Eddie Brock, ex-periodista del Globe, odia a Spiderman, culpable de su ruina personal... el simbionte que trajó Peter Parker del espacio le odia por rechazarlo... juntos forman Veneno, el Protector Letal". Stan Lee y Action Tales presentan:

Veneno: La caída de la araña

LA TORTURA LLEVA A LA MUERTE

Escrito por The Stranger/ Portada: Sergio Calvet

Anteriormente en Veneno: la caída de la araña: Veneno es salvado de la ira de Estela Plateada por el Doctor Muerte, quien le proporciona la información necesaria para encontrar a Piedra y Estige dos de sus más antiguos enemigos. A cambio de ese favor y otros, Muerte quiere que Veneno se interne en el edificio Baxter, hogar de los Cuatro Fantásticos y le consiga un invento de Reed Richards. Eddie Brock sabe que Muerte trama algo pero pensando que lo tiene todo bien cubierto, decide aceptar. Mientras tanto, el detective Clark es amonestado por el FBI por haber intentado detener él solo a Veneno y tiene una pequeña charla con Spiderman, al que le confiesa su teoría de que el simbionte es el causante de todo. Spiderman la descarta. Por otro lado, Veneno se adentra en el edificio Baxter y se enfrenta a los Cuatro Fantásticos, quienes le superan. Escapa por muy poco y consigue llevarle a Muerte el invento que tanto ansía solo para averiguar que todo ha sido un truco: lo que de verdad quiere Muerte es el propio simbionte de Veneno.

Eddie Brock abrió los ojos lentamente. Sintió como su cabeza pugnaba por explotar. Tenía la boca seca y no reconocía el lugar donde estaba, pero sabía una cosa: no querían que saliera de allí.

            Se levantó como pudo y el dolor de cabeza se intensificó. Estaba rodeado por cuatro paredes de cristal. El suelo era metálico así como el techo. Golpeó levemente con sus pies desnudos y notó que era bastante grueso. Lo que parecía ser su celda, estaba en una gran habitación en la que no había nada, solo él atrapado entre cuatro paredes de cristal. Observó la puerta que daba a la habitación. Vio varias cámaras en algunos rincones de la habitación y supo entonces que alguien le estaba observando. ¿Qué era lo ultimo que recordaba?

-Recuerdo...el dolor- murmuró-. Recuerdo...mucho ruido, como...

Vio el rostro de Muerte en su mente. Recordó el dolor de su simbionte al sentir el agudo sonido proveniente del invento que había robado al mismísimo Reed Richards. Recordó la traición del Doctor Muerte.

El simbionte le cubrió en cuestión de segundos, convirtiéndole como siempre sucedía, en Veneno. Se acercó a una de las paredes de cristal y justo cuando iba a descargar un potente puñetazo sobre ella, la puerta de la estancia a unos cinco metros de donde él estaba, se abrió. Por ella pasaron dos científicos con batas blancas y el propio Doctor Muerte, con su característica armadura y sus elegantes ropajes verdes.

-Bienvenido a Latveria, señor Brock- señaló a los dos científicos-. Estos son el doctor Welles y el doctor Carter. Serán los científicos que me ayuden en las investigaciones pertinentes con su simbionte.

-Debes estar bromeando, cara quemada. Vamos a salir de aquí y te vamos a dejar tan guapo que  vas a tener que cambiar de nombre.

-Señor Brock, no está usted en condiciones de negociar. Coopere o me verá usted enfadado y no querrá verme enfadado, se lo garantizó. Agradezca seguir con su simbionte y disfrútelo, porque es cuestión de horas que llevemos a cabo su separación. Después, varios experimentos y pruebas con usted y otras tantas con el alienígena y más tarde, procederemos a su disección, Brock. El simbionte será mío y usted estará muerto.

Veneno rió guturalmente. Los científicos temblaron ante la risa del monstruo.

-¿De verdad crees que el simbionte te querrá a ti, Muerte? Maldito iluso. ¡Abre esta celda y verás cómo te queremos!

-Nadie osa insultar a Muerte- miró a una de las cámaras y asintió.

De repente, en el techo y el suelo se abrieron varias rendijas en las que Veneno pudo ver altavoces incorporados. Un sonido atronador lleno la celda del asesino, haciendo que gritase de dolor. Los científicos y el propio Muerte oyeron los gritos mentales del simbionte en sus cabezas. Victor Von Muerte no les prestó atención.

Veneno cayó agotado y dolorido al suelo de la celda. El simbionte se retiró, dejando paso a Eddie Brock, quien luchando contra la inconsciencia miró a Muerte a través del cristal.

-El simbionte me querrá, Brock o sufrirá y sufrirá. Tú solo eres un desperdicio que ha caído en mi trampa. No vuelvas a insultarme ni intentes escapar u os daré una buena ración de sonido. Incluso si veo que me miras mal.

Eddie Brock apretó los dientes y le miró con furia.

-Como ahora- Muerte volvió a asentir a una de las cámaras y el sonido invadió de nuevo la celda de Brock haciendo que se desmayase.

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-Parece que esta noche has dormido bien- la detective Steen sonrió a su compañero desde su cama de hospital.

-Bueno, no ha habido mucho trabajo con lo de Veneno, así que he tenido tiempo de dormir. No ha habido noticias de él desde su pelea con Estela Plateada. No hubo testigos de lo que pasó, el surfista se preocupó de pillarle en una zona sin gente.

-Es su trabajo, es un héroe.

-Seguro- Clark sonrió con amargura-. Sin embargo, sé que...

-¿Has pensado que Estela pudo haberle matado?

-Estoy seguro. Tuve una charla...con alguien que sabe de esos asuntos, alguien en contacto con los Defensores y Estela Plateada dice que no sabe nada. Alguien le dejó inconsciente justo cuando estaba a punto de darle el golpe de gracia a Veneno.

-Vaya. Debió ser alguien muy fuerte para hacerle caer.

-Sí, pero no sabemos si era alguien que quería cargarse a Brock o ponerlo de su parte, rescatarle.

-Optemos por lo primero, compañero. Es lo que más abunda. Tendríamos solucionado el problema.

Clark miró con el ceño fruncido a su compañera.

-Me dices en realidad que ya no tendría que buscar a Brock por lo que te hizo, ¿verdad? Mejor que alguien que no sabemos quién es le haya matado a que lo haya matado yo.

-No decía eso.

-Por supuesto que no.

-Dime que no has pensado en matarle ni una sola vez.

Clark no contestó. Steen siguió hablando.

-Si pensamos que alguien ha podido rescatar a Veneno...bueno, la lista es corta.

-Salvo si es alguien nuevo. Nadie conocía al tipo con el que se enfrentó en el Bugle hace poco. Algún periodista le identificó como el Vigilante Nocturno, aunque con un traje diferente.

-Nuevos jugadores en el nuevo juego de Veneno- susurró Steen-. Si pensamos en la posibilidad de que haya alguien que quiera unirse a Brock. ¿Quién estaría tan loco? ¿Por dónde comenzar a buscar?

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Latveria.

Castillo del Doctor Muerte.

Brock abrió los ojos por segunda vez aquel día. De nuevo un enorme dolor de cabeza le dejó casi sin sentido al despertar. Vio que estaba apresado a una especie de gran plancha de metal que giraba levemente en el aire, por medio de un brazo mecánico. Estaba agarrado de pies y manos por unas abrazaderas. Frente a él, el Doctor Muerte le observaba y varios científicos trabajaban en numerosas consolas. Vio varias cápsulas de cristal a un lado del enorme laboratorio.

-Es la segunda vez que despierto y te veo la cara- gruñó Brock-. Este día cada vez es peor.

-Acostumbrarte, aunque deberías disfrutar de lo poco que te queda de vida- Muerte sonrió bajo su mascara de metal y se dirigió junto a sus científicos-. ¿Están ya las muestras de sangre?

-Sí y las lecturas son...cuanto menos singulares.

-¿Muestras de sangre?- preguntó Brock-. ¿Queréis muestras de sangre?

El simbionte le recubrió de improviso. Los científicos que había en la sala comenzaron a mirarle, asustados. Muerte ni se inmutó.

-Te sujetan abrazaderas de adamantium. Ni Hulk las rompería.

Veneno intentó liberarse de ellas pero Muerte tenía razón: no podría hacerlo.

-Tengo muchas otras armas.

Un zarcillo salió de su pecho y se dirigió a uno de los científicos, agarrándole por el cuello y manteniéndole en el aire. Los demás gritaron pero nada preocupaba a Victor Von Muerte.

-Soltadme o le arranco la cabeza.

El científico conocido como el doctor Carter, joven, de pelo rubio y corto y con algunos kilos de más, fue a la consola que controlaba sus abrazaderas. El Doctor Muerte le miró para que no lo hiciera.

-¿No me habéis oído?

-Sí- Muerte alzó su brazo hacia el científico-. Te he oído bien.

Un rayo de plasma azul surgió del dorso de la mano de Muerte y quemó al científico, reduciéndole a cenizas. Después, lanzó otra descarga de plasma al pecho de Veneno, haciéndole gritar de agonía y dejándole nuevamente inconsciente.

-Coged una muestra del simbionte antes de que se retire. Quiero todas las muestras, todos los archivos, toda la información sobre los dos mañana por la mañana a primera hora. Muerte ha hablado.

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El detective Clark salió del hospital mientras sus tripas rugían. Era ya pasada la hora de comer y no había probado bocado desde el desayuno y había sido un asqueroso café de maquina que apenas le había llenado el estomago. Miró su móvil deseando tener alguna llamada perdida, algún mensaje de voz o algún mensaje de texto con información sobre Veneno. Sus deseos no se vieron cumplidos.

“Hay que ver el lado bueno, hoy podré comer tranquilo y echarme una buena siesta”, pensó mientras entraba en el coche y lo ponía en marcha. En ningún momento se percató de la mujer pelirroja que le observaba entre las sombras.

“Es él”, pensó la mujer joven, pelirroja, de ojos verdes, pelo corto y muy bien parecida mientras observaba una foto de Clark.

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Desierto de Nevada.

Los tanques explotaron ante la potente ráfaga de rayos caloríficos surgidos de los ojos del hombre conocido como Mega. Voló a gran velocidad a ras del suelo, puso los puños por delante y atravesó otros tres tanques como si fueran mantequilla. A varios metros de allí, a salvo en un pequeño bunker desde donde lo observaban todo, Carlton Drake, director de la Fundación Vida y sus socios, observaban los progresos de su más importante y costoso proyecto.

-¿Está seguro de que aquí estamos a salvo, señor Drake?- preguntó Lucius, el joven ayudante de Drake.

-Tranquilo, amigo mío. Estamos completamente a salvo. Compre unos diez kilómetros de desierto legalmente para poder hacer esta clase de pruebas lejos de curiosos- se volvió hacia el científico encargado del proyecto Mega-. Doctor Parker, ¿qué le está pareciendo el muchacho?

-Uhm. Supera todas nuestras expectativas. Su visión calorífica es extremadamente poderosa y libera una gran cantidad de energía, más de la que suponíamos. Su capacidad de vuelo es increíble. Nuestros datos afirman que, en términos comprensibles para todos ustedes, es el triple de rápido que una bala y eso sin emplearse a fondo.

-Probemos su capacidad de regeneración y su invulnerabilidad. Espero que salga bien, doctor Parker, porque si muere con una sola bala, mis asociados aquí presentes y yo mismo vamos a enseñarle el autentico valor de conservar los dos brazos- Drake tendió la mano hacia Lucius y este le pasó un walkie-talkie-. ¿Mega? ¿Me oyes?

A varios metros de allí, en la zona de pruebas, Mega se paró en el aire y prestó atención al comunicador que tenía en el oído.

-Le oigo, señor Drake.

-Quédate en el suelo y aguanta lo que viene.

-Como ordene- Mega se posó con gracilidad en el suelo y en pocos minutos todo un batallón de soldados de la Fundación Vida se encontraban rodeándole.

-Su obediencia es total, ¿verdad?- preguntó uno de los socios de Drake.

-Total. En apenas un día domina tres idiomas: inglés, español y francés. La obediencia es ciega y el control sobre él es completo. Ni se pregunta quién es, ni cómo hace lo que hace, ni cuál es su origen...nada. Un soldado perfecto.

-En realidad, es tan perfecto porque le cree su padre- añadió el doctor Parker.

Algunos asociados rieron mientras Drake miraba con el ceño fruncido al doctor. Después, siguió observando con los prismáticos a Mega.

Los soldados se prepararon y dispararon al hombre con sus ametralladoras. Cada soldado acabó con tres cargadores. Cuando hubieron acabado, Mega seguía en pie y todas las balas estaban en el suelo: habían rebotado.

-Invulnerable a las balas- dijo Drake.

-El traje ha sufrido algunos daños- murmuró Lucius.

-Se arreglará en el laboratorio. Estamos trabajando en un traje de moléculas inestables para que le afecte en lo mínimo la fricción al volar y cuando usen con él cualquier arma.

Los soldados se retiraron y cuando volvieron a por Mega, llevaban varios lanzallamas. Los dispararon contra el impasible hombre y la zona se convirtió en un bonito Infierno, pero cuando pararon de soltar chorros de fuego, Mega seguía en su sitio, sin haber recibido ningún daño, salvo los de su traje, quemado en la mayoría de las partes de su cuerpo.

-Uhm. No le daña el fuego- susurró Drake.

Los soldados volvieron a retirarse y volvieron a su sitio con varios lanzagranadas que dispararon en cuanto estuvieron preparados. La explosión resultante fue brutal, pero cuando el polvo, la arena, los cascotes y el humo se hubieron apartado, vieron que Mega seguía en su sitio...sin ningún rasguño. En la siguiente tanda, todos los soldados llevaban modernos lasers que acabaron por impactar en Mega, con el único efecto que el de empujarle algunos centímetros. Eso fue todo el daño.

-Quiero que vaya a por Veneno- dijo Drake quitando los prismáticos de sus ojos.

-¡No! Eso es...es muy pronto, señor Drake- dijo el doctor Parker.

-No he visto que haya ningún problema. ¿Algún problema?

-Aún tenemos dificultades con su modulo de almacenaje de energía.

-Creía que se alimentaba de energía solar.

-Cierto, pero la recoge de forma aleatoria, por ráfagas, por tiempos, intervalos y...

-Le había entendido, doctor. Solo necesita unos diez minutos para cargarse a Veneno, después algunas pruebas liquidando a algunos países extranjeros, muchos querrán su propio Mega o en todo caso, pertenecer a nuestra fundación y salvarse por una buena suma de dinero.

-No estoy de acuerdo en lo de...

-Señor, si me permite- interrumpió Lucius.

-Habla.

-Veneno lleva como dos días desaparecido, sin dar señales de vida...ni dejar ningún cadáver más, todo sea dicho.

-Estará escondido tras su pelea con los Vengadores.

-Bueno, es bastante extraño. ¿No le parece?

-Mega irá a por Veneno- Drake le pasó los prismáticos a Lucius y sus asociados asintieron-. Todos estamos de acuerdo. Con Veneno no hay Fundación Vida, ni seguridad posible para nosotros. Quiero ver mañana a Mega listo para ir a por Brock y traerme su cabeza...y de paso al simbionte. Será una buen adquisición.

Drake escuchó por el walkie como Mega le hablaba.

-¿Señor Drake? ¿Padre?

-Joder...y decidle que no soy su jodido padre- algunos asociados se rieron.

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A la mañana siguiente.

Latveria.

Victor Von Muerte dejó que sus Muertebots le pusieran la armadura y le vistieran a los pocos minutos de despertarse. Iba a ser un día bastante ocupado el que iba a tener o eso esperaba. Aquel día era el principio del fin de Richards y su patética familia. El comienzo del reinado de Muerte. Al fin había encontrado el arma definitiva con la que vencer a los Cuatro Fantásticos y seguramente a los demás héroes. Después, se aseguraría que su nación no corriese ningún peligro y para eso iba a conquistar los países junto al suyo. Más tarde, llegaría el mundo y todos se postrarían ante sus pies. Y todo eso lo iba a conseguir gracias a la criatura alienígena altamente evolucionado unida a un psicópata vengativo.

Sus robots terminaron de vestirle y Muerte se miró en un cristal de cuerpo entero. Se cubrió con su capa verde y se puso la capucha sobre la mascara y salió de su habitación, listo para ver los progresos que sus científicos habían hecho con Veneno. Tocaba la separación del simbionte del humano, aunque era un proceso muy delicado si lo que buscaban era que los dos sobreviviesen.  Por suerte para Eddie Brock, Victor Muerte le quería vivo, al menos una buena temporada.

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El detective Clark terminó de tomarse tranquilamente sus huevos con bacón y de beberse el gran vaso de zumo de naranja y soltó un leve eructó como señal de satisfacción. Había descansado bien, había desayunado bien...desde que Veneno estaba desaparecido, escondido o donde estuviera, el detective Clark había comenzado a recuperar su vida y aunque le gustaba, no pretendía quitarle importancia al asunto de que Brock era prioridad absoluta.

Fregó rápidamente los platos, se puso su chaqueta, cogió la llaves de su coche y cuando fue a salir de su apartamento, una chica pelirroja le dio un fuerte empujón de nuevo hacia el interior. Clark cayó de espaldas en el suelo, fue a coger su pistola pero de una veloz patada, la chica la hizo volar hasta el otro lado del salón. Cerró la puerta y entró en el apartamento, ante la asombrada mirada de un desarmado detective Clark.

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Veneno rugió en cuanto vio entrar en el laboratorio al Doctor Muerte.

-¿No te han dado de comer hoy?- rió Muerte ante los rugidos de aquella bestia sedienta de su sangre.

-¡Vamos a comerte los sesos, Muerte!

-Le hemos dado de comer y beber esta mañana, cuando estaba un poco más calmado- le dijo a Muerte el doctor Welles-. Después, le hemos aplicado unas dosis de rayos de calor a alta frecuencia y un poco de sonido intenso.

-¿Son estos los resultados?- preguntó Muerte ante una montaña de documentos y papeles bien ordenados.

-Sí- contestó el doctor Carter-. Esa montaña de ahí son...

-Qué habéis descubierto que sea nuevo.

-Tiene la capacidad  de crear zarcillos con su simbionte y de lanzar telarañas imitando las de...

-¡Eso ya lo sé y cientos de detalles más como ese! ¡Quiero algo nuevo!

Los doctores Carter y Welles temblaron ante su amo. Welles, mayor, con abundante bigote negro y muy delgado, cogió varios informes y los leyó.

-Tenemos algo que le puede interesar. Tiene que ver con los límites de fuerza del simbionte.

-Habla.

-Hemos detectado que provoca que el humano huésped sea más fuerte, incluso cuando no están unidos, pero unidos, su fuerza es extraordinaria. Este simbionte parece que ha aumentado la fuerza de Brock varios niveles, pero no fue hasta hace poco cuando alcanzaron su limite. Además, originalmente hemos averiguado que el simbionte no tenía tanta fuerza...le pasó algo, que hizo que sus huéspedes pudieran tener más habilidades y fuerza de la normal.

-Creo saber lo que fue- murmuró Muerte observando de soslayo la araña blanca en el pecho de Veneno-. Sigue.

-Tenemos una teoría y es que quizás la fuerza limite de Veneno pueda ser usada en cuestión de su psicología. Huésped y simbionte deben estar perfectamente compactados para poder colaborar al limite y poder obtener el huésped de esta forma, todas las habilidades y ventajas del simbionte.

-Muy interesante- Muerte  se acercó a Veneno que seguía rugiendo y luchando por liberarse-. ¿Es eso cierto? ¿Simbionte y portador deben estar compenetrados?

-¡Nos ha llevado años conseguirlo! ¡Estás loco si crees poder conseguirlo en unos días!

-Lo conseguiré. Yo soy Muerte- Muerte le lanzó una potente ráfaga de plasma gracias a su armadura, dejándole atontado-. Esa araña blanca...la he visto antes, muy lejos de aquí hace tiempo (1). Nunca pensé que tuviera algo que ver contigo, a pesar del parecido.

-No...Argh...no sé a qué te refieres...

-Sí que lo sabes y después de lo que me han dicho mis científicos, todo encaja. Por eso la otra persona a la que vi con el simbionte no se parecía del todo a ti: no estaba totalmente compactada con el simbionte. ¿Verdad?

Veneno no contestó.

-Luego tendremos una charla tú y yo, Brock. Ahora, llegó el momento de la separación.

-No...No te atreverás...

El Doctor Muerte se retiró unos metros de donde estaba su prisionero e hizo una señal al doctor Welles, quien asintió y activó todo lo necesario. Dos enromes maquinas salieron del techo y se acercaron a Veneno, cuya plataforma en la que estaba bajó un poco. Las dos enormes maquinas parecían dos cañones aunque de diferente forma cada uno.

-Descarga de calor a alta intensidad.

-Muerte, cuando salgamos de esta...- Veneno no pudo seguir hablando ya que el doctor Welles había activado el cañón del cual salió un haz de luz roja que cayó sobre él, provocándole un fuerte dolor y una brutal agonía.

-En un minuto, preparados para la descarga sónica- ordenó Muerte.

-¡Yarghhhhhhhhhhhh!- chilló Veneno.

Los gritos de dolor del simbionte llegaron a las mentes de todos los que allí estaban. Algunos comenzaron a llorar, otros se taparon los oídos sin conseguir nada y los que más temían a Muerte, siguieron con su trabajo por mucho esfuerzo que les costase.

Al minuto, Welles puso en marcha la descarga sonica que impactó en Veneno. La descarga calorífica paró, pero la otra descarga arrancó aún más gritos al alienígena.

-Preparaos- dijo Muerte.

El simbionte comenzó a separarse de Brock, a pesar de que ninguno de los dos quería hacer eso, pero el dolor era tan fuerte que cada fibra del ser  de ambos lo sentía. Estaban a punto de desmayarse y seguramente sufrirían un fuerte shock si aquello no paraba en ese instante.

De repente, el simbionte reptó por el suelo, alejándose de Brock. La descarga se paró de golpe y Muerte se dirigió hacia el simbionte, lanzándole una descarga de plasma y dejándole inconsciente en el suelo.

-Llevadlo a la cápsula. Ahora comienza la autentica investigación y meted a Brock en su celda. Quiero que ambos se vean, la reacción de los dos será una buena producción de datos para estudiar.

Los científicos se apresuraron a ir a por el simbionte que no se movía, mientras Muerte sonreía bajo su mascara, al saber que sus planes estaban saliendo a la perfección.

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El detective Clark pugnaba por respirar mientras notaba el pie que le aprisionaba el cuello contra el suelo. La mujer era delgada y atlética pero en ninguno momento Clark pudo pensar que poseía tal fuerza.

-Detective Clark, usted y yo tenemos cosas que contarnos.

-Ak...ak...ak...

-Veo que no puede respirar- la chica quitó el pie de la garganta de Clark-. ¿Ya?

El hombre se levantó frotándose el dolorido cuello. Pegó un fuerte puñetazo a la chica, pillándola desprevenida. La mujer, volvió la cabeza, sangraba levemente por la nariz y sonrió al detective.

-Eso no me ha gustado.

Con una velocidad sobrehumana, la chica le agarró con su mano derecha del cuello y lo elevó sobre el suelo.

-¿Podemos habla tranquilamente?

-Ha...Habla con esto...zorra...

Clark sacó la segunda pistola que siempre llevaba guardada en una cartuchera a su espalda y apuntó con ella a la cara de la mujer pelirroja.

-Si fuera usted, no haría eso.

-Suélteme...o le vuelo la cabeza.

-No puede.

De repente, algo comenzó a cubrir a la chica, una especie de sustancia amarrilla y negra. Su cara se volvió completamente negra, con una siniestra sonrisa dentada. Sus manos se convirtieron en garras y su pelo creció hasta lo indecible.

“Es una simbionte”, pensó Clark mientras soltaba la pistola, sabiendo que no la haría nada.

-¿Hablamos ya?- murmuró la mujer simbionte.

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El Doctor  Muerte y sus dos principales científicos, Welles y Curtis, miraron el gran terrario rodeado por fuertes cristales y altavoces por todas partes. Era enorme y había sido construido para imitar perfectamente un entorno selvático y hostil. Los tres observaban con interés a un león que habían llevado expresamente para las pruebas con el simbionte. El animal, estaba tumbado en el suelo, frente a un grupo de helechos muy verdes y lamiéndose una de las patas. Ni rastro del simbionte.

-Qué ocurre- preguntó Muerte con una pizca de enfado en su voz.

-Creo...creo...- el doctor Curtis miró su libreta de notas sin saber lo qué podría ocurrir.

-¿Sabemos de que se alimenta el simbionte?- preguntó Muerte.

-Debe estar unido para alimentarse, pero la adrenalina y diferentes sustancias que consigue de sus huéspedes son su principal alimento- añadió Welles-. Nada sólido.

-Nada sólido- murmuró Muerte.

-Deberíamos entonces terminar la prueba- dijo Curtis.

-Esta prueba no es solo para ver si es capaz de cazar y comer sino para evaluar su grado de violencia y fuerza al estar separado de Brock.

Muerte se acercó a la cristalera que le separaba de la zona selvática y de improviso, una especie de ser negro de grandes ojos blancos y una boca llena de dientes, se pegó contra el cristal, justo donde Muerte miraba. El simbionte comenzó a chillar en la mente de todos los que estaban allí.

“Puedo sacarte de aquí. Solo tienes que venir conmigo”, pensó Muerte sabiendo que el simbionte podía escucharle.

“No. Brock o la araña. Nadie más. Te odio”

Muerte frunció el ceño bajo su mascara  mientras el simbionte continuaba arañando el cristal. Si no podía conseguir por las buenas que el simbionte fuese con él, lo conseguiría por las malas y por métodos más astutos.

-Curtis, acércate- el doctor hizo caso a su amo y se acercó al cristal-. ¿Le oyes gritar en tu mente? Es como un pensamiento obsceno, como algo maligno que sale de nuestras almas...horrible y a la vez tan bello. ¿Verdad?

-Sí...- susurró Curtis asustado.

-Ven, Curtis- Muerte le llevó hasta la puerta que tenía aquella cárcel preparada mientras el simbionte les seguía a ambos con su inquietante mirada alienígena.

-Debería estar tomando notas, mi señor.

-Tranquilícese, doctor Curtis. Va a poder tomar muchas notas- Muerte pulsó los botones de una consola cercana y la puerta se abrió-. Pienso descubrir cuanto rencor puede guardar esta criatura y si en otras condiciones puede comer algo sólido.

-¿Y cómo lo hará?

-Fácil. El simbionte sabe que nosotros tres somos los encargados de proporcionarle las torturas que ha estado sufriendo. Adivina.

El doctor Curtis se echó a temblar. Muerte le dio un suave empujón y el hombre cayó a la zona selvática mientras oía la puerta cerrarse.

-Doctor Welles, apunte todo lo que vea- ordenó Victor Von Muerte.

Curtis comenzó a gritar cuando algo se acercó a él entre la maleza, algo que iba muy rápido y que siseaba con furia.

-¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Doctor Welles! ¡Abra esto, ábralo!

Welles miró de soslayo a Muerte quien le señaló la zona selvática.

-Adelante, ayúdele.

El doctor notó como sudaba a borbotones mientras oía los gritos de su amigo a través de los cristales. Volvió la cabeza, pero Muerte le agarró la barbilla y le obligó a mirar.

-Debe apuntar todo lo que pase.

De improviso, algo lanzó a Curtis contra el cristal dándole un fuerte golpe. La sangre saltó y Curtis cayó otra vez al suelo. El simbionte se abalanzó sobre él, le agarró los dos brazos y le propinó un fuerte mordisco en un hombro. Siguió pegando fuertes bocados al cuerpo del hombre mientras estiraba sus brazos. Los chillidos de dolor del doctor eran horribles.

Al final, el cuerpo del hombre cedió. Los brazos salieron volando, la sangre llenó el suelo de tierra y tiñó de rojo las bonitas plantas verdes. De varios bocados más, prácticamente partió el cuerpo en dos. El alienígena tiró algunas partes contra el cristal y otras hacia el león, quien disfrutó del banquete.

-Excelente- dijo el Doctor Muerte.

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-Te conozco- dijo Clark sentado en su sofá mientras la mujer, con su simbionte ya retirado, le observaba.

-Yo a usted muy poco, pero ha demostrado que quiere atrapar a Veneno y que sabe mucho sobre él.

-Eres la simbionte que tuvo algo que ver con todo aquel asunto del alienígena que se alimentaba de los vuestros(2).

-Buena memoria. Solo quiero saber dónde está Veneno o al menos, todo lo que sepa usted de él- la chica le miró de arriba abajo con desconfianza.

-Se enfrentó a los Vengadores, le pillé al rato pero Estela Plateada se interpuso. Ambos pelearon pero alguien dejó seco a el surfista y a partir de ahí nada se sabe del amigo Veneno.

-¿Por qué le persigues?

-No es asunto tuyo.

La chica rió sonoramente.

-¿Por qué quieres encontrarle?- preguntó Clark.

-No es asunto tuyo, pero son asuntos de familia.

-¿Asuntos de familia?

-Creía que lo sabías todo sobre Veneno, pero veo que su mayor secreto aún sigue a salvo.

-¿Eres familia de Brock?

-Del otro- la chica sonrió picaramente-. Veneno es nuestro padre.

-¿Cómo Matanza?

-¡Exacto! Es todo lo que puedes saber...por ahora.

-¿Y para qué lo buscas?

-Mi otro necesita a su padre. Cuando terminemos con él, se lo entregaremos a usted- la chica se volvió hacia la puerta pero antes de salir, Clark la detuvo.

-¿Sabes que ha hecho una lista?

-Sí, lo suponía. Espero que vaya a por nosotros, así no tendremos que buscarle- la chica hizo una leve mueca de dolor y se dobló levemente.

-¿Le pasa algo?

-No...No...Es nada.

-¿No me vas a matar?

-Tranquilo, detective. No somos nuestro hermano.

Salió por la puerta dejando a un sorprendido detective Clark en su apartamento.

-Vaya, eso ha sido nuevo.

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El Doctor Muerte se paseaba por delante de la celda de barrotes que contenía a Edward Brock, que le observaba con el ceño fruncido y semidesnudo. En un rincón de la estancia, una cápsula perfectamente equipada, contenía al simbionte, quien no dejaba de mirar a Brock de forma triste.

-Parece como si estuviera llorando- dijo Muerte-. Impresionante. Hace unas horas esta cosa ha destrozado a uno de mis mejores científicos y ahora parece que está triste por no estar contigo.

Brock no dijo nada, simplemente siguió mirando a Muerte con intenso odio.

-He descubierto muchas cosa sobre tu simbionte, Brock y tengo muchas preguntas. Ahora, sé que hace tiempo que conozco a la criatura. La vi por primera vez en un lejano planeta durante la guerra que organizó el Todopoderoso(3). Lo llevaba Spiderman. Fue difícil de creer que este ser estuviera antes en Spiderman, no solo por las claras diferencias, sino porque todos creen que simplemente eres una imitación suya. Ahora, sé que este simbionte estaba en aquel planeta, un planeta que era una unión de planetas...tu compenetración con este ser es absoluta, lejos de ser la que era con Spiderman. ¿Verdad?

-Voy a matarte- murmuró Brock.

-Muchos han dicho eso, Brock y aquí sigo. Quiero que me digas cómo puedo controlar al simbionte y te haré un favor: te mataré pronto. De otra manera, sufrirás durante días los continuos experimentos a los que te someteré y al final, la disección.

-Vamos a matarte. ¿Crees que eres el único que nos captura? Muchos han sido los que querían al simbionte antes que tú y todos han fallado.

-Usas a esa criatura solo para tus vendettas personales y tus propias ansias de venganza. Yo lo usaré para experimentar, para lograr hacer un mundo...

-Para matar a los Cuatro Fantásticos, ¿verdad? Por supuesto, eso no es una venganza personal.

Muerte se giró hacia el simbionte y acarició su estancia de duro cristal.

-Es una criatura única.

-Tu muerte también será única- Brock sonrió de manera siniestra.

-Sigue hablando, Brock. Ya ha caído la noche y en cuestión de horas si no controlo al simbionte, tus pedazos decoraran mi laboratorio científico de alto nivel. ¿Algo que decir?

Brock no contestó. Oía continuamente como el simbionte hablaba en su mente, pidiéndole ayuda y diciéndole que le echaba de menos. No había escapatoria posible, pero su amigo de las estrellas no lo entendía. Aquella vez no había salida. Estaban perdidos.

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Drake, su ayudante Lucius y el doctor Parker observaron a Mega con su nuevo traje de combate.

-Va a salir ahora mismo a por Veneno- Drake sacó de su chaqueta una pequeña probeta cerrada con un corcho y en cuyo interior había una pequeña sustancia negra.

-No está preparado, señor Drake- contestó Parker.

-No hay nadie más aquí, doctor, todos se han ido a sus casa o están durmiendo en sus habitaciones. Somos dos contra uno, señor Parker. Opinas como yo, ¿no, Lucius?

-Por supuesto, señor.

-Muy bien. No se hable más. Mega irá ahora mismo a por Veneno y...

-Señor, debo insistir una última vez. Mega sustrae su energía del Sol, es de noche, aún no hemos terminado de hacer las últimas pruebas y su energía va por intervalos y...

-Para eso le hemos tenido todo el día haciéndole pruebas y cargándose, para que ahora vaya a por Veneno y en un momento lo mate. Es muy fácil, doctor. ¡Se supone que es el jodido soldado definitivo!

Parker calló de golpe. Drake se acercó a Mega, quitó el corcho de la probeta y le pasó el pequeño trozo de simbionte a Mega.

-Es un trozo de tu objetivo. Huélelo, aunque es de hace tiempo, aún podrás seguir su rastro.

Mega olió el pequeño trozo de simbionte y asintió: había captado el rastro.

-Ve a por él como te hemos enseñado y tráeme su traje. Da igual lo que tengas que hacer, da igual a quién tengas que matar...ve a por Veneno y tráeme su simbionte. Si no puedes traérmelo...da igual, pero lo quiero destrozado, vencido, humillado...de rodillas.

 -A sus ordenes, señor.

Mega se colocó bajo una especie de salida que tenía el laboratorio específicamente para él y salió volando a supervelocidad.

-Espero que sus capacidades olfativas funcionen bien, doctor Parker.

-Sigo pensando que se está precipitando.

-Gracias por su opinión, doctor Parker. Puede tomarse el resto del día libre.

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-Pronto me iré a dormir, señor Brock y si no he conseguido nada antes de ir a mis aposentos, mañana lo sufrirá.

-Te lo he dicho ya, dictador con ínfulas de rey del mundo...me ha costado años estar en armonía con el simbionte. Ni Spiderman lo consiguió...¿piensas conseguirlo tú en unos días? Imposible. El simbionte tiene que sentir una conexión con su huésped, de otra forma, te consume y acabas convertido en un montón de huesos viejos y secos(4).

-Yo soy Muerte. Yo domino y se hace mi voluntad siempre que quiera. Un ser del espacio no puede desafiarla.

-Este sí que puede y no es único. Puedes ir por los otros que hay o buscar el tuyo propio(5). No te costaría trabajo.

-¿Otros? ¡¿Qué otros?!

Brock le sonrió. Notó como el simbionte se excitaba desde donde estaba, al haber mencionado a los de su raza.

-Muchos otros. Hubo una invasión de simbiontes...¿crees que todos fueron destruidos?(6)

-Estás mintiendo, Brock. Mañana comenzará tu disección. El simbionte al final será sometido, por medio del dolor, de la tortura, de...

No pudo terminar la frase. Comenzó a oír sonidos de explosiones y de piedras cayendo y fue entonces cuando una de las paredes explotó en cientos de cascotes y pedazos de piedra. Entre el polvo y la destrucción, tanto Muerte como Brock vieron que había un hombre. Tenía el pelo largo y negro, era alto y muy fuerte, ancho de espaldas. Su traje era negro, botas militares, detalles blancos en algunas partes, capa negra, un cinturón blanco y  una “M” roja en el pecho.

-¡¿Quién osa entrar en el castillo de Muerte?!- gritó el Doctor Muerte.

Un brillo rojo llenó los ojos del hombre y una ráfaga de rayos caloríficos inundó a Muerte, destrozándole partes de su armadura y quemando sus ropajes verdes. Muerte fue desplazado de golpe a la pared más cercana, estrellándose contra ella y casi atravesándola. Otra ráfaga de rayos caloríficos destrozó la cápsula donde estaba el simbionte.

-Edward Allan Brock, ha sido sentenciado a muerte- dijo el hombre como si fuera un rezo más que una orden.

El simbionte se arrastró rápidamente hacia Brock. Mega se dio cuenta y comenzó a lanzar rayos caloríficos al alienígena, sin acertarle por muy poco. El simbionte llegó a Brock y este le recibió sonriendo. De nuevo estaban juntos, de nuevo estaban completos, de nuevo eran...¡Veneno!

Destrozó de un fuerte puñetazo la celda de simples barrotes de metal y salió al encuentro de su enemigo.

-¡Estamos muy cabreados y tú vienes a que te partamos la cara! ¡Debe ser nuestro día de suerte!

-Veneno, has sido sentenciado a muerte. Yo, conocido como agente Mega, he sido elegido para ejecutar la sentencia y cumplir con la misión.

-¿Mega?

En milésimas de segundo, Mega empujó a Veneno a través de un muro y le sacudió diez rápidos puñetazos con su increíble fuerza. Agarró por el cuello a Veneno y lo lanzó por los aires con tal fuerza, que atravesó el castillo de Muerte hasta llegar al exterior.

“Estamos débiles por la tortura a la que hemos sido sometidos, pero no es solo eso. Este tipo es muy fuerte”, pensaba Veneno en el aire mientras sentía como sus heridas se curaban poco a poco.

Sin darse cuenta, Mega ya estaba a su lado, le dio un fuerte puñetazo que lo desplazó varios metros por el aire. Con su supervelocidad, Mega se situó de nuevo a su lado y con sus dos manos le soltó un puñetazo doble que hizo que Veneno cayese al suelo, produciendo un fuerte estruendo.

En medio de un pequeño cráter, Veneno notaba sus huesos rotos, el simbionte destrozado y el dolor recorriendo su cuerpo. Vio a Mega dirigirse hacia él y entonces supo que había salido de la sartén para caer en las brasas.

                                               CONTINUARÁ...

1.- Victor Von Muerte vio la araña blanca en el planeta de las Secret Wars. Spiderman la llevaba en su nuevo traje blanco, que más tarde se revelaría como un simbionte.

2.- Ver el tomo “Veneno: El cazador” donde un alienígena llegaba a la Tierra comiéndose a los simbiontes que iba encontrando.

3.- Ver la famosa mini-serie “Secret Wars”.

4.- Como se vio en la mini-serie “Planeta de simbiontes”. Los simbiontes agotan a aquellas huéspedes con los que no tienen una conexión especial.

5.- Se refiere a los otros simbiontes que hay repartidos por el mundo.

6.- Veneno mato a todos los simbiontes durante la invasión o eso creía. Muchos sobrevivieron y continúan escondidos.