Pantera Negra, el campeón de Wakanda! ¡la letal Spiderwoman! ¡Miss Marvel! ¡Vigía, el centinela dorado! ¡El Usagente! ¡Cráneo Llameante! ¡Spiderman 2099! ¡Billy Rayos Beta! Ocho héroes unidos para proteger a la humanidad... ¡Por que el mundo sigue necesitando héroes!!

Stan Lee y Action Tales presentan: Los Nuevos Vengadores

LOS NUEVOS HÉROES PARTE 6

Escrito por The Stranger/ Portada: Esteban Decker

Anteriormente en Nuevos Vengadores: Divididos, los Nuevos Vengadores se encargan de los supercriminales que han pactado con Loki. USAgente, Everett Ross y Spiderwoman consiguen vencer al General, aunque logra huir en el último segundo, poco después de que uno de sus hombres abra el cofre que Loki les había mandado buscar. Lejos, Bill Rayos Beta se une a la pelea contra Gravitón, al que vence, aunque antes, el villano logra llegar hasta el último de los objetos de Loki, que es nada más y nada menos que un sarcófago que contiene a un monstruoso engendro que se parece a Thor. Juntos, Bill, Cráneo Llameante, Ms. Marvel, Maria Hill y sus hombres consiguen vencer al ser. Mientras tanto, Ross ha acudido en busca del último miembro del grupo, para que les ayude con los redaños finales de Loki en la Tierra. Pantera Negra, Spiderman  y Sean Knight se enfrentan al Conde Nefaria, quien logra llenar el templo en el que se encuentra con sus energías. Para sorpresa de todos los presentes, algo surge de la antigua construcción: Thor.

En medio de la batalla que decidirá el destino de todos.

            hell10

El yermo desolado que, en otros tiempos, había disfrutado de la soledad típica de los lugares como él, estaba a rebosar de gente, en realidad, de guerreros, monstruosidades, criaturas del averno, y poderosos soldados que combatían en una batalla que decidiría el destino del universo entero; incluso, de la existencia de todo ser viviente, de un lado a otro del inmenso cosmos. Desde simples microorganismos a dioses, todos caerían ante la furia de los Antiguos si la guerra se inclinaba, en el campo de batalla, a su favor, hasta que cayesen los soldados de los panteones que quedaban.

Loki, encima de su enorme hijo, Jormungandr, también conocido como la serpiente de Midgard, disfrutaba del belicoso espectáculo. Las criaturas, monstruosidades, engendros y bestias bajo su mando, atacaban con una fiereza nunca antes vista a los valerosos guerreros que mostraban sus últimas fuerzas. El Dios de las Mentiras, sonrió, formando un siniestro y pavoroso gesto; estaba a un paso de la victoria.

Odín no estaba. Thor acababa de ser devorado por las fauces de su hijo (1). Las únicas personas que podían detener su avance, y acabar con los planes de conquista de los dioses antiguos, no se iban a interponer más; había ganado, ya podía sentirlo.

– ¡Acabad con esa escoria, mis terribles guerreros! —Aulló Loki desde lo alto de su improvisada montura—. ¡Quiero que caiga la cabeza de todos y cada uno de los guerreros que han venido a morir por sus débiles dioses!

En el cielo, los colosales apéndices de los Antiguos parecían moverse al son de una macabra melodía que anunciaba su pronto regreso. Loki rió ante la terrorífica visión, soltando carcajadas incontrolables por doquier, ante la perspectiva de una temprana victoria. Al fin y al cabo, Thor, su odiado hermanastro, estaba, por fin, muerto. ¿Qué podría detenerle?

Sintió una perturbación en las ondas místicas del plano mágico y sobrenatural. Sus poderes habían aumentado hasta tal punto que, cualquier leve perturbación era captada por su ser, por mínima que fuese y más, si estaba directamente relacionado con ella.

Aprovechando que ninguno de los torpes patanes que se enfrentaban a su ejercito era un autentico problema para él, decidió volver su rostro un momento del campo de batalla. Movió sus garras con siniestra gracilidad, aunque no caprichosamente, hasta crear un humo azul que fue dibujando imágenes en el aire, ante sus ojos de reptil.

Los dibujos que se fueron pintando mostraban una musculosa figura, con un martillo, un yelmo, y una capa roja que Loki conocía muy bien. Frente al poderoso personaje, algunos llamados superhéroes terrestres mostraban gestos de confusión y miradas de desconcierto. Ninguno se hubiese esperado enfrentarse al ser que tenían ante sus ojos.

Loki rió aún con mayor fuerza. Al final, sus planes en la Tierra habían salido tal y cómo había deseado.

           

Los cinco humanos con superpoderes, los llamados supervillanos que había reunido, habían seguido sus instrucciones al pie de la letra. Seguro que uno o dos habían protestado e incluso sospechado una traición: habían acertado.

La unión de los supervillanos había sido una absurda treta para, como muchas de las que había orquestado en la Tierra, distraer a los llamados superhéroes que, en otros tiempos, habían ayudado a su hermanastro a desbaratar sus planes. Sólo uno de los cinco le interesaba realmente para despertar a la que sería su arma secreta en la batalla que se estaba librando: el llamado Conde Nefaria.

Las energías iónicas de Nefaria le eran necesarias para el templo que escondía a la criatura que él mismo, gracias a los oscuros conocimientos que había alcanzado gracias al trato con los dioses antiguos, había creado a imagen y semejanza de su odiado hermanastro. En la Tierra, lo hubiesen llamado clon, doble, o copia; él, lo llamaba hermano, creado con su propia sangre, con la del mismo Thor, y con las artes más oscuras que podían haberle otorgado los Antiguos; así había creado a su propio Thor.

Había prometido riquezas y un trozo del pastel a los supervillanos. ¡Ilusos! Mientras cuatro de ellos despertaban a una de las pruebas que Loki había parido antes de llegar a su éxito, Nefaria despertaba a éste. ¿Luego? El Thor defectuoso acabaría con todo aquel que tuviese delante y, tarde o temprano, acabaría muerto a manos de alguien demasiado poderoso; por otro lado, Thor, con el que había tenido éxito, se despertaría, enterrado desde poco después de que Loki consiguiese su nuevo aspecto, y convertiría la Tierra en un erial devastado.

Loki saboreó la idea, como lo había hecho mientras creaba a Thor. ¿Cómo no hacerlo al imaginar a los humanos muertos a manos del que creían su salvador? ¿Y qué cara pondrían los héroes al ver a su compañero de armas acabando con sus inútiles vidas? Y luego, tras acabar con las últimas defensas de la Tierra, iría con él y, juntos, como verdaderos hermanos, dominarían por encima de todos aquellos que no sabían lo que era el autentico poder. ¡Ah, la satisfacción de pensar en los asgardianos al ver a Thor a su lado, no tenía límites!

En las brumas que había usado para ver lo que pasaba en la Tierra, podía observar a unos pocos héroes a punto de ser arrollados por Thor. Reconocía al llamado Pantera Negra, pero poco más. No había tenido en cuenta que pudiesen reunirse, pero sabía que no iban a ser rivales para Thor, con el poder del trueno y los dioses antiguos a partes iguales, corriendo por sus venas; luego, esperaba que se enfrentase a los Vengadores, a los Cuatro Fantásticos, a... ¡Todos!

Odín no estaba. Había acabado con Thor. Se había divertido mintiendo, llevando de un lado para otro, y embaucando a mortales con superpoderes que creían tener un sitio junto a él, en el nuevo orden cósmico y, al final, había usado a uno de ellos para acabar de dar vida a su autentico hermano.

Deseó que Thor estuviese vivo para poder comprobar como, sus amigos y todo lo que amaba, era destruido por él mismo. Loki sintió un momentáneo instante de pena al pensar que los dos Thor no se verían las caras, pero se le pasó en cuanto volvió a la batalla.

La batalla definitiva se estaba librando, estaba a punto de ganar, y tenía todos los flancos cubiertos.

Loki rió aún más, con un aullido infrahumano que heló el corazón de todo ser vivo que llegó a escucharlo.

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Grecia.

Sean Knight y Pantera Negra observaban, con gestos preocupados, al ser que tenían frente a sus ojos. Sin embargo, la preocupación que sentían por la identidad del nuevo combatiente, no era nada comparada con la confusión de haber visto el lugar del que había surgido. Y, aún así, dicha confusión era nimia al lado del nerviosismo que sentían al saber que, sin género de dudas, no sólo era Thor, sino que no parecía estar del lado correcto en la batalla.

Thor miró a un lado y a otro. Andaba a trompicones, pues acababa de aprender a usar los poderosos músculos de sus piernas. Sus pies, embutidos en enormes botas, apenas si podían aguantar al coloso que acababa de nacer, en un mundo que le conocía como uno de los mayores héroes de la Tierra.

  En al aire, el Conde Nefaria contemplaba, estupefacto, los primeros pasos de la criatura creada por Loki; una versión perfecta de su hermanastro, pero recorrida de los pies a la cabeza por la negra magia que el Dios de las Mentiras había tomado de los dioses antiguos. Ninguno de los presentes sabía dicha información, así que, para ellos, era Thor, en carne y hueso. Y, en realidad, no estaban desencaminados, porque era él, al fin y al cabo.

El estupor de Luchino Nefaria venía, precisamente, de que conocía muy bien al Dios del Trueno. ¿Cuántas veces se había enfrentado a él? Sobre todo, cuando tenía a los Vengadores cubriéndole. ¿Qué hacía allí? ¿Acaso Loki le había engañado para usar sus energías para resucitar, de alguna forma, a su hermanastro? ¡No tenía ningún sentido! A menos que todo tuviese que ver con alguno de los intrincado planes del dios del engaño.

– ¡Thor! –logró exclamar el conde.

El ser, tras doblar el cuello de un lado a otro y hacer sonar los músculos del mismo, fijó sus ojos en Nefaria, quien supo al instante, al ver la salvaje mirada de la criatura, que no era Thor. No, era Thor, lo sentía, incluso sus movimientos, aunque prematuros y estúpidos, eran los de Thor, pero esa mirada... Le había provocado miedo, algo que no solía sentir muy a menudo.

Thor gruñó como un animal. Levantó los brazos, y los dejó caer como grandes troncos; estaba claro que se estaba acostumbrando a poder moverse y que, al menos, era una tarea que le iba a llevar unos minutos. Nefaria decidió salir de su campo de visión, aunque sin dejar de volar, ni observar cada actividad realizada por el nuevo Dios del Trueno.

–Es Thor, T´Challa –dijo Sean Knight a su compañero, justo cuando pudo volver a hablar–. Joder, y pensar que le he disparado.

Pantera Negra no respondió. No podía dejar de mirar a la colosal figura que empezaba a tomar soltura a cada zancada que daba, como un potrillo que acabase de llegar al mundo y estuviese ansioso por echar a correr.

–Ese no es Thor –masculló Pantera Negra.

– ¿Qué dices? –Sean Knight alzó sus manos, mostrándose como un blanco apetecible para el gigante–. ¡Eh, Thor!

El Dios del Trueno fijó sus ojos rojos en él. Sus grandes pies empezaron a dirigirle hacia Knight, tomando velocidad poco a poco, desentumeciendo sus ligamentos a cada centímetro que ganaba hacia su objetivo.

– ¡No es Thor, Knight! –Advirtió Pantera Negra, huyendo del ser con la apariencia de su amigo–. ¡Corre! ¡Corre, maldita sea!

Sean Knight no entendió nada hasta que vio como el coloso iba ganando potencia en su dirección, al mismo tiempo que abría su boca y emitía un bestial rugido que no se asemejaba en absoluto a un sonido civilizado.

El terror empezó a apoderarse de Sean Knight al ver, cada vez más cerca, los rojizos rubíes que perlaban el rostro del gigante que iba a por él, y que levantaba el brazo que sujetaba su martillo de uru, dispuesto a partirle por la mitad.

A pesar del miedo, Knight apuntó su rifle de asalto contra Thor, y disparó hasta quedarse sin munición. Las balas rebotaron en la dura piel del coloso, sin hacerle el menor rasguño; ni siquiera habían logrado pausar su avance, así que, el hombre decidió seguir el ejemplo de Pantera Negra y correr por su vida.

Knight movía las piernas con todas sus fuerzas, sin un destino fijo, aunque con la total certeza de que, si no se desplazaba con la suficiente rapidez, acabaría aplastado por un martillo que tendría que estar construido para derrotar a los malvados.

Echó la vista hacia atrás, cometiendo un grave error, pues esos breves instantes fueron aprovechados por Thor, que se movía como una locomotora fuera de control, para ganarle terreno. Pantera Negra surgió de la nada y apartó a Knight del camino justo cuando su enemigo estaba a un segundo de aplastarlo.

– ¡Uf! –Resopló Knight al aterrizar en el suelo–. ¡Gracias!

– ¿Balas contra Thor? –gruñó Pantera Negra.

– ¡Dijiste que no era Thor!

Pantera Negra no respondió. No estaba seguro de si era o no era el Dios del Trueno.

–Huele como Thor, se mueve como Thor... pero no es Thor –explicó el rey de Wakanda–. ¡Demonios, no sé explicarlo!

–Conozco la sensación –Knight se levantó, al mismo tiempo que recargaba su arma.

A unos metros, Thor había parado su embestida. Lentamente, se giró hacia ellos, con un gesto de rabia y furia en su rostro que presagiaba una destrucción sin igual.

De nuevo, levantó el brazo que sujetaba su poderoso martillo, sólo para que una lluvia de balas cayese sobre él, proveniente de los soldados que aún quedaban tras los mortales ataques del Conde Nefaria(2).

– ¡Usad balas de adamantium! ¡Cargad con adamantium! –chilló Knight desde donde estaba.

Unos pocos hicieron caso, dejando paso a sus compañeros, que les cubrieron, lanzando ráfagas de metralla sobre el corpulento cuerpo del supuesto dios; éste, por su parte, se volvió hacia sus rivales, sin dar muestras de dolor ante el ataque, levantó el martillo por encima de su cabeza, y lo estrelló contra el suelo con todas sus fuerzas.

Pantera Negra ya había visto ese movimiento antes, de parte del autentico Thor –si es que el que tenía frente a sus ojos no lo era- y sabía el poder destructivo que conllevaba, así que, se agachó, pues era demasiado tarde para hacer nada por los soldados que, valientemente, se estaban enfrentando a un enemigo sin igual.

El martillo golpeó el suelo con una brutalidad con la que no podía compararse nada. La tierra empezó a resquebrajarse bajo el metal de uru, mientras las grietas iban avanzando en todas direcciones como animales hambrientos en busca de su sustento. Piedras, roca, arena, y escombros saltaron por los aires en todas direcciones, en especial, hacia delante, hacia los soldados que habían atacado a Thor.

           

Sean Knight y Pantera Negra cayeron de espaldas ante onda expansiva provocada por enérgico martillazo. Ambos se cubrieron para evitar los cascotes que volaban por todas partes; gracias a la gran resistencia de sus trajes, pudieron evitar graves heridas, aunque sus compañeros soldados no corrieron la misma suerte.

Los temblores de tierra resultantes del golpe del martillo fueron de menos a más, hasta que, en cuestión de unos segundos, cualquier persona hubiese declarado que estaba ante el más terrible de todos los terremotos. Ante tal ataque, los soldados que no eran derribados por piedras o cascotes, caían debido a los fuertes temblores que azotaban la zona. Incluso lo que quedaba del templo del que había surgido Thor, amenazaba con desprenderse de un momento a otro.

En el aire, el Conde Nefaria sintió un pinchazo de miedo. ¿Ese era el poder desatado de Thor? No podía ser él, pues el Dios del Trueno, el autentico, era más cauto, y no atacaría a sus amigos, a no ser, que Loki hubiese usado alguno de sus embrujos para dominarlo.

Una vez calmado todo de nuevo, Thor volvió sus ojos hacia Pantera Negra y Sean Knight, quienes trataban de levantarse una vez más, dispuesto a huir o a enfrentarse a su enemigo.

– ¿Qué hacemos? –preguntó Knight.

–Creía que eras tú quien dabas las órdenes.

– ¡Tú eres el que conoce a ese tipo! –Knight sacó una pistola.

–Ninguno somos rivales para Thor –Pantera Negra buscó a Nefaria–. Ese animal está esperando a que acabe con nosotros.

Thor comenzó a mover los pies en dirección a los dos hombres.

–Viene hacia acá, Pantera –Sean Knight se preparó para caer luchando.

–Tenemos que esperar ayuda –Pantera Negra intentó mantener la calma.

De repente, algo pegajoso se adhirió al rostro del Dios del Trueno, quien empezó a forcejear como un niño pequeño al que sujetaba su madre para que no fuese a jugar antes de hacer los deberes. Thor terminó arrancándose la telaraña de la cara, sin dejar de gruñir y rugir. Knight y Pantera Negra vieron a Spiderman, con su traje destrozado por el enfrentamiento contra Nefaria, subido a un árbol cercano, uno de los pocos que quedaban tras los temblores.

– ¿Dios del Trueno? ¡A ver si me alcanzas! –provocó el héroe arácnido.

Para sorpresa de todos los presentes, Thor movió los labios para algo más que soltar un sonido animal.

– ¡D... De... Dem...!

El coloso lanzó su martillo de uru contra Spiderman, quien simplemente tuvo que saltar hacia otro árbol para esquivarlo, aunque, en el que estaba, acabó hecho astillas por el objeto, que volvió a la mano de su dueño del mismo modo que lo hacia Mjolnir con el Thor original.

Tras recuperar el martillo, fue a repetir el ataque contra Spiderman. Antes de lograr siquiera estirar el brazo, Spiderman disparó varias de sus telarañas contra el martillo y usó todas sus fuerzas para tirar de él; Thor hincó los pies en el suelo, y opuso resistencia.

–¡Demonio! –Logró gritar el gigante–. ¡No... No... No te llevarás el martillo que pertenece a Thor! ¡Te destruiré! ¡Por Asgard!

Pantera Negra oyó la voz que salía de la garganta de su enemigo. El tono, el timbre, la sonoridad... Era Thor, no cabía ninguna duda.

“Pero ahí algo que no cuadra, y no es sólo que quiera abrirnos la cabeza”, pensó T´Challa, mientras Spiderman y Thor luchaban por el martillo.

“¿Puede ser que sea Thor bajo algún hechizo? Y, si es así... ¿No habrá perdido ya la humanidad la batalla contra Loki y sus malignos dioses?”

–¡Tenemos que ayudarle! –gritó Knight.

–Creo que es Thor, el autentico, pero está hechizado, o algo parecido –informó Pantera Negra–. O eso creo, porque parece que acaba de nacer y...

–¿No podría ser una criatura parecida a la que se ha enfrentado el equipo de Hill?

–Podría ser. ¿Las energías de Nefaria le han dado la perfección? Puede ser. ¿Podemos arriesgarnos?

Thor pegó un fuerte tirón que hizo volar a Spiderman. Usando su agilidad arácnida, el héroe del futuro dio una voltereta en el aire y aterrizó sobre Thor, dándole una patada en la cara. El coloso se tambaleó, miró con rabia asesina a su enemigo, e intentó acertarle en la cabeza con su martillo.

–¡Villano, Mjolnir acabará con tu mísera vida! –Thor movió el arma de un lado a otro, pero Spiderman esquivaba los envites con aparente facilidad.

Spiderman dio una vuelta sobre sí mismo, sacudiendo varios puñetazos a la cara de Thor, quien trataba de alcanzar a su veloz enemigo.

           

–No sé si podemos arriesgarnos o no, pero hay que hacer algo –Sedan Knight se dispuso a intervenir.

–Tienes razón –Pantera Negra mostró sus garras–. ¡Vamos!

Justo cuando corrían a la batalla, Thor lograba agarra del cuello a Spiderman quien, ralentizado por la anterior pelea con el Conde Nefaria, intentaba zafarse del potente cepo.

Pantera Negra fue el primero en llegar. Con fuerza y decisión, rajó el costado más cercano de Thor, provocando que el coloso gruñese de dolor y rabia, sobre todo, al sentir como su sangre salpicaba el suelo, a pesar de que, en pocos instantes, la herida estaba más que curada.

Aún sujetando a Spiderman, el Dios del Trueno giró la cabeza, buscando a Pantera Negra; encontró un puñetazo del rey de Wakanda. Al echar la cabeza hacia atrás, Spiderman le sacudió un par de ágiles patadas, haciendo que se tambalease nuevamente.

–¡¡¡Basta!!! –aulló el dios.

El guerrero movió su martillo en dirección a Pantera, alcanzándole en un hombro, y arrojándolo a un lado. Si no hubiese sido por las micro-fibras de vibranium que formaban su traje, habría acabado con más de un hueso roto.

Spiderman aprovechó el momento para apartar el poco de máscara que le quedaba, abrir la boca, y clavar sus ponzoñosos colmillos en el musculoso brazo que le agarraba el cuello. Sin piedad, soltó todo el veneno que pudo en cuestión de segundos, rezando mentalmente para que su enemigo cayese rendido al instante ante sus pies.

Sin embargo, el mordisco sólo enfadó más a Thor, que, en cuanto pudo, se quitó de encima al héroe. El veneno recorría su organismo, pero apenas le hacía efecto, algo que sorprendió a Miguel O´Hara, que había llegado de un mundo futuro donde era difícil sorprenderse.

Sean Knight, por su parte, no fue tan sutil: se acercó a Thor por un lado, sin que éste se diese cuenta, le apuntó directamente a la cara, y vacío el cargador de la pistola. EL gigante gruñó, se rascó el rostro como si le hubiese atacado una horda de molestos mosquitos, y se quitó de encima a Knight de un fuerte empujón.

–¡Por Odín que moriréis, enemigos de Asgard! –aulló Thor.

De repente, Pantera Negra vio en el cielo un punto que se volvía más grande conforme se iba acercando. Unos segundos después de divisarlo, reconoció a Ms. Marvel, transportando en su espalda a Cráneo Llameante.

T´Challa no pudo evitar sonreír bajo su máscara, mientras alzaba sus brazos para señalar su posición a su compañera.

–¡Ahí están! –Ms. Marvel detuvo su avance al ver a Thor–. ¿Ese es Thor?

–¿Thor? –Cráneo Llameante se fijó en la corpulenta figura–. ¡Ey! ¡He visto la ficha de ese tipo! ¿No es el mandamás de Asgard o algo así? ¿Ha venido a ayudarnos?

La heroína no supo qué responder. ¿Cómo podría fiarse de lo que veía si acababan de enfrentarse a un demonio con el aspecto y poderes de su antiguo compañero vengador?

Mientras hacía cábalas en su mente, vio que Pantera Negra movía los brazos violentamente, de un lado a otro, tratando de avisarla de algo. Lo último que oyó antes de ser embestida por el Conde Nefaria fue a Cráneo Llameante tratando de advertirla; después, debido al golpe, cayó a tierra.

 –¡Por fin una vengadora digna de apalear! –Rugió Nefaria, golpeando duramente a su rival–. ¿Dónde están los pesos pesados? ¡Quiero matar al Capitán América con su propia escudo!

Ms. Marvel esquivó uno de los puñetazos de Nefaria, y agarró sus manos, lista para contraatacar.

–¡Te has equivocado de grupo! –replicó, golpeando su cabeza contra la nariz de Luchino Nefaria.

El supervillano se separó de Ms. Marvel, agarrandose la sangrante nariz. Antes de que pudiese reaccionar, la nueva vengadora enterró uno de sus puños en el estomago de Nefaria; luego, golpeó su rostro varias veces, hasta que el criminal encendió sus ojos, y disparó una fuerte descarga que impactó de lleno en Ms. Marvel, quien a duras penas absorbió el ataque.

Cegado por la rabia de ver su propia sangre, Nefaria se lanzó contra Ms. Marvel que, sorprendida por la velocidad de su enemigo, sólo pudo recibir el golpe.

Unos metros más abajo, Cráneo Llameante golpeaba el suelo, levantando una leve polvareda y provocando un leve temblor que apenas si podía compararse con el realizado por Thor minutos antes. Se levantó de una caída que hubiese destrozado a cualquier otra persona, sin apenas un arañazo y, si lo tenía interiormente, ya estaba siendo curado gracias a sus sobrenaturales poderes.

–¿Me he perdido algo? –preguntó Cráneo con su habitual sorna.

Al volverse, vio a Thor frente a él, respirando con una furia apenas comparable con ninguna que hubiese visto antes, ni siquiera en la Segunda Guerra Mundial, cuando la rabia era habitual en el campo de batalla.

–¡Demonio, no verás un nuevo amanecer!

–¿Demonio, yo? ¿Lo dices por la cabeza que arde? Vamos, no es para tanto –bromeó Cráneo Llameante.

Thor alzó su martillo y lo descargó contra su nuevo enemigo, que retrocedió un par de pasos antes de que el mazo acabase con sus huesos. Antes de darse cuenta, ya tenía otra vez a Thor encima, tratando de abrirle la cabeza con su poderosa arma.

–¡Creía que eras de los buenos! –exclamó Cráneo Llameante, arrojándose al suelo para esquivar otro envite.

–¡No sabemos qué es exactamente! –Gritó Knight–. ¡Defiéndete!

Cráneo Llameante, obediente, se volvió, y envolvió sus manos en llamas con sus poderes. Pantera Negra temió que, de ser el autentico Thor, acabase malherido, pero no tuvo tiempo de avisar a su compañero, que ya se disponía a lanzar el fuego contenido en sus manos.

Thor recibió una pequeña bola de fuego en pleno rostro. Confundido y levemente dolorido por el ataque, se echó hacia atrás, el gesto que necesitaba Cráneo Llameante para poder despedir el ataque que preparaba.

Las llamas salieron de sus manos como torrentes ígneos de muerte concentrada. El fuego rodeó a Thor de los pies a la cabeza, formando también un circulo a su alrededor. Pantera Negra, Sean Knight y Spiderman tuvieron que retirar la mirada debido a la luminosidad de la escena. En el cielo, a unos metros de la batalla, Ms. Marvel y el Conde Nefaria seguían con su mortal ballet, ajenos a la cruenta pelea que se vivía en el suelo.

 Cráneo Llameante se palmeó las manos una vez acabado el trabajo, dispuesto a ayudar a su compañera con el tipo que les había atacado en pleno vuelo. Sin embargo, el antiguo miembro de los Invasores, infravaloraba la fuerza del Dios del Trueno.

Ante la sorprendida mirada de los presentes, Thor salió de entre las llamas, totalmente ileso, salvo por algunas manchas de hollín, y varias quemaduras en algunas partes de sus ropas de combate. Por lo demás, estaba sano y salvo, con la misma mirada de furia animal pintada en su cara.

–Tengo que avisar a Ross –rezó Knight, levantándose, dispuesto a ir hacia los vehículos destrozados de los soldados que les habían acompañado–. Necesitamos ayuda de verdad.

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El Cubo.

           

Mirando bien al Vigía, a Ross no le pareció nada del otro mundo. Un preso más, con un traje extraño, colorido; podría ser un nuevo aspirante a Magneto, o el enésimo superhéroe con mallas y capa.

Era musculoso, y parecía alto. En otro tiempo, Ross estuvo seguro de que había sido alguien bello, hermoso e incluso un modelo que siguiesen otros, si es que había habido otro tiempo para el Vigía. A pesar de que no parecía tan temible como había pensado, despedía un aura extraña, siniestra y bondadosa a la vez, que Ross no sabía bien cómo interpretar.

–¿Es usted Robert Reynolds? –Ross se palmeó la frente–. Qué tonto soy. ¿Quién si no iba a ser usted?

El Vigía volvió sus ojos a la pared que tenía enfrente, obviando la presencia de Ross, una vez hubo visto quien era.

–¿Le importa que me...? –Ross buscó un sitio en el que posar su trasero pero, salvo parte del camastro del Vigía, no encontró nada–. El suelo será un buen lugar.

Esperó a que el preso le ofreciera un hueco a su lado, pero al no hallar invitación alguna, Ross acabó en el duro y frío suelo.

–Sé que puede oírme, señor Reynolds, aunque no me hable; sé que no suele hablar mucho, pero voy a intentar explicarle por qué estoy aquí. Tenga presenta que no voy a obligarle a nada, simplemente, he venido a pedirle su ayuda.

Ross tragó saliva. El Vigía no reaccionó.

–Me llamo Everett K. Ross y trabajó para... para... –se preguntó, mentalmente y en unos segundos, para quién trabajaba exactamente–. Para el gobierno de los Estados Unidos de América. Creo que trabajo para SHIELD, aunque tengo jurisdicción mundial. El caso es que formo parte de un equipo de superhumanos para ayudar en una crisis mundial que actualmente vivimos fuera de esta celda, señor Reynolds. Un grupo conocido como los Nuevos Vengadores.

Ross creyó captar un leve movimiento en los ojos del encarcelado. En aquella celda, llena de sombras, era difícil saberlo con certeza.

–Ayudamos en esta crisis que parece estar resolviéndose muy lejos de todos nosotros. Ahora mismo estamos intentando que Loki, el Dios de las Mentiras, hermanastro de Thor, actual gobernante de Asgard, destruya nuestro mundo gracias a cinco supercriminales: Gravitón, el Conde Nefaria, el Mandarín, Moses Magnum y el General.

En ese mismo instante, los ojos del Vigía se movieron. Ross no lo había imaginado; podría jurar que lo habían hecho, lo cual significaba algo. ¿Conocía el Vigía al General? ¿Y el General conocía al Vigía?

–Hemos capturado a tres de cinco pero, ahora mismo, los pocos que quedan intentan detener al Conde Nefaria, sumamente poderoso. Y no sólo eso, sino que ahora mismo se enfrentan a una especie de monstruo con los poderes de Thor y puede que a Gravitón. Le necesitamos, señor Reynolds.

El Vigía no movió un solo músculo. Cualquier persona que le hubiese visto en aquel momento, habría jurado que Ross hablaba con una estatua.

–Ahora es el momento en el que debo hacerle una oferta que no puede rechazar, pero me temo que no tengo nada que ofrecerle –Ross observó la celda en la que se encontraba; no olía mal, sólo a antigüedad–. Podría prometerle sacarle de aquí, pero usted se encuentra en este lugar por iniciativa propia.

La mente de Ross iba a cien por hora. No tenía tiempo de convencer a alguien que no había hablado en años. Una persona que sólo Dios sabía qué podía hacer exactamente, y las razones que le habían llevado a encerrarse a sí mismo.

–Usted sólo crea en mi muchas preguntas, señor Reynolds –Ross mostró el folio en el que estaba la poca información que poseía sobre el Vigía–. Esto es todo lo que sé de usted, pero me pregunto... ¿Es usted un héroe o un villano? ¿Qué clase de persona se encierra a sí misma? ¿Y en un sitio como este, en la planta de mayor seguridad en la cárcel más secreta del mundo?

El Vigía se movió al fin. Únicamente se echó hacia atrás, hasta que su espalda y su cabeza se apoyaron contra la pared de la celda; el camastro gruñó ante el movimiento.

–¿Qué es usted, señor Reynolds?

El silencio atravesó la estancia, de lado a lado, acomodándose al final en el centro, entre los dos hombres. Ninguno de los dos movió un músculo durante largos minutos.

–Señor Reynolds, yo... –Ross no sabía qué decir–. Mire, necesito su ayuda. ¡El mundo necesita su ayuda! Mis compañeros, mis amigos, van a morir si usted no se mueve... ¡La gente muere mientras usted...!

Una luz se encendió en la cabeza de Ross.

–¿No piensa en Lindy?

El Vigía le miró directamente a los ojos. Ross sonrió por dentro.

–¿Lindy? –murmuró el Vigía.

Ross abrió la boca para contestar, pero la puerta de la celda se abrió, dando paso a uno de los guardias que la vigilaban.

–Señor Ross, alguien quiere hablar con usted.

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Grecia.

Thor estrelló su martillo en el lugar en el que, segundos antes, había estado Cráneo Llameante. A unos metros, Pantera Negra y Spiderman decidían si unirse o no a la pelea, mientras descansaban sus heridas. Sean Knight estaba entre los restos de la maquinaria de guerra llevada por los soldados; había logrado ponerse en contacto con Ross mediante lo que quedaba de las comunicaciones militares; sin embargo, cruzaba fuertemente los dedos para que le diese tiempo a convencer al Vigía, de otro modo, nadie sobreviviría.

Ms. Marvel, por su parte, seguía combatiendo con un enfurecido Conde Nefaria, que parecía haber estado reuniendo fuerzas para pelear, expresamente con ella.

–¡Quiero que veas cómo mueren tus amigos! –Nefaria, usando su velocidad sobrehumana, se situó tras Ms. Marvel, y la golpeó duramente, estrellándola contra el suelo; luego, la aplastó con su peso–. ¡Pero antes te quiero muy, muy quietecita!

La heroína intentó zafarse de su enemigo, pero apenas pudo moverse. En una situación normal, no habría tenido problemas en quitárselo de encima y suponer para el criminal italiano un problema más del que estaba siendo, pero había combatido con Gravitón, con el Thor demoníaco... Estaba cansada, agotada, herida, y con las energías mínimas para seguir usando sus poderes.

Aún así, no se iba a dar por vencida. No, ella no. Si tenía que morir, lo haría de pie, y no tumbada.

Logró colocar un pie de tal forma que pudo hacer fuerza hacia atrás. Tan sólo necesitó separarse unos centímetros del suelo, para agarrar una de las manos de Nefaria, y hacerle una llave que lo llevo arrojó contra el suelo.

El Conde Nefaria fue a responder, pero sintió un leve mareo que le llegó de improviso. Ms. Marvel aprovecho para incrustarle uno de sus puños en la cara, haciéndole sangrar. No le dejó cubrirse, disparándole un directo a las costillas, las cuales crujieron al fracturarse; luego, unió sus manos, que se rodearon de energía amarilla al instante, que se disparó hacia Nefaria, empujándole varios metros hacia atrás, con un grito.

Ms. Marvel aprovechó el momento de paz para tomar. Nefaria, por su parte, tendido en el suelo tras el fuerte envite, sintió que se le pasaban los mareos.

“¡Esa maldita araña!”, pensó al recordar el mordisco de Spiderman.

Intentó levantarse, pero el tremendo dolor de las costillas le hizo caer de nuevo. Aún así, se obligó a estar de pie, pues ya escuchaba el aire siendo cortado por Ms. Marvel, que se dirigía hacia él como un misil.

Finalmente, Nefaria se levantó, y disparó un torrente de energía directa de sus ojos, no a su enemiga, sino al suelo de tierra que tenía unos metros delante. Una gran polvareda se levantó, dejando sin visión a Ms. Marvel que, antes de darse cuenta, ya tenía encima los puños de Nefaria, que la golpeaban sin piedad.

Por otro lado, Cráneo Llameante volvió a evitar un mazazo por parte de Thor. El martillo, esta vez, se quedó clavado en la tierra, como si éste lo quisiera para ella. El antiguo miembro de los Invasores aprovechó el momento para agarrar el martillo, y tratar de quitárselo a su dueño, al mismo tiempo que usaba sus poderes ígneos para rodearse de llamas, que pensaba serían suficientes para alejar a su enemigo: se equivocaba.

–¡Creo que ya has usado suficiente este chisme! –protestó Cráneo Llameante, intentando apartar el martillo de los dedos de Thor.

–¡Maldito demonio! –Rugió el dios–. ¡No eres digno de Mjolnir! ¡Sólo de ser golpeado por él!

Thor se quitó de encima a Cráneo de un manotazo; después, sacó el martillo y golpeó uno de los hombros de su rival, sacándoselo de sitio a la vez que le provocaba un fuerte dolor. Cráneo Llameante volvió a recibir otro golpe de martillo en el hombro.

–¡Gracias por ponérmelo en su sitio! –Cráneo abrió la boca, y un torrente de fuego rodeó a Thor, que siguió andando, quitándose las llamas de encima como si fuesen trozos de hielo–. Y yo que creía que era duro...

Desesperado, Cráneo Llameante golpeó la cara de Thor. El dios se limitó a recibir el golpe, que apenas notó, y de una patada, alejó a su contrincante varios metros.

–Tenemos que ayudarles –dijo Pantera Negra a Spiderman, al que se había acercado.

–¿A cuál, exactamente?

Ambos héroes observaron a Thor, que se acercaba a un caído Cráneo Llameante, y al Conde Nefaria, que seguía golpeando a Ms. Marvel. Sean Knight seguía desaparecido, seguramente, intentando buscar un arma con la que luchar contra las bestias que les atosigaban.

–A los dos –musitó Pantera.

–Apenas puedes moverte –Spiderman sujetó a su compañero–. Mi organismo pronto habrá curado mis heridas, pero tú...

–Lo mío va más lento, pero no tenemos... –un fuerte sonido alertó al rey de Wakanda–. ¿Qué es eso?

–¿De qué...? –Spiderman también escuchaba algo–. ¡Son helicópteros!

De repente, en el cielo, aparecieron varios helicópteros. En uno de ellos, pudieron ver a Spiderwoman y al USAgente, con cara de decisión, dispuestos a caer sobre el enemigo como si fuesen un castigo divino.

–¡Ahí tenemos a los refuerzos! –exclamó Sean Knight, saliendo de entre la maleza, con una sonrisa.     

Spiderwoman saltó, sin dudarlo un segundo, del vehículo en el que estaba. Usando sus poderes para planear, calculó bien su objetivo, el Conde Nefaria, y cayó sobre él, sacudiéndole un puñetazo en la espalda. Cuando Nefaria se volvió, para enfrentarse a su nueva enemiga, Ms. Marvel, herida y cansada, le sacudió una descarga de energía en la cabeza; Spiderwoman no desaprovechó el momento, y chocó su pie, con su fuerza arácnida, contra la entrepierna del criminal.

Antes de que pudiera reaccionar, Spiderwoman disparó una de sus descargas verdes contra el rostro de Nefaria; luego, le empujó lo suficientemente fuerte como para tirarlo contra la maleza, cayéndole encima varios árboles.

–Me alegra verte... Jessica –Ms. Marvel sonrió, antes de caer, derrotada.

–¡Carol! –Spiderwoman se agachó a por su amiga–. ¡Vamos! ¡Esto aún no ha terminado, soldado!

           

La antigua detective tenía razón.

Los helicópteros apuntaron todos a Thor, quien detuvo su agresivo caminar hacia Cráneo Llameante, el cual se alejó del lugar, sabiendo lo que iba a pasar. Tenía grandes poderes curativos, y era prácticamente inmortal, pero no había recibido nunca el ataque conjunto de varios helicópteros a la vez como para saber si eso podía con él; no quería comprobarlo, al menos, no ese día.

Los pilotos de los tanques alados esperaron una señal, que recibieron en cuanto Sean Knight levantó las manos y señaló a Thor, en actitud afirmativa en cuanto a quien era el enemigo a abatir. Los dedos de los pilotos apretaron los botones adecuados sin duda un instante.

           

Las ametralladoras cantaron su balada de muerte y destrucción. Las balas, a velocidad supersónica, volaron hacia Thor, alcanzándole de lleno. Las primeras apenas le hicieron nada, pero tras unos segundos, el coloso comenzó a retroceder, al mismo tiempo que levantaba sus manos en señal de protección; después, lanzó un grito de lo que se suponía que era dolor.

–¡Yarghhhhhhh! ¡Malditos dragones de metal! –Thor echó hacia atrás la mano que portaba su martillo–. ¡Mjolnir dará buena cuenta de vosotras, bestias!

Lanzó el martillo, que voló como un torpedo hacia los helicópteros, atravesando a uno que no pudo apartarse a tiempo. El proyectil destruyó el parabrisas, destrozó el cuerpo del piloto, y salió por el techo del helicóptero, desperdigando el rotor y las hélices por todas partes; luego, mientras todo acababa en una infernal explosión, volvió a las manos de su dueño, que sonreía satisfecho por el resultado.

Entonces, los pilotos activaron otros botones, y los mísiles volaron. La criatura creada por Loki, la perfección hecha poder, no era estúpida, y supo que, tarde o temprano, acabaría dañada por los ataques que estaba recibiendo, así que, decidió pasar a la acción.

Agarró el martillo con las dos manos, lo puso por delante, como un escudo, y gritó. Del arma comenzaron a surgir diferentes haces de energía que rodearon al dios, hasta crear una barrear defensiva de puro poder místico.

En ese mismo instante, los mísiles alcanzaron su objetivo. Las explosiones se sucedieron a velocidad vertiginosa, sin otorgar piedad al coloso sobre quienes ocurrían.

Todos los que estaban en tierra, se agacharon ante la magnitud de las deflagraciones. Cascotes, piedras, y arena saltaron por todas partes, haciendo que los helicópteros tuviesen que alejarse, a pesar de estar ya a una distancia prudencial. El campo de fuerza creado por Thor fue tragado por el humo y el fuego, como si no fuese más que una menudencia.

La onda expansiva movió los árboles más cercanos, y empujó a Spiderman, Pantera Negra y Cráneo Llameante, quienes no habían logrado alejarse lo suficiente del lugar. Al menos, no se vieron alcanzados por la cantidad ingente de proyectiles disparados por las detonaciones.

Cuando todo estuvo en calma de nuevo, las respiraciones de todos los que habían contemplado el destructivo espectáculo se detuvieron, expectantes ante el resultado. Nadie quería considerarse ganador antes de tiempo, como el cazador no vendía la piel del oso antes siquiera de avistarlo.

De entre las llamas, el humo, y la tierra que caía del cielo como si fuese lluvia dura, surgió Thor, sin apenas un arañazo, pero con la misma furiosa mirada que había atesorado desde su nacimiento, hacía ya un buen rato.

Sin decir nada, el Dios del Trueno alzó su martillo hacia el cielo, como si amenazara con él al mismo Odín.

–¡Mjolnir, trae la tormenta! ¡Yo te lo ordeno! –aulló el gigante.

Pantera Negra sintió un pinchazo en su nuca: sabía lo que iba a ocurrir.

–¡Alejaos, alejaos! –gritó hacia los helicópteros, moviendo los brazos de un lado a otro; luego, se volvió hacia Spiderman y Sean Knight–. ¡Tenemos que salir de aquí! Sé lo que va a hacer.

Los hombres asintieron, y empezaron a correr, mientras los cielos se llenaban de negros nubarrones salidos de la nada. Como si tuviesen vida propia, se reunieron por encima de la cabeza de Thor, como animales alrededor de su dueño.

Los relámpagos y los truenos no tardaron en hacer su aparición, mostrando su poderío entre las oscuras nubes, dando a entender que eran ellos quienes mandaban sobre ellas. Los pilotos de los helicópteros movieron sus mandos para distanciarse, justo cuando empezó a llover.

Thor, con el agua cayéndole por la cara, limpiando su yelmo, bendiciendo su martillo, y hurgando en los pocos rasguños ya más que curados, fijó sus fieros ojos en los dragones de metal que habían soltado sobre él llamas de guerra y aniquilación. Mientras lo hacía, notaba como el rayo, el trueno, y el relámpago corrían por su martillo, y surcaban cada partícula de su ser.

           

–¡Por Mjolnir, por Odín, por Asgard, que el rayo cante para llevar la destrucción a mis enemigos! –bramó el Dios del Trueno.

Un rayo cayó directamente sobre su martillo, cargándolo de una energía capaz de destruir una ciudad pequeña. Luego, apuntó a Mjolnir hacia los helicópteros, y desató todo su poder.

Los rayos volaron como bestias salvajes hacia sus presas. Con una facilidad pasmosa, atravesaron el fuselaje de los helicópteros que alcanzaron, convirtiéndolos en bolas de fuego en pleno aire. Segundos después, caían como pequeños meteoritos sobre la tierra que era regada por el agua de lluvia que la tormenta de Thor había derramado.

Apuntó de nuevo el martillo hacia los dos vehículos que quedaban, que ya giraban para evitar el mortífero ataque que no podía ser esquivado. Los pilotos, aterrorizados ante la muerte de sus compañeros, ya daban por perdidas sus vidas. En uno de los helicópteros, el USAgente se disponía, con una M-60 entre sus manos, a morir luchando.

De repente, antes de que los rayos pudiesen ser lanzados por el martillo de Thor, recibió una bola de fuego en pleno rostro que lo empujó hacia atrás. Antes de darse cuenta, un par más de ataques ígneos le hicieron caer al suelo; las nubes se disiparon levemente, los truenos y relámpagos pararon, y la lluvia cesó, no así el peligro.

–¡Ni se te ocurra levantarte, grandullón! –amenazó Cráneo Llameante, llenando sus manos de fuego.

Thor, se incorporó levemente, dirigió su martillo hacia su enemigo, y un potente rayo concentrado atravesó el torso de Cráneo Llameante, de lado a lado, terminando con su amenaza, al menos, por el momento.

El USAgente, viendo lo que acababa de ocurrir, sujetó bien la M-60, una ametralladora de gran potencia, y la disparó contra Thor desde el aire. Las balas se encaminaron hacia Thor, cayendo sobre él como una miríada de mortales insectos. La creación de Loki levantó las manos, pues notaba los disparos, aunque no le dolían; furioso por ellos, alzó su martillo y echó a volar, dispuesto a aniquilar a quien le atacaba.

–¡Dobla, soldado, dobla! –rugió el USAgente al piloto, sin dejar de disparar.

Aunque el hombre consiguió volver el vehículo, Thor lo alcanzó en apenas unos segundos, agarrandose al cristal del helicóptero como si se tratase de una gran araña. Una vez en el parabrisas, lo atravesó con el martillo; luego, rompió el cráneo del piloto como si fuese un huevo.

El helicóptero comenzó a caer en cuanto el piloto dejó los mandos al morir. USAgente, previniendo lo que iba a pasar, lanzó el arma que sujetaba al vacío; antes de que Thor pudiera girarse hacia él, se lanzó tras la M-60, esperando caer lo suficientemente bien como para morir luchando, y no por el golpe. Definitivamente, no las tenía todas consigo.

Justo cuando quedaban dos metros para toparse con el duro suelo, alguien le agarró en el aire.

–¿Necesitabas ayuda? –bromeó Spiderman, lanzando otra telaraña, balanceándose con ella, y aterrizando con su carga en el suelo, con gracilidad.

–Gracias –el USAgente intentó sonreír, pero, en ese mismo instante, el helicóptero en el que había llegado a la batalla se estrelló cerca de lo que quedaba del templo que había estado cargando Nefaria, creando una enorme bola de fuego cuya onda expansiva casi les hizo caer.

Mientras tanto, Nefaria se había levantado, y miraba con salvaje furia a Spiderwoman y Ms. Marvel, quienes habían captado su regreso.

–Malditas brujas... –Nefaria parecía estar a punto de echar a arder–. ¡Voy a arrancaros la cabeza a las dos!

Ms. Marvel puso detrás suya a Spiderwoman, su amiga.

           

–¡Voy a mataros, y después voy a ir a por vuestros seres queridos! ¿Sabéis acaso quién soy?

De repente, un helicóptero apareció por encima de la cabeza del conde italiano. No era uno de los vehículos que habían llegado con Spiderwoman y el USAgente; la presencia de Maria Hill en el vehículo lo dejaba claro.

La mujer, sin dudar un instante, apuntó un tecnológico rifle que llevaba, y disparó una potente haz de electricidad que impactó en el pecho de Nefaria, arrojándolo al suelo.

Dolorido, enfadado, y a un instante de la inconsciencia, los ojos de Nefaria se encendieron, y un potente rayo óptico despegó hasta el helicóptero.

–¡Salta! –gritó Maria Hill al piloto del vehículo, mientras ella obedecía su propia orden.

El hombre le hizo caso, se quitó las correas, abrió la puerta, y se impulsó hacia el vacío, un segundo antes de que la energía del Conde Nefaria destruyese el helicóptero. La onda expansiva empujó tanto a Hill como al piloto, como si estuviese ayudándoles a llegar al suelo.

Maria Hill se hizo un ovillo, cubriéndose la cabeza con sus manos. Al caer, el traje que llevaba absorbió el golpe, haciendo que no se llevase ni un rasguño. El piloto no tuvo tanta suerte: al golpear el suelo se fracturó varios huesos, impidiendo que se moviese.

–¡Ahora, vais vosotras! –Nefaria se giró hacia Spiderwoman y Ms. Marvel, sus principales objetivos.

–¡Nefaria!

El criminal dobló la cabeza hacia el grito, encontrándose con que Pantera Negra le saltaba encima, sujetándole la cabeza, tratando de doblarle el cuello.

–¡Ayudad al USAgente con Thor! –gritó Pantera Negra.

Las heroínas se volvieron hacia el lugar en el que había caído el helicóptero. De entre las llamas, apareció el corpulento cuerpo de Thor, mostrando, de nuevo, su invulnerabilidad.

–¡Agh! –gimió Pantera Negra cuando el Conde Nefaria rodeó su cuello con una de sus manos, y subía al cielo usando sus poderes.

–¡Es la última vez que te entrometes en mis asuntos, T´Challa! –Nefaria sonrió al ver que, las vengadoras, dudaban entre ir a por Thor, o a por él–. Divertido, ¿verdad? Thor, vuestro amigo, os está matando. ¿Será él o no será él? El autentico, digo. ¿Tú que dices, rey?

Como respuesta, Pantera Negra clavó sus garras en uno de los hombros de su enemigo, haciendo que la sangre se mostrase.

–¡Animal! –Nefaria apretó más los dedos en torno al cuello–. ¡Vas a morir, reyecillo! ¡Yo soy un autentico rey! Mi familia gobernará y los tuyos serán mis esclavos.

Nefaria formó un puño con la mano libre, y golpeó con él las costillas de Pantera Negra, con cuidado de no romperlas, pero con fuerza como para quebrarlas.

–¡Yarghhhhhhh! –aulló Pantera Negra.

–Vamos a divertirnos aquí arriba –rió Nefaria.

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El Cubo.

Ross volvió al interior de la celda del Vigía, con aspecto de haber perdido a un familiar. Acababa de recibir noticias de Sean Knight sobre un nuevo contendiente en la batalla: Thor, el autentico, parecía ser, y les estaba dando una buena paliza.

Everett Ross se apoyó en la pared frente al Vigía, al mismo tiempo que los guardias que custodiaban la estancia cerraban la puerta, por si acaso. No es que el Vigía hubiese dado sospechas de que fuese a escapar, pero en el Cubo los riesgos no eran necesarios.

–Mis amigos se están enfrentando a un enemigo que les supera con creces –anunció Ross–. Alguien que podría acabar con la poca resistencia que guarda el planeta, si ellos fallan. Están en Grecia, arriesgando sus vidas, para que los demás...

–Lo siento –le cortó el Vigía.

–Dicen que llevas años sin hablar, ¿por qué ahora?

–Has mencionado a Lindy; nadie lo había hecho antes –reconoció el Vigía.

Ross sonrió, amargamente, y se dejó caer sobre el duro suelo de la celda. Apenas tenía ánimos de seguir intentando convencer a quien tenía frente a sus ojos y, cuando llegase con sus compañeros, el combate ya se habría decidido.

–Y ahora, ¿qué pasará? –preguntó Ross, derrotado.

–Me pedirás que te acompañe, que ayude a tus amigos y yo te diré que no –respondió el Vigía, tan resignado como su “invitado”.

–¿Puedo saber por qué?

El Vigía echó la cabeza hacia atrás, mostrando su rostro desaliñado, barbudo, y cansado. Parecía pensar qué respuesta a dar sería la correcta.

–¿Qué sabes sobre mí, Ross?

Everett Ross sacó el único folio que tenía con información sobre el preso.

–¿Dice eso algo acerca de mis poderes? –preguntó el Vigía.

–Vaguedades.

–Ross, puedo destrozar adamantium con mis manos desnudas; puedo combatir a Hulk en plenitud de poderes; puedo acercarme al sol y verlo de cerca; podría atravesar el pecho de Galactus con todos mis poderes... –el Vigía se miró las manos–. Tanto poder y... No te gustaría tenerme fuera de aquí. A nadie le gustaría.

–¡Si tiene tanto poder, puede ayudarnos, señor Reynolds!

–No puedo ni ayudarme a mí mismo –replicó.

–¿Qué demonios es usted? ¿Un héroe, un villano, un...?

–Un pobre hombre que quería hacer lo correcto –Vigía miró a los ojos de Ross–. Y acabé aquí, nada más.

–Usted está aquí por voluntad propia. ¿Qué hizo?

Ross vio que el Vigía lo recordaba todo. Observó que le temblaron las manos, y que luchaba por aguantar las lágrimas.

–Dejé que lo destruyese todo... Fui débil...

–Puede redimirse, señor Reynolds –insistió Ross.

–El remedio podría ser peor que la enfermedad. Si salgo... ÉL volverá.

Ross sintió un aire frío que surgió de la nada.

–¿Él? –Ross se encontraba confuso–. ¿Quién es él?

El Vigía no respondió, simplemente, volvió a agachar la cabeza. Ross estaba seguro de que, si encontraba el tiempo necesario, las respuestas acabarían por aparecer, pero no tenía más tiempo, y mucho menos sus amigos.

Y aún menos el mundo.

–No sé qué hace aquí, señor Reynolds. No sé por qué no sale a usar sus grandes habilidades para ayudar a los demás. Tampoco sé quién es ese él a quien se refiere. Parece usted un héroe, señor Reynolds, pero no tengo más tiempo para esto –Ross se levantó–. Iré a ayudar a mis amigos, e intentar hacer algo, por poco que sea.

–¿Me recuerda, señor Ross? –Vigía se apartó el pelo de su rostro.

–Claro que no. Nunca nos hemos visto, ¿verdad?

–Claro que no –el preso soltó un par de secas carcajadas que decían mucho más que sus palabras–. ¿Por qué tendría que recordarme, verdad?

Ross no respondió. Le daba la impresión de que, el hombre que tenía enfrente, era un héroe, que lo había sido en otro tiempo. Estaba claro que algo le había pasado, un hecho que le había vuelto loco. Sin duda, no estaba en sus cabales, y si decía que tenía el poder que tenía, en el exterior, podría empeorar las cosas con su presencia.           Lo mejor que podía hacer era irse, y dejar a los locos dentro de sus celdas.

–Es una pena, porque el mundo se va a acabar –sentenció Ross, dando un par de golpes en la puerta de la celda, que se abrió al cabo de un par de segundos–. Ha respondido usted cuando le he hablado de Lindy. Si es su mujer, y si aún la quiere, debe saber que si el mundo se acaba, ella caerá con todos nosotros. Espero que rece por ella, señor Reynolds.

           

El Vigía apretó los puños. La rabia empujó a la tristeza y a la autocompasión.

–Lindy... –susurró el encarcelado–. ¿Has dicho Grecia, Ross?

–¿Qué quiere...?

De repente, el Vigía ya no estaba, y Ross se había visto empujado a un lado, por una potente ráfaga de viento que amenazó con tirarlo al suelo.

En el Cubo, las alarmas comenzaron a sonar, locas, ante lo que acababa de pasar.

Un preso se había escapado.

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Grecia.

Nefaria siguió clavando sus dedos en la garganta de Pantera Negra, que estaba a punto de caer desmayado. Bajo ellos, los demás integrantes de los Nuevos Vengadores estaban a punto de tomar una decisión que podía acabar con la vida de su compañero.

Para sorpresa de Nefaria, y tras un pequeño estallido sónico, el Vigía apareció ante sus ojos. En ese instante, sorprendido por la repentina aparición del héroe, soltó la presa que mantenía sobre su enemigo, que tomó aire como si hiciera años que no lo hacía.

–He tenido que dar tres vueltas por Grecia para encontraros. Este sitio está muy bien escondido –anunció el Vigía.

–¿Y quién eres tú? –preguntó el Conde Nefaria.

–¿Pantera Negra? –Vigía escrutó al rey de Wakanda; luego, volvió su mirada al criminal italiano–. Suéltalo.

–¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¡Responde! –ordeno Nefaria.

–He dicho que lo sueltes –repitió el Vigía.

El Conde Nefaria le miró de arriba abajo, con repugnancia y superioridad.

–¡Suéltalo! –gritó el Vigía.

Nefaria no sonrió. Abrió la mano, dejando caer a Pantera Negra, que fue recogido por una voladora Ms. Marvel; luego, se encaró con su nuevo rival.

–Estoy harto de vosotros –apretó los puños, con furia creciente–. Héroes que se interponen en mi camino. Escoria que apenas sirve para limpiarme las botas. ¡Yo soy Nefaria!! ¡Os doblegareis todos ante mi familia! ¡Ni siquiera te permito que me hables, basura!

Los ojos del conde se encendieron, y una ráfaga de energía iónica fue expulsada hacia el Vigía, alcanzándole de lleno. El sonido de la energía crepitando alrededor del cuerpo del Vigía fue lo único que se oyó, para rabia de Nefaria que esperaba, al menos, un gemido de dolor.

Lejos de parar, el Conde Nefaria aumento la intensidad del ataque, llegando a agotar casi todas sus energías. Finos hilos de humo se acabaron convirtiendo en una espesa nueva que apenas dejaba ver la figura del Vigía, acosada por los rayos ópticos de Nefaria.

Tras unos minutos, el supervillano dejó de lanzar sus energías. Con una maliciosa sonrisa, esperó a que el humo se apartase para poder ver el cuerpo destrozado de su enemigo. El gesto feliz se le heló cuando el Vigía apareció ante sus ojos, sin un solo arañazo.

           

–¿Q-Qué... eres? –murmuró Nefaria.

El Vigía no dio muestras de sentimiento alguno. En un parpadeo, desapareció, apareció frente a Nefaria y hundió uno de sus puños en su estomago, doblando al conde en dos, por el dolor.

–Es largo de explicar –susurró el Vigía.

El Conde Nefaria cayó al suelo, inconsciente, totalmente vencido por un simple puñetazo. Los Nuevos Vengadores no dejaban de observar al Vigía, sorprendidos ante la muestra de poder que había dado.

Thor, por su parte, no parecía amilanado por la fuerza del Vigía, quien se acercó a él, volando.

–¿Thor? –el héroe vestido de amarillo y azul sonrió por primera vez en mucho tiempo, como si acabase de ver a un antiguo y querido amigo, al mismo tiempo que sus pies tocaban el suelo.

–Yo soy Thor. ¡Apártate de mi camino para que pueda aniquilar a mis enemigos! –rugió el Dios del Trueno.

–Thor, te haya pasado lo que te haya pasado, no... –El gesto del Vigía cambió hasta transformarse en una máscara de ira–. Tú no eres Thor.

–¡Cómo osas dudar de la identidad del hijo de Odín, extraño! –Thor, a grandes zancadas, se acercó al Vigía, que permaneció inalterable ante la proximidad de la cosa que decía ser Thor.

–¡Tú no eres Thor! –aulló el Vigía.

El coloso levantó su martillo y lo descargó sobre el Vigía, quien agarró el brazo de Thor, antes de que su arma aterrizase sobre su cabeza.

Por primera vez desde su nacimiento, el nuevo Dios del Trueno se sorprendió al ver que alguien mostraba una fuerza equiparable a la suya. Ambos gigantes forcejearon; uno, para intentar quitarse de encima a su enemigo; el otro, para evitar que su rival cumpliese su objetivo.

La mano derecha del Vigía se cerró hasta formar un puño, que se estrelló contra la mandíbula de Thor, haciendo que la roja sangre saliese de su nariz. El Vigía apretó aún más sus dedos en torno al brazo de su contrincante y, con la otra mano, volvió a golpear a Thor en el rostro, con brutalidad, hasta que sus golpes comenzaron a hacer efecto.

–Dios mío, ¿qué demonios es? –preguntó Spiderman, acercándose a Pantera Negra y a Ms. Marvel.

–Es nuestro as en la manga –respondió Sean Knight–, y parece que funciona.

Desde donde estaban, podían escuchar los poderosos puñetazos que el Vigía dispensaba a Thor sin ninguna duda. No había remordimientos en su mirada, ni piedad en sus actos; iba a derrotar al Dios del Trueno, aunque, para ello, tuviese que destrozarlo.

Aunque, en realidad, no era el autentico Dios del Trueno. Ahora, estaba más que claro.

El Vigía enterró su puño en el estomago de Thor, haciendo que escupiese sangre. Cuando quiso repetir el golpe, se encontró con que el gigante le agarró la mano, para evitar ser dañado. Los rayos y la electricidad comenzaron a crepitar alrededor de la criatura creada por Loki.

–Luchas bien, demonio dorado –admitió Thor–. ¡Pero yo soy el hijo de Odín!

Thor logró liberar el brazo con el que cogía el martillo. Fue a golpear con él al Vigía, pero éste actuó velozmente, sacudiéndole un fuerte derechazo que empujó a Thor hacia atrás, varios metros.

           

–¡Tú no eres el hijo de nadie, monstruo! –Insultó el Vigía–. No eres más que una burda creación. Un insulto hacia el buen nombre de Thor.

El ser se levantó, a punto de entrar en un nivel de furia sin precedentes. Todos los que contemplaban la batalla podían notar la energía que despedía Thor desde donde estaban.

Alentado por su propio grito de guerra, Thor echó a correr hacia el Vigía. Éste hizo lo mismo. El suelo comenzó a temblar bajo los pies de ambos, totalmente temeroso del paso de los dos poderosos hombres.

Una vez se vieron las caras, echaron sus puños hacia atrás y los descargaron, el uno contra el otro. Los dos mazos de carne y huesos chocaron, provocando una onda expansiva tal que todos los que observaban el combate tuvieron que agacharse para no ser empujados.

El Vigía recibió el primer puñetazo en la cara en años. Sonriendo, se limpió su propia sangre, que salía de su labio superior, y se agachó para evitar el martillo de Thor; luego, siguió golpeando.

El suelo se resquebrajaba alrededor de la zona de batalla de los dos hombres. La energía se hacía visible entre ellos, incluso para los que se encontraban más alejados. Los golpes se escuchaban tan claramente como si fuesen pequeños terremotos. La sangre de ambos manchaba el suelo que pisaban, pero ninguno pensaba rendirse.

Nadie hubiese dicho que eran hombres peleando, sino algo superior, algo más. Más bien, eran dioses combatiendo por un puesto en el cielo.

Thor bloqueó un puñetazo del Vigía, con un hábil movimiento, para sorpresa del antiguo habitante del Cubo. Un segundo después, cargó su martillo de poder eléctrico, y lo descargó contra el cuerpo de su rival, lanzándolo por los aires, hasta hacerlo aterrizar a los pies de los Nuevos Vengadores.

–¡Eh, colega! –Sean Knight se agachó ante el Vigía–. ¿Estás bien?

–Estoy bien, gracias –se levantó; un cuchillo de dolor le atravesó la espalda–. ¡Ugh! Es muy fuerte.

–Creía que tú lo eras más –replicó Knight.

–Llevo años confinado en una celda; no es el ambiente más propicio para estar en plena forma –Vigía señaló a Thor con la cabeza–. Él, en cambio, parece estar en plenitud de poderes.

Echó a andar hacia su enemigo, pero Pantera Negra se interpuso en su camino.

–Te ayudaremos –proclamó el rey de Wakanda.

–Esto tengo que hacerlo yo solo. Para eso me habéis llamado.

–No, lo haremos juntos –asintió Pantera Negra–. Somos un equipo.

–¡Panterita tiene razón, melenas! –exclamó Cráneo Llameante, con su herida ya curada.

El Vigía miró a aquel grupo de hombres y mujeres que estaban dispuestos a luchar a su lado, a morir junto a él, para defender el mundo tal y como lo conocían. Pensó que, tal vez, aún había esperanza para alguien como él, si se rodeaba de la gente adecuada.

–Un equipo, ¿eh? –Vigía sonrió, haciendo que su barba se moviese–. Los Nuevos Vengadores.

–Los Nuevos Vengadores –Pantera Negra asintió.

Todos se giraron hacia Thor, quien se había aprovechado el momento para recuperar fuerzas, descansar, y reunir las que le quedaban, para el último asalto.

–Entonces, alguien tiene que decirlo –dijo Ms. Marvel.

Se miraron todos, dispuestos para combatir, listos para morir si hacía falta, preparados para dar todo lo que pudieran, y aún más, aunque el fin del mundo fuese inevitable. Si podían retrasarlo aunque fuesen unos minutos, así sería.

–¡VENGADORES, REUNIOS! –bramó Pantera Negra.

           

El grupo corrió hacia su enemigo, que golpeó la tierra con su martillo, provocando un terrible temblor que hizo caer a Sean Knight y a Maria Hill, que enseguida estaban de nuevo en pie.

El Vigía voló hacia Thor y le embistió hasta empujarle varios metros. En cuanto pudo clavar los pies en el suelo, el Dos del Trueno fue a contraatacar, pero un disparo de telaraña de Spiderman se le pegó al rostro, dejándole momentáneamente ciego.

“Espero que funcione”, pensó el Vigía.

Sus ojos se volvieron brillantes, como si fuesen dos linternas, mientras agarraba la cabeza de Thor y se concentraba en su mente. El coloso gritó como un animal, tratando de liberarse del ataque conjunto de sus enemigos.

–¡Sal de mi cabeza, demonio! –Thor golpeó el cuerpo del Vigía con su martillo, hasta quitárselo de encima; después, se arrancó la viscosidad que le impedía ver, sólo para recibir una potente llamarada de Cráneo Llameante.

–¡Churruscadito, como me gusta! –bromeó Cráneo.

Thor emergió de entre las llamas, agarró al héroe por un brazo, y lo arrojó por los aires, hasta el otro lado del campo de batalla. Un segundo después, recibió una potente descarga de electricidad creada por el rifle de Maria Hill.

–¿¡Usas los truenos para el hijo de Odín, bruja!? ¡Yo te enseñaré el poder del trueno!

           

Apuntó el martillo hacia Hill, y un potente rayo surgió de él, dispuesto a matar a la mujer. Sean Knight, en el último momento, se interpuso, recibiendo el impacto en plena espalda y siendo empujado varios metros lejos de Hill.

–¡Knight! –Hill pensó en ir a ver cómo se encontraba su compañero, pero supuso que, si lo hacía, su sacrificio se habría convertido en nada, así que, siguió atacando.

Thor, envuelto en electricidad, agarró su martillo con las dos manos. Un torrente de energía mística le rodeó, pero no para crear un campo de fuerza como había hecho antaño, no, sino para crear un campo ofensivo.

El arma de Maria Hill explotó, tirandola al suelo, y dejándola inconsciente. Gracias a sus poderes, Ms. Marvel pudo entrar en el campo de fuerza, y golpear a Thor en la cara, haciendo desaparecer la mortal barrera mística que había creado.

–¡Cae de una vez, monstruo! –gritó la heroína, hundiendo sus puños en el cuerpo de acero de la criatura.

Cuando fue a revolverse, Thor se encontró con una de las descargas bioeléctricas de Spiderwoman. Antes de poder reaccionar, Pantera Negra le arrancó carne con una de sus garras y el USAgente le golpeó en la cara con su escudo, sin compasión.

El martillo del gigante se movió como si fuese un abanico, alcanzando en su ataque a Pantera Negra, que aterrizó junto al Vigía. USAgente pudo bloquear un golpe que habría sido mortal gracias a su escudo, pero fue lo que necesitaba Thor para encararse con él.

–¡Aplastaré tu cabeza como una uva! –amenazó Thor levantando a Mjolnir.

–¡Puedes intentarlo! –gruñó el supersoldado.

Hincó una rodilla en el suelo, levantó su escudo, y dejó que recibiera el golpe del martillo. Los músculos del USAgente temblaron como si fuesen gelatina; sus dientes castañetearon por el impacto; un fuerte dolor recorrió sus brazos, pero no pensaba apartarse.

           

Antes de que Thor pudiese descargar otro martillazo, Spiderman se lanzó sobre él, dándole una patada en pleno rostro. Un quejido salido de la garganta del Dios del Trueno supuso una satisfacción para el héroe del futuro, antes de ser agarrado del cuello y aplastado contra el suelo.

 Spiderwoman usó todas sus fuerzas para empujar a Thor y alejarlo de Spiderman. Ms. Marvel llenó sus manos de energía que expulsó contra el torso de la criatura de Loki, volviéndola más lenta, pero no deteniéndola.

Por su parte, Pantera Negra se levantaba tras el envite recibido. A su lado, se encontraba el Vigía, dispuesto para seguir combatiendo.

–¿Qué has hecho antes? –preguntó el rey de Wakanda.

–¿Antes?

–Le agarraste la cabeza, y tus ojos brillaron o algo así. Le dolió, eso seguro. Creo que es la primera vez, en lo que llevamos combatiéndole, que le ha dolido algo de verdad.

El Vigía tragó saliva, antes de responder.

–Tengo ciertos poderes psíquicos –dijo, al fin.

–¿Cómo de fuertes?

–Moderadamente fuertes. Los uso para, entre otras cosas, mantenerme equilibrado... mantener equilibrados mis poderes –el Vigía parecía incomodo con el tema–. Intenté meterme en su cabeza, pero no me dio el suficiente tiempo.           

–¿Crees que puede funcionar?

–Sí. Es muy fuerte, por lo que una lucha física nos llevaría mucho tiempo y puede que algunos... muráis. Al entrar en su cabeza, he notado que es como un folio en blanco. Tiene información que le han puesto ahí, para poder comunicarse, luchar, usar sus poderes... Digamos que lo básico para poder machacarnos, tomarse unas cervezas e irse a dormir.

–Te sigo.

–No tiene defensas psíquicas, ni siquiera las que tendría cualquier persona normal y corriente. Al alejarme, lo ha hecho por instinto, porque sabía que le dolía, pero nada más. No sabía siquiera lo que estaba pasando. Quitadle el casco, distraerle, y podré entrar en su mente y dejarle inconsciente, aunque dolerá; no es una habilidad que use muy a menudo.

–Entiendo –Pantera Negra corrió unos metros, y luego se paró en seco–. ¡Ms. Marvel! ¡El casco!

La heroína asintió. No tenía que decir nada más, sólo dar la orden y ella lo haría posible.

Voló alrededor de Thor mientras Spiderwoman lanzaba sus rayos venenosos, distrayendo al coloso, cuyo martillo buscaba sangre desesperadamente.

En cuanto pudo, Ms. Marvel cayó sobre Thor, sacuendiendole un puñetazo en la cabeza con todas sus fuerzas. El ser logró atizar a la mujer en un costado, arrojándola al suelo, aunque no antes de perder su casco debido al tremendo golpe.

–¡Ya basta! –Thor alzó el martillo por encima de su cabeza y los rayos volaron por todas partes, alcanzando a Spiderwoman y al USAgente, fulminándoles al instante, dejándoles en el suelo, sin movilidad alguna.

–Así no puedo acercarme –sentenció el Vigía.

–Yo te apoyo –afirmó Pantera.

–¡Estás herido! No puedes...

El Vigía abrió los ojos cuando Thor cayó al suelo tras sonar varios disparos. Maria Hill apareció tras el coloso, con una pistola que acababa de lanzar varias balas de adamantium.

Thor se miró la pierna recién herida. Sangraba como un manantial, aunque pronto se había curado. Lo peor es que sentía dolor físico, y que una mujer, una bruja, había mancillado su cuerpo.

–¡Acabaré con tu vida, bruja! –prometió Thor.

“Ahora”, pensó el Vigía.

Usando su velocidad al máximo, apareció encima de Thor, cogió su cabeza con ambas manos, con todas sus fuerzas, y le miró directamente a sus ojos.

Como había pasado minutos antes, los ojos del Vigía se iluminaron hasta que fueron sustituidos por un resplandor amarillo. Thor intentó zafarse de su enemigo, sin conseguirlo; la herida de la pierna, el cansancio por el combate, y las magulladuras recibidas con anterioridad le estaban jugando una mala pasada.

–¡¡¡Sal de mi cabeza!!!

El Vigía no le hizo caso, y siguió adentrándose en la salvaje mente de la creación de Loki. El resplandor de los ojos se fue haciendo más intenso, y más grande, hasta rodearles a ambos. Los demás tuvieron que apartar la mirada para no verse inundados por el brillo dorado que producía el Vigía, y que ya se había tragado a Thor por completo.

           

–¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhh!!! –el aullido del Dios del Trueno prometió ser inolvidable.

Cuando todo acabó, y los Nuevos Vengadores pudieron volver a mirar a su compañero, éste se encontraba de rodillas ante el cuerpo inconsciente de Thor, que había cedido ante el ataque mental ejercido sobre su pobre mente.

–Ha acabado –el Vigía miró al cielo–. Lo he hecho. Les he salvado.

Pantera Negra se quitó la máscara, mostrando su cansado y sudoroso rostro. Los demás comenzaron a reunirse alrededor del Vigía, para compartir su alegría, y felicitarle.

           

T´Challa escuchó los alegres gritos de sus compañeros y miró al cielo, como hacía el Vigía. Los nubarrones ya habían desaparecido, y el sol parecía saludarle, como si el resplandor dorado del Vigía le hubiese despertado.

El rey de Wakanda sonrió. ¿Por qué no hacerlo?

Al fin y al cabo, habían ganado.

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Un día después.

Nueva York.

Tras la victoria, los Nuevos Vengadores, y los soldados supervivientes fueron llevados a la base secreta de SHIELD en la que el grupo había organizado la ofensiva para acabar con los planes de Loki. Tras las curas pertinentes, los agradecimientos y las buenas palabras, llegaron los momentos en los que se recordaron a los caídos en combate; habían sido muchos, todos con familia, maridos, esposas, hijos, hijas, hermanos, hermanas... Hombres y mujeres que habían luchado contra fuerzas que, seguramente, les superaban, pero que no habían dudado en hacerlo para salvaguardar el mundo en el que vivían.

Los mandos superiores que se encontraban en la base informaron sobre el día de los entierros y las aportaciones voluntarias para las familias de los soldados caídos. No dieron más detalles, pues aún nadie sabía si la crisis que estaba pasando el planeta había ya terminado o no, pero no estaba de más prepararlo todo, por lo que pudiese pasar.

Después de varias horas de luto, llegó la fiesta para celebrar la supervivencia de quienes habían llegado a ver un nuevo amanecer desde que entraron en combate. Lo que al principio fue algo frío e incluso incomodo, se convirtió en una fiesta en toda regla, con bebida, comida y risas que intentaban esconder la perdida de compañeros y amigos. Igual que habían sentido la muerte de quienes les habían acompañado en el campo de batalla, también celebraban seguir vivos.

Sean Knight recorría uno de los largos pasillos que formaban la base secreta. Había decidido salir de la sala donde se estaba celebrando la fiesta en cuanto le volvieron los dolores en el pecho, producto del ataque de Thor que iba destinado a Maria Hill; si no hubiese sido por el traje especial que llevaba, había quedado convertido en cenizas.

Al fondo del pasillo vio a Jessica Drew. Justo en ese momento sintió que los dolores le abandonaban, así que, decidió salir corriendo, esperando la oportunidad de poder hablar con ella a solas.

–¡Ey! Hola –saludó Sean, haciendo que la mujer se volviese.

–¡Hola! –Jessica sonrió–. ¿Qué tal la fiesta?

–Bastante bien, aunque ya empezaba a desfasar demasiado para mí. Creo que Ross iba a cantar, y que Walker amenazaba con darle con el escudo si se atrevía.

Ambos rieron. Knight volvió a notar la presión en el pecho.

–¿Cómo vas con...? –Jessica señaló el torso de Knight.

–Bien, bien. Al menos salí vivo. Duele un poco, pero no todos podemos tener poderes curativos arácnidos y esas cosas –Knight miró arriba abajo a la mujer.

–Lo tomaré como un cumplido.

–Da gusto tener poderes para estar tan... bien. De salud, quiero decir, ejem –Knight tragó saliva, notando como le subían los colores. ¿Qué demonios le pasaba?

Jessica Drew sonrió, agradecida por el cumplido, aunque no dijo nada.

–No te he visto demasiado en la fiesta –prosiguió Knight, eliminando el incomodo silencio que había aparcado entre ambos.

–No me sentía con muchos ánimos. Sé que necesitamos celebrar algo, pero... No puedo quitarme de la cabeza todo lo que ha pasado.

–Lo entiendo –asintió Sean–. Yo tampoco creo que pueda estar más tiempo aquí, y tenía pensado... ¿Te apetece salir y tomar algo? Fuera, en el exterior, donde nos dé el aire.

Jessica sonrió, apartándose el pelo de la cara. Sean Knight se sintió como cuando era adolescente, y le pidió a Linda Thompson salir a tomar algo, a pesar de que era la jefa de animadoras del equipo de baloncesto del instituto y él solamente un estudiante más.

Esperaba la negativa de un momento a otro.

–¿Nos vamos?

Knight y Jessica se giraron. Miguel O´Hara,  camisa y vaqueros, sonrió a la pareja, con una mano extendida.

–Vamos a tomar algo –explicó Jessica–. Además, así le enseño la ciudad al recién llegado, je, je.

–¡Ja! –Knight se guardó los celos en una bolita que se tragó–. Cosas de arañitas. Lo entiendo.

–Puedes venir si quieres. Seguro que conoces más lugares que enseñar a...

–Tranquila. Nueva York no es mi ciudad –Knight movió la cabeza negativamente–. Tengo que descansar un poco. Me vendrá bien. No todos los días descarga sobre ti su furia un dios, ¿verdad?

Los dos rieron de nuevo, aunque sabían que la situación no era tan divertida como pintaba.

–Bueno, me vuelvo a mi “celda” para curarme –Sean Knight movió una mano levemente, para despedirse de Miguel y de ella–. Pasáoslo bien y dad recuerdos a las arañas.

Sean Knight se alejó antes de terminar de escuchar la despedida de la antigua detective. Cuando estaba a varios metros, se volvió, para verla irse con Miguel O´Hara, con quien conversaba muy animadamente.

–No se puede ganar en todo –murmuró Sean, pensando que le acababan de entrar ganas de tomar una cerveza y acostarse

El dolor del pecho volvió a surgir.

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Ross se encontraba sentado encima de una de largas mesas que había en la sala donde se celebraba la fiesta. Se encontraba apartado por iniciativa propia; no tenía ganas de participar activamente en la fiesta, pero tampoco le apetecía irse. Quería ver la alegría de aquellos que habían sobrevivido al horror contra el que habían luchado.

–¿Qué tal, Ross? –preguntó Maria Hill, acercándose a su compañero.

–Vivo. Algo es algo –miró la botella de cerveza medio vacía que tenía entre manos; luego, observó a la mujer, de los pies a la cabeza.

–Hill, de paisano pareces una mujer de verdad –bromeó Ross.

–Aún puedo terminar el trabajo que no acabó el General –rió Hill.

–Bueno, vestida así, me puedes tocar cuando quieras.

–Ross, vas a recibir.

–Fuera de todo eso que... Llámame Everett –asintió.

–Maria para ti –la mujer alzó su botellín de agua–. T´Challa no te llama Everett.

–Es diferente –Ross sonrió.

–¿Y qué haces aquí, apartado, Everett? Sabía que eras el marginado del grupo, pero tampoco tenías que tomártelo tan a pecho.

–¡Ja! Quería ponerme a cantar, pero Walker me ha amenazado –Ross movió la cabeza, señalando con la barbilla John Walker, que hablaba con unos soldados como si fuesen amigos de toda la vida.

–Eres gracioso, Everett –Hill sonrió.

–Y tú eres humana. Me alegro –uno de los dedos de Ross apuntó a las tiritas que tenía Hill en la cara–. Y sangras y todo.

–Ahora en serio. ¿Qué haces aquí? –insistió Maria.

–Observar a los auténticos héroes –alzó su cerveza y tomó un trago–. Chin, chin.

Maria esperó a que su compañero acabase su cerveza. Las carcajadas y los gritos eran una música de fondo que amenazaba con romperles la conversación.

–No pensaba que fueras tan llorón, Ross –escupió Maria.

–¿Perdona?

–¿Observar a los auténticos héroes? ¿De qué película has sacado eso? Aquí, todos hemos hecho algo.

–Sí, ya. Como si yo tuviese heridas para demostrarlo o cualquier... ¡No estuve en la última pelea! ¡No estaba cuando hacía falta!¿Satisfecha?

–Sí que eres un llorón Ross –Maria movió la cabeza, negativamente.

–Si tú lo dices...

–Entraste en una cárcel de seguridad máxima, de carácter secreto, y tuviste las narices de meterte dentro de una celda con el preso más peligroso de todo el recinto. Convenciste a un tipo que llevaba años sin hablar, de que debía ayudarnos y, no solo lo hizo, sino que nos permitió ganar. Eso lo hiciste tú, Ross, no otro.

Ross miró a su compañero y pensó que, tal vez, tenía razón.

–Y me han contado el placaje que le hiciste al General. Salvaste a Jessica. Lo va contando por todas partes.

–¿En serio? –los labios del hombre se doblaron hasta formar una leve sonrisa.

–Tienes lo que hay que tener, Everett. Me equivoqué contigo.

           

Hill palmeó la espalda de Ross antes de alejarse, dispuesta a dejarle hablando con Carol Danvers, quien le había hecho sutiles señales para quedarse charlando a solas con Ross.

–Hola, Ross –saludó Danvers–. Disculpa la molestia, pero tengo algo que preguntarte. Knight se ha ido, y Hill se ha negado a responderme.

–¿Y por qué iba a ser yo diferente?

–Creo que eres más razonable que ellos.

–Eso aún está por verse –Ross asintió–. ¿De qué se trata?

–El Cubo –Carol escrutó la zona para asegurarse de que nadie les escuchaba; todos seguían ocupados con la fiesta–. Quiero que me hables de él.

–No puedo.

–¿Por qué?

–Por las mismas razones que mis compañeros, y porque no tienes autorización para saber nada de él, Carol. Son las normas –replicó Ross.

–Soy militar. Estoy en el equipo, trabajo para...

–Háblalo con Gretchen Lomax.

–La que por cierto no ha se ha dignado a aparecer –rezongó Carol.

–No tengo que defender a Lomax, pero ahora mismo seguro que está calculando si todo esto ha acabado o no, antes de felicitarnos por un trabajo bien hecho.

–¿Dónde está Thor?

–En el Cubo. Ya fuisteis informados de ello –dijo Ross.

–Quiero saber qué es, dónde está, por qué es secreto y...

–Podríamos estar aquí toda la noche, Carol, pero no vas a conseguir nada –Ross se levantó, dispuesto a irse–. En serio, cuando conozcas a Lomax, pregúntale, aunque te contestará lo mismo, pero sin mi encantadora amabilidad.

Everett Ross se alejó, decidido a salir de la sala. Carol le miró con ojos enfadados, y una frustración que se negaba a quedarse dentro de ella.

–¡Tenemos derecho a saber la verdad, Ross! –exclamó Danvers.

Sin embargo, Ross ya se había ido. Aunque hubiese estado aún en la sala, no habría oído nada, con todo el jaleo montado.

Cuando Carol se giró para decidir qué hacer, si seguir en la fiesta o irse, apareció Walker ante sus narices.

–¡Dios! Walker, qué susto.

–Disculpa, te he visto ahí parada con cara de dormida y pensé despertarte –Walker vio que la cosa era seria–. ¿Ocurre algo?

–Pensaba que estabas con los demás.

–Knight, Drew y O´Hara se han ido; T´Challa ni siquiera entró en la fiesta; no veo al Vigía desde que llegamos a la base y entramos en la enfermería; a Hill la he visto charlando con uno de los jefes, y Tony Todd está ahí –Walker señaló a su compañero, que charlaba animadamente con los soldados–. ¡Bebe como un cosaco! Pero claro, con sus poderes, apenas si le hace efecto la cerveza en cantidades industriales. ¿Y Ross?

–Se acaba de ir –gruñó Danvers.

–¿Te preocupa algo? Nefaria ha vuelto a la Balsa, junto a Gravitón; a Moses Magnum le espera una larga temporada de juicios, sobre todo en Wakanda; Thor está en el Cubo... El maldito General es el único que se ha librado.

–Nos ocultan cosas, John –a Carol no le apetecía hablar del tema, pero esperaba que Walker, como militar, la comprendiese.

–¿Quiénes? ¿Hill, Knight y Ross? Por supuesto que nos ocultan cosas. Primero, ni siquiera sabemos si la llamada Gretchen Lomax existe y...

–No me refiero a eso –Carol pensó que, en cierto modo, Walker tenía algo razón, pues nadie les aseguraba que Lomax existiese de verdad, pero no tenía ganas de pensar en conspiraciones sin sentido–. Estoy hablando del Cubo.

–El lugar al que han enviado a Thor, ¿no?¿Por qué te preocupa?

–¿No quieres saber qué es ese sitio? ¿Qué hacen allí? ¿Qué hacía allí el Vigía? ¿Quién nos asegura que Thor está bien encerrado?

–¿Ahora mismo? Nadie –Walker lo dijo sin tapujos–. Te entiendo, Danvers, pero ahora mismo, no podemos hacer nada. ¿Después? Podremos buscar respuestas, e incluso exigirlas, pero en estos momentos, nadie va a contestarnos.

–Es un buen modo de verlo.

–Es el único, soldado –dijo Walker–. Te entiendo. También me cabrea que desde nuestro gobierno se nos oculte información. Siempre lo ha hecho, ¿verdad?

–Tienes razón, pero...

–Pero sigue sin gustarte, lo sé. A mí tampoco, pero no es el momento de buscar respuestas –Walker le dio un ligero empujón.

–Supongo que no –Carol se sintió apoyada por su compañero; eso la alegró–. ¿Qué tal los brazos?

–Bien. Hace falta más que un dios del trueno para hacerme caer. Ven, tomemos una cerveza; tenemos mucho que celebrar.

A Carol Danvers eso le pareció bien.

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Washington, D. C.

Gretchen Lomax se encontraba en su despacho, rellenando unos formularios y preparando unos documentos para el día siguiente. Miró su reloj de pulsera, que le dio a entender que era demasiado tarde para ir a casa a dormir.

“Otra noche en el despacho”, se lamentó Lomax, mentalmente.

No do reprimir una sonrisa al pensar que, el proyecto Nuevos Vengadores, había dado mejores frutos de los que esperaba. Al final, no sólo habían detenido a varias amenazas superhumanas, sino que habían parado un complot para que algo que se parecía al Dios del Trueno, les destruyese a todos.

Los Nuevos Vengadores habían actuado juntos; Knight, Hill y Ross, bien elegidos, habían funcionado como un engranaje bien colocado; incluso se había unido a ellos Bill Rayos Beta, un alienígena al que Thor tenía en gran consideración.

Hasta el propio Vigía había acabado colaborando, cuando ya se le creía inútil para siempre.

Aún así, el diamante no había sido pulido del todo: el General había escapado, y eso la preocupaba más de lo que quería admitir.

De repente, sintió una extraña sensación en la nuca, punzante, como si alguien la estuviese observando sin que ella se diese cuenta.

Lomax se levantó de su sitio, corrió las cortinas, abrió las ventanas de su despacho, y el fresco aire nocturno de Washington le sacudió la cara, reconfortándola. Dentro, el aire estaba lo bastante viciado como para recibir la fría brisa de buenas maneras.

Frente a ella, entre las sombras, algo se movió. Gretchen creyó que las horas de trabajo sin descanso le estaban pasando factura, pero cuando vio el traje amarillo, la capa azul y el pelo rubio ondeando al viento, supo que estaba lejos de ser cosa de su imaginación.

–Hola –saludó Gretchen Lomax, con una bella sonrisa.

El Vigía no respondió. Se quedó elevado en el aire, frente a la ventana, observando a la mujer, con gesto imperturbable.

–Lo adecuado es responder –replicó Lomax.

–Hola –dijo el Vigía al fin; su aspecto era aseado y descansado; ya no tenía barba, su traje estaba nuevo y limpio, y el pelo largo ya no poseía la grasa de quien pasa días sin lavárselo.

–No me entiendas mal, pero, ¿qué haces aquí?

–¿Sabes quién soy? –preguntó el Vigía.

Gretchen Lomax se pensó a respuesta que era obvia.

–Sé quién eres, Vigía. Eres Robert Reynolds, también.

–¿Por qué tú sí sabes quién soy?

–No puedo responderte exactamente –admitió Gretchen.

El Vigía se cruzó de brazos, mostrando mejor sus grandes bíceps, para tratar de sacar una respuesta mediante la intimidación. Obviamente, no conocía a Gretchen Lomax; no del todo al menos.

           

–Te creo –dijo el Vigía, al fin.

–¿Y ahora?

–Tú me has sacado del Cubo para ayudar a esos héroes. Tú me has sacado al exterior. Si pasa algo...

–Me han contado lo que hiciste ante Thor. No pasará nada.

–No mostré todo mi poder, pero serás tan responsable como yo si él vuelve –el Vigía descansó los brazos–. Voy a buscar respuestas, pero antes, quiero ver este mundo. Y, sobre todo, ayudar a la gente.

El vengador miró al cielo estrellado. Un gran dolor brilló en sus ojos.

–Hay tanta gente que necesita ayuda... Escucho que piden un Mesías desde aquí.

–¿Eso es todo? –Preguntó Lomax–. Tengo trabajo.

El Vigía sonrió, divertido ante la osadía de la mujer, y desapareció en un parpadeo.

Gretchen Lomax, por su parte, se quedó frente a la ventana abierta. No estaba asustada, ni mucho menos; más bien, esperanzada, pues le debía mucho a aquel hombre cuyo poder era el de un millón de soles en explosión.

Tenía mucho que devolverle y ver que parecía dispuesto a dejarse ayudar la reconfortó, hasta hacerla sonreír y disfrutar, a pesar de todo el trabajo que tenía, de la noche.

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Nueva York.

–¡Ey!

T´Challa se volvió hacia Ross, quien andaba por el pasillo hacia él.

–Pensaba que te habías ido –dijo Everett.

–Sólo estaba preparando las cosas para volver a Wakanda.

–Ya sabes que quieren al grupo reunido por si pasa algo más, y para ayudar en...

–Me necesitan, Ross, y las amenazas más inmediatas se han resuelto. Os irá bien con los demás; han demostrado ser buenos guerreros, y mejores aliados –T´Challa sonrió–. Y tú, como siempre, has demostrado tu valía, amigo Ross. Gracias a ti, ganamos. No creas lo contrario.

Ross abrió la boca para preguntar si había escuchado sus dudas comentadas a Maria Hill, pero decidió dejarlo; tampoco es que le hiciera falta a T´Challa ir escuchando conversaciones ajenas para averiguar cómo se sentía.

–¿Qué tal las heridas? –preguntó Ross.

–Mucho mejor. La pierna izquierda me está dando problemas, pero seguro que se me pasan en un par de días.

–Ya...

T´Challa se acercó a Ross y le tendió una mano. Ross la tomó, y fue arrastrado por el rey de Wakanda, que le abrazó con fuerza.

–Ha sido un honor luchar a tu lado, amigo Ross –afirmó T´Challa, separándose–. Puedes venir a Wakanda cuando quieras.

–He pasado poco tiempo en este grupo, pero voy a echarlo de menos.

–Guarda esperanza, Ross. ¿Sabes? Los Vengadores se formaron gracias a las maquinaciones, y ahora la historia se repite.

–¿Qué quieres decir?

–¿No es obvio? –la sonrisa del monarca africano se hizo más ancha–. Puede que este no sea el fin de los Nuevos Vengadores.  

Everett K. Ross le devolvió la sonrisa a su amigo. Esperaba, de verdad, que no lo fuese.

                                               EPILOGO

Lejos.

Localización desconocida.

Una figura envuelta en sombras entró en una sala iluminada tan sólo por las luces expulsadas por una miríada de pantallas conectadas a una enorme consola. Frente a este, un sillón más parecido a un trono, esperaba que su habitual ocupante tomase asiento.

La misteriosa figura se acercó a la consola, apretó varios botones, y se sentó en su lugar, mientras los monitores cambiaban la imagen a mostrar. En cuestión de segundos, las pantallas mostraban diversas imágenes captadas por pequeños robots espías en los últimos días.

Diversos desastres naturales; héroes combatiendo contra amenazas indescriptibles; villanos ayudando; muertos saliendo de sus tumbas; criaturas surgiendo de los océanos...

De repente, varias imágenes captaron la atención del individuo. En uno de los monitores podía ver a Pantera Negra enfrentándose a Moses Magnum; en otra, a Spiderwoman, el USAgente y Ross enfrentándose con el General; Ms. Marvel y Gravitón salían en otro monitor; en el siguiente que observó, la lucha del Vigía y Thor tenía lugar.

–Muy interesante –susurró la voz.

Mientras veía las imágenes grabadas, la mente del desconocido trazaba siniestros planes que tenían como objetivo saber más sobre el grupo de héroes que combatía ante sus ojos.

1.- Ver Thor #18 en Action Tales.

2.- Ver número anterior.