En las oscuras cloacas debajo de la ciudad de Derry, algo se movía, apartando algo cuando andaba. Eran globos, globos de distintos colores, cientos de ellos, tal vez miles.
Era un payaso, su tez era blanca; tenía cómicos mechones de pelo rojo a cada lado de la calva y una gran sonrisa pintada sobre la boca.
- Hola amigo lector.... ¿No vas a decir... hola?.... Oh... Anda vaquero.... ¿No quieres un globo, eh?
- ¿No? muy mal por tu parte, seguro que cambiaras de opinión.- Dijo el payaso sonriendo, lo que revelaba unos dientes afilados como cuchillas.
- Bueno, amigo lector, el amigo Pennywise ha venido para contaros unas tiernas historias de navidad.... Historias que reconfortaran tu corazón y harán que pienses que feliz es la navidad ¿no me crees? Me ofendes ¿acaso has visto algún payaso que mienta?
La primera historia que tengo el placer de contarte es...
Sombras en el Cementerio Por el Dr.Banner
“La noche era fría, una de las noches más viejas que recordaba el viejo Creed. Se abrocho la chaqueta y se encendió un cigarrillo. El viejo Creed miró su reloj. Ya era hora de regresar a la caseta, donde estaría más seguro. Cuando estuvo en la caseta, cerró fuertemente las puertas y las ventanas, se sentó en su vieja silla a escuchar el cementerio.
Las puertas del cementerio se
abrieron de par en par, para dejar paso a una siniestra
comitiva, que apenas hacían ruido al caminar entre las lápidas de los fallecidos.
Recitaban palabras en voz baja, palabras arcanas que no se escuchaban desde
que el primer hombre caminara por
- Grant ¿quiénes son? ¿por qué profanan nuestro descanso?
A través de sus cuencas vacías y ensangrentadas observó a Beverly. Una chica guapa si uno ignora la herida abierta donde solía estar la garganta, tapada por un pañuelo empapado de sangre alrededor de su cuello. Las manchas del pañuelo resaltaban el rojo de su cabello y su top hacía muy poco por ocultar sus curvas.
A Grant le recordaba a su hija. Acarició su barba pensativo.- Son problemas, niña, muchos problemas.
Las figuras se detuvieron, como escuchando algo, se dijeron varias palabras en su maldito idioma, separándose después para buscar el tesoro más preciado para ellos. Muertos recién enterrados, su instinto les decía donde encontrarlos.
-¿Qué quieren, Grant? ¿por qué no les detiene el guardia?
-El viejo esta compinchado con ellos, le pagan con los objetos de valor que encuentran en los cadáveres. Te aconsejo que no mires, niña...
- ¡Dios, Grant? ¡están saqueando las tumbas!
- No, niña, están devorando los cadáveres...
Los intrusos empezaron a abrir las tumbas, y sonriendo cuando veían la carne putrefacta de la que se alimentaban.
- Debemos hacer algo, Grant.- Dijo Beverly con tristeza.
-No hay nada que podamos hacer.- Era un espectro que ninguno de los dos había visto nunca. Su aspecto era de haber sido quemado, su rostro era un amasijo de carne quemada y abrasada.
- Me
-¡No podemos dejar que sigan comiéndose nuestros cuerpos! Exclamó Beverly.
-Mirad, ¡otra persona entra en el cementerio!.- Gritó Grant.
Entre estatuas de piedra con forma de Ángeles solitarios y lápidas de piedra caminaba. Silenciosa, una figura. Envuelto en una capa color sangre, con un pentagrama grabado en su pecho desnudo, en su mano un largo tridente de metal. Sus ojos rojos sin pupilas visibles y una expresión de profundo pesar.
- ¿Quién es?
- Es uno de los señores infernales- Dijo Grant casi con temor.
Los devoradores de cadáveres dejaron su banquete y se volvieron hacía la persona que acababa de llegar. Con unos gritos espantosos, lo señalaron y intentaron huir espantados.
El señor infernal sonrió y enarboló su tridente, del que surgió una ola de llamas de fuego procedente de los mismísimos pozos del infierno. Los devoradores de cadáveres fueron fulminados, y cuando se estaban quemando se vio su verdadera forma, demonios deformes y repulsivos.
Se acercó a las cenizas de los demonios y miró a los espectros.
- He acabado con ellos, ahora queda algo por hacer.
Los tres espectros comprendieron.
Creer miró de nuevo su colección
de objetos preciosos que le habían dejado sus “socios”. Un anillo de oro con
rubíes, un diente de oro, un collar de perlas, varios pendientes de plata. ¡No
estaba nada mal! No señor. lo guardó todo en una caja.
Miró la hora en su reloj. La hora de sus pastillas para el corazón. Se las tomó
con un poco e agua, cogió la linterna y abrió la puerta de
-¿Por qué?
-¿Por qué dejas que mancillen nuestros cuerpos?
-¡¿Quién hay?! ¡salid, no os escondáis! Gritó Creed, que empezaba a ponerse nervioso. Ante él apareció un hombre sin ojos en las cuencas. Creed se quedó paralizado de miedo. Sus manos parecían moverse con voluntad propia y se pusieron alrededor de su cuello. Ahora veía dos figuras translucidas más, un hombre quemado y una joven.
-Te a llegado la hora, tu castigo es la muerte.
Las manos aferradas a su cuello apretaban cada vez más. Pero fue su débil corazón lo que le mató, no aguanto la tensión y se paró.
Beverly sintió un escalofrió que le recorrió todo su ectoplasma.
-¿Y ahora qué?
El señor infernal movió su tridente y un torrente de llamas fue formando algo, cuando se retiró, apareció un carro tirado por tres caballos, tres caballos con ojos brillantes y dientes carnívoros. Su dueño se subió al carro y extendió la mano, invitándoles a subirse. Los tres espectros aceptaron la invitación del Hijo de Satán y Hecate, Agnon y Set, los tres corceles infernales se elevaron en el cielo, dejando tras de si una estela de fuego infernal...”
Después de tan enternecedor relato, pasamos a uno protagonizado por alguien que haría parecer que yo soy un angelito... Pasamos a contar....
Breve relato de quien-tu-ya-sabes
Por Raúl Peribañez
"Flor sobre mojado"
El viento se convierte en poderosos
látigos que me azotan. Por
Frío, mucho frío.
Por cada metro que escalo mis pies y mis manos conocen una nueva piedra en la que sujetarme. Levanto la mirada y la cima parece alejarse, como si rechazara mi inevitable victoria. ¿Será que mi mente se nubla, que mi exhaustivo esfuerzo ha hecho que delire?
Frío, mucho frío.
El cielo parece abrir sus puertas sólo para deslumbrarme. Cierro mis ojos tanto como puedo, lo suficiente como para seguir escalando sin que la fulgurante luz me cegué. El viento vuelve a golpearme, empuja mi cuerpo contra una afilada roca y siento como por dentro me hago trizas. Grito, y por unos segundos mi soledad se rompe por el eco de mi dolor. Me detengo brevemente y el blanco de la nieve se tiñe de rojo. El rojo de mi sangre.
Frío, mucho frío.
Soy incapaz de recordar cuánto tiempo llevo aquí. ¿Minutos, días, horas? ¿Realmente está la cima tan cerca o sólo es parte de las falacias que veo a mi alrededor? Junto a mí se acerca un curioso ave, uno que soy incapaz de reconocer. Avanza sin dudar, mirándome fijamente a los ojos, como si no me tuviese miedo, sólo curiosidad. Revolotea a mi alrededor abriendo sus alas. Su pico parece moverse. Y mi soledad se interrumpe por sus palabras.
- ¿Por qué has venido aquí, muchacho?
- ¿Me estás hablando a mí? -le digo.
- ¿Eres gilipollas o qué? Pues claro que te hablo a ti. ¿A quién si no? Chico, no deberías de haber venido aquí.
- No voy a hacerte caso. Sólo eres un pajarraco.
- Ya, claro, pero soy el pajarraco de tu imaginación. Y si tú me has creado por algo será, ¿no?
- No encuentro ninguna razón. Ahora, lárgate.
- Creo que no lo acabas de entender. En tu mente las cosas son como tú quieres, pero imbécil de ti has venido aquí a arriesgar tu vida, y ahora mismo a tu cabeza le faltan algunos tornillos. Dicho esto no puedo evitar mencionar que tienes tan poca idea de aves que... joder, mírame, ¿qué puto ave soy yo?
- Uno muy feo. Lárgate si no quieres que te despedace.
- Ya, ya, sacarás esas cuchillas de afeitar y harás de mí tu cena, ¿verdad? Eso es lo que querrías, ¿eh? Tienes hambre, mucha hambre. Y el jodido frío de esta montaña te está destrozando, ¿eh, campeón? Pues entiéndelo: soy un puto ave sin sentido ni realismo, un maldito ave sacado de tu imaginación. Sayonara.
El pájaro se marcha y yo continúo mi escalada. Gracias a mi factor mutante, las heridas de mi cuerpo van cicacitrando poco a poco, pero el frío sigue penetrándome y hiriéndome por dentro. A veces tengo la sensación de que mi aliento es lo único que me recuerda que sigo vivo.
Mis brazos y mis piernas parecen moverse por sistema, siento el dolor en todos mis miembros, pero sé que debo hacerlo. No estoy loco a pesar de que veo pajarracos que me hablan. No estoy loco aunque crea que Dios no quiere que lo consiga. Tengo un objetivo, una meta. No estoy aquí por gusto, sino por respeto. Y por amor.
No sé cuándo, pero sí que he
llegado. Mis pies se apoyan en el pico más alto del mundo, aquel que tantos
otros buscaron y nunca lo consiguieron. Abro mi mochila y saco de ella una flor
que dejo caer en
- ¿Logan? ¿Me escuchas?
- Perfectamente, Scott. Alto y claro.
- ¿Lo has conseguido?
- Aquí estoy, en lo alto del Everest. Y la vista es increíble, por cierto. Ya he hecho todo lo que tenía que hacer, flacucho, así que podéis mover el culo para recogerme.
- Estaremos allí en un par de horas. ¿Podrás esperar?
- ¿Tú qué crees?
Scott Summers es buen tipo, pero a veces no ve más allá de mi fachada. El parecer un tipo duro es parte de mi encanto personal, pero hasta yo tengo mis sentimientos. No vine aquí por placer como él cree, sino para traerte tu flor favorita, Marko. Te ganaste mi amor eterno y eso es imposible de superar. Quiero pensar que en este lugar hoy estoy un poco más cerca de ti y tú un poco más de mí. Sé que es una tontería, pero qué menos podía hacer en el día de tu aniversario que honrar tu recuerdo.
Otros tiempos, otros mundos, amplias praderas llenas de nuevas presas que esperan ser devoradas por sus miedos... Quien sabe si algún día volveré mi mirada a las estrellas cuando mi ganado terrestres se agote... Mientras tanto leed...
Star Trek Valhalla: Reflexiones de Shyla Kell
Por el Dr. Banner
No era la primera vez que había tenido que hacerlo, desde luego, pero era la primera vez que había tenido que unirse a un huésped femenino. Como todos los trills, había vivido mucho y había tenido un sin fin de huéspedes con los que se unió simbióticamente.
Le sería difícil acostumbrarse, su anterior huésped murió en una misión en Rigel I, en una operación de rescate. Tuvo suerte que el doctor actuó rápido y pudo sustraer el simbionte del cuerpo moribundo de Jedzer Kell. Estuvo varios días en la enfermería hasta que enviaron un nuevo huésped desde el planeta Trill. Para su sorpresa, era una mujer, no tenía elección y además ya estaba preparado desde los complicados exámenes y pruebas que se deben de hacer para que el consejo de su mundo aprobasen unirse a un simbionte.
Como Jedzer Kell era un mujeriego,
conquisto a una gran cantidad de bellas mujeres. Farrel la terrestre,
Se observó en el espejo. Desde luego Shyla era toda una belleza. Cabello rubio, ojos azules, un esbelto cuerpo lleno de insinuantes curvas. Ahora eran un mismo individuo, una completa simbiosis , como muchas antes a lo largo de los siglos. Había sido Thurkon Kell, Bejal Kell, Nog Kell y muchos otros más antes de llegar a ser Shyla Kell.
Fue hasta el replicador y pidió
el uniforme estándar de
Salió de su habitación y se paseó por los pasillos de la base estelar.
En pie, el almirante Bowers contemplaba el amanecer en silenció. De repente, el almirante pareció reparar en su presencia y le sonrió:
- Teniente Kell ¿Cómo se encuentra?
- Lista para el realistamiento, señor.
- ¿Sabe cual es su próximo destino?
- Aún no he sido informada, señor.
- Hace unos meses se encontró
en el sistema Seronia, una base oculta de los antiguos iconianos. La base parece
que fue una especie de experimento, ya que se encontraba dentro de un enorme
asteroide, donde había un complicado ecosistema alienígena, con nuevas y extrañas formas de vida, tanto vegetal
como animal. Vamos a enviar a una expedición, que viajara en
- Los Iconianos, es una experiencia única. Y esas nuevas formas de vida...
- Su trabajo como exobiologa no ha pasado desapercibida, sin duda será una gran aportación al equipo. Y creo que conoces al capitán.
El capitán Eric Winters, claro que se acordaba de
él. Sirvieron juntos en
- Además de Winters, se reencontrará con otro viejo amigo, el Dr. Xizor.
- ¿Gruñido? ¡estupendo! –Exclamó.
Xizor era un caitiano, un felino con muy malas pulgas y más indisciplinado que nadie que hubiese conocido nunca, pero un buen compañero de juergas con el que había compartido diversión por las cantinas de medio cuadrante. Su apodo “gruñido” venia por como le llamaban todos a sus espaldas.
- Creo que me gustara mi nuevo destino, señor.
- Si no tiene inconveniente, le espera una lanzadera para llevarle a la Valhalla.
- ¿Tan pronto?
- Sí, el capitán Winters quiere partir cuanto antes.
Caminaron hasta el turboascensor y
se subieron al hangar 25 donde les esperaba
Shyla Dell estaba emocionada ante su próxima misión, una misión que estimulaba su mente experimentada y quizás esta vez fuese verdad esa frase terrestre:
“Viajar hacía donde ningún hombre ha estado jamás...”
Ah, los protagonistas del siguiente relato serian un buen bocado, una comida de lo más exquisita, un plato digno de un gourmet como yo...
Green Lantern #4,5
Alternativo: Interludio
por Jerónimo Thompson
La cabeza rasurada del Green Lantern mostraba diminutas gotas de sudor lechoso que caían libremente sobre su rostro ceniciento.
Con unos ojos ovalados que le permitían percibir desde el infrarrojo hasta el ultravioleta lejano, escrutó nervioso el callejón por el que avanzaba, sumido en las sombras proyectadas por las nubes de humo que arrojaban incesantemente los pozos ardientes de Apokolips.
Se veía incapaz de calcular el tiempo que llevaba corriendo: una hora, quizá dos...
¿Cómo podía haber cambiado tan rápidamente la situación? La guerra contra Apokolips había sido dura, y supuesto pérdidas considerables en ambos bandos, pero los Green Lantern Corps habían conseguido finalmente su victoria: Darkseid fue apresado y trasladado a Oa apenas dos días antes.
Hasta aquella misma mañana, Apokolips se hallaba bajo el control de los Corps, y los cerca de quinientos miembros del cuerpo que permanecieron en el planeta tras la última batalla, custodiaban sin grandes dificultades el ejército de Parademonios mientras los Guardianes del Universo decidían qué hacer con ellos.
Y sin embargo ahora...
El Green Lantern detuvo bruscamente su avance apoyando su espalda sobre una de las paredes del estrecho callejón, con la intención de permanecer oculto en las sombras. Por un instante, casi imperceptiblemente, había captado un movimiento en la acumulación de desechos que se levantaba a escasos metros de él.
Inmóvil en aquella posición, con sus doloridos músculos tensionados, podía sentir en el tórax el bombeo desenfrenado de linfa impulsada por sus dos corazones.
Otra vez aquel ligero movimiento.
No cabía duda: alguien se escondía tras la montaña de desperdicios. ¿Algún Parademonio? No lo creía; si hubiese caído en una emboscada ya estaría muerto. ¿Otro Green Lantern quizá?
Avanzando cerca de medio metro con mucho cuidado, consiguió ver una pequeña cabeza peluda gracias a sus formidables órganos visuales.
Tras observarlo detenidamente, acabó por reconocer el uniforme de la figura escondida y se atrevió a levantar su voz en lo que no fue más que un susurro:
-Eres un Green Lantern, ¿verdad?- dijo en el lenguaje común que empleaban los Corps cuando no contaban con la traducción simultánea proporcionada por su anillo de poder.
El pequeño individuo, cubierto de un grueso pelo oscuro por toda su cabeza y rostro, retrocedió con rapidez dispuesto a correr hacia el extremo contrario del callejón.
-¡No huyas, por favor! –exclamó el primero sin abandonar su tono susurrante. –Yo también soy un Green Lantern-.
-¿Sí? –preguntó el otro con tono desconfiado, deteniéndose a unos pasos.
-Me llamo Dit, del sector 41. ¿Y tú?-.
-Soy Meleandur, del 799- contestó aún con reserva. -¿Cómo has conseguido escapar?-.
Dit alzó ligeramente sus hombros puntiagudos.
-Como tú, supongo: corriendo tanto como pude-.
-Sí...- suspiró Meleandur contemplando el anillo que llevaba en el mayor de los tres dedos de su mano izquierda. –Sin su poder no somos gran cosa, ¿verdad?-.
-No digas eso- le recriminó el otro. –Los Guardianes han elegido a los mejores de cada sector para vestir este uniforme. Simplemente no estábamos preparados: todo ha ocurrido tan rápido...-.
Meleandur asintió afirmativamente, con una expresión de horror en su cara, oculta por las sombras del callejón.
-Los Parademonios se abalanzaron sobre mi grupo en cuanto desapareció su prisión esmeralda –recordó el pequeño Green Lantern peludo. -Están bien entrenados esos bastardos...-.
-Es cierto. No han necesitado ningún tipo de arma para acabar con nosotros: sólo la fuerza de sus manos y esos dientes afilados como cuchillas- añadió Dit, sintiendo un ligero escalofrío al recordar los acontecimientos de la última hora.
Ambos permanecieron callados un rato, escuchando los gritos distantes de sus compañeros, que huían desesperados por las calles laberínticas de aquel suburbio.
Dit observó también su anillo de poder antes de continuar hablando:
-¿Sabes cómo ha podido pasar?-.
-No tengo la menor idea, pero me crucé hace unos minutos con otro Green Lantern que había intentado comunicarse con Oa utilizando un sistema de transmisión convencional…-.
-¿Qué averiguó?- interrumpió Dit, ansioso por conocer la respuesta.
-Nada- contestó Meleandur angustiado. –No consiguió contactar con una sola terminal de Oa. Los Guardianes nos han abandonado...-.
-¡No! –exclamó Dit con firmeza. –Tiene
que existir una buena razón que explique lo ocurrido. Quizá Oa está siendo atacada
por alguno de nuestros enemigos y han conseguido dañar
-No lo sé, Dit... Ya no sé nada...- concluyó Meleandur hundiendo su rostro peludo entre las manos enguantadas.
Antes de que Dit pudiera acercase a su compañero Green Lantern, quizá para dirigirle algunas palabras de consuelo, sus orejas alargadas captaron un chasquido a su espalda.
Rápidamente volvió su mirada hacia el extremo del callejón, donde tres Parademonios cubiertos de sangre ajena bloqueaban el acceso, observándoles con excitación anticipada.
Al girar su cabeza hacia el otro extremo, vio a otros cuatro que se aproximaban lentamente hacia su posición.
-Meleandur...- murmuró Dit.
Captando el tono desesperado en la voz de su compañero, Meleandur descubrió el grupo de Parademonios que se acercaban por su izquierda. La expresión aterrada que apareció en su rostro, pronto se vio sustituida por una determinación sin esperanza.
-¡Por Oa!- exclamó irguiendo su pequeño cuerpo sobre los desperdicios amontonados.
-¡Por Oa!- respondió Dit corriendo hacia aquellas terribles bestias.
Monstruos, creéis que sabéis lo que es un monstruo ¿verdad? No estéis tan seguros, a veces el monstruo más terrible es el que esta en tu interior, agazapado, esperando salir...
Héroe por Omoloc
Banner atraviesa el norte del país con saltos que abarcan millas. Hace poco que creyó estar curado, pero forzó el cambio en su monstruoso alter ego sólo para no morir en un desierto nevado. Pero al hacerlo, para sorpresa suya, controlaba al monstruo y seguía siendo Banner, al menos en lo que a su mente se refiere.
Al bajar de uno de sus saltos y tomar impulso para una zancada más pareció oír un llanto de un niño. Al cortar el nuevo impulso de forma tan repentina sin controlar aún su fuerza no puede evitar caer de morros haciendo un ruido atronador.
El llanto cesa.
Tras sacudirse el polvo de su gran cuerpo verde ve junto a un lago al niño. Tendría unos 7 años y se ve que estaba llorando con la cabeza hundida entre sus brazos. Ahora tenía la cara mojada y miraba a Banner con enfado. Banner no puede evitar acordarse de el mismo con su edad y se agacha junto a él
- No te asustes… quiero ayudarte.
- Déjame. No me asustas. Sólo quiero estar sólo.
- ¿No te doy miedo?
- No… te he visto en la tele… tu eres bueno… luchas con los malos
- Si… a veces…
El niño se queda pensativo
- ¿Cómo puedo ser como tú?
- ¿Cómo yo?
- Me gustaría luchar contra los malos. Ser como Spiderman o el Capitán América. Ser un héroe como tu.
- Es posible que a veces luche con los malos pero eso no me hace un héroe. Yo nunca he querido luchar con ellos ¿sabes?
- Pero ¡eres muy fuerte! ¡Nadie puede contigo! ¡Ni siquiera Thor!
- Si, por eso ellos vienen a pelear conmigo, porque quieren demostrar que son más fuertes… o porque me tienen miedo y no quieren que les haga daño. A mi lo que de verdad me gustaría es ser normal, como tú. Tener una familia y cuidarla. Y que nadie me molestase.
- La familia es un rollo. Mi papá es malo.
Bruce recuerda a su propio padre y se pone tenso.
- ¿Por qué es malo?
- Porque me castiga. Me ha dejado sin tele porque me he peleado con mi hermana.
Bruce respira desahogado.
- ¿Y está bien pelearte con tu hermana?
- No…
- Pues seguro que tu padre solo quiere que sepas que no debes hacerlo. Seguro que tu padre está triste porque os habéis enfadado. Tu padre… ¿os cuida? ¿a ti y a tu hermana… y a tu madre?
- Si. Nos cuida mucho a los tres.
- Pues entonces tu padre no es malo. Tu padre es bueno. Eso si que es un héroe.
El niño abre mucho los ojos
- ¿Los papás son héroes?
Bruce se entristece, y esos grandes ojos verdes se llenan de lagrimas
- Todos no. Pero el tuyo sí. El tuyo te cuida y quiere que sepas lo que está bien y lo que está mal.
- … ¿Si?
- Si. ¿Sabes lo que puedes hacer? Ve y dale un beso muy grande. Ve y dile que le quieres mucho. Dile que de mayor quieres ser un héroe, como él. Y pídele perdón a tu hermana y dale un beso a ella también, para que sepa que la cuidas y que la quieres.
- … vale. ¡Gracias!
El niño se levanta y sale corriendo. De pronto se detiene vuelve corriendo hacia Banner y se abraza a su cuello y le planta un beso.
- ¡Sabía que eras de los buenos!
Y vuelve a salir corriendo hacia su padre
Banner se levanta y mira hacia el cielo. Se acuerda de su madre que le cuidaba y le quería. Y piensa que quizás después de todo un monstruo es la gente como su padre: Brian Banner y Hulk solo es un niño que nunca pudo serlo.
Y salta hacia su casa.
Bueno, amigo lector, el tío Pennywise tiene cosas que hacer antes de que termine el año, muchos niños esperan sus regalos, y les llevaré un globo para alegrarles un poco...
- ¿Qué si los globos flotan? ¿por quien me tomas? ¿por un farsante? ¡Claro que flotan!
Oh sí... todos flotan, sí, todos flotan... y cuando tú estés aquí, conmigo... ¡también flotarás!....