LOS VENGADORES DE ROGER STERN: UNA OBRA MAESTRA INFRAVALORADA 

Por Ángel Guerrero

Enero de 1983. Roger Stern empieza a estar en boca de todos los aficionados al cómic americano gracias a sus primeros y maravillosos números en Amazing Spider-man junto a John Romita Jr. En ese mismo mes se edita su primer guión en solitario para los héroes más poderosos de la Tierra: Los Vengadores. Ya antes había catado esta experiencia junto a David Michelinie y Steven Grant (Avengers 185, 190, 191 y 201 USA) pero ahora, en solitario, tiene la tarea de hacer avanzar las aventuras de los Vengadores hacia un futuro incierto, tras dejar atrás un pasado irregular y lleno de baches. La última gran etapa de Los Vengadores había transcurrido hacía más de dos años, con el fabuloso número 200 USA, pero desde entonces un continuo baile de guionistas y dibujantes había dejado la colección en unos niveles de calidad ínfimos. Se necesitaba un cambio y para eso se dejó la colección en las capaces y prometedoras manos de este genio infravalorado: Roger Stern.

            El número 227 de The Avengers es su debut en solitario y el 285 su último número en las mismas condiciones, aunque los dos siguientes, con guiones de Ralph Macchio, estaban basados en ideas suyas. Tan solo el 280, con guiones de Bob Harras, queda fuera de sus manos. Forum publicó este material en la colección Los Vengadores vol.I  entre #38 y #78, además de en los Especiales siguientes: Primavera 87, Verano 87, Navidad 88, Verano 88 y Primavera 89. Asimismo, la “Saga de los Señores del Mal” fue recopilada en el Obras Maestras #36.

En estos casi 6 años, dos etapas se pueden apreciar con total claridad. La primera abarca desde su debut en el 227 hasta el 254, casi siempre con dibujos de un tosco, pero eficaz, Allen Milgrom, que en muchas ocasiones es embellecido por los fabulosos entintados de Joe Sinnot. La segunda etapa, donde el buen hacer de este guionista llega a cotas exquisitas y pocas veces alcanzadas en esta colección, transcurre desde el 255 y nos lleva hasta el 287, donde Ralph Macchio remata sus últimos argumentos. Esta última etapa coincide con la “segunda llegada” del gran John Buscema a los lápices de la colección, ayudado, a veces más de la cuenta, por Tom Palmer, entintador poco fiel al original y que deja su propia seña de identidad en sus trabajos. Para bien o para mal, Tom Palmer es la imagen gráfica de los Vengadores durante el último lustro de los 80 y el primero de los 90.

UNA PRIMERA ETAPA DE TANTEO

Pero volvamos a Roger Stern, que es quién nos interesa. Su debut en el ya citado número 227 empieza, curiosamente, con la presentación como “miembro en entrenamiento” del grupo de un personaje creado por él: la Capitana Marvel (o Capitán Marvel II). Y digo curiosamente porque Stern no se caracteriza precisamente por ser un creador de personajes, ya que siempre ha preferido utilizar el variadísimo reparto del que disponía a lo largo y ancho del Universo Marvel. Sus vastos conocimientos se lo permitían, y con una maestría total, les sacaba todo el jugo. Veremos una y otra vez como recurre a enemigos de Spider-man (Rhino, Escarabajo, Shocker), o de los 4 Fantásticos (Mago, Annihilus, skrulls, Terminus), para crear aventuras totalmente inmersas en la continuidad Marvel, hasta llegar a ser la colección base de la editorial en este aspecto. También recuperaría, en la misma onda, a villanos de colecciones menores, como Apagón (desde las páginas de Nova), o los Fantasmas del Espacio (Rom). Destacable es la recuperación de Piedra Lunar como supervillana proveniente de las páginas de Incredible Hulk. Queda claro pues que Stern no estaba por la labor de inventar personajes, pero eso no es óbice para que incluya en los Vengadores a la que ha sido su mayor creación: Mónica Rambeau, la Capitana Marvel, que hizo su debut en el Amazing Spider-man Annual 16 (XII-82). Su evolución a lo largo de toda esta etapa será uno de los puntos fuertes en la colección, y le llevará incluso a tomar el mando del grupo, demostrando así el gran carácter de esta chica negra procedente de New Orleans.

Durante esta primera etapa, Stern parece ir con pies de plomo a la hora de escribir sus guiones ya que no utiliza a villanos importantes para sus enfrentamientos. No recurre a los habituales pesos pesados (Ultrón, Kang), sino que emplea a otros villanos de segunda fila y provenientes de otros títulos para que, agrupándolos, pongan en aprietos a nuestro grupo. Pero el fin último no es otro que ir atando cabos sueltos dejados con anterioridad y dar un poco más de profundidad a ciertos personajes. Así, el primer cabo suelto que ata es el de la “traición” de Hank Pym, aprovechando para profundizar en su ahora ex-esposa, Janet Van Dyne, la Avispa. Simultáneamente, también desarrolla la amistad entre esta última y Hulka. Y con este marco de fondo, va utilizando una serie de amenazas menores, como los Señores del Mal capitaneados por Cabeza de Huevo, el Mago, el Hombre Planta, Morgana Le Fey  o un grupo de villanos escapados del proyecto Pegaso (Piedra Lunar, Apagón, Rhino y Electro). Mención especial merece el episodio cross-over con Los 4 Fantásticos, dibujado por un John Byrne pletórico, donde se enfrentan a Annihilus. Las consecuencias de esta batalla se harán notar inusitadamente más adelante, ya que la Visión cae en un “coma robótico” cuya solución no será precisamente muy satisfactoria para el grupo.

Un primer punto de inflexión en la serie lo marca el Avengers #243, pero antes de eso, destacar algunos detalles. El primero es que Stern muestra su respeto por la continuidad cuando trata temas provenientes de otras colecciones con gran esmero, como Tony Stark dejando su puesto de Iron Man a James Rhodes o como los hechos acaecidos en la serie limitada de Ojo de Halcón, en la que se casará con Pájaro Burlón. El segundo es que Stern parece estar muy a gusto tratando a los personajes femeninos, llegando incluso a contar con un equipo totalmente femenino en la primera página del Avengers #240, donde la Avispa, Hulka, la Bruja Escarlata y la Capitana Marvel ayudarán a Tigra a resolver un problema “fantasmal” relacionado con Jessica Drew, Spiderwoman. Y el tercer detalle a destacar es que, como debe ser, el grupo no permanece estático. Si bien solo aumenta oficialmente con la llegada de Eros de Titán (bautizado Starfox por la Avispa), va a gozar de la ayuda de muchos invitados, desde el mismísimo Spider-man hasta el Dr. Extraño, pasando por los 4 Fantásticos y Mortaja. Una etapa muy movida, que tapaba en cierta manera unos guiones un poco flojos.

Y llegamos a ese punto de inflexión. En el #243, los Vengadores vuelven de las Secret Wars (serie limitada que agruparía durante 12 meses a los héroes y villanos más populares del momento, enzarzados en una batalla en un planeta desconocido), y nos encontramos con varios cambios. El primero de ellos es que Hulka ya no les acompaña, debido a que ha sustituido a la Cosa como miembro de los 4 Fantásticos. El segundo, que durante la desaparición de gran parte del grupo, en la Tierra, la Visión toma el mando de los Vengadores que quedan y tras la vuelta de los desaparecidos, sigue con dicho mando. Su primera decisión es, ni más ni menos,  abrir una nueva sucursal del grupo en California: son los West Coast Avengers, con Ojo de Halcón al mando, y que merecerían un artículo para ellos solos (en España se les conoce como Nuevos Vengadores). Lo que parece una decisión lógica es, en realidad, parte de un plan de la Visión, que ya hace algunos números que empezaba a comportarse de manera rara, desde su salida del coma gracias a la “conexión” que Starfox realizó entre nuestro querido sintozoide e ISAAC, la computadora que controla Titán. A partir de aquí se desarrolla una serie de aventuras anodinas, aunque no por ello carentes de interés ya que la verdadera tensión va transcurriendo en el trasfondo, con una Visión más manipuladora que nunca. Mientras el grupo se enfrenta a amenazas tan dispares como los Fantasmas del Espacio, los Desviantes (con Maelstrom a la cabeza), el Barón Azufre, los Hermanos Sangre o los demonios de Surtur (en un cross-over con la colección Mighty Thor), la Visión va controlando subrepticiamente a sus compañeros, con un objetivo loable (acabar con el mal en la Tierra), pero con un “modus operandi” poco agradable (apoderándose de las redes informáticas mundiales y, por tanto, ejerciendo el control sobre la Tierra de manera parecida al que ejerce ISAAC, la computadora viviente de Titán). Esta saga, llamada “Visión Ilimitada”, eclosiona en el Avengers #252 y tendrá su final en el #254, aunque como hemos visto, desde muy atrás se estaba gestando gracias a la paciente y memorable pluma de Stern. Durante todo este período nuestro guionista tiene tiempo para seguir sacando a personajes invitados como Paladín, Hulka o los Eternos con Sersi e Ikaris a la cabeza. Y no contento con eso, sigue moviendo las filas de los Vengadores, esta vez con la reincorporación de Hércules y del Caballero Negro, además de recurrir a la inestimable ayuda del Hombre Maravilla para solventar la situación.

Se cierra así la primera etapa del período Stern, donde lo más destacable ha sido esta última saga (a la cual John Byrne sacaría más provecho en su etapa en Los Nuevos Vengadores) y el desarrollo gradual de algunos personajes como la Capitana Marvel y la Avispa, cada vez más asentada en su rol de presidente del grupo, hasta la irrupción de la Visión. Una lástima que el apartado gráfico no cayera en manos más capaces que las de Al Milgrom, que sin ser un mal narrador, sí dejaba mucho que desear debido a sus enfoques demasiado estáticos y a sus trazos bruscos y toscos. No quiero imaginar lo bien que hubieran quedado estos números con los dibujos de, por ejemplo, George Perez o John Byrne.

LA SEGUNDA ETAPA: ÉPICA Y DRAMÁTICA POR IGUAL

Entramos sin apenas poder contener la respiración en la segunda etapa de Stern, marcada esta vez por los majestuosos lápices de John Buscema y por las eficaces tintas de Tom Palmer, que inician esta nueva singladura en la colección a partir del Avengers #255. Y ahora sí, ahora Stern se aprieta el cinturón y da lo mejor de sí mismo con historias verdaderamente épicas, trágicas y llenas de tensión. Con villanos de primera fila (salvo alguna excepción), al mismo tiempo que continúa, y no me canso de decirlo, con el desarrollo de su personaje, la Capitana Marvel. Precisamente en este número, la Capitana Marvel es casi la protagonista exclusiva de la historia, y es que nuestra querida Mónica fue enviada por la Visión (como parte de su plan para quitársela de en medio) a investigar la nave de Thanos, Santuario II, al otro extremo de la galaxia, con tan mala fortuna que se verá incapaz de encontrar el camino de vuelta a la tierra debido a las maquinaciones de los secuaces de Nébula, la autodenominada nieta de Thanos y, en mi opinión, segunda gran creación de Stern. Magnífico personaje lleno de inquina y maldad, manipuladora como su supuesto abuelo y que tendrá gran importancia en el futuro de la colección. Lástima que más adelante, Walter Simonson, en uno de sus pocos errores, le asignara un papel relacionado con Kang que no haría otra cosa más que crear confusión. Curioso. También fue Simonson quien “acabó” con la trayectoria ascendente de la Capitana Marvel. ¿Desavenencias entre Stern y Simonson que terminaron con la venganza de este último? Sólo podemos conjeturar.

Retomando el hilo argumental iniciado en el #255 y metiendo una historia de relleno con Terminus en la Tierra Salvaje (#256-257), Stern sigue creciendo a pasos agigantados. Lejos de verse entorpecido por el obligado cross-over con las Secret Wars II, se aprovecha de éste para enfrentar a los Vengadores en un combate a cuatro bandas entre los sicarios de Nébula, los skrulls y el Todopoderoso (#258-261). Ahí va eso. Tan solo Chris Claremont fue capaz de sacar un provecho similar a la visita del Todopoderoso a la Tierra. Que sirva esto como prueba del portentoso trabajo de Stern, ya que en el resto de colecciones que sufrieron la visita del Todopoderoso durante las Secret Wars II, el resultado fue mediocre. Además, mostrándose una vez más como un hombre de la casa, Stern se embarca en una minisaga de dos números (#262-263) donde, primero, une al grupo al que va a ser uno de los miembros más polémicos, Namor, el Hombre Submarino, y segundo, participa con el primer paso para la vuelta a la vida de Jean Grey, componente fundadora de la Patrulla X. Esto da pie a una nueva colaboración con Byrne, aunque sea tras bambalinas, ya que la historia continúa en la colección de Los 4 Fantásticos, para posteriormente desarrollarse en una nueva serie mutante, Factor X.

Todo esto me da pie para hacer un paréntesis y subrayar las buenas relaciones de ambos guionistas, Byrne y Stern, ya que la colaboración entre ambos es continua, rentable y muy satisfactoria. Hay ejemplos de dicha colaboración a lo largo de toda la etapa de Stern, como el enfrentamiento contra Annihilus en el Avengers #233, el paso de Hulka de un equipo a otro, el cross-over entre los anuales de Vengadores y 4 Fantásticos del año 1985, o la colaboración de Byrne en el anual 13 de Los Vengadores. Incluso ya en el primer número de Stern (el citado 227), Reed y Susan visitan a Janet para darle ánimos tras su divorcio con Hank. En definitiva, Stern y Byrne han demostrado ser dos guionistas con ideas parecidas y con una gran amistad que ha permitido la colaboración entre ambos, dando resultados positivos. Hoy día podemos seguir disfrutando de este dúo en la serie limitada La Generación Perdida, publicada por Forum en este año 2003, en tres tomos.

Cierro el paréntesis y nos embarcamos de nuevo en las épicas historias que Stern nos relata, tras dejar atrás al Todopoderoso (#265-266), los skrulls y Nébula.  Namor se integra en el grupo y hace un estupendo contraste con Hércules, con el cual no parará de discutir e incluso llegará a las manos. El destino (si es que esta palabra tiene algún significado en boca del villano que a continuación aparecerá) hace que los Vengadores vuelvan a cruzarse con Kang (#267-269). Stern se desenvuelve con prodigiosa facilidad por los sinuosos senderos del tiempo y del limbo. Me atrevo a decir que este Kang, como parte de un infinito números de contrapartidas suyas surgidas de las muchas líneas temporales existentes, es el mejor Kang de toda la historia del Universo Marvel. Si a eso unimos la participación de Ravonna e Inmortus, para complicar el asunto aún más, el resultado es una historia fluida, de fácil lectura y comprensión, al mismo tiempo que épica y tensa. Los Vengadores empiezan a sentir la presión de las amenazas que en tan poco tiempo han ido enfrentando, al mismo tiempo que sufren desavenencias internas debidas a los continuos enfrentamientos entre Namor y Hércules o entre Hércules y la Avispa, cuando el primero ponga en duda la labor en el liderazgo de la segunda. Stern mueve los hilos poderosamente en todos los aspectos y entrelaza sucesos viñeta tras viñeta donde tanto interés tiene la amenaza a la que combaten como las disputas entre ellos.

Pero si parecía que el ritmo de la serie no podía crecer más, que los peligros no podían ser mayores, que las desavenencias internas no podían sobrepasar ciertos límites, Stern nos muestra que las apariencias engañan. Tras un enfrentamiento, ayudados por Alpha Flight, contra las hordas atlantes de Attuma y tras ver como Namor deja los Vengadores para salir en búsqueda de su amada Marrina (#272), llega el mejor año de historias de los Vengadores. Ya estabamos viendo como en las sombras se preparaba algo contra ellos, alguien estaba reuniendo una fuerza de choque que presagiaba malos augurios. Y todo desemboca en la portentosa saga que conocemos como “El Ataque a la Mansión de los Vengadores(#273-277). El responsable no podía ser otro que el Barón Helmut Zemo, hijo de Heinrich Zemo, y que ha reunido a unos nuevos Amos del Mal más sanguinarios, poderosos y crueles que nunca. Su odio hacia el Capitán América le lleva a reunir a villanos como Titania, el Hombre Absorbente, el Grupo Demoledor, Tiburón Tigre, Apagón, Piedra Lunar, Goliath, Mr. Hyde, el Arreglador, y Chaqueta Amarilla II para combatir a los Vengadores y destruirlos sin piedad. Primero se aprovecha de las debilidades de estos, como las continuas puyas de Hércules dudando del liderazgo de la Avispa o la falta de concentración del Caballero Negro, totalmente venido abajo por la falta de interés de la Avispa hacia él. Es el momento de un ataque directo y demoledor al corazón de los Vengadores, a la Mansión, y a su miembro más débil: Jarvis, el fiel mayordomo.  Uno tras otro, caen emboscados y cruelmente apaleados el Caballero Negro y Hércules. La Capitana Marvel es derrotada al ser enviada a una dimensión de la que no puede escapar, como bien sabe Zemo. De ello se encarga un insano Apagón, cuya mente se debate en el filo de la locura, y con una manipuladora Piedra Lunar favoreciendo ese destino. Todo estaba calculado, todo estaba preparado. Los Amos del Mal no podían perder. Es más, ya habían ganado. Así lo demuestran cuando dejan el cuerpo sin vida de Hércules frente a la Mansión. Sí, sin vida. Así lo confirma la estremecedora última viñeta del Avengers #274, cuando la Avispa grita que Hércules no tiene pulso. Sobrecogedor. Jamás Hércules había recibido una paliza tal. Jamás los Vengadores habían pasado por una situación como ésta. Y lo peor aún está por llegar. El Capitán América también ha caído rehén de los Amos del Mal y Zemo le ataca donde más le duele. El Capitán tiene que soportar como delante de sus mismos ojos, Jarvis y Dane, el Caballero Negro, reciben una paliza tras otra hasta casi morir. Y cuando esto no funciona, Zemo le ataca en sus recuerdos, destrozando las pocas fotos que Steve guardaba de su madre y el primer escudo que utilizó como Capitán América. La única libre es la Avispa, con la moral por los suelos por sentirse responsable de semejante tragedia. Pero los Vengadores son llamados los héroes más poderosos de la Tierra, y lo van a demostrar. Lo van a demostrar sobreponiéndose a todo. Sufrirán, serán heridos y algunos morirán, pero se sobrepondrán. Ahora son ellos los que se aprovechan de las desavenencias en las filas de los Amos del Mal (Piedra Lunar, egoísta ella, decide que el poder de Apagón está mejor en sus manos que en manos de Zemo). Con un esfuerzo sobrehumano, el Caballero Negro escapa y, con él, el Capi. Y desde fuera, la Avispa se refuerza con un nuevo miembro, el Dr. Druida, y con la vuelta de un peso pesado, Thor. A ellos se les une la Capitana Marvel, que ha escapado de su prisión dimensional. “¡Cuidado, Señores del Mal! ¡No en vano se llaman Vengadores!” Esto leemos en la portada del #276. En este tebeo y en el siguiente presenciamos la batalla final, donde los Vengadores salen victoriosos, pero a un alto coste. Las heridas de Hércules y Jarvis son mortales, sobre todo las del primero que cae en un profundo coma. La Mansión es destruida totalmente. Los recuerdos que Zemo destruyó son irrecuperables. Los Vengadores pueden haber vencido en la batalla, pero también han salido derrotados. Aquí no hay vencedores.

Y llegamos al final de la etapa de Stern, al último año de su estancia en Los Vengadores. Y aún nos depara sorpresas, y gordas. La Avispa decide no seguir en el grupo (#278) y, por tanto, no continuará como presidente del mismo. Es necesaria una nueva formación, que será la siguiente: Capitán América, Hulka, Caballero Negro, Thor, Capitana Marvel y Dr. Druida. Y la sorpresa, el nuevo presidente. El Capitán da su voto de confianza a la Capitana Marvel y ésta acepta (#279). El personaje sigue evolucionando con coherencia y da el siguiente paso. Lejos de seguir los pasos de Jean Grey (Fénix), el poder absoluto que maneja la Capitana no la corrompe, todo lo contrario, la engrandece. Nunca un personaje con tanto poder en el Universo Marvel había sido tan cuerdo y válido. Otro acierto de Stern. Pero una oscura sombra se proyecta en el futuro inmediato del grupo. Si el examen que acaban de pasar había sido el más importante de su historia, ahora tienen uno mucho peor, por los niveles de poder que aquí confrontarán. Nada más y nada menos que los dioses griegos (#281-285), con Zeus a la cabeza, secuestran a los Vengadores, Namor y Avispa incluidos, y todo porque los culpan de la situación de Hércules. Una batalla tras otra contra los más poderosos dioses del Olimpo en ese mítico reino es algo que los Vengadores quizás no puedan soportar, pero no es así. Una vez más sobreviven. Es más, una vez más vencen. Incluso el mismo Zeus se ve humillado por el dolor que le inflige una mortal llamada, como no, la Capitana Marvel. Todo acaba, por fin, adecuadamente, cuando Hércules sale del coma y su padre entra en razón.

Y llega el final. En Avengers #286-287, Ralph Macchio guioniza el principio de la saga Heavy Metal, bajo argumentos de Stern. Dicha saga será acabada por el propio Macchio. Un guión flojo, y algo confuso, es lo que nos queda de esta historia. El Superadaptoide, con el poder del telépata Mentallo, y ayudándose de un grupo de variados robots procedentes de los rincones más insospechados del Universo Marvel, intenta duplicar el poder de Kubik, ser creado a partir del Cubo Cósmico. Con la vuelta de Steve Rogers, esta vez con el rol de Capitán (a secas), todo se soluciona.

¿UNA OBRA MAESTRA?

Tras todo lo comentado en este artículo, no me cabe ninguna duda de que estamos ante uno de los mejores cómics de la década de los 80, sobre todo tras la llegada de John Buscema y Tom Palmer. A esta altura de la colección, es una obra maestra. ¿Por qué no es tratada como tal? ¿Qué le falta para tener ese título? En mi opinión, nada. Creo que si no es considerada una obra maestra es por una coincidencia. Más bien, por varias coincidencias. Esta etapa fue publicada entre 1983 y 1988. En esos años tuvo la mala suerte de coincidir con muchas otras obras maestras que le quitaron protagonismo. Born Again de Daredevil, con Miller en plenitud de forma, fue publicada en 1986. Los 4 Fantásticos de Byrne, entre 1981 y 1986. La Patrulla X de Claremont hace ya tiempo que es una obra maestra y durante esos años goza de una etapa excelente con Paul Smith, John Romita Jr. Y Mark Silvestri. El Thor de Simonson causa furor. Y por si fuera poco, la más directa rival de Marvel, DC, publica Crisis en Tierras Infinitas, DK, Batman: Año Uno, Watchmen, Nuevos Titanes de Wolfman y Pérez, y con los últimos coletazos de Los Vengadores de Stern, coinciden los inicios de la JLA de Giffen y del Superman de Byrne. Muchas obras maestras concentradas en unos 6 años de un despliegue de suprema calidad que, inevitablemente, repercutieron en la valoración de un producto como fueron Los Vengadores de Stern. Un producto infravalorado.

¿Me atreveré a decir que Los Vengadores de Stern son tan buenos como Watchmen o como Born Again? ¡Qué diablos! A mí me hicieron disfrutar tanto como estas obras maestras... y si no es aquí... ¿dónde voy a decirlo? Sí, lo son