío, Thomas Oscar Morrow es un antiguo adversario de Flash, y también de la Liga de la Justicia, que construyó en el comienzo de su carrera una supercomputadora capaz de recibir imágenes procedentes de exactamente 100 años en el futuro. Con la ayuda de este extraordinario invento, y de su poderosa inteligencia, recreó la avanzada tecnología del mundo del mañana, poniéndola al servicio de sus ambiciones carentes de moral.

Con todos vosotros... ¡T.O. Morrow!

 

Pero no debo entretenerme más presentando al brillante doctor. El tiempo apremia, pues aunque no hace ni una semana que escapó de la prisión de Belle Reve, Morrow ha mejorado una vez más su espectacular supercomputadora, logrando que esta vez supere los límites de la cuarta dimensión, y dirigiendo su mirada más allá de la frontera... ¡Ha descubierto la Verdad Oculta!

Lamentablemente, esta sobrecarga de conocimiento ignoto ha terminado por mermar seriamente su cordura, y poseído por el espíritu de la sinrazón, se ha embarcado en la construcción de su obra más terrible y mortífera hasta la fecha: ¡el Nulificador Supremo! (no, ése no: otro).

El Nulificador Supremo es un obsceno instrumento, capaz de crear en su interior una singularidad cuántica que absorberá en los próximos 21 segundos toda la materia y energía repartidas por la línea espacio-temporal de este universo.

Y ahí tenemos a Flash, aproximándose de nuevo hacia Keystone City a una velocidad muy cercana a la luz, tras haber corrido mil quinientas treinta y ocho vueltas alrededor de la Tierra en los últimos trece milisegundos. Su intención: adquirir la energía cinética necesaria para atravesar la Barrera de Irrealidad que rodea tanto a este instrumento, como al propio T.O. Morrow, protegiéndolos de cualquier intervención externa.

¿En qué estaría pensando este idiota cuando creó semejante aparato?, se pregunta Flash con una rapidez superior a la de sus piernas.

Lo cual no deja de ser una muy buena pregunta, y aunque nuestro héroe no llegará a conocer su respuesta, yo mismo puedo desvelártela: la intención del enloquecido doctor es provocar un nuevo Big Bang, allí mismo, en el centro de Keystone City, que devuelva al simplificado y lineal universo actual la riqueza y diversidad de aquél que el mismo Morrow ha bautizado como “Multiverso Original”.

Wally West no comprendería las motivaciones de T.O. Morrow ni aunque éste se las explicara con detalle, pero... ¡eh!, ¿quién entiende a los científicos locos?

Así que ahí viene Flash, corriendo ya al límite de sus fuerzas, mientras observa preocupado lo cerca que se encuentra de alcanzar la Fuerza de la Velocidad; una especie de Valhalla cósmico para velocistas, que al mismo tiempo es fuente de su poder. Wally ya estuvo allí una vez, pero no siente deseos de volver a tentar la suerte: hasta el momento, él es la única persona que ha formado parte de la Fuerza de la Velocidad... y ha vuelto para contarlo.

Mientras tanto, T.O. Morrow alza sus brazos hacia el cielo, riendo histéricamente al anticiparse a los acontecimientos por venir.

-¡Yo os desafío, creadores de pacotilla! –grita en un paroxismo de villanía. -¡Vuestro universo único concluye aquí! ¡Mía es la mano que traerá de vuelta al Multiverso!-.

Y es en este instante cuando Flash cruza el puente que une Central City con Keystone, y se dirige como un auténtico rayo hacia el centro de la ciudad, donde se encuentra Morrow junto al Nulificador Supremo.

A estas alturas, la extrema velocidad que ha venido desarrollando, ha mutado la naturaleza más intrínseca del cuerpo de Wally, convirtiéndolo en una amalgama de materia y energía; y en el mismo nanosegundo en que alcanza la Barrera de Irrealidad de T.O. Morrow, Flash hace vibrar todas las moléculas de su cuasi-organismo para hacerse uno con esta irrealidad, y pasar así al otro lado, con la suficiente inercia en sus puños chisporroteantes como para golpear con fuerza brutal el maligno artefacto de su adversario, y hacerlo estallar en miles de pedazos.

T.O. Morrow grita entonces enfurecido, sin apenas tiempo para maldecir a su gusto:

-¡Noooooo! ¡Has frustrado el regreso de nuestro glorioso pasado! ¡Tú, engendro de este universo simplón!-.

La realidad se pliega a continuación sobre sí misma, haciéndolo desaparecer todo en el interior de una cegadora luz blanca.

...

Lo siguiente que ve Wally West es a su amigo Dick Grayson, alias Nightwing, pasándole una cerveza y un perrito caliente, mientras se acomoda de nuevo junto a él.

-¡Tenemos que venir aquí más a menudo, Wally!- grita Dick para hacerse escuchar en medio del jaleo desatado en las gradas del estadio de los Combines de Keystone City.

Mientras ambos disfrutan del partido de hockey, T.O. Morrow se revuelve en su celda de Belle Reve sintiendo un molesto cosquilleo en la nariz, convencido de que hoy debería haber sido un día especial...

Porque sí, amigo mío, ésta es una de esas historias que terminan borrándose a sí mismas de la continuidad, como si nada hubiese ocurrido.

¿No es un fastidio?

Héroe

Escrito por Lucía Pladenas

Ben Jacob Grimm, conocido como la increíble Cosa de los Cuatro Fantásticos, cayó sobre el asfalto, levantando parte de él por el tremendo golpe. Los involuntarios espectadores de la batalla entre la Cosa y el Hombre Absorbente se apartaron unos metros más, pero no se iban. La curiosidad era bastante fuerte.

-Creel...estupido...- murmuró Grimm levantándose con esfuerzo-. Te voy a partir la cara en...

Aplastador Creel sacudió un fuerte golpe con su enorme bola de acero en el rostro de la Cosa, haciendo saltar varios trozos de roca naranja y lanzándolo contra una farola, que partió por su propio peso. La Cosa cogió la farola y la lanzó contra el Hombre Absorbente, que la cogió y absorbió con sus poderes las propiedades de la farola, convirtiéndose en metal.

-Ya eres mío, Grimm.

Tomó impulso y saltó encima de la Cosa, cayendo encima de lleno. Comenzó a darle rápidos puñetazos mientras se reía, frenético. Estaba venciendo, él iba a vencer a la Cosa, la que daba trabajo hasta a Hulk. Iba a ser una leyenda.

La Cosa intentaba desembarazarse de Creel, pero su peso era muy grande. Miró a un lado y vio a varios niños horrorizados ante la paliza que le estaba dando aquel hombre, para ellos un monstruo.

"Voy a ser el hazmerreír del gremio. Vencido por Creel", pensó Ben Grimm mientras sentía el dolor recorriendo su cuerpo.

Ben escuchó de repente unos pequeños ladridos y vio un pequeño perrito de lanas que se había acercado a Creel y estaba ladrándole. Creel pegó una fuerte patada al perro, lanzándolo por los aires. Ben oyó como el perro gemía de dolor. Aquello había llegado a su fin.

La Cosa golpeó fuertemente con sus manos a la vez los oídos de Creel, que aunque eran de metal, sintieron el fuerte golpe. Creel se alejó de Ben, quien soltó un fuerte derechazo en el estomago de su enemigo. Aplastador Creel tocó a Ben y adquirió la tonalidad de su piel, su textura...parecía una extraña versión de la Cosa.

-Ahora soy tu. Soy invencible.

-Hasta yo puedo caer, Creel.

Ben comenzó a golpear a Creel con toda su furia, sin darle tiempo a respirar, contraatacar o bloquear los golpes. Piedras naranjas volaban de todas partes del cuerpo de Creel, hasta que un fuerte puñetazo en la mandíbula, le hizo caer al suelo. La Cosa suspiró y le hizo un gesto de victoria a Creel.

-Lo difícil, es levantarse- murmuró a su rendido enemigo mientras iba a ver cómo se encontraba el perrito de lanas.

Relato corto de Lobezno

Escrito por Han Más Solo.

No todos los días vas en la ruta 96 en moto y ves un autobús delante de ti en kilómetros a la redonda, y al cabo de unos segundos, verlo saltar por los aires. Salvo que, o estés en alguna oficina de tres al cuarto…o seas uno de los que se tiran leyendo historias que dejan fascinado a uno…o a una.

Veamos, tenemos un autobús que salta por los aires, así de buenas. Bueno, de buenas nada, ya que un autobús no salta así como así por los aires. Digamos…que alguien, por puro placer, deseo, satisfacción, o ritual de aprendizaje, decidió hacer volar un autobús en un punto solitario de la ruta 96. Sin embargo, no todos los motoristas se salen del camino, esquivando los restos del autobús, derrapando con su moto, teniendo un accidente, sin resultados….mortales. Mortales para todo el mundo, pero no para él, no para Lobezno, mutante, miembro de los Alpha Flight, X-Men, y al final…Vengador. Hay fuego por casi todas partes, miembros de la gente que iba en el autobús, esparcidos por ahí, y una cazadora destrozada, la de Logan, que se la quita para que arda al fuego.

"Maldita sea, era una buena cazadora, joder" decía Logan para si mismo, mientras su nariz captaba un olfato…diferente. No era a carne quemada, no era gasolina arder, era diferente…y cercano. Atravesando el fuego, Logan corre con sus garras extendidas, y saltando, desgarra al aire, notando algo verduzco gotear en una de las garras. Un cortocircuito muestra aquello a lo que Logan clavó sus garras, aquello que olía…y sigue oliendo: Depredadores. Guerreros por naturaleza, los Depredadores usan la Tierra como entrenamiento. Los punteros de la mira láser se fijan en el pecho de Logan, que vé como es apuntado, y arroja el cuerpo inerte del Depredador hacia el frente, sin darse cuenta que una cuchilla se clava en su espalda. Logan emite un grito gutural de dolor, arrancándose la cuchilla de la espalda, y por el olfato, lanza la cuchilla, hiriendo en una pierna al otro Depredador, al que hace visible. El cojeante Depredador trata de alejarse de un Logan que camina con dificultad, pero no puede evitar ser atravesado su cráneo por 3 garras de adamantium.

"Malditos bichos toca huevos", decía Logan, al mismo tiempo que sacaba su tarjeta de Vengador mientras sale del lugar a trancas y barrancas.

"Logan, desde donde hablas. Creí que estarías con la Harley en la ruta 96" La voz que se oía de la tarjeta era la de Stark, y la imagen, la de Iron Man.

"Robocop, estaba en la ruta 96, con"tu"Harley, de esas que te gusta coleccionar para ligarte a las relaciones públicas, hasta que unos bichos de otro mundo reventaron un autobús"

"Llamaré a S.H.I.E.L.D. para que se ocupen de los cadáveres. Necesitas transporte…o la Harley ha sobrevivido" En el momento de terminar la frase, se oye una explosión tremenda, debida al sistema de autodestrucción que el Depredador activaría antes de ser atravesado por Lobezno. Pasado un tiempo, Logan saca la tarjeta.

"Robocop, algo me dice que necesitaré transporte, y espero que se permita fumar en él" Logan sonreía viendo a Stark sin el casco, lamentándose de lo de la moto, aunque solo fuera holografía.

Batman: La Noche

Escrito por The Stranger

Los cuatro criminales entraron en la enorme casa y en pocos minutos tenían controlados a todos los miembros de la familia. La madre y su hija de cinco años asustadas ambas y lloriqueando en la habitación de la pequeña mientras uno de los delincuentes las vigilaba. El hijo adolescente, inconsciente debido a un fuerte culatazo de una pistola y amordazado en su habitación y el padre con los tres restantes criminales. Le querían cerca, para poder abrir la caja fuerte. El golpe estaba perfectamente calculado y planeado...salvo por los bajos instintos de Roger Carmack, el criminal que estaba con la mujer y su hija.

Roger las miró y las dos féminas sintieron su ávida mirada a través de la oscuridad de la habitación. Sus ojos azules las observaron por los agujeros de la mascara de payaso sonriente. Estaba pensando en la mujer, de edad madura pero con un buen cuerpo...se divertiría con ella y después iría a por la niña...para ella tenía preparado un festival de rojo. La última vez no había podido disfrutar de su presa, ya que la policía le pilló en el momento oportuno, pero en ese momento no había policías cerca y sus compañeros estaban distraídos desvalijando al dueño de la casa y por las pocas señales de vida que daban parecían estar bastante ocupados.

El delincuente salió de la habitación, sin dejar de apuntar con su pistola a la madre y su hija y miró la escalera que iba desde el piso de abajo al que él estaba, por si sus compañeros llegaban, pero la casa estaba en total silencio...quizás en demasiado silencio, pero... ¿qué le importaba a él? Mejor, así.

Se adentró en la habitación y cerró la puerta tras de si, apuntó con la pistola directamente a la cabeza de la niña y pasó a la madre un rollo de cinta aislante y dos cuerdas. La mujer, llorando en silencio, tapó la boca de su hija y la suya propia con cinta aislante y ató a la niña. Después, el delincuente la ató a ella. La mujer cerró los ojos sabiendo lo que iba a pasar. Roger Carmack la abofeteó fuertemente y le colocó el arma en la frente. Quería que lo viera todo.

Dejó la pistola cerca de donde estaba y comenzó a bajarse los pantalones, cuando alguien golpeó en la puerta. Fueron dos toques fuertes, rápidos y seguidos. Roger dejó los pantalones donde estaban, agarró su pistola y abrió la puerta: no había nadie.

Miró a un lado y al otro del pasillo, salió a él alejándose unos metros de la habitación pero no vio nada, solo sombras y oscuridad. Volvió a la habitación y fue cuando lo vio, delante de sus presas.

Al principio no podía creer lo que era, pero a simple vista parecía un...murciélago enorme. Sombras sobre sombras, orejas puntiagudas, garras, las alas plegadas...y la cosa se dirigió hacia él.

Roger Cormack gritó con una niña y disparó varias veces sobre la criatura sin conseguir ningún resultado. Ni siquiera llegó a pensar que ninguno de sus disparos le había alcanzado.

-¡Socorro!- se sorprendió Roger gritando mientras corría por el pasillo.

Se volvió para ver a su perseguidor y un extraño objeto puntiguado le dio en plena cara, rompiéndole la nariz y haciéndole caer por las escaleras. Cuando llegó al final, tenía dos costillas y un brazo fuera de su sitio. El dolor le invadía en intensas oleadas y entonces fue cuando supo lo que todas sus victimas menores de diez años habían sentido antes.

Las lágrimas le caían por las mejillas y la sangre se diluía en su paladar, cuando la criatura llegó dónde estaba y le miró fijamente a los ojos. Solo tuvo tiempo de gritar de terror y caer en una deliciosa inconsciencia antes de que las sombras que llevaba la criatura consigo se le tragaran. Entonces sintió el autentico terror de todas sus victimas.

Green Lantern: All-Star

Escrito por Jerónimo Thompson

Hola amigos.

Soy Jerónimo Thompson, el tío que escribe Green Lantern para Action Tales de forma más o menos regular. En esta serie he venido siguiendo la continuidad oficial DC-AT, en la que partiendo del número 169 del volumen 3 de la serie americana (con algunas modificaciones leves), se asume la vasta, compleja e incluso en algún momento ridícula, historia de los personajes en los cómics. Sin embargo, en alguna ocasión me he preguntado cómo habría planteado mi Green Lantern si hubiese tenido la oportunidad de partir de cero.

Pues bien, hoy ha llegado el momento de comprobarlo. A continuación, podéis leer lo que sería el (breve) arranque de esa hipotética historia. No se trata de un "previo"; ni siquiera de un proyecto futuro. Sólo es una forma tan buena como otra cualquiera de pasar el rato.

-¿Puedo pasar? –preguntó el hombre de la gabardina desde la puerta.

-Adelante –dijo el doctor McNider retirándose un par de pasos de la cama. -¿Es usted el detective Corrigan?-.

-En efecto. ¿Cómo se encuentra su paciente?-.

-Bueno... Aún espero los resultados del TAC, pero yo diría que este hombre presenta un cuadro típico de catatonia post-traumática-.

-Ya veo... –murmuró el detective mientras se acercaba a la cama, y pasaba una mano frente al rostro del paciente sin conseguir que reaccionara. –No va a poder responder a mis preguntas, ¿verdad?-.

-Por el momento, lo dudo. Sin embargo, me ayudaría mucho saber más detalles sobre su caso; los agentes que lo trajeron aquí no quisieron decirme nada-.

-Tenían órdenes expresas de no hacerlo... Pero no hay problema, le contaré todo lo que sé-.

El detective Corrigan retrocedió hasta un pequeño sillón colocado a la derecha de la cama, y se derrumbó en él con gesto cansado.

-Si no le importa, llevo una noche de perros...-.

-Oh, por mí no se preocupe-.

-De acuerdo. El sujeto se llama Hal Jordan. Es piloto de pruebas en la compañía aérea Ferris y llevaba tres años casado con su propietaria, Carol Ferris; vivían en un ático, en el centro de Coast City-.

-Habla de ellos en pasado... –comentó el doctor.

-¿Sí, verdad? A las 9.35 de esta noche fuimos avisados por un vecino de los Jordan, alertado por los extraños ruidos que salían del ático. Cuando mis hombres llegaron allí veinte minutos después, encontraron el lugar completamente quemado, y en su interior, el cuerpo descuartizado de la señora Ferris y a Jordan en el estado que ve-.

-Vaya... –se sorprendió McNider. -¿Y sospechan que mi paciente pudo ser el responsable de todo?-.

-Es una posibilidad, pero no lo creo, doctor: encontramos a alguien más en el apartamento-.

-¿A quién?-.

-Buena pregunta... Sus restos estaban tan carbonizados, que ni siquiera los chicos de la policía científica están seguros de poder extraer una muestra de ADN aceptable para identificarlo-.

-¿Y el registro dental?

-No encontramos su cabeza-.

-Oh... ¿Y eso es todo lo que tienen?-.

-Desolador, ¿verdad? Lo único que sabemos, a través de la declaración del portero del edificio, es que los Jordan llegaron a su apartamento a las 7.25, pero aparte de eso... En fin, como puede imaginarse necesito interrogar a este hombre –concluyó el detective Corrigan señalando hacia la cama.

-Sí, lo entiendo... –murmuró el doctor McNider. –Bueno, si quiere puede acompañarme abajo, a ver si están listos los resultados de ese TAC-.

-Vamos –dijo el detective levantándose del sillón con pesadez. –No tengo nada mejor que hacer-.

McNider y Corrigan abandonaron la habitación en dirección a los sótanos del hospital dejando a Hal Jordan tumbado sobre la cama, observando fijamente el techo con sus ojos sin vida.

La pequeña lámpara colocada en la mesilla de su izquierda iluminaba parcialmente la habitación con una débil tonalidad sepia. Tonalidad que muy lentamente fue virando al verde, hasta transformarse en una luz nítidamente esmeralda.

A ambos lados de su cama, se materializaron dos figuras muy delgadas, de piel azul y sin pelo, que vestían unos sencillos trajes de color rojo con un extraño símbolo verde a la altura del pecho.

-Esto no debería haber ocurrido –susurró con voz grave uno de ellos.

-Sin embargo, el ataque de hoy confirma mis sospechas, hermano: tenemos un traidor entre los Guardianes. Siniestro sabía dónde encontrar a Hal Jordan-.

-Y aún así, nuestro nuevo Green Lantern ha logrado derrotarle sólo unas horas después de recibir su anillo. Abin Sur no se equivocó al elegirle-.

Los recién llegados contemplaron en silencio el cuerpo inerte de Hal durante varios minutos antes de continuar su conversación:

-Debemos llevárnoslo a la Ciudadela. Nuestros psíquicos sanarán su mente dañada-.

-Pero no le devolverán lo que ha perdido... ¿Crees que estará seguro en el Nexo de Realidades?-.

-El traidor acaba de perder a su agente de confianza en los Green Lantern Corps. No se atreverá a intentar nada todavía-.

-Muy bien, hermano. En ese caso, ya es hora de abandonar el universo 2814 –concluyó el otro posando sus dedos alargados sobre la frente de Hal.

Cuando la enfermera del turno de noche entró dos horas después en la habitación, sólo encontró una cama vacía iluminada por la cálida luz sepia de la lámpara.