" Eddie Brock, ex-periodista del Globe, odia a Spiderman, culpable de su ruina personal... el simbionte que trajó Peter Parker del espacio le odia por rechazarlo... juntos forman Veneno, el Protector Letal". Stan Lee y Action Tales presentan:

Veneno: La caída de la araña

Escrito por The Stranger

Portada: Eric Wolfe

                                   PROLOGO

El hombre se despertó, sudoroso y asustado. Las sabanas se le enredaron en los pies y casi le hicieron tropezar al salir de la dura cama. El colchón estaba bastante usado y en una de sus partes amenazaba con salirse uno de los muelles.

Tiró las sabanas a un rincón de la habitación y entró en el cuarto de baño. Estaba bastante limpio, considerando la poca calidad de piso alquilado.

Abrió el grifo y las cañerías gimieron. El chorro de agua salió pocos segundos después. Mantuvo el agua entre sus manos temblorosas, sintiéndola fría y reconfortante entre ellas. Se salpicó en la cara con la poca que no se le escurrió entre los dedos y gimió de dolor y pesar. Los malos sueños eran frecuentes, cada vez más. Lo bueno, es que siempre podía despertarse, lo malo, que él sabía que no eran sueños precisamente, sino visiones de su otro “yo”... lo peor aún es que no sabía como ponerles fin, aunque había una posibilidad.

Se miró en el espejo y negó con la cabeza a su imagen. Se pasó una mano por su corto pelo rubio y observó sus penetrantes y fríos ojos azules. Antes que volver a hacer lo que debía hacer para poner fin a los sueños, haría cualquier cosa. Cualquier cosa.

Salió del cuarto baño, apagando la luz a su salida y se sentó en el borde de la cama. Observó la pistola que estaba en la mesilla de noche junto a él y rezo en silencio por no tener que recurrir a eso.

Eddie Brock fue a por las sabanas al rincón donde las había arrojado, se tapó nuevamente con ellas y cayo en un sueño reparador. O eso creía él.

                        PARTE 1: RECUERDOS

Vestido de cura, Eddie Brock subió corriendo los peldaños que conducían hasta el campanario y allí lo vio. Spiderman, con el traje negro que imitaba al traje viviente que ahora era suyo. Había sobrevivido a la trampa que le había tendido, pero acabaría con él. Basta de juegos.

-¡Eso no está bien, muchacho! ¡Has infringido las reglas...- el traje de cura comenzó a cambiar sobre Eddie Brock, a volverse liquido, todo él cambió, una ancha sonrisa monstruosa se dibujó en su cara, unos ojos grandes y blancos sustituyeron a los suyos, garras cubrieron sus dedos y una gran araña blanca adornó su pecho-, ... serás castigado!

Spiderman estaba débil, debido al esfuerzo de librarse de toda la telaraña de Veneno y parar solo con una mano el gran badajo que amenazaba segundos antes con destrozarle. Vio como Eddie Brock adquiría el aspecto de Veneno, un nuevo enemigo, más mortal y peligroso que todos los anteriores a los que se había enfrentado. Brock poseía el traje viviente que había traído de las Secret Wars, tenía todos sus poderes arácnidos aumentados más algunos más, como ya había comprobado.

“Necesito un respiro para seguir viviendo”, pensó Spiderman mientras saltaba hacía el tejado del campanario.

Veneno subió a los pocos segundos, pero Spiderman lo lanzó del tejado de una patada. Veneno lanzó telaraña hacia el tejado solo para ver como Spiderman la cortaba con un trozo afilado de tejado que había arrancado.

Lanzó otra telaraña y otra, y otra, y otra, pero Spiderman las cortaba todas, hasta tal punto que el traje alienígena se agotó y no pudo generar más telaraña.

Veneno vio como Spiderman cortaba su ultima telaraña y entonces cayó, y cayó, y cayó... (1)

-¡¡¡¡Aaaahhhhh!!!!

Eddie Brock se despertó alterado y asustado. Otra pesadilla. Otro recuerdo indeseado. Otra derrota a manos del trepamuros.

Abrió la ventana y el Sol entró a raudales. La volvió a cerrar e intentó de nuevo dormir, pero la voz de su interior, la voz que convivía con él, le volvió a hablar.

“Eddie”

Brock hizo caso omiso a la voz y volvió a hundir la cara en la almohada. Sabía perfectamente que no conseguiría dormir, pero al menos pensaba intentarlo.

“Eddie”

-¿Qué quieres?- preguntó Eddie en voz alta aunque sabía que no hacía falta eso. El simbionte se comunicaba mentalmente y aún más con él. La conexión entre ambos era total.

“Sabes lo que quiero... lo que necesito”

-Ya no más. Se acabaron las peleas, las batallas, los superhéroes... Spiderman...

“No, no. No se ha acabado aún”

Eddie Brock miró desde la cama la pistola de la mesilla y el simbionte comprendió al instante, pero no dijo nada.

“Lo haré y lo sabes”

El alienígena seguía sin contestar. Brock siguió mirando fijamente la pistola. Una 9 mm que había adquirido a un pequeño traficante de armas. Después de matarle, claro. Un culpable menos que dañase a los inocentes. Los inocentes que siempre había protegido. Inocentes como él lo había sido un tiempo antes. Hacía mucho tiempo ya.

Brock fue  acoger la pistola pero la voz atemorizada del simbionte reverberó en su cabeza.

“Me iré”

Eddie sonrió y negó con la cabeza mientras acariciaba la pistola desde su cama con una mano.

“Cuantos querrán este poder, lo que ofrezco, las promesas que cumplo. Tu no me quieres ya. Me iré con otros”

“Sabes que nadie te aceptaría como yo, sabes que nunca compartirías lo mismo que conmigo compartes. Sabes bien que si me dejas y no encuentras a nadie, morirás”

El simbionte no contestó, pero Eddie lo sintió en su mente, cavilando, en su interior, moviéndose, como una sombra en una pared poco iluminada.

“Araña”

Brock abrió los ojos desmesuradamente y soltó la pistola de golpe.

“Volveré con la araña”

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Spiderman saltó desde el alto edificio, apuntó al más cercano y disparó su telaraña. El sonido de siempre resonó en sus oídos, mínimo pero claramente audible. Realizó una voltereta en el aire y tras dos lanzamientos de telaraña más, paró en otro edificio, más bajo que en el que se encontraba antes. Fijo su vista en el banco que había unos metros más abajo.

“Según ese soplón, hay preparado algo grande para hoy y este banco donde la seguridad es lo primordial según su publicidad, va a ser el objetivo”

Spiderman esperó durante unos segundos y siguió esperando, y esperó. Durante quince minutos no pasó nada.

“O me ha engañado o debe ser mi día de suerte. Un atraco frustrado antes de cometerse”

Peter Parker rió cínicamente bajo la mascara. La suerte y él mismo no se llevaban muy bien. Al menos la buena suerte. Aunque debía reconocer, que los últimos acontecimientos decían todo lo contrario.

“Tia May sabe quién soy y aunque siempre se muestra un poco preocupada cuando salgo, ahora siento verdaderamente que estoy siendo sincera con ella. Las cosas con Mary Jane no van nada mal. Nuestros problemas desaparecen un poco más cada día que pasamos juntos. Si tenemos en cuenta que mi trabajo de profesor va viento en popa y que hace ya tiempo que no me enfrento a ningún duende, ni chalado súper tecnológico, ni vampiro chupa-energías... no creo lo que voy a decir, pero mi suerte está cambiando”

Spiderman seguía mirando el banco... pero no pasaba nada. Bostezó sonoramente bajo la mascara.

-En fin, no se puede tener todo. Y yo que quería verle de nuevo...

Una gran furgoneta negra se paró de repente frente al banco. De ella surgieron varios hombres fuertemente armados y otro vestido de forma peculiar. Llevaba un bumerang en el casco. Spiderman sonrió al verle.

“Por fin, Bumi”.

Spiderman lanzó una telaraña y fue a por los atracadores antes de que entrasen en el banco.

“Sin embargo, la buena suerte no es algo que nos dure mucho a los Parker. Espero equivocarme esta vez”, pensó Spiderman mientras veía como los criminales se quedaban boquiabiertos al verle venir.

-¡Bumi! ¿Me echaste de menos?

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Bernard Hibert, metió la llave en la estropeada cerradura y entró en el apartamento de su antiguo inquilino. No tenía muchas cosas y mantenía el sitio limpio, aunque se retrasaba algo con el alquiler. Presentía que ocultaba algo e iba a descubrirlo. Siempre podría sacar pasta de algo así.

-¿Hola?- Bernard escuchó un gemido desde el cuarto de baño, así que decidió investigar un poco-. ¿Brock, está ahí?

Otro gemido proveniente del baño y entonces la vio. Una pistola, encima de la mesilla de noche. Ya sabía que aquel tipo no era legal.

-¿Algún problema, señor Hibert?- preguntó Eddie Brock tras su casero.

Bernard Hibert señaló el arma.

-¿Puedes explicarme eso, Brock?

-Es para mi protección, señor.

Bernard sonrió con sus labios gruesos y sus dientes picados. Fue a por el arma y la miró de cerca.

-Seguro- Bernard aspiró fuertemente el aire de la habitación-. La mantienes muy limpia, Brock. Eres muy buen inquilino, aunque te retrases siempre un par de días con los pagos.

-Ya le comenté, que estoy buscando trabajo y...

-No quiero que me cuentes tus problemas, Brock- Bernard se acercó a Eddie y le señaló con un dedo-. Mañana empezaré a cobrarte el doble.

Eddie abrió los ojos, sorprendido.

-¡¿Por qué?!

-Tienes algo que ocultar y no creo que te guste tener a la policía cerca, sea lo que sea que ocultes. Así que mañana espero el dinero- Bernard le dio una palmadita en un hombro-. Mañana. Ni un día más.

Bernard fue a salir de la habitación y vio a Eddie con la cabeza gacha y apretando los puños. Si hubiera sido posible, Bernard hubiese jurado que iba a explotar de rabia.

-¿Algún problema, Brock? ¿Algo que decirme?

Eddie no contestó inmediatamente.

-No... señor Bernard. Ninguno.

-Bien- Bernard le señaló con un dedo antes de salir por la puerta-. Mañana, Brock.

En cuanto salió de la habitación, Eddie Brock se tumbó en la cama, agotado. Lo máximo que había dormido en tres días habían sido seis horas.

“Podías haberlo hecho”

Ahí estaba de nuevo. Aquel ser proveniente de las estrellas. Aquel simbionte. Su simbionte. Su traje viviente.

-Te dije que nunca más- Brock miraba el techo mientras hablaba con su traje viviente. Se había acostumbrado a hacerlo en voz alta. Quien le viese hubiese dicho que estaba loco. O al menos, que lo parecía.

“¿Por lo que pasó?”

-Por todo. No te daré más adrenalina, no correré más riesgos y... no mataré  a nadie más.

“¿Ni siquiera a la araña?”

El simbionte sabía hurgar en la llaga. Eddie Brock se negó a responder.

“¿No me contestas, Eddie?”

-No necesito contestarte.

“Estás así por él, él me trajo aquí, te quito tu reputación, te sumió en la vergüenza...”

-Cállate, cállate- los dolorosos recuerdos inundaron a Brock.

“Él mató a Ann” (2)

-¡Cállate!

El simbionte se calló... por el momento y Brock comenzó a pensar en su traje viviente.

El planeta original del simbionte había sido destruido hacía ya mucho, mucho, mucho tiempo... por Galactus, cuando aún Estela Plateada era su heraldo. Desde entonces, los simbiontes que sobrevivieron habían pasado años de planeta en planeta, apoderándose de sus habitantes. Era una raza de conquistadores. Necesitaban la simbiosis. Se nutrían de las emociones de aquellos a quienes poseían, de su adrenalina, por ello les hacían correr riesgos, empezar guerras, comenzar batallas sin fin... las emociones eran algo de lo que carecían y la adrenalina lo que una barra de chocolate a un niño. No todas las razas poseían adrenalina, pero si sustancias muy parecidas.

Habían desgastado razas enteras en su afán por poseer. Sin embargo, el simbionte de Brock era una anomalía en su raza. No buscaba poseer, sino pertenecer. De ahí que en lo encerrasen en una jaula especialmente diseñada por los de su raza, encerrado antes de ser ejecutado. Fue en esa jaula, en esa celda, donde Spiderman lo encontró, desde donde Spiderman lo trajo.

El simbionte había encontrado a su perfecto huésped. Corría riesgos sin parar, era una inmensa dosis continua de adrenalina y un mar de emociones. Todas nuevas y extrañas, pero sumamente deliciosas y reconfortantes.

El rechazo de Spiderman le llevó a la locura y entonces encontró a Brock. Un ser humano que odiaba a Spiderman, dispuesto a todo para conseguir su muerte. Una fuente extraordinaria de emociones, muy diferentes  a las de Parker, pero Brock estaba dispuesto a correr riesgos, darle su adrenalina, compartir sus emociones, su cuerpo humano y más aún... Brock sí le quería.

Durante mucho tiempo, ambos se convirtieron en el ente súper poderoso conocido como Veneno. Intentaron matar a Spiderman en numerosas veces, protegían a los inocentes y todo iba bien. Incluso durante un tiempo, hicieron las paces con Spiderman. Brock y él tenían sus desavenencias, pero siempre las resolvían y volvían a ser Veneno. Hasta que hace poco, ocurrió algo. La mujer de Brock murió y él fue despojado del simbionte de un modo violento por otro ser alienígena (3). El simbionte volvió, pero algo había cambiado. Brock ya no le quería. No quería correr riesgos, no quería luchar... pero el simbionte sentía una chispa dentro de él. Si no podía encenderla, volvería con Parker. Con la araña.

Brock sentía esa necesidad del simbionte. No solo la sentía en lo mas hondo de su ser, sino que sabía a ciencia cierta que estaba ahí. Y había mencionado a la araña. No quería quedarse solo de nuevo, pero tampoco quería volver a ser lo que fue. Veneno.

Eddie Brock cerró los ojos, con esperanzas de poder dormir un poco. Los malos sueños, le llegaron a la hora y media de sueño.

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Cementerio Calvary, Queens.

Eddie Brock agachó la cabeza ante la tumba de su ex-mujer, Ann Weying. Las lagrimas comenzaron a brotar levemente.

-Te echo de menos cariño. No pasa un día en que no piense en ti. Me pregunto si podría haber hecho algo para... para...

Eddie apretó los puños en el suelo, con rabia.

-No fue culpa mía. No pudo serlo. Fue él. ¡Spiderman!- las lagrimas brotaron con más intensidad-. Lo va a pagar.

Una sombra oscura comenzó a cubrir el rostro de Eddie Brock.

-Te lo prometo, Ann.

El traje viviente, ante la oleada de rabia de Brock, le cubrió todo el cuerpo. Aparecieron los ojos blancos alienígenas, que cubrían los humanos, las garras, el símbolo blanco de la araña, la boca llena de colmillos como navajas de afeitar...

-Obtendremos nuestra venganza. ¡Esta noche, Veneno se comerá el corazón de Spiderman!

Y entonces la escuchó. La voz de aquel ser. Otro medio humano medio alienígena, solo que su parte alienígena es más un virus, que un organismo vivo.

-Eh... discúlpeme, señor Brock, pero... me temo que tendrá que posponer por el momento su venganza personal- la voz provenía de entre las sombras del cementerio.

Veneno se volvió hacia el lugar del que provenía la voz.

-¡¿Qué?! ¿Quién está tan loco como para interrumpirnos?

-Podría afirmar que soy una persona extremadamente interesada en la especial relación simbiótica existente entre usted y su disfraz alienígena. Me encantaría gozar de la oportunidad de examinarlo más de cerca. (4)

Y entonces ocurrió. Fue separado del traje. Justo antes de cumplir su venganza. Aquel ser, les separó y entonces Brock vio las cosas de modo diferente. Luchó por recuperarlo, pero cuando el simbionte volvió... todo había cambiado.

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Brock abrió los ojos. Despertó bañado en sudor, tembloroso, de nuevo acosado por los malos sueños, en realidad malos recuerdos, que el simbionte le proporcionaba. Sabía perfectamente para que lo hacía, sabía que pretendía. Y lo estaba consiguiendo.

¿No te quieres vengar de todos, Eddie?”

Brock negó levemente con la cabeza, aún tumbado en la cama.

“Yo sé que sí quieres, especialmente de la araña”

-Me dices todo eso solamente porque me necesitas. Sabes que soy el único de este planeta con el que realmente compartes un vinculo.

“Sí, peor también te quiero a ti. Somos protector de los inocentes y a la vez perseguidor de los injustos. Hagamos justicia a nuestra manera”

-¡No!

“Matanza, El Jurado, Donna, la detective Stern, Punisher, Daredevil, Roland Treece, Carlton Drake, los Seis Siniestros, Grito, Juggernaut, Estela Plateada... Spiderman... todos nos han hecho daño. ¿Los vas a dejar así?”

Eddie Brock se derrumbó. Sabía que si no hacía lo que quería el simbionte, se quedaría solo. Miró la pistola y tomó una decisión.

-Hagamos un trato.

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Eddie Brock terminó la lista. Una larga lista. Todos los de la lista eran enemigos suyos... o del simbionte. Personas y no tan personas, con las que tenía cuentas pendientes. Cuentas que pensaba saldar, antes de redimirse por completo.

-Aquí está- Brock miró la lista colocada junto a la pistola-. Ya sabes lo que quiero.

“No estes tan seguro, Eddie”

-Nos convertimos en Veneno, los matamos a todos y después...

“No creo que quieras, Eddie”

-Ya veremos- Brock miró el primer nombre de la lista-. ¿Nuestro casero?

El simbionte cubrió a Eddie. Sintió la unión completa y única que le proporcionaba el simbionte y entonces dudo de que al final pudiera hacer lo que tenía planeado, pero no quería pensar en eso ahora. Su objetivo en ese momento estaba claro: terminar con todos los de la lista.

Dejó que el simbionte se uniera con él completamente y el alienígena hizo lo mismo. Una unión incluso espiritual. Ya estaban completos. Como la ultima vez y de forma tan pura esta vez, que Brock se sintió más poderoso que nunca. Sonrió mientras el simbionte le cubría el rostro. Ahora eran Veneno.

-Señorrrrrrr Hibert- canturreó Veneno.

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Bernard Hibert abrió la cerveza en la oscuridad, solo rota por la luz de televisor. Bernard derramó un poco de cerveza sobre su camiseta blanca sin mangas, mientras reía con lo que veía por la caja tonta. Sería tonta, pero a él le encantaba.

Escuchó un sonido. Parecía la puerta... abriéndose.

-¿Hay alguien ahí?- Bernard se acordó de las películas de terror y de lo que pasaba en ellas a los que hacían esa pregunta.

Se levantó con gran pesar y comprobó que la puerta estaba entornada.

“Un golpe de viento”, pensó Hibert pero no se quedo satisfecho. Los golpes de viento no abrían las puertas de entrada de los pisos.

Cerró la puerta y se volvió a sentar en su mullido sillón. De nuevo rió ante la caja tonta, olvidándose por completo de la puerta y entonces algo le mojó el pecho.

Bernard tocó lo que le mojaba el pecho. Era traslucido. Parecía... baba.

Cuando sus ojos se fijaron en lo que había en el techo, su mente intentó racionalizarlo. Aquella criatura negra, de grandes colmillos, ojos blancos y una lengua viperina no podía existir. Era imposible.

Bernard ni siquiera pudo chillar, solo gemir levemente.

-Por favor... no... no... quiero morir.

La cara del monstruo se retiró, pareció deslizarse y entonces apareció la de su inquilino, Eddie Brock.

-Hola, señor Hibert- Eddie sonrió maliciosamente-. No podíamos esperar a traerle lo que se merece.

Bernard chilló de terror cuando la cara monstruosa volvió a cubrir el rostro de Brock y saltó sobre él.

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Eddie Brock miró por ultima vez los restos de su casero y sonrió. Ese cerdo se lo merecía y Brock se sintió bien al hacerlo. Notó al alienígena satisfecho. Él mismo también lo estaba. Había aceptado de nuevo al alienígena, sin condiciones, sin trabas... y pretendía no tener freno. Se sentía desatado y esta vez tenía un objetivo.

“Varios objetivos”, pensó Brock sacando de uno de sus bolsillos de su pantalón, la lista. Sonrió aún más ante el siguiente objetivo. Sería fácil y hacía poco tiempo que había salido de la cárcel tras lo del proyecto Arachnnis (5).

-Espero que esté preparado, señor Taylor.

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Orwell Taylor se derrumbó en su caro sillón de cuero negro y encendió el televisor más por pura inercia que por interés en el aparato. El vaso de vino descansaba en una mesilla al lado del sillón y no había sido probado aún por el cansado hombre. Se pasó una mano por su pelo blanquecino y emitió un gruñido. Se sentía cansado, más cansado que nunca. Hacía ya un mes que había salido de la cárcel, por el asunto del proyecto Arachnnis y aunque era un hombre libre, no se sentía libre por completo.

Cogió la fotografía que estaba en la mesilla al lado del vaso de vino. Era la fotografía de su hijo Hugh. Desde su muerte (6) todo había ido cuesta abajo y él, en parte, tenía la culpa.  Sabía que tenía la culpa de su estado actual. Aunque la mayor parte se la llevaba el asesino de su hijo, cuya persecución le había llevado a hacer cosas de las que no se sentía nada orgulloso, hasta llegar a la cárcel.

Había dedicado todos sus esfuerzos, toda su fortuna en matar a Veneno y no lo había conseguido. Llegó a formar a El Jurado, llegó hasta a hacer tratos con la Fundación Vida, tratos nada honestos. Y Veneno seguía vivo.

La rabia le inundó, pero sabía que nada arreglaba el maldecir a su enemigo o sentirse tremendamente frustrado. Lo hecho, hecho estaba. Y debía vivir con ello.

El timbre sonó. Hacía tiempo que nadie lo usaba, ya que no recibía muchas visitas. Tardó unos segundos en cruzar el gran salón y llegar hasta la elegante entrada de la casa.

-¿Quién es?- preguntó prudentemente mirando por la mirilla.

-Policía- no podía verle bien la cara al agente de policía, pero tanto el uniforme como las gafas grandes y oscuras estaban allí, así que no vio motivos para desconfiar.

-¿Algún problema, agen...te?

Cuando abrió la puerta, el agente de policía ya no estaba. En su lugar, un hombre rubio, fornido, con una camiseta negra y unos vaqueros le sonreía. Sabía muy bien quien era aquel hombre.

-Hola, Orwell.

El rostro petrificado de Orwell Taylor no daba crédito a lo que veía.

-Brock...

Eddie Brock dio un paso hacia él y Orwell Taylor sintió de repente una extraña calidez en su estomago. Escuchó algo gotear en sus zapatos y miró abajo. La mano derecha de Brock era una garra totalmente negra y estaba incrustada en su estomago, el cual sangraba abundantemente.

-Maldito... seas... Brock...

Orwell cayó al suelo cuando Eddie Brock retiró la garra, que se convirtió nuevo en su mano normal. La sangre de Taylor la adornaba.

Pasó por encima de su victima mientras esta exhalaba su ultimo aliento, retiró el cuerpo y cerró la puerta tras de si.

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Eddie Brock degustó en su paladar el vaso de vino que minutos antes Orwell Taylor se había servido.

-Exquisito- en su mente, el simbionte le dio la razón.

Brock volvió su cabeza hacia el cadáver aún caliente de Orwell Taylor, el hombre que había creado un grupo especial dedicado expresamente a la caza y muerte de Veneno. Ya no le molestaría más.

Cogió el mando a distancia y cambió de canal. Estaban dando las noticias. Se dispuso a volver a cambiar de canal, cuando vio algo que le interesaba.

“Repetimos: Spiderman a evitado el atraco al banco City Center esta misma mañana. Parece ser que el jefe de la operación puede ser el criminal comúnmente conocido como Bumerang, un asesino a sueldo que...”

Eddie ya no tuvo que oír más. Sacó de nuevo su lista y tachó el nombre de Orwell Taylor, tras el de Bernard Hibert.

“No pensaba ir a por él tan pronto, es más, no es el siguiente, pero está en mi lista. Es hora de que sepa que le espera”.

“Bien dicho, Eddie. La araña morirá, te lo prometo. Tu solo cumple nuestro trato y sigue así”

-Falta una cosa- Eddie Brock se levantó del cómodo sillón. Estaba muy bien allí, podía quedarse a vivir ahora que el dueño de la casa estaba muerto, pero tenía cosas que hacer.

“Pídeme lo que quieras, Eddie”

-Quiero saber quién es. Un día lo sabía, pero perdí la memoria (7). Tu aún lo sabes. Dime quién es.

El simbionte no respondió.

-Dímelo.

El simbionte siguió sin responder.

-¡Dilo!

“Parker”

El simbionte disparó un torrente de recuerdos e información en la mente de Eddie Brock, de improviso, con tal fuerza que el ex-periodista cayo de rodillas. Cuando se levantó, después de unos minutos, le sangraba la nariz, pero sonreía.

-Ahora todo está claro. Me acuerdo de todo- Eddie Brock se dirigió hacia la puerta delantera-. Peter Parker, su inocente tía May... y su querida esposa, Mary Jane.

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Spiderman lanzó su telaraña a edificio más próximo y cuando llegó a él, se sentó en la cornisa.

Se retiró el guante izquierdo y miró su reloj.

“Las cuatro. Tía May me va a matar. La ultima vez que la enfadé era peor que Galactus con dolor de estomago”.

Se puso en pie en la cornisa, fue a disparar su telaraña... cuando sintió el fuerte golpe en el costado que lo lanzó hacia la calle a demasiada velocidad.

Spiderman veía como se acercaba a la acera sin remedio. El golpe le había dejado bastante mareado. El costado le ardía, pero aún así, debía hacer algo para no convertirse en una mancha en el suelo.

Lanzó dos telarañas al edificio de enfrente.

“Que aguanten, que aguanten, que aguanten”

Las redes aguantaron y Spiderman usó toda su fuerza para impulsarse y llegar al tejado del edificio. Cuando llegó, se tiró en el suelo, con un fuerte dolor tanto en el costado como en sus brazos, por el esfuerzo realizado.

-¡Ahg! ¿Pero quién ha...?

Spiderman lo vio en el tejado desde donde se había “caído”. Le reconoció al instante, pero no podía creer que fuese él y justo en ese momento. Era Veneno.

-¡¿Brock?!- gritó Spiderman.

Veneno saltó e intentó aplastar a Spiderman cuando aterrizó. Peter Parker se retiró en cuanto vio que Veneno había podido saltar esa distancia, lo cual le sorprendió bastante.

“¿Desde cuando es tan fuerte?”, pensó el trepamuros agarrandose el costado por el dolor.

-Hacía ya mucho tiempo, Spiderman- dijo Veneno con su voz cavernosa, que parecía provenir de las mismas entrañas del Infierno.

-Ya, ya. ¿Qué quieres, Brock?

La siniestra sonrisa dentuda de Veneno se hizo aún más ancha.

-¿No nos preguntas que hacemos de nuevo juntos?

-No. De hecho, ya me he acostumbrado a que tu y esa caca espacial volváis cada dos por tres. Parecéis un matrimonio de verdad, os lo digo de todo corazón.

Veneno se relamió. La lengua larga y viscosa dio grima al trepamuros.

-Buscamos al senador Ward. Él no separó. Lo pagará.

-¿Ward?- el nombre le trajo una multitud de recuerdos-. Está muerto.

Veneno no parecía sorprendido ante tal revelación.

-¿En serio?

-Sí.

-Uhm. Uno menos en nuestra lista.

-¿Lista? ¿Has salido a hacer la compra, Brock?

-No. Hemos vuelto para mataros a todos.

-¿Todos?- a Spiderman aquello le olía mal-. ¿Piensas matar a todo el mundo?

-Basta de cháchara insulsa, trepamuros. Ya nos venciste una vez con psicología barata (8) ¿Te crees que va a funcionar una segunda vez?

-Lo normal es con vosotros, chalados dementes con esteroides, funcione una segunda, una tercera, una cuarta... sabes que lo único que tengo que hacer es aplicarte un poco de sonido intenso o algo de fuego y volverías a estar en la cárcel mucho tiempo, Brock.

-Esta vez es diferente, Spiderman. Esta vez hemos vuelto para quedarnos, para acabar contigo. Sabíamos que estarías por aquí, te conocemos bien, aunque creíamos que nos costaría más encontrarte.

Spiderman se dispuso a luchar, aunque el costado aún le dolía.

-Pues vamos, Brock. ¿Sabes cuantas veces te he oído decir eso? ¿Cuántas veces me has ganado, Brock? ¿Cuántas veces has perdido?

-Esta vez es diferente- repitió Veneno-. Esta vez vamos a por todas... Parker.

Peter Parker abrió los ojos desmesuradamente tras su mascara de Spiderman.

“Se acuerda. De nuevo sabe quién soy”.

El miedo se apoderó de Spiderman, más aun cuando recibió, prácticamente sin tiempo a reaccionar, el primer puñetazo de Veneno en plena cara.

Spiderman se vio desplazado varios metros desde donde estaba, por el fuerte puñetazo. La sangre le caía por la nariz, dentro de la mascara.

“En parte tiene razón, le noto cambiado”

Spiderman se levantó y esperó el siguiente movimiento de Veneno. Su enemigo no hizo nada.

“¿Veneno esperando a que yo dé el siguiente paso? Ha cambiado... y  a peor”.

Spiderman comenzó a pensar en un plan.

“Debo alejarlo de aquí. Hay mucha gente en la calle”

Spiderman se volvió, lanzó rápidamente una telaraña y se alejó del lugar balanceándose. Ni siquiera se volvió a ver si Veneno le seguía. Lo sabía a ciencia cierta, aunque su sentido arácnido no funcionase con él.

Siguió lanzando telarañas y balanceándose mientras miraba las calles por las que pasaba por encima. Buscaba algún barrio sin gente, donde poder contener a Brock.

“No será muy difícil, ya le he vencido antes y por muy peligroso que sea ahora no creo que sea para tan...”

Spiderman se volvió para vigilar a Veneno y de repente este se lanzó contra él.

-¡Basta de juegos, Parker!

Los dos cayeron al tejado más cercano. Spiderman intentaba desembarazarse de él, pero era extremadamente fuerte. Veneno cogió a Spiderman y le hizo un abrazo del oso, ya los dos de pie en el tejado. La respiración le comenzó a fallar a Spiderman.

-¡Vamos a acabar contigo, Parker! ¡Ahora que de nuevo sé quien eres, vamos a difundir tu identidad por doquier! ¡Todos tus enemigos sabrán quien eres!- Spiderman usaba toda su fuerza pero era insuficiente-. ¡Y después, iremos por esa tía tuya de corazón tan débil! ¡Y finalmente, nos encargaremos de tu mujercita, la pelirroja!

El subidón de rabia y adrenalina hizo que Spiderman impactará fuertemente con su cabeza en la cara de Veneno. Los trozos de dientes y media lengua volaron. Spiderman estaba libre, pero le dolía enormemente el costado y los brazos los tenía muy débiles.

Aún así, se volvió inmediatamente contra Veneno y le encajó varias patadas en el pecho y dos fuertes derechazos en la cara.

Veneno cayo de rodillas, sólo para levantarse y mientras el simbionte se regeneraba las zonas que Spiderman le había destrozado, sacudió con las dos manos a la vez la cabeza del trepamuros.

Spiderman estaba mareado, la sangre caía por su nariz de nuevo y la cabeza parecía estar a punto de explotar. No conseguía mantener la vista al frente, pero Veneno seguía allí.

-¿Te encuentras bien, Parker?- Veneno sacudió un fuerte puñetazo a la cara de Spiderman-. ¿Necesitas ayuda?

Veneno golpeó en el estomago varias veces a Spiderman, le cogió la cabeza y la estrelló contra el suelo del tejado donde estaban varias veces. Después, le cogió por encima de su cabeza y lo lanzó a la acera.

Spiderman tuvo suerte de que no se encontrará demasiado lejos, sino habría muerto al instante. Cayo en un sucio y mugriento callejón. Las costillas le gimieron al aterrizar. Su traje estaba roto en varias partes. Se le veía la boca, por la cual sangraba. Se le habían aflojado varios dientes, dos costillas parecían fracturadas, no podía apenas mover los brazos y la cabeza amenazaba con estallarle de un momento a otro. Por lo demás, estaba genial.

“De este modo no. Él no, él no, él no”, desvariaba en su mente Peter Parker mientras veía como Veneno aterrizaba silenciosa y gracilmente a su lado y se inclinaba ante él.

-Aún no estás muerto, Parker, pero tranquilo, pronto lo estarás.

Spiderman se preparó para que aquel monstruo le rematase, pero entonces advirtió algo. Al principio no le había prestado atención, pero allí tendido y a merced de aquel psicópata, le resultaba bastante curioso.

“Creo conocer este barrio”

Veneno levantó sus puños, fue a descargarlos encima de Spiderman y entonces una voz detrás de él le detuvo.

-Aléjate de él y sal de aquí.

Veneno se volvió hacia la voz. Spiderman sonrió o al menos hizo el intento. Sabía bien quién era.

-Sal de este barrio, Veneno- Daredevil se encontraba en la entrada del callejón, sujetando uno de sus bastones.

Veneno sonrió horriblemente.

-Gracias por venir, diablo. Tu también estás en mi lista.

                                   CONTINUARÁ...

            1- Eddie Brock recuerda los momentos finales de su primera pelea con Spiderman, la cual se puede ver en el prestigio “Veneno: El origen” publicado por Planeta hace bastante tiempo o en el número 11 del coleccionable Spiderman 2.

            2-Ann Weying, la ex-esposa de Eddie Brock, se arrojó por una ventana al ver cruzar a Spiderman con su antiguo traje negro que le hacía parecer Veneno. Esto tuvo lugar en el “Spiderman Vol. III # 20” publicado hace tiempo por Planeta.

            3-Fue el senador Stewart Ward quién separó a Eddie de su simbionte, cuando quiso estudiar a este ultimo, ya que también compartía su cuerpo con un alienígena.

            4-Brock está ahora recordando los hechos que llevaron a que Stewart Ward le separase de su simbionte, vistos en el “Spiderman Vol. III # 23” publicado por Planeta.

            5-Ver la serie limitada de Spiderman “Proyecto Arachnnis” publicada hace ya bastante tiempo por Planeta.

            6-Hugh Taylor fue el guardia de seguridad al que Veneno mató la primera vez que escapó de La Bóveda, la cárcel especial para supervillanos. Esto se puede ver en el prestigio “Veneno: El origen” o en el número 22 del coleccionable  Spiderman 2.

            7-Durante el one-shot “La agenda de Veneno” publicado hace tiempo por Planeta.

            8- En el segundo enfrentamiento entre ambos. Se puede ver en el prestigio “Veneno: El origen” o en el número 24 del coleccionable  Spiderman 2.