“¡Daimon Hellstorm, el Hijo de Satán!, ¡la temperamental Valkiria!, ¡Jack Russell, el Hombre-Lobo!, ¡la demoníaca Gárgola! ¡Dragón Lunar, maestra de la mente! ¡La Gata Infernal! ¡Halcón Nocturno! ¡El Motorista Fantasma original! Unidos para defender al mundo a su pesar.”
Stan Lee y Action Tales presentan: The New Defenders
SANGRIENTO CREPÚSCULO PARTE 4
Escrito por The Stranger/ Portada: Javier Díaz
Anteriormente en The New Defenders: La Valkiria, como sus compañeros, recibe la visita de Loki, quien se muestra más cruel con ella que con el resto. La asgardiana se niega a unirse al dios de las mentiras, y una vez se ha marchado de la mansión de los nuevos Defensores, la Valkiria habla con el resto del grupo; están totalmente dispuestos a combatir a las fuerzas de Loki y los dioses antiguos en la Tierra, aunque Patsy Walker parece dudosa ante las promesas de Loki. De paso, descubren que, el desastre sobrenatural que se les viene encima, hace que los poderes de algunos de ellos aumenten. Mientras tanto, en un centro comercial de Nueva York asediado por criaturas salidas de las profundidades de la tierra, dos criminales se encuentran con la oportunidad de sus vidas cuando se hacen con una capa y unas botas con poderes. Por otro lado, Loki, mediante engaños, convence a Kurse, el elfo oscuro, de que se una a él, y crea, mediante unos extraños seres, su propio ejercito de demonios con aspecto de supervillanos.
Cádiz, España.
Las repentinas visiones que había tenido Kyle Richmond habían llevado a los nuevos Defensores a diferentes misiones alrededor del mundo; todas tenían que ver con lo que estaba pasando alrededor del mundo debido al regreso de los dioses primigenios y las manipulaciones de Loki para ganar una guerra que ya creía acabada a su favor. Las dolorosas visiones potenciadas por la rotura de las barreras dimensiónales, provocaron una gran agonía en la mente del millonario Kyle Richmond, al mismo tiempo que le daban información detallada sobre el mal que ocurría en el mundo. Gracias a dicha información, sus compañeros supieron exactamente dónde les necesitaban, la Valkiria había creado grupos de dos personas, y los había enviado a todos a colaborar para ayudar al mundo y detener los planes de Loki y sus malvados dioses.
La Valkiria y Gata Infernal habían ido hasta España, concretamente a Cádiz, donde las grandes olas provocadas por la alteración de los mares debido al gran ojo rojo que se erguía en los cielos, por encima del planeta, habían causado estragos en las zonas pobladas más cercanas al mar. Aunque los servicios de emergencia y ayuda habían evacuado a la mayoría de la gente, aún quedaban algunas personas que no habían logrado salir de sus apartamentos con vistas a la costa, sobre todo, las que estaban instaladas en los pisos superiores de los edificios.
Otros nuevos defensores habían sido trasladados a los lugares donde debían acudir, gracias a los poderes de teletransportación del Hijo de Satán, pero la Valkiria y la Gata Infernal habían llegado hasta su objetivo con el caballo alado, Aragorn, que servía de montura a la guerrera asgardiana. No tardaron en vislumbrar a varias personas que se asomaban a los balcones de sus apartamentos. Unos metros más abajo, las olas amenazaban con llegar a ellos.
-Yo bajaré- afirmó Gata Infernal.
Sin esperar respuesta de su líder, la heroína saltó; en el aire, expulsó uno de sus cables retractiles de sus guantes hasta la Valkiria, quien lo agarró con fuerza, aterrizó ágilmente al lado de las personas que esperaban ayuda, y se dirigió hacia ellas que, lejos de sentirse sorprendidas por el curioso traje de la recién llegada, se mostraron agradecidas, pues sabían a qué había ido la mujer.
-¡Suban por el cable!- exclamó Gata Infernal en un perfecto español conseguido por un hechizo que había lanzado sobre ellos Hellstorm, que provocaba que, durante dos horas, entendiesen y pudiesen hablar cualquier idioma; miró hacia arriba, después hacia abajo, y temió que, en apenas unos escasos minutos, el agua les alcanzase-. ¡Vamos! ¡Es suficientemente fuerte para todos!
Las personas subieron poco a poco hasta el caballo alado de la Valkiria, quien observaba, con cierta curiosidad y algo de temor, que su compañera y amiga apenas había abierto la boca desde la visita que les había hecho Loki. Temía que hubiese aceptado algo del dios de las mentiras, pero de ser así, no creía que Patsy se hubiera quedado con ellos. ¿No le había dado la oportunidad de irse cuando podía? ¿O no lo había hecho por no quedar mal ante su ex-marido?
-Tranquilícense- murmuró la guerrera a los salvados-. En unos segundos estarán en un lugar seguro.
Su mirada volvió a dirigirse hacia su compañera que, unos metros más abajo, se ocupaba de que las últimas personas se agarrasen con cuidado al cable.
“¿Y si Loki la ha dejado para espiarnos?”, pensó la Valkiria.
El pensamiento duró un segundo en su cabeza. Apretó los dientes y se sintió estúpida por caer en los juegos del dios de las mentiras.
“Eso es lo que quería: dudas entre nosotros. ¡Maldito seas, Loki!”
Las dos últimas personas llegaron hasta el caballo, y aunque estaban todos bastante apretujados en la montura, estaban vivos, que era lo importante. Gata Infernal retrajo el cable y subió con su compañera; en apenas unos segundos dejaron a las personas rescatadas en un edificio cercano de los que no corrían peligro, y volvieron a por otras personas que estaban en la misma situación que las que acababan de salvar.
Cuando acabaron, y tras recibir el agradecimiento de la gente, que veía compungida como sus hogares se perdían ante el ataque de los elementos, montaron en Aragorn y pusieron rumbo hacia la mansión del Hijo de Satán en San Francisco. Un rotundo silencio flotaba entre las dos defensoras, sobre todo en Patsy Walker, situada tras la Valkiria, a la que se agarraba con cuidado para no caerse de la montura alada.
-Sienta bien ayudar a la gente sin tener que entrar en combate- afirmó la Valkiria, intentando sacar alguna palabra a su compañera; no era algo que creyese del todo, ya que estaba ansiosa por combatir contra los engendros de Loki y los dioses primigenios, pero era verdad que se sentía bien ayudando a los habitantes de Midgard que la habían acogido como una autentica heroína. Sin embargo, si algo había aprendido entre ellos es que gustaban de escuchar ese tipo de frases.
-Sí, claro- murmuró Gata Infernal con desgana.
La Valkiria lanzó un ronco gruñido de disgusto ante la contestación de su compañera, y decidió intentarlo de manera más directa.
-Estás algo taciturna, Patsy.
-Será el tiempo.
La guerrera no supo si interpretar aquello como una broma (¿cómo lo llamaban los habitantes de Midgard? ¿Humor negro?) o como una forma de no responder a su pregunta de manera clara. Supuso que podría ser un poco de las dos.
-No te veo bien desde que Loki nos visitó- declaró la Valkiria más claramente.
-Preferiría no hablar de ello.
-Lo respeto, pero sabes que estoy aquí para hablar de lo que quieras.
-Perdona mi franqueza, pero no creo que seas la indicada para tratar asuntos humanos.
La Valkiria volvió la vista hacia el frente y captó la seca respuesta de Gata Infernal, quien no se mostró arrepentida por el comentario en ningún momento. Su mente estaba lejos de allí, concretamente, dándole vueltas al ofrecimiento de Loki, su presencia en los nuevos Defensores, y el final que les podía esperar a todos si, como había dicho el dios de las mentiras, sus planes llegaban a buen puerto.
¿De verdad quería estar combatiendo monstruos y ayudando a otras personas durante los últimos días de su vida? Algo le decía que sí, los gestos de felicidad y agradecimiento de las personas que acababan de salvar así se lo habían dejado claro, pero la duda seguía dentro de su corazón, y eso era lo que la estaba matando.
¿Cómo podía ser una heroína si tenía dudas? Pensaba que la respuesta debía conseguirla ella sola, sin ayuda, a pesar de las buenas intenciones de su compañera de viaje.
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Nueva York.
John King apartó de una patada varias sillas que les interrumpían el paso a su primo y a él mismo. Volvió la cabeza hacia Parker Robbins, y miró de arriba abajo su nuevo aspecto; la capa roja como la sangre, y la capucha que cubría prácticamente en su totalidad su rostro le daban un aire bastante siniestro.
-No pienso ponerme a volar, John- refunfuñó Parker.
-Joder, nos has sacado de ese sitio con esas botas- John le recordó como, hacía unos minutos, había logrado salir del lugar donde habían encontrado al ser al que habían robado la capa y las botas mágicas; cruzaron la puerta que les sacó de la habitación, y acabaron en un callejón sin salida con un agujero encima de sus cabezas por el cual salir gracias a los poderes de levitación de la capa.
-Admite que ha sido una buena idea robarle la capa y las botas al bicho ese- afirmó Parker con una sonrisa en sus labios.
-Lo admito, nos has sacado de ese embrollo, y ahora eres una especie de...- John sonrió con malicia-. Una especie de extra del Fantasma de la Opera.
-Jodete- replicó Parker.
-Yo también te quiero, primo.
-Te he ofrecido ponerte las botas y la capa- replicó Parker.
-Sí, pero sé donde han estado esas cosas. Además, no quiero que me salga un cáncer en los huevos o algo parecido.
-Claro, prefieres que me salga a mí- espetó Robbins-. ¡No te va a pasar nada! Mira, yo me quedo con la capa y tú con las botas.
-¡Déjame en paz!
-¡Eh! Eres tú el que no deja de quejarse porque no lo saco volando de aquí en plan Superman.
-Nos has sacado de aquel agujero con facilidad. ¡Claro que me quejo!- protestó John King, parándose en mitad de uno de los pasillos del centro comercial.
-¿Sabes cuánto pesas, gracioso?- Parker se detuvo frente a él-. ¡No eres un bolígrafo, y yo no soy el puto Tom Welling!
-¡Menudas tonterías dices, pedazo de vago!
-¡Le dijo el cazo a la sartén!- rió Parker-. ¡Y no es sólo lo que pesas, sino que no sabemos los límites de vuelo de esta mierda mágica! ¿Y si sólo puedo volar a ciertos metros? Y eso sin contar con el hecho de que todo esto está cubierto.
Parker señaló hacia arriba, al techo agrietado del centro comercial que se elevaba por encima de ellos.
-Puedo volar y hacerme invisible, pero no tengo superfuerza.
-Y por eso seguimos a pie buscando una salida- John pateó una maceta caída-. Sabes que corremos peligro, ¿verdad?
-Mira, con estos poderes no hay de qué preocuparse.
-Tú no te tienes que preocupar.
-Te he ofrecido usarlos, pedazo de ingrato.
-Otra vez...- John King suspiró-. ¡No quiero que me pegue nada que me mate dentro de dos días!
De repente, un sonido les alertó. Parker Robbins agarró sus pistolas, mientras que su primo, estratégicamente, se colocó tras él unos cuantos pasos. Lo que habían escuchado les parecía un montón de cajas cayendo al suelo, y procedía de dentro de una de las tiendas que les rodeaban.
-Creo que ahora sería un buen momento para volverme invisible- murmuró Parker con una maliciosa sonrisa, al fijarse que John estaba tras él.
-No seas cabrón, Parker.
-¿Ah? Ahora no puedo ser un cabrón. Ahora sí quieres la ayuda de estas mierdas mágicas.
-Qué rencoroso eres- John King se mantuvo alerta ante los sonidos que salían de una tienda de cosméticos cercana-. Joder, tiene que ser esos bichos por cojones.
Parker Robbins acercó sus dedos a los gatillos, dispuesto a empezar a disparar contra los monstruos que, probablemente, les estaban acechando. La preocupación de no controlar su respiración durante el ataque, y volverse invisible de manera accidental, le preocupó; los seres se concentrarían entonces en su primo, y no pensaba dejarle en la estacada, como no lo había hecho nunca.
Algo salió de la tienda, y justo cuando John fue a gritar a su primo que disparase, éste fue más precavido y esperó a ver claramente las figuras que salían de la tienda. Era un grupo de nueve personas, todas de diferente sexo y edad, y parecían estar lideradas por un guardia de seguridad de pelo corto y negro, estatura media tirando a bajo, y cara de estar preocupado, no sólo por él, sino por quienes le seguían. Parker entendió al instante que él no se había hecho cargo del grupo, sino que le habían puesto como líder casi al instante de haberse encontrado.
-Joder, casi os pego un tiro- gruñó Parker guardando sus pistolas, y pensando que podría haber sido más de uno.
-Lo siento, pero creíamos que no quedaba nadie vivo- dijo el guardia de seguridad acercándose.
Parker y John distinguieron en el grupo a un niño pequeño; una mujer que debía ser su madre, puesto que le agarraba una de sus manitas; una chica joven que se acercaba mucho al chico y a su madre; un anciano afroamericano que llevaba un bastón; un adolescente con una gorra de béisbol calada hasta las cejas; una mujer de edad madura que tenía pinta de ejecutiva; un hombre de igual aspecto que no se movía de su lado; un hombre de rasgos asiáticos de no más de treinta y cinco años, y el guardia de seguridad, que no podía tener más de treinta.
Los dos delincuentes notaron que tanto la madre y su hijo, como la chica y el guardia de seguridad formaban un subgrupo dentro de todos ellos, como si se conociesen de antes.
-Nosotros también creíamos que no quedaba nadie- admitió John, saliendo tras Parker, al ver que no había ningún peligro.
-¿Cómo habéis sobrevivido siendo tantos?- preguntó Parker con interés.
-Empezamos nosotros cuatro- explicó el guardia de seguridad señalando a la madre, al niño, y a la chica-. Luego, fuimos encontrando a los demás. Nos desplazamos, con mucho cuidado, de tienda en tienda.
-¡Cómo nosotros!- exclamó John.
-Tuvimos mucho cuidado de no toparnos con ninguno de esos seres- intervino la mujer con aspecto de ejecutiva de una importante empresa-. Al principio, estaban por todas partes, pero conforme fue pasando el tiempo, cada vez eran menos hasta que ahora parece que es muy raro verlos.
“Ya veréis cuando se den cuenta de que nos hemos cargado a su amiguito el de la capa”, pensó Parker Robbins con amargura.
-De primeras, empezaron comiéndose a la gente, y después, sólo se llevaban a quienes se encontraban- afirmó el hombre de rasgos asiáticos.
-Preferimos no saber dónde se llevan a los que atrapan- prosiguió el guardia de seguridad-. Y aquí estamos. Cuando os escuchamos discutir, no sabíamos si saliros al encuentro, pero merecía la pena encontrar a otras personas vivas y salir de aquí todos, sin excepción.
Parker Robbins notó como, algunos de los que formaban el grupo, les miraban a su primo y a él con suma desconfianza. En pocos segundos llegó a la conclusión de que, los que les miraban de soslayo y de no muy buenas maneras, habían sido los que, probablemente, se habían negado a salir de su escondite para encontrarse con ellos. El guardia de seguridad al que presentía como un buen hombre, todo lo contrario de lo que él era, seguramente se había opuesto a dejarles pasar de largo, y se había plantado para ayudarles.
Todo aquello llevó a Parker a dos rápidas conclusiones: el guardia de seguridad era una buena persona, y estaba seguro de que conocía una salida.
-Gracias por salir a por nosotros con el riesgo que ha supuesto- afirmó Parker intentando no mirar a los que le observaban por el rabillo del ojo-. Perdona que sea tan franco, pero... ¿Conoces una salida?
-Por supuesto- confirmó el guardia-. Conozco esté centro comercial como la palma de mi mano. Dos años llevo trabajando aquí, así que, podéis imaginaros que sé de todas las salidas y entradas que tiene este sitio.
John y Parker se miraron, contentos.
-Hay dos salidas cercanas a nosotros- el guardia de seguridad se acercó a los criminales y señaló en el aire-. A la más lejana se accede por unas puertas de emergencia que dudo mucho que estén bloqueadas, cerca de la tercera farmacia que tenemos en el centro comercial. La segunda está más cerca, pero hay que cruzar más pilas de escombros; lo he ido viendo mientras subimos a esta planta.
-¿Cuál recomiendas?- preguntó Parker.
-Una salida es una salida, pero la más próxima nos costará más trabajo y...
El sonido de algo crujiendo les llegó a los oídos. Todos los que allí estaban comenzaron a volver sus cabezas de un lado a otro, buscando el origen del extraño estrépito que se volvía cada vez más fuerte; el guardia de seguridad y Parker se miraron, doblaron el cuello hacia atrás, y vieron como, justo por encima de sus cabezas, varios trozos destrozados de techo, empezaban a romperse por los daños recibidos durante todo el incidente, y se desprendían hasta ellos.
El guardia de seguridad corrió hacia su grupo. Parker sólo tuvo tiempo de empujar a su primo a un lado, y saltar hacia donde se habían apresurado los recién llegados. Con un tremendo golpe, los pedazos de techo del centro comercial aterrizaron donde, escasos segundos antes, habían estado charlando animadamente, provocando que polvo, escayola, yeso, ladrillo y madera saltasen por todas partes.
Cuando la polvareda que se había levantado desapareció, Parker Robbins se levantó, buscando con una mirada nerviosa a su primo. Justo detrás de él, el grupo liderado por el guardia se mantuvo a una distancia prudencial, con todos los ojos de sus integrantes puestos en el techo del que ya no se fiaban.
-¡John! ¡¡¡John!!!- Parker se acercó al montón de basura que, instantes antes, había sido parte del centro comercial-. ¡Joder, John! ¡No me hagas esto!
-¿Qué quieres que te haga, julandrón?
Parker quitó algunos escombros que no le dejaban ver y, al otro lado de todo lo que había caído, se encontraba su primo en perfectas condiciones y con una sonrisa de oreja a oreja.
-Gracias por la preocupación, y el empujón, tío- afirmó John King-. Tranquilo, que el dinero que me diste para alcohólicos anónimos aún está dando sus frutos.
-¡Hijo de puta! ¡Qué susto me has dado!- Parker suspiró, aliviado.
-No puedo pasar a darte el abrazo que te mereces, primo- se quejó John.
-A nosotros siempre se nos cae la mierda del cielo- Parker comenzó a quitar los trozos más pequeños de escombros, pero sabía que los más grandes no podría quitarlos él solo, así que, volvió la cabeza, y se dirigió al grupo de personas que tenía detrás-. ¡Ayudadme!
-Con mucho gusto, pero no creo que podamos con todo eso- el guardia de seguridad señaló varios pedazos bastante grandes; los que hubiesen matado a John si Parker no le hubiese apartado-. Somos muchos, pero eso es bastante grande.
-¡Ayudadme, joder!- ordenó Parker.
-¡No podemos!- gritó el guardia de seguridad, que parecía tener más agallas de las que había supuesto el delincuente.
-Déjalo, Parker- dijo John desde el otro lado.
-¡No voy a dejar nada!
-Al otro lado está la segunda salida de la que estábamos hablando- intervino el guardia-. Está cerca de una tienda de juguetes artesanales. No tiene perdida, pero vas a tener que saltar por encima de muchas vigas, amigo.
-¡Vamos a salir todos juntos!- Parker alargó sus manos hacia sus pistolas, dispuesto a amenazar a aquel hombre y cuantos hicieran falta para salvar a su primo.
-Te hemos visto con las armas- admitió el guardia de seguridad-. Lo máximo que tengo yo es esta porra que ves aquí, pero de poco te va a servir dispararnos. La única opción de tu primo es alcanzar la segunda salida.
-¡Esas cosas negras pueden seguir ahí fuera, imbécil!- Parker agarró al guardia de su camisa azul y le apuntó con una de las pistolas a la cara-. ¡No pienso dejarle!
-¡Parker, joder!- gritó John-. ¡Tranquilízate! Cuanto más tiempo perdamos hablando, antes volverán esos bichos.
Parker y el guardia se miraron fijamente; ninguno desvió la mirada y, por un instante, el delincuente respetó a aquel hombre normal y corriente que, con una pistola en pleno rostro, seguía mirándole desafiante, sin estar dispuesto a seguir sus órdenes. Las demás personas les miraban con gestos preocupados, sin saber exactamente qué iba a pasar.
-De acuerdo, John- Parker se alejó del guardia y fue hacia su primo-. El primero que salga que espere al otro en la salida. Durante una hora... ¿Vale?
-Te espero lo que me dé la gana- gruñó John.
-Idiota, nuestro camino es más largo y puede que...- Parker bajó la voz-. Puede que esos bichos estén buscando a quienes se cargaron a su amiguito el grande, e irán a por mí. Si no salgo, no quiero que me esperes hasta que te saques una carrera.
-Hoy podría ser el fin del mundo, primo. Eso me da igual.
-A mí no- Parker movió la cabeza para que John se pusiera en movimiento-. Lárgate, y buena suerte.
-Lo mismo digo, tío de la capa.
Parker no se apartó de los restos del techo hasta que vio a su primo corriendo en pos de la salida del centro comercial.
“No le he dicho al imbécil que le quiero”, pensó Parker volviéndose hacia el improvisado grupo de supervivientes.
“Bueno, soy un cabrón con suerte, y él un chalado con potra; seguro que salimos de esta mierda”
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Afueras de Edimburgo, Escocia.
Halcón Nocturno y Jack Russell reanudaron su camino a través del espeso bosque en cuanto hubieron oído las últimas noticias telepáticas de Dragón Lunar, la cual servía de contacto entre ellos cada vez que salían en una misión.
-No me hubiese importado algo tranquilo donde tuviese que salvar a alguien- murmuró Russell a su compañero, refiriéndose a la misión que habían llevado a cabo la Valkiria y Gata Infernal.
-Pensaba que los sacos de carne no te importábamos demasiado- Halcón Nocturno sonrió levemente.
-¡Muy bueno, halconcito! Tienes razón, estoy un poco harto de vosotros los simples humanos que no sabéis resolver vuestros propios problemas, pero me encantaría escuchar alguna ovación de cuando en cuando, en vez de, como siempre, acabar cruzando un bosque horripilante en busca de un asesino.
-Démonos prisa entonces.
-Y encima somos los últimos- Russell se refería a que eran los últimos dos defensores que llevaban a cabo la misión que les había sido encargada.
Jack miró con detenimiento a su heroico compañero. Sonrió para dentro al pensar que, con aquel traje de alas rojas, era un objetivo más bien fácil, que resaltaba en la oscuridad del bosque que cruzaban en ese momento. Aunque no terminaba de acostumbrarse a trajes como aquel en según que misiones, lo que más le llamaba la atención era que su compañero estaba demasiado bien como para haber recibido una de las visiones más dolorosas desde que tenía esos poderes, según le había comentado instantes antes, poco después de que el Hijo de Satán les hubiese transportado hasta aquella región escocesa apartada de todo.
-Te veo muy bien, compañero- Russell no pudo contenerse.
-¿Por qué tendría que...?- Halcón Nocturno lo entendió-. Lo cierto es que el dolor fue horrible, pero creo que lo que han comentado Hellstorm y la Valkiria también ha provocado que mis poderes curativos aumenten.
-Je, perfecta combinación: dolorosas visiones y grandes poderes curativos- Russell arrancó varias ramas de la chaqueta que llevaba.
-El aumento de ambas características es asombroso, la verdad- continuó Halcón Nocturno-. Gracias a ello, sabemos la ubicación exacta de ese asesino.
-Nos has dado hasta el nombre, amigo- le interrumpió Russell-. ¿Dexter Seed, dices que se llamaba?
-Ha matado a unas treinta y seis personas. Le quedan cuatro para completar el ritual que abrirá las puertas de nuestro mundo a Dormammu- Halcón Nocturno alzó su mano izquierda-. Recuerda, amigo; tiene un pentagrama grabado en su mano izquierda, y es poderoso. No debemos subestimarle.
-Tranquilo, no lo haré. Debe haber sido horrible ver todos sus crímenes en pantalla grande.
Halcón Nocturno no respondió, simplemente, siguió andando. Jack creyó notar cierto horror en el gesto de su boca, pero tenía claro que su compañero no quería hablar del tema. Entendía que una cosa era cometer atrocidades o verlas en directo, y otra era recibirlas directamente en la cabeza; treinta y seis asesinatos, nada más y nada menos. No debía estar pasándolo bien, y como un autentico héroe, había contenido lo que sentía por el bien de lo que tenían que hacer.
-Cuántos cabrones mágicos como ese habrá ahora mismo por el mundo aprovechándose de las maquinaciones de Loki y esos dioses antiguos para abrir puertas dimensiónales aquí y allá- dijo Russell intentando desviar el tema.
-Probablemente, más de los que creemos, pero este es al que hemos visto.
-Espero sobrevivir a esto para poder cantarle las cuarenta al Doctor Extraño- Russell se refería el tema que tenían entre manos Hellstorm, Halcón Nocturno y él mismo con el Hechicero Supremo sobre la identidad de Extraño.
-Yo no me preocuparía de eso ahora mismo, Jack.
-Bueno, es un tema que debemos resolver.
-Ahora el tema a resolver es acabar con las andanzas de ese maniaco, e intentar sobrevivir al fin del mundo. Stephen puede que haya cometido sus errores, pero ahora mismo seguro que hace lo que puede por salvar este planeta.
-Es su deber; es el Hechicero Supremo, y eso es lo que me preocupa si nos tenemos que encarar con él en el futuro.
-A mí me preocupa más tener que enfrentarme con Dormammu si Seed ha logrado traerlo hasta aquí- el gesto de Halcón Nocturno aumentó en preocupación-. Vamos a necesitar mucha ayuda si eso pasa.
-No lo has visto en tu visión, ¿verdad?
-No. Mis visiones solo me dan una perspectiva del mal realizado por la gente, pero aunque han aumentado en intensidad, no pueden darme una visión global de lo que pasa.
-Es decir, que Dormammu puede estar esperándonos tomando un té.
-Exactamente, y Daimon no creo que sea lo suficientemente rápido como para traer a los demás hasta aquí, así que debemos darnos prisa.
-Dormammu no aprende la lección- Jack se pasó la lengua por el labio inferior, como si degustase su comentario y una futura pelea con el ser extradimensional-. ¿Cuántas veces ha intentado ya llegar hasta nuestro...?
De improviso, las piernas se le doblaron debido al intenso dolor que comenzó en su estomago y se extendió por el resto del cuerpo. Se apoyó contra un árbol cercano, gracias al cual logró no caer al suelo de rodillas. Halcón Nocturno se volvió hacia él justo cuando apretaba los dientes y gruñía, como si fuese un animal.
-¿Estás bien?- preguntó, preocupado, el héroe a su compañero.
-He estado mejor...- Russell se repuso poco a poco-. No pasa nada.
-¿Seguro?- Halcón Nocturno le miró con cierta desconfianza.
-Ya sé lo que piensas, y no va a pasar eso- Jack se refería a todo lo que habían hablado con Valkiria y Hellstorm sobre sus poderes y la naturaleza sobrenatural que algunos de ellos tenían en las venas-. Sí, es el lobo el que intenta salir, pero...
-Creía que lo tenías controlado- Richmond se puso en movimiento de nuevo, en cuanto vio a su compañero mover los pies; no podían perder siquiera un minuto.
-Lo tengo controlado; podría entrar en combate sin tener que adquirir mí forma de lobo, pero lo que quiere salir no es el lobo, amigo- el rostro normalmente de gesto altivo y despreocupado de Russell se tornó pensativo-. Es la bestia lo que intenta salir.
-Valkiria tenía razón entonces.
-Sí, y supongo que a Hellstorm le pasará algo parecido con su mitad oscura, y a la Gárgola también, pero no creo que lo estén pasando tan mal como yo.
Halcón Nocturno tragó saliva. Deseó no tener que acabar combatiendo a su compañero de equipo e incluso, parándolo de forma definitiva. Esperaba que no tuviesen que llegar al punto de enfrentarse entre ellos de forma física, pues ya tenían bastante con discutir dos o tres veces al día.
Cuando quisieron darse cuenta, salieron de la espesura que les rodeaba y entraron en un claro donde una casa les esperaba, erguida, frente a ellos, como si aguardase enfrentarse a todo aquel que entrase en el bosque que aún les rodeaba desde una distancia prudencial.
-Ahí tenemos la típica casa encantada- bromeó Russell al ver el edificio.
Ambos habían pensado en una cabaña oculta entre los grandes árboles que ocultaban la zona a cualquier curioso que decidiera internarse, por ello lo que tenían ante sus ojos les sorprendió; una enorme estructura de tres pisos de altura, una especie de antigua casa de aspecto victoriano con ventanas que parecían ojos escrutando el exterior, en busca de intrusos.
Observaron que estaba bastante bien cuidada, indicando que alguien vivía en ella. Un extraño olor les llegó conforme avanzaron hacia el pequeño castillo que les esperaba; Halcón Nocturno no pudo terminar de identificar el hedor, pero Russell, con sus sentidos sobrehumanos, lo tuvo claro: muerte y sangre, a eso apestaba la edificación.
Notaron que, de una de las ventanas del segundo piso, salía una luz, indicando que allí había alguien. Cuando se acercaron un poco más, todo lo silenciosamente que podían, la luz se apagó; a los pocos segundos, una de las ventanas del primer piso dejó ver la luz que salía del interior.
-Alguien sale- afirmó Russell; sus sentidos aumentados le decían todo lo que necesitaba saber.
-Eres más sigiloso y vistes de manera discreta- le dijo Halcón Nocturno-, así que eres el apropiado para esconderte entre los árboles. Distraeré a Seed, y tú le atacarás por detrás.
-Un plan cojonudo, pajarito.
Jack Russell hizo caso a las órdenes de su compañero, corriendo a ocultarse entre varios árboles, no demasiado lejos, pero tampoco muy cerca de donde estaba su compañero, lo suficiente para no ser visto pero no para dejar sin ayuda a Kyle Richmond. A los pocos instantes de haberse escondido, la puerta principal de la casa se abrió, y un hombre, con actitud decidida, salió al porche, bajó los escalones de madera de la casa y se encaró con Halcón Nocturno, como si le hubiese estado esperando.
El hombre iba vestido con una larga túnica roja con motivos dorados en las anchas mangas. Era delgado, bastante alto, llevaba unas visibles gafas de negra montura, y su cabeza estaba decorada con finas capas de pelo rojo, al igual que su cara. Sus ojos emanaban una tranquilidad que puso nervioso a Kyle Richmond enfundado en su traje de Halcón Nocturno.
-Mi señor Dormammu me previno contra seres como tú- proclamó Dexter Seed.
Aunque Halcón Nocturno no hubiese visto el pequeño pentagrama grabado en la palma de su mano izquierda, el asesino ya se había descubierto ante él y su escondido compañero, que esperaba un buen momento para saltar encima de Seed.
-Vengo para detener tu orgía de sangre- afirmó Halcón Nocturno con rotundidad.
-¡Ja, ja, ja! ¡Nadie puede detenerme ahora! ¡Ni a mí, ni a mi señor oscuro! ¡La era de Dormammu ha llegado! ¡La edad de los dioses primigenios ha vuelto! ¡Yo estaré en la cima con ellos, como recompensa!
-Sé lo que estás haciendo ahí dentro, en tu casa, y no dejaré que termines tu ritual.
-¡Ocupas mi tiempo, estúpido mortal! ¡Los minutos que desperdicio contigo, son momentos preciosos en los que no continuo con los hechizos que traerán de vuelta a Dormammu!
-Punto para mí- Halcón Nocturno sonrió.
-Estúpido...- gruñó Seed.
-No he venido a pelear contigo- Richmond intentó resolver las cosas de otra forma; era un héroe, se consideraba como tal, y pensaba demostrarlo sin recurrir a la violencia-. Eres un asesino; debes entregarte a la policía y pagar por tus crímenes.
Seed miró de un lado a otro, dando la impresión de pensar que estaba ante algún tipo de broma. Al mismo tiempo, su mirada parecía perdida, como si su mente estuviese lejos de allí.
-El mundo se acaba y tú quieres que me arrodille ante las leyes de los hombres- Seed alzó su mano izquierda; dentro de ella, la palma empezó a arder, y el pentagrama se iluminó-. ¡Nunca!
Un haz de luz rojo surgió de su mano hasta Halcón Nocturno, quien saltó hacia un lado, usando su agilidad al máximo, evitando el mortal ataque. Cuando el héroe aterrizó en el suelo, comprobó que la zona donde había estado segundos antes, estaba totalmente calcinada.
Dexter Seed dio varios pasos hacia delante, pronunció antiguas palabras, y sus manos se vieron rodeadas por una energía amarillenta que provocaba tal calor, que Richmond lo notaba desde donde estaba. Halcón Nocturno se preparó para salir volando y esquivar el nuevo ataque.
“He subestimado a este tipo”, pensó Richmond con cierta rabia.
El brujo asesino empezó a lanzar bolas de energía biomistica contra el superhéroe, que se vio forzado a volar de un lado a otro usando sus alas fabricadas para dicho propósito. Las esferas energéticas le pasaban rozando a cada segundo de vuelo, sintiendo su intenso calor incluso a través del traje y la cantidad de pura energía en su mismo espíritu.
Distraído como estaba en su enemigo, Seed no logró ver llegar a Russell hasta que éste le sacudió una tremenda patada en la espalda, que le arrojó de cara sobre la hierba que cubría la zona alrededor de su casa.
Halcón Nocturno aterrizó frente a Seed justo cuando se levantaba, mirando furioso a un sonriente Jack Russell.
-¡Se acabó el juego, psicópata!- gruñó Jack.
Seed se levantó a una velocidad sorprendente, la que le daba la rabia que sentía en ese mismo instante al ser tocado por un ser inferior a él, y arrojó varias ráfagas de energía hacia Russell, quien corrió hacia él, fintando para esquivarlas, y cuando le alcanzó, le propinó un fuerte golpe en el estomago.
El brujo se tambaleó hacia atrás, intentando tragar aire, y cuando creyó que ya estaba repuesto, Russell le cogió del cuello y aplastó su cara contra el suelo, dejándole inconsciente.
-Bueno, ha sido más fácil de lo que esperaba- Russell sonrió a su compañero mientras se limpiaba el poco sudor que le había aparecido en la frente-. Creo que deberíamos entrar en la casa, avisar a la policía, eliminar todo rastro de artículos mágicos, y cerrar cualquier portal que haya a medio abrir o avisar a Hellstorm para que...
Russell se volvió hacia su compañero, y lo encontró tirado en el suelo, agonizante, sin poder apenas hablar, y sujetándose la cabeza con las dos manos. Su mandíbula estaba contraída, y mostraba los blancos dientes de Kyle Richmond, apretados con todas sus fuerzas, amenazando con partirse de un momento a otro.
-¡Kyle!- Russell corrió hacia el millonario, temiendo que Seed le hubiese alcanzado con algún conjuro-. ¡Kyle, arriba! ¡Vamos! ¡Dime dónde te ha dado el animal!
-Vi... – el dolor que sentía Richmond era tal, que apenas podía articular palabra-. ¡Visión!
Al fin, poco a poco, se le pasó. Cuando pudo tomar aire al fin, Russell dio dos pasos hacia atrás, dejando que se incorporase poco a poco aunque sin perderle de vista.
-Hay que avisar a los demás; estamos en serio peligro.
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Golthoth.
Loki examinaba el horizonte como si esperase algo en concreto. Podría decirse que esperaba muchas cosas, y una de ellas ocupaba su mente en ese preciso momento; después iría otra, y luego otra... Tenía tantas cosas en la cabeza, y llevaba tantos asuntos hacia delante, que si no hubiese sido por sus nuevas habilidades mágicas, habría acabado loco.
Sin embargo, merecía la pena estar tan ocupado, pues eso aseguraba, paso a paso, su inminente victoria. Sus movimientos estaban planeados, y todo lo que había puesto en marcha era más parecido al mecanismo de un reloj que a un plan de guerra. Todo era tan perfecto que no había dudas en la consecución de cada movimiento, de cada paso, de cada trazo en su mapa mental. El siguiente camino que debía tomar tenía que hacerlo con sumo cuidado y sigilo.
Tras él, Kurse y el pequeño ejército de monstruos con aspecto de criminales disfrazados de Midgard, esperaban pacientes las órdenes de su amo. El anteriormente conocido como Algrim el Fuerte se acercó hasta Loki, algo impaciente por el tiempo que llevaban en aquellas tierras llenas de maldad.
-Loki, deberíamos movernos hasta Midgard- murmuró el coloso.
-Paciencia, noble Algrim- el dios levantó una de sus garras; no se volvió hacia Kurse en ningún momento-. Hay que estudiar los movimientos de nuestro enemigo con cuidado, pues nos podríamos equivocar.
Loki no deseaba manifestar que, para llevar al propio Kurse y a las criaturas monstruosas, debía usar un potente hechizo de teletransporte. Eso no le iba a acarrear demasiado trabajo con sus nuevos poderes, claro, pero al menos necesitaría unos segundos para descansar y recuperarse, puesto que eran varios los seres a los que debía transportar en el espacio. Ese no era el único problema, pues sabía que la mansión de Hellstorm podía cambiar de situación en Midgard a voluntad de su ocupante infernal, y estaba esperando el momento idóneo en el que parasen en una zona concreta; tenía sus sentidos puestos en la situación de la mansión, y no había permanecido en un mismo sitio desde hacía horas.
Sin embargo, presentía que tendrían que parar en algún momento y, sería entonces, cuando llevaría a su pequeño ejército hasta la puerta del hogar del Hijo de Satán. Cuando Kurse y sus monstruos acabasen con ellos, le daría la mansión al mismo Kurse, y mandaría a las criaturas a divertirse por Midgard, para saciar sus ansias de destrucción, sangre, y desahogar sus años de encierro en los débiles seres humanos que tantas veces habían frustrado sus planes.
-Creo que estamos a punto de entrar en la batalla- Loki empezó a notar algo en el continuo espacio-tiempo, una leve perturbación que indicaba que, la mansión de Hellstorm había dejado de trasladarse mágicamente por todo el planeta-. Prepárate, noble Algrim, pues vas a mancharte las manos de sangre maligna.
-Será un placer- gruñó el elfo oscuro, frotándose las manos.
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Bosques de Virginia Occidental.
Los rostros de los nuevos Defensores reunidos en la sala indicada para ello, reflejaban la preocupación que sentían por dentro sin ningún atisbo de represión por parte de ninguno de ellos. Hacía unas horas, se habían separado en grupos de dos, dispuestos a ayudar a la gente y entorpecer los planes de Loki y los dioses primigenios a los que estaba ayudando. Habían salido del hogar del Hijo de Satán con animo, y la ferocidad de los guerreros que eran; cuando volvieron a la mansión, tras cada misión, y Halcón Nocturno llegó y les relató su nueva visión, sus ánimos ya no eran igual de grandes que cuando comenzaron la guerra contra el dios de las mentiras.
-¿Estamos alejados de San Francisco, Daimon?- preguntó la Valkiria en cuanto hubieron asimilado lo que Richmond les había contado.
-Muy alejados, tranquila- Hellstorm se pasó la lengua por sus secos labios-. En cuanto Kyle terminó de darnos las malas noticias, ordené a la mansión que se desplazase.
La Gárgola buscó alguna ventana en la sala, pero al estar justo en lo más profundo de la mansión, no llegó a encontrar ninguna. El Hijo de Satán captó lo que intentaba localizar su monstruoso compañero.
-Aunque no haya ventanas por donde mirar, te puedes fiar de mí- le dijo Hellstorm a pesar de que sabía que, por mucho que viviesen juntos, la Gárgola nunca se fiaría de él por el pasado que compartían.
Gata Infernal le miró con cierta reticencia, pero Hellstorm no captó la mirada. La mujer trataba de decirle que no podía culpar a Isaac Christians por desconfiar de cada palabra que saliera de su boca.
-¿Estamos lejos de la civilización?- preguntó la Valkiria, interesada en que no hubiese bajas civiles.
-Bastante. Nos encontramos en una región boscosa de Virginia; como mucho, podríamos tener la visita de algún guardia forestal, algún ayudante del sheriff del condado, y aún así, lo dudo.
-Perdidos en el bosque- afirmó Johnny Blaze.
-Exactamente esa era la idea- añadió Hellstorm.
-Entonces, la situación se ha puesto fea- dijo Dragón Lunar-. Nuestro compañero, Kyle Richmond, nos ha visto enzarzados en un tremendo combate con criaturas enviadas por Loki. Ha visto como atacaban la mansión; ha visto destrucción, muerte, sangre... Y por eso estamos aquí.
-Nada más- Blaze miró a Richmond, quien se había bajado la máscara de Halcón Nocturno, dejando a la vista su propio rostro.
-Nada más concreto- afirmó Richmond-. No sé si moriremos, no sé si ganaremos, simplemente pude ver el mal que iba a atacarnos, como siempre suele pasar con mis visiones. Fue muy potente y...
-Lo puedo asegurar- afirmó Russell.
-Creo recordar algo que me parece que acabas de ayudarme a...- Richmond se levantó; la expresión de su cara inquietó a algunos de sus compañeros-. No estábamos en San Francisco en mis visiones, cuando nos atacaban esos monstruos...
-¿A qué te refieres?- preguntó la Gárgola.
-Estábamos en un bosque.
Todos compartieron el gesto de preocupación de su compañero. Hellstorm y Blaze se miraron durante un instante; habían detectado algo sobrenatural moviéndose en el tiempo y el espacio. Gata Infernal se levantó, colocándose al mismo tiempo su máscara; sentía mucho mal que se dirigía hacia ellos.
-La rueda del destino nunca deja de girar- murmuró Dragón Lunar.
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Nueva York.
El grupo de supervivientes del centro comercial seguía el camino indicado por el guardia de seguridad que pretendía sacarles de allí a todos sanos y salvos. El guardia iba por delante del grupo unos cuatro pasos y, a su lado, andaba Parker Robbins envuelto en su capa escarlata con capucha que apenas dejaba ver su cara a los demás; en ningún momento soltaba sus pistolas, ni siquiera cuando necesitaba las manos para cruzar escombros y los destrozos del pequeño seísmo que había convertido el lugar en los restos de un derrumbe.
Llevaban varios minutos sin emitir ningún sonido, simplemente, caminando y andando hacia la salida que el guardia les había prometido. Sin embargo, las miradas lo decían todo; Parker no dejaba de observar con recelo a la mayoría de las personas que tenía tras él, quienes les devolvían las miradas de desconfianza, sobre todo, tras las amenazas al vigilante de seguridad que les había rescatado. Sólo unas pocas personas miraban al vigilante con preocupación, como si tuviesen miedo de que el extraño de la capa le pudiese hacer daño.
-Qué silencio- pronunció el vigilante de seguridad mientras observaba, con cierto horror, las marcas de garras en algunas columnas que permanecían en pie.
-Normal- gruñó Parker echando un vistazo a un banco destrozado a dentelladas y manchado de sangre; intentó no pensar en lo que allí había ocurrido y aún menos cuando vio un pequeño zapato deportivo que, probablemente, había pertenecido a un niño.
-Bueno, no tenemos que quedarnos callados todo el camino- el vigilante intentó sacar conversación; los murmullos tras él, le animaron.
-No he venido a hacer amigos- respondió Robbins.
-Lo entiendo, pero el camino se hará más largo si no hablamos. ¿Cómo te llamas?
-Ruddy Sheridan- mintió Parker Robbins; no tenía ninguna intención de que se supiera su autentico nombre por las posibles consecuencias que tendría lo que estaba pasando si al final sobrevivían-. ¿Y tú?
-Ian.
-¿Sólo Ian?
-Por ahora, sí.
“El cabrón se cubre las espaldas tan bien como yo”, pensó Parker con una sonrisa que no se le llegaba a ver por las sombras de la capucha.
Captó una extraña mirada por parte de Ian, pero cuando volvió a mirarle directamente a los ojos, ya no estaba allí. Parker no supo exactamente por qué le había mirado así, pero no le gustaba un pelo.
“No te quitaré el ojo de encima, Ian sin apellido”
-No voy a preguntarte por las pistolas ni por tu extraña indumentaria, tranquilo- confesó Ian.
-Mejor, porque no son de tu incumbencia, Ian.
-Hombre de pocos amigos, por lo que veo.
-La vida no me ha ayudado a confiar demasiado en la gente- Parker mostró sus pistolas-. No quiero jugadas sucias.
-No las tendrás, pero si quieres contarnos de qué va esa capa...
-Muy gracioso, Ian- Parker sonrió; admitió que el chico tenía sentido del humor. Se dio cuenta de que no era mucho mas viejo que él, pero sí tenía aspecto de haber vivido menos y parecer más joven de lo que era.
-Je, ante este paisaje, mejor reír que llorar.
-¿A qué te dedicas, Ian? ¿Vigilante de seguridad a tiempo completo?
-Hago una carrera, y soy el típico aspirante a escritor- el vigilante subió los hombros cuando Parker le miró, extrañado-. Sí, otro escritor en Nueva York. Menuda novedad, ¿eh?
-Bueno, hay más superhéroes que escritores, diría yo.
-Tienes razón- Ian se paró, miró las tiendas, y siguió andando, tras haber recordado que iban bien por ahí-. Esto de guardia de seguridad es un curro sin más, aunque... Me gusta mucho ayudar a la gente. Después del 11 de Septiembre quise ser policía, ya sabes, ayudar y todo eso, hice de policía voluntario durante un tiempo, pero se me amontonaba todo.
-Tipo ocupado- afirmó Parker, pensando que al chico le faltaba poco para ser el boy-scout del año
-¿Y tú? ¿Te disfrazas para los niños?
“Qué puta gracia tienes, Ian”, pensó Parker algo enfadado por la broma.
“Si supieras lo que hace esto y a quién se lo he robado”
-Mecánico, repartidor... Me gano la vida como puedo.
-¿Y para eso necesitas las pistolas?
-¡Eh!- Parker se paró y se encaró con Ian-. Nada de preguntas. ¿No habíamos quedado en eso?
-Con contestarme tengo suficiente.
-Sí, seguro...- Parker empezaba a estar incomodo con todo aquello-. Hace rato que andamos y no veo ninguna puñetera salida.
-No hace falta que hables...
-¡Hablaré como me salga de las pelotas, tío!- Parker le mostró sus armas-. ¿¡Quién tiene las pipas!? ¡Yo! ¡Pues yo doy las órdenes aquí!
-Trato de decirte que...- Ian miró hacia atrás y vio las miradas nerviosas de los demás miembros del grupo-. Te dije que este era el camino largo.
-¿De verdad?- el delincuente sintió como una extraña cólera le embargaba-. ¡Sospecho que el señorito boy-scout quiere ayudar a la sociedad encerrándome! ¿Es eso? ¿Esperas un despiste para iros y dejarme aquí?
-¡No! Estás loco y...- los ojos de Ian empezaron a abrirse cada vez más-. ¿Qué te ocurre?
-¡Me ocurre que me estáis intentando engañar, pandilla de farsantes!- gritó Parker, aunque en realidad, se estaba enfadando más de lo que creía por una simple tontería; una oleada de calor le invadió el cuerpo, y pensó que se estaba enfadando demasiado-. No lo entiendo...
De repente, varios gritos de algunos de los supervivientes les llegaron. Algunos señalaban el techo y otros una tienda cercana de la que salieron cuatro criaturas negras que se relamieron en cuanto los vieron. Todos gritaron de horror, y más aún cuando, los seres, observaron la capa roja de Robbins y comenzaron a mostrarse más enfadados.
-¡Saca tus pistolas o corramos!- exclamó Ian-. ¡Vamos!
Parker trató de alzar las armas y disparar, pero las piernas se le doblaron, los brazos se le volvieron de goma, y acabó por soltar las pistolas y caer al suelo de rodillas.
“¡Qué me ocurre!”, gritó en su mente, con un miedo atroz, mientras notaba como la capa se pegaba a su cuerpo, y sus huesos crujían hasta oírse por toda la zona.
Parker alzó la cabeza y los supervivientes pudieron ver que sus ojos eran grandes y amarillos, como si fuesen los de un insecto. Los seres negros aminoraron la velocidad cuando vieron lo que le estaba pasando a Parker Robbins, que ni siquiera había conseguido gritar antes de la transformación.
Poco a poco, los espectadores de la terrorífica escena, vieron como el tamaño de Parker aumentaba, la capa se hacía más pequeña a su alrededor y, cuando se levantó, no quedaba nada de humano en el delincuente, sino que se había convertido en una extraña y horrorosa criatura de grandes brazos terminados en garras, y enormes colmillos amenazantes.
El monstruo, muy parecido al que Parker había eliminado para salvar a su primo y conseguir la capa roja que le volvía invisible, pronunció un gutural gruñido y de sus manos salieron rayos azules que convirtieron en polvo a los seres negros que, sorprendidos por el ataque, apenas pudieron reaccionar, encontrando su final como montones de cenizas a los ojos de los humanos supervivientes.
El ser que había sido Parker Robbins miró con enfado los montoncitos de cenizas, y justo cuando parecía que se estaba calmando, sus ojos de insecto se volvieron hacia las personas que le observaban, abrió su boca para que observasen todos sus colmillos, y lanzó un prominente rugido de hambre de violencia.
De un golpe, empujó a Ian hacia un lado y acercó sus garras hacia las personas que tenía más cercanas, la madre y su hijo, y la chica que no se despegaba de Ian, el vigilante de seguridad. De un rápido movimiento, destripó a la joven, dejándola desangrándose en el suelo; otro par de veloces pasos, y rompió los huesos de la madre y su hijo contra el suelo de aquella planta del centro comercial. Los gritos de las demás personas aumentaron en intensidad.
Sus mandíbulas agarraron la cabeza de la mujer con aspecto de ejecutiva, y la destrozaron con un simple movimiento, haciendo que la carne, la sangre y los huesos, volasen por todas partes. Los demás empezaron a correr, pero antes de que pudiesen dar dos pasos, pudo desgarra la espalda de un par de ellos.
Antes de perseguir a los que habían salido corriendo por el camino que ya habían recorrido, el monstruo notó un fuerte golpe en la espalda que le hizo soltar un leve gruñido de dolor. Al volverse, vio a un furioso Ian, con una herida en la cabeza, golpeándole con su porra por todas partes. La parte que había de Parker Robbins en aquel engendro, la esencia del delincuente que aún no sabía controlar al monstruo en el que se convertía con la capa (algo que nadie le había avisado, claro), sintió pena por Ian, admitió su valentía, y sintió que la vida del vigilante de seguridad con ínfulas de escritor iba a terminar de un momento a otro.
La criatura de la capa roja movió una de sus garras contra Ian, y le desgarró el pecho. De un empujón con su otra mano, el ser lanzó al hombre contra una pared cercana; Ian aterrizó inconsciente, sangrante, y en las puertas de la muerte.
El monstruoso Parker Robbins se volvió, husmeó el aire, y corrió hacia las demás presas que gritaban en un centro comercial que se había convertido en su coto privado de caza.
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Bosques de Virginia Occidental.
Los nuevos Defensores salieron de la mansión y se encontraron de lleno con la calidez nocturna del espeso bosque que les rodeaba. La mansión estaba situada en un pequeño claro, aunque bien cubierta por los inmensos árboles que la rodeaban; era un buen escondite, pero presentían que no les iba a servir para siempre.
-Ya vienen- murmuró Gata Infernal.
Ninguno de sus compañeros vio nada alrededor de la mansión. A Johnny Blaze le extrañó tanto silencio; ni siquiera oía la brisa que, supuestamente, debía pasar a través de hojas, matorrales y árboles. La notaba, pero no la escuchaba. Era como si todo estuviese allí, pero se hubiese parado.
-¿Cómo lo sabes?- preguntó Dragón Lunar-. No capto nada.
-Siente lo sobrenatural- intervino Hellstorm-. Sus poderes aumentados...
-Puedo responder yo, gracias- escupió Gata Infernal-. Los estoy notando justo delante; entre aquellos árboles.
El grupo de atípicos héroes se acercó hacia los árboles indicados por Gata Infernal, alejándose poco a poco de la mansión que les servía de hogar y fortaleza. Conforme se fueron alejando de la residencia viviente de Hellstorm, empezaron a ver como algo se movía en la oscuridad contenida por el bosque, frente a sus ojos. En pocos minutos, una enorme y colorida figura apareció ante ellos, seguida de un grupo de criaturas monstruosas que ninguno de ellos pudo identificar con exactitud, al menos, instantáneamente. El aire se volvió más frío, anunciando la muerte para uno de los dos grupos.
Kurse y los demonios de Loki se quedaron quietos, unos metros frente a los nuevos Defensores, quienes se midieron con sus enemigos; las miradas de hambre de los monstruos se cruzaron con los ojos sorprendidos y confusos de los nuevos Defensores.
-¿Qué demonios son esas cosas?-preguntó, al fin, Dragón Lunar.
-Son...- la Gárgola se fijó más detenidamente en las criaturas-. Son Sin Forma.
-¿Cómo sabes eso?- preguntó la Valkiria.
-Soy un estudioso de lo oculto, a pesar de que mi aspecto no os lo recuerde. Son seres legendarios; monstruos sin forma aparente, muy difíciles de encontrar. Apenas hay unos cuantos escritos sobre ellos, y no dicen nada bueno.
-Pues tienen buena forma todos- intervino Jack Russell.
-Reciben la forma de quien los descubre y tiene la voluntad suficiente como para ordenárselo.
-Loki- pronunció Blaze.
-¿Y qué formas han adquirido?- Valkiria parecía confusa; esperaba un ataque del mismo Loki hacia ellos, no que enviase a emisarios demoníacos.
-¿No los reconocéis?- preguntó Halcón Nocturno con una amarga sonrisa en sus labios.
-Yo sí- respondió Gata Infernal.
-Patsy y yo hemos trabajado codo con codo con los mayores héroes de la Tierra, más a menudo de lo que lo habéis hecho vosotros, por eso podemos reconocerlos a simple vista- Halcón Nocturno empezó a señalar a algunas de las criaturas-. Ese se parece al Buitre, un criminal que se enfrenta, recurrentemente, a Spiderman; ese de allí es similar a Magneto, terrorista mutante; ese otro parece tener características del Doctor Muerte...
-Son villanos terrestres- anunció la Valkiria casi sin creérselo.
-Je, Loki tiene un pésimo sentido del humor- dijo Hellstorm.
-¿A qué te refieres?- preguntó Blaze.
-¿Recordáis la conversación que tuve con Loki, y que Heather logró que escuchaseis con sus poderes mentales? Loki se refirió a nosotros como villanos, y ahora nos envía a monstruos con forma de criminales de la Tierra. El sentido del humor de Loki sabe captar la ironía de la situación.
-¿Qué poderes tienen, Isaac?- pregunto la Valkiria.
-Los que el que les ha dado forma quiera. Si han adquirido forma de criminales, quizá Loki les ha dado poderes similares.
-¿Y el del centro?- preguntó Blaze-. Su aura sobrenatural es mucho más peligrosa que la de los demás.
-Sé quién es- la Valkiria tragó saliva-. Algrim el Fuerte, más conocido desde hace tiempo como Kurse, un elfo oscuro de gran poder.
-¿Asgardiano?- Russell empezó a preocuparse.
-Exactamente- la Valkiria no podía creer que Kurse estuviese allí, pero se lo atribuyó a las malas artes de Loki, dios de las mentiras-. Algrim el fuerte era un poderoso elfo oscuro que fue traicionado por su señor durante una batalla contra Thor. Algrim quedó en mal estado, hasta el punto de que estuvo cerca de la muerte. El ser llamado Todopoderoso le rescató, le salvó, le dio un nuevo aspecto, y enormes poderes. Es casi invencible; lo tenemos difícil.
-Si es asgardiano, quizá puedas convencerle de que no tenemos que pelear- añadió Gata Infernal.
-Es posible, pero por si acaso, quiero que estéis preparados- la asgardiana se dispuso a actuar como la líder que era-. ¡Blaze, Hellstorm, a los flancos! ¡Sois los más poderosos!
Los dos obedecieron, aunque sin mostrar abiertamente sus poderes aún.
-¡Russell, Isaac, os quiero a mi lado como pura fuerza bruta!- los ojos de la asgardiana se volvieron hacia Gata Infernal y Halcón Nocturno-. ¡Seréis mi segunda línea de defensa! ¡Concentraos en cuanto podáis para poder visualizar cualquier movimiento en la esencia sobrenatural del combate!
-¿Y yo?- preguntó Dragón Lunar.
-Te quiero justo detrás; no combatirás, sino que...
-¡No! Soy telepática, pero no una inútil y sé luchar.
La Valkiria observó la mirada decidida de su compañera, y comprendió que no iba a ceder.
-De acuerdo, justo detrás de mí, me acompañarás en la batalla. Lee sus mentes; igual así podemos encontrar algo.
Dragón Lunar asintió, y concentró sus poderes telepáticos en sus enemigos. Tras unos momentos, estaba preparada para contar lo que había visto en las mentes de todos y cada uno de ellos.
-Los Sin Forma tienen una especie de mente conectada, como si fuesen insectos de una colmena; sólo piensa en destruir, y masacrar, probablemente por órdenes de Loki- se concentró de nuevo, como si estuviese terminando de leer la mente de Kurse-. El elfo oscuro es extraño pero... Su mente presenta una serie de irregularidades que no me dejan leerla. Cree que hace esto por el bien de Asgard.
-¡Loki le ha engañado!- rugió la Valkiria.
-Su mente nada en una locura intermitente... Es muy peligroso- advirtió Dragón Lunar.
-Puede que no consiguiéramos vencerle en una batalla- la Valkiria se dirigió a Hellstorm y Blaze-. No uséis vuestro fuego infernal o, al menos, intentad controlarlo lo máximo posible.
-¿Por qué?- preguntó Blaze.
-Estamos en un bosque, y si no os controláis, podría arder todo, incluido nosotros- la Valkiria miró a Russell-. ¿Puedes adquirir tu transformación absoluta en caso de que entremos en combate?
-Sí, con todo este rollo sobrenatural desatado, sí, pero te confieso que puedo no controlarme en ese estado- confesó Russell.
-Yo podría ayudarte- intervino Dragón Lunar-. Puedo entrar en tu mente, y usar mis poderes para equilibrar las ondas alfa de tu cerebro.
-¡Vaya sorpresa, dragoncito! ¡Tú ayudándome!- Russell intentó fingir no encontrarse sorprendido y agradecido-. ¡Te devolveré el favor!
-Más te vale.
Russell le guiñó un ojo. Viendo que sus compañeros estaban todos de acuerdo con sus ordenes, la Valkiria asintió, y dio varios pasos hacia sus enemigos que, sin duda, también les habían estado estudiando a ellos. Kurse dio varios pasos hasta encontrarse con la guerrera asgardiana.
-Kurse...- la asgardiana tomó aire, e intentó arreglar las cosas sin necesidad de pelear, a pesar de ser esa su naturaleza-. Algrim, creo que tu camino está equivocado.
-¡No puedes engañarme!- gritó el elfo oscuro-. ¡Para ti no soy Algrim, sino Kurse! ¡Eres una vergüenza para Asgard! ¡Te mueves con seres infectos salidos de Hel! ¡Monstruos que quieren resucitar al odiado Malekith, quien me engañó!
-¡Eso no es cierto! ¡Son mentiras de Loki!
-¡Loki ha sido desfigurado por enfrentarse a vosotros, y me ha liberado! ¡Me ha dado un ejercito para destruirte! ¡Eres una perra, y voy a pisotearte como tal, traidora!
“Al demonio con las palabras”, pensó la Valkiria.
La mujer se volvió hacia su grupo, a la vez que Kurse hacia lo mismo con el suyo; los nuevos Defensores comprendieron que la charla no había fructificado bien.
-¡Entramos en combate!- rugió la Valkiria tomando posiciones.
Johnny Blaze se transformó en el poderoso Motorista Fantasma, iluminando la noche con su cabeza llameante; Hellstorm se rasgó su camiseta, dejando ver el pentagrama que surgió en su pecho, iluminándose; y Jack Russell empezó su dolorosa transformación en un gigantesco lobo de grandes garras, largos brazos, enorme mandíbula, y orejas perrunas. Los demás, simplemente, tomaron aire, y se prepararon.
-¡A la batalla!- gritó la Valkiria, desenfundando Colmillo de Dragón, su espada encantada, y sintiendo su corazón latiendo fuertemente en su pecho, contento por entrar en combate.
Los dos grupos corrieron hacia el otro, ansiosos por probar la sangre del enemigo en el menor tiempo posible. Los monstruos voladores llegaron antes hasta los nuevos Defensores, encontrándose con la Gárgola, que echó a volar sin perder de vista la posición que le había asignado su líder y amiga. Halcón Nocturno repitió la jugada de su compañero, usando las alas de su traje; sentía como la fuerza le recorría el cuerpo, pues era completamente de noche, y las barreras sobrenaturales eran muy débiles.
El Buitre, un monstruo verde y con un parecido enorme al criminal volador enemigo de Spiderman, aunque de manera grotesca, llenó sus manos de energía flamígera y lanzó varias esferas de fuego contra los nuevos Defensores que se encontraban bajo él. Por fortuna, Halcón Nocturno y la Gárgola lo vieron, Dragón Lunar lo captó a través de sus mentes, y mandó una advertencia mental a los demás, quienes se dispersaron, sin olvidar sus posiciones, para evitar el ataque.
Las explosiones llenaron la zona que unía el bosque con la mansión del Hijo de Satán. Trozos de tierra, y polvo inundaron la zona, a la vez que se formaban varios fuegos debido al mortífero ataque. Cualquiera que hubiese visto el espectáculo no habría dudado en mencionar que se trataba de una guerra con todas las de la ley.
La Gárgola se dirigió hacia el Buitre moviendo las alas a toda velocidad. El ser le vio, lanzó un gruñido gutural, y maniobró para esquivar el ataque de la criatura naranja, quien se paró en mitad del aire, justo para poder esquivar dos bolas de fuego dirigidas hacia su persona. Cuando fue a ponerse de nuevo en movimiento, notó mucho calor en sus alas, se volvió con cuidado, y una figura femenina envuelta en llamas y de aspecto siniestro le devolvió la mirada. Tras un chillido infrahumano, la monstruosidad que imitaba a Fénix Oscuro, unió sus manos y escupió por ellas una ráfaga de fuego que impactó de lleno en la Gárgola, que solo pudo alzar sus brazos y recibir el tremendo ataque.
Mientras tanto, justo debajo, los demás nuevos Defensores chocaban contra sus enemigos; la Valkiria fue la primera en toparse con un ser que se parecía mucho a Magneto, el cual gruñó, alzó sus garras y las descargó contra la Valkiria, quien las evitó con tremenda facilidad. Movió Colmillo de Dragón en abanico, pero Magneto también esquivó el ataque; a continuación, alzó una de sus garras y proyecto los poderes magnéticos que le había conferido Loki a semejanza del hombre al que se parecía, pero las habilidades que poseía no funcionaron contra la espada encantada de la asgardiana, la cual sacudió una fuerte patada contra el estomago del monstruo y le cortó la garra alzada, impregnando el suelo de tierra con sangre negra (si es que se le podía llamar sangre) que exhalaba un pestilente olor a muerte y podredumbre.
La bestia movió su capa morada contra la guerrera, incapacitando su campo de visión durante unos instantes. La garra sana de Magneto se dirigió hacia el corazón de la mujer, quien se agachó, al mismo tiempo que hincaba su espada en el estomago del monstruo. La Valkiria se levantó, miró con furia al agonizante ser y, usando toda su fuerza, movió su espada hacia arriba, partiendo al demonio en dos. Antes de poder reaccionar ante su victoria, algo le golpeó como una locomotora en marcha; al caer al suelo, con todo su cuerpo ardiendo de dolor, y la espada bien sujeta a su mano, vio que se trataba de un furioso Kurse.
-¡No esperaba menos de una asgardiana!- gritó Kurse.
El coloso corrió hacia ella, y le sacudió un puñetazo en plena cara; la Valkiria retrocedió, con el rostro dolorido, y la sensación de que la sangre le caía por la nariz. Kurse volvió a atacar, impactando de nuevo uno de sus grandes puños contra el cuerpo de la heroína.
-¡¡Pelea, bruja!!- uno de los pies de Kurse pisó uno de los pies de la asgardiana, quien gritó al sentir el golpe-. ¡¡¡No mereces provenir de Asgard, traidora!!!
El Hombre Lobo vio que su jefa necesitaba ayuda, así que comenzó a mover sus fuertes piernas en dirección a ella. Notaba como la bestia interior cuyo aspecto llevaba en ese momento quería tomar el control, pero la ayuda de Dragón Lunar lo impedía; Russell esperaba que nadie noquease a su compañera, pues entonces, todos, y más él, tendrían un problema.
Sin darse cuenta, pisó una enorme extensión de arena que no tenía que estar allí. Cuando se dio cuenta, sus patas no podían salir de la zona arenosa, como si hubiese entrado en unas arenas movedizas. Poco a poco, algo comenzó a surgir de la arena y a formarse frente a sus ojos; se dio cuenta de que se trataba de un demonio con la forma y poderes del criminal conocido como Hombre de Arena.
El Hombre Lobo rugió de furia, agachó la cabeza, y empezó a destrozar la arena con sus poderosas garras. Antes de liberarse, la criatura de arena petrificó una de sus garras, la cerró hasta formar un puño, y la estrelló contra el hocico de la bestia, lanzándola varios metros hacia atrás. Cuando Russell se levantó, algo mareado por el tremendo golpe, se encontró con el monstruo de arena y una criatura delgada, con grandes colmillos, de piel verde, brazos extremadamente largos, y una enorme cabeza llena de venas.
“Una copia del Líder, enemigo de Hulk”, le informó Dragón Lunar en su cerebro.
-Grrrrrrrrrrr- fue lo único que dijo Russell a modo de respuesta, pues en esa forma, le dolía hablar como normalmente hacía.
“Eso no me ayuda”, pensó, pudiendo así comunicarse con Heather Douglas.
Los dos demonios atacaron al Hombre Lobo, moviendo sus zarpas de un lado a otro, intentando herirle; de una patada, Russell se libró del monstruo de arena, deshaciéndolo, y saltó sobre el Líder, iniciándose una atroz lucha entre bestias con garras y dientes.
De repente, el Hombre Lobo sintió un tremendo dolor de cabeza que amenazaba con abrirle el cráneo en dos. Pudo ver como, las venas de la cabeza de su enemigo, latían con intensidad.
“Poderes... mentales...”, logró quejarse en su cerebro.
“Te puedo ayudar, Russell, pero resiste”, le dijo Dragón Lunar.
En unos segundos, el Líder cambió su gesto de victoria por uno de dolor; se llevó las manos a la cabeza, y un débil gritó salió de su boca. El Hombre Lobo dobló la boca en un rictus de felicidad, abrió las fauces, y las cerró con fuerza sobre el cuello de su adversario; las garras fueron después a los lugares donde debían estar sus órganos vitales, de tenerlos.
Mientras tanto, Gata Infernal esquivaba, como podía, los ataques de una bestia vestida de nazi de alto rango, y un cráneo de carnero envuelto en llamas como cabeza. Entendió que era una copia de Cráneo Rojo, el enemigo nazi del Capitán América. De su boca salían llamas de fuego que amenazaban con hacerla arder, cosa que Patsy Walker pensaba evitar a toda costa.
“Tengo que situarme justo detrás de él; aquí soy un blanco fácil”, pensó la heroína rodando sobre el suelo para esquivar las llamaradas de su enemigo.
Corrió en zigzag, evitando a los demás monstruos, mientras, el que la perseguía, no dejaba de seguirla de cerca. Se adentró en el bosque, donde podía esconderse tras los árboles que podrían también protegerla, y tras dar varios pasos de un lado a otro, se ocultó tras un tremendo árbol. Cráneo Rojo se paró a dos metros de ella, y se puso a olisquear los alrededores al mismo tiempo que Gata Infernal caminaba, cuidadosamente, hasta situarse tras él.
La heroína sacó sus garras retractiles, y justo en el momento en el que se disponía a darle el golpe de gracia a su adversario, éste se volvió e impactó uno de sus puños en el estomago de la mujer, dejándola sin aliento, y haciéndola caer sobre un montón de hojas.
Gata Infernal se levantó rápidamente, haciendo caso omiso al dolor del cuerpo, unos segundos antes de que Cráneo Rojo calcinase la zona donde estaba, y volvió a usar el bosque como escondite. Antes de que el demonio empezase a buscarla de nuevo, lanzó una rama a varios metros de donde estaba, distrayéndole; la criatura roció fuego por la zona donde había caído la rama y cuando se quiso dar cuenta, Gata Infernal le había desgarrado varias veces la espalda, arrancándole pedazos de carne.
Cráneo Rojo se revolvió, la heroína esquivó sus puños, pero no una de sus patadas, cayendo de nuevo al suelo. La mujer, viendo que su final podía estar próximo, cogió un largo palo del suelo, y con toda la fuerza de la que disponía, atravesó el pecho del ser, y empujó hasta clavarlo a un árbol cercano.
Aún estando el demonio empalado, su boca emitía llamas que casi alcanzaron a Patsy, e hicieron arder gran parte de los matorrales que tenía cerca, amenazando con quemar el bosque. De un solo golpe proveniente de un puño enguantado, el cráneo del monstruo estalló en cien pedazos, evitando así el mortal desastre.
-¡Halcón Nocturno!- exclamó Gata Infernal gratamente sorprendida.
-Te vi desde lejos y pensé que necesitabas ayuda.
-Te lo agradezco.
-Te he visto rara últimamente, pero creo que este no es el mejor momento para hablarlo- el héroe sonrió de manera cálida-. ¿Volvemos al combate?
Gata Infernal asintió, y recordó por qué estaba con ellos: eran héroes, todos, e iban a demostrárselo al monstruo que era Loki.
Mientras Halcón Nocturno y Gata Infernal se reunían, Dragón Lunar se encargaba de deshacerse de demonios con diferentes formas de criminales terrestres que salían a su paso; desde el Mago, hasta el Búho, pasando por el Zancudo, el Hombre Topo, Mesmero, Dientes de Sable, el Barón Zemo...
Su camino le llevaba hasta la Valkiria, que parecía tener bastantes problemas con Kurse, un rival demasiado peligroso para ella sola, aunque de eso se había dado cuenta demasiado tarde. Desde donde estaba, y debido a que controlaba al monstruo que guardaba Russell, y al mismo tiempo se encontraba, parcialmente, en la mente de todos los demás por si necesitaban ayuda, no tenía potencia suficiente como para alcanzar la fragmentada mente de Kurse desde donde estaba, así que tenía que acercarse. No vio al monstruo de arena que se formó a sus espaldas, ni la lanza en la que transformó uno de sus brazos y con la que se abalanzó hacia ella.
Dragón Lunar se volvió en el último segundo, y hubiese muerto en aquel mismo instante si un enorme cuerpo peludo no se hubiese interpuesto entre ella y la lanza de arena petrificada.
-¡¡¡Russell!!!- gritó Heather Douglas, claramente sorprendida, sin poder apartar la mirada del cuerpo empalado de su compañero.
El Hombre Lobo destrozó con una de sus garras la lanza, pero la herida que tenía en el costado izquierdo era demasiado grande como para ignorarla; cayó al suelo, gimiendo como un perro apaleado, y su transformación cedió hasta ser un hombre lobo normal y corriente, con tanto de lobo como de humano.
Por su parte, Dragón Lunar se volvió contra el monstruo, con la furia iluminándose en sus ojos; despojada del trabajo que conllevaba controlar la transformación de Russell, sus poderes aumentaron, usándolos para crear una bomba telequinetica que hizo explotar al demonio en cientos de pedazos. Una vez terminada la pelea, Dragón Lunar se acercó al herido Russell.
-¿Te encuentras bien, estúpido?
-Bonitas palabras...- gruñó el Hombre Lobo.
-Lo que has hecho... No debiste hacerlo; soy muy capaz de defenderme sola.
-Me dan ganas de morderte por mí mismo, calva.
-Hueles a perro mojado, pero gracias.
-¿Has dicho “gracias”?- el Hombre Lobo rió-. ¡Voy a sobrevivir a esto sólo para poder recordártelo!
Heather Douglas sonrió, algo que no hacía a menudo. Tras ella, el combate era encarnizado.
-¿Una sonrisa? Vivir para ver...- se burló Russell-. Ahora, vete a ayudar a nuestra jefa; yo estaré bien aquí.
-Estamos en pleno combate y noto que no estás bien.
-Deja de leerme la mente, las constantes vitales, o lo que sea que estés haciendo... Tengo un factor de curación que Lobezno envidia, así que vete y déjame en paz.
-Es lo mejor que me han dicho hoy.
-Lo sé- respondió el Hombre Lobo sabiendo que no iba en serio.
Mientras Dragón Lunar corría a ayudar a la Valkiria, el Motorista Fantasma y el Hijo de Satán hacían estragos entre las filas de monstruos que aún quedaban con vida, gracias a sus enormes poderes que los situaban muy por encima de aquellas bestias con habilidades copiadas.
El Motorista Fantasma usaba sus poderes desatados conseguidos tras el trato con Zarathos (1), mientras que Hellstorm aprovechaba la finísima tela que separaba el mundo sobrenatural del mundo natural en ese momento para usar todas sus habilidades cuasi-infinitas. Los dos, además, aprovechaban sus armas como el tridente o la cadena, para aniquilar las hordas de monstruos que se les cruzaban, reduciéndolos a pulpa en cuestión de segundos. Los dos dejaron de matar monstruos cuando Dragón Lunar les avisó mentalmente del peligro que corría la Valkiria.
Enseguida, corrieron para salvaguardar la vida de su líder; Hellstorm fue el primero en toparse con otro demonio, uno que se parecía al Doctor Muerte, uno de los seres más peligrosos que habitaban en la Tierra.
-No, no puedes ser tú- se quejó Hellstorm, alzando su tridente-. Piérdete, anda.
El ser levantó sus manos, y rayos de energía biomistica salieron de ellas, en dirección a Hellstorm. El impacto le dolió, haciéndole levantar un escudo protector de fuego, para evitar el grueso del ataque que parecía no acabar nunca. Sólo consiguió minimizarlo, pero no detenerlo.
-No sabes con quién te estás enfrentando, basura- Hellstorm movió sus manos, agarró con ambas el tridente, y el escudo aumentó de tamaño-. Soy el Hijo de Satán. Tengo un reino lleno de seres que meriendan criaturas como tú. ¿Qué eres tú?
El fuego del que estaba hecho el escudo, alcanzó a la bestia en cuestión de segundos, reduciéndola a un montón de cenizas. Hellstorm continuó su camino justo cuando el Motorista Fantasma atravesaba de un puñetazo la cabeza de un demonio con forma de Misterio, enemigo de Spiderman. Hellstorm sonrió ante los restos sangrantes del monstruo que acababa de destrozar su compañero.
-Veo que te va bien- saludó Hellstorm.
-Aún tenemos trabajo que hacer
El Espíritu de la Venganza señaló hacia atrás; Hellstorm se volvió, sólo para ver a un enorme monstruo morado con cuatro tentáculos con bocas que adornaban las puntas de los mismos. El aspecto gordinflón, y los redondos ojos que mostraban su rostro, indicaban que era un demonio a imagen y semejanza del doctor Otto Octavius, más conocido en el mundo criminal como Doctor Octopus.
Los dos nuevos Defensores se prepararon para el ataque, que fue más veloz de lo que esperaban; uno de los tentáculos sacudió a Hellstorm contra el suelo, y luego otro lo hizo rodar, sin dejarle tiempo para que respirase. El Motorista Fantasma esquivó los otros dos largos apéndices de la bestia; uno de los tentáculos le dio de lleno, pero en vez de concentrarse en el dolor, lo cogió entre sus brazos, y empezó a tirar de él con todas sus fuerzas. En apenas unos segundos, lo hubo arrancado, llenado la zona con los gritos agónicos de la criatura, y la sangre oscura que manaba de su herida.
Hellstorm aprovechó esos momentos de distracción para llenar sus manos de fuego infernal, y concentrarlo sobre los otros tentáculos, quemándolos al instante; luego, cogió su tridente, y lo lanzó contra el estomago del ser, consiguiendo de él más gritos de dolor, y nuevas heridas en su cuerpo deforme.
El demonio cayó al suelo, lo que aprovechó el Motorista Fantasma para correr hacia él, y destrozarlo a puñetazos hasta hacer de él una masa sanguinolenta y pútrida. Los dos seres sobrenaturales observaron durante unos instantes lo que quedaba del cadáver de su enemigo, se volvieron, y corrieron hacia la Valkiria, que contaba ya con la ayuda de Dragón Lunar, aunque apenas servía de algo contra la fuerza bruta de Kurse.
Por otro lado, Gata Infernal y Halcón Nocturno acababan de terminar, no sin esfuerzo, con un demonio que contenía los poderes de Tundra, poderosa enemiga y aliada de los Cuatro Fantásticos. Halcón Nocturno le había arrancado la cabeza con su gran fuerza gracias a la distracción oportuna proporcionada por su compañera, pero antes de que pudiesen llegar hasta Kurse, oyeron una risa en el aire, por encima de sus cabezas, antes de ver volar hacia ellos una especie de calabazas ardientes.
-¡Al suelo!- gritó Gata Infernal, saltando a un lado.
La heroína pudo esquivar el ataque, pero no Halcón Nocturno, que solo pudo alzar sus brazos para poder evitar un daño mayor. Cuando el humo se hubo posado, Halcón Nocturno presentaba algunas heridas por el cuerpo, y graves destrozos en su traje, pero seguía vivo gracias a sus grandes poderes regenerativos y su enorme resistencia al dolor y el daño físico.
-Es el Duende Verde- gruñó, revisando sus heridas, y señalando al cielo, al monstruo verdoso de orejas puntiagudas que no dejaba de reír encima de una especie de pequeña bestia alada que le servía de improvisado planeador-. Voy a por él.
-¿Te has visto?
-Se curarán- respondió Richmond refiriéndose a sus heridas.
-Hay una solución más rápida- Gata Infernal le mostró las garras-. ¿Puedes lanzarme?
Los dos sonrieron, Halcón Nocturno la agarró por la espalda, esperó a que el Duende Verde estuviese en su punto de mira, y arrojó a su compañera hacia él. Gata Infernal estiró las garras, y rajó el cuello del monstruo, que cayó desde una considerable altura hasta el suelo, acabando muerto por la herida mortífera de la heroína y la caída. Por su parte, Gata Infernal lanzó uno de sus cables hacia un árbol, y acabó aterrizando gracilmente en el suelo, donde la esperaba Halcón Nocturno.
-Buena jugada- la felicitó Richmond.
-Buen lanzamiento- le agradeció la mujer.
Tras las buenas palabras, ambos corrieron hacia el combate que se libraba entre sus compañeros y Kurse, sin percatarse de que, aún había uno de ellos que tenía que lidiar con sus propios demonios.
La Gárgola volaba de un lado a otro del cielo, evitando los ataques de Fénix Oscuro y el Buitre, que estaban totalmente sincronizados; no podía pararse, no podía atacarles, lo único que podía hacer era volar alrededor de ellos, esquivando sus ataques, sabiendo que acabaría cansándose y cayendo en la trampa de aquellos monstruos.
De repente, a Isaac Christians se le ocurrió una idea arriesgada, pero algo diferente a tener que volar y cansarse hasta acabar cayendo en las garras de sus enemigos. Se paró en el aire, los monstruos se colocaron frente a él y tras su persona, y también esperaron; la Gárgola no reaccionó, sino que se quedó allí, paciente.
Finalmente, Fénix Oscuro unió sus manos y proyectó una llamarada contra la Gárgola, quien se dejó caer, evitando el ataque y haciendo que fuese el Buitre quien lo recibiese, acabando calcinado. Le dio fuerza a sus alas, y desde abajó subió a gran velocidad hasta acabar apresando a Fénix Oscuro entre sus garras; la Gárgola desató su furia animal contra su enemigo, desgarrando carne, huesos y piel, acabando con su vida en apenas unos instantes. Cuando se hubo calmado, corrió volando hacia sus amigos, quienes luchaban por su vida contra un ser que podría ser el significado vivo de una palabra: invencible.
La Valkiria se descubrió, de nuevo, tirada en el suelo, a merced de Kurse, justo cuando comenzaron a llegar sus compañeros de equipo para ayudarla. El Motorista Fantasma y Hellstorm se interpusieron entre Kurse y su líder; el coloso no lo dudó un instante, alzó sus brazos, y amenazó con descargarlos sobre ellos; fue un segundo demasiado lento, pues los dos nuevos defensores concentraron en sus manos grandes cantidades de fuego infernal que lanzaron contra Kurse, cubriéndolo con las poderosas llamas.
-¡Os dije que tuvierais cuidado!- exclamó la Valkiria, levantándose, a la vez que se limpiaba la cara manchada con su propia sangre.
-¡Denúncianos cuando acabemos con este engendro!- rugió el Motorista Fantasma.
Para sorpresa de ambos, la enorme figura de Kurse podía verse aún entre las llamas, de pie, dirigiéndose hacia ellos. En apenas unos segundos, salió del fuego, y golpeó al Motorista Fantasma fuertemente en los costados, dejándole sin reacción posible. Sin que nadie pudiese hacer nada, Kurse cogió la cabeza llameante del Espíritu de la Venganza, y la partió en dos entre sus poderosas manos.
Con cierto desprecio, Kurse arrojó a un lado el cuerpo descabezado e inerte de su enemigo, y se concentró en un sorprendido Hellstorm; el Hijo de Satán apenas podía comprender cómo había logrado vencer el elfo oscuro al Motorista Fantasma en plenitud de poderes, pero él pensaba plantarle cara.
Hellstorm se echó hacia atrás para evitar las enormes manos del gigante, hizo aparecer su tridente en sus manos, y buscó la cabeza de Kurse; un gritó detrás de él le hizo errar el ataque.
-¡No lo mates!- exclamó la Valkiria.
La distracción fue suficiente, no solo para que fallase el golpe, sino para recibir dos tremendos puñetazos de Kurse en su cuerpo. Sin poder reaccionar, y mareado por los tremendos ataques, Hellstorm recibió una sucesión de puñetazos que parecían no tener fin antes de que dragón Lunar lanzase un poderosísimo ataque psíquico a la mente de Kurse.
-¡¡¡Sal de mi mente, bruja!!!- el elfo oscuro manoteaba en todas las direcciones, tratando de encontrar a un enemigo que se encontraba a varios metros de él, presuntamente a salvo.
Daimon Hellstorm se levantó, con cada centímetro de su cuerpo chillando de dolor y cansancio por la paliza recibida, y se volvió, con los ojos ardientes de furia, hacia la Valkiria. Sus compañeros tuvieron suerte de que, una parte muy fuerte de él, estuviese deteniendo a su mitad malvada en todo momento.
-¡Qué demonios haces!- aulló Hellstorm.
-¡No es malvado, Hijo de Satán! ¡Está confundido y engañado por las maquinaciones de Loki!
-¡Acaba de matar a Blaze, querida líder!- Hellstorm señaló el cuerpo del Motorista Fantasma-. ¡Russell está herido, y sólo quedamos nosotros! ¡No tenemos alternativa!
-¡No podemos matar a un amigo de los asgardianos!
-¡Sobrevivirás!
Tras ellos, Kurse seguía confundido por el ataque psíquico de Dragón Lunar. Por el rabillo del ojo, la vio oculta tras unos árboles; eso fue lo que necesitó para agarrar un enorme tronco podrido del suelo, y lanzarlo contra la mujer, que acabó aplastada por toda la destrucción que había ocasionado Kurse con su improvisada arma. Aún se sentía confundido por el ataque de Dragón Lunar, pero ya tenía la mente más despejada.
-¡No podemos matar a un inocente!- insistió la Valkiria.
-¡Si no se te ocurre nada, va a acabar así!- algo pareció despertar en la mente de Hellstorm-. Espera... ¿Dices que es amigo de los asgardianos?
-¡Sí!
-Y Dragón Lunar dijo que estaba loco...
-¡Eso dijo!
-Creo que tengo una idea con la que no hará falta matarlo. Necesito que se enfade mucho, que no piense lo que hace...
-Eso será fácil.
-Luego, lo llevamos hasta la casa.
-¿Quieres que lo destroce todo?
-Mi mansión tiene vida, y esconde numerosos secretos- Hellstorm observó como Halcón Nocturno, Gata Infernal y la Gárgola atacaban a la vez a Kurse-. Hay varias habitaciones que son portales a otras dimensiones; si logramos meterlo dentro, puedo pedirle a la mansión que lo lleve a Asgard.
Los dos observaron como Kurse recibía las garras de Gata Infernal en su espalda, como la agarraba de una pierna y la lanzaba contra la Gárgola, haciendo que los dos cayesen al suelo; luego, se volvió hacia Halcón Nocturno, y ambos empezaron el intercambio de golpes que podían sentir desde allí. Supusieron que Halcón Nocturno tenía sus poderes a plena potencia.
-Tenemos que herirlo gravemente para que funcione- dijo Hellstorm.
De repente, el cuerpo caído del Motorista Fantasma se levantó, se tambaleó como si hubiese acabado de despertar de un profundo sueño y, ante la vista sorprendida de los dos defensores, la cabeza desintegrada empezó a regenerarse poco a poco hasta acabar siendo de nuevo el cráneo ardiente que conocían.
-Yo puedo encargarme de eso- gruñó el Motorista Fantasma.
Hellstorm miró, sorprendido, a la Valkiria.
-Dime que tú también estás asustada- dijo medio en broma, medio en serio, el Hijo de Satán.
-Estate preparado para atraerlo- le dijo la asgardiana.
-Por supuesto.
Daimon Hellstorm se quedó donde estaba mientras sus compañeros iban a por Kurse, quien seguía luchando a base de pura fuerza bruta contra Halcón Nocturno, quien no pensaba ceder ni un centímetro. Por sorpresa, la Gárgola se enganchó en la espalda de Kurse y la desgarró, hiriéndole gravemente. Kurse gritó de dolor, agarró una de las piernas de su enemigo naranja, y lo usó para golpear a Halcón Nocturno.
El coloso lanzó a la Gárgola por los aires, pisoteó a Halcón Nocturno, le arrancó las alas con las manos, y lo golpeó contra el suelo hasta dejarlo inconsciente. Justo cuando iba a rematarlo, el Motorista Fantasma saltó sobre él, sacudiéndole una patada en plena cara.
-¡Es imposible!- protestó Kurse, tambaleándose-. ¡Te arranqué la vida con mis propias manos!
-No soy fácil de matar- replicó el defensor.
Kurse saltó hacia el Motorista Fantasma, quien fintó para esquivar a la mole que era su enemigo. Se agachó para evitar las manos de Kurse, y empezó a lanzarle una ola tremenda de fuertes puñetazos que apenas dejaban reaccionar al coloso.
El defensor se agachó ante una inesperada reacción de su enemigo, le plantó un gancho en plena cara, y siguió golpeándole sin descanso, lo suficiente como para dejar a sus amigos descansar, y enfadar a Kurse; los dos eran prácticamente invencibles, y pensaban aprovechar eso para poder desahogarse el uno con el otro.
Kurse se cubrió con sus grandes brazos, bloqueó los ataques de su rival, le sacudió un empujón, y aprovechando su sorpresa, le agarró de los brazos, dispuesto a arrancárselos. La Valkiria lo evitó clavando su espada en el costado izquierdo del coloso; el dolor recorrió a Kurse, quien hacía tiempo que no sentía tanto en tan poco tiempo.
La Valkiria corrió hacia donde estaba Hellstorm, cuando vio que Kurse soltaba al Motorista Fantasma y se centraba en ella. Cuando hubo llegado hasta Daimon, se apartó de su camino, dejándole a Kurse; el Hijo de Satán no desaprovechó la ocasión, alzó sus manos, y de ellas salieron varios rayos eléctricos de color verde que impactaron en Kurse, dañándole en cuerpo y espíritu.
-¡¡¡Maldito demonio!!!- Kurse estaba lo suficientemente enfadado para caer en la trampa que le tenían preparada.
-¡Sígueme, monstruo!- provocó el Hijo de Satán.
Hellstorm salió corriendo hacia su mansión, seguido de cerca por Kurse, que era como una locomotora humana. Daimon entró por las puertas de su casa, que se abrieron solas; Kurse, literalmente, las atravesó, llevándose por delante incluso pedazos de la entrada.
El coloso destrozaba todo lo que se encontraba a su paso, convirtiendo, en pocos segundos la mansión en una pequeña zona de guerra. Hellstorm vio como se abrían dos puertas al fondo del pasillo en el que estaban, y sonrió, sabiendo qué pasaba.
Giró hacia la derecha en el último segundo, y Kurse entró en la habitación de golpe; un fogonazo, y cuando pudo saber dónde estaba, reconoció Asgard en todo su esplendor.
Mientras Daimon Hellstorm salía de su mansión, con los huesos doloridos, cansado, y con las piernas como flanes, un dios, en alguna parte del universo, sintió un escalofrío de miedo muy humano.
-Lo has logrado- anunció la Valkiria.
-No...- Hellstorm vio el paisaje desolador que tenía ante sus ojos; el Motorista Fantasma llevaba casi en brazos a Dragón Lunar, que parecía muy malherida; Gata Infernal ayudaba a apoyarse a Halcón Nocturno-. Lo hemos logrado.
-Entonces... ¿Le hemos demostrado algo a Loki?- preguntó Russell, que se acercaba cojeando y agarrandose la herida que tenía en el cuerpo.
-Claro que sí- la Valkiria agarró su espada con fuerza, y les miró con orgullo-. Que somos héroes, y que hemos venido a quedarnos.
Todos supieron que así era.
EPILOGO
Nueva York.
John King llevaba esperando a Parker Robbins durante más de hora y media en el callejón al que daba la salida que había encontrado sin problemas. Sabía que su primo le había dicho que se fuese en cuando hubiera pasado una hora, pero era su primo, su único y verdadero amigo, y le quería. No se lo iba a decir nunca, pero le quería.
Aún así, ya no podía esperar más; los nervios estaba pudiendo con él, e incluso empezó a pensar que tenía el mono del alcohol, así que, comenzó a hacerse a la idea de que su primo estaba muerto, justo cuando lo vio aparecer por uno de los extremos del callejón, tambaleándose como si estuviese herido, totalmente cubierto por su capa roja y la capucha.
-¡Parker!- John se acercó a él y apunto estuvo de darle un gran abrazo-. ¡Creía que ya eras comida de bichos...!
Miró detenidamente a su primo y se dio cuenta de que su ropa estaba manchada de sangre; de igual manera, apestaba a algo que le recordaba al monstruo al que había pertenecido la capa que vestía Parker en ese mismo momento.
-¿Estás bien?- preguntó John.
-S-Sí, creo que estoy bien, sí- Parker parecía estar medio ido-. ¿Tú cómo estás, John? Has llegado a salvo...
-Sí, ha sido fácil. El vigilante de seguridad tenía razón- John miró por encima del hombro de su primo-. ¿Y la gente con la que venías?
-Ya te contaré.
-¿Seguro que estás bien?
-Necesito una cerveza, un polvo, y luego te lo cuento todo.
-Creo que deberías...
-¡John, joder!- Parker se quitó la capucha, dejando ver su cara de enfado y cansancio-. ¡Te he dicho que estoy bien!
-¡Vale, vale! Qué genio...
-Estoy bien, y tengo planes para estos poderes- Parker sonrió de manera enigmática-. Siempre hablamos de llegar alto, John.
-Sí, así ha sido siempre.
-Y ahora tenemos una oportunidad.
-Una oportunidad de que nos peguen un tiro, Spiderman nos pegue telaraña en el culo, o la Cosa nos patee los huevos de aquí a Chicago.
-No lo entiendes, John- Parker le señaló la capa-. Tenemos poder, ambición, y cabeza. Somos más listos que los capullos que van por ahí con trajes de colorines y buscando venganza porque sus madres no los querían. Tengo el poder para ayudar a los míos, aprovecharme, llegar a lo más alto... Ayudarnos a nosotros, John.
-Todo es pensarlo, sí.
-La oportunidad está aquí, primo, y pienso aprovecharla. ¿Te apuntas?
-Si no se acaba el mundo...
-Si no se acaba, empezaremos poco a poco, e iremos ascendiendo. Primero, tenemos que descansar, hablar de todo lo que ha pasado hoy, intentar sobrevivir a todo esto, y luego... ¿Sabías que el trono de Kingpin está vacío?
John sonrió a su primo, y éste le devolvió la sonrisa.
-Me gusta eso que has dicho, primo- dijo John, aunque no demasiado confiado aún.
-El trono de Kingpin, sin Kingpin- Parker Robbins volvió a señalarle la capa-. ¿Qué te parece... el Encapuchado?
1.- Ver la primera saga de la serie.