“¡El enigmático Doctor Octopus! ¡La monstruosa abominación! ¡La letal Elektra!

¡El siniestro Duende Verde! ¡El misterioso Conde Nefaria! Juntos se reúnen para combatir el mal haya donde aparezca”

Stan Lee y Action Tales presentan: Los Vigilantes

ESTE ES TU MIEDO

PARTE 3

Escrito por The Stranger/ Portada: Edgar Rocha

Anteriormente en Los Vigilantes: Zoltan Drago y Melvin Potter, en secreto los vigilantes urbanos conocidos como Mr. Miedo y el Gladiador, malogran una operación de Kingpin, más conocido como Matt Murdock, el cual no creía en estos personajes hasta el momento. Mientras Zoltan decide planear el próximo movimiento y Melvin se lamenta de sus problemas personales, Murdock contrata al asesino a sueldo conocido como Puño de Hierro.

Zoltan Drago se intentó levantar pero un fuerte dolor en las piernas y en la espalda se lo impidió. Gruñó al sentir la flojedad de su mandíbula. La sangre le caía por la barbilla pero la mascara de la calavera no dejaba que saliera. Vio a unos metros de donde estaba como su amigo, Melvin Potter, con el traje de Gladiador, peleaba con el asesino a sueldo que habían mandado a por ellos. El asesino que estaba a punto de matarles.

“Hemos caído en su...trampa...se me va la cabeza...hemos caído y ahora...ahora...estamos muertos”, pensaba Zoltan mientras la cabeza se le iba.

Veía como su compañero daba un par de puñetazos al asesino y como este comenzaba a darle una tremenda paliza. Era rápido, sabía pelear y era un profesional. Ellos sin embargo, eran el encargado de un pequeño museo de cera de barrio y un sastre. Eran unos fracasados y eso es lo que escribirían en sus lapidas. Habían caído en la trampa de Kingpin y eran unos fracasados.

-Melvin...Melvin...- tosió sangre y notó que varias partes de la mascara estaban rotas-. Gladiador...no...

Observó como el asesino pegaba una fuerte patada en el interior del muslo derecho de su amigo y este caía de rodillas. El mercenario le cogió del cuello y se dispuso a matarle mientras sonreía.

-No...No...

Mr. Miedo vio entre mareos y las ganas de desvanecerse, a un lado, su pistola: la que lanzaba las cápsulas con el gas del miedo.

Alargó su brazo derecho escuchando un crujido. El dolor le recorrió el cuerpo como si fuera una descarga eléctrica, pero la visión de su amigo a punto de morir le ayudó a superar el horrible tormento. Cogió el arma y como pudo apuntó al asesino a la cara. Vio que su amigo llevaba aún el casco del traje de Gladiador y rezó para sus adentros.

Puño de Hierro miró a Mr. Miedo y sonrió aún más.

-Idiota, eso no funcionó antes.

Zoltan Drago dijo algo y apretó el gatillo.

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Veinticuatro horas antes.

-Has llegado muy rápido, Danny- dijo Matt Murdock a su invitado.

Danny Rand, conocido en los círculos de mafiosos, asesinos a sueldo y mercenarios como Puño de Hierro, sonrió ampliamente y asintió.

-No estaba tan lejos y en cuanto Kingpin te llama...sería una estupidez decir que no. Todos quieren trabajar para ti, Matt.

-Lastima que nuestra amistad siempre haga que te llame.

-Una lastima- Danny se volvió y miró a Luke Cage que estaba flanqueando la puerta del despacho de su jefe-. Una lastima para los demás. ¿Qué tal con Luke?

-Muy bien. Gracias por recomendármelo.

-Cuando termine mi trabajo iremos a comer. Tengo cosas que hablar con él.

-¿Asuntos de chicas?

-Entre otros asuntos. Hace poco me encontré con una vieja novia suya.

-Ya. Todo son negocios y mujeres. ¿Verdad?

-Casi todo- Danny Rand frunció el ceño y se pensó la siguiente pregunta-. ¿Sabes lo de Elektra?

Matt Murdock se puso serio pero no dijo nada hasta pasados unos minutos. Danny era uno de sus hombres de confianza, a pesar de ser un asesino a sueldo que iba con quien más le pagaba, pero sabía que si alguien podía averiguar algo sobre Elektra ese era él.

-No me interesa.

-Se dice en nuestros círculos que trabaja para el Gobierno.

-Eso no es nuevo.

-Lo que sí es nuevo es que trabaje en un grupo especial, con otras personas con...habilidades especiales.

-Últimamente solo escucho eso...personas con habilidades especiales. Cada vez hay más y ahora me han jodido.

-¿Alguien con poderes?

-Eso creo. Parecen ser dos leyendas urbanas de la Cocina del Infierno. Supongo que dos vigilantes urbanos...poco más, pero me han cabreado.

-¿Datos físicos?

-Uno viste de negro  y con una mascara de calavera. El otro viste como un gladiador romano.

-Vaya, muy vistosos. ¿ La Cocina del Infierno has dicho?

-Sí. Me gustaría que empezaras mañana por la noche. Hoy puedes quedarte a dormir por aquí, en el edificio. Me fío de Luke pero te quiero tener cerca. Para eso te pago lo que te pago.

-Bien dicho. ¿Qué pasa con Luke?

-Ya te he dicho que...

-Matt, no te creo.

-A pesar de sus habilidades sobrehumanas creo que siente algo de desconfianza por esos tipos disfrazados. Además, prefiero tenerle a él para lo legal y a ti...más para lo extraoficial.

-Estupendo- Danny se levantó y estrechó la mano de su amigo-. Tendrás una habitación preparada para mí.

-Una planta por debajo de esta. Que Luke te lleve.

-Gracias. Tranquilo, mañana por la noche te traeré los cadáveres de esos dos fantoches.

-Estoy tranquilo.

Matt Murdock vio como Danny Rand y Luke Cage salían de su despacho. Había dicho que estaba tranquilo, pero también lo había estado antes de que esos dos vigilantes le costasen tantísimo dinero. ¿Debía seguir estando tranquilo?

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-No puedes estar hablando en serio.

Melvin Potter miró a su amigo como si se hubiera vuelto loco, una mirada que últimamente le echaba demasiado a menudo.

-Piénsalo, Melvin. Hemos tenido éxito en fastidiar a Kingpin y ahora es cuando tenemos que atacarle, mientras está distraído con nuestra intervención en el puerto.

-Hablas de Kingpin.

-También decías lo mismo antes de hacer lo del puerto, antes de salvarles la vida a todos esos inmigrantes ilegales de los que pensaba aprovecharse. ¿Estamos muertos? ¿Estamos en peligro? ¡No! El plan salió a pedir de boca. Hemos causado problemas a Kingpin, Melvin.

-Zoltan...no...Esto se nos está yendo de las manos. Es Kingpin y tú...tú...pretendes que le ataquemos en su propio despacho. No, miento...pretendes que vayamos a por Matt Murdock...uno de los jueces más respetados de la ciudad, del país...no sabemos si es Kingpin.

Zoltan rió durante unos minutos mientras su amigo miraba al suelo.

-¡Todos saben que es Kingpin! ¡Todos lo saben, Melvin! ¿Por qué no está en la cárcel? Nuestro sistema judicial está corrupto y se mueve lentamente y por medio de pruebas. Es un juez, como tu bien dices, uno de los más respetados del país... ¿Crees que no tiene cogido de los huevos a más de uno? ¿Crees que no tiene amigos en lo más alto? No lo dudes...pero  ni tú ni yo somos policías, Melvin. ¿Él quiere jugar? Juguemos a su condenado juego. Nada de leyes, nada de policía...solo nosotros y él.

-Nadie le ha condenado por lo del puerto, su nombre ni siquiera salió y...

-¡Eso no significa que no le hayamos hecho daño! Sus hombres o murieron o acabaron en el sanatorio Ravencroft o en la cárcel los que tuvieron más suerte. Le hemos costado dinero...por primera vez en años alguien le ha tocado. ¡Sabes muy bien que sí le hemos hecho daño!

-Porque nos haya salido bien una vez no quiere decir que siempre nos vaya a salir así- Melvin siguió con la cabeza agachada, avergonzado por no tener el valor de su amigo.

-Ahora es el mejor momento, amigo. No se lo espera y está demasiado ocupado arreglando lo del puerto.

-Pareces muy seguro...

-Si hubiera salido mal lo de anoche o fuéramos un par de principiantes en esto estaría acojonado, pero lo hicimos...le tocamos. Te necesito para esto, amigo.

Melvin y Zoltan se miraron y cada uno comprendió al otro. Zoltan comprendió el miedo de su amigo, sabía por todo lo que había pasado en la vida y sabía lo que podría perder. Melvin le miró y supo de su valor, supo por qué lo tenía y sabía que lo había pasado mal...tanto como él o más. No podía fallarle en ese momento.

-Pretendes ir a por Murdock...a por Kingpin en su propia casa. ¿Cómo? ¿Cuándo?

-Esta noche. Turk y Grotto me juraron que tenían los planos del edificio donde vive y lleva sus negocios, tanto legales como ilegales. La cueva del oso, por decirlo así. Me aseguraron que tenían horarios de los guardias, turnos de guardia, posición de cámaras, ficha del personal de seguridad...todo lo necesario para que un sastre y el dueño de un museo de cera pudieran entrar. No podemos ser tan torpes.

Melvin sonrió y su amigo asintió.

-Nuestra oportunidad, Melvin. Piensa en las personas que salvamos anoche. Pudieron ir con sus familias, pudieron comenzar a vivir una vida digna...pudimos evitar que alguien se aprovechase de ellos. ¿Qué crees que pasará si todo sale bien? Adiós Kingpin.

-¿Y si sale mal?

-Moriremos haciendo algo bueno que es más de lo que pueden decir muchos.

Melvin cada vez se sentía más seguro y no le extrañaba, su amigo siempre lograba infundirle parte de su gran seguridad, la cual había ganado tras la muerte de su mujer.

-Y cuando le encontremos y le tengamos... ¿qué vamos a hacer?

-Voy a preparar una cápsula concentrada de gas del miedo. Irá en la pistola y será una cápsula normal...pero con gas concentrado. Pasará toda su vida sin poder dormir ni comer con tranquilidad. Toda una vida asustada...como ha tenido a esta ciudad. Creo que se lo merece.

-¿Nada de matarle?

-No. No se lo merece.

Melvin asintió y tendió su mano derecha a Zoltan, el cual se la estrechó.

-Trato hecho. Acabaremos con Kingpin.

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-¿Le pasa algo a Matt, Luke?

Danny Rand y Luke Cage paseaban por los pasillos del enorme edificio. Iban directos a la habitación privada de Danny Rand, alias Puño de Hierro. Habían estado hablando de frivolidades varias, pero tarde o temprano tenía que salir el tema que ambos trataban de evitar.

-No se a qué te refieres- contestó Luke.

-Nunca has sabido mentir. Golpear, abrir cabezas, romper dedos...pero de mentir ni hablar- Danny sonrió de forma siniestra.

-Bueno, nunca he necesitado mentir.

-De ahí que lo hagas tan mal.

-No le pasa nada.

-Mientes.

-Está muy atareado con todo. Juicios, reuniones...ya sabes lo que es.

-Eso dentro de la legalidad. ¿Y en los otros ámbitos?

Luke Cage miró de derecha a izquierda para ver si había alguien escuchándoles.

-Le ha jodido bastante lo de esos dos payasos.

-¿A qué nivel?

-A todos lo niveles. Económico, personal, de moral...a todos los niveles.

-Bueno, intentaré solucionar su problema. Debería haberme llamado antes si existía el riesgo de que le atacasen.

-Ya sabes cómo es.

-No le conozco tanto como a ti, pero sí, sé cómo es. Arrogante como él solo y aún más orgulloso. Seguramente creía que no eran un problema, que lo resolvería con el tiempo...para eso es Kingpin. Se cree intocable.

-Es intocable.

-Sabes que no. Nadie lo es en este negocio. Sí, es el mayor jefe criminal de los Estados Unidos desde hace años...ha levantado un gran imperio y todos le respetan, le temen, le deben algo, quieren hacer negocios con él...créeme que es un placer contarme entre sus amigos y siempre estaré aquí si me da trabajo pero nadie es intocable y si él supiera esa tontería, no tendría estos problemas.

-Son dos payasos disfrazados que...

-Vamos, Luke. Matt me ha dicho que te tienen acojonado.

-¡Repite eso!- gritó Luke Cage agarrandole de un brazo.

-Quieto, amigo- Danny sonrió quitando el brazo de su amigo suavemente-. Es normal que estés acojonado, pero vuestros problemas han terminado. Puño de Hierro está aquí.

Ambos siguieren andando hasta que llegaron a unas elegantes puertas dobles que Luke abrió presentando la habitación a Danny Rand.

-Tu habitación.

-Gracias. Mañana por la noche tendréis dos fenómenos menos de los que preocuparos.

-Bueno, recuerda lo que has dicho, Danny. Nadie es intocable- Luke sonrió-. ¿Qué tal te va con Shang-Chi?

Danny torció el gesto de su boca y cerró las puertas de golpe.

-Eres un cabronazo cuando te lo propones- susurró.

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Hace dos años.

Sanatorio Ravencroft.

Las tres personas se reunieron detrás del cristal, observando al hombre que se encontraba en la celda acolchada. Sus gritos y exclamaciones llegaban incluso donde estaban. Cada una de las tres personas miraba al hombre con fascinación aunque las intenciones de cada una de ellas eran diferentes.

-Tres meses y las mejoras son mínimas- murmuró el hombre de más edad.

-Habrá que intensificar el tratamiento- dijo la mujer joven y de pelo largo y negro como la noche.

-Podríamos matarle- contestó el hombre.

-Que lo diga su tutora- murmuró sonriendo, mirando a la otra mujer que se encontraba en la habitación-. Betsy... ¿desea que aumentemos la medicación?

-¿Le harían daño?

-¡Por supuesto!- exclamó el hombre.

La doctora Kafka le miró con aires de grandeza y pensó que en momentos como ese se tenía bien merecido el apodo de Doctor Angustia que le habían dado los trabajadores y algunos internos del centro. Se preocupaba demasiado por los internos. Ella era diferente, quería los resultados por encima de todo.

“El fin justifica los medios”, pensó Ashley Kafka mirando al hombre en la celda acolchada.

-¿Puedo hablar con usted en privado, Betsy?

La mujer joven, bien parecida y con gafas asintió. Ambas miraron al Doctor Angustia que con un gruñido salió de la habitación.

-Se preocupa por Melvin- susurró Betsy refiriéndose al medico.

-Sí, es posible pero si por él fuera los internos estarían aquí siempre, sin curación posible. Sin embargo, yo creo que podríamos curar a Melvin e incluso...que podríamos sacarle partido.

-¿Qué quiere decir?

La doctora Kafka sonrió con malicia mientras miraba a Melvin Potter en su celda acolchada.

-Su marido...posee una grave esquizofrenia, nada común...una enfermedad mental que...bueno, como usted sabe, hace que por momentos, cada vez más momentos, crea que es un gladiador y que lucha en nombre del Cesar. Casi la mata un par de veces mostrando los más graves síntomas. Su enfermedad es muy rara, muy, muy rara hasta tal punto que solo existen tres casos más en el mundo. Es un caso muy concreto de esquizofrenia, algo tan raro que tardaríamos mucho en curarle y...estaba pensando...lo mucho que pagarían los doctores, psiquiatras, psicólogos y profesores universitarios por estudiarle y hacerle diferentes pruebas y...

-¿Está usted loca? ¿Me está pidiendo a Melvin como conejillo de indias?

-Su marido serviría para lograr localizar dicha enfermedad y curarla lo antes posible en otros pacientes o incluso para curar otros estados de esquizofrenia y doble personalidad no necesariamente iguales a los de su marido y usted...como su mujer... ¿O debería decir ex-mujer?

Betsy agachó la cabeza con vergüenza.

-Sí, sé que estaba pensando en divorciarse de él debido a esta enfermedad. Que vergüenza...su querido y amado marido necesita su ayuda y usted le deja. ¡Todo un ejemplo de honradez!

-No sabe de lo que está hablando...quiero a mi...- Betsy no pudo terminar la frase.

-No, ya no le quiere. Como su aún esposa legal, todo lo que se ganase experimentando con él se lo llevaría usted... ¿qué me dice? ¿Se divorcia y deja a su marido pudriéndose aquí o nos da su autorización para que investiguemos y así ayudemos a otras personas y de paso se lleva un buen dinero?

Betsy la miró mientras se mordía el labio inferior. Fue al cristal y se pegó a él, mientras observaba a su marido proferir gritos llamando a un imaginario Julio Cesar. Entonces, susurró una sola palabra mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Perdóname.

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Hoy.

En uno de tantos callejones cercanos al enorme edificio donde vivía y llevaba sus negocios Matthew Murdock, Zoltan Drago y Melvin Potter sacaron sus disfraces y sus equipos y en la oscuridad de la noche comenzaron a prepararse rápidamente.

-Tenemos que entrar rápidamente por esta puerta, noquear tan solo a un guardia y subir por las escaleras de seguridad, poco vigiladas a estas horas según lo que nos han dicho Grotto y Turk- comentaba Zoltan mientras se preparaban y recordaban todo lo hablado esa misma tarde-. Recuerda lo que nos ha dicho Grotto: si ese guardia nos descubre,  podemos darlo por perdido todo.

Melvin asintió mientras se vestía como el Gladiador. Sin embargo, su mente estaba dividida entre lo que tenía que hacer y lo que tenía que decirle a su amigo.

-Solo noquear al guardia. Yo me encargaré de distraerle, tú le golpeas en la nuca, le atamos y para arriba. Según Grotto y Turk, en las escaleras de emergencia no hay  cámaras pero dentro de veinte minutos llegan dos guardias más...tenemos que pasar justo cuando solo haya uno. El turno no se hace previo aviso, lo cual nos da más ventaja. Los otros dos guardias no preguntarán por el que falta hasta pasadas dos horas. Las guardias son rotativas, así que...no se extrañarán hasta que nadie le vea en todo el edificio. Para entonces, debemos haber visitado ya a Kingpin. ¿Nervioso?

Melvin Potter temblaba de los pies a la cabeza, en parte por lo que iban a hacer y en parte por lo que quería decirle.

-¿Melvin? ¿Pasa algo?

-No, es solo que...

-Si pasa algo...es el momento de contarlo, amigo.

Melvin tragó saliva y se dispuso a contarlo sin que su amigo siquiera pudiera imaginarse lo que era.

-Betsy me ha dejado- Zoltan fue a decir algo pero Melvin siguió hablando-. Hace unos tres meses  que me dejó. Una vez estuve completamente curado y solo necesitaba unas dos pastillas diarias, se largo con todo el dinero y...me dejó solo, amigo. En una carta me confesó por qué siguió conmigo y...pasé un infierno, Zoltan. Llegue a pensar en...suicidarme...ahora lo pienso y reflexionando sobre lo que vamos a hacer me parece una estupidez. Solo quería que supieras que si me pasa algo allí dentro, quiero que encuentres a Betsy y...no sé...cuídala o habla con ella o...lo que sea. Ha sido lo único bueno en mi vida.

Zoltan no supo qué decir. No estaba preparado para aquello en aquel momento, pero era el mejor amigo de aquel hombre y se iba a comportar en consonancia con su puesto.

-¿Por qué me lo cuentas ahora?

-Me daba...me daba...vergüenza y por si me pasase algo allí arriba quiero que...

-Amigo, esa mujer no es lo mejor de tu vida- Zoltan sonrió ampliamente-. ¿O crees que todo este tiempo juntos ha sido también por tu dinero?

Melvin tenía los ojos llorosos.

-Concentra toda esa ira, toda esa tristeza...y cuando veamos a Kingpin, suéltala de golpe.

El enorme hombre asintió y se puso el casco de gladiador. Zoltan hizo lo mismo con su mascara de Mr. Miedo. Ya estaban preparados.

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Veinte minutos después.

Matt Murdock, sentado en la oscuridad sin necesidad de tener luz debido a su ceguera, repasaba unos papeles escritos en braille cuando oyó las suaves pisadas dirigiéndose hacia él. No le dio mayor importancia ya que a esas horas su imaginación y la soledad le jugaban malas pasadas pero pasados unos minutos se recostó en su asiento y sonriendo habló en voz alta.

-Puedes salir cuando te plazca.

De entre las sombras más profundas del despacho, surgió la amenazante figura de Mr. Miedo. Iba envuelto en su capa y prácticamente no hacía ningún ruido, como si fuera una especie de aparición.

-¿Quién eres? ¿El que va vestido de gladiador o el fantoche de negro? Nunca pensé que tuvierais cojones para venir directamente hasta mi casa.

Mr. Miedo no contestó, sino que lentamente sacó su pistola de gas del miedo y apuntó a la cabeza de Murdock que sonrió aún más ampliamente.

-Te estarás preguntando cómo sabía que estabas aquí, en la oscuridad y aún mejor, ahora te preguntarás cómo sé que estás sujetando una pistola que no lleva abalas, sino una especie de cápsulas que contienen un extraño gas. Desde aquí puedo olerlo. Igual que sé que no tienes ni una grabadora ni nada parecido para incriminarme.

Mr. Miedo dudo cuando estaba a punto de apretar el gatillo. ¿Cómo podía saber todas esas cosas un hombre ciego en mitad de la oscuridad?

-Tu corazón va a mil por hora, seguramente por preguntarte cómo un hombre ciego te está viendo en mitad de una sala a oscuras. Ahora supongo que tu corazón pegará un brinco si te digo que eres un hombre que se cuida bien, hace ejercicio todas las mañanas, tendrás poco menos de cuarenta años...y creo que el que está fuera de mi despacho vigilando la puerta es tu amigo el que se viste de gladiador. ¿Me equivoco?

-¿Qué eres?- susurró Mr. Miedo.

-Soy más de lo que tú serás, soy más de lo que te puedes imaginar y no necesito disfrazarme de payaso para tener poderes y dar miedo.

-Estás acabado.

-¿En serio? ¿Crees que he pasado los cinco años creando el mayor imperio criminal de este país solo para que dos pirados disfrazados entren en mi despacho, me amenacen y caiga ante ellos? Sí, me habéis costado dinero, mucho dinero y ahora estáis aquí dentro. Un punto por haberme llegado a tocar, otro punto por la sorpresa pero aunque habéis llegado lejos...aquí termina todo- Murdock se puso en pie y Mr. Miedo dio un paso hacia atrás-. ¿Vas a matarme? ¿Qué hace esa pistola? Solo vas a tener un intento, si fallas...te mataré yo. Tú te mueves en la oscuridad, pero la oscuridad es mi reino desde que perdí mi vista. Suelta esa estupidez de arma, quítate la mascara, llamaré  a la policía y todo acabará. No hagas que tenga que demostrarte de lo que soy capaz.

-Soy Mister Miedo- Zoltan sonrió bajo la mascara-. ¿El gran Kingpin está asustado o me lo parece?

-Tú estás asustado. Tu corazón va desbocado como un tren sin frenos a punto de estrellarse.

-Yo estaré asustado, pero tú también.

-No tienes ni idea de lo que estás haciendo. Soy Kingpin, soy intocable y estás en mi casa, en la guarida del león. No habéis podido cometer mayor gilipollez.

Mr. Miedo se dispuso a apretar el gatillo y hacer sentir a aquel hombre el miedo que provocaba su gas.

-Llegó tu hora. Vas a sentir el miedo que has estado provocando todos estos años.

-Hagas lo que hagas, si no te mato, si mi equipo de seguridad no os reduce a una masa sangrante de carne sanguinolenta, si la policía no os coge...habrá otros, otros cogerán mi puesto y os perseguirán.

-Puede ser, pero no serás tú.

De repente, Zoltan vio como Murdock comenzaba a carcajearse como si estuviera loco. Un ruido proveniente del otro lado de la puerta del despacho donde estaban. Ruido de pelea.

-Ya estáis perdidos. ¿Oyes eso? Yo perfectamente...es el asesino a sueldo que he contratado dándole una buena tunda a tu amigo.

La puerta estalló en pedazos y el Gladiador cayó dentro del gran despacho de espaldas. Su porra salió volando. Unos segundos más tarde, un hombre extrañamente vestido con una mascara verde y una cazadora verde, entró tras su amigo. Sonreía como si fuera el día de su cumpleaños.

-Suerte que vi hace unos minutos a esta mole pasando al lado de mi habitación, jefe- dijo Puño de Hierro a Matt Murdock.

-Acaba con ellos. Que sea limpio y rápido- murmuró Murdock.

Mr. Miedo dejó de apuntar a Murdock y el extremo de su pistola miró al asesino a sueldo.

-Un traje cojonudo- bromeó Puño de Hierro-. ¿Piensas dispararme?

Mr. Miedo disparó y con una velocidad extraordinaria, Puño de Hierro cogió al vuelo lo que pensaba que era una bala. La cápsula se abrió en su mano derecha y el gas del miedo comenzó a rodearle. Todos esperaban expectantes que el gas le hiciera algo.

-Joder...- susurró el asesino.

De repente, cuando parecía que el gas surgía efecto, el asesino pareció relajarse, mantuvo su respiración normal y cerró los ojos. En apenas unos segundos el efecto del gas se le pasó.

-Una mierda muy buena- Puño de Hierro sonrió soltando los restos de la cápsula-. Todo es cuestión de concentración. Pura concentración.

El Gladiador saltó sobre Puño de Hierro pillándole desprevenido. Enterró una de sus enormes rodillas en el estomago del asesino, que gruño de dolor. Contraatacó con una rápida patada que el Gladiador bloqueó con su escudo. Otras dos patadas del mercenario fueron a parar a su amplio pecho. El Gladiador le sacudió un fuerte empujón, haciéndole llegar hasta una pared cercana.

Mr. Miedo cargó rápidamente su pistola y de nuevo apuntó a Murdock...quien no estaba. Miró hacia la puerta y allí estaba, pasando al lado de Puño de Hierro y saliendo por la puerta de su despacho. Lo último que vio fue como le saludaba, sonriendo y cerraba la puerta.

-Ahora estamos solos- Puño de Hierro salió al encuentro del Gladiador.

Agachó la cabeza mientras el escudo del vigilante pasaba a escasos centímetros de su cara. Le sacudió una fuerte patada en la rodilla izquierda que hizo tambalear al enorme hombre. Varios puñetazos en su casco hicieron quejarse a Puño de Hierro. Melvin Potter oyó de fondo el crujir de los dedos del asesino y sonrió dentro del casco.

-Hijo de...- Puño de Hierro recibió una fuerte embestida con el escudo que le dejó sin aliento-. ¡Uf! Estoy harto de tu estúpido escudo.

De repente, el asesino se paró, apretó los dientes y comenzó a temblar y para sorpresa del Gladiador y Mr. Miedo, su puño derecho comenzó a brillar en la sala totalmente a oscuras. Ambos vigilantes retrocedieron ante el espectáculo.

-Ahora vais a averiguar por qué me llaman Puño de Hierro.

Soltó un fuerte puñetazo con su mano derecha refulgente sobre el escudo del Gladiador. Trozos de escudo salieron volando por todas partes y el Gladiador salió despedido hacia atrás hasta chocar con una pared.

Mr. Miedo volvió a disparar su pistola hacia el mercenario pero este rápidamente saltó hacia un lado, esquivando la cápsula y se dirigió hacia el vigilante.

Zoltan soltó un puñetazo inesperado al asesino que recibió en pleno rostro. Se volvió hacia Mr. Miedo, sonrió y se limpió la sangre que le caía por la nariz.

-Buen golpe. Repítelo.

Mr. Miedo volvió a lanzarle un puñetazo que el asesino bloqueó fácilmente, soltándole rápidamente un directo en la cara con su puño refulgente. Zoltan gritó de dolor mientras notaba como sus terminaciones nerviosas saltaban en su cabeza que había sentido a punto de caérsele. Saboreó la sangre antes de recibir varias patadas en el estomago que le provocaron ganas de vomitar. Una llave del asesino le arrojó al suelo, haciendo que su espada crujiera de mala manera.

-¡No!- gritó el Gladiador viendo la paliza que recibía su amigo.

El coloso se acercó corriendo hacia Puño de Hierro quien dejó en paz a Zoltan Drago, saltó y pegó un fuerte rodillazo en la cabeza del Gladiador. La rodilla del asesino crujió debido al fuerte casco, pero Melvin sintió el golpe por toda la cabeza. Puño de Hierro volvió a saltar y esta vez soltó una rápida patada en el cuello de su enemigo, que esta vez notó el dolor por completo.

El mercenario se acercó para rematarle, pero Mr. Miedo le sacudió una patada en una pierna que le hizo caer de cara, haciendo que probase su propia sangre.

-Idiotas...- Puño de Hierro saltó hacia atrás cayendo encima de Mr. Miedo-. Malditos idiotas.

Comenzó a golpear a Zoltan en el suelo mientras Melvin comenzaba a abstraerse de la realidad. Comenzó a escuchar al publico de las gradas pedir la cabeza de su rival, vio al Cesar gritándole que o mataba o moriría. Estaba teniendo uno de sus ataques.

Sus ojos inyectados en sangre miraron a Puño de Hierro y vieron a un gladiador enemigo encima de su compañero de armas. Como un buey furioso, embistió a Puño de  hierro lanzándole contra el escritorio de Matt Murdock y comenzó a darle la paliza de su vida. El asesino solo veía los golpes llegar, en su estomago, en su cara, en su pecho...la sangre comenzó a manar de su boca y las heridas comenzaron a aparecer hasta tal punto que perdió la concentración y su puño derecho se apagó. El Gladiador lo cogió por encima de su cabeza y lo lanzo por los aires varios metros de donde estaba.

-¡Arghhh!- gritó de dolor el asesino al caer al suelo de cara

Puño de Hierro vio como el Gladiador se acercaba hacia él, plenamente desbocado. Sentía su boca llena de sangre, algunos dientes sueltos y sus brazos cansados. Una costilla estaba a punto de ceder y una de sus rodillas le dolía bastante pero no podía darse por vencido. No frente a dos fantoches disfrazados.

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Zoltan Drago se intentó levantar pero un fuerte dolor en las piernas y en la espalda se lo impidió. Gruñó al sentir la flojedad de su mandíbula. La sangre le caía por la barbilla pero la mascara de la calavera no dejaba que saliera. Vio a unos metros de donde estaba como su amigo, Melvin Potter, con el traje de Gladiador, peleaba con el asesino a sueldo que habían mandado a por ellos. El asesino que estaba a punto de matarles.

“Hemos caído en su...trampa...se me va la cabeza...hemos caído y ahora...ahora...estamos muertos”, pensaba Zoltan mientras la cabeza se le iba.

Veía como su compañero daba un par de puñetazos al asesino y como este comenzaba a darle una tremenda paliza. Era rápido, sabía pelear y era un profesional. Ellos sin embargo, eran el encargado de un pequeño museo de cera de barrio y un sastre. Eran unos fracasados y eso es lo que escribirían en sus lapidas. Habían caído en la trampa de Kingpin y eran unos fracasados.

-Melvin...Melvin...- tosió sangre y notó que varias partes de la mascara estaban rotas-. Gladiador...no...

Observó como el asesino pegaba una fuerte patada en el interior del muslo derecho de su amigo y este caía de rodillas. El mercenario le cogió del cuello y se dispuso a matarle mientras sonreía.

-No...No...

Mr. Miedo vio entre mareos y las ganas de desvanecerse, a un lado, su pistola: la que lanzaba las cápsulas con el gas del miedo.

Alargó su brazo derecho escuchando un crujido. El dolor le recorrió el cuerpo como si fuera una descarga eléctrica, pero la visión de su amigo a punto de morir le ayudó a superar el horrible tormento. Cogió el arma y como pudo apuntó al asesino a la cara. Vio que su amigo llevaba aún el casco del traje de Gladiador y rezó para sus adentros.

Puño de Hierro miró a Mr. Miedo y sonrió aún más.

-Idiota, eso no funcionó antes.

Zoltan Drago dijo algo y apretó el gatillo. No pasó nada...su pistola estaba vacía. El asesino rió, cogió a su amigo entre sus brazos y le estranguló.

-Quiero que veas esto, porque después irás tú.

Mr. Miedo buscó entre los bolsillos de su traje y encontró la cápsula de gas concentrado que tenía preparada para Murdock en un principio. La cargó en la pistola y volvió a apuntar al asesino que tenía su cabeza justo al lado de la de su amigo mientras le estrangulaba.

-Idiota, conmigo no estás seguro de que funcione y tu amigo está justo al lado. Sea lo que sea ese gas le afectará también a él.

-Idiota...- Zoltan sonrió bajo la mascara-. Su casco...lleva un  filtro...

Mr. Miedo disparó ya la cápsula dio de lleno contra la cara del asesino conocido como Puño de Hierro, que soltó de golpe al Gladiador en cuanto los efectos concentrados del gas hicieron mella en él. Intentó concentrarse y parar los efectos, pero los efectos de la pelea hicieron mella en él y evitaron que se concentrase para evitar los efectos  del gas.

Comenzó a sentir un pánico horrendo invadir su cuerpo. Sus miedos se hacían visibles ante él, cualquier miedo y más aún el más reciente. Vio al jefe mafioso chino conocido como Shang-Chi matando a sus amigos, a sus conocidos, a los pocos familiares que le quedaba...y después yendo a por él.

-¡Nooooooo!- gritó aterrorizado Puño de Hierro mientras se golpeaba a si mismo ante la vista del Gladiador y Mister Miedo que se encontraban juntos a un lado de la habitación.

El asesino siguió gritando y pegándose a si mismo hasta que se dio un fuerte cabezazo contra una pared y se desmayó. Melvin Potter ayudó a su amigo a ponerse en pie, ya recuperado de su ataque esquizofrénico.

-¿Estás bien?- preguntó Zoltan.

-Tranquilo...se me ha pasado...no sé cómo pero...

-Ese ataque tuyo nos ha salvado la vida.

-Tú me la has salvado a mí.

-Será mejor que nos vayamos. Murdock no ha llamado a nadie supongo que por qué quería que nos matase este asesino a sueldo...fuera de la ley y cualquier tontería legal. Aprovechémoslo.

Ambos se levantaron y miraron de reojo a Puño de Hierro.

-Ha faltado poco- murmuró Melvin.

-Ahora vendrá por nosotros- dijo Zoltan refiriéndose a Kingpin-. Vamonos. Debemos prepararnos.

                                               EPILOGO

Dos días después.

Matt Murdock, con semblante serio y gesto endurecido se sentó tras su escritorio. Luke Cage cerró las puertas de su despacho y se acercó a su jefe.

-El despacho ha quedado bastante bien.

Matt no contestó.

-Danny...bueno...está en Ravencroft y no puede ni dormir debido a...

-Sé todos los detalles...Lucas. ¿Sabes que aún no me he quitado  a la policía de encima? ¡Esos cabrones lo primero que hicieron al salir de aquí fue llamarlos! ¡Imagínate que dijeron cuando encontraron en el despacho del supuesto Kingpin a uno de los más buscados del FBI!

-Usted podrá arreglarlo y...

-¡Cállate!

Luke Cage asintió y se dirigió hacia la puerta.

-Ya se lo dije. Le dije que le darían problemas- dijo antes de irse.

Murdock golpeó fuertemente su mesa, se tranquilizó en unos minutos y se dirigió hacia uno de los armarios con bebidas que tenía. Lo abrió, tiró fuertemente de una botella de whisky falsa y el armario y parte de la pared se abrieron. Era una zona que había prohibido tocar a los que arreglaron el despacho. No le convenía para nada.

Entro dentro de la sala secreta cerrándola tras de si. Pasó al lado de los sacos de boxeo, la pequeña armería privada, los recuerdos de su padre...hasta llegar al gran armario de acero donde guardaba los trajes. Lo abrió y el traje rojo de diablo apareció ante él, iluminado por una tenue luz azul.

-Ya lo dicen todos. Si quieres que algo salga bien...hazlo tú mismo.