“Cuando Frank Castle vio morir a su familia a manos de la mafia inicio una cruzada contra el crimen. Convirtiéndose en juez, jurado y verdugo. Si eres culpable, estás muerto.”

Stan Lee y Action Tales presentan:   Punisher

Escrito por The Stranger/ Portada: Bill Sienkiewicz

Anteriormente en Punisher: Punisher y Thomas Dillon acaban con Lenny Coffing y con el resto de hombres que mataron a la familia de Dillon. Poco después, trazan un plan con el que consiguen acabar finalmente con Howard Saint, quien mandó matar a Dillon y su familia. Mientras Punisher se enfrenta a la venganza del padre de Lenny Coffing, quien le ataca en el mismo cementerio donde está enterrada su familia, Thomas Dillon entra en uno de los escondites secretos de Punisher pretendiendo convertirse en un nuevo Punisher.

                                               PROLOGO

Harlem, New York

Los cuatro chicos de color rieron ante las bromas de uno de ellos sobre su último ligue. Dos de ellos chocaron sus botellines de cerveza que habrían derramado su contenido de no haber estado medio vacíos.

-¡Pero eso aún no es todo!- exclamó el chico que no tenia más de veinte años-. ¡Llega la muy guarra y me dice que tengo que pagarle la ortodoncia o como coño se diga! ¡Solamente por haber echado un puto polvo!

-¡Las tías están todas locas, Speed!- añadió uno de ellos mientras  se hacía otro porro.

-¡Qué coño sabrás tú si hace siglos que ni siquiera te la chupa una!- exclamó a su vez uno de los que había chocado la cerveza.

-¡Que te follen!

Los demás rieron ante la broma a carcajada limpia. Les daba igual que fuese tan tarde y que alguien les escuchase. Aquella era su casa, de su propiedad y además eran miembros de una banda y sabían que nadie podía tocarles. Al menos, eso creían.

-¿Nos vas a enseñar esta noche esas nuevas armas, Speed?- preguntó uno de ellos.

El llamado Speed se acomodó en la vieja silla que parecía estar a punto de romperse bajo su escaso peso, sonrió levemente a un lado y a otro, una cruel sonrisa dirigida a los dos amigos que tenia a los lados y después se la dirigió a quien le había preguntado.

-¿Quieres verlas?

-¡Nosotros también, tío!- dijo el que tenía a su derecha.

-Son lo último de lo último- Speed pensaba disfrutar de aquel momento y estrujarlo al máximo-. Equipamiento de SHIELD.

-¿SHIELD?- exclamó asombrado el que le había preguntado-. ¡Joder, tío! ¡Tienes equipamiento militar!

-Mejor aún. Tengo equipamiento de espías contra superhéroes- Speed amplió aún más su sonrisa, hasta mostrar los dos dientes con fundas de oro que poseía-. ¡Cuando algún cabrón de esos que pueda soltar rayos por el culo se acerque a nosotros lo volamos por los aires!

-¡Vamos a acabar con Luke Cage tronco!

-¿Qué coño hacen esas armas?

-Agujeros del tamaño de tu cabeza, cabronazo. Me lo enseñó el tío que me las vendió. Es nuevo en todo esto, pero solo le vende a lo mejor de lo mejor. ¡Vamos a hacernos con el puto Harlem, tíos!

-¡Enséñalas ya...!

El timbre de la puerta principal de aquella pequeña casa que ocupaban cortó a uno de los chicos que se miraron entre ellos con asombro. Dos de ellos se habían llevado sus manos a las pistolas que portaban en la espalda, agarradas solamente por sus anchos pantalones. A los pocos segundos, comenzaron a sonreírse entre ellos.

-¡Será la puta de Nicole!

-¡Eso espero!- exclamó el que había hecho tantas preguntas a Speed levantándose para abrir la puerta-. ¡Tío, no te escaques! ¡Tienes que hablarnos de esas putas armas!

-¡Tú abre la jodida puerta, capullo! ¡Y pide la contraseña y mira por la mirilla antes de abrir!

El chico le hizo un corte de mangas, salió del salón por la inexistente puerta a esas alturas de la vida del edificio y se acercó hasta la puerta principal.

-¿Contraseña?

Esperó unos pocos segundos en los que no recibió respuesta. Su mano izquierda se apoyó en la puerta, su mano derecha fue a por la pistola de su espalda y su cuerpo se inclinó hacia delante, para poder mirar por el agujero de la mirilla.

-Joder...- logró murmurar antes de que la parte superior de la puerta y su cabeza se desperdigasen por la entrada del apartamento. Otra enorme detonación que parecía salir del mismo Infierno destrozó la cerradura de la puerta, dejándola medio colgada y dispuesta a dejar pasar a quien fuese que había hecho los agujeros que en ese caso se trataba de Frank Castle, más conocido como Punisher.

-¡Hijo de puta!- gritó Speed cogiendo su pistola justo cuando Punisher entró en el salón con la enorme escopeta de dos cañones por delante.

Los otros dos chicos se quedaron de piedra al ver al violento vigilante quien disparó la escopeta que había cargado velozmente mientras llegaba hasta el salón. Punisher disparó contra ellos y tal fue la potencia del disparo que ambos cayeron al suelo en una nube de sangre, pólvora y gritos de dolor.

“Escopeta para osos. Lo mejor en distancias cortas”, pensó Punisher escondiéndose tras una pared, evitando así los disparos de Speed.

“He visto a esta mujerzuela hacer pedazos piernas con tan solo un disparo. Hay que tener cuidado con el retroceso y hay que saber llevarla, una vez que esos detalles ser tienen controlados, solo hace falta apuntar y disparar. Eso sí, hay que ser rápido al recargar o te quedas al descubierto”

-¡Vas a morir, hijo de puta!- Speed tumbó la mesa redonda en la que habían estado bebiendo y bromeando minutos antes y la usó de escudo-. ¡Eran mis amigos! ¡Mis amigos!

Comenzó a pensar en correr hacia la habitación de al lado y coger las armas que pensaba enseñarles a sus amigos, pero antes de que pudiera disparar para distraer a su enemigo, oyó un tremendo estruendo y algo le alcanzó en un brazo, prácticamente partiéndoselo.

“Lo mejor de este arma es que no hace falta ni acertar de lleno con su radio de alcance”

Punisher soltó la escopeta para osos a un lado, sacó una pistola de nueve milímetros y apuntó con ella al cuerpo tirado de espaldas de Speed, quien no dejaba de gritar y gritar de dolor, mientras se agarraba el brazo gravemente herido. Hacía segundos que había soltado su propia pistola, dando por perdida la lucha.

-Esto se volverá desagradable si no contestas- Punisher le dio un pistón en la tremenda herida del brazo que parecía estar a punto de separarse del cuerpo.

-¡Aghhhhhhhhh! ¡Me duele! ¡Me duele mucho!

-¿Quién es?

-¡No! ¡Dios...! ¡Mi brazo! ¡Mi brazo!

Punisher le sacudió otro pistón al brazo, manchándose sus zapatos con la abundante sangre del pandillero.

-¡Quién es John Crowley!

           

                        CASTIGO EN EL CREPÚSCULO

                                               PARTE 1

Chicago, Illinois.

Hospital Saint James.

Aquel hospital era uno de los más modestos de toda la ciudad y como la mayoría de los hospitales modestos, tenía un pabellón de beneficencia, para aquellos enfermos, heridos y accidentados entre otros, que no pudieran pagarse una simple cama de hospital, que no tuvieran familia o ni siquiera tuvieran identidad. Por supuesto, en aquel hospital, en el ala de beneficencia, no tenían cámaras de seguridad pero con el hombre que paseaba entre los pasillos de aquel pabellón como si fuese suyo, no hubieran funcionado. Lo mismo hubiese dado que le hubieran grabado con bocadillos de una merienda campestre, el resultado hubiera sido el mismo.

El hombre, bien trajeado de los pies a la cabeza se paró en mitad del pasillo, esperó a que las dos enfermeras del fondo salieran corriendo hacia un ascensor cercano, sonrió y entró en el pabellón principal, donde un montón de camas con sus correspondientes ocupantes le dio  la bienvenida. Varios de los enfermos estaban despiertos. El hombre alzó una mano y resolvió el problema durmiéndolos al instante. No quería intromisiones de ningún tipo y tampoco tenía más tiempo para tonterías. Solo un hombre de esa sala le interesaba, un hombre que aunque en aquel momento era igual que todos los demás de aquella sala que apestaba a muerte y sufrimiento, en lo que parecía haber sido otra vida había sido muy diferente a todos ellos: poderoso, cruel, combativo... un guerrero.

-No parece tener buen aspecto, señor Von Burian- saludó el hombre trajeado sentándose en uno de los lados de la cama.

Por supuesto, el hombre tendido en la cama y con los ojos cerrados no le contestó. Estaba conectado mediante tubos y cables a varias maquinas que tenía cerca de la cama. Su rostro estaba tan desfigurado que cualquiera que se hubiera acercado a él de buenas a primeras habría reprimido las nauseas. Cualquiera menos John Crowley.

-Tengo un problema, señor Von Burian- susurró John Crowley al inconsciente hombre-. En realidad, no es un problema serio, ni siquiera puedo llamarlo problema. ¿Es un problema la mosca para la araña? ¿Es un problema la hormiga para el león? No, pero puede ser una molestia leve. Leve, sí, pero molestia al fin y al cabo.

Crowley sonrió de forma que si alguno de los que estaban allí le hubiera visto, habría tenido un escalofrío de puro pánico y miedo.

           

-Una hormiga puede ser solo una leve molestia para el león, señor Von Burian. El león, normalmente, ni le prestaría atención o simplemente la aplastaría con una de sus poderosas zarpas, pero normalmente no le prestaría atención. ¿Por qué pararse y dejar de lado su lucha con otros leones o presas más grandes simplemente para aplastar un insecto insignificante? No, un león no haría eso- Crowley se mantuvo pensativo unos segundos, mirando las maquinas que mantenían con vida al hombre-. Sin embargo... si el león pudiera pensar que esa misma hormiga podría llamar a otras. ¿Se pararía el león? ¿Se pararía a molestarse en aplastar a la hormiga? Una hormiga nada puede hacer contra un león, pero muchas hormigas... digamos que la balanza podría inclinarse de manera no muy favorable para el león. ¿Comprendo dónde intento llegar?

Crowley acercó su cara a la de Von Burian, como si intentase escuchar algo a pesar de que sabía que en aquel estado, el antiguo mercenario no podía contestarle nada en absoluto.

-A pesar de que no pueda contestar, tengo medios para que usted me escuche y sé que me está escuchando. Puede que el león tenga problemas con esa hormiga si se vuelve demasiado molesta, puede que el león quiera divertirse un poco con la hormiga, pero puede que el león no tenga tiempo de pararse a aplastar a esa hormiga. Si no tiene tiempo, quizás sea necesario que el león llame a algún amigo para que aplaste a la hormiga por él. ¿Verdad, señor Von Burian?- Crowley agarró suavemente los cables y tubos que iban de las maquinas al hombre y los acarició con cierta malicia-. Yo soy un león y tengo una hormiga llamada Frank Castle que me molesta. Sí, ha oído bien, Frank Castle, un viejo conocido suyo. Sé que está así por su culpa, señor Von Burian. Le desfiguró la cara y le disparó(1) dándole por muerto, pero como puede comprobarse no lo está aunque para estar así... entiendo que prefiera estarlo.

John Crowley se levantó y comenzó a pasearse por aquel pabellón, contoneándose ante los hombres y mujeres dormidos, ya fuera por sus poderes, por las horas que eran o por la gravedad de sus heridas.

-Si estuviera muerto, bueno... ahora soy prácticamente un dios. Hubiera podido devolverle a la vida, no sin mucho esfuerzo, pero podría haberlo hecho, pero no me hubiera recompensado ese hecho. Al contrario, encontrarle en este estado y curarle, sí que puede servir de algo- el hombre que en realidad era Loki agarró las barras metálicas a los pies de la cama de Von Burian y sonrió-. Sí, puedo hacerle despertar del coma que le produjeron las graves heridas infligidas por Frank Castle y puedo incluso arreglarle la cara, pero usted va a hacerme un favor que, seguramente, encontrará muy placentero y es muy simple: el león no tiene tiempo para esa hormiga y necesita seguir en estos pastos planeando asuntos mayores y usted estará al servicio del león para acabar con esa hormiga. Usted decide, señor Von Burian. Quedarse aquí en este lamentable estado o volver a ser el Francotirador y vengarse de Castle. Esa es la única condición. Le devuelvo su vida y acaba con Castle. ¿Qué me dice?

El silencio fue la única respuesta que recibió Loki con su disfraz de John Crowley. A pesar de ello, sonrió de manera satisfactoria.

-Que se haga pues- volvió a acercarse a Von Burian pronunciando antiguos, olvidados y mágicos cantos oscuros-. Aunque, no será usted el único que sirva al león.

----------------------------------------------------------------------------------------------

Dos días antes.

-Quién es John Crowley- gruñó Punisher.

Mickey Fondozzi miró al vigilante con los ojos entornados y se volvió hacia el pasillo que acababa de cruzar para abrirle. Frank Castle cerró la puerta tras de si y siguió a Mickey hasta su lujosa cocina.

-Siempre tan simpático- protestó Mickey y puso voz grave-. Buenas noches, Mike. ¿Qué tal tu día, Mike? Tienes buena pinta, Mike. No, el señor “si eres culpable estás muerto” solo viene aquí cuando quiere, suelta sus gruñidos y quiere respuestas. ¡Perfecto!

El soplón de Punisher abrió la nevera, sacó un cartón de zumo de naranja y se sirvió un gran vaso del líquido anaranjado y fresco. Sacó otro vaso y miró a Punisher fijamente y con cierta sonrisa burlona en el rostro.

-No sé si servirte un vaso o no.

-Quién es John Crowley- repitió Castle.

-¿Es una pregunta trampa?- se acercó hacia el horno y sacó una pizza caliente y apetecible-. ¿Quieres un poco? Mientras jugamos a este nuevo concurso de preguntas y respuestas.

-También puedo ir dejando claro por las calles que ya no trabajas conmigo- murmuró Punisher.

-Eso no ha tenido gracia- respondió Fondozzi-. Pareces de más mal humor que de costumbre.

-Eso pasa cuando te enfrentas a un grupo de pandilleros y uno de ellos tiene un arma ligera anti-tanque.

-¿Pandilleros?

-Una banda menor del Bronx con apenas veinte miembros. Estaban empezando y creía que podría detenerles antes de que fuesen a más.

-Parece un trabajo fácil y rápido- Mike se metió un trozo caliente de pizza en la boca y comenzó a degustarlo poco a poco.

-Lo ha sido- Punisher cogió otro trozo de pizza y le pegó un gran mordisco-. Todos muertos, pero antes uno de ellos tuvo tiempo de sacar esa arma militar de enorme coste y destrozar gran parte de una tienda cercana.

-Pareces tener buen aspecto.

-Ese chico ni siquiera sabía con lo que estaba disparando- Castle se mantuvo pensativo unos segundos mientras masticaba la pizza-. Seguramente ni sabría el efecto que producía y tampoco es muy fácil disparar uno de esos mientras te están disparando al pecho en ese momento. Si hubiera habido civiles en ese momento...

-¿Se te olvidó preparar el ataque esta vez?

Castle le miró con cara de pocos amigos pero sabía que aunque eso no era cierto, sí que había habido un factor que no había tenido en cuenta y que esos días le estaba dando más de una sorpresa: John Crowley.

-No, simplemente alguien me los está estropeando.

-¿John Crowley?- Mike se terminó su primer trozo de pizza que ayudó a bajar con un buen trago de zumo de naranja-. ¿De dónde has sacado ese nombre?

-De uno de los pandilleros- Punisher miró a Fondozzi percatándose que sabía más de lo que le había parecido en un principio-. Estaban hablando de él antes de atacar. Hablaban sobre unas armas, unos envíos y que era nuevo en la ciudad pero que se había mantenido oculto los últimos meses. A uno de ellos se le escapó el nombre.

-¿Y tanta importancia le has dado a un solo nombre?

-La tiene- Punisher acabó su porción de pizza-. En realidad, no le di demasiada importancia al principio.

-Ahí lo tienes. Un nombre más en tu lista.

-Parecía solamente un nombre de otro camello o de otro traficante de armas a baja escala intentando labrarse un nombre en la ciudad.

-Ya lo he dicho- Mickey sonrió de forma burlona pero Punisher no le devolvió la sonrisa, algo que ya esperaba que hiciera.

-No le di importancia hasta que ese chico usó esa arma.

-Y ahora quieres saber...

-Quiero saber quién es ese tipo que ha estado vendiendo armas en secreto desde hace meses, que ha podido estar oculto de tal forma que no he oído hablar de él hasta ahora y que tras oír su nombre su atacado por un chico de dieciséis años portando un arma anti-tanque.

-¿Y has venido a por mí?

-Antes de comenzar a limpiar las calles de escoria y que alguno suelte su nombre antes de morir, prefiero venir a por el soplón que tengo en nómina.

-No me tienes en nómina, al menos que yo recuerde.

Punisher le miró fijamente. No parecía estar para perder el tiempo ni para las habituales bromas de Mickey Fondozzi.

-De acuerdo, sí que me tienes en nómina, por así decirlo- Mickey fue a por el segundo trozo de pizza-. No sé mucho de él.

-Pero sabes de él.

-¡Eh!- el soplón escupió pedazos de queso fundido, ofendido ante la mirada del vigilante-. Ni sugieras que he intentado ocultarte información. Sabes que nunca haría eso. Simplemente... no me parecía que fuese alguien de quien preocuparse. Era un simple rumor, nada más.

-Cuéntame lo que sepas de ese rumor.

-No tienes pruebas de que no siga siendo un rumor. ¡Ese nombre puede significar cien cosas!

-No creas que no lo he pensado ya- murmuró Punisher.

-¿Entonces? Desde varios traficantes con ese nombre, hasta un nombre en clave o los mismos chavales haciéndose los chulos.

-No sé qué mierda significa ese nombre. Solo sé que un niño me ha disparado con un arma que cuesta más dinero que todo el que podría haber robado en su vida. Y no hablamos solo de dinero, sino de lo improbable que sea vender un arma de ese tipo en el Bronx. Y todo enlaza con el nombre de Crowley, así que dime de una vez todo lo que sepas sobre ese “rumor”

Mickey Fondozzi terminó su segundo trozo de pizza, suspiró, tomó otro trago de zumo, se sirvió otro vaso y comenzó a hablar, consciente de que no aclararía muchas cosas a Castle, pero que al menos le serviría para ponerse en movimiento que era lo que realmente deseaba el vigilante.

-Solo sé que hasta hace poco no ha salido a la luz. He oído su nombre aquí y allá en algunas reuniones, en bares... charlas de poca monta. Dicen que viene pegando fuerte, que tiene lo último en tecnología, en armas, en protección, en... en todo y que además no lo vende caro. Simplemente pide obediencia y nada más. Nadie sabe lo que quiere, nadie sabe qué aspecto tiene, nadie sabe su edad, nadie sabe siquiera si es alguien real o solamente una agrupación de rumores como los de...

-Kingpin- gruñó Punisher-. Al comienzo de su carrera eso era Wilson Fisk y su imperio criminal. Unos rumores que nadie podía verificar. No voy a dejar que allá otro ser como él invadiendo las calles.

-Puede que sea peor, si es que existe- añadió Fondozzi.

-¿Alguien más?- preguntó Punisher antes de ponerse en marcha.

-Deberías tener cuidado si existe de verdad- le advirtió Mickey Fondozzi-. Si vende armas de ese calibre a niños... a saber lo que les venderá a los que saben usarlas o lo que es capaz de hacer. A saber de dónde las sacas y lo que quiere conseguir vendiéndolas a tan bajo precio.

-Soldados obedientes y causando caos en la ciudad- pensó Castle en voz alta-. Eso parece ser lo que quiere a simple vista. De todos modos, llegaré hasta él para preguntarle personalmente.

----------------------------------------------------------------------------------------------

Ahora.

Centro hospitalario de SHIELD en algún lugar indeterminado de Arizona.

Dos agentes de SHIELD, uno un hombre y el otro una mujer, charlaban animadamente frente a una de tantas puertas de aquel centro médico de la organización internacional que defendía el planeta de toda gran amenaza. Otro agente de SHIELD de aspecto joven, incluso demasiado joven podían decir algunos, se acercó apresuradamente hacia la puerta que parecía custodiar los otros dos agentes y fue a entrar pero se paró de golpe cuando uno de los dos agentes, el que era el hombre, le gritó.

-¡Eh! ¿Dónde te crees que vas?

-Voy al servicio- murmuró el joven agente con cierta vergüenza.

La agente de SHIELD que hasta hacía unos segundos había estado charlando con su compañero, soltó una leve risita que tapó descaradamente con una mano. El otro agente resopló y puso una mano de manera afectuosa en el hombro izquierdo del joven.

-¿Eres nuevo?

-Sí, señor- respondió el joven.

-Mira, tenemos el mismo rango. Porque seas nuevo y yo lleve aquí casi un año no soy tu superior- contestó el agente con una sonrisa-. ¿Cuánto llevas aquí? ¿Una semana? No me suena tu cara.

-Tres días.

-Déjanos ver tus credenciales- intervino la agente-. Esta zona es de seguridad media-alta. Pabellón hospitalario para criminales.

El joven agente enseñó sus credenciales que los otros dos agentes revisaron fijamente. La mujer se separó unos metros, cogió su radio y llamó a la central para confirmarlos. Una vez confirmados volvió con sus compañeros.

-Agente Jackson Hollister. Efectivamente, lleva tres días- dijo dirigiéndose a su compañero-. Se ha pasado los lavabos, agente Hollister.

-¿Qué hay ahí dentro?- el agente Hollister intentó acercarse a la puerta y mirar por el rectángulo que tenía, pero estaba cubierto con una especie de cristal ahumado-. ¿Pabellón de criminales?

-Dos agentes por habitación- dijo el agente masculino apoyándose en una pared cercana, sin separarse demasiado de la puerta de la habitación-. Estás en el pabellón donde los criminales moderadamente peligrosos se lamen sus heridas. En cuanto están mejores, van a parar a una de las cárceles que SHIELD les tiene preparados.

-¿Quién está ahí?

-Eres muy curioso, agente Hollister- añadió la mujer.

-Solo llevo tres días aquí y pensaba que era un hospital secreto para miembros de SHIELD. Nada más.

-De ahí el secretismo, amigo- le dijo la agente.

-Quien está ahí no te...- fue a decir el agente masculino cuando le pareció escuchar una voz que provenía desde el interior de la habitación. Dejó de hablar, para sorpresa de sus dos compañeros y cuando se cercioró de que, efectivamente, había alguien hablando en la habitación, abrió la puerta con la tarjeta que tenía y entró, seguido del joven agente de SHIELD y su compañera.

La habitación parecía estar vacía, a excepción del hombre totalmente envuelto en vendas que yacía en la única cama de aquel cuarto. El silencio de la habitación era solamente interrumpido por el sonido intermitente de las maquinas que mantenían las constantes vitales de aquel hombre. El agente de SHIELD observó el cuerpo inconsciente del enfermo, miró las cámaras que grababan la habitación y cerró la puerta tras de si.

-¿Qué demonios ha sido eso?- le preguntó su compañera.

-He oído algo.

-Estar bajo tierra te afecta- la agente señaló la ranura para las tarjetas que solo ellos y uno de sus superiores poseía-. ¿Qué has podido oír? Está cerrado de forma prácticamente hermética.

-He oído a alguien hablando.

-Ese tipo no puede ni respirar solo y solo se puede entrar por aquí a la habitación y, por supuesto, están las cámaras que lo graban todo.

-Las he visto- respondió el agente con cierto enfado-. No me lo he inventado.

-¿Quién es?- preguntó el agente novato.

-Un hombre que hace diez minutos no podía ni respirar solo y que ahora habla consigo mismo- dijo la agente burlándose de su compañero que no dejaba de mirarla con cierta exasperación.

-¿Te dice algo el nombre de Punisher, chico?

-Es un... asesino de masas o algo así. ¿No? Un vigilante.

-Es uno de los hijos de puta más peligrosos y que dan más miedo de todo este planeta- el agente dejó de mirar a tu compañera y posó sus ojos en el joven-. No suele dejar supervivientes entre la escoria que elimina así que si te coge de lleno y sigues vivo, debes ser muy duro. Duro y no demasiada buena persona.

El agente señaló la habitación con un movimiento de cabeza.

-Ese que tenemos ahí es una de las pocas personas que han sobrevivido a Punisher. Se hace llamar Sarraceno(2) y se dice que asesinó a un pariente de Frank Castle, el hombre que es Punisher en realidad. Le tenemos conectado a esas maquinas. Fue herido de bala y tiene quemaduras en el ochenta por ciento de su cuerpo. Como bien dice mi compañera, respirar para él por si mismo es un suplicio.

-¿Tanta seguridad por un hombre que no puede ni hablar?

-Chico, toda la seguridad con estos tipos es poca- respondió la mujer-. ¿No ibas al servicio?

El joven agente asintió, se volvió, señaló el pasillo por el que había llegado, la agente asintió con la cabeza y se dirigió a dónde le habían dicho. Los dos agentes se quedaron solos de nuevo, vigilando la habitación.

-He oído alguien hablando- repitió el agente.

-Deja el tema.

-De verdad que he...- se calló de golpe ya que había vuelto a oír algo dentro de la habitación-. ¿No lo oyes? Un tipo hablando y... he oído también una tos seca.

-Vamos, Bruce...

-Voy a entrar. Acompáñame.

La agente miró hacia arriba, se mordió el labio inferior y asintió con la cabeza. El agente metió su tarjeta de seguridad en la ranura, la puerta se abrió y ambos entraron en la habitación, la cual seguía igual que cuando el agente había entrado solo minutos antes.

-¿Y?- preguntó la mujer.

-Mira debajo de la cama- insistió el agente de SHIELD observando las maquinas y al inmóvil Sarraceno, que parecía estar durmiendo.

-Nada- gruñó la agente agachada casi debajo de la cama-. Nada de nada.

Se levantó, su compañero la miró, volvió la cabeza para mirar con desconfianza el cuerpo de Sarraceno y le dieron la espalda, dispuestos a salir de la habitación.

-No tendrías que haber entrado- le regañó la agente-. Ya sabes que en estos casos no se debe entrar.

-Actué por instinto.

De repente, oyeron como las maquinas emitían extraños y estridentes pitidos y antes de que pudieran volverse, Sarraceno se levantó de la cama, completamente vendado de la cabeza a los pies y cogió del cuello a la agente. Su compañero reaccionó velozmente, sacando su pistola y apuntando al criminal.

-¡Suéltala!- ordenó sin comprender cómo ese tipo que debería estar gritando de dolor por las quemaduras podía estar agarrando a su compañera en esos momentos.

-Si no sueltas tu arma, le rompo el cuello- gruñó Sarraceno ahogando con un brazo el cuello de la mujer a la vez que le agarraba la cabeza con la otra mano.

-¡Idiota! ¡No sé cómo estás de pie, pero de un momento a otro esta habitación estará llena de agentes de SHIELD encantados con la idea de volarte el culo!

-Tengo un amigo que ya se ha encargado de las cámaras- Sarraceno sonrió como si supiera un secreto que solo él guardase.

-¡Es un farol! ¡Es...!

Antes de que el agente pudiera seguir con sus gritos, Sarraceno  le arrojó a su compañera encima. Ambos agentes cayeron al suelo, lo que el criminal aprovechó para coger rápidamente el arma recién caída de las manos del agente de SHIELD.

-Ahora yo tengo el arma- murmuró Sarraceno apuntándoles.

           

-Mátanos ya, cerdo- gruñó el agente comprobando que su compañera podía tomar aire-. No vas a salir de aquí.

-No estés tan seguro- le dijo Sarraceno observando con detenimiento sus uniformes y mirando las vendas que aún cubrían su cuerpo.

----------------------------------------------------------------------------------------------

El Bronx, New York.

La chica de pelo corto y negro y ojos muy grandes y verdes se volvió al escuchar algo en el callejón que acababa de dejar atrás. Pensó en volver y comprobar lo que era, pero lo meditó mejor y decidió seguir su camino. No era de las que ayudaban y mucho menos en aquel barrio, a esas horas de la noche y mucho menos en un callejón oscuro y solitario.

Siguió andando por la calle desierta con el único acompañamiento del sonido de sus zapatos de tacón que resonaban como si quisieran llamar la atención. Hacía una hora que había acabado su turno de trabajo y tenía el bolso de dinero a rebosar cuyo setenta por ciento debía darle a su nuevo chulo. Lara se sentía tan desgraciada que meditó de nuevo si volver o no al callejón. Quizás fuese un grupo de atracadores que pusieran fin a su desgracia. Tal y como un desalmado puso fin a las desgracias de su mejor amiga y la persona que más le había importado desde hacía mucho tiempo: su antigua amiga Samantha(3).

Una pareja de jóvenes salió de un bar que cerraba muy tarde. El chico colocó su chaqueta por encima de los hombros de la chica y ella le sonrió de forma cálida y enamorada. Se acercó al chico y le sacudió un dulce beso en los labios que provocó una mirada de pasión y alegría del chico hacia ella.

“Sam... lo siento tanto... yo...”, pensó Lara sintiéndose menos sola en aquel mundo que le había tocado vivir, aunque solo fuese por la presencia de dos personas más en aquella solitaria calle de aquel barrio donde podía pasar cualquier cosa a esas horas.

Recordó como Punisher le había dado suficiente dinero para rehacer su vida lejos de la ciudad y después se había ido a matar a las personas que se habían llevado a la niña que iba con él y la vida de su mejor amiga. ¿Había seguido el consejo del vigilante? ¿Había hecho lo correcto? No, había hecho lo más cobarde, porque así era ella, cobarde y viviendo continuamente con miedo.

Tenía muchas deudas provenientes de la droga y algunos chulos a los que debía dinero. Sabía en su interior que podía haberse ido de la ciudad y haber iniciado una vida completamente nueva de haber tenido valor, pero el miedo a que alguno de los que debía dinero la encontrase y se lo hiciera pagar con su vida había sido superior a sus deseos de vivir de nuevo. Se había quedado en la ciudad, había pagado sus deudas, pero algunas eran demasiado grandes y no se pagaban solo con dinero. Lo único que la había protegido desde entonces había sido Washington, el chulo que había hecho que matasen a Samantha, y sin él, ya no había nada que detuviera a aquellos que temía. Uno de los camellos a los que debía mucho dinero y algo más la puso a trabajar de nuevo y allí estaba desde los últimos meses, de nuevo como una prostituta que se pateaba las calles, atada al miedo, la incertidumbre y a lo fácil. Que otros eligieran su vida, ir hacia lo sencillo, así había sido su vida siempre y no lo iba a cambiar en la mejor oportunidad que le había dado la vida para poder escapar de aquel lugar.

Unas leves lágrimas le recorrieron las mejillas. Sus manos saltaron hacia su bolso, dispuesta a buscar unos pañuelos y secarse las lagrimas y justo cuando lo hacía, un coche conocido paró junto a ella.

-¡Ey! ¡Lara!- le dijo el hombre que sacaba la cabeza por la ventanilla del porche rojo-. ¿Dónde demonios vas?

-¿Dónde crees que voy, Larry?- gruñó la chica terminando de limpiarse la cara-. Me voy a mi casa. Hace una hora o más que acabé.

-Sí, puede que sí- el tal Larry escupió a la calzada-. Pero tenemos un negocio que atender, además de darme lo que es mío. Y no me llames Larry. Soy el señor Callahan. Que no se te olvide, zorra.

Lara se volvió hacia él con gesto de disgusto pero sabía que todo eso lo había elegido ella y aunque se sintiera mal era lo mejor o al menos era lo que ella creía, con lo que se engañaba todos los días.

-¿Qué negocios debo atender con usted, señor Callahan?

-Mejor- dijo el hombre rascándose el bigote y mostrando una amplia sonrisa de satisfacción-. Tengo aquí el negocio de tu vida.

-Dile al jefe que...

-Ya no hay jefe, Lara- la sonrisa de Larry Callahan pareció ampliarse aún más-. ¿Crees que tengo al jefe ahí detrás? Tienes razón pero... deberías entrar.

-No entiendo nada- Lara se inclinó hacia el coche, intentando ver algo por los cristales tintados sin conseguirlo-. ¿Fido?

-Entra, Lara- dijo el señor Callahan-. Está dentro.

Un sonido seco indicó a la chica que el cierre de la puerta estaba levantado para que pudiera abrir la puerta y entrar, cosa que hizo aunque con cierto nerviosismo. Ni le gustaba demasiado el comportamiento de Callahan, ni le parecía demasiado normal todo aquello.

En cuanto entró en el lujoso asiento trasero del caro coche y cerró la puerta tras de si, vio el cadáver de Fido, quien había sido su jefe, tirado en el asiento trasero con un disparo limpio en la frente. Ver la sangre chorreando por su cara y parte de sus sesos sobre la tapicería de cuero, hizo que las nauseas la embargasen.

-No te preocupes, cielo- dijo Larry Callahan desde el asiento del conductor-. Ahora tienes a alguien que se ocupe de ti como Dios manda. Todos tenemos a alguien con quien hacer negocios y que sea importante. Nada de esa mierda de Fido de hacérselo y mentir sobre sus contactos. ¿Lo pillas, pequeña?

-Qué... – Lara sintió nuevamente las nauseas que tuvo que aguantar con todas sus fuerzas para que no se convirtiesen en vomito.

-Te presento a...

El hombre que estaba en el asiento del copiloto y en el que Lara ni siquiera había reparado, volvió su cara hacia la chica. Era un hombre afroamericano con bigote y un pañuelo con motivos militares alrededor de la frente. No aparentaba más de treinta años y una gran y siniestra sonrisa le cruzaba la cara.

-Damage, mi nombre es Damage- se presentó el hombre con una sonrisa que hacía creer que escondía un secreto que hacía mucha gracia y que solo él sabía-. He vuelto.

                                                   CONTINUARÁ...           

1.- Se vio en “Punisher: Damaging Evidence #1-3” USA.

2.- Sarraceno es un antiguo enemigo de Punisher y de la familia Castiglione. Los Castiglione son las familia de Frank Castle, en realidad, Francis Castiglione.

3.- Se vio en la saga “Montaña” en esta misma serie. Lara es la prostituta que sobrevivió a todo el asunto con Jason Krueger.