Vástago de un padre terrestre y una madre acuática, dotado de un fuerza sobrehumana y el poder de volar, lucha como Vengador de Atlantis... Action Tales y Stan Lee presentan las aventuras del hijo vengador de Atlantis, Namor.
En busca de paz II
Por Nerocles/ Portada: Sonia Moruno
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[Namor / Estela Plateada / Motorista Fantasma / Puño de Hierro]
-¿Ya está? –preguntó el príncipe sub-marino-.
-El lugar es parecido a
-Entonces debemos empezar a movernos
¿Llevaremos
-No hará falta – Namor sustrajo un pequeño frasco de su cinturón y gaseó la concha, que gradualmente fue encogiendo hasta ser tan pequeña como una moneda-. Partículas Pym, cedidas por el propio Henry hace años, cuando era un Vengador.
-Has venido preparado, por lo que veo – sonrió Puño de Hierro-. Debemos ponernos en marcha, ¿caminaremos hacia la ciudad?
-Mi pueblo no tiene tiempo que perder, seguidme – Namor echó a volar no sin antes encontrarse en su camino a Daniel Rand, al que cogió de la cintura y lo elevó. Estela invitó al Motorista Fantasma a subir a su tabla, pero rehusó la oferta. Utilizando sus habilidades arcanas hizo aparecer de la nada una moto llameante que por si sola ya inspiraba terror. Escasos segundos después tomó una sonora delantera-.
Cuando Namor vio como su llameante compañero aparecía delante de él, sonrió. Aquellos hombres en verdad merecían ser tratados como héroes. Ninguno tenía un lazo especial con su pueblo, pero igualmente se habían ofrecido a ayudar, de manera prácticamente desinteresada. Estela procuraba no adelantar al príncipe sub-marino, por compañerismo o respeto, esos sentimientos perdían forma y se fundían cuando ambos actuaban juntos.
-¿Qué podemos encontrarnos príncipe? – Preguntó Daniel, que mantenían una posición firme para incomodar lo mínimo posible a su compañero de vuelo-.
-Las escrituras antiguas son confusas,
los relatos de los dioses, peores. El ser de luz que buscamos sin duda estuvo
aquí, eso es algo que sabemos con certeza. Pero debido a la irregularidad de
la magia,
-Pues lo hace bastante... – Daniel se despojó de la máscara ritual que cubría su cara, aquí no la necesitaba-.
-Siento una población en esa ciudad de más o menos doscientos mil habitantes. No está nada mal para empezar a preguntar.
Al cabo de menos de un minuto llegaron. El Motorista Fantasma, sabiendo de los espeluznante que su aspecto podía ser a primera vista, se detuvo ante un más que evidente muro protector que rodeaba toda la ciudad. Sobre la fortificación, varios guardias lo observaban atónitos y el gentío comenzaba a llegar.
Namor fue el segundo en llegar, junto con Daniel, seguido de Norrin.
-Tú sí que sabes cómo llamar la atención ¿eh? –Musitó Namor-
-Debemos entablar un primer contacto no violento con ellos – sugirió Estela-. Queremos los menores problemas y la mayor colaboración.
-Estoy de acuerdo – confirmó el artista marcial allí presente-. ¿Has escuchado alguna palabra Motorista? ¿Hablan nuestro idioma?
Sin darle tiempo a responder, Namor se adelantó con sobriedad y, arrodillándose, comenzó.
-Yo soy Namor, Príncipe Sub-Marino de la mítica y magnífica Atlantis. Necesitamos vuestra ayuda para salvar a mi pueblo.
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[Atlantis]
Zacarius paseaba por palacio, aunque realmente no tenía tiempo suficiente de detenerse a contemplar nada. Había jurado solemnemente proteger su ciudad. Namorita le seguía de cerca, informándole de los últimos acontecimientos que le llegaban de todos los océanos.
-Nuestros hombres han ayudado a un gran grupo de ballenas desorientadas en las costas estadounidenses esta misma mañana. De no ser por ellos, en las noticias del medio día hubiésemos tenido una macabra imagen para comer.
-Excelente, ¿Cómo van los preparativos de emergencia que ordené aun bajo la supervisión de nuestro príncipe?
-Todo hombre de Atlantis en edad y condición física aceptable está recibiendo un entrenamiento de combate superior al normal. Igualmente, hemos enviado patrullas a la prisión de La Brillante [1] , con el Cangrejo de Coral a salvo tampoco tenemos nada que temer, al menos en las cercanías.
-Sobre este tipo de asuntos yo tengo una sugerencia, querida.
-¿Y cuál es?
-Necesito acceso a ciertos documentos
Atlantes sobre misticismo y hechicería, quizá podamos controlar a
-Creo que puedo hacerlo... ¿Preparo un viaje a la caverna para dentro de una hora?
-Primero debo examinar los documentos, no quiero manipular las incontables energías que retienen a tremendo ser sin tener la certeza de hacerlo adecuadamente. Por cierto, ¿Cómo está mi hija?
-Resignada con tu nuevo papel. Demasiado poder en una sola zarpa, dice. Puede que sea la única que no acepta la palabra de mi primo y puede que sea tu primer gran problema. Ha salido conspiradora, como tu, ¿sabes?
Zacarius no hizo caso al comentario de Namorita, estaba enfrascado en asuntos mayores. El sino de su hija parecía enfrentarlos eternamente, hasta que uno de los dos perdiera la vida, pues ni de un lado ni de otro podrían estar juntos. Giró la vista y vio como su guardia personal se encontraba ya en una sala de juntas donde se disponía a dar los primeros pasos prácticos para la defensa del reino. Zacarius actuaba de buen corazón ahora.
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Aquella no era la actitud de Namor, no normalmente. Arrodillarse no formaba parte de su “educación” habitual, pero en un momento así, incluso el mayor rey del imperio se inclinaba mostrando humildad. El príncipe sub-marino volvía a sorprender a sus amigos.
-¡Lux!¡Lux!¡Lux! –gritó un niño, que no paraba de señalar a Estela y al Motorista, en seguida un hombre mayor, que parecía por su rostro ser el padre del niño, dijo otra cosa, pero esta vez incomprensible para ninguno-
-¿Hablan latín? – Namor levantó la cabeza sorprendido-
-Una forma mucho más arcana de lo que nosotros podemos llegar a entender, al parecer... – dijo el Motorista Fantasma, demostrando unos conocimientos que desconocían los demás- dudo mucho que podamos llegar a comprenderla.
-No es exactamente el latín conocido por los humanos –sugirió Namor-. En esas palabras también veo algo del atlante que se hablaba antiguamente, pero para mi tampoco es comprensible.
-Entonces se intentará de otra forma, puede que el poder cósmico consiga algo.
Estela Plateada alzó una de sus manos y éstas brillaron con una creciente intensidad.
-...creo... creo que ya está. He conseguido adaptar su lengua a la nuestra y nuestra lengua a la suya con un rápido sondeo mental... creo que podemos hablar con ellos tranquilamente.
-¡
-Creo que hemos encontrado lo que andábamos buscando – sonrió Namor-. Repetiré lo de antes... ¡Yo soy Namor, Príncipe Sub-Marino de la mítica y magnífica Atlantis. Necesitamos vuestra ayuda para salvar a mi pueblo!
-¿Qué clase de ayuda buscas? – uno de los hombres sobre la muralla, ataviado con ropas de combate y una espada mas bien exagerada para su cuerpo que cargaba a la espalda, fue el único con valor a preguntar-
-Hace años, incontables, un extraordinario ser llegó hasta aquí, malherido. Regresaba de salvar mi imperio, cosa que nunca le agradeceré bastante. Necesito pedir su auxilio nuevamente para la misma tarea.
-Sabemos de quién habláis, pero no os podemos ayudar.
-Y eso a qué se debe, si puede saberse.
-
-Intento comprender... ese
ser,
-No nos mires con recelo, extraño de plata. Él mismo nos aconsejó retirarnos. Antes moríamos por cientos. Ahora nuestras ciudades, al oeste, crecen por miles –el armado concluyó con esas palabras, o al menos él así lo esperaba, sentenciando la conversación a que sólo él podía tener la razón.
-Creo que deberíamos llevar cuidado a partir de ahora – dijo Puño de Hierro, hablando ahora en voz baja, para sus compañeros-. Llevamos apenas unos minutos aquí y hemos insultado a la civilización dominante, además de amenazar con llevarnos a su principal héroe.
-Sigo mirando con esperanza, pese a todo. Ese ser extraño lucha por todos, ¿Qué le impediría volver momentáneamente a nuestro mundo? Su poder es el único que puede ahora contra la sombra que amenaza mi pueblo.
-Namor, sugiero ir a ver directamente a tu salvador. Aquí sólo podemos perder el tiempo. Esos de ahí arriba no nos ayudarán. Norrin, ¿Puedo sugerir que te aventures hacia el oeste para saber cómo de lejos está ese “este”? Eres el más rápido.
-Esperad aquí.
Estela Plateada se elevó por encima de sus cabezas y se dirigió en la dirección que les habían dicho. Puño de Hierro, el Motorista Fantasma y el Príncipe Namor se quedaron mirándose entre sí. Frente a ellos, tras los muros, una ciudad entera les contemplaba asombrados y, tras sus palabras, con bastante recelo.
-¿Alguna idea de cómo gastar nuestro tiempo? –Bromeó Rand-
El hombre armado tras la muralla escuchó esto. Aquellos extraños querían llevarse a su héroe, pero conociendo la bondad de éste, eso no sucedería nunca. A pesar de todos los pensamientos que cabalgaban sobre, recordaba todos los años de paz que había vivido. Sólo había probado su destreza en combate en un par de ocasiones, cuando era joven. Una partida de los enemigos consiguió traspasar la defensa de su Protector. Habían pasado muchos años desde entonces. De paz.
-No sé donde ha ido vuestro amigo – dijo-, pero en esa dirección sólo encontrará guerra. Podéis entrar mientras esperáis su regreso. Tenemos cama y comida, si la necesitáis. Pasad.
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[Atlantis]
Zacarius había vuelto de visitar
a
-Sonriente, ¿es lo que esperabas?
-Así es, joven atalante. Así es.
-Debemos hablar de otras cosas. Attuma.
-¿Qué sucede con ese advenedizo?
-Se rearma, conoce la situación de Atlantis. La marcha de mi primo. Está moviéndose. Buscará un hueco en nuestras defensas y entonces intentará tomar la ciudad primero, luego todo el imperio. Mi primo te dejó aquí para parar éstas cosas, ¿Qué vas a hacer?
-Lo que cualquier mago haría. Pompa e ilusión ¿Attuma quiere Atlantis una vez más? Que venga, le estaremos esperando. No sólo tenemos a los hombres del imperio de nuestro lado, ahora también contamos con una buena facción de rebeldes que me siguen a mí.
-Él siempre encuentra aliados en los lugares más insospechados.
-Nosotros tenemos la fuente de su temor en nuestras manos, querida. Necesito ir a los aposentos de tu primo, de forma privada. Hay algo allí que, sin lugar a dudas, nos será útil en la contienda que anuncias.
-¿Con tanta celeridad?
-Cuanto antes estemos listos, más fácilmente será expulsar la amenaza, Namorita.
-Sabes que no confío en ti. No como lo hacía mi primo, extrañamente, de la noche a la mañana.
-Y te comprendo. No tengas miedo y ven si quieres conmigo a la habitación de tu regio primo. Je, a fin de cuentas esto, en el fondo, tiene algo que ver con lo que tú eres.
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[Namor / Estela Plateada / Motorista Fantasma / Puño de Hierro]
Al cabo de una hora Estela Plateada había vuelto. Encontró a sus compañeros gratamente sentados alrededor de un fuego suave. Dio las gracias ante el alimento que le ofrecieron los habitantes de aquel mundo a su llegada. Cuando vio la oportunidad, apartó a sus compañeros a un lugar en dónde pudieran hablar.
-No tengo palabras, no las hay, para la contienda que ese extraño ser mantiene.
-Sigue – ordenó Namor, con tono autoritario, aunque respetuoso-.
-Protege un solo punto. Una gran montaña plana, difícilmente escalable. Una sola entrada a todas éstas regiones, al menos la más transitable, teniendo en cuenta los ejércitos que quieren traspasarla. No está realmente solo, no podría. Hablé con algunos voluntarios, que vienen a ser dos o tres mil. Según me dijeron todos los días van llegando algunos y tal cual llegan, mueren. Éste mundo está enfrascado en una guerra eterna. No podemos llevárnoslo.
Nadie dijo nada en ese momento, pero todos miraron a Namor. No podía volver a su reino sin el único que podía ayudarle, había arriesgado demasiado. Entonces habló:
-Tengo que verle personalmente.
-Pero no podrás hablar con él, siempre está luchando.
-Igualmente, quiero verle.
Se disculparon ante las amables gentes del lugar y partieron. Tardaron un buen rato en llegar al lugar que Estela había descrito, pero como bien había dicho, no había palabras. El ser combatía formidablemente, incansable. Se movía de un sitio a otro, a gran velocidad. Corriendo, volando y saltando. Alternando golpes físicos con ráfagas de luz. A su lado hombres con una insignia que también estaba presente en la ciudad, le ayudaban como podían.
-Acerquémonos – sugirió Namor-. Estela, Motorista, limpiad a todos los que atacan al ser de luz, los que están a su alrededor. Puño de Hierro, ayuda a sus hombres como puedas, pero no te pienses un héroe, eres el más mortal de nosotros ahora mismo.
Todos hicieron lo que Namor ordenó y pronto él mismo pudo acercarse hasta su salvador. Le miró extrañado, bañado en luz como le habían dicho anteriormente. Podía distinguir unas cuencas para sus ojos y una boca, pero no había nariz ni ningún músculo en su abdomen desnudo, era totalmente plano. Namor se arrodilló.
-Soy Namor, hijo de Atlantis. El Gran Poseidón me habló de ti y he venido cruzando un mar infinito de mundos para solicitar tu ayuda. Sherkelen ha vuelto. ¿Tienes un nombre por el que pueda llamarte en mi lengua?
Al oír el nombre de Sherkelen el lumínico le miró extrañado. Obviamente recordaba el nombre y, pese al tiempo que había pasado, con extrema claridad. Comprendió de dónde venía Namor y cual era su problema.
-Mi nombre, hijo de Atlantis, es Lhileken. Comprendo tu pena, y la comparto -miró tras de sí, advirtiendo que un guerrero enemigo se colaba entre los ataques que desde cielo y tierra el Motorista Fantasma y Estela Plateada mantenían, para poder dar lugar a aquella conversación. Alzó su mano y se deshizo del guerrero con extrema facilidad-. Si escuchas mi nombre con atención, te darás cuenta que los lazos que me unen a tu enemigo son íntimos, de sangre y que estaré dispuesto a ayudarte de nuevo, pero primero debo acabar aquí.
-Para entonces mi reino podría estar ya destruido.
-Pero si vuelvo, éste mismo podría caer.
Estela Plateada y el Motorista Fantasma se vieron superados por el número, y aunque no corrían peligro, fueron muchos los que llegaron a alcanzar a Namor y a Lhileken. Cesaron en sus palabras y comenzaron a luchar. A cada movimiento que realizaba, Namor se volvía más violento.
Partió a un enemigo por la mitad, con una brutalidad que ni él mismo entendía. Estaban en guerra. Pero la desesperación le venía de su propio mundo. Como había dicho, había cruzado mundos sin fin hasta llegar a éste, había buscado a la criatura de luz que salvó a su pueblo en el pasado, y la había encontrado. Y pese a todo esto, su salvador no podría volver con él a no ser que acabase la guerra en éste mundo, ¿Qué podía hacer él?
FINMis disculpas, para el autor que me prestó la serie, así como para los lectores. Y es que, revisando fechas, éste número (que como todos, llevaba a medio escribir) ha tardado más de UN AÑO en salir. Espero concluir el arco en un número o dos más, siendo ésta última opción más probable.
Nos vemos pronto (espero).
Un saludo.
[1] Serpiente/Leviatán gigantesco custodiado en una caverna submarina por un hechizo. Visto en Doctor Extraño: Rito Final.