Stan Lee y Action Tales presentan: ULTIMATE X-MEN
“La Bestia”
Escrito por Metallicas/ Portada: Israel Huertas.
París, hace 17 años.
-¿Puedo sentarme con vosotros?- preguntó un chico de unos 8 años, con una bandeja en la mano. Unos chicos de la misma edad miraron a su alrededor. En el comedor del colegio había cerca de 30 mesas. Una de ellas estaba vacía.
-Ahí tienes sitio…
-Pero ahí estaría sólo…
-¿Y qué?
El niño se dio la vuelta apenado y se dirigió a la mesa que le habían indicado. Una vez sentado, miró sus manos. Eran algo más grandes de lo habitual, y la piel era áspera y dura, al contrario que la de los demás chicos de su clase. Aún a su temprana edad, el joven empezó a darse cuenta de que ser diferente no siempre estaba visto de la misma manera. Medía más que cualquier otro alumno del colegio, más incluso que los de cursos superiores. Su complexión muscular estaba muchísimo más desarrollada que la de sus compañeros. Y lo más destacado era el tamaño de sus manos y pies, algo desproporcionados con el resto de su cuerpo. Nadie se fijaba en que ese chico, además de ser grande y fuerte, era un alumno de sobresaliente, con un cociente intelectual que muchos sólo pueden soñar.
-Hank… ¿Por qué comes solo?
-Profesor Ric… no esperaba verte por aquí a estas horas. Pensaba que los profesores comíais en otro lugar.
-Sí, hoy no he tenido tiempo de comer. Los exámenes se acumulan y los padres quieren saber las notas de sus hijos… pero no has respondido a mi pregunta…
-Yo… estaba… estaba preocupado por los exámenes- respondió Hank forzando una sonrisa.
-Hank… eres el mejor alumno que ha pisado este colegio jamás, de hecho, no mereces estar en primaria… pero no eres un buen actor. No es por los exámenes… de hecho, nunca te han preocupado.
-Bueno… es que esta vez… no sé, profesor, no sé por qué estoy comiendo sólo. Supongo que estoy algo cansado y…
-¿Los otros alumnos no quieren comer contigo?
-No… no es eso…
-Hablaré con ellos.
-No, de verdad, no es eso. Estoy algo cansado, nada más.
-Vale Hank, como quieras.
El profesor dio media vuelta y empezó a caminar hacia la puerta. De repente se giró y volvió a donde estaba el solitario comensal.
-Hank, ¿Te importa que coma contigo?
París, hace 16 años.
-¡Eh, monstruito!- gritó un chico de 9 años con un tirachinas en la mano. Le acompañaban otros seis de la misma edad, con más tirachinas y palos en las manos.
-Dejadme en paz, por favor.
-¿Fuiste tú quien rompió mi proyecto de ciencias?
-Fue sin querer, lo juro… si quieres, te hago uno nuevo… y mejor.
-¿Mejor? Te crees más listo que nosotros, pues a ver si eres tan listo cuando te hayamos partido la cara.
-En serio, no hace falta llegar a eso. No me creo más listo que nadie, sólo quiero ayudar. No quiero hacer daño a nadie.
-¿Hacer daño? Tú hablas mucho, pero nunca he visto que te pelearas con nadie. Eres grande, pero un cobarde.
-Yo no… vale, te digo otra vez que lo siento ¿Qué más quieres?
-Ya lo he dicho, partirte la cara. Hank Macoire, hoy aprenderás a ser como los demás ¡A por él!
El chico hizo un gesto y todos se abalanzaron sobre Hank. Algunos le lanzaron piedras con el tirachinas y otros corrieron hacia él para golpearle con los palos que portaban. Hank se puso detrás del banco en el que estaba sentado para evitar las piedras, pero una le golpeó en la boca. La sangre salpicó el suelo.
Los que llevaban palos fueron hasta él y uno de ellos le atizó en la pierna, mientras el otro quiso darle en el cuello. Hank paró el golpe del cuello con la mano, arrebatándole el palo. El chico retrocedió.
Otra piedra golpeó al gran Macoire, esta vez en la espalda, y un gemido escapó de la su ensangrentada boca. Se dio la vuelta y miró a su atacante con odio. Algunos de los que se encontraban más cerca retrocedieron unos pasos, pero otro le atacó por detrás. El palo golpeó la espalda de Hank, haciendo que éste se diera la vuelta. Otro chico le embistió e hizo que se abalanzara sobre el suelo. Se levantó con prisa y pegó un puñetazo al que le había embestido y agarró el brazo de uno que le intentaba volver a golpear y le lanzó de cabeza contra el banco.
Había intentado contenerse pero la paciencia tiene sus límites, y Hank era un niño de 9 años al fin y al cabo. La pelea había empezado.
Unas horas después…
-Señora Macoire, sentimos molestarla haciéndola venir de nuevo, pero me temo que este asunto requería su presencia con urgencia. Verá… este último ataque…
-No era culpa de Hank. Él asegura que le pegaron ellos primero.
-Y le creemos. Nadie dice que sea culpa de Hank. Todos los profesores están encantadísimos con su conducta, pero entenderá que, aparentemente, Hank ha sido menos perjudicado que los otros siete niños que se pelearon con él. Los padres de esos alumnos están alarmados.
-Pues que aprendan a controlar a sus hijos. Es una vergüenza que siete jóvenes se unan para “darle una paliza” a un chico de su clase. Hank sólo intentaba defenderse.
-Lo sé, lo sé, pero… señora Macoire, comprenda nuestra situación. No podemos decirles a esos padres que Hank hizo bien agrediendo a sus hijos y hospitalizando a varios de ellos…
-Mi hijo también está hospitalizado, señor “director”. Por si no lo sabía, esos chicos también agredieron a mi hijo.
-Señora Macoire, comprenda que es mejor para todos que Hank…
-¿Abandone esta escuela? ¡¿Es que soy la única que cree que la víctima es Hank?! No hay día en el que mi hijo no vuelva cabizbajo a casa debido a una burla o simplemente por la marginación.
-Por eso creemos que será lo mejor para todos. Hay lugares en los que Hank puede sentirse mucho más adaptado y no sentir esas continuas burlas o marginaciones.
-¿Dónde? ¿Dónde puedo meter a un chico de 9 años que lee a Poe y Sheakspeare, resuelve problemas matemáticos que alumnos de 3 de la ESO no pueden, mide aproximadamente 1,65 y tiene manos y pies desproporcionados?
París, hace dos días.
-Hank, hoy tienes que hacerlo mejor que nunca. Ha venido un hombre que dice que quiere verte. Dice ser dueño de un teatro en Nueva York, y que si lo haces bien, te llevará con él.
-¿Y qué pasa contigo?
-No importa, encontraremos a otro, no puedes perder esta oportunidad.
-¿Te han pagado bien, eh?- dijo Hank soltando una carcajada.
-¡Una fortuna!- respondió el anciano hombre, también riéndose.
El teatro estaba lleno. La voz se había corrido y Hank Macoire se había hecho bastante famoso.
-¡Damas y caballeros! Permítanme presentarles, aunque no haya necesidad, a un talentoso acróbata, al más talentoso de ellos, con habilidades sobrehumanas… ¡Hank Macoire!
El gran hombre salió al escenario corriendo, saltó, dio varias vueltas en el aire, y cayó de pie. Sin descansar más de medio segundo, saltó hacia atrás, apoyó las manos en el suelo y se lanzó al aire, girando a una velocidad asombrosa. Agarró una cuerda y volvió a girar, con más fuerza aún. Se soltó y salió despedido contra unos aros de fuego. Los atravesó impune y cayó sobre una rampa. Saltó de nuevo y se agarró a una barra, para llevar a cabo más movimientos acrobáticos.
La velocidad con la que lo hacía, la perfección de sus movimientos, la fuerza de sus saltos… todo lo de ese hombre era impresionante. Medía algo más de dos metros y de espaldas parecía un armario empotrado. Aún así, sus movimientos humillaban a la más grácil de las gacelas.
El show terminó y llegaron los aplausos. El público abandonaba poco a poco la sala. Al final sólo quedó un hombre, sentado en la segunda fila. Era un hombre de avanzada edad, de cabello blanco, casi plateado. Se levantó y se dirigió al escenario. Se coló tras el telón. En la sala estaban varios técnicos, un hombre anciano y Hank. Cuando éste se dio la vuelta, el hombre de cabellos plateados aplaudió.
-Enhorabuena, Hank. Tienes muchísimo talento.
-Gracias, señor…
-Larssen, Ric Larssen. Supongo que el señor Jacob te habrá hablado de mí. Soy dueño de un gran teatro en Nueva York. Nuestros actos se transmiten en varios de los canales más prestigiosos del planeta. Nos gustaría tenerte con nosotros.
-Sí, ya me lo ha comentado.
-¿Ha leído el contrato?
-Sí.
-¿Y bien?
-Acepto.
-¡Estupendo entonces! Nuestro avión parte pasado mañana para Washington, meras formalidades, y pronto podrás actuar en Nueva York.
Washington, hoy.
-Charles, tienes que ver esto- dijo una señorita vestida con una bata blanca señalando una pantalla de ordenador- he probado los rayos de Scott en varios materiales, pasando desde papel hasta cristales, y todos han mostrado lo mismo: esos rayos son realmente poderosos y pueden despedazar cualquier material existente si le da con la potencia y durante el tiempo precisos. Todos… menos el rubí. La gema de rubí es el único material que sale impune en todas las pruebas.
-Vaya, eso es interesante, Moira, podríamos…
El sonido de una puerta abriéndose interrumpió la conversación. Moira y Charles salieron de la sala y se dirigieron rápidamente al salón para encontrarse con un hombre de avanzada edad de cabello blanco, casi plateado, y un enorme joven de unos dos metros que portaba una gran maleta.
-¡Ric! ¡Parece que el joven ha accedido! Si es que un teatro en Nueva York no es poco…
-Lo que no es poco es la cantidad de dinero que me ofrece… ¡El teatro da igual!- exclamó Hank riéndose.
-¡Qué joven más encantador! Tenía un primo que se parecía mucho a ti, solo que no dejaba de gritar “¡Barras y estrellas!” cada dos por tres.
-Bueno, Hank, Moira te mostrará tu habitación. Vamos a quedarnos aquí un par de días antes de partir hacia Nueva York. Ponte cómodo.
Moira acompañó escaleras arriba al invitado y los dos hombres entraron en una habitación y cerraron la puerta.
-¿Y bien, Erik? ¿Qué tal ha ido?
-El chico es un fenómeno, y parecía que no usaba ni la mitad de su potencial. Desde luego, no parece humano.
-He hecho un sondeo rápido por su mente y el chico es increíblemente inteligente, y sabe mucho… muchísimo más que cualquier joven de de veinte años. Supongo que esta vez habrá que sentarse a explicar las cosas.
-¿Habéis hecho algún progreso con Scott?
-Sigue muy alterado. Hemos conseguido que abriera los ojos en momentos puntuales para hacer unas pruebas y averiguar cosas sobre sus “poderes”, pero está muy alterado por lo recientemente sucedido y tengo que estar tranquilizándole psíquicamente continuamente para que no piense mucho en el accidente de sus padres y las vidas que quitó por accidente en el campus.
-¿Ningún avance entonces?
-Bueno, ahora sabemos que el rubí es inmune a sus rayos… algo es algo.
Una tétrica figuraba se encontraba sentado ante una pared llena de monitores, vigilando, acechando como un buitre, analizando cada movimiento de su presa. En su rostro oculto por las sombras se esbozó una diabólica sonrisa.